lunes, 29 de diciembre de 2025

Desregulación sí o no: el debate entre bodegueros ante la crisis que vive el vino.

 

Desregular para crecer. La idea que propone el gobierno a los bodegueros, que ven claroscuros en la iniciativa.

Desregulación sí o no: el debate entre bodegueros ante la crisis que vive el vino.

El ministerio de Federico Sturzenegger eliminó casi mil normas para el sector a fin de impulsar las ventas, pero no todos los actores de la industria están de acuerdo. Una discusión que se extiende al calor de los cambios de hábitos de consumo y la necesidad de competir para exportar.

La venta de vino argentino se derrumba, tanto en el mercado interno como en el exterior, en línea con una tendencia global y el deterioro general del consumo en el país. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), entre enero y octubre de 2025 (último dato disponible), el consumo de vino en Argentina cayó 2,7% en comparación con el mismo período del año anterior. La de vino blanco se derrumbó un 10%. Las exportaciones, por su parte, se redujeron 7,1% entre enero y noviembre de 2025.

Mientras bodegueros y productores intentan adaptarse al nuevo escenario, para el Gobierno nacional la solución es achicar la burocracia: el mes pasado, el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado a cargo de Federico Sturzenegger, anunció la eliminación de cerca de mil normas que rigen para el sector con el objetivo de reactivar las ventas. Pero, entre los principales actores de la industria, existen posiciones encontradas.

La baja en el consumo se profundizó, aunque no es nueva: Para Norberto Ghirardelli, fundador de la Bodega Agrestis, de General Roca, la caída lleva décadas: en la década de 1990, afirma, cada argentino bebía aproximadamente 100 litros al año. “A partir de entonces, se empieza a dejar de consumir los grandes volúmenes de vinos comunes, la gente empieza a consumir mayor calidad: como no toma todos los días, el volumen baja”, afirma.

El desplome es notorio y constante: en el 2000 se bebían 37,8 litros por persona y en el 2013, 25,6. En ese nivel se estabiliza hasta que, en los últimos años, comenzó un nuevo derrumbe: en 2021, cada argentino bebió 18 litros, mientas que en 2024 la cifra bajó a 16,3 litros por persona.

Sven Piederiet, CEO de Salentein, una bodega emblemática de Mendoza, explicó que hay una caída mundial en el consumo de alcohol, con descensos en cerveza, bebidas espirituosas y vino, especialmente en Europa y Estados Unidos. En Argentina, agregó, el sector se vio golpeado por una fuerte retracción del consumo masivo durante 2024.

Dato 

16,3 los litros de vino per cápita que se consumieron en Argentina en 2024. La cifra era 18 litros en 2021 y 25,6 litros en 2013. La caída se debe en gran parte al cambio de hábitos en el consumo.

Si bien Salentein tuvo muy buenos resultados en los últimos diez años y fue una de las pocas bodegas argentinas que logró crecer en volumen y facturación, también sufrió el impacto de la desaceleración de los mercados en los últimos dos años. “Es realmente un escenario nuevo para nosotros”, dijo, y subrayó el carácter altamente competitivo del mercado mundial del vino.

“Argentina no es tan competitiva: por su moneda apreciada, por la carga impositiva, el costo de transporte alto y la falta de tratados de libre comercio en comparación con otros países como Chile y Australia”, agregó.

Para Pablo Etchart, titular de la reconocida Bodega San Pedro de Yacochuya, del Valle Calchaquí, en Salta, la caída es parte de un cambio de hábitos general. “En casi todo el país, sacando las grandes capitales, hasta hace no muchos años se dormía la siesta y se almorzaba en las casas al mediodía. Y generalmente se tomaba vino”, dijo a RÍO NEGRO, y agregó que ahora, con la jornada completa de trabajo, “uno sale a a almorzar cerca de la oficina y no va a tomar vino”.

Otros dos culpables, según el bodeguero, son la “onda fitness” y “las leyes de alcoholemia”. “El tipo va al gimnasio a quemar calorías y como le dicen que el vino tiene muchas calorías, no lo toma”, dijo. “Es curioso que en un país productor tengamos alcoholemia cero”, agregó.

Desregulación sí.

El pasado 7 de noviembre, el ministerio de Sturzenegger, a través de la resolución 37/2025, que cuenta con la firma del titular del INV Carlos Tizio, derogó 973 normas vinculadas a la industria vitivinícola. A partir del 1° de enero, el INV controlará únicamente el vino en la góndola y dejará de revisar todo el proceso productivo. Según escribió Sturzenegger en X, la decisión busca darle “flexibilidad y libertad” a la industria.

Juan Barbier, bodeguero de tercera generación de la bodega De Ángeles, en Mendoza, sostuvo que la desregulación puede beneficiar a la industria al reducir cargas administrativas y, potencialmente, bajar costos. “Yo creo que va a tener mucho más efecto en las bodegas grandes”, dijo. “Hay bodegas en las que yo tengo conocidos que te dicen: ‘He tenido al INV desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde metido acá dentro’”, relató en diálogo con este medio. Juan Barbier, bodega De Ángeles (Mendoza).

Ghirardelli, de Agrestis, también dice estar de acuerdo con la desregulación: para el empresario, el 95% de las normas derogadas eran “obsoletas”. “Hay una serie de costos que bajarían porque, sobre cada trámite, hay que pagar un arancel”, dijo a RÍO NEGRO. Y agregó que el papeleo es tan engorroso que algunas de “las bodegas más grandes tienen un empleado exclusivamente dedicado a esto y las más chicas tienen que recurrir a algún gestor”. Además, agrega, habría “mayor libertad para trabajar sin tantos controles, controles de inventario, que no son tan necesarios”.

Piederiet, de Salentein, acuerda con el espíritu de la medida y señaló que reducen “costos y burocracia”. Sin embargo, advirtió que, dada la cantidad de las regulaciones eliminadas, “seguramente cometieron algún error que luego habría que corregir”.

Desregulación no.

“Como sector debemos ser muy críticos a cualquier cambio: es el interés de todas las bodegas y productores profesionales que se mantenga un alto estándar. Los problemas con la calidad pueden destruir todo un sector”, agregó.

Es que, al limitarse a controlar el producto final, el Estado dejará de identificar el origen real de la materia prima. “Por ejemplo, el INV no va a controlar más, si en la etiqueta que dice ‘origen Agrelo’, realmente la uva vino de Agrelo”, afirmó Piederiet.

Para el CEO, la trazabilidad del origen de la uva es el tema más sensible. “La pregunta es: ¿cómo lo vamos a controlar y garantizar? ¿Por ley? ¿O por voluntad privada? Creo que sería bueno mantener un control centralizado y formalizado sobre el origen de la uva”, afirma.

“Hay una serie de costos que bajarían porque, sobre cada trámite, hay que pagar un arancel. Seguramente habrá mayor libertad para trabajar sin tantos controles, controles de inventario, que no son tan necesarios”.

El quid de la norma es la polémica eliminación de la obligatoriedad del Certificado de Ingreso de la Uva (CIU). El CIU, que actualmente no es optativo, funciona como una especie de DNI de la uva, consigna información clave como cantidad, variedad, grado de maduración y tenor azucarino de la fruta. Es crucial para los viñateros que no tienen bodega y entregan su cosecha a terceros para que elaboren el vino.

“El CIU tiene que seguir siendo obligatorio”, dijo a RÍO NEGRO Rubén Blanes, vicepresidente de la Asociación de Viñateros de Mendoza (AVM). Para Blanes, convertirlo en opcional “deja desprotegido al que ingresa la uva” y erosiona la confianza de los consumidores en la autenticidad del producto que compran.

A principios de diciembre, la AVM, junto a la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas (Acovi) y la Cámara de Productores Agrícolas (Carpa) presentaron un amparo ante la Justicia Federal de Mendoza. Esta semana, el Juzgado Federal N° 2 a cargo de Pablo Oscar Quirós, restableció la obligatoriedad del CIU por cinco meses, observando que existe una “asimetría de poder entre la bodega y el productor”.Los bodegueros valoran que se desburocratice la actividad y se reduzcan costos, pero advierten por la pérdida de la trazabilidad y la certificación de calidad.
Sturzenegger consideró el argumento del juez como “desopilante”. “La opcionalidad del CIU era darle más libertad a los productores, pero la libertad de mercado asusta”, dijo a La Nación el ministro de Transformación y Desregulación del Estado.
Sin embargo, muchos en la industria, celebraron la decisión del juez. “Costó mucho que el vino argentino sea reconocido afuera por su calidad”, dijo Blanes. “Hoy en día no se está importando el vino porque sea más barato que en otros lados. Se está comprando vino a la Argentina porque se sabe todo el control que tiene la producción”, afirmó. “El Estado se retira y eso no va a ayudar a toda esta situación: la va a empeorar”, concluyó.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/economia/desregulacion-si-o-no-el-debate-entre-bodegueros-ante-la-crisis-que-vive-el-vino/

lunes, 22 de diciembre de 2025

Canciller. Canciller: el vino que nos recuerda que la vida es todos los días.

 


Canciller.

Canciller: el vino que nos recuerda que #LaVidaEsTodosLosDías.

Canciller: el vino que nos recuerda que la vida es todos los días.  

Hay historias del vino que se escriben con paciencia, con años de cosecha, con aciertos, tropiezos y renacimientos. Entre ellas, pocas resultan tan emblemáticas como la de Bodega Canciller y su origen en la legendaria La Colina de Oro, una bodega que supo ser la más grande del mundo y que hoy vuelve a levantar su nombre, con fuerza y memoria.

Orígenes de un emblema nacional.

El recorrido comienza hacia 1900, en las riberas altas del río Mendoza, cuando dos pioneros -Juan Giol y Bautista Gargantini- transformaron La Colina de Oro en una empresa colosal. Para 1910, la bodega llegó a tener 3.500 empleados y producir 38 millones de litros de vino, cifras impensadas para la época.

Su fama trascendió fronteras hasta capturar la atención de una figura histórica: la Infanta Isabel de Borbón, invitada especial durante las celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo en Buenos Aires. Fascinada por la calidad de los vinos, la Infanta otorgó a La Colina de Oro una medalla de oro oficial en nombre de la Corona española. Ese medallón —símbolo de excelencia y orgullo nacional— es hoy el sello que aparece en cada botella de Canciller.


Una barrica para hacer historia.

La ambición de Giol y Gargantini no terminaba allí. En 1909, viajaron a Francia con un objetivo singular: adquirir una barrica monumental de roble de 75.000 litros, decorada con relieves de bronce por un artista europeo. La enorme pieza cruzó el océano, llegó a Argentina y un año después recibió otro premio en la Exposición Internacional del Centenario.

Aquel barril se convirtió en símbolo de poderío industrial y cultural. Y con él nació Canciller, llamado así porque actuaría, desde entonces, como embajador del vino argentino en el mundo.

Caída y renacimiento.

La historia parecía indestructible, pero la ruptura de la sociedad entre Giol y Gargantini, sumada a crisis económicas del país, hicieron que La Colina de Oro se apagara con el paso de los años. Sus paredes quedaron en silencio, como esperando a quien entendiera lo que allí había ocurrido.

Ese momento llegó en 2016, cuando un equipo interdisciplinario de la Cooperativa Fecovita decidió recuperar la esencia de aquella bodega monumental. No buscaban solo producir vino: buscaban devolverle identidad, relato y gloria.

David Gargantini: el legado vuelve a las manos de la familia.

Entre los integrantes de este renacimiento, aparece una figura que parece dictada por el destino: David Gargantini, descendiente directo de Bautista. Formado como enólogo en la Universidad Don Bosco, con experiencia en Cepas Argentinas y Navarro Correas, encontró un anuncio por casualidad… en una bodega que tenía en su historia su apellido, dentro del grupo Fecovita.

David asumió como enólogo jefe de Canciller en 2015, aportando innovación sin traicionar los principios fundadores. Su tarea devolvió actualidad a las etiquetas Canciller, hasta que en enero de 2024 asumió un nuevo desafío como enólogo en Bodega Andeluna donde reemplazó a Manuel González Bals. Su paso, sin embargo, dejó una huella imborrable: el renacimiento ya estaba en marcha.

Donde todo empezó: el territorio.

La bodega hoy trabaja con viñedos seleccionados de Maipú y Luján de Cuyo, la primera zona vitícola de Mendoza. Su ADN varietal es el Cabernet Sauvignon, elegido como homenaje a los fundadores, quienes —dice la leyenda— llegaron como polizones desde Europa y se enamoraron no solo de la tierra mendocina, sino también de su gente: las hermanas Bondino, quienes les dieron compañía, descendencia y hogar.

Las líneas de Canciller.

Canciller se articula hoy en distintas familias de productos que conservan la tradición pero, a la vez, buscan nuevos públicos:

Bag in box: envase de tres litros de tinto (Merlot, Syrah y Malbec) y blanco (Chenin, Torrontés y Chardonnay).

Línea Blend: La más emblemática, comprende una cuidada selección de cortes blancos y tintos pensada como una herencia compartida “de generación en generación”.


Varietales y Raíces: los varietales son vinos jóvenes de Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon y Chardonnay ideales para cocina diaria o reuniones informales. Y los Raíces, con Malbec de Mendoza, Torrontés de Catamarca, Bonarda de Mendoza, Torrontés de Cafayate y Syrah de San Juan.

Dulces Naturales: tinto, blanco y rosado, entre los más vendidos del país en este estilo.

Reserva: Vinos para guardar, con paso por madera y enfoque en complejidad, estructura y elegancia.

Espumantes Canciller: elaborados por método Charmat. Disponible en Extra Brut, Brut, Demi Sec y Gran Canciller Extra Brut, este último el más sofisticado de la línea.


Tradición que vuelve a levantar la copa.

Canciller es una marca que revive algo más que una bodega, recupera valores, ambición, identidad y una forma de entender el vino como patrimonio cultural y como tal, un alimento que debe estar presente en "la vida es todos los días", frase de cabecera de las campañas publicitarias.

Fecovita es uno de los grupos más grandes del vino en Argentina, de los que sostienen la producción  de vinos de mesa que son el sostén de la industria, con marcas como Toro y Canciller, y los publicitan en forma masiva.

En las redes sociales apuntan a aspectos de la vida diaria y campañas basadas en premios, como las maravillas de Canciller, que ofrecían cenas para dos personas, escapadas de fin de semana y un premio final para viajar a uno de los maravillosos destinos turísticos argentinos; o Canciller barrio por barrio en la que decían: "El vino de la medalla está regalando 100.000 botellas en una nueva campaña nacional, presente en los principales canales del país ".

Pero donde es más fácil verlos es en los medios tradicionales, como la televisión. Este año lanzaron un spot que decía: "un vino que no necesita jurados con bigotes largos, ni palabras raras, para ganarse una medalla🥇: Canciller tiene una medalla todos los días. Porque la gente, que es el jurado más importante, los elige en cada mesa argentina".

En cada botella, el medallón dorado de la Infanta no es un recuerdo: es una promesa. Esa que hace más de un siglo dijo que Argentina podía producir grandes vinos. Y hoy, Canciller vuelve a recordarlo.



Imágenes: https://angelyvino.blogspot.com/

https://angelyvino.blogspot.com/2025/12/canciller.html

https://angelyvino.blogspot.com/

Publicado por Ángel Ramos.

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Vino fino tinto CANCILLER de GIOL.


domingo, 14 de diciembre de 2025

Apuntes de una bodega pionera en la Patagonia.

Vista del establecimiento de la época.
Apuntes de una bodega pionera en la Patagonia.
Vista de las viñas alambradas con postes de cemento armado

Este apunte recupera los primeros pasos de una bodega pionera en la Patagonia, documentando cómo Huergo y Canale impulsaron uno de los proyectos vitivinícolas más tempranos y ambiciosos del sur argentino.

Cuando Luis A. Huergo y Humberto Canale llegaron al sur, Argentina vivía una etapa de expansión acelerada: se abrían puertos, crecían los tendidos ferroviarios y se multiplicaban los caminos. La política liberal impulsada por Julio A. Roca y continuada por Juárez Celman favorecía la llegada de capitales extranjeros, especialmente británicos, que dejaron una huella profunda en el desarrollo económico de la región.

Un regreso decisivo a la Patagonia.

Huergo conoció la Patagonia en 1879, durante la Campaña al Desierto, cuando se le encomendó estudiar la navegabilidad del Río Negro. Pasaron treinta años hasta que volvió, esta vez acompañado por su joven discípulo, Humberto Canale. La diferencia de edad —Huergo rondaba los 70 años y Canale apenas superaba los 30— no impidió que compartieran un mismo proyecto: impulsar un emprendimiento agrícola y vitivinícola a más de 1.200 km del puerto de Buenos Aires. La distancia, el esfuerzo y el tiempo no fueron obstáculos para su visión, que pudieron concretarla a partir de 1909.

El establecimiento agrícola (1916).

Solo habían transcurrido siete años desde que comenzaron las primeras labores de labranza sobre 400 hectáreas, y para 1916 ya no quedaba un palmo de tierra sin roturar ni preparar para la siembra.

Plantaciones y cultivos.

La mayor parte de la superficie cultivada estaba dedicada a la vid. En prolijos cuadros alineados y sostenidos por alambres, más de 110 hectáreas producían variedades como Médoc, Cabernet, Semillón, Moscatel rosado, Pinot, Malbec y Criolla. Otras superficies se destinaban a forrajes y cereales, con el trigo ocupando la mayor extensión. La huerta del establecimiento superaba las 30 hectáreas de hortalizas y legumbres, a las que se sumaban más de 30.000 frutales en producción —duraznos, ciruelos, manzanos, guindos, perales y membrillos— junto con ensayos de nogales, castaños y otras especies exóticas que prometían aclimatarse.

La bodega: de un ensayo a una industria en expansión.

El avance agrícola vino acompañado por una infraestructura en crecimiento. El establecimiento contaba con talleres de herrería, carpintería y tonelería, además de una bodega que, nacida como un simple ensayo, se había ampliado con rapidez. La última cosecha había alcanzado los 600 cascos de vino, logrando excelente aceptación, especialmente en el tipo común, destacado en la licitación de la Cuenca Vidal incluso frente a ofertas más económicas.

Se proyectaba que la producción siguiente llegara a los 2.000 cascos gracias a las mejoras incorporadas. Huergo y Canale ya planificaban una bodega modelo, equipada con maquinaria moderna y preparada para elaborar hasta un millón de litros de vino. También contemplaban la instalación de una futura fábrica de dulces y compotas.

Un establecimiento líder en la región.

Todos estos avances consolidaron al emprendimiento como uno de los más importantes del sur argentino. La administración estaba a cargo de Ernesto Tuduri, reconocido por su dedicación y capacidad para llevar adelante una tarea tan compleja como prometedora.

- Por Edith Cabrera.
*** Historias de la Patagonia***
Publicado en Diario Río Negro.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Bodega y Viñedos “La ciudad de Astorga” de Fernández Carro S.C.C.

 


Afiche # 034

Bodega y Viñedos “La ciudad de Astorga” de Fernández Carro S.C.C.

Don Domingo Fernández Alonso (1870 – 1931), oriundo de Astorga, provincia de León, España, llega a la Argentina y se instala en Buenos Aires; de ésta ciudad, viaja como cocinero de un grupo de tropilleros hacia suelo patagónico, lo acompaña su hermano Nicanor y se instalan en la Estancia Cabo Alarcón (cerca de Picún Leufú, Provincia del Neuquén).
Tiempo después, desde España recala en este alejado paraje neuquino doña Manuela Carro, fusionando un inquebrantable destino con don Domingo.
Hacia el año 1910, año del nacimiento del pueblo de Allen, el matrimonio Fernández– Carro se establece en tierras allenses, y entonces, en sus ojos brilló una nueva esperanza.
Abroquelados en el trabajo y con la piel cubierta de sudor, se pusieron el sol a hombros y comprendieron que: la vida es la labranza y la muerte la consiguiente cosecha.
Don Domingo había crecido entre viñedos y bodegas, típico paisaje de las góticas tierras leonesas; en el génesis de sus recuerdos aparecía persistentemente esta postal, y así la viña se constituyó en su inseparable compañía en el suelo de Sayhueque. Luego, erigió unas piletas para la elaboración de un tipo de vino que tenía reminiscencias de los gruesos vinos de las órdenes monásticas esparcidas por la meseta ibérica.
Y, en la primavera de 1915, airoso don Domingo levantó la copa desbordante del néctar sagrado, expresión tangible de toda dignidad social, y pudo dar un anhelado descanso a la nostalgia del alma.
Los hijos siguen los designios de sus progenitores y para el año 1945 constituyen la firma Bodega y Viñedos “La ciudad de Astorga” de Fernández Carro S.C.C., sociedad integrada por los hermanos: Teodoro Carlos, Domingo Isidro, Catalina Francisca, Haydeé Cruz, Marcelino y Alfredo Fernández Carro. La bodega ya contaba para entonces con una capacidad de 534.000 litros. Vinos que eran comercializados en bordelesas con la marca DOMINGUITO.
Poseían 50 hectáreas de viñedos propios en Allen y 50 hectáreas en Fernández Oro, desarrollando una intensa actividad vitivinícola que les obligó a ir ampliando las instalaciones hasta alcanzar una capacidad de vasija total de 1.235.000 litros. La bodega quedó registrada en el Instituto Nacional de Vitivinicultura bajo el número N 70738.
Han elaborado vino de mesa tipo blanco, rosado, clarete y tinto, que fraccionaban en damajuanas de 5 y 10 litros y eran comercializados con la afamada marca DOMINGUITO. Asimismo, elaboraran vinos reserva Pinot y Semillón envasados en botellas de 950 cm3 que expendían con la tradicional etiqueta DOMINGUITO.
En el año 1979 alquilan la bodega a la firma S.A. Luis Filippini Ltda. y en 1982 le dan de baja ante el I. N. V.

Afiches de bordelesas de vino de la Patagonia Norte

de Federico Witkowski. .

Una antigua botella del vino Dominguito. Gentileza Flia. Fernández Carro

Una antigua botella del vino Dominguito. Bodega y Viñedos "La Ciudad de Astorga" de Fernández Carro Hnos. (Soc. Com. Colectiva) Allen, Río Negro. Gentileza Flia. Fernández Carro publicada en La Mañana de Neuquén.

domingo, 30 de noviembre de 2025

Bodega Moschini: 100 años de legado familiar y vinos de la Patagonia.

Bodega Moschini: 100 años de legado familiar y vinos de la Patagonia.

Una familia de Ingeniero Huergo, Río Negro, celebra un siglo de trabajo rural, además del crecimiento de una bodega que nació del esfuerzo y el amor por la tierra.

De Italia al Alto Valle: La Travesía Fundacional de los Moschini en 1925.
Foto: gentileza.

Corría el año 1925 en la época de los ferrocarriles del sud, cuando miles de inmigrantes europeos llegaban a estas tierras para trabajar mayormente en actividades agrícolas. Por ese entonces, el padre de Ángel “Lito” Moschini, tenía 8 años (había nacido en 1917) y arribó al Valle junto a sus padres (los abuelos de Lito) y hermanos. Todos los tíos de Lito habían nacido en Argentina, pero los nonnos eran italianos.

Esta es la historia que relata Lito Moschini (69) sobre su familia, cofundador de la bodega que lleva su nombre, junto a su esposa Teresa Precoma. De voz apacible y palabras justas, Lito recuerda que su abuelo italiano tuvo una fábrica de fideos en José C. Paz, que se fundió y que decidió venir a la zona. “El nonno obtuvo un terreno de parte de la Compañía Ítalo Argentina de Colonización (C.I.A.C.) l, la compañía italiana que hizo Villa Regina”, explica.

“Ellos bajan en Ingeniero Huergo, porque en ese tiempo Villa Regina no tenía estación de tren y se van en trineo de caballos (hasta Villa Regina). Imagínate que traían un baúl, los seis hijos, ellos dos. Allí mi abuelo tuvo trabajo para desmontar a pico y pala, y después con el tiempo fue haciendo su chacra que era de 15 hectáreas”. Esa chacra con el tiempo se loteó y se convirtió en el barrio Moschini.

Trabajo, dignidad y experiencia: La fórmula de Ángel.

Trabajo, dignidad y experiencia: La fórmula de Ángel "Lito" Moschini para el éxito en la chacra. Foto: gentileza.

De peras y vides.

Con el tiempo la familia se fue desarrollando en el trabajo rural y, entre idas y venidas, el padre de Lito, compró un terreno en Ingeniero Huergo en 1958, localidad que hoy alberga a los Moschini y su bodega.

Actualmente, cada hermano de los tres que son tiene su chacra y cada uno trabaja por su cuenta. “En el año 2000 se me ocurrió plantar viñas, hice seis hectáreas de viñedos con un proyecto de innovación tecnológica, las cuales hoy están en muy buena producción, los viñedos más viejos ya tienen 25 años”, cuenta Lito sobre su parcela.

Del viñedo casero a bodega: La apuesta innovadora de Lito Moschini por el vino rionegrino. Foto: gentileza.


En el año 1995 compraron una chacra de 25 hectáreas, en las cuales plantaron frutales, “teníamos 18 hectáreas de pera, algunos perales ya estaban desde hace cien años, son históricos. En esa chacra quedó un terreno ocioso de seis hectáreas, ahí fui al INTA y me aconsejaron plantar vides, tengo el recuerdo del ingeniero Don Alcides Llorente que ya no está”, rememora sobre el técnico que lo ayudó en aquel momento.

La producción de vinos comenzó en el 2004, con elaboración de vinos caseros, con una producción de hasta 12 mil litros. “Desde hace tres años que estamos como bodega, lo cual es una linda experiencia. Tenemos capacidad para más, pero venimos haciendo entre 15 y 25 mil litros de vino anuales, depende de la cosecha”, agrega Angel Moschini.

El Legado de la chacra: Cómo la Familia Moschini forjó su camino con peras y vides. Foto: gentileza.

Trabajo y dignidad.

Hoy, Lito se dedica exclusivamente a sus vides y a la bodega, el resto está alquilado a una empresa de Villa Regina. Uno de sus hijos se encarga de la venta de los vinos. Ambos nos cuentan que parte de la producción de uvas se vende a otras bodegas como Favretto y Ribera del Cuarzo.

Las cepas que trabajan en Moschini son Serna, Sauvignon Blanc, Malbec, Merlot, Cabernet Franc y, desde hace tres años incluyeron 4000 plantas de Pinot Noir. Además, incorporaron la variedad cerna, que da una uva moscatel sin semillas. 

Pinot Noir, Malbec y el kilómetro 1120: Las cepas que definen la identidad de Bodega Moschini. Foto: gentileza.

“Trabajamos con una enóloga que se recibió hace dos años en Villa Regina, Bárbara Vilches, gente joven que tiene ganas de seguir (se emociona)… yo pongo la experiencia y el empuje”. “El trabajo dignifica y es verdad y, aparte de eso, está la honestidad, hay que seguir siempre adelante. Si bien yo ya conocía un montón, pero con la ayuda de INTA, me he perfeccionado bastante, eso me ayudó mucho” dice notablemente emocionado.

Lito asegura que, durante muchos años, mientras trabajaba en su chacra, también hizo servicios de plantación de postes y viñedos. “Cuando yo tenía juventud, tenía personal y un cacho de tiempo, lo que había que hacer es trabajar afuera. Eso me ayudó a completar mi chacra con el riego por aspersión, defensa de heladas y demás. Todo eso lo fui haciendo trayendo de afuera para adentro, buscándole la vuelta. Nunca compré dólares, sino que hice servicio y trabajo para la chacra”, finaliza sobre su vida dedicada al trabajo con la tierra.

Enoturismo participativo: Cosecha y degustación de vino la bodega histórica. Foto: gentileza.

100 años de trabajo rural.

La familia Moschini festeja este 2025 los 100 años de trabajo con la tierra en el Alto Valle. Si bien la bodega tiene 25 años, todo comenzó mucho antes en el kilómetro 1120, que es el lugar donde hoy está ubicada en Ingeniero Huergo.

Bodega Moschini ofrece sus vinos de la línea reserva Malbec, bajo la marca kilómetro 1120 y pronto lanzarán un blend de tintas cosecha 2024. También está la línea joven de los tintos Malbec, Merlot y Cabernet Franc. Sin embargo, el tope de gama es el vino Kilómetro 1120 blanco, una partida limitada de un blend de blancos. Además, está la línea Dolzo, con los dulces naturales rosado y blanco dulce natural.

25 años de bodega: El esfuerzo de Lito y Teresa en la elaboración de vinos del Alto Valle. Foto: gentileza.

La bodega recibe a los turistas que quieran visitarla y se ofrecen visitas guiadas por los viñedos, con reserva previa. En el mes de abril, suelen hacer un evento de turismo rural participativo, una fiesta del vino patero, donde los que asisten, pueden cosechar la uva, desgranarla y pisarla, para vivir la experiencia como se hacía antaño.

En el Alto Valle, la historia de los Moschini se vuelve símbolo de una idea que atraviesa generaciones: la dignidad del trabajo y el amor por la fruticultura. Cien años después de aquel primer terreno desmontado a pico y pala, la familia sigue apostando por producir, aprender y crecer sin perder su esencia.

Publicado en Más Producción.

Diario LA MAÑANA DE NEUQUÉN.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/bodega-moschini-100-anos-legado-familiar-y-vinos-la-patagonia-n1219586

Enlace de interés.

https://bodegamoschini.com.ar/

Los orígenes

Los comienzos de la familia Moschini en la Patagonia se remontan a los primeros años del siglo XX, cuando los abuelos de nuestro co-fundador, Ángel Moschini, dejaron su hogar en Macerata, Italia, para integrarse al desarrollo de lo que hoy es la ciudad de Villa Regina.

Llegaron a nuestra región en tren, pero en donde hoy está esa ciudad no había una estación todavía. Por eso descendieron en la parada del Kilómetro 1120 del Ferrocarril del Sud, donde ya había un pequeño pueblo, que todavía no tenía nombre oficial. Por eso le decían “el pueblo del 20”, o “Kilómetro 1120”.

A aquellos orígenes homenajea la marca y la etiqueta de nuestros vinos.

Décadas más tarde, la familia de nuestro co-fundador, por entonces muy pequeño, se afincó en una chacra de ese pueblo, ahora llamado Ingeniero Huergo, en homenaje a quien -asociado con Humberto Canale- impulsara a principios del siglo XX la primera bodega de la zona.

Allí se crió Ángel Moschini, dedicándose desde muy temprana edad a la agricultura. En 1981, se casó con Teresa Precoma, nuestra co-fundadora, con quien comenzaron a desarrollar el cultivo de peras y manzanas en la chacra de 10 hectáreas donde hoy está ubicada nuestra bodega. En el año 2000, en una nueva propiedad adquirida unos años antes (ubicada a algo más de un kilómetro de distancia), plantarían el viñedo de 6 hectáreas con cuyas uvas elaboramos nuestros vinos desde el año 2009.

https://bodegamoschini.com.ar/nuestra-historia/


Ángel Moschini y Teresa Precoma.


El edificio que se ve en la etiqueta de nuestros vinos Km 1120 es la antigua estación de trenes de Ingeniero Huergo.