Mostrando entradas con la etiqueta Alto Valle del Río Negro.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alto Valle del Río Negro.. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de abril de 2026

HANS VINDING-DIERS Y NOEMÍA 2022: LA HISTORIA DETRÁS DEL MEJOR MALBEC DEL INFORME VINÓMANOS.


HANS VINDING-DIERS Y NOEMÍA 2022: LA HISTORIA DETRÁS DEL MEJOR MALBEC DEL INFORME VINÓMANOS.

En Mainqué, Hans convirtió un viejo viñedo patagónico en cuna de uno de los Malbec más singulares de Argentina.

Antes de erigirse como uno de los nombres más respetados del vino argentino, Hans Vinding-Diers quería ser director de teatro y cine. Escribía sus propias obras a los 12 años y, como les pasa a tantos adolescentes, no tenía ninguna intención de seguir el camino de su familia.

Pero a los 18, su padre, Peter Vinding-Diers, figura clave del vino europeo de las últimas décadas, lo mandó a Australia a trabajar en Tyrrell’s Vineyards. Empezó como chico de campo y de bodega. Le gustó. Y ahí cambió el libreto.

La anécdota no es decorativa. Ayuda a entender algo central de sus vinos: tienen relato. No por artificio ni por maquillaje, sino por construcción, tensión y sentido del lugar.

Noemía 2022, que acaba de quedarse con el primer puesto del Informe Malbec de Vinómanos, tiene justamente eso. No solo impacta: también cuenta una historia. Y la cuenta con una voz que ya no se parece a ninguna otra.


Cuando una bodega entra en madurez.



Para Hans, este reconocimiento no habla de un golpe de suerte ni de una cosecha especial. Habla de tiempo, de insistencia y de madurez.

“La bodega está en un momento de madurez. Pudimos llegar al nivel al que apuntamos desde hace muchos años”, dice. No lo plantea como una línea definitiva, sino como una estación importante dentro de una senda abierta: “Obviamente, el camino sigue para mejorar siempre”.

En su caso, lo profesional nunca aparece del todo desligado de lo personal. “Como viticultor estoy en un buen lugar, y esto es válido en mi vida personal también. La armonía personal se transmite a los oficios”, asegura. En Noemía, esa armonía parece haberse convertido en una forma de trabajo.

Cada vez que intenta condensar su proyecto, Hans vuelve a la misma idea: “Un lugar, un viñedo, un vino”. La frase, que podría sonar minimalista, encierra en realidad una disciplina.

En una industria donde abundan las etiquetas nuevas, los portafolios interminables y los cambios de rumbo, sostener una visión durante 25 años no es solo coherencia: es carácter.

Mainqué, un lugar que no se parece a ningún otro.

Hans hizo vino en Sudáfrica, Burdeos, Australia, Italia, Uruguay y Argentina. Vio bastante mundo. Por eso tiene peso cuando afirma que “Mainqué es un lugar único”.

Lo sedujeron su baja humedad, el agua dulce cargada de minerales y los suelos aluviales fríos, una combinación que, en sus palabras, forma “un complejo ideal para vinos refinados”. Pero hubo además algo menos técnico y más íntimo: “Me enamoré hace casi 30 años. Me sentí en casa”.

Llegó a la Patagonia para trabajar en Humberto Canale, cuando la región todavía no ocupaba el lugar que hoy tiene en la conversación sobre los grandes vinos argentinos.

Lo que encontró fue un paisaje áspero y fascinante: caminos largos, viento sin pausa, suelos pobres, días cálidos, noches frescas y el río Negro como eje vital.

No por nada insiste en que sin río no hay vino. Fue en ese escenario, todavía lejos del radar global, donde pensó: “Aquí, justo aquí, puedo crear algo”.

Y eso hizo.

El viñedo de 1932 y la paciencia como método.

Hans mapeó los viejos viñedos de la zona. El hallazgo fue una parcela de apenas 1,5 hectáreas de Malbec plantadas en 1932, un viñedo que terminaría siendo el corazón de Noemía.

Allí entendió algo que todavía hoy defiende con convicción: el valor irreemplazable de las viñas viejas.

“Elegir viña vieja simplemente es saber que este material, que sobrevivió con poco cuidado por tantos años en estos suelos, debía ser excelente material vegetal. Eso es lo que intentamos respetar”, explica.

En su mirada, una viña vieja no es una postal romántica ni una herramienta de marketing elegante. Es memoria biológica, adaptación, equilibrio y resistencia.

También, curiosamente, una criatura sensible: “La enseñanza de nuestra viña es que le encanta la atención. Más atención, más feliz”.

De visitar una bodega a vivir un proyecto.

Hay otro giro decisivo en esta historia: Noemía cambió cuando Hans dejó de ser un enólogo que iba y venía y empezó a vivir en Mainqué. “Logré una visión diaria e íntima. La bodega se transformó en un proyecto de vida”, resume.

Ese proyecto de vida tomó otra profundidad cuando decidió quedarse definitivamente en la Patagonia junto a María Belén, con quien eligió apostar todo por ese lugar.

Un Malbec contra los prejuicios.

La mirada de Hans sobre el lugar del Malbec argentino en el mundo es tan lúcida como incómoda. “Afuera, la mayoría de los consumidores conocen un Malbec argentino potente, dulce, alcohólico y con madera. Esa es la realidad”, dice.

Fue, durante años, el perfil que dominó mercados y ayudó a construir una imagen tan exitosa como simplificada. El problema es que esa imagen también dejó prejuicios. “La verdad hoy es otra y nuestra misión es transmitirla”.

En ese contexto, Noemía 2022 funciona como una respuesta elegante. No necesita subir el volumen para hacerse notar. No busca impresionar por exceso ni disfrazarse de grandeza. Juega otro partido: el de la fineza, la tensión, la textura y la identidad. Ese en el que un vino no solo gusta, sino que deja huella.

Tal vez por eso Hans se siente cómodo cuando se habla de Noemía como un ícono del Malbec argentino. “Hace rato que Bodega Noemía y sus vinos son reconocidos localmente e internacionalmente”, afirma.

¿Y qué convierte a un vino en referencia? La respuesta vuelve a ser precisa: “Cuando pasa de ser excelente a ser único y reconocible, y además coleccionable”.

Lo que viene, sin cambiar de brújula.

Cuando mira hacia adelante, Hans no elige una sola obsesión. Quiere hacer un vino todavía mejor, proteger ese patrimonio de viñas viejas, consolidar un legado familiar y seguir demostrando que Patagonia puede jugar en la primera división del vino mundial. Todo junto. Sin eslóganes. Sin dramatismo. Sin necesidad de cambiar de piel cada vendimia.

Tal vez ahí resida la verdadera fuerza de Noemía 2022, el vino que coronó nuestro Informe Malbec. No parece construido para ganar una carrera corta, sino para durar. Y en una época en la que tantos vinos buscan impacto instantáneo, esa forma de profundidad sigue siendo, todavía, una rareza deliciosa.

31/03/2026.

Autor Alejandro Iglesias Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter.

Publicado en Vinómanos.

Imágenes de Vinómanos.

https://vinomanos.com/2026/03/hans-vinding-diers-noemia-2022-mejor-malbec/


miércoles, 22 de abril de 2026

Conociendo Ribera del Cuarzo. El ángel del vino.

 


Conociendo Ribera del Cuarzo.

Ribera del Cuarzo. Nota 1

Conociendo la bodega patagónica que sorprende a todos.

En esta primera entrega inicio una saga de cuatro publicaciones, en la que te iré describiendo en detalle a una de las bodegas patagónicas que más rápido viene haciéndose notar en los últimos años. 

En esta nota, que escribí durante mi viaje en avión hacia la ciudad de Neuquén con el objetivo de visitar la bodega Ribera del Cuarzo, les conté el recuerdo de "un delito" relacionado con el vino, que protagonicé siendo niño, durante las vacaciones de verano que solía pasar en la chacra de mis abuelos en Río Negro. Recuerdos que me generaban una linda expectativa, al volver a la región.

En el aeropuerto nos recibió Rosario Langdon, directora de exportaciones, y partimos en auto hacia la bodega, ubicada en la localidad de Valle Azul, a unos 130 km de la capital neuquina. Tardamos casi dos horas (mucho tráfico y una ruta angosta), pero se pasaron rápido gracias a las vistas de las chacras y a la fluida conversación con la sommelier Delvis Huck, que formaba parte del grupo.

Rosario Langdon

Llegamos al atardecer, mientras crepitaban las llamas que asaban un cordero a la cruz que prometía ser regado con los vinos de la bodega. Esa cena de bienvenida fue la oportunidad de probar varios de los Araucana, para luego ir a descansar en las casas de huéspedes de la bodega (que aún no abre sus puertas al turismo) vislumbrando, a muy pocos metros, los edificios de la bodega, los viñedos y, por detrás, la barda, que surge protagonista, y parece formar un escudo protector de los vientos patagónicos.

Pero las bardas no solo aportan en cuidar un poco a las viñas de esos vientos -una función que en el Valle del Río Negro y en Neuquén es responsabilidad de las características columnas de álamos, sino también para conformar los suelos que, con 33 millones de años en los sectores más altos, presentan características particulares que favorecen el manejo orgánico y biodinámico.

Los viñedos de la Ribera del Cuarzo son únicos en ese sentido, montados sobre la base de la barda sur del Valle. Lo primero que su propietario, Felipe José Menéndez, quiso que comprendiéramos fue la especial geomorfología del lugar: nos referimos a todo el Valle de Río Negro, que es bastante atípico en comparación con otros valles que estamos acostumbrados a ver y recorrer en la búsqueda de viñedos.

Viñedo al pie de la barda norte

Es que se trata de un valle longitudinal, muchísimo más largo que ancho, que discurre a lo largo del recorrido del Río Negro, el cual nace de la unión de los ríos Neuquén y Limay que bajan raudos desde la Cordillera de los Andes. Sus límites, a lo ancho, son las formaciones localmente conocidas como bardas, de no demasiada altura y con perfiles formados por la erosión que provocó el río en sus épocas de monumentales caudales, al irse derritiendo los glaciares que se habían formado durante la era de hielo.

Detalle de una barda (lado norte, a la altura de Villa Regina)

Ello permite ver, en un corte vertical, las capas que conforman los suelos de la amplia meseta patagónica, que este valle corta formando una depresión que genera especiales condiciones climáticas, como la presencia de ese viento que obligó a los primeros colonos a idear los sistemas de defensa con las verticales y nutridas columnas de álamos.

Nacida aristocrática -el descubrimiento del lugar fue realizado por la condesa italiana Noemi Marone Cinzano y los primeros vinos salieron de la mano de un excelso winemaker como lo es Hans Vinding Diers (quien supo hacer un Malbec exótico que deslumbró en Catena Zapata)- hoy Ribera del Cuarzo tiene varios condimentos que la posicionan como un diamante en bruto en la escena local de las bodegas argentinas: un sólido y experimentado equipo de trabajo, impecables instalaciones y un terroir que, debido a su sanidad y características de suelos, genera naturalmente vinos de gran pureza.

Pero lo que yo creo que realmente distingue a este proyecto, y es uno de sus puntos más fuertes, es su propietario, Felipe Menéndez. Además de conocer muy bien la industria, por haber trabajado toda su vida en ella junto a los mejores, entiende a la perfección cada detalle de ese terruño. Y no por casualidad, ya que a sus años de experiencia recorriendo incansablemente la Patagonia, le suma una inagotable voluntad y energía, que le permiten explorar metro a metro, a pie, a caballo, en bote o a bordo de una 4x4, este terruño aún casi virgen de la región de Valle Azul.

Felipe José Menéndez

Es esa férrea convicción la que lo ha convencido de sumar compañía, entendiendo que para lograr el crecimiento de una región con semejante potencial como tiene el Valle Azul, hay que llamar y atraer a los mejores. Algo que ha comenzado, con la presencia de Santiago Achaval y Roberto Cipresso, a quienes invitó a conocer el lugar y que ya están haciendo un vino con uvas de la finca La Medialuna, de Celestino, la misma con la cual Ribera del Cuarzo ha firmado un contrato a 10 años. No son los primeros “grandes”, en la región, el mismo Hans (Noemia) y Piero Incisa della Rocchetta (Bodega Chacra) sobresalen con vinos de la elite argentina en la cercana Mainqué, a apenas 50 km, pero ubicados en la otra margen del río, recostados sobre la barda norte.

Ribera del Cuarzo es un proyecto que, además, desde lo comercial se encuentra bajo el paraguas de Casa Pirque, una de las Distribuidoras de vinos argentinos de alta gama más reconocidas del país, con varios años manejando la comercialización de las principales familias del vino de Argentina y del mundo como Caro, Luca, Matervini, Pendfolds, Opus One, Gaja y Barons de Rothschild. Ello le permite codearse con los mejores.

En las siguientes tres notas desarrollamos con más detalle los aspectos que sostienen a esta destacada bodega: el origen y el presente, los viñedos y suelos, y la bodega y sus vinos, no dejes de leerlas si quieres conocerla a fondo.

El presente está a la vista, el futuro… es incalculable. Esperemos que lleguen a brillar en la escena local e internacional tanto como el cuarzo que tapiza finamente sus suelos.

*** Publicado en El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/conociendo-ribera-del-cuarzo.html

https://angelyvino.blogspot.com/

martes, 21 de abril de 2026

La prueba del delito. Una simpática historia del mundo del vino.

 

La prueba del delito.

Una simpática historia del mundo del vino.

Siendo un adicto al mundo del vino padezco a veces de una abstinencia que se me hace difícil de soportar. Y no se trata de cuidarme de beber esta apasionante bebida, algo que hasta ahora mi buena salud no me ha obligado a hacer casi nunca, sino de una abstinencia provocada por la distancia.

Vivir en Buenos Aires tiene, para un enófilo activo que gusta de participar en catas y eventos, una gran ventaja ya que no debe haber en la Argentina (y probablemente tampoco en muchos otros lugares del mundo) otra ciudad con tan nutrida y variada oferta de este tipo de eventos.

Pero lo que no hay son viñedos, ni bodegas. Aquí es interesante recordar que sí las hubo: a fines del siglo XIX en la zona del Cid campeador, barrio de Caballito hay registros de 14 ha de viñedos que producían vinos para el servicio en los vagones comedor del ferrocarril en sus largos viajes, pero fueron devorados por el avance de la ciudad. Hoy en día hay que viajar varios kilómetros en auto y no menos de una hora, para llegar a pisar algún viñedo real o viajar en avión para llegar a las zonas productoras importantes.

Así que, en un año 2026 en el que pasé mis vacaciones de verano en un país donde abundan fincas de cacao o de café, pero los viñedos brillan por su ausencia (Costa Rica), cuando recibí el llamado para conocer Ribera del Cuarzo, una bodega que no había visitado en mis viajes anteriores a esa región, supe que por fin iba a poder a poder saciar mi sed de viñedos y bodegas.

La bodega rionegrina Ribera del Cuarzo se encuentra en la región a la cual más veces he viajado a lo largo de mis 62 años de vida, porque, así como muchos porteños han acumulado incontables viajes a la costa de la provincia de Buenos Aires para disfrutar las playas de Mar del Plata, Pinamar o aledañas, en mi infancia las vacaciones de verano tenían un destino recurrente: ir a vivir un mes en la chacra de mis abuelos maternos, ubicada en Cinco Saltos, Alto Valle de Río Negro.

Tengo los recuerdos más felices de esas épocas dónde, tras un largo viaje en auto que en los años sesenta podía llegar a durar unas 20 horas, finalmente atravesábamos la tranquera y entrábamos por el camino de piedras sueltas franqueado por bellísimos manzanos atiborrados de fruta, hasta llegar a la casa y los galpones, siendo recibidos por varios perros que anunciaban nuestra llegada con sus ladridos. 

Nos instalábamos y durante cuatro semanas la vida de ese niño que fui, criado en un edificio de 10 pisos y cuyo patio de juegos era el asfalto de las calles, se transformaba por completo en un oasis de frutales y granja de animales, que, además de la producción de manzanas, abarcaba peras, higos, ciruelas, duraznos, damascos, granadas, membrillos, sandías, pelones y cerezas. Pero, sin duda, la plantación que más me llamaba la atención eran las tres hermosísimas hectáreas de viñedo que mi abuelo y mis tíos habían ido plantando a medida que recibían esquejes que otros vecinos generosamente les regalaban. Porque eran épocas donde todo se hacía a pulmón y no había posibilidades de comprarlas a los viveros.

Yo en esa época era aún muy chico y no sabía nada de cepas, pero mi tío Elisardo Arredondo me contó que el viñedo se trataba de una mezcla con un poco de todo, pero con predominancia de Malvasía. Sí tengo vívidos recuerdos de la prensa que utilizaban para moler las uvas, o de la barrica a la que ellos llamaban “bordolesa”, así como de un parral que cubría un patio en el lateral de la casa, del que arrancaba unas muy dulces y espléndidas uvas rosadas Moscatel, las más ricas que comí en mi vida.

En mi tierna infancia el vino se hacía allí mismo, en la chacra, pero para mediados de los 60 y 70 ya mis tíos Manolo y Elisardo habían comenzado a llevar las uvas a una cooperativa llamada La Picasa, donde se juntaban con las de otros chacareros, para procesarlas todas juntas y hacer el vino que se despacharía y comercializaría en damajuanas.

Entre tantas anécdotas e historias de esas vacaciones, hay una relacionada con esos vinos que me quedó grabada. Y atentos, porque aquí voy a confesar haber participado de la comisión de un delito.

Es que en aquellos años aún no había llegado el cambio climático y el frío en el Valle de Río Negro se hacía sentir durante mucho más tiempo. Ello hacía que en los años fríos las uvas tuvieran dificultad para alcanzar el grado de madurez y de azúcar óptimos. Para colmo, por aquellas épocas, el Instituto Nacional de Vitivinicultura no había aún implementado un grado mínimo de alcohol diferente por regiones (algo que sí se hizo después) y se determinaba el mismo que para Cuyo, una región mucho más cálida.

Ello ponía en un brete a la cooperativa cuando, luego de la fermentación, los piletones arrojaban grados de alcohol que no llegaban a ese caprichoso mínimo reglamentario. Y resultaba inadmisible para esos humildes chacareros que, en los años fríos veían que el esfuerzo de toda una cosecha completa corría riesgo de perderse a la llegada del inspector del instituto sino aprobaba esos vinos de bajo nivel de alcohol. Pensar que hoy parecen ser los más buscados, qué paradoja.

Así que un año, mi tío Manolo -que era además mi padrino y que me llevaba a todos lados durante mi estadía allí- me hizo subir como acompañante al viejo camión Chevrolet 400, para una tarea muy particular.

En la caja del camión había varios cajones de madera tapados con una lona. Encaramos hacia las bardas por el desolado camino que iba hacia el lago Pellegrini, hasta que se metió por una huella lateral para acceder a un lugar aislado, en el que nadie nos veía. Allí en el medio de los matorrales que crecían sobre ese suelo arenoso, ya había dejado preparada una excavación que, de haber sido más larga que ancha, habría parecido a la de una tumba.

Cuando destapó los cajones vi que estaban llenos de botellitas verdes vacías de medio litro (que no eran de vino) y me dijo: “ahora viene lo divertido, las vamos a ir tirando al pozo una por una, sin importar que se rompan”.

Yo no entendía mucho lo que pasaba, pero en un santiamén las botellas estaban allí abajo, todas hechas añicos. Eran botellas de alcohol, la prueba del delito que se debía ocultar y nunca podría encontrarse: el alcohol que se había tenido que agregar, para no perder el vino.

No me pidió que con la pala moviera la arena para tapar el pozo, pero sí que no se lo contara a nadie.

Hoy, ya prescripto ese delito, me he animado a contar esta romántica historia del vino que escribí de un tirón durante el viaje de avión que en menos de dos horas me ha depositado en el valle (mucho más rápido que esas 20 horas de auto) para vivir una nueva aventura en Bodega Ribera del Cuarzo, siempre conectada con mi querido mundo del vino.

Ángel Ramos entre los perales de la chacra.


.
La casa de la chacra, nevada.

Mi querido tío y padrino: Manolo.

Publicado en 

El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/la-pueba-del-delito.html

https://angelyvino.blogspot.com/

sábado, 11 de abril de 2026

Transformación en Patagonia: cómo un viñedo casi perdido produce vinos premiados mundialmente.

 


Hay búsquedas que parecen no tener fin y Piero Incisa della Rocchetta podría ser quien lo sabe mejor que nadie. Nacido en Italia, tierra donde el vino es liturgia y el viñedo es herencia, partió en busca de un lugar que le permitiera hacer algo distinto: un Pinot Noir que conmoviera. Recorrió Borgoña, la cuna indiscutida de esa uva esquiva y aristocrática. Visitó Oregón, donde los productores norteamericanos habían encontrado un frío generoso y una luz particular. Pasó por California, por los valles de Italia, por rincones de Europa donde la vid lleva siglos aprendiendo a hablar con la tierra. En cada lugar encontró grandeza. Pero no encontró lo que buscaba. Hasta que llegó a Mainqué.

Un pequeño pueblo del Alto Valle, donde el viento barre sin pausa, la humedad es casi una rareza y el sol golpea con una intensidad que pocas regiones del mundo conocen. Allí, en un viñedo viejo y semiabandonado plantado por inmigrantes que ya no estaban, Piero encontró su respuesta. No era Borgoña. No era Oregón. Era algo completamente nuevo y, al mismo tiempo, brutalmente propio.Hoy, ese viñedo produce el Pinot Noir Treinta y Dos 2025, calificado con 100 puntos por James Suckling, puntaje perfecto que lo convierte en uno de los vinos más reconocidos del planeta. Y junto a él, el Chardonnay Patagonia 2025, con 99 puntos en la misma crítica. Dos vinos. Una misma bodega. Un mismo pueblo en el fin del mundo.


Conversamos con Piero sobre el orgullo de llegar a la cima, sobre el equipo que hizo posible este logro, sobre el camino recorrido y sobre Patagonia, "un lugar donde se puede hacer un bueno de enorme calidad". A continuación, la entrevista completa:


Bodega Chacra acaba de recibir 100 puntos por su Pinot Noir Treinta y Dos 2025 y 99 por su Chardonnay Patagonia 2025. ¿Qué sintió cuando supo que dos vinos de la misma bodega alcanzaban simultáneamente esas calificaciones?
Estamos muy honrados y pienso que es un gran orgullo para el equipo, que fue el verdadero protagonista de la historia de este puntaje. Es un trabajo de equipo. Fue realmente un gran honor.
Mucha gente puede pasar toda una vida entera de enólogo y nunca recibirlo. Son muy pocas las personas que reciben 100 puntos. Entonces, es algo muy precioso, y estamos orgullosos por Chacra, por Mainqué, por Río Negro y, obviamente, por Argentina.

Usted recorrió Borgoña, Oregón, California e Italia antes de elegir el Valle de Río Negro. Hoy, con estos reconocimientos en mano, ¿diría que la Patagonia ya puede sentarse a la misma mesa que esas regiones históricas?
Obviamente, Mainqué y la Patagonia están escribiendo su historia. Poco a poco la Patagonia está ganando más visibilidad en el mundo y tiene un terruño muy distintivo, donde el rey es el microclima: una baja humedad, un viento constante, una enorme luminosidad.
Entonces, la suma de todos estos factores que los franceses llaman el terroir, en Mainqué, en mi opinión, se expresa de una manera absolutamente brillante, única. Y es el principio de un largo camino.
Pero nosotros estamos mucho más concentrados en el trabajo diario, en el placer del trabajo diario, y no intentamos compararnos con nadie. Nosotros somos brutalmente argentinos, brutalmente patagónicos y brutalmente de Mainqué. Entonces, cualquier otra comparación pienso que podría diluir un poquito nuestra identidad.

l Pinot Noir Treinta y Dos 2025 recibió puntaje perfecto. ¿Qué tiene esta añada en particular que la hace diferente a las anteriores?
El 2025 fue una añada prácticamente perfecta. Tuvimos una floración muy buena, muy uniforme. Y además, sin demasiados calores, aunque nosotros cosechamos siempre bastante temprano para poder capturar los aspectos más florales y más crocantes de la expresión del Pinot que nos gusta a nosotros. Y el resultado de veinticinco años de un trabajo meticuloso de la viña, de los suelos, de la poda, pero también atrás hay toda la preparación biodinámica.
Entonces, la suma de todos estos elementos hace que el 2025 fuera una añada casi, diría, perfecta para nosotros, pero, de nuevo, el equipo, que es siempre el protagonista, supo interpretar de una manera absolutamente fiel la identidad de nuestra parcela de Mainqué… Y tuvimos la suerte de que los críticos están reaccionando muy bien; estamos muy orgullosos de eso.

En una charla anterior describió a sus vinos como "gastronómicos", pensados para acompañar y no para protagonizar. ¿Cree que los críticos internacionales están empezando a valorar ese estilo más delgado y floral frente a los vinos más poderosos y alcohólicos?
Pienso que no solamente los críticos están valorando estos vinos, pienso que el protagonista es el consumidor. Creo que en Chacra, además, es un consumidor a veces más femenino que masculino. Son vinos que normalmente están entre 11 y 12% de alcohol, son más florales, no son vinos concentrados o extraídos, ni con demasiada madera... Entonces, pienso que al ser vinos donde no hay prácticamente ningún producto químico, son extremadamente fáciles de tomar, muy gastronómicos… Pero también son vinos que no te dan ningún tipo de resaca, entonces se pueden tomar tranquilamente y dan espacio para conectarse el uno con el otro y compartir un buen momento…
No hay que olvidarse de que el vino es cultura. El desafío de nosotros al día de hoy es poder no solamente intentar extraer en forma líquida una interpretación muy fiel de la parcela, en su comunión de la planta y el suelo, sino también interpretarlo de una manera que pueda mejorar tu comida y darte alegría, y poder conectarte con otros humanos.

Los críticos observan este fenómeno, observan esa costumbre que tienen hoy los jóvenes. La comida normalmente, en forma general, a nivel global, es más liviana. Se utiliza menos manteca, hay menos comida frita, hay un poquito menos de carne —aunque eso, capaz, no podemos contarlo en Argentina porque es una gran tradición de carne excepcional—. Entonces, si tienes un vino con 14 o 15 grados de alcohol, te destruye esta comida liviana, porque el vino domina y tu paladar, al ser dominado por un vino tan poderoso, no tiene mucho espacio para poder aprovechar los gustos de la comida más liviana. Entonces, los críticos están notando este cambio de costumbres.
Es importante agregar que nosotros no estamos haciendo nada nuevo. Si ustedes van a mirar el nivel de alcohol de los vinos que se producían en Europa y también en Argentina en los años treinta o cuarenta, se van a dar cuenta de que el alcohol en esas añadas era muy bajo. Muchas veces, los campesinos tenían un poquito de miedo de dejar la uva en el viñedo porque temían perder la producción por granizo, por ejemplo. Entonces, había la tendencia de cosechar un poquito antes. Nosotros no inventamos absolutamente nada nuevo, estamos volviendo a la manera tradicional de hacer el vino. Y pienso que eso también es bienvenido porque no hay que intervenir con una cantidad de químicos que normalmente se utilizan para estabilizar los vinos que tienen el alcohol más alto. Ganamos todos.
Se nota de una manera universal, en la Toscana como en Francia, que todos los productores están justamente cambiando la práctica agrícola para poder cosechar un poquito más temprano y tener vinos más livianos.

El Pinot Noir Treinta y Dos tiene fecha de lanzamiento en 2027. ¿Qué desafío implica pedirle al mercado que espere dos años por un vino ya premiado hoy? ¿Está la bodega preparada para responder a una demanda que puede dispararse de golpe con producciones artesanales y acotadas?
Ya tuvimos distribuidores que quieren reservar vinos. Ahora estamos en un trabajo de comunicación contactando a quienes les vendemos anualmente para garantizarles que van a poder recibir lo acordado.
Para poder intentar demostrarle al pueblo argentino un poquito de nuestra gratitud por seguirnos durante los años y acompañarnos, nosotros, en forma excepcional, vamos a ofrecer una pequeña cantidad de estos vinos a clientes, con un año de anticipo. Es una manera de decir gracias.
Chacra es una bodega familiar, de carácter artesanal. Entonces, nosotros no aumentamos la producción. El objetivo es mejorar todo lo que podemos cada año e intentar siempre interpretar la añada de la mejor manera posible. Entonces, estamos preparados en el sentido de que no vamos a aumentar el volumen; hay lo que hay.

El viñedo de donde nacen estos vinos fue plantado por inmigrantes y estuvo a punto de ser arrancado. ¿Qué significa para usted que esa misma tierra hoy produzca un vino con puntaje perfecto a nivel mundial?
Para nosotros fue algo muy interesante, pero también muy emotivo, haber tenido la responsabilidad de volver a trabajar un viñedo que estaba casi abandonado y donde la viña estaba en una condición muy mala. Fue un desafío que tenemos hasta hoy. Volver a trabajar viñedos muy viejos necesita una inversión económica enorme, pero también un enorme trabajo con un compromiso diario y con esfuerzo de carácter artesanal, porque hacemos todo a mano. En Chacra no hay mecanización, y todo se hace con mucha atención. Tenemos un gasto de manejo enorme por hectárea, porque, al no utilizar herbicidas ni pesticidas, y al no utilizar una cosecha industrializada, el trabajo es muy duro y muy lento.
Entonces, fue un enorme compromiso, con enorme esfuerzo y una enorme inversión, pero nos gusta muchísimo poder ser parte de este camino. Obviamente, es un desafío enorme que requiere mucha resiliencia y mucha paciencia, pero con un equipo muy bueno llegamos a poder restaurar estos viñedos en su mejor estado. Entonces, es un orgullo para mí poder tener un equipo tan bueno y poder hacer este tipo de trabajos.
El valor simbólico también es muy gratificante: poder demostrar que lo viejo no es malo, que es bueno, que las tradiciones se pueden recuperar. Y también es un poco una demostración de que los mejores vinos son hechos de los viñedos más viejos. Podemos entonces hacer un paralelo muy interesante entre los humanos y la viña, en el sentido de que, al día de hoy, donde se mira mucho a los jóvenes, es primordial no olvidarse del valor de una persona mayor, muy sabia, que puede aportar enormemente a la sociedad de hoy.

En una entrevista anterior me dijo que el mercado global del vino se va a contraer en los segmentos más accesibles, pero crecerá en el segmento alto. ¿Eso convierte a la Patagonia en una oportunidad estratégica justo en el momento correcto?
Pienso que las oportunidades existen en forma constante, en forma diaria. Después, el humano es quien tiene que entender que puede capitalizarlas y transformar esta realidad en un hecho. Entonces, será la historia y la voluntad de los habitantes de la Patagonia lo que determine el éxito de esta región. Algo es seguro: en la Patagonia, en el Alto Valle, se puede hacer vino de alta calidad.
En un pueblo como Mainqué, Bodega Chacra ganó dos veces un reconocimiento de 100 puntos, una vez el premio al mejor vino del mundo, y varias veces obtuvo 99 puntos —tanto con el Pinot como con el Chardonnay—, y todo esto me hace pensar que Chacra es una demostración práctica y pragmática de que es un lugar donde se puede hacer vino de enorme calidad. Y el mercado reconoce eso en Chacra.
Ahora, si lo hace Chacra, lo puede hacer cualquiera. Entonces, obviamente pienso que si ya hay una pequeña empresa como Chacra que llega a tener dos veces 100 puntos en 8 años —que es el mejor vino del mundo—, no veo por qué no hay una oportunidad enorme para cualquier otra persona que quiera venir, invertir y trabajar para poder recibir el mismo tipo de puntaje.
Entonces, las oportunidades existen; necesitamos individuos que tengan motivación y ganas de poder realizar algo similar a lo que hicimos nosotros, sea con la misma cepa u otra.

¿Cuál es el próximo capítulo que quiere escribir para Bodega Chacra?
El próximo paso para la bodega es simplemente el trabajo de todos los días, con mucha concentración, mucha precisión, mucha conciencia. Intentamos expandir nuestra conciencia diaria para siempre poder capturar de la forma más limpia, más natural y más autóctona la expresión de nuestra parcela de Mainqué.
Entonces, para nosotros nada cambia. Seguimos trabajando, seguimos poniéndole muchas ganas, mucho esfuerzo, enormes sacrificios, e inversión humana y económica para poder volver a la cancha y siempre hacer lo mejor que se puede hacer en este magnífico pueblo de la Patagonia.

Piero Incisa della Rocchetta recorrió medio mundo buscando el lugar donde el Pinot Noir pudiera dejarnos sin palabras. Lo encontró en pueblo patagónico, en un viñedo casi perdido, y con un equipo dispuesto a trabajar la tierra con las manos. El resultado no es solo un puntaje perfecto, es la confirmación de una intuición que él defendió durante años. La Patagonia ya no es una promesa. Es una certeza. Y Mainqué acaba de escribir una de las páginas más grandes de la historia del vino argentino.


Publicado en MÁS PRODUCCIÓN de La Mañana de Neuquén.

https://masp.lmneuquen.com/vinos-patagonia-100-puntos-chacra-pinot-noir-mainque