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lunes, 24 de agosto de 2026

El enólogo que puso a la Patagonia en una botella: creó una sidra de hielo, un espumante de pétalos de tulipán y prepara uno de frambuesas.

Ingeniero agrónomo y enólogo
Darío González Maldonado.

El enólogo que puso a la Patagonia en una botella: creó una sidra de hielo, un espumante de pétalos de tulipán y prepara uno de frambuesas para una chocolatería top de Bariloche.

El enólogo Darío González Maldonado hizo de la Patagonia su territorio de experimentación. Desde Chubut y con proyectos que llegan hasta Ushuaia, desarrolla vinos de alta gama, sidras, espumantes de frambuesa y una elaboración inédita a partir de pétalos de tulipán. Pequeñas producciones, materias primas regionales y nuevos desafíos marcan el camino de un profesional que sigue buscando hasta dónde puede llegar la producción en el sur.

El ingeniero agrónomo y enólogo Darío González Maldonado llegó a Chubut en el año 2000 para quedarse por cinco años, ya pasaron 26. Hoy trabaja en distintos puntos de la Patagonia, desde la Línea Sur de Río Negro hasta Ushuaia. Vinos premium, sidras de alta gama, sidra de hielo, espumantes de frambuesa y el inédito espumante de pétalos de tulipán forman parte de una búsqueda incansable de nuevos productos que también tiene nuevos capítulos en Tierra del Fuego.

La historia del enólogo con la Patagonia comenzó el 11 de enero de 2000. Nacido en Angaco, un pequeño pueblo rural de San Juan, en un ambiente familiar ligado a los parrales cuyanos y al viñedo, estudió Ingeniería Agronómica en Mendoza, mientras trabajaba y realizaba una beca rentada en el INTA de Luján de Cuyo.

Cuando estaba cerca de recibirse apareció una propuesta que cambiaría definitivamente su recorrido profesional: una bodega buscaba profesionales para trasladarse a Chubut y desarrollar

González Maldonado aceptó. La idea inicial era permanecer cinco años, adquirir experiencia y regresar a Mendoza para realizar una maestría en viticultura y enología mediante un convenio con la Escuela de Viticultura de Montpellier, Francia.

Pero ese regreso nunca ocurrió. “Me vine al sur para hacer cinco años de experiencia laboral y después volver para hacer la maestría, nunca volví. Hace 26 años que estoy acá”, cuenta a Río Negro Rural.

Primeros desafíos.

Lo que encontró fue un territorio con condiciones completamente diferentes a las que conocía. El desafío inicial consistió en adaptar conocimientos y técnicas de otras regiones vitivinícolas a un clima mucho más riguroso.


González Maldonado disfruta los desafíos, y su profesión es la excusa perfecta para buscar nuevos productos.

Los primeros años fueron una combinación de ensayo, observación y correcciones permanentes. Los sistemas de conducción de la vid fueron modificándose y también aparecieron problemas sanitarios que obligaron a investigar qué estaba ocurriendo en las plantas.

Una de las primeras dificultades fue la mortandad de plantas. El análisis fitopatológico permitió determinar que el problema estaba relacionado con hongos xilófagos y no directamente con las condiciones climáticas.

Durante los primeros años, mientras todavía no existía una bodega en origen, las cosechas de 2003, 2004 y 2005 fueron enviadas a Mendoza para realizar microvinificaciones. Los resultados fueron determinantes. “Dio que era apta la zona para vinos de alta gama y ahí se decide construir la bodega”, explica el enólogo.

“Siempre estamos hablando de vinos de alta gama. No apuntamos al volumen, sino a pequeñas cantidades de calidad premium, por ende, de un valor agregado mucho más alto”. Darío González Maldonado, enólogo.

En abril de 2006 se elaboró el primer vino en origen en Chubut, en Patagonia Wines. A partir de allí comenzó una etapa de desarrollo que buscó demostrar que los valles cordilleranos podían producir vinos de calidad y con características propias.

González Maldonado trabajó inicialmente con el respaldo técnico de Roberto de la Mota y posteriormente con Pedro Rosell en el desarrollo de espumantes.

En 2019 Patagonia Wines fue vendida y Darío decidió dejar la conducción de la bodega. Para entonces ya tenía varios asesoramientos en marcha y optó por profundizar una actividad que se ajustaba mejor a su perfil. “Yo soy un bicho que no le gusta estar 44 horas semanales en un mismo lugar, me aburre”, reflexiona.

Producción de vides en Ushuaia para elaborar el primer espumante de ese origen, el gran proyecto de Darío González Maldonado.

Su campo de trabajo se extiende actualmente desde Valcheta, Bariloche y distintos puntos de la Línea Sur de Río Negro hasta Ushuaia. También tiene proyectos en Chubut y Santa Cruz.

Ese recorrido le permite trabajar con diferentes ambientes y materias primas, pero también comparar las posibilidades productivas de cada territorio. El objetivo, explica, no es producir grandes volúmenes. “Siempre estamos hablando de vinos de alta gama. No apuntamos al volumen, sino a pequeñas cantidades de calidad premium, por ende, de un valor agregado mucho más alto”.

Diversificación.

La diversificación es una de las características más marcadas de su trabajo. A la producción de vinos sumó asesoramientos y desarrollos de sidras de alta gama, además de productos experimentales que buscan ocupar nichos específicos.

Entre plantas de vid, el universo profesional de
Darío González Maldonado.

Uno de ellos nació después de un viaje a Asturias, España, en 2017. Allí se capacitó en la elaboración de sidras y conoció la denominada sidra de hielo.

La experiencia le abrió una nueva posibilidad. En 2018 comenzó a elaborar sidras para Laberinto Patagonia, buscando desarrollar un producto diferente de las sidras tradicionales que se consumen en Argentina. “Yo voy a hacer sidra, pero que no parezca sidra”, pensó en aquel momento.

El proyecto evolucionó hacia diferentes estilos: sidra elaborada mediante método tradicional, sidra charmat y, especialmente, sidra de hielo.

La sidra de hielo.

La elaboración de sidra de hielo requiere condiciones específicas. Se utilizan variedades de manzana de maduración tardía y se priorizan la acidez, la complejidad aromática y determinados niveles de taninos. La fruta se cosecha después de varios días de heladas intensas, cuando las manzanas están completamente congeladas.

Sidra de hielo, elaborada en El Hoyo, Chubut.

“En esas condiciones se muelen y se prensan. El rendimiento es muy bajo: de un kilo de manzana se obtienen aproximadamente entre 100 y 120 centímetros cúbicos de mosto altamente concentrado”, cuenta Darío.

La fermentación es parcial y las propias características del proceso generan una bebida con un elevado nivel de azúcar residual.

El resultado es un producto de elaboración limitada y de alto valor agregado. “Este año vamos a hacer apenas 1.000 botellas de medio litro de esa sidra de hielo”.

De una flor a un espumante.

La innovación más llamativa de los últimos años nació en Trevelin, a partir del vínculo con Juan Carlos Ledesma, productor de bulbos de tulipán.

Las botellas de espumante de pétalos de tulipán saldrán en octubre al mercado.

El crecimiento del turismo alrededor de los campos de tulipanes llevó a buscar nuevas formas de agregar valor a esa actividad. De allí surgió la idea de utilizar los pétalos descartados durante la cosecha.

“Le dije: ‘Me gustaría hacer un producto con los pétalos de tulipán, ¿me podés enviar cuando cosechen?’ Me los pudo mandar y ahí comenzó todo”.

González Maldonado comenzó entonces una investigación prácticamente desde cero. Buscó antecedentes y encontró que no existían referencias de fermentos elaborados a partir de pétalos de tulipán. “Busqué y no hay nada a nivel mundial. No hay ningún fermento a partir de pétalos de tulipán”.

“Busqué y no hay nada a nivel mundial. No hay ningún fermento a partir de pétalos de tulipán”. Darío González Maldonado, enólogo.

A partir de allí desarrolló su propia receta. El producto se elabora en una pequeña bodega de El Hoyo, Ayestarán Allard, de unos 190 metros cuadrados, que reúne el área industrial, la atención al turismo y los espacios destinados a cava y elaboración de espumosos.

La producción inicial es muy limitada: alrededor de 150 botellas. A diferencia de la uva, el pétalo no aporta por sí mismo el volumen líquido necesario para elaborar el espumante. Por eso, la base se obtiene a partir de una infusión de los pétalos en agua de pozo, proveniente de una perforación de unos 80 metros de profundidad.

Experimentación permanente, una de las características del trabajo que realiza Darío González Maldonado.

Los pétalos permanecen en infusión durante aproximadamente 24 horas. Luego se extrae el líquido, sin prensar el material vegetal. A partir de allí se ajusta la acidez, se lleva el pH a aproximadamente 3,4 y se incorpora azúcar de caña hasta alcanzar unos 20 grados Brix.

La primera fermentación se realiza con levaduras especiales importadas de la región de Champagne. Después llega la segunda fermentación en botella, siguiendo el método tradicional.


Pétalos de tulipán, la materia prima del espumante que elaboran en El Hoyo, Chubut.

El enólogo guarda parte de la receta como un secreto profesional, especialmente los ajustes que realiza durante la elaboración y el licor de expedición utilizado para conseguir el equilibrio final.

El resultado, según su propia descripción, tiene aromas muy sutiles, un color entre rojo rubí y piel de cebolla y una burbuja pequeña y persistente. “Es un producto sedoso, con un equilibrio perfecto entre el alcohol y la acidez”. Cuando tiene que definirlo en dos palabras, no duda: “Elegante y revelador”.

Otro espumante: 100% frambuesa para Rapanui.

El catálogo de productos experimentales no termina con el tulipán. González Maldonado también está desarrollando para la familia Fenoglio, vinculada a Rapanui, un espumante elaborado íntegramente con frambuesas. La bebida utiliza nuevamente el método tradicional y está prevista para llegar al mercado entre octubre y noviembre.

Producción de vides en Ushuaia, un gran proyecto que avanza a paso firme.

Pero el proyecto que probablemente más sintetiza el espíritu experimental de González Maldonado está en el extremo sur.

En Ushuaia trabaja sobre pequeños ensayos vitivinícolas y otros cultivos. En el predio del hotel Tolkeyén se experimenta con vides, manzanas, sidra, olivos, berries y ruibarbo. También participa de un proyecto de incorporación de variedades híbridas de vid, conocidas como Piwi.

“Si llego a producir una botella de espumante en Ushuaia, ya no quiero más, me jubilo”. Darío González Maldonado, enólogo.

Pero hay una meta que sobresale sobre las demás: conseguir elaborar un espumante con uvas producidas en Ushuaia. “Si llego a producir una botella de espumante en Ushuaia, ya no quiero más, me jubilo”.

La frase tiene algo de humor, pero también resume el desafío profesional que lo mantiene activo: encontrar nuevos límites para una actividad que, en la Patagonia, todavía tiene mucho territorio por explorar.

Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

Domingo 23 de agosto del 2026.

https://www.rionegro.com.ar/rural/el-enologo-que-puso-a-la-patagonia-en-una-botella-creo-una-sidra-de-hielo-un-espumante-de-petalos-de-tulipan-y-prepara-uno-de-frambuesas-para-una-chocolateria-top-de-bariloche/

Enlace recomendado:

https://cepasargentina.blogspot.com/2026/07/de-la-patagonia-al-mundo-llega-el.html

lunes, 27 de julio de 2026

Recuperar al consumidor del vino. Por Fabián Mitidieri.

 


Recuperar al consumidor del vino.

La disminución del consumo de vino en Argentina ya no puede considerarse un fenómeno coyuntural. Se trata de una tendencia sostenida que preocupa a productores, distribuidores, comerciantes y consumidores. Ya en 2017 y 2023 había escrito sobre esta problemática, pero la realidad demuestra que el proceso continúa profundizándose.

Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) son contundentes. Mientras que durante las décadas de 1960 y 1970 el consumo superaba los 80 litros por habitante al año, alcanzando un récord de 87,5 litros en 1968, en la actualidad el consumo ronda apenas los 16 litros per cápita, el nivel más bajo de la historia reciente.



Hace cincuenta años el vino era parte de la vida cotidiana de los argentinos. Estaba presente en la mesa familiar, en los encuentros con amigos y en las celebraciones. Hoy ese escenario ha cambiado profundamente y resulta difícil imaginar un regreso a aquellos hábitos de consumo, debido a transformaciones culturales y sociales que parecen irreversibles.

Las causas de esta caída son múltiples. Por un lado, cambiaron los hábitos de consumo. Las nuevas generaciones privilegian bebidas más ligeras, existe una mayor preocupación por la salud y las políticas de alcohol cero también modificaron la forma en que las personas consumen bebidas alcohólicas. A ello se suma una competencia cada vez mayor por parte de la cerveza, el fernet, el gin y otras alternativas que han ganado espacio en el mercado.

Sin embargo, el aspecto económico también desempeña un papel determinante. La pérdida del poder adquisitivo redujo significativamente el presupuesto destinado al vino. Paradójicamente, frente a una disminución de las ventas, gran parte de la cadena comercial respondió con aumentos de precios que terminaron alejando aún más a los consumidores.

Hoy resulta difícil encontrar vinos de gama media y buena calidad por debajo de los $20.000. Esta realidad merece una reflexión, porque ese valor coloca al vino en el mismo rango de precios que bebidas espirituosas como un gin importado Beefeater, un Fernet Branca de 750 cc o incluso un Johnnie Walker Red Label, cuyo precio suele ubicarse alrededor o por encima de los $30.000.

La comparación es inevitable. Mientras una botella de vino normalmente se consume durante una comida o una reunión, una botella de gin, fernet o whisky permite preparar numerosas consumiciones. En consecuencia, el costo por ocasión de consumo resulta considerablemente menor para estas bebidas, haciendo que muchos consumidores las perciban como una mejor relación entre precio y rendimiento.

A esta situación se suma otro problema: el desorden comercial. Resulta difícil comprender cómo algunos supermercados venden determinadas etiquetas a precios inferiores a los ofrecidos por las propias bodegas, incluso durante promociones especiales. También existen diferencias significativas entre supermercados, vinotecas y canales de venta directa. Estas distorsiones generan confusión, deterioran la confianza del consumidor y terminan perjudicando tanto a productores como a comerciantes especializados.

La combinación de cambios culturales, pérdida del poder adquisitivo, precios elevados y una cadena comercial desordenada conforma una verdadera "tormenta perfecta" para la industria vitivinícola. Si no se adoptan medidas para corregir estos desequilibrios, es probable que continúen las dificultades económicas, aumenten los cierres de comercios especializados y desaparezcan bodegas que hoy ya enfrentan una situación crítica.

Frente a este escenario, la respuesta no puede limitarse a esperar una recuperación espontánea del mercado. Es necesario revisar la política de precios, reducir las distorsiones existentes en la cadena de comercialización y volver a ofrecer vinos con una relación precio-calidad que resulte atractiva para el consumidor.

Al mismo tiempo, los comunicadores del vino tenemos una responsabilidad ineludible: promover un consumo responsable, difundir etiquetas honestas y accesibles y contribuir a acercar nuevamente el vino a las nuevas generaciones. Defender al vino como Bebida Nacional no significa incentivar un mayor consumo, sino preservar una parte fundamental de nuestra identidad cultural mediante un consumo racional, responsable y económicamente accesible.

La recuperación del consumo no dependerá únicamente de producir grandes vinos. También requerirá que toda la cadena —bodegas, distribuidores, comercios y comunicadores— comprenda que el consumidor actual busca calidad, transparencia y precios razonables. Sin esa visión compartida, será muy difícil revertir una tendencia que ya lleva varias décadas y que amenaza uno de los símbolos más representativos de la cultura argentina.

Por Fabián Mitidieri.

https://fabianmitidieri.blogspot.com/2026/07/recuperar-al-consumidor-del-vino.html

Jueves, 23 de julio de 2026.

Publicado por Fabián Mitidieri en el Blog del Vino Patagónico, orientado a difundir los vinos de la Región y ofrecer un punto de vista alternativo sobre los Vinos Argentinos. Se recomienda las lecturas de estos blogspot del Sr. Mitidieri sobre vinos patagónicos argentinos. 

jueves, 18 de junio de 2026

DESAFÍOS Y CERTEZAS SOBRE EL NUEVO PAISAJE DEL VINO.

 


DESAFÍOS Y CERTEZAS SOBRE EL NUEVO PAISAJE DEL VINO.

Caída de volumen, concentración del negocio y cambio cultural del consumo son las coordenadas de una industria en transformación.

Joaquin Hidalgo.

El negocio del vino está cambiando en todo el mundo. La caída del consumo es hoy un escenario común en casi todos los países, especialmente entre los grandes productores, y esa tendencia empieza a reconfigurar tanto la forma en que se vende el vino como la manera en que se lo bebe.

En paralelo, la cultura del vino está migrando desde su lugar tradicional como alimento cotidiano hacia un consumo más ocasional. 

Ese desplazamiento implica un cambio profundo: el vino se elige cada vez más como una experiencia o como un signo cultural, más cercano a la lógica de la moda que a la de un producto alimentario.

Entre esas tensiones —la caída del volumen, la concentración del negocio y el cambio cultural del consumo— empieza a configurarse el nuevo paisaje del vino. 

Lo grande y lo pequeño.

Hoy conviven dos fuerzas bastante claras dentro del negocio. Por un lado, la gran distribución, cada vez más concentrada, que define qué productos llegan a las góndolas del supermercadismo y del comercio de gran escala. 

A ese mundo acceden principalmente las bodegas que también operan a gran escala, con volúmenes importantes y estructuras capaces de sostener esa logística.

Son, paradójicamente, las que más sienten la caída del consumo. Cuando el volumen del mercado se contrae, incluso una reducción de pocos puntos porcentuales impacta en toda la cadena productiva. Por eso, en muchos países, los grandes productores aparecen hoy entre los más golpeados por el nuevo escenario.

En paralelo, los pequeños productores parecen encontrar formas más flexibles de supervivencia. Algunos venden directamente desde la bodega. Otros se apoyan en el turismo o en la experiencia de visitar el viñedo. Y otros encuentran sus canales en redes más informales como sommeliers, bares especializados o restaurantes que buscan ofrecer cartas de vino más personales.

Son dos lógicas distintas que conviven en tensión. Entre ambas hay matices, por supuesto, pero el negocio del vino se mueve hoy entre esos dos polos.

La lógica de la moda.

En este escenario de menor consumo general, el vino empieza a comportarse cada vez más como una categoría cultural atravesada por ciclos de moda.

Lo que resulta interesante durante una o dos temporadas puede perder atractivo rápidamente. Ocurre con estilos —los vinos naranjos, los naturales, los sin sulfitos, los vinos con menos madera— pero también con regiones, productores o etiquetas.

Esto obliga a los elaboradores, distribuidores y retailers a renovar su oferta con mayor velocidad que en el pasado. Antes, las marcas y los estilos eran capaces de sostenerse durante décadas. Hoy el ciclo de vida de un producto puede ser mucho más corto.

Ese cambio no afecta a todos por igual. Los pequeños productores suelen adaptarse con mayor rapidez, mientras que las estructuras más grandes deben enfrentar un problema operativo: desarrollar una marca o un estilo puede llevar años, mientras el interés del mercado se mueve a otra velocidad.

La industria del vino encontró una respuesta parcial a este dilema en las últimas décadas: la premiumización. Es decir, vender menos volumen pero a mayor precio. Eso permite sostener el negocio incluso cuando el consumo total cae.

El fin del gran consumo.

Hay, sin embargo, un cambio más profundo. El modelo histórico del vino como bebida de consumo masivo ha quedado atrás. En países como Argentina, Italia o Francia, donde durante décadas se bebían entre 70 y 90 litros per cápita al año, ese nivel de consumo difícilmente vuelva. 

No se trata solo del precio o de la sofisticación del vino. Cambió el contexto general del consumo. Hoy existe una oferta enorme de bebidas: con alcohol y sin alcohol, dulces o secas, listas para beber o para mezclar, con gas, sin gas, con sabores o neutras. 

Esa diversidad compite directamente con lo que durante siglos fue una hegemonía cultural del vino. 

En ese escenario, el vino pierde volumen pero gana valor simbólico. La copa deja de ser parte de la rutina diaria y se vuelve parte de una experiencia. Lo que se bebe importa, pero también importa el contexto: la cena, el lugar, la historia detrás de la botella, la posibilidad de contar esa experiencia después.

En ese sentido, el vino funciona cada vez más como un marcador cultural. Dice algo sobre quien lo bebe —estatus, gusto, curiosidad, capital social— y menos sobre su función original como alimento cotidiano.

No es que el vino se haya vuelto demasiado complejo para los consumidores. Es el consumo el que se volvió más complejo, y el vino intenta adaptarse a ese nuevo mundo.

Así, el negocio se achica en volumen pero se diversifica en significado. Para muchos productores, el objetivo ya no es construir una industria masiva, sino sostener un modo de vida en torno al vino. Y generar, al mismo tiempo, experiencias que valga la pena vivir —y contar— alrededor de una copa.

Publicado en Vinómanos.

https://vinomanos.com/2026/06/industria-del-vino-nuevo-escenario-global/

Joaquin Hidalgo. Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

sábado, 9 de mayo de 2026

Día mundial del Moscato. La cepa multifacética que destaca en distintos estilos.





Día mundial del Moscato.

La cepa multifacética que destaca en distintos estilos.

En Argentina, y en el mundo, se celebra el 9 de mayo el día del Moscato, como se conocen en nuestro país los vinos elaborados con cualquiera de las uvas Moscatel.

La familia de las uvas Moscatel incluye unas doscientas variedades de Vitis vinífera, por lo que se sugiere que puede ser la variedad de uva cultivada más antigua. Como su nombre sugiere, se cree que esta variedad es originaria del norte de África y fue diseminada posteriormente por todo el Mediterráneo por los romanos. Debido a esta propagación, también es conocida con muchos nombres según su lugar de cultivo, como Moscatel de Alejandría, Zibibbo, Moscatel de Málaga, Romana, Gorda, Muscat y Muscatd’Alexandrie.

La Moscatel de Alejandría fue también una de las primeras uvas que ingresaron a Sudamérica, hace más de 500 años, siendo conocida en Argentina como Moscatel Blanco o Moscatel sanjuanino en la región de Cuyo. Como ya he explicado en mis notas sobre uvas criollas,a su vez es progenitora de varias uvas criollas originadas en Argentina, como el Torrontés riojano, por cruzamiento espontáneo con la Criolla Chica.

Sus racimos son grandes, bastante sueltos, y las bayas son de buen tamaño, con pulpa carnosa y firme, de color amarillo pálido a verdoso, con gran poder aromático y un característico perfume amoscatelado, además de un alto contenido de azúcar. Se desarrolla muy bien en zonas soleadas.



Es una uva blanca muy difundida y versátil que se utiliza para la producción de vinos blancos tranquilos, así como para espumosos y licorosos. Sin embargo, mayormente se emplea para la elaboración de vinos dulces, con aromas potentes, elegantes y florales. Se utiliza también para la elaboración de pisco en Chile y Perú y es la principal variedad de uva en la producción del vino espumoso italiano Asti (también conocido como moscatel Asti), elaborado en la región del Piamonte.

Por otra parte, también ha sido destinada al consumo como pasas y uva de mesa, muy apreciada por su sabor, pulpa firme, hollejo de espesor medio y resistencia al transporte. En este sentido, fue una de las variedades más importantes de San Juan durante décadas en el mercado interno para consumo en fresco.

El vino Moscato o Moscatel fue incorporado por el INV a la Ley General de vinos Nº14.878 en el año 2012, definiéndolo como el producto obtenido a partir de la fermentación de uvas frescas que proviene, al menos en un 85 %, de las variedades Moscato Bianco o Muscat blanc, Moscatel de Alejandría o Zibibbo, Moscatel amarillo, Moscatel rosado, Moscatel de Hamburgo y Moscatel Giallo.

En Buenos Aires, se popularizó a partir de los años 30 una versión de vino Moscato elaborado por Crotta, con agregado de alcohol vínico y mosto concentrado para obtener un grado de alcohol entre 15º y 16º y un contenido de azúcar entre 80 y 90g/l, que da un vino dulce y afrutado. Hoy continúa siendo un vino muy vendido que se ofrece en botellas de 930 cc y hasta en damajuanas.


Esto tiene una clara explicación ya que se ofrecía (y ofrece) por copa (en realidad en vaso o en jarra pingüino) en las tradicionales pizzerías de la calle Corrientes e incluso dio nombre a una famosa canción de la banda Memphis la blusera: “Moscato, pizza y fainá”.

Pero hay muchas otras marcas que ofrecen Moscato, entre las más conocidas El Abuelo o Florio, y que compiten con Crotta en ese atractivo mercado, con valores de la botella de 930 cc que oscilan de 8 a 10 mil pesos.

Pero ojo, porque ese destino nacional y popular, mayoritario de la Moscatel en la Argentina, no exime que algunas bodegas se hayan visto limitadas a elaborar con ella vinos de ese estilo. El enólogo Pancho Bugallo, socio de Sebastián Zuccardi en la bodega sanjuanina Cara Sur, elabora Cara Sur Moscatel Blanco Parcela El Duraznero (85 mil $) el vino que considera es, probablemente, el que tiene más potencial de guarda de todos los que hace, afinándose mucho en botella y dejando de lado su estandarización como Moscatel para resultar en un vino blanco salino y mineral, con mucha profundidad. La cosecha 2021 obtuvo 94 puntos Parker.


Pancho opina que esta variedad blanca puede dar grandes vinos si está en el lugar indicado y se tienen en cuenta todos estos aspectos de la viticultura. Lucia Vairetti, enóloga de Catena Zapata a cargo del Alamos Moscatel de Alejandría (10 mil$), un blanco dulce es muy exitoso desde su lanzamiento hace más de 10 años, destaca que este vino le trae recuerdos de su infancia, porque sus abuelos maternos vivían en una finca en Lavalle (Mendoza) y tenían el parralito en la galería de su casa con uvas Moscatel. Ese aroma intenso y floral que se percibe cuando las uvas están maduras lo recordamos muchos, porque era una uva que típicamente los inmigrantes ponían en un parral para dar sombra en las casas y comer sus ricas uvas en verano.

Catena Zapata ofrece también el La Marchigiana Moscatel (20 mil $) hecho en tinajas bajo ancestrales técnicas naturales de vinificación y sin agregado de sulfitos. Por su parte, Aleanna, la bodega del enólogo Alejandro Vigil, tiene su Amiguito Moscatel (26 mil $) y hasta la bodega Chacra, que elabora en Rio Negro varios vinos de altísima gama tiene su Moscato, claro que no a 10 o 20 mil pesos, sino a 50 mil.


Si te entusiasmaste con el Moscato y querés festejar su día, podes buscar y comprar estos vinos o, los muchos vermouths que se elaboran con ella, y descorcharlos en tu casa. O mejor aún, salir a celebrar en algunos de los locales gastronómicos que se sumaron a la movida (info provista por Gastonomique Prensa y Comunicación):

Moscato de regalo para celebrar en Casa Bellucci.

Casa Bellucci es una casa de pastas y pizzas artesanales con moscatería que retoma una tradición porteña y la resignifica en clave actual. La apuesta se centra en el moscato como eje, un vino históricamente vinculado a la cultura local desde los años 30 y 40, que aquí se trabaja en distintas expresiones: desde versiones clásicas —tintas, blancas y espumantes— hasta su integración en cócteles y preparaciones de la carta. En este sentido, el moscato no sólo se ofrece por medida, sino que también funciona como base para tragos, aportando dulzor natural y perfil aromático, además de incorporarse en recetas a través de reducciones o combinaciones con miel. La propuesta gastronómica acompaña esta lógica con platos pensados en diálogo con ese perfil, desde pizzas al molde y pastas caseras hasta postres donde el vino aparece como parte del desarrollo, como el tiramisú. Con motivo del Día del Moscato, el próximo sábado 9 de mayo, durante toda la jornada, el restaurante obsequiará  un vaso de esta bebida a quienes visiten el lugar, reforzando su rol central dentro de una propuesta que busca reposicionar este varietal en la escena gastronómica porteña.


Dirección: Del Barco Centenera 1699, Parque Chacabuco.

Instagram: @casabellucci.ba

Botella de Moscato Momenti de obsequio en la Casa Blanca de Habana.

Para celebrar el Día del Moscato, La Casa Blanca de Habana, en Villa Pueyrredón, propone una acción especial que combina tradición y espíritu festivo: durante la noche del sábado 9 de mayo cada mesa que cene en el local recibirá de regalo una botella de Momenti —su moscato propio elaborado junto a la bodega Foster Lorca— para llevar, entregada al momento de la cuenta como obsequio de cortesía. Este vino dulce natural, de perfil joven y equilibrado entre acidez y dulzor, se sugiere para acompañar pizzas más intensas como la de mozzarella, cuatro quesos o la azul, con base de crema y cebollas. Para completar esta experiencia bien porteña, la recomendación es sumar una fainá —con toppings como tomates confit, rúcula o cebolla morada— y recrear así el clásico trío de moscato, pizza y fainá.


Dirección: Nazca 4301, Villa Pueyrredón.

Instagram: @lacasablancadehabana

Moscato para elegir en Casa Planes

La cocina porteña y 100% casera encuentra su espacio en Casa Planes, el nuevo proyecto culinario de los chefs y empresarios gastronómicos Guillermo Busquiazo y Cabito Massa Alcántara, en el barrio de Caballito. Cuenta con una propuesta para todo el día, con opciones de desayuno, brunch, almuerzo, merienda y cena, en un ambiente relajado e informal, para disfrutar de una pausa en la ciudad. Además, cuentan con algunas de las versiones más populares de Casa Bellucci, otro de sus emprendimientos, especializado en moscatería y pastas artesanales. Así como ofrecen Moscato de Verano, que lleva moscato tinto infusionado con almíbar de moscato, agua tónica y albahaca, decorado con una rodaja de naranja en su presentación, también se pueden pedir moscato tinto y blanco, ideales para acompañar con sus platitos, como las empanadas de carne a cuchillo, la fainá de ricotta con mortadela y rúcula y el mbejú de gorgonzola, entre otras creaciones de la carta.


Dirección: Planes 1400, Caballito.

Instagram: @casaplanes.ba

En botella o en formaro cocktail en el Bodegón de Kimberley

En Villa Devoto, el bodegón de Kimberley se suma a la celebración del moscato con Momenti, la etiqueta de la casa, que se puede disfrutar tanto en botella como en versiones más descontracturadas, como el Moscatoni —con Sprite— o el Momenti Spritz, con agua tónica. De perfil dulce y con una acidez equilibrada, este vino se presenta como un gran aliado de los sabores intensos, por lo que desde la casa se sugiere acompañarlo con quesos y clásicos del menú como las muzzarelitas, la provoleta —en sus distintas variantes— o milanesas en versiones contundentes, como la napolitana o fugazzeta, logrando combinaciones que resaltan el espíritu bodegonero de la propuesta.

Dirección: Joaquín V. González 3238, Villa Devoto.

Instagram: @restaurant_kac

Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/

https://angelyvino.blogspot.com/2026/05/dia-mundial-del-moscato.html

El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

jueves, 26 de febrero de 2026

¿CÓMO SE HACE UN VINO SIN ALCOHOL?

 


¿CÓMO SE HACE UN VINO SIN ALCOHOL?

¿Qué secretos tiene la elaboración de estos vinos? De hecho, las etiquetas 0% alcohol, ¿son o no son vinos? ¿Por qué crece el mercado para estos productos? ¿En qué casos los resultados son mejores? Te respondemos esas preguntas que seguro te venís haciendo.

Por Joaquin Hidalgo.

El mundo está en un plan raro. Las bicicletas son eléctricas, la carne ya no es de carne y es apta veganos, y el vino entra en una etapa de desalcoholización para abrirse camino entre los bebedores abstemios. 

Lejos de ser una movida local, este giro global de las cosas que son sin serlo (la sacarina o la stevia al menos no son lo que reemplazan), abre nuevos e insospechados caminos.

Hasta el año 2025 en nuestro mercado no había buenas pruebas de vinos desalcoholizados que valieran la pena. Pero entre los primeros que se presentaron a mitad de año y el último que llegó al cierre del 2025, comienza a perfilarse una pequeña pero concreta oferta de vinos sin, pero que son.

En eso, el espumante Nieto Senetiner Brut 0% merece los más altos respetos. Para todo aquel que busque reemplazar el alcohol, pero no alterar prácticamente el sabor, para todo aquel busque beber sin el efecto embriagador y sin perder la magia de las ricas burbujas, este vino es un caso ejemplar. 

Contrario a muchos de los vinos que reemplazan el dulzor del alcohol por el dulzor del azúcar (y no mejoran el balance calórico ni dietario), el espumante de Nieto Senetiner es seco. Y eso no es poco mérito.

Anatomía de una desalcoholización.

Aunque suene contranatura, para hacer un vino que sepa a vino y no tenga alcohol no hay otro camino que fermentar el jugo de la uva y luego desalcoholizar el resultado. Es como hacer una asado hecho y derecho para luego retirarle la costra que estuvo en contacto con la parrilla, quitarle la sal y quedarse con la carne cocida. Pero el método según el que se lo haga en el vino cambia drásticamente el producto.

En el caso de Nieto Senetiner, el asunto empieza con la elaboración de un espumante de Pinot Noir oriundo del Valle de Uco, hasta terminarlo, incluso con la toma de espuma. Desde ahí el proceso es pura innovación y parte de la compra de una máquina capaz de evaporar el alcohol a bajas temperaturas. 

El truco es que trabaja con presión negativa y ahí la destilación del alcohol se separa sin alterar el sabor. Si uno piensa que el espumante es, precisamente, un vino con presión positiva, primero hay que quitarle el gas carbónico y almacenarlo, para luego volver a inyectarlo.

Junto con el alcohol se evapora una parte sensible de los aromas, que también la máquina separa por fases, parecido a un destilador. Separa fracciones mínimas de cola y una cabeza –casi como en una destilación– y se guardan esos componentes aromáticos para devolverlos al vino.

Pero si hasta acá la máquina es prácticamente el secreto, a partir de este punto empieza el trabajo de alquimista de los enólogos. Sucede que, si uno le retira al vino espumoso el alcohol, le está sacando un 10-12% del producto que aporta varias cosas: textura, gusto dulce, sensación de arrobo en el paladar. 

Para decirlo más sencillo: si se le quitan esas sensaciones, la acidez gana protagonismo, así como la burbuja final (una vez vuelta a inyectar) quedará más efervescente que texturada. Encontrar el nuevo punto de balance es un trabajo de orfebre, pero el equipo de Nieto Senetiner, liderado por Santiago Mayorga y Roberto González, consigue en este espumante un nuevo y atractivo balance.

Probé dos ediciones de este vino, ya que cada tirada del proceso requiere un recalibrado único a cada batch. La primera un poco más ácida que la segunda, donde el perfil de un vino espumoso de Pinot Noir, con fruta roja y notas de cereza y frutilla, junto con una burbuja delicada y vibrante, daban una textura de mouse con sabor de fruta. Es dable pensar que el camino irá por este segundo ajuste.

Otros vinos sin alcohol.

De lo que he probado en el mundo, la verdad es que los espumosos llevan una ventaja enorme a la hora de la desalcoholización, por la sencilla razón de que la textura está dada por la burbuja más que por el alcohol. 

En un vino tinto, sin embargo, reemplazar el trazo untuoso, envolvente y arrobante del alcohol, más aún cuando supone entre un 13 y 15% del vino, es muy complejo en términos de balance. En general se recurre al azúcar para suavizar los taninos que ganan relevancia o quedan algo desprovistos de balance, rústicos o delgados.

Entre los caminos posibles que veo que se exploran para los tintos, la vertiente de maceraciones carbónicas –donde casi no hay taninos en la elaboración y los que hay no son astringentes– es la que podría conducir a mejores resultados, conservando una fruta nítida y primaria. 

En blancos es un camino un poco más simple, pero aún el sabor queda algo verde de acuerdo con los que he probado.

Así las cosas, en un mundo en que algo puede no ser lo que es, hay una discusión gigantesca acerca de si el vino desalcoholizado puede o no considerarse vino. Y si el añadido de otros elementos –como el glicerol, que reemplazaría el dulzor del alcohol por un alcohol superior que no embriaga– debiera estar o no permitido en una bebida cuyo corazón es universal: jugo de uva fermentado y en equilibrio natural. 

Aún falta mucho por decir sobre la materia. Al menos ahora hay unas ricas burbujas para descubrir en la góndola.

Publicado en Vinómanos.

https://vinomanos.com/2026/02/como-se-hace-un-vino-sin-alcohol/

Destacado amarillo de Vinómanos.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Desregulación sí o no: el debate entre bodegueros ante la crisis que vive el vino.

 

Desregular para crecer. La idea que propone el gobierno a los bodegueros, que ven claroscuros en la iniciativa.

Desregulación sí o no: el debate entre bodegueros ante la crisis que vive el vino.

El ministerio de Federico Sturzenegger eliminó casi mil normas para el sector a fin de impulsar las ventas, pero no todos los actores de la industria están de acuerdo. Una discusión que se extiende al calor de los cambios de hábitos de consumo y la necesidad de competir para exportar.

La venta de vino argentino se derrumba, tanto en el mercado interno como en el exterior, en línea con una tendencia global y el deterioro general del consumo en el país. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), entre enero y octubre de 2025 (último dato disponible), el consumo de vino en Argentina cayó 2,7% en comparación con el mismo período del año anterior. La de vino blanco se derrumbó un 10%. Las exportaciones, por su parte, se redujeron 7,1% entre enero y noviembre de 2025.

Mientras bodegueros y productores intentan adaptarse al nuevo escenario, para el Gobierno nacional la solución es achicar la burocracia: el mes pasado, el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado a cargo de Federico Sturzenegger, anunció la eliminación de cerca de mil normas que rigen para el sector con el objetivo de reactivar las ventas. Pero, entre los principales actores de la industria, existen posiciones encontradas.

La baja en el consumo se profundizó, aunque no es nueva: Para Norberto Ghirardelli, fundador de la Bodega Agrestis, de General Roca, la caída lleva décadas: en la década de 1990, afirma, cada argentino bebía aproximadamente 100 litros al año. “A partir de entonces, se empieza a dejar de consumir los grandes volúmenes de vinos comunes, la gente empieza a consumir mayor calidad: como no toma todos los días, el volumen baja”, afirma.

El desplome es notorio y constante: en el 2000 se bebían 37,8 litros por persona y en el 2013, 25,6. En ese nivel se estabiliza hasta que, en los últimos años, comenzó un nuevo derrumbe: en 2021, cada argentino bebió 18 litros, mientas que en 2024 la cifra bajó a 16,3 litros por persona.

Sven Piederiet, CEO de Salentein, una bodega emblemática de Mendoza, explicó que hay una caída mundial en el consumo de alcohol, con descensos en cerveza, bebidas espirituosas y vino, especialmente en Europa y Estados Unidos. En Argentina, agregó, el sector se vio golpeado por una fuerte retracción del consumo masivo durante 2024.

Dato 

16,3 los litros de vino per cápita que se consumieron en Argentina en 2024. La cifra era 18 litros en 2021 y 25,6 litros en 2013. La caída se debe en gran parte al cambio de hábitos en el consumo.

Si bien Salentein tuvo muy buenos resultados en los últimos diez años y fue una de las pocas bodegas argentinas que logró crecer en volumen y facturación, también sufrió el impacto de la desaceleración de los mercados en los últimos dos años. “Es realmente un escenario nuevo para nosotros”, dijo, y subrayó el carácter altamente competitivo del mercado mundial del vino.

“Argentina no es tan competitiva: por su moneda apreciada, por la carga impositiva, el costo de transporte alto y la falta de tratados de libre comercio en comparación con otros países como Chile y Australia”, agregó.

Para Pablo Etchart, titular de la reconocida Bodega San Pedro de Yacochuya, del Valle Calchaquí, en Salta, la caída es parte de un cambio de hábitos general. “En casi todo el país, sacando las grandes capitales, hasta hace no muchos años se dormía la siesta y se almorzaba en las casas al mediodía. Y generalmente se tomaba vino”, dijo a RÍO NEGRO, y agregó que ahora, con la jornada completa de trabajo, “uno sale a a almorzar cerca de la oficina y no va a tomar vino”.

Otros dos culpables, según el bodeguero, son la “onda fitness” y “las leyes de alcoholemia”. “El tipo va al gimnasio a quemar calorías y como le dicen que el vino tiene muchas calorías, no lo toma”, dijo. “Es curioso que en un país productor tengamos alcoholemia cero”, agregó.

Desregulación sí.

El pasado 7 de noviembre, el ministerio de Sturzenegger, a través de la resolución 37/2025, que cuenta con la firma del titular del INV Carlos Tizio, derogó 973 normas vinculadas a la industria vitivinícola. A partir del 1° de enero, el INV controlará únicamente el vino en la góndola y dejará de revisar todo el proceso productivo. Según escribió Sturzenegger en X, la decisión busca darle “flexibilidad y libertad” a la industria.

Juan Barbier, bodeguero de tercera generación de la bodega De Ángeles, en Mendoza, sostuvo que la desregulación puede beneficiar a la industria al reducir cargas administrativas y, potencialmente, bajar costos. “Yo creo que va a tener mucho más efecto en las bodegas grandes”, dijo. “Hay bodegas en las que yo tengo conocidos que te dicen: ‘He tenido al INV desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde metido acá dentro’”, relató en diálogo con este medio. Juan Barbier, bodega De Ángeles (Mendoza).

Ghirardelli, de Agrestis, también dice estar de acuerdo con la desregulación: para el empresario, el 95% de las normas derogadas eran “obsoletas”. “Hay una serie de costos que bajarían porque, sobre cada trámite, hay que pagar un arancel”, dijo a RÍO NEGRO. Y agregó que el papeleo es tan engorroso que algunas de “las bodegas más grandes tienen un empleado exclusivamente dedicado a esto y las más chicas tienen que recurrir a algún gestor”. Además, agrega, habría “mayor libertad para trabajar sin tantos controles, controles de inventario, que no son tan necesarios”.

Piederiet, de Salentein, acuerda con el espíritu de la medida y señaló que reducen “costos y burocracia”. Sin embargo, advirtió que, dada la cantidad de las regulaciones eliminadas, “seguramente cometieron algún error que luego habría que corregir”.

Desregulación no.

“Como sector debemos ser muy críticos a cualquier cambio: es el interés de todas las bodegas y productores profesionales que se mantenga un alto estándar. Los problemas con la calidad pueden destruir todo un sector”, agregó.

Es que, al limitarse a controlar el producto final, el Estado dejará de identificar el origen real de la materia prima. “Por ejemplo, el INV no va a controlar más, si en la etiqueta que dice ‘origen Agrelo’, realmente la uva vino de Agrelo”, afirmó Piederiet.

Para el CEO, la trazabilidad del origen de la uva es el tema más sensible. “La pregunta es: ¿cómo lo vamos a controlar y garantizar? ¿Por ley? ¿O por voluntad privada? Creo que sería bueno mantener un control centralizado y formalizado sobre el origen de la uva”, afirma.

“Hay una serie de costos que bajarían porque, sobre cada trámite, hay que pagar un arancel. Seguramente habrá mayor libertad para trabajar sin tantos controles, controles de inventario, que no son tan necesarios”.

El quid de la norma es la polémica eliminación de la obligatoriedad del Certificado de Ingreso de la Uva (CIU). El CIU, que actualmente no es optativo, funciona como una especie de DNI de la uva, consigna información clave como cantidad, variedad, grado de maduración y tenor azucarino de la fruta. Es crucial para los viñateros que no tienen bodega y entregan su cosecha a terceros para que elaboren el vino.

“El CIU tiene que seguir siendo obligatorio”, dijo a RÍO NEGRO Rubén Blanes, vicepresidente de la Asociación de Viñateros de Mendoza (AVM). Para Blanes, convertirlo en opcional “deja desprotegido al que ingresa la uva” y erosiona la confianza de los consumidores en la autenticidad del producto que compran.

A principios de diciembre, la AVM, junto a la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas (Acovi) y la Cámara de Productores Agrícolas (Carpa) presentaron un amparo ante la Justicia Federal de Mendoza. Esta semana, el Juzgado Federal N° 2 a cargo de Pablo Oscar Quirós, restableció la obligatoriedad del CIU por cinco meses, observando que existe una “asimetría de poder entre la bodega y el productor”.Los bodegueros valoran que se desburocratice la actividad y se reduzcan costos, pero advierten por la pérdida de la trazabilidad y la certificación de calidad.
Sturzenegger consideró el argumento del juez como “desopilante”. “La opcionalidad del CIU era darle más libertad a los productores, pero la libertad de mercado asusta”, dijo a La Nación el ministro de Transformación y Desregulación del Estado.
Sin embargo, muchos en la industria, celebraron la decisión del juez. “Costó mucho que el vino argentino sea reconocido afuera por su calidad”, dijo Blanes. “Hoy en día no se está importando el vino porque sea más barato que en otros lados. Se está comprando vino a la Argentina porque se sabe todo el control que tiene la producción”, afirmó. “El Estado se retira y eso no va a ayudar a toda esta situación: la va a empeorar”, concluyó.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/economia/desregulacion-si-o-no-el-debate-entre-bodegueros-ante-la-crisis-que-vive-el-vino/