lunes, 22 de junio de 2026

Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Los vinos de la Patagonia norte.


 
Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

Los vinos de la Patagonia norte.

Recorrimos el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

La Patagonia es única por donde se la mire. El agua, proveniente del deshielo de la Cordillera de los Andes, fluye a través del desierto, generando a su paso un verdadero oasis en medio de la estepa.

Pero hasta principios de los 1900, el aprovechamiento del agua en la región del Alto Valle era limitado a aquellas tierras susceptibles de riego, cercanas al río, y por eso también a devastadoras inundaciones que ponían en peligro el trabajo de un año. 

Cesare Cipolletti, ingeniero hidráulico italiano, fue contratado por el gobierno para estudiar la cuenca de los ríos Limay, Neuquén y Negro, y definió los pasos a seguir para el máximo aprovechamiento de su curso, a través de un ingenioso sistema de presas y canales que irrigarían toda la región del Alto Valle. Son éstos los canales que nutren con agua todos los viñedos de la zona.


El vino en Río Negro y Neuquén.

En realidad, vale la pena aclarar que hablar del vino de dos provincias tan grandes como estas no deja de ser bastante reduccionista, porque si bien el 87 % de los vinos que ofrecen estas dos provincias del norte de la Patagonia provienen de una región que puede ser incluida en un radio de 120 km a partir del puente que une las ciudades de Cipolletti y Neuquén, lo cierto es que fuera de esa región hay viñedos importantes en el Valle Medio del río Negro, en la zona atlántica en la que este desemboca y también esparcidos a cuenta gotas en otros de los departamentos y regiones de ambas provincias, algunos antiguos y otros que, poco a poco, se van desarrollando en menor escala, como en las regiones andinas.


Lo cierto es que la zona que rodea la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, que dan origen al río Negro, es un área geográfica clave al norte de la Patagonia, comúnmente conocida como 
“Alto Valle del Río Negro”  o, en un contexto urbano y administrativo más amplio, Región Metropolitana Confluencia. El nombre exacto depende del enfoque geográfico o institucional que se utilice.

Alto Valle: Es la denominación tradicional y microregional. Se utiliza ampliamente para referirse a la franja agrícola, productiva y urbana que se extiende a lo largo de ambas orillas del río Negro y de los dos ríos que lo forman (Limay y Neuquén).

Región Metropolitana Confluencia: Es el nombre político y de planificación urbana. Agrupa a 12 municipios biprovinciales (Neuquén y Río Negro) ubicados alrededor del punto donde confluyen el río Limay y el río Neuquén para dar origen al río Negro.

Cuenca de los ríos Limay, Neuquén y Negro: Es el nombre técnico e hidrológico utilizado por la Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas (AIC) para todo el sistema hidrográfico.

Aclarada esta cuestión, vamos a entrar de lleno en las características que, en 2021, me llevaron a escribir esta nota afirmando que existían cinco importantes razones para que los protagonistas del vino de la región mostraran su optimismo: el agua, el clima, el cambio climático, la infraestructura y tradición vitícola, y las inversiones.

En esta ocasión, pasados cinco años, sumaremos otras conclusiones gracias a una nueva visita recorriendo en profundidad durante cuatro intensos días la región del Alto Valle, de la mano de Fernando Musumeci en el marco del tour #LaCuevaVisitaPatagonia, visitando 10 bodegas y probando vinos de otros 8 proyectos más, totalizando 111 vinos degustados.

Resumen del recorrido

Día 1 - Neuquén: Familia Schroeder, Malma y Patritti.

Día 2 - Río Negro: Chacra, Agrestis, Humberto Canale y una ronda en el bar El Distinto, donde catamos los vinos de Bodega Costa y Principios y finales.

Día 3 - Río Negro: Noemía, Marcelo Miras y Ribera del Cuarzo.

Día 4 - Neuquén: Bodega Mabellini donde, además, la sommelier local Nerina Domínguez organizó una presentación de varios pequeños productores: Dominio de Freneza, Dellanzo, Bonomi & Bernal, Des de la Torre, Tero Rengo y Videla Dorna. 

El Alto Valle de Río Negro y Neuquén presenta condiciones estructurales excepcionalmente favorables para el desarrollo vitivinícola, sustentadas en la combinación de abundante disponibilidad de agua, un clima sano y equilibrado, infraestructura creciente y una tradición histórica significativa. A esto se suma un contexto climático global que, en términos generales, ha tendido a mitigar uno de los principales riesgos de la región: las heladas.

Ventajas estructurales clave.

Agua: La presencia del sistema hídrico del río Negro ,regulado por represas, garantiza disponibilidad constante y de alta calidad, un diferencial crítico frente a otras regiones vitícolas argentinas afectadas por estrés hídrico.

Clima: Las condiciones frías, secas y ventosas favorecen la sanidad del viñedo, reducen enfermedades y permiten una maduración pausada, con alta acidez natural.

Cambio climático: La disminución relativa de heladas ha mejorado la estabilidad productiva, potenciando la aptitud de la región.


Identidad enológica consolidándose.

En los últimos años, los vinos del Alto Valle han comenzado a afianzar una identidad distintiva basada en frescura (acidez), fineza y equilibrio. La mayor latitud aporta más horas de luz durante el ciclo vegetativo, lo que permite alcanzar una notable madurez azucarina y polifenólica, a la par y armónicamente.

Existe además una proporción significativa de vinos de alta y muy alta gama (ej. Noemía, Chacra, Ribera del Cuarzo), que ha sido reconocida con hasta 100 puntos por los mejores críticos internacionales (algo no tan común en otras regiones argentinas) lo que confirma el potencial cualitativo de la región en el segmento premium.

Hans Vinding Diers (Noemia)

Diversidad de terroirs: oportunidad aún subexplotada.

Un aspecto crítico a considerar es la comunicación y diferenciación de microterroirs. Hoy el mercado tiende a percibir la región de manera homogénea (“Neuquén” o “Río Negro”), cuando en realidad existen contrastes relevantes dentro de cada provincia y región. Por ejemplo, San Patricio del Chañar brinda uvas con pieles más gruesas por la exposición al viento y el sol, que generan vinos de más color y taninos. Pero en las zonas cercanas al río, de suelos arcilloso-limosos, más fríos y húmedos, las variedades de ciclos cortos, como el Pinot Noir, se expresan mejor, mientras que el Malbec ofrece una cara distinta y el Chardonnay muestra características muy destacadas.

La demarcacion de indicaciones geográficas sería de ayuda en este proceso. Existe la IG Alto valle de Río Negro (Resolución INV Nº C.37 de 16 de diciembre de 2002) pero, lamentablemente, no vemos productores que la utilicen. Comenzar a hacerlo sería una muestra de fé en sí mismos y en las características distintivas de la región.

En ese rumbo existe un incipiente movimiento de emprendedores pequeños interesados en elaborar vinos de calidad que cuentan con el apoyo de instituciones técnicas locales como el INTA, INTI, universidades y municipios, y una buena disponibilidad de insumos acorde a una zona agrícola. La valorización de estas diferencias de terroir será clave para un futuro posicionamiento internacional.

Viñedo Schroeder.

Los desafíos

Pero no todo es color de rosa: hay múltiples desafíos, como la escasez de mano de obra, más atraída por la industria del petróleo (aunque en parte compensada por el gran crecimiento demográfico de la región).

Otro punto es que falta infraestructura. Si bien en Neuquén se va desarrollando (impulsada por la industria energética), del lado de Río Negro da lástima: parece anclado en el tiempo. Por ejemplo, rutas troncales como la 22 y la 151 no han mejorado en 60 años y no se ven indicios de que vayan a hacerlo a corto plazo.

Los productores grandes son pocos y algunos de ellos parecen no tener el ímpetu ni el alma puestos en la vitivinicultura, que sí mostraron los pioneros en Mendoza. Los productores medianos o más chicos sí lo tienen, pero claramente es un momento del mercado que no ayuda.

Oportunidades.

Desarrollo turístico: Es aún incipiente y representa una de las mayores oportunidades, ya que podría actuar como motor económico complementario, como ocurre en otras regiones emergentes del país (Jujuy o Córdoba), donde la mayor parte de los vinos se venden en la zona, con alto porcentaje ligado al turismo.

En ese sentido, en el Alto Valle hay pocas opciones completas de enoturismo, exceptuando Malma y Schroeder, que cuentan con recepción al turismo y buena gastronomía, y algunas de las bodegas de la Ruta del Vino de Río Negro (se han ido sumando con la reciente ampliación de las bodegas participantes). Pero las bodegas más famosas en el mundo enófilo (Chacra, Noemia y Ribera del Cuarzo) no ofrecen recepción al turismo, y las que sí lo hacen, en algunos casos, no alcanzan el nivel de sus pares mendocinos o salteños.

Enoturismo en Malma.

El Alto Valle tiene una buena cantidad de viñedos y bodegas, pero para que la zona comience a recibir al turista capaz de realizar un viaje exclusivamente enoturístico, hace falta la oferta de un circuito claro, con más atractivos gastronómicos y mejor hotelería (otro aspecto poco desarrollado en la zona). En ese sentido, se advierte la posibilidad de explotar varios nichos de turismo especializado (naturaleza, pesca, deportes, granjas agrícolas, health and fitness, etc.) que podrían generar combinaciones atractivas con el enoturismo.

Comunicación: Se nota una falta de articulación, que podría lograrse formando una agrupación de pequeños productores locales que realice una tarea de difusión organizada y unificada, con una estrategia colectiva de promoción.

Atraer nuevos productores: Que se sigan sumando emprendedores de fuste. Matervini pronto lanzará un vino de Valle Azul; el Grupo Peñaflor adquirió una bodega que renombró Marantiqua, e inversores locales de otros rubros apuestan al vino, como el caso de Mabellini.

Carlos Mabellini.

Conclusión

El Alto Valle posee condiciones naturales sobresalientes: agua abundante (al río Negro le dicen el Nilo de la Patagonia) y clima óptimo, que sumados a una tradición vitivinícola que aún subyace en algunos ámbitos, lo posicionan como una de las regiones con mayor potencial de crecimiento cualitativo en la vitivinicultura argentina.

Creo que el camino hacia su consolidación dependerá de:

La capacidad de construir una identidad segmentada por terroirs.

La articulación entre actores (especialmente pequeños productores).

El desarrollo del enoturismo y la infraestructura.

Y la continuidad de inversiones estratégicas.

En síntesis, la región combina ventajas naturales excepcionales con un desarrollo aún incompleto, lo que configura un escenario de alto potencial, aunque condicionado por factores económicos, organizativos y de mercado. Ojalá alcance para revertir la caída de hectáreas de viñedos registradas en los últimos años.

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https://angelyvino.blogspot.com/2026/06/alto-valle-de-rio-negro-y-neuquen.html

Publicado en Ángel y vino.

El ángel del vino. Blog de vinosVino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/

jueves, 18 de junio de 2026

DESAFÍOS Y CERTEZAS SOBRE EL NUEVO PAISAJE DEL VINO.

 


DESAFÍOS Y CERTEZAS SOBRE EL NUEVO PAISAJE DEL VINO.

Caída de volumen, concentración del negocio y cambio cultural del consumo son las coordenadas de una industria en transformación.

Joaquin Hidalgo.

El negocio del vino está cambiando en todo el mundo. La caída del consumo es hoy un escenario común en casi todos los países, especialmente entre los grandes productores, y esa tendencia empieza a reconfigurar tanto la forma en que se vende el vino como la manera en que se lo bebe.

En paralelo, la cultura del vino está migrando desde su lugar tradicional como alimento cotidiano hacia un consumo más ocasional. 

Ese desplazamiento implica un cambio profundo: el vino se elige cada vez más como una experiencia o como un signo cultural, más cercano a la lógica de la moda que a la de un producto alimentario.

Entre esas tensiones —la caída del volumen, la concentración del negocio y el cambio cultural del consumo— empieza a configurarse el nuevo paisaje del vino. 

Lo grande y lo pequeño.

Hoy conviven dos fuerzas bastante claras dentro del negocio. Por un lado, la gran distribución, cada vez más concentrada, que define qué productos llegan a las góndolas del supermercadismo y del comercio de gran escala. 

A ese mundo acceden principalmente las bodegas que también operan a gran escala, con volúmenes importantes y estructuras capaces de sostener esa logística.

Son, paradójicamente, las que más sienten la caída del consumo. Cuando el volumen del mercado se contrae, incluso una reducción de pocos puntos porcentuales impacta en toda la cadena productiva. Por eso, en muchos países, los grandes productores aparecen hoy entre los más golpeados por el nuevo escenario.

En paralelo, los pequeños productores parecen encontrar formas más flexibles de supervivencia. Algunos venden directamente desde la bodega. Otros se apoyan en el turismo o en la experiencia de visitar el viñedo. Y otros encuentran sus canales en redes más informales como sommeliers, bares especializados o restaurantes que buscan ofrecer cartas de vino más personales.

Son dos lógicas distintas que conviven en tensión. Entre ambas hay matices, por supuesto, pero el negocio del vino se mueve hoy entre esos dos polos.

La lógica de la moda.

En este escenario de menor consumo general, el vino empieza a comportarse cada vez más como una categoría cultural atravesada por ciclos de moda.

Lo que resulta interesante durante una o dos temporadas puede perder atractivo rápidamente. Ocurre con estilos —los vinos naranjos, los naturales, los sin sulfitos, los vinos con menos madera— pero también con regiones, productores o etiquetas.

Esto obliga a los elaboradores, distribuidores y retailers a renovar su oferta con mayor velocidad que en el pasado. Antes, las marcas y los estilos eran capaces de sostenerse durante décadas. Hoy el ciclo de vida de un producto puede ser mucho más corto.

Ese cambio no afecta a todos por igual. Los pequeños productores suelen adaptarse con mayor rapidez, mientras que las estructuras más grandes deben enfrentar un problema operativo: desarrollar una marca o un estilo puede llevar años, mientras el interés del mercado se mueve a otra velocidad.

La industria del vino encontró una respuesta parcial a este dilema en las últimas décadas: la premiumización. Es decir, vender menos volumen pero a mayor precio. Eso permite sostener el negocio incluso cuando el consumo total cae.

El fin del gran consumo.

Hay, sin embargo, un cambio más profundo. El modelo histórico del vino como bebida de consumo masivo ha quedado atrás. En países como Argentina, Italia o Francia, donde durante décadas se bebían entre 70 y 90 litros per cápita al año, ese nivel de consumo difícilmente vuelva. 

No se trata solo del precio o de la sofisticación del vino. Cambió el contexto general del consumo. Hoy existe una oferta enorme de bebidas: con alcohol y sin alcohol, dulces o secas, listas para beber o para mezclar, con gas, sin gas, con sabores o neutras. 

Esa diversidad compite directamente con lo que durante siglos fue una hegemonía cultural del vino. 

En ese escenario, el vino pierde volumen pero gana valor simbólico. La copa deja de ser parte de la rutina diaria y se vuelve parte de una experiencia. Lo que se bebe importa, pero también importa el contexto: la cena, el lugar, la historia detrás de la botella, la posibilidad de contar esa experiencia después.

En ese sentido, el vino funciona cada vez más como un marcador cultural. Dice algo sobre quien lo bebe —estatus, gusto, curiosidad, capital social— y menos sobre su función original como alimento cotidiano.

No es que el vino se haya vuelto demasiado complejo para los consumidores. Es el consumo el que se volvió más complejo, y el vino intenta adaptarse a ese nuevo mundo.

Así, el negocio se achica en volumen pero se diversifica en significado. Para muchos productores, el objetivo ya no es construir una industria masiva, sino sostener un modo de vida en torno al vino. Y generar, al mismo tiempo, experiencias que valga la pena vivir —y contar— alrededor de una copa.

Publicado en Vinómanos.

https://vinomanos.com/2026/06/industria-del-vino-nuevo-escenario-global/

Joaquin Hidalgo. Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

viernes, 12 de junio de 2026

Mundial de Cepas 2026: El fixture definitivo para jugar la Copa con la copa en la mano.

 


Mundial de Cepas 2026: El fixture definitivo para jugar la Copa con la copa en la mano.

El Mundial 2026 también se puede jugar con una copa en la mano. Se me ocurrió armar un fixture paralelo al de la FIFA: cada país participante asociado a una cepa. Algunas relaciones salen solas. Otras piden VAR. Y otras entran directamente a préstamo.

Cada Mundial trae sus candidatos, sus batacazos, sus grupos difíciles, sus partidos imposibles y sus discusiones eternas. Esta vez, además del fixture futbolero, me dieron ganas de armar otro: uno de cepas.

La idea es simple: tomar los 48 países que juegan la Copa Mundial de la FIFA 2026 y asociar a cada uno con una uva. No necesariamente “la mejor”, ni “la única”, ni “la oficial”. Una cepa que pueda salir a la cancha con esa camiseta.

En algunos casos, la relación es inmediata como Argentina con el Malbec, Uruguay con el Tannat, o Alemania con el Riesling.

Pero después empieza lo más divertido, porque… ¿Qué hacemos con Francia? ¿Pinot Noir, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Sauvignon Blanc, Chenin Blanc, Semillón? Cualquier elección deja a medio mundo protestando desde la tribuna.

¿Y con países que no tienen una tradición vitivinícola fuerte? ¿Los dejamos afuera? De ninguna manera. Ahí aparece un recurso bien futbolero: el préstamo.

Las reglas del juego.

Para que esto no sea una lista tirada al azar, armé tres categorías.

Cepa titular.

Es la que entra de arranque. La cepa que tiene una asociación fuerte con ese país, ya sea por historia, identidad, producción, reconocimiento internacional o tradición.

Acá entran relaciones bastante claras: Malbec para Argentina, Tannat para Uruguay, Pinotage para Sudáfrica, Riesling para Alemania, Touriga Nacional para Portugal, Grüner Veltliner para Austria o Koshu para Japón.

Cepa suplente.

Es una cepa defendible, pero no excluyente.

Se usa en países donde hay producción de vino y varias opciones posibles, o donde la uva elegida tiene buenos argumentos, aunque alguien podría proponer otra sin estar completamente equivocado.

Francia es el mejor ejemplo. Elegir Pinot Noir no significa negar a Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah o Sauvignon Blanc. Significa simplemente elegir una camiseta para salir a jugar este partido.

Cepa a préstamo.

Acá entran los países donde no hay una cepa nacional clara, donde la producción vitivinícola no es relevante, o directamente es nula, o donde la relación con el vino es más indirecta.

En esos casos, la asociación se resuelve por cercanía geográfica, historia, clima, cultura, consumo, influencia regional o una licencia editorial razonada.

No es una verdad sagrada. Es una forma de que ninguna selección se quede sin participar, porque un Mundial también se juega con símbolos: en la cancha son camisetas; en la copa, cepas.

Antes de que salte el VAR vínico.

Aclaración necesaria: este fixture no pretende ser una enciclopedia definitiva del vino mundial.

No voy a decir que Francia “es” Pinot Noir y nada más. Sería absurdo. Tampoco que todos los países participantes tienen una cepa insignia real, porque muchos no son productores importantes de vino o directamente no tienen una tradición vitivinícola reconocida.

La idea es otra: cruzar el mapa del fútbol con el mapa del vino. Jugar un poco. Descubrir cepas. Discutir con argumentos. Y, si hace falta, pedir revisión en el VAR con una copa en la mano.

En otras palabras: esto es un juego serio. Lúdico, sí. Pero tratando de no faltarle el respeto ni al vino, ni a la geografía, ni a la historia.

Grupo A

México — Nebbiolo

Suplente

Muy asociada a Baja California, aunque México podría jugar con otras.

Sudáfrica — Pinotage

Titular

Cepa sudafricana por excelencia. 

Corea del Sur — Campbell Early

Suplente

Uva muy difundida en Corea, más local que internacional.

República Checa — Pálava

Titular

Cepa morava, nacida en la actual República Checa.

Grupo B

Canadá — Vidal

Titular

Muy ligada al Icewine canadiense.

 Bosnia y Herzegovina — Žilavka

Titular

Blanca emblemática de Herzegovina.

Qatar — Viognier

A préstamo

Cepa de perfil elegante y clima cálido, asignada por licencia.

Suiza — Chasselas

Titular

Una de las grandes blancas clásicas suizas.

Grupo C

 Brasil — Merlot

Suplente

Muy defendible por Serra Gaúcha y Vale dos Vinhedos.

 Marruecos — Garnacha

Suplente

Cepa mediterránea, razonable para el norte de África.

Haití — Listán Prieto / Criolla

A préstamo

Relación por historia colonial americana.

 Escocia — Pinot Gris

A préstamo

Cepa posible para pensar climas fríos y vinos ligeros.

Grupo D

Estados Unidos — Zinfandel

Titular

Una de las uvas más asociadas a la identidad vínica estadounidense.

 Paraguay — Torrontés

A préstamo

Cercanía regional y guiño rioplatense.

Australia — Shiraz

Titular

La gran tinta australiana.

Turquía — Öküzgözü

Titular

Tinta autóctona turca de fuerte identidad.

Grupo E Alemania — Riesling

Titular

La cepa bandera alemana.

 Curazao — Palomino

A préstamo

Licencia atlántica y colonial.

Costa de Marfil — Cinsault

A préstamo

Cepa de clima cálido, con lógica francófona y africana.

Ecuador — Cabernet Sauvignon

Suplente

Internacional, reconocible y adaptable a distintos escenarios.

Grupo F

 Países Bajos — Johanniter

Suplente

Cepa PIWI (resistente a los hongos) razonable para climas fríos y húmedos.

 Japón — Koshu

Titular

Cepa japonesa emblemática.

 Suecia — Solaris

Titular

Muy usada en la viticultura nórdica moderna.

 Túnez — Carignan

Suplente

Cepa histórica y lógica para el norte de África.

Grupo G

🇧🇪 Bélgica — Pinot Meunier

Suplente

Cepa clave en espumosos y climas fríos.

Egipto — Moscatel de Alejandría

Titular simbólica

El nombre y la historia la hacen jugar de local.

 Irán — Rasheh

Titular / Suplente

Uva persa, más fina que caer en el guiño fácil de Shiraz.

Nueva Zelanda — Sauvignon Blanc

Titular

La cepa que puso a Nueva Zelanda en el mapa mundial del vino.

Grupo H

 España — Tempranillo

Titular

La tinta española más reconocible.

Cabo Verde — Negra Mole

Suplente

Licencia insular, con cercanía al mundo atlántico portugués.

 Arabia Saudita — Monastrell

A préstamo

Cepa mediterránea de clima cálido.

Uruguay — Tannat

Titular

La cepa que Uruguay hizo propia.

Grupo I

Francia — Pinot Noir

Suplente de lujo

Una elección borgoñona dentro de un país imposible de reducir a una sola cepa.

Senegal — Semillón

A préstamo

Licencia por eje francófono y vínculo bordelés.

Irak — Obeideh

A préstamo

Cercanía cultural y geográfica con el Levante.

Noruega — Rondo

A préstamo

Cepa resistente, pensada para viticultura de clima frío. 

Grupo J

Argentina — Malbec

Titular

Nuestra camiseta vínica más reconocible en el mundo.

Argelia — Alicante Bouschet

Suplente

Cepa históricamente importante en el norte de África.

 Austria — Grüner Veltliner

Titular

La gran blanca austríaca.

 Jordania — Dabouki

A préstamo

Cepa levantina, más honesta que imponer una internacional.

Grupo K

Portugal — Touriga Nacional

Titular

Una de las grandes tintas portuguesas.

 República Democrática del Congo — Chenin Blanc

A préstamo

Licencia africana, con puente hacia Sudáfrica y el Loira.

 Uzbekistán — Soyaki

Suplente

Cepa local, poco conocida pero más fiel que una internacional forzada.

 Colombia — Cabernet Franc

A préstamo

Cepa en expansión sudamericana, asignada por afinidad regional.

Grupo L

 Inglaterra — Chardonnay

Suplente

Clave en el crecimiento de los espumosos ingleses.

Croacia — Plavac Mali

Titular

Tinta emblemática de Dalmacia.

Ghana — Marselan

A préstamo

Cepa moderna, adaptable y de clima cálido.

Panamá — Ancellotta

A préstamo

Cepa de corte, de color y de equipo: entra para completar la jugada.

Los que miran desde la platea.

Como toda lista mundialista, este Mundial de Cepas también deja nombres importantes afuera.

No porque no merezcan jugar, sino porque el fixture tiene 48 lugares y el mundo del vino tiene muchísimos más candidatos.

Ahí aparecen países que no entraron en esta tabla pero que de haberlo hecho tendían también asociada una cepa para salir a la cancha con una copa en la mano.

Chile — Carménère

La cepa que Chile adoptó como bandera propia, después de redescubrirla en sus viñedos cuando durante años se la confundía con Merlot.

Italia — Sangiovese

Si Italia jugara este Mundial de Cepas, difícil no darle la camiseta titular.

 Grecia — Assyrtiko

Blanca griega de enorme personalidad, con Santorini como bandera.

Rusia — Krasnostop Zolotovsky

Una tinta autóctona del sur de Rusia, con historia propia y nombre de esos que parecen imposibles hasta que uno se anima a servirlos.

Georgia — Saperavi

Tinta profunda, histórica y con identidad caucásica.

 Hungría — Furmint

La uva detrás de grandes vinos secos y dulces, especialmente en Tokaj.

Rumania — Fetească Neagră

Tinta autóctona y una de las joyas de Europa del Este.

Armenia — Areni

Una cepa con historia antigua y carácter propio.

 Moldavia — Rara Neagră

Otra tinta del este europeo que merecía figurar.

Bulgaria — Mavrud

Cepa balcánica con nombre de defensor central.

China — Marselan

Una variedad que viene ganando terreno en el vino chino moderno.

Y está bien que queden nombres afuera. El Mundial de Cepas no busca cerrar la conversación: busca abrirla.

Si después de mirar la lista alguien dice “Falta la Carménère”, “¿y la Sangiovese?” o “¿dónde está la Marselan?”, entonces la jugada salió bien.

Porque al final, de eso se trata: usar el Mundial como excusa para descubrir cepas, cruzar países y brindar por los que juegan, por los que miran desde la platea y por los que siempre merecen una revancha.

Que empiece el Mundial de Cepas.

El fútbol tiene camisetas, himnos, banderas y cábalas.

El vino tiene aromas, historias, regiones y cepas.

Cruzar esos dos mundos puede parecer un capricho, pero también puede ser una forma entretenida de viajar sin moverse de la mesa. Un país, una uva, una copa y una excusa para conversar.

Que ruede la pelota.

Y que se llene la copa.

Fuentes consultadas

Fuentes consultadas: FIFA, Wines of Argentina, Wine Australia, Wines of Germany, Swiss Wine, Austrian Wine, Wines of Portugal, New Zealand Winegrowers, Koshu of Japan, Wines of South Africa, Wines of Moravia and Bohemia, Zinfandel Advocates & Producers, Vitis International Variety Catalogue y referencias generales de regiones vitivinícolas.


Curiosa investigación. Original. Dónde se aprende mucho de la cepas de otras latitudes. Aprecio estas notas porque sirven para aprender mucho. 
Con respecto a nuestra Argentina se destaca la cepa insignia CEPA de la ARGENTINA el Malbec. Faltarían dos cepas que son interesantes como el Torrontés (sobre todo en el norte argentino) y las Criollas que son las épocas del Virreynato.

jueves, 11 de junio de 2026

5 razones para el desarrollo del vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.


5 razones para el desarrollo del vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

El futuro del vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
Las cinco razones que brindan optimismo a sus protagonistas.

Factores favorables como la disponibilidad de agua, el clima, la positiva incidencia del cambio climático, la existencia de infraestructura y tradición vitivinícola, hacen pensar que la zona del Alto Valle de Río Negro y Neuquén puede volver a ser atractiva para el desarrollo de la vitivinicultura Argentina en los próximos años.

1. El agua.

A diferencia de lo que sucede en la mayor parte de las regiones andinas, este valle no se encuentra pegado a la cordillera recibiendo el recurso del agua limitado a las cuencas cercanas de los mismos. El Alto Valle se encuentra alejado tantos kilómetros que las imponentes montañas ni siquiera llegan a verse. Podría decirse que se encuentra por completo metido en la estepa patagónica. Sin embargo ha sido bendecido por el cruce de uno de los ríos más caudalosos de la Patagonia.

Se trata del Río Negro, formado por la confluencia de los Ríos Neuquén y Limay, los cuales a su vez son formados por el aporte de otros varios ríos y arroyos que descienden desde un nutrido grupo de lugares de la cordillera sur, siendo colectores de abundante agua de las zonas de deshielo proveniente de latitudes más extremas y, por lo tanto, donde la cantidad de nieve en la cordillera es superior a las zonas ubicadas mas al norte.

En relación a este tema, la otra ventaja no ha sido natural sino creada por el hombre: el caudal de estos ríos solía ser muy variable pero gracias a la construcción de una serie de represas con el objetivo de generar energía hidroeléctrica, se ha logrado regular el caudal y evitar las consecuencias indeseadas de las inundaciones que antiguamente se producían, regularizando la disponibilidad de agua para riego a lo largo del año de acuerdo a las reales necesidades. Por ello, la disponibilidad de agua que azota e impide el desarrollo de otras regiones vitivinícolas no es un problema acentuado en esta zona, donde incluso algunas bodegas se dan el "lujo" de defenderse de las heladas con riego por aspersión.

La calidad del agua también es destacada por los protagonistas, un agua de origen mineral que aporta todos los nutrientes y sales de que los suelos desérticos de la zona carecen.

2. El clima.

Esta zona se caracteriza por tener vientos fuertes que producen sequedad en el ambiente, lo cual evita la aparición de enfermedades criptogámicas. Debido al clima frío de la región, las uvas y mostos presentan características diferentes de las zonas andinas, mayor contenido de acidez y regular tenor azucarino.

Los días son templados y luminosos y las noches frescas, con una apreciable amplitud térmica. Las bajas temperaturas permiten que las uvas maduren conservando la acidez natural, factor clave para los vinos finos y que favorece a variedades como el Merlot y Pinot Noir, que en esta región se destacan.

Una de las razones más escuchadas que dan los protagonistas de la viticultura de la zona es la sanidad del clima. La muy baja presencia de precipitaciones es coincidente con las que ocurren en otros lugares del corredor corredor vitícola andino, pero en esta zona esa falta de humedad tiene un agregado, se trata de los vientos que atraviesan el valle en forma permanente.

En principio esto podría ser una desventaja, dado que cuando los mismos son muy fuertes pueden dañar a los viñedos, sin embargo nuevamente la mano del hombre aprendió a domesticarlos a través de la plantación de elementos arbóreos, principalmente álamos, formando cuadros de plantaciones que se encuentran protegidas por los mismos.

Alamedas.

De esta manera no se evita el efecto de los vientos pero se lo limita a la parte beneficiosa: el secado rápido de la humedad de las lluvias cuando estas son intensas con la consecuente falta de hongos y prevención de enfermedades en los viñedos. Hans Vinding Diers de Bodega Noemía define al clima como "placido y armonioso". Además, esta condición favorece la posibilidad de elaborar vinos orgánicos, sin uso de agroquímicos en el cultivo de vid, la categoría de vinos de mayor crecimiento en el mundo.

3. El cambio climático.

Las heladas tardías y tempranas, que perjudican especialmente a las variedades de ciclo vegetativo largo, pueden ser combatidas con prevención pasiva y activa y la región cuenta con buena disponibilidad de agua para realizar riego por manto o aspersión ayudando a la defensa de heladas.

Pero ahora se suma que el calentamiento global, generado por el cambio climático mundial, en términos generales favorece a la región principalmente por la disminución de la frecuencia e intensidad de las heladas, que son el principal factor limitante para el cultivo de la vid. 

4. Infraestructura y tradición vitícola.

Si bien la trayectoria vitivinícola de la región no es comparable a la de Cuyo, la zona cuenta con amplia disponibilidad de mano de obra acostumbrada a las tareas rurales. El crecimiento demográfico en la zona ha sido muy importante en los últimos años, en especial en la ciudad de Neuquén, debido a la potencia de la industria petrolera lo cual asimismo ha generado un desarrollo industrial y comercial y mayor disponibilidad de insumos de todo tipo para la zona, algo que hace 50 años no existía y fue una limitante para la implantación de grandes grupos Vitivinícolas (con el ejemplo de Chandon, que pese a haber elegido esta zona en primer lugar, terminó radicándose en Mendoza).

Historia.

La zona posee además varias instituciones y universidades relacionadas a la viticultura que pueden dar apoyo técnico, como delegaciones locales del INTI y del INTA, el Centro PyME-ADENEU, el Centro de Desarrollo Vitícola Patagonia Norte (CDV), el Centro de Formación Profesional Agropecuario N°2 y las Universidades del Comahue y de Rio Negro, con carreras terciarias y universitarias en enología y agronomía.

Por otra parte, la región contó en el pasado con un fuerte desarrollo vitícola, que fue incluso 10 veces superior al actual, lo cual no deja de ser una ventaja a la hora de conocer el comportamiento de las distintas cepas en este suelo y clima, recuperar viñedos y material genético y hasta instalaciones físicas de las viejas bodegas abandonadas.

Los números lo demuestran: entre 1920 y 1960 la región llegó a tener 160 bodegas que elaboraban vinos de calidad y hasta 18.000 hectáreas plantadas. Pero, vencidos los pequeños productores por el modelo de volumen y baja calidad que reinó a partir de los años 60, Río Negro fue la región vitivinícola que mayor descenso en superficie plantada sufrió en la Argentina, pasando actualmente al séptimo lugar entre las provincias; con una reducción a 1.659 ha según datos del INV (datos que incluyen las viñas el Valle Medio del Río Negro y el Alto Valle y Valle Medio del Río Colorado) y hoy cuenta apenas con 31 bodegas inscriptas, de las cuales solo 24 son elaboradoras.

Variedades.

Un punto cualitativo a destacar es que Río Negro registra una diversidad de variedades mayor al resto de las provincias vitícolas del país, son 38 variedades las que concentran el 98% del total y los viejos agricultores conocen perfectamente cuáles eran las que mejor se adaptan, incluso algunos de los productores actuales aprovechan la calidad de esos viejos viñedos para obtener productos de primer nivel y reconocidos internacionalmente.


5. Inversiones.

Quizá la principal razón por la cual la viticultura en esa región no solo no creció, sino que se redujo, haya sido lo desfavorable del contexto económico para la actividad, en la que la competencia contra otras producciones (peras y manzanas) y regiones que fueron designadas como "especialistas para la vid" como la región cuyana, hayan derivado las decisiones de inversión fuera del Alto Valle de Río Negro, con la excepción de lo sucedido en el particular desarrollo en la zona de San Patricio de Chañar que contó con un fuerte impulso brindado por la provincia de Neuquén.

Actualmente, la suma de las condiciones antes enunciadas podría ser el origen de un incipiente cambio de tendencia. Al ya concretado interés de pequeños productores para la elaboración de vinos de alta gama, se sumó recientemente la llegada del Grupo Peñaflor (que es uno de los grupos vitícolas más importantes del mundo) con la adquisición de Bodega Patritti en Neuquén. Catena Zapata hizo lo propio hace algunos años en la zona cercana de Casa de Piedra, en La Pampa. Esto ha generado cierta esperanza entre los que luchan por esta causa. Según apuntó Graciela Viola (Bodega Malma) «es un espaldarazo importante que un grupo de esa magnitud se interese por la Patagonia».

En nuestra opinión está todo dado para que la viticultura continúe creciendo y recuperando espacio: los vinos de alta gama ya alcanzan niveles de calidad muy altos (han habido casos de 100 puntos Parker o ganadores de concursos internacionales), la región es claramente apta para sobresalientes Pinot Noir, Merlot, Malbec y espumantes y en las líneas de precios medios los vinos no fallan.

Neuquén posee espacio suficiente aún para recibir bodegas y plantar grandes superficies (hay aun muchas hectáreas incultas en la zona) y en Río Negro la apuesta va más hacia la recuperación de viñedos antiguos o de su material genético, para realizar nuevas plantaciones en sectores lejanos a los que están sometidos a la presión inmobiliaria de los centros urbanizados. En ambos casos aplica la suma de los factores favorables enunciados. Esperemos que la realidad de la siempre agitada economía argentina lo permita.

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