domingo, 9 de agosto de 2026

Pinot Noir de Neuquén: ¿por qué hoy es el emblema de la vitivinicultura provincial?

 


Pinot Noir de Neuquén: ¿por qué hoy es el emblema de la vitivinicultura provincial?

No es la variedad más plantada de la provincia, pero es la que mejor mostró cómo cambia el vino cuando cambia el lugar donde nace. La historia del Pinot Noir, desde las primeras plantaciones en San Patricio del Chañar a fines de los años 90 hasta convertirse en el emblema de la vitivinicultura neuquina.

Por Sergio Landoni (*), especial para «Río Negro».


Cuando se habla del vino neuquino, el Pinot Noir ocupa un lugar que ninguna otra variedad alcanzó. No es la más plantada ni la más difundida en el mercado. Es la que mejor mostró cómo cambia un vino cuando cambia el lugar donde nace. Esa sensibilidad permitió descubrir que Neuquén no era una única región vitivinícola, sino una provincia donde cada valle empezaba a mostrar un carácter propio.

Nada de eso formó parte de un plan original. A fines de la década de 1990, cuando comenzaron las primeras plantaciones en San Patricio del Chañar, el objetivo era comprobar si la vid podía desarrollarse en una meseta donde prácticamente no existían antecedentes. Julio Viola impulsó aquel proyecto y, con los primeros viñedos, comenzó un aprendizaje que sigue hasta hoy.

Marcelo Miras fue uno de los protagonistas de esa etapa y suele resumir aquellos años con una frase sencilla: todo estaba por aprender. Había que entender mejor los suelos, la respuesta de las distintas variedades, el manejo del riego y la influencia del clima en un lugar que no se parecía a ninguna otra región vitivinícola argentina.



Las primeras vendimias empezaron a despejar algunas dudas. La baja humedad favorecía la sanidad del viñedo, el viento ayudaba a mantener las plantas saludables y la amplitud térmica permitía alcanzar una maduración equilibrada. Entre todas las variedades hubo una que respondía diferente. Bastaba una pequeña diferencia de suelo, de temperatura, de disponibilidad de agua o de manejo del viñedo para que el vino también cambiara.

Vendimia tras vendimia fue apareciendo una idea que hoy parece natural, aunque entonces nadie podía anticiparla: Neuquén no era una sola región vitivinícola.

Ese aprendizaje también modificó la forma de trabajar de los enólogos. Leonardo Puppato sostiene que gran parte del vino se define antes de la cosecha, en el manejo cotidiano del viñedo. Lucas Quiroga entiende que ninguna vendimia se parece a la anterior. Nicolás Navío resume esa misma mirada con una idea simple: intervenir lo necesario para que el vino conserve el carácter del lugar donde fue producido.

El trabajo del enólogo ya no consistía solamente en elaborar un buen Pinot Noir. También implicaba entender qué tenía para decir cada lugar y cómo acompañarlo sin que perdiera su identidad.

Las primeras vendimias demostraron que el potencial del Pinot Noir no terminaba en San Patricio del Chañar. A medida que crecía la experiencia aparecieron nuevos proyectos sobre la ribera de los ríos Neuquén y Limay. Senillosa, Picún Leufú y la Confluencia empezaron a construir una identidad propia sin perder el vínculo con el origen de la vitivinicultura moderna de la provincia.

La Confluencia muestra bien ese cambio. La fruta pasó a ocupar casi todo el paisaje, aunque el vino nunca desapareció. Algunas familias volvieron a plantar viñedos y aparecieron nuevos proyectos que volvieron a poner al vino en el paisaje.

Uno de esos proyectos es Mabellini Wines. La familia retomó una historia que comenzó en Cinco Esquinas en 1928 y hoy elabora vinos con uvas de viñedos propios en Neuquén y Mainqué, Río Negro. La enóloga Valeria López forma parte de una nueva generación de profesionales formados en la Patagonia. Sus primeras exportaciones a Francia muestran que los vinos neuquinos también despiertan interés en un país donde el Pinot Noir forma parte de la cultura del vino.

La meseta también planteó un desafío. Pensar en viñedos de calidad lejos de los grandes valles irrigados parecía difícil, pero Cutral Co demostró que había otro camino. Allí el agua llega de perforaciones profundas y eso cambia la forma de trabajar el viñedo. La experiencia de Viñedos del Viento abrió nuevas preguntas y Plaza Huincul ya empezó a dar sus primeras respuestas con las nuevas plantaciones de Pinot Noir.

La cordillera presentó otro escenario. En el valle del Chimehuín, entre Junín de los Andes y San Martín de los Andes, una hectárea implantada en 2004 reúne Pinot Noir junto con otras variedades elegidas para observar su adaptación a un ambiente de montaña. No hay energía eléctrica de red y la defensa contra las heladas depende de motobombas, generadores y muchas noches de trabajo cuando la temperatura baja de cero. Así se trabaja cada temporada y probablemente así trabajen también quienes decidan plantar nuevos viñedos en otros sectores de la cordillera, entre ellos el valle del río Aluminé.

Más al norte vuelve a cambiar el paisaje y, con él, las preguntas. Desde Chos Malal hasta el valle del Nahueve, siguiendo el corredor que une Taquimilán, Andacollo, Huinganco y Manzano Amargo, aparece uno de los ambientes de montaña con mayor potencial para la vitivinicultura. Desde la Torre recuperó la elaboración de vinos en Chos Malal y volvió a poner en valor una actividad con profundas raíces históricas. En el valle del Nahueve, sobre el faldeo del Domuyo, los primeros viñedos empiezan a mostrar todo lo que puede dar la combinación de altura, agua de deshielo, amplitud térmica y clima seco.

San Patricio del Chañar dejó de ser la única referencia. A ese recorrido se fueron sumando la ribera de los ríos Neuquén y Limay, la Confluencia, la meseta, la cordillera y el Alto Neuquén. Cada lugar fue mostrando una expresión diferente del Pinot Noir.

El interés por el Pinot Noir creció en muchas regiones del mundo. Cada vez son más valorados los vinos capaces de expresar con claridad el lugar donde nacen. Hoy no alcanza con hacer un buen vino. También importa que tenga identidad y que pueda contar de dónde viene.


Impulso para la actividad vitivinícola.

Neuquén encontró ese camino sin intentar parecerse a Borgoña, Oregón o Central Otago. Una misma variedad puede dar vinos muy distintos según el lugar donde crece, y eso es lo que la provincia empezó a demostrar con sus propios tiempos.

Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura ayudan a entender esa realidad. Neuquén concentra alrededor del 12 % de la superficie implantada con Pinot Noir de Argentina y Añelo reúne cerca del 90 % de esas hectáreas. Son datos importantes, pero por sí solos no explican lo que pasó en la provincia. La diferencia la hicieron más de veinticinco vendimias, el conocimiento que dejaron y la experiencia acumulada en cada uno de esos lugares.

Ese trabajo también empezó a verse fuera del país. Las primeras exportaciones de bodegas jóvenes, el interés de importadores especializados y la presencia de vinos neuquinos en degustaciones internacionales muestran que Patagonia ya no es solo un nombre en una etiqueta. Neuquén empieza a ser reconocida por una manera propia de hacer Pinot Noir.

Ya no se trata de demostrar que la vid puede crecer en la provincia. La pregunta ahora es otra: qué puede aportar cada nuevo lugar donde alguien decide plantar un viñedo.

Patagonia ya tiene un nombre en el mundo del vino, pero Neuquén todavía está construyendo el suyo. Esa tarea no depende solamente de las bodegas. También la hacen los productores cuando muestran sus viñedos, los restaurantes cuando incorporan vinos neuquinos a sus cartas, los sommeliers cuando los presentan y los periodistas cuando cuentan lo que pasa en cada lugar.

Hace apenas veinticinco años casi todos los viñedos estaban en San Patricio del Chañar. Hoy resulta natural hablar de la ribera de los ríos Neuquén y Limay, la Confluencia, la meseta, la cordillera y el Alto Neuquén como parte de una misma vitivinicultura. Cada nuevo proyecto ayudó a conocer un poco mejor la provincia.

El Pinot Noir es el emblema de la vitivinicultura neuquina. No porque sea la variedad más plantada ni la más difundida. Lo es porque ninguna otra ayudó a entender Neuquén como lo hizo el Pinot Noir. Cada nuevo viñedo mostró una parte distinta de la provincia. Cada vendimia ayudó a conocerla un poco más. Al final, el Pinot Noir terminó contando Neuquén.

Sergio Landoni (*) Sommelier de territorio.

Publicado en YO COMO del Diario Río Negro.

8/8/2026.

https://www.rionegro.com.ar/gastronomia/pinot-noir-de-neuquen-por-que-hoy-es-el-emblema-de-la-vitivinicultura-provincial/

viernes, 31 de julio de 2026

De la Patagonia al mundo, llega el primer espumante de pétalos de tulipán.


De la Patagonia al mundo, llega el primer espumante de pétalos de tulipán.

El enólogo Darío González Maldonado desarrolló vinos, sidras y espumantes en la Patagonia. Los desafíos y su creatividad abarcan terruños desde Río Negro, Chubut, Santa cruz y hasta en Ushuaia. Ahora, lanza un espumante de tulipanes. Y se prepara como jurado de Argentina Spirits Awards 2026.


El ingeniero agrónomo y enólogo Darío González Maldonado supera los desafíos del clima patagónico y sus propias metas: lanza el primer espumante de pétalos de tulipanes rojos que coronan sus casi treinta años de trabajo desarrollando vinos y espumantes de toda la región. Además,  la semana pasada fue elegido para integrar el jurado de los premios Argentina Spirits Awards 2026.  

“Es un producto inédito a nivel mundial. Es el 1º que se hace, ni siquiera en Holanda lo han elaborado espumantes a partir de pétalos de tulipán. En este caso, son de tulipán rojo”, cuenta a Tiempo desde su casa en El Hoyo sobre la Ruta Nacional 40 en Chubut, zona a dónde recaló de su San Juan Natal en el año 2000.

Formado en la Universidad Nacional de Cuyo y ahora con 54 años, el enólogo sigue creando, desarrollando y estudiando lo que selló su destino en sus primeros pasos en la región de los valles chubutenses donde conoció por primera vez la vitivinicultura de clima frío. Su experiencia comenzó como director apoderado de Patagonia Wines, una de las primeras bodegas en la región que hoy llega a exportar a unos 30 países. 

“No tengo bodega propia, soy asesor, consultor y asesor técnico”, explica pero se sabe que recorre, estudia y analiza cada porción de territorio desde hace 26 años en los que pasó por El Hoyo y toda la zona sur de Rionegro.  Aprendió a adaptar sus conocimientos a estos terruños y a las condiciones agroclimáticas para alcanzar el desafío de producir vinos de calidad en una de las regiones más australes del mundo. En dos décadas se convirtió en una de las experiencias más novedosas del país y su nombre siempre relacionado al desarrollo y crecimiento del enoturismo al pie de la cordillera.  

Aroma embriagador.

Alguna vez al probar el licor de violetas de Toulouse (Francia) y combinar unas gotas con un espumante, el resultado a la vista fue de un color subyugante, lavanda violáceo y al hablar en una reunión, flotaba en el aire un aroma suave a violetas. ¿Será así el espumante de tulipanes? Le consulta Tiempo al experto quien suelta una sonrisa como respuesta.

Lo del espumante de pétalos es cosa. Y muy curioso el producto. “En el proceso, se recolectan los tulipanes, las cabecitas, se produce una deshidratación parcial. Después se hace un control de calidad, se van eliminando todas las partes verdes, todas las partes que son indeseadas,  se revisa pétalo por pétalo”, explicó González Maldonado. 

 Después, “se hace una maceración, se obtiene un líquido, al que se le hacen correcciones a nivel de azúcares y acidez, y unas cositas que son secretos del enólogo, y se provoca una 1º fermentación para obtener un producto base, y luego se provoca una 2º fermentación ya en botella, y, una vez terminada la fermentación alcohólica en botella, se lleva pupitres (estanterías inclinadas) para que las borras se muevan hacia el pico la botella”, contó. 

Además, la botella se pone parcialmente inclinada hacia abajo, en pupitres y, se lo deja ahí de uno a cinco para que evolucione. “Luego de ese proceso viene el degüelle, se congela el pico de la botella donde está depositada toda la borra (levaduras muertas), se destapa, el mismo gas que produjo naturalmente empuja ese tapón de espumante congelado con las borras, y se coloca el corcho, el bozal, se fagina la botella, se etiqueta y sale a mercado”. Impecable.

Un clásico hecho tulipán.

Ese método de elaboración es el tradicional “champenoise”. Explica Maldonado: “A ninguno de los productos, ya sea espumantes a partir de uva, manzana, frambuesa o, en este caso, tulipanes, le agrego licor de expedición. Así que salen con el estilo brut; brut nature o nature, que es el que realmente representa una zona o te marca la identidad de una zona o un terroir”.

La presentación oficial del espumante está prevista para el Día de la Madre en Tulipanes de la Patagonia (el campo de Trevelin De Juan Carlos Ledesma). Darío González Maldonado manda fotos donde se lo ve en Ushuaia plantando. “Ya tuvimos los primeros racimos, dio muy bien los azúcares, pero no dio para elaborar. Esta nueva temporada que viene (el próximo otoño), seguramente vamos a producir bastante uva en Ushuaia. Todos esos productos raros, como lo espumantes de pétalo de tulipán, de frambuesa, lo estoy elaborando en bodega Ayestarán Allard”, dice y se refiere a la bodega y viñedos ubicados en la localidad de El Hoyo, Capital de la Fruta Fina, Chubut.

Su  trayectoria y su perfil de pionero en una de las zonas más australes del planeta le significaron otra alegría: la de ser elegido para integrar el jurado de Argentina Spirits Awards 2026 que se realizan en octubre en Mendoza con jurados nacionales e internacionales y espirituosas de todo el mundo.

Publicado en Diario Tiempo Argentino.


23/07/2026.















































lunes, 27 de julio de 2026

Recuperar al consumidor del vino. Por Fabián Mitidieri.

 


Recuperar al consumidor del vino.

La disminución del consumo de vino en Argentina ya no puede considerarse un fenómeno coyuntural. Se trata de una tendencia sostenida que preocupa a productores, distribuidores, comerciantes y consumidores. Ya en 2017 y 2023 había escrito sobre esta problemática, pero la realidad demuestra que el proceso continúa profundizándose.

Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) son contundentes. Mientras que durante las décadas de 1960 y 1970 el consumo superaba los 80 litros por habitante al año, alcanzando un récord de 87,5 litros en 1968, en la actualidad el consumo ronda apenas los 16 litros per cápita, el nivel más bajo de la historia reciente.



Hace cincuenta años el vino era parte de la vida cotidiana de los argentinos. Estaba presente en la mesa familiar, en los encuentros con amigos y en las celebraciones. Hoy ese escenario ha cambiado profundamente y resulta difícil imaginar un regreso a aquellos hábitos de consumo, debido a transformaciones culturales y sociales que parecen irreversibles.

Las causas de esta caída son múltiples. Por un lado, cambiaron los hábitos de consumo. Las nuevas generaciones privilegian bebidas más ligeras, existe una mayor preocupación por la salud y las políticas de alcohol cero también modificaron la forma en que las personas consumen bebidas alcohólicas. A ello se suma una competencia cada vez mayor por parte de la cerveza, el fernet, el gin y otras alternativas que han ganado espacio en el mercado.

Sin embargo, el aspecto económico también desempeña un papel determinante. La pérdida del poder adquisitivo redujo significativamente el presupuesto destinado al vino. Paradójicamente, frente a una disminución de las ventas, gran parte de la cadena comercial respondió con aumentos de precios que terminaron alejando aún más a los consumidores.

Hoy resulta difícil encontrar vinos de gama media y buena calidad por debajo de los $20.000. Esta realidad merece una reflexión, porque ese valor coloca al vino en el mismo rango de precios que bebidas espirituosas como un gin importado Beefeater, un Fernet Branca de 750 cc o incluso un Johnnie Walker Red Label, cuyo precio suele ubicarse alrededor o por encima de los $30.000.

La comparación es inevitable. Mientras una botella de vino normalmente se consume durante una comida o una reunión, una botella de gin, fernet o whisky permite preparar numerosas consumiciones. En consecuencia, el costo por ocasión de consumo resulta considerablemente menor para estas bebidas, haciendo que muchos consumidores las perciban como una mejor relación entre precio y rendimiento.

A esta situación se suma otro problema: el desorden comercial. Resulta difícil comprender cómo algunos supermercados venden determinadas etiquetas a precios inferiores a los ofrecidos por las propias bodegas, incluso durante promociones especiales. También existen diferencias significativas entre supermercados, vinotecas y canales de venta directa. Estas distorsiones generan confusión, deterioran la confianza del consumidor y terminan perjudicando tanto a productores como a comerciantes especializados.

La combinación de cambios culturales, pérdida del poder adquisitivo, precios elevados y una cadena comercial desordenada conforma una verdadera "tormenta perfecta" para la industria vitivinícola. Si no se adoptan medidas para corregir estos desequilibrios, es probable que continúen las dificultades económicas, aumenten los cierres de comercios especializados y desaparezcan bodegas que hoy ya enfrentan una situación crítica.

Frente a este escenario, la respuesta no puede limitarse a esperar una recuperación espontánea del mercado. Es necesario revisar la política de precios, reducir las distorsiones existentes en la cadena de comercialización y volver a ofrecer vinos con una relación precio-calidad que resulte atractiva para el consumidor.

Al mismo tiempo, los comunicadores del vino tenemos una responsabilidad ineludible: promover un consumo responsable, difundir etiquetas honestas y accesibles y contribuir a acercar nuevamente el vino a las nuevas generaciones. Defender al vino como Bebida Nacional no significa incentivar un mayor consumo, sino preservar una parte fundamental de nuestra identidad cultural mediante un consumo racional, responsable y económicamente accesible.

La recuperación del consumo no dependerá únicamente de producir grandes vinos. También requerirá que toda la cadena —bodegas, distribuidores, comercios y comunicadores— comprenda que el consumidor actual busca calidad, transparencia y precios razonables. Sin esa visión compartida, será muy difícil revertir una tendencia que ya lleva varias décadas y que amenaza uno de los símbolos más representativos de la cultura argentina.

Por Fabián Mitidieri.

https://fabianmitidieri.blogspot.com/2026/07/recuperar-al-consumidor-del-vino.html

Jueves, 23 de julio de 2026.

Publicado por Fabián Mitidieri en el Blog del Vino Patagónico, orientado a difundir los vinos de la Región y ofrecer un punto de vista alternativo sobre los Vinos Argentinos. Se recomienda las lecturas de estos blogspot del Sr. Mitidieri sobre vinos patagónicos argentinos. 

miércoles, 22 de julio de 2026

Bodega Familia Schroeder. Técnica, escala y Pinot Noir en el corazón del vino neuquino.

 


Bodega Familia Schroeder.

Técnica, escala y Pinot Noir en el corazón del vino neuquino.

En San Patricio del Chañar, una bodega que evoluciona sin perder eje, con foco en los Pinot y los espumantes. Fue una de las primeras que reporté en 2014; esta es mi tercera visita.

Bodega Familia Schroeder se apoya sobre la barda y construye su lógica a partir de un principio simple y potente: dejar que la gravedad haga el trabajo.

Al ingresar llama la atención el edificio, diseñado por el estudio Bóscolo / Cárdenas, que no busca destacarse por formas caprichosas sino por respuestas concretas al entorno. El techo, aerodinámico, recuerda el ala de un avión y cumple una doble función: amortiguar los vientos patagónicos y dar sombra al área de recepción. La estructura se despliega en cinco niveles sobre un desnivel de 22 metros, lo que permite que el vino se desplace naturalmente sin recurrir a bombas. Al mismo tiempo, un sistema de pasarelas internas habilita el recorrido turístico durante todo el año sin interferir con la operación.


El proyecto nace en el año 2000 y se materializa en 2004. El fundador fue Herman Heinz Teodoro Schroeder, hijo de inmigrantes alemanes pioneros en la Patagonia llegados después de la Segunda Guerra Mundial. Su historia no es lineal: tuvo su primer contacto con el vino en Humberto Canale, luego estudió medicina y más tarde desarrolló un grupo empresario que incluyó medios de comunicación como el Diario Río Negro.

Hoy la continuidad está garantizada por sus hijos Juan Carlos, Roberto, Alejandro y Luis Mario, más un equipo técnico consolidado. Nos recibió Mariano Diletti, segundo enólogo, con más de catorce años en el proyecto, donde acompaña a Leonardo Pupatto, mientras que Noelia Giampietri desde la sommellerie termina de armar el puente entre el vino y quien lo visita.





La recorrida fue directa. Hubo poco margen para distracciones: pasamos por algunos tanques, probamos muestras que dejaban entrever estilos y decisiones, y apareció un espumante experimental de Torrontés todavía sin nombre, del que hablaremos más adelante.


La bodega está pensada para funcionar, pero también para ser recorrida. Esa convivencia, que en muchos proyectos genera fricciones, acá está resuelta desde el diseño. Sobre 212 hectáreas de viñedo, con una distribución equilibrada entre Pinot Noir y Malbec y presencia de otras variedades, la producción alcanza los dos millones de botellas anuales. La mitad corresponde a espumosos, un dato que ayuda a entender el perfil de la casa.

El funcionamiento sigue una secuencia vertical que ordena todo el proceso. La uva ingresa en la parte superior, donde se realiza la recepción y molienda. La cosecha se extiende desde enero hasta fines de marzo, con posibilidad de vendimias tardías, y en las líneas de mayor calidad se incorpora selección óptica para priorizar materia prima por sobre volumen.

Más abajo aparece la instancia de prensado, donde en el caso de los espumosos se trabaja con racimo entero. Según el destino, la vendimia puede ser manual o mecánica, aunque los vinos de alta gama siguen dependiendo del corte a mano. Luego llegan los tanques de fermentación, donde cada variedad encuentra su lugar, como el Torrontés en líneas muy exitosas como el espumante Deseado, y así el vino sigue su recorrido natural descendente.

El contexto define mucho de lo que sucede en botella. El viñedo, ubicado a 350 metros sobre el nivel del mar, convive con una amplitud térmica que puede alcanzar los 20 grados en verano, con días que van de los 15 a los 35 grados. La radiación es intensa, el clima es seco y eso reduce significativamente los problemas sanitarios. El agua llega desde Planicie Banderita a través de canales inaugurados en el año 2000, y se maneja con sistemas de riego por surco y goteo. Los suelos mantienen el perfil típico de la zona, con arcilla en profundidad, arena en superficie y sectores con presencia de piedra.

El crecimiento fue parte del proceso. A las 120 hectáreas originales plantadas en 2001 se sumaron otras superficies provenientes de distintos proyectos, como Añelo, Grittini y Valle Perdido. Algunas de esas parcelas estaban abandonadas, y hoy se trabaja en su recuperación de manera progresiva, incorporando unas diez hectáreas por año desde 2024. El objetivo productivo apunta a los 2,2 millones de kilos.


En bodega, unas 600 barricas organizan el juego de estilos. La línea Familia se apoya en barricas de primer uso, mientras que Saurus Select Barrel incorpora fermentación en madera. En el resto del portfolio, la presencia de la barrica se maneja con mayor moderación, buscando distintos equilibrios.



Los espumosos ocupan un rol central. Schroeder es un jugador fuerte en este segmento dentro de la Patagonia. Trabajan con tanques horizontales de acero inoxidable, autoclaves y método Charmat, y desarrollan desde estilos dulces hasta rosé y extra brut, bajo distintas marcas como Rosa de los Vientos, Deseado o las líneas H. Schroeder.

Al mismo tiempo, hay una línea de innovación enfocada en vinos de menor graduación alcohólica. Entre los desarrollos aparece un blanco de Torrontés con algo de Moscatel que ronda los 5 grados de alcohol, con perfil frutal intenso, notas que recuerdan a ananá y cierta impronta golosa equilibrada por una acidez bien marcada. Un perfil novedoso que invita a seguirlo de cerca. Fue una de las sorpresas del viaje, aunque no tanto para mí, que siempre consideré a los espumantes método Charmat de Schroeder entre los mejores de la Argentina. También en ese estilo probamos un rosado de Pinot Noir con mayor dulzor, con esa misma lógica de moderar el alcohol sin perder expresividad.

Cabe destacar que hay un episodio que terminó de anclar el proyecto al territorio de una manera inesperada. Durante la construcción se encontraron restos fósiles de dinosaurio, lo que obligó a frenar la obra durante dos meses.


Ese hallazgo hoy forma parte de los nombres de los vinos y el restaurante, en un relato que los conecta con una dimensión mucho más profunda del lugar. Tanto en el ingreso a la bodega, como en la sala de degustación subterránea -donde degustamos la línea de Pinots de Schroeder- hay referencias a los mismos.

Pasamos por las copas, recorriendo una serie de Pinot Noir consistentes, donde se destacaron el Saurus Estate Pinot Noir Rosé, el Saurus Barrel Fermented 2023, con una elaboración que combina una breve maceración carbónica con fermentación en barrica nueva, y el Familia Schroeder 2020, que aparece en un registro más alto dentro del conjunto.


La experiencia enoturística en Schroeder es una de las más completas del alto valle: además de las visitas con el recorrido tradicional por la bodega, durante el año se desarrollan actividades pensadas para disfrutar en un entorno especial y un paisaje de belleza natural entre viñedos: picnics, safaris fotográficos, trekkings, carreras de alta tensión en bici, atardeceres musicalizados y shows se stand up, mientras que la sala Rosa de los Vientos alberga desde 2010 exposiciones de reconocidos artistas regionales.

A su vez, de miércoles a domingos y feriados, entre las 12 y las 15 hs, el restaurante Saurus ofrece una propuesta gastronómica basada en productos frescos de la Patagonia. En esta oportunidad no realicé la experiencia, ya que llegué muy temprano y aún no estaba abierto.


Schroeder logra articular escala, coherencia técnica e identidad sin que una dimensión opaque a las otras. La gravedad atraviesa todo el proceso como una herramienta concreta, la innovación aparece como parte de una evolución sostenida y el entorno se integra en cada decisión.


 *** Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

 https://angelyvino.blogspot.com/2026/07/familia-schroeder.html