Con el viento y el mar como aliados: una bodega de la Patagonia produce 30.000 botellas de vino artesanal al año.
En el Valle de Viedma, cerca de San Javier, una bodega
familiar sostiene desde 2004 un proyecto vitivinícola artesanal que combina
clima marítimo, viento patagónico y suelos calcáreos para producir cerca de
30.000 botellas anuales con identidad regional propia.
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| Juan Alberto Millaman posando entre los viñedos con dos botellas de la producción artesanal de la bodega. Foto: gentileza. |
En el corazón del valle de Viedma, en la provincia de Río
Negro y cerca de la comuna de San Javier, una familia apostó hace más de dos
décadas por producir vinos con identidad propia en un territorio atravesado por
el viento y la influencia marítima de la Patagonia atlántica. Así nació Viñas
de Lucía, un emprendimiento familiar que comenzó en 2004 con la implantación de
sus primeros viñedos y que hoy elabora cerca de 30.000 botellas anuales bajo la
marca SAVU, consolidándose como uno de los exponentes artesanales del vino
regional.
El proyecto es encabezado por el técnico enólogo Juan
Alberto Millaman, quien en diálogo con Río Negro Rural repasó los orígenes de
la bodega, los desafíos de producir vino en el valle de Viedma y el camino
recorrido para posicionar un producto con fuerte impronta patagónica.
Un proyecto familiar de vitivinicultura en el valle de
Viedma.
«Viñas de Lucía nace como un emprendimiento familiar en 2004«, relató Millaman. La bodega se instaló en cercanías de Fuerte San Javier, dentro de la zona del Idevi, donde comenzaron a implantarse los primeros varietales de Malbec, Cabernet Sauvignon y Syrah.
El nombre del proyecto tiene un fuerte vínculo familiar.
Lucía es la madre de Millaman y sus raíces provienen de Pocito, en la provincia
de San Juan, una de las regiones históricas de la vitivinicultura argentina.
Las plantas llegaron desde esa provincia cuyana.»Hubo que
trabajar mucho en la adaptación genética de las plantas a las primaveras frías
y las heladas tardías de la Patagonia Norte», explicó el enólogo.
Los primeros años estuvieron dedicados al armado de espalderas, el cuidado del viñedo y la estabilización de las plantas. Recién en 2011 llegaron las primeras vinificaciones, cuando las vides alcanzaron un desarrollo adecuado.
Tres años después comenzó la comercialización de los vinos,
inicialmente orientada al mercado local de Viedma y la región. Actualmente la
bodega cuenta con cinco hectáreas implantadas y proyecta continuar creciendo en
los próximos años.“Tenemos proyecciones de llegar a las siete hectáreas y
estamos analizando qué varietales pueden adaptarse mejor a la zona”, explicó
Millaman.

Paisaje del entorno rural del Valle de Viedma, condicionado por el clima marítimo.
Foto: gentileza.
El terroir marítimo que distingue al vino de la Patagonia
atlántica.
Con el paso del tiempo, Viñas de Lucía empezó a construir
una identidad propia basada en las condiciones naturales del valle de Viedma.
Para Millaman, el gran diferencial de los vinos de la zona
está en el «terroir marítimo», una característica poco común dentro de las regiones
vitivinícolas argentinas.
«Estamos influenciados por el clima marítimo, con el viento
sur proveniente del mar, las lluvias y las brumas. Todo eso transmite
características únicas a nuestros vinos», señaló.
La influencia oceánica también ayuda a morigerar las
heladas, generando un equilibrio climático que resulta clave para el desarrollo
del viñedo. A eso se suma un suelo calcáreo y pedregoso que aporta estructura y
acidez a las uvas.
Según explicó el productor, estas condiciones permiten
obtener vinos con personalidad marcada y perfiles muy distintos a los de otras
zonas tradicionales del país.
Cómo influye el viento patagónico en la calidad del vino.
Uno de los factores más determinantes en la producción son
los fuertes vientos provenientes del sur y del oeste.
Millaman explicó que esas corrientes generan un
engrosamiento natural del hollejo (la piel de las uvas) durante el crecimiento
fenológico.

Viñedos en el Valle de Viedma donde se desarrolla
el proyecto vitivinícola artesanal de Viñas de Lucía.
Foto: gentileza.
«Eso produce vinos con mucho color, tonos oscuros y una gran
estructura», detalló.
En variedades tintas como Cabernet Sauvignon y Syrah, el
fenómeno también potencia los aromas a frutas rojas y negras, aportando
intensidad y complejidad.
El trabajo artesanal detrás de cada vino del valle de Viedma.
La marca SAVU representa hoy la identidad comercial de la bodega, con una comercialización principalmente local y regional, centrada en Viedma y el valle de Viedma, aunque con ventas puntuales en otros puntos del país a partir del contacto directo con consumidores.
Millaman aseguró que cada añada busca reflejar el carácter
del viñedo y las particularidades de cada cosecha. «El objetivo es expresar el
terroir y respetar la tipicidad de cada varietal«, explicó.
El proceso comienza mucho antes de la vendimia. El enólogo
participa personalmente en todas las etapas productivas: desde el manejo del
suelo y la poda hasta el control del riego y la sanidad del viñedo.
«Cada planta tiene su propia esencia. Hay algunas más
vigorosas y otras menos, entonces la poda es fundamental para equilibrar el
viñedo y evitar que se estrese», detalló.
Aunque destacó la calidad de los vinos regionales, Millaman
reconoció que sostener una bodega artesanal en el valle de Viedma presenta
desafíos vinculados a los costos logísticos, la distancia con los polos
industriales y los cambios en los hábitos de consumo. «Estamos lejos de los
centros industriales y eso encarece los insumos y la producción», resumió el
enólogo, quien además señaló la necesidad de mantener una mejora continua para
sostenerse en el mercado.
De la cosecha manual a cada botella de vino artesanal.
La vendimia marca el inicio de una de las etapas más
esperadas dentro de la bodega. «La magia comienza cuando transformamos las uvas
en vino«, resumió Millaman.
La cosecha se realiza manualmente y luego las uvas pasan por
el proceso de despalillado y encubado en tanques, donde comienza la
fermentación alcohólica.
Posteriormente se realizan los descubes y trasiegos que
acompañan la evolución del vino durante todo el año hasta llegar al embotellado
y la estiba final.

Botellas de la marca SAVU, el vino artesanal producido en el Valle de Viedma. Foto: gentileza.
Actualmente la bodega cuenta con habilitación del Instituto Nacional de Vitivinicultura para elaborar hasta 24.000 litros anuales dentro de la categoría de elaborador artesanal. Según explicó Millaman, hoy la producción alcanza unas 30.000 botellas por año y el proyecto mantiene proyecciones de crecimiento.
Un vino artesanal de Patagonia que llega directo al
consumidor.
Gran parte de la comercialización de los vinos se realiza de manera directa en la Feria Municipal de Viedma, que funciona martes y sábados de 8 a 14.
Allí, Millaman ofrece personalmente sus vinos y mantiene
contacto directo con vecinos y turistas. «Es importante poder mostrar un
producto genuino de la región y contar cómo se produce«, destacó.
La presencia de la bodega en la feria también se transformó
en una forma de promocionar el potencial vitivinícola del valle de Viedma entre
quienes visitan la capital rionegrina.
Muchos turistas que llegan a Viedma o están de paso descubren allí un vino artesanal elaborado íntegramente en la zona, con una identidad marcada por el clima, el suelo y el viento patagónico.















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