CEPAS de ARGENTINA
lunes, 11 de mayo de 2026
sábado, 9 de mayo de 2026
Día mundial del Moscato. La cepa multifacética que destaca en distintos estilos.
La cepa multifacética que destaca en distintos estilos.
En Argentina, y en el mundo, se celebra el 9 de mayo el día
del Moscato, como se conocen en nuestro país los vinos elaborados con cualquiera
de las uvas Moscatel.
La familia de las uvas Moscatel incluye unas doscientas
variedades de Vitis vinífera, por lo que se sugiere que puede ser la variedad
de uva cultivada más antigua. Como su nombre sugiere, se cree que esta variedad
es originaria del norte de África y fue diseminada posteriormente por todo el
Mediterráneo por los romanos. Debido a esta propagación, también es conocida
con muchos nombres según su lugar de cultivo, como Moscatel de Alejandría,
Zibibbo, Moscatel de Málaga, Romana, Gorda, Muscat y Muscatd’Alexandrie.
La Moscatel de Alejandría fue también una de las primeras uvas que ingresaron a Sudamérica, hace más de 500 años, siendo conocida en Argentina como Moscatel Blanco o Moscatel sanjuanino en la región de Cuyo. Como ya he explicado en mis notas sobre uvas criollas,a su vez es progenitora de varias uvas criollas originadas en Argentina, como el Torrontés riojano, por cruzamiento espontáneo con la Criolla Chica.
Sus racimos son grandes, bastante sueltos, y las bayas son
de buen tamaño, con pulpa carnosa y firme, de color amarillo pálido a verdoso,
con gran poder aromático y un característico perfume amoscatelado, además de un
alto contenido de azúcar. Se desarrolla muy bien en zonas soleadas.
Es una uva blanca muy difundida y versátil que se utiliza para la producción de vinos blancos tranquilos, así como para espumosos y licorosos. Sin embargo, mayormente se emplea para la elaboración de vinos dulces, con aromas potentes, elegantes y florales. Se utiliza también para la elaboración de pisco en Chile y Perú y es la principal variedad de uva en la producción del vino espumoso italiano Asti (también conocido como moscatel Asti), elaborado en la región del Piamonte.
Por otra parte, también ha sido destinada al consumo como
pasas y uva de mesa, muy apreciada por su sabor, pulpa firme, hollejo de
espesor medio y resistencia al transporte. En este sentido, fue una de las
variedades más importantes de San Juan durante décadas en el mercado interno
para consumo en fresco.
El vino Moscato o Moscatel fue incorporado por el INV a la
Ley General de vinos Nº14.878 en el año 2012, definiéndolo como el producto
obtenido a partir de la fermentación de uvas frescas que proviene, al menos en
un 85 %, de las variedades Moscato Bianco o Muscat blanc, Moscatel de
Alejandría o Zibibbo, Moscatel amarillo, Moscatel rosado, Moscatel de Hamburgo
y Moscatel Giallo.
En Buenos Aires, se popularizó a partir de los años 30 una
versión de vino Moscato elaborado por Crotta, con agregado de alcohol vínico y
mosto concentrado para obtener un grado de alcohol entre 15º y 16º y un
contenido de azúcar entre 80 y 90g/l, que da un vino dulce y afrutado. Hoy
continúa siendo un vino muy vendido que se ofrece en botellas de 930 cc y hasta
en damajuanas.
Esto tiene una clara explicación ya que se ofrecía (y ofrece) por copa (en realidad en vaso o en jarra pingüino) en las tradicionales pizzerías de la calle Corrientes e incluso dio nombre a una famosa canción de la banda Memphis la blusera: “Moscato, pizza y fainá”.
Pero hay muchas otras marcas que ofrecen Moscato, entre las
más conocidas El Abuelo o Florio, y que compiten con Crotta en ese atractivo
mercado, con valores de la botella de 930 cc que oscilan de 8 a 10 mil pesos.
Pero ojo, porque ese destino nacional y popular, mayoritario
de la Moscatel en la Argentina, no exime que algunas bodegas se hayan visto
limitadas a elaborar con ella vinos de ese estilo. El enólogo Pancho Bugallo,
socio de Sebastián Zuccardi en la bodega sanjuanina Cara Sur, elabora Cara Sur
Moscatel Blanco Parcela El Duraznero (85 mil $) el vino que considera es,
probablemente, el que tiene más potencial de guarda de todos los que hace,
afinándose mucho en botella y dejando de lado su estandarización como Moscatel
para resultar en un vino blanco salino y mineral, con mucha profundidad. La
cosecha 2021 obtuvo 94 puntos Parker.
Pancho opina que esta variedad blanca puede dar grandes vinos si está en el lugar indicado y se tienen en cuenta todos estos aspectos de la viticultura. Lucia Vairetti, enóloga de Catena Zapata a cargo del Alamos Moscatel de Alejandría (10 mil$), un blanco dulce es muy exitoso desde su lanzamiento hace más de 10 años, destaca que este vino le trae recuerdos de su infancia, porque sus abuelos maternos vivían en una finca en Lavalle (Mendoza) y tenían el parralito en la galería de su casa con uvas Moscatel. Ese aroma intenso y floral que se percibe cuando las uvas están maduras lo recordamos muchos, porque era una uva que típicamente los inmigrantes ponían en un parral para dar sombra en las casas y comer sus ricas uvas en verano.
Catena Zapata ofrece también el La Marchigiana Moscatel (20
mil $) hecho en tinajas bajo ancestrales técnicas naturales de vinificación y
sin agregado de sulfitos. Por su parte, Aleanna, la bodega del enólogo
Alejandro Vigil, tiene su Amiguito Moscatel (26 mil $) y hasta la bodega Chacra,
que elabora en Rio Negro varios vinos de altísima gama tiene su Moscato, claro
que no a 10 o 20 mil pesos, sino a 50 mil.
Si te entusiasmaste con el Moscato y querés festejar su día, podes buscar y comprar estos vinos o, los muchos vermouths que se elaboran con ella, y descorcharlos en tu casa. O mejor aún, salir a celebrar en algunos de los locales gastronómicos que se sumaron a la movida (info provista por Gastonomique Prensa y Comunicación):
Moscato de regalo para celebrar en Casa Bellucci.
Casa Bellucci es una casa de pastas y pizzas artesanales con
moscatería que retoma una tradición porteña y la resignifica en clave actual.
La apuesta se centra en el moscato como eje, un vino históricamente vinculado a
la cultura local desde los años 30 y 40, que aquí se trabaja en distintas
expresiones: desde versiones clásicas —tintas, blancas y espumantes— hasta su
integración en cócteles y preparaciones de la carta. En este sentido, el
moscato no sólo se ofrece por medida, sino que también funciona como base para
tragos, aportando dulzor natural y perfil aromático, además de incorporarse en
recetas a través de reducciones o combinaciones con miel. La propuesta
gastronómica acompaña esta lógica con platos pensados en diálogo con ese
perfil, desde pizzas al molde y pastas caseras hasta postres donde el vino
aparece como parte del desarrollo, como el tiramisú. Con motivo del Día del
Moscato, el próximo sábado 9 de mayo, durante toda la jornada, el restaurante
obsequiará un vaso de esta bebida a
quienes visiten el lugar, reforzando su rol central dentro de una propuesta que
busca reposicionar este varietal en la escena gastronómica porteña.
Dirección: Del Barco Centenera 1699, Parque Chacabuco.
Instagram: @casabellucci.ba
Botella de Moscato Momenti de obsequio en la Casa Blanca de
Habana.
Para celebrar el Día del Moscato, La Casa Blanca de Habana,
en Villa Pueyrredón, propone una acción especial que combina tradición y
espíritu festivo: durante la noche del sábado 9 de mayo cada mesa que cene en
el local recibirá de regalo una botella de Momenti —su moscato propio elaborado
junto a la bodega Foster Lorca— para llevar, entregada al momento de la cuenta
como obsequio de cortesía. Este vino dulce natural, de perfil joven y
equilibrado entre acidez y dulzor, se sugiere para acompañar pizzas más
intensas como la de mozzarella, cuatro quesos o la azul, con base de crema y
cebollas. Para completar esta experiencia bien porteña, la recomendación es
sumar una fainá —con toppings como tomates confit, rúcula o cebolla morada— y
recrear así el clásico trío de moscato, pizza y fainá.
Dirección: Nazca 4301, Villa Pueyrredón.
Instagram: @lacasablancadehabana
Moscato para elegir en Casa Planes
La cocina porteña y 100% casera encuentra su espacio en Casa
Planes, el nuevo proyecto culinario de los chefs y empresarios gastronómicos
Guillermo Busquiazo y Cabito Massa Alcántara, en el barrio de Caballito. Cuenta
con una propuesta para todo el día, con opciones de desayuno, brunch, almuerzo,
merienda y cena, en un ambiente relajado e informal, para disfrutar de una
pausa en la ciudad. Además, cuentan con algunas de las versiones más populares
de Casa Bellucci, otro de sus emprendimientos, especializado en moscatería y
pastas artesanales. Así como ofrecen Moscato de Verano, que lleva moscato tinto
infusionado con almíbar de moscato, agua tónica y albahaca, decorado con una
rodaja de naranja en su presentación, también se pueden pedir moscato tinto y
blanco, ideales para acompañar con sus platitos, como las empanadas de carne a
cuchillo, la fainá de ricotta con mortadela y rúcula y el mbejú de gorgonzola,
entre otras creaciones de la carta.
Dirección: Planes 1400, Caballito.
Instagram: @casaplanes.ba
En botella o en formaro cocktail en el Bodegón de Kimberley
En Villa Devoto, el bodegón de Kimberley se suma a la
celebración del moscato con Momenti, la etiqueta de la casa, que se puede
disfrutar tanto en botella como en versiones más descontracturadas, como el
Moscatoni —con Sprite— o el Momenti Spritz, con agua tónica. De perfil dulce y
con una acidez equilibrada, este vino se presenta como un gran aliado de los
sabores intensos, por lo que desde la casa se sugiere acompañarlo con quesos y
clásicos del menú como las muzzarelitas, la provoleta —en sus distintas variantes—
o milanesas en versiones contundentes, como la napolitana o fugazzeta, logrando
combinaciones que resaltan el espíritu bodegonero de la propuesta.
Dirección: Joaquín V. González 3238, Villa Devoto.
Instagram: @restaurant_kac
Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/
https://angelyvino.blogspot.com/2026/05/dia-mundial-del-moscato.html
El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.
sábado, 2 de mayo de 2026
Ribera del Cuarzo: origen y presente (nota 2) - Los viñedos de Ribera del Cuarzo (nota 3).
Ribera del Cuarzo: origen y presente.
Ribera del Cuarzo. Nota 2.
El origen, su presente y un venturoso futuro.
En esta segunda nota sobre la bodega (leé la primera acá) te cuento cómo se inició esta etapa al mando de Felipe Menéndez y un hito reciente, que puso su Merlot icono entre los más caros de la Argentina.
Felipe Menéndez conoció a la familia Catena desde muy joven, cuando su hermana mayor y Adriana, la hija de Nicolás Catena, compartían en Buenos Aires el pool para ir al colegio. Fue por lo que, al llegar a los 19 años, se animó explorar un rumbo profesional distinto al de la empresa naviera familiar de los Menéndez (que desde 1892 une por mar el trayecto Buenos Aires - Tierra del Fuego, transportando todo lo que la isla pueda necesitar) y que, como hijo varón mayor, parecía tener predestinado. La relación con los Catena le dio la oportunidad de comenzar a trabajar en Catena Zapata desde muy joven y pasar por distintas áreas de esta.
Su historia con Valle Azul nació en el año 2008, cuando participando en un comité de cata a ciegas, notaron un vino muy particular que los deslumbró: se trataba de un Malbec que producía Noemí Marone Cinzano. Pidieron al doctor Nicolás Catena que lo probara, lo calificó de "exótico" y acordaron que había que ir a explorar el lugar.
El jueves siguiente, Felipe y el enólogo Ernesto Bajda, se encontraban recorriendo el terreno. Les llamó inmediatamente la atención que en la ribera de las bardas el suelo parecía parpadear con brillos por doquier. Esos brillos eran provocados por el reflejo del sol en las innumerables partículas de cuarzo y, ahí mismo, rebautizaron el lugar como Ribera del Cuarzo.
Aunque no me lo dijo, intuyo que Felipe debe haber sentido, en algún lugar profundo de su corazón, que su conexión con este lugar no se iba a quedar ahí.
Es que los Menéndez tienen una fuerte conexión con la Patagonia y también con el vino ya que, a pesar de haber vivido siempre en Buenos Aires, su familia cuenta con raíces desde el lado materno con los fundadores de Concha y Toro en Chile (Casa Pirque, la distribuidora de vinos de alta gama también de su propiedad, tiene ese nombre en honor a la casa de esa bodega ubicada en Pirque, que la familia vendió hace pocos años).
Es notable la soltura con que Felipe se maneja en el campo, lo hace "como en el patio de su casa", a pie o montando sus propios caballos, en los que disfruta con sus hijos recorrer la inacabable Patagonia. Y hasta ha llegado a navegar en bote el caudaloso Río Negro, llegando a su desembocadura en el océano Atlántico.
Por eso, su manejo de la finca (a partir de 2018 administró y luego selló un acuerdo de compra de la propiedad de 180 hectáreas con Noemi Marone Cinzano, para luego ampliarla en 2021 con otras 360 hectáreas más) lo realiza con toda esa sensibilidad adquirida explorando campos, bardas, montañas y ríos, buscando ser cuidadoso y respetuoso de la naturaleza del lugar y enfrentando naturalmente los desafíos. Como los que presenta la fauna local para los viñedos: lidiando con jabalíes -que en pocos minutos pueden destrozar un viñedo al correr en jauría intentando escapar de un puma cazador- aprendiendo a desviar sus recorridos de los viñedos con sutiles alambres (no alambrados) que estos animales rápidamente detectan y, por su instinto, eligen alejarse del peligro del ser humano.
En cuanto al manejo de los viñedos, muy pronto se dio cuenta de que las condiciones que ofrece el Valle Azul hacían más lógico acariciar el viñedo con prácticas orgánicas y biodinámicas, que aporrearlo con agroquímicos, logrando rápidamente su certificación orgánica.
Ello conlleva varias decisiones: en vez de tratar de frenar el viento con paredones de álamos, práctica común en la zona, aquí los viñedos son bañados por los vientos, brindando condiciones de sequedad que son una forma natural de evitar que prosperen las plagas. Las consecuencias mecánicas de los fuertes vientos se controlan, en cambio, con las redes que también pueden proteger de un eventual granizo y aplacar la potencia del sol en verano.
El carbonato de calcio, llamado barniz patagónico, florece naturalmente en los suelos donde se lo observa formando "pátinas blancas", notablemente apreciables en la estribación de la barda y en muchas de las piedras que se ven en el suelo y dan nombre al primero de sus vinos blancos, un Sauvignon Blanc.
Además, elaboran en Mendoza los Cuchillo de Palo, una línea de vinos más accesibles, para la cual también se envían las uvas de estos viñedos que no se utilizan para Ribera del Cuarzo, que se suman a las uvas de Mendoza.
Felipe Menéndez conoció a la familia Catena desde muy joven, cuando su hermana mayor y Adriana, la hija de Nicolás Catena, compartían en Buenos Aires el pool para ir al colegio. Fue por lo que, al llegar a los 19 años, se animó explorar un rumbo profesional distinto al de la empresa naviera familiar de los Menéndez (que desde 1892 une por mar el trayecto Buenos Aires - Tierra del Fuego, transportando todo lo que la isla pueda necesitar) y que, como hijo varón mayor, parecía tener predestinado. La relación con los Catena le dio la oportunidad de comenzar a trabajar en Catena Zapata desde muy joven y pasar por distintas áreas de esta.
Su historia con Valle Azul nació en el año 2008, cuando participando en un comité de cata a ciegas, notaron un vino muy particular que los deslumbró: se trataba de un Malbec que producía Noemí Marone Cinzano. Pidieron al doctor Nicolás Catena que lo probara, lo calificó de "exótico" y acordaron que había que ir a explorar el lugar.
El jueves siguiente, Felipe y el enólogo Ernesto Bajda, se encontraban recorriendo el terreno. Les llamó inmediatamente la atención que en la ribera de las bardas el suelo parecía parpadear con brillos por doquier. Esos brillos eran provocados por el reflejo del sol en las innumerables partículas de cuarzo y, ahí mismo, rebautizaron el lugar como Ribera del Cuarzo.
Aunque no me lo dijo, intuyo que Felipe debe haber sentido, en algún lugar profundo de su corazón, que su conexión con este lugar no se iba a quedar ahí.
Es que los Menéndez tienen una fuerte conexión con la Patagonia y también con el vino ya que, a pesar de haber vivido siempre en Buenos Aires, su familia cuenta con raíces desde el lado materno con los fundadores de Concha y Toro en Chile (Casa Pirque, la distribuidora de vinos de alta gama también de su propiedad, tiene ese nombre en honor a la casa de esa bodega ubicada en Pirque, que la familia vendió hace pocos años).
Es notable la soltura con que Felipe se maneja en el campo, lo hace "como en el patio de su casa", a pie o montando sus propios caballos, en los que disfruta con sus hijos recorrer la inacabable Patagonia. Y hasta ha llegado a navegar en bote el caudaloso Río Negro, llegando a su desembocadura en el océano Atlántico.
Por eso, su manejo de la finca (a partir de 2018 administró y luego selló un acuerdo de compra de la propiedad de 180 hectáreas con Noemi Marone Cinzano, para luego ampliarla en 2021 con otras 360 hectáreas más) lo realiza con toda esa sensibilidad adquirida explorando campos, bardas, montañas y ríos, buscando ser cuidadoso y respetuoso de la naturaleza del lugar y enfrentando naturalmente los desafíos. Como los que presenta la fauna local para los viñedos: lidiando con jabalíes -que en pocos minutos pueden destrozar un viñedo al correr en jauría intentando escapar de un puma cazador- aprendiendo a desviar sus recorridos de los viñedos con sutiles alambres (no alambrados) que estos animales rápidamente detectan y, por su instinto, eligen alejarse del peligro del ser humano.
En cuanto al manejo de los viñedos, muy pronto se dio cuenta de que las condiciones que ofrece el Valle Azul hacían más lógico acariciar el viñedo con prácticas orgánicas y biodinámicas, que aporrearlo con agroquímicos, logrando rápidamente su certificación orgánica.
Ello conlleva varias decisiones: en vez de tratar de frenar el viento con paredones de álamos, práctica común en la zona, aquí los viñedos son bañados por los vientos, brindando condiciones de sequedad que son una forma natural de evitar que prosperen las plagas. Las consecuencias mecánicas de los fuertes vientos se controlan, en cambio, con las redes que también pueden proteger de un eventual granizo y aplacar la potencia del sol en verano.
El carbonato de calcio, llamado barniz patagónico, florece naturalmente en los suelos donde se lo observa formando "pátinas blancas", notablemente apreciables en la estribación de la barda y en muchas de las piedras que se ven en el suelo y dan nombre al primero de sus vinos blancos, un Sauvignon Blanc.
Además, elaboran en Mendoza los Cuchillo de Palo, una línea de vinos más accesibles, para la cual también se envían las uvas de estos viñedos que no se utilizan para Ribera del Cuarzo, que se suman a las uvas de Mendoza.
La anécdota que reafirma el lugar actual de Ribera del Cuarzo.
A partir de 2019 decidieron, cada año, separar dos o tres de las mejores barricas para realizar un corte como vino ícono: “nuestro absoluto”. En un viaje de negocios a Shanghái, Felipe decidió llevar una botella a la cena en la que había sido invitado por Mr. Lee (empresario chino que había conocido por la actividad naviera, quien ya había venido a la Argentina y conocía su bodega). En esa velada visitó su impresionante cava, llena de los vinos más caros del mundo, algunos de los cuales fueron servidos en la mesa. Dudó en presentar su botella, que ni siquiera tenía aún etiqueta, pero finalmente el Merlot patagónico fue derramado en las copas.
De regreso a la Argentina, reciben aviso del banco del ingreso de una transferencia bancaria por un monto muy importante. Pensaron que podía ser un error, pero el banco les confirmó que el origen era Mr. Lee, quien tenía la cuenta por una operación anterior. Había decidido unilateralmente comprar todo el vino poniéndole precio -sin consultar- de 1.000 USD la botella. Bonita suma, que se aprovechó para comprar un tractor y maquinaria para la bodega y le otorgó a Ribera del Cuarzo un lugar entre las pocas bodegas argentinas capaces de vender en primeur (antes que se lancen al mercado). Aceptaron venderle la mitad de la producción (300 botellas) que aun descansan en la cava de la bodega.
Dicen que en la vida no hay casualidades, sino causalidades. Y la historia de Felipe Menéndez con su bodega Ribera del Cuarzo, parece ser una prueba de ello. No te pierdas las dos úlltimas notas de esta saga.
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La barda es protagonista.
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Felipe José Menéndez.
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El viñedo entre la barda y el río.
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Pátinas de carbonato de cálcio.
::: ::: :::Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/
El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.
https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/ribera-del-cuarzo-origen-y-presente.html
Nota 1 publicada en CEPAS de ARGENTINA.
https://cepasargentina.blogspot.com/2026/04/conociendo-ribera-del-cuarzo-el-angel.html
A partir de 2019 decidieron, cada año, separar dos o tres de las mejores barricas para realizar un corte como vino ícono: “nuestro absoluto”. En un viaje de negocios a Shanghái, Felipe decidió llevar una botella a la cena en la que había sido invitado por Mr. Lee (empresario chino que había conocido por la actividad naviera, quien ya había venido a la Argentina y conocía su bodega). En esa velada visitó su impresionante cava, llena de los vinos más caros del mundo, algunos de los cuales fueron servidos en la mesa. Dudó en presentar su botella, que ni siquiera tenía aún etiqueta, pero finalmente el Merlot patagónico fue derramado en las copas.
De regreso a la Argentina, reciben aviso del banco del ingreso de una transferencia bancaria por un monto muy importante. Pensaron que podía ser un error, pero el banco les confirmó que el origen era Mr. Lee, quien tenía la cuenta por una operación anterior. Había decidido unilateralmente comprar todo el vino poniéndole precio -sin consultar- de 1.000 USD la botella. Bonita suma, que se aprovechó para comprar un tractor y maquinaria para la bodega y le otorgó a Ribera del Cuarzo un lugar entre las pocas bodegas argentinas capaces de vender en primeur (antes que se lancen al mercado). Aceptaron venderle la mitad de la producción (300 botellas) que aun descansan en la cava de la bodega.
Dicen que en la vida no hay casualidades, sino causalidades. Y la historia de Felipe Menéndez con su bodega Ribera del Cuarzo, parece ser una prueba de ello. No te pierdas las dos úlltimas notas de esta saga.
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| La barda es protagonista. |
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| Felipe José Menéndez. |
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| El viñedo entre la barda y el río. |
![]() |
| Pátinas de carbonato de cálcio. |
::: ::: :::
Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/
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https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/ribera-del-cuarzo-origen-y-presente.html
Nota 1 publicada en CEPAS de ARGENTINA.
https://cepasargentina.blogspot.com/2026/04/conociendo-ribera-del-cuarzo-el-angel.html
Ribera del Cuarzo. Nota 3.
Los viñedos de Ribera del Cuarzo.
Ribera del Cuarzo.
Nota 3.
Los suelos y sus viñedos patagónicos
Si venís siguiendo esta saga, ya conociste esta bodega patagónica que sorprende a todos y también cómo se inició esta etapa al mando de Felipe Menéndez. Acá pasamos a lo práctico y vamos a fondo con los viñedos
Al día siguiente de llegar, luego de desayunar, nos
alistamos ataviados con botas de trekking y dispuestos a ingresar por uno de
los tres cañadones que bajan de la meseta sur hacia la propiedad. Esos
cañadones se producen por el normal drenaje de las lluvias -unos 200 mm al año-
desde la meseta hacia el río, donde emprenderán fluido viaje hacia el Atlántico
sur.
Los cañadones son sumamente importantes para entender la
conformación de los suelos de la finca, porque permiten ver todos los tipos de
rocas que las conforman, así como la acción de la fuerza del agua, que cuando
baja las despedaza y las hace llegar al valle con distintas granulometrías.
Entre ellas se encuentra una muy particular, que es la que notaron Felipe y su
compañero de exploración Nesti Bajda, cuando llegaron en 2008 por primera vez
al lugar: el cuarzo.
Subimos al mirador ubicado en la estribación de la barda, detrás de la casa de la finca, desde donde se ven los viñedos, repartidos en sectores: el original, de forma rectangular y cinco hectáreas, plantado en el año 2005 por la Condesa Noemí Cinzano y Hans Vinding Diers (hoy Noemia), con población de cepas traídas desde Catena Zapata. Otro triangular, más grande, un poco más alejado al oeste y el más nuevo, que suman 22 hectáreas plantadas en 2022 que surgen de una selección masal realizada con esquejes del primer viñedo, en un vivero propio que dio buen resultado, ya que el Merlot que en cambio vino en macetas del vivero Marchiori, sufrió mucho replante posterior, pero el Malbec “criado” localmente se desempeñó muy bien, al ya estar adaptado.
Desde la altura se observa que, salvo estas manchas de
viñedo, todos los campos alrededor ubicados desde el río hacia la barda no se
utilizan, están vírgenes, por lo que el potencial de crecimiento es enorme,
solo hay que traer agua con acueductos o hacer pozos para absorber agua de río
subterránea, al pie de la barda, ya que los canales de riego existentes (que en
su momento permitieron convertir el desierto en un vergel) no alcanzan estas
zonas.
Entonces, los mayores costos son el riego y también la lucha contra las heladas. Están a mitad de camino (a 300 km) entre el mar y la cordillera; y las heladas se producen cuando entra el viento sur desde la cordillera y en ésta hay mucha nieve. En la temporada 25/26 no hubo heladas, pero en la 24/25 tuvieron nada menos que catorce, que implicaron un gasto enorme en fueloil además de hacer perder la cosecha del Merlot, la cepa que más lo sufrió.
El ingeniero agrónomo, desde 2023, es Fernando Enfarrell un
mendocino con amplia experiencia, que trabajó en Viña Cobos y llegó al Valle
del Río Negro en 2018. La enóloga residente es Eugenia Herrera (a quien conocí
en su etapa anterior en Bodega Aniello), con bastante experiencia elaborando
vinos en la zona. Cuentan, además, desde el principio, con el asesoramiento
enológico de Ernesto Bajda.
Francisco dice que cuando llegó al valle se apoyó mucho en
la gente que conocía el lugar, porque debió dar un giro de 180° respecto a lo
que conocía de su Mendoza natal. “En esta zona de la barda es importante
sentarse, ver el viñedo y también caminarlo para poder interpretarlo. Acá
tenemos la oportunidad de lograr ver todo lo que tiene de distinto".
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Francisco Enfarrel, Eugenia Herrera, Felipe Menéndez y Rosario Langdom.
Los suelos del viñedo Araucana son predominantemente
eólicos, moldeados meticulosamente a lo largo de incontables eras por la
erosión del viento sobre una base de origen fluvial y aluvional, sin embargo,
en la parte alta de las bardas tienen la composición original, de 33 millones
de años, con depósitos de crustáceos marinos de la época en que los océanos
(primero el Pacífico y luego el Atlántico) cubrieron la zona, antes del
surgimiento de la cordillera. Hay rocas magnéticas, metamórficas y
sedimentarias, estas últimas compuestas por arenisca y calcio, consolidadas con
restos marinos, que son positivas para la viña. Abajo, a la altura del río, los
suelos son de “tan solo” 5.000 años.
"Acá las plantas no se enferman, generan resistencia
natural y no necesitan agroquímicos, ya que los suelos tienen naturalmente
potasio y fósforo. Las raíces generan ácidos que penetran en el suelo y
disuelven esos carbonatos aprovechando los nutrientes que tiene la roca. Por
eso, tratamos de reducir al mínimo las labores culturales, realizando la menor
intervención", explica Fernando.
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Ángel Ramos en el viñedo Araucana.
Corre viento constantemente, llueven tan solo 200 mm al año
y en verano se alcanzan 16 horas de luz diurna. Plagas no hay, porque las
polillas y las mosquitas del vino no resisten el frío nocturno, además de estar
aislados de las zonas afectadas, desde donde podrían llegar. La sanidad de los
viñedos es uno de los aspectos más notables en la región.
Toda la superficie del viñedo tiene corredores biológicos
que generan una circulación libre y natural de flora y fauna permanente, que
también se beneficia por la situación de aislamiento de la finca, sin otros
cultivos circundantes.
El agua, el otro componente esencial para poder hacer el vino, llegaba originalmente desde un acueducto practicado para el primer viñedo, pero para las ampliaciones de estos se necesitaba asegurar otra fuente más segura. La respuesta la dio un rabdomante local: Facundo Catriel, quien después de un día caminando la reseca tierra de jarillas y piedras sosteniendo horquetas de rama de sauce, logró detectar el lugar exacto para hacer un pozo y extraer agua de un brazo subterráneo del río, que sospechaba estaba allí. Esa agua se suma a la del acueducto y hoy nutren, en conjunto, los viñedos.
Orgánico y biodinámico.
Poseen certificación orgánica Demeter y trabajan de manera
biodinámica, aunque prefieren no ponerlo en las etiquetas ya que lo hacen por
filosofía propia y no tanto por motivos comerciales.
Aplican preparado 501, con cuarzo (silicio) que mejora la
fotosíntesis de la planta y ayuda a resistir las heladas a través de la generación
de geles en la misma. El preparado 500, que se prepara insertando en cuernos de
vaca la bosta de ese mismo animal, sirve para trabajar las bacterias lácticas
sobre el material. Los cuernos se entierran durante un año, para sacarlos en el
momento necesario, solubilizar su contenido en agua y distribuirlo en el
terreno de la vid.
Es importante el trabajo de verdeos, llamados cultivos de servicio, plantando centeno y vicia orgánicos. El centeno tira raíces profundas, crea estructura y ayuda a subir los nutrientes hacia la zona de la raíz de la vid. La vicia, por su parte, fija nitrógeno. Elaboran su propio compost, con guano de chivo, orujo y escobajo de la bodega.
"Es sencillo hacer el trabajo orgánico y biodinámico en
este lugar, llevamos tres años con estas prácticas".
Tienen Malbec, Merlot y media hectárea de Petit Verdot en el viñedo original (que, ubicado sobre la ladera sur de la barda es único en el Valle con orientación sureste - noroeste). La mitad se utiliza para la línea Araucana y la otra mitad para la colección Ribera del Cuarzo parcela única, y en los otros viñedos Malbec, Merlot y Pinot Noir.
El viñedo Araucana tiene orientación este, un poco más
alejado de la barda y además adquieren uvas a otras propiedades en la zona
histórica del Valle Azul, entre las que se encuentran 16 hectáreas
pertenecientes a Celestino (plantadas en 2002) y 8 hectáreas a Piano.
araucanas3%20nota3.jpeg)
Viñedo Finca La Medialuna, de Celestino.
Son dos viñedos que se trabajan orgánicos, con los cuales
han realizado un contrato de diez años. También con uvas de un viñedo en Luis
Beltrán, perteneciente a la familia Ponco, que es original plantado por
Chandon, cuando vino a la Argentina en los años 50, se trae también un
Chardonnay.
Ribera del Cuarzo explora los antiguos suelos de más de 30
millones de años, obteniendo de ellos una pureza y delicadeza que se notan
mucho en sus mejores vinos. Pero no se conforman solo con eso, exploran viñedos
vecinos y suman la diversidad de la zona, para brindar un abanico de vinos que
poco a poco se van convirtiendo en indispensables para entender la región.
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jueves, 30 de abril de 2026
HANS VINDING-DIERS Y NOEMÍA 2022: LA HISTORIA DETRÁS DEL MEJOR MALBEC DEL INFORME VINÓMANOS.
HANS VINDING-DIERS Y NOEMÍA 2022: LA HISTORIA DETRÁS DEL MEJOR MALBEC DEL INFORME VINÓMANOS.
En Mainqué, Hans convirtió un viejo viñedo patagónico en
cuna de uno de los Malbec más singulares de Argentina.
Antes de erigirse como uno de los nombres más respetados del
vino argentino, Hans Vinding-Diers quería ser director de teatro y cine.
Escribía sus propias obras a los 12 años y, como les pasa a tantos
adolescentes, no tenía ninguna intención de seguir el camino de su familia.
Pero a los 18, su padre, Peter Vinding-Diers, figura clave
del vino europeo de las últimas décadas, lo mandó a Australia a trabajar en
Tyrrell’s Vineyards. Empezó como chico de campo y de bodega. Le gustó. Y ahí
cambió el libreto.
La anécdota no es decorativa. Ayuda a entender algo central
de sus vinos: tienen relato. No por artificio ni por maquillaje, sino por
construcción, tensión y sentido del lugar.
Noemía 2022, que acaba de quedarse con el primer puesto del
Informe Malbec de Vinómanos, tiene justamente eso. No solo impacta: también
cuenta una historia. Y la cuenta con una voz que ya no se parece a ninguna
otra.
Cuando una bodega entra en madurez.
Para Hans, este reconocimiento no habla de un golpe de
suerte ni de una cosecha especial. Habla de tiempo, de insistencia y de madurez.
“La bodega está en un momento de madurez. Pudimos llegar al
nivel al que apuntamos desde hace muchos años”, dice. No lo plantea como una
línea definitiva, sino como una estación importante dentro de una senda
abierta: “Obviamente, el camino sigue para mejorar siempre”.
En su caso, lo profesional nunca aparece del todo desligado
de lo personal. “Como viticultor estoy en un buen lugar, y esto es válido en mi
vida personal también. La armonía personal se transmite a los oficios”,
asegura. En Noemía, esa armonía parece haberse convertido en una forma de
trabajo.
Cada vez que intenta condensar su proyecto, Hans vuelve a la
misma idea: “Un lugar, un viñedo, un vino”. La frase, que podría sonar
minimalista, encierra en realidad una disciplina.
En una industria donde abundan las etiquetas nuevas, los
portafolios interminables y los cambios de rumbo, sostener una visión durante
25 años no es solo coherencia: es carácter.
Mainqué, un lugar que no se parece a ningún otro.
Hans hizo vino en Sudáfrica, Burdeos, Australia, Italia, Uruguay y Argentina. Vio bastante mundo. Por eso tiene peso cuando afirma que “Mainqué es un lugar único”.
Lo sedujeron su baja humedad, el agua dulce cargada de
minerales y los suelos aluviales fríos, una combinación que, en sus palabras,
forma “un complejo ideal para vinos refinados”. Pero hubo además algo menos
técnico y más íntimo: “Me enamoré hace casi 30 años. Me sentí en casa”.
Llegó a la Patagonia para trabajar en Humberto Canale,
cuando la región todavía no ocupaba el lugar que hoy tiene en la conversación
sobre los grandes vinos argentinos.
Lo que encontró fue un paisaje áspero y fascinante: caminos
largos, viento sin pausa, suelos pobres, días cálidos, noches frescas y el río
Negro como eje vital.
No por nada insiste en que sin río no hay vino. Fue en ese
escenario, todavía lejos del radar global, donde pensó: “Aquí, justo aquí,
puedo crear algo”.
Y eso hizo.
El viñedo de 1932 y la paciencia como método.
Hans mapeó los viejos viñedos de la zona. El hallazgo fue
una parcela de apenas 1,5 hectáreas de Malbec plantadas en 1932, un viñedo que
terminaría siendo el corazón de Noemía.
Allí entendió algo que todavía hoy defiende con convicción:
el valor irreemplazable de las viñas viejas.
“Elegir viña vieja simplemente es saber que este material,
que sobrevivió con poco cuidado por tantos años en estos suelos, debía ser
excelente material vegetal. Eso es lo que intentamos respetar”, explica.
En su mirada, una viña vieja no es una postal romántica ni
una herramienta de marketing elegante. Es memoria biológica, adaptación,
equilibrio y resistencia.
También, curiosamente, una criatura sensible: “La enseñanza
de nuestra viña es que le encanta la atención. Más atención, más feliz”.
De visitar una bodega a vivir un proyecto.
Hay otro giro decisivo en esta historia: Noemía cambió
cuando Hans dejó de ser un enólogo que iba y venía y empezó a vivir en Mainqué.
“Logré una visión diaria e íntima. La bodega se transformó en un proyecto de
vida”, resume.
Ese proyecto de vida tomó otra profundidad cuando decidió
quedarse definitivamente en la Patagonia junto a María Belén, con quien eligió
apostar todo por ese lugar.
Un Malbec contra los prejuicios.
La mirada de Hans sobre el lugar del Malbec argentino en el mundo es tan lúcida como incómoda. “Afuera, la mayoría de los consumidores conocen un Malbec argentino potente, dulce, alcohólico y con madera. Esa es la realidad”, dice.
Fue, durante años, el perfil que dominó mercados y ayudó a
construir una imagen tan exitosa como simplificada. El problema es que esa
imagen también dejó prejuicios. “La verdad hoy es otra y nuestra misión es
transmitirla”.
En ese contexto, Noemía 2022 funciona como una respuesta
elegante. No necesita subir el volumen para hacerse notar. No busca impresionar
por exceso ni disfrazarse de grandeza. Juega otro partido: el de la fineza, la
tensión, la textura y la identidad. Ese en el que un vino no solo gusta, sino
que deja huella.
Tal vez por eso Hans se siente cómodo cuando se habla de
Noemía como un ícono del Malbec argentino. “Hace rato que Bodega Noemía y sus
vinos son reconocidos localmente e internacionalmente”, afirma.
¿Y qué convierte a un vino en referencia? La respuesta vuelve
a ser precisa: “Cuando pasa de ser excelente a ser único y reconocible, y
además coleccionable”.
Lo que viene, sin cambiar de brújula.
Cuando mira hacia adelante, Hans no elige una sola obsesión.
Quiere hacer un vino todavía mejor, proteger ese patrimonio de viñas viejas,
consolidar un legado familiar y seguir demostrando que Patagonia puede jugar en
la primera división del vino mundial. Todo junto. Sin eslóganes. Sin
dramatismo. Sin necesidad de cambiar de piel cada vendimia.
Tal vez ahí resida la verdadera fuerza de Noemía 2022, el
vino que coronó nuestro Informe Malbec. No parece construido para ganar una
carrera corta, sino para durar. Y en una época en la que tantos vinos buscan
impacto instantáneo, esa forma de profundidad sigue siendo, todavía, una rareza
deliciosa.
31/03/2026.
Autor Alejandro Iglesias Es sommelier y un consumado
buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del
primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como
nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige
los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó
en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase
Ejecutiva, o internacionales como Decanter.
Publicado en Vinómanos.
Imágenes de Vinómanos.
https://vinomanos.com/2026/03/hans-vinding-diers-noemia-2022-mejor-malbec/










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