Ribera del Cuarzo: origen y presente.
Ribera del Cuarzo. Nota 2.
El origen, su presente y un venturoso futuro.
En esta segunda nota sobre la bodega (leé la primera acá) te cuento cómo se inició esta etapa al mando de Felipe Menéndez y un hito reciente, que puso su Merlot icono entre los más caros de la Argentina.
Felipe Menéndez conoció a la familia Catena desde muy joven, cuando su hermana mayor y Adriana, la hija de Nicolás Catena, compartían en Buenos Aires el pool para ir al colegio. Fue por lo que, al llegar a los 19 años, se animó explorar un rumbo profesional distinto al de la empresa naviera familiar de los Menéndez (que desde 1892 une por mar el trayecto Buenos Aires - Tierra del Fuego, transportando todo lo que la isla pueda necesitar) y que, como hijo varón mayor, parecía tener predestinado. La relación con los Catena le dio la oportunidad de comenzar a trabajar en Catena Zapata desde muy joven y pasar por distintas áreas de esta.
Su historia con Valle Azul nació en el año 2008, cuando participando en un comité de cata a ciegas, notaron un vino muy particular que los deslumbró: se trataba de un Malbec que producía Noemí Marone Cinzano. Pidieron al doctor Nicolás Catena que lo probara, lo calificó de "exótico" y acordaron que había que ir a explorar el lugar.
El jueves siguiente, Felipe y el enólogo Ernesto Bajda, se encontraban recorriendo el terreno. Les llamó inmediatamente la atención que en la ribera de las bardas el suelo parecía parpadear con brillos por doquier. Esos brillos eran provocados por el reflejo del sol en las innumerables partículas de cuarzo y, ahí mismo, rebautizaron el lugar como Ribera del Cuarzo.
Aunque no me lo dijo, intuyo que Felipe debe haber sentido, en algún lugar profundo de su corazón, que su conexión con este lugar no se iba a quedar ahí.
Es que los Menéndez tienen una fuerte conexión con la Patagonia y también con el vino ya que, a pesar de haber vivido siempre en Buenos Aires, su familia cuenta con raíces desde el lado materno con los fundadores de Concha y Toro en Chile (Casa Pirque, la distribuidora de vinos de alta gama también de su propiedad, tiene ese nombre en honor a la casa de esa bodega ubicada en Pirque, que la familia vendió hace pocos años).
Es notable la soltura con que Felipe se maneja en el campo, lo hace "como en el patio de su casa", a pie o montando sus propios caballos, en los que disfruta con sus hijos recorrer la inacabable Patagonia. Y hasta ha llegado a navegar en bote el caudaloso Río Negro, llegando a su desembocadura en el océano Atlántico.
Por eso, su manejo de la finca (a partir de 2018 administró y luego selló un acuerdo de compra de la propiedad de 180 hectáreas con Noemi Marone Cinzano, para luego ampliarla en 2021 con otras 360 hectáreas más) lo realiza con toda esa sensibilidad adquirida explorando campos, bardas, montañas y ríos, buscando ser cuidadoso y respetuoso de la naturaleza del lugar y enfrentando naturalmente los desafíos. Como los que presenta la fauna local para los viñedos: lidiando con jabalíes -que en pocos minutos pueden destrozar un viñedo al correr en jauría intentando escapar de un puma cazador- aprendiendo a desviar sus recorridos de los viñedos con sutiles alambres (no alambrados) que estos animales rápidamente detectan y, por su instinto, eligen alejarse del peligro del ser humano.
En cuanto al manejo de los viñedos, muy pronto se dio cuenta de que las condiciones que ofrece el Valle Azul hacían más lógico acariciar el viñedo con prácticas orgánicas y biodinámicas, que aporrearlo con agroquímicos, logrando rápidamente su certificación orgánica.
Ello conlleva varias decisiones: en vez de tratar de frenar el viento con paredones de álamos, práctica común en la zona, aquí los viñedos son bañados por los vientos, brindando condiciones de sequedad que son una forma natural de evitar que prosperen las plagas. Las consecuencias mecánicas de los fuertes vientos se controlan, en cambio, con las redes que también pueden proteger de un eventual granizo y aplacar la potencia del sol en verano.
El carbonato de calcio, llamado barniz patagónico, florece naturalmente en los suelos donde se lo observa formando "pátinas blancas", notablemente apreciables en la estribación de la barda y en muchas de las piedras que se ven en el suelo y dan nombre al primero de sus vinos blancos, un Sauvignon Blanc.
Además, elaboran en Mendoza los Cuchillo de Palo, una línea de vinos más accesibles, para la cual también se envían las uvas de estos viñedos que no se utilizan para Ribera del Cuarzo, que se suman a las uvas de Mendoza.
Felipe Menéndez conoció a la familia Catena desde muy joven, cuando su hermana mayor y Adriana, la hija de Nicolás Catena, compartían en Buenos Aires el pool para ir al colegio. Fue por lo que, al llegar a los 19 años, se animó explorar un rumbo profesional distinto al de la empresa naviera familiar de los Menéndez (que desde 1892 une por mar el trayecto Buenos Aires - Tierra del Fuego, transportando todo lo que la isla pueda necesitar) y que, como hijo varón mayor, parecía tener predestinado. La relación con los Catena le dio la oportunidad de comenzar a trabajar en Catena Zapata desde muy joven y pasar por distintas áreas de esta.
Su historia con Valle Azul nació en el año 2008, cuando participando en un comité de cata a ciegas, notaron un vino muy particular que los deslumbró: se trataba de un Malbec que producía Noemí Marone Cinzano. Pidieron al doctor Nicolás Catena que lo probara, lo calificó de "exótico" y acordaron que había que ir a explorar el lugar.
El jueves siguiente, Felipe y el enólogo Ernesto Bajda, se encontraban recorriendo el terreno. Les llamó inmediatamente la atención que en la ribera de las bardas el suelo parecía parpadear con brillos por doquier. Esos brillos eran provocados por el reflejo del sol en las innumerables partículas de cuarzo y, ahí mismo, rebautizaron el lugar como Ribera del Cuarzo.
Aunque no me lo dijo, intuyo que Felipe debe haber sentido, en algún lugar profundo de su corazón, que su conexión con este lugar no se iba a quedar ahí.
Es que los Menéndez tienen una fuerte conexión con la Patagonia y también con el vino ya que, a pesar de haber vivido siempre en Buenos Aires, su familia cuenta con raíces desde el lado materno con los fundadores de Concha y Toro en Chile (Casa Pirque, la distribuidora de vinos de alta gama también de su propiedad, tiene ese nombre en honor a la casa de esa bodega ubicada en Pirque, que la familia vendió hace pocos años).
Es notable la soltura con que Felipe se maneja en el campo, lo hace "como en el patio de su casa", a pie o montando sus propios caballos, en los que disfruta con sus hijos recorrer la inacabable Patagonia. Y hasta ha llegado a navegar en bote el caudaloso Río Negro, llegando a su desembocadura en el océano Atlántico.
Por eso, su manejo de la finca (a partir de 2018 administró y luego selló un acuerdo de compra de la propiedad de 180 hectáreas con Noemi Marone Cinzano, para luego ampliarla en 2021 con otras 360 hectáreas más) lo realiza con toda esa sensibilidad adquirida explorando campos, bardas, montañas y ríos, buscando ser cuidadoso y respetuoso de la naturaleza del lugar y enfrentando naturalmente los desafíos. Como los que presenta la fauna local para los viñedos: lidiando con jabalíes -que en pocos minutos pueden destrozar un viñedo al correr en jauría intentando escapar de un puma cazador- aprendiendo a desviar sus recorridos de los viñedos con sutiles alambres (no alambrados) que estos animales rápidamente detectan y, por su instinto, eligen alejarse del peligro del ser humano.
En cuanto al manejo de los viñedos, muy pronto se dio cuenta de que las condiciones que ofrece el Valle Azul hacían más lógico acariciar el viñedo con prácticas orgánicas y biodinámicas, que aporrearlo con agroquímicos, logrando rápidamente su certificación orgánica.
Ello conlleva varias decisiones: en vez de tratar de frenar el viento con paredones de álamos, práctica común en la zona, aquí los viñedos son bañados por los vientos, brindando condiciones de sequedad que son una forma natural de evitar que prosperen las plagas. Las consecuencias mecánicas de los fuertes vientos se controlan, en cambio, con las redes que también pueden proteger de un eventual granizo y aplacar la potencia del sol en verano.
El carbonato de calcio, llamado barniz patagónico, florece naturalmente en los suelos donde se lo observa formando "pátinas blancas", notablemente apreciables en la estribación de la barda y en muchas de las piedras que se ven en el suelo y dan nombre al primero de sus vinos blancos, un Sauvignon Blanc.
Además, elaboran en Mendoza los Cuchillo de Palo, una línea de vinos más accesibles, para la cual también se envían las uvas de estos viñedos que no se utilizan para Ribera del Cuarzo, que se suman a las uvas de Mendoza.
La anécdota que reafirma el lugar actual de Ribera del Cuarzo.
A partir de 2019 decidieron, cada año, separar dos o tres de las mejores barricas para realizar un corte como vino ícono: “nuestro absoluto”. En un viaje de negocios a Shanghái, Felipe decidió llevar una botella a la cena en la que había sido invitado por Mr. Lee (empresario chino que había conocido por la actividad naviera, quien ya había venido a la Argentina y conocía su bodega). En esa velada visitó su impresionante cava, llena de los vinos más caros del mundo, algunos de los cuales fueron servidos en la mesa. Dudó en presentar su botella, que ni siquiera tenía aún etiqueta, pero finalmente el Merlot patagónico fue derramado en las copas.
De regreso a la Argentina, reciben aviso del banco del ingreso de una transferencia bancaria por un monto muy importante. Pensaron que podía ser un error, pero el banco les confirmó que el origen era Mr. Lee, quien tenía la cuenta por una operación anterior. Había decidido unilateralmente comprar todo el vino poniéndole precio -sin consultar- de 1.000 USD la botella. Bonita suma, que se aprovechó para comprar un tractor y maquinaria para la bodega y le otorgó a Ribera del Cuarzo un lugar entre las pocas bodegas argentinas capaces de vender en primeur (antes que se lancen al mercado). Aceptaron venderle la mitad de la producción (300 botellas) que aun descansan en la cava de la bodega.
Dicen que en la vida no hay casualidades, sino causalidades. Y la historia de Felipe Menéndez con su bodega Ribera del Cuarzo, parece ser una prueba de ello. No te pierdas las dos úlltimas notas de esta saga.
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La barda es protagonista.
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Felipe José Menéndez.
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El viñedo entre la barda y el río.
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Pátinas de carbonato de cálcio.
::: ::: :::Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/
El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.
https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/ribera-del-cuarzo-origen-y-presente.html
Nota 1 publicada en CEPAS de ARGENTINA.
https://cepasargentina.blogspot.com/2026/04/conociendo-ribera-del-cuarzo-el-angel.html
A partir de 2019 decidieron, cada año, separar dos o tres de las mejores barricas para realizar un corte como vino ícono: “nuestro absoluto”. En un viaje de negocios a Shanghái, Felipe decidió llevar una botella a la cena en la que había sido invitado por Mr. Lee (empresario chino que había conocido por la actividad naviera, quien ya había venido a la Argentina y conocía su bodega). En esa velada visitó su impresionante cava, llena de los vinos más caros del mundo, algunos de los cuales fueron servidos en la mesa. Dudó en presentar su botella, que ni siquiera tenía aún etiqueta, pero finalmente el Merlot patagónico fue derramado en las copas.
De regreso a la Argentina, reciben aviso del banco del ingreso de una transferencia bancaria por un monto muy importante. Pensaron que podía ser un error, pero el banco les confirmó que el origen era Mr. Lee, quien tenía la cuenta por una operación anterior. Había decidido unilateralmente comprar todo el vino poniéndole precio -sin consultar- de 1.000 USD la botella. Bonita suma, que se aprovechó para comprar un tractor y maquinaria para la bodega y le otorgó a Ribera del Cuarzo un lugar entre las pocas bodegas argentinas capaces de vender en primeur (antes que se lancen al mercado). Aceptaron venderle la mitad de la producción (300 botellas) que aun descansan en la cava de la bodega.
Dicen que en la vida no hay casualidades, sino causalidades. Y la historia de Felipe Menéndez con su bodega Ribera del Cuarzo, parece ser una prueba de ello. No te pierdas las dos úlltimas notas de esta saga.
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| La barda es protagonista. |
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| Felipe José Menéndez. |
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| El viñedo entre la barda y el río. |
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| Pátinas de carbonato de cálcio. |
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Nota 1 publicada en CEPAS de ARGENTINA.
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Ribera del Cuarzo. Nota 3.
Los viñedos de Ribera del Cuarzo.
Ribera del Cuarzo.
Nota 3.
Los suelos y sus viñedos patagónicos
Si venís siguiendo esta saga, ya conociste esta bodega patagónica que sorprende a todos y también cómo se inició esta etapa al mando de Felipe Menéndez. Acá pasamos a lo práctico y vamos a fondo con los viñedos
Al día siguiente de llegar, luego de desayunar, nos
alistamos ataviados con botas de trekking y dispuestos a ingresar por uno de
los tres cañadones que bajan de la meseta sur hacia la propiedad. Esos
cañadones se producen por el normal drenaje de las lluvias -unos 200 mm al año-
desde la meseta hacia el río, donde emprenderán fluido viaje hacia el Atlántico
sur.
Los cañadones son sumamente importantes para entender la
conformación de los suelos de la finca, porque permiten ver todos los tipos de
rocas que las conforman, así como la acción de la fuerza del agua, que cuando
baja las despedaza y las hace llegar al valle con distintas granulometrías.
Entre ellas se encuentra una muy particular, que es la que notaron Felipe y su
compañero de exploración Nesti Bajda, cuando llegaron en 2008 por primera vez
al lugar: el cuarzo.
Subimos al mirador ubicado en la estribación de la barda, detrás de la casa de la finca, desde donde se ven los viñedos, repartidos en sectores: el original, de forma rectangular y cinco hectáreas, plantado en el año 2005 por la Condesa Noemí Cinzano y Hans Vinding Diers (hoy Noemia), con población de cepas traídas desde Catena Zapata. Otro triangular, más grande, un poco más alejado al oeste y el más nuevo, que suman 22 hectáreas plantadas en 2022 que surgen de una selección masal realizada con esquejes del primer viñedo, en un vivero propio que dio buen resultado, ya que el Merlot que en cambio vino en macetas del vivero Marchiori, sufrió mucho replante posterior, pero el Malbec “criado” localmente se desempeñó muy bien, al ya estar adaptado.
Desde la altura se observa que, salvo estas manchas de
viñedo, todos los campos alrededor ubicados desde el río hacia la barda no se
utilizan, están vírgenes, por lo que el potencial de crecimiento es enorme,
solo hay que traer agua con acueductos o hacer pozos para absorber agua de río
subterránea, al pie de la barda, ya que los canales de riego existentes (que en
su momento permitieron convertir el desierto en un vergel) no alcanzan estas
zonas.
Entonces, los mayores costos son el riego y también la lucha contra las heladas. Están a mitad de camino (a 300 km) entre el mar y la cordillera; y las heladas se producen cuando entra el viento sur desde la cordillera y en ésta hay mucha nieve. En la temporada 25/26 no hubo heladas, pero en la 24/25 tuvieron nada menos que catorce, que implicaron un gasto enorme en fueloil además de hacer perder la cosecha del Merlot, la cepa que más lo sufrió.
El ingeniero agrónomo, desde 2023, es Fernando Enfarrell un
mendocino con amplia experiencia, que trabajó en Viña Cobos y llegó al Valle
del Río Negro en 2018. La enóloga residente es Eugenia Herrera (a quien conocí
en su etapa anterior en Bodega Aniello), con bastante experiencia elaborando
vinos en la zona. Cuentan, además, desde el principio, con el asesoramiento
enológico de Ernesto Bajda.
Francisco dice que cuando llegó al valle se apoyó mucho en
la gente que conocía el lugar, porque debió dar un giro de 180° respecto a lo
que conocía de su Mendoza natal. “En esta zona de la barda es importante
sentarse, ver el viñedo y también caminarlo para poder interpretarlo. Acá
tenemos la oportunidad de lograr ver todo lo que tiene de distinto".
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Francisco Enfarrel, Eugenia Herrera, Felipe Menéndez y Rosario Langdom.
Los suelos del viñedo Araucana son predominantemente
eólicos, moldeados meticulosamente a lo largo de incontables eras por la
erosión del viento sobre una base de origen fluvial y aluvional, sin embargo,
en la parte alta de las bardas tienen la composición original, de 33 millones
de años, con depósitos de crustáceos marinos de la época en que los océanos
(primero el Pacífico y luego el Atlántico) cubrieron la zona, antes del
surgimiento de la cordillera. Hay rocas magnéticas, metamórficas y
sedimentarias, estas últimas compuestas por arenisca y calcio, consolidadas con
restos marinos, que son positivas para la viña. Abajo, a la altura del río, los
suelos son de “tan solo” 5.000 años.
"Acá las plantas no se enferman, generan resistencia
natural y no necesitan agroquímicos, ya que los suelos tienen naturalmente
potasio y fósforo. Las raíces generan ácidos que penetran en el suelo y
disuelven esos carbonatos aprovechando los nutrientes que tiene la roca. Por
eso, tratamos de reducir al mínimo las labores culturales, realizando la menor
intervención", explica Fernando.
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Ángel Ramos en el viñedo Araucana.
Corre viento constantemente, llueven tan solo 200 mm al año
y en verano se alcanzan 16 horas de luz diurna. Plagas no hay, porque las
polillas y las mosquitas del vino no resisten el frío nocturno, además de estar
aislados de las zonas afectadas, desde donde podrían llegar. La sanidad de los
viñedos es uno de los aspectos más notables en la región.
Toda la superficie del viñedo tiene corredores biológicos
que generan una circulación libre y natural de flora y fauna permanente, que
también se beneficia por la situación de aislamiento de la finca, sin otros
cultivos circundantes.
El agua, el otro componente esencial para poder hacer el vino, llegaba originalmente desde un acueducto practicado para el primer viñedo, pero para las ampliaciones de estos se necesitaba asegurar otra fuente más segura. La respuesta la dio un rabdomante local: Facundo Catriel, quien después de un día caminando la reseca tierra de jarillas y piedras sosteniendo horquetas de rama de sauce, logró detectar el lugar exacto para hacer un pozo y extraer agua de un brazo subterráneo del río, que sospechaba estaba allí. Esa agua se suma a la del acueducto y hoy nutren, en conjunto, los viñedos.
Orgánico y biodinámico.
Poseen certificación orgánica Demeter y trabajan de manera
biodinámica, aunque prefieren no ponerlo en las etiquetas ya que lo hacen por
filosofía propia y no tanto por motivos comerciales.
Aplican preparado 501, con cuarzo (silicio) que mejora la
fotosíntesis de la planta y ayuda a resistir las heladas a través de la generación
de geles en la misma. El preparado 500, que se prepara insertando en cuernos de
vaca la bosta de ese mismo animal, sirve para trabajar las bacterias lácticas
sobre el material. Los cuernos se entierran durante un año, para sacarlos en el
momento necesario, solubilizar su contenido en agua y distribuirlo en el
terreno de la vid.
Es importante el trabajo de verdeos, llamados cultivos de servicio, plantando centeno y vicia orgánicos. El centeno tira raíces profundas, crea estructura y ayuda a subir los nutrientes hacia la zona de la raíz de la vid. La vicia, por su parte, fija nitrógeno. Elaboran su propio compost, con guano de chivo, orujo y escobajo de la bodega.
"Es sencillo hacer el trabajo orgánico y biodinámico en
este lugar, llevamos tres años con estas prácticas".
Tienen Malbec, Merlot y media hectárea de Petit Verdot en el viñedo original (que, ubicado sobre la ladera sur de la barda es único en el Valle con orientación sureste - noroeste). La mitad se utiliza para la línea Araucana y la otra mitad para la colección Ribera del Cuarzo parcela única, y en los otros viñedos Malbec, Merlot y Pinot Noir.
El viñedo Araucana tiene orientación este, un poco más
alejado de la barda y además adquieren uvas a otras propiedades en la zona
histórica del Valle Azul, entre las que se encuentran 16 hectáreas
pertenecientes a Celestino (plantadas en 2002) y 8 hectáreas a Piano.
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Viñedo Finca La Medialuna, de Celestino.
Son dos viñedos que se trabajan orgánicos, con los cuales
han realizado un contrato de diez años. También con uvas de un viñedo en Luis
Beltrán, perteneciente a la familia Ponco, que es original plantado por
Chandon, cuando vino a la Argentina en los años 50, se trae también un
Chardonnay.
Ribera del Cuarzo explora los antiguos suelos de más de 30
millones de años, obteniendo de ellos una pureza y delicadeza que se notan
mucho en sus mejores vinos. Pero no se conforman solo con eso, exploran viñedos
vecinos y suman la diversidad de la zona, para brindar un abanico de vinos que
poco a poco se van convirtiendo en indispensables para entender la región.
Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/
https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/los-vinedos-de-ribera-del-cuarzo.html
El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

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