lunes, 26 de octubre de 2026

Falleció Emilio Lino Gennari a los 104 años, fundador de la bodega Gennari.


Falleció Emilio Lino Gennari a los 104 años.

Emilio Lino Gennari, fundador de la bodega Gennari.

Se vuelve a publicar.

Emilio Lino Gennari y su bodega, ciento un año, sesenta y seis de trabajo. Fundador de la bodega que lleva su nombre y apellido. Hoy su fructífera tarea es continuada por sus hijos y nieto. Su suegro fue don Juan T. Fernández, recordado hombre de General Roca. Don Emilio Lino nació el 23 de septiembre de 1922 en Colonia Rusa, localidad cercana a General Roca. Es hijo de padres italianos llegados de Mandola, pueblo cercano a Nápoles, Julia y Nazareno Gennari, que tuvieron diez hijos.

Julia y Nazareno habían vivido con sus padres en Bahía Blanca y luego arribaron al valle, asentándose en Colonia Rusa. Don Lino cursó la escuela primaria en el colegio San Miguel, en Stefenelli. Realizó el servicio militar en la Brigada 6ta. de Caballería en Neuquén. Se casó a los 23 años con Nélida Fernández de la localidad de Mainqué, con la que tuvo tres hijos: Hugo, Osvaldo y Ana. En 1957 comenzó con su esposa el emprendimiento en Fernández Oro que en un principio se dedicó al secado de fruta. En ese entonces vivía en Huergo, ya tenía unos ahorros para comprar una casita y un pedazo de tierra donde poder plasmar su sueño. Se subió al tren con la idea de encontrar en Neuquén lo que estaba buscando. Por error se bajó en la estación de Ferrocarril de General Fernández Oro. Cuando ya había partido el tren, tomó conocimiento de que no estaba en Neuquén sino en “Parada 81”, como le decían a la localidad. En la foto que acompaña el escrito lo vemos hoy a sus ciento  un años con premios recibidos por su bodega.

Comenzó a caminar por las vías en dirección a Neuquén y vio un cartel que decía propiedad en venta. El lugar le gustó, tenía una casa, tres hectáreas de tierra y sus ahorros le alcanzaban. Así fue como a los pocos meses ya estaba instalado con su familia en General Fernández Oro. En la siguiente temporada comenzó con el secado de fruta, fundamentalmente pera, que exportaba a Alemania.  Llegó a tener ciento cincuenta obreros trabajando de sol a sol y luego comenzó con el secado de ciruela y durazno.

En 1969 comenzó a elaborar vinos, actividad que le gustó mucho siempre, y que recibieron importantes premios en la Fiesta de la Vendimia. La uva proviene de la chacra de Mainqué, una tierra especial para la plantación de vid ya que posee tierra arcillosa y presenta una marcada amplitud térmica en verano. Entre sus recuerdos: don Lino repartía él el vino en su camión a Neuquén, Plaza Huincul, Cipolletti, Roca, Villa Regina. Garrón de Piedra era el nombre de sus primeros vinos debido al apodo del padre de Ceferino Namuncurá —santo al que le pedían ayuda para que el emprendimiento prosperara— y que caminaba descalzo sobre las piedras. El acompañamiento familiar fue muy importante: con su esposa vivieron en ese pequeño Fernández Oro que crecía a paso lento. El pueblo no tenía iglesia, por lo que se juntaron varios vecinos y levantaron la capilla “Santa María Goretti”. La imagen de la virgen la trajo la esposa de Gennari en tren desde Buenos Aires. Participaron activamente en el club haciendo kermeses y rifas para ampliarlo. Sus hijos iban a la escuela en Cipolletti y en Neuquén, y junto a familias amigas consiguieron a través del Sr. Koprio –—que repartía leche— trasladar a los niños a la escuela. Ese fue el germen de la empresa KO-KO. Don Lino Gennari recuerda su vida como una vida de mucho trabajo y feliz: “se podía trabajar y crecer”. Antes la palabra tenía valor, compraba y vendía sin necesidad de firmar ningún contrato. Hace varios años se incorporaron sus hijos y en 2003 formaron la sociedad Gennari SA. Seguramente muchos recordarán cuando don Gennari repartía vino en almacenes barriales del Neuquén y Cipolletti. Hoy a su ciento y un año pudimos conversar con él y no dejamos de sorprendernos con su memoria, que es la memoria de toda una región. La tarea ha sido fecunda.

Historiadora Beatriz Chávez – 12 de noviembre del 2023.

Carta de lectores Río Negro.





BODEGA GENNARI DE FERNÁNDEZ ORO.

Bodega familiar, ubicada sobre la Ruta Pcial. N° 65 en la localidad rionegrina de Fernández Oro, donde elaboran desde vinos hasta frutas desecadas.

La empresa familiar Gennari surge en 1957 en manos de su fundador Emilio Gennari.

En 1957 Emilio Gennari, hijo de inmigrantes italianos oriundo de General Roca, subió al tren rumbo a la ciudad de Neuquén en busca de un lugar para radicarse y allí cumplir su sueño de tener un emprendimiento propio. Su padre italiano ya había hecho el gran salto de viajar e instalarse en la Argentina donde llegó a hacer una bodega en General Roca, en la colonia rusa. Pero Emilio quería crecer por sus propios medios. Por equivocación, desciende antes de tiempo en la Parada 81 correspondiente a General Fernández Oro.

Advierte la equivocación y comienza a caminar, a unos cientos de metros encuentra un cartel con la leyenda: “vendo esta propiedad”.

Primero emprende, junto a su esposa Nélida Fernández, un secadero de frutas. Fueron peras que se exportaban a Alemania. Luego incorporan ciruela, durazno y manzana.

En el año 1969, Emilio decide comenzar a elaborar vinos. Actualmente la empresa es liderada por la segunda generación, sus hijos Osvaldo y Ana que aún mantienen ambas actividades.

Imagen: http://fabianmitidieri.blogspot.com/

EMOTIVO RECONOCIMIENTO A EMILIO LINO GENNARI POR SUS 100 AÑOS DE VIDA.




sábado, 24 de octubre de 2026

Viñedos San Sebastián. CONCURSO CATA A CIEGAS SAN JUAN. Medallas.


Viñedos San Sebastián.

CONCURSO CATA A CIEGAS SAN JUAN.
el más emblemático, federal e importante de nuestro país.
Muchísimas Gracias a todo el equipo de trabajo del Consejo y Centro Enólogos S.J.
Concurso Nacional de Vinos Cata San Juan
LOS CAMPEONES DE PATAGONIA=
*MEDALLA DE ORO con 92 pts HOLLEJOS CABERNET FRANC 2023
*MEDALLA DE ORO con 91 pts HOLLEJOS MALBEC 2024
*MEDALLA DE PLATA con 89 pts LECHUZA SPECIAL BLEND 2020.
*MEDALLA DE PLATA con 88 pts HOLLEJOS EXOTIC BLEND 2023
*MEDALLA DE PLATA con 87 pts LECHUZA MALBEC 2024.
Vinos de autor Cervantes, Río Negro Patagonia Argentina.

lunes, 5 de octubre de 2026

Bodega San Sebastián, en Cervantes, un emprendimiento de la Familia Tello Najul.

 


Entre parrales y viejas historias: San Sebastián, la bodega donde el vino se cuenta desde la tierra.

En una chacra escondida entre las bardas, una familia conserva viejas cepas, recupera variedades que casi desaparecieron y transforma cada vendimia en una manera de contar el pasado. Ricardo abre la tranquera, camina entre plantas de 44 y 80 años, muestra las cicatrices que dejaron las heladas y conduce la visita desde el viñedo hasta las barricas, donde el vino vuelve a convertirse en memoria, trabajo y paisaje patagónico.

Ricardo Tello Najul recorre el viñedo familiar, donde sobreviven cepas antiguas y la historia de varias generaciones.
Fotos: Juan José Thomes.

El auto deja atrás Roca y avanza hacia Cervantes. El paisaje empieza a cambiar cuando el camino se mete entre las bardas, los piquillines y las jarillas. No hay tránsito, apenas el camino, el monte y esa sensación de un lugar sin gente. Hasta que aparece la tranquera y Ricardo Tello Najul saca el candado, abre, levanta una mano y la mueve en lo alto para indicar que hay que avanzar. Después sube a su camioneta y se pone al frente. No hace falta que explique demasiado: simplemente marca el camino.

Al doblar aparece la pequeña capilla de San Sebastián y, enseguida, el cartel de bienvenida a la bodega que lleva el nombre del santo. Hacia un lado están los cuadros de viñedos, prolijos, que empiezan a recibir la primavera. Al frente, entre algunos tamariscos, en la casa donde Ricardo creció, donde vive con su mujer Luciana Persiani, y donde sus padres criaron a cinco hijos, reina el silencio. A la derecha, hay una construcción de dos plantas tiene arriba un ventanal enorme que mira directamente hacia las hileras de plantas. Y en el centro entre las vides, los dos hombres que con una sonrisa, reciben a los visitantes.

Casi sin transición, los dos empiezan a contar la historia de aquel lugar. Una historia familiar, pero también la de muchas familias de Río Negro que hicieron de las chacras una forma de vida y que quedaron enlazadas, durante generaciones, con la historia del vino en Río Negro. “Los viejos compraron la chacra en 1983. Yo nací acá en 1983, porque en El Cuy no había hospital, pero hasta los seis años viví ahí. Mi viejo y mi vieja vivían en la escuela porque eran los directores, hasta que se consiguió este lugar”.


En Cervantes, la familia Tello Najul conserva viejas cepas y recupera una tradición vitivinícola atravesada por crisis y heladas.

Cuando sus padres llegaron había diez hectáreas de parrales. Del lado paterno estaban los abuelos, vitivinicultores en San Juan, una historia atravesada por el terremoto de 1944 y el abandono de los viñedos. El abuelo terminó en San Luis, donde nació su padre, pero el vínculo con la vid quedó como un deseo familiar: volver a tener un viñedo propio. Años después, ese sueño encontró su lugar entre las bardas de Cervantes.

El campo tuvo distintas vidas: hubo ovejas, vacas y actividad ganadera, mientras que hoy quedan los caballos. Para Ricardo, esa historia rural también explica el tipo de enoturismo que propone. “Después está el turista al que le encanta aprender, descubrir el terroir, probar los vinos del lugar”. Él los llama enófilos, visitantes interesados en conocer las plantas, las variedades y todo lo que sucede antes de que el vino llegue a la copa.

Cuando Río Negro tenía miles de hectáreas de viñedos.

La chacra familiar guarda viñedos patrimoniales que sobrevivieron a la reconversión de la fruticultura y hoy forman parte de una nueva historia del vino rionegrino.

Para comprender ese presente hay que volver a los años 90. La crisis de la industria, agravada por el escándalo de adulteración de vinos de 1993, afectó el consumo y aceleró la erradicación de viñedos y el reemplazo por peras y manzanas. En la chacra quedaron plantas antiguas como testimonio de aquel paisaje.

Ricardo camina hasta el parral y se abraza a uno de los troncos, grueso y retorcido. “Tenemos un viñedo, una cepa, un tronco que tiene unos 30 o 40 centímetros de diámetro, de los que quedan en Río Negro”. Después muestra el nuevo viñedo que plantó junto a su hermano con Malbec, Cabernet Franc y Pinot Noir. “Todo lo hicimos nosotros. En su momento hicimos un vivero gigante, el más grande de la Patagonia, y empezamos a armar nuestras propias plantas”.

En 2022, Ricardo sufrió una helada de lleno. Hasta entonces trabajaba también como enólogo para bodegas grandes. Su tiempo estaba repartido entre esos trabajos y el proyecto familiar. Pero aquella helada le mostró algo que hasta ese momento quizás había intentado postergar: si él no estaba allí, no podía defender lo que había construido. “Estoy construyendo el sueño de otro”, pensó, y decidió quedarse para dedicarse al propio.

Entre las bardas y los tamariscos, los viejos parrales todavía cuentan la historia de una familia ligada a la vid.

La escena parece pequeña, pero para Ricardo resume buena parte de lo que significa trabajar con un viñedo. Es ingeniero agrónomo, estudió en La Plata y después se formó en Enología en Mendoza. También hizo un máster en Viticultura y Enología en Europa y su hermano siguió un camino parecido: es agrónomo y enólogo. Pero antes de los títulos hubo otra escuela, más doméstica e improvisada. Empezaron haciendo vino en el garaje de la casa, cuando su hermano Farid tenía apenas 12 años y Ricardo 18. Hoy son una bodega boutique.



Las plantas que quedaron después de la gran reconversión.

Entre las hileras de su parral antiguo de 80 años, aparecen ahora las cepas que Ricardo considera parte de un patrimonio. Son variedades que sobrevivieron a una época en la que el mercado fue reduciendo el paisaje vitivinícola a unas pocas opciones, que ellos rescataron y que hoy tienen un valor diferente.

Una de esas variedades es el Trousseau, presente en muy pocos viñedos de Latinoamérica y también en algunas regiones de Portugal, Francia y España. En Argentina, explica, no es una cepa que se encuentre fácilmente. También está el Pinot Joubertin, una variedad de la que producen apenas unas 80 botellas. La cantidad es mínima, pero justamente allí está parte de su valor. Después aparece la Balsamina, una variedad endémica de Río Negro que, fue un cruzamiento espontáneo que se dio entre el Malbec y la variedad Loca Blanca y según explica Ricardo, no existe en ningún otro lugar del mundo.

Una de las botellas que pasó por una cava submarina en el Golfo San Matías, una experiencia que Ricardo Tello Najul realizó para explorar la evolución del vino bajo el mar.

“Por eso hablamos de cepas patrimoniales”, explica Ricardo. Son parte de un paisaje que alguna vez fue mucho más extenso y que hoy vuelve a despertar interés porque cuenta una historia diferente. El consumidor de vino cambió y empezó a buscar identidad, variedades menos conocidas y características propias de cada territorio. Para Ricardo, ahí aparece una oportunidad: mostrar lo que quedó y explicar por qué llegó hasta el presente.

De la tierra al tanque.


Después de recorrer los parrales, Ricardo conduce la visita hacia la bodega. Los tanques de acero inoxidable ocupan buena parte de la sala y alrededor aparecen el laboratorio, las herramientas y las botellas que permiten seguir el camino de la uva hasta convertirse en vino. Mientras camina, explica el proceso. Baja unas escaleras y llega a la sala donde las barricas descansan alineadas.

Allí habla del roble, de los tiempos de crianza y de cómo cada decisión puede modificar el resultado final. Su padre se acerca para una fotografía y queda junto a él en medio de la sala. Es una escena cotidiana, pero resume algo que aparece una y otra vez durante el recorrido: en esta bodega las generaciones no están separadas.

La siguiente sala guarda algunas de las botellas más particulares de la bodega. Están iluminadas con una luz tenue. Ricardo toma una y la muestra. Está cubierta de barro y tiene una historia que la diferencia de las demás: estuvo en la cava submarina del Golfo San Matías, dentro de una partida muy limitada que actualmente se convirtió en uno de los vinos más caros de la bodega.

El padre de Ricardo Tello Najul, junto a la chacra que la familia compró en 1983 y donde comenzó esta historia vitivinícola.

La experiencia surgió de una pregunta: si el movimiento constante del mar y las condiciones del fondo podían generar una evolución diferente en el vino dentro de la botella. Para comprobarlo, conservaron un vino testigo, un Gran Reserva, y colocaron otras botellas en una cava submarina. “Nos juntamos las bodegas que participamos, los enólogos y probamos las botellas sin saber cuál era cuál”, cuenta Ricardo. Según relata, encontraron diferencias y pudieron identificar cuáles habían pasado por la experiencia submarina.

La sidra también tiene su lugar.

La chacra no termina en el vino. También elaboran sidra de alta gama bajo la marca Alto Vuelo, con manzanas y peras orgánicas, a partir de Granny Smith y Pink Lady, utilizando el método “champenoise”. Ricardo explica que las botellas se van moviendo y colocando en el pupitre para que esas borras se acumulen en el pico. Después llega el degüello, un procedimiento que Ricardo relaciona con las antiguas técnicas de elaboración de espumantes de Dom Pérignon.

Una botella que guarda la huella de una experiencia singular: meses de permanencia en una cava submarina del Golfo San Matías.

Cuando habla de la producción actual, Ricardo vuelve inevitablemente a la familia. Hay clientes que los conocen desde los primeros años y que terminaron convirtiéndose en amigos. También están sus sobrinos, que ayudan, sus hermanas, que se acercan cuando hace falta, y su madre y su padre, que continúan siendo una presencia diaria.

Hoy Ricardo y su mujer Luciana Persiani, viven completamente de esta actividad y ya llevan 23 vendimias. La última parte del recorrido transcurre en una sala vidriada, con una mesa larga para la degustación. Hay copas, individuales y botellas listas para probar. Desde el enorme ventanal se ve el viñedo, el monte y el cielo abierto. Sobre una mesa aparecen libros y medallas obtenidas por sus vinos en distintos concursos. Ricardo vuelve entonces a una expresión que resume buena parte de su manera de entender el proyecto: “viñedo de autor”.

Sabe que el consumo de vino viene atravesando dificultades y que todavía se arrancan viñedos, pero también observa otro fenómeno. “Podés ver noticias que dicen que el consumo de vino baja, que se siguen levantando viñedos y que hay una crisis en el sector. Pero lo que está aumentando es la gente que demanda experiencias: poder hacer algo distinto, salir a la tierra, conocer el viñedo, tocarla, caminar, tocar una planta. Entonces se trata de vivir el momento. Y nosotros estamos en eso”.

Por eso llegan visitantes de Roca, Allen, Cervantes, Regina y Neuquén, pero también turistas que vienen desde otros lugares del país y grupos de enófilos que recorren la Patagonia detrás de bodegas y vinos con identidad. Ricardo le dice visita “de lunes a lunes”. La expresión tiene algo de la vida que se lleva allí: un lugar aislado, donde hay que cuidar el predio y donde las visitas se organizan de manera casi artesanal. Puede ser un miércoles o un domingo, porque si alguien quiere conocer la chacra y se puede coordinar, abre la puerta.


Cuando llega el momento de irse, queda atrás el ventanal de la sala, los viñedos y el monte. La primavera empieza a pintar de verde las hileras y el camino vuelve a perderse entre las bardas. Pero ahora la chacra aparece en la memoria como el lugar donde una familia conservó plantas que estuvieron a punto de desaparecer, donde una helada dejó cicatrices que todavía se muestran a los visitantes y donde cada botella puede contar algo de la tierra que la vio nacer. La tranquera se cierra otra vez, pero la historia sigue creciendo del otro lado, entre las viejas plantas y los nuevos brotes.


Como ir a visitar Bodega San Sebastián.

Para llegar a la Bodega y Viñedos San Sebastián ubicada en Cervantes, Río Negro, debes dirigirte a la Chacra 297. Para eso por wsp te enviarán el mapa (298 440-6555 o en @bodegasansebastian.

La visita guiada, con degustación de 5 etiquetas sale $30.000 por persona, o $40.000 las 8 etiquetas. También pueden aramar una opción con un catering y degustación. Siempre con reserva previa.

Por Lorena Vincenty.

Fotos: Juan José Thomes.

Domingo 04/10/2026.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/voy-turismo/entre-parrales-y-viejas-historias-san-sebastian-la-bodega-donde-el-vino-se-cuenta-desde-la-tierra/

 

Viños de la Patagonia Argentina, viñedos patagónicos y argentinos. Vinos del sur, de las zonas frías PATAGONIA.

martes, 29 de septiembre de 2026

Petróleo y vino: así construyó Bulgheroni su imperio en la Patagonia.


Petróleo y vino: así construyó Bulgheroni su imperio en la Patagonia.

Un almacén de campo en Santa Fe. Cerro Dragón. Vinos al fin del mundo. La historia de un apellido que reescribió la Patagonia.

Alejandro Bulgheroni, ingeniero industrial, lidera hoy uno de los grupos más diversificados del país.

Esta historia nos lleva a principios del siglo XX. Un inmigrante italiano llamado Ángel Bulgheroni desembarca en Argentina y se instala en Rufino (Santa Fe) y abre un almacén de ramos generales con "todo para el hombre de campo", desde ropa hasta herramientas. Nadie podría haber imaginado entonces que ese mostrador de pueblo sería la primera piedra de uno de los grupos empresarios más poderosos de América Latina, con fuerte anclaje en Patagonia.

Su hijo, Alejandro Ángel Bulgheroni, hereda algo más que el negocio: hereda la ambición. En 1948 funda Bridas, una compañía que nace pequeña pero que lleva en su ADN la vocación de crecer. Años después, esa semilla dará sus frutos más inesperados lejos de Santa Fé: petróleo en el sur profundo y vino en el confín del mundo.

Así llegamos al 24 de octubre de 1943, en esa misma Rufino, nace Alejandro Pedro Bulgheroni. Se forma como ingeniero industrial en la Universidad de Buenos Aires y, a los 22 años, en 1965, se suma a Bridas junto a su padre. No lo sabe todavía, pero está subiendo al primer escalón de un imperio.

En la foto se ve al matrimonio de Angel Bulgheroni y Rosa Botto, su hijo sentado en el extremo inferior izquierdo es Alejandro Angel Bulgheroni, padre de los reconocidos empresarios Alejandro y Carlos Bulgheroni, fundadores del Grupo Bridas. 

@antiguasfotografiasargentinas

De Rufino al mundo: la gran apuesta.

Bridas crece durante los años setenta hasta convertirse en una de las firmas privadas más influyentes del sector energético argentino. A su lado, el hermano menor, Carlos Bulgheroni, construye junto a él ese camino, hasta su muerte en Washington, en septiembre de 2016.

El gran salto llega en 2010: la familia vende el 50% de Bridas Corporation a la petrolera estatal china CNOOC por 3.100 millones de dólares. Es el momento en que un negocio familiar argentino se convierte en un jugador global. Dos años más tarde, la compañía suma Axion Energy Argentina y refinerías junto a activos de ExxonMobil en Paraguay, Argentina y Uruguay. En 2017, la fusión entre Bridas, BP, Pan American Energy y Axion da forma a Pan American Energy Group (PAEG), hoy conducido por Alejandro Bulgheroni junto a su sobrino Marcos.

Carlos Bulgheroni intentó en 1995 construir un gasoducto que atravesaba Afganistán. La historia fue publicada en 1997 en el Suplemento Económico de Clarín.Hay un lugar donde esta historia se vuelve subterránea, literal y metafóricamente: Cerro Dragón, en la cuenca del Golfo San Jorge, Chubut. Allí, PAE perfora, extrae y reinventa su negocio desde hace casi 70 años. Es el escenario donde el apellido Bulgheroni se volvió sinónimo de energía en la Patagonia.

En 2025 llega una noticia que reactiva la apuesta: la compañía confirma la existencia de shale gas en la formación D-129 y convierte el área en una concesión no convencional por 35 años, prorrogables por 10 más. La inversión inicial: 250 millones de dólares para un plan piloto de cinco pozos. Un año después, en mayo de 2026, PAE presenta ante el RIGI el primer proyecto de petróleo convencional de la provincia bajo ese régimen: 680 millones de dólares para 22 plantas de inyección de polímeros, 220 pozos inyectores y 650 productores, con una producción incremental estimada en 24 millones de barriles.

Otronia, al sur de Chubut, a apenas 50 kilómetros de la frontera con Santa Cruz y 150 de Comodoro Rivadavia, es la más nueva de las bodegas, centrada en alta gama.

Cuando el petróleo se vuelve vino.

Pero la historia de los Bulgheroni no se agota en el subsuelo. Con la fortaleza del negocio energético como cimiento, Alejandro decide mirar hacia otro horizonte: la tierra fértil y preside Alejandro Bulgheroni Family Vineyards, un mapa de bodegas que se despliega por Mendoza, la Patagonia, Burdeos, Barossa Valley, Toscana, Napa Valley y Garzón, en Uruguay.

En 2011, el empresario elige un campo cercano a Sarmiento, Chubut, y destina 1.300 hectáreas a un proyecto que suena casi imposible: producir vino en la estepa de Patagonia sue. Dos chacras iniciales, de 11 y 39 hectáreas, son el punto de partida de Otronia, que en 2023 obtiene su propia Indicación Geográfica del Instituto Nacional del Vino (INV) y hoy elabora los vinos más australes del planeta, sobre el paralelo 45° Sur.

Otronia forma parte de Grupo Avinea, primer productor de vino orgánico del país, y comparte holding con una participación del 50% en Bodega Vistalba. Según fuentes del sector, la inversión total del grupo en el negocio vitivinícola ya supera los 76 millones de dólares.

Bulgheroni llevó la vitivinicultura al límite: hoy sus viñedos crecen sobre el paralelo 45° Sur.

Dos historias, un mismo apellido.

Del mostrador de un almacén en Rufino a las plantas de inyección de Cerro Dragón, y de allí a las cepas más australes del mundo, la trayectoria de Alejandro Bulgheroni condensa más de siete décadas de decisiones audaces. La Patagonia, ese territorio que algunos asocian a la potal cordillerana y otros a la estepa o yacimiento, es hoy el escenario donde conviven dos negocios que parecen opuestos, pero que responden a la misma lógica familiar: mirar lejos, invertir fuerte y sostener la apuesta en el tiempo.

Más Producción del Diario La Mañana de Neuquén.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/petroleo-y-vino-asi-construyo-bulgheroni-su-imperio-la-patagonia-n1255194