viernes, 17 de abril de 2026

Festejando el día del Malbec. 17 de abril: día mundial del Malbec.


Festejando el día del Malbec.

17 de abril: día mundial del Malbec.

Festejamos nuestra cepa de bandera

Como todos los años, el 17 de abril festejamos el día del Malbec, la cepa que descubrió que lo pasaba mucho mejor en las soleadas tierras de Cuyo que en el húmedo terroir francés, de donde es originario.

Y como en el Ángel del Vino tratamos de ofrecer siempre algo distinto, en vez de contar la repetida historia de cómo esta querida uva llegó a nuestro país de la mano de  Domingo Faustino Sarmiento y el francés Michel Pouget, te vamos a ofrecer la historia de su origen genético, que no es tan conocida.

El siguiente grafico del Instituto de Altos Estudios de la Viña y el Vino de Montpellier, muestra las relaciones de parentesco de varias cepas. En el mismo denominan al Malbec como Cot N (abajo al centro). Y siguiendo las flechas pueden ver a la izquierda la cepa madre y a la derecha el padre:

Resulta que los padres del Malbec son cepas prácticamente desconocidas y que nunca llegaron a la Argentina: la Magdeleine noire des Charentes y el Prunelard, de las cuales a continuación te contamos sus propias e intrigantes historias. 

Los nutridos parentescos del Malbec.

Pero más divertido aún es descubrir que la mamá del Malbec (la Magdeleine noire des Charentes), reveló por su genoma ser también la madre del Merlot (en cruza con el Cabernet Franc), lo que hace que la Malbec y la Merlot sean "primas".


Y si ampliamos la mirada a los "primos políticos", como el Cabernet Franc además de ser padre del Merlot lo es también del Cabernet Sauvignon (en cruza con la Sauvignon Blanc) y del Carmenère, resulta que tenemos una linda familia de cepas -muy conocidas actualmente- unidas, de una u otra manera, con nuestro querido Malbec. Cosas de la genética, ¿vió? 

El papá: Prunelard.

En la zona de Gaillac existe una uva denominada Prunelard, cuyo nombre deriva de la similitud entre sus bayas (que además aparecen cubiertas por una especie de polvo) con la piel de una ciruela de la variedad Reine Claude (prune = ciruela en inglés).
Se describe la Prunelard desde el siglo XVI como una uva de calidad que, tras la crisis de la filoxera, fue declarada como perdida. Hasta que, recientemente, un grupo de viticultores de Gaillac la redescubrieron en viñedos viejos de esa zona francesa.

A la vista no es fácil hacer la diferencia entre Prunelard y Malbec. Sólo se notan algunas diferencias ampelográficas menores. Debido a sus similitudes, Jean-Michel Boursiquot (ampelógrafo francés quien, junto a otros enólogos de esta nacionalidad, descubrió que en las viñas chilenas la variedad Carmenère sobrevivió y se confundía y se vendía como Merlot) les realizó pruebas genéticas y el resultado confirmó que el Prunelard es el padre de Malbec.
Quedaban en ese momento apenas quince hectáreas de Prunelard y dado que los vinos son de buena calidad y el potencial de la uva, la denominación de origen AOC Gaillac trata ultimamente de reintegrar la Prunelard en su decreto y actualmente ya hay sesenta hectáreas. 
Es un desenlace feliz para esta cepa, ya que solía ser la más cultivada antes de la crisis de la Phyloxera.

La mamá: Magdeleine noire des Charentes.

La historia de la madre del Malbec se remonta a muchísimos años. Es una uva muy antigua, que fue redescubierta por François-Xavier Perrin en 1992 en un viñedo abandonado de Saint-Suliac, Bretaña, zona donde hay muy pocos cultivares de uva tinta para vinificación. 


Dicho cultivar se reconoce como existente desde mediados del siglo XV. Posteriormente, en 2004 - 2005, se la compara con genomas de las colecciones de Domaine Vassal (que tiene más de 2.300 variedades), revelándola como "desconocida" y se la clasifica como redescubrimiento de una vid de origen muy antiguo.

No es hasta 2008 que una misión de búsqueda de variedades de uva en Charentes (al norte de Bordeaux) descubre cuatro pies de vid desconocidos en cuatro aldeas de los Charentes y después de analizar su genoma en la Universidad de Davis (California), establecen que es la misma variedad de vid que la clasificada como desconocida de Saint-Suliac.

Así fue posible darle un nombre, ya que en la zona de Charentes quienes la cultivaron la llamaron "Magdeleine", probablemente debido a su precocidad, ya que madura para la fecha de Santa Magdalena, el 22 de julio. En vista de la gran cantidad de uvas que se han llamado Magdeleine, fue denominada Magdeleine noire des Charentes.

Espero que les haya resultado interesante conocer a los parientes de nuestro querido Malbec.

Referencias


https://angelyvino.blogspot.com/2025/04/festejando-el-dia-del-malbec.html

***  Publicado 17/4/2025 en Ángel y vino.

https://angelyvino.blogspot.com/

https://angelyvino.blogspot.com/2025/04/festejando-el-dia-del-malbec.html

Anexo:

http://www.vignevin-occitanie.com/fiches-pratiques/lampelographie-moleculaire/

sábado, 4 de abril de 2026

Legado en Beltrán: 110 años de la bodega que eternizó al noble Calfulén.


Legado en Beltrán: 110 años de la bodega que eternizó al noble Calfulén.

Cuatro generaciones y una familia ensamblada dejaron su huella en la gran Isla “La Esmeralda”, cinco kilómetros al norte del ejido urbano. Del tiempo en que los toneles viajaban por el agua, río abajo, a la difusión por redes sociales, sigue viva una herencia cargada de coraje. Y en el medio, la figura inolvidable de un peón.

Por Melina Ortiz Campos.



El azul en el diseño, destacando el significado del apellido, en mapudungun. Foto: Arhivo RN | Hebe Rajneri.

1,80 metros de estatura, robusto y con tonada cordillerana, tez más bien trigueña, Calfulén tenía entre 50 y 55 años cuando lo conocieron los hijos de su patrón, Daniel Videla Dorna. Respetuoso y de perfil bajo, había llegado a Beltrán desde el sur neuquino, portando consigo la sabiduría de su raíz mapuche, y se encontró quizás sin pensarlo, transmitiendo muchos de sus conocimientos de campo a los muchachitos oriundos de Buenos Aires, que se empezaban a criar entre viñedos y ovejas, junto al río Negro.

De la producción en escala en el siglo XX a la selecta de hoy: la historia de una bodega centenaria

Hoy el apellido Videla Dorna tiene décadas de trayectoria en la vitivinicultura del Valle Medio, pero a fines de los años ‘50 representaba a una familia de la gran capital, que probó su tenacidad en las tierras heredadas por la madre de Daniel, Julia Guido. Viuda ella, se había casado en segundas nupcias con Benigno Gutiérrez Acha, también viudo, el propietario original de estas hectáreas, donde tenía su propia bodega desde 1916, hace exactamente 110 años.

Familia ensamblada, a partir de ese vínculo se mantuvo la actividad y se abrió un horizonte nuevo para los nietos de Julia, que encontraron entre las tardes bajo los sauces de la antigua casona y las noches estrelladas, el hogar de su infancia: Martín y Juan los mayores; Victoria, la única mujer; y Carlos junto con Ignacio, los protagonistas del proyecto que ya de adultos le devolvió a “La Esmeralda” su propósito productivo.

Foto: Captura Informe Especial Archivo Canal 10.

Más de 600 ovejas madres se cuidaron en los mejores años, a la par del cultivo de viña en la isla que ya realizaban desde siempre, donde la uva llegó a ocupar 50 hectáreas. En ese contexto, los jovencitos aprendieron todas y cada una de las tareas de aquel peón sencillo y gracias a ese compartir le tomaron un gran aprecio.

Por eso, cuando pensaron los nombres para las dos marcas de vino que permitieron el regreso de la producción, después de años de quietud, no dudaron en homenajearlo: Calfulén, bautizaron a su línea Reserva Malbec, Merlot y Pinot Noir, además de un Riesling y el Torrontés; junto a “Maroma”, el sello elegido para la línea Joven.

La producción, entre Maroma y Calfulén, exhibida en la antigua casona que recorren los turistas. Foto: Juan Thomes.

No quedaron fotos para ilustrar el recuerdo de ese paisano que trabajó por casi una década entre los Videla Dorna, pero el diseño de las etiquetas, a cargo de una prestigiosa agencia porteña, se encargó de recrear sus rasgos y su mirada, bajo el tono azul que se traduce en su apellido originario, aún presente en la zona de Junín de los Andes por ejemplo.

Y como el mundo es chico y la Patagonia aún más todavía, una sobrina de Calfulen, radicada en Neuquén, fue quien se enteró de semejante gesto y logró ubicar el stand de los Videla Dorna en una feria en Las Grutas, para agradecerles, emocionada. Se sabe que ese trabajador callado pero generoso, vivió sus últimos días de regreso en sus pagos, cerca de los suyos, aunque no tuvo descendencia propia.


Nueve etiquetas integran la producción del establecimiento, entre blancos, tintos y blends. “Carloto”, el anfitrión. Foto: Juan Thomes.


En tantos años de historia, esto que se vive desde 2007, fue un renacer después de que la pérdida de rentabilidad en los ‘80 intentara dar el golpe final a semejante sitio. Hoy, el presente de la bodega encontró la manera de conectar ese pasado de “La Esmeralda”, con la experiencia de Carlos, el legado de Ignacio y las aptitudes de la siguiente generación, que a través del manejo de la web y la cuenta en Instagram (@bodegavideladorna), les permite mostrarse ante el mundo.

Ya no se trabaja el vino a granel como en los tiempos de Gutiérrez Acha, cuando se almacenaban 500.000 litros entre piletas y cubas de roble, para luego transportar los toneles en tren o por el río, cargados en chatas flotantes, para fraccionarlos en damajuanas. Fruto de la labor a tiempo completo y tras el fallecimiento de Ignacio y de su madre Victoria Landajo (“Toli”), es Carlos, “Carlotto” para sus vecinos, quien sostiene e impulsa la propuesta junto a los nuevos peones. “Yo ya hacía el grueso de la producción, ya tenía las manos embarradas hasta el hombro”, graficó.

La Bodega integra el circuito del Camino del Vino, lo que le facilita el arribo de turistas. Foto: Juan Thomes.


Febrero 1929: la publicidad de la bodega original de la isla, en el periódico El Mentor, que circuló por el Valle Medio. Foto: Museo Histórico Choele Choel.


La etiqueta de «La Esmeralda», la bodega original que este año cumple 110 años. Foto: Juan Thomes.

Por eso este egresado de la educación salesiana local, también antiguo emblema de la formación en enología, no tuvo miedo ni permitió que el duelo le torciera el timón. Fue sumando mejoras y comodidades para el agroturismo, además de afianzar los 40.000 litros anuales que saca al mercado con esmero y argumentos de sobra para cada creación. “No podría vivir en otro lugar”, reconoció en diálogo con Río Negro.

Admirado de la obra que dejaron los dueños originales, cuando no habían facilidades ni servicios, cuando la movilidad solo era posible a partir de una balsa y cuando se batallaba con las crecidas y el clima riguroso, hoy entiende que la mejor decisión que pudo tomar fue la de quedarse allí viviendo y forjando este sueño compartido.

Integrar la Ruta del Vino, participar en ferias regionales y nacionales, recibir a las delegaciones que lo visitan y alentar la llegada de su cosecha a negocios y restaurantes elegidos a conciencia entre Neuquén, Cipolletti, Roca y Regina, además de la costa rionegrina donde se luce entre turistas, hacen que se vaya formando una nueva manera de entender la actividad más allá del precio y que se le reconozca el sentido profundo guardado en el contenido de cada botella. “Vale la pena, el tiempo confirma por qué”, dijo Carlos, convencido de que el éxito no pasa ni por los premios ni por los números, sino por ver la obra de sus manos hecha realidad cada día.

Sueño compartido: el resurgimiento de la bodega fue posible gracias al empuje de Carlos con su hermano Ignacio, ya fallecido. Foto: Arhivo RN | Hebe Rajneri.


40 mil litros anuales, la producción que sostienen en esta nueva etapa. Foto: Juan Thomes.

*** Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/rural/legado-en-beltran-110-anos-de-la-bodega-que-eternizo-al-noble-calfulen/

22/03/2026.



Foto: Juan Thomes.



Imagen de Federico Witkowski.




Enlace de interés:

viernes, 27 de marzo de 2026

ESTABLECIMIENTO FRUTI-VITIVINÍCOLA Y BODEGA “LA ESMERALDA” DE BENIGNO A. GUTIÉRREZ ACHA / BODEGA VIDELA DORNA.


 

ESTABLECIMIENTO FRUTI-VITIVINÍCOLA Y BODEGA “LA ESMERALDA” DE BENIGNO A. GUTIÉRREZ ACHA / BODEGA VIDELA DORNA.

En el arco Norte de la Isla Grande de Choele Choel, se instaló este emprendimiento, fundado en 1911 por el ingeniero Benigno Alfredo Gutiérrez Acha, localizado en una isla de 168 hectáreas de superficie; allí donde el brazo Norte del río Negro serpentea, fluyendo sus encrestadas aguas a la sombra sin voz de los sauces en galería.

La verde exuberancia del paisaje, que embellece a la belleza, insinuó el nombre del establecimiento: “La Esmeralda”, transformándose rápidamente en la piedra preciosa del Valle Medio.

Con la cohesión y el vigor necesarios para afrontar las situaciones difíciles, el Ing. Gutiérrez Acha instala una balsa sobre el cauce del río e inicia la implantación de frutales, y usufructuando el fuego abrasador de las arenas –que darán mostos vivificantes y generosos– emprende el cultivo de vides.

Construye la bodega y para el año 1916 muele su primera vendimia y meses más tarde don Alfredo, al atardecer, a la hora que la luz se vuelve más quieta, levanta la roja copa desbordante de la preciada ambrosía y brinda con alegría y regodeo desafiante.

Al poco tiempo de inaugurada la bodega, identificada como Bodega N° 332, cobran notoriedad sus selectos vinos Cabernet-Sauvignon y Malbec, que se expenden con la marca La Esmeralda. La documentación existente, asimismo, establece que entre otras variedades cultivadas se hallaban: Semillón, Barbera, Torantel (Torrontés), Pedro Giménez, Moscatel Rosado y Criolla Grande o Sanjuanina.

En 1928 bajo la supervisión del enólogo Antonio Croce se instalan 12 hectáreas de un atrayente y estético parral veneciano, llamado también “rayo”, Bellussi o Pini, bajo las premisas de: mitigar los daños ocasionados por las heladas tardías o primaverales; favorecer la acumulación de azúcares en los racimos al estar provistas las cepas de una mayor cantidad de madera vieja y por ende una mayor acumulación de sustancias de reserva dada por un área foliar más amplia y eficiente; obtener una mayor producción de uvas; facilitar la aplicación del abonado; y lograr una mejor sanidad de las plantas y los racimos. Sus amplias distancias de plantación, de 8,00 metros entre hileras por 4,00 metros entre plantas, y su compleja disposición de alambres cruzados en forma de rayos de rueda de bicicleta, le conferían el aspecto de ostentosas estructuras que a partir de los albores de la primavera rápidamente comenzaban a cubrirse de un verde sensación de paz.

Adicionando esta superficie implantada a la ya existente, el establecimiento alcanza una superficie cultivada con viña de 41 ha 64 as 88 ca 92,73 m2.

La bodega contaba con 20 piletas sobre la superficie y 2 piletas subterráneas, que alcanzaban una capacidad de vasija fija de 220.000 litros y 33.000 litros en toneles y cubas de madera de roble, lo que totalizaba una capacidad de vasija de 253.000 litros.

Entre los años 1930 – 33 ejerce la administración de esta firma don Jaime Font Saravia (1907 – 1966), quien además fue Juez de Paz Suplente en Choele Choel entre agosto – diciembre del año 1932. Posteriormente se transformaría en un célebre locutor y animador porteño, integrante del staff de LR1 Radio El Mundo de Buenos Aires, y a quien se lo consideró como un monstruo sagrado de la radiofonía nacional. Asimismo, cobró protagonismo como intérprete en las películas: “Caras argentinas” (1939) y “La quinta calumnia” (1941).

Tiempos aquellos en que su bohemia insomne alimentaba la magia de los silencios y fantasías de las noches isleñas, esas noches que caían buscando su corazón en la isla, noches bañadas por la tierna luminosidad de la luna patagónica y acompasadas por los nostálgicos acordes del violín, las guitarras criollas que desprendían en sus gemidos arrabaleros: coraje, pasión y lamentos, las chicas que imponían con su belleza la verdad de las formas, la poesía plena y la sed bebida por los impenitentes exegetas báquicos que resistían insurgentes trizando pedazos de crepúsculos, arrancando jirones de la aurora incontestable buscando estirar las noches. Y don Jaime Font Saravia, se sentía dueño de esas albas donde parecía suspirar la agonía de las sombras.

Sin duda, la estancia en la isla de este peculiar y exclusivo personaje, antiguo y bondadoso habitante del alba que supo rendir tributo a la noche, ha dejado una vivencia oblicua y polivalente, de recuerdos imborrables, una señal indeleble en la memoria de los isleños.

Otro personaje de “La Esmeralda” fue el búlgaro Dimitri Petrov. Aún retumban hoy, en remotos y borrosos ecos, las mentas sobre su “grappa” de elaboración artesanal –una bocanada ígnea que se precipitaba por la garganta hasta las entrañas–, la que según recuerdan los viejos lugareños, podía: “Hacer hablar a los mudos y a los políticos decir la verdad”.

Asimismo, emanan lejanos y melancólicos recuerdos sobre los impetrantes vinos tintos, redondos y sedosos, que ofrecían un paraíso de posibilidades hedonísticas inacabables.

Este establecimiento, ejemplo del trabajo perseverante y deleite indescriptible para el espíritu, por línea sucesoria queda al expirar la década de los años ´50 en manos de la familia Videla Dorna.

Es, también, hacia esa misma época que La Esmeralda interrumpe su actividad vitivinícola. A partir del año 2007 “La Esmeralda” renace bajo el emprendimiento familiar denominado Bodega Videla Dorna, reiniciando la actividad vitivinícola en forma artesanal, elaborando vinos blancos, rosados y tintos jóvenes, reserva y gran reserva, comercializados bajo las marcas Calfulén y Maroma.

Así, esta espléndida propiedad – enclavada entre la belleza y la calma–, donde el otoño regala su más romántico paisaje, sigue subyugando a los visitantes que a través del turismo rural acceden a ella.

BARTOLOMÉ "MANOLO" PÉREZ Y EL NOBLE OFICIO DE TONELERO.

Quiero en estas breves líneas recordar el viejo e imprescindible oficio de tonelero, ya extinguido hace muchos años a nivel de las bodegas –desde que se dejó de expender el vino en bordelesas o cascos–, y hacer una evocación muy particular para mi tío Manolo Pérez (1917 – 1963), y en él homenajear a todas aquellas personas que ejercieron el noble oficio de tonelero.

A los 16 años ingresa como ayudante de tonelero en el Establecimiento Vitivinícola “La Esmeralda” de Luis Beltrán, donde aprende el oficio. Hacia el año 1936, buscando nuevas oportunidades viaja al Alto Valle de Río Negro y Neuquén y trabaja como tonelero en la Bodega La Falda en Cipolletti.

Alterna temporadas de trabajo entre las localidades de Cipolletti y Luis Beltrán, como puede leerse en el aviso del periódico semanal EL MENTOR del año 1937 en que ofrece sus servicios de reparación de distintos tipos de toneles.

En el entonces pueblo de Cipolletti, contrae enlace en el año 1939 con María del Pilar Herrera y en los albores del año 1941 toma la iniciativa de regresar definitivamente a la isla, donde se instala con su mujer y su pequeña hijita Irma en la chacra de la familia en Luis Beltrán.

La rapidez, habilidad y destreza en el desarmado, calafateado y posterior armado de los barriles –envases de madera más pequeños– y los cascos o bordalesas –que eran los envases de madera de 200 litros más generalizados para expender el vino al consumo–, le permitieron cimentarse la fama de uno de los mejores toneleros de la Isla Grande de Choele Choel, siendo su trabajo muy codiciado por las diversas bodegas de la zona.

Fue durante varios años tonelero de la Cooperativa Agrícola Colonia Choele Choel Ltda. Falleció en Luis Beltrán en el año 1963 a los 46 años de edad.

Reseña del Sr. Federico Witkowsky.

Imagen y texto publicados en

Etiquetas Bordalesas de vino -Facebook- del Sr. Federico Witkowsky.

viernes, 20 de marzo de 2026

Murió Michel Rolland, el reconocido enólogo que revolucionó el vino argentino y puso al Malbec en el mapa mundial.

 


Murió , el reconocido enólogo que revolucionó el vino argentino y puso al Malbec en el mapa mundial.

Dejó una huella profunda con su visión innovadora en el trabajo de bodegas, elevando la calidad y el prestigio de la vitivinicultura nacional.

Michel Rolland murió en la noche del jueves en Burdeos. Tenía 78 años y falleció tras sufrir un infarto en la ciudad francesa donde había estudiado enología décadas atrás.

El francés cambió para siempre la forma de hacer y pensar el vino en el mundo. Su partida marca el final de una era en la vitivinicultura global.

Michel Rolland murió en la noche del jueves en Burdeos. Tenía 78 años y falleció tras sufrir un infarto en la ciudad francesa donde había estudiado enología décadas atrás.

El francés cambió para siempre la forma de hacer y pensar el vino en el mundo. Su partida marca el final de una era en la vitivinicultura global.

Se formó en el Instituto de Enología de Burdeos. Junto a su esposa Dany fundó un laboratorio de análisis que se transformó en el punto de partida de una consultora internacional.

Desde los años 80, su nombre empezó a sonar fuerte en los principales mercados. Su figura se consolidó como la de un asesor global, requerido en regiones tan diversas como California, Armenia y Mendoza.

Rolland había "inventado" una profesión: la de flying winemaker o enólogo itinerante. Un experto que viaja a los viñedos para asesorar a los productores en la elaboración de los mejores vinos.

Se convirtió en una referencia obligada para bodegas de todo el planeta. Según él mismo reveló, asesoró a más de 300 bodegas en 22 países. Su mirada innovadora y su capacidad para anticipar tendencias lo pusieron en el centro de la escena.

En Francia se lo conoce por haber sido el primero en recibir a Robert Parker en su viñedo a principios de la década de 1980. El famoso crítico estadounidense marcaría el rumbo de la industria durante años.

"En la vida, se necesitan tres cosas para triunfar: primero, trabajar duro, algo que solemos olvidar hoy en día. Segundo, cuando se trabaja en un sector que requiere cierta destreza, se necesita talento… Y tercero, también un poco de suerte", dijo en una entrevista con el podcast Les 4 saisons du vin.

Rolland solía comparar su trabajo con el de un "coach" que guía al resto del equipo de la bodega. Aunque al momento de hacer un vino reconocía que "el terroir es el factor número uno, lo que te va a definir el vino".

Un estilo que dividió aguas en la industria mundial.

Rolland fue uno de los grandes impulsores de un estilo de vinos más estructurados. Buscaba intensidad y gran volumen en boca.

Esta tendencia encontró respaldo en críticos influyentes como Parker y ayudó a instalar nuevos parámetros de evaluación que trascendieron Europa y se replicaron en distintos continentes.

Sin embargo, su influencia no estuvo exenta de controversias. Parte de la crítica lo acusó de favorecer una cierta uniformidad en los vinos.

Le reprochaban priorizar perfiles más comerciales y dejar de lado la expresión de los terruños. A pesar de los cuestionamientos, su trabajo acompañó —y muchas veces anticipó— la transformación de la industria en un negocio global.

Él mismo negó tener un estilo propio: "No existe un estilo Rolland. Reto a cualquiera a identificar vinos Derenoncourt, Boissenot o Rolland en una cata a ciegas… Reto a cualquiera. Incluso estoy dispuesto a organizar la cata yo mismo, si fuera necesario", desafió al citar a otros consultores famosos.

Argentina, el país donde eligió disfrutar del vino.

Además de su actividad como consultor, Rolland mantuvo proyectos propios como productor. Fue uno de los primeros enólogos internacionales en poner los ojos en Argentina.

En el país fue uno de los socios fundadores de la bodega mendocina Clos de los Siete, de 850 hectáreas. También creó la bodega Rolland en Vista Flores.

Tenía un restaurante recomendado por la guía Michelin en Puerto Madero: el Michel Rolland Grill & Wine. Sus proyectos en el país reflejaban un compromiso que iba más allá de lo profesional.

Rolland pisó por primera vez Argentina en 1988. Lo había convocado Arnaldo Etchart en Cafayate, lo que definió como "una aventura" y el principio de una historia de amor.

Al país le encontró "gente encantadora" y "un potencial enorme". Durante décadas asesoró bodegas locales de norte a sur, de Salta a Neuquén.

"Hice vinos en 22 países. Pero tengo tres países. Francia es el país para vivir, Estados Unidos para trabajar, y Argentina para disfrutar", dijo entre risas a Clarín. El hombre fue uno de los impulsores del Malbec argentino en el mundo.

"No apostar al Malbec es estar mal de la cabeza", dijo en una entrevista con El Cronista. Recalcaba que fue la cepa que colocó al vino argentino en el mapa mundial.

"Cuando llegué, la Argentina no tenía imagen como país productor de vinos, no tenía mercado, no tenía nada. Era un desierto en el mundo del vino. ¡No existía!", recordó.

Rolland afirmaba que "el vino va a ser el futuro de la Argentina" y que el país todavía tiene un margen de progresión enorme gracias a que "tiene varios suelos, muchas condiciones diferentes, mucha altura".

En su opinión, para lograr la excelencia hay que "tener en la cabeza que no hay límite". "Siempre preguntar qué podemos mejorar para llegar más arriba", sostuvo.

Además, en una entrevista con Radio Rivadavia recalcó que hoy en día "el vino de la Argentina puede competir con los mejores vinos del mundo". Aseguraba que el país estaba "dentro de los seis o siete países capaz de producir vinos de alta gama en el mundo".

Padre de dos hijas, deja una marca profunda en el universo del vino. Tanto por su alcance como por el debate que generó su visión.

Informacón: iProfesional.

https://www.iprofesional.com/vinos/450710-murio-michel-rolland-famoso-enologo-revoluciono-vino-argentino-impulsor-malbec-mundo