Bodega Costa.
Bodega Costa y los vinos SAPO.
La Patagonia argentina sigue demostrando que, más allá de
las bodegas históricas y los proyectos ya consolidados, todavía tiene historias
nuevas para contar.
Algunas nacen de grandes inversiones; otras, de trayectorias
personales construidas durante décadas entre viñedos, cosechas y
fermentaciones. Este último es el caso de Bodega Costa, el proyecto familiar
impulsado por Polo Costantino en Mainqué, que busca interpretar distintos
rincones del Alto Valle a través de vinos de mínima intervención agrupados bajo
el nombre SAPO.
La oportunidad de conocerlos llegó durante una degustación
realizada en el restaurante El Distinto, frente a la barda sur, conducida por
Juan Costantino, hijo de Polo y una de las caras visibles de esta nueva etapa
familiar.
Detrás del proyecto hay una historia ligada profundamente a la vitivinicultura regional. Durante más de dos décadas, Polo Costantino trabajó en una de las bodegas más reconocidas de la Patagonia: Chacra. Allí desarrolló buena parte de su experiencia en viñedo y elaboración, conocimientos que hoy vuelca en una microbodega cuya escala permite trabajar con enorme precisión cada parcela y cada vinificación.
El origen de Costa se remonta a 2020, cuando Polo recibió
como homenaje un vino denominado El Sapo, acrónimo de "Sin Azufre
Polo". Aquella etiqueta terminó convirtiéndose en mucho más que un regalo.
Representó el inicio de una filosofía de elaboración basada en la mínima
intervención, sin sulfitos añadidos y con un profundo respeto por la expresión
del viñedo. La elección del nombre SAPO para la línea principal mantiene vivo
ese espíritu fundacional.
La familia busca representar distintas zonas del Alto Valle,
una región que muchas veces es percibida como homogénea pero que presenta
marcadas diferencias geográficas. Basta observar que existe un desnivel
aproximado de 140 metros desde el dique Ballester hasta Chichinales,
acompañando el recorrido de los históricos canales de riego. Son cambios
sutiles para quien los observa desde la ruta, pero determinantes para comprender
diferencias de suelos, clima, maduración y estilos de vino.
Además, en la Patagonia las fermentaciones suelen coincidir con la llegada de las primeras bajas temperaturas otoñales. Esa combinación contribuye naturalmente a procesos más lentos y, muchas veces, más delicados, algo que el equipo aprovecha en sus elaboraciones.
Las vinificaciones se realizan en pequeña escala y con herramientas sencillas. Parte de la crianza se desarrolla en barricas usadas provenientes de Chacra, privilegiando recipientes que aportan microoxigenación sin marcar fuertemente el perfil aromático de los vinos.
Son vinos de bajo alcohol, frescos y muy personales, en un
estilo que hace furor dentro de lo que Joaquín Hidalgo (a mi juicio uno de los
mejores periodistas y críticos argentinos de vinos, que escribe para La Nación,
Vinómanos y Vinous.com) denominó como "el círculo tinto", el grupo
que dicta un poco la moda en el agitado mundo del vino. Un estilo que, sin
embargo, puede generar resistencia entre quienes prefieren expresiones más
clásicas. Vos sabrás de qué lado estás y si este estilo de vinos tiene lugar o
no entre tus preferencias.
A continuación les cuento de los cuatro vinos que probamos, servidos y explicados por Juan Costatini, aclarando que las notas de cata (abajo, en letra cursiva) fueron brindadas por la bodega:
SAPO Chardonnay.
Tensión, frescura y textura. El Chardonnay proviene de
viñedos plantados en Allen durante la década de 1990, originalmente destinados
a bases para espumantes. Se trabaja con prensado de racimo entero y combina
crianza en barricas de segundo y tercer uso junto con recipientes de hormigón.
En la copa aparece algo dorado y ligeramente opalescente,
consecuencia de una elaboración sin filtrados agresivos. Aromáticamente
despliega una interesante combinación de manzana verde, pera y notas cítricas
acompañadas por recuerdos herbales y una sutil impronta melosa.
En boca destaca por una acidez elevada y una textura amplia generada por el trabajo sobre borras. Su final cítrico y persistente lo convierte en un blanco de perfil gastronómico, muy lejos de las versiones más maduras o exuberantes que suelen encontrarse en otras regiones argentinas.
SAPO Pinot Noir 2025.
Procede de Stefenelli, de viñedos que superan los 120 años
de antigüedad, un verdadero patrimonio vitícola del Alto Valle. La elaboración
incluye un 33 % de racimo entero, fermentaciones en barrica y una parte de
maceración carbónica, recursos utilizados para construir complejidad sin perder
frescura.
En nariz aparecen progresivamente notas de tierra húmeda, hojarasca, flores y frutas rojas maduras que recuerdan a las guindas. La boca es ágil, fresca y con taninos que aportan textura sin endurecer el conjunto.
Es un Pinot Noir que privilegia el origen por encima de la
elaboración. Tiene algo salvaje y descontracturado que resulta particularmente
atractivo para quienes buscan vinos menos uniformes y más ligados a la
identidad del lugar.
SAPO Malbec.
Otra lectura de la variedad. También proveniente de una
finca centenaria de Stefenelli, este Malbec se aparta de los perfiles más
maduros y concentrados que durante años dominaron el mercado argentino.
Las frutas negras y rojas aparecen acompañadas por notas
balsámicas de eucalipto y menta que aportan frescura. En boca es jugoso, de
textura fluida y con taninos firmes pero bien integrados. Lo más interesante es
quizá su propuesta de consumo: servirlo entre 10 y 12 grados. Una temperatura
poco habitual para el varietal, pero que aquí ayuda a resaltar su energía y su
perfil frutal.
SAPO Riesling.
Dentro de la degustación fue probablemente el vino más
singular. El Riesling continúa siendo una variedad minoritaria en Argentina, y
aún más escasa en Patagonia, donde Humberto Canale, con viñedos de 1937, es su
más fiel representante.
Sus aromas recuerdan a lima, durazno blanco y piedra mojada,
acompañados por delicados tonos florales y herbales. En boca muestra una acidez
filosa y precisa, con una marcada sensación de tensión que se prolonga hacia un
final salino y persistente.
Es un vino que exige atención y que seguramente encontrará
su público entre quienes disfrutan blancos de gran frescura y perfil europeo.
SAPO Petit Verdot.
Fue el único que no probamos. La bodega lo describe así: Los
aromas de moras, ciruelas, pimienta negra y cacao aparecen acompañados por un
leve matiz balsámico. En boca presenta taninos marcados y una estructura
importante, aunque sostenida por una acidez vibrante que aporta dinamismo y
evita cualquier sensación de pesadez. El final es largo, con recuerdos terrosos
y de chocolate amargo.
Bodega Costa es todavía un proyecto pequeño, pero refleja
una tendencia cada vez más visible en la Patagonia: elaboradores que buscan
correrse de los modelos más estandarizados para profundizar en la identidad de
sus viñedos y de sus lugares de origen.
La experiencia acumulada por Polo Costantino durante años de
trabajo en una de las bodegas más prestigiosas de Río Negro encuentra aquí una
expresión propia, familiar y sin artificios.
Los vinos SAPO no buscan seducir desde la perfección técnica
ni desde la concentración extrema. Prefieren mostrar las particularidades de
cada parcela, aceptar cierto grado de rusticidad y dejar que el Alto Valle
hable con voz propia. Y en una región cuya historia vitícola supera largamente
el siglo de vida, encontrar nuevas formas de interpretar ese patrimonio siempre
merece atención.
Bodega Costa es una nueva voz para el Alto Valle y una
muestra de que la vitivinicultura patagónica todavía tiene mucho terreno por
explorar.
* Publicado en
El ángel del vino. Blog de vinos.
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