viernes, 15 de mayo de 2026

Transformación en Patagonia: cómo un viñedo casi perdido produce vinos premiados mundialmente.

 


Hay búsquedas que parecen no tener fin y Piero Incisa della Rocchetta podría ser quien lo sabe mejor que nadie. Nacido en Italia, tierra donde el vino es liturgia y el viñedo es herencia, partió en busca de un lugar que le permitiera hacer algo distinto: un Pinot Noir que conmoviera. Recorrió Borgoña, la cuna indiscutida de esa uva esquiva y aristocrática. Visitó Oregón, donde los productores norteamericanos habían encontrado un frío generoso y una luz particular. Pasó por California, por los valles de Italia, por rincones de Europa donde la vid lleva siglos aprendiendo a hablar con la tierra. En cada lugar encontró grandeza. Pero no encontró lo que buscaba. Hasta que llegó a Mainqué.

Un pequeño pueblo del Alto Valle, donde el viento barre sin pausa, la humedad es casi una rareza y el sol golpea con una intensidad que pocas regiones del mundo conocen. Allí, en un viñedo viejo y semiabandonado plantado por inmigrantes que ya no estaban, Piero encontró su respuesta. No era Borgoña. No era Oregón. Era algo completamente nuevo y, al mismo tiempo, brutalmente propio.Hoy, ese viñedo produce el Pinot Noir Treinta y Dos 2025, calificado con 100 puntos por James Suckling, puntaje perfecto que lo convierte en uno de los vinos más reconocidos del planeta. Y junto a él, el Chardonnay Patagonia 2025, con 99 puntos en la misma crítica. Dos vinos. Una misma bodega. Un mismo pueblo en el fin del mundo.


Conversamos con Piero sobre el orgullo de llegar a la cima, sobre el equipo que hizo posible este logro, sobre el camino recorrido y sobre Patagonia, "un lugar donde se puede hacer un bueno de enorme calidad". A continuación, la entrevista completa:


Bodega Chacra acaba de recibir 100 puntos por su Pinot Noir Treinta y Dos 2025 y 99 por su Chardonnay Patagonia 2025. ¿Qué sintió cuando supo que dos vinos de la misma bodega alcanzaban simultáneamente esas calificaciones?
Estamos muy honrados y pienso que es un gran orgullo para el equipo, que fue el verdadero protagonista de la historia de este puntaje. Es un trabajo de equipo. Fue realmente un gran honor.
Mucha gente puede pasar toda una vida entera de enólogo y nunca recibirlo. Son muy pocas las personas que reciben 100 puntos. Entonces, es algo muy precioso, y estamos orgullosos por Chacra, por Mainqué, por Río Negro y, obviamente, por Argentina.

Usted recorrió Borgoña, Oregón, California e Italia antes de elegir el Valle de Río Negro. Hoy, con estos reconocimientos en mano, ¿diría que la Patagonia ya puede sentarse a la misma mesa que esas regiones históricas?
Obviamente, Mainqué y la Patagonia están escribiendo su historia. Poco a poco la Patagonia está ganando más visibilidad en el mundo y tiene un terruño muy distintivo, donde el rey es el microclima: una baja humedad, un viento constante, una enorme luminosidad.
Entonces, la suma de todos estos factores que los franceses llaman el terroir, en Mainqué, en mi opinión, se expresa de una manera absolutamente brillante, única. Y es el principio de un largo camino.
Pero nosotros estamos mucho más concentrados en el trabajo diario, en el placer del trabajo diario, y no intentamos compararnos con nadie. Nosotros somos brutalmente argentinos, brutalmente patagónicos y brutalmente de Mainqué. Entonces, cualquier otra comparación pienso que podría diluir un poquito nuestra identidad.

l Pinot Noir Treinta y Dos 2025 recibió puntaje perfecto. ¿Qué tiene esta añada en particular que la hace diferente a las anteriores?
El 2025 fue una añada prácticamente perfecta. Tuvimos una floración muy buena, muy uniforme. Y además, sin demasiados calores, aunque nosotros cosechamos siempre bastante temprano para poder capturar los aspectos más florales y más crocantes de la expresión del Pinot que nos gusta a nosotros. Y el resultado de veinticinco años de un trabajo meticuloso de la viña, de los suelos, de la poda, pero también atrás hay toda la preparación biodinámica.
Entonces, la suma de todos estos elementos hace que el 2025 fuera una añada casi, diría, perfecta para nosotros, pero, de nuevo, el equipo, que es siempre el protagonista, supo interpretar de una manera absolutamente fiel la identidad de nuestra parcela de Mainqué… Y tuvimos la suerte de que los críticos están reaccionando muy bien; estamos muy orgullosos de eso.

En una charla anterior describió a sus vinos como "gastronómicos", pensados para acompañar y no para protagonizar. ¿Cree que los críticos internacionales están empezando a valorar ese estilo más delgado y floral frente a los vinos más poderosos y alcohólicos?
Pienso que no solamente los críticos están valorando estos vinos, pienso que el protagonista es el consumidor. Creo que en Chacra, además, es un consumidor a veces más femenino que masculino. Son vinos que normalmente están entre 11 y 12% de alcohol, son más florales, no son vinos concentrados o extraídos, ni con demasiada madera... Entonces, pienso que al ser vinos donde no hay prácticamente ningún producto químico, son extremadamente fáciles de tomar, muy gastronómicos… Pero también son vinos que no te dan ningún tipo de resaca, entonces se pueden tomar tranquilamente y dan espacio para conectarse el uno con el otro y compartir un buen momento…
No hay que olvidarse de que el vino es cultura. El desafío de nosotros al día de hoy es poder no solamente intentar extraer en forma líquida una interpretación muy fiel de la parcela, en su comunión de la planta y el suelo, sino también interpretarlo de una manera que pueda mejorar tu comida y darte alegría, y poder conectarte con otros humanos.

Los críticos observan este fenómeno, observan esa costumbre que tienen hoy los jóvenes. La comida normalmente, en forma general, a nivel global, es más liviana. Se utiliza menos manteca, hay menos comida frita, hay un poquito menos de carne —aunque eso, capaz, no podemos contarlo en Argentina porque es una gran tradición de carne excepcional—. Entonces, si tienes un vino con 14 o 15 grados de alcohol, te destruye esta comida liviana, porque el vino domina y tu paladar, al ser dominado por un vino tan poderoso, no tiene mucho espacio para poder aprovechar los gustos de la comida más liviana. Entonces, los críticos están notando este cambio de costumbres.
Es importante agregar que nosotros no estamos haciendo nada nuevo. Si ustedes van a mirar el nivel de alcohol de los vinos que se producían en Europa y también en Argentina en los años treinta o cuarenta, se van a dar cuenta de que el alcohol en esas añadas era muy bajo. Muchas veces, los campesinos tenían un poquito de miedo de dejar la uva en el viñedo porque temían perder la producción por granizo, por ejemplo. Entonces, había la tendencia de cosechar un poquito antes. Nosotros no inventamos absolutamente nada nuevo, estamos volviendo a la manera tradicional de hacer el vino. Y pienso que eso también es bienvenido porque no hay que intervenir con una cantidad de químicos que normalmente se utilizan para estabilizar los vinos que tienen el alcohol más alto. Ganamos todos.
Se nota de una manera universal, en la Toscana como en Francia, que todos los productores están justamente cambiando la práctica agrícola para poder cosechar un poquito más temprano y tener vinos más livianos.

El Pinot Noir Treinta y Dos tiene fecha de lanzamiento en 2027. ¿Qué desafío implica pedirle al mercado que espere dos años por un vino ya premiado hoy? ¿Está la bodega preparada para responder a una demanda que puede dispararse de golpe con producciones artesanales y acotadas?
Ya tuvimos distribuidores que quieren reservar vinos. Ahora estamos en un trabajo de comunicación contactando a quienes les vendemos anualmente para garantizarles que van a poder recibir lo acordado.
Para poder intentar demostrarle al pueblo argentino un poquito de nuestra gratitud por seguirnos durante los años y acompañarnos, nosotros, en forma excepcional, vamos a ofrecer una pequeña cantidad de estos vinos a clientes, con un año de anticipo. Es una manera de decir gracias.
Chacra es una bodega familiar, de carácter artesanal. Entonces, nosotros no aumentamos la producción. El objetivo es mejorar todo lo que podemos cada año e intentar siempre interpretar la añada de la mejor manera posible. Entonces, estamos preparados en el sentido de que no vamos a aumentar el volumen; hay lo que hay.

El viñedo de donde nacen estos vinos fue plantado por inmigrantes y estuvo a punto de ser arrancado. ¿Qué significa para usted que esa misma tierra hoy produzca un vino con puntaje perfecto a nivel mundial?
Para nosotros fue algo muy interesante, pero también muy emotivo, haber tenido la responsabilidad de volver a trabajar un viñedo que estaba casi abandonado y donde la viña estaba en una condición muy mala. Fue un desafío que tenemos hasta hoy. Volver a trabajar viñedos muy viejos necesita una inversión económica enorme, pero también un enorme trabajo con un compromiso diario y con esfuerzo de carácter artesanal, porque hacemos todo a mano. En Chacra no hay mecanización, y todo se hace con mucha atención. Tenemos un gasto de manejo enorme por hectárea, porque, al no utilizar herbicidas ni pesticidas, y al no utilizar una cosecha industrializada, el trabajo es muy duro y muy lento.
Entonces, fue un enorme compromiso, con enorme esfuerzo y una enorme inversión, pero nos gusta muchísimo poder ser parte de este camino. Obviamente, es un desafío enorme que requiere mucha resiliencia y mucha paciencia, pero con un equipo muy bueno llegamos a poder restaurar estos viñedos en su mejor estado. Entonces, es un orgullo para mí poder tener un equipo tan bueno y poder hacer este tipo de trabajos.
El valor simbólico también es muy gratificante: poder demostrar que lo viejo no es malo, que es bueno, que las tradiciones se pueden recuperar. Y también es un poco una demostración de que los mejores vinos son hechos de los viñedos más viejos. Podemos entonces hacer un paralelo muy interesante entre los humanos y la viña, en el sentido de que, al día de hoy, donde se mira mucho a los jóvenes, es primordial no olvidarse del valor de una persona mayor, muy sabia, que puede aportar enormemente a la sociedad de hoy.

En una entrevista anterior me dijo que el mercado global del vino se va a contraer en los segmentos más accesibles, pero crecerá en el segmento alto. ¿Eso convierte a la Patagonia en una oportunidad estratégica justo en el momento correcto?
Pienso que las oportunidades existen en forma constante, en forma diaria. Después, el humano es quien tiene que entender que puede capitalizarlas y transformar esta realidad en un hecho. Entonces, será la historia y la voluntad de los habitantes de la Patagonia lo que determine el éxito de esta región. Algo es seguro: en la Patagonia, en el Alto Valle, se puede hacer vino de alta calidad.
En un pueblo como Mainqué, Bodega Chacra ganó dos veces un reconocimiento de 100 puntos, una vez el premio al mejor vino del mundo, y varias veces obtuvo 99 puntos —tanto con el Pinot como con el Chardonnay—, y todo esto me hace pensar que Chacra es una demostración práctica y pragmática de que es un lugar donde se puede hacer vino de enorme calidad. Y el mercado reconoce eso en Chacra.
Ahora, si lo hace Chacra, lo puede hacer cualquiera. Entonces, obviamente pienso que si ya hay una pequeña empresa como Chacra que llega a tener dos veces 100 puntos en 8 años —que es el mejor vino del mundo—, no veo por qué no hay una oportunidad enorme para cualquier otra persona que quiera venir, invertir y trabajar para poder recibir el mismo tipo de puntaje.
Entonces, las oportunidades existen; necesitamos individuos que tengan motivación y ganas de poder realizar algo similar a lo que hicimos nosotros, sea con la misma cepa u otra.

¿Cuál es el próximo capítulo que quiere escribir para Bodega Chacra?
El próximo paso para la bodega es simplemente el trabajo de todos los días, con mucha concentración, mucha precisión, mucha conciencia. Intentamos expandir nuestra conciencia diaria para siempre poder capturar de la forma más limpia, más natural y más autóctona la expresión de nuestra parcela de Mainqué.
Entonces, para nosotros nada cambia. Seguimos trabajando, seguimos poniéndole muchas ganas, mucho esfuerzo, enormes sacrificios, e inversión humana y económica para poder volver a la cancha y siempre hacer lo mejor que se puede hacer en este magnífico pueblo de la Patagonia.

Piero Incisa della Rocchetta recorrió medio mundo buscando el lugar donde el Pinot Noir pudiera dejarnos sin palabras. Lo encontró en pueblo patagónico, en un viñedo casi perdido, y con un equipo dispuesto a trabajar la tierra con las manos. El resultado no es solo un puntaje perfecto, es la confirmación de una intuición que él defendió durante años. La Patagonia ya no es una promesa. Es una certeza. Y Mainqué acaba de escribir una de las páginas más grandes de la historia del vino argentino.


Publicado en MÁS PRODUCCIÓN de La Mañana de Neuquén.

https://masp.lmneuquen.com/vinos-patagonia-100-puntos-chacra-pinot-noir-mainque

sábado, 9 de mayo de 2026

Día mundial del Moscato. La cepa multifacética que destaca en distintos estilos.





Día mundial del Moscato.

La cepa multifacética que destaca en distintos estilos.

En Argentina, y en el mundo, se celebra el 9 de mayo el día del Moscato, como se conocen en nuestro país los vinos elaborados con cualquiera de las uvas Moscatel.

La familia de las uvas Moscatel incluye unas doscientas variedades de Vitis vinífera, por lo que se sugiere que puede ser la variedad de uva cultivada más antigua. Como su nombre sugiere, se cree que esta variedad es originaria del norte de África y fue diseminada posteriormente por todo el Mediterráneo por los romanos. Debido a esta propagación, también es conocida con muchos nombres según su lugar de cultivo, como Moscatel de Alejandría, Zibibbo, Moscatel de Málaga, Romana, Gorda, Muscat y Muscatd’Alexandrie.

La Moscatel de Alejandría fue también una de las primeras uvas que ingresaron a Sudamérica, hace más de 500 años, siendo conocida en Argentina como Moscatel Blanco o Moscatel sanjuanino en la región de Cuyo. Como ya he explicado en mis notas sobre uvas criollas,a su vez es progenitora de varias uvas criollas originadas en Argentina, como el Torrontés riojano, por cruzamiento espontáneo con la Criolla Chica.

Sus racimos son grandes, bastante sueltos, y las bayas son de buen tamaño, con pulpa carnosa y firme, de color amarillo pálido a verdoso, con gran poder aromático y un característico perfume amoscatelado, además de un alto contenido de azúcar. Se desarrolla muy bien en zonas soleadas.



Es una uva blanca muy difundida y versátil que se utiliza para la producción de vinos blancos tranquilos, así como para espumosos y licorosos. Sin embargo, mayormente se emplea para la elaboración de vinos dulces, con aromas potentes, elegantes y florales. Se utiliza también para la elaboración de pisco en Chile y Perú y es la principal variedad de uva en la producción del vino espumoso italiano Asti (también conocido como moscatel Asti), elaborado en la región del Piamonte.

Por otra parte, también ha sido destinada al consumo como pasas y uva de mesa, muy apreciada por su sabor, pulpa firme, hollejo de espesor medio y resistencia al transporte. En este sentido, fue una de las variedades más importantes de San Juan durante décadas en el mercado interno para consumo en fresco.

El vino Moscato o Moscatel fue incorporado por el INV a la Ley General de vinos Nº14.878 en el año 2012, definiéndolo como el producto obtenido a partir de la fermentación de uvas frescas que proviene, al menos en un 85 %, de las variedades Moscato Bianco o Muscat blanc, Moscatel de Alejandría o Zibibbo, Moscatel amarillo, Moscatel rosado, Moscatel de Hamburgo y Moscatel Giallo.

En Buenos Aires, se popularizó a partir de los años 30 una versión de vino Moscato elaborado por Crotta, con agregado de alcohol vínico y mosto concentrado para obtener un grado de alcohol entre 15º y 16º y un contenido de azúcar entre 80 y 90g/l, que da un vino dulce y afrutado. Hoy continúa siendo un vino muy vendido que se ofrece en botellas de 930 cc y hasta en damajuanas.


Esto tiene una clara explicación ya que se ofrecía (y ofrece) por copa (en realidad en vaso o en jarra pingüino) en las tradicionales pizzerías de la calle Corrientes e incluso dio nombre a una famosa canción de la banda Memphis la blusera: “Moscato, pizza y fainá”.

Pero hay muchas otras marcas que ofrecen Moscato, entre las más conocidas El Abuelo o Florio, y que compiten con Crotta en ese atractivo mercado, con valores de la botella de 930 cc que oscilan de 8 a 10 mil pesos.

Pero ojo, porque ese destino nacional y popular, mayoritario de la Moscatel en la Argentina, no exime que algunas bodegas se hayan visto limitadas a elaborar con ella vinos de ese estilo. El enólogo Pancho Bugallo, socio de Sebastián Zuccardi en la bodega sanjuanina Cara Sur, elabora Cara Sur Moscatel Blanco Parcela El Duraznero (85 mil $) el vino que considera es, probablemente, el que tiene más potencial de guarda de todos los que hace, afinándose mucho en botella y dejando de lado su estandarización como Moscatel para resultar en un vino blanco salino y mineral, con mucha profundidad. La cosecha 2021 obtuvo 94 puntos Parker.


Pancho opina que esta variedad blanca puede dar grandes vinos si está en el lugar indicado y se tienen en cuenta todos estos aspectos de la viticultura. Lucia Vairetti, enóloga de Catena Zapata a cargo del Alamos Moscatel de Alejandría (10 mil$), un blanco dulce es muy exitoso desde su lanzamiento hace más de 10 años, destaca que este vino le trae recuerdos de su infancia, porque sus abuelos maternos vivían en una finca en Lavalle (Mendoza) y tenían el parralito en la galería de su casa con uvas Moscatel. Ese aroma intenso y floral que se percibe cuando las uvas están maduras lo recordamos muchos, porque era una uva que típicamente los inmigrantes ponían en un parral para dar sombra en las casas y comer sus ricas uvas en verano.

Catena Zapata ofrece también el La Marchigiana Moscatel (20 mil $) hecho en tinajas bajo ancestrales técnicas naturales de vinificación y sin agregado de sulfitos. Por su parte, Aleanna, la bodega del enólogo Alejandro Vigil, tiene su Amiguito Moscatel (26 mil $) y hasta la bodega Chacra, que elabora en Rio Negro varios vinos de altísima gama tiene su Moscato, claro que no a 10 o 20 mil pesos, sino a 50 mil.


Si te entusiasmaste con el Moscato y querés festejar su día, podes buscar y comprar estos vinos o, los muchos vermouths que se elaboran con ella, y descorcharlos en tu casa. O mejor aún, salir a celebrar en algunos de los locales gastronómicos que se sumaron a la movida (info provista por Gastonomique Prensa y Comunicación):

Moscato de regalo para celebrar en Casa Bellucci.

Casa Bellucci es una casa de pastas y pizzas artesanales con moscatería que retoma una tradición porteña y la resignifica en clave actual. La apuesta se centra en el moscato como eje, un vino históricamente vinculado a la cultura local desde los años 30 y 40, que aquí se trabaja en distintas expresiones: desde versiones clásicas —tintas, blancas y espumantes— hasta su integración en cócteles y preparaciones de la carta. En este sentido, el moscato no sólo se ofrece por medida, sino que también funciona como base para tragos, aportando dulzor natural y perfil aromático, además de incorporarse en recetas a través de reducciones o combinaciones con miel. La propuesta gastronómica acompaña esta lógica con platos pensados en diálogo con ese perfil, desde pizzas al molde y pastas caseras hasta postres donde el vino aparece como parte del desarrollo, como el tiramisú. Con motivo del Día del Moscato, el próximo sábado 9 de mayo, durante toda la jornada, el restaurante obsequiará  un vaso de esta bebida a quienes visiten el lugar, reforzando su rol central dentro de una propuesta que busca reposicionar este varietal en la escena gastronómica porteña.


Dirección: Del Barco Centenera 1699, Parque Chacabuco.

Instagram: @casabellucci.ba

Botella de Moscato Momenti de obsequio en la Casa Blanca de Habana.

Para celebrar el Día del Moscato, La Casa Blanca de Habana, en Villa Pueyrredón, propone una acción especial que combina tradición y espíritu festivo: durante la noche del sábado 9 de mayo cada mesa que cene en el local recibirá de regalo una botella de Momenti —su moscato propio elaborado junto a la bodega Foster Lorca— para llevar, entregada al momento de la cuenta como obsequio de cortesía. Este vino dulce natural, de perfil joven y equilibrado entre acidez y dulzor, se sugiere para acompañar pizzas más intensas como la de mozzarella, cuatro quesos o la azul, con base de crema y cebollas. Para completar esta experiencia bien porteña, la recomendación es sumar una fainá —con toppings como tomates confit, rúcula o cebolla morada— y recrear así el clásico trío de moscato, pizza y fainá.


Dirección: Nazca 4301, Villa Pueyrredón.

Instagram: @lacasablancadehabana

Moscato para elegir en Casa Planes

La cocina porteña y 100% casera encuentra su espacio en Casa Planes, el nuevo proyecto culinario de los chefs y empresarios gastronómicos Guillermo Busquiazo y Cabito Massa Alcántara, en el barrio de Caballito. Cuenta con una propuesta para todo el día, con opciones de desayuno, brunch, almuerzo, merienda y cena, en un ambiente relajado e informal, para disfrutar de una pausa en la ciudad. Además, cuentan con algunas de las versiones más populares de Casa Bellucci, otro de sus emprendimientos, especializado en moscatería y pastas artesanales. Así como ofrecen Moscato de Verano, que lleva moscato tinto infusionado con almíbar de moscato, agua tónica y albahaca, decorado con una rodaja de naranja en su presentación, también se pueden pedir moscato tinto y blanco, ideales para acompañar con sus platitos, como las empanadas de carne a cuchillo, la fainá de ricotta con mortadela y rúcula y el mbejú de gorgonzola, entre otras creaciones de la carta.


Dirección: Planes 1400, Caballito.

Instagram: @casaplanes.ba

En botella o en formaro cocktail en el Bodegón de Kimberley

En Villa Devoto, el bodegón de Kimberley se suma a la celebración del moscato con Momenti, la etiqueta de la casa, que se puede disfrutar tanto en botella como en versiones más descontracturadas, como el Moscatoni —con Sprite— o el Momenti Spritz, con agua tónica. De perfil dulce y con una acidez equilibrada, este vino se presenta como un gran aliado de los sabores intensos, por lo que desde la casa se sugiere acompañarlo con quesos y clásicos del menú como las muzzarelitas, la provoleta —en sus distintas variantes— o milanesas en versiones contundentes, como la napolitana o fugazzeta, logrando combinaciones que resaltan el espíritu bodegonero de la propuesta.

Dirección: Joaquín V. González 3238, Villa Devoto.

Instagram: @restaurant_kac

Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/

https://angelyvino.blogspot.com/2026/05/dia-mundial-del-moscato.html

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sábado, 2 de mayo de 2026

Ribera del Cuarzo: origen y presente (nota 2) - Los viñedos de Ribera del Cuarzo (nota 3).

 


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Ribera del Cuarzo. Nota 2.

El origen, su presente y un venturoso futuro.

En esta segunda nota sobre la bodega (leé la primera acá) te cuento cómo se inició esta etapa al mando de Felipe Menéndez y un hito reciente, que puso su Merlot icono entre los más caros de la Argentina. 

Felipe Menéndez conoció a la familia Catena desde muy joven, cuando su hermana mayor y Adriana, la hija de Nicolás Catena, compartían en Buenos Aires el pool para ir al colegio. Fue por lo que, al llegar a los 19 años, se animó explorar un rumbo profesional distinto al de la empresa naviera familiar de los Menéndez (que desde 1892 une por mar el trayecto Buenos Aires - Tierra del Fuego, transportando todo lo que la isla pueda necesitar) y que, como hijo varón mayor, parecía tener predestinado. La relación con los Catena le dio la oportunidad de comenzar a trabajar en Catena Zapata desde muy joven y pasar por distintas áreas de esta.

Su historia con Valle Azul nació en el año 2008, cuando participando en un comité de cata a ciegas, notaron un vino muy particular que los deslumbró: se trataba de un Malbec que producía Noemí Marone Cinzano. Pidieron al doctor Nicolás Catena que lo probara, lo calificó de "exótico" y acordaron que había que ir a explorar el lugar. 

El jueves siguiente, Felipe y el enólogo Ernesto Bajda, se encontraban recorriendo el terreno. Les llamó inmediatamente la atención que en la ribera de las bardas el suelo parecía parpadear con brillos por doquier. Esos brillos eran provocados por el reflejo del sol en las innumerables partículas de cuarzo y, ahí mismo, rebautizaron el lugar como Ribera del Cuarzo.

Aunque no me lo dijo, intuyo que Felipe debe haber sentido, en algún lugar profundo de su corazón, que su conexión con este lugar no se iba a quedar ahí.

Es que los Menéndez tienen una fuerte conexión con la Patagonia y también con el vino ya que, a pesar de haber vivido siempre en Buenos Aires, su familia cuenta con raíces desde el lado materno con los fundadores de Concha y Toro en Chile (Casa Pirque, la distribuidora de vinos de alta gama también de su propiedad, tiene ese nombre en honor a la casa de esa bodega ubicada en Pirque, que la familia vendió hace pocos años).

Es notable la soltura con que Felipe se maneja en el campo, lo hace "como en el patio de su casa", a pie o montando sus propios caballos, en los que disfruta con sus hijos recorrer la inacabable Patagonia. Y hasta ha llegado a navegar en bote el caudaloso Río Negro, llegando a su desembocadura en el océano Atlántico.

Por eso, su manejo de la finca (a partir de 2018 administró y luego selló un acuerdo de compra de la propiedad de 180 hectáreas con Noemi Marone Cinzano, para luego ampliarla en 2021 con otras 360 hectáreas más) lo realiza con toda esa sensibilidad adquirida explorando campos, bardas, montañas y ríos, buscando ser cuidadoso y respetuoso de la naturaleza del lugar y enfrentando naturalmente los desafíos. Como los que presenta la fauna local para los viñedos: lidiando con jabalíes -que en pocos minutos pueden destrozar un viñedo al correr en jauría intentando escapar de un puma cazador- aprendiendo a desviar sus recorridos de los viñedos con sutiles alambres (no alambrados) que estos animales rápidamente detectan y, por su instinto, eligen alejarse del peligro del ser humano.

En cuanto al manejo de los viñedos, muy pronto se dio cuenta de que las condiciones que ofrece el Valle Azul hacían más lógico acariciar el viñedo con prácticas orgánicas y biodinámicas, que aporrearlo con agroquímicos, logrando rápidamente su certificación orgánica.

Ello conlleva varias decisiones: en vez de tratar de frenar el viento con paredones de álamos, práctica común en la zona, aquí los viñedos son bañados por los vientos, brindando condiciones de sequedad que son una forma natural de evitar que prosperen las plagas. Las consecuencias mecánicas de los fuertes vientos se controlan, en cambio, con las redes que también pueden proteger de un eventual granizo y aplacar la potencia del sol en verano.

El carbonato de calcio, llamado barniz patagónico, florece naturalmente en los suelos donde se lo observa formando "pátinas blancas", notablemente apreciables en la estribación de la barda y en muchas de las piedras que se ven en el suelo y dan nombre al primero de sus vinos blancos, un Sauvignon Blanc.

Además, elaboran en Mendoza los Cuchillo de Palo, una línea de vinos más accesibles, para la cual también se envían las uvas de estos viñedos que no se utilizan para Ribera del Cuarzo, que se suman a las uvas de Mendoza.

La anécdota que reafirma el lugar actual de Ribera del Cuarzo.

A partir de 2019 decidieron, cada año, separar dos o tres de las mejores barricas para realizar un corte como vino ícono: “nuestro absoluto”. En un viaje de negocios a Shanghái, Felipe decidió llevar una botella a la cena en la que había sido invitado por Mr. Lee (empresario chino que había conocido por la actividad naviera, quien ya había venido a la Argentina y conocía su bodega). En esa velada visitó su impresionante cava, llena de los vinos más caros del mundo, algunos de los cuales fueron servidos en la mesa. Dudó en presentar su botella, que ni siquiera tenía aún etiqueta, pero finalmente el Merlot patagónico fue derramado en las copas.

De regreso a la Argentina, reciben aviso del banco del ingreso de una transferencia bancaria por un monto muy importante. Pensaron que podía ser un error, pero el banco les confirmó que el origen era Mr. Lee, quien tenía la cuenta por una operación anterior. Había decidido unilateralmente comprar todo el vino poniéndole precio -sin consultar- de 1.000 USD la botella. Bonita suma, que se aprovechó para comprar un tractor y maquinaria para la bodega y le otorgó a Ribera del Cuarzo un lugar entre las pocas bodegas argentinas capaces de vender en primeur (antes que se lancen al mercado). Aceptaron venderle la mitad de la producción (300 botellas) que aun descansan en la cava de la bodega.

Dicen que en la vida no hay casualidades, sino causalidades. Y la historia de Felipe Menéndez con su bodega Ribera del Cuarzo, parece ser una prueba de ello. No te pierdas las dos úlltimas notas de esta saga.

La barda es protagonista.


Felipe José Menéndez.

El viñedo entre la barda y el río.

Pátinas de carbonato de cálcio.

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Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/

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https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/ribera-del-cuarzo-origen-y-presente.html

Nota 1 publicada en CEPAS de ARGENTINA.

https://cepasargentina.blogspot.com/2026/04/conociendo-ribera-del-cuarzo-el-angel.html

Ribera del Cuarzo. Nota 3.


Los viñedos de Ribera del Cuarzo.

 Ribera del Cuarzo. Nota 3.

Los suelos y sus viñedos patagónicos

Si venís siguiendo esta saga, ya conociste esta bodega patagónica que sorprende a todos y también cómo se inició esta etapa al mando de Felipe Menéndez. Acá pasamos a lo práctico y vamos a fondo con los viñedos

Al día siguiente de llegar, luego de desayunar, nos alistamos ataviados con botas de trekking y dispuestos a ingresar por uno de los tres cañadones que bajan de la meseta sur hacia la propiedad. Esos cañadones se producen por el normal drenaje de las lluvias -unos 200 mm al año- desde la meseta hacia el río, donde emprenderán fluido viaje hacia el Atlántico sur.

Los cañadones son sumamente importantes para entender la conformación de los suelos de la finca, porque permiten ver todos los tipos de rocas que las conforman, así como la acción de la fuerza del agua, que cuando baja las despedaza y las hace llegar al valle con distintas granulometrías. Entre ellas se encuentra una muy particular, que es la que notaron Felipe y su compañero de exploración Nesti Bajda, cuando llegaron en 2008 por primera vez al lugar: el cuarzo.



Subimos al mirador ubicado en la estribación de la barda, detrás de la casa de la finca, desde donde se ven los viñedos, repartidos en sectores: el original, de forma rectangular y cinco hectáreas, plantado en el año 2005 por la Condesa Noemí Cinzano y Hans Vinding Diers (hoy Noemia), con población de cepas traídas desde Catena Zapata. Otro triangular, más grande, un poco más alejado al oeste y el más nuevo, que suman 22 hectáreas plantadas en 2022 que surgen de una selección masal realizada con esquejes del primer viñedo, en un vivero propio que dio buen resultado, ya que el Merlot que en cambio vino en macetas del vivero Marchiori, sufrió mucho replante posterior, pero el Malbec “criado” localmente se desempeñó muy bien, al ya estar adaptado.

Desde la altura se observa que, salvo estas manchas de viñedo, todos los campos alrededor ubicados desde el río hacia la barda no se utilizan, están vírgenes, por lo que el potencial de crecimiento es enorme, solo hay que traer agua con acueductos o hacer pozos para absorber agua de río subterránea, al pie de la barda, ya que los canales de riego existentes (que en su momento permitieron convertir el desierto en un vergel) no alcanzan estas zonas.


Entonces, los mayores costos son el riego y también la lucha contra las heladas. Están a mitad de camino (a 300 km) entre el mar y la cordillera; y las heladas se producen cuando entra el viento sur desde la cordillera y en ésta hay mucha nieve. En la temporada 25/26 no hubo heladas, pero en la 24/25 tuvieron nada menos que catorce, que implicaron un gasto enorme en fueloil además de hacer perder la cosecha del Merlot, la cepa que más lo sufrió.

El ingeniero agrónomo, desde 2023, es Fernando Enfarrell un mendocino con amplia experiencia, que trabajó en Viña Cobos y llegó al Valle del Río Negro en 2018. La enóloga residente es Eugenia Herrera (a quien conocí en su etapa anterior en Bodega Aniello), con bastante experiencia elaborando vinos en la zona. Cuentan, además, desde el principio, con el asesoramiento enológico de Ernesto Bajda.

Francisco dice que cuando llegó al valle se apoyó mucho en la gente que conocía el lugar, porque debió dar un giro de 180° respecto a lo que conocía de su Mendoza natal. “En esta zona de la barda es importante sentarse, ver el viñedo y también caminarlo para poder interpretarlo. Acá tenemos la oportunidad de lograr ver todo lo que tiene de distinto".

Francisco Enfarrel, Eugenia Herrera, Felipe Menéndez y Rosario Langdom.

Los suelos del viñedo Araucana son predominantemente eólicos, moldeados meticulosamente a lo largo de incontables eras por la erosión del viento sobre una base de origen fluvial y aluvional, sin embargo, en la parte alta de las bardas tienen la composición original, de 33 millones de años, con depósitos de crustáceos marinos de la época en que los océanos (primero el Pacífico y luego el Atlántico) cubrieron la zona, antes del surgimiento de la cordillera. Hay rocas magnéticas, metamórficas y sedimentarias, estas últimas compuestas por arenisca y calcio, consolidadas con restos marinos, que son positivas para la viña. Abajo, a la altura del río, los suelos son de “tan solo” 5.000 años.

"Acá las plantas no se enferman, generan resistencia natural y no necesitan agroquímicos, ya que los suelos tienen naturalmente potasio y fósforo. Las raíces generan ácidos que penetran en el suelo y disuelven esos carbonatos aprovechando los nutrientes que tiene la roca. Por eso, tratamos de reducir al mínimo las labores culturales, realizando la menor intervención", explica Fernando.

Ángel Ramos en el viñedo Araucana.

Corre viento constantemente, llueven tan solo 200 mm al año y en verano se alcanzan 16 horas de luz diurna. Plagas no hay, porque las polillas y las mosquitas del vino no resisten el frío nocturno, además de estar aislados de las zonas afectadas, desde donde podrían llegar. La sanidad de los viñedos es uno de los aspectos más notables en la región.

Toda la superficie del viñedo tiene corredores biológicos que generan una circulación libre y natural de flora y fauna permanente, que también se beneficia por la situación de aislamiento de la finca, sin otros cultivos circundantes. 


El agua, el otro componente esencial para poder hacer el vino, llegaba originalmente desde un acueducto practicado para el primer viñedo, pero para las ampliaciones de estos se necesitaba asegurar otra fuente más segura. La respuesta la dio un rabdomante local: Facundo Catriel, quien después de un día caminando la reseca tierra de jarillas y piedras sosteniendo horquetas de rama de sauce, logró detectar el lugar exacto para hacer un pozo y extraer agua de un brazo subterráneo del río, que sospechaba estaba allí. Esa agua se suma a la del acueducto y hoy nutren, en conjunto, los viñedos.

Orgánico y biodinámico.

Poseen certificación orgánica Demeter y trabajan de manera biodinámica, aunque prefieren no ponerlo en las etiquetas ya que lo hacen por filosofía propia y no tanto por motivos comerciales.

Aplican preparado 501, con cuarzo (silicio) que mejora la fotosíntesis de la planta y ayuda a resistir las heladas a través de la generación de geles en la misma. El preparado 500, que se prepara insertando en cuernos de vaca la bosta de ese mismo animal, sirve para trabajar las bacterias lácticas sobre el material. Los cuernos se entierran durante un año, para sacarlos en el momento necesario, solubilizar su contenido en agua y distribuirlo en el terreno de la vid.


Es importante el trabajo de verdeos, llamados cultivos de servicio, plantando centeno y vicia orgánicos. El centeno tira raíces profundas, crea estructura y ayuda a subir los nutrientes hacia la zona de la raíz de la vid. La vicia, por su parte, fija nitrógeno. Elaboran su propio compost, con guano de chivo, orujo y escobajo de la bodega.

"Es sencillo hacer el trabajo orgánico y biodinámico en este lugar, llevamos tres años con estas prácticas".


Tienen Malbec, Merlot y media hectárea de Petit Verdot en el viñedo original (que, ubicado sobre la ladera sur de la barda es único en el Valle con orientación sureste - noroeste). La mitad se utiliza para la línea Araucana y la otra mitad para la colección Ribera del Cuarzo parcela única, y en los otros viñedos Malbec, Merlot y Pinot Noir.

El viñedo Araucana tiene orientación este, un poco más alejado de la barda y además adquieren uvas a otras propiedades en la zona histórica del Valle Azul, entre las que se encuentran 16 hectáreas pertenecientes a Celestino (plantadas en 2002) y 8 hectáreas a Piano.

Viñedo Finca La Medialuna, de Celestino.

Son dos viñedos que se trabajan orgánicos, con los cuales han realizado un contrato de diez años. También con uvas de un viñedo en Luis Beltrán, perteneciente a la familia Ponco, que es original plantado por Chandon, cuando vino a la Argentina en los años 50, se trae también un Chardonnay.

Ribera del Cuarzo explora los antiguos suelos de más de 30 millones de años, obteniendo de ellos una pureza y delicadeza que se notan mucho en sus mejores vinos. Pero no se conforman solo con eso, exploran viñedos vecinos y suman la diversidad de la zona, para brindar un abanico de vinos que poco a poco se van convirtiendo en indispensables para entender la región.   

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