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jueves, 22 de diciembre de 2022

Los nombres del vino, una curiosa historia mendocina.

 Por Victoria Bibiloni Abbona.

Los inmigrantes que llegaron a Mendoza y comenzaron a hacer sus propios vinos provenían desde diferentes lugares del mundo. Italianos y españoles eran el grupo más numeroso. La tierra mendocina era un ámbito propicio para los emprendimientos vitivinícolas. Por eso, miles de extranjeros vieron aquí la oportunidad de subsistir a través de la industria y la cultura del vino. Cada uno de aquellos inmigrantes le dio a su emprendimiento un nombre en particular, uno que le diera a cada vino una identidad única. Algunos de esos nombres eran homenajes al lugar de origen de los productores, otros, buscaban sintetizar la idea de progreso que les inspiraba la Argentina. Algunos, se encomendaron a su religión y sus creencias para nombrar a sus bodegas mientras que otros inventaron nombres de fantasía. En esta nota te contamos cuáles son esos nombres que hicieron de los vinos mendocinos productos únicos en el país.

El uso de etiquetas para el vino.

Fue a principios del siglo XX cuando en el país se comenzó a normalizar el uso de etiquetas en el vino. El objetivo de que tenían eran poder diferenciar un vino del otro y todas tenían más o menos los mismos datos. Sobre un círculo que se colocaba sobre la cara superior de los barriles se mencionaban tres datos fundamentales: el nombre de dueño, el de la bodega y el de la marca. A veces estaban esos tres datos, a veces solamente uno. En el medio, también solían tener dibujos alusivos a la identidad del vino o a la cosecha.

La etiqueta del vino producido en La Udinesa, la colonia friulana de General Alvear, Mendoza.

Los nombres en honor a Cuyo, una forma de indicar la procedencia del vino.

Con el objetivo de dar cuenta de dónde venían sus vinos una vez que estos entraban en el circuito comercial, varios inmigrantes los denominaron alusivos a diferentes lugares de Cuyo, especialmente, a aquellos donde tenían sus bodegas. Fue así que Bernardo Martínez desarrolló la marca “Chacras de Coria” y los hermanos Emilio y Mario Videla “El Algarrobal” y “Panquegua”. Mientras tanto, en Guaymallén, los hermanos Tomba nombraron a una de sus vinos”El Sauce” y los hermanos Dutto le dieron a uno de los suyos el nombre de “Buena Nueva”.

Algo similar ocurrió en San Rafael, cuando la familia francesa Cornú nombró a una de sus marcas como el departamento sureño y en San Juan donde la familia Graffigna comercializaba el vino “Colón” homenajeando a un departamento de dicha provincia.

El homenaje de los inmigrantes a sus lugares de origen.

Fueron muchos los inmigrantes que nombraron tanto a sus vinos como a sus bodegas haciendo alusión a sus lugares de origen. Otra vez, el primer caso que recordamos es el de Bautista Gargantini y Juan Giol dueños de “Colina de Oro” nombrada así en honor a Collina d’Oro, el pueblo suizo del que provenía Gargantini. Mientras tanto, los hermanos Wiedenbrug nombraron a su bodega “La Germania”. Los inmigrantes de origen trentino también hicieron lo propio con sus establecimientos. Por un lado, Alejandro Sartori nombró a su bodega “La Trentina” mientas que Luis Baldini y Francisco Gabrielli registraron la suya como “Trento”. Otros italianos, pero provenientes de Véneto, los hermanos, Juan y Jesús Citón denominaron “La Veneziana” y comercializaron la marca “La Adriática”. Mientras tanto, en el sur provincial, los inmigrantes friulanos llamaron “La Udinesa” a su marca de vino.

Colina de Oro era una localidad del cantón suizo de Ticino. El logo de vino Toro está inspirado en el cantón de Uri, cuya bandera tenía una cabeza de toro. “3030 R Linda Color S.A. Genève Solothurn Bern Uri Aargau Glarus Schaffhausen Neuchatel Luzern Geneve Zug Unterwalden Ticino Appenzell Thurgau Fribourg Schwyz Basel Zürich St. Gallen Valais Vaud Graubünden 27.VII.1976.” by Morton1905 is licensed under CC BY-NC-SA 2.0

En el nombre del padre, del hijo y de los hermanos.

Una de las formas más comunes de nombrar a las bodegas era utilizar el apellido de su creador. Si la elaboración era en el marco de una empresa familiar, lo usual era que el vino se nombrara con el apellido de los creadores y al lado se añadiera el grado de parentesco existente entre ellos. Pascual Toso y sus hermanos crearon el establecimiento “Toso hermanos” y algo similar había sucedido con los Tomba y los Arbillaga. Mientras tanto, también surgían bodegas como “Bodegas y Viñedos Antonio Campi e Hijos” o “Agustín Piccione e Hijos”. Otras empresas, también, utilizaban el nombre completo de su propietario, como en el caso de Honorio Barraquero, Justo Pellegrina y Miguel Escorihuela, entre otros. Muchos de esos productores se fueron asociando entre sí y le dieron origen a nuevas bodegas, como en el caso de Gargantini y Giol que crearon “Colina de Oro”.

Los nombres de animales.

Si pensamos en vinos nombrados con base en diferentes especies de animales, el primero que nos llega a la mente es el Vino Toro, creación de Bautista Gargantini y Juan Giol. Hasta hoy, inclusive, hay quienes creen que entre sus ingredientes incluía sangre de toro para darle más cuerpo y su característico color bordó. Gargantini y Giol no fueron los únicos que pensaron en animales de gran porte y potencia a la hora de fabricar sus vinos. También en Maipú, Angelo Furlotti, otro italiano, nombró a su vino comercialmente “León” mientras que Bernardo Martínez, un español, llamó al suyo “El Elefante”. En Guaymallén, mientras tanto, otra bodega de capitales italianos, la de Rópolo, Serra y Franceschini nombró a su vino “Tres leones de oro” y Virgilio Santini denominó al suyo “El Camello”.

Religión versus progreso científico.

Una de las formas más comunes de nombrar a los vinos era en relación a santos o a la idea de progreso. En este grupo había muchos emprendimientos comandados por inmigrantes quienes se encomendaban tanto a la religión como a la ciencia. Fue así que Luis Tirasso, pionero en la elaboración de espumantes en la provincia nombró a su bodega “Santa Ana”. Mientras tanto, el español Agustín Mercader denominó a su bodega “El Purgatorio” y el ruso Arón Pavlovsky fundó “La Purísima”. Como contracara, los creyentes en la idea del progreso con base en la tecnología, denominaron a sus emprendimientos con nombres asociados a la expansión territorial. En este grupo, los principales exponentes eran el italiano Arturo Dácomo, propietario de “El Progreso” y los hermanos Wiedenbrug, dueños de “El Globo”, que inicialmente se había llamado “La Germania”. ¿Conocías las historias detrás de estos nombres? Contanos en los comentarios.

Autor imagen de portada: “T O R O” by Walimai.photo is licensed under CC BY-NC-ND 2.0.

Publicado en

https://mendoza.italiani.it/los-nombres-del-vino-una-curiosa-historia-mendocina/

Imágenes:

https://mendoza.italiani.it/los-nombres-del-vino-una-curiosa-historia-mendocina/

jueves, 1 de noviembre de 2018

Fecovita invirtió USD 40 millones en una planta de fraccionamiento de vino.

Fecovita invirtió USD 40 millones en una planta de fraccionamiento de vino.

Se transformó en el establecimiento vitivinícola más moderno del mundo en su tipo. Incluye un centro de distribución, en Bodega Toro.


"Esta inversión fortalece el lazo con nuestros consumidores, que eligen a Toro como el vino de la mesa argentina desde hace más de 120 años. Toro es la marca de vino más vendida en Argentina y la segunda en el mundo, lo que representa 180 millones de unidades por año. Este vínculo refleja nuestro compromiso con todos los que trabajan día a día para hacer el vino del laburante argentino, aquel que es constante, decidido, que busca el bien común y para el que el trabajo duro es el único camino hacia la prosperidad. Por eso decimos que donde hay un laburante, hay un Toro", dijo el anfitrión, Eduardo Sancho, presidente de Fecovita.
"Trabajo en equipo, confianza e innovación constante son parte inherente de la filosofía de Fecovita. Así, apuntamos a ganar competitividad e internacionalización, en un escenario más complejo y desafiante para todos. Junto a reglas claras y previsibles, estamos seguros de que podremos, entre todos, construir un futuro más beneficioso para el país", resaltó Sancho.
Al acto oficial de inicio de operaciones de las nuevas instalaciones concurrieron el intendente de San Martín, Jorge Omar Giménez; el ministro de Economía, Infraestructura y Energía de la provincia de Mendoza, Martín Kerchner, y el secretario de Gobierno de Agroindustria de la Nación, Luis Miguel Etchevehere.
Eduardo Sancho agregó: "Es un auténtico orgullo poder concretar esta inversión que refuerza el compromiso cotidiano de los 5.000 pequeños y medianos productores integrados en nuestra estructura cooperativa, y que a su vez representan un pulmón vital e indispensable de las economías regionales de nuestro país. Inversiones de esta envergadura les permiten a nuestros productores ganar en eficiencia y competitividad para salir al mundo con el fruto de su trabajo".
Las inversiones realizadas forman parte del programa de reingeniería operativa de Fecovita y apuntan a lograr mayor productividad con impacto en toda la cadena de valor de la empresa, desde el aprovisionamiento del vino que se nuclea en Bodega Toro, con una capacidad de almacenaje de 95 millones de litros, siguiendo por el proceso productivo al incorporar tecnología de última generación y con la optimización de la logística para estar cerca de los clientes en Argentina y en el mundo.
Para la construcción de la nueva planta trabajaron más de 150 personas durante dos años, articuladas con más de 50 proveedores y contratistas, habiéndose aplicado al proyecto más de 5.000 horas de ingeniería, en una combinación virtuosa de talento, fundamentalmente mendocino.
Destacaron los dirigentes de Fecovita que "las instalaciones cumplen no solo con las últimas normativas en materia de seguridad y eficiencia ambiental, sino que dan un salto de calidad en sustentabilidad al reducir un 50% el uso de agua en el proceso productivo".
Por otra parte se han incorporado diversos dispositivos para hacer más eficiente el consumo de vapor, además de iluminación LED de bajo consumo. Tanto la construcción de la nave productiva como el almacén cuentan con panelería con aislación térmica y sonora.
La planta incluye tres nuevas líneas de fraccionamiento con tecnología de última generación, que permiten producir en su máxima capacidad hasta 38.000 litros por hora. Esto la convierte en la más moderna del mundo en su tipo.
"Esta es la planta de envasado de vino en cartón de mayor capacidad del mundo. Con su volumen de fraccionamiento se ubica en un lugar de privilegio en la industria vitivinícola internacional. Para Tetra Pak es una gran satisfacción contar con la confianza de Fecovita para implementar esta innovación y nos enorgullece todo lo que hemos logrado en estos más de treinta años de trabajo en conjunto", dijo Javier Quel, director general de la empresa para el Cono Sur.
Uno de los grupos vitivinícolas más grandes de América.
Fecovita nuclea a 29 cooperativas de las zonas vitivinícolas más apreciadas de Mendoza con el propósito de generar un futuro sustentable para 5.000 productores asociados, con 25.000 hectáreas de viñedos, mediante la inversión genuina, el aporte de la tecnología, la mejora continua de la calidad y la proyección internacional de sus productos, de la mano de marcas emblemáticas.
Como parte de su estrategia de reconversión, la entidad ha consolidado un proceso de mejora continua que apunta a profundizar competitividad y eficiencia para potenciar su presencia tanto en el mercado local como en el internacional, con productos en todos los segmentos.
Comercializa alrededor de 270 millones de litros al año y tiene una participación de alrededor del 30% del mercado local. Además, exporta sus productos a más de 30 países.

Fuente: https://www.infobae.com/economia/finanzas-y-negocios/2018/10/29/fecovita-invirtio-usd-40-millones-en-una-planta-de-fraccionamiento-de-vinos/
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