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miércoles, 3 de junio de 2026

En Guardia Mitre el vino no era una bebida: era una forma de organizar la vida.


En Guardia Mitre el vino no era una bebida: era una forma de organizar la vida.

De la molienda a mano a los rituales colectivos: la emotiva reconstrucción de una tradición vitivinícola pionera que dejó una huella imborrable en la memoria popular.

Hubo un tiempo en que Guardia Mitre olía a mosto. No era una imagen poética. Era literal. El perfume dulce de la uva molida salía de las chacras, atravesaba los galpones y se mezclaba con el aire húmedo del río Negro durante las épocas de cosecha. En aquellos años, el vino no ocupaba solamente las mesas familiares: ocupaba el centro de la vida cotidiana del pueblo.

(Fotos: Gentileza)

Mucho antes de que la Patagonia construyera su actual identidad vitivinícola, Guardia Mitre ya tenía familias enteras dedicadas al cultivo de la vid y a la elaboración artesanal de vino. Algunas producían para consumo familiar. Otras llegaron a comercializar miles de litros por temporada. Pero lo que terminó dejando huella no fueron solamente las cantidades producidas, sino la cultura que se construyó alrededor de esa actividad.

Porque en Guardia Mitre el vino nunca fue solamente vino. Fue trabajo. Fue esfuerzo. Fue economía familiar. Fue identidad.

Las viñas crecían cerca del río y también en las islas. El calendario de las familias giraba alrededor de las estaciones y del comportamiento de la parra. El proceso comenzaba en invierno, cuando llegaba el momento de la poda. Se realizaba la llamada “poda corta”, dejando apenas tres o cuatro yemas por guía según la fuerza que tuviera cada planta. Más abajo quedaban pequeños “pistones”, ramas cortadas más cortas que funcionaban como resguardo frente a las heladas tardías.

Reconocimiento vitivinícola a la familia de Desio Guillermo Evans, recibieron sus hijos Luis Ángel y Sonia Margarita.

Después llegaba el atado. Las guías se sujetaban con varas de mimbre verde que previamente se cortaban en la costa del río. Todo tenía un procedimiento propio. Todo requería conocimiento transmitido entre generaciones. “Acá se hacía el feldaño bajo, a un metro veinte o un metro cincuenta. Se trabajaba todo a mano”, recuerda Abel Bilbao, reconstruyendo las historias que escuchó desde chico en su familia.

Los parrales se curaban con azufre en polvo para prevenir enfermedades y, cuando los racimos comenzaban a madurar, se realizaba el deshojado para que el sol entrara de manera pareja sobre la uva. Después llegaba la cosecha. No había una fecha exacta. Dependía del clima, de la humedad y del comportamiento del año. Si el verano era seco y caluroso, podía adelantarse a febrero. Si era más fresco, se extendía hasta mayo. Pero casi siempre ocurría entre marzo y abril.

Rodrigo Petrolanda, en nombre de su familia, recibió el reconocimiento vitivinícola.

La cosecha empezaba recién entrada la mañana, cuando el rocío abandonaba los racimos. La uva se colocaba en cajones y se trasladaba hasta los galpones donde comenzaba uno de los rituales más intensos de toda la producción: la molienda y la fermentación.

Allí el vino volvía a convertirse en un trabajo profundamente colectivo. El mosto se colocaba en grandes recipientes abiertos y varias veces por día debía empujarse hacia abajo con una herramienta de madera en forma de cruz para evitar que el ollejo quedara en la superficie y arruinara la fermentación. Había que levantarse incluso durante las noches frías para mantener la temperatura.

Los viñedos de la familia Herrero.

“Cuando amenazaba helar, había que poner brasas alrededor para que el vino no cortara la fermentación”, recuerda Bilbao. Después llegaba el prensado. Primero se obtenía el vino de mayor calidad: el jugo que salía naturalmente del fermentador. Luego aparecía el vino de prensa, más fuerte y amargo. Y finalmente la “lavineta”, una bebida más liviana elaborada agregando agua hervida al resto del mosto prensado.

Nada se desperdiciaba. Incluso con los restos de la prensa algunos elaboraban grapa artesanal mediante pequeños destiladores caseros. El vino se almacenaba en grandes damajuanas o en barriles de madera que también requerían un trabajo minucioso. Había que quemarlos por dentro, rasparlos, lavarlos con soda cáustica, sellarlos y prepararlos cuidadosamente antes de recibir el nuevo vino.

Los Herrero siguen la tradición del vino artesanal.


En algunas familias se llegaron a producir cifras enormes para la época. La familia Lelli, recuerdan vecinos históricos, llegó a elaborar más de 28 mil litros anuales. En la chacra de los Bilbao, según los relatos familiares, hubo cosechas cercanas a los cinco mil litros. Parte de esa producción se consumía localmente y otra salía del pueblo. Los barcos que llegaban al viejo muelle natural cargaban vino junto a otras producciones regionales. Y en el viaje de regreso traían harina, aceite, yerba y mercadería para las familias de la zona.

Los apellidos vinculados a aquella historia todavía sobreviven en la memoria colectiva: Luca, Resler, Tomasini, Evans, Lenschow, Monina, Lelli, Herrero, Carante, Pereira, Thomé, Pascuale, Falcón y muchas otras familias que hicieron de la vitivinicultura una forma de vida.

Abel Bilbao, de joven, con su hijo Dabel. De fondo un carro con barril de vino Chacolí.

Por eso el reciente homenaje realizado durante la Fiesta Provincial del Jabalí al Asador tuvo una carga emocional tan profunda.

Cuando comenzaron a nombrarse las familias históricas vinculadas al vino, no se estaba reconociendo solamente una actividad económica. Lo que aparecía allí era otra cosa: generaciones enteras de trabajo silencioso, infancia entre parrales, manos manchadas de mosto y memorias que todavía siguen vivas en el pueblo.


Porque aunque gran parte de aquella producción desapareció con el paso del tiempo, Guardia Mitre nunca perdió del todo su relación con el vino. El escudo local todavía conserva racimos de uva como símbolo identitario. Durante años existió la Fiesta Provincial del Vino Chacolí. Y todavía hoy queda una familia sosteniendo esa tradición: la familia Herrero, actual productora vitivinícola de la localidad.

Eloy Lenschow, otro de los productores vitivinícolas.

Pero quizás lo más importante no esté en las viñas que quedan. Sino en la memoria. En esos relatos donde todavía aparecen las damajuanas acomodadas sobre tablones, las noches cuidando la fermentación, los barriles calafateados con grasa y ceniza, los chicos ayudando en la cosecha y los barcos cargando vino desde el viejo muelle del río. Porque hay pueblos donde el vino se toma. Y otros, como Guardia Mitre, donde el vino todavía se recuerda.

La familia Zingoni en plena cosecha allá por los años ’40.


Publicado en Diario Río Negro.

Domingo 31 de mayo del 2026.

https://www.rionegro.com.ar/gastronomia/en-guardia-mitre-el-vino-no-era-una-bebida-era-una-forma-de-organizar-la-vida/

lunes, 29 de marzo de 2021

"MadreHija": un tinto artesanal de elaboración comunitaria en San Patricio del Chañar. La idea es revalorizar las prácticas ancestrales, el amor a la tierra y el cuidado de los vínculos primarios.


"MadreHija": un tinto artesanal de elaboración comunitaria en San Patricio del Chañar.

La idea es revalorizar las prácticas ancestrales, el amor a la tierra y el cuidado de los vínculos primarios. Romina y Rosa Narmona son parte de ese proceso ya hace 4 años.

Por Victoria Rodríguez Rey (@victoriarodriguezrey)

La construcción del gusto es parte de un sistema de creencias y decisiones. Dicho sistema se ve condicionado por una estructura social integrada por un contexto histórico – político, accesibilidad o no a determinados recursos alimentarios, una perspectiva de género, un paisaje cultural determinado. Estos elementos van conformando una jerarquía de alimentos diarios o eventuales que se imponen o deben descartarse sin lugar a discusión. ¿Qué grado de libertad de elección hay en lo que consumimos?

El alimento es un elemento situado, responde a un tiempo, a un espacio y a una cultura. Se trata de un sistema potente, que se va modificando con los dinámicos ritmos de las trasformaciones culturales. En la compleja fórmula de valores que va a definir un gusto por tales o cuales alimentos, el contexto social tiene mucho que ver. El actual sistema alimentario ha considerado que las carnes blancas, los dulces, los vinos blancos, las cervezas ligeras parecen ser elecciones de las mujeres, pero ¿quién define qué cosa? Claro está que nos encontramos buceando en una sociedad con fuerte herencia patriarcal. En estas decisiones arbitrarias que responden a un modelo heteronormativo de consumo, se van imponiendo gustos a paladares obedientes, dejando de lado la experimentación de otros sabores.

Romina Narmona es elaboradora de vinos y prefiere el Cabernet Sauvignon. Junto a su mamá Rosa Narmona, comparte el proceso de elaboración hace cuatro años. Cargan con la experiencia familiar de sus abuelos bodegueros en la provincia de La Rioja. Gracias a sus inquietudes, al armonioso lazo entre madre e hija, y a la formación técnica lograron desempolvar recuerdos del saber hacer familiar.

"Empezamos con un curso de cata de vino en Neuquén. Mi mamá se entera de este curso, me invita a acompañarla y asistimos. Allí conocemos a quienes después serían nuestros compañeros de trabajo". Así comienza Romina a contar cómo fue el incipiente vínculo con el universo vitivinícola que hoy va definiendo su formación profesional y proyección productiva y familiar.

El paso siguiente fue acercarse al Centro de Formación Profesional Agropecuario N° 2 de San Patricio del Chañar. En el “Puesto” se encuentran con una formación de “Elaborador de bebidas fermentadas”. Se trata de una capacitación anual, en función a la estacionalidad del cultivo y las tareas propias de elaboración del producto. Pero, además, se encuentran y descubren la magia del saber hacer colectivo. Todo sucede en la bodega comunitaria de dicha institución, que es parte del proyecto educativo y cuenta con habilitación comercial y bromatológica a nivel provincial por el Instituto Nacional del Vino (INV).

Romina y Rosa, son parte de ese colectivo de personas que experimentan, estudian y acompañan todo el proceso de elaboración. Y así fue que le dieron identidad a su vino, “MadreHija”. Una síntesis de un vino tinto artesanal, elaborado comunitariamente, que revaloriza las prácticas ancestrales, el amor a la tierra y al cuidado de los vínculos primarios. “El vino está asociado a lo masculino, el espacio de la bodega tiene esa misma asociación. Hace muy pocos años que se ve la incorporación de las mujeres en la vitivinicultura. Mi mamá ya lo veía en su familia. Siempre el trabajo de campo, el trabajo que lleva una viña está asociado a lo masculino. No me molesta, y sí me genera mucha satisfacción, que desde hace un tiempo hasta esta parte se empiece a cambiar y se empiece a valorar lo que el género femenino tiene para aportar, que es mucho. Está buenísimo como se está metiendo el género en todo el proceso productivo. Que el vino es de los hombres, es una idea instalada que se está quebrando de a poco y me parece genial", sostiene Romina.

El vino despierta efectos complejos, estimula cada uno de nuestros sentidos. MadreHija tiene un gusto fuertemente teñido de afectividad. El sueño de una bodega en La Rioja, reformuló las vidas de Romina y Rosa. Imaginarse trabajando juntas en la finca es parte de las transformaciones generacionales propias de las comunidades. Como sucede con el gusto. ¡Salú! Por más Rominas y Rosas que sigan modificando las génesis del gusto hacia paladares menos obedientes y más atrevidos.

Más información:
https://www.puestochaniar.com

Publicado en Diario "Río Negro", 26/03/2021.

https://www.rionegro.com.ar/madrehija-un-tinto-artesanal-de-elaboracion-comunitaria-en-san-patricio-del-chanar-1744406/

domingo, 14 de marzo de 2021

CHACRA MOSCHINI - Km. 1.120 de Ing. Huergo.

CHACRA MOSCHINI - Km. 1.120 de Ing. Huergo.
Establecimiento familiar de elaboración de vinos artesanales. Hace dos décadas la familia Moschini plantó distintas variedades de cepas de vinos para darle nacimiento al emprendimiento propio, el cual consiste en la producción vitivinícola pero también en la organización de eventos como la "Fiesta del Vino Patero" todos los meses de abril en la localidad del Alto Valle Este de Ing. HUergo.
Elaboran vinos artesanales provenientes de variedades Malbec, Merlot, Sauvignon Blanc, Cabernet Franc, Moscatel y  un Malbec Rosé.

En total son 15 mil litros, por año, resultados de entre 20 y 22 mil kilos de uvas.
El nombre seleccionado para el producto final fue de este vino se debe a que la localidad de Ing. Huergo a Buenos Aires son unos 1.120 pero teniendo en cuenta la estación de tren y no la ruta como se la conocía a esta Ciudad Valletana.
El viñedo presenta los vides plantados “cruzados con una hilera en cada lado”, con el objetivo de “poder aumentar la cantidad de plantas por héctareas pero no los kilos por plantas” porque “la buena vinificación sale de plantas de pocos kilos”.
“El amontonamiento de vides me rinde en kilo pero no en calidad”, afirmó Ángel Moschini, y luego señaló que con esta forma de plantación “los resultados son óptimos en cuanto a la calidad del producto, sobre todo en Malbec”.
La plantación fue posible gracias a un proyecto de innovación tecnológica financiado por el Fontar. Algunos años después sumaron media hectárea de uva moscatel.
Chacra Moschini se ubica en la chacra 433 de la localidad de Ingeniero Huergo, y cuenta con el siguiente facebook: 

sábado, 26 de enero de 2019

“Puerta Oeste” es el primer vino de la Patagonia certificado libre de gluten (de Senillosa con un toque “artesanal”).

“Puerta Oeste” es el primer vino de la Patagonia certificado libre de gluten (de Senillosa con un toque “artesanal”).

Esta semana se conoció que el emprendimiento que lleva adelante la familia Goldstein logró dar cumplimiento al trámite para poder certificar dos partidas: Pinot Noir y Malbec.
l cierre del 2018 lograron acreditar que las mencionadas partidas de ambos varietales están libres de gluten y que su consumo es apto para personas celíacas. Si bien dicha bebida alcohólica no contiene gluten, se corrobora que el producto no se vea afectado por contaminación cruzada.
El trámite se realizó ante el INV con el acompañamiento del Programa Vitivinícola de Centro PyME-Adeneu, organismo encargado de difundir esta positiva novedad para este emprendimiento vitivinícola.
“Puerta Oeste” es un vino artesanal que se abre camino desde Senillosa. Viviana Goldstein junto a su marido Julio César, tienen a su favor dos cuestiones: tierras propias y el esfuerzo familiar. En base a la producción propia elaboran sus vinos desde el 2011, pero hace tres años que están comercializándolos, hoy también junto a otros elaboradores neuquinos en “Notas de Vino” (es la estrategia comercial del Centro PyME-Adeneu). Además a partir del año pasado han incorporado Cabernet Franc.
Respecto a las muestras, la información indica que fueron cotejadas por un laboratorio que cuenta con habilitación nacional. “Lo que se certifica es la partida completa del año” indicó Goldstein. Entre el Malbec y Pinot Noir se certificaron unas 5.000 botellas entre ambos varietales. A partir de ahora las botellas de “Puerta Oeste”, como todos los vinos que certifiquen, deberán contener en su etiqueta el logo de “Libre de Gluten” y la leyenda “Sin T.A.C.C.”.
“Puerta Oeste” obtuvo años atrás dos premios por sus vinos artesanales y en el 2018, desde Lavalle en Mendoza, fueron reconocidos con la distinción “Racimo de Plata” por sus cortes Malbec Roble y Pinot Noir. Esa segunda vendimia obtuvo un alto puntaje.
Su nombre, “Puerta Oeste”, refiere a la ubicación de la localidad de Senillosa, esa entrada a la Patagonia que para ellos tiene tanta significancia como para denominarlo así.
http://inneuquen.info/nota-principal/puerta-oeste-es-el-primer-vino-de-la-patagonia-certificado-libre-de-gluten-de-senillosa-con-un-toque-artesanal

viernes, 9 de noviembre de 2018

Los vinos artesanales de la Patagonia recibieron sus medallas (compitieron con destacadas bodegas locales).

Los vinos artesanales de la Patagonia recibieron sus medallas (compitieron con destacadas bodegas locales).

(Por Pablo Comoli) El 4to “Concurso de Vinos de la Patagonia” mostró paridad y, a un futuro cercano, óptimas chances para que los “artesanales” sigan en su escalada creciente de producción, elaboración y comercialización.
Conversamos en la entrega de las distinciones con una de las artífices de esta positiva actualidad, Silvia Gandolfi, coordinadora del Programa Vitivinícola de Centro PyME-Adeneu explicó que “los elaboradores han mejorado sus presentaciones, ya no se encuentran vinos defectuosos en el mercado y, como entendemos que el vino es uno solo este año le abrimos el juego a la bodegas”.
La evaluación y el trabajo de los jueces fue minucioso, porque en las más de 40 muestras presentadas desde Río Negro, Neuquén, La Pampa y Chubut (se sumó este año), el 67,5% de las presentadas obtuvieron distinción. El jurado estuvo integrado por 20 jurados de la región, quienes determinaron con sus devoluciones que 5 vinos merecieran medalla de oro, 7 medallas de plata, 9 de bronce y 6 menciones especiales, lo cual demuestra la calidad de la región patagónica.
Para Gandolfi la participación de reconocidos enólogos elevó el nivel de las puntuaciones, en ese sentido comentó que “los jurados son reconocidos por sus tareas en toda la Patagonia, fueron ellos mismos quienes dictaminaron que ya no hay tanta distancia entre un vino artesanal y uno de bodega”. Y agregó que  “ellos manifestaron que no deberían existir las categorías dentro del concurso porque la calidad ha subido tanto que se pueden comparar, no hay vinos con defectos sino que existen tomadores distintos que los hacen relevantes”.
La felicidad plena de nuestra entrevistada se evidenció en cada palabra, la responsabilidad de llevar adelante el programa vitivinícola tiene su historia, porque si bien el presente del programa es realmente prometedor, “desde el 2010 que nos enfocamos primero en la plantación y producción, luego pasamos a la infraestructura, maquinaria e insumos y, desde el año pasado ya estamos ayudando en la comercialización de los vinos con la creación de la marca ‘Notas de Vino’, una acción importante de marketing”.
En lo que refiere al apoyo económico desde el Centro PyME-Adeneu han colaborado para que los productores locales pudieran “hacerse” de créditos accesibles, por un total de $ 1.500.000 destinados para que el sector siga creciendo. En Neuquén esta entidad brinda asistencia técnica y asesoramiento enológico a unos 40 productores y elaboradores.
Recibieron sus respectivas medallas las muestras de Bodega del Fin del Mundo, Puesto Chañar, Estilo 152 (La Pampa), Fincas Patagónicas, Las 4 Maravillas, Bodega Goldstein-Penros, por citar solo algunos. Ellos presentaron tintos, tintos secos -con y sin madera- pinots, algunos rosados y blancos, y otros blancos dulces.
Venta promocional “hasta agotar stock” (caja de 6 vinos artesanales por 950 pesos)
Hoy, jueves 8 de noviembre, finaliza el tiempo de reservas, aunque los productos pueden ser retirados el 10 de noviembre en la globa que se instalará en Olascoaga y Mitre de Neuquén capital. La idea es que coincida esa actividad comercial con la campaña nacional “Vino Argentino, Bebida Nacional”.

domingo, 14 de octubre de 2018

El vino artesanal neuquino conquistó el podio nacional.

Una bodega familiar de Senillosa consiguió excelentes resultados en un concurso para pequeños productores. 
Secretos de una elaboración cien por ciento manual.

Neuquén se ha destacado en los últimos años por albergar a creadores de gran calidad en distintos productos. El vino es parte del listado. Parte de la coronación de este proceso se ve reflejado en la premiación en distintos certámenes donde esta bebida se ponen a prueba ante un jurado de especialistas. Fue lo que ocurrió recientemente con la bodega “Puerta Oeste”, un emprendimiento familiar ubicado en Senillosa, que obtuvo medallas en el 9° Concurso Nacional de Vino Casero y Artesanal de Lavalle, Mendoza.
“Con el Malbec joven obtuvimos un Gran Oro y con el Malbec corte de roble tuvimos Oro. Después conseguimos una mención especial con el Pinot Noir joven 2018 y el vino reserva que se llama Semilla sacó otra mención especial”, contó Viviana Goldstein, una de las dueñas de la bodega que viajó a Mendoza y volvió con cuatro galardones.
Su esposo Julio Penros destacó que fue la única medalla Gran Oro en la categoría artesanales con 97 puntos. “Hace tres años venimos participando en los concursos y el año pasado decidimos no solamente participar en la Patagonia sino indagar en otros lados”, reveló Viviana. Ya estuvieron en otros certámenes donde también recibieron distinciones.
Sobre el día a día contó que se hace todo manual salvo pocas funciones donde emplean un tractor. El tratamiento de los viñedos es orgánico, por lo que están libres de agroquímicos.
Julio se encarga de la poda y precisó que es del tipo Guyot. El sistema de conducción es en espalderas.
La superficie de producción es de dos hectáreas y está compuesta por plantas de entre uno y siete años de edad . “Una vez que se inicia la cosecha, se lleva adelante la fermentación alcohólica y ese es el último de los eslabones, pero en realidad durante todo el año se estuvo llevando adelante el vino en el monte”, dijo Penros.
Cuando comenzaron fueron colmando la superficie a partir de plantas que obtenían de sus propios viñedos y después se fueron completando con otras que compraron en macetas hasta llegar al número de hoy de 3.800 plantas entre variedades de Malbec y Pinot Noir. “Esta todo listo y faltan detalles para que implantemos en 20 días aproximadamente 400 plantas de Cabernet Franc”, anunció.
Algunos de los lugares donde está a la venta el producto es Villa la Angostura, Senillosa, Buenos Aires, Rosario y Bariloche.
La bodega hoy tiene en uso tres barricas americanas. “Esperamos redondear este año las 5.000 botellas entre todos los varietales”, contabilizó Viviana.
Los secretos de Semilla no son pocos. Viviana y Julio marcaron como un “amigo” de la producción el viento. Dicen que favorece en la sanidad de las vides. Entre los enemigos anotan a las aves ( sobre todo las palomas) que son una amenaza para las uvas en maduración.
Los vinos de la Patagonia se mostrarán en Neuquén.
La cuarta edición del Concurso de Vinos de la Patagonia será el 26 de octubre en el Centro Pyme. La modalidad: degustación a ciegas. Participarán bodegas de Chubut, La Pampa, Río Negro y Neuquén.
Busca posicionar los vinos producidos en la región, crear un espacio que propicie el intercambio de opiniones y el encuentro entre todos los actores.
La Patagonia tiene condiciones climáticas adecuadas para el cultivo de la vid, aseguran los especialistas. El listado incluye bajas precipitaciones durante el ciclo productivo, alta heliofanía, días cálidos y noches frescas, y vientos regulares en primavera.
Estas condiciones sumado a los factores productivos de suelo y agua permiten más uvas libre de enfermedades y con muy buena calidad enológica.
La entrega de muestras para el concurso se recepcionarán en Sarmiento 802 (Neuquén) y en Belgrano 632 (Roca) hasta el 16 de octubre.
El certamen es organizado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Centro Pyme, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Centro de Desarrollo Vitícola Patagonia Norte (CDV), CFPA N°2 y el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
“El Malbec joven que ganó una medalla es totalmente frutado, es bien salvaje y expresa en todo su ámbito lo que es la Patagonia”.
Viviana Goldstein, sobre las características del vino que consiguió el premio.
“La decisión nace por la relación que tuvo el vino siempre con la humanidad, como un alimento primario junto a otros como el pan, queso y la miel”. Julio Penros reflexionó sobre los motivos que los llevó a la producción.

En la provincia se elaboraron más de 5,7 millones de botellas.

En la temporada 2017 se elaboraron en la Provincia de Neuquén 5.755.700 litros de vino, apuntó Silvia Gandolfi, coordinadora del Programa Vitivinícola del Centro Pyme.
El establecimiento de Senillosa es uno de los que el Centro Pyme Adeneu asesoró desde su nacimiento. Fue de forma integral en lo que respecta a la plantación, momento oportuno de cosecha y elaboración de vino y fraccionamiento.
Gandolfi explicó que están las bodegas grandes que hacen más de 12 mil litros, y los elaboradores de vinos caseros y artesanales que hacen hasta 12 mil litros.
El programa brinda líneas de financiamiento con bajas tasas de interés y asistencia técnica a elaboradores artesanales “donde algunos son productores de uvas, y otros que compran a otros productores y elaboran el vino”.
Desde el Centro Pyme se acompañan en la provincia alrededor de 50 cultivadores de uva para vino, de uva de mesa, y elaboradores de vino casero y artesanal. Indicó que se sigue todo lo que es la plantación del viñedo hasta el fraccionamiento y venta.
Gandolfi contó que hay una marca conjunta que se llama “Notas de Vino”, que engloba a varios elaboradores de vino casero y artesanal. “Afianza lo que son canales de venta”, señaló.
La Argentina posee unas 895 bodegas elaboradoras, de las cuales 48 se encuentran en la Patagonia, y hay en la región 92 emprendedores dedicados a la elaboración casera y artesanal.
Fuente de información e imagen: Diario "Río Negro", domingo 14 de octubre de 2018.-