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domingo, 28 de agosto de 2022

Con sello de origen: los últimos distritos aprobados.

En el país fueron reconocidas Vistalba (Mendoza), Balcarce (Buenos Aires) y Victoria (Entre Ríos) como terruños donde surge el vino. Repasamos sus propuestas.

Por Joaquín HIDALGO.

Desde el viernes 26 de Agosto pasado Vistalba es una nueva Indicación Geográfica (IG) en el vino argentino. En pocas palabras, uno de los distritos más famosos en la elaboración de Malbec perteneciente a Luján de Cuyo, Mendoza, con una larga historia en la producción de vinos, es finalmente reconocido como un origen oficial. Desde ahora puede figurar con toda claridad en las etiquetas.

En el últimos año y medio, otras IG’s fueron también aprobadas, en rincones insospechados del país: Balcarce en Provincia de Buenos Aires (2021) y Victoria en Entre Ríos (2021). Con ellas, a la fecha la Argentina tiene 106 orígenes de vino registrados para usar en sus etiquetas, muchas de las cuáles fueron aprobadas de oficio en 2002.

Las nuevas IG’s se inscriben en medio de un proceso largo en el que Argentina y los productores de vino buscan proteger y promover aquellos terruños que ofrecen cualidades distintivas y reconocibles para sus vinos. Es, para decirlo llanamente, darle un estatus especial, tanto para que ganen distinción en las etiquetas como para protegerlas de usos indebidos. Desde 2002 en que se reconocieron de hecho las primeras IG’s, a la fecha, algunas fueron muy discutidas, otras aprobadas sin más y un puñado incluso siguen en disputa. En todo caso, una cosa es segura: en la medida en que los vinos tienen un sabor atribuible a un lugar determinado es importante darle validez. Eso es exactamente lo que está sucediendo.

La esperada Vistalba.

El caso de la flamante IG Vistalba es ilustrativo del valor que supone una Indicación Geográfica. Vistalba es un distrito político de Luján de Cuyo, Mendoza, donde a lo largo del siglo XIX y XX se establecieron algunos de los viñedos más prestigiosos de Malbec y Cabernet. En el pasadso, el lugar específico del que proviniera un vinonera menos importante y a ninguna bodega se le ocurrió regístralo como marca.

Sin embargo, en 2003 se lanzó la bodega Vistalba, quienes registraron a su vez la marca comercial. En los años que siguieron, muchos de los viñedos ubicados en ese rincón alto, con suelos aluviales de Luján, no podía tener otra identificación que los genéricos Luján de Cuyo o Mendoza.

Sin embargo, fue la propia Bodega Vistalba la que decidió inscribir su marca como IG y liberarla para el uso común. El trámite se inició en mayo de este año y desde el 26 de agosto pasado se convirtió en una denominativo que compartirán los viñedos que aún quedan en la zona. Los Malbec son particularmente vistoso en Vistalba: maduros y con buen cuerpo, taninos voluminosos y finos, ofrecen una nota de ciruela y pimienta blanca.

El dato final es que, ahora que la Denominación de Origen Luján de Cuyo se relanza al mercado, Vistalba es finalmente un distrito que los productores pueden usar. En el corto plazo veremos Malbec Vistalba en las etiquetas.

Balcarce.

Distinto es el caso de esta IG ubicada en el corazón de la provincia de Buenos Aires. Tramitada por la bodega Puerta del Abra, enclavada en las serranías del sistema de Tandilia, desde 2013 cultivan unas 12 hectáreas plantadas, entre otras variedades, Pinot Noir, Chardonnay, Alabriño y Riesling. Vinos que embotellan y comercializan a cuentagotas. Los blancos son muy interesantes.

Como no es una zona en donde nadie hubiese operado uvas antes, pero la marca Balcarce ya estaba registrada en otros rubros, desde un comienzo decidieron establecerla como una Indicación Geográfica. La IG fue reconocida en Marzo de este año.

Victoria, Entre Ríos.

El año pasado fue aprobada Victoria, Entre Ríos. Por raro que parezca a los ojos de hoy, Entre Ríos fue una zona vitícola de relativa importancia hasta 1930 en que se prohibió la plantación de vides fuera de las áreas del oeste. Así, la provincia languideció como una zona vitícola. Hasta que, derogada la prohibición, algunos productores volvieron a la elaboración de vinos. Así, en 2021 la bodega Borderío solicitó la inscripción de la IG.

Promulgada en mayo del año pasado, protege finalmente todo el departamento de Victoria en la provincia de Entre Río, donde está ubicada la bodega. Los vinos tintos, con Malbec, Syrah y Merlot a la cabeza, son vinos potentes e sabrosos.

DoluptaLas IG definen un área geográfica donde se produce vid cuyo sabor está indisociablemente vinculado a la geografía del lugar. Las IG son el paso previo a las Denominaciones de Origen (DOC), que combina las condiciones propias de un origen con las de un estilo determinado, que se somete a un comité que juzga la cualidad o pertinencia de un tipo de vino a lo que dicta la norma.

PUBLICADO EN DIARIO LA MAÑANA DEL NEUQUÉN.

Domingo 28 de agosto del 2022.

https://www.lmneuquen.com/con-sello-origen-los-ultimos-distritos-aprobados-n941887

jueves, 18 de agosto de 2022

20 PINOT NOIR ARGENTINOS PARA CELEBRAR A LA CEPA MÁS REFINADA.

 El Día del Pinot Noir es ocasión ideal para conocer más a fondo a estos vinos, que suelen ser de los más exclusivos del planeta. Por suerte Argentina ofrece algunos ejemplares para quedarse sin aliento, y aquí te contamos cuáles.

En el Día del Pinot Noir, celebramos a aquella cepa que, como pocas, desafía la habilidad de los winemakers. Esta tinta, oriunda de la Borgoña y con fama de caprichosa, es exigente en primer lugar de un terruño donde sentirse a gusto. Sin esto, es imposible lograr un resultado de calidad. Podemos decir que le gustan los climas fríos, nublados si es posible, así como también los suelos pobres, y si son rocosos y calcáreos mucho mejor.

Pero no solo es eso lo que va a exigir a quienes quieran elaborarla: también demanda atención. “Nunca deja de desafiarnos”, recuerda Roy Urvieta, responsable de los vinos de Domaine Nico, proyecto especializado en Pinot Noir liderado por Laura Catena.

“Es una cepa que no te perdona las distracciones, y por eso hay que estar atento a los suelos, las labores en viñedo, los momentos de cosecha, el roble que usás y cómo. El Pinot Noir delata cada elección que tomás”, advierte.

Por todo lo que resume Urvieta es que en Argentina la aparición de excelentes Pinot Noir se hizo esperar. Mientras todos estaban enfocados en el Malbec, eran pocos los que creían posible elaborar un Pinot Noir de clase mundial en el país. Por suerte, estos pocos nunca bajaron los brazos.

Día del Pinot Noir: de la Patagonia a los Valles Calchaquíes.

Para dar comienzo al Día del Pinot Noir en Argentina es necesario recordar la irrupción de Bodega Chacra en el ámbito local de la mano de Piero Incissa de la Rochetta. Este toscano, de linaje vitícola, se envalentonó con elaborar Pinot Noir en la Patagonia luego de probar una de las botellas de la familia Canale en su bodega de Río Negro.

Desde que pisó suelo argentino, no se detuvo hasta dar con una viña vieja y fue así que encontró en Mainqué un viñedo de 1932 que tuvo que recuperar para elaborar sus primeros vinos. Luego adquirió otro de 1955 y desde entonces sus Pinot son una referencia local reconocida internacionalmente.

A partir de esto, algunos asumieron el desafío de elaborar Pinot Noir de alta gama en diferentes rincones del país. Mientras que en Patagonia la cuna para esta cepa es Río Negro, en San Patricio del Chañar (Neuquén) también le han puesto foco con un estilo más moderno, mientras que en Chubut apuestan por los climas más fríos de la vitivinicultura argentina para lograrlo.

En Mendoza, los viñedos de Pinot Noir migraron a la altura del Valle de Uco durante los últimos quince años. Allí el clima es, sin dudas, más indicado para la cepa, principalmente en Gualtallary, San Pablo y Pampa El Cepillo. Estas tres IGs hoy se reparten las mejores referencias y merecen su mención en este Dia del Pinot Noir.

En San Juan, el Valle de Pedernal ya se posiciona como un spot posible para esta uva: cuenta con clima frío y suelos pedregosos muy interesantes para explorar.

Un origen curioso para el Pinot Noir, aunque por el momento para un solo productor, son los Valles Calchaquíes. Aquí Bodega Colomé lo cultiva a 3111 metros de altura en Payogasta, con muy buenos resultados.

Por último, en la provincia de Buenos Aires hay algunos Pinot Noir que vale la pena seguir de cerca. Por ejemplo, en Chapadmalal se lo cultiva a unos 11 kilómetros del mar, mientras que en Balcarce los viñedos se ubican sobre suelos calcáreos de la sierra de Tandilia.

Los 20 mejores Pinot Noir argentinos elegidos por Vinómanos.

Desde todas estas regiones te vamos a recomendar cuáles son las etiquetas capaces de emocionar al borgoñón más fundamentalista en el Dia del Pinot Noir.

  1. 96pts, Chacra Sin Azufre Pinot Noir 2020
  2. 95pts, Domaine Nico Historie D’A Pinot Noir 2020
  3. 94pts, Pintom SUR Pinot Noir 2019</a>
  4. 94pts, Lunita Pinot Noir 2021
  5. 94pts, Bodega Noemía Pinot Noir 2019
  6. 93pts, Otronia Pinot Noir Block I 2019
  7. 93pts, Salentein Single Vineyard Los Jabalíes Pinot Noir 2019
  8. 93pts, Bemberg Estate La Linterna Pinot Noir 2018
  9. 93pts, Zorzal Porfiado III Corte (8 cosechas)
  10. 93pts, Riccitelli Old Vines from Patagonia Pinot Noir 2020
  11. 92pts, Colomé Altura Máxima Pinot Noir 2020
  12. 92pts, Costa & Pampa Pinot Noir 2019
  13. 92pts, La Freneza Pinot Noir 2020
  14. 92pts, Demencial Pinot Noir Valle de Pedernal 2019
  15. 91pts, Humberto Canale Old Vineyard Pinot Noir 2020
  16. 91pts, Luigi Bosca Pinot Noir 2021
  17. 91pts, Insólito Pinot Noir 2020
  18. 91pts, Contracorriente Pinot Noir 2019
  19. 91pts, Rara Avis Pinto Noir 2020
  20. 90pts, Saurus Select Pinot Noir 2020.
PUBLICADO EN VINÓMANOS.

domingo, 10 de julio de 2022

BLANCOS Y ESPUMANTES DE ACÁ NOMÁS: LOS VINOS BONAERENSES QUE REVIVEN UNA TRADICIÓN.


BLANCOS Y ESPUMANTES DE ACÁ NOMÁS: LOS VINOS BONAERENSES QUE REVIVEN UNA TRADICIÓN.

La pampa tiene el ombú (en realidad el caldén), pero también uvas con las que 11 bodegas hacen sus etiquetas. Mirá con qué sorpresas te podés encontrar al descorchar.

POR JOAQUÍN HIDALGO.

Publicado en Vinómanos.

Hace poco más de una década, cuando probé los incipientes vinos bonaerenses, esos vinos del sur de la provincia de Buenos Aires, la intriga era doble: por un lado, ¿qué motivaba a algunas personas a plantar viña en la pampa húmeda?; por otro, ¿qué clases de vinos podrían llegar a hacer en un mercado dominado por una oferta continental y desértica?

De las dos preguntas, la segunda se responde hoy con bastante claridad. Sobre 11 bodegas elaborando las 159 hectáreas de la provincia, repartidas en 48 viñedos según la información del Instituto Nacional de Vitivinicultura, casi todas tienen algún vino con alcance comercial en un área razonable de la provincia. 

Entre ellas hay que discriminar las que no son viníferas –no porque no se pueda hacer vino, sino que juegan un partido propio– que son unas 25 hectáreas de Isabella, la variedad más plantada.

Es que en la zona de Berisso, a orillas del Río de La Plata, hay una tradición de elaborar vinos con esta uva nativa de América, famosa por su sabor exótico. Las 25 hectáreas se salvaron de la erradicación de 1934 (de la que te explicamos más abajo, seguí leyendo) porque para la ley no eran uvas viníferas. Así pervive lo que se conoce como “vino de la costa”.

Pero las hectáreas que siguen dan el tono de lo que se puede beber entre los vinos bonaerenses: 20 de Sauvignon Blanc, 20 de Chardonnay, 7 de Glera, 3 de Riesling, 2 de Albariño y 1 de Moscato Giallo, todo ello entre las blancas. Es decir, unas 53 en total. 

De las tintas, la más plantada es Pinot Noir, con 14 hectáreas, seguida por 12 de Malbec, 12 de Merlot, 12 de Cabernet Sauvignon, 10 de Tannat, 8 de Cabernet Franc, 2 de Barbera y con 1 hectárea cada una siguen Sangiovese, Bonarda y Syrah. Suman 73, a las que se agregan otras 8 en parcelas ínfimas y dispersas.

Así tirados, los números dicen menos que las botellas. Pero hay que prestarle atención a una cosa. Por un lado, el 40% de las variedades son blancas. Eso, si no metemos el Pinot Noir que sirve para hacer burbujas, con lo que la base para vinos blancos y espumantes alcanza el 50% de la superficie.

Estas cifras convierten a la provincia de Buenos Aires en un caso único para la Argentina: produce blancos y espumosos oceánicos con la mitad de sus uvas, mientras que con la otra mitad explora un terreno casi desconocido, el de los tintos de influencia oceánica.

De hecho, al menos dos de los productores ponen foco en burbujas: el conocido ya Costa & Pampa, que pertenece a Trapiche y es pionero en el partido de General Pueyrredón desde 2008, al que se suma ahora Castel Conegliano, de la familia Chies, con primera vendimia en 2021. 

Si los primeros están enfocados en método tradicional, Castel elabora Prosecco con acento italiano, lo que explica que entre las blancas estén Glera y Moscato Giallo (uvas que forman este estilo).

Otros proyectos ponen un pie en las burbujas, aunque menos ambiciosos. Se trata de Myl Colores en Pringles, y Puerta del Abra en Balcarce. Este último además ofrece Riesling y Albariño, las dos blancas, en una vertiente similar a Costa & Pampa que produce Sauvignon Blanc y Chardonnay. 

A ellos se suma Cordón Blanco, que elabora Sauvignon Blanc en Tandil. Es en este terreno donde queda muy claro que los productores de Buenos Aires tienen un camino propio por recorrer, con blancos que no se pueden conseguir en ningún otro lado del país, justo en un momento en que los blancos parecen volver a las mesas.

Vinos bonaerenses: los tintos oceánicos.

La movida de los productores bonaerenses nació al amparo del éxito tinto en Argentina, lo que explica que los primeros productores apostaron por estos vinos. Pionero en la elaboración de Malbec en el sur de Buenos Aires, Bodega Aleste, en Médanos, plantó y se destacó con Tannat y Malbec. Corría el año 2000.

Detrás de este primer empujón vinieron otros productores. Cerros Colorados y Bodega Saldungaray en Sierra de La Ventana; luego, entre los partidos de Torquinst, Saavedra, Tandil y Tres Arroyos aparecieron algunos lunares de viña que fueron abriéndose paso. 

En paralelo, en el norte de la provincia volvían a la vida algunos viñedos en torno a Campana, como Bodega Gamboa, o Antípodas, en Junín.

Los tintos ofrecen una paleta gustativa en la vereda opuesta a Cuyo, por ejemplo. Como el clima es húmedo, carecen de concentración, pero ganan en frescura y frutas vívidas, con taninos reactivos. En estilo más bordelés, si se quiere.

Resta contestar aquella primera pregunta de 2010: qué motiva a estos productores a hacer sus vinos. La respuesta tiene un matiz histórico. En la provincia de Buenos Aires se hicieron vinos hasta la prohibición de plantar viñas en 1934, que favoreció a Cuyo, lo que acabó con un rico patrimonio. Recuperar esa historia es una posible respuesta. 

La otra es la que ofrece Martín Abenel, un loco apasionado del vino que desde Bahía Blanca y en el garaje de su casa elabora SanteVins desde 2013. ¿Qué lo mueve? La emoción de hacer vino con sus manos. Empezó con 13 botellas y hoy elabora varios estilos posibles, de los que hace 3.000, lo que lo convierte en un productor artesanal para la ley. 

Con más o con menos dinero en los bolsillos, todos quienes plantan y elaboran en Buenos Aires se mueven tras el encanto de la misma magia. ¡Salud vinos bonaerenses!

PUBLICADO EN VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2022/07/vinos-bonaerenses/