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viernes, 1 de enero de 2021

Río Negro tiene su Camino del vino, mirá como recorrerlo.

 

El recorrido turístico de los Caminos del Vino rionegrino nació con la idea de proponer visitas guiadas por los diferentes viñedos, ofrecer la posibilidad de degustar los más variados vinos, conocer las chacras de producción de frutales y después de algunos años de espera se echa a andar con más fuerza.

Hace unos días, se instaló el cartel fundacional (en el ingreso a Cipolletti) y la ministra de Turismo, Cultura y Deporte, Martha Vélez sostuvo que se colocarán 100 carteles sobre la ruta 22 hasta Río Colorado y con ella la posibilidad de hacer turismo en lugares privilegiados.

Se trata de una tradición productiva centenaria donde, la elaboración de distinguidos vinos es más que una tarea económica, tiene que ver con la cultura de la provincia. Es por eso que el circuito enoturístico se extiende desde la zona productiva del Alto Valle hasta la costa.

La zona del Alto Valle, por su clima, es ideal para la producción de vinos con características y personalidades únicas. Allí hay varias las bodegas que abren sus puertas para que los visitantes puedan acercarse al mundo de la bebida nacional.

A lo largo del recorrido es posible ver la gran variedad de establecimientos que integran la ruta, desde bodegas antiguas con larga tradición familiar, hasta bodegas más jóvenes que aplican a sus procesos de elaboración tecnología de vanguardia y otros conceptos como la biodinámica.

Si vamos desde Cipolletti hacia el norte por la ruta 151, a la altura de la estación de servicio de Campo Grande nos encontramos con la Bodega Emilce Notaro. Si continuamos por la ruta 22 hacia el este, nos adentramos en el Alto Valle y comienza a aparecer una seguidilla de bodegas.

En Cipolletti está Bodega La Falda, Miras (Fernández Oro), Gennari (Fernández Oro), Del Río Elorza (Fernández Oro), Favre (General Roca), Humberto Canale (General Roca), Agrestis (General Roca), Aniello y Bodega Chacra en Mainqué y Favretto (Villa Regina).

En Valle Medio los viñedos de Bodega Grupo Trafen, bajo la línea Enclave Sur produce vinos dignos de ser probados. Cerca de Viedma, en la localidad de San Javier, se encuentra Fincas Patagónicas Tapiz, que son quienes compraron la Bodega Lapeyrade, que produce el vino Wapisa que se añeja en una cava en el fondo del mar de Las Grutas.

Y estas son solo algunas de ellas. En todas, las visitas deben coordinarse con antelación. Las propuestas diseñadas para los visitantes son múltiples: van desde degustaciones y visitas guiadas hasta cursos de cata, almuerzos o cenas temáticas, caminatas por los viñedos y, en algunas se puede participar en actividades de la cosecha.

De lo publicado en Diario "Río Negro", 1º de enero del 2020.

martes, 3 de marzo de 2020

Las Grutas estrena cava submarina, de la mano de bodegas Tapiz y Cota Cero Buceo.

Las Grutas estrena cava submarina, de la mano de bodegas Tapiz y Cota Cero Buceo.

Las primeras botellas se descorcharán el 24 de marzo, en la Fiesta del Golfo. Increíble. Otro atractivo suma el balneario rionegrino.

Cuenta la leyenda que, en el corazón de algunos barcos hundidos, se encontraron botellas. Cubiertas de la vida que crece bajo el agua, pero con su contenido intacto. Eso impactó a los que se animaron a abrirlas. Porque, al beber, su paladar no se crispó con la acidez esperada. Contra todos los pronósticos, el vino mostró su mejor versión. Y, desde entonces, algunos dicen que el fondo del océano es la mejor de las bodegas.
“No sé si esos cuentos serán ciertos pero hay experiencias en el mundo que lo confirman. En Croacia existen este tipo de bodegas submarinas y en España también, tanto en Tenerife como en el Mediterráneo. Nosotros no quisimos ser menos. Y ahora, en Las Grutas, iniciamos una. Y el 24 de marzo, para la Fiesta Nacional del Golfo, descorcharemos las primeras botellas del Malbec que desde el último septiembre se están añejando en el fondo del mar del Golfo San Matías”, contó Fabián Valenzuela a Yo Como.
Fabián es enólogo de las bodegas Tapiz, que tienen su sede en Mendoza, pero, desde hace unos años, también establecieron dos bodegas en Viedma. Las uvas con las que fabrican su producción rionegrina nacen y crecen en las 60 hectáreas de viñedos que tienen en San Javier. Justamente, los vinos que se degustarán tras la inmersión   fueron creados con el producto de su quinta cosecha en la región.
“Son cosecha 2018. Por eso, si esos vinos hubieran estado en una bodega en tierra, recién a fines de este año o en 2021 estarían listos para beber. Pero en el fondo del mar el añejamiento se acelera. Dicen que tres años de estacionamiento en tierra equivalen a uno en el océano. Por eso, tendremos el placer de descorcharlos tras seis meses de espera en nuestra bodega submarina”, se entusiasmó el experto.
Sin embargo, más allá de acelerar  los procesos, el mar tiene otras ventajas. “La presión, la luminosidad que existe en el lecho marino, el movimiento permanente…todo eso hace que los vinos muestren su mayor potencial. Que sus aromas sean más intensos, y su sabor más delicado”, detalló Fabián.
Pero… ¿cómo llegaron esas botellas al mar de Las Grutas? La bodega realizó una alianza estratégica con la empresa de buceo Cota Cero, y, en conjunto, diseñaron la forma de llevarlas.
“Para transportarlas y que quedaran estacionadas en el fondo se construyeron unos canastos de acero inoxidable. Además, los envases de estos vinos fueron especialmente diseñados. No tienen etiqueta papel, están pirograbadas (grabadas en el vidrio) y sus corchos, naturales y de alcornoque, están lacrados y sellados con una silicona especial. Todo eso garantiza que no haya afectación al medio ambiente marino. Porque toda la iniciativa contó con el respaldo de un estudio de impacto ambiental”, explicó Claudio Barbieri, de Cota Cero.
La magia de la propuesta, sin embargo, no está sólo en el sabor. Es que el mar convierte las botellas en piezas de arte. Y cada una de ellas tendrá diseños únicos, nacidos del contacto con esa naturaleza.
“Ocurre que- describió Claudio- lo que permanece en el mar comienza a llenarse de vida, se coloniza. Y las algas, los microorganismos, todo lo que late en el fondo recreará la imagen de esas botellas. Que serán otras, llenas de encanto submarino, al llegar a tierra”.
Por el momento, se añejan 300 unidades. Todas de malbec, bajo la marca “Wapisa” (significa ballena en idioma yamana, que era el que manejaban los aborígenes de Tierra del Fuego). De hecho, la etiqueta tiene el dibujo de una cola emergiendo del agua, como las de los cetáceos que, de julio a septiembre, suelen visitar el Golfo para reproducirse.
“Ahora, lo único que falta es contar los días para que se inicie el tan ansiado descorche”, resumió el enólogo. “Todos queremos probar y brindar con esos vinos. Por eso convocamos a la gente a sumarse a nuestra propuesta”, invitó.
Publicado en Diario "Río Negro", 27 de febrero de 2020.