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viernes, 12 de septiembre de 2025

BODEGA HUMBERTO TRONELLI.

 


CARLOS TRONELLI, PRODUCTOR Y DUEÑO DE BODEGA TRONELLI. MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA RESPIRA EN LA BODEGA HUMBERTO TRONELLI, UN EMPRENDIMIENTO FAMILIAR QUE NACIÓ EN 1915 EN 1915 DE LA MANO DE CLEMENTE TRONELLI, APENAS TRES AÑOS DESPUÉS DE LLEGAR A LA ARGENTINA. CON ESFUERZO Y PASIÓN, COMENZÓ ELABORANDO VINOS CON UVAS COMPRADAS, HASTA QUE SUS PROPIOS VIÑEDOS DIERON VIDA A LA TRADICIÓN QUE HOY CONTINÚA.UBICADA EN STEFENELLI, LA BODEGA MANTIENE INTACTO SU ESPÍRITU DE TRABAJO EN FAMILIA. YA TRANSCURRIDOS MÁS DE 100 AÑOS, ES LA CUARTA GENERACIÓN LA QUE SE SUMA A ESTE LEGADO DE ESFUERZO, DEDICACIÓN Y AMOR POR LA TIERRA. CON VIÑEDOS EN ROCA Y GUERRICO, PRODUCEN VINOS Y ESPUMANTES DE CALIDAD, DONDE EL MALBEC SE DESTACA COMO EMBLEMA.“PRODUCIMOS LA UVA, EL VINO Y LO VENDEMOS. HACEMOS TODO EL PROCESO CON NUESTRAS MANOS”, CUENTA CARLOS TRONELLI, TERCERA GENERACIÓN AL FRENTE DEL PROYECTO. UNA HISTORIA QUE SIGUE CRECIENDO, CON VISITAS GUIADAS Y NUEVAS PROPUESTAS, PERO SIEMPRE CON LA MISMA ESENCIA: LA UNIÓN FAMILIAR Y LA PASIÓN POR EL VINO.



ROCA DE AYER Pichi Cafetero De Roca Graiber.

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El 26 de diciembre de 1912, Clemente Tronelli, fundador de la bodega, llegó a Argentina desde Italia. Tras residir temporalmente en la provincia de Buenos Aires, se estableció en el área conocida como pueblo viejo, hoy Stefenelli en General Roca. En 1915 inició la plantación y elaboración de sus primeros vinos con uvas compradas. Poco después, su esposa Francesca Moglianesi llegó al país desde Italia con sus dos hijos mayores.


Para la década de 1920 ya se encuentra construida la base de lo que es la actual bodega, tal como se muestra en la fotografía a continuación. En ella se observa a Clemente Tronelli y su esposa Francesca Moglianesi con su hijo Humberto Tronelli en brazos, quien tenía pocos días de nacido. En honor a él la bodega lleva actualmente su nombre: “Humberto Tronelli”.

En sus comienzos se elaboraban vinos de mesa en bordalesas de 200 litros y en damajuanas de 10 y 5 litros, incluyendo vinos blanco, rosado, clarete y tinto. Fué Humberto Tronelli quien continuó con la bodega, y actualmente su hijo, Carlos Tronelli, continúa con el legado. En 1991, Carlos comienza con la elaboración de los primeros espumantes y la reconversión de los viñedos para cultivar varietales. En 2003, se adquirió una nueva finca que también se reconvirtió para plantar Malbec, Merlot, Cabernet Franc y Torrontés.


Actualmente, Carlos y sus hijas, representando la cuarta generación, se dedican exclusivamente a la producción de vinos varietales y espumantes de alta calidad, ofreciendo una gama de 9 variedades de vinos y 4 tipos de espumantes.

BODEGA TRONELLI.

https://bodegatronelli.com.ar/index.html


Enlace de interés:

https://bodegatronelli.com.ar/index.html

viernes, 11 de julio de 2025

HUMBERTO CANALE. Más de 100 años y un millón de litros anuales de vino: el secreto de la emblemática bodega de Río Negro

 

Más de 100 años y un millón de litros anuales de vino: el secreto de la emblemática bodega de Río Negro.

Humberto Canale no solo es la bodega más antigua del Alto Valle, sino que se consolida como la más grande. La obtención de vinos finos no sería posible sin las particulares condiciones medioambientales del norte de la Patagonia.

A 116 años de su fundación, la bodega Humberto Canale no solo mantiene viva su historia: desde el Alto Valle del río Negro, sigue siendo una protagonista indiscutida del vino patagónico y nacional. Su permanencia no es casual: combina una filosofía de trabajo arraigada en la calidad, una administración muy ordenada y un crecimiento controlado, pero constante. Las particulares condiciones medioambientales de la región son un elemento clave.

La bodega, conducida por la cuarta generación de la familia Barzi-Canale, entendió antes que muchos que el mundo del vino cambió. Mientras baja el consumo per cápita a nivel global, se impone la búsqueda de productos de alta gama. Humberto Canale se adaptó sin perder su esencia.


La «bodega del millón» en el Alto Valle.


Ubicada en General Roca, Humberto Canale es la bodega en funcionamiento más antigua del Alto Valle del río Negro y también la más grande. “Hoy en el Alto Valle del río Negro, nuestra empresa es la que tiene mayor volumen de producción, mayor cantidad de viñedos, y vamos creciendo. Plantamos todos los años una determinada cantidad de superficie y erradicamos en viñedos solamente lo que consideramos que ya no tiene interés comercial o productivo, que por suerte no es mucho”, explica Juan Martín Vidiri, agrónomo y director de la empresa.

La bodega cuenta con 630 hectáreas totales, de las cuales 160 están plantadas con cepajes finos para vinos de alta gama. Produce 1,5 millones de botellas al año (más de un millón de litros) y emplea alrededor de 400 personas durante la etapa de la vendimia. En sus viñedos predominan las espalderas, ideales para uvas de calidad. “Otros sistemas como parral o tatura han quedado más para uvas de mesa o para otros niveles de producción, que no es lo que nosotros estamos buscando”, aclara Vidiri.

El compromiso con la calidad se refleja desde el viñedo. “Sin calidad de materia prima no podés tener calidad de vino. Cualquier receta maravillosa se va a desarrollar mucho mejor si los productos con los que se hace son de calidad”, afirma. Ese concepto guía cada decisión. Desde la poda invernal hasta el manejo de la canopia (la “pared” de hojas que debe interceptar bien la luz solar), cada etapa del cultivo se cuida al detalle. El objetivo es producir uvas equilibradas, con buena sanidad, estructura y expresión varietal

El rendimiento se maneja en función de cada cepaje. “Pinot Noir está en torno a los 7.000 u 8.000 kilos por hectárea. Es una variedad que no tolera bien los excesos de producción. En Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, estamos en un rango de 9.000 a 12.000 kilos. Son buenos números, pero no buscamos el máximo rendimiento: cuando excedés determinados niveles, los mostos que se obtienen son desparejos, no son delicados, pueden tener aristas no agradables”, detalla.

Otro punto clave de la sostenibilidad del modelo es el orden financiero. “Una correcta administración, un correcto control de egresos y de ingresos es fundamental. Tener información, disponer de esa información y utilizarla. Y después, el grupo humano, la gente, marca la diferencia”, remarca Vidiri. Según explicó, el costo por kilo de uva oscila entre los 45 y los 55 centavos de dólar. Ese rango les permite sostener una ecuación económica saludable sin sacrificar calidad. “Hay una disyuntiva entre cantidad y calidad, y nosotros optamos por la segunda. Es parte de nuestra esencia y la clave de nuestro éxito”.

La calidad del vino, la clave de la prosperidad. 


La decisión de priorizar calidad por sobre cantidad no es solo empresarial, sino enológica. “El Alto Valle del río Negro, en el norte de la Patagonia argentina, tiene características agroclimáticas diferentes de otras zonas vitivinícolas del país. La baja cantidad de lluvias, los vientos frecuentes, la gran amplitud térmica… todo eso, acompañado de diferentes perfiles de suelo, hace que los vinos tengan características únicas”, señala Horacio Bibiloni, enólogo de la bodega.

Entre las variedades tintas se destacan el Malbec y el Pinot Noir, ambos muy demandados internacionalmente y con un sello local inconfundible. “El Pinot Noir da un vino realmente sobresaliente, característico, con mucha tipicidad”, apunta Vidiri. Bibiloni amplía: “En climas cálidos, el Pinot madura muy rápido y se obtienen vinos que no son complejos ni elegantes. Acá, gracias a las noches frescas, el proceso de maduración se desacelera y eso nos permite cosechar con una maduración mucho más adecuada. Hoy el Pinot Noir es la variedad que más nos diferencia de otras regiones”. 

El Malbec del Alto Valle, en tanto, se distingue del mendocino por su equilibrio natural y su perfil sobrio. “Quizás no tan profundamente aromático, pero sí con un gran color, un excelente cuerpo y muy balanceado. Tiene una mineralidad y una elegancia que lo hacen muy particular”, dice Vidiri.   

En blancos, destacan el Sauvignon Blanc, el Semillón y el Riesling. “Los vinos que elaboramos son frescos, frutados, con mucha tipicidad varietal. Buscamos asociar esas características de la región a toda nuestra filosofía de trabajo, donde trabajamos mucho en lograr vinos complejos y elegantes”, resume Bibiloni.   

El estilo de vinificación varía según el objetivo de cada línea. Los vinos blancos, en su mayoría, no pasan por madera y se embotellan pocos meses después de la cosecha. En cambio, los tintos de alta gama maduran entre 10 y 12 meses en barricas de roble francés y americano, y luego pasan al menos un año en botella antes de salir al mercado.  

La historia que empezó con inmigrantes y siguió con visionarios


La historia de Humberto Canale se remonta a fines del siglo XIX, cuando una familia de inmigrantes genoveses llegó a Buenos Aires y fundó una panificadora en San Telmo. El emprendimiento prosperó, se diversificó hacia pastas y conservas, y se transformó en una de las industrias alimenticias más importantes del país durante décadas. Uno de los hijos, Humberto Canale, ingeniero civil, fue funcionario público en tiempos de Julio A. Roca y discípulo del ingeniero Luis Huergo.   

Juntos fundaron la bodega en 1909, atraídos por el desarrollo ferroviario y el potencial agrícola del Alto Valle. Las primeras vides (Cabernet Sauvignon, Merlot, Semillón, Sauvignon Blanc) se importaron desde Burdeos, inspirados por la idea de replicar en la Patagonia un terroir de prestigio. “La zona no es análoga a Burdeos, pero vieron el río, el clima, y pensaron que podía funcionar. Y efectivamente, funcionó”, cuenta Vidiri. Décadas después se incorporaron nuevas variedades, como el Pinot Noir, que resultaron un hallazgo para la región.  

Hoy, la bodega conserva un parral mixto de 1937 con Cabernet y Riesling, y un Semillón de 1942. “Son viñedos que están disponibles para visitar, que están en muy buena condición y siguen dando excelentes producciones”, señala Vidiri.   

Durante muchos años, el principal mercado fue el interno. A partir de los años 70 comenzaron las exportaciones y los reconocimientos internacionales. “Recuerdo la alegría del primer premio, en Francia, un Cabernet Sauvignon que sacó medalla de oro. Fue una validación de lo que ya sabíamos: que esta región tenía condiciones de excelencia para vinos tintos”, dice Vidiri.   

Actualmente, Humberto Canale exporta entre el 35% y el 40% de su producción a Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Brasil y mercados de América Latina. “La vitivinicultura argentina no se comprende sin la pata exportadora. Es esencial”, agrega. 

Después de más de un siglo, Humberto Canale no solo se mantiene: crece. Lo hace evaluando cada inversión, cuidando cada decisión agronómica, respetando su historia y apostando por el futuro. “Todos los años hacemos nuestras evaluaciones y vemos en qué área productiva podemos invertir y plantar o erradicar”, resume Vidiri.   

La clave, repite, está en la combinación entre administración profesional, pasión familiar y trabajo bien hecho. “Humberto Canale fue de los primeros que plantó y es la empresa que todavía sigue en funcionamiento y con crecimiento, con nuevos productos y con todas las ganas de seguir escribiendo la historia”. 

Publicado en diario Río Negro.

Domingo 6 de Julio del 2025.

Foto: Florencia Salto.

https://www.rionegro.com.ar/rural/mas-de-100-anos-y-un-millon-de-litros-anuales-de-vino-el-secreto-de-la-emblematica-bodega-de-rio-negro/



jueves, 3 de julio de 2025

Bodega WAPISA. Localidad de San Javier, Río Negro.

 


Bodega WAPISA.

La Bodega Wapisa se ubica a unos 30 km de Viedma en la localidad de San Javier y pertenece al grupo de Bodegas Tapiz, antes manejada por el grupo americano Kendall-Jackson y  actualmente conducida por la familia Ortiz.

El nombre Wapisa deriva de la lengua Yamana de los aborígenes de Tierra del Fuego y hace referencia a las ballenas que deambulan por nuestras costas.

Esta Bodega Patagónica cuenta con viñedos propios adyacentes a la Bodega con las variedades Sauvignon Blanc, Merlot, Malbec y Cabernet Sauvignon, además utiliza uvas de otros viñedos implantados en la región con un total de 60 hectáreas en producción de las 120 disponibles.

Las instalaciones se encuentran donde anteriormente existía la Bodega Lapeyrade, la cual fue demolida para instalar en el predio una Bodega totalmente nueva. En la actualidad poseen una capacidad de elaboración de 300.000 litros en tanques pequeños y medianos de acero inoxidable, piletas de mampostería y variada tonelería de roble.

Durante la visita coordinada por la agencia "Viedma Experiencias" (acá) pudimos probar algunos vinos desde tanques en proceso de elaboración, como un sauvignon blanc, un pinot noir y un malbec; luego desde barricas un pinot noir, un cabernet y un merlot que la Bodega actualmente no fracciona como varietal.

Finalmente se realizó una degustación de los vinos actuales de la cartera de productos de la bodega a Bodega, que fueron un Sauvignon Blanc 2023, Pinot Noir 2023, Malbec 2023 y Cabernet Sauvignon 2023.


Foto de la Web de la Bodega.

Agradezco el profesionalismo y la calidez de Marcela y Gabriel (de Viedma Experiencias) y a continuación dejo algunas notas de cata de los vinos que pasaron por el Blog:

 Wapisa Pinot Noir 2023

martes, 17 de junio de 2025

Mabellini Wines una bodega en el barrio Confluencia de Neuquén.

 


La historia de amor y tradición detrás de un vino de alta gama que se produce en Neuquén.

Hace más de 7 años, Carlos Mabellini y Lorena Nicolás Creide comenzaron a darle vida a Mabellini Wines, una bodega con carácter y corazón, en el barrio Confluencia.


Identidad, amor y raíz; las formas de tratar la uva; celebrar la propia historia: eso también habita en el vino. Hace menos de una década, Lorena y Carlos decidieron convertir la chacra familiar del Barrio Confluencia en una bodega, para poner en marcha el sueño que acompañó a Carlos desde la infancia y para honrar lo que fueron aprendiendo en un largo camino que vienen transitando juntos.

Buscan hacer un vino de excelencia, en el corazón de la ciudad, que pueda evocar el espíritu de una región que, desde principios y hasta mediados del siglo pasado, supo tener más de 400 pequeñas y medianas producciones vinícolas activas.

Son escribanos, se conocieron en 2002 trabajando en la escribanía Mabellini, cuando Lorena empezaba a hacer sus primeras prácticas profesionales. Pero se enamoraron y la vida tomó otro rumbo. Lorena dice que desde el principio Carlos se propuso presentarle el mundo del vino y que fue match inmediato. Un destino ineludible para una neuquina que desde muy pequeña se colaba en las mesas de los adultos para escuchar las charlas que acompañaba el vino; una niña “viejita”, como le decían sus abuelos, que disfrutaba de irse con ellos largas semanas al campo que tenían cerca del paso Pichachén, donde aprendió a querer todo lo que la tierra neuquina brinda.

“Yo era la más chiquita de las nietas en ese momento. Mi abuelo venía y me decía: ¿viejita, vamos a Chochoy? Él manejaba, yo iba en el medio y mi abuela con su canasta y todos los víveres. Hacíamos viajes eternos al campo, porque mis abuelos eran radioaficionados, entonces íbamos parando en todos los parajes de la cordillera para llevar las cosas que nos iban pidiendo, o en los ranchitos adonde invitaban a Don Creide a compartir el mate”, recuerda.

Hoy Carlos y Lorena tienen dos hijas y también Mabelline Wines, un proyecto que comenzó como una aventura y se convirtió en un producto con puntuaciones internacionales brillantes, para el que trabaja un equipo de profesionales patagónicos, que genera trabajo local y que crece con discreción y belleza, rodeado de viento y barda, muy cerca de la confluencia de los ríos.

El vino alegre.

El amor de Carlos por el vino comenzó en la infancia, en épocas donde las familias solían compartir la mesa y el vino era parte de esa ceremonia preciosa y cotidiana que tanto nos cuesta sostener en la actualidad. En ese entonces, Argentina era la primera consumidora de vino a nivel mundial, con un promedio anual de 100 litros por habitante, un número que hoy se redujo a 20.

Sus dos abuelos, Lorenzo Zannola y Pedro Mabellini, habían llegado desde el mismo pueblo italiano a vivir a Cinco Esquinas, en la zona de La Picasa, lo que hoy es Cinco Saltos. Ambos producían vino, no cualquiera, sino un vino alegre, hecho con entusiasmo en piletones, un vino que se compartía entre los trabajadores de la cosecha, que se brindaba en las carneadas, que se servía para toda la familia, también para los niños con mucha soda. Sin embargo, fue Pedro, el papá de su papá, quien se volvió un especialista y heredó esa tradición a los suyos.

“Cuando era chico íbamos a la casa del tío Giovanni, que se había quedado produciendo en la chacra paterna. Y ahí es donde estaban las dos piletas de 4.000 litros para hacer vino. Yo me preguntaba por qué si era un vino familiar hacían 8.000 litros. Porque era para todos todos, para compartir realmente”, explica Carlos. Y agrega: “Yo no conocí a mis abuelos. Mi papá dejó la vida de chacra cuando tenía 12 años y una familia que le compraba frutas a mi abuelo lo invitó a La Plata para que pudiera hacer la secundaria y la universidad. Entonces si bien yo no lo viví directamente esa vida, ese amor es algo que se lleva en la sangre. Mi papá decía: 'vos no conociste a tus nonos, pero tenés los mismos gustos que ellos'. Es así, los genes se imponen”.

Un sueño compartido.

Carlos siempre quiso hacer su propio vino, pero era un sueño que necesitaba madurar. En cambio, se hizo coleccionista, quizá uno de los más importantes del país. Los primeros vinos que guardó hace 25 años fueron un Lagarde y un Luigi Bosca. Hoy su cava privada es una fiesta de historia y belleza, que resguarda los secretos y trayectos de cientos de productores patagónicos y de cada rincón de Argentina.

“Este espacio también es una forma de mostrar respeto a los hacedores, a todos los que trabajan en la industria, que es muy diversa y muy hermosa. Porque hacer vino es tener contacto y trabajar con la tierra, es respetar y hacer valer tu terroir y llevarlo a 750 mililitros. Es algo increíble, pero se logra”, explica Lorena.

Carlos solía decirle a su papá: “Viejo, tenemos que hacer vino”. Y él siempre le respondía: “Pero a vos no te gusta hacer vino, Carlos, a vos te gusta tomar vino”. Pedro falleció en 2017 y ese mismo año, quizá como homenaje, quizá porque sintieron la necesidad de hacer brotar la memoria, decidieron comenzaron el sueño.

“Fue una decisión. Quisimos hacerlo acá, por todo lo significaba para la familia, pero implicó reconvertir una chacra que tenía peras, ciruelas y manzanas en viñedos. Trabajamos con el ingeniero agrónomo, Marcelo Casazza, de Mendoza, que todavía nos asesoran hasta el día de hoy. Después conocimos a Valeria López, que es nuestra enóloga; ella también es patagónica, es de Villa Regina, al igual que Caverzán, otro ingeniero agrónomo. Eso nos hace armar un equipo realmente muy patagónico y nos encanta: los dueños, el enólogo, el agrónomo. Entonces hay como mucha gente del Alto Valle trabajando en el equipo, también en las chacras y eso bueno, también nos gusta”, dice Lorena.

Además de la producción local, incorporaron una chacra de Mainqué, Río Negro, que posee una bodega con viñedos históricos que construyó la familia Verdecchia en 1912, donde también están haciendo un trabajo de mejoramiento, renovación, podado sobre plantas de más de 60 años.

Viñedos propios y turismo neuquino.

La bodega Mabellini no compra uvas, todo se cosecha en los propios viñedos en pequeñas bandejas de 14 kilos, en un proceso de selección que es manual, donde trabaja y disfruta toda la familia. En 2021 tuvieron la primera cosecha, luego de haber plantado en 2018. Esa primera etapa permitió obtener 7 mil botellas, que al siguiente año se convirtieron luego por 15 mil y se proponen alcanzar las 70 mil.

No buscan cantidad, sino trabajar sobre la calidad. Carlos y Lorena dicen que están en un proceso de aprendizaje de muchas cosas dentro de la industria, intentando nunca dejar de disfrutar el proceso. Y lo hacen con pasión, porque no reconocen otra forma de encontrarse con el vino, pero también con respeto, porque saben que este terruño tiene tradición y memoria.

Hace varios años Lorena tiene “el corazón dividido en dos”, dice. Además de la bodega, administra la Estancia Chohoy Mallín, a la que iba a jugar de niña con sus abuelos. La estancia, que está ubicada muy cerca de la frontera con Chile, a pocos kilómetros de Los Guañacos y a unos 100 de Chos Malal, se convirtió en un Lodge de pesca más que atractivo para el turismo.

“Lo que hacemos tiene que ver con la identidad, es recuperar las tradiciones familiares, es hacer prevalecer Neuquén. En la estancia, mantenemos la tradición de la trashumancia. La parte turística fue algo mío, que quise hacer porque me encanta. Convertí mi casa: guardé todas nuestras cosas y armé el Lodge. Ahí siempre pasábamos el verano con mis hijas, así que cada turista que llegaba lo atendíamos todos a cuerpo de rey. Hasta que vimos que sí, que funcionaba, que la gente volvía. Entonces comenzamos a construir el nuevo lodge que ya tiene seis habitaciones”, explica. “Hay mucho esfuerzo atrás de todo esto, pero tenemos plena conciencia que no sólo es lo que amamos, sino también es la forma de que todo quede en Neuquén”, agrega.

Hace décadas que Neuquén viene apostando a la industria turística como una posibilidad concreta de diversificar la economía. Los últimos años se convirtió en una realidad que, aunque pueda requerir mayor impulso, siempre avanza. El sector bodeguero es un aliado estratégico. Este año, en el Festival del Chef Patagónico de Villa Pehuenia estuvo presente la carpa de Vinos de la Patagonia, una sinergia entre Neuquén y Río Negro que permite destacar la potencialidad de los vinos de la Patagonia Norte.

“Creo que tenemos que unir la gastronomía con el vino en un solo espacio. Es fundamental, porque somos parte de la cadena gastronómica. No hay gastronomía sin vino, sin cerveza, sin jugo natural. Entonces, somos todos los productores que tenemos que estar juntos. Entre las bodegas nos llevamos todos muy bien. Incluso hasta para cortes, para armar vinos, nos llamamos, nos consultamos. Cada vino tiene su terroir, entonces, no hay competencia. Somos todos hacedores de vino en nuestra tierra y cuanto más unidos estemos, mejor”, concluye Lorena.

Hay muchas formas de honrar la tierra, muchas formas de ser Neuquén. Carlos y Lorena la encontraron volviendo a la infancia, tejiendo y destejiendo una tradición, reconociendo la raíz y haciéndola vino.






Publicado en La Mañana de Neuquén.

Domingo 15 de junio del 2025.

Por Cecilia Rayén Guerrero Dewey. 

Imágenes: Claudio Espinoza.

HISTORIAS NEUQUINAS.

https://www.lmneuquen.com/neuquen/la-historia-amor-y-tradicion-detras-un-vino-alta-gama-que-se-produce-neuquen-n1194107

miércoles, 15 de enero de 2025

Bodega Walter Bressia. Conociendo Bodega Walter Bressia.

 

Conociendo Bodega Walter Bressia.

A punto de cumplir 20 años visitamos su bodega.

En el marco de mi habitual viaje anual a Mendoza con el colega Nicolás Orsini, para visitar bodegas de manera completamente independiente, fuimos un mediodía a conocer la de uno de nuestros más destacados enólogos: Walter Bressia.

Inicialmente fuimos recibidos en la sala de recepción por la sommelier Eliana Cinquegrano, quien nos alcanzó enseguida una copa de espumante para refrescar la boca. Era algo indispensable en un día en que el caliente viento Zonda soplaba tan fuerte, que hacía vibrar los techos de la recepción y doblarse los álamos que circundan la bodega.

En la finca donde ésta se encuentra no hay viñedos propios, ya que el espacio no alcanza, pero lo subsanaron comprando en 2020 otra finca a la que llaman Marita Teresa (nombre de la esposa de Walter). Se trata de un viñedo de 10 hectáreas, principalmente Malbec, de donde surgen las uvas para su vino con Denominación de Origen Controlada Distrito Agrelo, que salió en 2023.

Luego comenzamos a recorrer las instalaciones, comenzando por las dos salas de tanques: una de 2005 y otra que se agregó más tarde. La simple recorrida permite darse cuenta que la bodega no ha parado de crecer en los últimos años, ya que prácticamente no queda espacio sin ocupar.

Poseen tres cubas de roble, cuatro tanques de acero inoxidable con sistema denominado "air mixing", que se utiliza para hacer remontajes automáticos, dos tanques en forma de huevo de acero inoxidable de 2.500 Litros, cuatro huevos de PVC y cuatro cubas de roble Garbelotto de 5.000 Litros.

Hay tres cavas de guarda, y visitamos la que se utiliza para los vinos de alta gama, llamada Cava del Ángel en honor a un hijo que falleció de chico y que representa el símbolo de la familia unida. Allí se guarda el vino que conforma el Lágrima Canela blanco y el Profundo, con varios fudres y barricas.

Cabe destacar que, si bien lleva su nombre, hoy en día la bodega es un proyecto enteramente familiar, ya que en un momento Walter reunió a sus cuatro hijos y les propuso que se sumen:

Marita es administradora de empresas y se dedica al comercialización, exportaciones e inició el proyecto de hospitalidad.

Antonella, es licenciada en enología.

Gastón es ingeniero agrónomo y se dedica al área de fincas, trabajando en la innovación tecnológica y el contacto con los productores.

Álvaro está gerenciando un nuevo proyecto en Jujuy.

Matías, el marido de Marita, lleva el comercio interior.

Marita Teresa, esposa de Walter, realiza el paisajismo y decoración de la bodega.

Delia, hermana mayor de Walter, fue la primera en acompañarlo desde la parte administrativa y aún lo hace, con 83 años.

Walter es enólogo, pero aclara que a diferencia de muchas bodegas tradicionales familiares de Mendoza, él es primera generación. Su abuelo paterno tuvo una finca, pero no la trabajó porque se desempeñaba en Gas del Estado.

La historia nos la contó Walter de primera mano: se había recibido en el Liceo Agrícola, con orientación enología, pero quería estudiar medicina, para lo cual rindió examen de ingreso en la facultad. Lo hizo bien pero, por los cupos, no pudo ingresar, lo que lo obligaba a ir a estudiar a Córdoba o a Tucumán. Lamentablemente, esto no compatibilizaba con su situación familiar por entonces: su madre había fallecido recientemente y no quiso dejar a su padre solo, con sus tres hermanas.

Además, ya estaba de novio con Marita, por lo que decidió no quedarse un año sin hacer nada y entró a trabajar, en 1977, a Boero Nápoli y Cía., una bodega de una familia de Rosario que hacían muy buenos vinos tintos. Allí pegó onda con el encargado de la bodega y el encargado de las fincas de Ugarteche y Tupungato, don Luis Romani, dando inicio a una impresionante carrera.

Estuvo un año, y en 1978 (un 15 de febrero, recuerda con precisión), por intermedio de un asesor que trabajaba para Adriano Senetiner le surgió la posibilidad de ir a la bodega Nieto Senetiner. Allí "cuidaba a los toneles como a mi familia", rememora.

Luego de un paso estelar por Nieto Senetiner, cuando Adriano la vendió se asociaron para la posterior fundación de bodega Viniterra donde estuvo hasta 2003 y realizó grandes y exitosos vinos, dando inicio a la bodega que lleva su nombre.

"La primera uva que empecé a trabajar fue un Chenin que iba a Santa Isabel y que es la misma finca que ahora compramos una parte. Estuve 20 años en Nieto Senetiner, donde tuve todo mi desarrollo como profesional, incluyendo prácticas en Francia e Italia y en Napa Valley. Viniterra se inicia en 1996 junto con Adriano Sentiner, hasta 2003, pero para el año 2001 ya había empezado a hacer el vino Brescia Profundo, en la bodega de un amigo".

Los primeros vinos se elaboraron en un par de bodegas distintas, pero en 2003 compra la finca, en marzo del 2004 escritura y se empieza a construir el primer cuerpo de la bodega, que se inaugura el año 2005, junto con la primera vendimia.

"Tengo fudres desde hace 12 años, con una de las cavas de fudres más grandes de la Argentina, totalizando 26 unidades", detalla Walter.

Pero Walter no es el típico enólogo al que le cuesta salir de la bodega: tomó por primera vez el cargo de director de Bodegas de Argentina en 1981 representando a Nieto Senetiner (Adriano Senetiner fue presidente del Centro de Bodegueros dos veces): “dije que sí porque no me pesaba el cargo”, afirma. También hizo el mandato 2015 - 2019 y lo volvió a ocupar desde 2023 hasta ahora.

Sus proyectos no se detienen y desde hace poco ha incursionado con "Sueños de la Quebrada" en Purmamarca: se trata de una finca de 30 hectáreas ubicada a 2.000 msnm, con 5 hectáreas plantadas, pero que aún no dieron fruto y  de dónde está por salir el vino Sangre de Tintas 2024, elaborado en un principio con uvas compradas a sus vecinos de Bodega Kindgard.

"Nunca pensé que iba a terminar teniendo un proyecto en Jujuy. Un amigo que tenía un socio allá me empezó a entusiasmar para hacer algo los tres. La única forma que entraría sería como socio y en partes iguales", explica.

Operan, además, un club de vinos con más de 2.000 socios, para el que incluso importan los vinos de Juan Gil de Jumilla, Murcia, España.


En la próxima nota te contaremos también con bastante detalle todos los variados vinos que elaboran, los que se han ganado un merecido reconocimiento en el mercado argentino e internacional.

Ad astra per aspera: a las estrellas con sacrificio, 2021; reza el escudo familiar que lucen con orgullo en las paredes de la bodega de esta nueva dinastía vitivinícola. 

 *** Publicado en blogspot Ángel y Vino.

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