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domingo, 19 de julio de 2026

Bodega Chacra en Patagonia. Mainqué, Río Negro.


Bodega Chacra en Patagonia.

Pinot Noir, biodinamia y terroir de Río Negro.

Visitamos la tierra en la cual el Pinot Noir argentino demostró estar a la altura de los mejores del mundo.

La visita a Chacra era una de esas deudas importantes, ya que en mis viajes anteriores nunca había logrado concretar el encuentro. Esta vez, finalmente, gracias a Musu y su tour La Cueva Visita Patagonia, llegué hasta allí y fui recibido por el enólogo Diego Giovanniello, encargado de la bodega, quien nos dio la bienvenida con la naturalidad de quien conoce cada rincón de ese lugar único, ya que Bodega Chacra, en el corazón del Alto Valle de Río Negro, es hoy uno de los grandes referentes del Pinot Noir argentino y de la viticultura biodinámica en la Patagonia.

Visitar Chacra también implica entender su origen -no el de sus viñedos, que son mucho más antiguos-, sino el proyecto impulsado por un heredero de la aristocracia italiana: Piero Incisa della Rocchetta. Criado y formado entre los viñedos familiares de la Toscana -su abuelo, el marqués Mario Incisa della Rocchetta, fundador de Tenuta San Guido y creador del legendario Sassicaia, del cual Piero fue además embajador de marca-, decidió expandir su propio horizonte vitivinícola y trazar un camino propio, lejos de esa historia familiar.

En 2003 fundó Bodega Chacra, en la Patagonia argentina (Río Negro), dando forma a un proyecto personal que pronto alcanzaría reconocimiento internacional. Allí elabora vinos de alta gama centrados en Pinot Noir, guiado por un enfoque orgánico y biodinámico que busca expresar con precisión la identidad del terroir.

La historia.

Reproduciré ahora la historia contada por Piero a la periodista Verónica Bonacchi en el diario Río Negro:

Un día, en Nueva York, su prima la condesa Noemí Marone Cinzano, que había llegado a la zona acompañando a su pareja, el asesor enológico Hans Vinding Diers, auditor para Marks & Spencer de las importaciones con Humberto Canale, le convidó a Piero un Pinot Noir de esa bodega. A Piero le encantó y, sobre todo, intuyó un lugar. “Era la indicación de que detrás de ese vino había grandes condiciones. Sin saber dónde estaba Mainqué, sin saber nada, busqué un avión para venir acá y tratar de entender el lugar donde estaba hecho ese vino”.

¿Costó encontrar estos viñedos?

Tuve suerte. La vida es a veces es un poco rara: encontré un señor, Oscar Ferrari (N. de la R: jefe del INTA local) que me ayudó. Empezamos a visitar todas las chacras que según el registro tenían viña vieja de Pinot. Y, además, los hijos de los inmigrantes que trabajaron la tierra se fueron a ser doctores, abogados, ingenieros y quedaron los viejitos. Pero, encontrar una viña vieja como esta, fue como encontrar un diamante de 50 quilates.

–¿Y fue un diamante?

–Parecía una piedra sin interés. pero se notaba que había un material único porque si una viña llega a vieja es que las condiciones son maravillosas, si no, se hubiera secado antes.

Era principio de los 2000 y Piero tenía claro que quería hacer un vino liviano, en una época donde estaba de moda la extracción.

El viñedo orgánico y biodinámico, la esencia de Bodega Chacra.

El viñedo más viejo de Pinot Noir del Alto Valle fue plantado en 1932 y pertenecía a la familia Pirri, que supo tener la bodega más grande de esa época en la zona. Piero en un principio lo alquiló (luego lo compró) y, como el viñedo estaba todo abandonado, hizo un vivero para recuperarlo con el mismo material original. Ese trabajo es permanente, aún hoy, al recorrer el viñedo, vemos plantas marcadas con sogas rojas que son las que se tomarán como material genético para seguirlas reproduciendo.

Un equipo interdisciplinario y mundialmente famoso asesora a Chacra: el experto chileno Pedro Parra, realizó un estudio de los perfiles de suelo, dividiendo las parcelas, el asesor catalán Josep Ramon Sainz de la Maza explica cómo regenerarlos utilizando biofertilizantes, captura y reproducción de microorganismos, té de compost, compost y controlando los procesos en el suelo mediante el método Hérody y cromatografías, mientras que el italiano Marco Simonit, experto en poda, enseña la conducción de la vid en cordón permanente.

Trabajan bajo el principio de mantener el viñedo sin la intervención del tractor evitando así aplastar y compactar el suelo. Conviven animales, huerta, colmenas y una producción propia de compost, junto a una casita biodinámica donde se elaboran y almacenan todos los preparados, incluidos los cuernos de vaca -provenientes de animales que han parido, para aportar las hormonas necesarias que transforman el estiércol-, que luego se utilizan tanto en los preparados de invierno como de verano. El único que se mantiene fuera de la casita es el 501, que requiere exposición directa al sol y contiene cuarzo para absorber la luminosidad, entendida como la energía de las estrellas.

El suelo presenta una marcada proporción de arena, por lo que se trabaja con pasturas de cobertura que ayudan a atenuar el reflejo solar y a conservar la humedad. El riego se realiza tanto por manto como por goteo, y además cuentan con un sistema de aspersión destinado a la defensa contra heladas, favorecido por la presencia de dos canales que abastecen de agua a la chacra, “el corazón de la viña, lo que le da la energía”, en palabras de Giovaniello.

Solo la chacra Lunita, la última incorporada, no contaba con canales, por lo que se construyó un reservorio; allí, además, el sistema de aspersión se está instalando por encima del viñedo, a diferencia del de la foto, que está por debajo. El viñedo Mendoza, con plantas de aproximadamente 21 años, se destina mayormente a la línea Barda. Lindera a Chacra se encuentra la histórica parcela de Malbec plantada en 1932, propiedad de Noemía (Hans Vinding-Diers). En total, poseen 43 hectáreas propias en producción y complementan con la compra de uvas a cuatro productores. Tienen Trousseau de 1932, cepa que en Río Negro se la llamaba Bastardo, con la cual han lanzado un varietal y solo se encuentra en esta región del país. Son pocas botellas, pero se está plantando más. El Syrah, por su parte, ocupa 4 hectáreas trabajadas bajo criterios orgánicos y biodinámicos, aunque sin certificación.

Otro aspecto clave es que en esta zona la napa freática se encuentra muy alta, apenas a 1,5 metros de profundidad. Dado que se trata de un agua con elevada salinidad, es fundamental evitar que las raíces alcancen ese nivel. Cada detalle cuenta en este enfoque, donde el viñedo es el eje absoluto del trabajo: “Todo el trabajo está en el viñedo, yo en la bodega no hago nada”, resume con claridad el enólogo.

La bodega.

En la Patagonia, la madurez alcohólica y la polifenólica se alcanzan de manera simultánea gracias a las largas horas de sol, un factor clave para la calidad de la uva. En la sala de fermentación de tintos se destacan los piletones amarillos de concreto, circulares, de poca profundidad y gran diámetro, diseñados para maximizar el contacto entre hollejos y mosto y así favorecer el equilibrio y la homogeneidad.

La maceración se realiza con extrema delicadeza, evitando extracciones excesivas: el sombrero se humedece manualmente con baldes, sin uso de bombas, en busca de una expresión fina y elegante. La fermentación, llevada a cabo con levaduras autóctonas en pequeñas tinas de cemento, se mantiene a temperaturas inferiores a 20 °C para preservar los aromas frutales y florales.

Finalmente, la clarificación se realiza por decantación natural, sin filtrados ni intervenciones, con el objetivo de conservar la pureza y la identidad del vino. Todo el trabajo en la bodega es manual.

Pero Chacra ya no es solo Pinot Noir: con el tiempo han ido incorporando otras variedades, entre ellas Chardonnay, para cuya elaboración convocaron al francés JeanMarc Roulot, referente en Meursault y pionero en apartarse de la guarda 100% en barrica. Aquí trabaja con un esquema de 50% racimo entero y 50% despalillado, fermentaciones con levaduras nativas que se prolongan entre 10 y 19 días, sin superar los 23 °C, y una crianza repartida en partes iguales entre barrica y ánforas. Su filosofía se resume en una frase que repite como mantra: “yo cosecho cuando quiero”. Viaja cada año y participa de todo el proceso, con la única excepción de la prensa.

Pasamos luego por la sala de cortes, con tanques de acero inoxidable y piletas de concreto, y por la de embotellado, un espacio clave cuando se trabaja bajo criterios biodinámicos. Al fraccionar siguiendo el calendario lunar solo es posible operar durante quince días sí y quince no, una limitación que obliga a contar con una embotelladora de capacidad muy superior a la que demandaría la escala real de producción.

El recorrido finalizó en la sala de barricas, emplazada a 4,5 metros de profundidad y con una temperatura constante de 14 °C, equipada con toneles de roble francés de grano extrafino de las tonelerías Taransaud y Damy. “La madera hace riquísimo al vino, pero tiene que ser buena madera”, afirma Giovanniello. En cuanto a la crianza, los vinos de la línea Barda utilizan la barrica nueva, mientras que los Chacra 32, 55 y los “Sin azufre” se crían en barricas de segundo, tercer y cuarto uso, sin exceder ese límite. Por su parte, los Lunita se guardan íntegramente en piletas de concreto y ánforas, en tanto que el Roka no tiene paso por madera.

La producción es de 150 a 200 mil botellas dependiendo de la añada y heladas.

Degustación en Chacra.

Luego de recorrer en detalle los viñedos y la bodega pasamos a la sala de degustación donde nos esperaban cinco botellas que representarían el portafolio de la bodega:

Barda 2025.

Criado con un esquema de 30% barrica, 15% piletas y el resto en acero inoxidable, busca un perfil fresco, directo y de trago ágil: “glu, glu”. Es un vino pensado para el servicio por copa en restaurantes de todo el mundo: la puerta de entrada a la bodega y responsable de aproximadamente la mitad de la producción. La idea es que quien lo pruebe sienta el impulso de seguir hacia los siguientes escalones, como Chacra 32 y 55. En nariz muestra un carácter especiado. Se procura embotellar todo antes de la primavera.

Chacra 55 2024.

Como su nombre lo dice, proviene de viñedos plantados en 1955, pura elegancia patagónica. Un ensamblaje de 35% piletas de concreto, 35% ánforas y 30% barricas, con un 50% de racimo entero en su elaboración. Propone un perfil claramente distinto: en boca es de textura suave, pero con carácter y profundidad.

Roka 2025.

Nace a partir de un viñedo de Malbec plantado en 1945 en la finca Lunita. Es un vino de impronta “verde”, muy natural, con un 15% de racimo entero que refuerza su perfil fresco y vivaz.

Chacra Syrah 2025.

De producción aún muy limitada, apenas un ánfora y una barrica, se presenta como un Syrah despojado, sin artificios, donde prima la pureza de la fruta y el terroir.

Mainqué Chardonnay 2025

Un Chardonnay de mayor estructura y peso, que refleja concentración y precisión, en línea con la impronta buscada para esta variedad dentro del proyecto.

Así, entre precisión, sensibilidad y una filosofía coherente de extremo a extremo, Chacra sintetiza su identidad en dos ideas que funcionan casi como un manifiesto: “La idea es que en Chacra no sientas el tanino y si lo sentís, que sea muy tenue”, porque todo apunta a la pureza del vino, y “Todo lo que gana Chacra se reinvierte”.

La bodega cuenta con un equipamiento tremendo y un equipo de trabajo interdisciplinario de primer nivel mundial, pero demuestra que el verdadero capital del proyecto está en el viñedo y en su permanente búsqueda de la perfección.


 *** Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

miércoles, 22 de abril de 2026

Conociendo Ribera del Cuarzo. Nota 1. El ángel del vino.

 


Conociendo Ribera del Cuarzo.

Ribera del Cuarzo. 

Conociendo la bodega patagónica que sorprende a todos.

En esta primera entrega inicio una saga de cuatro publicaciones, en la que te iré describiendo en detalle a una de las bodegas patagónicas que más rápido viene haciéndose notar en los últimos años. 

En esta nota, que escribí durante mi viaje en avión hacia la ciudad de Neuquén con el objetivo de visitar la bodega Ribera del Cuarzo, les conté el recuerdo de "un delito" relacionado con el vino, que protagonicé siendo niño, durante las vacaciones de verano que solía pasar en la chacra de mis abuelos en Río Negro. Recuerdos que me generaban una linda expectativa, al volver a la región.

En el aeropuerto nos recibió Rosario Langdon, directora de exportaciones, y partimos en auto hacia la bodega, ubicada en la localidad de Valle Azul, a unos 130 km de la capital neuquina. Tardamos casi dos horas (mucho tráfico y una ruta angosta), pero se pasaron rápido gracias a las vistas de las chacras y a la fluida conversación con la sommelier Delvis Huck, que formaba parte del grupo.

Rosario Langdon

Llegamos al atardecer, mientras crepitaban las llamas que asaban un cordero a la cruz que prometía ser regado con los vinos de la bodega. Esa cena de bienvenida fue la oportunidad de probar varios de los Araucana, para luego ir a descansar en las casas de huéspedes de la bodega (que aún no abre sus puertas al turismo) vislumbrando, a muy pocos metros, los edificios de la bodega, los viñedos y, por detrás, la barda, que surge protagonista, y parece formar un escudo protector de los vientos patagónicos.

Pero las bardas no solo aportan en cuidar un poco a las viñas de esos vientos -una función que en el Valle del Río Negro y en Neuquén es responsabilidad de las características columnas de álamos, sino también para conformar los suelos que, con 33 millones de años en los sectores más altos, presentan características particulares que favorecen el manejo orgánico y biodinámico.

Los viñedos de la Ribera del Cuarzo son únicos en ese sentido, montados sobre la base de la barda sur del Valle. Lo primero que su propietario, Felipe José Menéndez, quiso que comprendiéramos fue la especial geomorfología del lugar: nos referimos a todo el Valle de Río Negro, que es bastante atípico en comparación con otros valles que estamos acostumbrados a ver y recorrer en la búsqueda de viñedos.

Viñedo al pie de la barda norte

Es que se trata de un valle longitudinal, muchísimo más largo que ancho, que discurre a lo largo del recorrido del Río Negro, el cual nace de la unión de los ríos Neuquén y Limay que bajan raudos desde la Cordillera de los Andes. Sus límites, a lo ancho, son las formaciones localmente conocidas como bardas, de no demasiada altura y con perfiles formados por la erosión que provocó el río en sus épocas de monumentales caudales, al irse derritiendo los glaciares que se habían formado durante la era de hielo.

Detalle de una barda (lado norte, a la altura de Villa Regina)

Ello permite ver, en un corte vertical, las capas que conforman los suelos de la amplia meseta patagónica, que este valle corta formando una depresión que genera especiales condiciones climáticas, como la presencia de ese viento que obligó a los primeros colonos a idear los sistemas de defensa con las verticales y nutridas columnas de álamos.

Nacida aristocrática -el descubrimiento del lugar fue realizado por la condesa italiana Noemi Marone Cinzano y los primeros vinos salieron de la mano de un excelso winemaker como lo es Hans Vinding Diers (quien supo hacer un Malbec exótico que deslumbró en Catena Zapata)- hoy Ribera del Cuarzo tiene varios condimentos que la posicionan como un diamante en bruto en la escena local de las bodegas argentinas: un sólido y experimentado equipo de trabajo, impecables instalaciones y un terroir que, debido a su sanidad y características de suelos, genera naturalmente vinos de gran pureza.

Pero lo que yo creo que realmente distingue a este proyecto, y es uno de sus puntos más fuertes, es su propietario, Felipe Menéndez. Además de conocer muy bien la industria, por haber trabajado toda su vida en ella junto a los mejores, entiende a la perfección cada detalle de ese terruño. Y no por casualidad, ya que a sus años de experiencia recorriendo incansablemente la Patagonia, le suma una inagotable voluntad y energía, que le permiten explorar metro a metro, a pie, a caballo, en bote o a bordo de una 4x4, este terruño aún casi virgen de la región de Valle Azul.

Felipe José Menéndez

Es esa férrea convicción la que lo ha convencido de sumar compañía, entendiendo que para lograr el crecimiento de una región con semejante potencial como tiene el Valle Azul, hay que llamar y atraer a los mejores. Algo que ha comenzado, con la presencia de Santiago Achaval y Roberto Cipresso, a quienes invitó a conocer el lugar y que ya están haciendo un vino con uvas de la finca La Medialuna, de Celestino, la misma con la cual Ribera del Cuarzo ha firmado un contrato a 10 años. No son los primeros “grandes”, en la región, el mismo Hans (Noemia) y Piero Incisa della Rocchetta (Bodega Chacra) sobresalen con vinos de la elite argentina en la cercana Mainqué, a apenas 50 km, pero ubicados en la otra margen del río, recostados sobre la barda norte.

Ribera del Cuarzo es un proyecto que, además, desde lo comercial se encuentra bajo el paraguas de Casa Pirque, una de las Distribuidoras de vinos argentinos de alta gama más reconocidas del país, con varios años manejando la comercialización de las principales familias del vino de Argentina y del mundo como Caro, Luca, Matervini, Pendfolds, Opus One, Gaja y Barons de Rothschild. Ello le permite codearse con los mejores.

En las siguientes tres notas desarrollamos con más detalle los aspectos que sostienen a esta destacada bodega: el origen y el presente, los viñedos y suelos, y la bodega y sus vinos, no dejes de leerlas si quieres conocerla a fondo.

El presente está a la vista, el futuro… es incalculable. Esperemos que lleguen a brillar en la escena local e internacional tanto como el cuarzo que tapiza finamente sus suelos.

*** Publicado en El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/conociendo-ribera-del-cuarzo.html

https://angelyvino.blogspot.com/

jueves, 6 de junio de 2024

Un viaje a través de los viñedos únicos de Río Negro.

 

Un viaje a través de los viñedos únicos de Río Negro.


Ubicado entre General Roca y Choele Choel, Valle Azul brinda condiciones naturales extraordinarias para la producción de un vino exótico. Su historia es apasionante, incluye a una condesa italiana y a un rabdomante en el medio de las bardas.


Por Miguelina Missotti.



“La fecha del sueño de elaborar vinos en Patagonia se remonta a algún momento de mi infancia”, así comienza la charla con Felipe Menéndez, CEO de la Bodega Ribera del Cuarzo.

Si bien la historia de la bodega comienza en el 2008, Felipe tiene raíces en el vino que se remontan a 1883, cuando su tatarabuelo Melchor Concha y Toro, fundador de la bodega Concha y Toro, plantó su primer viñedo en el valle del Maipo, en Chile.

“Somos una familia argentino-chilena. Mi tatarabuelo Menéndez llegó de España. Como todos los inmigrantes de esa época, vino para construir su futuro en un país que se estaba comenzando a cimentar, y se instaló en Tierra del Fuego a pedido del jefe que tenía en ese momento, ya que trabajaba para una empresa que proveía de alimentos a los almacenes, se llamaba Echart y Compañía”, relata.

“Ahí conocí el vino”.

Después se dedicó a la lana, a la construcción de buques y secasó con la nieta de Melchor Concha y Toro, con quien tuvo hijos. “En el año 70 mi familia vino a Argentina y de Chile mantuvimos la casa de la bodega Casa Pirque. Yo pasé todos los veranos de mi infancia en esa casa y ahí conocí el vino porque la bodega está al lado de la vivienda, al igual que hoy sucede en Valle Azul, donde tenemos la casa y la bodega al lado”.

“Entonces, en febrero arrancaba la elaboración de vinos y nosotros estábamos siempre ahí, probando la producción entre ese aroma. Puedo decir que el amor por el vino se me despertó desde muy chico y siempre decía que yo iba a trabajar en vino”, expresa Felipe.

El sueño de Felipe.

Nicolás Catena era el padre de una compañera de colegio de la hermana de Felipe. “Siempre pasaba caminando por un lugar en Buenos Aires donde sabía que él tomaba café. Un día tomé coraje, me acerqué y le dije: ‘Tengo el sueño de transformarse en alguien del vino. Me gustaría trabajar con usted porque creo que lo que hace es maravilloso’”.

Un año después, Catena se contacta con Felipe y comenzaron a trabajar juntos hasta el 2015 que Felipe, llegando a sus 30 años, pensó que ya era momento de largarse solo porque la industria del vino es un trabajo que lleva toda la vida porque depende del ritmo de la naturaleza. “Nicolás fue la persona que me enseñó todo, siempre trabajé muy cerca suyo”.

Y así llegamos a 2008, cuando un suceso cambió la historia de Felipe. “Un día nos habíamos juntados con otros empresarios de la industria para probar algunos vinos y en particular con el cual todos quedamos fascinados: solo sabíamos que era un vino que hacía una italiana en un lugar de la Patagonia”, detalla.

La palabra clave.

Y cuando Felipe escuchó la palabra Patagonia no pudo pensar en más nada. A tal punto que un día propuso a su grupo de trabajo hacer una comparación de los mejores cinco Malbecs de la Argentina y cada uno debía elegir el suyo. Felipe llevó ese vino italiano-patagónico que había probado y, definitivamente, todos estuvieron de acuerdo con que era el mejor.

“Era algo exótico, que tenía una fuerza de fruta, de estructura, de color, de intensidad alta y al mismo tiempo mucha suavidad. Y eso no era común en ese momento. No era tan fácil lograr ese balance entre algo que tenía mucho carácter y al mismo tiempo suave y elegante”.

No era normal.

Esa degustación fue la culpable de que comenzaran una secuencia de muchísimos viajes por la Patagonia haciendo un rastrillaje de terreno de norte a sur y de este a oeste. El primer viaje fue al viñedo de Valle Azul, donde se producía ese vino que habían probado. “Ahí descubrimos que este viñedo no era normal porque las producciones en el valle de Río Negro se producen a orillas del río”.

Y eso tenía lógica: se levantan las compuertas, se riega por manto, el costo de riego es bajo y la tierra es muy, muy rica. La definición de las tierras a orillas del río es limo arcilloso. Sin embargo, este viñedo había sido plantado en la parte alta del valle, es decir, por fuera de la parte verde y fértil.

“Ahí arriba, en ese lugar, el suelo es totalmente diferente. Es un suelo suelto, de arenilla, de piedra, de mucha piedra calcárea, con alto contenido de carbonato de calcio, con registros volcánicos”, detalló Felipe.

Único en el mundo.

“El valle de Río Negro es único en el mundo. No hay otro valle así. Mirá que nosotros hemos caminado literalmente todos. No hay ninguna región del vino que no hayamos caminado, conocido, viajado, dedicado tiempo”, aseguró.

El valle de Río Negro combina estos dos ecosistemas totalmente distintos en uno mismo, en un mismo frío, con el mismo viento, con las mismas horas de luz. Tiene muchas horas de luz. O sea, la planta trabaja muchas más horas por día, pero también la primavera llega más tarde.

En 2017, Felipe y el equipo viajan a Nueva York y la vida lo termina juntando con la condesa italiana Noemí Marone Cinzano que hacía los vinos en Valle Azul. Durante la conversación de Felipe con la condesa, éste le cuenta su historia familiar en la Patagonia y ella le propone que vaya a conocer la bodega, ya que ella se estaba yendo a vivir a Portugal y ya no iba a poder continuar haciéndose cargo de la producción.

“Y así comenzamos a elaborar en esta bodeguita y este viñedo chiquito que ella había plantado y le dimos fuerza”, asegura.

“En estos diez años la hicimos crecer, plantamos 22 hectáreas más, compramos un poco más de campo que tiene este pie de barda tan particular, equipamos la bodega y estamos aprendiendo de este terruño que tiene tanto todavía para enseñarnos. Para lograr un vino rico e interesante tenemos que tratar de elaborar una diversidad de vino lo más amplia posible para que al momento de hacer el ensamble de todos esos pequeños vinos que hacemos, que conforman un vino, haya una complejidad rica y atractiva”, detalla.

“Entonces hay pedacitos del viñedo que te dan más fruta, otros que te dan un poquito más de fruta blanca, otros que te dan una cosa más mentolada, otros que te dan una cosa más estructurada. Y si trabajás el campo desde la poda, el momento de cómo vas llevando la planta, cómo trabajas el suelo, cómo cosechas, los tiempos de cosecha, podés ir armando de una pequeña parcela una diversidad de 30 vinos distintos. O sea, tenés 30 barricas que son 30 vinos distintos y después los ensamblás a tu gusto y generás una sensación de todo eso junto, que es el trabajo del año en el campo puesto dentro de una botella”, cuenta.

Altibajos argentinos.

Sin embargo, no todo es color de rosas en la industria del vino. En un momento, las facturas de energía eléctrica que llegaban eran tan altas que a comienzos de 2021 era muy probable que tuviésemos que dejar de elaborar vino ahí porque era muy caro.

“Se había transformado en el costo más alto y rompía todas las posibilidades de poder vender un vino a un precio normal. No era sustentable desde ningún punto de vista porque la italiana construyó un acueducto desde el río hasta la parte alta de la barda para propulsar el agua y poder plantar ahí”, remarca.

Entonces ahí estuvieron un buen tiempo analizando cómo podían resolver el problema del agua y fue así que conocieron a un hombre que les contó que donde ellos estaban parados el agua estaba ahí abajo mismo y había que buscarla. “Era casi ridículo, te diría, lo que él decía. Vos mirabas ese paisaje y decías "acá abajo no pudo haber agua”.

Comenzaron un proceso de búsqueda de agua que fue muy arduo. “Después de casi un año y medio, cuando ya estábamos para tirar la toalla, un vecino (Mauro Galera) vino una mañana y me dijo: ‘Vamos a buscar el agua como lo hacían los indios’”.

Empezaron a caminar el campo y marcaron cuatro lugares posibles, donde finalmente se confirmó que había agua. “Hoy regamos con esa agua a costo cero porque con un molino de viento vamos a tener el agua en superficie sin tener que prender ninguna bomba. De esta manera, todo va a ser sustentable”.

Su lugar en el mundo.

Para Felipe, Valle Azul es su casa y el lugar al que va a dedicar toda su vida. “Nuestra mirada está puesta en la Patagonia, porque todavía está todo por hacerse, como nos decía mi papá cuando éramos chicos. El principal aliado para la industria del vino es el paso del tiempo, que es muy lento”. Felipe cree que en los próximos 100 años van a ir floreciendo viñedos en muchos lugares de la Patagonia.

“Tenemos un país inmenso todavía por plantar y debemos hacerlo con conciencia preservando el ecosistema de donde vamos instalando plantas de vid, ya que son exógenas al lugar, entonces también hay que plantar con una cabeza mirando el futuro y pensando cómo hacemos para no destruir el lugar y poder convivir para siempre”, expresa.

Hoy, el tamaño de Ribera del Cuarzo tiene capacidad para elaborar 150.000 botellas. Es una bodega que produce de forma mecánica, es decir que no hay maquinaria que automatice el proceso.

La colección Ribera del Cuarzo se vende en Argentina y también se exporta a más de 12 mercados a un promedio de US$600 FOB su caja de 6 botellas, y ya tienen acuerdos cerrados con 12 mercados más. Entre los mercados a los que exportan están Estados Unidos, Brasil, España, Francia, China, Finlandia, Islandia, Perú, Uruguay, Panamá, Japón, Colombia, Corea del Sur, y Taiwán.

Publicado en Más Producción de La Mañana del Neuquén.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/un-viaje-traves-los-vinedos-unicos-rio-negro-n1117118

jueves, 6 de julio de 2023

Un proyecto que comienza con una condesa italiana en Río Negro.

En Valle Azul, una bodega con origen vinculado a la nobleza italiana, está haciendo un "vino exótico".


“La historia empieza con la condesa italiana, Noemi Marone Cinzano, que llega a Argentina de la mano de su pareja que estaba trabajando en el valle. Ella se enamora de este lugar y como buena mujer de familia del vino, ella con sus ojos logra detectar que ahí arriba en ese lugar se podía producir un sabor que era totalmente distinto. Y el problema es que no había agua…”, así comienza la charla con Felipe Menéndez, dueño de Casa Pirque, un emprendimiento vitivinícola que se está desarrollando en Valle Azul (Río Negro) y que sorprende al mundo del vino, en diálogo con LU5 Agro.

¿Cómo fue tu desembarco en la Patagonia?

Es una historia larga. En el 2008 nosotros probamos por primera vez una botella de un vino en el que la etiqueta decía «Valle Azul».

No sabíamos bien de qué se trataba. Estábamos en una mesa de trabajo probando distintos vinos y alguien trajo esta botella que nos dejó a todos completamente sorprendidos, desconcertados… No entendíamos muy bien ese sabor, era nuevo.

¿Por qué?

Porque era un vino muy intenso, tenía la intensidad como de una latitud más propia del norte, pero la etiqueta decía Patagonia y tenía la frescura de una zona fría y esa combinación nos resultaba exótica.

Esa fue la primera vez que lo probamos. El vino venía de este viñedo chiquito plantado en la parte alta de la barda, donde nunca nadie había plantado antes nada porque no había agua.

"El vino venía de este viñedo chiquito plantado en la parte alta de la barda, donde nunca nadie había plantado antes nada porque no había agua".


Y hay una parte de la historia que es aún más exótica…

La historia empieza con la condesa italiana, Noemi Marone Cinsano, que llega a Argentina de la mano de su pareja que estaba trabajando en el valle. Ella se enamora de este lugar y como buena mujer de familia del vino, ella con sus ojos logra detectar que ahí arriba en ese lugar se podía producir un sabor que era totalmente distinto.

Y el problema es que no había agua y ella, como una mujer muy rica y convencida de que allí había algo especial para explorar, decide llevar el agua desde el río, 7 kilómetros para arriba, armando un acueducto como buena romana y le manda agua a la parte alta de la barda donde el suelo es completamente diferente de las orillas del río.

Ahí encontrás un suelo mucho más de greda, es una combinación de ceniza, piedra, mucho carbonato de calcio y dos metros más abajo tenés una arcilla, nosotros la llamamos la arcilla azul. Es una arcilla muy pesada que hemos visto antes en un lugar en Francia, en la parte alta de lo que se llama Pomerol, de donde viene el vino más caro del mundo que es Château-Petrus.

La botella de Petrus cuesta más de 4000 euros al público y no la conseguís. Ese vino viene de 11 hectáreas de una arcilla que es muy pesada como la que encontrarás cuando te vas dos metros para abajo, allá arriba en la barda.


¿Cómo sigue la historia?

Empezamos a conocer más sobre lo que esta mujer había hecho y finalmente ella decide dejar Argentina muchos años después. Nosotros estábamos ya en el momento de comprar el campo vecino y plantar otro pequeño viñedo allá arriba.

Nos fascinaba la idea de que esta italiana había descubierto un territorio nuevo para hacer vino y que era tan extenso como desde la cordillera hasta el mar.

Publicado en  Más Producción.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/un-proyecto-que-comienza-una-condesa-italiana-rio-negro-n1037869