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lunes, 19 de junio de 2023

Vitivinicultura: evalúan clones de Pinot Noir en la Patagonia Argentina.

 Vitivinicultura: evalúan clones de Pinot Noir en la Patagonia Argentina.

En el INTA Alto Valle cultivaron cuatro clones para conocer su comportamiento y aportar información a los productores de la región para la toma de decisiones.

Evaluación de clones. Se hizo con el objetivo de obtener información
sobre el comportamiento de cada uno en la Norpatagonia.


El Pinot Noir es una variedad que se da muy bien en la Norpatagonia en donde predominan las noches frescas y debido a una lenta maduración que le permite desarrollar todo su esplendor. A pesar de sus múltiples atributos, se considera una variedad con cierta dificultad para cultivar y vinificarPor esa razón, se evaluaron cuatro variedades de clones franceses e italianos de Pinot noir en parcelas del INTA Alto Valle con el objetivo de obtener información sobre el comportamiento de cada uno en la Norpatagonia.

El trabajo realizado tiene carácter exploratorio e inédito en la región. Nos propusimos describir el manejo a campo, la vinificación a escala piloto y los análisis fisicoquímicos y sensoriales de los vinos obtenidos con esta cepa”, señaló Mario Gallina – profesional del área de Viticultura del INTA Alto Valle–.

Para el estudio se seleccionaron los clones R4, 667, 777 y 115, por sus características y disponibilidad. La evaluación se realizó desde 2014 hasta 2019 en la Estación Experimental Alto Valle del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en conjunto con técnicos de ese organismo y del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) con la finalidad de brindar al sector información clave para la toma de decisiones.

Dato

52%
Porcentaje de los vinos varietales elaborados con Pinot Noir que se comercializó en el mercado interno en 2021.

“Si bien la variedad ha sido cultivada históricamente en el norte de la Patagonia, en los últimos años la industria ha aumentado el volumen de vinos de elevada calidad con esta cepa, de la mano de un consumidor que lo elige cada vez más como alternativa”, señalaron los profesionales a cargo de las evaluaciones, y describieron: “es posible obtener vinos de gran calidad aromática y complejos en la región, con predominio de descriptores que recuerdan a frutillas y frambuesas”.
Según un informe publicado en 2022 por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), este varietal está presente en la mayoría de las provincias vitivinícolas de Argentina. En el año 2021 se registró un total de 1.996 ha cultivadas (que representan el 0.9% del total de vid del país) con 1.463 ha cultivadas en Mendoza, le siguen en importancia Neuquén y Río Negro con 239 ha y 126 ha respectivamente.

"En los últimos años la industria ha aumentado el volumen de vinos de elevada calidad con esta cepa, de la mano de un consumidor que lo elige cada vez más como alternativa".

Profesionales del INTA.


De acuerdo con el INV la cantidad de hectáreas de Pinot Noir aumentó en un 10.8% entre 2010/2021 en todo el país. En las principales provincias productoras ese aumento significó un crecimiento del 12.3% en Mendoza, 6,3% para Neuquén y 5% en Rio Negro.

Para los clones evaluados realizaron una descripción del manejo a campo, la vinificación a escala piloto y los análisis fisicoquímicos y sensoriales de los vinos obtenidos con esta cepa. “En lo que respecta a su comportamiento, cultivo y su manejo sanitario, presentan una dificultad media. Los racimos dan bayas de tamaño medio a pequeño y racimos pequeños y compactos, lo que se traduce en una productividad media”, indicaron.

Dato

48%
Porcentaje de los vinos varietales elaborados con Pinot Noir que se exportó en 2021.


Los clones de Pinot Noir elegidos fueron el clon R4 originario de Venezia Giulia, Italia caracterizado por su vigor, con peso de racimos y productividad medios y bayas pequeñas para la producción de vinos típicos, ricos en color y estructura, adecuados también para base de vinos espumosos.

El clon 777 seleccionado en Borgoña – Francia– reconocido como de fertilidad media, pertenece al grupo A de producción media a baja y brinda una tipicidad varietal con expresión del terruño. Es descripto como un clon cualitativo que produce vinos de muy buena calidad, aptos para guarda.

Este varietal está presente en la mayoría de las provincias vitivinícolas de Argentina.

También el clon 115 y el 667 seleccionados en Borgoña – Francia–, ambos con fertilidad media y peso de racimo medio. Pertenecen al grupo B que se caracterizan por tener producción media a elevada, que cuando es limitada da vinos de buen nivel cualitativo y reúne una tipicidad varietal con expresión del terruño.

Todos fueron cultivados en un suelo franco limoso y profundo. La conducción se realizó en espaldera, con un marco de plantación de 2,5 m entre hileras y 1,2 m entre plantas, con una fila con 90 plantas de cada clon.

El Pinot Noir es una variedad que se da muy bien en la Norpatagonia en donde predominan las noches frescas y debido a una lenta maduración que le permite desarrollar todo su esplendor.

Basados en los datos obtenidos en la zona, los profesionales compararon los ensayos con las descripciones arrojadas en 1995 por ENTAV-INRA conformada por el Instituto Francés de la Viña (IFV) y el Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA). Por lo tanto, se determinó que los clones 777 y 115 serían los clones más aptos para producir vinos de guarda. Este último puede guardarse siempre que se controle el nivel productivo. Por otro lado, el clon 667 tuvo menor performance que lo reportado por ENTAV.

El comportamiento en cada temporada y el análisis de componentes principales y parámetros fisicoquímicos y sensoriales de los clones pueden consultarse en un documento elaborado por los profesionales de carácter público y acceso gratuito que puede solicitarse en el INTA Alto Valle.

Por INTA.

Publicado en Diario "Río Negro". 

19/06/2023.

https://www.rionegro.com.ar/economia/vitivinicultura-evaluan-clones-de-pinot-noir-en-la-patagonia-argentina

domingo, 11 de junio de 2023

Los Malbec envejecen bien y conservan el terroir en el tiempo.

Una reconocida publicación da detalles sobre la cepa en California y en Mendoza. Es un trabajo de siete años de investigación que dispara objetivos.

Por Joaquín Hidalgo.

Una de las características que define el valor de los vinos es su capacidad de envejecer. De ello depende que ganen precio, que armen un mercado de reventa y que, en el fondo, se definan como grandes vinos para decirlo en criollo. Para que eso suceda, hacen falta dos cosas: una es tiempo, difícil de reproducir en un laboratorio; la otra es algún grado de veracidad sobre esa afirmación, digamos, un dato duro más allá de las palabras.

Publicado el 26 de mayo pasado en American Journal of Enology and Viticulture bajo el título de “Envejecimiento de los Malbec de Mendoza y California: Evolución de la composición volátil”, un estudio da cuenta al cabo de siete años que los vinos no sólo envejecen bien sino que además conservan el carácter del terroir que les dio origen. Para decirlo fácil: se probó en laboratorio que el tiempo es un factor que las botellas de Malbec atraviesan con estilo y dignidad de origen.

El estudio lleva la firma de Rocío Pellegrino Vidal, Roger Boulton, Alejandro Olivieri y Fernando Buscema y fue realizado en colaboración entre UC DAVIS en California y el Catena Institute of Wine en Mendoza, y sometido al referato científico de la revista. Fernando Buscama, al respecto explica: “lo más difícil del trabajo fue aportar data dura que el jurado considerase válida para sostener nuestra hipótesis. Los revisores se pusieron duros en esa parte y tuvimos que recontra justificarlo con datos. Lo bueno del trabajo es que los valida a todos”, dice. Lograron probar que el terroir se mantiene en el tiempo como una característica del vino.

No es el primer trabajo en esa línea que Buscema y equipo desarrollan para Malbec. Ya habían demostrado tiempo atrás que el carácter de origen, es decir, el terroir, era predecible con métodos científicos. El reciente trabajo afirma que ese carácter se sostiene en el tiempo.

Método científico.

Para probarlo, “se estudiaron veintiséis vinos de Mendoza producidos a partir de uvas cultivadas en seis distritos diferentes de los departamentos de Luján, San Carlos y Tupungato. El estudio también incluyó quince vinos de California producidos a partir de uvas cultivadas en siete distritos de los condados de Napa, Sonoma, Monterey y Yolo”, arranca el trabajo. Esos vinos fueron elaborados de forma idéntica y analizados al comienzo, luego fueron guardados en las mismas cavas durante siete años a temperatura constante, y al final se contrastaron los resultados de nuevos análisis cromatográficos.

Es decir, se midieron ciertos compuestos claves de los aromas de los vinos al comienzo y al final del proceso. Y se los comparó. Se lee en el paper: “Aunque los perfiles obtenidos después de siete años fueron menos diversos que al momento del embotellado, conservaron un número significativo de compuestos volátiles deseables. Además, los perfiles volátiles de los vinos envejecidos aún permitieron diferenciar las muestras por región de origen”.

Y más abajo, en las conclusiones, los investigadores escriben: “Los vinos de Mendoza se caracterizaron por muchos compuestos de interés, asociados con una amplia variedad de aromas como frutales y frescos, especiados, amaderados y vainilla (Peinado et al. 2004, Escudero et al. 2007, Morata 2019). Por su parte, los vinos de California se caracterizaron por perfiles aromáticos menos complejos, con compuestos asociados a descriptores frutales, especiados y amaderados. Algunos compuestos característicos estaban presentes en vinos de ambas procedencias, pero la mayoría de ellos eran más abundantes en los Malbec argentinos”.

Hacia el final del trabajo, concluyen que “la presencia de iononas y otros compuestos de interés (furfural, alcanfor, vainillina, eugenol, etc.) después de siete años de envejecimiento muestra que los vinos Malbec mantuvieron un perfil volátil rico, característico de su región de origen, lo que sugiere una alta AP (Actividad Perfumante)”.

Datos duros aparte, una de las conclusiones interesantes del trabajo es que, mientras que los Malbec plantados en California tienden a parecerse entre sí con el tiempo, lo huella de los mendocinos perdura más. Como hipótesis a futuro se abre una línea interesante de investigación. Al menos por ahora, todo parece indicar que el valor de los Malbec de guarda debería ir en alza.

* Publicado en Diario La Mañana del Neuquén.

Domingo 11 de Junio del 2023.

https://www.lmneuquen.com/los-malbec-envejecen-bien-y-conservan-el-terroir-el-tiempo-n1030494


miércoles, 9 de febrero de 2022

 


Desarrollaron levaduras autóctonas de Patagonia para producir vinos.

En marzo empezará a funcionar una iniciativa a gran escala. Es parte de un acuerdo entre la Universidad Nacional del Comahue, el PROBIEN del Conicet y una empresa privada. Producirán levadura seca activa, que es un insumo que las bodegas importaban.


Adriana Caballero, la científica y profesora de la Universidad Nacional del Comahue que lidera el desarrollo de cepas de levaduras autóctonas de la Patagonia.

Tras 30 años de investigación, la Universidad Nacional del Comahue comenzará con la producción de levaduras para vinos a escala piloto industrial. Lo hará en colaboración con una empresa privada con instalaciones en Villa Regina. El producto resultante permitirá potenciar el característico sello aromático de los vinos de estas tierras. Las bodegas del Alto Valle podrán adquirirlo como insumo para la producción de vinos.

Las levaduras -en particular la especie Saccharomyces cerevisiae-son las responsables de transformar los azúcares de la uva en alcohol. La calidad final de un vino se evalúa a través de propiedades como el color, el cuerpo, el sabor y, fundamentalmente, el aroma. 

El aroma es determinante y en un vino joven, como la mayoría de los que se producen en la región de Patagonia Norte, está influenciado por el conjunto de individuos vivos de levaduras que conducen la vinificación. Son claves para la calidad del vino.

“En los últimos años, la vitivinicultura nacional ha recuperado el lugar de relevancia que históricamente tuvo dentro de las agroindustrias. En la región del Comahue, este renacer de la vitivinicultura se tradujo en una significativa reactivación de la actividad en las áreas productivas históricas, como el Alto Valle de Río Negro, y en el desarrollo de nuevas áreas, como el Departamento de Añelo, provincia del Neuquén”, señaló Adriana Caballero, actual vicerrectora de UNComa y cabeza del proyecto desde sus inicios. 

Algunas de las variedades, como Pinot noir y Merlot, han encontrado en la región las condiciones agroecológicas óptimas para expresar todo su potencial.

No obstante, “hay un mercado internacional que es cada vez más competitivo y con sobreoferta”, afirmó. “Hay una demanda de los consumidores por nuevos estilos de vinos de alta gama que imponen a los vitivinicultores regionales  nuevos desafíos y por eso se necesita de la innovación tecnológica constante”, dijo. También existe un mercado interno para abastecer. 

Las primeras observaciones de los investigadores se iniciaron en 1993 con la recolección de muestras en bodegas de la región. Algunas de ellas ya no están en funcionamiento. Tras tantos años de estudios, el equipo de investigadores y becarios de la Universidad Nacional del Comahue (UNComa) logró dar con dos tipos de cepas nativas de fermentos que comenzarán a producirse comercialmente en marzo y que le brindarán a los vinos propiedades diferenciales de la Patagonia Norte.

“Confieren un aroma y notas distintivas, que junto con el color son dos aspectos sensoriales fundamentales. En este caso imprimen y potencian aspectos aromáticos”, comentó a RÍO NEGRO Adriana Caballero. 

La experta de la universidad destacó el aporte de la generación de conocimiento para la mejora de la calidad de la producción vitivinícola regional.

Las investigaciones se iniciaron en la Facultad de Ciencias y Tecnologías de los Alimentos, con sede en Villa Regina, como parte de los estudios de ecología de levaduras en hábitats naturales y artificiales en la región. 

Con el tiempo se sumaron investigadores del Instituto de Investigación y Desarrollo en Ingeniería de Procesos, Biotecnología y Energías Alternativas (PROBIEN), que se encuentra en Neuquén y es coordinado en conjunto entre el Conicet y la universidad del Comahue. Por la envergadura del proyecto, se necesitaba hacer un acuerdo público-privado para llevar la producción a una mayor escala.

Con ese objetivo, la Universidad Nacional del Comahue logró un acuerdo de producción con la empresa productora de jugos “Pura Frutta”, ubicada desde el año pasado en las afueras de Regina. Se espera que la planta de producción esté operativa desde la segunda quincena de marzo con la generación de la “levadura seca activa”. 

El concepto de “seca” se refiere a la necesidad de deshidratar el producto para asegurar su conservación hasta por dos años sin que se pierdan propiedades. “La levadura líquida tiene una vida útil muy corta por lo cual es necesario secarla”, mencionó Martín Carro, socio gerente de Pura Frutta.

Las bodegas de la región van a poder comprar la “levadura seca activa” como insumo para su producción de vinos en reemplazo de las actuales que son importadas (principalmente desde Francia). Los fermentos cumplen una importancia crucial en la calidad integral de las vinificaciones. Se trata de un tipo de hongo microscópico -el más conocido tiene por nombre Saccharomyces cerevisiae-  que se encarga de descomponer los azúcares para producir el alcohol.

El equipo de trabajo de la universidad logró identificar 100 tipos diferentes de este organismos utilizados en la región. Dos de ellos, denominados F16 y F8, son autóctonas de los “terroir” de estas tierras, es decir, que se desarrollan exclusivamente bajo las condiciones de suelo, clima y biodiversidad del Alto Valle, en Patagonia Norte. 

Las levaduras vínicas de estas cepas serán engendradas en base a residuos de la extracción del jugo de manzana.Tradicionalmente, se ha usado la melaza de caña de azúcar. “En la región hay empresas de jugos cuyo descarte todavía es rico como insumo para otro tipo de producción. Así decidimos experimentar y hacer biomasa en base a bagazo de manzana”, dijo Caballero.

En 2015, la vicerrectora inició el acercamiento con la joven juguera Pura Frutta, a quienes les interesaba participar en iniciativas que tuvieran en cuenta la sustentabilidad. Fue así que comenzó el operativo para montar una planta piloto industrial que permitirá pasar desde un fermentador de laboratorio a un reactor con capacidad de 1000 litros, y la posibilidad de continuar escalando aún más.

Su puesta en marcha se espera para la segunda semana de marzo, y generaría entre tres y cinco toneladas de levaduras necesarias para cubrir la demanda bodeguera de la Norpatagonia. 

El cambio en marcha: Sustituir la importación

El vino, como el pan o la cerveza necesitan para su elaboración a escala comercial de la ayuda de las levaduras, que son pequeños organismos vivos. Bajo el nombre científico Saccharomyces cerevisiae, existen en una infinidad de cepas distintas y que habitan de forma natural –aunque sean invisibles– en viñedos, lagos, flora autóctona, entre otros lugares.

La totalidad de los vinos argentinos –incluidos los patagónicos– emplean levaduras importadas. De ahí, la importancia de la investigación y el desarrollo tecnológico de la Universidad Nacional del Comahue con el PROBIEN de Neuquén. Buscan producir a escala industrial de cepas de levaduras de la Patagonia para elaborar vinos tintos que se diferencien.

PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO.

https://www.rionegro.com.ar/ciencia/desarrollaron-levaduras-autoctonas-de-patagonia-para-producir-vinos-2146393/

domingo, 26 de septiembre de 2021

El ADN del malbec argentino. Por qué el terroir ya no es algo exclusivo de los vinos franceses. Una investigación científica encabezada por Laura Catena abrió la puerta para que el mundo conozca los vinos de nuestro país según su lugar de origen.

 

A través de la evidencia científica y la investigación, este es el estudio más extenso que se publicó en el mundo hasta la fecha y demostró que el terruño puede informar e influir en el vino. La investigación encontró, de forma objetiva, la manera de medir el terroir en la copa, con el propósito de confirmar, o no, si nuestros sentimientos subjetivos acerca de los aromas y sabores de los vinos tenían algo de científico.

“Cuando comencé a trabajar hace 25 años con mi padre, Nicolás Catena, vendía vino argentino, y en el mundo muchos no sabían que en Argentina se producían vinos desde el sigo XVI”. Quien habla es Laura Catena, cuarta generación de viticultores, y que además de doctora en Medicina es quien lleva adelante el Catena Institute of Wine, que se dedica a investigar sobre el vino. “Me encontré con mucha gente que decía que el malbec era igual en todo Mendoza y que sólo había terroir en lugares como Francia... Pero yo sabía que en Mendoza teníamos terroir, porque cuando probaba las uvas de un viñedo de cierta altitud y uvas de otra, o incluso de suelos distintos de una misma parcela, eran muy diferentes. Entonces, desde 1995, que fundé el Catena Institute, estuve estudiando para entender el terroir del malbec. Algo que hemos logrado demostrar con la investigación”.

En defensa del malbec argentino.

Esa falsa imagen de que el malbec mendocino era igual más allá del terruño de origen se le presentaba a Laura Catena sobre todo cuando asistía a las ferias internacionales o presentaba los vinos en el exterior: “En la cabeza de la gente estaba el concepto del viejo mundo, y del nuevo mundo, es decir, de los vinos que vienen siendo elaborados hace más o menos años. Pero la realidad es que la geología del mundo no tiene nada que ver con eso. Tenés suelos más antiguos, tanto en el old world o el new world, como lo llaman, por eso esa teoría no tiene nada que ver. La idea que tenía la somellierie del mundo y los referentes de los grandes vinos era que sólo Borgoña tenía terroir, que quizás en algunos lugares de Burdeos, que no había mucho terroir en Languedoc, ni en California, ni en Australia, ni en Argentina, ni en ningún otro lugar del mundo. Era sólo potestad de ciertas zonas de los franceses. La realidad es que cualquier persona que hace vino sabe que eso no es cierto. Ahora, lo que sí es cierto es que hay ciertas zona en donde hay más terroir que otras, una de esas zonas, es Mendoza. Si tomamos la altura mendocina y hacemos una equivalencia con Francia, ir desde el Valle del Ródano hasta Champagne, te llevaría siete horas en auto; en Argentina, podés lograr esa diferencia de temperatura y altitud en sólo 45 minutos. Además de eso, en estas zonas, tenés suelos muy diferentes, porque en general, en las zonas más altas hay más piedras que son más calcáreas, y en las más bajas hay suelos con más arcilla. Entonces, lo más indignante de escuchar ‘el malbec es todo igual’ era que, además, no sólo no era igual, sino que incluso era más diferente que en otras zonas del mundo. Entonces yo dije: tengo que demostrar que existe el terroir en Mendoza”.

-¿Cuándo empezaste a investigarlo?

-Esto comenzó en 2008, cuando Fernando Buscema, quien dirigía el Catena Institute, se fue a la Universidad de California en Davis y le propuso al distinguido profesor Roger Boulton la idea de investigar el terroir del malbec. Así fue que Fernando le propone a este capo en investigación del mundo del vino comparar la regionalidad del malbec argentino versus el de California, con la idea de demostrar el terroir local. Entonces, Bulton lo manda a buscar otros estudios del mismo tipo, pero no encuentran nada realizado. Nadie había analizado una variedad en dos continentes. Así fue que hicieron el primer estudio de una variedad durante un año y demostraron que las regiones argentinas eran diferentes de las californianas y que, además, las argentinas se diferenciaban aun más entre sí.

Ocho años después de ese proyecto que arrancó en California, continuó de la mano de Roy Urvieta, responsable enológico del Catena Institute of Wine, en conjunto con el Conicet y con el Instituto de Biología Agrícola de Mendoza (IBAM). El objetivo era entender el malbec en un nivel mucho más profundo que la primera parte estudiada. Ya no investigaban sólo áreas o regiones, sino parcelas. Lugares muy pequeño de un viñedo, que tiene un suelo homogéneo, y de donde salen vinos con características distintas al resto.

Durante tres años consecutivos, Urvieta y su equipo seleccionaron distintas parcelas en tres regiones; la zona este; la zona de Luján de Cuyo y Maipú, y el Valle de Uco, por su altura. En total, 23 parcelas de las tres zonas para representar lo que pasa en Mendoza.

Según argumenta Laura Catena, esto demostró primero que en Mendoza hay terroir, y luego que el malbec es una variedad capaz de demostrarlo. “Hay cierto esnobismo en el mundo del vino, que dice que sólo el pinot noir es capaz de mostrarlo y que el cabernet sauvignon no lo refleja tanto, lo cual creo que es cierto. Creo que el cabernet es menos terroir specific que el pinot noir, pero también creo que el malbec como el pinot noir hablan del terroir, y eso es lo que yo quería demostrar. Luego del primer estudio, que comparaba California con Mendoza, quisimos ver no sólo si esa diferencia ocurría en distintas zonas de Mendoza, sino si también ocurría en distintos años. Porque el verdadero terroir, es el que se repite. Ese que todos los años, cuando bebés una copa, podés decir esto es tal zona”.

-¿Cómo llevaron a cabo la investigación?

-Roy realizó el estudio durante tres años y se demostró que la mitad de las 23 parcelas estudiadas tenían características que se mantuvieron estables en los tres años. Eso es algo muy consistente, porque muestra que no todos los lugares tienen ese good terroir, sino que hay lugares que lo tienen menos que otros. Algo que vimos, por ejemplo, es que en el este mendocino el malbec es todo medio parecido. El estudio no fue sólo químico, sino también sensorial. Se entrenó durante tres meses a un panel de personas para que aprendieran a diferenciar aromas, y luego ese panel degustó todos los vinos. La nariz humana es mejor que cualquier máquina para detectar los aromas. Respecto del sabor, se recurrió al estudio de los compuestos químicos formados principalmente por los polifenoles, que son los responsables del gusto. Pero para la nariz, es muy difícil extrapolar los aromas a nivel químico. La nariz humana puede decir este vino es más bien especiado, este tiene aroma a vainilla, este a fruta. La nariz humana, el cerebro pueden discriminar mucho mejor los aromas de lo que se logra con un análisis químico de componentes volátiles.

El experto en entrenar a los paneles fue Roy Urvieta, quien con un estricto método armaba soluciones de agua y aromas (frutilla, chocolate, vainilla, pasto), de menor y mayor intensidad. La persona tenía que diferenciar la intensidad (“de 1 a 5 cuánto aroma tiene a madera”). Los entrenaron hasta que todos pudieron identificar la intensidad de cada aroma.

-¿Las diferencias que encontraron entre las regiones se destacaron más desde lo sensorial de los aromas o por el análisis químico del sabor?

-Se logró con el análisis químico, en la boca; porque desde lo sensorial y en nariz las diferencias no eran tantas. En el perfil químico se analizaron las moléculas de los polifenoles, que junto con el alcohol dan sabores y texturas: más o menos áspero o del sabor específico. Entonces, en zonas más altas hay ciertos polifenoles que dan sabores diferentes que en otras zonas más bajas.

Así lo demostraron científicamente, y como explica Roy Urvieta, “si abrís un vino que dice Gualtallary u otro que viene de Maipú o Agrelo, sabés que son distintos por las condiciones donde fue cultivada la uva. Con la investigación en lo sensorial y lo químico, podemos decir que los atributos de una copa u otra ya no son algo subjetivo”.

En la tabla que elaboraron a partir de los datos extraídos quedó demostrado, por ejemplo, que los descriptores de cereza y frutilla están más marcados en los malbec de Maipú; que lo floral aparece acentuado en los de Tupungato; la acidez y lo cítrico en los de Tunuyán, y lo vegetal y ahumado en los de Rivadavia.

Como dice Laura Catena, “con este trabajo intentamos lograr que los consumidores puedan entender y decir me gusta más el vino de tal o cual lugar”.

-¿Hay alguna relación entre el estudio y la previsión del cambio climático?

-Sí, el estudio ayuda mucho. Porque vos podés tener en claro el perfil de un vino que querés lograr, pero de golpe en cierta zona hubo un año de mucho calor y cambió el sabor de ese vino. Entonces, si lo estudiaste previamente, capaz que podés encontrar ese suelo en otra zona o en Patagonia; y podés replicar las características para ese vino al conocer el terroir. El tema es comprenderlos y preservar estos sabores y aromas. O capaz que sucede que, aun con el cambio climático, el vino no cambia. Todos hablan y hablan del cambio climático, pero nadie demostró que realmente el sabor cambia. Puede ser que se modificó porque cambiaste al enólogo, pero no porque variaran las condiciones climáticas. La idea es poder repetir este estudio en diez años y ver cómo salen los resultados. Por ejemplo, pasó algo muy raro entre dos parcelas del estudio. Hay un lugar en Luján de Cuyo que siempre da un vino igual al de otra zona en Valle de Uco. Son zonas muy diferentes, pero por alguna razón se unen; aún no sabemos si es el suelo o la temperatura, pero en ambos estudios esas dos regiones se confunden. Eso es interesante si uno piensa en términos del cambio climático a la hora de saber que en un lugar diferente podés encontrar un mismo perfil. Con el cambio climático tendremos que emplear la ciencia y la investigación. Para seguir bebiendo estos hermosos vinos, necesitamos comprender la elaboración en cada región y así saber cómo enfrentar estos problemas en el futuro.

En el estudio, la elaboración de los vinos fue idéntica para tener un parámetro y que no varíen las condiciones del terroir. Pero la gran pregunta es qué significa realmente el terroir, y cómo se conforma. Las definiciones fueron cambiando en el transcurso de los últimos años. De esta manera, el doctor Kees van Leeuwen, de la Universidad de Burdeos, quien avaló el estudio del Catena Intitute, explica que al terroir hay que considerarlo como un ecosistema, porque cada componente cumple una función primordial para definirlo. En ese sentido, tanto los componentes naturales, como el clima y el suelo, se unen a la planta, la vid, que está en el medio de este ecosistema. “Si en biología un ecosistema es la interacción de una población de organismos vivos con el ambiente natural, pareciera que el terroir es exactamente eso”, explica el experto. Entonces, el terroir no sólo es un ecosistema natural donde interactúa una población de vides con el suelo y el clima, sino que es un ecosistema cultivado.

La discusión sobre qué interviene o no para definirlo es muy amplia, y en ese sentido, el estudio impulsado por Laura Catena intentó dejar fuera la mano del enólogo en busca de lograr una estricta definición.

“Yo he discutido con muchas personas respecto del concepto del terroir –señala Catena–. El concepto antiguo era solamente el suelo. Después vino el clima, porque un suelo con un clima distinto va a dar otro vino, entonces no podés separar el clima del suelo. Después nosotros dijimos, hay que agregar la altura, porque no sólo hay que tener en cuenta el clima que de la altura, sino también la intensidad solar, que afecta el sabor del vino. Entonces, todo lo que afecta el sabor del vino es relevante. Después, con [el enólogo] Alejandro Vigil, siempre nos peleamos sobre el rol del hombre. Porque él dice que el hombre también es el terroir, y yo le digo no, la mujer. La mujer puede cosechar antes, después, poner menos o más roble, pero ¿eso es terroir? Yo creo que no, a eso lo llamaría influencia del humano en el sabor del vino, pero para mí, el terroir tiene que ver con la naturaleza del suelo, del clima, y a eso le agrego dos cosas. Una son los microbios, que son los verdaderos habitantes de ese suelo. Hicimos un estudio en el que los microbios son diferentes no sólo en distintas alturas, sino que en un mismo viñedo también cambian las poblaciones. Sin ellos, la vid se muere. Con esto podríamos demostrar también la diferencia en la calidad de un viñedo orgánico o no, según la mayor presencia de estos microbios esenciales para la planta, es decir, en la medida en que no se mueran con los pesticidas. Entonces, si matás los microbios, estarías matando parte del sabor del vino. Pero el otro punto que sumo es que la selección de plantas de una misma variedad es también parte del terroir. Pero ahí debería aceptar el rol del humano, ya que fueron los que eligieron cuál poner”.

-¿Se puede separar el terruño del año de cosecha?

-El estudio mostró que las características de cada año de cosecha tenían polifenoles tan específicos que daban una huella digital del año muy específica. Pero la idea del amante del vino o del coleccionista es que el terroir debería verse en cualquier añada. Primero hicimos vino con esas uvas, estandarizaron la producción para que no apareciera el factor enólogo en el elaboración, y a eso vinos les midieron la huella dactilar que tiene a nivel químico. Luego investigamos cómo en esa composición química influyó el año, y encontramos que se podían discriminar fácilmente los tres años. Es decir, si probás uno de esos vinos, sin saber el año, se puede predecir con un 100 % de exactitud. Luego, replicaron el estudio en regiones más grandes, en departamentos, ya no sólo en parcelas, para ver cómo se distribuían esas huellas dactilares. Lo más novedoso del estudio es que introduje el concepto de vino de parcela en la bibliografía local, similar a lo que se llama climat de la Borgoña, Francia. Lugares muy específicos donde se producen uvas con características distintas. Así fue que comprobamos que el terroir existe. Pudimos, además del año, predecir a distintos niveles el lugar de donde venían los vinos.

-¿Para qué le sirve este estudio al consumidor y amante del vino?

-Lo que le llega al consumidor es que vale la pena tomarse el tiempo de entender el terroir de un vino que te gusta. De probar vinos de diversos lugares. Al amante del vino lo que le gusta son los diversos sabores y quiere siempre estimulación variada. Lo que le atrae del vino es eso de que nunca te aburre. Podés tomar el mismo vino de diferentes añadas y cambia, podés tener una variedad que te encanta y que es diferente según su origen. Creo que la gran lucha del humano es contra el aburrimiento. Ese es el gran camino, encontrar estimulación, por eso creo que hay tanta gente que ama el vino. Porque el vino es interminable, hay muchísimos vinos y muchísimo terroir. Creo que lo que este estudio demuestra es que vale la pena dedicarse a degustar vinos de diversos lugares, a visitar zonas del vino para poder entender y disfrutar esto. El vino se convierte en una especie de biblioteca en donde tenés millones de libros y cada uno es interesante.

-Pareciera que con el estudio, leer la zona en la etiqueta de un vino ya no será sólo un tema de marketing de las bodegas.

-El tema del terroir no es un tema de marketing. Fue muy interesante lo que nos dijo al leer el estudio Jane Anson, de la Bordeaux Ecole du Vin, respecto de qué suerte que este estudio vino de Argentina. Ella dijo que si se hubiera realizado en Burdeos, todos hubieran pensado que era una jugada de marketing de Francia diciendo “Burdeos nuevamente trata de demostrar que tiene más terroir que el resto del mundo”. Eso me pareció re loco. Porque yo pensaba que no nos iban a creer, porque justamente éramos argentinos y no franceses, y ella opinó lo contrario. Esto demuestra a nivel mundial que el terroir es cierto y no una cuestión de marketing. Que es una verdad de la naturaleza, y que si te interesa el tema y sus minúsculas particularidades, como a nosotros, ves que no estás perdiendo tu tiempo, porque te estás dedicando a algo verdadero y auténtico.

Roy Urvieta, especialista en enología y miembro del Catena Institute, fue quien analizó las 201 muestras durante tres años. “Es una forma de comunicar al mundo el malbec y darle base científica a las indicaciones geográficas que tenemos en Mendoza –explica–. No tenemos mil años de historia como Francia para demostrarlo, pero con la ciencia y el conocimiento pudimos reducir esa brecha. No podemos esperar ochocientos años más para conocer nuestros lugares”.

En el mismo sentido, Laura Catena concluye: “Si ves Valle de Uco en la etiqueta de un vino malbec que compraste, tenés que entender que no es igual que si viene de Luján de Cuyo. Por eso recomiendo que hagan una degustación, por ejemplo, probando varios vinos de un lugar y de otro para ver las diferencias. De malbec versus cabernet de la misma zona y constatar las diferencias entre las variedades. Porque las van a encontrar, porque no sólo es una cuestión de poner el nombre en la etiqueta. Que se entienda que no están tratando de venderte un verso, y que esa es la belleza del vino.

-¿Qué le respondés ahora a quienes te decían que todos los malbec eran iguales?

-El impacto mundial ha sido increíble. Hay un interés muy grande, hasta entre los más prestigiosos vendedores de vinos franceses. Creo que también hubo un gran interés del consumidor, y eso está relacionado con la situación que dejó la pandemia, porque la gente se ha acostumbrado a recibir información científica y se interesa por ella. Además, ha entendido que si vamos a salvar al planeta, seguir vivos, y en cien años queremos seguir teniendo las cosas lindas que hay ahora, nos tenemos que poner a estudiar. Porque no vamos a resolver los problemas de un día para otro. Yo creo que ese interés es algo nuevo, lo cual no quiere decir que esas degustaciones aburridas donde te hablan del suelo tengan que volver. Porque son aburridas y no hay que hacerlo. Hablar un poco del suelo está bien pero creo en el vino hay mucho bla bla, y por eso fundé el Catena Institute, porque cada vez que venía un especialista del otro lado del mundo nos decía cosas diferentes. Entonces, yo pensaba: ¿cuál es la verdad? Además, ellos no tienen ni idea de mi clima y de mi altura, yo tengo que hacer mi propia investigación para ver qué es lo que mejor funciona. Por eso le dije a mi equipo que publiquemos todo de forma púbica, porque lo único que no quiero es hacer bla bla y salir a mostrar piedritas y suelos. Si digo algo, es porque lo demostré o porque lo estoy estudiando. No me gusta que la gente le mienta al consumidor con información que no tiene. Vos tenés que decir lo que sabés y lo que no sabés, y eso es lo que quiere el consumidor.

Por Sabrina Cuculiansky.

PUBLICADO EN DIARIO "LA NACIÓN", 25 de Septiembre del 2021.

https://www.lanacion.com.ar/la-nacion-revista/el-adn-del-malbec-argentino-por-que-el-terroir-ya-no-es-algo-exclusivo-de-los-vinos-franceses-nid25092021/

viernes, 23 de julio de 2021

Fin del mito: un estudio comprobó que el vino no engorda y hasta ayuda a bajar de peso.-

Una experta en nutrición sumó evidencia científica acerca de las cualidades del vino tinto para ayudar a quemar calorías extras.

El dejar de tomar vino para reducir las calorías de una dieta puede convertirse en cosa del pasado. Un estudio científico determinó que el consumo moderado de vino durante las comidas puede ayudar a estimular el metabolismo y apoyar la pérdida de peso.

La responsable del estudio fue la Dra. Rosa Lamuela-Raventos, profesora asociada de nutrición y ciencias de la alimentación de la Universidad de Barcelona y miembro del Centro Español de Investigaciones Biomédicas en Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición, quien en una entrevista con Wine Spectator explicó que el consumo moderado de vino puede ser muy beneficioso para la salud del corazón y para promover la pérdida de peso.

Apoyada en diferentes estudios, Lamuela-Raventos resaltó que hablar de “calorías vacías” en el vino es un error, es decir, pensar que no tiene valor nutricional. Así, dijo que es un error retirar la bebida en planes de pérdida de peso.

“Es cierto que las calorías provienen principalmente del etanol, sin embargo, el vino es una fuente rica en potasio, y además contiene otros minerales y es una de las principales fuentes de polifenoles en la dieta mediterránea”, explicó la experta a la publicación estadounidense. “(Una copa de vino) contiene aproximadamente 125 calorías por porción, sin embargo, la gente no está considerando que el vino pueda contrarrestar estas calorías quemándolas, debido al contenido polifenólico”, agregó.

¿Cómo quema calorías el vino?

Uno de los mecanismos que ayuda a fomentar la pérdida de peso es la termogénesis o el efecto termogénico. Se trata de un proceso metabólico mediante el cual los humanos quemamos calorías para generar calor. Lamuela-Raventos sostiene que eso sucede cuando bebemos vino durante las comidas. Ella sugiere que los polifenoles como el resveratrol ayudan al cuerpo a aumentar la cantidad de tejido marrón, que es un tipo de grasa corporal que convierte la comida en calor y ayuda a los bebedores de vino a quemar más calorías.

“Observamos que cuando bebes vino tinto con moderación, durante las comidas, no estás agregando más peso ni grasa abdominal”, consideró Lamuela-Raventos. “Los compuestos (de polifenoles) parecen ser responsables de este efecto sobre la salud de control del peso. También se ha demostrado que mejoran la microbiota y aumentan la termogénesis”, añadió.

La investigadora afirmó que el vino tinto contiene más polifenoles que cualquier otra bebida alcohólica. Sus conclusiones arrojan que quienes participaron en la categoría de ingesta moderada (un vaso al día para las mujeres, dos para los hombres) se beneficiaron de un índice de masa corporal (IMC) más bajo y una frecuencia cardíaca disminuida, y ella cree que puede ser el resultado de los antioxidantes del vino tinto, que también tienen un efecto prebiótico que mejora la salud gastrointestinal.

Nuevos estudios.

Dada la naturaleza de los estudios observacionales y el hecho de que los hallazgos se basaron solo en poblaciones españolas, Lamuela-Raventos consideró que no puede extrapolar estos resultados a todos los bebedores de vino. Sin embargo, recientemente presentó una nueva investigación que se publicará pronto, que utiliza ácido tartárico como biomarcador para rastrear el consumo de vino en un grupo de 215 mujeres posmenopáusicas.

En este estudio, aunque los resultados aún no se han publicado, estima que las voluntarias que consumieron vino no tuvieron un aumento en el IMC, el peso o la circunferencia de la cintura.

PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO "LOS ANDES", VIERNES 23 DE JULIO DEL 2021.

https://www.losandes.com.ar/guarda14/fin-del-mito-un-estudio-comprobo-que-el-vino-no-engorda-y-hasta-ayuda-a-bajar-de-peso/

jueves, 11 de febrero de 2021

Un estudio científico logró comprobar que los taninos del vino pueden inhibir eficazmente la actividad de dos enzimas clave en el coronavirus. ¡Salud!

 

Sin duda es una buena noticia para los amantes del vino que un estudio científico logró comprobar que los taninos del vino pueden inhibir eficazmente la actividad de dos enzimas clave en el coronavirus, siendo así la bebida nacional muy útil para combatir la enfermedad.

Mien-Chie Hung, biólogo molecular taiwanés, profesor y presidente del Departamento de Oncología Molecular y Celular del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas en Houston, Texas, y presidente de la Universidad Médica de China, fue quien comandó la investigación que se centra en el tratamiento contra el Covid-19.

Según declaró Hung al canal TVBS, “el plan inicial de la investigación era buscar compuestos naturales que pueden tener un efecto sobre el SARS, y luego usar la proteasa del nuevo coronavirus para detectarlos; y se encontró ácido tánico en el resultado que posee la capacidad inhibitoria más fuerte”.

El investigador sostuvo que el ácido tánico es un polifenol soluble en agua. Los compuestos polifenoles son potentes antioxidantes y captadores de radicales libres (ROS), que mejoran el sistema inmune y tienen efectos antiinflamatorios.

Esta efectividad del tratamiento del ácido tánico ya había sido comprobado anteriormente durante la pandemia de SARS en 2003. Es por eso que, ante un nuevo tipo de coronavirus de la misma familia, el equipo de investigadores decidió realizar más experimentos detallados sobre este descubrimiento, según publica el sitio español Vinetur.

El presidente de la Universidad Médica de China manifestó que los taninos pueden prevenir la infección y controlar el crecimiento de virus. El profesor explica que este compuesto presente en el vino podría ser una vía farmacéutica para el tratamiento de la Covid-19 en el futuro. Así mismo, estimó que el consumo de alimentos y bebidas con taninos también es una forma natural de aumentar la inmunidad al virus.

El vino tinto es el alimento que mayor número de taninos naturales contiene, pero es posible encontrarlos también en frutos rojos como arándanos, frambuesas, granadas, también en verduras, frutos secos y el té verde.

“La uva y el sorgo tienen un contenido de taninos relativamente alto. De hecho, estamos investigando en esta área. Esperamos que en un futuro próximo podamos tomar la decisión de si el vino o el baijiu son más potentes en taninos “, cerró Hung.

Publicado en Diario "Los Andes" de Mendoza en Guarda 14, jueves 11 de febrero del 2021.

https://www.losandes.com.ar/guarda14/un-nuevo-estudio-cientifico-demostro-que-el-vino-puede-ayudar-a-combatir-el-coronavirus/

domingo, 19 de abril de 2020

Coronavirus: recomiendan tomar vino para mejorar la higiene en la boca.

¿Puede contribuir el vino a combatir el coronavirusLa respuesta de un organismo especializado en enología es sí, pero no tiene un efecto milagroso ni curativo, es muy importante aclararlo.
Porque tomar vino no te protege del contagio si te exponés a estar con personas infectadas o a tocar objetos que tienen el virus en su superficie. Pero el consumo moderado de vino sí puede ayudar a mantener la higiene en la cavidad bucal y en la faringe.
Esta es una recomendación de la Federación Española de Enología (FEE), recomendando tomar regularmente vino, porque entre otros beneficios, ayuda a mantener higienizada esta zona, que es donde muchas veces anidan los virus durante las infecciones.
Además, el organismo aclaró que la supervivencia del virus en el vino “parece imposible” porque la combinación de alcohol y polifenoles “impide la vida y la multiplicación del propio virus”.
En ese sentido, la FEE advierte que es altamente improbable contagiarse del coronavirus por los embalajes de vino. “Parece ser muy remota, si no estadísticamente inexistente”, ya que el virus tiene una vida muy corta y no está en presencia de un huésped vivo.
Sin embargo, son varios los que salieron a criticar el comunicado del organismo, ya que sostienen que no existe, al día de hoy, ningún estudio científico que confirme que el consumo del vino protege del coronavirus. Porque el vino se ingiere por la vía digestiva, mientras que el Covid-19 afecta a los pulmones. Y, en cuanto al riesgo de contagio a través del contacto con botellas o cajas, al día de hoy no existe suficiente investigación para saber cuánto tiempo sobrevive el virus en la superficie.
A pesar de ello, la FEE defendió, a través de presidente, Santiago Jordi Martín, el comunicado emitido por la entidad.