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jueves, 3 de septiembre de 2026

Ana Viola, la mujer que defiende el nombre de Patagonia y trabaja por los vinos del sur.

 

Ana Viola, la mujer que defiende el nombre de Patagonia y trabaja por los vinos del sur.

Desde la Cámara de Bodegas de la Patagonia, trabaja para proteger la Indicación Geográfica Patagonia y evitar que el nombre sea utilizado por vinos que no nacen en la región. Desde Bodega Malma, además, impulsa el enoturismo y una nueva manera de acercar el vino patagónico al público: entre viñedos, paisajes, gastronomía y experiencias que buscan convertir al sur en un gran destino del vino.


Ana Viola, CEO de Bodega Malma y presidenta de la Cámara de Bodegas Exportadoras, defiende que Patagonia sea mucho más que una palabra atractiva en una etiqueta: para ella, debe identificar un vino nacido realmente en el sur.

Patagonia está en una etiqueta antes de que el vino llegue a la copa. Está en la imaginación del consumidor que piensa en el sur, en los paisajes interminables, en el viento, en los ríos, en la inmensidad. También en la idea de una vitivinicultura que crece lejos de los grandes centros, entre distancias enormes y condiciones que obligan a quienes producen a resolver casi todo un poco más solos. Por eso, para Ana Viola, CEO de Bodega Malma y presidenta de la Cámara de Bodegas Exportadoras, la palabra Patagonia no puede convertirse simplemente en una marca atractiva estampada sobre una botella. Tiene que decir la verdad sobre su origen.

Desde la Cámara, Viola lleva años en esa pelea, junto a otros bodegueros. Cada vez que una empresa intenta registrar Patagonia como marca, dentro de la clase 33 de propiedad intelectual, la correspondiente a los vinos, aparece una alerta y comienza el trabajo: estudiar el caso, presentar una oposición, pedir una nulidad o solicitar la caducidad del registro, según corresponda. “Tenemos una vigilancia internacional que nos informa cuando aparecen estos intentos de registro”, explica. Detrás de cada expediente hay una misma pregunta: ¿ese vino realmente nació en Patagonia?

La discusión no empezó ayer. Viola ubica uno de los primeros conflictos alrededor del año 2000, cuando un particular consiguió registrar Patagonia como marca para vinos en Argentina y pretendió cobrar derechos a las bodegas de la región por utilizar el nombre.

En aquel momento, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) registró de oficio la Indicación Geográfica, aunque debió hacerlo como “Patagonia Argentina” porque la marca ya estaba en manos de ese particular. Las bodegas patagónicas, encabezadas entonces por el ingeniero Guillermo Barzi de Bodega Humberto Canale, llevaron el conflicto a la Justicia y ganaron. Esa sentencia permitió recuperar algo que hoy parece natural: poder escribir simplemente “Patagonia” en una botella para señalar su verdadero origen.

Después la disputa cruzó las fronteras. La Cámara trabaja junto con Cancillería, el INV y la Secretaría de Agricultura, mientras sigue de cerca los acuerdos comerciales que pueden ampliar esa protección. Uno de ellos es el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, donde la IG Patagonia fue incluida entre las indicaciones geográficas argentinas que se busca proteger. También aparece en las negociaciones dentro del Mercosur y en otros acuerdos, como EFTA. “Son pequeñas conquistas que se van sumando”, dice Viola. No hay una batalla definitiva, sino una sucesión interminable de expedientes que obliga a mirar todos los días qué ocurre en algún lugar del mundo.

Porque Patagonia tiene un valor que excede al vino. En el mercado internacional, explica Viola, el origen es parte de la identidad de una botella. El clima, el viento, la amplitud térmica, las horas de luz y los suelos dejan su marca sobre las uvas y, finalmente, sobre el vino. Pero además existe algo más difícil de medir: la carga simbólica de la palabra. “Tiene un peso enorme”, sostiene. Patagonia evoca naturaleza, paisajes y una manera particular de producir. Y justamente por eso es un nombre codiciado.

El problema aparece cuando esa imagen se utiliza para contar una historia que el vino no puede sostener. Viola menciona el caso de una marca de la chilena Concha y Toro que lleva el nombre Patagonia y que utiliza en su etiqueta imágenes fuertemente asociadas al sur argentino, entre ellas una ballena franca austral. Sin embargo, el vino no procede de la Patagonia, sino de otras regiones vitivinícolas de Chile.

La empresa vincula parte de sus ventas con iniciativas ambientales, pero para la bodeguera eso no modifica la cuestión central: un consumidor puede interpretar que está comprando un vino de la Patagonia cuando en realidad no es así. “Queremos preservar la palabra Patagonia como una referencia real al lugar de origen y no permitir que se convierta en una marca vacía”.

La discusión, entonces, no es solamente comercial. Es también una cuestión de justicia para quienes decidieron plantar, cosechar y elaborar vino en una región donde producir tiene un costo adicional. Están lejos de los consumidores, de los proveedores, de los servicios técnicos, de los mecánicos, de la maquinaria y muchas veces de la mano de obra especializada. Cada botella lleva detrás esa distancia. “Producir en la Patagonia implica muchos más desafíos”, dice Viola. Por eso considera que el nombre no puede utilizarse livianamente.

En el fondo, la pelea de Ana Viola es para que una palabra siga significando algo. Que cuando alguien encuentre “Patagonia” en una botella pueda imaginar el paisaje, pero también saber que detrás de esa etiqueta hay viñedos realmente plantados en el sur, trabajadores, productores y bodegas que eligieron quedarse y producir allí. “No se trata solamente de poner una palabra que suena atractiva. Si un producto dice Patagonia, tiene que estar hecho en Patagonia”. Y mientras sigan apareciendo registros en algún lugar del mundo, la defensa continuará: porque para quienes hacen vino en el sur, Patagonia no es una marca, es el lugar de donde viene todo.

El vino como viaje: bodegas, viñedos y destino enoturístico.

Hay un momento en que el vino deja de estar dentro de una botella. Ocurre cuando alguien llega a la bodega, camina entre las hileras de viñedos, mira el paisaje, se sienta a comer y levanta una copa mientras cae la tarde. Entonces el vino ya no es solamente una bebida. Es el lugar donde nació, las personas que lo hicieron, el paisaje que lo rodea y la experiencia de haber estado allí.

Ana Viola conoce esa transformación desde Bodega Malma, donde reciben visitantes con recorridos guiados, se puede degustar vinos, almorzar en el restaurante y dormir entre viñedos en Aldea de Terruño by Haiku. Los sunsets, cuenta, son parte de una tendencia que viene creciendo y que muestra que hay un público dispuesto a acercarse a las bodegas no solamente para conocer cómo se produce una botella, sino para pasar un buen momento. “La gente busca encontrarse, salir, pasar tiempo al aire libre, venir a un lugar lindo, rodeado de viñedos, disfrutar del paisaje, de la gastronomía y, por supuesto, del vino”, cuenta.

El desafío ahora es hacer que esa experiencia tenga una dimensión mayor. La Patagonia vitivinícola no está concentrada en un único valle ni tiene las bodegas a pocos kilómetros unas de otras. Están distribuidas en distintos puntos de una región enorme. Por eso, recorrerlas implica planificar un viaje más largo. “Cuando hablamos de la Ruta del Vino siempre decimos lo mismo: es un camino muy largo”, explica Viola. Lo que en otras regiones puede resolverse en una escapada corta, en Patagonia requiere tiempo, kilómetros y ganas de descubrir.

En Bodega Malma, los sunsets entre viñedos suman una nueva manera de acercarse al vino: copa en mano, paisaje abierto y el último sol del día como parte de la experiencia.

Pero esa distancia también puede convertirse en parte del atractivo. El viaje entre una bodega y otra atraviesa una Patagonia distinta, donde el vino puede convivir con la cordillera, la estepa, los ríos, el mar, la gastronomía y los pequeños pueblos. Para Viola, falta todavía consolidar esa mirada y conseguir que el enoturismo deje de ser un atractivo complementario para ocupar un lugar propio dentro de la oferta turística. “Hoy, cuando uno piensa en Neuquén, Río Negro o Chubut, enseguida aparecen la cordillera, la nieve o el mar. Nosotros creemos que el enoturismo también tiene que ocupar ese lugar”, sostiene.

Para que eso ocurra, dice, hace falta comunicación, promoción y acompañamiento institucional. En las bodegas, mientras tanto, la respuesta del público ya ofrece una señal: los eventos convocan, los visitantes participan y cada encuentro alrededor del vino se transforma en una experiencia compartida.

La nueva cosecha: más mercados y nuevas formas de brindar.

Pero mientras afuera se disfruta, adentro el viñedo sigue su calendario. En estos días, en Bodega Malma están en plena poda, una de las tareas fundamentales del ciclo productivo. Este año el trabajo se demoró un poco por las lluvias. No es una tarea que pueda hacerse a cualquier costo: la poda es manual y, con bajas temperaturas y suelo mojado, la decisión es esperar. Cuando el clima no acompaña, se aprovecha el tiempo para mantener talleres, reparar instalaciones, acondicionar estructuras y avanzar con los postes y otros elementos del viñedo.

Después, cuando vuelve una ventana de buen tiempo, las cuadrillas regresan a las hileras. Es un trabajo silencioso y preciso que ocurre mucho antes de que una botella llegue a una mesa de restaurante o a la copa de un visitante. Mientras tanto, dentro de la bodega continúa otra parte del ciclo: la conservación de los vinos, el embotellado y la preparación de las exportaciones.

Y allí aparece otro desafío. El mundo está consumiendo menos vino, aunque Viola observa señales que permiten mirar el escenario con algo más de optimismo. Viola observa una reactivación tanto en Argentina como en el exterior y un repunte en los pedidos, pese a un contexto internacional atravesado por conflictos, guerras y cambios económicos. “Aun con ese contexto, vemos señales positivas y un renovado interés por el vino argentino, algo que se refleja en la demanda que está teniendo nuestra bodega”, cuenta.

Tendencia: Vino sin alcohol.

Al mismo tiempo, el consumidor está cambiando. Hay quienes buscan vinos con menor graduación alcohólica y también quienes directamente quieren disfrutar de una experiencia sin alcohol. En Bodega Malma todavía no tienen un producto de ese tipo, pero están haciendo pruebas. «Hay que tener en cuenta que el vino sin alcohol no se elabora de una manera distinta desde el comienzo. Primero se hace un vino tradicional y, una vez terminado, pasa por un proceso de desalcoholización. Hemos probado algunos blancos y espumantes que lograron muy buenos resultados».

Hay una escena que resume esa nueva manera de pensar la experiencia: la persona que llega manejando. En la bodega buscan que también tenga su propio momento. Bebidas especiales, regalos o propuestas diferentes forman parte de las alternativas que preparan para quienes conducen. “No queremos que quien maneja sea el que menos disfrute de la experiencia”, explica Viola.

Es una pequeña decisión, pero habla de un cambio más grande. El vino patagónico ya no se piensa solamente desde el viñedo, la botella o el mercado. También desde el viaje, desde la mesa, desde el paisaje y las personas que llegan a conocer el lugar donde todo comienza. La Patagonia que se presenta al mundo con sus montañas, sus lagos, su mar y sus grandes distancias empieza a sumar otra postal: una copa frente a los viñedos, el sol que cae sobre las hileras y una ruta larga que invita, justamente, a seguir viaje.

Publicado en Diario Río Negro.

miércoles, 9 de octubre de 2024

Mujeres al frente de bodegas de Río Negro y Neuquén: las líderes de los vinos de exportación.

Mujeres al frente de bodegas de Río Negro y Neuquén: las líderes de los vinos de exportación.

María Cruz, Ana y Patricia son directoras o CEO de empresas del rubro con llegada internacional. Una industria de muchas, pero con pocas en los puestos de mando.

María Cruz De Angelis, Ana Viola y Patricia Ortiz, directoras de bodegas en la región.

Mujeres, madres, profesionales, empresarias. Viajantes, multifacéticas y hacedoras de exquisitos vinos codiciados en el extranjero.  

Ellas son dueñas de viñedos en hectáreas productivas de Río Negro y Neuquén, pero también de importantes cadenas de industrialización y valor. Lo que las hace distintivas es que las tres son líderes de grandes equipos de trabajo, jefas y máxima autoridad en sus bodegas -empresas- familiares.  

En un rubro donde predomina la presencia masculina en los puestos de mando, María Cruz De Angelis de Bodega Aniello, Ana Viola de Malma y Patricia Ortiz de Wapisa; sobresalen. Son poseedoras y herederas de historias familiares de antaño y también referentes del rubro en asociaciones nacionales.  

María Cruz tiene 47 años, nació en Buenos Aires y es ingeniera agrónoma. Mamá de Isidro, es la CEO de Bodega Aniello, ubicada en la localidad de Mainqué, Río Negro. Viaja todos los meses desde Buenos Aires al Valle y se encarga de las exportaciones, el area comercial, atención de someliers internaciones, el enoturismo, las finanzas, la producción y la liquidación de sueldos. 

En 2005 se fue a trabajar a una empresa irlandesa y a los dos años volvió al país para liderar un proyecto de seguimiento satelital de pasturas. En 2015 tomó el puesto de gerente comercial de la bodega familiar hasta 2017 cuando asumió el cargo de directora general de la bodega que hoy exporta a Estados Unidos, Francia, Brasil, Rusia, Inglaterra, Australia, Malta y Perú.

“Aniello es un emprendimiento familiar que busca resaltar nuestros orígenes italianos de tradición vitivinícola en Sorrento», contó. Las sirenas, los viñedos, el agua y por supuesto el vino, unen un legado familiar de más 100 años. 

Ana Viola tiene 46 años y es de Cipolletti, mamá de dos hijos. Es CEO de la bodega Malma de San Patricio del Chañar y presidenta de la Cámara de Bodegas de la Patagonia. De profesión médica, optó por la vida rural. 

Su padre empezó con el diseño y ejecución del polo vitivinícola de esa localidad y cuando se recibió la bodega estaba produciendo sus primeros vinos. “Junto con mi hermano Julio y mi marido Pedro, empezamos a armar la parte comercial en Buenos Aires tanto para mercado interno como para exportaciones”, contó.

Poco a poco se apasionó y el proyecto la cautivó. Cursó una maestría en Gestión de Empresas Agroalimentarias y ahora mismo estudia Agronomía en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo).  

“Mi familia me honró con la responsabilidad y el privilegio de ser la CEO de la bodega”, contó. Fue en 2019, luego de haber sido parte de las áreas comercial y de marketing desde Buenos Aires, mientras cursaba medicina. Desde 2021 retornó al valle.  

Para Ana, uno de los desafíos principales es revalorizar el rol del productor local. “Que nuestro lugar de origen no sea usurpado por empresas que quieren usarlo como una marca, es una meta que me desvela”, dijo y agregó: “Quiero que solo los verdaderos productores de Patagonia podamos usar su nombre en las etiquetas”. 

Malma comenzó a producir vinos en 2004 y exportan a Estados Unidos, Reino Unido y Brasil y otros países de América, Europa Continental y Asia. Hoy el enoturismo es su fuerte e invita a vivir una experiencia única. 

Patricia Ortiz tiene 65 años y nació en Buenos Aires. Tiene cinco hijos y vive sus días repartida entre Mendoza, Río Negro y Capital Federal.

De profesión médica, hace 21 años dirige el proyecto familiar de bodegas «Fincas Patagónicas”. Es presidenta y CEO de la empresa, directora de la bodega Wapisa de San Javier, Río Negro; una de las ocho que posee con su familia.  

Patricia fue presidenta de “Bodegas Argentina”, la Cámara Nacional de la Industria Vitivinícola por dos períodos y desarrolló el programa de consumo responsable, Widening Moderation. Es que desde la medicina se especializó en adicciones en Estados Unidos y también estudió Psicología Social. 

Ella se embarcó en el mundo de las fincas y los vinos en 2003 junto a su esposo, lo que significó el inicio de una “aventura”.

“Hoy contamos con siete fincas en Mendoza y una en Río Negro, en el sur de Viedma, en San Javier”, contó y ella misma se hizo cargo de la operación. Formaron un equipo y ya son 170 personas quienes llevan adelante los proyectos. 

El rol de las mujeres en la producción y la industria


Patricia Ortiz dijo que en bodegas argentinas, la estadística muestra que en la industria vitivinícola “hay más mujeres con más formación que hombres, pero los puestos jerárquicos en general no están ocupados por ellas”, planteó.

“Hay una presencia importante de mujeres hoy a nivel agroindustrial, no siempre ocupando los puestos más altos”. Patricia Ortiz, bodega Wapisa en San Javier, Río Negro.

“Yo no creo en el techo de cristal”, opinó la dueña de la bodega Wapisa. “A veces veo es que para una mujer es más difícil llegar por los compromisos familiares que asume», dijo, como el cuidado de los hijos, los padres y la casa.  

Para María Cruz De Angelis, las ciencias agrarias es un ámbito de predominancia masculina en el que se han abierto puertas. “Hoy las mujeres tomamos roles de liderazgo y ocupamos puestos de toma de decisiones, pero no dejamos de ser una minoría que muchas veces se sigue viendo como el género débil”, postuló. 

“Muchas veces pareciera que la maternidad y la mujer como profesional no son compatibles, y creo que todavía hay mucho para limpiar de estas creencias”. María Cruz de Angelis, bodega Aniello en Mainqué, Río Negro.

Para Ana Viola, en una empresa tipo corporación sucede que la familia tiene que elegir quién dedica más tiempo a los niños y quién a asegurar ingresos. En estos casos, “hay una decisión en favor de la carrera del hombre”, dijo, basada en la cuestión biológica que tiene que ver con la maternidad. “Seguramente en el futuro irá equiparándose, y la tecnología es una gran aliada en ese sentido”, aseguró.   

“Hay cambios que se van instalando con mujeres en puestos importantes. No es algo exclusivo de la producción es un fenómeno más general, en Argentina y países occidentales”. Ana Viola, bodega Malma, San Patricio del Chañar, Neuquén.

María Cruz de Angelis, bodega Aniello en Mainqué, Río Negro.




Ana Viola, directora de la bodega Malma.

Patricia Ortiz, directora de bodega Wapisa.

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Publicado en Diario Río Negro.

Imágenes: Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/mujeres-al-frente-de-bodegas-de-rio-negro-y-neuquen-las-lideres-de-los-vinos-de-exportacion-3823927/ 

POR FLORENCIA BARK.


jueves, 7 de septiembre de 2023

Ana Viola, presidenta de la Cámara de Bodegas Exportadoras de la Patagonia, se refirió a la utilización de otras empresas de la marca Patagonia. "Queremos defender eso porque el origen del vino es algo que es fundamental para su identidad", dijo.

Ana Viola: "Esperemos que no se inunde el país con vinos de una falsa marca Patagonia".

Ana Viola hizo un planteo para que WofA (Wines of Argentina) haga acciones comunicativas sobre el conflicto con la marca Patagonia. "Somos dos empresas que estamos en un conflicto en una misma entidad", dijo.

Ana Viola: "Esperemos que no se inunde el país con vinos de una falsa marca Patagonia".

La presidenta de la Cámara de Bodegas Exportadoras de la Patagonia planteó en Wines of Argentina el conflicto actual con la empresa chilena Concha y Toro.
Ana Viola, presidenta de la Cámara de Bodegas Exportadoras de la Patagonia, se refirió a la utilización de la marca Patagonia e hizo un planteo para “seguir informando” durante el encuentro de Wines of Argentina (WofA) realizado este martes en Bodega Canale en General Roca.

Sostuvo que hay preocupación en el sector de empresas neuquinas y de la Patagonia, debido a que la empresa chilena Concha y Toro, está acusada de utilizar la marca en sus vinos, que no tiene una trazabilidad y la indicación geográfica de los productores patagónicos.

“Es una empresa grande y es peligroso que nos veamos inundados utilizando una marca falsa”, planteó Viola durante el encuentro a la comisión directiva de WofA.

En diálogo con LMNeuquén, la productora vitivinícola de la Bodega del Fin del Mundo dijo que lo que estamos planteando es la presencia del tema, la visibilización del caso, de este conflicto que tenemos con una gran empresa vitivinícola chilena que tiene el registro de la marca Patagonia en el Cono Sur y distintos mercados del mundo”.

La marca Patagonia es una indicación geográfica reconocida en la legislación argentina. Sólo el vino originado en esta zona debería ser considerado patagónico. Según la cámara que agrupa a los empresarios del vino de Neuquén, Río Negro, Chubut y La Pampa, ningún privado, sea argentino o extranjero, puede legítimamente apropiarse de un concepto que sólo corresponde a los productos de esa región y es parte del patrimonio cultural y geográfico de Argentina.

“Independientemente del registro de la marca hay una cuestión que tiene que ver con el origen real de los vinos; somos productores de la Patagonia, y la única indicación geográfica que hay con ese nombre y a región geográfica que hay oficialmente en el mundo, es la Patagonia, que está en Argentina. Queremos defender eso porque el origen del vino es algo que es fundamental para su identidad y que esté presente en todas las comunicaciones que se hagan de Vino Argentino a nivel internacional”, indicó Viola.

La empresa Concha y Toro participa de una bodega argentina por la cual distribuye vinos y el peligro que ven las bodegas patagónicas es que se inunden las góndolas del país con una marca apócrifa.

“Esta empresa es socia de WofA, que es socia además de esa bodega argentina que participa activamente en todo lo que es la producción de vinos de Argentina, que está perfecto y que es independiente de lo que sucede a nivel de la otra empresa. Pero es parte de una misma compañía con la cual no es que haya un conflicto de intereses, pero sí somos dos miembros que estamos en conflicto”, concluyó.

Publicado en Diario La Mañana de Neuquén.

6 de septiembre del 2023.

Imagen: La Mañana del Neuquén.

https://www.lmneuquen.com/neuquen/ana-viola-esperemos-que-no-se-inunde-el-pais-vinos-una-falsa-marca-patagonia-n1054355


viernes, 21 de mayo de 2021

Los vinos en El Chañar son una marca registrada y se abrieron paso en el mercado exterior en Asia, Europa y gran parte de América.


Etiquetas de primer nivel para todo el mundo.

Los vinos en El Chañar son una marca registrada y se abrieron paso en el mercado exterior en Asia, Europa y gran parte de América.

“La proyección que hay es muy importante. La Patagonia cada año va ganando relevancia en cuanto a vino. Los de San Patricio del Chañar van ganando reputación y prestigio. En una industria hipercompetitiva como la del vino argentino, se logró posicionar de una manera muy exitosa en un período de tiempo corto ( 20 años) y hay en el país bodegas de más de 100 años”, marcó Julio Viola, socio de Bodega Malma e integrante de la familia Viola, que fue pionera de la actividad vitivinícola en la localidad.

“San Patricio del Chañar es el polo vitivinícola más importante de la Patagonia. Hay casi 2.000 hectáreas plantadas con un perfil de varietales y de plantación muy similares”.

dijo Julio Viola, director de Bodega Malma, una de las cinco con exportación.

Malma junto a Bodega Del Fin del Mundo, Bodega Familia Schroeder, Secreto Patagónico y Bodega Patritti (ahora en manos de Peñaflor) son los cinco establecimientos cuyos productos tienen destino internacional.

Sobre expectativas a futuro, las marcó como positivas, ya que empresas como Peñaflor, que es el principal exportador, “puso sus ojos este año en la localidad y tiene pensando hacer inversiones importantes”.

Destacó que la localidad tiene condiciones óptimas para el cultivo de la vid, como “la amplitud térmica, el viento que es un aliado espectacular para prevenir enfermedades, la baja humedad relativa ambiente, las pocas precipitaciones, el sol”.

Dijo que son condiciones que brindan concentración de color, aromática y limpieza. “La sanidad tiene una correlación absoluta con la calidad final del producto”, remarcó el empresario.

Viola detalló que la actividad vitivinícola genera en la ciudad entre 500 y 1.000 puestos de trabajo, dependiendo del momento del año.

Describió que la Bodega Malma en vinos blancos tienen variedades Chardonnay y Sauvignon Blanc, y en tintos Pinot Noir, Malbec, Merlot y Cabernet Sauvignon.

Señaló que el establecimiento apunta “mucho a identificarse con el terruño, a hacer vinos con la mínima intervención y dejando que la naturaleza se exprese en su máximo potencial. Eso para nosotros hace vinos honestos, puros y que se identifican con el lugar donde estamos y que nosotros consideramos que es uno de los mejores terruños que hay en Argentina para elaborar vino de alta calidad”.

De lo publicado en el Diario "Río Negro", 21 de mayo del 2021.

Suplemento Aniversario de San Patricio del Chañar: 

Fruticultura y vinos de calidad.

martes, 16 de marzo de 2021

La mayor exportadora de vinos del país compró una bodega en Neuquén. El grupo Peñaflor adquirió la bodega de Rubén Patritti, exdirectivo de Repsol, que produce 1,5 millones de litros. El objetivo es aprovechar la marca Patagonia y ganar mercado de Pinot Noir en el mundo.

La mayor exportadora de vinos del país compró una bodega en Neuquén.

El grupo Peñaflor adquirió la bodega de Rubén Patritti, exdirectivo de Repsol, que produce 1,5 millones de litros. El objetivo es aprovechar la marca Patagonia y ganar mercado de Pinot Noir en el mundo.


El mayor exportador de vinos del país desembarca en Neuquén. Se trata del grupo Peñaflor que compró una de las bodegas de la provincia en una apuesta por ampliar su cobertura territorial con el foco en la exportación. Se trata de la bodega Patritti, de Rubén Patritti quien hasta 2004 fue el director de Exploración y Explotación para América Latina de Repsol .

El grupo confirmó la adquisición a Río Negro e indicó que, más allá de la productividad, “los vinos de la Patagonia tienen características que no se consiguen en otras zonas del país tanto por nombre como por las variedades”.

Explicó que la Patagonia es sinónimo de Pinot Noir y Merlot que se da de una manera distinta a los otros lugares y “el nombre Patagonia tiene una competencia global que no es poca cosa”. Argentina es conocida en el mundo por pocas cosas -añadió- y el concepto Patagonia “conecta a cualquier persona del mundo con la Argentina y eso tiene potencial futuro para nuestra industria”.

Hasta la semana pasada, Peñaflor no tenía producción en el Alto Valle y ahora con esa adquisición “por primera vez en cien años, va a tener una pata en esta zona, emblemática en la historia de la vitivinicultura argentina”.

Peñaflor tiene bodegas grandes como Trapiche y también pequeñas como Mascota Vineyards, boutique. En Mar del Plata se cuenta con la bodega Trapiche Costa y Pampa que elabora 50 mil litros por año y los activos industriales de lo que era Patritri son de 1,5 millón de litros, es decir que Mar del Plata es mucho más chica.

En comparación con San Juan o Mendoza, las bodegas en la zona no son grandes y la superficie implantada también es menor. La fuente de Peñaflor dijo que aún es apresurado establecer si va a seguir con la marca Patritti.

La variedad Pinot Noir es un de las más demandadas en el mundo y Peñaflor, la mayor exportadora de vinos del país, sólo tenía bodegas en els ur de Mendoza y ahora en la Patagonia.

Neuquén figura en el sexto lugar en cantidad de hectáreas de uva después de Mendoza, San Juan, Salta, La Rioja y Catamarca.

¿Cuánto costó?

¿Cuánto destinó el Estado neuquino a la consolidación del polo vitivinícola de El Chañar y Añelo? La respuesta es difícil de responder porque comenzó con créditos de promoción cuando el dólar y el peso costaban lo mismo.

En 1999 se plantaron los primeros viñedos del pionero, Julio Viola, quien tenía una empresa La Inversora en Cipolletti, al que le siguieron la familia Focaccia, Schroeder y Grittini.

Los créditos fueron accionados por el Instituto Autárquico de Desarrollo Productivo, IADEP, que, en su momento absorbió la cartera “sucia” del Banco Provincia de Neuquén y evitó que la entidad financiera fuera objeto de presiones por parte del Banco Central que, como ocurrió en otras provincias, obligó a privatizar la herramienta financiera.

Publicado en Diario "Río Negro", 16 de marzo del 2021.

https://www.rionegro.com.ar/la-mayor-exportadora-de-vinos-del-pais-compro-una-bodega-en-neuquen-1728702/

viernes, 12 de abril de 2019

La familia Viola se aleja de Bodega del Fin del Mundo y relanza Malma.

www.vinosynegocios.com/

La familia Viola se aleja de Bodega del Fin del Mundo y relanza Malma.

La familia Viola firmó hace pocos días la separación del Holding Corporación América con quien se había asociado en 2009 para la gestión de Bodega del Fin del Mundo y Malma. A partir de este nuevo acuerdo la familia seguirá adelante con la gestión con Bodega Malma mientras que corporación América continuará con las operaciones de Fin del Mundo.

Los Viola fueron pioneros en la región cuando en 1999 plantaron los primeros viñedos y generaron el sistema de riego con agua del río Neuquén que da vida a la región. Como familia, fundaron la Bodega Fin del Mundo a la que le siguieron las otras bodegas de la zona que componen hoy el polo de San patricio del Chañar.
 
Empresario inquieto y líder en la región, Julio Viola, el referente de la familia,  fundó la Cámara de bodegas exportadoras de la Patagonia junto a las bodegas de Río Negro, trajo asesores internacionales y trabaja incansablemente por el desarrollo y reconocimiento de la Patagonia como territorio productor de vinos de alta calidad enológica.


‘‘Hacía tiempo que queríamos volver a ser una empresa familiar, a enfocarnos con más fuerza en los vinos y en el viñedo, a hacer lo que amamos. Estamos entusiasmados con este nuevo desafío con Malma, una bodega con muchísimo potencial en la que gracias a la escala pequeña podemos abocarnos a los vinos de alta gama”.

Julio Viola, Fundador de Bodega del Fin del Mundo

 La familia Viola completa trabaja en la bodega en diferentes áreas, involucrada desde el viñedo, el desarrollo de los vinos, la exportación y la comunicación. Siempre comprometidos y enfocados en buscar la esencia del terruño y poniendo su impronta en cada vino. Una familia apasionada por encontrar la esencia última del terruño y llevar la Patagonia Argentina al mundo como una región productora de vinos únicos. 

La bodega en sí es una obra de arte arquitectónica integrada al paisaje de bardas y mesetas con su estética apaisada. Posee instalaciones de última tecnología y un restaurant en el que se pueden degustar platos elaborados con ingredientes de la región. 
 
El complejo tiene una superficie de 5800 m², conformados por la bodega, las oficinas, Malma Restaurant, la casa de huéspedes y el centro de Visitas.  

Los viñedos propios rodean el edificio y entre las variedades implantadas se destacan el Malbec, Pinot Noir, Merlot y Sauvignon Blanc. La mayor parte de los vinos producidos se exportan a Estados Unidos, Reino Unido, Brasil y Alemania. Si bien el foco de la bodega seguirá siendo el internacional, la familia también tiene intención de promover los vinos en el mercado interno.
 
Los vinos que componen el portafolio son Malma Universo, Malma Reserva de Familia, Malma Finca la Papay y P15 principalmente.
 

Más info en www.bodegamalma.com

Fuente: https://www.vinosynegocios.com/notas/2019/3/25/la-familia-viola-se-aleja-de-bodega-del-fin-del-mundo-y-relanza-malma?ss_source=sscampaigns&ss_campaign_id=5ca52c846b3f2d0001bb8c2b&ss_email_id=5ca66cba64421a0001b0d913&ss_campaign_name=Cinco+datos+que+ten%C3%A9s+que+saber+del+Malbec+antes+de+dar+una+degustaci%C3%B3n&ss_campaign_sent_date=2019-04-04T20%3A45%3A31Z

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