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viernes, 12 de junio de 2026

Mundial de Cepas 2026: El fixture definitivo para jugar la Copa con la copa en la mano.

 


Mundial de Cepas 2026: El fixture definitivo para jugar la Copa con la copa en la mano.

El Mundial 2026 también se puede jugar con una copa en la mano. Se me ocurrió armar un fixture paralelo al de la FIFA: cada país participante asociado a una cepa. Algunas relaciones salen solas. Otras piden VAR. Y otras entran directamente a préstamo.

Cada Mundial trae sus candidatos, sus batacazos, sus grupos difíciles, sus partidos imposibles y sus discusiones eternas. Esta vez, además del fixture futbolero, me dieron ganas de armar otro: uno de cepas.

La idea es simple: tomar los 48 países que juegan la Copa Mundial de la FIFA 2026 y asociar a cada uno con una uva. No necesariamente “la mejor”, ni “la única”, ni “la oficial”. Una cepa que pueda salir a la cancha con esa camiseta.

En algunos casos, la relación es inmediata como Argentina con el Malbec, Uruguay con el Tannat, o Alemania con el Riesling.

Pero después empieza lo más divertido, porque… ¿Qué hacemos con Francia? ¿Pinot Noir, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Sauvignon Blanc, Chenin Blanc, Semillón? Cualquier elección deja a medio mundo protestando desde la tribuna.

¿Y con países que no tienen una tradición vitivinícola fuerte? ¿Los dejamos afuera? De ninguna manera. Ahí aparece un recurso bien futbolero: el préstamo.

Las reglas del juego.

Para que esto no sea una lista tirada al azar, armé tres categorías.

Cepa titular.

Es la que entra de arranque. La cepa que tiene una asociación fuerte con ese país, ya sea por historia, identidad, producción, reconocimiento internacional o tradición.

Acá entran relaciones bastante claras: Malbec para Argentina, Tannat para Uruguay, Pinotage para Sudáfrica, Riesling para Alemania, Touriga Nacional para Portugal, Grüner Veltliner para Austria o Koshu para Japón.

Cepa suplente.

Es una cepa defendible, pero no excluyente.

Se usa en países donde hay producción de vino y varias opciones posibles, o donde la uva elegida tiene buenos argumentos, aunque alguien podría proponer otra sin estar completamente equivocado.

Francia es el mejor ejemplo. Elegir Pinot Noir no significa negar a Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah o Sauvignon Blanc. Significa simplemente elegir una camiseta para salir a jugar este partido.

Cepa a préstamo.

Acá entran los países donde no hay una cepa nacional clara, donde la producción vitivinícola no es relevante, o directamente es nula, o donde la relación con el vino es más indirecta.

En esos casos, la asociación se resuelve por cercanía geográfica, historia, clima, cultura, consumo, influencia regional o una licencia editorial razonada.

No es una verdad sagrada. Es una forma de que ninguna selección se quede sin participar, porque un Mundial también se juega con símbolos: en la cancha son camisetas; en la copa, cepas.

Antes de que salte el VAR vínico.

Aclaración necesaria: este fixture no pretende ser una enciclopedia definitiva del vino mundial.

No voy a decir que Francia “es” Pinot Noir y nada más. Sería absurdo. Tampoco que todos los países participantes tienen una cepa insignia real, porque muchos no son productores importantes de vino o directamente no tienen una tradición vitivinícola reconocida.

La idea es otra: cruzar el mapa del fútbol con el mapa del vino. Jugar un poco. Descubrir cepas. Discutir con argumentos. Y, si hace falta, pedir revisión en el VAR con una copa en la mano.

En otras palabras: esto es un juego serio. Lúdico, sí. Pero tratando de no faltarle el respeto ni al vino, ni a la geografía, ni a la historia.

Grupo A

México — Nebbiolo

Suplente

Muy asociada a Baja California, aunque México podría jugar con otras.

Sudáfrica — Pinotage

Titular

Cepa sudafricana por excelencia. 

Corea del Sur — Campbell Early

Suplente

Uva muy difundida en Corea, más local que internacional.

República Checa — Pálava

Titular

Cepa morava, nacida en la actual República Checa.

Grupo B

Canadá — Vidal

Titular

Muy ligada al Icewine canadiense.

 Bosnia y Herzegovina — Žilavka

Titular

Blanca emblemática de Herzegovina.

Qatar — Viognier

A préstamo

Cepa de perfil elegante y clima cálido, asignada por licencia.

Suiza — Chasselas

Titular

Una de las grandes blancas clásicas suizas.

Grupo C

 Brasil — Merlot

Suplente

Muy defendible por Serra Gaúcha y Vale dos Vinhedos.

 Marruecos — Garnacha

Suplente

Cepa mediterránea, razonable para el norte de África.

Haití — Listán Prieto / Criolla

A préstamo

Relación por historia colonial americana.

 Escocia — Pinot Gris

A préstamo

Cepa posible para pensar climas fríos y vinos ligeros.

Grupo D

Estados Unidos — Zinfandel

Titular

Una de las uvas más asociadas a la identidad vínica estadounidense.

 Paraguay — Torrontés

A préstamo

Cercanía regional y guiño rioplatense.

Australia — Shiraz

Titular

La gran tinta australiana.

Turquía — Öküzgözü

Titular

Tinta autóctona turca de fuerte identidad.

Grupo E Alemania — Riesling

Titular

La cepa bandera alemana.

 Curazao — Palomino

A préstamo

Licencia atlántica y colonial.

Costa de Marfil — Cinsault

A préstamo

Cepa de clima cálido, con lógica francófona y africana.

Ecuador — Cabernet Sauvignon

Suplente

Internacional, reconocible y adaptable a distintos escenarios.

Grupo F

 Países Bajos — Johanniter

Suplente

Cepa PIWI (resistente a los hongos) razonable para climas fríos y húmedos.

 Japón — Koshu

Titular

Cepa japonesa emblemática.

 Suecia — Solaris

Titular

Muy usada en la viticultura nórdica moderna.

 Túnez — Carignan

Suplente

Cepa histórica y lógica para el norte de África.

Grupo G

🇧🇪 Bélgica — Pinot Meunier

Suplente

Cepa clave en espumosos y climas fríos.

Egipto — Moscatel de Alejandría

Titular simbólica

El nombre y la historia la hacen jugar de local.

 Irán — Rasheh

Titular / Suplente

Uva persa, más fina que caer en el guiño fácil de Shiraz.

Nueva Zelanda — Sauvignon Blanc

Titular

La cepa que puso a Nueva Zelanda en el mapa mundial del vino.

Grupo H

 España — Tempranillo

Titular

La tinta española más reconocible.

Cabo Verde — Negra Mole

Suplente

Licencia insular, con cercanía al mundo atlántico portugués.

 Arabia Saudita — Monastrell

A préstamo

Cepa mediterránea de clima cálido.

Uruguay — Tannat

Titular

La cepa que Uruguay hizo propia.

Grupo I

Francia — Pinot Noir

Suplente de lujo

Una elección borgoñona dentro de un país imposible de reducir a una sola cepa.

Senegal — Semillón

A préstamo

Licencia por eje francófono y vínculo bordelés.

Irak — Obeideh

A préstamo

Cercanía cultural y geográfica con el Levante.

Noruega — Rondo

A préstamo

Cepa resistente, pensada para viticultura de clima frío. 

Grupo J

Argentina — Malbec

Titular

Nuestra camiseta vínica más reconocible en el mundo.

Argelia — Alicante Bouschet

Suplente

Cepa históricamente importante en el norte de África.

 Austria — Grüner Veltliner

Titular

La gran blanca austríaca.

 Jordania — Dabouki

A préstamo

Cepa levantina, más honesta que imponer una internacional.

Grupo K

Portugal — Touriga Nacional

Titular

Una de las grandes tintas portuguesas.

 República Democrática del Congo — Chenin Blanc

A préstamo

Licencia africana, con puente hacia Sudáfrica y el Loira.

 Uzbekistán — Soyaki

Suplente

Cepa local, poco conocida pero más fiel que una internacional forzada.

 Colombia — Cabernet Franc

A préstamo

Cepa en expansión sudamericana, asignada por afinidad regional.

Grupo L

 Inglaterra — Chardonnay

Suplente

Clave en el crecimiento de los espumosos ingleses.

Croacia — Plavac Mali

Titular

Tinta emblemática de Dalmacia.

Ghana — Marselan

A préstamo

Cepa moderna, adaptable y de clima cálido.

Panamá — Ancellotta

A préstamo

Cepa de corte, de color y de equipo: entra para completar la jugada.

Los que miran desde la platea.

Como toda lista mundialista, este Mundial de Cepas también deja nombres importantes afuera.

No porque no merezcan jugar, sino porque el fixture tiene 48 lugares y el mundo del vino tiene muchísimos más candidatos.

Ahí aparecen países que no entraron en esta tabla pero que de haberlo hecho tendían también asociada una cepa para salir a la cancha con una copa en la mano.

Chile — Carménère

La cepa que Chile adoptó como bandera propia, después de redescubrirla en sus viñedos cuando durante años se la confundía con Merlot.

Italia — Sangiovese

Si Italia jugara este Mundial de Cepas, difícil no darle la camiseta titular.

 Grecia — Assyrtiko

Blanca griega de enorme personalidad, con Santorini como bandera.

Rusia — Krasnostop Zolotovsky

Una tinta autóctona del sur de Rusia, con historia propia y nombre de esos que parecen imposibles hasta que uno se anima a servirlos.

Georgia — Saperavi

Tinta profunda, histórica y con identidad caucásica.

 Hungría — Furmint

La uva detrás de grandes vinos secos y dulces, especialmente en Tokaj.

Rumania — Fetească Neagră

Tinta autóctona y una de las joyas de Europa del Este.

Armenia — Areni

Una cepa con historia antigua y carácter propio.

 Moldavia — Rara Neagră

Otra tinta del este europeo que merecía figurar.

Bulgaria — Mavrud

Cepa balcánica con nombre de defensor central.

China — Marselan

Una variedad que viene ganando terreno en el vino chino moderno.

Y está bien que queden nombres afuera. El Mundial de Cepas no busca cerrar la conversación: busca abrirla.

Si después de mirar la lista alguien dice “Falta la Carménère”, “¿y la Sangiovese?” o “¿dónde está la Marselan?”, entonces la jugada salió bien.

Porque al final, de eso se trata: usar el Mundial como excusa para descubrir cepas, cruzar países y brindar por los que juegan, por los que miran desde la platea y por los que siempre merecen una revancha.

Que empiece el Mundial de Cepas.

El fútbol tiene camisetas, himnos, banderas y cábalas.

El vino tiene aromas, historias, regiones y cepas.

Cruzar esos dos mundos puede parecer un capricho, pero también puede ser una forma entretenida de viajar sin moverse de la mesa. Un país, una uva, una copa y una excusa para conversar.

Que ruede la pelota.

Y que se llene la copa.

Fuentes consultadas

Fuentes consultadas: FIFA, Wines of Argentina, Wine Australia, Wines of Germany, Swiss Wine, Austrian Wine, Wines of Portugal, New Zealand Winegrowers, Koshu of Japan, Wines of South Africa, Wines of Moravia and Bohemia, Zinfandel Advocates & Producers, Vitis International Variety Catalogue y referencias generales de regiones vitivinícolas.


Curiosa investigación. Original. Dónde se aprende mucho de la cepas de otras latitudes. Aprecio estas notas porque sirven para aprender mucho. 
Con respecto a nuestra Argentina se destaca la cepa insignia CEPA de la ARGENTINA el Malbec. Faltarían dos cepas que son interesantes como el Torrontés (sobre todo en el norte argentino) y las Criollas que son las épocas del Virreynato.

sábado, 11 de octubre de 2025

MIRAS Loca Blanca 2024.


MIRAS Loca Blanca 2024
.

Otra de las nuevas etiquetas de Bodega Miras consiste en un particular varietal de Loca Blanca proveniente de un viñedo Mainqué implantado en 1958 certificado orgánico y sustentable, como siempre la enología está a cargo del Lic. Marcelo Miras y la asistencia de su hijo Pablo Miras.

Esta línea de vinos, busca lograr varietales patagónicos frutados y con mucha frescura; solo se fraccionaron 1200 botellas de este vino blanco.

La cosecha se realiza de forma temprana para luego pasar a fermentar en tanques de manera tradicional, vinificado como blanco, sin los hollejos, con maceración corta y levaduras indígenas, finalmente se embotella sin filtrar.

Bodega: Miras

Zona: Mainqué – Río Negro.

Color: dorado brillante con presencia de gas carbónico.

Aroma: frutado de cítricos y ananá con muy buena integración de su alcohol. Volumen  medio de aroma.

Sabor: vivo y austero, con ataque seco y media a alta acidez. En la boca presenta un correcto equilibrio de tendencia centro - lateral con presencia de gas carbónico. Su graduación alcohólica es de 10º y cierra con persistencia media.

http://fabianmitidieri.blogspot.com/2025/10/miras-loca-blanca-2024.html

Publicado en Blog del vino patagónico de Fabián Mitidieri.

http://fabianmitidieri.blogspot.com/

miércoles, 22 de enero de 2025

HAY UNA MUJER EN MI VIÑEDO: NOMBRES FEMENINOS EN LAS UVAS.

 


HAY UNA MUJER EN MI VIÑEDO: NOMBRES FEMENINOS EN LAS UVAS.

El vino esgrime variedades de uvas denominadas Patricia, Victoria, Isabella y Canela. ¿Las conocés? Acá te las presentamos.

A mediados de año recorrí el Bierzo, un rincón de Castilla y León, España, donde la uva más plantada y la más deseada en los vinos es la Mencía. No es exclusiva del Bierzo, ya que se la encuentra bastante también en los valles del Este de Galicia, con los que linda.

Que en un recorrido por Galicia y Bierzo uno se tope con uvas desconocidas no debería llamar la atención. Las hay y de muchos tipos. 

Sólo por mencionar algunas de las que ofrecen vinos más sabrosos, existen la Brancellao, la Merenzao, Doña Blanca o la más aterradora de todas, La Monstruosa de Monterrei, cuyo nombre amedrenta más que la uva, llamada así por el tamaño de su racimo.
Pero volvamos a la Mencía. Según la guía Paadín, es hija de dos uvas, una conocida como Patorra, y la otra, el Albariño Tinto. De carácter gentil, un poco se parece al Pinot Noir en la capacidad que tiene para ofrecer texturas diferentes según cambian los suelos y las exposiciones al sol. Es la columna vertebral del Bierzo.

Muy cultivada en la región, lo que me sorprendió, sin embargo, fue encontrarme con que muchas mujeres en la zona se llaman así: Mencía. De hecho, es un nombre de lo más corriente en el Bierzo. 

Una noche, mientras contaba ovejas antes de dormir, me dio un ataque de risa pensando en que una persona se pudiera llamar Malbec González o Cabernet Sauvignon Ramírez. 

En esos devaneos estaba cuando tuve una iluminación: ¿por qué la gente no se puede llamar como las uvas? ¿Habrá muchas? Al fin de cuentas conocía el curioso caso de los tres homófonos de Pedro Ximénez.

Y me puse a buscar.

Uvas como mujeres.

Mencía es, si damos crédito a lo que ofrece la web, el hipocorístico (apelativo cariñoso o familiar usado para suplantar a un nombre real) de Clemencia. Sería el equivalente de Lito para los Miguelitos. 

Lo notable, en todo caso, es que en una región muy católica y practicante, la uva más querida lleve por nombre Clemencia, Mencía para los amigos. En nuestro medio hay al menos un vino elaborado con Mencía y clemencia: se llama Doña Mencía de los Andes y lo produce Ver Sacrum.

Lejos de ser la única, hay otras uvas que llevan nombres de mujeres. Una búsqueda más o menos rápida propone una lista sencilla: Canela, Patricia, Victoria e Isabella. 

En el caso de Canela, que en Argentina está plantada en el este de Mendoza, hay dos hipótesis para el nombre. La primera es que tiene un ligero sabor de especias y, en un rapto de romanticismo ultramarino, le llamaron Canela. 

La otra, más propia del mundo de los sarmientos y las podas, que los pecíolos son de ese color. En el mercado lo elabora y embotella Lucas Niven.

Patricia, Patricia.

Más interesante es el caso de Patricia. Fue una creación realizada por el ingeniero Ángel Gargiulo en el INTA Rama Caída, Mendoza, y proviene del cruzamiento entre las variedades Moscatel Rosado y CG 530. Esta última, a su vez, es hija del cruzamiento entre las variedades Sultanina y Gibi. 

Eso según el INTA, que no da pistas acerca de por qué Gargiulo decidió llamarla Patricia. Aunque, permítaseme divagar, siendo las Patricias Mendocinas figuras clave de la gesta Sanmartiniana en la provincia, es dable pensar que la cosa viene por ahí.

En todo caso, a juzgar por el tamaño del racimo de Patricia, poco tiene que envidiar a la Monstruosa de Monterrei. En nuestro mercado se consigue un espumoso con esta uva, elaborado por un prócer del vino, el enólogo Ángel Mendoza.

Isabella de América.

De Victoria sé poco, porque es más una uva de consumo en fresco, pero su nombre tiene, como todas las Victorias, algo de triunfo. 

Respecto de Isabella, sí hay vinos elaborados, aunque también hay que decir que no es propiamente una uva vinífera, sino un cruzamiento entre dos especies: Vitis vinífera x Vitis labrusca. En rigor, Vitis labrusca x Petit Meslier, según el análisis de ADN.

Como en todas las historias de investigadores dedicados a diseccionar la gracia de la naturaleza, Isabella recibió su nombre de un homenaje, según wein.plus. 

La primera planta identificada de Isabella fue donada por George Gibbs, un aficionado viticultor norteamericano –entre otras variedades introdujo la Zinfandel a los Estados Unidos– a un viverista de Long Island que la multiplicó al infinito desde 1909. 

Fue este quien eligió el nombre para la posteridad, en homenaje a la esposa de Gibbs. Supongo que con buenas intenciones.

En fin, Isabella dio la vuelta al mundo porque es una variedad resistente a las enfermedades. Por ello se adaptó bien a los trópicos y climas calientes. 

En nuestro país, se la llama también uva Chinche y produce unos vinos exóticos en Córdoba y la costa bonaerense. Para beber uno, buscar los raros Frambuá de Colonia Caroya.

Por Joaquín HIDALGO.

Publicado en Vinómanos.

https://vinomanos.com/2025/01/uvas-con-nombres-femeninos/

HIDALGO, Joaquín. Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

viernes, 4 de octubre de 2024

LA MULTIPLICACIÓN DE LA GARNACHA: CÓMO SON ESTAS UVAS TINTAS Y BLANCAS QUE AVANZAN EN LAS GÓNDOLAS.


LA MULTIPLICACIÓN DE LA GARNACHA: CÓMO SON ESTAS UVAS TINTAS Y BLANCAS QUE AVANZAN EN LAS GÓNDOLAS.

Es un varietal en ascenso, pero con diferentes personalidades. En esta nota, las claves para saber qué características tiene y qué matices ofrece.

Por Joaquín Hidalgo.

Hagamos memoria: ¿desde cuándo escuchamos hablar de Garnachas en Argentina? ¿Cinco, diez años? Como mucho. En los últimos tiempos es un varietal del que cada vez se ven más en la góndola. Ahora se le atreven grandes jugadores, incluso. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de Garnacha o Grenache?

Empecemos por las precisiones. Existen varias Garnachas. Unas son blancas, otras tintas. En general se las denomina Garnacha Tinta y Garnacha Blanca, con sus versiones en francés, Grenache Noir y Grenache Blanche, y una prima remota a la que se suele confundir debido al nombre, conocida como Garnacha Tintorera.

La Garnacha tinta es la sexta uva más plantada a nivel global si hablamos de las variedades de vinificar. Si incluimos también a las de consumo en fresco, desciende al puesto número diez, con unas 160.000 hectáreas en el mundo.

Pero decir el mundo es un poco caprichoso, porque en rigor la Garnacha tinta reina en el área mediterránea, con unas 81.000 hectáreas en Francia y unas 59.000 en España.

La Garnacha tinta es la sexta uva más plantada a nivel global.

En el resto del mundo se encuentra bastante atomizada. Sólo para tener una comparación, en Argentina hay unas modestas 34 hectáreas. La distancia con los países mediterráneos es enorme.

En nuestro país, sin embargo, viene creciendo, mientras que en el resto del mundo se achica. Y hay una razón concreta para ello. La Garnacha es una uva que permite elaborar vinos frutados, con paladar de elevada acidez, en dos vertientes muy marcadas: están los que embotellan Garnachas ligeras como un Pinot Noir, y quienes exploran la vertiente más apretada y concentrada.

Ahí está una de las claves para que hoy esta uva esté en ascenso entre los consumidores, y no sólo de Argentina. Permite llegar a vinos maduros con un paladar de frescura elevada, lo que supone una ecuación rara para las variedades bordelesas, como Cabernet Sauvignon o Merlot. No en vano está tan adaptada al Mediterráneo.

La Garnacha en climas cálidos y solares.

Debido a ese balance en zonas donde el sol quema la piel de otras uvas y las vuelve muy maduras, con notas de mermelada, la Garnacha consigue retener una acidez deliciosa, aún cuando el perfil sea sobremaduro y licoroso. Esa característica es la que empuja a los productores a explorarla a nivel local.

La multiplicación de la Garnacha: cómo son estas uvas tintas y blancas que avanzan en las góndolas


En Argentina hay unas modestas 34 hectáreas.

Desde Salta, donde hay unos pocos vinos, hasta Valle de Uco, donde se concentra la oferta de Garnacha en nuestro país, hay varios elaboradores que están haciendo sus primeros palotes con Garnacha.

Si entre los pioneros está Ver Sacrum y Finca Los Cardones, luego sigue un pelotón de productores entre los que ya se cuelan bodegas de escala como El Esteco y, próximamente, Luigi Bosca.

GSM y otros cortes por el estilo.

Más allá de los vinos varietales, es en los cortes de base mediterránea donde la Garnacha aporta buena parte de la magia y frescura. Conocidos por la sigla GSM –de Garnacha, Syrah y Mourvedre– este corte mediterráneo tiene varias ventajas y otras tantas variantes.

Entre las ventajas, está el perfil delicado y de intensidad que ofrece, con unos taninos modestos que apuntalan el paladar sin apretar.

La multiplicación de la Garnacha: cómo son estas uvas tintas y blancas que avanzan en las góndolas.

Es en los cortes de base mediterránea donde la Garnacha aporta buena parte de la magia y frescura.

Entre las variantes, el Syrah y el Mourvedre a veces son reemplazados por otras uvas mediterráneas, como Carignan, o Malbec en nuestro medio.

Cualquiera sea la forma, la Garnacha destaca como una uva que permite, en climas como el nuestro, ofrecer fruta y acidez. Por eso suele usarse para vinos rosados, también.

En suma, es una tinta versátil y de carácter que gana adeptos en nuestro país y que, en el mundo, tiene fans y vinos famosos. Probarla puede ofrecer una nueva paleta de sabores.

Un drink team de Garnachas en Argentina se compone de Ver Sacrum, El Esteco Edición Limitada, Alma Gemela, Los Cardones Tigerstone, Desquiciado, Laborum Pequeñas Fermentaciones, Ruca Malen Capítulo Dos y, pronto, Luigi Bosca Apuntes.

También vale la pena descubrir De Moño Rojo, Corazón de Sol Luminoso, Develado Syrah Garnacha y DV Catena, que la combina con Malbec, y el recién lanzado Bianchi Winemaker Selection GCM, con Cabernet Franc y Malbec.

La última cosecha.
La última cosecha.

La multiplicación de la Garnacha: cómo son estas uvas tintas y blancas que avanzan en las góndolas.

JOAQUÍN HIDALGO.

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

Por Joaquín Hidalgo -1º de octubre del 2024- Vinómanos.

Publicado en Vinómanos.

Imágenes:  Vinómanos.

https://vinomanos.com/2024/10/vino-varietal-garna

jueves, 14 de julio de 2022

La nueva uva portuguesa con la que se puede hacer vinos de calidad en Argentina.

 

El Instituto Nacional de Vitivinicultura aprobó el uso de la uva Tinta Cao para la elaboración de vinos finos y ahora la lista se amplía a 47. Para qué se usa y cómo son sus vinos.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) aprobó la utilización de una nueva cepa de uva para la elaboración de vinos finos y varietales. Lo hizo por intermedio de la resolución 18/2022 que fue publicada este martes.

Se trata de la Tinta Cao, o Tinta Cão, una variedad originaria de Portugal que en Argentina tiene una presencia muy menor y aún así se utilizaba hasta el momento para la elaboración de vinos no varietales.

La resolución llegó tras una presentación que hizo la empresa La Agrícola S.A. de Familia Zuccardi, que permitió la apertura de un expediente. El INV realizó un estudio para determinar si es una cepa apta o no para este tipo de vinos a través de la Dirección de Estudios y Desarrollo Vitivinícola. Finalmente la aprobó.

Hasta el momento, la cepa estaba habilitada para producir vinos sin mención de varietal, mostos y jugos. Sin embargo, es una cepa nueva que solo tiene una vendimia como legal, ya que su aprobación llegó en octubre de 2021.

Tinta Cao.

Este varietal es originario de Portugal y crece principalmente en la región de Duero. Hay registros de su utilización ya en el siglo XVI, por lo que se la considera una uva con mucha trayectoria.

Es una de las cinco cepas con las que en esta región se producen los mundialmente famosos vinos Oporto. Sin embargo, no es la más utilizada ni conocida. También se siembra en Australia y Estados Unidos.

La planta se caracteriza por tener rendimientos muy bajos y estos es uno de los motivos por lo que ha caído en desuso aún en Portugal. Se adapta mejor a los climas fríos, por eso se sospecha que en el Valle de Uco puede tener un buen rendimiento.

Produce vinos de mucha calidad, finos. Es una uva muy valorada por su capacidad para ser utilizada en la composición de un corte. De hecho, de esta manera se utiliza en los vinos Oporto. Posee un perfil aromático floral y un color no muy intenso. Le aporta longevidad a los vinos que compone.

Desde ahora, se podrán realizar vinos de calidad, cortes, Reserva y Gran Reserva con este varietal. También se podrá hacer uso de la Indicación Geográfica (IG) para este varietal.

Se suma a otras 46 cepas que también están habilitadas y son las siguientes:

Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah, Pinot Negro, Pinot Meunier, Tannat, Lambrusco Maestri, Barbera, Sangiovese, Bonarda, Tempranillo, Cinsaut, Carignan, Petit Verdot, Cabernet Franc, Carmenere, Corvina Veronesse, Rondinella, Ancellota, Croatina, Lambrusco Grasparossa, Casavecchia, Garnacha y Tinta Cao entre las tintas. Gewurztraminer, Pinot Gris y Canari entre las rosadas. Y Chardonnay, Chenin, Sauvignon, Semillón, Sauvignonasse, Riesling, Torrontés Riojano, Ugni Blanc, Moscato Bianco, Pinot Blanco, Prosecco, Viognier, Pedro Giménez, Petit Manseng, Moscatel de Alejandría, Alvarinho, Grüner Veltliner, Fiano y Verdelho para las blancas.

PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO LOS ANDES.

domingo, 5 de diciembre de 2021

Las nuevas -y extrañas- cepas del vino argentino. Las bodegas invierten tiempo y conocimientos para elaborar ejemplares sorprendentes a partir de uvas no tradicionales.

 Las nuevas -y extrañas- cepas del vino argentino, Las bodegas invierten tiempo y conocimientos para elaborar ejemplares sorprendentes a partir de uvas no tradicionales. 

Elegirlos es acceder a experiencias de consumo fuera de serie. 

Repasamos las mejores -y más extrañas- nuevas cepas..

Si se mira con atención, de un tiempo a esta parte, las góndolas de las vinotecas (y también las de algunos supermercados) exhiben ejemplares argentinos de cepas que apenas nos suenan o que directamente jamás escuchamos nombrar. Cordisco, Ancellotta, Marselan, Pedro Giménez, Gewürztraminer, Marsanne, Barbera, Garnacha, Raboso, Caladoc, Pinot Gris… y la lista continúa. Son varias las bodegas, grandes y pequeñas, que apuestan al uso de variedades experimentales.

Así es: estamos ante una tendencia que responde, por un lado, a una búsqueda de los productores por diferenciarse y cautivar a un consumidor de vino cada vez más exigente y curioso y, por el otro, a la demanda de un público -muchas veces joven, muchas veces conocedor del mundo del vino- que busca sorprenderse y experimentar. Este círculo virtuoso se consolida con el aporte de los enólogos que, casi como un juego pero con mucha (pa)ciencia, pasión y dedicación, se embarcan en el desafío de trabajar con cepas sobre las cuales hay poca información o de las que casi no se sabe cómo responden a nuestros suelos y climas.

“Hoy, para diferenciarse, los productores usan estas cepas en vinos varietales -es decir, elaborados al menos en un 85% con la uva indicada en la etiqueta-, más allá de que muchas de ellas han sido usadas en cortes desde siempre y simplemente el consumidor no lo sabía. Si pienso en blancas hablo de Riesling, Gewürztraminer, Grüner Veltliner o Semillón. Si pienso en tintas, Criolla, Bonarda, Ancellota y Syrah son las que tienen una superficie cultivada representativa en el país y tienen oportunidad de crecer. Luego, hay grandes vinos producidos con cepas como Charbono, Canarí, Glera y Mourvedre, pero dada la poca producción, solo algunos afortunados acceden a estas botellas que, además, suelen tener un valor más elevado”, explica Marisol de la Fuente, sommelier y periodista especializada en vinos (www.solsommelier.com.ar).

La experta recomienda fervorosamente indagar en estos nuevos varietales para “desarrollar los sentidos y apreciar las diferencias en cada tipo de vino”. Hay para entretenerse: se calcula que existen en el mundo alrededor de 5000 variedades de uvas de las cuales hoy se utilizan unas 300 para vinificar. De ese total, solo una pequeña fracción se cultiva en nuestro país, pero muchas bodegas locales trabajan fuerte para que las opciones continúen en ascenso. Y por cada una de estas uvas poco tradicionales que se incorpora, se abre todo un abanico de posibilidades según en qué región del país se cultive y las decisiones que se tomen durante todo el proceso de elaboración, porque si bien cada una tiene su propio set de aromas, sabores y color, “el bouquet completo dependerá del terroir -suelo, altura, clima- y de los trabajos en el viñedo y en la finca”, asegura De la Fuente.

Un desafío para los enólogos


Puestos a considerar el principal problema que supone elaborar vinos a partir de variedades no tradicionales, los enólogos coinciden en apuntar a la falta de fuentes de información, lo cual implica arrancar casi de cero. Esto es aún más complejo con ciertas cepas que a veces ni siquiera están registradas en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Por ejemplo, la mendocina Krontiras Wines trabaja en Luján de Cuyo la Asyrtiko, una uva blanca originaria de la isla de Santorini, Grecia, de la cual no hay prácticamente registros de su cultivo en Argentina. Esta misma bodega, tras varios años de investigación, sacó al mercado su Krontiras Explore Agliánico, elaborado a partir de esa uva tinta, también griega, que suele prosperar muy bien en suelos volcánicos.

Gabriel Bloise, enólogo de Chakana Wines, explica claramente por qué abordar cepas exóticas puede demandar décadas de trabajo: “Se trata de encontrar variedades que se adapten a cada lugar, de entender cuáles de las que crecen en otras zonas con climas y suelos similares, se pueden dar” en una región determinada. Quentin Pomier, enólogo de Bodega Piedra Negra, coincide, y sostiene que el desafío reside en expresar lo que brinda la naturaleza: “El objetivo es interpretar la variedad, su comportamiento en el lugar donde está plantada, cómo cultivarla, qué potencial nos da y, por ende, cómo vinificarla y criarla para que se exprese plenamente”, resume. ¡Menuda tarea!

¿Qué mueve a las bodegas y a los enólogos a incursionar en estos procesos de largo plazo que, además, no aseguran necesariamente finales felices? Bloise prefiere no hablar de tendencias: “Para nosotros la historia es otra, es una búsqueda y quizás por eso no esperamos resultados inmediatos sino que vamos probando. Cuando encontremos algo que nos haga felices entonces haremos un blend o un varietal de alguna cepa no convencional”, afirma.

La que es punta de lanza.


Una de las tintas atípicas que más viene resonando en el último tiempo en Argentina es la Ancellotta. “Es la que más ha crecido en términos de superficie plantada. Esto pone de relieve que las bodegas estamos descubriendo una uva distinta e importante. Si bien en las etiquetas no figura tanto, se la suele usar como corte”, explica Eduardo Rodríguez, enólogo de Corbeau Wines, que ha tomado la bandera de este varietal para hacer de él una insignia de la bodega.

De hecho, Corbeau cuenta con el viñedo de Ancellotta más grande del país (90 hectáreas), ubicado en San Martín, Mendoza. Para llegar al Pixels Ancellota y al flamante Mad Bird Reposado Ancellotta 2018, el trabajo fue arduo: “Cuando comenzamos, hace 13 años, todo era prueba y error. Lleva mucho tiempo conocer cómo trabajar con una nueva variedad. Incluso hoy -cuando creemos que ya la conocemos lo suficiente-, seguimos realizando pruebas”, cuenta Rodríguez. La bodega también incursiona con otras uvas poco tradicionales: lanzó un espumoso a base de Roussanne y Marsanne, dos variedades no tan conocidas en Argentina pero que constituyen un blend muy utilizado en Francia.

En el caso de Chakana, las pruebas preliminares con Ancellotta no arrojaron los resultados deseados. “Donde la plantamos no funcionó”, cuenta Bloise. Sin embargo, “variedades como Garnacha y Mourvèdre van muy bien, lo mismo que Petit Verdot, aunque no incluiría esta última entre las no convencionales”, sostiene el enólogo, y cuenta que la Petit Verdot la incluyeron en el Nuna Tetrada, un corte inusual orgánico y biodinámico que conjuga esa uva con Tannat, Cabernet Franc y Malbec.

Dos blancas atípicas.


En su finca orgánica localizada en Los Chacayes, Valle de Uco (Mendoza), Bodega Piedra Negra trabaja con dos blancas poco cultivadas en Argentina, las cuales han ido tomando protagonismo en su portfolio: Pinot Gris y Tocai Friulano. La primera es un clon del Pinot Noir que se cultiva en todo el mundo pero que en Argentina ocupa apenas 491 hectáreas, según los datos que arroja el INV en su Informe anual de superficie 2020.

Se caracteriza por su color grisáceo o marrón-rosado y por ser refrescante y de delicado aroma. En tanto, la Tocai Friulano es una variedad italiana no muy difundida en nuestra tierra pero que aquí -dicen los expertos- ha logrado adquirir personalidad y diferenciarse de las tradicionales Chardonnay y Sauvignon Blanc con sus aromas intensos y buen equilibrio. Piedra Negra sacó al mercado un Pinot Gris Orgánico y, dentro de la línea Jackot, su Tocai Friulano Orgánico, un vino que el enólogo de la bodega no duda en calificar como “muy sorprendente de contrastes”. Lo recomienda a quienes buscan experiencias memorables.

Famosas afuera, novedosas acá.


Cordisco es el nombre que recibe en nuestro país la variedad italiana Montepulciano d’Abruzzo. Es una cepa introducida por los inmigrantes de ese país, pero aún hay muy poca superficie cultivada en Argentina (80.7 hectáreas según el informe del INV). Los Durigutti, haciendo honor a su origen, consiguieron el material genético de un viñedo en extinción en San Juan, lo llevaron a Mendoza y lo reprodujeron y plantaron. “Hoy tenemos 0,8 hectáreas y producimos unas 3.500 botellas por año con esa cepa”, cuenta Héctor Durigutti, de Durigutti Family Winemaker. ¿El resultado? Un tinto fresco y con fruta muy viva que hoy integra la línea Proyecto Las Compuertas y que, según cuenta el enólogo, “ha tenido una gran aceptación especialmente entre los jóvenes y en gastronomía, porque es fácil de beber y con un alcohol muy amable”.

Otra variedad que es muy conocida en el mundo pero incipiente en la Argentina es la Riesling, que aquí se cultiva en apenas 74.4 hectáreas. En este caso es una uva blanca originaria de Alemania que también se cultiva en Francia y otros países, generalmente en regiones de clima fresco. En Argentina, Luigi Bosca la viene trabajando desde hace tiempo: “Comenzamos probando en la década del 80 en Finca El Paraíso (Maipú) para terminar cultivándola en Finca Los Nobles (Las Compuertas) en la década del 2000″, cuenta Pablo Cúneo, director de Enología de la bodega. El resultado de esos estudios -que incluyeron la selección del material vegetal y la selección del sitio donde mejor se expresaran las características varietales- es el Luigi Bosca Riesling. “En cuanto a la vinificación, también hemos recorrido un camino de aprendizaje que aún continúa. En este aspecto es muy importante la definición del momento de cosecha y el manejo de las fermentaciones para lograr una expresión típica”, señala el enólogo.

Manuel Pérez Caffe, ingeniero agrónomo y cocreador de Sarapura Wines, también destaca “el resurgimiento de variedades llamadas ‘tintas B’, como el Syrah, el Bonarda, el Merlot y el Tempranillo”. La bodega lanzó su Tempranillo en la primera añada y sorprendió a un público poco habituado a beber vinos que la tuvieran como cepa principal. “En la segunda, hicimos base en el Merlot y pasó lo mismo”, subraya. Es que la novedad a veces viene de la mano de lo que ya conocemos, solo que pensado (y procesado) de una manera disruptiva. Semillón, Tempranillo, Criolla, Tannat, Chenin Blanc o Sangiovese, algunas variedades tradicionales que vuelven al ruedo y tientan a los consumidores.

Algunas cifras.


Entre 2000 y 2020 el Malbec arrasó en crecimiento de hectáreas cultivadas. Entre las menos tradicionales, algunas parecen querer mostrarse. Lógicamente, la cantidad de hectáreas cultivadas en la Argentina con cepas no tradicionales es ínfima en relación con la que ocupan las variedades que sirven de base a los vinos más valorados por los consumidores locales e internacionales.

Mientras que existen 45.650 hectáreas de Malbec y 14.100 de Cabernet Sauvignon, por nombrar dos poderosas, hay apenas 50 de Agliánico, 80 de Cordisco, 31 de Garnacha, 22 de Raboso y 74 de Riesling. Entre las raras, se destacan la Ancellotta, con 2.200 hectáreas, y el Pinot Gris, con 490. (Fuente: Informe Anual de Superficie 2020 INV).

Quién te ha visto y quién te ve.


En el mundo del vino resuenan nombres de variedades ‘pasadas de moda’ que hoy regresan renovadas. En la que podríamos caracterizar como una búsqueda casi frenética de experiencias nuevas, los consumidores no solo se animan a cepas desconocidas sino también a otras que tuvieron su época de gloria y habían pasado al olvido, pero que hoy vuelven con un concepto diferente. “Una cepa que está resurgiendo es el Tannat. Y hay otras variedades que son tradicionales, como la Criolla, con las que siempre se hicieron vinos baratos, pero ahora se usan para hacer cosas nuevas”, observa Gustavo Bertagna, primer enólogo de bodega de Susana Balbo, al tiempo que también destaca la llegada de novedades a partir del uso de técnicas no tradicionales con variedades que sí lo son.

En ese rescate de viejas conocidas, Andeluna ha apostado por el Semillón, una variedad muy utilizada a mediados del siglo XX pero para hacer cortes o vinos en los que no se mencionaba el cepaje. “Encontramos este varietal en Valle de Uco, con muchos años de plantación, y me pareció súper interesante contribuir a su resurgimiento. Vemos que en el mundo, en general, hay un interés creciente por el Semillón y, si bien en Argentina aún hay pocas hectáreas cultivadas, se están elaborando muy buenos vinos”, cuenta Manuel González Bals, enólogo de la bodega.

Otra variedad representativa en el pasado que había caído en el olvido es la Chenin Blanc. “A raíz de una selección realizada por el INTA en la década del 80 buscando una mayor y mejor productividad, la cepa comenzó a dar vinos de baja calidad, con pocos aromas y gustos”, explica Roberto De la Mota, enólogo de Bodega Mendel. Por suerte, algunos productores continuaron elaborando las viejas variedades tradicionales. A partir de 2009, Mendel decidió producir Semillón y luego Chenin Blanc. “Además de poseer las uvas y tener la intención de reivindicar estos nobles cepajes, debo sumar la experiencia de haberlos elaborado en el pasado, cuando trabajaba con mi padre, con buenos resultados”, destaca De la Mota. Cuenta que la historia ha sido similar con el Merlot: “Es un excelente cepaje que ha tenido mala prensa luego de un film en el que se lo criticaba mucho”, recuerda, aludiendo al film Entre Copas. La clave, dice, es “cultivarlo en zonas frescas para conservar los aromas afrutados y sus características varietales”.

Este ha sido un brevísimo resumen de algunas propuestas del mercado. Hay muchísimas opciones más y todas merecen ser degustadas porque las bodegas las las vienen trabajando a conciencia. Si la idea es sorprendernos e incrementar nuestra capacidad de percepción de aromas y sabores, tenemos que olvidarnos de tomar siempre lo mismo. ¿Listos para aventurarse en la búsqueda?

Por Yanina Bouche.-

PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO", SÁBADO 4 DE DICIEMBRE DEL 2021.

https://www.rionegro.com.ar/las-nuevas-y-extranas-cepas-del-vino-argentino-2063182/