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viernes, 4 de octubre de 2024

LA MULTIPLICACIÓN DE LA GARNACHA: CÓMO SON ESTAS UVAS TINTAS Y BLANCAS QUE AVANZAN EN LAS GÓNDOLAS.


LA MULTIPLICACIÓN DE LA GARNACHA: CÓMO SON ESTAS UVAS TINTAS Y BLANCAS QUE AVANZAN EN LAS GÓNDOLAS.

Es un varietal en ascenso, pero con diferentes personalidades. En esta nota, las claves para saber qué características tiene y qué matices ofrece.

Por Joaquín Hidalgo.

Hagamos memoria: ¿desde cuándo escuchamos hablar de Garnachas en Argentina? ¿Cinco, diez años? Como mucho. En los últimos tiempos es un varietal del que cada vez se ven más en la góndola. Ahora se le atreven grandes jugadores, incluso. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de Garnacha o Grenache?

Empecemos por las precisiones. Existen varias Garnachas. Unas son blancas, otras tintas. En general se las denomina Garnacha Tinta y Garnacha Blanca, con sus versiones en francés, Grenache Noir y Grenache Blanche, y una prima remota a la que se suele confundir debido al nombre, conocida como Garnacha Tintorera.

La Garnacha tinta es la sexta uva más plantada a nivel global si hablamos de las variedades de vinificar. Si incluimos también a las de consumo en fresco, desciende al puesto número diez, con unas 160.000 hectáreas en el mundo.

Pero decir el mundo es un poco caprichoso, porque en rigor la Garnacha tinta reina en el área mediterránea, con unas 81.000 hectáreas en Francia y unas 59.000 en España.

La Garnacha tinta es la sexta uva más plantada a nivel global.

En el resto del mundo se encuentra bastante atomizada. Sólo para tener una comparación, en Argentina hay unas modestas 34 hectáreas. La distancia con los países mediterráneos es enorme.

En nuestro país, sin embargo, viene creciendo, mientras que en el resto del mundo se achica. Y hay una razón concreta para ello. La Garnacha es una uva que permite elaborar vinos frutados, con paladar de elevada acidez, en dos vertientes muy marcadas: están los que embotellan Garnachas ligeras como un Pinot Noir, y quienes exploran la vertiente más apretada y concentrada.

Ahí está una de las claves para que hoy esta uva esté en ascenso entre los consumidores, y no sólo de Argentina. Permite llegar a vinos maduros con un paladar de frescura elevada, lo que supone una ecuación rara para las variedades bordelesas, como Cabernet Sauvignon o Merlot. No en vano está tan adaptada al Mediterráneo.

La Garnacha en climas cálidos y solares.

Debido a ese balance en zonas donde el sol quema la piel de otras uvas y las vuelve muy maduras, con notas de mermelada, la Garnacha consigue retener una acidez deliciosa, aún cuando el perfil sea sobremaduro y licoroso. Esa característica es la que empuja a los productores a explorarla a nivel local.

La multiplicación de la Garnacha: cómo son estas uvas tintas y blancas que avanzan en las góndolas


En Argentina hay unas modestas 34 hectáreas.

Desde Salta, donde hay unos pocos vinos, hasta Valle de Uco, donde se concentra la oferta de Garnacha en nuestro país, hay varios elaboradores que están haciendo sus primeros palotes con Garnacha.

Si entre los pioneros está Ver Sacrum y Finca Los Cardones, luego sigue un pelotón de productores entre los que ya se cuelan bodegas de escala como El Esteco y, próximamente, Luigi Bosca.

GSM y otros cortes por el estilo.

Más allá de los vinos varietales, es en los cortes de base mediterránea donde la Garnacha aporta buena parte de la magia y frescura. Conocidos por la sigla GSM –de Garnacha, Syrah y Mourvedre– este corte mediterráneo tiene varias ventajas y otras tantas variantes.

Entre las ventajas, está el perfil delicado y de intensidad que ofrece, con unos taninos modestos que apuntalan el paladar sin apretar.

La multiplicación de la Garnacha: cómo son estas uvas tintas y blancas que avanzan en las góndolas.

Es en los cortes de base mediterránea donde la Garnacha aporta buena parte de la magia y frescura.

Entre las variantes, el Syrah y el Mourvedre a veces son reemplazados por otras uvas mediterráneas, como Carignan, o Malbec en nuestro medio.

Cualquiera sea la forma, la Garnacha destaca como una uva que permite, en climas como el nuestro, ofrecer fruta y acidez. Por eso suele usarse para vinos rosados, también.

En suma, es una tinta versátil y de carácter que gana adeptos en nuestro país y que, en el mundo, tiene fans y vinos famosos. Probarla puede ofrecer una nueva paleta de sabores.

Un drink team de Garnachas en Argentina se compone de Ver Sacrum, El Esteco Edición Limitada, Alma Gemela, Los Cardones Tigerstone, Desquiciado, Laborum Pequeñas Fermentaciones, Ruca Malen Capítulo Dos y, pronto, Luigi Bosca Apuntes.

También vale la pena descubrir De Moño Rojo, Corazón de Sol Luminoso, Develado Syrah Garnacha y DV Catena, que la combina con Malbec, y el recién lanzado Bianchi Winemaker Selection GCM, con Cabernet Franc y Malbec.

La última cosecha.
La última cosecha.

La multiplicación de la Garnacha: cómo son estas uvas tintas y blancas que avanzan en las góndolas.

JOAQUÍN HIDALGO.

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

Por Joaquín Hidalgo -1º de octubre del 2024- Vinómanos.

Publicado en Vinómanos.

Imágenes:  Vinómanos.

https://vinomanos.com/2024/10/vino-varietal-garna

lunes, 10 de julio de 2023

Los grandes ausentes del vino argentino.

 


Los grandes ausentes del vino argentino.

Los varietales de los que todos hablan y consumen son franceses, ¿pero qué pasó con aquellas primeras vides que trajeron los inmigrantes italianos y españoles?

Por Joaquín HIDALGO.

Somos un país de inmigración. Y en materia de vinos quizás más que en ninguna otra: el gusto por el vino llegó a nuestro país como una nostalgia entreverada en el equipaje de los muchos italianos y españoles que hicieron el grueso de nuestra inmigración, matizada con algo de franceses, alemanes, daneses y ucranianos. Es un cuadro conocido y es un acervo que se lee en los apellidos de buena parte de los argentinos.

Entre los muchos González y otros tantos Vecchiarelli, entre los muchos Fernández y los tantos Rossi, Ferrari o Colombo, el vino llegó a la Argentina como ese octavo pasajero de la ciencia ficción que les permitió a todos ellos poner sobre la mesa un sabor que, como las palabras, llenaba la boca con lo conocido. Entre los Tittarelli, los Giol, los Toso y Bianchi, por ejemplo, que hicieron del negocio del vino una forma de vida, sorprende a la hora de las copas una gran ausencia: es raro, rarísimo probar algún vino elaborado con uvas italianas o españolas. El grueso de lo que bebemos es francés.

Es como si en ese legado del inmigrante la valija que traía las uvas se perdiera en el puerto como se perdió la famosa valija de Hemingway –con todos sus escritos de juventud– y no quedara nada de ese acervo de Sagiovese, Montepluciano, Barbera, Nebbiolo, Cariñena, Tempranillo y Garnacha. En Argentina solo se habla de las variedades francesas.

Es algo que me llama la atención. Y sobre lo que no encuentro una explicación clara. Por ejemplo, en la historia del Malbec el foco siempre recae en la aventura de Miguel Amado Pouget, quien introdujo en 1853 las uvas francesas en nuestro país. Contado desde el presente, nadie siente necesidad de explicar cómo llegó el Lambrusco a nuestro país porque el Lambrusco y buena parte las otras uvas ha desaparecido de la mesa. O casi.

Es verdad, el romance entre el Malbec y los productores explica buena parte de su éxito. Una uva que se adaptó de maravillas, que daba buen color y con aromas frutales, permitía rendimientos y mejoraba otros tintos está claro que triunfaría. Eso, siempre que el gusto de los vinos coincidiera con esa uva. Lo que nos lleva de lleno al otro asunto: ¿es que las uvas italianas o españolas no cuajaron con el paladar de esos inmigrantes? Tal vez de ellos sí, porque estuvieron plantadas en el pasado, pero al parecer no de sus descendientes.

Una entre las diez primeras.

Singular es el caso del Tempranillo. Es la novena uva más plantada en Argentina, con casi 5200 hectáreas (2,5% de la superficie) y prácticamente desapareció de la góndola. No es que no se lo use o elabore, pero son pocas las bodegas que etiquetan sus vinos con esa variedad. El dato es que la Tempranillo, por su importancia en España, es la cuarta variedad más plantada a nivel mundial, detrás de Merlot, Sultanina (para consumo en pasas) y Cabernet Sauvignon.

En Mendoza, que concentra casi la totalidad de la superficie, el dato es que la mayoría (casi el 70%) está plantado en las zonas bajas y calientes del este. Sin embargo, entre Tupungato, Tunuyán y San Carlos hay unas mil hectáreas que dan vinos frutados y vibrantes. Así y todo, no la vemos en la góndola, con excepción de Altocedro, Crux, Zuccardi Q, Tempus Alba y Krontiras para mencionar unos pocos entre los pocos.

Las italianas a la baja.bar

La más plantada entre las variedades italianas es el Sangiovese. La uva dilecta de la Toscana encuentra en nuestro país unas 1300 hectáreas aún en producción. Hace 20 años eran 2500. De las que quedan, el 70% está plantado en el este de Mendoza que es, dicho sea de paso, un clima no del todo amigable con el perfil de la uva. Con excepción de Tupungato (65ha), casi no se la encuentra en zonas frías.

Esa es quizás la principal razón para que estas uvas hayan entrado en un cono de sombras: que el clima del este de Mendoza no sea muy adecuado. Pero tampoco lo es para las francesas. La diferencia está en que lo que se plantó nuevo en zonas más frías se hizo sólo con las francesas.

Sin embargo, las uvas italianas como Barbera (371ha), Greco Nero (286ha), Bunamico (102ha), Cordisco (52ha), Lambrusco (46ha) y Nebbiolo (30ha) ofrecen una paladar muy distinto y todos emparentados por una rara cualidad: dan vinos estructurados pero sin peso, como los describe Andrés Sánchez, enólogo enamorado de ellas y quien las planta en el Maule, Chile, y las embotella bajo el nombre de La Collezione. Quizás ahí está la clave de la supervivencia y de volver a escribir una historia que rinda homenaje a los apellidos inmigrantes. Tintos que aligeren el paladar sin perder la fuerza. Algo de eso se puede probar en los tintos que embotella Bira, Callejón del Crimen, Alfredo Roca y Livverá.

Publicado en Diario "La Mañana del Neuquén".

Domingo 9 de Julio del 2023.

https://www.lmneuquen.com/los-grandes-ausentes-del-vino-argentino-n1039109

miércoles, 3 de febrero de 2021

Las cepas “olvidadas” vuelven al ruedo con tres blends para tomar como quieras.

 

La Liga de Enólogos presentó sus nuevos vinos para el 2021 con La Gran Nacha, El Regreso y El Que Ríe Último Ríe Mejor. Vinos hechos por amigos que conquistan todos los paladares.

El trabajo realizado por el grupo de amigos que integran La Liga de Enólogos dio sus frutos con tres nuevas etiquetas que fueron presentadas en el comienzo de este 2021. Los siete jóvenes enólogos que pertenecen a Grupo Peñaflor volvieron a centrarse en esas cepas “olvidadas” o poco tradicionales para salir a conquistar esos paladares que están descubriendo el mundo del vino.

“Somos enólogos, somos jóvenes y tenemos un deseo: cambiar la forma en la que se crea y se disfruta el vino”, declara el Manifiesto de La Liga de Enólogos que integran Carolina Cristofani, Emile Chaumon, Tomás Bustos, Juan Ignacio Arnulphi, Fernando Sirerol Herrera, Alejandra Riofrío y Victoria Flores, quienes con su experiencia y trabajo representan a Mendoza, San Juan y Salta.

Con las complicaciones que la pandemia puso en el medio, durante el 2020 co-crearon 3 nuevos cortes: un Blend de Garnacha Tintorera y Syrah, La Gran Nacha, inspirado en la fortaleza que caracteriza a la Garnacha, capaz de hacer frente a climas y suelos adversos. Un Blend blanco de Semillón y Chenin, El Regreso, que reivindica a variedades que habían sido olvidadas.

Y por último, El Que Ríe Último Ríe Mejor, donde la variedad protagonista es el Cordisco, un orgullo, una novedad y una enorme alegría de los siete enólogos de La Liga. Se trata de un blend bien acompañado de uvas de Tannat, y el primer vino de guarda de la bodega, con 6 meses de contacto con madera.

Con una muy buena relación de precio/calidad, las nuevas etiquetas -que se suman a la línea estrenada en 2020, El Bautismo- pueden conseguirse a un precio de $316 para El Regreso, La Gran Nacha $330 y El Que Ríe Último Ríe Mejor $396.

Publicado en el Diario "Los Andes" de Mendoza, 1º de febrero del 2021.

https://www.losandes.com.ar/guarda14/las-cepas-olvidadas-vuelven-al-ruedo-con-tres-blends-para-tomar-como-quieras/