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jueves, 3 de septiembre de 2026

Ana Viola, la mujer que defiende el nombre de Patagonia y trabaja por los vinos del sur.

 

Ana Viola, la mujer que defiende el nombre de Patagonia y trabaja por los vinos del sur.

Desde la Cámara de Bodegas de la Patagonia, trabaja para proteger la Indicación Geográfica Patagonia y evitar que el nombre sea utilizado por vinos que no nacen en la región. Desde Bodega Malma, además, impulsa el enoturismo y una nueva manera de acercar el vino patagónico al público: entre viñedos, paisajes, gastronomía y experiencias que buscan convertir al sur en un gran destino del vino.


Ana Viola, CEO de Bodega Malma y presidenta de la Cámara de Bodegas Exportadoras, defiende que Patagonia sea mucho más que una palabra atractiva en una etiqueta: para ella, debe identificar un vino nacido realmente en el sur.

Patagonia está en una etiqueta antes de que el vino llegue a la copa. Está en la imaginación del consumidor que piensa en el sur, en los paisajes interminables, en el viento, en los ríos, en la inmensidad. También en la idea de una vitivinicultura que crece lejos de los grandes centros, entre distancias enormes y condiciones que obligan a quienes producen a resolver casi todo un poco más solos. Por eso, para Ana Viola, CEO de Bodega Malma y presidenta de la Cámara de Bodegas Exportadoras, la palabra Patagonia no puede convertirse simplemente en una marca atractiva estampada sobre una botella. Tiene que decir la verdad sobre su origen.

Desde la Cámara, Viola lleva años en esa pelea, junto a otros bodegueros. Cada vez que una empresa intenta registrar Patagonia como marca, dentro de la clase 33 de propiedad intelectual, la correspondiente a los vinos, aparece una alerta y comienza el trabajo: estudiar el caso, presentar una oposición, pedir una nulidad o solicitar la caducidad del registro, según corresponda. “Tenemos una vigilancia internacional que nos informa cuando aparecen estos intentos de registro”, explica. Detrás de cada expediente hay una misma pregunta: ¿ese vino realmente nació en Patagonia?

La discusión no empezó ayer. Viola ubica uno de los primeros conflictos alrededor del año 2000, cuando un particular consiguió registrar Patagonia como marca para vinos en Argentina y pretendió cobrar derechos a las bodegas de la región por utilizar el nombre.

En aquel momento, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) registró de oficio la Indicación Geográfica, aunque debió hacerlo como “Patagonia Argentina” porque la marca ya estaba en manos de ese particular. Las bodegas patagónicas, encabezadas entonces por el ingeniero Guillermo Barzi de Bodega Humberto Canale, llevaron el conflicto a la Justicia y ganaron. Esa sentencia permitió recuperar algo que hoy parece natural: poder escribir simplemente “Patagonia” en una botella para señalar su verdadero origen.

Después la disputa cruzó las fronteras. La Cámara trabaja junto con Cancillería, el INV y la Secretaría de Agricultura, mientras sigue de cerca los acuerdos comerciales que pueden ampliar esa protección. Uno de ellos es el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, donde la IG Patagonia fue incluida entre las indicaciones geográficas argentinas que se busca proteger. También aparece en las negociaciones dentro del Mercosur y en otros acuerdos, como EFTA. “Son pequeñas conquistas que se van sumando”, dice Viola. No hay una batalla definitiva, sino una sucesión interminable de expedientes que obliga a mirar todos los días qué ocurre en algún lugar del mundo.

Porque Patagonia tiene un valor que excede al vino. En el mercado internacional, explica Viola, el origen es parte de la identidad de una botella. El clima, el viento, la amplitud térmica, las horas de luz y los suelos dejan su marca sobre las uvas y, finalmente, sobre el vino. Pero además existe algo más difícil de medir: la carga simbólica de la palabra. “Tiene un peso enorme”, sostiene. Patagonia evoca naturaleza, paisajes y una manera particular de producir. Y justamente por eso es un nombre codiciado.

El problema aparece cuando esa imagen se utiliza para contar una historia que el vino no puede sostener. Viola menciona el caso de una marca de la chilena Concha y Toro que lleva el nombre Patagonia y que utiliza en su etiqueta imágenes fuertemente asociadas al sur argentino, entre ellas una ballena franca austral. Sin embargo, el vino no procede de la Patagonia, sino de otras regiones vitivinícolas de Chile.

La empresa vincula parte de sus ventas con iniciativas ambientales, pero para la bodeguera eso no modifica la cuestión central: un consumidor puede interpretar que está comprando un vino de la Patagonia cuando en realidad no es así. “Queremos preservar la palabra Patagonia como una referencia real al lugar de origen y no permitir que se convierta en una marca vacía”.

La discusión, entonces, no es solamente comercial. Es también una cuestión de justicia para quienes decidieron plantar, cosechar y elaborar vino en una región donde producir tiene un costo adicional. Están lejos de los consumidores, de los proveedores, de los servicios técnicos, de los mecánicos, de la maquinaria y muchas veces de la mano de obra especializada. Cada botella lleva detrás esa distancia. “Producir en la Patagonia implica muchos más desafíos”, dice Viola. Por eso considera que el nombre no puede utilizarse livianamente.

En el fondo, la pelea de Ana Viola es para que una palabra siga significando algo. Que cuando alguien encuentre “Patagonia” en una botella pueda imaginar el paisaje, pero también saber que detrás de esa etiqueta hay viñedos realmente plantados en el sur, trabajadores, productores y bodegas que eligieron quedarse y producir allí. “No se trata solamente de poner una palabra que suena atractiva. Si un producto dice Patagonia, tiene que estar hecho en Patagonia”. Y mientras sigan apareciendo registros en algún lugar del mundo, la defensa continuará: porque para quienes hacen vino en el sur, Patagonia no es una marca, es el lugar de donde viene todo.

El vino como viaje: bodegas, viñedos y destino enoturístico.

Hay un momento en que el vino deja de estar dentro de una botella. Ocurre cuando alguien llega a la bodega, camina entre las hileras de viñedos, mira el paisaje, se sienta a comer y levanta una copa mientras cae la tarde. Entonces el vino ya no es solamente una bebida. Es el lugar donde nació, las personas que lo hicieron, el paisaje que lo rodea y la experiencia de haber estado allí.

Ana Viola conoce esa transformación desde Bodega Malma, donde reciben visitantes con recorridos guiados, se puede degustar vinos, almorzar en el restaurante y dormir entre viñedos en Aldea de Terruño by Haiku. Los sunsets, cuenta, son parte de una tendencia que viene creciendo y que muestra que hay un público dispuesto a acercarse a las bodegas no solamente para conocer cómo se produce una botella, sino para pasar un buen momento. “La gente busca encontrarse, salir, pasar tiempo al aire libre, venir a un lugar lindo, rodeado de viñedos, disfrutar del paisaje, de la gastronomía y, por supuesto, del vino”, cuenta.

El desafío ahora es hacer que esa experiencia tenga una dimensión mayor. La Patagonia vitivinícola no está concentrada en un único valle ni tiene las bodegas a pocos kilómetros unas de otras. Están distribuidas en distintos puntos de una región enorme. Por eso, recorrerlas implica planificar un viaje más largo. “Cuando hablamos de la Ruta del Vino siempre decimos lo mismo: es un camino muy largo”, explica Viola. Lo que en otras regiones puede resolverse en una escapada corta, en Patagonia requiere tiempo, kilómetros y ganas de descubrir.

En Bodega Malma, los sunsets entre viñedos suman una nueva manera de acercarse al vino: copa en mano, paisaje abierto y el último sol del día como parte de la experiencia.

Pero esa distancia también puede convertirse en parte del atractivo. El viaje entre una bodega y otra atraviesa una Patagonia distinta, donde el vino puede convivir con la cordillera, la estepa, los ríos, el mar, la gastronomía y los pequeños pueblos. Para Viola, falta todavía consolidar esa mirada y conseguir que el enoturismo deje de ser un atractivo complementario para ocupar un lugar propio dentro de la oferta turística. “Hoy, cuando uno piensa en Neuquén, Río Negro o Chubut, enseguida aparecen la cordillera, la nieve o el mar. Nosotros creemos que el enoturismo también tiene que ocupar ese lugar”, sostiene.

Para que eso ocurra, dice, hace falta comunicación, promoción y acompañamiento institucional. En las bodegas, mientras tanto, la respuesta del público ya ofrece una señal: los eventos convocan, los visitantes participan y cada encuentro alrededor del vino se transforma en una experiencia compartida.

La nueva cosecha: más mercados y nuevas formas de brindar.

Pero mientras afuera se disfruta, adentro el viñedo sigue su calendario. En estos días, en Bodega Malma están en plena poda, una de las tareas fundamentales del ciclo productivo. Este año el trabajo se demoró un poco por las lluvias. No es una tarea que pueda hacerse a cualquier costo: la poda es manual y, con bajas temperaturas y suelo mojado, la decisión es esperar. Cuando el clima no acompaña, se aprovecha el tiempo para mantener talleres, reparar instalaciones, acondicionar estructuras y avanzar con los postes y otros elementos del viñedo.

Después, cuando vuelve una ventana de buen tiempo, las cuadrillas regresan a las hileras. Es un trabajo silencioso y preciso que ocurre mucho antes de que una botella llegue a una mesa de restaurante o a la copa de un visitante. Mientras tanto, dentro de la bodega continúa otra parte del ciclo: la conservación de los vinos, el embotellado y la preparación de las exportaciones.

Y allí aparece otro desafío. El mundo está consumiendo menos vino, aunque Viola observa señales que permiten mirar el escenario con algo más de optimismo. Viola observa una reactivación tanto en Argentina como en el exterior y un repunte en los pedidos, pese a un contexto internacional atravesado por conflictos, guerras y cambios económicos. “Aun con ese contexto, vemos señales positivas y un renovado interés por el vino argentino, algo que se refleja en la demanda que está teniendo nuestra bodega”, cuenta.

Tendencia: Vino sin alcohol.

Al mismo tiempo, el consumidor está cambiando. Hay quienes buscan vinos con menor graduación alcohólica y también quienes directamente quieren disfrutar de una experiencia sin alcohol. En Bodega Malma todavía no tienen un producto de ese tipo, pero están haciendo pruebas. «Hay que tener en cuenta que el vino sin alcohol no se elabora de una manera distinta desde el comienzo. Primero se hace un vino tradicional y, una vez terminado, pasa por un proceso de desalcoholización. Hemos probado algunos blancos y espumantes que lograron muy buenos resultados».

Hay una escena que resume esa nueva manera de pensar la experiencia: la persona que llega manejando. En la bodega buscan que también tenga su propio momento. Bebidas especiales, regalos o propuestas diferentes forman parte de las alternativas que preparan para quienes conducen. “No queremos que quien maneja sea el que menos disfrute de la experiencia”, explica Viola.

Es una pequeña decisión, pero habla de un cambio más grande. El vino patagónico ya no se piensa solamente desde el viñedo, la botella o el mercado. También desde el viaje, desde la mesa, desde el paisaje y las personas que llegan a conocer el lugar donde todo comienza. La Patagonia que se presenta al mundo con sus montañas, sus lagos, su mar y sus grandes distancias empieza a sumar otra postal: una copa frente a los viñedos, el sol que cae sobre las hileras y una ruta larga que invita, justamente, a seguir viaje.

Publicado en Diario Río Negro.

sábado, 2 de mayo de 2026

Ribera del Cuarzo: origen y presente (nota 2) - Los viñedos de Ribera del Cuarzo (nota 3).

 


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Ribera del Cuarzo. Nota 2.

El origen, su presente y un venturoso futuro.

En esta segunda nota sobre la bodega (leé la primera acá) te cuento cómo se inició esta etapa al mando de Felipe Menéndez y un hito reciente, que puso su Merlot icono entre los más caros de la Argentina. 

Felipe Menéndez conoció a la familia Catena desde muy joven, cuando su hermana mayor y Adriana, la hija de Nicolás Catena, compartían en Buenos Aires el pool para ir al colegio. Fue por lo que, al llegar a los 19 años, se animó explorar un rumbo profesional distinto al de la empresa naviera familiar de los Menéndez (que desde 1892 une por mar el trayecto Buenos Aires - Tierra del Fuego, transportando todo lo que la isla pueda necesitar) y que, como hijo varón mayor, parecía tener predestinado. La relación con los Catena le dio la oportunidad de comenzar a trabajar en Catena Zapata desde muy joven y pasar por distintas áreas de esta.

Su historia con Valle Azul nació en el año 2008, cuando participando en un comité de cata a ciegas, notaron un vino muy particular que los deslumbró: se trataba de un Malbec que producía Noemí Marone Cinzano. Pidieron al doctor Nicolás Catena que lo probara, lo calificó de "exótico" y acordaron que había que ir a explorar el lugar. 

El jueves siguiente, Felipe y el enólogo Ernesto Bajda, se encontraban recorriendo el terreno. Les llamó inmediatamente la atención que en la ribera de las bardas el suelo parecía parpadear con brillos por doquier. Esos brillos eran provocados por el reflejo del sol en las innumerables partículas de cuarzo y, ahí mismo, rebautizaron el lugar como Ribera del Cuarzo.

Aunque no me lo dijo, intuyo que Felipe debe haber sentido, en algún lugar profundo de su corazón, que su conexión con este lugar no se iba a quedar ahí.

Es que los Menéndez tienen una fuerte conexión con la Patagonia y también con el vino ya que, a pesar de haber vivido siempre en Buenos Aires, su familia cuenta con raíces desde el lado materno con los fundadores de Concha y Toro en Chile (Casa Pirque, la distribuidora de vinos de alta gama también de su propiedad, tiene ese nombre en honor a la casa de esa bodega ubicada en Pirque, que la familia vendió hace pocos años).

Es notable la soltura con que Felipe se maneja en el campo, lo hace "como en el patio de su casa", a pie o montando sus propios caballos, en los que disfruta con sus hijos recorrer la inacabable Patagonia. Y hasta ha llegado a navegar en bote el caudaloso Río Negro, llegando a su desembocadura en el océano Atlántico.

Por eso, su manejo de la finca (a partir de 2018 administró y luego selló un acuerdo de compra de la propiedad de 180 hectáreas con Noemi Marone Cinzano, para luego ampliarla en 2021 con otras 360 hectáreas más) lo realiza con toda esa sensibilidad adquirida explorando campos, bardas, montañas y ríos, buscando ser cuidadoso y respetuoso de la naturaleza del lugar y enfrentando naturalmente los desafíos. Como los que presenta la fauna local para los viñedos: lidiando con jabalíes -que en pocos minutos pueden destrozar un viñedo al correr en jauría intentando escapar de un puma cazador- aprendiendo a desviar sus recorridos de los viñedos con sutiles alambres (no alambrados) que estos animales rápidamente detectan y, por su instinto, eligen alejarse del peligro del ser humano.

En cuanto al manejo de los viñedos, muy pronto se dio cuenta de que las condiciones que ofrece el Valle Azul hacían más lógico acariciar el viñedo con prácticas orgánicas y biodinámicas, que aporrearlo con agroquímicos, logrando rápidamente su certificación orgánica.

Ello conlleva varias decisiones: en vez de tratar de frenar el viento con paredones de álamos, práctica común en la zona, aquí los viñedos son bañados por los vientos, brindando condiciones de sequedad que son una forma natural de evitar que prosperen las plagas. Las consecuencias mecánicas de los fuertes vientos se controlan, en cambio, con las redes que también pueden proteger de un eventual granizo y aplacar la potencia del sol en verano.

El carbonato de calcio, llamado barniz patagónico, florece naturalmente en los suelos donde se lo observa formando "pátinas blancas", notablemente apreciables en la estribación de la barda y en muchas de las piedras que se ven en el suelo y dan nombre al primero de sus vinos blancos, un Sauvignon Blanc.

Además, elaboran en Mendoza los Cuchillo de Palo, una línea de vinos más accesibles, para la cual también se envían las uvas de estos viñedos que no se utilizan para Ribera del Cuarzo, que se suman a las uvas de Mendoza.

La anécdota que reafirma el lugar actual de Ribera del Cuarzo.

A partir de 2019 decidieron, cada año, separar dos o tres de las mejores barricas para realizar un corte como vino ícono: “nuestro absoluto”. En un viaje de negocios a Shanghái, Felipe decidió llevar una botella a la cena en la que había sido invitado por Mr. Lee (empresario chino que había conocido por la actividad naviera, quien ya había venido a la Argentina y conocía su bodega). En esa velada visitó su impresionante cava, llena de los vinos más caros del mundo, algunos de los cuales fueron servidos en la mesa. Dudó en presentar su botella, que ni siquiera tenía aún etiqueta, pero finalmente el Merlot patagónico fue derramado en las copas.

De regreso a la Argentina, reciben aviso del banco del ingreso de una transferencia bancaria por un monto muy importante. Pensaron que podía ser un error, pero el banco les confirmó que el origen era Mr. Lee, quien tenía la cuenta por una operación anterior. Había decidido unilateralmente comprar todo el vino poniéndole precio -sin consultar- de 1.000 USD la botella. Bonita suma, que se aprovechó para comprar un tractor y maquinaria para la bodega y le otorgó a Ribera del Cuarzo un lugar entre las pocas bodegas argentinas capaces de vender en primeur (antes que se lancen al mercado). Aceptaron venderle la mitad de la producción (300 botellas) que aun descansan en la cava de la bodega.

Dicen que en la vida no hay casualidades, sino causalidades. Y la historia de Felipe Menéndez con su bodega Ribera del Cuarzo, parece ser una prueba de ello. No te pierdas las dos úlltimas notas de esta saga.

La barda es protagonista.


Felipe José Menéndez.

El viñedo entre la barda y el río.

Pátinas de carbonato de cálcio.

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Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/

El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/ribera-del-cuarzo-origen-y-presente.html

Nota 1 publicada en CEPAS de ARGENTINA.

https://cepasargentina.blogspot.com/2026/04/conociendo-ribera-del-cuarzo-el-angel.html

Ribera del Cuarzo. Nota 3.


Los viñedos de Ribera del Cuarzo.

 Ribera del Cuarzo. Nota 3.

Los suelos y sus viñedos patagónicos

Si venís siguiendo esta saga, ya conociste esta bodega patagónica que sorprende a todos y también cómo se inició esta etapa al mando de Felipe Menéndez. Acá pasamos a lo práctico y vamos a fondo con los viñedos

Al día siguiente de llegar, luego de desayunar, nos alistamos ataviados con botas de trekking y dispuestos a ingresar por uno de los tres cañadones que bajan de la meseta sur hacia la propiedad. Esos cañadones se producen por el normal drenaje de las lluvias -unos 200 mm al año- desde la meseta hacia el río, donde emprenderán fluido viaje hacia el Atlántico sur.

Los cañadones son sumamente importantes para entender la conformación de los suelos de la finca, porque permiten ver todos los tipos de rocas que las conforman, así como la acción de la fuerza del agua, que cuando baja las despedaza y las hace llegar al valle con distintas granulometrías. Entre ellas se encuentra una muy particular, que es la que notaron Felipe y su compañero de exploración Nesti Bajda, cuando llegaron en 2008 por primera vez al lugar: el cuarzo.



Subimos al mirador ubicado en la estribación de la barda, detrás de la casa de la finca, desde donde se ven los viñedos, repartidos en sectores: el original, de forma rectangular y cinco hectáreas, plantado en el año 2005 por la Condesa Noemí Cinzano y Hans Vinding Diers (hoy Noemia), con población de cepas traídas desde Catena Zapata. Otro triangular, más grande, un poco más alejado al oeste y el más nuevo, que suman 22 hectáreas plantadas en 2022 que surgen de una selección masal realizada con esquejes del primer viñedo, en un vivero propio que dio buen resultado, ya que el Merlot que en cambio vino en macetas del vivero Marchiori, sufrió mucho replante posterior, pero el Malbec “criado” localmente se desempeñó muy bien, al ya estar adaptado.

Desde la altura se observa que, salvo estas manchas de viñedo, todos los campos alrededor ubicados desde el río hacia la barda no se utilizan, están vírgenes, por lo que el potencial de crecimiento es enorme, solo hay que traer agua con acueductos o hacer pozos para absorber agua de río subterránea, al pie de la barda, ya que los canales de riego existentes (que en su momento permitieron convertir el desierto en un vergel) no alcanzan estas zonas.


Entonces, los mayores costos son el riego y también la lucha contra las heladas. Están a mitad de camino (a 300 km) entre el mar y la cordillera; y las heladas se producen cuando entra el viento sur desde la cordillera y en ésta hay mucha nieve. En la temporada 25/26 no hubo heladas, pero en la 24/25 tuvieron nada menos que catorce, que implicaron un gasto enorme en fueloil además de hacer perder la cosecha del Merlot, la cepa que más lo sufrió.

El ingeniero agrónomo, desde 2023, es Fernando Enfarrell un mendocino con amplia experiencia, que trabajó en Viña Cobos y llegó al Valle del Río Negro en 2018. La enóloga residente es Eugenia Herrera (a quien conocí en su etapa anterior en Bodega Aniello), con bastante experiencia elaborando vinos en la zona. Cuentan, además, desde el principio, con el asesoramiento enológico de Ernesto Bajda.

Francisco dice que cuando llegó al valle se apoyó mucho en la gente que conocía el lugar, porque debió dar un giro de 180° respecto a lo que conocía de su Mendoza natal. “En esta zona de la barda es importante sentarse, ver el viñedo y también caminarlo para poder interpretarlo. Acá tenemos la oportunidad de lograr ver todo lo que tiene de distinto".

Francisco Enfarrel, Eugenia Herrera, Felipe Menéndez y Rosario Langdom.

Los suelos del viñedo Araucana son predominantemente eólicos, moldeados meticulosamente a lo largo de incontables eras por la erosión del viento sobre una base de origen fluvial y aluvional, sin embargo, en la parte alta de las bardas tienen la composición original, de 33 millones de años, con depósitos de crustáceos marinos de la época en que los océanos (primero el Pacífico y luego el Atlántico) cubrieron la zona, antes del surgimiento de la cordillera. Hay rocas magnéticas, metamórficas y sedimentarias, estas últimas compuestas por arenisca y calcio, consolidadas con restos marinos, que son positivas para la viña. Abajo, a la altura del río, los suelos son de “tan solo” 5.000 años.

"Acá las plantas no se enferman, generan resistencia natural y no necesitan agroquímicos, ya que los suelos tienen naturalmente potasio y fósforo. Las raíces generan ácidos que penetran en el suelo y disuelven esos carbonatos aprovechando los nutrientes que tiene la roca. Por eso, tratamos de reducir al mínimo las labores culturales, realizando la menor intervención", explica Fernando.

Ángel Ramos en el viñedo Araucana.

Corre viento constantemente, llueven tan solo 200 mm al año y en verano se alcanzan 16 horas de luz diurna. Plagas no hay, porque las polillas y las mosquitas del vino no resisten el frío nocturno, además de estar aislados de las zonas afectadas, desde donde podrían llegar. La sanidad de los viñedos es uno de los aspectos más notables en la región.

Toda la superficie del viñedo tiene corredores biológicos que generan una circulación libre y natural de flora y fauna permanente, que también se beneficia por la situación de aislamiento de la finca, sin otros cultivos circundantes. 


El agua, el otro componente esencial para poder hacer el vino, llegaba originalmente desde un acueducto practicado para el primer viñedo, pero para las ampliaciones de estos se necesitaba asegurar otra fuente más segura. La respuesta la dio un rabdomante local: Facundo Catriel, quien después de un día caminando la reseca tierra de jarillas y piedras sosteniendo horquetas de rama de sauce, logró detectar el lugar exacto para hacer un pozo y extraer agua de un brazo subterráneo del río, que sospechaba estaba allí. Esa agua se suma a la del acueducto y hoy nutren, en conjunto, los viñedos.

Orgánico y biodinámico.

Poseen certificación orgánica Demeter y trabajan de manera biodinámica, aunque prefieren no ponerlo en las etiquetas ya que lo hacen por filosofía propia y no tanto por motivos comerciales.

Aplican preparado 501, con cuarzo (silicio) que mejora la fotosíntesis de la planta y ayuda a resistir las heladas a través de la generación de geles en la misma. El preparado 500, que se prepara insertando en cuernos de vaca la bosta de ese mismo animal, sirve para trabajar las bacterias lácticas sobre el material. Los cuernos se entierran durante un año, para sacarlos en el momento necesario, solubilizar su contenido en agua y distribuirlo en el terreno de la vid.


Es importante el trabajo de verdeos, llamados cultivos de servicio, plantando centeno y vicia orgánicos. El centeno tira raíces profundas, crea estructura y ayuda a subir los nutrientes hacia la zona de la raíz de la vid. La vicia, por su parte, fija nitrógeno. Elaboran su propio compost, con guano de chivo, orujo y escobajo de la bodega.

"Es sencillo hacer el trabajo orgánico y biodinámico en este lugar, llevamos tres años con estas prácticas".


Tienen Malbec, Merlot y media hectárea de Petit Verdot en el viñedo original (que, ubicado sobre la ladera sur de la barda es único en el Valle con orientación sureste - noroeste). La mitad se utiliza para la línea Araucana y la otra mitad para la colección Ribera del Cuarzo parcela única, y en los otros viñedos Malbec, Merlot y Pinot Noir.

El viñedo Araucana tiene orientación este, un poco más alejado de la barda y además adquieren uvas a otras propiedades en la zona histórica del Valle Azul, entre las que se encuentran 16 hectáreas pertenecientes a Celestino (plantadas en 2002) y 8 hectáreas a Piano.

Viñedo Finca La Medialuna, de Celestino.

Son dos viñedos que se trabajan orgánicos, con los cuales han realizado un contrato de diez años. También con uvas de un viñedo en Luis Beltrán, perteneciente a la familia Ponco, que es original plantado por Chandon, cuando vino a la Argentina en los años 50, se trae también un Chardonnay.

Ribera del Cuarzo explora los antiguos suelos de más de 30 millones de años, obteniendo de ellos una pureza y delicadeza que se notan mucho en sus mejores vinos. Pero no se conforman solo con eso, exploran viñedos vecinos y suman la diversidad de la zona, para brindar un abanico de vinos que poco a poco se van convirtiendo en indispensables para entender la región.   

Publicado en https://angelyvino.blogspot.com/

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lunes, 30 de diciembre de 2024

HISTÓRICA MADURACIÓN DE UVA EN LA PATAGONIA EN PARRAL CASERO.

 


HISTÓRICA MADURACIÓN DE UVA EN LA PATAGONIA EN PARRAL CASERO.

Nunca se obtuvo uvas cosechadas en el mes de diciembre en nuestra región. Se trata de la variedad de origen californiano SUPERIOR SEEDLESS, cosechada con una relación Azúcar / Acidez 20:1 y una producción de 18 kg de uva por planta.
Para conseguir la anticipación en la madurez se ha realizado un apropiado manejo del follaje, con un esmerado y correcto deshoje.
*** Publicación de Federico Witkowski.

viernes, 23 de agosto de 2024

La vitivinicultura puja para abrirse paso en Vaca Muerta. La Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) se reunió esta semana en una conocida Bodega de General Roca (Río Negro, Patagonia Argentina).

La vitivinicultura puja para abrirse paso en Vaca Muerta.

La Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) se reunió esta semana en una conocida Bodega de General Roca, recibió la visita del Gobernador Alberto Weretilnek, y trazó perspectivas a largo plazo. El presidente de Coviar, Mario González, dialogó mano a mano con RÍO NEGRO.

Mario González. El presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina.

Cuando en determinada región geográfica emerge una actividad económica hegemónica, como la de los hidrocarburos no convencionales en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, el resto del ecosistema productivo busca la forma de acoplarse al impulso de inversiones y encadenamientos que genera la actividad principal. Tal es el caso de la vitivinicultura en Vaca Muerta.

Con esta perspectiva, la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) desembarcó esta semana en la región con la «Jornada para el desarrollo vitivinícola del sur argentino». La actividad tuvo lugar en la Bodega Humberto Canale de General Roca, y contó con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Consejo Federal de Inversiones (CFI).

La ocasión sirvió para la presentación del Estudio de Caracterización de las regiones vitivinícolas argentinas, en especial de la zona Patagonia. El mismo fue realizado por Coviar y CFI con la interacción de más de 60 expertos de distintas disciplinas del área agropecuaria, edafólogos, climatólogos, eógrafos, geomáticos, informáticos, cartógrafos, paisajistas, arquitectos y contadores, de más de 10 centros académicos de todo el país

La cita contó con la presencia del gobernador Alberto Weretilnek, quien recorrió las instalaciones de la bodega junto a los empresarios, participó de la presentación de los resultados del estudio y destacó la jornada enfocada en aprovechar el potencial de nuestra región y consolidar a la Patagonia como un actor central en el mapa vitivinícola argentino. “Argentina es pionera en la viticultura y la Patagonia está lista para brillar en los mercados nacionales e internacionales”, afirmó el mandatario y agregó: «Nuestra producción está lista para destacar globalmente”.

Desde Coviar en tanto, destacaron la importancia de la caracterización, en tanto genera un panorama certero para el horizonte de inversiones potenciales en una región como Vaca Muerta, que tiene todo lo necesario para instalarse en la escena principal de la vitivinicultura nacional y global, dadas sus condiciones climáticas, paisajísticas, varietales, y el potencial exportador del know how frutícola ya existente.

Mario González (Coviar): «Vaca Muerta y el vino debieran conformar una simbiosis productiva».

PREGUNTA: ¿Cuál es el motivo del encuentro de COVIAR en General Roca?

RESPUESTA: Estamos realizando la presentación de la caracterización vitivinícola de Argentina y en esta ocasión se congregó en Patagonia a cuatro provincias, Río Negro, Chubut, Neuquén y La Pampa. Se trata de un estudio de caracterización de suelo, edáfica, climatológica y paisajística también, que determina las zonas vitivinícolas de Argentina. Un trabajo que arrancó con un financiamiento BID para las tres primeras provincias, y que luego pudimos ampliar a once provincias más con la ayuda del Consejo Federal de Inversiones (CFI).

P: ¿Cuál es el objetivo del estudio?

R: La verdad es que nos brinda muchísima información para el proceso de toma de decisiones, ya sea del productor, del bodeguero y de las zonas, sobre todo, para poder dimensionar y dimensionar el potencial de la actividad en cada zona. Es un hito importante dentro de la vitivinicultura argentina, y un primer paso también para muchas capas de información que luego se le puede poner adelante.

P: ¿Cómo se posiciona la Patagonia dentro de la vitivinicultura nacional?

R: La región patagónica es la tercer región en importancia de la vitivinicultura argentina, y es la que más crecimiento ha tenido en los últimos 15 años. Marca que hay cualidades importantes para desarrollarla y que están logrando posicionarse. Sigue teniendo una participación en proporción muy baja dentro de la vitivinicultura argentina, pero es muy importante primero como región, por lo que implica la Patagonia Argentina para mostrar los vinos en el mundo, y segundo porque se conjugan varios factores que tienen que ver con lo turístico y lo enológico.

P: ¿Significa algo Vaca Muerta para la ruta del vino?

R: Mirá, yo creo que es importante que se puedan conjugar, que se pueda trabajar de manera articulada. Todo lo que tiene que ver con el desarrollo de Vaca Muerta seguramente dará un salto económico y de escala a la región, que le permitirá tener inversiones genuinas que puedan acoplarse a esa situación. Sin ser experto ni alguien de la zona, y observando desde afuera, imagino una simbiosis que tendría que ser productiva.

La vitivinicultura argentina está compuesta en 80% en el mercado interno y en 20% en el mercado externo. Cuando hay recesión y pérdida del poder adquisitivo, el vino al ser un producto quizás no de necesidad básica, pasa a sufrirlo mucho y lo estamos viviendo.

P: Se escucha Vaca Muerta, litio y economía del conocimiento, pero se escucha poco de vinos ¿Qué opinan de eso?

R: Hay temas que se ponen de moda y que tienen un impacto económico muy fuerte que es innegable. Lo que no se puede hacer es dejar de lado lo existente y seguir potenciando lo que hay. Como Corporación Vitivinícola Argentina miramos a largo plazo y el objetivo desde el primer día es hacer una vitivinicultura fuerte dentro de nuestro mercado interno y también potenciar uno en el mercado externo y posicionarlo.

P: ¿Se siente la recesión en la vitivinicultura?

R: Se siente demasiado. La vitivinicultura argentina está compuesta en 80% en el mercado interno y en 20% en el mercado externo. En el mercado interno, cuando hay recesión y cuando hay pérdida del poder adquisitivo, el vino al ser un producto quizás no de necesidad básica, pasa a sufrirlo mucho y lo estamos viviendo. Nosotros desde COVIDAR impulsamos mucho el vino como un alimento y como parte de la dieta de los argentinos. El 2023 fue un año ya complicado, difícil. Ahora estamos, digamos, en los mismos niveles, un poquito por debajo.

P: ¿Cómo está Argentina hoy en la escena global del vino?

R: Hoy estamos dentro de la lista de los 10 primeros países exportadores a nivel mundial. Igualmente seguimos siendo apenas el 3,5% de toda la viticultura mundial. O sea, somos muy chicos, a pesar de tener una presencia fuerte. También estamos dentro de los países que normalmente consumimos una buena cantidad de vino per cápita.

Publicado en Diario Río Negro.

22/8/2024.

https://www.rionegro.com.ar/economia/la-vitivinicultura-puja-para-abrirse-paso-en-vaca-muerta-3755340/

“Nuestra producción está para posicionarse nacional e internacionalmente”.

En la Jornada para el Desarrollo Vitivinícola del Sur Argentino, en General Roca se presentaron los resultados del Estudio de Caracterización de las regiones vitivinícolas. Se trata de una herramienta de información georreferenciada, actualizada y sistematizada bajo una misma metodología científica para la puesta en valor de los vinos argentinos en el mundo.


El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, destacó el contexto positivo que está atravesando el sector productivo de la provincia y la región patagónica.

“Argentina es el primer país en el mundo en caracterizar toda su superficie vitivinícola según condiciones climáticas, geográficas y productivas. La Patagonia, con sus cualidades únicas, está lista para optimizar su posicionamiento en los mercados nacionales e internacionales”, dijo.

Weretilneck resaltó el potencial de las nuevas generaciones: “Los jóvenes, después de haber visto a sus padres, abuelos y vecinos, sienten que la producción es algo hermoso y que puede ser la forma de vida de una familia”.

“Disfruto mucho ver una audiencia, donde se entremezclan la experiencia y la sabiduría con la juventud con todo su esfuerzo. Quienes somos del Alto Valle y hemos visto lo que nos ha costado el recambio generacional, es muy importante poder lograr esto”.

El mandatario se refirió también a los sistemas de riego y dijo que “para nosotros las amenazas sobre el riego no es un tema menor, estamos modificando para antes de fin de año algunas leyes en las provincias. Queremos colaborar con los consorcios de los productores a financiar el sistema de riego de Alto Valle. Para nosotros es central esto que nos está pasando, porque tiene que ver con la sustentabilidad del sistema de riego y de la producción”.

Weretilneck mencionó los beneficios de las nuevas tecnologías que se están implementando para el beneficio de la producción y subrayó que “esto, junto a las nuevas y mejores fuentes de información, con las mentes modernas de las nuevas generaciones, da una fuerza y una sinergia importante, porque todo lo nuevo junto a lo anterior no hay manera de que fracase”.

*** Comunicación Gobierno de Río Negro. 22/8/2024.

jueves, 6 de junio de 2024

Un viaje a través de los viñedos únicos de Río Negro.

 

Un viaje a través de los viñedos únicos de Río Negro.


Ubicado entre General Roca y Choele Choel, Valle Azul brinda condiciones naturales extraordinarias para la producción de un vino exótico. Su historia es apasionante, incluye a una condesa italiana y a un rabdomante en el medio de las bardas.


Por Miguelina Missotti.



“La fecha del sueño de elaborar vinos en Patagonia se remonta a algún momento de mi infancia”, así comienza la charla con Felipe Menéndez, CEO de la Bodega Ribera del Cuarzo.

Si bien la historia de la bodega comienza en el 2008, Felipe tiene raíces en el vino que se remontan a 1883, cuando su tatarabuelo Melchor Concha y Toro, fundador de la bodega Concha y Toro, plantó su primer viñedo en el valle del Maipo, en Chile.

“Somos una familia argentino-chilena. Mi tatarabuelo Menéndez llegó de España. Como todos los inmigrantes de esa época, vino para construir su futuro en un país que se estaba comenzando a cimentar, y se instaló en Tierra del Fuego a pedido del jefe que tenía en ese momento, ya que trabajaba para una empresa que proveía de alimentos a los almacenes, se llamaba Echart y Compañía”, relata.

“Ahí conocí el vino”.

Después se dedicó a la lana, a la construcción de buques y secasó con la nieta de Melchor Concha y Toro, con quien tuvo hijos. “En el año 70 mi familia vino a Argentina y de Chile mantuvimos la casa de la bodega Casa Pirque. Yo pasé todos los veranos de mi infancia en esa casa y ahí conocí el vino porque la bodega está al lado de la vivienda, al igual que hoy sucede en Valle Azul, donde tenemos la casa y la bodega al lado”.

“Entonces, en febrero arrancaba la elaboración de vinos y nosotros estábamos siempre ahí, probando la producción entre ese aroma. Puedo decir que el amor por el vino se me despertó desde muy chico y siempre decía que yo iba a trabajar en vino”, expresa Felipe.

El sueño de Felipe.

Nicolás Catena era el padre de una compañera de colegio de la hermana de Felipe. “Siempre pasaba caminando por un lugar en Buenos Aires donde sabía que él tomaba café. Un día tomé coraje, me acerqué y le dije: ‘Tengo el sueño de transformarse en alguien del vino. Me gustaría trabajar con usted porque creo que lo que hace es maravilloso’”.

Un año después, Catena se contacta con Felipe y comenzaron a trabajar juntos hasta el 2015 que Felipe, llegando a sus 30 años, pensó que ya era momento de largarse solo porque la industria del vino es un trabajo que lleva toda la vida porque depende del ritmo de la naturaleza. “Nicolás fue la persona que me enseñó todo, siempre trabajé muy cerca suyo”.

Y así llegamos a 2008, cuando un suceso cambió la historia de Felipe. “Un día nos habíamos juntados con otros empresarios de la industria para probar algunos vinos y en particular con el cual todos quedamos fascinados: solo sabíamos que era un vino que hacía una italiana en un lugar de la Patagonia”, detalla.

La palabra clave.

Y cuando Felipe escuchó la palabra Patagonia no pudo pensar en más nada. A tal punto que un día propuso a su grupo de trabajo hacer una comparación de los mejores cinco Malbecs de la Argentina y cada uno debía elegir el suyo. Felipe llevó ese vino italiano-patagónico que había probado y, definitivamente, todos estuvieron de acuerdo con que era el mejor.

“Era algo exótico, que tenía una fuerza de fruta, de estructura, de color, de intensidad alta y al mismo tiempo mucha suavidad. Y eso no era común en ese momento. No era tan fácil lograr ese balance entre algo que tenía mucho carácter y al mismo tiempo suave y elegante”.

No era normal.

Esa degustación fue la culpable de que comenzaran una secuencia de muchísimos viajes por la Patagonia haciendo un rastrillaje de terreno de norte a sur y de este a oeste. El primer viaje fue al viñedo de Valle Azul, donde se producía ese vino que habían probado. “Ahí descubrimos que este viñedo no era normal porque las producciones en el valle de Río Negro se producen a orillas del río”.

Y eso tenía lógica: se levantan las compuertas, se riega por manto, el costo de riego es bajo y la tierra es muy, muy rica. La definición de las tierras a orillas del río es limo arcilloso. Sin embargo, este viñedo había sido plantado en la parte alta del valle, es decir, por fuera de la parte verde y fértil.

“Ahí arriba, en ese lugar, el suelo es totalmente diferente. Es un suelo suelto, de arenilla, de piedra, de mucha piedra calcárea, con alto contenido de carbonato de calcio, con registros volcánicos”, detalló Felipe.

Único en el mundo.

“El valle de Río Negro es único en el mundo. No hay otro valle así. Mirá que nosotros hemos caminado literalmente todos. No hay ninguna región del vino que no hayamos caminado, conocido, viajado, dedicado tiempo”, aseguró.

El valle de Río Negro combina estos dos ecosistemas totalmente distintos en uno mismo, en un mismo frío, con el mismo viento, con las mismas horas de luz. Tiene muchas horas de luz. O sea, la planta trabaja muchas más horas por día, pero también la primavera llega más tarde.

En 2017, Felipe y el equipo viajan a Nueva York y la vida lo termina juntando con la condesa italiana Noemí Marone Cinzano que hacía los vinos en Valle Azul. Durante la conversación de Felipe con la condesa, éste le cuenta su historia familiar en la Patagonia y ella le propone que vaya a conocer la bodega, ya que ella se estaba yendo a vivir a Portugal y ya no iba a poder continuar haciéndose cargo de la producción.

“Y así comenzamos a elaborar en esta bodeguita y este viñedo chiquito que ella había plantado y le dimos fuerza”, asegura.

“En estos diez años la hicimos crecer, plantamos 22 hectáreas más, compramos un poco más de campo que tiene este pie de barda tan particular, equipamos la bodega y estamos aprendiendo de este terruño que tiene tanto todavía para enseñarnos. Para lograr un vino rico e interesante tenemos que tratar de elaborar una diversidad de vino lo más amplia posible para que al momento de hacer el ensamble de todos esos pequeños vinos que hacemos, que conforman un vino, haya una complejidad rica y atractiva”, detalla.

“Entonces hay pedacitos del viñedo que te dan más fruta, otros que te dan un poquito más de fruta blanca, otros que te dan una cosa más mentolada, otros que te dan una cosa más estructurada. Y si trabajás el campo desde la poda, el momento de cómo vas llevando la planta, cómo trabajas el suelo, cómo cosechas, los tiempos de cosecha, podés ir armando de una pequeña parcela una diversidad de 30 vinos distintos. O sea, tenés 30 barricas que son 30 vinos distintos y después los ensamblás a tu gusto y generás una sensación de todo eso junto, que es el trabajo del año en el campo puesto dentro de una botella”, cuenta.

Altibajos argentinos.

Sin embargo, no todo es color de rosas en la industria del vino. En un momento, las facturas de energía eléctrica que llegaban eran tan altas que a comienzos de 2021 era muy probable que tuviésemos que dejar de elaborar vino ahí porque era muy caro.

“Se había transformado en el costo más alto y rompía todas las posibilidades de poder vender un vino a un precio normal. No era sustentable desde ningún punto de vista porque la italiana construyó un acueducto desde el río hasta la parte alta de la barda para propulsar el agua y poder plantar ahí”, remarca.

Entonces ahí estuvieron un buen tiempo analizando cómo podían resolver el problema del agua y fue así que conocieron a un hombre que les contó que donde ellos estaban parados el agua estaba ahí abajo mismo y había que buscarla. “Era casi ridículo, te diría, lo que él decía. Vos mirabas ese paisaje y decías "acá abajo no pudo haber agua”.

Comenzaron un proceso de búsqueda de agua que fue muy arduo. “Después de casi un año y medio, cuando ya estábamos para tirar la toalla, un vecino (Mauro Galera) vino una mañana y me dijo: ‘Vamos a buscar el agua como lo hacían los indios’”.

Empezaron a caminar el campo y marcaron cuatro lugares posibles, donde finalmente se confirmó que había agua. “Hoy regamos con esa agua a costo cero porque con un molino de viento vamos a tener el agua en superficie sin tener que prender ninguna bomba. De esta manera, todo va a ser sustentable”.

Su lugar en el mundo.

Para Felipe, Valle Azul es su casa y el lugar al que va a dedicar toda su vida. “Nuestra mirada está puesta en la Patagonia, porque todavía está todo por hacerse, como nos decía mi papá cuando éramos chicos. El principal aliado para la industria del vino es el paso del tiempo, que es muy lento”. Felipe cree que en los próximos 100 años van a ir floreciendo viñedos en muchos lugares de la Patagonia.

“Tenemos un país inmenso todavía por plantar y debemos hacerlo con conciencia preservando el ecosistema de donde vamos instalando plantas de vid, ya que son exógenas al lugar, entonces también hay que plantar con una cabeza mirando el futuro y pensando cómo hacemos para no destruir el lugar y poder convivir para siempre”, expresa.

Hoy, el tamaño de Ribera del Cuarzo tiene capacidad para elaborar 150.000 botellas. Es una bodega que produce de forma mecánica, es decir que no hay maquinaria que automatice el proceso.

La colección Ribera del Cuarzo se vende en Argentina y también se exporta a más de 12 mercados a un promedio de US$600 FOB su caja de 6 botellas, y ya tienen acuerdos cerrados con 12 mercados más. Entre los mercados a los que exportan están Estados Unidos, Brasil, España, Francia, China, Finlandia, Islandia, Perú, Uruguay, Panamá, Japón, Colombia, Corea del Sur, y Taiwán.

Publicado en Más Producción de La Mañana del Neuquén.

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