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domingo, 3 de noviembre de 2024

La Caroyense.

 

La Caroyense, historia del vino cordobés

La bodega de Colonia Caroya y su uva insignia: la Isabella

Fundada en 1930 por 33 inmigrantes italianos que decidieron aunar sus producciones, tuvo un auge entre 1950 y 1970, pero luego oleadas de granizo destrozaron el viñedo en el año 1975 y sufrió en fuerte declive. 

Luego de ese pasado en el que llegó a ser una bodega importante en el panorama argentino, en el año 2000 la cooperativa presentó quiebra, y se convirtió en una sociedad anónima perteneciente a Juan Carlos Tai, quien la dotó de los primeros tanques de acero inoxidable.

Aquellos esforzados inmigrantes elaboraban vino de mesa, con un abastecimiento de doce millones de kilos y una producción que podía alcanzar hasta los seis millones de litros, debido a su gran capacidad instalada.

Hoy se utilizan tan solo 400 mil litros de esa capacidad ya que hay en uso unas pocas piletas. Hubieron 1.250 hectáreas de viñedos en la zona, pero ahora quedan aproximadamente poco más que 100 de ellas. Actualmente, además de uva de los productores de la región, se utilizan uvas traídas de La Rioja y Entre Ríos. La bodega no cuenta con viñedos propios y nunca los tuvo. 

Siendo una bodega antigua, se destaca la posibilidad de observar los elementos que se usaban en la época, en el museo subterráneo, aunque se encuentra algo descuidado. Los piletones de concreto, pintados con epoxi son enormes, pero la mayoría se encuentran en desuso. 

La uva estrella de la zona es la Frambua, también conocida como Isabella o "uva chinche"; es una uva dulce aromática e invasiva, que se amoldó bien a la zona y da lugar al vino insignia de Colonia Caroya. 

Los impresionantes toneles de madera austríacos, que se encuentran apenas ingresar al edificio de la bodega, fueron un fracaso; ya que en el primer año de uso fallaron por ingreso de oxígeno y no se pudieron utilizar más que una vez, quedando como parte del decorado.

Hasta hace poco el enólogo fue Santiago Lauret, también pasaron un tiempo por la bodega Gabriel Campana y Agustina Luchetti, pero actualmente se encuentra a cargo Rafael Brico, quien nos cuenta: "Al elaborar vino normalmente no se siente mucho olor a vino, pero con la Isabella eso no sucede, el mosto se coagula más cuando la molés y se huele en toda la bodega. Hay dos clones diferentes, uno más temprano conocido como Isabella precoz y el otro que se cosecha más para marzo".

Dan alcoholes bajos, de 11 a 11,2°, por lo que se hacen con ella vino secos y cuando se los quiere hacer dulces, se les agrega mosto.

Es una bodega bien "de albañiles italianos", una construcción donde todo fue hecho de manera rústica y funcional, con mucho hormigón armado a la vista y nula decoración, a excepción del sector principal de la recepción, donde se encuentran los toneles de madera, que está construido a semejanza de la Catedral del Friuli, unos vitrales y la escalera metálica que cuenta con barandas de hierro.

Como las piletas son muy grandes, necesitan mucha uva para poder llenar esta bodega, que llegó a trabajar tres turnos de ocho horas en su mejor momento.

Durante la visita fuimos recibidos por Cristina Reinosa, quien amablemente condujo la degustación de los vinos que se realizó, acompañados de una picada de fiambres locales. Nos explicó que se dedican principalmente a los vinos regionales y que durante la gestión de Lauret se desarrollaron también los espumantes.

La Caroyense en una interesante opción de visita enoturística para quienes visitan la provincia de Córdoba, ya que permite no solo ver el proceso productivo, sino también apreciar la historia del vino en la zona y conocer los de esa uva que solíamos ver en los parrales de los abuelos: la uva Isabella o chinche.  






*** Publicado en blogspot Ángel y Vino.

https://angelyvino.blogspot.com/2024/11/la-caroyense.html

https://angelyvino.blogspot.com/

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

lunes, 15 de abril de 2024

Luis Correas: “Lo mejor de la nuestra industria es la diversidad, no se puede monopolizar con un sólo estilo”.

Imagen: Bodega Luis Segundo Correas.

El titular de la Bodega Luis Segundo Correas habla sobre el negocio vitivinícola, las transformaciones de los últimos 50 años y las demandas del nuevo consumidor de vino.

Luis Segundo Correas, en Casa San Luis, el paraje diseñado por Carlos Thays.

Luis Correas, abogado y bodeguero por adopción, recibió a Los Andes en la casona San Luis, una de las joyas arquitectónicas que tiene el departamento de Junín. Heredero del ex gobernador de Mendoza Juan de Dios Correas, el negocio del vino estuvo en su familia durante décadas, ya sea como productores o industriales. Durante una extensa charla habló sobre el hecho de participar de una bodega familiar, también explicó cómo se han ido transformando con el paso del tiempo y, principalmente, con orgullo, contó sobre las nuevas generaciones de hijos y sobrinos que están hoy en áreas claves de la Bodega Luis Segundo Correas en Medrano.

-Son una bodega familiar con mucha historia...

-Todo comenzó con mi bisabuelo, Segundo Correas, quien tuvo 10 hijos. Dos de ellos, los varones, continuaron con el apellido y la tradición familiar. Una de las bodegas estaba aquí en Medrano, Mendoza. Luego, la bodega pasó a mi tío Julián y a mi abuelo, que era abogado. Ellos continuaron con las viñas y la producción de vino. En 1973, mi padre Luis Segundo, que era el único varón, se hizo cargo de todo. Yo me recibí de abogado y trabajé en la empresa en contacto permanente. Después, mi hermano Julián y Diego, que falleció, continuaron con el negocio. Más tarde, se incorporó mi hermano Francisco, quien vive en Buenos Aires y se encarga de la parte comercial. Y ahora se sumaron mis hijos Juan y Victoria junto con mis sobrinos Julián y Julieta.

-A lo largo de todos estos años, ¿cómo ha cambiado la forma de hacer vino, de comercializarlo y los productos que ofrecen?

- La forma de hacer vino ha mejorado mucho con la tecnología, pero sigue siendo vino. Antes, en los años 80 y principios de los 90, se producía mucho vino a granel, vinos blancos y tintos comunes. A partir del 92 y 93, se empezaron a hacer buenos vinos. Antes también existían, pero era un porcentaje muy pequeño. En los 90, hubo un cambio importante con la entrada de la tecnología. Muchos malbecs y cabernets se convertían en blancos escurridos. Pero eso era lo que la gente tomaba, con hielo, con soda, con jugo. Y se tomaba mucho, 90 litros por habitante. Ya a partir del 2000 hubo un cambio en la configuración del negocio.

-¿Y cómo trabajaron ese cambio?

- Nosotros comenzamos a vender y fraccionar. Antes éramos trasladistas y vendíamos a otras bodegas. Ahora estamos más enfocados en la exportación, aunque en los últimos años se complicó por la inflación y la brecha cambiaria.

-¿A qué mercado y qué productos exportan?

- Producimos varietales: malbec, cabernets, entre otros. Fundamentalmente Malbec, que es nuestra especialidad. Exportamos a Brasil, Estados Unidos, Canadá y Dinamarca.

-¿El mercado interno nunca fue una opción?

- Sí, pero es más difícil. No hemos logrado insertarnos mucho. La distribución es uno de los desafíos más grandes.

Luis Segundo Correas, en Casa San Luis, el paraje diseñado por Carlos Thays.

-¿Y qué opina del consumidor actual? ¿Qué busca en el vino?

-Lo mejor de la industria vitivinícola es su diversidad. No se puede monopolizar con un solo estilo o marca. Estamos viendo un interés creciente en vinos frescos, más modernos, con menos influencia de la madera. También hay espacio para explorar otras variedades más allá del malbec.

-¿Cree que el consumo de vino seguirá disminuyendo o hemos tocado fondo?

- Creemos que debemos seguir innovando, ofreciendo un producto de calidad que atraiga al consumidor. La dinámica laboral ha cambiado, la gente ya no tiene el mismo tiempo para almuerzos largos en casa. Es importante permitir que el consumidor elija lo que realmente disfruta.

- ¿El marketing del vino ha alejado al consumidor?

-Sí, considero que cierto tipo de marketing ha alejado al consumidor. Sin embargo, también ha abierto nuevas oportunidades. El vino sigue siendo una parte importante de la cultura, tanto en Argentina como en el extranjero. ¿Has notado cómo en las series de televisión o las películas, los personajes a menudo disfrutan de un vino? Eso sigue siendo relevante.

-Hay una tendencia hacia consumir productos con alcohol cero..

-Si. Hay una tendencia mundial hacia productos más saludables, menos procesados, lo cual puede afectar la industria del vino. Es cierto que esta tendencia podría impactar en el volumen de consumo como lo conocíamos antes. Sin embargo, el vino tiene una historia arraigada y sigue siendo una bebida con un significado cultural profundo, incluso con sus beneficios para la salud que se destacan en la Biblia. No creo que vayamos a presenciar el fin de la industria del vino ni del consumo de alcohol en general. Si bien los hábitos de consumo están cambiando, es difícil predecir hacia dónde se dirigirán. En este contexto, nosotros como productores debemos adaptarnos a las preferencias del consumidor y estar atentos a las nuevas tendencias.

-¿Qué considera que demanda el consumidor internacional hoy?

Consideramos que las nuevas tendencias en el mundo del vino están enfocadas en vinos jóvenes, frutados y accesibles, que inviten a disfrutar y compartir una copa de manera desenfadada, más allá de analizar cada característica detalladamente. Estos vinos están ganando popularidad, y vemos un crecimiento significativo en el segmento de vinos orgánicos. Aunque dudamos que el mercado en su totalidad se convierta en orgánico, sí observamos una demanda creciente por parte de ciertos consumidores dispuestos a pagar un precio diferencial por productos orgánicos. Sin embargo, creemos que esta tendencia coexistirá con otros tipos de vino, ya que la accesibilidad y el precio seguirán siendo factores importantes para muchos consumidores. Es posible que en el futuro veamos una evolución similar a lo que ocurrió con los productos transgénicos: una gran atención inicial seguida por una adaptación y coexistencia con otras opciones en el mercado.

UNA CASA CON HISTORIA: CASA SAN LUIS.

En 1972, Luis Segundo Correas, heredero del espíritu pionero de sus antepasados, tomó las riendas de la bodega familiar. Bajo su liderazgo, se modernizó la bodega actual, ubicada en el carril Tres Acequias de Medrano, ampliando su capacidad para albergar la creciente producción proveniente de los viñedos plantados en 1932.

Más allá de la producción de vinos de alta calidad, la familia Correas rinde homenaje a sus raíces y a la historia del lugar con Casa San Luis. Esta centenaria casona, construida por los fundadores de la bodega, se encuentra rodeada de un magnífico parque con añosos árboles y una gran variedad de rosas. Diseñado por el paisajista francés Carlos Thays, quien en Mendoza es recordado por el diseño del Parque General San Martín, el lugar es un oasis y refugio veraniego para la familia. Además la Casa fue escenario de dos películas. En 1980 Luis Sandrini, protagonizó allí la película “Donde el diablo metió la pata” y en 2014 se filmó “Vino para robar” protagonizada por Daniel Hendler y Valeria Bertucelli.

Casa San Luis abre sus puertas al público para ofrecer visitas guiadas y almuerzos con reserva previa. De esta manera, los visitantes tienen la oportunidad de sumergirse en la historia de la familia Correas, conocer el proceso de elaboración del vino y disfrutar de una experiencia gastronómica única en un entorno de gran belleza.

* Publicado en Diario Los Andes de Mendoza.

Imágenes: Diario Los Andes.

14 de abril de 2024 .

https://www.losandes.com.ar/economia/luis-correas-lo-mejor-de-la-nuestra-industria-es-la-diversidad-no-se-puede-monopolizar-con-un-solo-estilo/

domingo, 14 de noviembre de 2021

¿Cómo hizo para crear esta bodega con perfil turístico en Río Colorado?

Ezequiel Naumiec (48) es el propietario de una pequeña porción del planeta increíblemente bella por su naturaleza e intervención de la mano del hombre en la colonia Juliá y Echarren, a la vera del río Colorado, en Río Colorado.

Es allí donde tiene viñedos y una de las bodegas boutiques más nuevas y lindas de la región, Trina. Acercarse a este lugar, conocer a Ezequiel y su familia, recorrer los cultivos, probar los vinos y comer en el restaurante de la bodega es una experiencia inolvidable. Y hacerlo desde la media tarde hasta el anochecer, todo en más glorioso todavía.

“Mi inserción en el mundo del vino fue causal de la vida misma, la misma que te lleva cuando te movés con pasión. Comencé en la vitivinicultura desde el sector comercial, como licenciado en Comercio Exterior. Entre los varios productos que promocionaba en los mercados exteriores, varias bodegas de Mendoza y San Juan eran parte de mi porfolio. Rondaban los comienzos del 2000 y al servir cada copa de vino en las degustaciones en las distintas ferias internacionales supe en ese momento que no era sólo una bebida, que era mucho más. Fue entonces que entendí su complejidad y las apasionantes historias de sus productores me atraparon para nunca más salir de ellas”, comenta el protagonista a “Río Negro”.

“Siempre tuve en mente tener mi propia bodega para plasmar el 100% mis ideas. Durante tantos años en la industria soñé cada detalle del proyecto. Recuerdo de las críticas con cariño que familiares y amigos me decían sobre lo “acumulador” de objetos antiguos y atípicos que era, y yo prefería reír antes que tener que explicar la gran cantidad de ideas que daban vueltas en mi cabeza”, agrega.

Hasta que un día encontró este lugar acá en Río Negro, un paraíso de viñas detenido en el tiempo, un polo vitivinícola olvidado en el pasado. Un lugar con más de 17 bodegas abandonadas le permitió aunar tres palabras que siempre le sonaban como un mantra: Patagonia, historia y Malbec. “Era un tridente que no podía fallar. A eso le sumé lo orgánico; vivimos del medioambiente, entonces, cómo no cuidarlo, ¿no?”.

Así fue concibiendo esta nueva bodega rionegrina con un perfil turístico en paralelo con la cuestión productiva. Acá se planificó la bodega en función de la actividad turística, elemento que le da una característica especial a este emprendimiento. Tiene un restaurante abierto al público con un menú estable con productos regionales y de estación.

Nace el proyecto.

Tenía claro que el proyecto arquitectónico debía basarse en tres pilares importantes: los pájaros y su trinar (no hay buenas uvas sin ellos) y su estrecha relación con la vid; las atrae su color para que llevar su semilla lejos y así la especie continúa. Por ese motivo la bodega es un ala de un pájaro reposando sobre la costa del río Colorado. Uno cuando entra a los viñedos y empieza a ver a lo lejos esta forma sorprende y emociona.

El segundo pilar es la historia, detenida en los años 50. “Era fundamental reescribirla ya que de ahí nace la mezcla de lo antiguo y lo moderno, que conviven en cada detalle del proyecto, tal como lo refleja la etiqueta de Trina. Durante varios años junté puertas antiguas, hierros, mármoles de carrara que Luigi (el bisabuelo italiano de Paula, mi mujer) que había obtenido en un cierre de un sauna en La Boca, así como muebles antiguos de la vieja casona de Paternal”, comenta Ezequiel.Y el tercer pilar es lo moderno, líneas rectas, lo actual, el hoy y ahora con todo lo que la tecnología logró por la industria vitivinícola.

Los vinos que producen en Trina, viñedos y bodegas ubicados en Río Colorado.

¿Vamos bien con la línea del tiempo? 2010 conocen Río Colorado; 2013 compra con su mujer estas tierras y empieza a viajar todo el tiempo entre Río Negro y Mendoza todo el tiempo. “Llegué a manejar 50.000 kms por año en auto”, cuenta. En el 2018 se desvincula la bodega de San Rafael para enfocarse en un 100% en Trina. Y en el 2020, apenas iniciada la cuarentena se traslada con toda su familia a vivir en Río Colorado.

Este momento de la bodega: “Creo que en la vitivinicultura hay que hacer una división entre las grandes corporaciones, que son fábricas de vino y la de vinos de terroir o bodegas boutiques que buscan calidad sobre el volumen de elaboración. Río Negro va de la mano de la segunda clasificación y es ahí donde podemos centrarnos en hacer sentir al consumidor que viva una experiencia y no solo la venta de un producto”, teoriza.

La nueva ruralidad en Río Negro.

En este contexto, Ezequiel forma parte de una camada de profesionales y emprendedores que le dan rostro a la nueva ruralidad, ese espacio que vincula a la ciudad con la chacra y el campo de un modo distinto a lo que veníamos viendo. Cómo: él mismo lo explica así. “Hoy la manera de consumir vino cambió. No solo se vende una botella de vino sino también la historia detrás que hay detrás de toda la cadena productiva. Para la industria regional es fundamental lograr la unión de la vitivinicultura, la gastronomía y el turismo, justamente por que conforma una experiencia. La vitivinicultura de Río Negro está compuesta en su mayoría por bodegas boutiques, lo que hace que tengamos la posibilidad y la gran ventaja de que los propios hacedores de vino, como protagonistas de la película, puedan contar en primera persona sus experiencias vividas en cada copa servida. Y si a eso le sumamos el maridaje donde el chef explica el puente entre el plato y la copa servida, logramos un receta única y hacemos sentir esa experiencia única. Por eso, si logramos afianzar la unión gastronómica y la vitivinicultura tendremos un producto único y no tendremos que competir con otras provincias en el plano productivo porque tenemos un valor, un producto y una experiencia única y diferente”.

Su idea central en este tramo de su vida pasa por lograr que Trina sea la punta de lanza para poner nuevamente la historia vitivinícola de Río Colorado en primera plana y que el pueblo vuelva a ser el maravilloso polo vitivinícola que fue.

La alianza con el turismo y la gastronomía.

Días atrás, la colonia Juliá y Echarren de Río Colorado fue sede de un mega encuentro gastronómico, turístico y cultural organizado por Enbhiga, entidad que viene concretando encuentros entre cocineros, agentes turísticos y productos para poner en valor las economías locales y regionales.

En esta última edición, la bodega Trina fue uno de los escenarios de las intervenciones gastronómicas por el convencimientoque tiene su dueño, Ezequiel Naumiec, que alianza de este tipo debieran ser las habituales para crear sinergia productiva.

“La tendencia a lo natural y la poca intervención del hombre hace que esta ciudad y la región estén en un momento único que tenemos que saber aprovechar. Por ello es fundamental trabajar en equipo, tanto el sector privado como estatal, compartiendo experiencias y sabidurías para poder avanzar con éxito. Mucha gente de ciudad como es mi caso se está mudado a zonas rurales y traemos el conocimiento de lo que las grandes mercados demandan. Al combinarlo con el conocimiento de trabajo que hay en la zona rural es altamente probable que logremos alcanzar un posicionamiento de excelencia. Si a esto le sumamos la coyuntura que nos deja la pandemia, donde la gente busca productos saludables sobre lo industrializados, el turismo rural se posiciona como una oportunidad plena, tanto en lo cultural como económico, social y productivo. Este nuevo paradigma hace que la región tenga la oportunidad de poder satisfacer estas nuevas necesidades”.

¿Cuántos Ezequieles más hacen falta para crear el futuro que todos deseamos? Hay muchos como él, menos mal.

PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO", 12 de noviembre del 2021. Las imágenes pertenecen a la publicación del Diario "Río Negro".

https://www.rionegro.com.ar/como-hizo-para-crear-esta-bodega-con-perfil-turistico-en-rio-colorado-2033910/

miércoles, 21 de julio de 2021

SAN PATRICIO DEL CHAÑAR SE PREPARA PARA SER SPOT DE VINOS EN 2022. A 20 años de la primera vendimia, la región neuquina tendrá su festival de etiquetas locales en abril.


Vendimia Neuquina. Con ese nombre se presentó un evento destinado a promover los vinos de la región, de cara a 2022. A dos décadas del nacimiento de San Patricio del Chañar como polo vitivinícola, por medio de un compromiso público-privado entre el municipio y las bodegas, la región anunció su ingreso a la oferta de eventos presenciales de vino para el año próximo.

Vendimia Neuquina: fiesta en abril próximo.

En el lanzamiento, que se realizó por video conferencia, se presentó a la región neuquina como un destino turístico que combina buenos vinos y gastronomía. 

En la conducción estuvo el músico y productor de vinos Juanchi Baleirón, acompañado por Juliana Lamelza, mientras que el anfitrión fue el intendente Leandro Bertoya y los protagonistas de las bodegas del Chañar: Roberto Schroeder por Bodega Schroeder, Juliana del Águila Eurnekian por Fin del Mundo, Julio Viola (hijo) por Malma, Sofía Groppo por Secreto Patagónico y Nicolás Navio, enólogo del Grupo Peñaflor, principal grupo de bodegas de Argentina, presente en la región desde el año pasado.

Durante la presentación, se compartió un video en el que el músico recorre las bodegas y prueba sus vinos. El paisaje es de otoño, propio de vendimia, y en el recorrido tiene oportunidad de probar algunos de los productos gourmet de la zona: los quesos de Familia Ventimiglia, cuyo Patagonzola es legendario ya; los aceites de Olivares de Neuquén, pioneros, y los productos de El Arca.

Por su parte, los cocineros Ezequiel González, de Saurus Restaurante, y Pancho Fernández, de Malma, elaboran empanadas, truchas y cordero a la llama. Una pequeña muestra de lo que es hoy un polo vitivinícola y gastronómico que en 2000 no existía.

20 años de vinos.

Uno de los fenómenos más interesantes de las últimas décadas en materia de vinos de Argentina es el polo de bodegas que nació en San Patricio del Chañar, a orillas del río Neuquén, de cuya primera vendimia se cumplen 20 años. Nacido de una iniciativa privada, pero con ayuda crediticia del estado provincial, desde 1999 comenzó la exploración y luego plantación de una región de vinos.

Con foco en Pinot Noir y Malbec, y en menor medida en Chardonnay, Merlot y Cabernet Sauvignon, la zona logró afianzarse al cabo de dos décadas y consolidar una oferta de 1350 hectáreas de vid, con la que se elaboran unos 13 millones de litros de vino.

Según las bodegas, entre 1/3 y la mitad de los vinos producidos son exportados, generando divisas y trabajo especializado en una región donde no había más que chacras.

Ya lo sabían los romanos y hoy lo sabe el municipio del Chañar: el vino es un vehículo civilizador, ya que trae aparejado, además de inversiones, un mundo que se activa en la mesa. Desde la gastronomía a los productos gourmet, eso si descartamos la capacidad que tiene de poner en el mapa universal a los lugares donde se lo elabora.

Si al comienzo fueron capitales neuquinos, el desembarco de bodegas principalmente de Mendoza, como sucede con el Grupo Peñaflor, rubrica el esfuerzo realizado y le da aún mayor proyección: el principal exportador de vinos de Argentina tiene hoy una pata propia en la zona.

De esta forma ahora se impone tener una fiesta propia de la vendimia local. Si la pandemia vino a postergar varios de los proyectos, no parece haberle puesto freno a la Vendimia Neuquina, que se anuncia ya con fecha concreta para 2022: del 10 al 13 de abril del año entrante el calendario del vino argentino suma ahora una nueva actividad. Y será en San Patricio del Chañar, aunque aún no trascendió bajo qué modalidad.

Qué beber.

Mientras tanto, es un buen momento para beber algunos de los ricos vinos de la región. El más notable en crecimiento estilístico es el Pinot Noir: si Fin del Mundo es la bodega que más Pinot produce en la Argentina, Schroeder se cuenta entre las que más estilos exploran, desde rosados a espumosos y vinos tranquilos en todas las gamas de precio. Grupo Peñaflor lo exporta con éxito a USA. 

El Malbec es un hito importante, ya que ofrece un perfil de sabor intenso y con buen cuerpo, que lo distingue. Secreto Patagónico propone algunas versiones modernas. Finalmente, en materia de Chardonnay, Malma ofrece hoy una versión con crianza que es benchmark en la región.

Lo increíble de San Patricio del Chañar es que en un período de tres años pasó a tener 1350 hectáreas de viñedos: más de seis mil kilómetros de mangueras de riego por goteo, siete millones de plantas de vid y en seis bodegas con capacidad instalada para 13 millones de litros de vinos. Veinte años después parece que siempre estuvo ahí.

Publicado en VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2021/07/vendimia-neuquina/

domingo, 7 de marzo de 2021

Guía para descubrir la ruta del vino cordobés.

Guía para descubrir la ruta del vino cordobés.

Instrucciones para recorrer el polo vitivinícola menos conocido del país. Circuito de bodegas y restaurantes en tres regiones clásicas. 

¿Quién se ha tomado todo el vino? ¡Por algo se lo preguntaba tanto la Mona Giménez! Por las venas de los cordobeses corre tanto vino como Fernet, y desde mucho antes. La tradición vitivinícola de esta provincia comenzó en el siglo XVII, de la mano de los jesuitas, instalados en la zona de Jesús María. Allí sembraron sus vides e hicieron el vino que proveían a todos los misioneros de su orden, instalados en la Argentina.

La vitivinicultura cordobesa tuvo un nuevo impulso con la llegada, a fines del 1800, de los inmigrantes friulanos (de Friuli, Italia), fundadores de Colonia Caroya. Ellos trajeron una gran variedad de cepas e hicieron sus propios vinos, dando origen a decenas de bodegas familiares.

¿Por qué la industria no creció como en Mendoza o Salta? Porque esas provincias, por las características de sus suelos y el clima, tuvieron que salir a buscar qué cultivar. En cambio, Córdoba es una tierra muy productiva y otros cultivos más rentables tomaron la cabecera. Hoy muchos propietarios de bodegas de la provincia son productores agropecuarios que decidieron destinar algunas parcelas al cultivo de la uva y producir vino para despuntar el vicio. Como suele sucederle a todos los que entran en el rubro, lo que empieza como un hobby termina siendo una obsesión.

Muchos mendocinos expertos asesoraron a las bodegas cordobesas consiguiendo, en los últimos diez años, poner a los vinos de la provincia a la altura de los mejores del país.

El vino en Córdoba permite disfrutar de una experiencia única que combina paisajes serranos, bodegas y cavas para degustar excelentes varietales, todo esto en combinación con su historia. Hay 21 bodegas abiertas al público -a 12 de ellas se las puede visitar virtualmente en la página de Córdoba Turismo- y todas se encuentran entre 30 y 130 kilómetros de Córdoba capital. Las rutas son buenas y los paisajes únicos pero, atención, porque en esta provincia el nivel de alcohol permitido en sangre para circular es cero. La gobernación ofrece un recorrido de cinco días por las principales regiones vitivinícolas, alojamiento y transporte incluido. Estas son las principales zonas para conocer lo mejor que el vino cordobés tiene para ofrecer.

El vino en las Sierras Chicas.

En Colonia Caroya empezó todo. En la Estancia Jesús María, uno de los enclaves jesuíticos más antiguos de la Argentina, se exhiben las máquinas que se utilizaban en la época para moler las uvas y hacer el vino; y también hay registros escritos originales de todos los inmigrantes friulanos que llegaron a la zona. Ellos fundaron Colonia Caroya y la convirtieron en su nueva patria. De ellos es la receta del famoso salame que se ganó el sello de Identificación de Origen. Entre otras cepas, trajeron la uva Isabella –también llamada Frambua o Chinche- que al día de hoy sigue siendo un emblema de la vitivinicultura de la provincia.

Una de las primeras bodegas de la zona, fundada en 1929, fue Nanini y estuvo en manos de la familia homónima por cuatro generaciones. En 2015, la adquirió la familia Mizzau, hizo una importante inversión en tecnología y la re fundó con el nombre Terra Camiare (Camiare es como se llamaba a los comechingones de sur, pueblos originarios de la zona). Hoy es una de las bodegas más importantes de Córdoba, tanto por su infraestructura como por su enología, a cargo de Gaby Campana. Recientemente sus vinos recibieron excelentes puntajes en la prestigiosa guía Descorchados. Los elegidos fueron un semillón, un white blend y un malbec sin madera, criado en huevos de cemento, un procedimiento que es tendencia en la enología mundial. La bodega ofrecen visitas guiadas a sus viñedos y áreas de producción, con degustación final de sus vinos. Terra Camiare también tiene un muy buen restaurante, Los Socavones, donde las brasas son protagonistas.

También en Colonia Caroya, el bar 9 de Julio es uno de los rincones obligados. Allí se elabora el famoso salame con Identificación de Origen, con 60% de carne vacuna (una incorporación del nuevo mundo) y 40% de cerdo. Luego se deja madurar bajo tierra, en un sótano a 18º con 70% de humedad, durante 20 días. Todos los años en noviembre se festeja la Fiesta del Salame Típico, una tradición caroyense.

Las uvas de Traslasierra y San Javier.

Es una de las zonas turísticas más concurridas de la provincia por lo deslumbrante de su naturaleza y lo pintoresco de su pueblo.

Entre las bodegas de la zona, hay una que es un paraíso: Aráoz de Lamadrid. No es una metáfora: en sus cinco hectáreas de monte nativo tiene viñedos, jardines con flores silvestres y hierbas aromáticas, 30 estanques con flores acuáticas, un cactario con más de 400 especies y hasta un pavo real. Allí también está la posada, con cabañas individuales decoradas con artesanías y esculturas de artistas de la zona.

Su dueño, Goyo Aráoz de Lamadrid, lleva adelante personalmente las visitas guiadas y la pasión con que cuenta su proyecto de vida (y de vinos) es parte de la experiencia. Lo último es la degustación de vinos y fiambres de la zona, en una hermosa galería rodeada de viñedos y un enorme estanque con nenúfares y lotos.

La bodega también tiene su restaurante pero afuera de la finca, en La Población. Se trata de Peperina, hoy a cargo Alejandro “Nitu” Digiglio, un chef formado en El Bulli que, a principios de los 2000, agitó la escena gastronómica porteña con La vinería de Gualterio Bolívar.

Para alojarse se recomienda, a pocos kilómetros de San Javier, la estancia La Constancia. Data de 1897 y fue construida por María de la Plaza (sobrina de Victorino) porque las bondades del clima eran propicias para curar la tuberculosis de su esposo. Hoy sus dueños continúan con la misma filosofía y, además del hospedaje tradicional, ofrecen retiros de bienestar guiados por un auténtico monje shaolin –un salteño formado en la China- experto en medicina china, chi kung, y meditación.

Bodegas en Valle de Calamuchita.

Colinas ondulantes, pueblos con años de tradición (La Cumbrecita y Villa General Belgrano) y el imponente dique Los Molinos, convierten a esta zona en una de las más elegidas por el turismo. Es además una de las regiones vitivinícolas de la provincia donde mayores inversiones se han hecho en producción de uva y enología, por lo tanto es un destino obligado para los amantes del vino.

Hay tres bodegas para visitar: Río del Medio, Famiglia Furfaro y Vista Grande.

Río del Medio es la más pequeña, propiedad de una pareja que decidió dejar la vida empresaria e invertir en este proyecto familiar, que hoy tiene un Malbec y un Sauvignon Blanc premiados.

Vista Grande, la más moderna de todas, tanto por la construcción de la bodega y el diseño de sus etiquetas como por la experimentación con sus vinos. Tienen un naranjo interesante y un Sauvignon Blanc que es de lo mejor de la zona.

La bodega Famiglia Furfaro tiene una mayor escala de producción y una línea de vinos más extensa, también con excelentes ejemplares, como su Cabernet Franc. Sus visitas guiadas están conducidas por Hugo Furfaro, uno de los hermanos propietarios que vive en Torino, Italia, con grandes dotes de comediante. Vino y humor combinados, ¿acaso hay algo mejor?

viernes, 16 de agosto de 2019

Jujuy: vinos de extrema altura sobre el trópico de Capricornio.

La vitivinicultura joven de Argentina.

Jujuy: vinos de extrema altura sobre el trópico de Capricornio. 
Con apenas 26 hectáreas de viñedos situados por encima de los 2.000 metros sobre el nivel del mar, los jujeños ya hacen vinos de los buenos. Suplemento Verde estuvo en la Quebrada de Humahuaca.

Por: Hugo Carmona Torres para diariodecuyo.com.ar


Nuestra vitivinicultura fue siempre reconocida por su vasto territorio implantado bajo determinados climas, desde los antiguos viñedos coloniales del litoral y Buenos Aires, hasta los del árido noroeste, donde las provincias de Mendoza, San Juan y La Rioja fueron los principales actores de las últimas décadas.

Hoy existen 18 provincias argentinas que registran superficie cultivada con vid: 70% Mendoza, 21,5% San Juan, 3,6% La Rioja, 1,5% Salta (Cafayate), 1,3% Catamarca, 0,8% Neuquén y 0,7% Río Negro. Estas 7 provincias concentran la mayor superficie de vid. El restante 0,6% se distribuye en 11 provincias: Córdoba, La Pampa, Buenos Aires, Tucumán, San Luis, Chubut, Entre Ríos, Jujuy, Misiones, Santiago del Estero y Santa Fe.
Para entender qué pasa en las nuevas zonas vitivinícolas de la Argentina, Suplemento Verde estuvo en la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio de la Humanidad, para poder apreciar la magnitud de esta joven actividad jujeña, que ha desafiado condiciones extremas.
Una viticultura basada sólo por ahora en 26 hectáreas que vegetan sobre el trópico de Capricornio a una extrema altura, donde hoy a 3.329 metros, se cultiva el segundo viñedo más alto del mundo, luego del récord Guinnes de una viña en el Tibet a 3.563 metros.
La Quebrada de Humahuaca incluso ya tiene su Indicación Geográfica aprobada por ley y aparece en las etiquetas de sus vinos, situación que la hace muy atractiva para enoturismo, sobre todo el internacional que ya empieza a tenerla en cuenta, y paga, por ejemplo vivido, 35 dólares por una botella en bodega o restoranes de campo.
Desde Tumbaya (2.000 metros) hasta Viñedo de Moya (3.329 metros) las vides desafían al clima y suelo en condiciones extremas, bajo un sistema de producción que busca lo natural, lo orgánico, siguiendo las raíces de la cultura local donde la Pachamama, la "madre tierra", es vital para los nativos. 
Las uvas, con bajas producciones todavía, son elaboradas en pequeñas bodegas adaptadas al enoturismo, donde se aplican tecnologías modernas de elaboración a escala, entregando vinos de gran color y características muy particulares vinculadas sin duda a una gran amplitud térmica entre día y noche durante la maduración de las bayas.
Actualmente hay dos zonas productoras de uva para vino en Jujuy, una que lleva quince años desde las primeras plantaciones, que es la Quebrada de Humahuaca, y la otra zona de cultivo, llamada valles templados y cuenta con algunos ensayos y productos elaborados.
En ambas regiones los principales varietales que se están produciendo son Malbec, Syrah, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Merlot y la blanca, Sauvignon.

VIÑAS Y VINOS.

La producción se concentra en un 48% en el departamento de Tilcara, y el resto en Humahuaca y El Carmen. 

Precisamente Huacalera es una localidad de Tilcara donde hay un monolito que indica el paso del Trópico de Capricornio. Allí, a 2.625 metros sobre el nivel del mar, está la bodega Viñas del Perchel, emprendimiento de la Familia Vargas desde el 2005.
En la localidad de Maimará, el entusiasta Fernando Dupont fue el pionero en plantar vides allá por el año 2001 a 2.400 metros de altura. Bodegas Dupont produce las marcas Pasacana, Punta Corral, Sikuri y Rosa de Maimará. También ha comenzado a exportarlos.
En la pintoresca Purmamarca está la bodega Amanecer Andino que produce Malbec y Sauvignon Blanc. También en esta localidad hay una destilería que permite hacer grapas y aguardiente en base al subproducto de la uva, el orujo.
Raúl Noceti, a 20 kilómetros de Huacalera, tiene una finca donde cultiva Sauvignon Blanc y Malbec, que en Salta la bodega Tukma produce con la etiqueta 2.670, la altura donde se cosecharon las uvas. 
También está el viñedo "Sol de Mañana" en Yacoraite, sin producir todavía y un viñedo en Huichaira.
En la localidad de Uquía se encuentra el establecimiento "Claudio Zucchino Bodega y Viñedos de Extrema Altura", con una huerta orgánica y viñedo orgánico certificado junto a la hostería Viñas de Uquía, de la firma Ayni, donde recibe turistas y es también propietario de Viñedo de Moya, algo más arriba, el segundo más alto del mundo. Produce 5 mil botellas anuales del vino Uraquí.

AVANCE.

El vino de la Quebrada de Humahuaca se comercializa a distintos puntos del país y principalmente a través de visitas turísticas a las bodegas para conocer el viñedo y la producción.

En tanto, en los valles templados, la producción avanza y se realiza desde hace un par de años, y es parte del sector que se busca impulsar con políticas que favorezcan el acceso a la capacitación para mejorar su calidad y financiamiento.
También se ha formado un Consejo Consultivo Vitivinícola integrado por representantes de cada sector, de productores mediante el presidente de vitivinicultores de la Quebrada de Humahuaca; un miembro de los bodegueros; uno del Ministerio de Cultura y Turismo; y otro de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Jujuy. Actualmente lo preside Ezequiel Bellone.
Otra de las acciones para el desarrollo vitivinícola junto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) fue el trabajo en torno a buenas prácticas de manufactura de alimentos para la vitivinicultura. Se están haciendo trabajos con la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) y bodegas de Mendoza mediante reuniones mensuales con asistencia técnica directa en las seis bodegas de la Quebrada de Humahuaca.
De esta manera, el Ministerio de Producción a través de INTI aporta el financiamiento del programa para la asistencia técnica; una parte lo hacen las bodegas y trabajan en conjunto con una destilería para aprovechamiento del "orujo", un residuo en el proceso de elaboración del vino. Si bien no se puede tener volumen en la producción vitivinícola, con la asistencia de seis meses se busca lograr una mejora en la calidad dadas las características de altura, y a las condiciones climatológicas.
Los viñedos y bodegas jujeñas en general apuntan a la comercialización ofreciendo visitas guiadas y venta de los vinos que producen. 
La inventiva y promoción son fundamentales. Para hoy, 10 de agosto, Claudio Zucchino nos dijo que a los 3.600 metros, en un viejo socavón minero abandonado, hay una cava, donde a lomo de llama se trasladaran 700 botellas de vino, donde 5 cheff prepararán comida andina de fusión y el público podrá degustar los vinos de todas las bodegas jujeñas. Como se ve, las bodegas en Jujuy aportan algo más a la promoción de su turismo.

viernes, 20 de abril de 2018

Los "sanateros" que perjudican al mundo del vino.

Los "sanateros" que perjudican al mundo del vino.

¿No les da la sensación de que hay mucho verso en la industria del vino? ¿Vos lector, qué decís? Un llamado a la simpleza y al disfrute, entre tanta metáfora y palabra difícil.
Hace unos días me tomé un taxi para ir a una nota. Me tocó un tachero parlanchín y conversador, y apenas me senté en el auto, me preguntó a dónde iba y si era periodista -la cámara al hombro y el bloc de notas que todavía uso y llevaba en la mano, evidentemente me delataron-. Le conté que sí, y que iba hasta la casa de otro colega porque desde allí partíamos al Valle de Uco, a recorrer algunas de las bodegas de Tunuyán y probar vinos nuevos.

"¡Qué lindo! ¡Cómo me gustaría ir algún día!", me dice el tipo, pero expresando en su voz deseo de algo poco probable, como si hablara de Disney o un viaje a Europa. "¡Pero vaya hombre! ¿Quiere que le recomiende una bodega? Si hasta hay algunas que a los mendocinos los reciben gratis, les muestran las instalaciones y les dan una copita de degustación 'de onda'... invítela a su mujer y vaya", le dije, casi imperativamente.

"Eso no es para mí... hay que saber de vinos para entenderlo, para disfrutarlo... me da cosa", me respondió.

Un bajón. Que ese mendocino laburante me haya respondido eso fue un bajón total. Me dio bronca. Bronca que el tipo, que se rompe el lomo y tiene la cola chata de andar todo el día laburando arriba del taxi sienta que no merece disfrutar un vino y un paseo con su mujer "porque no sabe del tema".

Me retrotraje a junio de 2015: estaba en Pomerol, Francia. Un pueblito de 900 habitantes muy cerca de Burdeos, con Marcelo Pelleriti y Mauricio Llaver, en el marco de la Vinexpo que se hacía en esa fecha. Fuimos un día a comprar quesos y verduras para acompañar un asado, y a Pelleriti se le ocurre preguntarle a una nena de unos 9 años qué quesos le convenía comprar. Para nuestro estupor, la niñita le preguntó: "¿Qué vinos tenés?", y charló con Marce unos 15 minutos sobre opciones y recomendaciones de qué comprar y qué servir. La panadera se prendió en la charla. El verdulero metió la cuchara también. Mauricio y yo, mirábamos incrédulos -bueno, yo porque francés no hablo... solo inglés. Llaver porque no podía creer el speach de la pequeña-.

La clave fue descubrir que los franceses, en esa zona, viven el vino como una cuestión cotidiana. Familiar. Cercana. Los enólogos y bodegueros discuten, teorizan y se preocupan por la industria -que está muy bien que sea así-, pero la gente común, la población disfruta de una copa de vino sin tantas complicaciones.

Ese es el paso que tenemos que dar en Mendoza. Y es el paso que, por suerte, muchos periodistas especializados, muchos enólogos militan: el del disfrute. El de "desacralizar" el mundo del vino.

Que la mineralidad, que el terciopelo, que la astringencia, que el aroma a casis, a grosella... ¡Por favor! Me causa gracia. ¿Cuántos han comido tanto casis o tanta grosella en Mendoza? ¿Por qué será que los que saben de vino son cada vez más simples y se centran en el disfrute, mientras que los que aparentan saber presumen y se complican? ¡Qué cosa con la semántica supersofisticada en el mundo del vino!

Realmente entiendo tanto a la gente que se asusta y que se siente desalentada por culpa de algún "iluminado" que parlotea o escribe tan pomposamente...

Claro que respeto a los profesionales y estudiosos, que valoro los descriptores aromáticos y que son muy interesantes... pero desde mi experiencia -valga la anécdota de más arriba como ejemplo- tengo una reflexión muy personal y despojada: he tenido la suerte de vivir el vino. Sentirlo, experimentarlo, emocionarme con sus hacedores, hacerme amigo de ellos, verlos laburar y compartir momentos imborrables. Eso es un privilegio hermoso, y estar con estos magos me ha servido fundamentalmente para aprender que al vino hay que saborearlo y disfrutarlo sin complicaciones. Tengo la certeza de que ningún gurú, con todas las frases elegantes y la formación del mundo, puede explicar lo que vos sentís en el sabor de ese sorbo, en el perfume que emana de la copa, porque ese placer eso solo tuyo.

Como dice Alejandro Vigil: la opinión sobre un vino se divide entre "me gusta" y "no me gusta".

A propósito de esto...

Escribí esta columna llegando del festival "Burbujas y sabores" hace unos días, apenas terminada la Vendimia. Una feria de espumantes que muestra la potencialidad de Guaymallén en cuanto a los vinos espumosos. Se trata de un departamento que muchos no reconocen todavía como parte del mundo vitivinícola. Es que Guaymallén es el primer productor de Mendoza en cuanto a estos vinos, con más de diez millones de botellas al año, pero sin embargo muchos todavía lo dejan afuera de "la ruta del vino". En el evento, quince bodegas guaymallinas servían sus sparkling wines, mientras que otras, de otros departamentos, se sumaron también. Y vi mucha gente contenta: mucha gente que por primera vez iba a una feria y se fascinaba, se enamoraba de este mundo; que ya no es, no debe ser de una élite. ¿Un buen dato? Guaymallén tenía una sola bodega abierta al turismo, y después de esta feria, ya son ocho las que abren sus puertas.

Mi amigo, el Flaco Gabrielli me decía el otro día que mientras el micromundo del vino -los periodistas, los enólogos, los bodegueros, los socialités- discutimos sobre pavadas, quedan millones de personas afuera que todavía no se animan a abrir una botella. Y tiene razón.

Por supuesto que está bien aprender, ser técnico, preciso, investigar y estudiar este mundo maravilloso. Pero mi consejo es cortito: dejemos la sanata, y gocemos con un vinazo sin tanta vuelta.

Como dice Alejandro Vigil: la opinión sobre un vino se divide entre "me gusta" y "no me gusta". A propósito de esto... Escribí esta columna llegando del festival "Burbujas y sabores" hace unos días, apenas terminada la Vendimia. Una feria de espumantes que muestra la potencialidad de Guaymallén en cuanto a los vinos espumosos. Se trata de un departamento que muchos no reconocen todavía como parte del mundo vitivinícola. Es que Guaymallén es el primer productor de Mendoza en cuanto a estos vinos, con más de diez millones de botellas al año, pero sin embargo muchos todavía lo dejan afuera de "la ruta del vino". En el evento, quince bodegas guaymallinas servían sus sparkling wines, mientras que otras, de otros departamentos, se sumaron también. Y vi mucha gente contenta: mucha gente que por primera vez iba a una feria y se fascinaba, se enamoraba de este mundo; que ya no es, no debe ser de una élite. ¿Un buen dato? Guaymallén tenía una sola bodega abierta al turismo, y después de esta feria, ya son ocho las que abren sus puertas. Mi amigo, el Flaco Gabrielli me decía el otro día que mientras el micromundo del vino -los periodistas, los enólogos, los bodegueros, los socialités- discutimos sobre pavadas, quedan millones de personas afuera que todavía no se animan a abrir una botella. Y tiene razón. Por supuesto que está bien aprender, ser técnico, preciso, investigar y estudiar este mundo maravilloso. Pero mi consejo es cortito: dejemos la sanata, y gocemos con un vinazo sin tanta vuelta.
https://www.mdzol.com/opinion/790186-los-sanateros-que-perjudican-al-mundo-del-vino
Foto Web.