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miércoles, 27 de marzo de 2024

La historia del pingüinito, un complemento de la mesa argentina que marcó toda una época.

 

La historia del pingüinito, un complemento de la mesa argentina que marcó toda una época.

Los más memoriosos sabrán perfectamente de qué hablo cuando nombro al “pingüinito”. Su origen es ampliamente discutido, pero se cree que vino de la mano de los inmigrantes italianos en la década del 30, para cubrir una necesidad en el servicio del vino.

Por Francisco González Antivilo.

La columna de esta semana tiene como fin trasladarnos por un ratito a esa parte de nuestra historia que casi se extingue y que hoy ha sido puesta en valor nuevamente.

Por aquellos años todavía no existía la ley de envasado en origen (sancionada en 1984 durante la presidencia de Alfonsín y derogada en 1991 bajo la presidencia de Menem) que estableció que el vino debía ser fraccionado en la zona de producción. Las bodegas trasladaban el vino a granel hasta las grandes zonas de consumo como Rosario, Buenos Aires y Córdoba para comercializarlo en envases de 200 litros, 20 litros o 5 litros a cantinas, pulperías o vendedores de vino.

En este contexto, algunas bodegas contaban con planta fraccionadora en el destino (dato de color: una de estas plantas se encontraba en lo que hoy en día es el Polo Científico Tecnológico en la calle Godoy Cruz de Palermo, CABA). Otras veces, el fraccionado quedaba a cargo del propio comercializador, por lo que no se podía garantizar la calidad de la bebida, que casi inevitablemente se veía alterada. En esta parte de la historia la calidad y la conservación del vino no era un tema que desvelase a la sociedad.

Una vez en destino, cantineros y pulperos necesitaban fraccionar el vino para llevarlo a la mesa del cliente y es allí donde toma importancia este simpático animal. Previo al pingüino se utilizaban unas jarras con una manija de mimbre, pero en algún punto (incierto) este animalito hecho jarra de vino se popularizó y comenzó a utilizarse masivamente tanto en los negocios, pero también en la mesa familiar, donde tuvo un pico de uso entre los años 50 y 70 del siglo pasado.

Algunos dicen que se utilizó este animal por la forma parecida a la de una botella o jarra y porque causaba simpatía que el vino sea vertido a través del pico, pero lo cierto es que también se intentó imponer patos, elefantes y hasta cupidos, pero no tuvieron la misma repercusión, por lo que cayeron en el definitivo olvido.

El pingüino original era de litro, pero hoy en día se pueden conseguir de un cuarto, medio, tres cuartos y volumen original.

Luego de sancionada la citada ley de envasado en origen la industria se tuvo que volcar a la botella de 750 ml, a la etiqueta y al packaging. Allí se empieza a moldear de a poco la presentación de hoy en día de los vinos.

Pero a partir del nuevo siglo surge un nuevo cambio, ya que la cultura de lo visual, el aumento de las bodegas y elaboradores tornaron imperiosa la necesidad de diferenciación, por lo que se recurrió a cada vez una mejor estética (tanto es así que muchas veces la estética es más cara que el propio vino). En paralelo, a partir de la reconversión vitícola, se comenzaron a elaborar vinos de más alta calidad que casi obligadamente necesitaron apoyarse en dar una mejor presentación del producto para ponerlo en valor.

Pero como con toda tendencia, al tiempo apareció la contra-tendencia que salva al pingüino del olvido y lo trae de nuevo a la mesa familiar, también a los bares y pulperías que han tomado un nuevo auge. Hoy, el vino que llega a este tipo de jarra suele ser mucho mejor del que llegaba hace medio siglo, por lo que es común que se rellene con vino de bag-in-box, o por qué no, de damajuana también, pero de una calidad aceptable. El famoso vino de la casa.

La vuelta del pingüino a la cantina.

Además del servicio de vino esta jarra es muy útil para el servicio de sangrías en tiempos de estío, o por qué no, un vermut bien frapé. Pero tenga contado cuantas veces rellena el pingüino porque puede ser traicionero, ya que es recargable y se pierde la noción de la cantidad.

¿Como cierro este viaje por la historia? Aunque parezca un mensaje ecologista, lo digo con un profundo aprecio de la industria vitivinícola de la cual soy parte, salvemos a los pingüinos.

Si bien solo se puede ver como un envase vintage, representa más que eso. Es parte de nuestro legado cultural como país vitivinícola. Es testimonio de parte de nuestra historia, cuando el consumo de vino era más común que ahora, formaba parte de la mesa familiar y del encuentro de los amigos en las cantinas y pulperías.

Perfil.

Francisco González Antivilo forma parte del mundo del vino desde hace 18 años. Escribe y comparte. Se ha formado y trabajado en distintas áreas que aportan a la industria vitivinícola, como la comercialización, la producción y la docencia. Tiempo después de recibirse de ingeniero agrónomo comenzó su formación para recibirse de Doctor en Ciencias Biológicas, trabajando como científico por varios años. Hoy, trabaja en su empresa de I+D para el sector agrícola como gerente. www.frangonzalezantivilo.com / @frangonzalezantivilo

26 de marzo de 2024.

Publicado en Guarda 14 del Diario LOS ANDES de Mendoza.

https://guarda14.losandes.com.ar/aprendiendo/la-historia-del-pinguinito-un-complemento-de-la-mesa-argentina-que-marco-toda-una-epoca/


sábado, 8 de mayo de 2021

El viñedo de Arteaga se implantó en 2019 y esperan la primera cosecha para 2022.

 

Vinos con terruño y memoria santafesina.

En las localidades de Villa Trinidad, Garibaldi, Arteaga y Carreras  

hay viñedos donde se producen distintas variedades.  

La tradición familiar, un eje común.

Cada vino tiene su historia. Y en ese sabor, cuerpo y color se encuentran la tierra, el viento, el suelo, la lluvia, el clima, la historia de donde nació y creció. La región de Cuyo, la Patagonia y el Norte argentino, son cuna de viñedos reconocidos internacionalmente. Sin embargo, se están viendo nuevos emprendimientos en provincias que escapan a estas regiones. En Santa Fe, desde las localidades de Villa Trinidad, Garibaldi, Arteaga y Carreras, hay cuatro experiencias con muchísimos ingredientes en común.

En estas historias estarán presentes Doña Elva, Miguel, Ñato, Pilar y Francisco, padres, abuelos y tatarabuelos. Los recuerdos de aquella parra en verano, de aquel viñedo “que mi abuelo, junto a los vecinos, en época de vendimia, cosechaban”. Están presentes el terruño y la memoria como elementos fundamentales en la constitución del vino. “Lo más importante del vino viene del campo”, coinciden los testimonios.

“Hay mucha cultura italiana en lo que es la vitivinicultura”, cuenta Matías Prieto, un reconocido enólogo que acompaña varias experiencias de viñedos en el país, entre ellas la de Arteaga.

Los inmigrantes europeos que llegaron a finales del siglo XIX y principios del XX traían sus sarmientos en los barcos con el propósito de seguir la tradición de la tierra que dejaban atrás. El sarmiento es el brote que nace cada año. Es la rama de donde salen las hojas, los zarcillos y los racimos. Sobre los sarmientos se realiza la poda de la vid en invierno. Toda esa información también venía en esos barcos.

El vino es agricultura.

Otra de las llaves de esta historia la sintetiza el ingeniero agrónomo Gustavo Recupero: “Haremos el vino con sabor a Carreras. Nunca busques un malbec de Mendoza, no lo vas a encontrar en Carreras que tiene su tierra, su viento, sus precipitaciones y hasta sus bichofeos”.

Según cuenta Fernando Garello, periodista especializado en vitivinicultura, hoy el enólogo “está más en el viñedo que en la bodega. Es que “el vino debe reflejar el terroir de donde viene”. Y profundiza: “El vino es agricultura. El vino tiene un proceso industrial, pero lo más importante viene del campo. Eso es lo que se está recuperando, la fuente del vino es la agricultura y la tradición cultural de la vid. Si vos hablás hoy de un vino de calidad estás hablando de un vino que te dice de dónde viene. El vino nace en el viñedo, el vino de calidad depende de cómo se cultiva, en la bodega se interviene lo mínimo posible, ese es el paradigma del vino a nivel mundial en estos momentos. Hoy, el famoso terroir -terruño- es un concepto que incluye la genética de la vid, el clima, el suelo y la tradición cultural de los agricultores”.

Sin lugar a dudas, Mendoza (75%) y San Juan (19%) siguen siendo las principales provincias productoras de vid. Pero las ramificaciones de los viñedos se distribuyen en gran parte del territorio nacional: “Nos contactan desde Santa Cruz hasta La Quiaca para cumplir el sueño de tener un viñedo propio”, cuenta a Agroclave Fernando López, propietario de un vivero de Mendoza y que participó en la experiencia de Garibaldi.

Todos recuerdan que, por los años 30, el entonces presidente Agustín Justo, firmó un decreto que prohibió producir vino fuera de la zona de Cuyo. “Fue promovida por capitales y empresas de Mendoza”, analiza Fernando Garello. Varias fueron las provincias afectadas. Una de las principales, Entre Ríos (paradójicamente la provincia natal de Justo), donde en 1910 se producían 4.900 hectáreas de vid. Recién en 1998 se derogó el decreto. “Aquella fue una decisión muy controvertida, pero hoy Mendoza es una de las capitales mundiales del vino gracias a esa resolución”, completó.

Prieto enumeró: “En La Rioja, en Jujuy, en Salta, en Chos Malal, Puerto Madryn, en Mar del Plata hay experiencias muy interesantes”. Y Garello analizó: “El paladar argentino está moldeado por el perfil del vino de Cuyo. Cuando tomás un vino cordobés, de Colonia Caroya, lo sentís más vigoroso porque tienen una carga orgánica más grande”.

“Se puede hacer vino en todos lados, pero hacer vino de calidad te lleva generaciones de vitivinicultores, bodegueros y grandes inversiones”, enfatizó.

Vamos con las historias que enfrentaron enemigos en común. Desde las pulverizaciones en campos vecinos hasta las hormigas. Desde el “bichofeo” hasta la cotorra. Ambas aves encuentran en la uva un manjar exquisito. En el norte (Villa Trinidad), en el centro (Garibaldi) y en el sur (Carreras y Arteaga) de Santa Fe.

Villa Trinidad: el tannat no falla.

“Empezamos con mi hermano hace 8 años. Él es ingeniero mecánico y yo ingeniero agrónomo”, cuenta Guido Olivero, de Villa Trinidad, localidad de 3.000 habitantes, ubicada cerca de la triple frontera que une a Santa Fe, Córdoba y Santiago del Estero. Trabaja en el campo con su padre y su tío, donde destinan una hectárea al viñedo.

Cuando llegaron las plantas, armaron las espalderas y arrancaron con la plantación. “Yo me encargué de la parte de manejo de las plantas. Mi hermano hizo un curso de enólogo y se dedicó a la elaboración”.

En este momento tienen 340 plantas de variedad tannat y 60 de cabernet sauvignon. “Con el cabernet, las plantas tienen un desarrollo espectacular, pero no estamos teniendo una buena producción de fruta”, dice Guido, que confiesa que probarán con otro método de poda. “Lo que no falla es la variedad tannat, la calidad de la fruta, muy buen rendimiento”, afirma.

Los hermanos no utilizan agroquímicos, sino que elaboran caseramente un caldo, polisulfuro de calcio, como preventivo y utilizan desechos de la cría de conejos y gallinas para fertilizar. “En cuanto a la elaboración, fue todo prueba y error”, cuenta y amplía: “Los primeros tres años de elaboración fracasaron. El vino estaba apto, pero no era el gusto esperado. Me comuniqué con Inta Mendoza, y me fueron guiando: estábamos errándole a la temperatura de la fermentación. Empezamos a controlarla y cambió la historia”.

En cuanto la forma de elaborar, Guido detalló: “Antes, cosechábamos las 400 plantas, las desgranábamos una por una. Lo único que teníamos era la máquina para estrujar la uva, luego la poníamos a fermentar. Una vez que el vino nos salió bien compramos una despalilladora. Ahora cosechamos a mano e introducimos todo en la máquina”.

El vino se denomina Sombra de Luna, y por el momento “lo probamos entre amigos y conocidos”. La finca donde lo hacen se llama Pifran: “los nombre de los abuelos de mis abuelos, Pilar y Francisco”.

Tienen proyectado agregar más plantas y probar otras variedades como el pinot.

Garibaldi: alerta cotorras.

“Como era algo medio raro, todos querían estar”, cuenta Rodolfo Cornalis, al recordar el día en que plantaron 1.200 vides en la hectárea ubicada en Garibaldi, una localidad de 400 habitantes muy cercana a su María Juana. Allí, junto a su coequiper y amigo Osvaldo Ferratto, dueño del predio, más amigos, familiares y la ayuda de la comuna local que les facilitó herramientas, comenzaron con los pozos: “Pensé que era más sencillo, que la planta era más pequeña. Lo hicimos entre varios que se sumaron sin tener que llamarlos”, recuerda.

Fue en septiembre de 2020. Rodolfo es jubilado, trabajó en la Escuela Agrotécnica de María Juana durante 30 años. Un tiempo atrás, junto a los alumnos, trabajaron el tema de la vitivinicultura en Entre Ríos. Se interesó en la historia y se puso en contacto con un vivero de Mendoza. “Estaba muy preocupado en relación a la conducción de la vid y el alambrado”. Le aconsejaron la conducción libre, sin una estructura permanente. Luego, el tema de la variedad. Un colega de San Juan les aconsejó malbec y cabernet. En conclusión: 400 plantas de malbec, 400 cabernet, 200 syrah, 100 de chardonnay (para tener alguna blanca) y otras 100 de mesa (crimson roja sin semilla). La uva de mesa es aquella variedad de uva que se consume mientras está fresca.

“La uva cabernet es muy vigorosa, creció mucho más que las otras. Pero es pronto para sacar conclusiones. Todas se comportaron muy bien”, afirma.

El objetivo es llegar a producir teniendo como parámetro una planta. “Tenemos que hacer un seguimiento planta por planta para dejar los mejores racimos para obtener uva de muy buena calidad que asegure un vino de iguales características. Esa es la diferencia que podemos hacer con las grandes bodegas. Podemos hacerle a cada planta un seguimiento especial. Que se vuelva a hacer vino, como hacían nuestros abuelos, es algo muy lindo. El vino vuelve así a las fuentes”.

“Si para el año que viene nos dejan algo las cotorras, podremos cosechar”, contó Cornalis. Las plantas más vigorosas dieron algunos racimos, pero cuando comenzaron a madurar, llegaron las aves.

El proyecto a futuro es “poder hacer el vino para nosotros y los amigos. Hay muchas bodegas interesadas en la producción orgánica pero estamos alejados y no tenemos volumen”, analiza.

Arteaga: un vino, una historia.

En octubre de 2019, Luciano Palasesi, junto a su cuñado Gonzalo Vidoret, deciden avanzar en un viñedo teniendo como estandarte la tradición familiar. En esta historia se cruza el joven y reconocido enólogo Matías Prieto, impulsor de varios proyectos en distintas geografías. Matías, Luciano y Gonzalo cosecharon una gran amistad. El primero, comenzó a insistirles en avanzar. “Creo que todos estos proyectos surgen como una aventura. Luciano me invitó a conocer ‘la Elva’, y ahí surgió la idea de plantar un viñedo”, recuerda Prieto. En la plantación colaboró todo el pueblo: los bomberos, la comuna, el médico.

Las plantas fueron compradas en Mendoza a través del “trueque”. Varios salames de “Doña Elva”, la fábrica de chacinados familiar, partieron hacia paladares cuyanos. “Esto es lo que le da algo especial también”, define Prieto. “Acá se unen la pasión con la amistad y la familia que está toda unida detrás de este proyecto”, agrega Palasesi.

Llegaron 3.167 plantas. El mismo número de habitantes de la localidad. Nada es casual. Tiene un sistema gobelet para la conducción. “Es una apuesta nueva”, cuenta Matías. El viñedo tiene una hectárea. Media de cabernet y media de malbec. El objetivo es llegar a los 3000 litros, unas doce barricas.

Miguel, el abuelo, vivió hasta la pandemia: “Nos apuraba con el vino. Pero no llegó. Al menos pudo ver el viñedo plantado en su campo. Es el lugar donde nacieron y lo vamos a defender con todos estos proyectos”, enfatiza su nieto. El nombre del vino vendrá por ese lado. “Miguel era un gringo porfiado. Algún sobrenombre, algún término que él siempre usaba. Irá por ahí”. El sabor de esta historia, seguro estará presente.

Cuenta Luciano: “Antes de la pandemia estábamos bien encaminados con un esquema gastronómico. Si los protocolos lo permiten, la idea es reabrir a finales de mayo en forma de restaurante”. Con la vista hacia el viñedo y la fábrica. Y más adelante a la bodega y las barricas.

Se plantó en 2019 y en 2022 esperan la primera cosecha. “La idea es comenzar a vinificar y evaluar lo que vamos logrando”, explica Prieto. La deriva de alguna fumigación también jugó una mala pasada en Arteaga: “La planta no murió, pero tuvo bastantes dificultades en el crecimiento”.

Hoy, gracias a las precipitaciones, se encuentra bien. Es un tema a tener en cuenta para nuestra primera vendimia del año que viene”, se entusiasma Luciano.

El vino de Carreras.

“Vamos a hacer el Vino de Carreras”, les insistió una y otra vez Ariel Angelini, un enólogo de la localidad que hace muchos años vive en Mendoza. Los hermanos Gustavo y José Recupero - ingenieros agrónomos también-, no tardaron en dejarse convencer por su amigo. Comenzaron con la experiencia en 2016. “Jamás se nos ocurrió hacer un viñedo. Terminó siendo una pasión con la que vivís todos los días”, cuenta a Agroclave Gustavo. Carreras se encuentra en el sur santafesino, a 15 km de Melincué. Tiene unos 2000 habitantes.

“Empezamos con unas 400 plantas”, recuerda. Plantaron días antes de Navidad cuando lo aconsejable es septiembre. Como en todas las otras experiencias, y sin tener que insistir, las manos de varios amigos limpiaron el predio, hicieron los pozos y enterraron las plantas una por una. Regaron y al otro día “cayeron 150 mm. Se inundó todo. Era el fin. Pero no, fueron brotando todas las plantas”, respiró el emprendedor.

Las variedades son bien diferentes: chardonnay, ancellotta, bouquet (uva tinta para mezclar y darle color) y cabernet sauvignon.

Dicen que la estructura de las moléculas de agua -elemento básico para la vida- tiene la forma de una pirámide de 51º 51´y 14”. Dicen que es el mismo ángulo de las caras de la Gran Pirámide de Giza con respecto a la base. Sí: la plantación la concretaron pensando en este concepto: energía y biodinámica. El ángulo de la base mira al norte magnético. “Contarlo resulta fácil, pero estuvimos 3 días armándolo”, cuenta Gustavo.

“Tuvimos problemas con las cotorras, pero más con los benteveos. Nunca imaginamos que en Carreras había tantos bichofeos. Hicieron un desastre”, lamenta. Al otro año, ampliaron con 400 plantas más de cabernet franc y chardonnay. “Esta es la variedad que funciona muy bien”, cuenta. Dos veces tuvieron problemas con fumigaciones (pulverizaciones). La primera en 2017, por un vecino que fumigó con 2,4D a 80 metros. “Nos hizo un desastre. Tuvimos que empezar de nuevo. Provocó epistasis e hipertrofia. La planta comenzó a crecer desmesuradamente. Optamos por lavarlas. Era una selva. Tuvimos que hacer poda de formación otra vez. Se murieron unas cien. El año pasado otra vez: a 500 metros, un inconsciente fumiga con un viento a 30 km/h. Al décimo día, todos los zarcillos (una parte de la vid) estaban doblados. Pensamos en 200 litros de chardonnay, hicimos 100”.

El establecimiento se denomina “El Ñato”, como le decían al padre de José y Gustavo. “Soñaba con un quincho para jugar con los nietos en su vejez. Pero no lo pudo usar. Allí es donde está el viñedo. Allí está la pequeña bodeguita, todo rodeado de coníferas como proyectaba papá”, cuentan sus hijos.

“Tenemos la bodeguita con todos los elementos. La fermentación alcohólica la hacemos en tambores plásticos. La fermentación maloláctica se hace en damajuanas viejas de vino que nos dieron vecinos del pueblo. Ahí hacemos la segunda fermentación. Luego la embotellamos. Tenemos la prensa, el medidor de PH, de grados brix, el densímetro”, explican.

“Cuando es época de cosecha, vamos todos. Sacamos de diferentes racimos y medimos los grados brix. Tuvimos que sacar con 21 pero ya empezaba a perder calidad, seguramente por la fumigación. Será el vino con gusto de Carreras. Con su tierra, su viento, su aire, su historia y sus bichofeos. Nunca busques el malbec de Mendoza en Carreras”, concluye.

Desafíos.

Repasando las experiencias santafesinas, puede trazarse una línea de coincidencias. Todas utilizaron riego por goteo para asegurar una buena brotación, no más. Por estos lados, a diferencia de Mendoza, las precipitaciones por sí solas cumplen con las necesidades de agua.

Por otro lado, los sistemas para conducir a las plantas son dos. Uno es de espaldera (el más utilizado en Mendoza), esto es una estructura formada por alambres y postes sobre los que crecerán las ramas de la vid. Otro es el gobelet o libre, sin una estructura permanente de conducción, que viene bien en esta zona. Lo que se busca es mejorar el sistema de aireación. Al estar lejos del suelo, tiene menos contaminación de hongos e insectos.

La paciencia es otro pilar en común. Para que una planta sea productiva, con un volumen importante, hay que esperar. “Los mejores vitivinicultores de Mendoza, a los 18 meses, tienen un nivel de producción muy alto. Por lo general, después del segundo verde, todas las plantas dan algún racimo de uva”, explica López. “Al tercer año se junta un volumen importante. Y a partir de allí, comienza a aumentar la producción. Al sexto o séptimo alcanza el máximo y se mantiene durante bastante tiempo”, explica Rodolfo Cornalis desde Garibaldi.

Las cuatro experiencias, se sustentan bajo prácticas agroecológicas para el control de plagas. En Villa Trinidad, Guido Olivero fabrica “un caldo para combatirlas” que contiene azufre y cal. En cuanto a las variedades, está todo por descubrirse y cada experiencia es diferente. “Cada finca es un mundo, cada planta es un individuo diferente”, asegura López.

La época de plantación es en septiembre y la cosecha entre febrero y marzo, depende las condiciones de cada año y el varietal. Es que la fecha exacta de cosecha depende del contenido de azúcar de la uva. Así lo cuenta Guido Olivero, de Villa Trinidad: “El día que la uva está para hacer el vino la tenés que hacer, no podés esperar. El contenido de azúcar en la uva se mide en grados Brix. Yo estoy cosechando con 23 grados Brix. A mayor cantidad de grados, mejor será la calidad. Más azúcar, más alcohol. Por ejemplo, un vino de alta guarda es un vino que vale mucho porque hay que esperar que la uva llegue a niveles altos de azúcar. Esa espera significa mayor pérdida de uva”.

Publicado en Diario "La Capital" de Rosario.

Imagen de la misma publicación.

https://www.lacapital.com.ar/economia/vinos-terruno-y-memoria-santafesina-n2659378.html

miércoles, 22 de julio de 2020

Weinert, una bodega clásica que trasciende las épocas.

Weinert, una bodega clásica que trasciende las épocas.

Fundada en 1975, Bodega y Cavas de Weinert es un ícono de elegancia y estilo en la industria de vino de Argentina.
La bodega posee un edificio histórico de estilo neoclásico con influencias manieristas, construído en 1890. Sus viñedos se ubican en la Primera Zona, especialmente en Luján de Cuyo y sus variadas subregiones: Chacras de Coria, Mayor Drummond, Perdriel, Agrelo, Ugarteche, Carrizal y Las Compuertas. También en Maipú, en Lunlunta y Russel. 

Apasionados por el vino.

Manteniendo un estilo clásico de vinificación y añejamiento en fourdres de roble francés y esloveno, Weinert sigue la escuela tradicional de Bordeaux, que fuera introducida por el maestro enólogo Don Raúl de la Mota en Mendoza.
Actualmente su enólogo es el suizo Hubert Weber, quien llegó a Mendoza allá por enero de 1996, luego de probar en su país uno de los vinos más icónicos de la bodega: Cavas de Weinert cosecha 1985. Fascinado por este vino, Hubert solicitó una pasantía, ya que venía especializándose como joven enólogo en la elaboración de vinos en foudres de más de 1800 l. Luego de un año de práctica, y ya enamorado de nuestra provincia, tomó las riendas de la enología en Weinert a partir de la cosecha 1997. Y como él mismo dice: “Sigo practicando desde 1996”.

La especialidad: vinos de guarda.

Bodega y Cavas de Weinert produce tintos de varietales Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Franc que, luego de una vinificación siguiendo técnicas de la escuela tradicional francesa e italiana, son añejados durante largos años en foudres de roble francés y esloveno que tienen entre 2.200 y 6.000 litros de capacidad y están ubicados en sus cavas subterráneas, construídas en 1890.
Ese microclima tan especial, casi mágico, con una temperatura muy constante entre los 12-15C y 80% de humedad durante todo el año, permite una crianza prolongada donde los vinos descansan y desarrollan su estructura y complejidad aromática, sin perder la exuberancia del carácter frutal de Primera Zona. Por ello, desde la bodega sostienen que una de las principales inversiones en Weinert es el tiempo.

Hospitalidad.

La bodega ya está planificando volver a las actividades de turismo a partir de octubre, cuando los visitantes podrán disfrutar nuevamente de sus jardines y su arboleda centenaria compuesta por ejemplares de aguaribay, robles y álamos que rodean la casa patronal de 1890, donde se encuentran el Wineshop y las salas de degustación.

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-Weinert: vinos de la línea Carrascal, con las variedades Malbec 2017, Chardonnay 2020 y Corte Clásico 2017 (40% Malbec, 35% Cabernet Sauvignon y 25% Merlot). Los tintos añejan 24 meses en los foudres de roble francés, conjugando la expresión y concentración de frutos rojos bien maduros con notas de frutos secos, té en hebras y tierra mojada. Son ideales para carnes y vegetales en la parrilla y pastas con salsas encorpadas.
El Chardonnay es fermentado en duelas de acacia, con un estilo europeo de mucho frescor y cuerpo, con notas a frutos cítricos y flores blancas, ideal para comidas asiáticas como sushi y woks o para acompañar mollejas bien crocantes al limón.
-Pedro del Castillo: nombrados en honor al fundador de la ciudad de Mendoza, son vinos con tapa a rosca originalmente destinados solo al mercado de exportación (Noruega y Finlandia). El Red Blend es un corte de 70% Bonarda y 30% Malbec sin paso por madera, manteniendo la fruta fresca y madura típica de Mendoza.
El White Blend es un corte con base de Chardonnay co-fermentado con Moscatel Blanco y Pedro Giménez, con notas de cítricos y frutos tropicales como maracuyá y ananá. Ambos son ideales para comidas cotidianas como pizza, locro, milanesas y lomitos, o para acompañar una tabla de quesos y fiambres.
Publicado en Guarda 14 del Diario "Los Andes" de Mendoza, lunes 20 de julio del 2020.
Las imágenes son de la misma publicación.

viernes, 17 de abril de 2020

Pouget, el exiliado francés que además del malbec introdujo cambios en la agricultura y la apicultura local. Michel Aimé Pouget o Miguel Amado Pouget. Nació en Francia en 1821. Ingeniero Agrónomo emigrado primero a Chile y luego a Mendoza Argentina.

Pouget, el exiliado francés que además del malbec introdujo cambios en la agricultura y la apicultura local.

Michel Aimé Pouget o Miguel Amado Pouget. Nació en Francia en 1821. Ingeniero Agrónomo emigrado primero a Chile y luego a Mendoza Argentina.
En el año 1852, Sarmiento se instala en Mendoza, y propone al Gobernador Pedro Pascual Segura la contratación del agrónomo francés Michel Aimé Pouget. El mismo acepta la propuesta, y se radica en Mendoza, en 1853 plantando allí con Justo Castro numerosas variedades de uva originarias de su país natal: entre ellas estaba el Malbec, cepa que gustó mucho a los antiguos viñateros por su alto rendimiento, su sanidad, y el buen color de sus vinos y las cepas Cabernet, Merlot, Semillon, Sauvignon, Chardonnay, Riesling y otros.
De la obra de Juan Dragui Lucero, se puede extractar los siguientes párrafos:
Pouget había estado al frente de la Quinta Nacional y, en Villuco, en el fundo del potentado Chileno D. José Patricio Larraín Gandarillas, quien introducía en su patria todas las novedades européas y estadounidenses en materia agrícola. Su fundo llamado Peñaflor fue un verdadero muestrario aplicado al trabajo de la tierra. Ya en 1844 tuvo la gloria de hacer llegar de Milán (Italia), veinticinco colmenas de las cuales solo dos llegaron con abejas. Este escasísimo plantel fue la base de la apicultura Chilena y posteriormente de la Mendocina. Gandarillas contrató para restablecer su castigado apiario, los servicios del experto colmenero D. Carlos Bianchi y puso al frente de sus cultivos al sabio agricultor Miguel Amado Pouget.
Pouget obro milagros en los fundos de Larraín Gandarillas, de Santiago de Chile y de Villuco. Hizo extensas plantaciones de acuerdo a los últimos adelantos de la ciencia francesa, e introdujo numerosas variedades en horticultura, jardinería y arboricultura.
Pouget en 1853 llega para fundar y hacerse cargo de la Quinta Normal de Agricultura de Mendoza, (esta estaba ubicada, por el Este, desde donde corre la calle Belgrano y por el Oeste, hasta el Canal Jarillal de calle Boulogne Sur Mer. Y de Sur a Norte aproximadamente desde la calle Emilio Civit hasta Juan B. Justo). en ciudad de Mendoza, Argentina; pero la falta de medios en el gobierno, la política tempestuosa de aquella época, hizo que el sabio francés se apartara de su puesto oficial y se dedicara a adelantar los cultivos de su finca particular. Enseño el arte de injertar, introdujo en Mendoza por primera vez, el cepaje francés que haría a la riqueza de la provincia.
Miguel Amado Pouget es el introductor de la abeja de la miel, (Apis mellifera ligustica), en Mendoza, en el año 1855 desde Chile donde propagó con entusiastamente la apicultura por el sistema movilista, de división horizontal. La abeja introducida por Pouget se propago rápidamente en Mendoza, donde existían grandes alfalfares para el engorde de la hacienda vacuna que pasaba a Chile. Estas abejas se propagaron en San Juan, San Luis, posiblemente La Rioja y, demás provincias del norte argentino.
La vida de Michel Aimé Pouget fue recopilada en una monografía por Juan Dragui Lucero en 1936 titulada Vida y obra de Mr. Michel Aimé Pouget, benefactor de Mendoza.
El sabio arboricultor francés, con grandes méritos y premios en su país y egresado de eminentes colegios, tuvo que exiliarse por ser republicano. Trajo cantidad de semillas y estacas de plantas de muchísima utilidad, además de las que le llegaban de Francia. Él formó a los primeros jóvenes mendocinos que conocieron y difundieron las modernas técnicas de la agricultura. También allí maduró la primera uva francesa.
Pouget plantó infinidad de especies arbóreas y arbustos desconocidos, enseñó a podar y se destacó por su arte para injertar. Llegó a injertar acacias con enredaderas como las glicinas, que daban llamativas flores liláceas, lo cual causó el asombro de los vecinos de la calle San Nicolás (actual calle San Martín).
Los continuos cambios que provocaban los enfrentamientos civiles no permitieron cumplir con lo que el gobierno había pactado para el desenvolvimiento de la Quinta Normal, por lo que no rindió los frutos esperados. No obstante, él no se desanimó y en su quinta particular (sobre calle Belgrano) continuó trabajando sin cesar y disfrutando de uno de sus placeres: enseñar.
Según Draghi Lucero: Fue el primero en introducir numerosas especies de árboles frutales y forestales. Enriqueció notablemente la horticultura y jardinería mendocina, enseñando gratuitamente los métodos científicos (...) No fue glorificado por sus contemporáneos porque no colgó un sable fratricida en su cintura, no firmó rumbosos decretos en la Casa de Gobierno, ni se golpeó el pecho frente a los altares. La podadera de Pouget creadora de grandezas reales y su sonrisa eterna de hombre superior y tolerante, no podían ser elevadas a la categoría de glorias de los amantes de los entreveros del siglo XIX...
Fuente: Apicultura Wiki / http://guarda14.com/index.php/article/view?slug=pouget-el-exiliado-frances-que-ademas-del-malbec-introdujo-cambios-en-la-agricultura-y-la-apicultura-local

miércoles, 17 de abril de 2019

Pouget, el exiliado francés que además del malbec introdujo cambios en la agricultura y la apicultura local.

Pouget, el exiliado francés que además del malbec introdujo cambios en la agricultura y la apicultura local.


Michel Aimé Pouget o Miguel Amado Pouget. Nació en Francia en 1821. Ingeniero Agrónomo emigrado primero a Chile y luego a Mendoza Argentina.
En el año 1852, Sarmiento se instala en Mendoza, y propone al Gobernador Pedro Pascual Segura la contratación del agrónomo francés Michel Aimé Pouget. El mismo acepta la propuesta, y se radica en Mendoza, en 1853 plantando allí con Justo Castro numerosas variedades de uva originarias de su país natal: entre ellas estaba el Malbec, cepa que gustó mucho a los antiguos viñateros por su alto rendimiento, su sanidad, y el buen color de sus vinos y las cepas Cabernet, Merlot, Semillon, Sauvignon, Chardonnay, Riesling y otros.
De la obra de Juan Dragui Lucero, se puede extractar los siguientes párrafos:
Pouget había estado al frente de la Quinta Nacional y, en Villuco, en el fundo del potentado Chileno D. José Patricio Larraín Gandarillas, quien introducía en su patria todas las novedades européas y estadounidenses en materia agrícola. Su fundo llamado Peñaflor fue un verdadero muestrario aplicado al trabajo de la tierra. Ya en 1844 tuvo la gloria de hacer llegar de Milán (Italia), veinticinco colmenas de las cuales solo dos llegaron con abejas. Este escasísimo plantel fue la base de la apicultura Chilena y posteriormente de la Mendocina. Gandarillas contrató para restablecer su castigado apiario, los servicios del experto colmenero D. Carlos Bianchi y puso al frente de sus cultivos al sabio agricultor Miguel Amado Pouget.
Pouget obro milagros en los fundos de Larraín Gandarillas, de Santiago de Chile y de Villuco. Hizo extensas plantaciones de acuerdo a los últimos adelantos de la ciencia francesa, e introdujo numerosas variedades en horticultura, jardinería y arboricultura.
Pouget en 1853 llega para fundar y hacerse cargo de la Quinta Normal de Agricultura de Mendoza, (esta estaba ubicada, por el Este, desde donde corre la calle Belgrano y por el Oeste, hasta el Canal Jarillal de calle Boulogne Sur Mer. Y de Sur a Norte aproximadamente desde la calle Emilio Civit hasta Juan B. Justo). en ciudad de Mendoza, Argentina; pero la falta de medios en el gobierno, la política tempestuosa de aquella época, hizo que el sabio francés se apartara de su puesto oficial y se dedicara a adelantar los cultivos de su finca particular. Enseño el arte de injertar, introdujo en Mendoza por primera vez, el cepaje francés que haría a la riqueza de la provincia.
Miguel Amado Pouget es el introductor de la abeja de la miel, (Apis mellifera ligustica), en Mendoza, en el año 1855 desde Chile donde propagó con entusiastamente la apicultura por el sistema movilista, de división horizontal. La abeja introducida por Pouget se propago rápidamente en Mendoza, donde existían grandes alfalfares para el engorde de la hacienda vacuna que pasaba a Chile. Estas abejas se propagaron en San Juan, San Luis, posiblemente La Rioja y, demás provincias del norte argentino.
La vida de Michel Aimé Pouget fue recopilada en una monografía por Juan Dragui Lucero en 1936 titulada Vida y obra de Mr. Michel Aimé Pouget, benefactor de Mendoza.
El sabio arboricultor francés, con grandes méritos y premios en su país y egresado de eminentes colegios, tuvo que exiliarse por ser republicano. Trajo cantidad de semillas y estacas de plantas de muchísima utilidad, además de las que le llegaban de Francia. Él formó a los primeros jóvenes mendocinos que conocieron y difundieron las modernas técnicas de la agricultura. También allí maduró la primera uva francesa.
Pouget plantó infinidad de especies arbóreas y arbustos desconocidos, enseñó a podar y se destacó por su arte para injertar. Llegó a injertar acacias con enredaderas como las glicinas, que daban llamativas flores liláceas, lo cual causó el asombro de los vecinos de la calle San Nicolás (actual calle San Martín).
Los continuos cambios que provocaban los enfrentamientos civiles no permitieron cumplir con lo que el gobierno había pactado para el desenvolvimiento de la Quinta Normal, por lo que no rindió los frutos esperados. No obstante, él no se desanimó y en su quinta particular (sobre calle Belgrano) continuó trabajando sin cesar y disfrutando de uno de sus placeres: enseñar.
Según Draghi Lucero: Fue el primero en introducir numerosas especies de árboles frutales y forestales. Enriqueció notablemente la horticultura y jardinería mendocina, enseñando gratuitamente los métodos científicos (...) No fue glorificado por sus contemporáneos porque no colgó un sable fratricida en su cintura, no firmó rumbosos decretos en la Casa de Gobierno, ni se golpeó el pecho frente a los altares. La podadera de Pouget creadora de grandezas reales y su sonrisa eterna de hombre superior y tolerante, no podían ser elevadas a la categoría de glorias de los amantes de los entreveros del siglo XIX...
Fuente: Apicultura Wiki / http://guarda14.com/index.php/article/view?slug=pouget-el-exiliado-frances-que-ademas-del-malbec-introdujo-cambios-en-la-agricultura-y-la-apicultura-local

miércoles, 11 de abril de 2018

Murió el conocido bodeguero del sur Enzo Bianchi.

En 1965 lanzó Don Valentín Lacrado, el vino más vendido de la bodega. La semana que viene inaugurarán una Bodega que llevará su nombre.

Ayer murió el reconocido bodeguero Enzo Bianchi (92), hijo de Don Valentín, el fundador de Bodegas Bianchi, y padre de Martín, Raúl y Sylvia, tres de los actuales accionistas de las firma.
El empresario nació en San Rafael el 1° de enero de 1926. Bodeguero visionario y creador de nuevos estilos y tendencias en vinos para la vitivinicultura argentina, egresó de la Escuela Nacional de Enología San Juan Bosco de Rodeo del Medio en el año 1945.
Su búsqueda de conocimiento lo llevó a realizar numerosos viajes de estudio acompañado de su profesor y amigo, el reverendo Francisco Oreglia.
Entre sus grandes logros, en 1965, Enzo Bianchi, lanzó Don Valentín Lacrado, un vino de calidad superior en honor a su padre y fundador de la bodega. Así nació un clásico argentino, en la actualidad, el vino más vendido de la bodega.
Además, “Don Enzo” fue uno de los artífices del cambio de calidad que logró la bodega. Según relata una crónica de Los Andes de 1997, cuando se inauguró la bodega del paraje “Alto de Las Paredes”, en San Rafael,  Bianchi señaló que su gran pasión era la elaboración de vinos finos.
Al tiempo que, el empresario vitivinícola, también mostraba inquietudes por temas como el ganadero, forestal, entre otros. En esa misma pieza periodística se destaca que "Don Enzo", fue el encargado de introducir cambios tanto en los viñedos como en la bodega.
También desarrolló los espumantes y bajo su conducción se lanzó un vino frizzante, “New Age”, que inauguró una de las categorías más novedosas de la industria en los últimos 20 años.  La semana que viene se inaugurará la bodega de Valle de Uco que llevará su nombre.

Publicado en Diario “Los Andes” de Mendoza, 11 de abril de 2018.

De lo publicado en Diario "Uno" de Mendoza, martes 10 de abril de 2018.

A lo largo de sus más de 50 años de gestión al frente de Bodegas Bianchi, Don Enzo dio impulso y reconocimiento internacional a la vitivinicultura de Mendoza. Lideró procesos de cambio en la elaboración y el estilo de los vinos ganándose hasta hoy la aceptación y reconocimiento del mercado argentino e internacional.
En 1995 creó una bodega de espumante modelo con tecnología europea, la cual recibe más de 100 mil turistas por año, siendo una de las bodegas más visitada del país. En sus instalaciones se ofrecen diversos conciertos, exposiciones y foros realizados con artistas locales e internacionales, actividad que ha permitido el impulso y reconocimiento de artistas sanrafaelinos.
Don Enzo Bianchi lideró diversas acciones solidarias, entre ellas la caravana de los Reyes Magos y la fiesta del día de San Valentín - nombrada de interés provincial -. Apoyó a escuelas, comedores infantiles, hospitales e instituciones intermedias de San Rafael colaborando con sus actividades benéficas.
En el año 2007 el Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de San Rafael le otorgó a Don Enzo Bianchi la "Mención de Honor al Mérito" por su destacada labor empresarial, social y cultural en beneficio de San Rafael. El mismo año, la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores - WAWWJ – lo distinguió como "Empresario bodeguero del siglo XX", reconocimiento que comparte con el Reverendo Francisco Oreglia como "Educador del siglo XX."
Don Enzo segunda generación, formó una familia que tiene orgullo de su trayectoria en Argentina y es por ello que sus vinos y fincas llevan sus nombres en honor a ellos, un homenaje que rinde una generación a otra, con 90 años de historia.
Enzo Bianchi, el vino Icono de la bodega, un vino elaborado de acuerdo a los más altos estándares de calidad, es un reconocimiento de sus hijos al gran enólogo. Continuando con esta tradición, la nueva bodega de Valle de Uco lleva su nombre por ser un gran referente de la familia, que llena de orgullo a 3° y 4° generaciones que hoy continúan su legado.
Un perfil de Enzo Bianchi.
Nació en San Rafael el 1° de enero de 1926. Bodeguero visionario y creador de nuevos estilos y tendencias en vinos para la vitivinicultura argentina. Egresó de la Escuela Nacional de Enología San Juan Bosco de Rodeo del Medio en el año 1945. Su búsqueda de conocimiento lo llevó a realizar numerosos viajes de estudio acompañado de su profesor y amigo, el Reverendo Francisco Oreglia, Decano y creador de dicha facultad.
En 1970 es nombrado por la Universidad de Ciencias Agrarias Juan Agustín Maza "Miembro Benefactor de la Facultad Tecnológica de Enología y de la Industria Frutihortícola" por su colaboración técnico- científica material y personal.

domingo, 1 de abril de 2018

Bianchi: la bodega del “poeta” que se convirtió en un ícono del vino argentino.

Bianchi: la bodega del “poeta” que se convirtió en un ícono del vino argentino.

La historia de Valentín, el maestro amante de la opera que llegó de Italia, construyó una bodega familiar que hoy cumple 90 años y que aún sigue en manos de esta, sin perder el designio de su fundador, la calidad.
¿Porque a veces la vida se empecina en darnos aquellas cosas que ni si quiera hemos soñado? ¿Hasta dónde la fortuna y nuestras acciones pueden marcar el rumbo de aquello que pretendimos ser y en aquello en que nos convertimos? Esas son preguntas que seguramente rondaron en la cabeza y en los pensamientos trasnochados de aquel profesor italiano que llego a principios del siglo XX a San Rafael y que, casi 20 años después, de esa llegada comenzó a gestar una de las bodegas más emblemáticas de América, Bodegas Bianchi.
Es que Valentín, el joven culto de Fasano, en la región de Puglia, Italia, recibido de maestro en Bari no dudo un segundo en venir a estas tierras allá por 1910. 
Eran momentos difíciles en Europa y la decisión apremiaba, como así también la vida misma. El “gringo de la letra bonita” como lo apodaron en estos “nuevos” pagos encontró aquí un papel en blanco, pero un papel listo para ser labrado, plantado, cosechado y hecho vino.  Pero debía esperar, el amor por la tierra había sido a primera vista, pero recién después de unos años la vida lo iba a poner en el lugar que le tenía preparado.  Se desempeñó como empleado del ferrocarril, oficinista, y hasta concejal del H.C.D. de San Rafael, sin dejar de reunirse con los intelectuales y poetas de la zona, como Rodolfo Bufano y Rafael Mauleon Castillo, para disfrutar de la música lírica y las letras. Hombre de ideas inquietas,  empezó a diseñar lo que en un futuro seria su proyecto de vida: fundar una bodega y exportar sus vinos al mundo. Se casó con Elsa Pilati y tuvo seis hijos: Ana, Nino, Enzo, Silvia, Eugenio y Mario.
“La calidad”, pensaba Valentín, “la calidad”, volvía a pensar, esa característica común en cada cosa que hacía. Los comienzos fueron muy difíciles y con dificultades económicas, ¿pero para quién no lo fueron en ese entonces?
En aquella primera etapa Bianchi inició la bodega en sociedad con su cuñado Hugo y la llamó “El Chiche” pero al poco tiempo continuaría solo.
Siempre se enfocó en hacer vinos de calidad es por eso que en 1934, en un  certamen de vinos organizado por el gobierno de Mendoza,  en el que participó con tres vinos, obtuvo dos primeros puestos. Esto causó sensación en la ciudad y por supuesto  la curiosidad de saber cuál era esa bodega ganadora del sur, de allá lejos, y más aún quien era este “gringo” del que todos hablaban y al que muy pocos conocían. Y… “el gringo” se hizo conocer, porque no solo este premio le permitió cancelar la construcción de su bodega al lado de su casa en pleno centro sanrafaelino,  sino que le dio el impulso para salir desde San Rafael al país y luego al mundo.
“La pequeña bodega de los grandes vinos“, empezaba su carrera histórica, recibió honores y los vinos empezaron a gozaron de prestigio por su calidad. Esa que lo llevó a representar al país con los vinos en muchas embajadas argentinas en el mundo.
Un dato no menor, uno de los vinos de aquel ya lejano concurso era un malbec. ¿Es que acaso el visionario enólogo autodidacta ya pronosticaba lo que iba a acontecer con la cepa insignia argentina? Ocho décadas más tarde Bodegas Bianchi gana, en 2014,  en el concurso de Vinalies Internationales,  en Francia, el premio a “Mejor Vino Tinto del Mundo”, un galardón que hasta ese momento no había ganado ninguna bodega  no francesa.
“Evidentemente nuestro nono era un gran visionario. Un amigo de Valentín me contaba en una oportunidad, que se hacía hacer cajones de madera para sus vinos. Él decía que el futuro de Mendoza eran los vinos de alta calidad. Está visto que no se equivocó”, cuenta Raúl Bianchi, tercera generación familiar y parte del directorio.
No cabe dudas que Don Valentín marcó un camino desde sus inicios: La Excelencia. Inspiración, que le dicen algunos, sabiduría, otros. El mismo hizo pintar en su bodega una frase que no solo lo marcó a él sino que sigue marcando a las generaciones que lo sucedieron.
“La bodega habla: “ si Dios me da vida hare hacer gloria de mi sangre” (se mi dà vita iddio farò diventi gloria essere sangue mio), una  frase de Giuseppe Giacossa (libretista de la opera La Boheme). “La sangre de una bodega es el vino y para hacer gloria de una bodega  hay que hacer vinos de calidad o de gloria”. La síntesis perfecta de los que fue su vida.
Valentín Bianchi  reunía condiciones que hoy en día muchas veces son tomadas a la ligera y que en definitiva son las que hacen grande a un país o, por qué no, a una empresa: cultura del trabajo, capacitación en busca de la excelencia, y valores, las claves para salir adelante. 
Las nuevas generaciones generadoras.
Con el tiempo se incorpora a la bodega el hijo de Don Valentín,  Enzo, con la misma filosofía del cuidado de la calidad en los vinos y con el afán de seguir superándose en ese ítem. Nace uno de los vinos iconos de la empresa Don Valentín Lacrado, el vino más vendido de la empresa. Y en una etapa posterior se suma Valentin, el hijo de Enzo, enólogo recibido, cuando ya había nacido la enología a nivel universitario. A partir de aquí comienza una gran trasformación de la empresa. Ya en 1997 se inaugura la champanera, que era el sueño de Enzo Bianchi, que mientras tanto ya iba produciendo la bebida de las burbujas pero para la familia. Enzo dejó una perla para la bodega,  el desarrollo de un champagne de Cabernet Sauvignon, único en el mundo. En 2010, el espumante Stradivarius Extra Brut Cabernet Sauvignon 1998, Casa Bianchi quedó el top ten mundial al quedarse con máximo galardón en el Concurso Internacional de los mejores Espumantes del Mundo (Effervescents du Monde), en París.
Este legado continuador de  Enzo Bianchi y Valentín “Tincho” Bianchi le valió a la bodega transformarse en una de las  de mayor prestigio en el país y el mundo. Ambos fueron reconocidos enólogos que continuaron la labor del fundador con la misma vocación.
“Donde hoy se encuentra las instalaciones de Bodegas Bianchi, no es casualidad dice Sylvia Bianchi, hija de Enzo Bianchi, y presidente de la Fundación Valentín Bianchi. Y agrega: “Era un lugar muy anhelado por Enzo, en la zona del Alto Las Paredes, un terreno con una elevación natural que le permitió realizar las cavas de manera subterránea, que era lo ideal para él. Atrás de ese lugar ya se encontraba las fincas de Las Paredes. Él decía que quería hacer vino y champagne en un lugar que se luciera”.
Fue una idea muy importante porque San Rafael fue creciendo y la primera bodega, la construida por Don Valentín,  quedo “atrapada” en la ciudad.
Hoy todo es elaborado en esta  planta que fue pionera en la trasformación tecnológica en la manera de hacer vinos. En aquella oportunidad Enzo y Valentín recorrieron el mundo antes de construir esta nueva bodega. “Fuimos pioneros en la trasformación tecnológica de la vitivinicultura y aun lo somos”, apunta Sylvia.
La transformación tecnológica de la empresa viene acompañada con la creación de nuevas líneas de vinos súper premiun como  Famiglia,  Particular, María Carmen, y el icono de la empresa,  Enzo Bianchi,  homenaje de Valentín ( tercer generación a su padre Enzo). Además de la presencia de  asesores externos  como Paul Hobbs y Bob Pepi en vinos y Corinne Lateyron,  enológa de Francia en la bodega  de champagne. En la innovación  y mejora continua hoy, Bodegas Bianchi, cuanta con un equipo consolidado con los enólogos Silvio Alberto y Sergio Pomar en la renovación permanente de objetivos. Y la inauguración de la nueva bodega Enzo Bianchi en Valle de Uco. Un dato curiosos, después de 90 años de vida, la bodega un sigue elaborando y comercializando el Chablis y el Borgoña, como lo hacía don Valentín.
Radiografía de Bodegas Bianchi hoy.
Bodegas Bianchi es una bodega familiar de cuarta generación. Ubicada en Mendoza, también es conocida como “Valentín Bianchi” en honor a su fundador, que en 1928 comenzó lo que hoy es una de las principales bodegas en el muy competitivo mercado del vino argentino en el mundo. Estratégicamente situada en dos terroirs destacados de la provincia -San Rafael y Valle de Uco- su portfolio se basa en diversas marcas muy reconocidas que ofrecen en todos los casos alta calidad, prestigio y valor. Las principales etiquetas de la bodega son Enzo Bianchi, María Carmen, Bianchi Particular, Famiglia Bianchi, Elsa Bianchi y los espumantes de Bianchi Premium Extra Brut, Bianchi Extra Brut Rosé, método tradicional. Su marca New Age de vinos frizzantes,  favoritos de los Millennials, y los vinos tradicionales Don Valentín se destacan también entre sus marcas. Después de casi un siglo de trabajo, éxito y renombre, Bodegas Bianchi sigue respetando el legado de la familia, manteniendo viva la pasión por el vino, cruzando fronteras y explorando constantemente nuevos horizontes.
PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO LOS ANDES DE MENDOZA.