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jueves, 22 de enero de 2026

EL LEGADO DE UN VISIONARIO: 140 AÑOS DE BODEGA ESCORIHUELA.


 La historia de la vitivinicultura argentina no se puede contar sin mencionar a Don Miguel Escorihuela Gascón. En 1880, este joven español desembarcó en nuestras tierras con una maleta cargada de determinación. Apenas cuatro años después, en 1884, fundaba en Godoy Cruz, Mendoza, lo que se convertiría en un pilar de la industria: Bodegas Escorihuela. Don Miguel no solo fue un bodeguero ingenioso que conquistó a la élite del país con sus etiquetas; fue un protagonista clave del desarrollo político y social mendocino. A siete décadas de su partida, su espíritu de lucha incansable sigue vibrando en cada rincón de la bodega original. Tras décadas bajo la dirección familiar, 1992 marcó un nuevo rumbo con la llegada de la familia Catena y un grupo de inversores. Este cambio impulsó una modernización necesaria para brillar en el mercado internacional. Se expandieron hacia zonas privilegiadas como Agrelo (Luján de Cuyo) y Altamira (Valle de Uco), apostando por una agricultura orgánica y sustentable. Se construyó una bodega dedicada exclusivamente a tintos Ultra Premium. Hoy, el establecimiento histórico en Godoy Cruz fracciona 8.500 botellas por hora, sumando una capacidad total entre sus distintas sedes de más de 13 millones de litros. La bodega cultiva cerca de 230 hectáreas propias, pero su secreto reside en la diversidad: trabajan en equipo con productores de toda la provincia para lograr perfiles únicos en cada vino. Además, la experiencia Escorihuela trasciende la copa. A finales de los '90, en alianza con el prestigioso chef Francis Mallmann, nació el restaurante "1884". Este espacio es un tributo viviente a la cocina andina y a la historia líquida de Mendoza.

Publicado en

MENDOZA ANTIGUA.

Fotos Antiguas de Mendoza, Argentina y el Mundo de cada década desde 1880.

https://mendozantigua.blogspot.com/2026/01/el-legado-de-un-visionario-140-anos-de.html

domingo, 17 de agosto de 2025

Vinos: qué historias se esconden detrás de los nombres de bodegas argentinas.

 

Vinos: qué historias se esconden detrás de los nombres de bodegas argentinas.

PUBLICADO EL 11/03/2021 por Equipo Vinos y Pasiones.

Por Juan Diego Wasilevsky.

Alguna vez te preguntaste por qué las bodegas argentinas se llaman como se llaman? En muchos casos, no hace falta indagar tanto, como sucede con un amplio abanico de proyectos bautizados con el apellido de la familia o el nombre completo del fundador, como es el caso de Bianchi, Goyenechea, Zuccardi, Humberto Canale, Susana Balbo Wines, Alfredo Roca o Etchart.

En otros casos, la zona en la que se emplaza la bodega termina imponiéndose en el nombre, como sucede con Costa & Pampa, la primera bodega de Chapadmalal, que cuenta con viñedos a escasos metros del mar. O con Casa de Uco, el proyecto emplazado en una de las zonas de mayor altitud de ese valle que le da su nombre.

Pero hay muchas bodegas cuyos nombres son un misterio para muchos de quienes disfrutan de sus vinos. Por eso en esta producción te invitamos a conocer las historias que hay detrás:

Bodegas Salentein.

Este establecimiento es uno de los pioneros del Valle de Uco y fue fundado en 1996 por el empresario holandés Myndert Pon. El nombre Salentein es el mismo que tiene una mansión y finca ubicada en la ciudad de Nijkerk, en el corazón de Holanda. La misma fue construida en el siglo XVIII y, según explicaron desde la bodega, en el año 1980 pasó a ser propiedad de la familia Pon.

«Cuando Myndert Pon llega a la argentina elige el nombre Salentein para darle nombre a la bodega que cambiaría para siempre la historia del Valle de Uco», indicaron.

¿Hubo algún otro nombre que hayan barajado? Frente a esta pregunta, desde la bodega plantearon: «Sí, Salentino, que surgía de la unión de Salentein y Argentino, pero resultó ser una marca de vinos italiana que estaba registrada en muchos países e imposibilitaba poder comercializarlos internacionalmente y eso disentía con la visión que siempre tuvo Myndert Pon de elaborar vinos de clase mundial en el Valle de Uco para exportarlos a la mayor cantidad de países del mundo».

Bodega Monteviejo.

Dentro de Clos de los Siete, el proyecto que llevó adelante Michel Rolland en Valle de Uco, se encuentra una de las bodegas más reconocidas de la Argentina: Monteviejo, que alumbra grandes vinos de clase mundial, de la mano del reconocido enólogo Marcelo Pelleriti.

Ahora bien, ¿por qué eligieron ese nombre? En diálogo con iProfesional, Pelleriti explicó que Catherine Père-Verge, dueña de la bodega, lo eligió porque el primer château que adquirió en Pomerol, Francia, allá por el año 1985, se llamaba Montviel, que en español significa, justamente, Monteviejo.

Bodega Doña Paula.

La bodega, que posee viñedos en Luján de Cuyo y en Valle de Uco es propiedad de Santa Rita Estates, perteneciente a su vez de Grupo Claro, de Chile.

Esto explica la razón del nombre: «Doña Paula se llama así, por Paula Jaraquemada, quien prestó refugio en su casa a 120 patriotas chilenos liderados por O´Higgins. Actualmente es donde se encuentra  el restaurante Doña Paula, dentro de la Bodega Santa Rita de Chile», explicaron desde el establecimiento, que inició sus operaciones en la Argentina en el año 1997.

Viña Las Perdices.

La bodega está ubicada en Agrelo, en el corazón de Luján de Cuyo y comenzó sus operaciones en el año 2004, mientras que los primeros vinos se empezaron a comercializar dos años más tarde.

La bodega hoy es liderada por el enólogo Juan Carlos Muñoz, pero fue el nombre lo eligió su padre: Juan Muñoz Lopez, quien llegó a la Argentina a comienzos de los años ’50 desde Andalucía para instalarse en Mendoza, donde comenzó a dedicarse al cultivo de la vid.

En cuanto a la razón del nombre, explicaron que cuando él llegó a estas tierras «se asombró de la cantidad de perdices que andaban por los alrededores. Un vecino del lugar le comentó que estas aves de hermosos plumajes eran viejas habitantes de la zona y que solían verse en grupos de tres. Con el correr de los días ellas se transformaron en simpáticas compañeras de sus largas jornadas de trabajo. Fue entonces que decidió nombrar su bodega Viña Las Perdices», indicaron.

Finca Quara.

Rodolfo Lavaque fue uno de los responsables de darle visibilidad a los vino del Norte Argentino en las góndolas del mundo. Y la necesidad de que los vinos tuvieran una fuerte identificación con el lugar de origen es lo que motivó la elección del nombre.

«Cuando se pensó en lanzar una línea de vinos bien representativa del norte, se buscó algún animal típico de la región. La quara, de la familia de los camélidos, como son las llamas o las alpacas, surgió como la mejor opción, en gran parte por sus características: es un animal fuerte, que utilizaban los habitantes originales de la zona, principalmente, para transportar cargas pesadas», explicó Ignacio Velasco, gerente de la bodega.

El directivo además explicó que, como requisito importante, el nombre tenía que estar disponible para registro tanto en el país como en otros mercados, pensando en el potencial exportador de los vinos de Cafayate, «y el tener muchas vocales también facilitaba su pronunciación en otros idiomas, otro factor que incidió en la decisión».

Bodega Amalaya.

La bodega de Cafayate, Salta, pertenece al Grupo Colomé y que fue creada por el suizo Donald Hess, quien adquirió Colomé en 1998.

Desde la bodega explicaron que «Amalaya fue la palabra que enamoró a Hess cuando compró su primera finca en Argentina, muy cerca de Payogasta, llamada ‘El Arenal'».

«Su espíritu y su perseverancia, fue lo que lo llevó a encontrar agua en una plantación sin uso, donde nadie había trabajado la tierra, ni siquiera los incas. Así se ganó el apodo del «el loco Hess», señalaron para luego rememorar que Hess «llevaba un péndulo colgado y le insistió a la empresa de perforaciones para que siguieran escavando, ya que había sentido las vibraciones».

«Al momento en que encontraron agua, la persona que estaba con Donald exclamó ‘¡Amalaya!’. Y así fue como, años más tarde, cuando Hess decide comenzar su nuevo proyecto en Cafayate y desarrollar una línea experimental de vinos basados en la variedad Malbec, homenajeó ese momento y lo bautizó con ese nombre», concluyeron.

Huentala Wines.

La bodega fue fundada en Gualtallary en el año 2002, de la mano del empresario Julio Camsen, dedicado a la actividad hotelera, financiera y vitivinícola.

Según detallaron, Huentala significa «Valle de Guanacos» en la lengua de los huarpes, la población originaria de la región en la que hoy se encuentra Mendoza.

Huentala, además, es el nombre del hotel propiedad de la familia Camsen, en la ciudad de Mendoza.

«Al dar sus primeros pasos en el negocio vitivinícola, decidieron hacerlo con el mismo nombre, rindiendo homenaje a la tierra mendocina, al terroir que da origen a los vinos«, indicaron.

Alta Vista.

La bodega fue fundada en 1998 por los franceses Patrick d’Aulan y Jean Michel Arcaute.

«Ellos tenían como misión principal buscar los mejores terroirs de Argentina y es ahí cuando descubren un lugar maravilloso: Vista Flores, en el Valle de Uco. Muy cerca, e incluso atravesando este lugar, es donde hoy se encuentran dos de nuestros principales terroirs: Temis, en El Cepillo y Albaneve, en Campo de los Andes», explicaron.

Fue entonces que el nombre de la zona los inspiró y «lo combinaron con lo imponente de la Cordillera de los Andes y la vista desde lo alto, a más de 1.100 msnm, altura a la que se encuentran ubicados nuestros viñedos».

El Porvenir de Cafayate.

La bodega se fundó en el 2000, mientras que la primera producción de vinos fue en el 2002, vinos que se lanzaron comercialmente dos años más tarde.

«El Porvenir era el nombre original de la antigua bodega. Cuando fue adquirida por la familia decidimos preservar ese nombre porque nos sentimos identificados con esto de tener la mirada puesta en el futuro, en las próximas generaciones», indicó Lucía Romero, su propietaria.

En un principio le agregaron «de Los Andes», porque –tal como agregó-, las etiquetas tenían –y tienen- la impronta Inca, parte de la influencia andina que se encuentra en Salta y querían resaltar eso.

«Luego nos dimos cuenta que lo que queríamos dar a conocer era nuestro terroir, nuestro lugar en el mundo:  Cafayate. Por eso hicimos un rebranding y mejoramos el diseño de las etiquetas y cambiamos el nombre», agregó.

Bodega Gauchezco. 

La bodega se fundó en el año 2007 en Mendoza por el estadounidense Eric Anesi, quien viajó a la Argentina para conocer más sobre los vinos argentinos.

«Siempre pensamos en ambos mercados, pero necesitábamos un nombre que rápidamente nos posicionara en el exterior. Así que queríamos un término que representara a Argentina y que cuando los consumidores vieran la etiqueta supieran de inmediato que se trataba de un vino argentino. Investigamos varios iconos nacionales y entre ellos el gaucho», indicaron.

Ahora, ¿por qué incluyeron la «z» cuando en realidad gauchesco se escribe con «s»? «Cuando comenzamos el proyecto, en el año 2007 adquirimos una finca en la zona de Barrancas, Maipú que fue fundada en 1881. Leyendo y estudiando la historia de la misma con biografía de la época, vimos escrito el término ‘gauchezco’, con ‘z’. Lo adoptamos y resultó hasta más atractivo», agregaron.

¿Hubo gente en estos años que les marcó esto último como un error involuntario? «Sí, algunos, pero la verdad es que ya se acostumbraron y cuando les contamos la historia refuerza la marca en ellos», concluyeron.

Trivento.

La bodega se fundó en 1996, en Mendoza y fue parte del plan de expansión del holding Viña Concha y Toro. Según explicaron desde la bodega, cuando Alfonso Larraín Santa María, presidente del holding, viajó a la Argentina, adquirió en la zona de Maipú, en Mendoza, una bodega de 2 millones de litros y una finca de 154 hectáreas, llamada «Los Vientos».

Cuando preguntó sobre la razón del nombre, el contaron sobre los tres famosos vientos que soplan sobre la árida tierra mendocina: Polar, Zonda y Sudestada. Esto motivó a los propietarios a bautizar a la bodega como «Trivento».

Pyros Wines.

Pyros Wines fue creada en 2008, cuando Myndert Pon, tras fundar Salentein, visitó por primera vez Pedernal, en San Juan, de la mano de Rodolfo Perinetti, quien también lo había llevado al Valle de Uco en 1996.

«Pon quedó impactado por la naturaleza salvaje y el potencial de este terruño para la producción de uvas de alta calidad enológica. Fue allí que imaginó dar vida a vinos de clase mundial que fueran el fiel reflejo de las características únicas y diferentes de este valle», indicaron.

El nombre de esta bodega, «hermana» de Salentein y Callia, está vinculado con el terroir. «El suelo del valle está conformado por piedras de sílice conocidas como ‘pedernal’ o ‘piedra de fuego’. Al golpearlas entre sí crean una lluvia de chispas que, según las leyendas locales, fueron utilizadas por los antiguos pueblos de la región para producir fuego», detallaron.

Precisamente son estas piedras las que dieron origen al nombre Pyros», palabra griega que en castellano significa «fuego».

Finca Sophenia.

Los primeros viñedos se plantaron en 1998, mientras que la bodega se comenzó a construir en 2002, de modo que son de los pioneros en Gualtallary.

En cuanto al nombre elegido, desde la bodega explicaron que «es un blend de dos nombres de mujer: Sophia y Eugenia, las hijas de los socios fundadores, Roberto Luka y Gustavo Benvenuto».

Luka creó este nombre ya que conoció a Benvenuto debido a que eran papás de dos íntimas amigas, que se habían conocido en el jardín de infantes.

«Hoy Eugenia potencia el nombre y es una profesional trabajando en la bodega y encabezando las funciones de Marketing y Relaciones Publicas», señalaron. 

¿Se barajó otra alternativa? Frente a esta pregunta, desde la bodega explicaron que «hubo algunos otros nombres pero la convicción sobre Sophenia se afianzó luego de realizar investigaciones a través de una red de agencias de comunicación de distintos lugares del mundo».

Bodega Andeluna.

La bodega, emplazada en el Valle de Uco, fue fundada en el año 2003 por el estadounidense Herman W. Lay y Ricardo Reina Rutini. El nombre nació como respuesta a su lugar de pertenencia y conjugando dos hemisferios del vino: el terrenal y el mítico.  Así, «Ande» representa la montaña y el terroir en sí mismo y «Luna» surgió pensando en «el espacio de inspiración y magia, imprescindibles para que pueda nacer un gran vino».

Andeluna se encuentra bajo la conducción de la Familia Barale desde 2013. Uno de los principales motivos por los cuales los herederos de Lay los eligieron como sucesores de su padre, «fue el compromiso para continuar con sus ideales y principios», indicaron.

Finca Beth.

La bodega consta de una finca que se compró en el año 2009 y fue plantada en 2010.

Su propietario, Enrique Sack, explicó que «Beth es la segunda letra del alfabeto hebreo. Una vez hablando con un rabino me dijo que en la vida siempre hay que ser beth y nunca creerse aleph, que es la primera letra; es decir, creerse el primero, el número uno. Que siempre hay que ir  por la vida con humildad y no creérsela. Y si podés lograr eso, vendrán buenas bendiciones».

Sack agregó que «algo muy importante también es que la Torá, el libro sagrado para la religión judía, comienza con la letra beth. La casualidad, o no, se dio el día que estaba caminando la finca para ver si la compraba. Y ahí sonó mi celular y, justamente, era este rabino, que me preguntó dónde estaba y le comenté que estaba en Mendoza, recorriendo una finca y dudando si la compraba o no. Y ahí me dijo: ‘Si pensás que te va a hacer feliz, comprala’. Y así fue».

Lui Wines.

El proyecto personal de Mauricio Vegetti –quien hasta hace poco fue el enólogo de Gauchezco Wines-, nació durante su época de estudiante, allá por 2002.

«Primero como un vino para amigos, para tomar durante los asados con guitarreada. Y con el tiempo, tomó un impulso más comercial», señaló el enólogo.

En cuanto al nombre, afirmó que es su apellido materno y, por ende «tiene un gran significado y resume mucho de lo que soy. Además, en italiano significa ‘el’ y se presta para el juego de que Lui es ‘el’ vino del ‘Japo’, un apodo que puso mi madre».

«Hoy te diría, ya con hijos, que Lui terminan siendo las siglas de mi vida», agregó, para luego rememorar que en un comienzo, el proyecto se llamaba «Lui Narváez», porque surgió como un emprendimiento con un amigo.

La Liga de enólogos.

El proyecto salió a la luz en el año 2017, si bien se había comenzado a gestar tiempo antes.

«Con respecto al nombre, siempre supimos que queríamos que representara algo colectivo por el hecho de ser una bodega cocreada por siete enólogos. Teniendo como objetivo democratizar el consumo de vino para acercar la industria a los jóvenes y empujar nuevas ocasiones de consumo, empezamos a hacer bromas comparándonos con ‘La Liga de la Justicia’ y el voto fue unánime», aseguraron. 

«Creemos que el mayor aporte fue sumar propuestas que permitan acercar al consumidor joven, siendo poco ostentosas, fáciles de consumir y descontracturadas. También, partiendo de la premisa de ‘hacer justicia’ presentamos al mercado vinos elaborados con variedades poco convencionales en un país donde aún reina el Malbec», indicaron.

Fuente: https://www.iprofesional.com/vinos/297812-vinos-las-historias-detras-de-los-nombres-de-bodegas-argentinas

Publicado en Vinos y pasiones.

Cuadro de imágenes: CEPAS ARGENTINAS.

https://vinosypasiones.com/2021/03/11/vinos-que-historias-se-esconden-detras-de-los-nombres-de-bodegas-argentinas/

martes, 15 de abril de 2025

Vitivinicultura: Falleció el reconocido bodeguero Carlos Crotta.

 


Vitivinicultura: Falleció el reconocido bodeguero Carlos Crotta.

Construyó un puente entre la vitivinicultura popular y la alta gama. Además dejó su huella en el fútbol mendocino como presidente del chacarero.


Carlos Crotta (59), empresario vitivinícola y apasionado dirigente deportivo, falleció en Mendoza, la provincia que eligió como su lugar en el mundo. Nacido en Buenos Aires, Crotta se trasladó a Mendoza en su juventud y con solo 22 años se hizo cargo de la bodega familiar, continuando el legado de su abuelo y su padre, Carlos Leopoldo.

Crotta fue, sin dudas, uno de los grandes impulsores de la cultura popular enológica argentina. Su nombre está íntimamente ligado a la frase “Moscato, pizza y fainá”, una combinación que no solo representa una costumbre porteña sino también un emblema de la bodega que lideró por décadas. “¿Sabés que lo tengo registrado?”, decía con una sonrisa al hablar del sello que convirtió en parte fundacional de su empresa en una entrevista con Los Andes.

Fue vicepresidente de Bodegas de Argentina, donde integró de forma constante tanto el directorio como el comité ejecutivo. Representó a la entidad en numerosas instituciones del sector y se destacó por su rol como nexo con otros organismos, fortaleciendo el vínculo entre la vitivinicultura y el entramado institucional del país.

El vino popular como sello.

Carlos Crotta explicaba con claridad cómo su empresa logró consolidarse en una nota de Los Andes y mantenerse como una de las referentes del segmento. “Fuimos los primeros damajuaneros del país y, como dice el refrán, ‘el que pega primero pega dos veces’”, afirmaba con convicción. Ese primer paso, estratégico y pionero, marcó el rumbo de la bodega y le permitió posicionarse como líder en el consumo masivo.

El empresario destacaba que la clave del sostenimiento en el tiempo fue, sin dudas, la consistencia en la calidad. “Lo que hemos tratado de hacer es mantener la calidad, o sea no tener una partida buena y otra no tanto”, explicaba. En esa línea, remarcaba que el consumidor está dispuesto a pagar un poco más por un vino que sabe que no va a fallar. “La gente está acostumbrada a pagar algo más por el vino Crotta, pero sabe que es buen vino”, agregaba.

Con el paso del tiempo, la tradicional damajuana —símbolo indiscutido del vino de mesa en Argentina— fue sumando alternativas. “A la línea popular le hemos anexado otros formatos, como tres cuartos y multilaminados”, contaba Crotta, detallando cómo la empresa se fue adaptando a los cambios del mercado y a las nuevas formas de consumo.

Sin embargo, la damajuana sigue firme. “En toda esa oferta de envases, la damajuana sigue siendo fuerte su consumo en el interior del país, no así en Capital y Gran Buenos Aires”, explicaba, aludiendo a la diversidad de hábitos que existe entre regiones.

Con una estrategia enfocada en el volumen, Crotta detallaba en aquella nota de Los Andes que la bodega despachaba cerca de 800 mil litros mensuales entre todas las líneas de envase. Un número que habla no solo del arraigo de la marca, sino también de la capacidad de sostenerse en un mercado que exige eficiencia, tradición y cercanía con el consumidor.

Moscato (Crotta) Pizza y Fainá.

Si hay algo que Carlos Crotta supo capitalizar fue ese ADN porteño que lo acompañaba a él y su familia. Cuando se le preguntaba si la icónica frase —“Moscato, pizza y fainá”— tenía que ver con su producto, respondía con naturalidad: “Sí, exactamente. Nosotros tenemos registrada esa frase. Es una relación muy porteña, esa combinación de Moscato y pizza, especialmente en las pizzerías donde se come de pie. Es un clásico”.

El empresario entendía que el consumidor actual busca experiencias diferentes, pero con raíces conocidas. “Hoy en día, el consumidor busca productos nuevos, y qué mejor si vienen de una bodega reconocida”, remarcaba, en referencia a esa mezcla entre lo retro y lo confiable que propone su vermú. Además, detallaba una de las claves del éxito: “Estamos probando un vermú de 15 grados, en contraste con otras bebidas que tienen 35 o 40 grados, lo que lo hace más versátil: podés tomarlo con tónica, con naranja, con soda, o solo. Tiene mucha variedad de opciones”.

Además de su impronta empresarial, Crotta dejó una huella en el deporte mendocino. Fue dirigente del Club Atlético San Martín durante casi 14 años.



Publicado en LOS ANDES.

https://www.losandes.com.ar/economia/vitivinicultura-fallecio-el-reconocido-bodeguero-carlos-crotta-n5944732

domingo, 11 de agosto de 2024

Walter Bressia: ¿cómo se produce un buen vino argentino, de dónde venimos y hacia dónde vamos?

 

Walter Bressia: ¿cómo se produce un buen vino argentino, de dónde venimos y hacia dónde vamos?

Walter Bressia, propietario de Bodega Bressia y presidente de Bodegas de Argentina, entidad que nuclea a 250 empresas de todas las zonas vitícolas del país.

El presidente de Bodegas de Argentina, repasa su trayectoria desde sus inicios en bodegas locales hasta su papel en la innovación del sector. En esta entrevista, comparte su experiencia con las crisis económicas, su visión sobre las nuevas tendencias y el impacto de su proyecto familiar: Brescia.

Dialogamos con Walter Bressia, el enólogo, propietario de Bodega Bressia y presidente de Bodegas de Argentina, entidad que nuclea a 250 empresas de todas las zonas vitícolas del país, quien nos contó sobre su trayectoria y sobre el camino que debió recorrer toda la industria argentina para ser reconocida internacionalmente, además de los pasos que se deberán dar en el futuro.

Bressia será uno de los jurados del Concurso Nacional de Vinos y Espirituosas Guarda 14, el próximo 2 de octubre, y destacó la importancia que tiene participar, para destacar entre los mejores y también aprender de ellos.

-¿Cómo inició en el mundo de la vitivinicultura?

-Empecé trabajando como enólogo en una bodega muy pequeña en Maipú, que se llama Boero Napoli y compañía. Estuve allí haciendo prácticas durante aproximadamente un año (trabajé del año ‘77 al ‘78 en esa bodega). En 1978, comencé a trabajar con Adriano Senetiner en la bodega Santa Isabel, donde estuve durante 20 años. Ahí desarrollé toda mi carrera profesional, realizando experiencias en diferentes países como Italia, Francia y California. Participé activamente en el cambio de estilo de vinos en Argentina para adaptarnos a la exportación.

Hasta ese momento, teníamos un mercado interno muy fuerte y todo el vino que producíamos iba al mercado interno. Con la crisis de los ochenta y noventa, tuvimos que buscar otros mercados internacionales. Cuando empezamos a ofrecer nuestros vinos en el exterior, no había suficiente demanda, así que fue necesario realizar un cambio completo en equipamiento, elaboraciones, estilos y maquinaria. Esta revolución en los viñedos se dio entre los noventa y el dos mil.

-Cuenteme un poco sobre tu trayectoria en la Bodega Viniterra y el proyecto familiar Brescia

-Fui socio fundador de la bodega Viniterra junto a Adriano. En 2001 comencé con el proyecto familiar Bressia y, en 2003, me dediqué exclusivamente a este proyecto. También he estado muy vinculado a la parte gremial empresaria. Soy director de Bodegas de Argentina desde hace más de cuarenta años y actualmente estoy en mi segundo período como presidente, después de haberlo sido desde 2015 hasta 2019.

-Más allá de que ha mencionado ya muchos, ¿podrías mencionar un hito o logro importante en tu carrera?

-Dos logros fundamentales para mí han sido: primero, haber podido concretar el proyecto de la bodega familiar, que empecé a elaborar hace mucho tiempo y finalmente lo pude concretar en 2001 y 2003. El segundo logro es ser presidente de Bodegas de Argentina, lo cual me honra mucho. Es una gran satisfacción representar a una entidad como Bodegas de Argentina y se renueva esa confianza en esta segunda oportunidad.

-¿Cómo ves la relación entre lo público y lo privado en tu rol?

-La participación gremial es esencial. Bodegas de Argentina es una cámara gremial empresaria que defiende los derechos de las empresas, explicando y defendiendo situaciones ante el gobierno nacional, provincial y ante el INB. Es un ejemplo de cómo se ha logrado darle identidad a la vitivinicultura mientras se mantiene la participación gremial.

-¿Hay alguna tendencia o innovación en los vinos que consideres prometedora?

-Sí, siempre hay espacio para la innovación. Actualmente, los vinos desalcoholizados son una tendencia interesante. En la medida en que los equipos para producirlos puedan ser más accesibles y el precio baje, será una gran innovación para la actividad. Además, los vinos con mayor frescura y acidez están ganando popularidad, adaptándose a las preferencias del nuevo consumidor.

-¿Cómo es un buen vino argentino, cómo influye la filosofía de su bodega en la elaboración de los vinos?

-La filosofía de nuestra bodega se basa en mantener el estilo de vinos que el consumidor ha aceptado y valorado. Creemos en producir vinos contemporáneos con un perfil clásico. Nuestros vinos tienen un carácter elegante y redondo, sin perder la frescura y la fruta que el mercado busca.

-Hablando ahora sobre el concurso, ¿las innovaciones y tendencias en vinos son evidentes en una cata a ciegas? -Sí, definitivamente. Los estilos de vinos se diferencian claramente en una cata a ciegas. Las propuestas nuevas, como los vinos orgánicos o los que no tienen tratamiento de estabilización, se notan por su limpidez y otros atributos. También se perciben diferencias en vinos con más fruta o con perfiles más tradicionales.

-He notado que en los últimos concursos han ganado vinos de regiones fuera de Mendoza. ¿Qué cree que motiva este aumento en la participación y éxito de otras regiones?

- La vitivinicultura es muy adaptable a diferentes climas y suelos. Cada terroir, con su clima, suelo y trabajo del hombre, produce vinos originales y diferentes. Las regiones fuera de Mendoza, como el norte o el sur del país, tienen características únicas que influyen en el perfil de los vinos, como la acidez, color y graduación alcohólica.

-Finalmente, ¿qué relevancia tienen las medallas en concursos para un enólogo o bodeguero?

- Las medallas son importantes porque brindan una evaluación externa del producto. Permiten saber si se está en el nivel adecuado y si el producto cumple con las expectativas del consumidor. Incluso si no se gana, se obtiene un mensaje valioso para mejorar. Un buen puntaje también ayuda a abrir puertas en los mercados interno y externo.

Concurso Nacional de Vinos y Espirituosas, una novedad:

Tal y como resaltó Bressia, el concurso no solo permite a enólogos y bodegueros poner a prueba sus vinos, destacar entre sus pares y reconocer si se está al nivel de lo que exige el mercado, sino que, además, permite “abrir puertas”.

Es por eso que el próximo 2 de octubre, los winemakers tendrán la oportunidad de que un prestigioso jurado puntúe sus creaciones, a ciegas, para garantizar una total transparencia.

Además, habrá un precio especial hasta el 15 de agosto en las inscripciones que podrán aprovecharse.

Por otro lado, te contamos quiénes nos estarán acompañando como Sponsors: La Cabrera, Municipalidad de Godoy Cruz, Indegap y Hotel Diplomatic.

También participará el Wine Institute, San Pellegrino y RCristal.

Invitan a este concurso: el Instituto Nacional de Vitivinicultura de Mendoza (INV), Enolife, la Academia de la Vid y el vino, Acovi y la Asociación de Sommelier del Litoral

Organizan: Los Andes y Guarda14.

Publicado en Guarda 14 del Diario Los Andes.

11 de agosto de 2024.

https://guarda14.losandes.com.ar/noticias/walter-bressia-como-se-produce-un-buen-vino-argentino-de-donde-venimos-y-hacia-donde-vamos/

domingo, 2 de junio de 2024

El excéntrico multimillonario suizo que produce vino en un rincón de Patagonia.

 


El excéntrico multimillonario suizo que produce vino en un rincón de Patagonia.

La bodega Ojo de Agua es propiedad del suizo Dieter Meier, empresario, artista multifacético y un apasionado de las costumbres y los productos del campo argentino.

Cuenta la historia que Dieter Meier vino a la Argentina junto a su padre, por negocios, hacia principios de la década del 70. A partir de ese viaje, este hijo de importantes industriales europeos, quedó impactado por las bondades y costumbres de estas tierras. Fue así que, hacia la década del 80, Dieter Meier comienza a comprar sus primeras tierras en la pampa húmeda.

El nombre Ojo de Agua, refiere a la estancia ubicada al pie de Sierra La Vigilancia en la provincia de Buenos Aires, fundada por Pedro Luro en 1868, meca y emblema de las carreras y de la crianza de los mejores caballos pura sangre. Hacia 1996 Dieter Meier compra esta estancia y comienza a criar ganado y producir carnes.

Al mismo tiempo, comienza a viajar por el país para buscar los mejores suelos para producir vinos orgánicos y otros productos, y es así que llega a adquirir hectáreas en Mendoza, Salta y en la Patagonia. Parte de lo que se produce en estos terruños se exporta y tiene, entre sus destinos, los prestigiosos restaurantes propiedad del empresario alrededor del mundo, donde se ofrecen productos made in Argentina.

Siempre bajo el ala de la producción orgánica, como el mismo Dieter dijo. “El viñedo debe expresarse sin ninguna intervención. Imagina las posibilidades en las regiones vinícolas más ricas de Argentina si incorporásemos una viticultura pura y libre de productos químicos”, expresó alguna vez marcando la línea de que toda la producción en el país sería orgánica, como lo es actualmente.

Un personaje multifacético.

Dieter Meier nació un 4 de marzo de 1945 en Zurich, quienes lo conocen personalmente dicen que es una persona muy activa, un viajero incansable y un apasionado de la vida. Entre sus múltiples ocupaciones figuran la de jugador de póker, letrista, músico, novelista, golfista, industrial, cineasta, actor, restaurador, enólogo, ganadero y ¡hasta gaucho argentino!

Este excéntrico gentelman llegó a estudiar leyes hasta que se convirtió en jugador de Póker profesional y luego se transformó en músico. En este rubro, fue fundador del grupo Yello, junto a Boris Blank uno de los más reconocidos en el estilo electropop. Con intenciones de resumir este aspecto de su personalidad, su carrera y trabajos en diferentes disciplinas artísticas es muy extensa y supera los límites de esta nota.

Hacia fines de la década de los 90’s Dieter se sumerge de lleno en su nueva pasión, la producción orgánica de carnes, vinos y otros productos como nueces, avellanas, miel y hasta semillas de chía. Esta actividad lo llevó a adquirir tierras en la Provincia de Buenos Aires, La Pampa, Mendoza, Salta y la Patagonia.

Enamorado de las uvas del Valle Medio.

La planta de elaboración de vinos de la bodega Ojo de Agua se encuentra en Luján de Cuyo, Mendoza, lugar en el que se pueden realizar visitas guiadas y comer en su restaurante. Hasta este lugar, llegan las uvas desde otras partes del país para la elaboración de las diferentes líneas de vinos, como la que llega desde el Valle Medio de Río Negro.

Según Mauricio López, enólogo de la bodega Ojo de Agua, “el hecho de elaborar vinos de la Patagonia nace varios años más tarde del proyecto de elaborar vinos orgánicos en Mendoza”. Mientras que los viñedos de Mendoza se plantaron en el año 2002, “las primeras plantaciones (en Río Negro) fueron en el año 2011 en Fortín Castre, a unos 80 km. de Choele Choel”.

Respecto a las cepas que se cultivan en tierras rionegrinas “En un principio se comenzó con ChardonnayPinot y Malbec. Luego se amplió a Sauvignon BlancMerlot y Cabernet Franc” asegura López y afirma que, actualmente, son 40 las hectáreas plantadas, una parte se encuentra en una chacra y otra en la barda.

Particularmente la bodega usa las uvas de estos viñedos para elaborar la línea Ojo Negro, “donde contamos con un Chardonnay, un Sauvignon Blanc, Rosé de Pinot, un Pinot NoirMalbec, Merloy Cabernet FrancSon vinos frescos, frutados, donde buscamos mantener las características de cada varietal lo más expresivas posibles”, explica el enólogo en diálogo con +P.

“La zona nos da uvas de muy buena calidad y tratamos de reflejar eso en cada uno de los vinos, donde generalmente trabajamos en tanques de acero inoxidable pequeños, maduramos en huevos de cemento y, en algunos casos, un porcentaje de vino pasa un tiempo por barricas de tercer y cuarto uso”, dice López sobre esta línea que se exporta a Suiza, Alemania y recientemente a Estados Unidos e Inglaterra, aunque también se comercializa en el mercado interno.

En las cinco hectáreas que hay en la chacra de Fortín Castre, hay una hermosa estancia donde Dieter Meier suele quedarse algunos días a disfrutar del clima soleado y seco del Valle Medio. El resto de los terruños se encuentran en la barda, que posee suelos áridos y muy ricos en minerales, donde también se producen carnes y frutos secos, todas las bondades que dan estas tierras patagónicas.


Publicado en Más Producción de La Mañana del Neuquén. Imágenes del mismo diario.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/el-excentrico-multimillonario-suizo-que-produce-vino-un-rincon-patagonia-n1117482

lunes, 15 de abril de 2024

Luis Correas: “Lo mejor de la nuestra industria es la diversidad, no se puede monopolizar con un sólo estilo”.

Imagen: Bodega Luis Segundo Correas.

El titular de la Bodega Luis Segundo Correas habla sobre el negocio vitivinícola, las transformaciones de los últimos 50 años y las demandas del nuevo consumidor de vino.

Luis Segundo Correas, en Casa San Luis, el paraje diseñado por Carlos Thays.

Luis Correas, abogado y bodeguero por adopción, recibió a Los Andes en la casona San Luis, una de las joyas arquitectónicas que tiene el departamento de Junín. Heredero del ex gobernador de Mendoza Juan de Dios Correas, el negocio del vino estuvo en su familia durante décadas, ya sea como productores o industriales. Durante una extensa charla habló sobre el hecho de participar de una bodega familiar, también explicó cómo se han ido transformando con el paso del tiempo y, principalmente, con orgullo, contó sobre las nuevas generaciones de hijos y sobrinos que están hoy en áreas claves de la Bodega Luis Segundo Correas en Medrano.

-Son una bodega familiar con mucha historia...

-Todo comenzó con mi bisabuelo, Segundo Correas, quien tuvo 10 hijos. Dos de ellos, los varones, continuaron con el apellido y la tradición familiar. Una de las bodegas estaba aquí en Medrano, Mendoza. Luego, la bodega pasó a mi tío Julián y a mi abuelo, que era abogado. Ellos continuaron con las viñas y la producción de vino. En 1973, mi padre Luis Segundo, que era el único varón, se hizo cargo de todo. Yo me recibí de abogado y trabajé en la empresa en contacto permanente. Después, mi hermano Julián y Diego, que falleció, continuaron con el negocio. Más tarde, se incorporó mi hermano Francisco, quien vive en Buenos Aires y se encarga de la parte comercial. Y ahora se sumaron mis hijos Juan y Victoria junto con mis sobrinos Julián y Julieta.

-A lo largo de todos estos años, ¿cómo ha cambiado la forma de hacer vino, de comercializarlo y los productos que ofrecen?

- La forma de hacer vino ha mejorado mucho con la tecnología, pero sigue siendo vino. Antes, en los años 80 y principios de los 90, se producía mucho vino a granel, vinos blancos y tintos comunes. A partir del 92 y 93, se empezaron a hacer buenos vinos. Antes también existían, pero era un porcentaje muy pequeño. En los 90, hubo un cambio importante con la entrada de la tecnología. Muchos malbecs y cabernets se convertían en blancos escurridos. Pero eso era lo que la gente tomaba, con hielo, con soda, con jugo. Y se tomaba mucho, 90 litros por habitante. Ya a partir del 2000 hubo un cambio en la configuración del negocio.

-¿Y cómo trabajaron ese cambio?

- Nosotros comenzamos a vender y fraccionar. Antes éramos trasladistas y vendíamos a otras bodegas. Ahora estamos más enfocados en la exportación, aunque en los últimos años se complicó por la inflación y la brecha cambiaria.

-¿A qué mercado y qué productos exportan?

- Producimos varietales: malbec, cabernets, entre otros. Fundamentalmente Malbec, que es nuestra especialidad. Exportamos a Brasil, Estados Unidos, Canadá y Dinamarca.

-¿El mercado interno nunca fue una opción?

- Sí, pero es más difícil. No hemos logrado insertarnos mucho. La distribución es uno de los desafíos más grandes.

Luis Segundo Correas, en Casa San Luis, el paraje diseñado por Carlos Thays.

-¿Y qué opina del consumidor actual? ¿Qué busca en el vino?

-Lo mejor de la industria vitivinícola es su diversidad. No se puede monopolizar con un solo estilo o marca. Estamos viendo un interés creciente en vinos frescos, más modernos, con menos influencia de la madera. También hay espacio para explorar otras variedades más allá del malbec.

-¿Cree que el consumo de vino seguirá disminuyendo o hemos tocado fondo?

- Creemos que debemos seguir innovando, ofreciendo un producto de calidad que atraiga al consumidor. La dinámica laboral ha cambiado, la gente ya no tiene el mismo tiempo para almuerzos largos en casa. Es importante permitir que el consumidor elija lo que realmente disfruta.

- ¿El marketing del vino ha alejado al consumidor?

-Sí, considero que cierto tipo de marketing ha alejado al consumidor. Sin embargo, también ha abierto nuevas oportunidades. El vino sigue siendo una parte importante de la cultura, tanto en Argentina como en el extranjero. ¿Has notado cómo en las series de televisión o las películas, los personajes a menudo disfrutan de un vino? Eso sigue siendo relevante.

-Hay una tendencia hacia consumir productos con alcohol cero..

-Si. Hay una tendencia mundial hacia productos más saludables, menos procesados, lo cual puede afectar la industria del vino. Es cierto que esta tendencia podría impactar en el volumen de consumo como lo conocíamos antes. Sin embargo, el vino tiene una historia arraigada y sigue siendo una bebida con un significado cultural profundo, incluso con sus beneficios para la salud que se destacan en la Biblia. No creo que vayamos a presenciar el fin de la industria del vino ni del consumo de alcohol en general. Si bien los hábitos de consumo están cambiando, es difícil predecir hacia dónde se dirigirán. En este contexto, nosotros como productores debemos adaptarnos a las preferencias del consumidor y estar atentos a las nuevas tendencias.

-¿Qué considera que demanda el consumidor internacional hoy?

Consideramos que las nuevas tendencias en el mundo del vino están enfocadas en vinos jóvenes, frutados y accesibles, que inviten a disfrutar y compartir una copa de manera desenfadada, más allá de analizar cada característica detalladamente. Estos vinos están ganando popularidad, y vemos un crecimiento significativo en el segmento de vinos orgánicos. Aunque dudamos que el mercado en su totalidad se convierta en orgánico, sí observamos una demanda creciente por parte de ciertos consumidores dispuestos a pagar un precio diferencial por productos orgánicos. Sin embargo, creemos que esta tendencia coexistirá con otros tipos de vino, ya que la accesibilidad y el precio seguirán siendo factores importantes para muchos consumidores. Es posible que en el futuro veamos una evolución similar a lo que ocurrió con los productos transgénicos: una gran atención inicial seguida por una adaptación y coexistencia con otras opciones en el mercado.

UNA CASA CON HISTORIA: CASA SAN LUIS.

En 1972, Luis Segundo Correas, heredero del espíritu pionero de sus antepasados, tomó las riendas de la bodega familiar. Bajo su liderazgo, se modernizó la bodega actual, ubicada en el carril Tres Acequias de Medrano, ampliando su capacidad para albergar la creciente producción proveniente de los viñedos plantados en 1932.

Más allá de la producción de vinos de alta calidad, la familia Correas rinde homenaje a sus raíces y a la historia del lugar con Casa San Luis. Esta centenaria casona, construida por los fundadores de la bodega, se encuentra rodeada de un magnífico parque con añosos árboles y una gran variedad de rosas. Diseñado por el paisajista francés Carlos Thays, quien en Mendoza es recordado por el diseño del Parque General San Martín, el lugar es un oasis y refugio veraniego para la familia. Además la Casa fue escenario de dos películas. En 1980 Luis Sandrini, protagonizó allí la película “Donde el diablo metió la pata” y en 2014 se filmó “Vino para robar” protagonizada por Daniel Hendler y Valeria Bertucelli.

Casa San Luis abre sus puertas al público para ofrecer visitas guiadas y almuerzos con reserva previa. De esta manera, los visitantes tienen la oportunidad de sumergirse en la historia de la familia Correas, conocer el proceso de elaboración del vino y disfrutar de una experiencia gastronómica única en un entorno de gran belleza.

* Publicado en Diario Los Andes de Mendoza.

Imágenes: Diario Los Andes.

14 de abril de 2024 .

https://www.losandes.com.ar/economia/luis-correas-lo-mejor-de-la-nuestra-industria-es-la-diversidad-no-se-puede-monopolizar-con-un-solo-estilo/