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sábado, 24 de octubre de 2026

Viñedos San Sebastián. CONCURSO CATA A CIEGAS SAN JUAN. Medallas.


Viñedos San Sebastián.

CONCURSO CATA A CIEGAS SAN JUAN.
el más emblemático, federal e importante de nuestro país.
Muchísimas Gracias a todo el equipo de trabajo del Consejo y Centro Enólogos S.J.
Concurso Nacional de Vinos Cata San Juan
LOS CAMPEONES DE PATAGONIA=
*MEDALLA DE ORO con 92 pts HOLLEJOS CABERNET FRANC 2023
*MEDALLA DE ORO con 91 pts HOLLEJOS MALBEC 2024
*MEDALLA DE PLATA con 89 pts LECHUZA SPECIAL BLEND 2020.
*MEDALLA DE PLATA con 88 pts HOLLEJOS EXOTIC BLEND 2023
*MEDALLA DE PLATA con 87 pts LECHUZA MALBEC 2024.
Vinos de autor Cervantes, Río Negro Patagonia Argentina.

lunes, 5 de octubre de 2026

Bodega San Sebastián, en Cervantes, un emprendimiento de la Familia Tello Najul.

 


Entre parrales y viejas historias: San Sebastián, la bodega donde el vino se cuenta desde la tierra.

En una chacra escondida entre las bardas, una familia conserva viejas cepas, recupera variedades que casi desaparecieron y transforma cada vendimia en una manera de contar el pasado. Ricardo abre la tranquera, camina entre plantas de 44 y 80 años, muestra las cicatrices que dejaron las heladas y conduce la visita desde el viñedo hasta las barricas, donde el vino vuelve a convertirse en memoria, trabajo y paisaje patagónico.

Ricardo Tello Najul recorre el viñedo familiar, donde sobreviven cepas antiguas y la historia de varias generaciones.
Fotos: Juan José Thomes.

El auto deja atrás Roca y avanza hacia Cervantes. El paisaje empieza a cambiar cuando el camino se mete entre las bardas, los piquillines y las jarillas. No hay tránsito, apenas el camino, el monte y esa sensación de un lugar sin gente. Hasta que aparece la tranquera y Ricardo Tello Najul saca el candado, abre, levanta una mano y la mueve en lo alto para indicar que hay que avanzar. Después sube a su camioneta y se pone al frente. No hace falta que explique demasiado: simplemente marca el camino.

Al doblar aparece la pequeña capilla de San Sebastián y, enseguida, el cartel de bienvenida a la bodega que lleva el nombre del santo. Hacia un lado están los cuadros de viñedos, prolijos, que empiezan a recibir la primavera. Al frente, entre algunos tamariscos, en la casa donde Ricardo creció, donde vive con su mujer Luciana Persiani, y donde sus padres criaron a cinco hijos, reina el silencio. A la derecha, hay una construcción de dos plantas tiene arriba un ventanal enorme que mira directamente hacia las hileras de plantas. Y en el centro entre las vides, los dos hombres que con una sonrisa, reciben a los visitantes.

Casi sin transición, los dos empiezan a contar la historia de aquel lugar. Una historia familiar, pero también la de muchas familias de Río Negro que hicieron de las chacras una forma de vida y que quedaron enlazadas, durante generaciones, con la historia del vino en Río Negro. “Los viejos compraron la chacra en 1983. Yo nací acá en 1983, porque en El Cuy no había hospital, pero hasta los seis años viví ahí. Mi viejo y mi vieja vivían en la escuela porque eran los directores, hasta que se consiguió este lugar”.


En Cervantes, la familia Tello Najul conserva viejas cepas y recupera una tradición vitivinícola atravesada por crisis y heladas.

Cuando sus padres llegaron había diez hectáreas de parrales. Del lado paterno estaban los abuelos, vitivinicultores en San Juan, una historia atravesada por el terremoto de 1944 y el abandono de los viñedos. El abuelo terminó en San Luis, donde nació su padre, pero el vínculo con la vid quedó como un deseo familiar: volver a tener un viñedo propio. Años después, ese sueño encontró su lugar entre las bardas de Cervantes.

El campo tuvo distintas vidas: hubo ovejas, vacas y actividad ganadera, mientras que hoy quedan los caballos. Para Ricardo, esa historia rural también explica el tipo de enoturismo que propone. “Después está el turista al que le encanta aprender, descubrir el terroir, probar los vinos del lugar”. Él los llama enófilos, visitantes interesados en conocer las plantas, las variedades y todo lo que sucede antes de que el vino llegue a la copa.

Cuando Río Negro tenía miles de hectáreas de viñedos.

La chacra familiar guarda viñedos patrimoniales que sobrevivieron a la reconversión de la fruticultura y hoy forman parte de una nueva historia del vino rionegrino.

Para comprender ese presente hay que volver a los años 90. La crisis de la industria, agravada por el escándalo de adulteración de vinos de 1993, afectó el consumo y aceleró la erradicación de viñedos y el reemplazo por peras y manzanas. En la chacra quedaron plantas antiguas como testimonio de aquel paisaje.

Ricardo camina hasta el parral y se abraza a uno de los troncos, grueso y retorcido. “Tenemos un viñedo, una cepa, un tronco que tiene unos 30 o 40 centímetros de diámetro, de los que quedan en Río Negro”. Después muestra el nuevo viñedo que plantó junto a su hermano con Malbec, Cabernet Franc y Pinot Noir. “Todo lo hicimos nosotros. En su momento hicimos un vivero gigante, el más grande de la Patagonia, y empezamos a armar nuestras propias plantas”.

En 2022, Ricardo sufrió una helada de lleno. Hasta entonces trabajaba también como enólogo para bodegas grandes. Su tiempo estaba repartido entre esos trabajos y el proyecto familiar. Pero aquella helada le mostró algo que hasta ese momento quizás había intentado postergar: si él no estaba allí, no podía defender lo que había construido. “Estoy construyendo el sueño de otro”, pensó, y decidió quedarse para dedicarse al propio.

Entre las bardas y los tamariscos, los viejos parrales todavía cuentan la historia de una familia ligada a la vid.

La escena parece pequeña, pero para Ricardo resume buena parte de lo que significa trabajar con un viñedo. Es ingeniero agrónomo, estudió en La Plata y después se formó en Enología en Mendoza. También hizo un máster en Viticultura y Enología en Europa y su hermano siguió un camino parecido: es agrónomo y enólogo. Pero antes de los títulos hubo otra escuela, más doméstica e improvisada. Empezaron haciendo vino en el garaje de la casa, cuando su hermano Farid tenía apenas 12 años y Ricardo 18. Hoy son una bodega boutique.



Las plantas que quedaron después de la gran reconversión.

Entre las hileras de su parral antiguo de 80 años, aparecen ahora las cepas que Ricardo considera parte de un patrimonio. Son variedades que sobrevivieron a una época en la que el mercado fue reduciendo el paisaje vitivinícola a unas pocas opciones, que ellos rescataron y que hoy tienen un valor diferente.

Una de esas variedades es el Trousseau, presente en muy pocos viñedos de Latinoamérica y también en algunas regiones de Portugal, Francia y España. En Argentina, explica, no es una cepa que se encuentre fácilmente. También está el Pinot Joubertin, una variedad de la que producen apenas unas 80 botellas. La cantidad es mínima, pero justamente allí está parte de su valor. Después aparece la Balsamina, una variedad endémica de Río Negro que, fue un cruzamiento espontáneo que se dio entre el Malbec y la variedad Loca Blanca y según explica Ricardo, no existe en ningún otro lugar del mundo.

Una de las botellas que pasó por una cava submarina en el Golfo San Matías, una experiencia que Ricardo Tello Najul realizó para explorar la evolución del vino bajo el mar.

“Por eso hablamos de cepas patrimoniales”, explica Ricardo. Son parte de un paisaje que alguna vez fue mucho más extenso y que hoy vuelve a despertar interés porque cuenta una historia diferente. El consumidor de vino cambió y empezó a buscar identidad, variedades menos conocidas y características propias de cada territorio. Para Ricardo, ahí aparece una oportunidad: mostrar lo que quedó y explicar por qué llegó hasta el presente.

De la tierra al tanque.


Después de recorrer los parrales, Ricardo conduce la visita hacia la bodega. Los tanques de acero inoxidable ocupan buena parte de la sala y alrededor aparecen el laboratorio, las herramientas y las botellas que permiten seguir el camino de la uva hasta convertirse en vino. Mientras camina, explica el proceso. Baja unas escaleras y llega a la sala donde las barricas descansan alineadas.

Allí habla del roble, de los tiempos de crianza y de cómo cada decisión puede modificar el resultado final. Su padre se acerca para una fotografía y queda junto a él en medio de la sala. Es una escena cotidiana, pero resume algo que aparece una y otra vez durante el recorrido: en esta bodega las generaciones no están separadas.

La siguiente sala guarda algunas de las botellas más particulares de la bodega. Están iluminadas con una luz tenue. Ricardo toma una y la muestra. Está cubierta de barro y tiene una historia que la diferencia de las demás: estuvo en la cava submarina del Golfo San Matías, dentro de una partida muy limitada que actualmente se convirtió en uno de los vinos más caros de la bodega.

El padre de Ricardo Tello Najul, junto a la chacra que la familia compró en 1983 y donde comenzó esta historia vitivinícola.

La experiencia surgió de una pregunta: si el movimiento constante del mar y las condiciones del fondo podían generar una evolución diferente en el vino dentro de la botella. Para comprobarlo, conservaron un vino testigo, un Gran Reserva, y colocaron otras botellas en una cava submarina. “Nos juntamos las bodegas que participamos, los enólogos y probamos las botellas sin saber cuál era cuál”, cuenta Ricardo. Según relata, encontraron diferencias y pudieron identificar cuáles habían pasado por la experiencia submarina.

La sidra también tiene su lugar.

La chacra no termina en el vino. También elaboran sidra de alta gama bajo la marca Alto Vuelo, con manzanas y peras orgánicas, a partir de Granny Smith y Pink Lady, utilizando el método “champenoise”. Ricardo explica que las botellas se van moviendo y colocando en el pupitre para que esas borras se acumulen en el pico. Después llega el degüello, un procedimiento que Ricardo relaciona con las antiguas técnicas de elaboración de espumantes de Dom Pérignon.

Una botella que guarda la huella de una experiencia singular: meses de permanencia en una cava submarina del Golfo San Matías.

Cuando habla de la producción actual, Ricardo vuelve inevitablemente a la familia. Hay clientes que los conocen desde los primeros años y que terminaron convirtiéndose en amigos. También están sus sobrinos, que ayudan, sus hermanas, que se acercan cuando hace falta, y su madre y su padre, que continúan siendo una presencia diaria.

Hoy Ricardo y su mujer Luciana Persiani, viven completamente de esta actividad y ya llevan 23 vendimias. La última parte del recorrido transcurre en una sala vidriada, con una mesa larga para la degustación. Hay copas, individuales y botellas listas para probar. Desde el enorme ventanal se ve el viñedo, el monte y el cielo abierto. Sobre una mesa aparecen libros y medallas obtenidas por sus vinos en distintos concursos. Ricardo vuelve entonces a una expresión que resume buena parte de su manera de entender el proyecto: “viñedo de autor”.

Sabe que el consumo de vino viene atravesando dificultades y que todavía se arrancan viñedos, pero también observa otro fenómeno. “Podés ver noticias que dicen que el consumo de vino baja, que se siguen levantando viñedos y que hay una crisis en el sector. Pero lo que está aumentando es la gente que demanda experiencias: poder hacer algo distinto, salir a la tierra, conocer el viñedo, tocarla, caminar, tocar una planta. Entonces se trata de vivir el momento. Y nosotros estamos en eso”.

Por eso llegan visitantes de Roca, Allen, Cervantes, Regina y Neuquén, pero también turistas que vienen desde otros lugares del país y grupos de enófilos que recorren la Patagonia detrás de bodegas y vinos con identidad. Ricardo le dice visita “de lunes a lunes”. La expresión tiene algo de la vida que se lleva allí: un lugar aislado, donde hay que cuidar el predio y donde las visitas se organizan de manera casi artesanal. Puede ser un miércoles o un domingo, porque si alguien quiere conocer la chacra y se puede coordinar, abre la puerta.


Cuando llega el momento de irse, queda atrás el ventanal de la sala, los viñedos y el monte. La primavera empieza a pintar de verde las hileras y el camino vuelve a perderse entre las bardas. Pero ahora la chacra aparece en la memoria como el lugar donde una familia conservó plantas que estuvieron a punto de desaparecer, donde una helada dejó cicatrices que todavía se muestran a los visitantes y donde cada botella puede contar algo de la tierra que la vio nacer. La tranquera se cierra otra vez, pero la historia sigue creciendo del otro lado, entre las viejas plantas y los nuevos brotes.


Como ir a visitar Bodega San Sebastián.

Para llegar a la Bodega y Viñedos San Sebastián ubicada en Cervantes, Río Negro, debes dirigirte a la Chacra 297. Para eso por wsp te enviarán el mapa (298 440-6555 o en @bodegasansebastian.

La visita guiada, con degustación de 5 etiquetas sale $30.000 por persona, o $40.000 las 8 etiquetas. También pueden aramar una opción con un catering y degustación. Siempre con reserva previa.

Por Lorena Vincenty.

Fotos: Juan José Thomes.

Domingo 04/10/2026.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/voy-turismo/entre-parrales-y-viejas-historias-san-sebastian-la-bodega-donde-el-vino-se-cuenta-desde-la-tierra/

 

Viños de la Patagonia Argentina, viñedos patagónicos y argentinos. Vinos del sur, de las zonas frías PATAGONIA.

lunes, 3 de marzo de 2025

Bodega de Delfo José Ciccioli.

 

Bodega de Delfo José Ciccioli.
Por Federico Witkowski.

La actividad vinícola se inicia con Delfo y Pacífico Ciccioli mediante el expendio de vinos procedentes de Mendoza en la ciudad de Bahía Blanca. Estando viviendo en esta ciudad nace Delfo José (26.05.1951 – 15.11.2004), hijo de don Delfo.
Don Delfo, ya establecido en la región, adquiere una bodega localizada en una parcela rural de 3 hectáreas, correspondiente a la Chacra 339, que era propiedad del germano Albrecht Bohemer –un inmigrante de posguerra de la Segunda Guerra Mundial –, en el sector de puente Los Tilos, en los actuales límites del ejido municipal de Mainqué.
En el año 1970 Delfo José se radica en Cervantes. La sociedad comercial entre hermanos se disuelve y Delfo José con sólo 19 años se hace cargo de la bodega familiar. A los pocos años, adquiere una chacra de 12 hectáreas de superficie en la circunscripción municipal de Mainqué, la cual poseía un viñedo de 6,00 ha implantado con las variedades patrimoniales de la Patagonia y conducido en espaldera de 3 hilos.
Los mercados comenzaban a requerir mayores volúmenes de vinos y para hacer frente a las necesidades vínicas que exigía ese incremento de la demanda, decidió ampliar las instalaciones de la bodega hasta alcanzar una capacidad total de vasija vinaria de 1.000.000 de litros; por lo cual, para cubrir dicha capacidad procesaba uvas que compraba a viñateros de la zona. Bodega que quedó inscripta en el Instituto Nacional de Vitivinicultura bajo el número N 71410.
En 1976 a los 25 años de edad contrae enlace con Verónica Gass, una muchacha oriunda de los pagos costeros de Pehuencó, provincia de Buenos Aires, hija de don Juan Gass y doña Norberta Oronoz Zabaleta. Luego el hogar fue bendecido con la llegada de sus hijos: Ornella, Delfo y Juan José. Así, su familia se constituyó en un parámetro vital.
Cabe destacar que Delfo José era una persona de convicciones firmes y compactas, de gestos medidos, comunicativo, propenso a una risa fácil, generoso y afable, austero y sin egoísmo, con un elevado afán de realización, fiel a sí mismo, abnegado, carismático, justo y de una inclaudicable honestidad. Su ejemplo de vida ha sido el legado más importante que les dejó a sus descendientes.
Los vinos elaborados eran tipo de mesa tinto, blanco y rosado, los que fraccionados en damajuanas de 4.750 cm3 y botellas de 950 cm3, se expendían con la reputada marca DON DELFO y con la etiqueta LOS TILOS.
Un hecho que afectó el normal funcionamiento de la actividad comercial y los trabajos de rutina de la bodega fue el estado de salud de Delfo José, quien a los 34 años sufrió una enfermedad en los riñones con pérdida de la función renal y entró en tratamiento de diálisis. No obstante del deterioro físico que le infligía la enfermedad, su ánimo y voluntad no se limaban. Fue transplantado y sus controles los realizaba en la ciudad de Buenos Aires. Todo lo cual también incidió desfavorablemente en la borrasca económica que tuvo que enfrentar el emprendimiento.
Es para destacar que Delfo José contaba en la bodega con la inestimable colaboración de don Juan Gass, su suegro. Un verdadero todoterreno.
Después de venir de días heridos y salvados, tratando de esquivar los barquinazos económicos propios de la década de los años ’80 –producidos por el sobre-endeudamiento– que vio a la actividad vitivinícola nacional atravesar a unas de sus peores crisis históricas, esta bodega decide clausurar definitivamente sus lagares en el año 1989 y solicitar la baja de la actividad al Instituto Nacional de Vitivinicultura.
Agobiado y esquilmado por las deudas y con la finalidad de cumplir con los compromisos contraídos, es decir, atrasos salariales, obligaciones con proveedores, fiscales y endeudamiento financiero, Delfo José, a quien le había quedado en la boca el gusto amargo de la desazón, decidió desmantelar la bodega y vender todos los implementos y equipamiento existente en la misma.
Agobio tributario, crisis, endeudamiento, intereses usurarios, ahogo financiero, vencimientos y quiebras también formaron parte de la utópica tierra de promisión del utópico país de propietarios.
Agradezco a mi estimado colega Ing. Juan J. Ciccioli Gass por el aporte de los datos familiares y demás información brindada para poder desarrollar la presente reseña histórica de la bodega en cuestión.
Publicado en Marbetes de damajuanas de vino de bodegas de la norpatagonia.

lunes, 4 de noviembre de 2024

Bodega rionegrina San Sebastián, medalla de oro en concurso nacional.


La Bodega y Viñedos San Sebastián de Cervantes fue distinguida con la medalla de oro en el 36° Concurso Nacional de Vinos Cata San Juan 2024, el certamen vitivinícola más antiguo del país, del que este año participaron 83 establecimientos, con más de 300 muestras de diferentes varietales.

Un vino de Río Negro, entre los mejores del país: fue medalla de oro en un prestigioso certamen.

Producido en el Alto Valle, logró imponerse contra las principales bodegas del país. Su sello artesanal, clave.

Como manda su historia, el Alto Valle, paraíso de las manzanas y peras, también se destaca por su vitivinicultura y con esa trayectoria en sus espaldas, un vino producido en Río Negro logró una medalla de oro en un importante certamen que reunió a las principales bodegas del país.

Se trata del Lechuza Malbec que presentó la bodega San Sebastián, que es una de las etiquetas de alta gama que refleja un estilo único y la impronta de la dedicación artesanal de sus creadores, generando calidad y autenticidad en los productos.

El establecimiento, se explicó en un comunicado de la Provincia, participó de la competencia que organizó el Consejo Profesional y Centro de Enólogos de San Juan junto a otros Mendoza, La Rioja, Córdoba, Salta, Catamarca, Tucumán, Entre Ríos, Buenos Aires, Neuquén y San Juan.

Allí el vino rionegrino recibió este resultado que fue definido como «notable» y posiciona a la provincia en lo más alto y al nivel de los mejores vinos del país.

La bodega, con su sello de producción, logró convertirse en una de las referentes de la elaboración de vinos de autor en la provincia, gracias a líneas como Fenómeno Vino de Otro Planeta, Lechuza Reserva y Gran Reserva y Hollejos Piel de Uvas Reserva, así como también la sidra Alto Vuelo, elaborada con peras y manzanas orgánicas.

Los Caminos del Vino de Río Negro suman una bodega premiada.

San Sebastián pertenece, además, a los Caminos del Vino de Río Negro, propuesta que ofrece una experiencia integral a los visitantes, para recorrer las instalaciones y conocer los procesos de elaboración.

Publicado en Diario "Río Negro".

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/un-vino-de-rio-negro-entre-los-mejores-del-pais-fue-medalla-de-oro-en-un-prestigioso-certamen-3866768/

Bodega y Viñedos San Sebastián.

Una Bodega Boutique que se encuentra en la localidad de Cervantes, sobre la barda, en el medio de la estepa Patagónica, zona conocida como Alto Valle del Río Negro, Argentina.

Desde el 2003 elaboran diferentes productos al estilo autor.

Los vinos son diseñados desde viñedos orgánicos.

Los productos que ofrecen son partidas limitadas y exclusivas.

Bodega y Viñedos San Sebastián se convirtió en uno de las referentes en la elaboración de vinos autor en la provincia. 

Establecimiento fundado por la Familia Tello Najul.

La historia se remonta a 1983 cuando Susana Najul y Ricardo Tello adquirieron una finca con viñedos plantados en 1946. Inicialmente productores de uva, la familia evolucionó hacia la elaboración de vinos, inaugurando oficialmente la bodega en 2012.

Perteneciente a los Caminos del Vino de Río Negro, este establecimiento ofrece una experiencia integral a los visitantes quienes podrán recorrer las instalaciones y conocer los procesos de elaboración, así como también disfrutar de degustaciones de vinos, caminatas guiadas, observación de flora y fauna local e imperdibles vistas panorámicas del Alto Valle rionegrino

Vinifican siguientes las variedades: Malbec, Merlot , Torrontés, Cabernet Franc, Trousseau, Balsamina y Petit Verdot, plantadas en nuestro viñedo desde el año 1946.

Las diferentes marcas de vino, entre jóvenes y reserva, que elaboramos son: "FENÓMENO Vino de Otro Planeta", "LECHUZA Reserva de Familia", "HOLLEJOS Piel de Uvas", "LECHUZA Special Blend".

Además la sidra "ALTO VUELO" desde el año 2017, sidras varietales de Alta Gama, con manzanas orgánicas de exportación, con método champenoise, bajas y cero azúcar. Trabajamos con las variedades de manzana CRIPPS  PINK, GRANNY SMITH, y con peras WILLIAMS. Hacemos espumantes Nature, Extrabrut y Demisec.

miércoles, 7 de agosto de 2024

Los Caminos del Vino de Río Negro y 5 grandes bodegas para vivir una experiencia diferente.

Los Caminos del Vino de Río Negro y 5 grandes bodegas para vivir una experiencia diferente.

El recorrido turístico por las bodegas rionegrinas nació con la idea de proponer visitas guiadas por los diferentes viñedos, ofrecer la posibilidad de degustar los más variados vinos y conocer las chacras.

General Roca, la Bodega Humberto Canale es un referente en la región.

En las bodegas de Río Negro las plantas perdieron sus hojas y se toman su siesta de invierno. Entre álamos desabrigados ofrecen la oportunidad de degustar vinos excepcionales y de vivir experiencias únicas en entornos naturales y culturales inigualables. Los Caminos del Vino te llevarán hacia una serie de propuestas que fusionan la increíble naturaleza del territorio y distintas actividades que ponen en foco las bebidas elaboradas en los establecimientos.

Inmersa en el corazón productivo de General Roca, la Bodega Humberto Canale es un referente en la región. Ofrece una experiencia única que combina visitas y degustaciones de vinos los miércoles y jueves.

Además, su propuesta gastronómica es variada: los viernes, los visitantes pueden disfrutar de empanadas maridadas con vinos locales; los sábados, deleitarse con pastas, y los domingos, saborear un increíble menú patagónico que incluye carnes asadas. Para todas las actividades es necesario realizar una reserva previa a través de su sitio web: humberto-canale.meitre.com.


A escasos kilómetros de Viedma, la Bodega Wapisa ofrece una inmersión completa en el mundo del vino. Esta experiencia permite conocer en profundidad la elaboración del vino y sentir el terroir del Valle Inferior rionegrino.

La visita incluye un paseo por la finca «Los Acantilados», un recorrido por los viñedos y una degustación de productos propios, acompañada por una tabla de quesos o comida japonesa. Para consultas y reservas, los interesados pueden comunicarse al 2920 30-9386 o al correo turismowapisa@gmail.com.

Bodega y Viñedos San Sebastián, un establecimiento boutique familiar en Cervantes, en plena Estepa Rionegrina, invita a conocer su historia y sus vinos a través de visitas y catas.

Los visitantes pueden degustar un vino joven, cuatro de reserva y un espumante, complementados con un tapeo de delicatessen y la posibilidad de probar cuatro vinos adicionales. Las reservas pueden hacerse llamando al 2984 406555.

En la localidad de Cervantes, del Alto Valle, la Antigua Bodega Patagónica abre sus puertas los sábados y domingos para recorridos por sus instalaciones, donde se elaboran y se degustan distintos varietales. Las visitas requieren reserva anticipada, la cual puede gestionarse a través de su Instagram @antiguabodegapatagonica o por WhatsApp al 2984 164895.


Tanques de acero de 55 hl integran el equipamiento para elaboración que hoy tiene la Antigua Bodega Patagónica.

A orillas del río Colorado, en la ciudad homónima, Trina presenta una propuesta enológica diversa. Los viernes al atardecer, ofrece una degustación de malbec en tres etapas distintas de su elaboración, acompañada de un recorrido por la bodega con una narración histórica de sus orígenes.



Paula y Ezequiel Naumiec en el deck de una de las suites de la bodega Trina, en Río Colorado. Con copa en mano, el atardecer en esta naturaleza es una experiencia enriquecedora.

Durante toda la semana, excepto los sábados, se puede disfrutar de almuerzo, merienda y cena, destacándose la cena de pasos nocturna, donde se maridan los vinos producidos allí con cada uno de los platos servidos. Para más información, contactar al 2931 411915.

Publicado en Diario Río Negro.

Imágenes: Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/voy-turismo/los-caminos-del-vino-de-rio-negro-y-5-grandes-opciones-para-disfrutar-en-la-costa-los-valles-o-la-estepa-3731850/


domingo, 10 de marzo de 2024

Antigua Bodega Patagónica: pasado y presente de un establecimiento emblema de la vitivinicultura de Río Negro.

La fachada actual de la bodega recuperada por la familia Banacloy. Fotos: Andrés Maripe

Antigua Bodega Patagónica: pasado y presente de un establecimiento emblema de la vitivinicultura de Río Negro.

La Antigua Bodega Patagónica (ex bodega de la familia Glanz) ubicada en Cervantes teje un nuevo destino de la mano de Carlos Banacloy y su familia. Un recorrido por el pasado y el presente de este establecimiento que volvió a producir vinos de calidad.


La vitivinicultura rionegrina tiene infinitas historias para contar. Muchas de ellas dramáticas, que hablan de pérdidas, de esfuerzos que se fueron por la borda, de desaliento, de proyectos truncos. Pero otras tantas que cuentan una historia de recuperación, de puesta en valor, de ideas que van por buen camino y que hoy viéndolas a la distancia muestran que valieron la pena.

Historias de bodegas que tuvieron un punto final y cuando parecía que todo estaba perdido la realidad indica que no era tan así, que había un mañana, un futuro, una mano dispuesta a querer cambiarlo todo.

La Antigua Bodega Patagónica es una de ellas. Y parte de la historia de esta bodega hoy recuperada la cuenta Carlos Banacloy, artífice junto a su familia de un cambio de rumbo en un establecimiento que fue emblema de la vitivinicultura local: la bodega de Glanz.

La bodega y el almacén forman parte del circuito cultural histórico de la Antigua Colonia Rusa.

Diario RÍO NEGRO disfrutó de una hora de recorrido por el establecimiento bodeguero mencionado junto al mentor de su recuperación, donde se pudo apreciar el tesón de una familia para cambiar una realidad que parecía cosa juzgada. Ya antes de entrar al lugar el productor comenzó a desandar esta historia. Vivámosla juntos.

“Carlos Soria arma el paseo de Antigua Colonia Rusa y pone todos los carteles como un circuito histórico cultural de Roca. Años después, Claudia Montanaro -en ese entonces intendenta de Cervantes- arma su propio circuito y quedan carteles amarillos mirando para el lado de Cervantes y carteles azules hacia el lado de Roca”, cuenta Banacloy mientras muestra la doble cartelería ubicada a la vera de la calle Sargento Cabral.

El almacén de Glanz, un símbolo de la época que aún se mantiene en pie.

Un viejo almacén de ramos generales que perteneció a la familia Glanz, ubicado en el predio donde está la bodega y que forma parte del patrimonio histórico, es la segunda imagen que aparece a la vista. Con ese almacén y el esfuerzo familiar se levantó la bodega que fue un ícono de la vitivinicultura regional durante décadas.

“Río Negro perdió 220 bodegas y la Argentina más de 1.000 en una época en que los vinos dejaron de ser el principal hábito de consumo de la población. Argentina llegó a tener un consumo de 90 litros per cápita por año. En ese boom de consumo se desarrollaron todos estos proyectos , donde Río Negro fue pionera en la Patagonia”.

Carlos Banacloy, Antigua Bodega Patagónica.

El paso siguiente es hacia el interior de una gran mole de cemento que domina el paisaje. “Esta bodega estuvo cerrada 25 años, uno de los galpones está original y no lo hemos tocado aún. Cuando llegamos a la bodega hace 10 años todo estaba así, la bodega completa estaba así”, dice Banacloy frente a un espacio en ruinas, crudo testimonio de la debacle productiva de antaño.

¿Qué pasó con esta bodega Carlos?, consultamos. “Río Negro perdió 220 bodegas y la Argentina más de 1.000 en una época en que los vinos dejaron de ser el principal hábito de consumo de la población. Argentina llegó a tener un consumo de 90 litros per cápita por año. En ese boom de consumo se desarrollaron todos estos proyectos , donde Río Negro fue pionera en la Patagonia”.

Uno de los galpones conservado original, donde
aún se observa la maquinaria que utilizaban para elaborar vinos.

Pero luego ocurrió la declinación. Empezó a bajar el volumen de consumo que pasó de 75 a 55 litros per cápita por año, luego a 35 y actualmente está en 24, un gran golpe para bodegas que estaban acostumbradas a elaborar volumen sin poner el foco en la calidad del producto.

Así lo explica Banacloy: “Lo único que se tomaba era vino tinto, clarete y blanco, mayoritariamente blanco. Y ese achique violento de consumo hizo que estas bodegas que tenían una lógica de hacer volumen, granel, no pudieron hacer el cambio. Algunas sí, como Establecimiento Humberto Canale, o la bodega de Antonio Pirri, Tronelli, esas se pudieron adaptar y el resto no”.

Deudas en dólares y devaluación, un combo explosivo.



En esos años había muchas bodegas que estaban endeudadas en dólares, hubo dos devaluaciones y “se encontraron con que debían más que lo que tenían de patrimonio”.

El recorrido continúa por distintos espacios ya recuperados de la bodega y la historia se nutre de pequeños detalles. “Cuando yo entré acá la bodega estaba intacta, los escritorios, los papeles, los remitos, las llaves, dejaron todo y no vinieron nunca más”, cuenta su propietario actual.

Barricas esperando ser intervenidas para cumplir un nuevo rol en la cadena productiva de la bodega.

“Al día de hoy ocupamos tres galpones. En uno de ellos están los tanques de fermentación, cada uno de ellos cumpliendo una función distinta por su forma de confección, hay de 5.500 y 10.000 litros”, explica Banacloy.

Mientras va de un tanque de acero a otro, comenta cuál es la función de cada uno: “Esto que vos ves acá es una chaquetilla y toda esta superficie es la que se enfría. Este otro tiene una galería y lo que hace es que tiene fuerte enfriamiento en el piso del tanque y este otro enfría principalmente el sombrero de fermentación. Acá es dónde separás el juego del hollejo y el corazón de la fermentación es el que mayor temperatura levanta, sobre todo los tintos, porque es donde trabaja la levadura”.

Tanques de acero de 55 hl integran el equipamiento
para elaboración que hoy tiene la Antigua Bodega Patagónica.

Al fondo del salón aparece otro eslabón de la cadena: la línea de fraccionamiento. Dice Banacloy: “Hoy tenemos una línea de fraccionamiento que hace un llenado automático, se pone la botella por un lado y por el otro sale la botella llena. Nosotros no etiquetamos de manera directa porque todos los vinos tienen guarda”.

Esto significa que luego del fraccionamiento las botellas con el vino se guardan en un espacio especialmente acondicionado para tal fin y después de 2 años o 3 años salen al mercado. “Así los vinos se redondean, se ponen más amigables”, explica el productor vitivinícola.

En el interior de una antigua pileta.



Próxima estación, directo al interior de una antigua pileta de fermentación de la bodega, hoy devenida en un espacio para almacenar barricas de roble cómodamente ordenadas.

Sobre un costado descansan las prensas originales de la bodega de Glanz, completamente funcionales y restauradas a su condición original, pero que hoy solo cumplen un rol patrimonial, un testimonio de cómo se hacía el vino antes.

Barricas almacenadas en lo que antiguamente era el interior de una de las piletas de la ex Bodega Glanz.

En ese entorno hay un detalle que sobresale. Hay paredes de un espesor considerable que rondan el metro de ancho, que cumplen la función de aislar térmicamente el espacio para que no haya mucha variación de temperatura.

“Aquel galpón se hizo en 1957 y este otro en 1963… y los mirás y están intactos”, dice Banacloy frente a las paredes que resisten el paso del tiempo de una manera estoica.

El espacio es inmenso. “En estas dos piletas tenían un volumen de vinos de unos 500 mil litros, similar a lo que elaboran tres o cuatro bodegas en la actualidad”, comenta el propietario del lugar.

Prensas restauradas utilizadas antiguamente para la elaboración de vinos.

El ingreso a lo que fue la oficina original de la familia Glanz es un punto aparte para Banacloy, se transforma, quiere mostrar todo lo que guarda y recuperó. “Se me eriza la piel”, dice mientras expone certificados de cuando las familias de la región se compraban y vendían caballos, algunos documentos con más de 100 años de antigüedad.

Nielsen, Verdecchia, Pirri, Tronelli, todas las familias bodegueras históricas que se vendían entre ellas los caballos para trabajar la tierra están documentadas en ese espacio. Aparece por ahí una transacción realizada en 1917, con apellidos tradicionales de la zona como Huergo y Canale.


Documentos de transacciones comerciales realizadas allá por el 1900 en la región…

Los datos de la historia continúan. “Ya hace 10 años que tenemos la bodega habilitada, 2 años antes empezamos con la limpieza del lugar”, comenta Banacloy.

Sobre un antiguo escritorio reposan botellas de vino elaboradas por la familia. “Ésta es la evolución de esta otra botella”, cuenta con entusiasmo el productor, mientras emparda dos ejemplares de la marca UN con distinta etiqueta.

Los productos que elabora la Antigua Bodega Patagónica.



“Este año sale la primera añada de Gran Reserva al mercado que está guardada hace 5 años”, aporta sobre una novedad productiva de la firma.

En algún momento no muy lejano, la actividad vitivinícola tuvo serios inconvenientes para conseguir insumos para la elaboración y el envasado. ¿Cómo está hoy ese tema? “Está complicado, hay insumos pero lo importado cuesta un poco más, corchos, cápsulas, algunos papeles de las etiquetas.

Carlos Banacloy y una muestra de los vinos que hoy elaboran bajo las etiquetas Bellaco y UN.

Los recuerdos fluyen y enriquecen la charla: “A Antonio Pirri lo conocí hace 15 años y lo fui a ver como Director de Vitivinicultura. Me dijo: Hijo, acordate que se van a arrepentir de haber vendido y erradicado las uvas blancas, en vitivinicultura todo vuelve, son modas, tenía razón, hoy vale menos un Malbec que una uva blanca”.

“El gran desafío que tenemos es hacer un viñedo acá”, dice mientras muestra un predio con olivillos que años atrás era el baldío de la bodega.

Próxima estación, un espacio ambientado para las visitas. “Este espacio gastronómico que llamamos el Mesón del Bodeguero lo inauguramos hace poco, la idea es que puedas venir a comer algo y tomes los vinos de la bodega, está conceptualmente armado para acompañar a la bodega”, explica Banacloy.

El espacio gastronómico que construyó la familia para recibir a los visitantes.

“Es el paso que está dando la actividad hoy, pasar de lo productivo a lo turístico, porque estábamos lejos de esa mirada. Hay que entender que todos los esquemas de las bodegas son con cabeza de productores, en cambio en Mendoza ya nacen como proyecto turístico, en Neuquén pasa lo mismo”, amplía la idea.

«Por primera vez en la historia, la provincia vuelve a revertir la curva y este año se plantaron 100 ha nuevas de viñedos».

Carlos Banacloy, Antigua Bodega Patagónica.

Como corolario de la visita, Banacloy sumó una nueva cuota de optimismo para la actividad: “Hoy en Río Negro hay una gran cantidad de nuevos inversores vitivinícolas… ¿Y qué sucede? No alcanza la uva, no alcanza el vino. Por primera vez en la historia, la provincia vuelve a revertir la curva y este año se plantaron 100 ha nuevas de viñedos, es un montón, y lo importante es que se hizo de manera natural, no incentivando a regalar viñedos sino porque la demanda está insatisfecha”.

Las sensaciones que dejó el camino recorrido hasta llegar a lo que es hoy la bodega


“Nosotros no venimos de una familia viñatera, mi papá y mi abuelo tenían chacra de peras y manzanas, y uno de mis mentores en este tema fue Juan Garabito (ex Bodega Humberto Canale, hoy en la función pública municipal en Roca)”, dice Banacloy sobre sus comienzos.

“Empezamos a hacer vinos en Bodega Estepa, después compré una chacra y hacíamos vinos en Chacras del Sol frente a la caminera de Roca, ahí estuvimos tres años”, continúa el productor.

“Yo siempre veo que falta de todo, pero si miro hacia atrás y veo cuando entré acá por primera vez la verdad que hemos hecho un montón”.

Carlos Banacloy, Antigua Bodega Patagónica.

La llegada a la bodega fue casi por casualidad, por obstinado y curioso: “Después salí a buscar bodegas viejas cerradas, me interesaba recuperar una bodega vieja. Vine a ver la que está acá al lado, que era de Kaspin… para mi era suficiente y estaba hermosa, pero cuando entré me dijeron: Bueno pibe, pero esto barato no es… y ya me asusté”.

“Cuando me iba vi acá en la entrada un cartel que decía Cooperativa Permás y entré a consultar, esto era una tapera. Me pasaron el dato y hablé con la gente que la tenía e hicimos un contrato de alquiler con opción a compra. Pagué el alquiler durante 6 o 7 años con mejoras que íbamos realizando hasta que decidimos ejecutar la opción a compra”, cuenta sobre la llegada a la bodega.

A la hora del balance dice: “Yo siempre veo que falta de todo, pero si miro hacia atrás y veo cuando entré acá por primera vez la verdad que hemos hecho un montón”.

El recorrido periodístico llega a su fin, pero la historia de la Antigua Bodega Patagónica recién comenzó a escribirse.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/la-patagonica/gastronomia/antigua-bodega-patagonica-pasado-y-presente-de-un-establecimiento-emblema-de-la-vitivinicultura-de-rio-negro-3407249/