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domingo, 19 de julio de 2026

Bodega Chacra en Patagonia. Mainqué, Río Negro.


Bodega Chacra en Patagonia.

Pinot Noir, biodinamia y terroir de Río Negro.

Visitamos la tierra en la cual el Pinot Noir argentino demostró estar a la altura de los mejores del mundo.

La visita a Chacra era una de esas deudas importantes, ya que en mis viajes anteriores nunca había logrado concretar el encuentro. Esta vez, finalmente, gracias a Musu y su tour La Cueva Visita Patagonia, llegué hasta allí y fui recibido por el enólogo Diego Giovanniello, encargado de la bodega, quien nos dio la bienvenida con la naturalidad de quien conoce cada rincón de ese lugar único, ya que Bodega Chacra, en el corazón del Alto Valle de Río Negro, es hoy uno de los grandes referentes del Pinot Noir argentino y de la viticultura biodinámica en la Patagonia.

Visitar Chacra también implica entender su origen -no el de sus viñedos, que son mucho más antiguos-, sino el proyecto impulsado por un heredero de la aristocracia italiana: Piero Incisa della Rocchetta. Criado y formado entre los viñedos familiares de la Toscana -su abuelo, el marqués Mario Incisa della Rocchetta, fundador de Tenuta San Guido y creador del legendario Sassicaia, del cual Piero fue además embajador de marca-, decidió expandir su propio horizonte vitivinícola y trazar un camino propio, lejos de esa historia familiar.

En 2003 fundó Bodega Chacra, en la Patagonia argentina (Río Negro), dando forma a un proyecto personal que pronto alcanzaría reconocimiento internacional. Allí elabora vinos de alta gama centrados en Pinot Noir, guiado por un enfoque orgánico y biodinámico que busca expresar con precisión la identidad del terroir.

La historia.

Reproduciré ahora la historia contada por Piero a la periodista Verónica Bonacchi en el diario Río Negro:

Un día, en Nueva York, su prima la condesa Noemí Marone Cinzano, que había llegado a la zona acompañando a su pareja, el asesor enológico Hans Vinding Diers, auditor para Marks & Spencer de las importaciones con Humberto Canale, le convidó a Piero un Pinot Noir de esa bodega. A Piero le encantó y, sobre todo, intuyó un lugar. “Era la indicación de que detrás de ese vino había grandes condiciones. Sin saber dónde estaba Mainqué, sin saber nada, busqué un avión para venir acá y tratar de entender el lugar donde estaba hecho ese vino”.

¿Costó encontrar estos viñedos?

Tuve suerte. La vida es a veces es un poco rara: encontré un señor, Oscar Ferrari (N. de la R: jefe del INTA local) que me ayudó. Empezamos a visitar todas las chacras que según el registro tenían viña vieja de Pinot. Y, además, los hijos de los inmigrantes que trabajaron la tierra se fueron a ser doctores, abogados, ingenieros y quedaron los viejitos. Pero, encontrar una viña vieja como esta, fue como encontrar un diamante de 50 quilates.

–¿Y fue un diamante?

–Parecía una piedra sin interés. pero se notaba que había un material único porque si una viña llega a vieja es que las condiciones son maravillosas, si no, se hubiera secado antes.

Era principio de los 2000 y Piero tenía claro que quería hacer un vino liviano, en una época donde estaba de moda la extracción.

El viñedo orgánico y biodinámico, la esencia de Bodega Chacra.

El viñedo más viejo de Pinot Noir del Alto Valle fue plantado en 1932 y pertenecía a la familia Pirri, que supo tener la bodega más grande de esa época en la zona. Piero en un principio lo alquiló (luego lo compró) y, como el viñedo estaba todo abandonado, hizo un vivero para recuperarlo con el mismo material original. Ese trabajo es permanente, aún hoy, al recorrer el viñedo, vemos plantas marcadas con sogas rojas que son las que se tomarán como material genético para seguirlas reproduciendo.

Un equipo interdisciplinario y mundialmente famoso asesora a Chacra: el experto chileno Pedro Parra, realizó un estudio de los perfiles de suelo, dividiendo las parcelas, el asesor catalán Josep Ramon Sainz de la Maza explica cómo regenerarlos utilizando biofertilizantes, captura y reproducción de microorganismos, té de compost, compost y controlando los procesos en el suelo mediante el método Hérody y cromatografías, mientras que el italiano Marco Simonit, experto en poda, enseña la conducción de la vid en cordón permanente.

Trabajan bajo el principio de mantener el viñedo sin la intervención del tractor evitando así aplastar y compactar el suelo. Conviven animales, huerta, colmenas y una producción propia de compost, junto a una casita biodinámica donde se elaboran y almacenan todos los preparados, incluidos los cuernos de vaca -provenientes de animales que han parido, para aportar las hormonas necesarias que transforman el estiércol-, que luego se utilizan tanto en los preparados de invierno como de verano. El único que se mantiene fuera de la casita es el 501, que requiere exposición directa al sol y contiene cuarzo para absorber la luminosidad, entendida como la energía de las estrellas.

El suelo presenta una marcada proporción de arena, por lo que se trabaja con pasturas de cobertura que ayudan a atenuar el reflejo solar y a conservar la humedad. El riego se realiza tanto por manto como por goteo, y además cuentan con un sistema de aspersión destinado a la defensa contra heladas, favorecido por la presencia de dos canales que abastecen de agua a la chacra, “el corazón de la viña, lo que le da la energía”, en palabras de Giovaniello.

Solo la chacra Lunita, la última incorporada, no contaba con canales, por lo que se construyó un reservorio; allí, además, el sistema de aspersión se está instalando por encima del viñedo, a diferencia del de la foto, que está por debajo. El viñedo Mendoza, con plantas de aproximadamente 21 años, se destina mayormente a la línea Barda. Lindera a Chacra se encuentra la histórica parcela de Malbec plantada en 1932, propiedad de Noemía (Hans Vinding-Diers). En total, poseen 43 hectáreas propias en producción y complementan con la compra de uvas a cuatro productores. Tienen Trousseau de 1932, cepa que en Río Negro se la llamaba Bastardo, con la cual han lanzado un varietal y solo se encuentra en esta región del país. Son pocas botellas, pero se está plantando más. El Syrah, por su parte, ocupa 4 hectáreas trabajadas bajo criterios orgánicos y biodinámicos, aunque sin certificación.

Otro aspecto clave es que en esta zona la napa freática se encuentra muy alta, apenas a 1,5 metros de profundidad. Dado que se trata de un agua con elevada salinidad, es fundamental evitar que las raíces alcancen ese nivel. Cada detalle cuenta en este enfoque, donde el viñedo es el eje absoluto del trabajo: “Todo el trabajo está en el viñedo, yo en la bodega no hago nada”, resume con claridad el enólogo.

La bodega.

En la Patagonia, la madurez alcohólica y la polifenólica se alcanzan de manera simultánea gracias a las largas horas de sol, un factor clave para la calidad de la uva. En la sala de fermentación de tintos se destacan los piletones amarillos de concreto, circulares, de poca profundidad y gran diámetro, diseñados para maximizar el contacto entre hollejos y mosto y así favorecer el equilibrio y la homogeneidad.

La maceración se realiza con extrema delicadeza, evitando extracciones excesivas: el sombrero se humedece manualmente con baldes, sin uso de bombas, en busca de una expresión fina y elegante. La fermentación, llevada a cabo con levaduras autóctonas en pequeñas tinas de cemento, se mantiene a temperaturas inferiores a 20 °C para preservar los aromas frutales y florales.

Finalmente, la clarificación se realiza por decantación natural, sin filtrados ni intervenciones, con el objetivo de conservar la pureza y la identidad del vino. Todo el trabajo en la bodega es manual.

Pero Chacra ya no es solo Pinot Noir: con el tiempo han ido incorporando otras variedades, entre ellas Chardonnay, para cuya elaboración convocaron al francés Jean‑Marc Roulot, referente en Meursault y pionero en apartarse de la guarda 100% en barrica. Aquí trabaja con un esquema de 50% racimo entero y 50% despalillado, fermentaciones con levaduras nativas que se prolongan entre 10 y 19 días, sin superar los 23 °C, y una crianza repartida en partes iguales entre barrica y ánforas. Su filosofía se resume en una frase que repite como mantra: “yo cosecho cuando quiero”. Viaja cada año y participa de todo el proceso, con la única excepción de la prensa.

Pasamos luego por la sala de cortes, con tanques de acero inoxidable y piletas de concreto, y por la de embotellado, un espacio clave cuando se trabaja bajo criterios biodinámicos. Al fraccionar siguiendo el calendario lunar solo es posible operar durante quince días sí y quince no, una limitación que obliga a contar con una embotelladora de capacidad muy superior a la que demandaría la escala real de producción.

El recorrido finalizó en la sala de barricas, emplazada a 4,5 metros de profundidad y con una temperatura constante de 14 °C, equipada con toneles de roble francés de grano extrafino de las tonelerías Taransaud y Damy. “La madera hace riquísimo al vino, pero tiene que ser buena madera”, afirma Giovanniello. En cuanto a la crianza, los vinos de la línea Barda utilizan la barrica nueva, mientras que los Chacra 32, 55 y los “Sin azufre” se crían en barricas de segundo, tercer y cuarto uso, sin exceder ese límite. Por su parte, los Lunita se guardan íntegramente en piletas de concreto y ánforas, en tanto que el Roka no tiene paso por madera.

La producción es de 150 a 200 mil botellas dependiendo de la añada y heladas.

Degustación en Chacra.

Luego de recorrer en detalle los viñedos y la bodega pasamos a la sala de degustación donde nos esperaban cinco botellas que representarían el portafolio de la bodega:

Barda 2025.

Criado con un esquema de 30% barrica, 15% piletas y el resto en acero inoxidable, busca un perfil fresco, directo y de trago ágil: “glu, glu”. Es un vino pensado para el servicio por copa en restaurantes de todo el mundo: la puerta de entrada a la bodega y responsable de aproximadamente la mitad de la producción. La idea es que quien lo pruebe sienta el impulso de seguir hacia los siguientes escalones, como Chacra 32 y 55. En nariz muestra un carácter especiado. Se procura embotellar todo antes de la primavera.

Chacra 55 2024.

Como su nombre lo dice, proviene de viñedos plantados en 1955, pura elegancia patagónica. Un ensamblaje de 35% piletas de concreto, 35% ánforas y 30% barricas, con un 50% de racimo entero en su elaboración. Propone un perfil claramente distinto: en boca es de textura suave, pero con carácter y profundidad.

Roka 2025.

Nace a partir de un viñedo de Malbec plantado en 1945 en la finca Lunita. Es un vino de impronta “verde”, muy natural, con un 15% de racimo entero que refuerza su perfil fresco y vivaz.

Chacra Syrah 2025.

De producción aún muy limitada, apenas un ánfora y una barrica, se presenta como un Syrah despojado, sin artificios, donde prima la pureza de la fruta y el terroir.

Mainqué Chardonnay 2025

Un Chardonnay de mayor estructura y peso, que refleja concentración y precisión, en línea con la impronta buscada para esta variedad dentro del proyecto.

Así, entre precisión, sensibilidad y una filosofía coherente de extremo a extremo, Chacra sintetiza su identidad en dos ideas que funcionan casi como un manifiesto: “La idea es que en Chacra no sientas el tanino y si lo sentís, que sea muy tenue”, porque todo apunta a la pureza del vino, y “Todo lo que gana Chacra se reinvierte”.

La bodega cuenta con un equipamiento tremendo y un equipo de trabajo interdisciplinario de primer nivel mundial, pero demuestra que el verdadero capital del proyecto está en el viñedo y en su permanente búsqueda de la perfección.


 *** Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

jueves, 30 de abril de 2026

HANS VINDING-DIERS Y NOEMÍA 2022: LA HISTORIA DETRÁS DEL MEJOR MALBEC DEL INFORME VINÓMANOS.


HANS VINDING-DIERS Y NOEMÍA 2022: LA HISTORIA DETRÁS DEL MEJOR MALBEC DEL INFORME VINÓMANOS.

En Mainqué, Hans convirtió un viejo viñedo patagónico en cuna de uno de los Malbec más singulares de Argentina.

Antes de erigirse como uno de los nombres más respetados del vino argentino, Hans Vinding-Diers quería ser director de teatro y cine. Escribía sus propias obras a los 12 años y, como les pasa a tantos adolescentes, no tenía ninguna intención de seguir el camino de su familia.

Pero a los 18, su padre, Peter Vinding-Diers, figura clave del vino europeo de las últimas décadas, lo mandó a Australia a trabajar en Tyrrell’s Vineyards. Empezó como chico de campo y de bodega. Le gustó. Y ahí cambió el libreto.

La anécdota no es decorativa. Ayuda a entender algo central de sus vinos: tienen relato. No por artificio ni por maquillaje, sino por construcción, tensión y sentido del lugar.

Noemía 2022, que acaba de quedarse con el primer puesto del Informe Malbec de Vinómanos, tiene justamente eso. No solo impacta: también cuenta una historia. Y la cuenta con una voz que ya no se parece a ninguna otra.


Cuando una bodega entra en madurez.



Para Hans, este reconocimiento no habla de un golpe de suerte ni de una cosecha especial. Habla de tiempo, de insistencia y de madurez.

“La bodega está en un momento de madurez. Pudimos llegar al nivel al que apuntamos desde hace muchos años”, dice. No lo plantea como una línea definitiva, sino como una estación importante dentro de una senda abierta: “Obviamente, el camino sigue para mejorar siempre”.

En su caso, lo profesional nunca aparece del todo desligado de lo personal. “Como viticultor estoy en un buen lugar, y esto es válido en mi vida personal también. La armonía personal se transmite a los oficios”, asegura. En Noemía, esa armonía parece haberse convertido en una forma de trabajo.

Cada vez que intenta condensar su proyecto, Hans vuelve a la misma idea: “Un lugar, un viñedo, un vino”. La frase, que podría sonar minimalista, encierra en realidad una disciplina.

En una industria donde abundan las etiquetas nuevas, los portafolios interminables y los cambios de rumbo, sostener una visión durante 25 años no es solo coherencia: es carácter.

Mainqué, un lugar que no se parece a ningún otro.

Hans hizo vino en Sudáfrica, Burdeos, Australia, Italia, Uruguay y Argentina. Vio bastante mundo. Por eso tiene peso cuando afirma que “Mainqué es un lugar único”.

Lo sedujeron su baja humedad, el agua dulce cargada de minerales y los suelos aluviales fríos, una combinación que, en sus palabras, forma “un complejo ideal para vinos refinados”. Pero hubo además algo menos técnico y más íntimo: “Me enamoré hace casi 30 años. Me sentí en casa”.

Llegó a la Patagonia para trabajar en Humberto Canale, cuando la región todavía no ocupaba el lugar que hoy tiene en la conversación sobre los grandes vinos argentinos.

Lo que encontró fue un paisaje áspero y fascinante: caminos largos, viento sin pausa, suelos pobres, días cálidos, noches frescas y el río Negro como eje vital.

No por nada insiste en que sin río no hay vino. Fue en ese escenario, todavía lejos del radar global, donde pensó: “Aquí, justo aquí, puedo crear algo”.

Y eso hizo.

El viñedo de 1932 y la paciencia como método.

Hans mapeó los viejos viñedos de la zona. El hallazgo fue una parcela de apenas 1,5 hectáreas de Malbec plantadas en 1932, un viñedo que terminaría siendo el corazón de Noemía.

Allí entendió algo que todavía hoy defiende con convicción: el valor irreemplazable de las viñas viejas.

“Elegir viña vieja simplemente es saber que este material, que sobrevivió con poco cuidado por tantos años en estos suelos, debía ser excelente material vegetal. Eso es lo que intentamos respetar”, explica.

En su mirada, una viña vieja no es una postal romántica ni una herramienta de marketing elegante. Es memoria biológica, adaptación, equilibrio y resistencia.

También, curiosamente, una criatura sensible: “La enseñanza de nuestra viña es que le encanta la atención. Más atención, más feliz”.

De visitar una bodega a vivir un proyecto.

Hay otro giro decisivo en esta historia: Noemía cambió cuando Hans dejó de ser un enólogo que iba y venía y empezó a vivir en Mainqué. “Logré una visión diaria e íntima. La bodega se transformó en un proyecto de vida”, resume.

Ese proyecto de vida tomó otra profundidad cuando decidió quedarse definitivamente en la Patagonia junto a María Belén, con quien eligió apostar todo por ese lugar.

Un Malbec contra los prejuicios.

La mirada de Hans sobre el lugar del Malbec argentino en el mundo es tan lúcida como incómoda. “Afuera, la mayoría de los consumidores conocen un Malbec argentino potente, dulce, alcohólico y con madera. Esa es la realidad”, dice.

Fue, durante años, el perfil que dominó mercados y ayudó a construir una imagen tan exitosa como simplificada. El problema es que esa imagen también dejó prejuicios. “La verdad hoy es otra y nuestra misión es transmitirla”.

En ese contexto, Noemía 2022 funciona como una respuesta elegante. No necesita subir el volumen para hacerse notar. No busca impresionar por exceso ni disfrazarse de grandeza. Juega otro partido: el de la fineza, la tensión, la textura y la identidad. Ese en el que un vino no solo gusta, sino que deja huella.

Tal vez por eso Hans se siente cómodo cuando se habla de Noemía como un ícono del Malbec argentino. “Hace rato que Bodega Noemía y sus vinos son reconocidos localmente e internacionalmente”, afirma.

¿Y qué convierte a un vino en referencia? La respuesta vuelve a ser precisa: “Cuando pasa de ser excelente a ser único y reconocible, y además coleccionable”.

Lo que viene, sin cambiar de brújula.

Cuando mira hacia adelante, Hans no elige una sola obsesión. Quiere hacer un vino todavía mejor, proteger ese patrimonio de viñas viejas, consolidar un legado familiar y seguir demostrando que Patagonia puede jugar en la primera división del vino mundial. Todo junto. Sin eslóganes. Sin dramatismo. Sin necesidad de cambiar de piel cada vendimia.

Tal vez ahí resida la verdadera fuerza de Noemía 2022, el vino que coronó nuestro Informe Malbec. No parece construido para ganar una carrera corta, sino para durar. Y en una época en la que tantos vinos buscan impacto instantáneo, esa forma de profundidad sigue siendo, todavía, una rareza deliciosa.

31/03/2026.

Autor Alejandro Iglesias Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter.

Publicado en Vinómanos.

Imágenes de Vinómanos.

https://vinomanos.com/2026/03/hans-vinding-diers-noemia-2022-mejor-malbec/


miércoles, 22 de abril de 2026

Conociendo Ribera del Cuarzo. Nota 1. El ángel del vino.

 


Conociendo Ribera del Cuarzo.

Ribera del Cuarzo. 

Conociendo la bodega patagónica que sorprende a todos.

En esta primera entrega inicio una saga de cuatro publicaciones, en la que te iré describiendo en detalle a una de las bodegas patagónicas que más rápido viene haciéndose notar en los últimos años. 

En esta nota, que escribí durante mi viaje en avión hacia la ciudad de Neuquén con el objetivo de visitar la bodega Ribera del Cuarzo, les conté el recuerdo de "un delito" relacionado con el vino, que protagonicé siendo niño, durante las vacaciones de verano que solía pasar en la chacra de mis abuelos en Río Negro. Recuerdos que me generaban una linda expectativa, al volver a la región.

En el aeropuerto nos recibió Rosario Langdon, directora de exportaciones, y partimos en auto hacia la bodega, ubicada en la localidad de Valle Azul, a unos 130 km de la capital neuquina. Tardamos casi dos horas (mucho tráfico y una ruta angosta), pero se pasaron rápido gracias a las vistas de las chacras y a la fluida conversación con la sommelier Delvis Huck, que formaba parte del grupo.

Rosario Langdon

Llegamos al atardecer, mientras crepitaban las llamas que asaban un cordero a la cruz que prometía ser regado con los vinos de la bodega. Esa cena de bienvenida fue la oportunidad de probar varios de los Araucana, para luego ir a descansar en las casas de huéspedes de la bodega (que aún no abre sus puertas al turismo) vislumbrando, a muy pocos metros, los edificios de la bodega, los viñedos y, por detrás, la barda, que surge protagonista, y parece formar un escudo protector de los vientos patagónicos.

Pero las bardas no solo aportan en cuidar un poco a las viñas de esos vientos -una función que en el Valle del Río Negro y en Neuquén es responsabilidad de las características columnas de álamos, sino también para conformar los suelos que, con 33 millones de años en los sectores más altos, presentan características particulares que favorecen el manejo orgánico y biodinámico.

Los viñedos de la Ribera del Cuarzo son únicos en ese sentido, montados sobre la base de la barda sur del Valle. Lo primero que su propietario, Felipe José Menéndez, quiso que comprendiéramos fue la especial geomorfología del lugar: nos referimos a todo el Valle de Río Negro, que es bastante atípico en comparación con otros valles que estamos acostumbrados a ver y recorrer en la búsqueda de viñedos.

Viñedo al pie de la barda norte

Es que se trata de un valle longitudinal, muchísimo más largo que ancho, que discurre a lo largo del recorrido del Río Negro, el cual nace de la unión de los ríos Neuquén y Limay que bajan raudos desde la Cordillera de los Andes. Sus límites, a lo ancho, son las formaciones localmente conocidas como bardas, de no demasiada altura y con perfiles formados por la erosión que provocó el río en sus épocas de monumentales caudales, al irse derritiendo los glaciares que se habían formado durante la era de hielo.

Detalle de una barda (lado norte, a la altura de Villa Regina)

Ello permite ver, en un corte vertical, las capas que conforman los suelos de la amplia meseta patagónica, que este valle corta formando una depresión que genera especiales condiciones climáticas, como la presencia de ese viento que obligó a los primeros colonos a idear los sistemas de defensa con las verticales y nutridas columnas de álamos.

Nacida aristocrática -el descubrimiento del lugar fue realizado por la condesa italiana Noemi Marone Cinzano y los primeros vinos salieron de la mano de un excelso winemaker como lo es Hans Vinding Diers (quien supo hacer un Malbec exótico que deslumbró en Catena Zapata)- hoy Ribera del Cuarzo tiene varios condimentos que la posicionan como un diamante en bruto en la escena local de las bodegas argentinas: un sólido y experimentado equipo de trabajo, impecables instalaciones y un terroir que, debido a su sanidad y características de suelos, genera naturalmente vinos de gran pureza.

Pero lo que yo creo que realmente distingue a este proyecto, y es uno de sus puntos más fuertes, es su propietario, Felipe Menéndez. Además de conocer muy bien la industria, por haber trabajado toda su vida en ella junto a los mejores, entiende a la perfección cada detalle de ese terruño. Y no por casualidad, ya que a sus años de experiencia recorriendo incansablemente la Patagonia, le suma una inagotable voluntad y energía, que le permiten explorar metro a metro, a pie, a caballo, en bote o a bordo de una 4x4, este terruño aún casi virgen de la región de Valle Azul.

Felipe José Menéndez

Es esa férrea convicción la que lo ha convencido de sumar compañía, entendiendo que para lograr el crecimiento de una región con semejante potencial como tiene el Valle Azul, hay que llamar y atraer a los mejores. Algo que ha comenzado, con la presencia de Santiago Achaval y Roberto Cipresso, a quienes invitó a conocer el lugar y que ya están haciendo un vino con uvas de la finca La Medialuna, de Celestino, la misma con la cual Ribera del Cuarzo ha firmado un contrato a 10 años. No son los primeros “grandes”, en la región, el mismo Hans (Noemia) y Piero Incisa della Rocchetta (Bodega Chacra) sobresalen con vinos de la elite argentina en la cercana Mainqué, a apenas 50 km, pero ubicados en la otra margen del río, recostados sobre la barda norte.

Ribera del Cuarzo es un proyecto que, además, desde lo comercial se encuentra bajo el paraguas de Casa Pirque, una de las Distribuidoras de vinos argentinos de alta gama más reconocidas del país, con varios años manejando la comercialización de las principales familias del vino de Argentina y del mundo como Caro, Luca, Matervini, Pendfolds, Opus One, Gaja y Barons de Rothschild. Ello le permite codearse con los mejores.

En las siguientes tres notas desarrollamos con más detalle los aspectos que sostienen a esta destacada bodega: el origen y el presente, los viñedos y suelos, y la bodega y sus vinos, no dejes de leerlas si quieres conocerla a fondo.

El presente está a la vista, el futuro… es incalculable. Esperemos que lleguen a brillar en la escena local e internacional tanto como el cuarzo que tapiza finamente sus suelos.

*** Publicado en El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/conociendo-ribera-del-cuarzo.html

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martes, 28 de octubre de 2025

BODEGAS Y VIÑEDOS DE MAINQUÉ, RÍO NEGRO, PATAGONIA ARGENTINA.



Mainqué y el auge del Pinot Noir: cómo este pueblo rionegrino se volvió capital del vino patagónico.

Mainqué celebra 100 años y se afianza en la producción de vino patagónico.

En el centenario de su fundación, la localidad vive un gran impulso productivo. Su terroir, el recurso hídrico y el empuje de nuevos proyectos posicionan a Mainqué como epicentro del Pinot Noir y motor de la economía regional.

Mainqué celebra su centenario con una identidad que se afianza entre los viñedos. Lo que comenzó hace décadas como un pequeño poblado del Alto Valle, hoy se proyecta como un punto fuerte de la vitivinicultura patagónica, reconocido por la calidad de sus suelos, la pureza del clima y la elegancia de sus vinos.

 “Río Negro está en el foco de la vitivinicultura nacional, llamando la atención de enólogos y nuevos actores que buscan instalarse en esta actividad”, explica Mariana Cerutti, directora de Vitivinicultura de la provincia. Según la funcionaria, las condiciones naturales y la disponibilidad de agua convierten a la región en un territorio privilegiado dentro del mapa del vino argentino.

Cerutti destaca que Río Negro es una de las provincias más ricas en recurso hídrico, un diferencial que contrasta con el déficit que enfrentan otras zonas productoras del país. A esto se suma una amplitud térmica ideal, con días cálidos y noches frescas, que permite una maduración lenta y equilibrada de la uva.

“Nuestro clima genera una fruta marcada, con vinos elegantes y sutiles, de acidez balanceada. Eso nos distingue del resto del país”, señala. La composición de los suelos y el manejo del riego completan una ecuación que da origen a vinos únicos, especialmente en el caso del Pinot Noir, una cepa exigente y de gran delicadeza. “El Pinot Noir rionegrino no se parece a ningún otro del país. Tiene una suavidad y elegancia particulares, una expresión que solo se logra en estos valles”, remarca.

Con una población pequeña y un perfil productivo en expansión, Mainqué se consolidó como un polo vitivinícola de excelencia. En sus márgenes del río y también sobre la barda norte, productores locales desarrollan viñedos que sorprenden por su calidad.

“En diferentes degustaciones a ciegas, los vinos de Mainqué fueron elegidos como los mejores por el consumidor final. Eso demuestra que la zona tiene un potencial enorme”, comenta Cerutti.

“Río Negro está en el foco de la vitivinicultura nacional, llamando la atención de enólogos y nuevos actores que buscan instalarse en esta actividad.”

Desde la Dirección de Vitivinicultura, el gobierno provincial impulsa programas de financiamiento, mejora integral de viñedos y asistencia para la exportación. El objetivo es que cada vez más bodegas pequeñas y medianas puedan acceder a mercados internacionales y fortalecer el enoturismo, una de las actividades que más crece en la región.

“El enoturismo es una unidad de negocio clave: permite vender directo, generar experiencias y fortalecer la economía. Cada visitante que pisa una bodega impulsa todo el entorno: la gastronomía, el alojamiento, los servicios”, sostiene Cerutti.

Otro eje es la sustentabilidad. Se avanza en certificaciones orgánicas, energías renovables y un uso más eficiente del agua. “Trabajamos para que los viñedos y las bodegas sean cada vez más conscientes con los recursos. Tenemos bodegas que ya producen hasta un 80% de su energía con paneles solares”, dijo.

Noemia: identidad, sustentabilidad y orgullo. Hans Vinding.

Fundada sobre una bodega construida en 1952, Bodega Noemía es uno de los proyectos que mejor sintetiza la historia y la evolución de la vitivinicultura en Mainqué. Su viñedo más antiguo data de 1932, y desde entonces la combinación de clima, agua pura y manejo orgánico le otorgan a sus vinos un carácter único.

“Nuestra bodega está profundamente ligada al desarrollo vitivinícola de Mainqué. Después de 24 años de trabajo, alcanzamos un nivel cualitativo alto, pero siempre buscamos mejorar”, destaca el reconocido enólogo Hans Vinding.

Desde sus inicios, Noemía exporta gran parte de su producción y hoy sus vinos están presentes en más de 25 países, contribuyendo al posicionamiento del vino patagónico en el mundo. En 2025, la bodega recibió la certificación de sustentabilidad, reflejo de su compromiso con el entorno social, ambiental y económico.

“El centenario de Mainqué nos da orgullo. Nos hace mirar atrás y proyectar el futuro.”

Miras: la esencia de Mainqué en cada vino.


En el corazón de Mainqué, la Bodega Miras se convirtió en parte de la identidad del lugar. Desde su llegada, Marcelo Miras y su familia transformaron un viñedo histórico —plantado en 1958— en un proyecto que combina trabajo, comunidad y respeto por la tierra.

“La gente nos recibió muy bien, enseguida sentimos esa cercanía”, recuerda Miras, quien compró la chacra en 2017 y desde entonces impulsa una producción cuidada, casi artesanal. Con apenas ocho hectáreas en producción y un equipo de unas diez personas, elaboran cerca de 90.000 botellas por año, donde el Malbec, el Pinot Noir y el Cabernet conviven con una blanca tradicional del valle: el Torrontés mendocino, con el que producen vinos naranjos de baja graduación alcohólica.

“Nos gusta la tranquilidad del pueblo, el contacto con la naturaleza y su espíritu de comunidad.” Marcelo Miras.

“El gran desafío de cada año es hacer un vino mejor, sin perder la esencia del pueblo y su espíritu de comunidad”, resume Miras.

Mabellini: un siglo de historia y un futuro en marcha.


En una chacra centenaria de Mainqué —donde en 1912 la familia Verdecchia plantó las primeras vides—, Bodega Mabellini Wines continúa una historia que lleva más de cien años de vida productiva. Hoy, el proyecto familiar encabezado por Carlos Alberto Mabellini y Lorena Nicolás Creide combina el legado vitivinícola del Alto Valle con una mirada moderna y comprometida.

Mabellini, junto a su familia recuperó los antiguos viñedos y mantiene en producción una bodega que nunca dejó de elaborar vino desde 1912.

“Llegar a Mainqué fue volver a nuestras raíces. Más que una coincidencia, fue un regreso al lugar donde la historia familiar y la historia del vino se cruzan.” Lorena Nicolás Creide (Bodega Mabellini Wines).

“El centenario de Mainqué representa una oportunidad para celebrar y proyectar: honramos a quienes nos precedieron y soñamos con que Mainqué siga siendo un referente del vino patagónico”, coinciden.

Finca Aniello: legado familiar y una tierra inigualable.


Fundada en 2012, Finca Aniello nació con el propósito de continuar una tradición vitivinícola familiar que comenzó hace más de un siglo en Sorrento. La bodega recuperó una chacra histórica a orillas del río Negro y una construcción de 1927 que conservaba viñedos únicos, entre ellos un Malbec de 1947 y uno de los pocos Trousseau plantados a pie franco en el mundo.

“Mainqué arrancó un camino ascendente en el reconocimiento de sus vinos.” María Cruz de Finca Aniello.

Hoy la bodega cuenta con 55 hectáreas de viñedos y una capacidad de 650.000 litros, exportando sus vinos a Rusia, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Australia, Malta, Perú y Brasil. Su Pinot Noir, emblema de la zona, fue elegido dos veces como el mejor en catas a ciegas, un reconocimiento que enorgullece tanto a la empresa como a la comunidad local.

“El centenario de Mainqué es un motivo de alegría. Esta tierra tiene identidad y potencial para seguir creciendo”, destacan, convencidos de que el futuro del vino patagónico se construye con trabajo, pertenencia y compromiso.

Publicado en el Rural del Diario Río Negro, 28/10/2025.

https://www.rionegro.com.ar/rural/mainque-celebra-100-anos-y-se-consolida-como-polo-del-vino-patagonico-4352055/

Nota: faltó a lo publicado por el Diario Río Negro con motivo de los 100 Años de la localidad rionegrina otra bodega y viñedos, como los publicados, que es Bodega Chacra.

Estas bodegas y sus viñedos jerarquizan la vitinícultura rionegrina son creadoras de riqueza y trabajo.

BODEGA CHACRA.

Bodega Chacra fue creada por Piero Incisa della Rocchetta en 2004 con la intención de encontrar la expresión más libre del clima, microclima y territorio de Mainqué en la región del Río Negro en la Patagonia.

Piero Incisa della Rocchetta es descendiente de una familia profundamente vinculada con la historia de Italia que llegó a a estas tierras para llevar adelante su propio proyecto en Mainqué denominado Chacra. Allí logró elaborar un vino pinot noir diferente, celebrado por críticos de alrededor del mundo.
Su entusiasmo por la producción vitivinícola nació en su casa, con su abuelo el marqués Mario Incisa della Rocchetta, que fabricaba en su finca Tenuta San Guido, un vino de la casa para consumo familiar llamado Sassicaia
Piero llegó al Alto Valle del río Negro seducido por un pinot noir patagónico que probó en Nueva York.

En el 2014 la zona de Mainqué fue considerada por expertos de diversos lugares del mundo como el mejor terruño para la producción de Malbec.

"Los mejores aromas, los vinos más complejos y elegantes, persistencia y sobre todo integrado, en cada sentido”, plasmaron en  la calificación que hicieron al respecto. 
Los resultados fueron contundentes y comunes a las tres encuestas, realizadas en las 10 mejores bodegas  y zonas de Argentina, en el marco de la Degustación "Malbec from Diferent Terroir”. Entre las visitadas se encuentran: Colomé, Famatina, Vistabalba, Pedriel, Altamira, La Consulta y Añelo, entre otras.
 
Los "Reviewers" (revisores) que analizaron los datos, todos prestigiosos representantes del Reino Unido (Tim Atkin), Canadá (LCBO buyers) y Estados Unidos (Top Sommeliers), fueron los encargados de convocar a  las bodegas y reunirse, en distintos momentos  y por separado, durante 6 semanas. 
La región de Mainqué, Río Negro – Patagonia el mejor terruño de la Argentina para la producción de los vinos Malbec.
Y se considera como cepas que se da muy bien en la zona de Mainqué el Pinot Noir.
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Bodega Miras: un terroir que late con Mainqué.

Marcelo Miras y su familia transformaron un viñedo histórico en un proyecto que une trabajo, comunidad y amor por la tierra.

En Mainqué, un pueblo que todavía conserva la calma del río y el ritmo de las chacras, la Bodega Miras se ha convertido en parte de la identidad local. No es solo un emprendimiento vitivinícola: es una historia de encuentro entre una familia y una comunidad que se reconocen en los mismos valores: el trabajo paciente, el respeto por la tierra y la sencillez cotidiana.

“Cuando llegamos acá, la gente nos recibió muy bien. Empezamos a ir a la panadería, a la verdulería, a los negocios del pueblo, y enseguida sentimos esa cercanía”, cuenta Marcelo Miras, enólogo y propietario de la bodega. Esa relación se mantiene viva: la bodega compra insumos localmente, participa en las actividades del pueblo y abre sus puertas a visitantes que buscan conocer una parte esencial del alma patagónica.


Miras llegó a la zona en 1990 y muchos años después decidió echar raíces en Mainqué. En 2017 compró la chacra con viñedos plantados en 1958. El desafío era grande: recuperar esas viejas plantas, ponerlas en valor y rescatar un patrimonio vitícola histórico de Río Negro.  “Fue un trabajo de paciencia. La vid es muy noble: cuando la tratás bien, responde de mil maravillas”, explica. Hoy, de esas ocho hectáreas de viñedo en producción, nacen alrededor de 80.000 kilos de uvas al año, que dan origen a unas 90.000 botellas de vino.

La bodega, pequeña y familiar, tiene algo de taller artesanal. Trabajan unas diez personas de confianza,contando la familia. Cada vino lleva la impronta de esa enología práctica, sencilla y sensitiva. “No hacemos cosas rebuscadas. Respetamos las técnicas tradicionales y prestamos mucha atención a las uvas”.

En el viñedo conviven el Malbec, el Pinot Noir, el Cabernet Sauvignon y el Cabernet Franc, además de una variedad blanca tradicional del valle, el Torrontés mendocino, que los antiguos productores llamaban “la loca blanca”,  con estas uvas se elaboran vinos naranjos y con baja graduación alcohólica. El respeto por el medio ambiente atraviesa todo el trabajo.

Marcelo describe que el entorno natural se convierte en parte del día a día: “Nos pasa que en la chacra escuchamos los grillos, los sapos, los pájaros al amanecer… cosas que en la ciudad se van perdiendo. Después de la pandemia vimos volver especies de aves que hacía mucho no aparecían. Eso habla del equilibrio que hay cuando uno cuida el lugar donde vive”.

La familia tiene otra bodega en Fernández Oro donde se hacen algunas producciones y en Mainqué se elaboran partidas más pequeñas, ya que es una bodega garage. Los visitantes pueden coordinar visitas con reserva previa a través de las redes sociales de la bodega. La Bodega Miras forma parte de la ruta del vino de Río Negro, que promueve el enoturismo y el desarrollo local.

“El gran desafío de cada año es hacer un vino mejor”, dice Marcelo, con la calma de quien trabaja a cielo abierto y sabe que el tiempo y el clima son parte de la ecuación. Pero más allá de la técnica, hay algo que no cambia: el deseo de mantener viva la esencia del lugar. “Nos gusta la tranquilidad del pueblo, el contacto directo con la naturaleza. Y sobre todo, conservar esa identidad de Mainqué, su espíritu de comunidad. Eso, para nosotros, también se refleja en el vino.”

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/bodega-miras-un-terroir-que-late-con-mainque/

domingo, 27 de marzo de 2022

Con mermas, un año perfecto para las tintas.

 


Con mermas, un año perfecto para las tintas.

Las bodegas de la Patagonia norte encaran ya la etapa final de la vendimia 2022, que se ofrece prometedora para algunas variedades.

La mayoría de las bodegas de la Patagonia norte encaran ya el final de la vendimia 2022. Quedan algunos hectáreas para cosechar en San Patricio del Chañar y otras en Río Negro, pero el grueso de la añada fermenta en las bodegas. Con la suerte ya echada, el ciclo que llega a su fin se ofrece prometedor para algunas variedades, en particular las tintas, y según la visión de cada productor con los claroscuros propios de una vendimia donde el clima tuvo un rol protagónico.

En la semana 16 de la vendimia, y según datos del INV delegación Roca, en Patagonia Norte las uvas cosechadas están un 24% abajo respecto a la vendimia 2021 (que fue particularmente importante en volumen), y un 18% debajo de la 2020 y un 3% respecto a 2019. “Las heladas de octubre explican las mermas”, dice Marcelo Miras, propietario de Familia Miras. A lo que Hans Vinding Diers, desde Noemía, suma: “quienes pudieron combatir la helada del 6 de octubre tienen la cosecha soñada: nosotros conseguimos volumen y calidad”, dice. Loenardo Puppato, des Familia Schroeder, apunta: “el viñedo para nosotros tuvo un rendimiento récord”. Lejos de la norma, para algunos productores del valle la helada fue particularmente dramática.

Las pérdidas no sólo se explican por la helada en Patagonia. Entre Fernández Oro y Allen el 10 de diciembre una manga de piedra pegó duro. “Algunas viñas quedaron peladas”, reporta el enólogo Agustín Lombroni que opera en la zona. Si la helada es un fenómeno general, el granizo es bien aislado. Lo que marcó el año, en todo caso, fueron las altas temperaturas de enero. “Fueron dos semanas con temperaturas de hasta 40ºC –reporta desde Aniello la enóloga María Eugenia Herrera– que aceleraron todo el proceso”. En la misma sintonía, Puppato describe: “este año partimos el 28 de enero con las bases de espumantes y nos emparejó el resto de las variedades.”

Luego del calor vino una lluvia intensa del 21 y 23 de febrero, que en algunos puntos alcanzó cotas de hasta 150 mm. “Fue una bendición”, dice Vinding Diers, quien cree que la 2022 está entre las mejores vendimias de las que tenga memoria. Por su puesto, se refiere a los vinos tintos.

Para Chardonnay, por ejemplo, el agua llegó en el momento en que las uvas estaban en su punto ideal. Lombroni dice: “no estoy conforme con el Chardonnay porque quedaron algo diluidos”. La suya no es una opinión generalizada, sin embargo. “Para nosotros son sorprendentes”, reporta Ricardo Galante desde Fin del Mundo. Los Sauvignon Blanc, por su parte, “tienen buena frescura y son finos, me gustan más que los Chardonnay”, reporta Puppato. La lluvia no pegó igual en todos los sitios y el tipo de suelo en cada caso hizo la diferencia.

Premio Malbec

Nicolás Navío, enólogo de Peñaflor en la región, con el 80% de las uvas cosechadas, se entusiasma con el Malbec: “será un súper año, de gran color, fruta muy linda y con frescura, el Malbec será el que se lleve los premios.” Eso es lo que opinan todos los técnicos consultados sobre la variedad.

Es que las condiciones fueron ideales para un año de tintas. El raleo natural causado por la helada, sumado a las buenas temperaturas del pico del verano y un comienzo de otoño moderado, completaron la madurez con un ciclo ideal.

En Pinot Noir, por ejemplo, Galante destaca “el carácter menos frutal y más especiado, que le da profundidad”, mientras que Puppato, reporta: “Pinot Noir vuelve a sobresalir”. Para Merlot, Vinding Diers, asesor de Malma donde lo elabora, lo describe “con una fruta delicada, ciruela pura nada confitado, sobre todo si lo cosecharon antes”. Herrera apunta al varietal: “estamos muy contentos con el Merlot, aún siendo que venimos un poco atrasados”.

Mientras que el clima permitió a cada variedad llegar en su punto justo, la falta de mano de obra fue un desafío. En la zona costó mucho conseguirla. Con pronóstico de heladas para esta semana que arranca, lo que quede por cosechar se cuenta entre los últimos vinos posibles. Por ejemplo, el Cabernet Sauvignon. “Estamos en plena cosecha y la uva está muy sabrosa, así es que soñamos con grandes vinos de la variedad”, dice Galante. Lo que se coseche a máquina llegará perfecto.

Así las cosas, a punto de cerrar las puertas de la 2022, los vinos de Patagonia Norte prometen. A manera de síntesis, Marcelo Miras, con muchos años de experiencia en la zona, sentencia: “por lo que veo en la bodega la precisión y definición de cada variedad será una de las características del año”.

La cosecha en Mendoza.

En Mendoza la helada se hizo sentir con fuerza en las zonas más productivas. Y un febrero lluvioso y húmedo generó focos de peronóspora que hoy deshojan los viñedos. Entre ambos se generó una escasez de uva que empujó los precios al alza lo que trastoca el costo de los vinos: en 2022 ese será el factor determinante para el centro del negocio.

PUBLICADO EN LA MAÑANA DE NEUQUÉN.

https://www.lmneuquen.com/con-mermas-un-ano-perfecto-las-tintas-n897535