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miércoles, 22 de enero de 2025

HAY UNA MUJER EN MI VIÑEDO: NOMBRES FEMENINOS EN LAS UVAS.

 


HAY UNA MUJER EN MI VIÑEDO: NOMBRES FEMENINOS EN LAS UVAS.

El vino esgrime variedades de uvas denominadas Patricia, Victoria, Isabella y Canela. ¿Las conocés? Acá te las presentamos.

A mediados de año recorrí el Bierzo, un rincón de Castilla y León, España, donde la uva más plantada y la más deseada en los vinos es la Mencía. No es exclusiva del Bierzo, ya que se la encuentra bastante también en los valles del Este de Galicia, con los que linda.

Que en un recorrido por Galicia y Bierzo uno se tope con uvas desconocidas no debería llamar la atención. Las hay y de muchos tipos. 

Sólo por mencionar algunas de las que ofrecen vinos más sabrosos, existen la Brancellao, la Merenzao, Doña Blanca o la más aterradora de todas, La Monstruosa de Monterrei, cuyo nombre amedrenta más que la uva, llamada así por el tamaño de su racimo.
Pero volvamos a la Mencía. Según la guía Paadín, es hija de dos uvas, una conocida como Patorra, y la otra, el Albariño Tinto. De carácter gentil, un poco se parece al Pinot Noir en la capacidad que tiene para ofrecer texturas diferentes según cambian los suelos y las exposiciones al sol. Es la columna vertebral del Bierzo.

Muy cultivada en la región, lo que me sorprendió, sin embargo, fue encontrarme con que muchas mujeres en la zona se llaman así: Mencía. De hecho, es un nombre de lo más corriente en el Bierzo. 

Una noche, mientras contaba ovejas antes de dormir, me dio un ataque de risa pensando en que una persona se pudiera llamar Malbec González o Cabernet Sauvignon Ramírez. 

En esos devaneos estaba cuando tuve una iluminación: ¿por qué la gente no se puede llamar como las uvas? ¿Habrá muchas? Al fin de cuentas conocía el curioso caso de los tres homófonos de Pedro Ximénez.

Y me puse a buscar.

Uvas como mujeres.

Mencía es, si damos crédito a lo que ofrece la web, el hipocorístico (apelativo cariñoso o familiar usado para suplantar a un nombre real) de Clemencia. Sería el equivalente de Lito para los Miguelitos. 

Lo notable, en todo caso, es que en una región muy católica y practicante, la uva más querida lleve por nombre Clemencia, Mencía para los amigos. En nuestro medio hay al menos un vino elaborado con Mencía y clemencia: se llama Doña Mencía de los Andes y lo produce Ver Sacrum.

Lejos de ser la única, hay otras uvas que llevan nombres de mujeres. Una búsqueda más o menos rápida propone una lista sencilla: Canela, Patricia, Victoria e Isabella. 

En el caso de Canela, que en Argentina está plantada en el este de Mendoza, hay dos hipótesis para el nombre. La primera es que tiene un ligero sabor de especias y, en un rapto de romanticismo ultramarino, le llamaron Canela. 

La otra, más propia del mundo de los sarmientos y las podas, que los pecíolos son de ese color. En el mercado lo elabora y embotella Lucas Niven.

Patricia, Patricia.

Más interesante es el caso de Patricia. Fue una creación realizada por el ingeniero Ángel Gargiulo en el INTA Rama Caída, Mendoza, y proviene del cruzamiento entre las variedades Moscatel Rosado y CG 530. Esta última, a su vez, es hija del cruzamiento entre las variedades Sultanina y Gibi. 

Eso según el INTA, que no da pistas acerca de por qué Gargiulo decidió llamarla Patricia. Aunque, permítaseme divagar, siendo las Patricias Mendocinas figuras clave de la gesta Sanmartiniana en la provincia, es dable pensar que la cosa viene por ahí.

En todo caso, a juzgar por el tamaño del racimo de Patricia, poco tiene que envidiar a la Monstruosa de Monterrei. En nuestro mercado se consigue un espumoso con esta uva, elaborado por un prócer del vino, el enólogo Ángel Mendoza.

Isabella de América.

De Victoria sé poco, porque es más una uva de consumo en fresco, pero su nombre tiene, como todas las Victorias, algo de triunfo. 

Respecto de Isabella, sí hay vinos elaborados, aunque también hay que decir que no es propiamente una uva vinífera, sino un cruzamiento entre dos especies: Vitis vinífera x Vitis labrusca. En rigor, Vitis labrusca x Petit Meslier, según el análisis de ADN.

Como en todas las historias de investigadores dedicados a diseccionar la gracia de la naturaleza, Isabella recibió su nombre de un homenaje, según wein.plus. 

La primera planta identificada de Isabella fue donada por George Gibbs, un aficionado viticultor norteamericano –entre otras variedades introdujo la Zinfandel a los Estados Unidos– a un viverista de Long Island que la multiplicó al infinito desde 1909. 

Fue este quien eligió el nombre para la posteridad, en homenaje a la esposa de Gibbs. Supongo que con buenas intenciones.

En fin, Isabella dio la vuelta al mundo porque es una variedad resistente a las enfermedades. Por ello se adaptó bien a los trópicos y climas calientes. 

En nuestro país, se la llama también uva Chinche y produce unos vinos exóticos en Córdoba y la costa bonaerense. Para beber uno, buscar los raros Frambuá de Colonia Caroya.

Por Joaquín HIDALGO.

Publicado en Vinómanos.

https://vinomanos.com/2025/01/uvas-con-nombres-femeninos/

HIDALGO, Joaquín. Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

domingo, 3 de noviembre de 2024

La Caroyense.

 

La Caroyense, historia del vino cordobés

La bodega de Colonia Caroya y su uva insignia: la Isabella

Fundada en 1930 por 33 inmigrantes italianos que decidieron aunar sus producciones, tuvo un auge entre 1950 y 1970, pero luego oleadas de granizo destrozaron el viñedo en el año 1975 y sufrió en fuerte declive. 

Luego de ese pasado en el que llegó a ser una bodega importante en el panorama argentino, en el año 2000 la cooperativa presentó quiebra, y se convirtió en una sociedad anónima perteneciente a Juan Carlos Tai, quien la dotó de los primeros tanques de acero inoxidable.

Aquellos esforzados inmigrantes elaboraban vino de mesa, con un abastecimiento de doce millones de kilos y una producción que podía alcanzar hasta los seis millones de litros, debido a su gran capacidad instalada.

Hoy se utilizan tan solo 400 mil litros de esa capacidad ya que hay en uso unas pocas piletas. Hubieron 1.250 hectáreas de viñedos en la zona, pero ahora quedan aproximadamente poco más que 100 de ellas. Actualmente, además de uva de los productores de la región, se utilizan uvas traídas de La Rioja y Entre Ríos. La bodega no cuenta con viñedos propios y nunca los tuvo. 

Siendo una bodega antigua, se destaca la posibilidad de observar los elementos que se usaban en la época, en el museo subterráneo, aunque se encuentra algo descuidado. Los piletones de concreto, pintados con epoxi son enormes, pero la mayoría se encuentran en desuso. 

La uva estrella de la zona es la Frambua, también conocida como Isabella o "uva chinche"; es una uva dulce aromática e invasiva, que se amoldó bien a la zona y da lugar al vino insignia de Colonia Caroya. 

Los impresionantes toneles de madera austríacos, que se encuentran apenas ingresar al edificio de la bodega, fueron un fracaso; ya que en el primer año de uso fallaron por ingreso de oxígeno y no se pudieron utilizar más que una vez, quedando como parte del decorado.

Hasta hace poco el enólogo fue Santiago Lauret, también pasaron un tiempo por la bodega Gabriel Campana y Agustina Luchetti, pero actualmente se encuentra a cargo Rafael Brico, quien nos cuenta: "Al elaborar vino normalmente no se siente mucho olor a vino, pero con la Isabella eso no sucede, el mosto se coagula más cuando la molés y se huele en toda la bodega. Hay dos clones diferentes, uno más temprano conocido como Isabella precoz y el otro que se cosecha más para marzo".

Dan alcoholes bajos, de 11 a 11,2°, por lo que se hacen con ella vino secos y cuando se los quiere hacer dulces, se les agrega mosto.

Es una bodega bien "de albañiles italianos", una construcción donde todo fue hecho de manera rústica y funcional, con mucho hormigón armado a la vista y nula decoración, a excepción del sector principal de la recepción, donde se encuentran los toneles de madera, que está construido a semejanza de la Catedral del Friuli, unos vitrales y la escalera metálica que cuenta con barandas de hierro.

Como las piletas son muy grandes, necesitan mucha uva para poder llenar esta bodega, que llegó a trabajar tres turnos de ocho horas en su mejor momento.

Durante la visita fuimos recibidos por Cristina Reinosa, quien amablemente condujo la degustación de los vinos que se realizó, acompañados de una picada de fiambres locales. Nos explicó que se dedican principalmente a los vinos regionales y que durante la gestión de Lauret se desarrollaron también los espumantes.

La Caroyense en una interesante opción de visita enoturística para quienes visitan la provincia de Córdoba, ya que permite no solo ver el proceso productivo, sino también apreciar la historia del vino en la zona y conocer los de esa uva que solíamos ver en los parrales de los abuelos: la uva Isabella o chinche.  






*** Publicado en blogspot Ángel y Vino.

https://angelyvino.blogspot.com/2024/11/la-caroyense.html

https://angelyvino.blogspot.com/

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

EL MISTERIO DE LAS UVAS HÍBRIDAS Y UN VINO EXÓTICO LLAMADO FRAMBUÁ.

 


EL MISTERIO DE LAS UVAS HÍBRIDAS Y UN VINO EXÓTICO LLAMADO FRAMBUÁ.

Suena a libro de Harry Potter y es cierto que tiene magia. Pero si agarrás la varita mientras bailás cuarteto te podés tomar un vino con gusto a chicle. ¡Expecto Patronum!

Quien haya puesto los pies en Colonia Caroya, Córdoba, seguro se trajo dos sabores en la memoria: el de los increíbles salamines y el de un exótico vino que tiene un marcado gusto a chicle frambuesa conocido, no exento de ingenio mediterráneo, como el vino Frambuá. 

En los salamines hay pocos secretos más que cuidadas recetas ancestrales traídas por los inmigrantes del Friuli que poblaron la región. El vino Frambuá, en cambio, encierra todo un mundo en el que vale la pena poner el ojo y posar los labios.

Vino Frambuá, otra ronda

Colonia Caroya es el epicentro del cultivo de uvas en Córdoba. Desde hace poco más de una década, en la región ganan terreno las uvas viníferas, tal como sucedió hasta la década de 1930. 

En un recorrido por la zona uno se topa con viñedos prolijos como los de la bodega La Caroyense o los de Terra Camiare, que reflota de paso la tradición local de vinos con una linda bodega reciclada.

Pero también en Caroya uno se cruza con una rara uva, poco conocida para los amantes del vino, llamada Isabella. Con ella se elabora el Frambuá. Y no es una uva común, una vitis vinífera: es un híbrido, una uva que mezcla especies. Aquí empieza la parte buena de la historia.

Una plaga devastadora.

Así como Charles Darwin se embarcó en el Beagle para estudiar la fauna y flora del mundo, en el siglo XIX muchos otros naturalistas hicieron debidamente su trabajo, documentando las plantas de América, África y Asia. 

De regreso de esas peregrinaciones científicas, las colecciones de museos, universidades y viveros se llenaron de plantas exóticas. Entre ellas llegaron las vides americanas a Europa.

Hasta ese momento, se conocía solo la vitis vinífera, pero en América había otras plantas del género vitis (hay unas 60 especies). Con fines científicos fueron llevadas a Europa ejemplares de vitis riparia, v. labrusca y v. rupestris, entre otras. 

Esas plantas transportaron en sus raíces a un pequeño, casi diminuto pulgón que en las décadas siguientes acabaría con los principales viñedos de Francia: se la conocería como la crisis de la filoxera –así se llamó a este voraz insecto–, que entre 1870 y 1910 diezmó la economía del vino e incluso generó revueltas sociales.

¿Y qué tiene que ver el Frambuá con estas plagas y el apetito de los naturalistas? Paciencia, que ya llegamos.
Nacen los híbridos.

La uva Isabella es uno de los tantos híbridos entre vitis vinífera, vitis riparia, vitis labrusca y vistis rupestris. Según la información disponible, Isabella es un cruzamiento naturalmente ocurrido entre labrusca y vinífera en territorio americano, presumiblemente descubierto en Norteamérica por una tal Mrs. Isabella Gibbs en 1816, de quien habría tomado su nombre.

Pero así como la uva Isabella es un cruzamiento natural entre especies que no habían cohabitado hasta que la vid europea llegó a América, otras son creaciones específicas. Entre las investigaciones que buscaron terminar con la plaga, y que luego siguieron otras líneas, las uvas híbridas fueron un terreno fértil. 

De hecho, la solución resultó ser algo parecido: desde aquella crisis mundial, en suelos en que puede propagarse la filoxera hoy se usan portinjertos de vitis americanas que son naturalmente resistentes, o de híbridos de ellas que heredaron la resistencia.

Experimentos.

El asunto es que se inventaron muchas variedades de uva híbridas. En regiones no tradicionales es donde han tenido mayor predicamento. Uvas tintas como Catawba, Chambourcin o Frontenac, por ejemplo, están plantadas en los estados más meridionales de EE.UU. mientras que a las blancas Chardonel, Cayuga y Cabernet Doré se las encuentra desde Finger Lakes en Nueva York a viñedos en Michigan y Arkansas.

Algunas tuvieron y tienen vida comercial, como la Isabella que da vida al Frambuá o Vidal Blanc, que por su resistencia al frío se cultiva en Ontario, Canadá, para los famosos Ice Wines. 

A los productores tradicionales de vino no les gusta mucho porque tiene un gusto que se describe como “foxy”.

El punto es que hoy, de cara al calentamiento global y a las posibilidades de adaptación que plantea, algunos investigadores piensan que la respuesta está de nuevo en algunos de estos híbridos adaptados al calor. 

Particularmente en el Sur de Francia, en Montpellier, investigan con híbridos, incluso con manipulación genética, para lograr destrabar el futuro del vino.

Y si bien aún parece remota la posibilidad, en un rincón de Córdoba donde los italianos del Friuli dejaron su impronta en sabrosos salamines, un vino con sabor a chicle de frambuesa ofrece una clave de adaptación en esta larga historia.

por  Joaquín Hidalgo 7 septiembre, 2021.

Publicado en VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2021/09/vino-frambua/