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lunes, 7 de septiembre de 2026

La damajuana resiste las bodegas del Alto Valle Rionegrino aún venden miles de litros al mes usando este envase.

De la bodega a la mesa: la venta directa en los establecimientos del Alto Valle mantiene vivo el ritual familiar de ir a buscar el vino en damajuana.

CONSUMOS DE VINOS. 

LA DAMAJUANA. 

Bodegas Rionegrinas.

La damajuana resiste: con su aire vintage, permite acceder a vino varietal a menos precio.

Las bodegas del Alto Valle aún venden miles de litros al mes usando este envase. Da más trabajo su conservación, y logró ingresar en los restaurantes por su aporte cálido y sinónimo de vinos genuinos.

Escondida atrás de la puerta, o tal vez oculta bajo algún estante en las sombras de la despensa, la damajuana de vino es símbolo de otra época. Porque en esa otra época se tomaba más vino. Y no se vivía tan apurado. Pero con su cesto plástico, y su manija traicionera, la damajuana resiste el paso del tiempo, y el testimonio de tres bodegueros de la región dan fe de ello. Es un artículo que genera múltiples beneficios a quienes están en los dos extremos de la comercialización: El consumidor, el menos en el pródigo Alto Valle, puede acceder a un vino varietal, de calidad similar al que se envasa en botellas de ¾ litro, a un precio tres o cuatro veces inferior. Para el bodeguero, es caja diaria, menos insumos, y despacho de los saldos remanentes de la vendimia anterior para hacer lugar al vino nuevo.

Ricardo Hernández, miembro del establecimiento Familia Dellanzo, resume lo que hoy representa este noble envase en términos ambientales: “Ecológicamente es un golazo”, y eso se puede analizar incluso siguiendo la “huella de carbono”. Se usa un solo corcho, en vez de 6 (una damajuana contiene tanto vino como una caja de 6 botellas de ¾), una sola etiqueta con menos tina en uso, menos vidrio, menos flete. No se usan cajas de cartón, ni capuchones sofisticados. Y requiere para su envasado “muchísima menos mano de obra”, acota Carlos Tronelli, desde su mítica bodega roquense.


Carlos Tronelli, recuerda de cuando las bodegas vendían el vino directo en "bordalecesas" y barricas de madera de 200 litros. Luego se pasó a la damajuana de 10 litros. A fines de los 70s aparecieron las de 5 litros.

Altri tempi.

Pero no hay que perder de vista las adversidades. La principal es lo lejos que está el mercado del record histórico de 91,8 litros per cápita por año registrado en 1970 en Argentina. Hace pocos meses el consumo en Argentina tocó los 14 litros según las estadísticas oficiales. 77,8 litros debajo de aquella marca histórica.

Cambiaron los trabajos y las rutinas. Más oficina y menos campo. Pero, la damajuana conserva su encanto y atraviesa por estos días un revival a partir de su aporte vintage a restaurantes, sobre todo los que se especializan en carnes asadas. De la damajuana al pingüino, o a la copa directo. Y también se ponen en lugares visibles para darle un toque personal a la ambientación de los salones de comidas.

Para tener un panorama de la actualidad de este segmento específico de la comercialización de los vinos regionales, consultamos en 3 puntos estratégicos del Alto Valle. En el extremo norte del valle, cerca de la localidad de Sargento Vidal, están las 20 hectáreas de viñedos (divididas en tres chacras), de la familia Dellanzo. En el centro de la región, Bodega Tronelli, y hablamos con su propietario. Y en la otra punta del valle Bodega Favretto, un emblema del vino en damajuana desde hace décadas. Consultados por +P, cada uno hizo su aporte y en algunos casos hay varios aspectos compartidos.

Gustavo Favretto, comunicador de formación, no se anda con medias tintas: “¡Cuando veas a una persona que sale de un mercado abrazado a una damajuana, no tenés que pensar…mirá este borrachín! Al contrario, lo que tenés que pensar es que ese hombre tiene más salud que vos”. Y sostiene que “el alcohol no es el problema de la salud de las personas. El problema está en lo que comemos, no en lo que tomamos. El vino no tiene octógonos prohibitivos. Eso sí, se debe beber con moderación”.

Sobre la calidad, asegura que “un vino en damajuana hoy le puede hacer pasar vergüenza a un vino que viene en una botella de 750 centímetros cúbicos”; y revela un análisis compartido: “Actualmente, con la caída del consumo, la damajuana es la caja diaria de la bodega. No soluciona las crisis de ventas, pero sacás volumen de la bodega, porque en unos meses más se viene la próxima cosecha y la bodega tiene que estar vacía para poner el vino nuevo”.


Gustavo Favretto, continuador de un emprendimiento que en los 70 vendía vinos en damajuanas de 10 litros.

Ventajas y advertencias.

Dos consideraciones indispensables sobre la conservación: El vino así envasado, puede durar sin alteraciones 3 o 4 días. Y lo más aconsejable es, una vez abierta la damajuana, tomar un pequeño embudo, de esos de plástico que suelen venir rojos, verdes o amarillos, y se fracciona el contenido (luego de completar la primera jarra), en varias botellas y se lo tapa. Así aguanta más. “Puede aguantar 3 o 4 meses”, aclara Tronelli, quien aconseja su guarda en lugares oscuros, frescos y bien tapados. El oxígeno es el principal enemigo del vino.

El otro aspecto no menos importante -dentro de las ventajas que tiene el vino en damajuana-, es el precio. Los 4,750 litros de cada envase se comercializan entre 11 y 16.000 pesos. Eso da un promedio 2.500 pesos el equivalente a una botella de ¾. Una botella, de calidad similar, puede ir de los 10 a los 12.000 pesos. Ni más, ni menos.

Por ejemplo, Tronelli envasa su Malbec Reserva tanto en las botellas como en las damajuanas. La caja de 6 unidades cuesta 30.000 pesos en bodega, lo que da un precio de 5.000 pesos la botella. El mismo vino en damajuana, se comercializa a 11.000 pesos, lo que da un valor final de 1.800 pesos por la misma calidad y misma cantidad de vino.

Los Dellanzo llevan 63 años haciendo vinos, de los cuales 60 estuvieron dedicados a la damajuana para abastecer al mercado de cercanía, como Campo Grande, Cinco Saltos, El Chañar, Cipolletti o Neuquén.

“Si bien había un anhelo de poder llegar a la botella, siempre se elaboraron vinos con la intención de que tenían que tener la calidad como para una botella”, aclara Hernández, quien reconoce que aún hoy, la damajuana representa el 80% de la producción anual de 150.000 litros. Algo así como 32.000 damajuanas. Un número que demuestra así su vigencia y su vigor.


"Ecológicamente es un golazo": Ricardo Hernández, de Familia Dellanzo, destaca que el uso de un solo corcho y la menor cantidad de insumos reducen notablemente la huella de carbono.

De tiempos idos.

Hernández acepta que “ya no se consume vino al mediodía y vino a la noche como hacían nuestros viejos”, pero a favor de este envase, comentó que “hoy tenés vinos de 12.000 pesos la botella, nosotros tenemos la damajuana en 12.000 pesos. Entonces, realmente, te estás llevando vino un vino muy económico y de muy buena calidad”.

En Tronelli, cada vez que uno pisa la bodega, hay un auto que estaciona y alguien que se baja con su envase para renovar la carga. Todo un mundo invisible, de pautas antiguas y al margen de la vorágine cotidiana, se expresa en esos intercambios.

Carlos aclara que, en su caso, la damajuana representa “una venta local, en bodega”. Además “ya no hacemos vinos comunes”, sino que se envasa lo mismo que va a botellas. Sobre las oportunidades de negocio que abre la damajuana, aclara que, a pesar de algunos pedidos, “ya no hago más envíos por una simple razón: Los fletes son caros, y en la damajuana vos tenés el envío de la damajuana llena y la vuelta de la damajuana vacía”.


Un envase con historia y gran rendimiento: la damajuana permite acceder a la misma calidad de un vino de botella por hasta tres o cuatro veces menos de su valor.

Bodega Tronelli.

La vida es una moneda.

Este veterano productor dice algo que puede resultar determinante en un recorrido por la vida y subsistencia de la damajuana, y tiene que ver con qué tan profundas son las crisis que atravesamos los argentinos.

Primero dispara: “El problema con la damajuana es el trabajo”. Y aclara que se refiere al trabajo que da una vez que llega a cada hogar: “tenés que tener la constancia de abrir la damajuana, traspasar a la botella como se hacía antes. Y eso a todo el mundo no le gusta hacerlo. Pero sí es atractiva porque representa una economía a partir que el dinero de las personas es escaso. Eso ha hecho que la damajuana siga teniendo vida. Si hubiera quizás otro tipo de economía, quizá por comodidad de la gente, la damajuana ya hubiera desaparecido”.

Respecto del vino en botella, “te deja casi el mismo margen o a veces mejor, porque prácticamente tenés muy poca mano de obra en la damajuana, y lo que vendiste en vino en la damajuana te queda prácticamente el valor del vino puro. En la botella, cuando vos empezás a deshojar la margarita, y sacás los costos, lo que queda para el vino es menor”.


Ecológicamente eficiente: al reutilizar el envase y usar solo un corcho por cada 4,75 litros, la damajuana reduce significativamente la huella de carbono.

Bodega Favretto.

Aunque no lo veamos.

Mientras, los clientes siguen las pautas de las viejas viralizaciones: La publicidad boca en boca. Será tal vez por eso es que “recién la semana pasada instalamos nuestro primer cartel. O sea, la bodega nunca tuvo un cartel porque no hacía falta”, dice Hernández, dando cuenta del poder que ejerce un prestigio ganado y como ese renombre obtenido trepana aún los calendarios más espesos.

“No hacía falta tener un cartel, porque la gente entraba a comprar, y se llevaba todo el vino del año”, y agrega un dato, en este contexto, muy poderoso: La compra del vino para varias semanas o meses, pasa a ser en algunas familias un ritual que es tomado como como una escapada de fin de semana o una salida de la familia. “Hoy tenemos clientes de la zona (aledaños a Campo Grande y Sargento Vidal), pero también tenemos algunos que se hacen su viaje, como los que vienen de Neuquén, Plottier, Catriel, Allen o de Senillosa, “que vienen exclusivamente con su damajuana y compran el vino acá”.

Gustavo Favretto coindice que la compra del vino en damajuana es un ritual que se desarrolla de manera casi exclusiva en las bodegas: “El 90% de la venta de damajuana es venta directa en la bodega, aunque después tenemos clientes en toda la provincia a los que se envía por transporte”.

Y el mercado, si se quiere, es más amplio de lo que parece, porque para este bodeguero de Regina, “tenemos pedidos de compra de varios lugares del país, pero el tema es el envase”. Hoy sus clientes saben que “tienen que traer el envase para que vendamos la llena”. Las damajuanas “son retornables: se lavan y se vuelven a utilizar”.

La bodega Favretto tiene 78 años y el rubro damajuana lo comenzó a desarrollar en la década del 70. “Primero fueron las damajuanas de 10 litros”, rememora este joven descendiente.


Una imagen habitual en Bodega Tronelli: Un vecino se acerca con su envase a comprar el vino para toda la semana, con la habitual charla sobre temas varios de la vida.

Su estelar reentrée al mundo de la gastronomía.

Ricardo Hernández dice que el vino en damajuana “sigue estando” en restaurantes de la región. Menciona a clientes de Cipolletti, Neuquén, y hasta de Villa Pehuenia y Moquehue. En Roca, algunas casas de comida compran en Tronelli, para su “vino de la casa”.

El primer objetivo, es utilizar la damajuana como reservorio para atender la venta del vino en copa.

“Si bien uno piensa que no está más, hoy los nuevos restaurantes como que la están poniendo otra vez de moda. Porque es vistoso tener una damajuana, que la vean, que te sirvan en un pingüino, que te lleven el pingüino a la mesa. O te sirve la copa de la damajuana. Es como todo un ritual nuevo y por ahí existe un redescubrimiento”, comentó Hernández a la luz de sus propias experiencias.

En su caso, hizo una fuerte inversión en una máquina que envasa e vino en las “Bag in box”, esas cajas de cartón que llevan en el interior un sachet (como el de la leche), que permite servir por copa, pero con un sistema que mantiene el vacío del envase y hace mucho más durable el vino y sus condiciones inalterables. Con ese envase “te servís hoy, te servís la semana que viene, te servís el mes que viene, y el vino sigue intacto. La calidad del vino se mantiene inalterable porque se mantiene el vacío”, explicó a +P.

La bodega Dellanzo tiene 10 varietales en total. “La idea es que justamente puedas tomarte una damajuana de Cabernet Sauvignon, de Malbec, de Petit Verdot, de Tempranillo, de Syrah, o de Bonarda. En blanco tenemos una solo un solo varietal, que es Torrontés”, especificó.

Luego de aclarar que “la damajuana perdura porque no es para cualquiera”, Favretto dio su análisis sobre la resistencia de este noble envase: “Las damajuanas perduran por varios motivos y uno fundamental es por el precio. Segundo mantiene una tradición familiar, porque aún hay gente que le gusta descorchar y llenar una jarra con vino y ponerla en la mesa”.

Por Fabricio González.

Publicado en Más Producción de La Mañana de Neuquén.

4/9/2026.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/la-damajuana-resiste-su-airevintage-permite-acceder-vinovarietal-menos-precio-n1252262

domingo, 23 de diciembre de 2018

Los secretos del vino de Luis, que aún se vende en damajuanas. La bodega, de características artesanales, está en Sargento Vidal y produce anualmente unos 100.000 litros. Tiene clientes de hace más de 30 años.

Los secretos del vino de Luis, que aún se vende en damajuanas.

La bodega, de características artesanales, está en Sargento Vidal y produce anualmente unos 100.000 litros. Tiene clientes de hace más de 30 años. La historia de un inmigrante que llegó al Valle en busca de un mejor destino y decidió conservar parte de sus raíces en los viñedos de la chacra.


La historia de inmigrantes que llegaron de Italia a forjar su destino en el Valle es una de las marcas características de la zona. Luis Dellanzo, de 84 años, es una de las tantas personas dentro de este grupo. Llegó desde Sarzana, Liguria, y hoy cuenta con una bodega que produce anualmente más de 100 mil litros anuales de vino con características y sabores únicos que hace que tenga clientes fieles desde hace más de treinta años.
Entre los varietales tienen Cabernet Sauvignon, Malbec, Spira, Canela, Tempranillo, Sirah, y Bonarda.
Los secretos de la bebida que produce tiene su raíz en el país europeo, lugar donde Luis adquirió los primeros conocimientos en viñedos. Hoy las riendas de la producción las lleva su hijo Ricardo Dellanzo.
Buscan su producto no solo de la provincia sino de otros puntos del país. “El vino lo vendemos todo acá (en la bodega). No hacemos ningún reparto. En litros hacemos entre 100 y 120 mil litros anualmente”, describió Ricardo.
Sostuvo que un “buen vino” depende en un 70 por ciento de la producción de uvas en la planta y en este punto “la poda es uno de los factores más importantes”.
“Todo comienza con elegir la primera uva a moler que uno considera al probarla y tomarle los brix y que esté con la graduación justa para molerla y que no se pase. Que no tenga sabor herbáceo, que esté madura la semilla, y ahí empieza la cosecha, ahora en bins”, comenzó la explicación Ricardo y continuó: “Pasa después por una despalilladora, que uno elige si la muela más o si entra el grano entero a la pileta, y de ahí va a fermentación que está entre 8 y 20 días, y todos los días se le hacen de dos a tres remontajes. Se mueve para que el jugo pase por la cáscara y vaya absorbiendo el color” añadió.
“Los blancos no, entran limpios”, detalló y agregó que ahora tienen una prensa neumática “donde la uva blanca entra de la despalilladora a la prensa neumática y se extrae el jugo directamente, y entra limpio a la pileta de fermentación. No entran con orujos, cáscara, y semilla como hacíamos antes, y por eso sale el vino más claro”.
Una vez que el material ingresa a la pileta se coloca metalbisulfito de potasio para evitar el contagio de bacterias y que se comience con la fermentación.
“Ahora estamos probando usar levaduras vírgenes. Antes usábamos levaduras indígenas que son las naturales de la uva. Estamos probando para ver la diferencia”, comentó.
Desde la bodega recalcan que el producto es orgánico.
“Solo se ponen conservantes cuando son vinos dulces, para estabilizarlo, porque sino es difícil paralizar la fermentación”, acotó Ricardo.
La región posee suelos aptos para el cultivo de este frutal. Los vientos fuertes característicos de la zona producen sequedad y evitan la aparición de enfermedades lo que favorece la realización de vinos orgánicos. En relación con esto Luis comentó cómo se asombraron unas personas que lo visitaron de Italia cuando les dijo que no hacía ninguna cura en las plantaciones.
La pasión por el vino se contagió a sus hijos. Es el caso de Daniel y Ricardo que transcurrieron su infancia y adolescencia entre viñedos. “Desde que tenía diez años ya estaba arriba del tractor, iba a la escuela y trabajaba acá”, contó Ricardo.
“Las anécdotas de chicos cuando cargábamos lo tambores o molíamos no se olvidan nunca”, dijo Daniel y a la vez contó que su hijo también estuvo participando en algunas de las labores culturales de la chacra.
“Por tradición de familia teníamos la costumbre que tuviera varios grados y era una manera de conservarlo”, señaló Luis sobre su producción años atrás.
Ricardo agregó que en comparación con varios años atrás ahora hay muchas menos bodegas.
Sobre la rentabilidad, el hijo de Luis consideró que “se puede vivir de esto” pero que hay que tener tecnología. En el lugar ya trabajan para empezar en poco tiempo a fraccionar el vino en botellas.
“Ahora no se le da el valor que se le daba antes al vino. Uno llegaba a la casa de un amigo que no veía por mucho tiempo y lo primero que se hacía era sacar un vaso de vino y se conversaba”, expresó Luis sobre la bebida que prepara desde su niñez.

Desde su creación la bodega San Pablo vendió vino en bordolesas de 200 litros, luego damajuanas, y ahora planean usar botellas

La única bodega de Sargento Vidal y una de las más añejas de la zona.
“Empezamos a poner en marcha la bodega. Pero la prensa era a mano y la moledora la usábamos con un motor a explosión”, recuerda Luis Dellanzo, que trabaja en el lote donde hoy se emplaza la bodega desde 1963.
Pero antes vivió en otros lugares. Tuvo un lote en Campo Grande y luego en Barda del Medio.
Contó que cuando llegaron al loteo donde hoy viven ya se había hecho vino en ese sitio y la gente de Villa Manzano llegaba queriendo comprar. “Pero era del otro dueño así que no estábamos autorizado a venderlo” por lo que pidieron autorización al Instituto Nacional de Vitivinicultura (IVN), contó Luis.
Agregó: “Compré un camión y empecé a negociar fruta en La Pampa y andaba bien porque se pagaba seis o siete veces más que acá”.
Recordó que “al principio había podos de cualquier variedad y se plantaba mezclado, era rosado o clavete”.
Junto a otras dos chacras tienen unas 20 hectáreas de cultivo de vid. Su hijo Ricardo señaló que en comparación de varios años atrás ahora hay mucho menos bodegas.
Al Valle por la guerra y por ser zona frutícola.
Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial fue lo que generó que Luis Dellanzo viniera al país. “Las cosas allá andaban mal porque habíamos pasado una guerra y después hay que reconstruir”, recordó el productor.
Dijo que los primeros años de la guerra no la sentían pero que cuando “llegó a la zona nuestra había bombardeo todos los días y estábamos en los refugios”.
En el área donde vivía se producía viñas, duraznos y caquis. “Cuando fuimos a ver después del primer bombardeo de aviones no había quedado nada”, reveló. Por esto decidió de muy joven venir a Argentina junto a su hermano José. Era 1952. “ Mi papá tenía un primo en Buenos Aires y por intermedio de él vine acá porque no se podía venir libremente”.
“Estuvimos un año y medio en Buenos Aires. A mí no me sentaba el clima. Lo primero que hice cuando llegué a Argentina fue pelar papas en un restaurante de avenida Corrientes”, contó mientras dejaba escapar una sonrisa. Confesó cómo fue que decidió emprender viaje hacia el sur: “No me sentaba el clima y estaba agarrando reuma infeccioso. Y el médico me dijo tenés dos opciones, o te volvés a tu pueblo o sino tenés el sur de Argentina. Y así fue”.
Allí empezó, junto a su hermano, a consultar los viajes que hacía el ferrocarril hacia la Patagonia.
“Nos contaron que si íbamos para el lado de Zapala se extraían minerales y si íbamos para el lado de Río Negro había plantaciones de fruta, y eso nos gustó porque era lo que hacíamos allá ( en Italia)”, rememoró.
Sumó que “lo que había que hacer acá nosotros ya lo sabíamos hacer, así que cuando llegamos el cambio no fue brusco porque era algo que ya veníamos haciendo”.
Tractor y maquinarias. Cambio en las labores,
Lo que transitó Luis Dellanzo en su vida vuela por su mente y se exterioriza en cientos de anécdotas. Contó que en los primeros años de la bodega, y durante dos meses, trabajaban de noche y se iluminaban con velas. Con su hermano se “turnaban para prensar, porque si no se podía moler y eso era muy lento”.
Después trajeron una prensa hidráulica y se agilizó mucho la tarea. En la década del 70 adquirió un tractor luego de pedir un crédito y todo fue diferente. “Ahora es fácil, entrás con un tractor y movés la tierra. Pero en aquellos años toda la arada la hacía con caballo”, narró Luis. Agregó que la molienda se hacía toda manual y los tambores que pesaba entre más de 100 kilos se transportaron en una chata pero se subían a mano.

Producción local hectáreas de vid había en 2017 en la Región Sur (Río Negro, Neuquén, La Pampa, y Chubut). En el país fueron 220.848 ha.

3.760120 litros litros anuales es la producción de la bodega de Sargento Vidal entre todos los varietales. Se fracciona en damajuanas.

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 23 de Diciembre de 2018.

- Sargento Vidal es una localidad argentina ubicada en el Departamento General Roca de la Provincia de Río Negro. Se encuentra en el valle del río Neuquén, a 4 km de dicho río. Su principal vía de comunicación es la Ruta Nacional 151, que la vincula al norte con Catriel y al sur con Barda del Medio. Wikipedia.

domingo, 18 de noviembre de 2018

La Peña: vinos, ¿con o sin soda? ¿botella o damajuana? por JORGE VERGARA.

La Peña: vinos, ¿con o sin soda? ¿botella o damajuana? por JORGE VERGARA.

Dice el almacenero que le cuesta conseguir el vino en damajuana. Que no hay mucha oferta en ese rubro, pero que sí hay gente que lo pide.
Y algunos días después lo tiene a la venta. Es de una bodega de Regina. A buen precio según algunos clientes. El relato me tuvo de espectador en realidad, pero vale la pena contarlo por lo que significa para muchos ese tipo de vino.
Por el precio de la damajuana pensé que era más o menos parecido a su equivalente en botellas de vino económico.
El cliente del almacén me dijo muy convencido que para él el vino en damajuanas tiene un significado afectivo. “Toda mi vida, desde mis abuelos, tomamos vino en damajuana, y si era posible con soda”. Le creí porque el vino en damajuana llegó a las casas desde la economía y la practicidad. Era ahorrar y comprar más cantidad, aunque en otros tiempos no se resignaba calidad. No eran tiempos de varietales, eran vinos reservas o comunes y los comunes por lo general se tomaban con soda.
Y de paso agregó que en su casa todavía están en la mesa los pingüinitos de cerámica en los que se sirve el vino a la hora del almuerzo o la cena.
Me encantó presenciar el relato de quienes preservan costumbres llenas de historias. Porque el vino en damajuanas es una versión casi extinguida de la industria vitivinícola actual, que en el país creció tanto que la cantidad de etiquetas es enorme.
Sin embargo, hay gente que se aferra a sus gustos por más que la modernidad les traiga mejores propuestas.
Lo de mejor es relativo porque todo depende de los gustos. Un buen vino con soda bien frío es una tentación en sí misma, por más que también nos guste un buen varietal de calidad. Son dos mundos diferentes, tan diferentes que tal vez el que toma vino con soda esté convencido de que es la mejor opción.
Pueden convivir perfectamente. Con o sin soda, el vino está presente en cada casa y no importa si es de botella o damajuana.

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 18 de noviembre de 2018.