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sábado, 26 de noviembre de 2022

Ley de alcohol cero: “Si se aplica vamos a terminar todos los enólogos presos”.

 


El trabajo de los enólogos estaría condicionado por las modificaciones a la Ley de Transito. 

Referentes de la industria del vino reaccionaron en contra de la media sanción a la modificación de la actual Ley de Tránsito y plantearon que traería complicaciones a su trabajo.

Lmedia sanción de la Ley de Alcohol cero con una amplia mayoría de 195 votos a favor y sólo 19 en contra ha traído seria preocupación para los referentes de la industria vitivinícola y principalmente los enólogos. Es que pese a que en el gobierno de Mendoza se analiza no aplicar la norma en el territorio provincial, en caso de entrar en vigencia traería serias complicaciones a su trabajo.

Mariano Di Paola, uno de los enólogos más respetados de la industria, comentó a Los Andes que la medida le parece “demagógica”. “Los accidentes suceden por encima de los 0,5 gramos de alcohol en sangre. Si se aplica, los enólogos vamos a terminar todos presos. En nuestro trabajo tenemos que degustar y muchas veces son muchas copas. Si bien no las tomamos, el alcohol queda en la boca y eso puede arrojar un entre 0,1 o 0,4 a la hora de un examen, pero estas en perfecto estado a la hora de manejar, porque si la prueba se hace en sangre daría cero alcohol”, argumentó.

“Está bien, pero no tenemos que ser exitistas y que todo el mundo se rasgue las vestiduras. Los accidentes de tránsito ocurren, pero por encima del consumo moderado. Creo que esto es más demagogia que otra cosa”, expresó el director de enología de Rutini Wines y Bodega La Rural.

Para Di Paola, esta medida podría condicionar mucho su trabajo y planteó que, por ejemplo, las degustaciones diarias que deben realizar para controlar los vinos solo las podrían hacer en cierto horario ya que luego, los restos de alcohol en la boca podrían ser motivo de sanción. “Al momento de salir con destino a casa podría arrojar positivo y te puede retener el vehículo. Además, todos los trabajadores de la bodega tenemos disponibles controles a la hora de salir y si superás el límite no manejas. Con esta nueva medida nos tendríamos que quedar a dormir todas las noches en la bodega”, declaró.

Otro de los que se mostró en desacuerdo con la medida fue Eduardo Pulenta, Export Manager de Pulenta Estate. “Hay numerosos estudios que demuestran que los accidentes que se producen por exceso de consumo alcohol van muy por arriba de los niveles de tolerancia, con lo cual, el 0,5 que rige actualmente, que son dos copas de vino, no imposibilita a una persona a manejar y las estadísticas lo dicen”, explicó.

“La industria del vino no deja de ser una industria alimenticia. Es considerado dentro del Código Alimentario y forma parte de la dieta mediterránea. El consumo moderado tiene que estar permitido, como sucede en los países más avanzados del mundo”, añadió el empresario vitivinícola.

En tanto, Juan Pablo Díaz, enólogo de Bodegas López, remarcó que la postura de los enólogos está lejos de buscar polémica y lo que plantean es un consumo responsable de alcohol. “No es que no queremos que se reduzcan los accidentes de tránsito y que tengamos menos problemas, todo lo contrario. Pero, viéndolo desde el punto de vista en el que Mendoza es una provincia que vive del vino y del turismo, esta decisión pone en juego una de las principales actividades económicas”, explicó.

“No hay duda de que el alcohol al volante es malo en exceso. Pero esto complica mucho a la industria del vino, al turismo y a nosotros como profesionales. Creo que hay etapas de la vida donde vos tenés conciencia o no la tenés. Y el vino genera lo que muy pocas bebidas, que es que acompaña una etapa de madurez, donde lo acompañas con las comidas, en algún momento especial o un asado con amigos. Eso no sucede con otro tipo de bebidas, como algunas bebidas blancas, donde la ingesta de alcohol en mínimas cantidades si puede afectarte”, defendió el enólogo de Bodegas López.

Finalmente, Juan Pablo Díaz planteó que debería diferenciarse el consumo de vino de otras bebidas. “No sé cuántos de los accidentes de tránsito han sido causados por el consumo excesivo de vino. Es una decisión masiva que nos afecta a todos. El causante de esos accidentes no es justamente el vino, sino otras bebidas alcohólicas. Esto nos va a afectar a nivel económico y en el trabajo diario. Será una decisión a la que tendremos que amoldarnos, pero es algo para evaluarlo con el sector privado también porque también puede tener su sus problemáticas y eso definitivamente recae sobre todos los empleados de las empresas”, concluyó.

Noticia publicada en Diario Los Andes de Mendoza.

Sábado 26 de noviembre de 2022.

Imagen: Diario Los Andes de Mendoza.

https://www.losandes.com.ar/economia/ley-de-alcohol-cero-si-se-aplica-vamos-a-terminar-todos-los-enologos-presos/

domingo, 5 de diciembre de 2021

Las nuevas -y extrañas- cepas del vino argentino, Las bodegas invierten tiempo y conocimientos para elaborar ejemplares sorprendentes a partir de uvas no tradicionales. Elegirlos es acceder a experiencias de consumo fuera de serie. Repasamos las mejores -y más extrañas- nuevas cepas..

 

si se mira con atención, de un tiempo a esta parte, las góndolas de las vinotecas (y también las de algunos supermercados) exhiben ejemplares argentinos de cepas que apenas nos suenan o que directamente jamás escuchamos nombrar. Cordisco, Ancellotta, Marselan, Pedro Giménez, Gewürztraminer, Marsanne, Barbera, Garnacha, Raboso, Caladoc, Pinot Gris… y la lista continúa. Son varias las bodegas, grandes y pequeñas, que apuestan al uso de variedades experimentales.

Así es: estamos ante una tendencia que responde, por un lado, a una búsqueda de los productores por diferenciarse y cautivar a un consumidor de vino cada vez más exigente y curioso y, por el otro, a la demanda de un público -muchas veces joven, muchas veces conocedor del mundo del vino- que busca sorprenderse y experimentar. Este círculo virtuoso se consolida con el aporte de los enólogos que, casi como un juego pero con mucha (pa)ciencia, pasión y dedicación, se embarcan en el desafío de trabajar con cepas sobre las cuales hay poca información o de las que casi no se sabe cómo responden a nuestros suelos y climas.

“Hoy, para diferenciarse, los productores usan estas cepas en vinos varietales -es decir, elaborados al menos en un 85% con la uva indicada en la etiqueta-, más allá de que muchas de ellas han sido usadas en cortes desde siempre y simplemente el consumidor no lo sabía. Si pienso en blancas hablo de Riesling, Gewürztraminer, Grüner Veltliner o Semillón. Si pienso en tintas, Criolla, Bonarda, Ancellota y Syrah son las que tienen una superficie cultivada representativa en el país y tienen oportunidad de crecer. Luego, hay grandes vinos producidos con cepas como Charbono, Canarí, Glera y Mourvedre, pero dada la poca producción, solo algunos afortunados acceden a estas botellas que, además, suelen tener un valor más elevado”, explica Marisol de la Fuente, sommelier y periodista especializada en vinos (www.solsommelier.com.ar).

La experta recomienda fervorosamente indagar en estos nuevos varietales para “desarrollar los sentidos y apreciar las diferencias en cada tipo de vino”. Hay para entretenerse: se calcula que existen en el mundo alrededor de 5000 variedades de uvas de las cuales hoy se utilizan unas 300 para vinificar. De ese total, solo una pequeña fracción se cultiva en nuestro país, pero muchas bodegas locales trabajan fuerte para que las opciones continúen en ascenso. Y por cada una de estas uvas poco tradicionales que se incorpora, se abre todo un abanico de posibilidades según en qué región del país se cultive y las decisiones que se tomen durante todo el proceso de elaboración, porque si bien cada una tiene su propio set de aromas, sabores y color, “el bouquet completo dependerá del terroir -suelo, altura, clima- y de los trabajos en el viñedo y en la finca”, asegura De la Fuente.


Un desafío para los enólogos



Puestos a considerar el principal problema que supone elaborar vinos a partir de variedades no tradicionales, los enólogos coinciden en apuntar a la falta de fuentes de información, lo cual implica arrancar casi de cero. Esto es aún más complejo con ciertas cepas que a veces ni siquiera están registradas en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Por ejemplo, la mendocina Krontiras Wines trabaja en Luján de Cuyo la Asyrtiko, una uva blanca originaria de la isla de Santorini, Grecia, de la cual no hay prácticamente registros de su cultivo en Argentina. Esta misma bodega, tras varios años de investigación, sacó al mercado su Krontiras Explore Agliánico, elaborado a partir de esa uva tinta, también griega, que suele prosperar muy bien en suelos volcánicos.

Gabriel Bloise, enólogo de Chakana Wines, explica claramente por qué abordar cepas exóticas puede demandar décadas de trabajo: “Se trata de encontrar variedades que se adapten a cada lugar, de entender cuáles de las que crecen en otras zonas con climas y suelos similares, se pueden dar” en una región determinada. Quentin Pomier, enólogo de Bodega Piedra Negra, coincide, y sostiene que el desafío reside en expresar lo que brinda la naturaleza: “El objetivo es interpretar la variedad, su comportamiento en el lugar donde está plantada, cómo cultivarla, qué potencial nos da y, por ende, cómo vinificarla y criarla para que se exprese plenamente”, resume. ¡Menuda tarea!

¿Qué mueve a las bodegas y a los enólogos a incursionar en estos procesos de largo plazo que, además, no aseguran necesariamente finales felices? Bloise prefiere no hablar de tendencias: “Para nosotros la historia es otra, es una búsqueda y quizás por eso no esperamos resultados inmediatos sino que vamos probando. Cuando encontremos algo que nos haga felices entonces haremos un blend o un varietal de alguna cepa no convencional”, afirma.


La que es punta de lanza.



Una de las tintas atípicas que más viene resonando en el último tiempo en Argentina es la Ancellotta. “Es la que más ha crecido en términos de superficie plantada. Esto pone de relieve que las bodegas estamos descubriendo una uva distinta e importante. Si bien en las etiquetas no figura tanto, se la suele usar como corte”, explica Eduardo Rodríguez, enólogo de Corbeau Wines, que ha tomado la bandera de este varietal para hacer de él una insignia de la bodega.

De hecho, Corbeau cuenta con el viñedo de Ancellotta más grande del país (90 hectáreas), ubicado en San Martín, Mendoza. Para llegar al Pixels Ancellota y al flamante Mad Bird Reposado Ancellotta 2018, el trabajo fue arduo: “Cuando comenzamos, hace 13 años, todo era prueba y error. Lleva mucho tiempo conocer cómo trabajar con una nueva variedad. Incluso hoy -cuando creemos que ya la conocemos lo suficiente-, seguimos realizando pruebas”, cuenta Rodríguez. La bodega también incursiona con otras uvas poco tradicionales: lanzó un espumoso a base de Roussanne y Marsanne, dos variedades no tan conocidas en Argentina pero que constituyen un blend muy utilizado en Francia.

En el caso de Chakana, las pruebas preliminares con Ancellotta no arrojaron los resultados deseados. “Donde la plantamos no funcionó”, cuenta Bloise. Sin embargo, “variedades como Garnacha y Mourvèdre van muy bien, lo mismo que Petit Verdot, aunque no incluiría esta última entre las no convencionales”, sostiene el enólogo, y cuenta que la Petit Verdot la incluyeron en el Nuna Tetrada, un corte inusual orgánico y biodinámico que conjuga esa uva con Tannat, Cabernet Franc y Malbec.


Dos blancas atípicas.



En su finca orgánica localizada en Los Chacayes, Valle de Uco (Mendoza), Bodega Piedra Negra trabaja con dos blancas poco cultivadas en Argentina, las cuales han ido tomando protagonismo en su portfolio: Pinot Gris y Tocai Friulano. La primera es un clon del Pinot Noir que se cultiva en todo el mundo pero que en Argentina ocupa apenas 491 hectáreas, según los datos que arroja el INV en su Informe anual de superficie 2020.

Se caracteriza por su color grisáceo o marrón-rosado y por ser refrescante y de delicado aroma. En tanto, la Tocai Friulano es una variedad italiana no muy difundida en nuestra tierra pero que aquí -dicen los expertos- ha logrado adquirir personalidad y diferenciarse de las tradicionales Chardonnay y Sauvignon Blanc con sus aromas intensos y buen equilibrio. Piedra Negra sacó al mercado un Pinot Gris Orgánico y, dentro de la línea Jackot, su Tocai Friulano Orgánico, un vino que el enólogo de la bodega no duda en calificar como “muy sorprendente de contrastes”. Lo recomienda a quienes buscan experiencias memorables.


Famosas afuera, novedosas acá.



Cordisco es el nombre que recibe en nuestro país la variedad italiana Montepulciano d’Abruzzo. Es una cepa introducida por los inmigrantes de ese país, pero aún hay muy poca superficie cultivada en Argentina (80.7 hectáreas según el informe del INV). Los Durigutti, haciendo honor a su origen, consiguieron el material genético de un viñedo en extinción en San Juan, lo llevaron a Mendoza y lo reprodujeron y plantaron. “Hoy tenemos 0,8 hectáreas y producimos unas 3.500 botellas por año con esa cepa”, cuenta Héctor Durigutti, de Durigutti Family Winemaker. ¿El resultado? Un tinto fresco y con fruta muy viva que hoy integra la línea Proyecto Las Compuertas y que, según cuenta el enólogo, “ha tenido una gran aceptación especialmente entre los jóvenes y en gastronomía, porque es fácil de beber y con un alcohol muy amable”.

Otra variedad que es muy conocida en el mundo pero incipiente en la Argentina es la Riesling, que aquí se cultiva en apenas 74.4 hectáreas. En este caso es una uva blanca originaria de Alemania que también se cultiva en Francia y otros países, generalmente en regiones de clima fresco. En Argentina, Luigi Bosca la viene trabajando desde hace tiempo: “Comenzamos probando en la década del 80 en Finca El Paraíso (Maipú) para terminar cultivándola en Finca Los Nobles (Las Compuertas) en la década del 2000″, cuenta Pablo Cúneo, director de Enología de la bodega. El resultado de esos estudios -que incluyeron la selección del material vegetal y la selección del sitio donde mejor se expresaran las características varietales- es el Luigi Bosca Riesling. “En cuanto a la vinificación, también hemos recorrido un camino de aprendizaje que aún continúa. En este aspecto es muy importante la definición del momento de cosecha y el manejo de las fermentaciones para lograr una expresión típica”, señala el enólogo.

Manuel Pérez Caffe, ingeniero agrónomo y cocreador de Sarapura Wines, también destaca “el resurgimiento de variedades llamadas ‘tintas B’, como el Syrah, el Bonarda, el Merlot y el Tempranillo”. La bodega lanzó su Tempranillo en la primera añada y sorprendió a un público poco habituado a beber vinos que la tuvieran como cepa principal. “En la segunda, hicimos base en el Merlot y pasó lo mismo”, subraya. Es que la novedad a veces viene de la mano de lo que ya conocemos, solo que pensado (y procesado) de una manera disruptiva. Semillón, Tempranillo, Criolla, Tannat, Chenin Blanc o Sangiovese, algunas variedades tradicionales que vuelven al ruedo y tientan a los consumidores.


Algunas cifras.



Entre 2000 y 2020 el Malbec arrasó en crecimiento de hectáreas cultivadas. Entre las menos tradicionales, algunas parecen querer mostrarse. Lógicamente, la cantidad de hectáreas cultivadas en la Argentina con cepas no tradicionales es ínfima en relación con la que ocupan las variedades que sirven de base a los vinos más valorados por los consumidores locales e internacionales.

Mientras que existen 45.650 hectáreas de Malbec y 14.100 de Cabernet Sauvignon, por nombrar dos poderosas, hay apenas 50 de Agliánico, 80 de Cordisco, 31 de Garnacha, 22 de Raboso y 74 de Riesling. Entre las raras, se destacan la Ancellotta, con 2.200 hectáreas, y el Pinot Gris, con 490. (Fuente: Informe Anual de Superficie 2020 INV).


Quién te ha visto y quién te ve.



En el mundo del vino resuenan nombres de variedades ‘pasadas de moda’ que hoy regresan renovadas. En la que podríamos caracterizar como una búsqueda casi frenética de experiencias nuevas, los consumidores no solo se animan a cepas desconocidas sino también a otras que tuvieron su época de gloria y habían pasado al olvido, pero que hoy vuelven con un concepto diferente. “Una cepa que está resurgiendo es el Tannat. Y hay otras variedades que son tradicionales, como la Criolla, con las que siempre se hicieron vinos baratos, pero ahora se usan para hacer cosas nuevas”, observa Gustavo Bertagna, primer enólogo de bodega de Susana Balbo, al tiempo que también destaca la llegada de novedades a partir del uso de técnicas no tradicionales con variedades que sí lo son.

En ese rescate de viejas conocidas, Andeluna ha apostado por el Semillón, una variedad muy utilizada a mediados del siglo XX pero para hacer cortes o vinos en los que no se mencionaba el cepaje. “Encontramos este varietal en Valle de Uco, con muchos años de plantación, y me pareció súper interesante contribuir a su resurgimiento. Vemos que en el mundo, en general, hay un interés creciente por el Semillón y, si bien en Argentina aún hay pocas hectáreas cultivadas, se están elaborando muy buenos vinos”, cuenta Manuel González Bals, enólogo de la bodega.

Otra variedad representativa en el pasado que había caído en el olvido es la Chenin Blanc. “A raíz de una selección realizada por el INTA en la década del 80 buscando una mayor y mejor productividad, la cepa comenzó a dar vinos de baja calidad, con pocos aromas y gustos”, explica Roberto De la Mota, enólogo de Bodega Mendel. Por suerte, algunos productores continuaron elaborando las viejas variedades tradicionales. A partir de 2009, Mendel decidió producir Semillón y luego Chenin Blanc. “Además de poseer las uvas y tener la intención de reivindicar estos nobles cepajes, debo sumar la experiencia de haberlos elaborado en el pasado, cuando trabajaba con mi padre, con buenos resultados”, destaca De la Mota. Cuenta que la historia ha sido similar con el Merlot: “Es un excelente cepaje que ha tenido mala prensa luego de un film en el que se lo criticaba mucho”, recuerda, aludiendo al film Entre Copas. La clave, dice, es “cultivarlo en zonas frescas para conservar los aromas afrutados y sus características varietales”.

Este ha sido un brevísimo resumen de algunas propuestas del mercado. Hay muchísimas opciones más y todas merecen ser degustadas porque las bodegas las las vienen trabajando a conciencia. Si la idea es sorprendernos e incrementar nuestra capacidad de percepción de aromas y sabores, tenemos que olvidarnos de tomar siempre lo mismo. ¿Listos para aventurarse en la búsqueda?

Por Yanina Bouche.-

PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO", SÁBADO 4 DE DICIEMBRE DEL 2021.

https://www.rionegro.com.ar/las-nuevas-y-extranas-cepas-del-vino-argentino-2063182/

domingo, 17 de octubre de 2021

Susana Balbo: “Una carrera exitosa no está en conflicto con la maternidad”.

 

En el marco del Día de la Madre, Los Andes habló con la bodeguera que hoy comparte el trabajo con sus dos hijos. Su experiencia con la maternidad, la combinación con la enología y otros temas desarrolló durante la charla.

Como cada tercer domingo de octubre, este 17 se celebra el Día de la Madre. Y si hablamos de una de las madres de la enología argentina, el nombre de Susana Balbo surge de inmediato. En el año 1981 fue la primera mujer del país en conseguir el título de enóloga y desde ese momento forjó una exitosa carrera que combinó con la maternidad de José (37) y Ana (35), quienes hoy forman parte de Susana Balbo Wines, la bodega que ella misma fundó.

Pionera también en el plano internacional, la empresaria ha sido distinguida como una de las 50 mujeres con más influencia en el mundo del vino, mejor bodeguera, mujer del año, entre tantos otros. En una charla con Los Andes habló de esta exitosa carrera y la combinación de la crianza de sus hijos, así como la incorporación de ellos a la empresa, su legado y más.

- ¿Cómo ha sido combinar la maternidad con una carrera tan exitosa?

- Cuando trabajaba como empleada tuve la suerte de tener un jefe y dueño de una empresa que era padre de seis hijos y entendía que las mujeres necesitamos mayor flexibilidad que un hombre para trabajar. Lo que él más valoraba era mi capacidad de trabajo y talento y me permitía llevar a los chicos a la bodega. José y Ana salían conmigo en Cafayate a las seis de la mañana, ya sea invierno o verano, una en cochecito y el otro recién dando sus primeros pasos. Tenía esa flexibilidad y lo pude hacer en esa época.

Cuando comencé mis proyectos propios, el primero fue con el papá de los chicos y nos fue bastante mal. Era duro porque teníamos que viajar y nos turnábamos para ver quien iba porque dejar a los chicos solos no es sencillo.

En el segundo, el proyecto que realmente ha sido exitoso, los chicos ya se habían ido estudiar. Comencé la bodega cuando tenía más de 40 años y mis hijos ya eran adolescentes o estaban entrando a la Universidad. Eso me permitió hacer un desarrollo interesantísimo porque no tenía la preocupación de su crianza.

- ¿En algún momento fue un impedimento el hecho de ser madre para su desarrollo profesional?

- No, nunca lo fue. Siempre he dicho que una carrera exitosa no está en conflicto con la maternidad. Es una cuestión de organizarse y creer en uno mismo. Muchas veces, cuando las chicas tienen que decidir si son madres, piensan que van a quedar fuera del círculo de competencia y la posponen, a veces, demasiados años. Creo que no vale la pena pagar ese costo porque hay formas de hacerlo. Durante la pandemia se ha demostrado la posibilidad del trabajo a distancia y que una mujer puede ser tan productiva trabajando desde su casa como sentada en una oficina.

No está reñida la maternidad con una carrera exitosa. La lucha es más interior, en las inseguridades que la mujer pueda tener con respecto a su talento y sus capacidades por el solo hecho de ser mujer, el famoso techo de cristal, algo que solo está en nuestra cabeza. Nos dejamos amedrentar por los inconvenientes, pero todos, hombres y mujeres, tienen inconvenientes. Hoy todo se ha equiparado y creo está muy organizada la sociedad para que se pueda desarrollar el núcleo vital que es la familia y a la vez una actividad profesional que te gratifique y que cuando los chicos crezcan te permitan seguir ocupada en eso y no sufrir el síndrome del nido vacío.

- ¿Qué puntos de contacto tienen la enología y la maternidad?

- Siempre dije que hacer un vino es como tener un hijo. Primero lo soñás, luego lo concebís -en el viñedo-, después tenés la crianza -en la bodega- y finalmente lo mandás al mundo a que haga su propia vida. Esto no quiere decir que minimice la maternidad, pero es como un sueño cumplido de poder concretar un deseo y volcar todo el amor y el cariño que produce la enología. Se trata de una carrera que genera un compromiso afectivo que no tienen otras profesiones más áridas, porque trabajas con materia viviente.

- ¿Cómo fue la incorporación de sus hijos a la bodega?

- Es hermoso trabajar con los dos hijos, muy lindo realmente. Fue una decisión personal de ellos. Los dos empezaron trabajando en otras empresas. Anita estaba en Buenos Aires, en Price Waterhouse en el área de Finanzas. Hablando muchas veces con ella respecto a lo que era el proyecto de la empresa y la familia, empezó a demostrar más interés en comenzar a venir a Mendoza. Finalmente, ella comenzó a venir cada tanto, trabajaba 15 días acá, después volvía a Buenos Aires, hasta que terminó viniéndose. Creo que tira la tierra, la familia, los amigos y creo que también fue fundamental el amor, porque acá estaba la persona que hoy es su esposo y el padre de sus tres hijos. En 2012 se sumó a la empresa y ella empezó su propio proyecto vinculado con el restaurante. Comenzó a tomarle el gustito a emprender por cuenta propia y la veo muy contenta.

Por su parte, José, estudió enología en la Universidad de Davis en California y también en China. Apenas volvió al país le costó un poco adaptarse porque el haber vivido afuera le dio una visión distinta y organizada y le molestaba mucho la falta de cumplimiento de la gente. Al principio se hizo cargo de una bodega y estaba con el proceso de reconstrucción y le tocaba lidiar con trabajadores que no respetaban los horarios o no cumplían con su palabra. Le costó mucho acostumbrarse a la informalidad del trabajo de Argentina. Después de esto, en 2010 decidió venir con nosotros, porque realmente no tenía mucho sentido que trabajara fuera de la empresa cuando tenía la suya propia. Pero él había querido hacer experiencia afuera antes de trabajar con nosotros y lo respetamos.

- ¿Cuál es la mejor parte de hoy estar trabajando con sus hijos?

- La libertad que tengo -risas-. Yo voy y vengo y ellos están a cargo de la empresa. Eso me permite disfrutar de una libertad que no tenía cuando estaba comenzando la bodega. Hoy tengo un equipo fantástico del que hoy forman parte mis dos hijos que me permiten elegir trabajar en la empresa en lo que más me gusta y dejar el resto para los otros.

- ¿Cuál es legado que Susana Balbo quiere dejar para sus hijos y nietos y para la vitivinicultura?

- La pasión por hacer. Me sentiría muy feliz de saber que le pude legar a mis hijos y mis nietos esto. No importa lo que hagan, pero tiene que estar la pasión por hacer, por ser útiles a la comunidad, poder ir más allá de tu pequeño entorno. Se trata de ser útil para el país en el que vivís, la comunidad en la que te desarrollas y hacer todo lo que uno pueda.

PERFIL. Susana Balbo es madre de José (37) y Ana (35). En 1981 se convirtió en la primera mujer enóloga del país al recibirse con honores en la Facultad de Enología de Don Bosco. Aunque el comienzo no fue sencillo, su camino lo inició en la bodega Sucesión Michel Torino en Cafayate, donde comenzó a forjar su mote de “la reina del Torrontés”.

En 1999 fundó su propia bodega en Mendoza, Susana Balbo Wines. Ha sido distinguida de manera nacional e internacional en reiteradas oportunidades por sus vinos y también por su carrera profesional. También fue durante mucho tiempo presidenta de Bodegas de Argentina y entre 2015 y 2019 incursionó en la política como Diputada Nacional.

PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO "LOS ANDES" DE MENDOZA, Domingo 17 de octubre de 2021.

https://www.losandes.com.ar/guarda14/susana-balbo-una-carrera-exitosa-no-esta-en-conflicto-con-la-maternidad/

martes, 26 de enero de 2021

De la Mota: una familia apasionada por el vino.

 


De la Mota: una familia apasionada por el vino.

Roberto recuerda a su padre, Raúl, y cuenta los nuevos proyectos junto a su hijo Rodrigo en Mendel Wines. Las memorias de tres generaciones unidas por la vitivinicultura.

Roberto de la Mota sostiene que para Mendel Wines el 2020 fue un buen año porque pudieron crecer en el mercado interno y en las exportaciones. Lo expresa con cautela, porque sabe que a mucha gente le ha ido mal. Sin embargo, sostiene que hay que tener optimismo y ganas de seguir adelante; el mismo espíritu que le llevó a saber que Revancha era el nombre perfecto para la línea de vinos que creó con su hijo Rodrigo y que reconoce como una nueva oportunidad que le dio la vida, después de tener un grave accidente automovilístico.

Su vinculación con el mundo vitivinícola se dio desde muy temprana edad. Como su papá, el reconocido enólogo Raúl de la Mota, trabajaba en la Bodega Arizu, Roberto vivió entre los 2 y los 16 años en el enorme predio entre calles Belgrano y San Martín de Godoy Cruz. Su rutina en la infancia consistió en ir a la mañana a la escuela, hacer los deberes por la tarde y jugar en ese extenso patio, que era el establecimiento elaborador.

Así fue como eligió una escuela secundaria técnica agraria y enológica, la “Miguel Pouget”, de la que egresó con el título de enólogo. Entre tanto, en los veranos trabajaba con su padre, que entonces estaba en la bodega Cavas de Weinert. Y si bien en su momento se planteó seguir estudiando Enología, un enólogo francés, amigo de su padre, Émile Peynaud, le dijo que, si quería capacitarse después en Francia, debía estudiar Agronomía, ya que le permitiría conocer la fisiología de la vid y los procesos previos a elaborar un vino.

Roberto tomó el consejo, obtuvo su título de ingeniero agrónomo y en 1988 se fue a estudiar a Francia. Tres años antes, cuando aún era alumno universitario, empezó a trabajar de modo oficial con su padre, en la plantación de viñedos. En Europa obtuvo un título de especialización en vitivinicultura y enología y, al regresar, siguió trabajando con Raúl de la Mota hasta 1994, cuando ingresó como jefe de viñedos en Chandon.

“Trabajé casi nueve años con él. No fue fácil. Era muy exigente. Con él mismo y con los demás. Lo que yo hacía bien era lo normal”, comenta sobre cómo fue trabajar con su padre. Pero también reconoce que eran otras épocas, en las que eso era lo habitual. “Para mí fue un enorme y gran profesor, que me enseñó la filosofía del trabajo”, agregó. Sostiene que no le pesó el hecho de que su padre fuera conocido sino que, por el contrario, le abrió muchas puertas, aunque también, confiesa, le puso “la vara alta”.

Sin embargo, después siguió su camino y le ayudó considerablemente haber estudiado en Francia. Dos años después de entrar en Chandon empezó a elaborar vinos tranquilos y luego empezó con el proyecto que se llamaría Terrazas de los Andes. En 1999 participó de la elaboración del primer Cheval des Andes, que surgió de la unión de Château Cheval Blanc y Terrazas de los Andes. Trabajó con el grupo hasta 2006.

Es que en 2002 había iniciado un emprendimiento en el que ya no sólo se desempeñaba como técnico y asesor, sino del que también formaba parte: Mendel Wines. Sus socios, una familia de Buenos Aires que compró un viñedo de malbec, plantado en 1928, y una bodega abandonada, le pidieron que los asesorara y luego lo convencieron para que se sumara a la empresa.

Como él ya venía con ganas de alejarse de las grandes organizaciones  –aunque resalta que el grupo LVMH Moët Hennessy fue una fuente de formación y crecimiento muy importante- y también de dejar de viajar tanto (pasaba 16 semanas afuera entre mayo y diciembre la mitad del tiempo), aceptó. En Mendel, cuenta, puede prestar mucha más atención a cada parcela y a cada tanque y barrica que vinifica pero, como contraparte, cada una tiene que salir bien porque hay poco margen para el error. También, menos posibilidades de hacer cosas “estrafalarias”, porque los niveles de inversión son otros. Pero señala que cada etapa es linda y le permite crecer.

En 2009, casi de modo casual, se dio la oportunidad de dedicarse a un proyecto más personal. Su hijo Rodrigo, que entonces tenía 15 años, le pidió dinero para cambiar la suspensión de la bicicleta. Como le había comprado el rodado hacía poco, le lanzó que para reunir el monto iba a tener que trabajar. Claro que ése era un modo de compartir con él el proceso de vinificación. Para que el trabajo fuera más gratificante, elaboraron 1.800 botellas, que quedaron guardadas.

Un tiempo después, un amigo visitó la bodega Mendel y le hizo probar ese vino diferente, con el impacto de alguien más joven, con mucha fruta y el aporte aromático del cabernet franc. El visitante le preguntó cuál era el nombre que había elegido y, cuando Roberto le respondió que no tenía, le dijo que tenía que llamarse Revancha.

“La vida te ha dado una revancha, de poder hacer un vino con tu hijo”, fue la categórica sugerencia. Con esto, se refería a que dos años antes, el enólogo había sufrido un accidente del que casi no se salvó y que lo dejó en una silla de ruedas. Para que el nombre no tuviera una connotación bélica, sino de la posibilidad de un nuevo juego, un amigo diseñador eligió las piezas de ajedrez de la etiqueta de la línea, que el año pasado sumó un blend de blancas y un merlot. “Son vinos pandémicos”, bromea, ya que en realidad fueron elaborados antes.

Hoy, Rodrigo ya se recibió de ingeniero agrónomo y, tal como hizo Roberto en su momento, está realizando sus pasantías en otra bodega. “Es importante que haga un camino propio y que aprenda”, sostiene el padre.

Para este 2021, De la Mota cuenta que en Mendel tienen planeado lanzar un vino malbec, con denominación de origen Luján. De esta manera sumarán otro “single vineyard” al que ya tienen de Altamira (San Carlos). Considera que ésta podría ser una buena cosecha, porque el tiempo no ha sido demasiado cálido ni demasiado frío y una helada tardía sólo disminuyó un poco la producción de algunas parcelas. Si bien prefiere esperar porque aún falta bastante para poder levantar la uva, sostiene: “Tenemos fe y esperanza de que sea un buen año y que se puedan hacer buenos vinos”.

Publicado en GUARDA 14 del Diario "Los Andes" de Mendoza.

https://www.losandes.com.ar/guarda14/de-la-mota-una-familia-apasionada-por-el-vino/