Mostrando entradas con la etiqueta italianos.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta italianos.. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de noviembre de 2024

La Caroyense.

 

La Caroyense, historia del vino cordobés

La bodega de Colonia Caroya y su uva insignia: la Isabella

Fundada en 1930 por 33 inmigrantes italianos que decidieron aunar sus producciones, tuvo un auge entre 1950 y 1970, pero luego oleadas de granizo destrozaron el viñedo en el año 1975 y sufrió en fuerte declive. 

Luego de ese pasado en el que llegó a ser una bodega importante en el panorama argentino, en el año 2000 la cooperativa presentó quiebra, y se convirtió en una sociedad anónima perteneciente a Juan Carlos Tai, quien la dotó de los primeros tanques de acero inoxidable.

Aquellos esforzados inmigrantes elaboraban vino de mesa, con un abastecimiento de doce millones de kilos y una producción que podía alcanzar hasta los seis millones de litros, debido a su gran capacidad instalada.

Hoy se utilizan tan solo 400 mil litros de esa capacidad ya que hay en uso unas pocas piletas. Hubieron 1.250 hectáreas de viñedos en la zona, pero ahora quedan aproximadamente poco más que 100 de ellas. Actualmente, además de uva de los productores de la región, se utilizan uvas traídas de La Rioja y Entre Ríos. La bodega no cuenta con viñedos propios y nunca los tuvo. 

Siendo una bodega antigua, se destaca la posibilidad de observar los elementos que se usaban en la época, en el museo subterráneo, aunque se encuentra algo descuidado. Los piletones de concreto, pintados con epoxi son enormes, pero la mayoría se encuentran en desuso. 

La uva estrella de la zona es la Frambua, también conocida como Isabella o "uva chinche"; es una uva dulce aromática e invasiva, que se amoldó bien a la zona y da lugar al vino insignia de Colonia Caroya. 

Los impresionantes toneles de madera austríacos, que se encuentran apenas ingresar al edificio de la bodega, fueron un fracaso; ya que en el primer año de uso fallaron por ingreso de oxígeno y no se pudieron utilizar más que una vez, quedando como parte del decorado.

Hasta hace poco el enólogo fue Santiago Lauret, también pasaron un tiempo por la bodega Gabriel Campana y Agustina Luchetti, pero actualmente se encuentra a cargo Rafael Brico, quien nos cuenta: "Al elaborar vino normalmente no se siente mucho olor a vino, pero con la Isabella eso no sucede, el mosto se coagula más cuando la molés y se huele en toda la bodega. Hay dos clones diferentes, uno más temprano conocido como Isabella precoz y el otro que se cosecha más para marzo".

Dan alcoholes bajos, de 11 a 11,2°, por lo que se hacen con ella vino secos y cuando se los quiere hacer dulces, se les agrega mosto.

Es una bodega bien "de albañiles italianos", una construcción donde todo fue hecho de manera rústica y funcional, con mucho hormigón armado a la vista y nula decoración, a excepción del sector principal de la recepción, donde se encuentran los toneles de madera, que está construido a semejanza de la Catedral del Friuli, unos vitrales y la escalera metálica que cuenta con barandas de hierro.

Como las piletas son muy grandes, necesitan mucha uva para poder llenar esta bodega, que llegó a trabajar tres turnos de ocho horas en su mejor momento.

Durante la visita fuimos recibidos por Cristina Reinosa, quien amablemente condujo la degustación de los vinos que se realizó, acompañados de una picada de fiambres locales. Nos explicó que se dedican principalmente a los vinos regionales y que durante la gestión de Lauret se desarrollaron también los espumantes.

La Caroyense en una interesante opción de visita enoturística para quienes visitan la provincia de Córdoba, ya que permite no solo ver el proceso productivo, sino también apreciar la historia del vino en la zona y conocer los de esa uva que solíamos ver en los parrales de los abuelos: la uva Isabella o chinche.  






*** Publicado en blogspot Ángel y Vino.

https://angelyvino.blogspot.com/2024/11/la-caroyense.html

https://angelyvino.blogspot.com/

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

lunes, 10 de julio de 2023

Los grandes ausentes del vino argentino.

 


Los grandes ausentes del vino argentino.

Los varietales de los que todos hablan y consumen son franceses, ¿pero qué pasó con aquellas primeras vides que trajeron los inmigrantes italianos y españoles?

Por Joaquín HIDALGO.

Somos un país de inmigración. Y en materia de vinos quizás más que en ninguna otra: el gusto por el vino llegó a nuestro país como una nostalgia entreverada en el equipaje de los muchos italianos y españoles que hicieron el grueso de nuestra inmigración, matizada con algo de franceses, alemanes, daneses y ucranianos. Es un cuadro conocido y es un acervo que se lee en los apellidos de buena parte de los argentinos.

Entre los muchos González y otros tantos Vecchiarelli, entre los muchos Fernández y los tantos Rossi, Ferrari o Colombo, el vino llegó a la Argentina como ese octavo pasajero de la ciencia ficción que les permitió a todos ellos poner sobre la mesa un sabor que, como las palabras, llenaba la boca con lo conocido. Entre los Tittarelli, los Giol, los Toso y Bianchi, por ejemplo, que hicieron del negocio del vino una forma de vida, sorprende a la hora de las copas una gran ausencia: es raro, rarísimo probar algún vino elaborado con uvas italianas o españolas. El grueso de lo que bebemos es francés.

Es como si en ese legado del inmigrante la valija que traía las uvas se perdiera en el puerto como se perdió la famosa valija de Hemingway –con todos sus escritos de juventud– y no quedara nada de ese acervo de Sagiovese, Montepluciano, Barbera, Nebbiolo, Cariñena, Tempranillo y Garnacha. En Argentina solo se habla de las variedades francesas.

Es algo que me llama la atención. Y sobre lo que no encuentro una explicación clara. Por ejemplo, en la historia del Malbec el foco siempre recae en la aventura de Miguel Amado Pouget, quien introdujo en 1853 las uvas francesas en nuestro país. Contado desde el presente, nadie siente necesidad de explicar cómo llegó el Lambrusco a nuestro país porque el Lambrusco y buena parte las otras uvas ha desaparecido de la mesa. O casi.

Es verdad, el romance entre el Malbec y los productores explica buena parte de su éxito. Una uva que se adaptó de maravillas, que daba buen color y con aromas frutales, permitía rendimientos y mejoraba otros tintos está claro que triunfaría. Eso, siempre que el gusto de los vinos coincidiera con esa uva. Lo que nos lleva de lleno al otro asunto: ¿es que las uvas italianas o españolas no cuajaron con el paladar de esos inmigrantes? Tal vez de ellos sí, porque estuvieron plantadas en el pasado, pero al parecer no de sus descendientes.

Una entre las diez primeras.

Singular es el caso del Tempranillo. Es la novena uva más plantada en Argentina, con casi 5200 hectáreas (2,5% de la superficie) y prácticamente desapareció de la góndola. No es que no se lo use o elabore, pero son pocas las bodegas que etiquetan sus vinos con esa variedad. El dato es que la Tempranillo, por su importancia en España, es la cuarta variedad más plantada a nivel mundial, detrás de Merlot, Sultanina (para consumo en pasas) y Cabernet Sauvignon.

En Mendoza, que concentra casi la totalidad de la superficie, el dato es que la mayoría (casi el 70%) está plantado en las zonas bajas y calientes del este. Sin embargo, entre Tupungato, Tunuyán y San Carlos hay unas mil hectáreas que dan vinos frutados y vibrantes. Así y todo, no la vemos en la góndola, con excepción de Altocedro, Crux, Zuccardi Q, Tempus Alba y Krontiras para mencionar unos pocos entre los pocos.

Las italianas a la baja.bar

La más plantada entre las variedades italianas es el Sangiovese. La uva dilecta de la Toscana encuentra en nuestro país unas 1300 hectáreas aún en producción. Hace 20 años eran 2500. De las que quedan, el 70% está plantado en el este de Mendoza que es, dicho sea de paso, un clima no del todo amigable con el perfil de la uva. Con excepción de Tupungato (65ha), casi no se la encuentra en zonas frías.

Esa es quizás la principal razón para que estas uvas hayan entrado en un cono de sombras: que el clima del este de Mendoza no sea muy adecuado. Pero tampoco lo es para las francesas. La diferencia está en que lo que se plantó nuevo en zonas más frías se hizo sólo con las francesas.

Sin embargo, las uvas italianas como Barbera (371ha), Greco Nero (286ha), Bunamico (102ha), Cordisco (52ha), Lambrusco (46ha) y Nebbiolo (30ha) ofrecen una paladar muy distinto y todos emparentados por una rara cualidad: dan vinos estructurados pero sin peso, como los describe Andrés Sánchez, enólogo enamorado de ellas y quien las planta en el Maule, Chile, y las embotella bajo el nombre de La Collezione. Quizás ahí está la clave de la supervivencia y de volver a escribir una historia que rinda homenaje a los apellidos inmigrantes. Tintos que aligeren el paladar sin perder la fuerza. Algo de eso se puede probar en los tintos que embotella Bira, Callejón del Crimen, Alfredo Roca y Livverá.

Publicado en Diario "La Mañana del Neuquén".

Domingo 9 de Julio del 2023.

https://www.lmneuquen.com/los-grandes-ausentes-del-vino-argentino-n1039109

jueves, 22 de diciembre de 2022

Los nombres del vino, una curiosa historia mendocina.

 Por Victoria Bibiloni Abbona.

Los inmigrantes que llegaron a Mendoza y comenzaron a hacer sus propios vinos provenían desde diferentes lugares del mundo. Italianos y españoles eran el grupo más numeroso. La tierra mendocina era un ámbito propicio para los emprendimientos vitivinícolas. Por eso, miles de extranjeros vieron aquí la oportunidad de subsistir a través de la industria y la cultura del vino. Cada uno de aquellos inmigrantes le dio a su emprendimiento un nombre en particular, uno que le diera a cada vino una identidad única. Algunos de esos nombres eran homenajes al lugar de origen de los productores, otros, buscaban sintetizar la idea de progreso que les inspiraba la Argentina. Algunos, se encomendaron a su religión y sus creencias para nombrar a sus bodegas mientras que otros inventaron nombres de fantasía. En esta nota te contamos cuáles son esos nombres que hicieron de los vinos mendocinos productos únicos en el país.

El uso de etiquetas para el vino.

Fue a principios del siglo XX cuando en el país se comenzó a normalizar el uso de etiquetas en el vino. El objetivo de que tenían eran poder diferenciar un vino del otro y todas tenían más o menos los mismos datos. Sobre un círculo que se colocaba sobre la cara superior de los barriles se mencionaban tres datos fundamentales: el nombre de dueño, el de la bodega y el de la marca. A veces estaban esos tres datos, a veces solamente uno. En el medio, también solían tener dibujos alusivos a la identidad del vino o a la cosecha.

La etiqueta del vino producido en La Udinesa, la colonia friulana de General Alvear, Mendoza.

Los nombres en honor a Cuyo, una forma de indicar la procedencia del vino.

Con el objetivo de dar cuenta de dónde venían sus vinos una vez que estos entraban en el circuito comercial, varios inmigrantes los denominaron alusivos a diferentes lugares de Cuyo, especialmente, a aquellos donde tenían sus bodegas. Fue así que Bernardo Martínez desarrolló la marca “Chacras de Coria” y los hermanos Emilio y Mario Videla “El Algarrobal” y “Panquegua”. Mientras tanto, en Guaymallén, los hermanos Tomba nombraron a una de sus vinos”El Sauce” y los hermanos Dutto le dieron a uno de los suyos el nombre de “Buena Nueva”.

Algo similar ocurrió en San Rafael, cuando la familia francesa Cornú nombró a una de sus marcas como el departamento sureño y en San Juan donde la familia Graffigna comercializaba el vino “Colón” homenajeando a un departamento de dicha provincia.

El homenaje de los inmigrantes a sus lugares de origen.

Fueron muchos los inmigrantes que nombraron tanto a sus vinos como a sus bodegas haciendo alusión a sus lugares de origen. Otra vez, el primer caso que recordamos es el de Bautista Gargantini y Juan Giol dueños de “Colina de Oro” nombrada así en honor a Collina d’Oro, el pueblo suizo del que provenía Gargantini. Mientras tanto, los hermanos Wiedenbrug nombraron a su bodega “La Germania”. Los inmigrantes de origen trentino también hicieron lo propio con sus establecimientos. Por un lado, Alejandro Sartori nombró a su bodega “La Trentina” mientas que Luis Baldini y Francisco Gabrielli registraron la suya como “Trento”. Otros italianos, pero provenientes de Véneto, los hermanos, Juan y Jesús Citón denominaron “La Veneziana” y comercializaron la marca “La Adriática”. Mientras tanto, en el sur provincial, los inmigrantes friulanos llamaron “La Udinesa” a su marca de vino.

Colina de Oro era una localidad del cantón suizo de Ticino. El logo de vino Toro está inspirado en el cantón de Uri, cuya bandera tenía una cabeza de toro. “3030 R Linda Color S.A. Genève Solothurn Bern Uri Aargau Glarus Schaffhausen Neuchatel Luzern Geneve Zug Unterwalden Ticino Appenzell Thurgau Fribourg Schwyz Basel Zürich St. Gallen Valais Vaud Graubünden 27.VII.1976.” by Morton1905 is licensed under CC BY-NC-SA 2.0

En el nombre del padre, del hijo y de los hermanos.

Una de las formas más comunes de nombrar a las bodegas era utilizar el apellido de su creador. Si la elaboración era en el marco de una empresa familiar, lo usual era que el vino se nombrara con el apellido de los creadores y al lado se añadiera el grado de parentesco existente entre ellos. Pascual Toso y sus hermanos crearon el establecimiento “Toso hermanos” y algo similar había sucedido con los Tomba y los Arbillaga. Mientras tanto, también surgían bodegas como “Bodegas y Viñedos Antonio Campi e Hijos” o “Agustín Piccione e Hijos”. Otras empresas, también, utilizaban el nombre completo de su propietario, como en el caso de Honorio Barraquero, Justo Pellegrina y Miguel Escorihuela, entre otros. Muchos de esos productores se fueron asociando entre sí y le dieron origen a nuevas bodegas, como en el caso de Gargantini y Giol que crearon “Colina de Oro”.

Los nombres de animales.

Si pensamos en vinos nombrados con base en diferentes especies de animales, el primero que nos llega a la mente es el Vino Toro, creación de Bautista Gargantini y Juan Giol. Hasta hoy, inclusive, hay quienes creen que entre sus ingredientes incluía sangre de toro para darle más cuerpo y su característico color bordó. Gargantini y Giol no fueron los únicos que pensaron en animales de gran porte y potencia a la hora de fabricar sus vinos. También en Maipú, Angelo Furlotti, otro italiano, nombró a su vino comercialmente “León” mientras que Bernardo Martínez, un español, llamó al suyo “El Elefante”. En Guaymallén, mientras tanto, otra bodega de capitales italianos, la de Rópolo, Serra y Franceschini nombró a su vino “Tres leones de oro” y Virgilio Santini denominó al suyo “El Camello”.

Religión versus progreso científico.

Una de las formas más comunes de nombrar a los vinos era en relación a santos o a la idea de progreso. En este grupo había muchos emprendimientos comandados por inmigrantes quienes se encomendaban tanto a la religión como a la ciencia. Fue así que Luis Tirasso, pionero en la elaboración de espumantes en la provincia nombró a su bodega “Santa Ana”. Mientras tanto, el español Agustín Mercader denominó a su bodega “El Purgatorio” y el ruso Arón Pavlovsky fundó “La Purísima”. Como contracara, los creyentes en la idea del progreso con base en la tecnología, denominaron a sus emprendimientos con nombres asociados a la expansión territorial. En este grupo, los principales exponentes eran el italiano Arturo Dácomo, propietario de “El Progreso” y los hermanos Wiedenbrug, dueños de “El Globo”, que inicialmente se había llamado “La Germania”. ¿Conocías las historias detrás de estos nombres? Contanos en los comentarios.

Autor imagen de portada: “T O R O” by Walimai.photo is licensed under CC BY-NC-ND 2.0.

Publicado en

https://mendoza.italiani.it/los-nombres-del-vino-una-curiosa-historia-mendocina/

Imágenes:

https://mendoza.italiani.it/los-nombres-del-vino-una-curiosa-historia-mendocina/

jueves, 4 de agosto de 2022

Bonarda, la cepa que pasó de ser usada para vinos comunes a protagonista de vinos de calidad.

 


Bonarda, la cepa que pasó de ser usada para vinos comunes a protagonista de vinos de calidad.

Una variedad que no existe en Europa y que otorga una ventaja a la producción argentina. El vino que se elabora con esta cepa es un producto que sólo se hace en nuestro país por lo que es importante aprovechar ese potencial en los mercados globales.


Bonarda, la segunda variedad tinta plantada en la Argentina después del Malbec y durante mucho tiempo utilizada como base de vinos tintos comunes por sus altos rendimientos y su aporte de color, celebra en la actualidad su aptitud para mejorar vinos de corte y como varietal en vinos de calidad.

Del 1 al 7 de agosto, por segundo año consecutivo, se celebrará la Semana del Bonarda, iniciativa del Fondo Vitivinícola que reúne a bodegas y diferentes actores del sector con el objetivo de promocionar esta variedad con actividades en todo el país.

Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en base a datos de 2020, con 18.153 hectáreas cultivadas (8,5% del total de vid del país), el varietal está presente en la mayoría de las provincias vitivinícolas de la Argentina.

Con unas 15.162 hectáreas (83,5%), la provincia de Mendoza tiene la mayor cantidad de vides de la cepa del país; seguida por San Juan, con 2.210 hectáreas (12,2%); y el resto de las provincias, con 781 hectáreas (4,3%).

En producción, con 2.123.369 quintales, la Bonarda representó 10,3% de la cosecha total en la vendimia 2020, sólo por detrás del Malbec y la variedad Cereza (perteneciente a los cepajes llamados criollos).

Entre los 5.071.538 hectolitros de vinos comercializados en 2020, 4,9% correspondió a Bonarda (166.288 hl en corte con alguna otra variedad y 79.782 hl de vino varietal puro), con incrementos significativos en las ventas en los últimos años.


Su llegada al país.



Llegada al país con las corrientes inmigratorias de fines del siglo XIX e iniciado su cultivo en la región de Cuyo, esta variedad fue utilizada durante mucho tiempo como base de vinos tintos comunes por sus altos rendimientos por hectárea y su importante aporte de color; y para mejorar vinos de corte, especialmente con Malbec.

«Antiguamente este varietal era de consumo masivo o se usaba para cortes; últimamente ha ganado un prestigio importante y debemos trabajar fuertemente para fomentar la presencia de las botellas de Bonarda en los restaurantes», afirmó en ese sentido el intendente del departamento mendocino Gral. San Martín, Raúl Rufeil.

Ante el descubrimiento de su potencial enológico, se redujo la producción por hectárea, logrando una mejora de calidad, por lo que comienza su desarrollo como varietal del cual se elaboran vinos de alta calidad, explicó el INV en su último informe sobre la cepa.

En ese sentido, el enólogo de Algodón Wines Mauro Nosenzo aseguró a Télam que «es una variedad de gran potencialidad enológica en Argentina y, aunque nunca va a reemplazar al Malbec, es importante para blends, muy noble y manejable, la que más se adapta a hacer mezclas o cortes para vinos premium, e incluso como varietal».

«Antiguamente este varietal era de consumo masivo o se usaba para cortes; últimamente ha ganado un prestigio importante y debemos trabajar fuertemente para fomentar la presencia de las botellas de Bonarda en los restaurantes».

Raúl Rufeil, intendente del departamento mendocino Gral. San Martín.

Por su parte, el enólogo Jorge Rubio, de la bodega homónima, consideró que «a los productores les gusta porque es una variedad muy vigorosa que rinde muchos kilos por hectárea; aunque, cuando reducís el rendimiento de la planta, conseguís muy buena calidad».

«La Bonarda en Argentina siempre se usó para corte, porque daba buen rendimiento, sobre todo en el este, en San Martín y Santa Rosa; hoy hemos logrado una Bonarda ultra premium en Agrelo, en un terroir distinto, con otra altura, otro microclima y también otro manejo de finca, con mucho menos rendimiento pero mayor calidad», afirmó Soledad Buenanueva, enóloga de Dante Robino.


Variedad argentina con mucho potencial.



Esta uva de vino tinto italiana, ancestro de la variedad francesa «Corbeau de Savoie», hoy es más abundante en la Argentina; y en 2011 el INV aceptó el nombre de Bonarda Argentina para referirse a esta variedad cultivada en el país.

Por ello, Nosenzo consideró «importante tenerla en vidriera porque se trata de una variedad argentina y con excelentes resultados».

«Es una variedad que no existe en Europa y eso nos da una ventaja, es un vino que se elabora sólo en nuestro país lo que es importante en los mercados globales», explicó Rubio a Télam.

«Se logró elaborar una Bonarda de alta calidad y hoy no queremos que eso quede acá sino llegar cada vez más lejos», añadió Buenanueva, en declaraciones a Télam.

«A los productores les gusta porque es una variedad muy vigorosa que rinde muchos kilos por hectárea; aunque, cuando reducís el rendimiento de la planta, conseguís muy buena calidad».

Enólogo Jorge Rubio.

Indicaron que hay un alza en las exportaciones de vino Bonarda (puro y con cortes), y citan que en el año 2020 se exportó el mayor volumen de toda la década al alcanzar un total de 56.000 hl, por un valor FOB de US$ 8,97 millones.

El principal destino de los vinos varietales puros en 2020 fue Canadá, seguido por Rusia.

Luego figuran Brasil, Francia y Estados Unidos; y para el Bonarda con cortes los principales destinatarios fueron: Irlanda, Reino Unido, República Checa, Paraguay y Bélgica.

Por Carlos Joseph / Télam.

PUBLICADO EN DIARIO RÍO NEGRO.

https://www.rionegro.com.ar/gastronomia/bonarda-la-cepa-que-paso-de-ser-usada-para-vinos-comunes-a-protagonista-de-vinos-de-calidad-2424205/

lunes, 20 de junio de 2022

SANGIOVESE EN LA ARGENTINA por NICOLÁS ORSINI.

 


Durante el 2018 estuve colaborando con la Asociación Argentina de Sommeliers en su newsletter #LetrAAS y una de las notas tuvo que ver con una cepa que llegó con nuestros ancestros pero quedó relegada. La sangiovese.

Un viejito piola. Así podría definirse la sangiovese que existe en la Argentina y que en su mayoría se encuentra plantada, hace más de medio siglo, en la provincia de Mendoza.

Pero si vamos al origen de la sangiovese éste se da en la región de la Toscana, en Italia, donde se elaboran vinos muy reconocidos como el Brunello di Montalcino, los Chianti, y los Vino Nobile di Montepulciano.

Según los informes más recientes de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) en Italia hay 690 mil hectáreas de viñedo donde el 75% de las mismas tienen hasta 80 variedades plantadas. De todas ellas la vid más cultivada es la sangiovese que representa un 8% de la viña total.

Federico Isgro, Ingeniero Agronomo y Gerente General de Bodega Altocedro, estuvo viviendo y trabajando durante mas de cuatro años en Italia mientras, parte de ese tiempo cursaba una maestría en la Universidad de Siena, dicatada en Montalcino.

En ese interín pudo conocer en profundidad las características del sangiovese.

“es una variedad única que responde en forma muy diferente según el fenotipo y el terroir, puede expresarse con vinos ligeros, minerales y florales así como con vinos de larga crianza con una complejidad extrema” y agrega que esas características están dadas porque “tiene una plasticidad enorme tanto agrícola como enológica”.

Con los inmigrantes fundadores llegó a Mendoza junto al malbec, la bonarda, el lambrusco, la barbera del Piamonte, la aspiran bouschet, el tannat y varias más, y era destinado a darle vigor a los vinos comunes, que hasta los años 70 eran parte del 98% del consumo nacional, y estaban hechos en su mayoría de uva criolla grande o cereza.

Para aquellos productores italianos de los años 1880 el sangiovese era un fiel representante de la cultura y la viticultura que añoraban de su tierra y por ello resultaba común encontrar plantaciones en cantidad.

En la actualidad esa realidad cambió drásticamente ya que según el último informe del Instituto Nacional Vitivinícola (INV) hay plantadas en el país 1713 hectáreas. Sólo en Mendoza hay, según números del año 2017, 1685 hectáreas plantadas.

El sangiovese que existe es antiguo, con un mínimo de 40 o 50 años desde su plantación, y si bien en su mayoría es reemplazado para plantar malbec o bonarda aun quedan productores que lo elaboran.

Uno de los pioneros es Federico Benegas Lynch que lo elabora desde el año 2000 con uvas de un viñedo de más de 80 años que está ubicado en Cruz de Piedra, Maipú. Las plantas son originales de Montalcino y siempre fue utilizada para hacer uno de los vinos de alta gama de la Bodega.

También es el caso de Santiago Bernasconi, quien junto a Federico Isgro, (ambos descendientes directos de Italianos y amantes de la cultura italiana) están llevando adelante un proyecto que tiene al sangiovese como protagonista ya que buscan hacer grandes vinos usándolo con otras variedades que lo acompañan a la perfección.

Hace unos años encontraron un viñedo de sangiovese en La Consulta con una antigüedad de 45 años y así la idea que tenían hace años de elaborar interpretaciones propias de cortes Toscanos cobró forma.

“El sangiovese tiene una tensión y una acidez que hacen que se puedan obtener vinos no tan intensos ni pesados pero de una elegancia infinita. Buscamos jerarquizar un varietal que no merece menos….” destaca Bernasconi que agrega que “si bien son vinos largos les suele faltar de completar el medio de boca” con lo cual es común que se la elabore junto a otras cepas como el cabernet sauvignon, el merlot o el syrah.

También en el Valle de Uco pero en Vista Flores se encuentra la viña que posee Finca La Luz y que como no podía ser de otra manera tiene unos 50 años de antigüedad.

“El viñedo fue implantado por un inmigrante italiano que se trajo los esquejes desde su país” comenta Pablo Tasso, brand ambassador de Finca La Luz en donde lo utilizan para hacer un rosado y un gran reserva.

En el caso de Bodega Trapiche elaboran unas 100 mil botellas de sangiovese que tiene una crianza de 12 meses en barricas de roble francés. Sergio Casé, enólogo de la Bodega, cuenta que no tienen plantaciones propias por lo cual le compran a varios productores que tienen viñedos viejos.

“Si bien no es de grandes colores sí tiene una textura interesante, me gusta que sean antiguos ya que dan racimos más chicos y cortos” y remarca que a la hora de la elaboración hay que tener cuidado con los remontajes ya que tienden a tener taninos de forma excesiva.

Como se puede apreciar el sangiovese aun da pelea y busca mantener su lugar en base a su historia, antigüedad y versatilidad para hacer distintos tipos de vinos.

 

jueves, 11 de marzo de 2021

La Patagonia tiene su Vendimia Celebra 2021 en Villa Regina por Rodrigo Rosetani.

 

La Patagonia tiene su Vendimia Celebra 2021 en Villa Regina por Rodrigo Rosetani.

El norte de la patagonia tiene su epicentro de la vendimia. El mismo desde hace varios años es Villa Regina. Esta fiesta crece año a año con su lema principal de homenajear a los vitivinicultores que comenzaron con esta actividad, los que siguen vigentes y los nuevos emprendimientos referidos a la uva y los vinos. Esta fiesta se celebra principalmente en las primeras semanas de Marzo de cada año y este año será denominada como “Vendimia Celebra 2021“.

¿Por que Villa Regina?

Villa Regina tiene una larga historia en la producción de vid. Es más, antes de producir manzanas y peras, esta ciudad y las zonas aledañas eran cultivadas con vid. Sin dudas Italia estuvo y está presente en el origen de este suceso. Los inmigrantes italianos que llegaron a estas tierras vieron la oportunidad de plantar vid como primer alternativa. Donde hay vid siempre hay un poco de Italia. Hoy en día la mayoría de las bodegas originarias fundadas por inmigrantes han desaparecido pero siguen aun en pie algunas con excelencia de vinos y reconocidas en la zona y en todo el país. Si hay algo que destacar es que existen nuevos emprendimientos alrededor de la vendimia Patagónica. Nuevas innovaciones como levaduras, proyectos de vino en polvo, vinos orgánicos, tecnologías para la producción y hasta bodegas bajo el mar.

La facultad de enología más austral del mundo

Así es, Villa Regina posee la carrera de enología de carácter libre y gratuita mas austral del mundo. Esto sin dudas no es por nada. La Universidad Nacional de Rio Negro puso en ojo y eligió Villa Regina para desarrollar esta carrera desde el año 2009. Esta carrera con sus alumnos y profesores están logrando integrarse a las bodegas y también a nuevos emprendimientos referidos al vino lo que hace que se desarrolle, investigue y se actualice con conocimientos científicos que esta actividad requiere en tiempos de globalización.
La vendimia en la zona de la Patagonia norte crece cada vez más y con vinos que son premiados mundialmente. Sin dudas la zona posee aptitudes especiales para una elaboración de vinos de excelente calidad y con su identidad única.

Vendimia Celebra 2021 una fiesta diferente en contexto de pandemia

La situación sanitaria por la pandemia de la covid-19, obligó a que este año se tuviera que definir un nuevo diagrama para llevar adelante esta tradicional celebración, destinada a la actividad vitivinícola en la región y a las pioneros que dieron el puntapié inicial para poner a esta zona como una de las más atractivas para la elaboración de vinos de calidad.
El programa de la “Vendimia Celebra 2021” comenzará el 7 de marzo con el Triatlón de la Vendimia, mientras que el viernes 12 se hará la bendición de frutos con presencia de autoridades, bodegueros y emprendedores de la vid. El programa continuará el sábado 13 con una degustación de vinos y paseo enogastronómico y las entradas se pueden adquirir en oficina de turismo con un valor de 200 pesos argentinos.
“Gastro Arte-Feria ReEmprender edición Vendimia”. La feria se repetirá el domingo 14 de marzo como cierre de las actividades.

Bodegas del norte de la Patagonia

Río Negro tiene una gran cantidad de bodegas, algunas de ellas las hemos presentado en este sitio y continuaremos recorriendo y contando la historia de cada una y todas las novedades referidas a esta actividad tan itálica y popular en nuestra provincia.
Por su parte la bodega Canale realizará un evento con clases magistrales en un bar céntrico, con estudiantes de enología de la universidad nacional de Rio Negro de Villa Regina.
También la dirección de turismo invita a aventurarse en diferentes paquetes viajeros con tours por toda la zona referido a la vendimia con visitas en bodegas y viñedos.

https://rionegro.italiani.it/la-patagonia-tiene-su-vendimia-celebra-2021-en-villa-regina/

jueves, 12 de marzo de 2020

Bodega Crotta: inmigración, dedicación y compromiso.-

Sin lugar a dudas, el vino es el producto que nos representa como mendocinos, no solo a nivel nacional sino también internacional. Sin embargo, producir esta bebida no es tarea fácil. Detrás de cada botella hay muchas horas de trabajo. Incluso, en algunas de ellas, podemos hallar los vestigios de una larga historia familiar. La Bodega Crotta es un claro ejemplo de los  vinos que almacenan historias familiares dignas de ser degustadas. Fue fundada por el italiano Eduardo Crotta en 1933 y se convirtió con el tiempo en una de las bodegas más renombradas del país. Actualmente, está dirigida por su nieto Carlos Crotta, quien amablemente accedió a conversar con itMendoza sobre los orígenes de esta tradicional empresa.

La fundación de la Bodega Crotta

Los comienzos…

Mi abuelo nació en Italia en 1905, en una comunidad que se llama Romagnese ubicada en la provincia de Pavía. Allí hay un pequeño pueblo denominado “La Crotta”, justamente porque viven 33 familias que portan este nombre como apellido”, contó Carlos. “Mi abuelo vino a la Argentina en 1919. En Buenos Aires, empezó a hacer miles actividades, como todo inmigrante. Aunque, quizás, la diferencia con nuestro abuelo fue que él trabajaba el doble o el triple. Siempre fue muy inquieto”, reflexionó.
Carlos Crotta, actual director de la bodega y tercera generación de la familia que trabaja en el negocio
El abuelo fue changrarín en un reparto de bebidas y a partir de allí le gustó ese tema. En 1927, alquiló un depósito y comenzó a distribuir distintos tipos de productos, como aceite de oliva y vinos”, detalló.
Mi abuelo estableció como fecha de fundación de la empresa el año 1933 porque en ese momento fue cuando empezó a fraccionar vino en Buenos Aires, que compraba en Mendoza”, señaló Carlos. De este modo, el emprendimiento de Eduardo inició un proceso de crecimiento, el cual se vio beneficiado con la crisis del ’30. Sin embargo, el fundador de Crotta no disfrutó de manera individual su éxito, sino que: “Él le dio trabajo a mucha gente que venía de Italia y de España. En los repartos que se hacían en Buenos Aires, donde había almacenes españoles él ponía preventistas españoles y donde había italianos, colocaba preventistas italianos”.
Finalmente, en 1950, Eduardo decidió instalarse en Mendoza. “Vino a acá y empezó a buscar bodegas. Al encontrar esta, aunque mucho más chica en aquel momento, la compró”, contó el nieto.

La torre Crotta.

La bodega cuenta con una torre de 33 metros que actualmente sigue en pie y que es el emblema del lugar. Sin embargo, dicha construcción no fue creada con un mero fin estético, sino estratégico. “La autopista actual no pasaba por acá sino que estaba a dos kilómetros y medio. Entonces el abuelo decidió hacer la torre para que vieran la bodega desde la otra ruta. Al final, se convirtió en nuestro símbolo”, explicó.
La emblemática torre Crotta que a la lejanía ya puede divisarse

Las innovaciones del abuelo.

Eduardo Crotta fue un verdadero visionario. Su espíritu inquiero lo llevó a realizar grandes innovaciones en el ámbito vitivinícola. “El abuelo tuvo dos grandes amigos en la industria: Don Pacífico Tittarelli y Don Quinto Pulenta. Ellos catapultaron la vitivinicultura argentina. Entonces, para no competir con sus amigos, el abuelo quiso hacer algo distinto. Así comenzó a hacer vinos dulces”.
Además, Eduardo fue quien impulsó principalmente en Buenos Aires el consumo del moscato con la pizza y la fainá, combinación considerada “incorrecta” en Italia. Y no solo eso: “el abuelo marcó otros íconos comerciales como la damajuana. Él la trajo de Uruguay con la ayuda de un amigo que tenía una cristalería”. 

El compromiso de la Bodega Crotta con la sociedad.

La empresa Crotta no se destaca solo por sus vinos, sino también por su colaboración con la comunidad. En 1999 crearon en una de sus fincas una escuela para adultos. “Habíamos detectado que había mucho analfabetismo”, comentó el director.
Sin embargo, su contribución a la comunidad no terminó allí. Años después, la bodega abrió un Centro Educativo para los hijos de quienes trabajaban en la empresa. Carlos recuerda la complejidad que implicó dicha tarea: “Es todo un tema cultural. El padre muchas veces nos decía: ‘¿cómo yo no le voy a enseñar a mi hijo a cosechar?’ Ellos lo habían aprendido de sus padres y a su vez, estos de sus abuelos. Sin embargo, nosotros les explicamos que queríamos que les enseñaran pero en el momento justo”.
Bodega Crotta - En esta bodega también se realizar actividades culturales, como exhibiciones y shows musicales
La Bodega Crotta también lleva a cabo eventos culturales en su espacio Guillermina

Visitar la Bodega de la Familia Crotta.

La bodega que inició aquel joven Eduardo de 14 años y que hoy en día cuenta con más de 50 productos puede conocerse sin costo alguno. Los días de visitas son: lunes a viernes de 9 a 17 y los sábados de 9 a 13. Además, se hacen degustaciones gratuitas. ¡No pierdas la oportunidad de probar sus vinos!
empreCamila Ramos Lavin

Autore: Camila Ramos Lavin

Soy Licenciada en Letras por la UNCuyo. Me gusta mucho aprender la lengua, la cultura y la historia de otros países, así como también enseñar la nuestra. Por la lengua y la cultura italiana tengo un sentimiento muy especial que no puedo terminar de definir en palabras, por ello deseo seguir aprendiendo sobre este bello país.

Publicado el 6 agosto 2019.
Fuente de información e imágenes:
https://mendoza.italiani.it/bodega-crotta/