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lunes, 5 de octubre de 2026

Bodega San Sebastián, en Cervantes, un emprendimiento de la Familia Tello Najul.

 


Entre parrales y viejas historias: San Sebastián, la bodega donde el vino se cuenta desde la tierra.

En una chacra escondida entre las bardas, una familia conserva viejas cepas, recupera variedades que casi desaparecieron y transforma cada vendimia en una manera de contar el pasado. Ricardo abre la tranquera, camina entre plantas de 44 y 80 años, muestra las cicatrices que dejaron las heladas y conduce la visita desde el viñedo hasta las barricas, donde el vino vuelve a convertirse en memoria, trabajo y paisaje patagónico.

Ricardo Tello Najul recorre el viñedo familiar, donde sobreviven cepas antiguas y la historia de varias generaciones.
Fotos: Juan José Thomes.

El auto deja atrás Roca y avanza hacia Cervantes. El paisaje empieza a cambiar cuando el camino se mete entre las bardas, los piquillines y las jarillas. No hay tránsito, apenas el camino, el monte y esa sensación de un lugar sin gente. Hasta que aparece la tranquera y Ricardo Tello Najul saca el candado, abre, levanta una mano y la mueve en lo alto para indicar que hay que avanzar. Después sube a su camioneta y se pone al frente. No hace falta que explique demasiado: simplemente marca el camino.

Al doblar aparece la pequeña capilla de San Sebastián y, enseguida, el cartel de bienvenida a la bodega que lleva el nombre del santo. Hacia un lado están los cuadros de viñedos, prolijos, que empiezan a recibir la primavera. Al frente, entre algunos tamariscos, en la casa donde Ricardo creció, donde vive con su mujer Luciana Persiani, y donde sus padres criaron a cinco hijos, reina el silencio. A la derecha, hay una construcción de dos plantas tiene arriba un ventanal enorme que mira directamente hacia las hileras de plantas. Y en el centro entre las vides, los dos hombres que con una sonrisa, reciben a los visitantes.

Casi sin transición, los dos empiezan a contar la historia de aquel lugar. Una historia familiar, pero también la de muchas familias de Río Negro que hicieron de las chacras una forma de vida y que quedaron enlazadas, durante generaciones, con la historia del vino en Río Negro. “Los viejos compraron la chacra en 1983. Yo nací acá en 1983, porque en El Cuy no había hospital, pero hasta los seis años viví ahí. Mi viejo y mi vieja vivían en la escuela porque eran los directores, hasta que se consiguió este lugar”.


En Cervantes, la familia Tello Najul conserva viejas cepas y recupera una tradición vitivinícola atravesada por crisis y heladas.

Cuando sus padres llegaron había diez hectáreas de parrales. Del lado paterno estaban los abuelos, vitivinicultores en San Juan, una historia atravesada por el terremoto de 1944 y el abandono de los viñedos. El abuelo terminó en San Luis, donde nació su padre, pero el vínculo con la vid quedó como un deseo familiar: volver a tener un viñedo propio. Años después, ese sueño encontró su lugar entre las bardas de Cervantes.

El campo tuvo distintas vidas: hubo ovejas, vacas y actividad ganadera, mientras que hoy quedan los caballos. Para Ricardo, esa historia rural también explica el tipo de enoturismo que propone. “Después está el turista al que le encanta aprender, descubrir el terroir, probar los vinos del lugar”. Él los llama enófilos, visitantes interesados en conocer las plantas, las variedades y todo lo que sucede antes de que el vino llegue a la copa.

Cuando Río Negro tenía miles de hectáreas de viñedos.

La chacra familiar guarda viñedos patrimoniales que sobrevivieron a la reconversión de la fruticultura y hoy forman parte de una nueva historia del vino rionegrino.

Para comprender ese presente hay que volver a los años 90. La crisis de la industria, agravada por el escándalo de adulteración de vinos de 1993, afectó el consumo y aceleró la erradicación de viñedos y el reemplazo por peras y manzanas. En la chacra quedaron plantas antiguas como testimonio de aquel paisaje.

Ricardo camina hasta el parral y se abraza a uno de los troncos, grueso y retorcido. “Tenemos un viñedo, una cepa, un tronco que tiene unos 30 o 40 centímetros de diámetro, de los que quedan en Río Negro”. Después muestra el nuevo viñedo que plantó junto a su hermano con Malbec, Cabernet Franc y Pinot Noir. “Todo lo hicimos nosotros. En su momento hicimos un vivero gigante, el más grande de la Patagonia, y empezamos a armar nuestras propias plantas”.

En 2022, Ricardo sufrió una helada de lleno. Hasta entonces trabajaba también como enólogo para bodegas grandes. Su tiempo estaba repartido entre esos trabajos y el proyecto familiar. Pero aquella helada le mostró algo que hasta ese momento quizás había intentado postergar: si él no estaba allí, no podía defender lo que había construido. “Estoy construyendo el sueño de otro”, pensó, y decidió quedarse para dedicarse al propio.

Entre las bardas y los tamariscos, los viejos parrales todavía cuentan la historia de una familia ligada a la vid.

La escena parece pequeña, pero para Ricardo resume buena parte de lo que significa trabajar con un viñedo. Es ingeniero agrónomo, estudió en La Plata y después se formó en Enología en Mendoza. También hizo un máster en Viticultura y Enología en Europa y su hermano siguió un camino parecido: es agrónomo y enólogo. Pero antes de los títulos hubo otra escuela, más doméstica e improvisada. Empezaron haciendo vino en el garaje de la casa, cuando su hermano Farid tenía apenas 12 años y Ricardo 18. Hoy son una bodega boutique.



Las plantas que quedaron después de la gran reconversión.

Entre las hileras de su parral antiguo de 80 años, aparecen ahora las cepas que Ricardo considera parte de un patrimonio. Son variedades que sobrevivieron a una época en la que el mercado fue reduciendo el paisaje vitivinícola a unas pocas opciones, que ellos rescataron y que hoy tienen un valor diferente.

Una de esas variedades es el Trousseau, presente en muy pocos viñedos de Latinoamérica y también en algunas regiones de Portugal, Francia y España. En Argentina, explica, no es una cepa que se encuentre fácilmente. También está el Pinot Joubertin, una variedad de la que producen apenas unas 80 botellas. La cantidad es mínima, pero justamente allí está parte de su valor. Después aparece la Balsamina, una variedad endémica de Río Negro que, fue un cruzamiento espontáneo que se dio entre el Malbec y la variedad Loca Blanca y según explica Ricardo, no existe en ningún otro lugar del mundo.

Una de las botellas que pasó por una cava submarina en el Golfo San Matías, una experiencia que Ricardo Tello Najul realizó para explorar la evolución del vino bajo el mar.

“Por eso hablamos de cepas patrimoniales”, explica Ricardo. Son parte de un paisaje que alguna vez fue mucho más extenso y que hoy vuelve a despertar interés porque cuenta una historia diferente. El consumidor de vino cambió y empezó a buscar identidad, variedades menos conocidas y características propias de cada territorio. Para Ricardo, ahí aparece una oportunidad: mostrar lo que quedó y explicar por qué llegó hasta el presente.

De la tierra al tanque.


Después de recorrer los parrales, Ricardo conduce la visita hacia la bodega. Los tanques de acero inoxidable ocupan buena parte de la sala y alrededor aparecen el laboratorio, las herramientas y las botellas que permiten seguir el camino de la uva hasta convertirse en vino. Mientras camina, explica el proceso. Baja unas escaleras y llega a la sala donde las barricas descansan alineadas.

Allí habla del roble, de los tiempos de crianza y de cómo cada decisión puede modificar el resultado final. Su padre se acerca para una fotografía y queda junto a él en medio de la sala. Es una escena cotidiana, pero resume algo que aparece una y otra vez durante el recorrido: en esta bodega las generaciones no están separadas.

La siguiente sala guarda algunas de las botellas más particulares de la bodega. Están iluminadas con una luz tenue. Ricardo toma una y la muestra. Está cubierta de barro y tiene una historia que la diferencia de las demás: estuvo en la cava submarina del Golfo San Matías, dentro de una partida muy limitada que actualmente se convirtió en uno de los vinos más caros de la bodega.

El padre de Ricardo Tello Najul, junto a la chacra que la familia compró en 1983 y donde comenzó esta historia vitivinícola.

La experiencia surgió de una pregunta: si el movimiento constante del mar y las condiciones del fondo podían generar una evolución diferente en el vino dentro de la botella. Para comprobarlo, conservaron un vino testigo, un Gran Reserva, y colocaron otras botellas en una cava submarina. “Nos juntamos las bodegas que participamos, los enólogos y probamos las botellas sin saber cuál era cuál”, cuenta Ricardo. Según relata, encontraron diferencias y pudieron identificar cuáles habían pasado por la experiencia submarina.

La sidra también tiene su lugar.

La chacra no termina en el vino. También elaboran sidra de alta gama bajo la marca Alto Vuelo, con manzanas y peras orgánicas, a partir de Granny Smith y Pink Lady, utilizando el método “champenoise”. Ricardo explica que las botellas se van moviendo y colocando en el pupitre para que esas borras se acumulen en el pico. Después llega el degüello, un procedimiento que Ricardo relaciona con las antiguas técnicas de elaboración de espumantes de Dom Pérignon.

Una botella que guarda la huella de una experiencia singular: meses de permanencia en una cava submarina del Golfo San Matías.

Cuando habla de la producción actual, Ricardo vuelve inevitablemente a la familia. Hay clientes que los conocen desde los primeros años y que terminaron convirtiéndose en amigos. También están sus sobrinos, que ayudan, sus hermanas, que se acercan cuando hace falta, y su madre y su padre, que continúan siendo una presencia diaria.

Hoy Ricardo y su mujer Luciana Persiani, viven completamente de esta actividad y ya llevan 23 vendimias. La última parte del recorrido transcurre en una sala vidriada, con una mesa larga para la degustación. Hay copas, individuales y botellas listas para probar. Desde el enorme ventanal se ve el viñedo, el monte y el cielo abierto. Sobre una mesa aparecen libros y medallas obtenidas por sus vinos en distintos concursos. Ricardo vuelve entonces a una expresión que resume buena parte de su manera de entender el proyecto: “viñedo de autor”.

Sabe que el consumo de vino viene atravesando dificultades y que todavía se arrancan viñedos, pero también observa otro fenómeno. “Podés ver noticias que dicen que el consumo de vino baja, que se siguen levantando viñedos y que hay una crisis en el sector. Pero lo que está aumentando es la gente que demanda experiencias: poder hacer algo distinto, salir a la tierra, conocer el viñedo, tocarla, caminar, tocar una planta. Entonces se trata de vivir el momento. Y nosotros estamos en eso”.

Por eso llegan visitantes de Roca, Allen, Cervantes, Regina y Neuquén, pero también turistas que vienen desde otros lugares del país y grupos de enófilos que recorren la Patagonia detrás de bodegas y vinos con identidad. Ricardo le dice visita “de lunes a lunes”. La expresión tiene algo de la vida que se lleva allí: un lugar aislado, donde hay que cuidar el predio y donde las visitas se organizan de manera casi artesanal. Puede ser un miércoles o un domingo, porque si alguien quiere conocer la chacra y se puede coordinar, abre la puerta.


Cuando llega el momento de irse, queda atrás el ventanal de la sala, los viñedos y el monte. La primavera empieza a pintar de verde las hileras y el camino vuelve a perderse entre las bardas. Pero ahora la chacra aparece en la memoria como el lugar donde una familia conservó plantas que estuvieron a punto de desaparecer, donde una helada dejó cicatrices que todavía se muestran a los visitantes y donde cada botella puede contar algo de la tierra que la vio nacer. La tranquera se cierra otra vez, pero la historia sigue creciendo del otro lado, entre las viejas plantas y los nuevos brotes.


Como ir a visitar Bodega San Sebastián.

Para llegar a la Bodega y Viñedos San Sebastián ubicada en Cervantes, Río Negro, debes dirigirte a la Chacra 297. Para eso por wsp te enviarán el mapa (298 440-6555 o en @bodegasansebastian.

La visita guiada, con degustación de 5 etiquetas sale $30.000 por persona, o $40.000 las 8 etiquetas. También pueden aramar una opción con un catering y degustación. Siempre con reserva previa.

Por Lorena Vincenty.

Fotos: Juan José Thomes.

Domingo 04/10/2026.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/voy-turismo/entre-parrales-y-viejas-historias-san-sebastian-la-bodega-donde-el-vino-se-cuenta-desde-la-tierra/

 

Viños de la Patagonia Argentina, viñedos patagónicos y argentinos. Vinos del sur, de las zonas frías PATAGONIA.

domingo, 16 de agosto de 2026

Bodega Costa y los vinos SAPO.


Bodega Costa.

Bodega Costa y los vinos SAPO.

La Patagonia argentina sigue demostrando que, más allá de las bodegas históricas y los proyectos ya consolidados, todavía tiene historias nuevas para contar.

Algunas nacen de grandes inversiones; otras, de trayectorias personales construidas durante décadas entre viñedos, cosechas y fermentaciones. Este último es el caso de Bodega Costa, el proyecto familiar impulsado por Polo Costantino en Mainqué, que busca interpretar distintos rincones del Alto Valle a través de vinos de mínima intervención agrupados bajo el nombre SAPO.

La oportunidad de conocerlos llegó durante una degustación realizada en el restaurante El Distinto, frente a la barda sur, conducida por Juan Costantino, hijo de Polo y una de las caras visibles de esta nueva etapa familiar.


Detrás del proyecto hay una historia ligada profundamente a la vitivinicultura regional. Durante más de dos décadas, Polo Costantino trabajó en una de las bodegas más reconocidas de la Patagonia: Chacra. Allí desarrolló buena parte de su experiencia en viñedo y elaboración, conocimientos que hoy vuelca en una microbodega cuya escala permite trabajar con enorme precisión cada parcela y cada vinificación.

El origen de Costa se remonta a 2020, cuando Polo recibió como homenaje un vino denominado El Sapo, acrónimo de "Sin Azufre Polo". Aquella etiqueta terminó convirtiéndose en mucho más que un regalo. Representó el inicio de una filosofía de elaboración basada en la mínima intervención, sin sulfitos añadidos y con un profundo respeto por la expresión del viñedo. La elección del nombre SAPO para la línea principal mantiene vivo ese espíritu fundacional.

La familia busca representar distintas zonas del Alto Valle, una región que muchas veces es percibida como homogénea pero que presenta marcadas diferencias geográficas. Basta observar que existe un desnivel aproximado de 140 metros desde el dique Ballester hasta Chichinales, acompañando el recorrido de los históricos canales de riego. Son cambios sutiles para quien los observa desde la ruta, pero determinantes para comprender diferencias de suelos, clima, maduración y estilos de vino.


Además, en la Patagonia las fermentaciones suelen coincidir con la llegada de las primeras bajas temperaturas otoñales. Esa combinación contribuye naturalmente a procesos más lentos y, muchas veces, más delicados, algo que el equipo aprovecha en sus elaboraciones.

Las vinificaciones se realizan en pequeña escala y con herramientas sencillas. Parte de la crianza se desarrolla en barricas usadas provenientes de Chacra, privilegiando recipientes que aportan microoxigenación sin marcar fuertemente el perfil aromático de los vinos.

Son vinos de bajo alcohol, frescos y muy personales, en un estilo que hace furor dentro de lo que Joaquín Hidalgo (a mi juicio uno de los mejores periodistas y críticos argentinos de vinos, que escribe para La Nación, Vinómanos y Vinous.com) denominó como "el círculo tinto", el grupo que dicta un poco la moda en el agitado mundo del vino. Un estilo que, sin embargo, puede generar resistencia entre quienes prefieren expresiones más clásicas. Vos sabrás de qué lado estás y si este estilo de vinos tiene lugar o no entre tus preferencias.

Juan Costantino.

A continuación les cuento de los cuatro vinos que probamos, servidos y explicados por Juan Costatini, aclarando que las notas de cata (abajo, en letra cursiva) fueron brindadas por la bodega:

SAPO Chardonnay.

Tensión, frescura y textura. El Chardonnay proviene de viñedos plantados en Allen durante la década de 1990, originalmente destinados a bases para espumantes. Se trabaja con prensado de racimo entero y combina crianza en barricas de segundo y tercer uso junto con recipientes de hormigón.

En la copa aparece algo dorado y ligeramente opalescente, consecuencia de una elaboración sin filtrados agresivos. Aromáticamente despliega una interesante combinación de manzana verde, pera y notas cítricas acompañadas por recuerdos herbales y una sutil impronta melosa.

En boca destaca por una acidez elevada y una textura amplia generada por el trabajo sobre borras. Su final cítrico y persistente lo convierte en un blanco de perfil gastronómico, muy lejos de las versiones más maduras o exuberantes que suelen encontrarse en otras regiones argentinas.


SAPO Pinot Noir 2025.

Procede de Stefenelli, de viñedos que superan los 120 años de antigüedad, un verdadero patrimonio vitícola del Alto Valle. La elaboración incluye un 33 % de racimo entero, fermentaciones en barrica y una parte de maceración carbónica, recursos utilizados para construir complejidad sin perder frescura.

En nariz aparecen progresivamente notas de tierra húmeda, hojarasca, flores y frutas rojas maduras que recuerdan a las guindas. La boca es ágil, fresca y con taninos que aportan textura sin endurecer el conjunto.

Es un Pinot Noir que privilegia el origen por encima de la elaboración. Tiene algo salvaje y descontracturado que resulta particularmente atractivo para quienes buscan vinos menos uniformes y más ligados a la identidad del lugar.

SAPO Malbec.

Otra lectura de la variedad. También proveniente de una finca centenaria de Stefenelli, este Malbec se aparta de los perfiles más maduros y concentrados que durante años dominaron el mercado argentino.

Las frutas negras y rojas aparecen acompañadas por notas balsámicas de eucalipto y menta que aportan frescura. En boca es jugoso, de textura fluida y con taninos firmes pero bien integrados. Lo más interesante es quizá su propuesta de consumo: servirlo entre 10 y 12 grados. Una temperatura poco habitual para el varietal, pero que aquí ayuda a resaltar su energía y su perfil frutal.


SAPO Riesling.

Dentro de la degustación fue probablemente el vino más singular. El Riesling continúa siendo una variedad minoritaria en Argentina, y aún más escasa en Patagonia, donde Humberto Canale, con viñedos de 1937, es su más fiel representante.

Sus aromas recuerdan a lima, durazno blanco y piedra mojada, acompañados por delicados tonos florales y herbales. En boca muestra una acidez filosa y precisa, con una marcada sensación de tensión que se prolonga hacia un final salino y persistente.

Es un vino que exige atención y que seguramente encontrará su público entre quienes disfrutan blancos de gran frescura y perfil europeo.

SAPO Petit Verdot.

Fue el único que no probamos. La bodega lo describe así: Los aromas de moras, ciruelas, pimienta negra y cacao aparecen acompañados por un leve matiz balsámico. En boca presenta taninos marcados y una estructura importante, aunque sostenida por una acidez vibrante que aporta dinamismo y evita cualquier sensación de pesadez. El final es largo, con recuerdos terrosos y de chocolate amargo.

Bodega Costa es todavía un proyecto pequeño, pero refleja una tendencia cada vez más visible en la Patagonia: elaboradores que buscan correrse de los modelos más estandarizados para profundizar en la identidad de sus viñedos y de sus lugares de origen.

La experiencia acumulada por Polo Costantino durante años de trabajo en una de las bodegas más prestigiosas de Río Negro encuentra aquí una expresión propia, familiar y sin artificios.

Los vinos SAPO no buscan seducir desde la perfección técnica ni desde la concentración extrema. Prefieren mostrar las particularidades de cada parcela, aceptar cierto grado de rusticidad y dejar que el Alto Valle hable con voz propia. Y en una región cuya historia vitícola supera largamente el siglo de vida, encontrar nuevas formas de interpretar ese patrimonio siempre merece atención.

Bodega Costa es una nueva voz para el Alto Valle y una muestra de que la vitivinicultura patagónica todavía tiene mucho terreno por explorar.

* Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/

domingo, 19 de julio de 2026

Bodega Chacra en Patagonia. Mainqué, Río Negro.


Bodega Chacra en Patagonia.

Pinot Noir, biodinamia y terroir de Río Negro.

Visitamos la tierra en la cual el Pinot Noir argentino demostró estar a la altura de los mejores del mundo.

La visita a Chacra era una de esas deudas importantes, ya que en mis viajes anteriores nunca había logrado concretar el encuentro. Esta vez, finalmente, gracias a Musu y su tour La Cueva Visita Patagonia, llegué hasta allí y fui recibido por el enólogo Diego Giovanniello, encargado de la bodega, quien nos dio la bienvenida con la naturalidad de quien conoce cada rincón de ese lugar único, ya que Bodega Chacra, en el corazón del Alto Valle de Río Negro, es hoy uno de los grandes referentes del Pinot Noir argentino y de la viticultura biodinámica en la Patagonia.

Visitar Chacra también implica entender su origen -no el de sus viñedos, que son mucho más antiguos-, sino el proyecto impulsado por un heredero de la aristocracia italiana: Piero Incisa della Rocchetta. Criado y formado entre los viñedos familiares de la Toscana -su abuelo, el marqués Mario Incisa della Rocchetta, fundador de Tenuta San Guido y creador del legendario Sassicaia, del cual Piero fue además embajador de marca-, decidió expandir su propio horizonte vitivinícola y trazar un camino propio, lejos de esa historia familiar.

En 2003 fundó Bodega Chacra, en la Patagonia argentina (Río Negro), dando forma a un proyecto personal que pronto alcanzaría reconocimiento internacional. Allí elabora vinos de alta gama centrados en Pinot Noir, guiado por un enfoque orgánico y biodinámico que busca expresar con precisión la identidad del terroir.

La historia.

Reproduciré ahora la historia contada por Piero a la periodista Verónica Bonacchi en el diario Río Negro:

Un día, en Nueva York, su prima la condesa Noemí Marone Cinzano, que había llegado a la zona acompañando a su pareja, el asesor enológico Hans Vinding Diers, auditor para Marks & Spencer de las importaciones con Humberto Canale, le convidó a Piero un Pinot Noir de esa bodega. A Piero le encantó y, sobre todo, intuyó un lugar. “Era la indicación de que detrás de ese vino había grandes condiciones. Sin saber dónde estaba Mainqué, sin saber nada, busqué un avión para venir acá y tratar de entender el lugar donde estaba hecho ese vino”.

¿Costó encontrar estos viñedos?

Tuve suerte. La vida es a veces es un poco rara: encontré un señor, Oscar Ferrari (N. de la R: jefe del INTA local) que me ayudó. Empezamos a visitar todas las chacras que según el registro tenían viña vieja de Pinot. Y, además, los hijos de los inmigrantes que trabajaron la tierra se fueron a ser doctores, abogados, ingenieros y quedaron los viejitos. Pero, encontrar una viña vieja como esta, fue como encontrar un diamante de 50 quilates.

–¿Y fue un diamante?

–Parecía una piedra sin interés. pero se notaba que había un material único porque si una viña llega a vieja es que las condiciones son maravillosas, si no, se hubiera secado antes.

Era principio de los 2000 y Piero tenía claro que quería hacer un vino liviano, en una época donde estaba de moda la extracción.

El viñedo orgánico y biodinámico, la esencia de Bodega Chacra.

El viñedo más viejo de Pinot Noir del Alto Valle fue plantado en 1932 y pertenecía a la familia Pirri, que supo tener la bodega más grande de esa época en la zona. Piero en un principio lo alquiló (luego lo compró) y, como el viñedo estaba todo abandonado, hizo un vivero para recuperarlo con el mismo material original. Ese trabajo es permanente, aún hoy, al recorrer el viñedo, vemos plantas marcadas con sogas rojas que son las que se tomarán como material genético para seguirlas reproduciendo.

Un equipo interdisciplinario y mundialmente famoso asesora a Chacra: el experto chileno Pedro Parra, realizó un estudio de los perfiles de suelo, dividiendo las parcelas, el asesor catalán Josep Ramon Sainz de la Maza explica cómo regenerarlos utilizando biofertilizantes, captura y reproducción de microorganismos, té de compost, compost y controlando los procesos en el suelo mediante el método Hérody y cromatografías, mientras que el italiano Marco Simonit, experto en poda, enseña la conducción de la vid en cordón permanente.

Trabajan bajo el principio de mantener el viñedo sin la intervención del tractor evitando así aplastar y compactar el suelo. Conviven animales, huerta, colmenas y una producción propia de compost, junto a una casita biodinámica donde se elaboran y almacenan todos los preparados, incluidos los cuernos de vaca -provenientes de animales que han parido, para aportar las hormonas necesarias que transforman el estiércol-, que luego se utilizan tanto en los preparados de invierno como de verano. El único que se mantiene fuera de la casita es el 501, que requiere exposición directa al sol y contiene cuarzo para absorber la luminosidad, entendida como la energía de las estrellas.

El suelo presenta una marcada proporción de arena, por lo que se trabaja con pasturas de cobertura que ayudan a atenuar el reflejo solar y a conservar la humedad. El riego se realiza tanto por manto como por goteo, y además cuentan con un sistema de aspersión destinado a la defensa contra heladas, favorecido por la presencia de dos canales que abastecen de agua a la chacra, “el corazón de la viña, lo que le da la energía”, en palabras de Giovaniello.

Solo la chacra Lunita, la última incorporada, no contaba con canales, por lo que se construyó un reservorio; allí, además, el sistema de aspersión se está instalando por encima del viñedo, a diferencia del de la foto, que está por debajo. El viñedo Mendoza, con plantas de aproximadamente 21 años, se destina mayormente a la línea Barda. Lindera a Chacra se encuentra la histórica parcela de Malbec plantada en 1932, propiedad de Noemía (Hans Vinding-Diers). En total, poseen 43 hectáreas propias en producción y complementan con la compra de uvas a cuatro productores. Tienen Trousseau de 1932, cepa que en Río Negro se la llamaba Bastardo, con la cual han lanzado un varietal y solo se encuentra en esta región del país. Son pocas botellas, pero se está plantando más. El Syrah, por su parte, ocupa 4 hectáreas trabajadas bajo criterios orgánicos y biodinámicos, aunque sin certificación.

Otro aspecto clave es que en esta zona la napa freática se encuentra muy alta, apenas a 1,5 metros de profundidad. Dado que se trata de un agua con elevada salinidad, es fundamental evitar que las raíces alcancen ese nivel. Cada detalle cuenta en este enfoque, donde el viñedo es el eje absoluto del trabajo: “Todo el trabajo está en el viñedo, yo en la bodega no hago nada”, resume con claridad el enólogo.

La bodega.

En la Patagonia, la madurez alcohólica y la polifenólica se alcanzan de manera simultánea gracias a las largas horas de sol, un factor clave para la calidad de la uva. En la sala de fermentación de tintos se destacan los piletones amarillos de concreto, circulares, de poca profundidad y gran diámetro, diseñados para maximizar el contacto entre hollejos y mosto y así favorecer el equilibrio y la homogeneidad.

La maceración se realiza con extrema delicadeza, evitando extracciones excesivas: el sombrero se humedece manualmente con baldes, sin uso de bombas, en busca de una expresión fina y elegante. La fermentación, llevada a cabo con levaduras autóctonas en pequeñas tinas de cemento, se mantiene a temperaturas inferiores a 20 °C para preservar los aromas frutales y florales.

Finalmente, la clarificación se realiza por decantación natural, sin filtrados ni intervenciones, con el objetivo de conservar la pureza y la identidad del vino. Todo el trabajo en la bodega es manual.

Pero Chacra ya no es solo Pinot Noir: con el tiempo han ido incorporando otras variedades, entre ellas Chardonnay, para cuya elaboración convocaron al francés Jean‑Marc Roulot, referente en Meursault y pionero en apartarse de la guarda 100% en barrica. Aquí trabaja con un esquema de 50% racimo entero y 50% despalillado, fermentaciones con levaduras nativas que se prolongan entre 10 y 19 días, sin superar los 23 °C, y una crianza repartida en partes iguales entre barrica y ánforas. Su filosofía se resume en una frase que repite como mantra: “yo cosecho cuando quiero”. Viaja cada año y participa de todo el proceso, con la única excepción de la prensa.

Pasamos luego por la sala de cortes, con tanques de acero inoxidable y piletas de concreto, y por la de embotellado, un espacio clave cuando se trabaja bajo criterios biodinámicos. Al fraccionar siguiendo el calendario lunar solo es posible operar durante quince días sí y quince no, una limitación que obliga a contar con una embotelladora de capacidad muy superior a la que demandaría la escala real de producción.

El recorrido finalizó en la sala de barricas, emplazada a 4,5 metros de profundidad y con una temperatura constante de 14 °C, equipada con toneles de roble francés de grano extrafino de las tonelerías Taransaud y Damy. “La madera hace riquísimo al vino, pero tiene que ser buena madera”, afirma Giovanniello. En cuanto a la crianza, los vinos de la línea Barda utilizan la barrica nueva, mientras que los Chacra 32, 55 y los “Sin azufre” se crían en barricas de segundo, tercer y cuarto uso, sin exceder ese límite. Por su parte, los Lunita se guardan íntegramente en piletas de concreto y ánforas, en tanto que el Roka no tiene paso por madera.

La producción es de 150 a 200 mil botellas dependiendo de la añada y heladas.

Degustación en Chacra.

Luego de recorrer en detalle los viñedos y la bodega pasamos a la sala de degustación donde nos esperaban cinco botellas que representarían el portafolio de la bodega:

Barda 2025.

Criado con un esquema de 30% barrica, 15% piletas y el resto en acero inoxidable, busca un perfil fresco, directo y de trago ágil: “glu, glu”. Es un vino pensado para el servicio por copa en restaurantes de todo el mundo: la puerta de entrada a la bodega y responsable de aproximadamente la mitad de la producción. La idea es que quien lo pruebe sienta el impulso de seguir hacia los siguientes escalones, como Chacra 32 y 55. En nariz muestra un carácter especiado. Se procura embotellar todo antes de la primavera.

Chacra 55 2024.

Como su nombre lo dice, proviene de viñedos plantados en 1955, pura elegancia patagónica. Un ensamblaje de 35% piletas de concreto, 35% ánforas y 30% barricas, con un 50% de racimo entero en su elaboración. Propone un perfil claramente distinto: en boca es de textura suave, pero con carácter y profundidad.

Roka 2025.

Nace a partir de un viñedo de Malbec plantado en 1945 en la finca Lunita. Es un vino de impronta “verde”, muy natural, con un 15% de racimo entero que refuerza su perfil fresco y vivaz.

Chacra Syrah 2025.

De producción aún muy limitada, apenas un ánfora y una barrica, se presenta como un Syrah despojado, sin artificios, donde prima la pureza de la fruta y el terroir.

Mainqué Chardonnay 2025

Un Chardonnay de mayor estructura y peso, que refleja concentración y precisión, en línea con la impronta buscada para esta variedad dentro del proyecto.

Así, entre precisión, sensibilidad y una filosofía coherente de extremo a extremo, Chacra sintetiza su identidad en dos ideas que funcionan casi como un manifiesto: “La idea es que en Chacra no sientas el tanino y si lo sentís, que sea muy tenue”, porque todo apunta a la pureza del vino, y “Todo lo que gana Chacra se reinvierte”.

La bodega cuenta con un equipamiento tremendo y un equipo de trabajo interdisciplinario de primer nivel mundial, pero demuestra que el verdadero capital del proyecto está en el viñedo y en su permanente búsqueda de la perfección.


 *** Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

lunes, 22 de junio de 2026

Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Los vinos de la Patagonia norte.


 
Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

Los vinos de la Patagonia norte.

Recorrimos el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

La Patagonia es única por donde se la mire. El agua, proveniente del deshielo de la Cordillera de los Andes, fluye a través del desierto, generando a su paso un verdadero oasis en medio de la estepa.

Pero hasta principios de los 1900, el aprovechamiento del agua en la región del Alto Valle era limitado a aquellas tierras susceptibles de riego, cercanas al río, y por eso también a devastadoras inundaciones que ponían en peligro el trabajo de un año. 

Cesare Cipolletti, ingeniero hidráulico italiano, fue contratado por el gobierno para estudiar la cuenca de los ríos Limay, Neuquén y Negro, y definió los pasos a seguir para el máximo aprovechamiento de su curso, a través de un ingenioso sistema de presas y canales que irrigarían toda la región del Alto Valle. Son éstos los canales que nutren con agua todos los viñedos de la zona.


El vino en Río Negro y Neuquén.

En realidad, vale la pena aclarar que hablar del vino de dos provincias tan grandes como estas no deja de ser bastante reduccionista, porque si bien el 87 % de los vinos que ofrecen estas dos provincias del norte de la Patagonia provienen de una región que puede ser incluida en un radio de 120 km a partir del puente que une las ciudades de Cipolletti y Neuquén, lo cierto es que fuera de esa región hay viñedos importantes en el Valle Medio del río Negro, en la zona atlántica en la que este desemboca y también esparcidos a cuenta gotas en otros de los departamentos y regiones de ambas provincias, algunos antiguos y otros que, poco a poco, se van desarrollando en menor escala, como en las regiones andinas.


Lo cierto es que la zona que rodea la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, que dan origen al río Negro, es un área geográfica clave al norte de la Patagonia, comúnmente conocida como 
“Alto Valle del Río Negro”  o, en un contexto urbano y administrativo más amplio, Región Metropolitana Confluencia. El nombre exacto depende del enfoque geográfico o institucional que se utilice.

Alto Valle: Es la denominación tradicional y microregional. Se utiliza ampliamente para referirse a la franja agrícola, productiva y urbana que se extiende a lo largo de ambas orillas del río Negro y de los dos ríos que lo forman (Limay y Neuquén).

Región Metropolitana Confluencia: Es el nombre político y de planificación urbana. Agrupa a 12 municipios biprovinciales (Neuquén y Río Negro) ubicados alrededor del punto donde confluyen el río Limay y el río Neuquén para dar origen al río Negro.

Cuenca de los ríos Limay, Neuquén y Negro: Es el nombre técnico e hidrológico utilizado por la Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas (AIC) para todo el sistema hidrográfico.

Aclarada esta cuestión, vamos a entrar de lleno en las características que, en 2021, me llevaron a escribir esta nota afirmando que existían cinco importantes razones para que los protagonistas del vino de la región mostraran su optimismo: el agua, el clima, el cambio climático, la infraestructura y tradición vitícola, y las inversiones.

En esta ocasión, pasados cinco años, sumaremos otras conclusiones gracias a una nueva visita recorriendo en profundidad durante cuatro intensos días la región del Alto Valle, de la mano de Fernando Musumeci en el marco del tour #LaCuevaVisitaPatagonia, visitando 10 bodegas y probando vinos de otros 8 proyectos más, totalizando 111 vinos degustados.

Resumen del recorrido

Día 1 - Neuquén: Familia Schroeder, Malma y Patritti.

Día 2 - Río Negro: Chacra, Agrestis, Humberto Canale y una ronda en el bar El Distinto, donde catamos los vinos de Bodega Costa y Principios y finales.

Día 3 - Río Negro: Noemía, Marcelo Miras y Ribera del Cuarzo.

Día 4 - Neuquén: Bodega Mabellini donde, además, la sommelier local Nerina Domínguez organizó una presentación de varios pequeños productores: Dominio de Freneza, Dellanzo, Bonomi & Bernal, Des de la Torre, Tero Rengo y Videla Dorna. 

El Alto Valle de Río Negro y Neuquén presenta condiciones estructurales excepcionalmente favorables para el desarrollo vitivinícola, sustentadas en la combinación de abundante disponibilidad de agua, un clima sano y equilibrado, infraestructura creciente y una tradición histórica significativa. A esto se suma un contexto climático global que, en términos generales, ha tendido a mitigar uno de los principales riesgos de la región: las heladas.

Ventajas estructurales clave.

Agua: La presencia del sistema hídrico del río Negro ,regulado por represas, garantiza disponibilidad constante y de alta calidad, un diferencial crítico frente a otras regiones vitícolas argentinas afectadas por estrés hídrico.

Clima: Las condiciones frías, secas y ventosas favorecen la sanidad del viñedo, reducen enfermedades y permiten una maduración pausada, con alta acidez natural.

Cambio climático: La disminución relativa de heladas ha mejorado la estabilidad productiva, potenciando la aptitud de la región.


Identidad enológica consolidándose.

En los últimos años, los vinos del Alto Valle han comenzado a afianzar una identidad distintiva basada en frescura (acidez), fineza y equilibrio. La mayor latitud aporta más horas de luz durante el ciclo vegetativo, lo que permite alcanzar una notable madurez azucarina y polifenólica, a la par y armónicamente.

Existe además una proporción significativa de vinos de alta y muy alta gama (ej. Noemía, Chacra, Ribera del Cuarzo), que ha sido reconocida con hasta 100 puntos por los mejores críticos internacionales (algo no tan común en otras regiones argentinas) lo que confirma el potencial cualitativo de la región en el segmento premium.

Hans Vinding Diers (Noemia)

Diversidad de terroirs: oportunidad aún subexplotada.

Un aspecto crítico a considerar es la comunicación y diferenciación de microterroirs. Hoy el mercado tiende a percibir la región de manera homogénea (“Neuquén” o “Río Negro”), cuando en realidad existen contrastes relevantes dentro de cada provincia y región. Por ejemplo, San Patricio del Chañar brinda uvas con pieles más gruesas por la exposición al viento y el sol, que generan vinos de más color y taninos. Pero en las zonas cercanas al río, de suelos arcilloso-limosos, más fríos y húmedos, las variedades de ciclos cortos, como el Pinot Noir, se expresan mejor, mientras que el Malbec ofrece una cara distinta y el Chardonnay muestra características muy destacadas.

La demarcacion de indicaciones geográficas sería de ayuda en este proceso. Existe la IG Alto valle de Río Negro (Resolución INV Nº C.37 de 16 de diciembre de 2002) pero, lamentablemente, no vemos productores que la utilicen. Comenzar a hacerlo sería una muestra de fé en sí mismos y en las características distintivas de la región.

En ese rumbo existe un incipiente movimiento de emprendedores pequeños interesados en elaborar vinos de calidad que cuentan con el apoyo de instituciones técnicas locales como el INTA, INTI, universidades y municipios, y una buena disponibilidad de insumos acorde a una zona agrícola. La valorización de estas diferencias de terroir será clave para un futuro posicionamiento internacional.

Viñedo Schroeder.

Los desafíos

Pero no todo es color de rosa: hay múltiples desafíos, como la escasez de mano de obra, más atraída por la industria del petróleo (aunque en parte compensada por el gran crecimiento demográfico de la región).

Otro punto es que falta infraestructura. Si bien en Neuquén se va desarrollando (impulsada por la industria energética), del lado de Río Negro da lástima: parece anclado en el tiempo. Por ejemplo, rutas troncales como la 22 y la 151 no han mejorado en 60 años y no se ven indicios de que vayan a hacerlo a corto plazo.

Los productores grandes son pocos y algunos de ellos parecen no tener el ímpetu ni el alma puestos en la vitivinicultura, que sí mostraron los pioneros en Mendoza. Los productores medianos o más chicos sí lo tienen, pero claramente es un momento del mercado que no ayuda.

Oportunidades.

Desarrollo turístico: Es aún incipiente y representa una de las mayores oportunidades, ya que podría actuar como motor económico complementario, como ocurre en otras regiones emergentes del país (Jujuy o Córdoba), donde la mayor parte de los vinos se venden en la zona, con alto porcentaje ligado al turismo.

En ese sentido, en el Alto Valle hay pocas opciones completas de enoturismo, exceptuando Malma y Schroeder, que cuentan con recepción al turismo y buena gastronomía, y algunas de las bodegas de la Ruta del Vino de Río Negro (se han ido sumando con la reciente ampliación de las bodegas participantes). Pero las bodegas más famosas en el mundo enófilo (Chacra, Noemia y Ribera del Cuarzo) no ofrecen recepción al turismo, y las que sí lo hacen, en algunos casos, no alcanzan el nivel de sus pares mendocinos o salteños.

Enoturismo en Malma.

El Alto Valle tiene una buena cantidad de viñedos y bodegas, pero para que la zona comience a recibir al turista capaz de realizar un viaje exclusivamente enoturístico, hace falta la oferta de un circuito claro, con más atractivos gastronómicos y mejor hotelería (otro aspecto poco desarrollado en la zona). En ese sentido, se advierte la posibilidad de explotar varios nichos de turismo especializado (naturaleza, pesca, deportes, granjas agrícolas, health and fitness, etc.) que podrían generar combinaciones atractivas con el enoturismo.

Comunicación: Se nota una falta de articulación, que podría lograrse formando una agrupación de pequeños productores locales que realice una tarea de difusión organizada y unificada, con una estrategia colectiva de promoción.

Atraer nuevos productores: Que se sigan sumando emprendedores de fuste. Matervini pronto lanzará un vino de Valle Azul; el Grupo Peñaflor adquirió una bodega que renombró Marantiqua, e inversores locales de otros rubros apuestan al vino, como el caso de Mabellini.

Carlos Mabellini.

Conclusión

El Alto Valle posee condiciones naturales sobresalientes: agua abundante (al río Negro le dicen el Nilo de la Patagonia) y clima óptimo, que sumados a una tradición vitivinícola que aún subyace en algunos ámbitos, lo posicionan como una de las regiones con mayor potencial de crecimiento cualitativo en la vitivinicultura argentina.

Creo que el camino hacia su consolidación dependerá de:

La capacidad de construir una identidad segmentada por terroirs.

La articulación entre actores (especialmente pequeños productores).

El desarrollo del enoturismo y la infraestructura.

Y la continuidad de inversiones estratégicas.

En síntesis, la región combina ventajas naturales excepcionales con un desarrollo aún incompleto, lo que configura un escenario de alto potencial, aunque condicionado por factores económicos, organizativos y de mercado. Ojalá alcance para revertir la caída de hectáreas de viñedos registradas en los últimos años.

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Publicado en Ángel y vino.

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lunes, 18 de mayo de 2026

Ribera del cuarzo: bodega y vinos. Ribera del Cuarzo - Nota 4. Bodega, proceso y vinos de la Patagonia. Por El Ángel del Vino.

 

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Ribera del Cuarzo. Nota 4.

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Ribera del Cuarzo - Nota 4

Bodega, proceso y vinos de la Patagonia. 

By El Ángel del Vino.


Proceso y producto: cómo se hacen y cuáles son los vinos que elabora el viticultor y empresario Felipe José Menéndez en Valle Azul, Río Negro. 

Esta es la última y cuarta nota sobre Ribera del Cuarzo. Ya te conté, en la primera, el impacto inicial que me generó la visita y la geografía del lugar. En la segunda, el origen y presente, la historia de su protagonista Felipe Menéndez y un hito que puso a la bodega en un sitio preponderante. En la tercera profundizamos en los viñedos, los suelos y el manejo orgánico. Cerramos con esta última entrega, donde te muestro la bodega y te cuento, en detalle, cada uno de sus vinos. 

Este compendio de cuatro notas es, probablemente, uno de los más completos que vas a encontrar para conocer a fondo la bodega Ribera del Cuarzo, que fue elegida por el jurado como "mejor bodega pequeña" y por el público como la "bodega argentina del año" en los Premios Winexplorers 2026"


Apenas ingresar al hall de entrada de la bodega, que tiene una capacidad de 180.000 litros, llama la atención un conjunto heterogéneo de 21 tinajas de distintas formas, tamaños y tonalidades. Pero más me sorprendió que, a diferencia de las tinajas o ánforas que he visto en muchas bodegas, de origen italiano o español, en este caso son diseñadas y fabricadas en forma artesanal con la misma arcilla local, por una constructora especializada en barro. Puede decirse que aún están con ellas en proceso de prueba, y este año las llenaron con 3.000 litros de vino prensa verificando que aportan microoxigenación y notas terrosas. Estos vinos serán utilizados como componentes de un blendAdemás de las tinajas, poseen una buena cantidad de flamantes tanques de acero inoxidable, cuatro pequeñas piletas de concreto con tapas de metal y base con losa radiante (llamativas, y originales de la bodega de la época de Cinzano) y dos huevos de cemento.
.Felipe reconoce que su preferido es el Merlot. Será por lo que -seguramente- han decidido que todos sus vinos tengan un poquito de esta cepa, que se da muy bien en la zona y con la cual elaboran en la línea Ribera del Cuarzo Clásico, un aterciopelado tinto y un fresco y complejo rosado (también hay un rosado de Malbec en Araucana).

La anécdota que reafirma el lugar de Ribera del Cuarzo

A partir de 2019 decidieron, cada año, separar dos o tres de las mejores barricas para realizar un corte como vino ícono: “nuestro absoluto”. En un viaje de negocios a Shanghái, Felipe decidió llevar una botella a una cena en la que había sido invitado por Mr. Lee (empresario chino que había conocido por la actividad naviera familiar, quien ya había venido a la Argentina y conocía su bodega). En esa velada visitó su impresionante cava, llena de los vinos más caros del mundo, algunos de los cuales fueron servidos en la mesa y hasta dudó en presentar su botella (que no tenía aún etiqueta). Pero, finalmente, el Merlot patagónico fue derramado en las copas. 

De regreso a la Argentina, un día reciben aviso del banco de que había entrado una transferencia bancaria por un monto muy importante, desde China. Pensaron que podía ser un error, pero el banco les confirmó que el origen era Mr. Lee, quien tenía la cuenta por una operación anterior. Había decidido -unilateralmente- comprar todo el vino, poniéndole precio sin consultar a 1.000 USD la botella. Bonita suma que se aprovechó para comprar un tractor y maquinaria para la bodega y le otorgó a Ribera del Cuarzo un lugar entre las pocas bodegas argentinas capaces de vender “en primeur” (antes de su salida al mercado). Aceptaron venderle la mitad de la producción (300 botellas) que aún descansan en la cava de la bodega.

Los vinos de Ribera del Cuarzo

Si bien comenzaron con apenas dos vinos en la línea Araucana (el Malbec y un blend), hoy llegan a once etiquetas en las dos líneas en que dividen su portafolio: dentro de la línea Araucana, se encuentran los "Río de los Ciervos", nombre puesto en homenaje al pequeño pueblo ubicado en Tierra del Fuego donde nació Don Julio Menéndez Prendes, abuelo de Felipe.

Línea Araucana

  • Araucana Río de los Ciervos Malbec Rosé: sin paso por roble, con una crianza de ocho meses sobre lías. Frutas rojas frescas, notas florales sutiles. En boca es jugoso, con equilibrada acidez, final largo y fresco.
  • Araucana Río de los Ciervos Malbec: 95% Malbec y 5% Merlot, con crianza 70% roble francés (8 meses) y 30% en piletas de concreto. Aromas a frutos negros con sutiles notas ahumadas y mentoladas. Combina su carácter frutal con notas minerales, con un final persistente.
  • Araucana Río de los Ciervos Pinot Noir: uva proveniente de viñas plantadas hace más de 50 años en la zona de Mainqué. Envejecido durante ocho meses en barricas de roble francés (20% de primer uso). Aromas de frutilla, cereza y frambuesa, acompañados de sutiles notas florales y especiadas. Estructura elegante, taninos sedosos y buena acidez que le otorga frescura.
  • Araucana Malbec: 96% Malbec, 4% Petit Verdot, con crianza en roble francés de diversos usos durante 12 meses. Aromas de frutas rojas frescas como ciruela y frambuesa, notas herbales y silvestres, cuero, especias suaves y un fondo de vainilla y mineralidad. En boca entra amable, buena estructura y taninos pulidos.
  • Araucana Azul: blend 48% Malbec, 42% Merlot, 10% Petit Verdot que pasa 15 meses en barricas de primero a tercer uso. Aromas a frutas rojas maduras (cerezas, frambuesas), notas florales, toques especiados y sutiles aportes de roble (vainilla, chocolate).

Línea Ribera del Cuarzo

  • Ribera del Cuarzo Clásico Malbec: con uvas de ocho viñedos ubicados a la vera del Río Negro en las zonas de Mainqué, Cervantes, Valle Azul, Darwin y Luis Beltran. Blend 92% Malbec, 8% Merlot. Crianza 60% en roble francés por 8 meses y 40% en piletas de concreto. Franco y puro.
  • Ribera del Cuarzo Clásico Merlot Rosé: elegante rosado de la Patagonia, de gran intensidad aromática, frutos rojos y sutil nota a hojas de frambuesa. Boca amable, donde sobresale la frutilla y se distingue su costado floral y algo especiado, como a pimienta rosa. Vibrante y con largo final. 
  • Ribera del Cuarzo Clásico Merlot: notable intensidad aromática, frutos negros. Gran frescura en boca, con perfil frutal y especiado. Reminiscencias a grosella negra y bayas de calafate y una nota peculiar a té negro en hebras. Buena estructura, taninos presentes y sedosos.
  • Ribera del Cuarzo Pátinas Blancas Sauvignon Blanc: cofermentación de Sauvignon Blanc con un poquito de Semillón (presente en el mismo viñedo), envejecimiento de ocho meses sobre lías, sin paso por barricas. De perfil cítrico y herbal, con notas a ruda y pasto recién cortado. En boca, muy buena frescura y carácter mineral.
  • Ribera del Cuarzo Malbec Especial: del viñedo Araucana de cinco hectáreas. Crianza 70% en roble francés durante 12 meses y 30% en piletas de concreto y acero inoxidable. Ganador del premio mejor vino natural / orgánico / biodinámico en los Premios Winexplorers.
  • Ribera del Cuarzo Blend Parcela Única: de una parcela seleccionada dentro del viñedo Araucana, situada en el cuadrante suroeste. Con crianza en roble francés durante 12 meses. La joyita de la casa.
  • Elaboran además vermut de alta gama, cuyo nombre, astillero en italiano, remite a la tradición de los aperitivos italianos y conecta con la historia de la familia Menéndez vinculada al mundo naviero. Fue creado con la colaboración de la bartender Inés de los Santos, con inspiración en la Patagonia y botánicos locales, y se presenta en variedades Bianco y Rosso.

Cantieri Navali Bianco, resalta por las hierbas locales que abundan en la finca, como la jarilla y el tomillo silvestre, sumando notas a menta y cítricos. Por su parte, en el Cantieri Navali Rosso las hierbas locales aparecen acompañadas por especias frescas como el cardamomo o el anís estrellado. Es menos dulce que su etiqueta hermana y el ajenjo aparece con un protagonismo destacable.

Degustación vendimia 2026.

Desde tanques o barricas probamos varios de los vinos que se encuentran en proceso de elaboración, algunos aún en fermentación maloláctica, como los Pinot Noir (de la barda y del pie de la barda, este último con notables notas a jarilla), Merlot de la barda norte y sur, Malbec de Araucana este y Malbec Araucana oeste y el Malbec del viñedo nuevo plantado en 2022, sorprendentemente complejo para ser una primera cosecha. Me hizo recordar que Michel Rolland una vez me dijo: “la primera cosecha a veces puede ser una de las mejores de un viñedo”.

La novedad.

A modo de primicia, tuvimos la suerte de probar el que sin dudas va a convertirse pronto en otra de las perlitas de Ribera del Cuarzo: un Chardonnay elaborado con uvas de una localidad cercana (ubicada entre Choele Choel y General Conesa) llamada Fortín Castre, de Ponco, un productor al que le compraron el año pasado Pinot Noir y Sauvignon Blanc para el Patinas Blancas.

Copa en mano, la enóloga Eugenia Herrera (elegida como Enóloga Revelación en los Premios Winexplorers 2026) me contó en detalle, con un brillo de emoción en los ojos, su elaboración. “Inicialmente pensé en hacerlo en barrica, pero el viñedo, con influencia marítima (120 km de San Antonio Oeste) me llevó a una búsqueda distinta a la del nuevo mundo (por el estilo californiano). Todo me conducía a un estilo borgoña, sin maloláctica, pero le quería dar una vuelta de rosca, que podía ser con algo de barrica, pero no me convencía. Como venía trabajando un velo en el Sauvignon Blanc (utilizado para el vermut) le agregué un porcentaje. El vino terminó siendo un puente entre río, mar y dos tradiciones del viejo mundo: Chablis y Jerez". 

Es un blanco de estilo tradicional, con pureza, que busca reflejar la zona, el terruño y la materia prima de ese espacio. Austero en nariz, pero en boca presenta una hermosa mineralidad y notas a fresca manzana verde.

Si llegaste hasta acá y no leíste las tres notas anteriores sobre Ribera del Cuarzo, te dejo los links para que puedas redondear toda la información sobre esta apasionante bodega:

Nota 1: Conociendo Ribera del Cuarzo
Nota 2: El origen, su presente y un venturoso futuro
Nota 3: Los suelos y sus viñedos patagónicos







Eugenia Herrera.


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Nota 1 publicada en CEPAS de ARGENTINA.

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Nota 2 y 3 publicadas en CEPAS de ARGENTTINA.

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