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lunes, 14 de septiembre de 2026

El día que Chandon se ilusionó con hacer espumantes en Patagonia.



El día que Chandon se ilusionó con hacer espumantes en Patagonia.

En la década de 1950, Moët & Chandon exploró el Alto Valle buscando terruños ideales para espumantes. Esa iniciativa sentó bases para el Pinot Noir patagónico.

Robert-Jean de Vogüé, descendiente directo de la familia Moët & Chandon y director de la Maison en Francia.

A finales de la década de 1950, la emblemática casa francesa Moët & Chandon inició una travesía estratégica para fundar su primera filial fuera de Francia. Mientras evaluaban la icónica zona de Agrelo en Mendoza, donde finalmente establecieron su sede oficial en 1959, Robert-Jean de Vogüé (descendiente directo de la familia Moët & Chandon y director de la Maison en Francia), junto a Renaud Poirier (enólogo prestigioso y muy respetado de la región de la Champagne), investigaron la potencialidad de Argentina, recorrierron el país y extendieron sus expediciones analíticas hacia las latitudes del sur.

El objetivo primordial consistía en identificar terruños de clima frío capaces de aportar la acidez natural, la finura aromática y la elegancia que requieren las bases para vinos espumantes de categoría mundial. Las observaciones agronómicas señalaron al Alto Valle del Río Negro como un ecosistema idóneo. La marcada amplitud térmica de la región, sumada a sus noches frescas y a un ambiente seco con excelente insolación, ofreció las condiciones óptimas para el cultivo riguroso de varietales nobles de ciclo corto.


La apuesta productiva de 1969.

Tras completar los estudios de suelo y clima, la compañía materializó su visión en 1969 mediante la adquisición de aproximadamente 400 hectáreas en las inmediaciones de General Roca, Río Negro. En esa superficie, los expertos de la firma implantaron cerca de 40 hectáreas dedicadas de forma exclusiva al cultivo de Pinot Noir.

Para llevar a cabo este proyecto, la casa francesa importó clones seleccionados que implantó sobre pie franco. Esta decisión técnica constituyó uno de los primeros bloques puros, sistemáticos y de escala comercial de esta variedad fina en suelo patagónico. La iniciativa sentó un antecedente agronómico inédito para la vitivinicultura de la región, demostrando que la pampa del norte patagónico reunía atributos excepcionales para cepas de alta exigencia climática.


Desafíos australes.

A pesar de los sobresalientes resultados cualitativos obtenidos en cada cosecha, la operación patagónica enfrentó severas dificultades operativas hacia finales de la década de 1960 y comienzos de los años 70. La infraestructura de transporte entre el Alto Valle y los principales centros urbanos de procesamiento y consumo generaba costos logísticos significativos para la época.

Ante este escenario, la dirección de Chandon optó por reestructurar su esquema productivo. Decidió centralizar las operaciones de molienda, vinificación y embotellado en sus instalaciones de Luján de Cuyo, Mendoza, lo que derivó en la posterior desinversión y venta de las hectáreas patagónicas.

Un legado viviente.

El repliegue territorial de la firma gala no significó el fin de aquellos viñedos pioneros. Hacia fines de la década de 1990, la histórica Bodega Humberto Canale adquirió las tierras y sus instalaciones, bautizando la propiedad como Finca La Isabel.

Aquel bloque inicial de Pinot Noir plantado en 1969 se conserva en plena producción y destaca como el viñedo continuo de Pinot Noir más antiguo de la Patagonia. De sus filas nacen en la actualidad etiquetas emblemáticas del portafolio regional, confirmando que la visión analítica de los técnicos de Chandon a mediados del siglo XX trazó el rumbo del Pinot Noir austral.

FUENTE: Redacción +P. 

Más Producción del Diario La Mañana del Neuquén.

23 de agosto del 2026.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/el-dia-que-chandon-se-ilusiono-hacer-espumantes-patagonia-n1250090

Notas: 

Se dice que Chandon presentó una nota para instalarse en Río Negro. Dicen que Chandon todavía está esperando repuesta.

De otros blogspot.

En Valle Medio “ la finca La Isabel, ubicada en Pomona. Finca que era propiedad de los Barzi (Canale) y que en su momento había sido propiedad de la bodega Chandón. La misma tiene casi 40 has., y poco más de 30 con viñedos plantados en la década de 1950 y 1960 por los operarios y expertos que la misma casa matriz en Francia envió para instalarse en la Argentina. Allí plantaron Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Merlot, Chardonnay. Pero el que se destaca es un Riesling. (Fabián Mitideri sobre Videla Dorna).

“Cuenta la historia que, en los 70 en Río Negro, Chandon iba a establecerse con 500 hectáreas, pero finalmente plantaron solamente 40 ha de viñedos en la zona del Valle Medio, (cerca de Choele Choel). Pero finalmente se decidieron por Mendoza y le vendieron todo a Humberto Canale. Matías compró 20 de esas hectáreas en la isla grande y allí cultiva Malbec, Cabernet Franc, Pinot Noir, Bastardo (el nombre común que se le da en la zona al Trosseau), Semillón, Torrontés, Ugni Blanc, Pedro Giménez y Chenin Blanc, restaurando las plantas antes injertadas a sus cepas originales” (El ángel del vino. Blog de vinos sobre Riccitelli).

La filial mendocina forma parte del prestigioso grupo LVMH, líder mundial en productos de lujo, y fue la primera casa de Chandon fuera de Francia, inaugurada en 1959 al pie de la Cordillera de los Andes.

Hoy Chandon cuenta con otras sedes en Brasil, Estados Unidos, India, Australia y China.

domingo, 9 de agosto de 2026

Pinot Noir de Neuquén: ¿por qué hoy es el emblema de la vitivinicultura provincial?

 


Pinot Noir de Neuquén: ¿por qué hoy es el emblema de la vitivinicultura provincial?

No es la variedad más plantada de la provincia, pero es la que mejor mostró cómo cambia el vino cuando cambia el lugar donde nace. La historia del Pinot Noir, desde las primeras plantaciones en San Patricio del Chañar a fines de los años 90 hasta convertirse en el emblema de la vitivinicultura neuquina.

Por Sergio Landoni (*), especial para «Río Negro».


Cuando se habla del vino neuquino, el Pinot Noir ocupa un lugar que ninguna otra variedad alcanzó. No es la más plantada ni la más difundida en el mercado. Es la que mejor mostró cómo cambia un vino cuando cambia el lugar donde nace. Esa sensibilidad permitió descubrir que Neuquén no era una única región vitivinícola, sino una provincia donde cada valle empezaba a mostrar un carácter propio.

Nada de eso formó parte de un plan original. A fines de la década de 1990, cuando comenzaron las primeras plantaciones en San Patricio del Chañar, el objetivo era comprobar si la vid podía desarrollarse en una meseta donde prácticamente no existían antecedentes. Julio Viola impulsó aquel proyecto y, con los primeros viñedos, comenzó un aprendizaje que sigue hasta hoy.

Marcelo Miras fue uno de los protagonistas de esa etapa y suele resumir aquellos años con una frase sencilla: todo estaba por aprender. Había que entender mejor los suelos, la respuesta de las distintas variedades, el manejo del riego y la influencia del clima en un lugar que no se parecía a ninguna otra región vitivinícola argentina.



Las primeras vendimias empezaron a despejar algunas dudas. La baja humedad favorecía la sanidad del viñedo, el viento ayudaba a mantener las plantas saludables y la amplitud térmica permitía alcanzar una maduración equilibrada. Entre todas las variedades hubo una que respondía diferente. Bastaba una pequeña diferencia de suelo, de temperatura, de disponibilidad de agua o de manejo del viñedo para que el vino también cambiara.

Vendimia tras vendimia fue apareciendo una idea que hoy parece natural, aunque entonces nadie podía anticiparla: Neuquén no era una sola región vitivinícola.

Ese aprendizaje también modificó la forma de trabajar de los enólogos. Leonardo Puppato sostiene que gran parte del vino se define antes de la cosecha, en el manejo cotidiano del viñedo. Lucas Quiroga entiende que ninguna vendimia se parece a la anterior. Nicolás Navío resume esa misma mirada con una idea simple: intervenir lo necesario para que el vino conserve el carácter del lugar donde fue producido.

El trabajo del enólogo ya no consistía solamente en elaborar un buen Pinot Noir. También implicaba entender qué tenía para decir cada lugar y cómo acompañarlo sin que perdiera su identidad.

Las primeras vendimias demostraron que el potencial del Pinot Noir no terminaba en San Patricio del Chañar. A medida que crecía la experiencia aparecieron nuevos proyectos sobre la ribera de los ríos Neuquén y Limay. Senillosa, Picún Leufú y la Confluencia empezaron a construir una identidad propia sin perder el vínculo con el origen de la vitivinicultura moderna de la provincia.

La Confluencia muestra bien ese cambio. La fruta pasó a ocupar casi todo el paisaje, aunque el vino nunca desapareció. Algunas familias volvieron a plantar viñedos y aparecieron nuevos proyectos que volvieron a poner al vino en el paisaje.

Uno de esos proyectos es Mabellini Wines. La familia retomó una historia que comenzó en Cinco Esquinas en 1928 y hoy elabora vinos con uvas de viñedos propios en Neuquén y Mainqué, Río Negro. La enóloga Valeria López forma parte de una nueva generación de profesionales formados en la Patagonia. Sus primeras exportaciones a Francia muestran que los vinos neuquinos también despiertan interés en un país donde el Pinot Noir forma parte de la cultura del vino.

La meseta también planteó un desafío. Pensar en viñedos de calidad lejos de los grandes valles irrigados parecía difícil, pero Cutral Co demostró que había otro camino. Allí el agua llega de perforaciones profundas y eso cambia la forma de trabajar el viñedo. La experiencia de Viñedos del Viento abrió nuevas preguntas y Plaza Huincul ya empezó a dar sus primeras respuestas con las nuevas plantaciones de Pinot Noir.

La cordillera presentó otro escenario. En el valle del Chimehuín, entre Junín de los Andes y San Martín de los Andes, una hectárea implantada en 2004 reúne Pinot Noir junto con otras variedades elegidas para observar su adaptación a un ambiente de montaña. No hay energía eléctrica de red y la defensa contra las heladas depende de motobombas, generadores y muchas noches de trabajo cuando la temperatura baja de cero. Así se trabaja cada temporada y probablemente así trabajen también quienes decidan plantar nuevos viñedos en otros sectores de la cordillera, entre ellos el valle del río Aluminé.

Más al norte vuelve a cambiar el paisaje y, con él, las preguntas. Desde Chos Malal hasta el valle del Nahueve, siguiendo el corredor que une Taquimilán, Andacollo, Huinganco y Manzano Amargo, aparece uno de los ambientes de montaña con mayor potencial para la vitivinicultura. Desde la Torre recuperó la elaboración de vinos en Chos Malal y volvió a poner en valor una actividad con profundas raíces históricas. En el valle del Nahueve, sobre el faldeo del Domuyo, los primeros viñedos empiezan a mostrar todo lo que puede dar la combinación de altura, agua de deshielo, amplitud térmica y clima seco.

San Patricio del Chañar dejó de ser la única referencia. A ese recorrido se fueron sumando la ribera de los ríos Neuquén y Limay, la Confluencia, la meseta, la cordillera y el Alto Neuquén. Cada lugar fue mostrando una expresión diferente del Pinot Noir.

El interés por el Pinot Noir creció en muchas regiones del mundo. Cada vez son más valorados los vinos capaces de expresar con claridad el lugar donde nacen. Hoy no alcanza con hacer un buen vino. También importa que tenga identidad y que pueda contar de dónde viene.


Impulso para la actividad vitivinícola.

Neuquén encontró ese camino sin intentar parecerse a Borgoña, Oregón o Central Otago. Una misma variedad puede dar vinos muy distintos según el lugar donde crece, y eso es lo que la provincia empezó a demostrar con sus propios tiempos.

Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura ayudan a entender esa realidad. Neuquén concentra alrededor del 12 % de la superficie implantada con Pinot Noir de Argentina y Añelo reúne cerca del 90 % de esas hectáreas. Son datos importantes, pero por sí solos no explican lo que pasó en la provincia. La diferencia la hicieron más de veinticinco vendimias, el conocimiento que dejaron y la experiencia acumulada en cada uno de esos lugares.

Ese trabajo también empezó a verse fuera del país. Las primeras exportaciones de bodegas jóvenes, el interés de importadores especializados y la presencia de vinos neuquinos en degustaciones internacionales muestran que Patagonia ya no es solo un nombre en una etiqueta. Neuquén empieza a ser reconocida por una manera propia de hacer Pinot Noir.

Ya no se trata de demostrar que la vid puede crecer en la provincia. La pregunta ahora es otra: qué puede aportar cada nuevo lugar donde alguien decide plantar un viñedo.

Patagonia ya tiene un nombre en el mundo del vino, pero Neuquén todavía está construyendo el suyo. Esa tarea no depende solamente de las bodegas. También la hacen los productores cuando muestran sus viñedos, los restaurantes cuando incorporan vinos neuquinos a sus cartas, los sommeliers cuando los presentan y los periodistas cuando cuentan lo que pasa en cada lugar.

Hace apenas veinticinco años casi todos los viñedos estaban en San Patricio del Chañar. Hoy resulta natural hablar de la ribera de los ríos Neuquén y Limay, la Confluencia, la meseta, la cordillera y el Alto Neuquén como parte de una misma vitivinicultura. Cada nuevo proyecto ayudó a conocer un poco mejor la provincia.

El Pinot Noir es el emblema de la vitivinicultura neuquina. No porque sea la variedad más plantada ni la más difundida. Lo es porque ninguna otra ayudó a entender Neuquén como lo hizo el Pinot Noir. Cada nuevo viñedo mostró una parte distinta de la provincia. Cada vendimia ayudó a conocerla un poco más. Al final, el Pinot Noir terminó contando Neuquén.

Sergio Landoni (*) Sommelier de territorio.

Publicado en YO COMO del Diario Río Negro.

8/8/2026.

https://www.rionegro.com.ar/gastronomia/pinot-noir-de-neuquen-por-que-hoy-es-el-emblema-de-la-vitivinicultura-provincial/

viernes, 15 de mayo de 2026

Transformación en Patagonia: cómo un viñedo casi perdido produce vinos premiados mundialmente.

 


Hay búsquedas que parecen no tener fin y Piero Incisa della Rocchetta podría ser quien lo sabe mejor que nadie. Nacido en Italia, tierra donde el vino es liturgia y el viñedo es herencia, partió en busca de un lugar que le permitiera hacer algo distinto: un Pinot Noir que conmoviera. Recorrió Borgoña, la cuna indiscutida de esa uva esquiva y aristocrática. Visitó Oregón, donde los productores norteamericanos habían encontrado un frío generoso y una luz particular. Pasó por California, por los valles de Italia, por rincones de Europa donde la vid lleva siglos aprendiendo a hablar con la tierra. En cada lugar encontró grandeza. Pero no encontró lo que buscaba. Hasta que llegó a Mainqué.

Un pequeño pueblo del Alto Valle, donde el viento barre sin pausa, la humedad es casi una rareza y el sol golpea con una intensidad que pocas regiones del mundo conocen. Allí, en un viñedo viejo y semiabandonado plantado por inmigrantes que ya no estaban, Piero encontró su respuesta. No era Borgoña. No era Oregón. Era algo completamente nuevo y, al mismo tiempo, brutalmente propio.Hoy, ese viñedo produce el Pinot Noir Treinta y Dos 2025, calificado con 100 puntos por James Suckling, puntaje perfecto que lo convierte en uno de los vinos más reconocidos del planeta. Y junto a él, el Chardonnay Patagonia 2025, con 99 puntos en la misma crítica. Dos vinos. Una misma bodega. Un mismo pueblo en el fin del mundo.


Conversamos con Piero sobre el orgullo de llegar a la cima, sobre el equipo que hizo posible este logro, sobre el camino recorrido y sobre Patagonia, "un lugar donde se puede hacer un bueno de enorme calidad". A continuación, la entrevista completa:


Bodega Chacra acaba de recibir 100 puntos por su Pinot Noir Treinta y Dos 2025 y 99 por su Chardonnay Patagonia 2025. ¿Qué sintió cuando supo que dos vinos de la misma bodega alcanzaban simultáneamente esas calificaciones?
Estamos muy honrados y pienso que es un gran orgullo para el equipo, que fue el verdadero protagonista de la historia de este puntaje. Es un trabajo de equipo. Fue realmente un gran honor.
Mucha gente puede pasar toda una vida entera de enólogo y nunca recibirlo. Son muy pocas las personas que reciben 100 puntos. Entonces, es algo muy precioso, y estamos orgullosos por Chacra, por Mainqué, por Río Negro y, obviamente, por Argentina.

Usted recorrió Borgoña, Oregón, California e Italia antes de elegir el Valle de Río Negro. Hoy, con estos reconocimientos en mano, ¿diría que la Patagonia ya puede sentarse a la misma mesa que esas regiones históricas?
Obviamente, Mainqué y la Patagonia están escribiendo su historia. Poco a poco la Patagonia está ganando más visibilidad en el mundo y tiene un terruño muy distintivo, donde el rey es el microclima: una baja humedad, un viento constante, una enorme luminosidad.
Entonces, la suma de todos estos factores que los franceses llaman el terroir, en Mainqué, en mi opinión, se expresa de una manera absolutamente brillante, única. Y es el principio de un largo camino.
Pero nosotros estamos mucho más concentrados en el trabajo diario, en el placer del trabajo diario, y no intentamos compararnos con nadie. Nosotros somos brutalmente argentinos, brutalmente patagónicos y brutalmente de Mainqué. Entonces, cualquier otra comparación pienso que podría diluir un poquito nuestra identidad.

l Pinot Noir Treinta y Dos 2025 recibió puntaje perfecto. ¿Qué tiene esta añada en particular que la hace diferente a las anteriores?
El 2025 fue una añada prácticamente perfecta. Tuvimos una floración muy buena, muy uniforme. Y además, sin demasiados calores, aunque nosotros cosechamos siempre bastante temprano para poder capturar los aspectos más florales y más crocantes de la expresión del Pinot que nos gusta a nosotros. Y el resultado de veinticinco años de un trabajo meticuloso de la viña, de los suelos, de la poda, pero también atrás hay toda la preparación biodinámica.
Entonces, la suma de todos estos elementos hace que el 2025 fuera una añada casi, diría, perfecta para nosotros, pero, de nuevo, el equipo, que es siempre el protagonista, supo interpretar de una manera absolutamente fiel la identidad de nuestra parcela de Mainqué… Y tuvimos la suerte de que los críticos están reaccionando muy bien; estamos muy orgullosos de eso.

En una charla anterior describió a sus vinos como "gastronómicos", pensados para acompañar y no para protagonizar. ¿Cree que los críticos internacionales están empezando a valorar ese estilo más delgado y floral frente a los vinos más poderosos y alcohólicos?
Pienso que no solamente los críticos están valorando estos vinos, pienso que el protagonista es el consumidor. Creo que en Chacra, además, es un consumidor a veces más femenino que masculino. Son vinos que normalmente están entre 11 y 12% de alcohol, son más florales, no son vinos concentrados o extraídos, ni con demasiada madera... Entonces, pienso que al ser vinos donde no hay prácticamente ningún producto químico, son extremadamente fáciles de tomar, muy gastronómicos… Pero también son vinos que no te dan ningún tipo de resaca, entonces se pueden tomar tranquilamente y dan espacio para conectarse el uno con el otro y compartir un buen momento…
No hay que olvidarse de que el vino es cultura. El desafío de nosotros al día de hoy es poder no solamente intentar extraer en forma líquida una interpretación muy fiel de la parcela, en su comunión de la planta y el suelo, sino también interpretarlo de una manera que pueda mejorar tu comida y darte alegría, y poder conectarte con otros humanos.

Los críticos observan este fenómeno, observan esa costumbre que tienen hoy los jóvenes. La comida normalmente, en forma general, a nivel global, es más liviana. Se utiliza menos manteca, hay menos comida frita, hay un poquito menos de carne —aunque eso, capaz, no podemos contarlo en Argentina porque es una gran tradición de carne excepcional—. Entonces, si tienes un vino con 14 o 15 grados de alcohol, te destruye esta comida liviana, porque el vino domina y tu paladar, al ser dominado por un vino tan poderoso, no tiene mucho espacio para poder aprovechar los gustos de la comida más liviana. Entonces, los críticos están notando este cambio de costumbres.
Es importante agregar que nosotros no estamos haciendo nada nuevo. Si ustedes van a mirar el nivel de alcohol de los vinos que se producían en Europa y también en Argentina en los años treinta o cuarenta, se van a dar cuenta de que el alcohol en esas añadas era muy bajo. Muchas veces, los campesinos tenían un poquito de miedo de dejar la uva en el viñedo porque temían perder la producción por granizo, por ejemplo. Entonces, había la tendencia de cosechar un poquito antes. Nosotros no inventamos absolutamente nada nuevo, estamos volviendo a la manera tradicional de hacer el vino. Y pienso que eso también es bienvenido porque no hay que intervenir con una cantidad de químicos que normalmente se utilizan para estabilizar los vinos que tienen el alcohol más alto. Ganamos todos.
Se nota de una manera universal, en la Toscana como en Francia, que todos los productores están justamente cambiando la práctica agrícola para poder cosechar un poquito más temprano y tener vinos más livianos.

El Pinot Noir Treinta y Dos tiene fecha de lanzamiento en 2027. ¿Qué desafío implica pedirle al mercado que espere dos años por un vino ya premiado hoy? ¿Está la bodega preparada para responder a una demanda que puede dispararse de golpe con producciones artesanales y acotadas?
Ya tuvimos distribuidores que quieren reservar vinos. Ahora estamos en un trabajo de comunicación contactando a quienes les vendemos anualmente para garantizarles que van a poder recibir lo acordado.
Para poder intentar demostrarle al pueblo argentino un poquito de nuestra gratitud por seguirnos durante los años y acompañarnos, nosotros, en forma excepcional, vamos a ofrecer una pequeña cantidad de estos vinos a clientes, con un año de anticipo. Es una manera de decir gracias.
Chacra es una bodega familiar, de carácter artesanal. Entonces, nosotros no aumentamos la producción. El objetivo es mejorar todo lo que podemos cada año e intentar siempre interpretar la añada de la mejor manera posible. Entonces, estamos preparados en el sentido de que no vamos a aumentar el volumen; hay lo que hay.

El viñedo de donde nacen estos vinos fue plantado por inmigrantes y estuvo a punto de ser arrancado. ¿Qué significa para usted que esa misma tierra hoy produzca un vino con puntaje perfecto a nivel mundial?
Para nosotros fue algo muy interesante, pero también muy emotivo, haber tenido la responsabilidad de volver a trabajar un viñedo que estaba casi abandonado y donde la viña estaba en una condición muy mala. Fue un desafío que tenemos hasta hoy. Volver a trabajar viñedos muy viejos necesita una inversión económica enorme, pero también un enorme trabajo con un compromiso diario y con esfuerzo de carácter artesanal, porque hacemos todo a mano. En Chacra no hay mecanización, y todo se hace con mucha atención. Tenemos un gasto de manejo enorme por hectárea, porque, al no utilizar herbicidas ni pesticidas, y al no utilizar una cosecha industrializada, el trabajo es muy duro y muy lento.
Entonces, fue un enorme compromiso, con enorme esfuerzo y una enorme inversión, pero nos gusta muchísimo poder ser parte de este camino. Obviamente, es un desafío enorme que requiere mucha resiliencia y mucha paciencia, pero con un equipo muy bueno llegamos a poder restaurar estos viñedos en su mejor estado. Entonces, es un orgullo para mí poder tener un equipo tan bueno y poder hacer este tipo de trabajos.
El valor simbólico también es muy gratificante: poder demostrar que lo viejo no es malo, que es bueno, que las tradiciones se pueden recuperar. Y también es un poco una demostración de que los mejores vinos son hechos de los viñedos más viejos. Podemos entonces hacer un paralelo muy interesante entre los humanos y la viña, en el sentido de que, al día de hoy, donde se mira mucho a los jóvenes, es primordial no olvidarse del valor de una persona mayor, muy sabia, que puede aportar enormemente a la sociedad de hoy.

En una entrevista anterior me dijo que el mercado global del vino se va a contraer en los segmentos más accesibles, pero crecerá en el segmento alto. ¿Eso convierte a la Patagonia en una oportunidad estratégica justo en el momento correcto?
Pienso que las oportunidades existen en forma constante, en forma diaria. Después, el humano es quien tiene que entender que puede capitalizarlas y transformar esta realidad en un hecho. Entonces, será la historia y la voluntad de los habitantes de la Patagonia lo que determine el éxito de esta región. Algo es seguro: en la Patagonia, en el Alto Valle, se puede hacer vino de alta calidad.
En un pueblo como Mainqué, Bodega Chacra ganó dos veces un reconocimiento de 100 puntos, una vez el premio al mejor vino del mundo, y varias veces obtuvo 99 puntos —tanto con el Pinot como con el Chardonnay—, y todo esto me hace pensar que Chacra es una demostración práctica y pragmática de que es un lugar donde se puede hacer vino de enorme calidad. Y el mercado reconoce eso en Chacra.
Ahora, si lo hace Chacra, lo puede hacer cualquiera. Entonces, obviamente pienso que si ya hay una pequeña empresa como Chacra que llega a tener dos veces 100 puntos en 8 años —que es el mejor vino del mundo—, no veo por qué no hay una oportunidad enorme para cualquier otra persona que quiera venir, invertir y trabajar para poder recibir el mismo tipo de puntaje.
Entonces, las oportunidades existen; necesitamos individuos que tengan motivación y ganas de poder realizar algo similar a lo que hicimos nosotros, sea con la misma cepa u otra.

¿Cuál es el próximo capítulo que quiere escribir para Bodega Chacra?
El próximo paso para la bodega es simplemente el trabajo de todos los días, con mucha concentración, mucha precisión, mucha conciencia. Intentamos expandir nuestra conciencia diaria para siempre poder capturar de la forma más limpia, más natural y más autóctona la expresión de nuestra parcela de Mainqué.
Entonces, para nosotros nada cambia. Seguimos trabajando, seguimos poniéndole muchas ganas, mucho esfuerzo, enormes sacrificios, e inversión humana y económica para poder volver a la cancha y siempre hacer lo mejor que se puede hacer en este magnífico pueblo de la Patagonia.

Piero Incisa della Rocchetta recorrió medio mundo buscando el lugar donde el Pinot Noir pudiera dejarnos sin palabras. Lo encontró en pueblo patagónico, en un viñedo casi perdido, y con un equipo dispuesto a trabajar la tierra con las manos. El resultado no es solo un puntaje perfecto, es la confirmación de una intuición que él defendió durante años. La Patagonia ya no es una promesa. Es una certeza. Y Mainqué acaba de escribir una de las páginas más grandes de la historia del vino argentino.


Publicado en MÁS PRODUCCIÓN de La Mañana de Neuquén.

https://masp.lmneuquen.com/vinos-patagonia-100-puntos-chacra-pinot-noir-mainque

martes, 28 de octubre de 2025

BODEGAS Y VIÑEDOS DE MAINQUÉ, RÍO NEGRO, PATAGONIA ARGENTINA.



Mainqué y el auge del Pinot Noir: cómo este pueblo rionegrino se volvió capital del vino patagónico.

Mainqué celebra 100 años y se afianza en la producción de vino patagónico.

En el centenario de su fundación, la localidad vive un gran impulso productivo. Su terroir, el recurso hídrico y el empuje de nuevos proyectos posicionan a Mainqué como epicentro del Pinot Noir y motor de la economía regional.

Mainqué celebra su centenario con una identidad que se afianza entre los viñedos. Lo que comenzó hace décadas como un pequeño poblado del Alto Valle, hoy se proyecta como un punto fuerte de la vitivinicultura patagónica, reconocido por la calidad de sus suelos, la pureza del clima y la elegancia de sus vinos.

 “Río Negro está en el foco de la vitivinicultura nacional, llamando la atención de enólogos y nuevos actores que buscan instalarse en esta actividad”, explica Mariana Cerutti, directora de Vitivinicultura de la provincia. Según la funcionaria, las condiciones naturales y la disponibilidad de agua convierten a la región en un territorio privilegiado dentro del mapa del vino argentino.

Cerutti destaca que Río Negro es una de las provincias más ricas en recurso hídrico, un diferencial que contrasta con el déficit que enfrentan otras zonas productoras del país. A esto se suma una amplitud térmica ideal, con días cálidos y noches frescas, que permite una maduración lenta y equilibrada de la uva.

“Nuestro clima genera una fruta marcada, con vinos elegantes y sutiles, de acidez balanceada. Eso nos distingue del resto del país”, señala. La composición de los suelos y el manejo del riego completan una ecuación que da origen a vinos únicos, especialmente en el caso del Pinot Noir, una cepa exigente y de gran delicadeza. “El Pinot Noir rionegrino no se parece a ningún otro del país. Tiene una suavidad y elegancia particulares, una expresión que solo se logra en estos valles”, remarca.

Con una población pequeña y un perfil productivo en expansión, Mainqué se consolidó como un polo vitivinícola de excelencia. En sus márgenes del río y también sobre la barda norte, productores locales desarrollan viñedos que sorprenden por su calidad.

“En diferentes degustaciones a ciegas, los vinos de Mainqué fueron elegidos como los mejores por el consumidor final. Eso demuestra que la zona tiene un potencial enorme”, comenta Cerutti.

“Río Negro está en el foco de la vitivinicultura nacional, llamando la atención de enólogos y nuevos actores que buscan instalarse en esta actividad.”

Desde la Dirección de Vitivinicultura, el gobierno provincial impulsa programas de financiamiento, mejora integral de viñedos y asistencia para la exportación. El objetivo es que cada vez más bodegas pequeñas y medianas puedan acceder a mercados internacionales y fortalecer el enoturismo, una de las actividades que más crece en la región.

“El enoturismo es una unidad de negocio clave: permite vender directo, generar experiencias y fortalecer la economía. Cada visitante que pisa una bodega impulsa todo el entorno: la gastronomía, el alojamiento, los servicios”, sostiene Cerutti.

Otro eje es la sustentabilidad. Se avanza en certificaciones orgánicas, energías renovables y un uso más eficiente del agua. “Trabajamos para que los viñedos y las bodegas sean cada vez más conscientes con los recursos. Tenemos bodegas que ya producen hasta un 80% de su energía con paneles solares”, dijo.

Noemia: identidad, sustentabilidad y orgullo. Hans Vinding.

Fundada sobre una bodega construida en 1952, Bodega Noemía es uno de los proyectos que mejor sintetiza la historia y la evolución de la vitivinicultura en Mainqué. Su viñedo más antiguo data de 1932, y desde entonces la combinación de clima, agua pura y manejo orgánico le otorgan a sus vinos un carácter único.

“Nuestra bodega está profundamente ligada al desarrollo vitivinícola de Mainqué. Después de 24 años de trabajo, alcanzamos un nivel cualitativo alto, pero siempre buscamos mejorar”, destaca el reconocido enólogo Hans Vinding.

Desde sus inicios, Noemía exporta gran parte de su producción y hoy sus vinos están presentes en más de 25 países, contribuyendo al posicionamiento del vino patagónico en el mundo. En 2025, la bodega recibió la certificación de sustentabilidad, reflejo de su compromiso con el entorno social, ambiental y económico.

“El centenario de Mainqué nos da orgullo. Nos hace mirar atrás y proyectar el futuro.”

Miras: la esencia de Mainqué en cada vino.


En el corazón de Mainqué, la Bodega Miras se convirtió en parte de la identidad del lugar. Desde su llegada, Marcelo Miras y su familia transformaron un viñedo histórico —plantado en 1958— en un proyecto que combina trabajo, comunidad y respeto por la tierra.

“La gente nos recibió muy bien, enseguida sentimos esa cercanía”, recuerda Miras, quien compró la chacra en 2017 y desde entonces impulsa una producción cuidada, casi artesanal. Con apenas ocho hectáreas en producción y un equipo de unas diez personas, elaboran cerca de 90.000 botellas por año, donde el Malbec, el Pinot Noir y el Cabernet conviven con una blanca tradicional del valle: el Torrontés mendocino, con el que producen vinos naranjos de baja graduación alcohólica.

“Nos gusta la tranquilidad del pueblo, el contacto con la naturaleza y su espíritu de comunidad.” Marcelo Miras.

“El gran desafío de cada año es hacer un vino mejor, sin perder la esencia del pueblo y su espíritu de comunidad”, resume Miras.

Mabellini: un siglo de historia y un futuro en marcha.


En una chacra centenaria de Mainqué —donde en 1912 la familia Verdecchia plantó las primeras vides—, Bodega Mabellini Wines continúa una historia que lleva más de cien años de vida productiva. Hoy, el proyecto familiar encabezado por Carlos Alberto Mabellini y Lorena Nicolás Creide combina el legado vitivinícola del Alto Valle con una mirada moderna y comprometida.

Mabellini, junto a su familia recuperó los antiguos viñedos y mantiene en producción una bodega que nunca dejó de elaborar vino desde 1912.

“Llegar a Mainqué fue volver a nuestras raíces. Más que una coincidencia, fue un regreso al lugar donde la historia familiar y la historia del vino se cruzan.” Lorena Nicolás Creide (Bodega Mabellini Wines).

“El centenario de Mainqué representa una oportunidad para celebrar y proyectar: honramos a quienes nos precedieron y soñamos con que Mainqué siga siendo un referente del vino patagónico”, coinciden.

Finca Aniello: legado familiar y una tierra inigualable.


Fundada en 2012, Finca Aniello nació con el propósito de continuar una tradición vitivinícola familiar que comenzó hace más de un siglo en Sorrento. La bodega recuperó una chacra histórica a orillas del río Negro y una construcción de 1927 que conservaba viñedos únicos, entre ellos un Malbec de 1947 y uno de los pocos Trousseau plantados a pie franco en el mundo.

“Mainqué arrancó un camino ascendente en el reconocimiento de sus vinos.” María Cruz de Finca Aniello.

Hoy la bodega cuenta con 55 hectáreas de viñedos y una capacidad de 650.000 litros, exportando sus vinos a Rusia, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Australia, Malta, Perú y Brasil. Su Pinot Noir, emblema de la zona, fue elegido dos veces como el mejor en catas a ciegas, un reconocimiento que enorgullece tanto a la empresa como a la comunidad local.

“El centenario de Mainqué es un motivo de alegría. Esta tierra tiene identidad y potencial para seguir creciendo”, destacan, convencidos de que el futuro del vino patagónico se construye con trabajo, pertenencia y compromiso.

Publicado en el Rural del Diario Río Negro, 28/10/2025.

https://www.rionegro.com.ar/rural/mainque-celebra-100-anos-y-se-consolida-como-polo-del-vino-patagonico-4352055/

Nota: faltó a lo publicado por el Diario Río Negro con motivo de los 100 Años de la localidad rionegrina otra bodega y viñedos, como los publicados, que es Bodega Chacra.

Estas bodegas y sus viñedos jerarquizan la vitinícultura rionegrina son creadoras de riqueza y trabajo.

BODEGA CHACRA.

Bodega Chacra fue creada por Piero Incisa della Rocchetta en 2004 con la intención de encontrar la expresión más libre del clima, microclima y territorio de Mainqué en la región del Río Negro en la Patagonia.

Piero Incisa della Rocchetta es descendiente de una familia profundamente vinculada con la historia de Italia que llegó a a estas tierras para llevar adelante su propio proyecto en Mainqué denominado Chacra. Allí logró elaborar un vino pinot noir diferente, celebrado por críticos de alrededor del mundo.
Su entusiasmo por la producción vitivinícola nació en su casa, con su abuelo el marqués Mario Incisa della Rocchetta, que fabricaba en su finca Tenuta San Guido, un vino de la casa para consumo familiar llamado Sassicaia
Piero llegó al Alto Valle del río Negro seducido por un pinot noir patagónico que probó en Nueva York.

En el 2014 la zona de Mainqué fue considerada por expertos de diversos lugares del mundo como el mejor terruño para la producción de Malbec.

"Los mejores aromas, los vinos más complejos y elegantes, persistencia y sobre todo integrado, en cada sentido”, plasmaron en  la calificación que hicieron al respecto. 
Los resultados fueron contundentes y comunes a las tres encuestas, realizadas en las 10 mejores bodegas  y zonas de Argentina, en el marco de la Degustación "Malbec from Diferent Terroir”. Entre las visitadas se encuentran: Colomé, Famatina, Vistabalba, Pedriel, Altamira, La Consulta y Añelo, entre otras.
 
Los "Reviewers" (revisores) que analizaron los datos, todos prestigiosos representantes del Reino Unido (Tim Atkin), Canadá (LCBO buyers) y Estados Unidos (Top Sommeliers), fueron los encargados de convocar a  las bodegas y reunirse, en distintos momentos  y por separado, durante 6 semanas. 
La región de Mainqué, Río Negro – Patagonia el mejor terruño de la Argentina para la producción de los vinos Malbec.
Y se considera como cepas que se da muy bien en la zona de Mainqué el Pinot Noir.
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Bodega Miras: un terroir que late con Mainqué.

Marcelo Miras y su familia transformaron un viñedo histórico en un proyecto que une trabajo, comunidad y amor por la tierra.

En Mainqué, un pueblo que todavía conserva la calma del río y el ritmo de las chacras, la Bodega Miras se ha convertido en parte de la identidad local. No es solo un emprendimiento vitivinícola: es una historia de encuentro entre una familia y una comunidad que se reconocen en los mismos valores: el trabajo paciente, el respeto por la tierra y la sencillez cotidiana.

“Cuando llegamos acá, la gente nos recibió muy bien. Empezamos a ir a la panadería, a la verdulería, a los negocios del pueblo, y enseguida sentimos esa cercanía”, cuenta Marcelo Miras, enólogo y propietario de la bodega. Esa relación se mantiene viva: la bodega compra insumos localmente, participa en las actividades del pueblo y abre sus puertas a visitantes que buscan conocer una parte esencial del alma patagónica.


Miras llegó a la zona en 1990 y muchos años después decidió echar raíces en Mainqué. En 2017 compró la chacra con viñedos plantados en 1958. El desafío era grande: recuperar esas viejas plantas, ponerlas en valor y rescatar un patrimonio vitícola histórico de Río Negro.  “Fue un trabajo de paciencia. La vid es muy noble: cuando la tratás bien, responde de mil maravillas”, explica. Hoy, de esas ocho hectáreas de viñedo en producción, nacen alrededor de 80.000 kilos de uvas al año, que dan origen a unas 90.000 botellas de vino.

La bodega, pequeña y familiar, tiene algo de taller artesanal. Trabajan unas diez personas de confianza,contando la familia. Cada vino lleva la impronta de esa enología práctica, sencilla y sensitiva. “No hacemos cosas rebuscadas. Respetamos las técnicas tradicionales y prestamos mucha atención a las uvas”.

En el viñedo conviven el Malbec, el Pinot Noir, el Cabernet Sauvignon y el Cabernet Franc, además de una variedad blanca tradicional del valle, el Torrontés mendocino, que los antiguos productores llamaban “la loca blanca”,  con estas uvas se elaboran vinos naranjos y con baja graduación alcohólica. El respeto por el medio ambiente atraviesa todo el trabajo.

Marcelo describe que el entorno natural se convierte en parte del día a día: “Nos pasa que en la chacra escuchamos los grillos, los sapos, los pájaros al amanecer… cosas que en la ciudad se van perdiendo. Después de la pandemia vimos volver especies de aves que hacía mucho no aparecían. Eso habla del equilibrio que hay cuando uno cuida el lugar donde vive”.

La familia tiene otra bodega en Fernández Oro donde se hacen algunas producciones y en Mainqué se elaboran partidas más pequeñas, ya que es una bodega garage. Los visitantes pueden coordinar visitas con reserva previa a través de las redes sociales de la bodega. La Bodega Miras forma parte de la ruta del vino de Río Negro, que promueve el enoturismo y el desarrollo local.

“El gran desafío de cada año es hacer un vino mejor”, dice Marcelo, con la calma de quien trabaja a cielo abierto y sabe que el tiempo y el clima son parte de la ecuación. Pero más allá de la técnica, hay algo que no cambia: el deseo de mantener viva la esencia del lugar. “Nos gusta la tranquilidad del pueblo, el contacto directo con la naturaleza. Y sobre todo, conservar esa identidad de Mainqué, su espíritu de comunidad. Eso, para nosotros, también se refleja en el vino.”

Publicado en Diario Río Negro.

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