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domingo, 15 de septiembre de 2024

"El Gato" PETERS y el vino argentino.

"El Gato" PETERS y el vino argentino.

El “Gato” Peters y el vino argentino. A un año de su partida.

El “Gato” Peters y el vino argentino.

A propósito del vino · Gato Peters.

Ricardo Daniel "Gato" Peters había nacido en Carhué, provincia de Buenos Aires el 11 de marzo de 1955 fue un cómico, humorista, escritor, docente, productor ovino y veterinario argentino.

Recorrió todo nuestro país durante décadas con su espectáculo unipersonal. El humorista “Gato” Peters fallece en la noche del viernes 15 de septiembre del 2023 (hace un año yá), a los 68 años, después de haber realizado el espectáculo “AlparGato, humor para los de a pie” en la localidad bonaerense de Trenque Lauquen; sufrió una descompensación en la localidad de Francisco Madero, viajaba para presentarse por la noche en la localidad de San Antonio de Areco, y fue derivado de urgencia al Hospital de Pehuajó, donde minutos más tarde falleció de ser trasladado. 

El día jueves se presentó en la localidad de Benito Juárez en el comité radical Arturo Illia donde habló de la situación del país y lo hizo mezclado con su característico sentido del humor.

"Soy un narrador de costumbres con humor", se definía él mismo -como Don Luis Landriscina, el de Mister Chasman y Chirolita-.  

En sus espectáculos hacía una pincelada de la forma de ser argentina, de aquellos tiempos idos y del presente que despertaban sonrisas. Era el mejor retratista del campo contemporáneo y de sus habitantes.

Provenía de una familia de humildes chacareros. Cursó estudios secundarios en las escuelas Agrarias de Rivera y Coronel Vidal, se recibió de veterinario en Universidad de La Plata costeando sus estudios universitarios vendiendo café en el Hipódromo y trabajando de mozo.

En 1975 se produce su debut profesional actuando en fiestas universitarias y distintos centros estudiantiles de La Plata.

Ricardo "Gato" Peters fue también ex director de la EESA N 1 de Las Flores, supervisor de Educación Agraria y ex Director Provincial de Educación Agraria durante el período 2007 - 2011. Fundó un hogar comunitario de ancianos y también el "Festival Las Flores Canta".

Hoy se acerca “A propósito del vino” un video del “Gato”  Peters, un recuerdo, que despierta sonrisas.

Que lo disfruten.


Publicado en GPA BLOG DE LA PATAGONIA.
https://guillermopirriargentino.blogspot.com/

jueves, 23 de abril de 2020

Tres cosas que delatan al esnob del vino que pulula por las redes.-

Tres cosas que delatan al esnob del vino que pulula por las redes.

Hace tiempo el vino se ha convertido en tema de conversación, en la web cada vez encontramos más aplicaciones, foros o grupos dedicados al tema donde sus adeptos se dan cita para compartir experiencias relativas a la noble bebida.
Existen por supuesto diferentes tipos de internautas usuarios de estos espacios, así encontramos, por ejemplo, a los Conocedores que son identificables por la facilidad de argumentar sus aportes; los Entusiastas, aquellos que quieren aprender y por eso están atentos a todos los post y hacen preguntas, además realizan aportes muy valiosos y están abiertos a las opiniones de los demás; y también encontramos a los Esnob, aquellos que quieren aparentar saber más de lo que saben en realidad y en ocasiones terminan enredándose.
En este post te cuento tres cosas que delatan al snob del vino que pulula por las redes para que vos también lo reconozcas y no te dejes intimidar.
1.- Menospreciar a los vinos económicos.
Frases como “Mi paladar ya no está para eso“, “Ni loco hago un posteo con este vino“ o “Qué haces tomando esa cosa?“ son frecuentes en ellos. Tal vez olvidan que también comenzaron a recorrer la senda del vino con etiquetas humildes (todos lo hicimos). Buscan hacer sentir mal a los demás por los vinos que descorchan, criticándolos, creyendo que de esa manera se muestran más conocedores del tema cuando en realidad logran todo lo contrario. Al nuevo consumidor de vinos hay que acompañarlo e irle sugiriendo diferentes etiquetas sin olvidar que lo más importante es que disfrute de cada una de ellas. Además en este punto debo mencionar también que soy defensora de los vinos de mesa, responsables de sostener una industria que hace años muestra números rojos y que en más de una oportunidad se plantan muy dignos frente a otros productos de precios superiores.
2.- Criticar el modo de consumo de los demás.
Se lee frecuentemente “Ponerle soda al vino es pecado mortal!”, “Cómo se te ocurre ponerle hielo?!”. Pero la verdad es que cada uno disfruta de los vinos a su manera, así como elegimos diferentes puntos de cocción cuando comemos carne también podemos elegir tomar el vino como queramos. Al final de cuentas si es mediodía y preferís un vino sodeado para aligerarlo un poco y seguir trabajando después, o si hace mucho calor y queres ponerle un hielo cuál es el problema? En definitiva al vino lo pagaste vos, tomalo como quieras.
3.- Tomarse hasta la última gota.“Si fuera vos no hubiera dejado ni un poquito”, “A mi nunca me sobra vino”, o “Botella abierta, botella muerta” son sus frases de cabecera. Y adivina qué… Tomar más no te hace más conocedor. Un vino abierto no necesita ser consumido inmediatamente, no se autodestruye en 5 segundos. Puedes descorchar tu vino en la noche y tomarte otra copa al medio día del día siguiente, y así hasta que la botella se termine, te aseguro que no se va a hacer vinagre de la noche a la mañana, y así sigues tu propio ritmo, no el que los esnob del vino quieren imponerte. Además debemos recordar que el consumo en exceso de bebidas alcohólicas es perjudicial para la salud y lamentablemente una botella entera para vos sólo es mucho. En el caso de que hayan pasado muchos días y no lo hayas terminado hay alternativas para reutilizar el vino.

lunes, 26 de noviembre de 2018

La Peña: el aperitivo simple, o la versión de los argentinos por Jorge Vergara.-

La Peña: el aperitivo simple, 
o la versión de los argentinos.

A propósito del vino en damajuana, con o sin soda, aparecieron los nostálgicos y sugirieron rescatar la figura del vermut, que para muchos es un tipo de bebida pero para otros es toda una ceremonia.
Es decir, el vermut como tal es una bebida, hoy con una amplia propuesta comercial, que se consume previo a las comidas, en otros tiempos a media mañana o media tarde, aunque con los años las costumbres fueron cambiando.
La definición encontrada en internet dice que el vermut es “un vino macerado en hierbas servido durante los aperitivos, compuesto de vino blanco, ajenjo y otras sustancias amargas. Estos vinos son típicamente europeos, con un aroma característico que les da una elegancia particular para un cóctel o aperitivo. Generalmente se puede encontrar dos tipos: rojo y blanco”.
Pero las costumbres y las tradiciones fueron imponiendo otras cuestiones. Para algunos de nuestros lectores, el fernet también entra en la categoría de los aperitivos. Se consumió por décadas en esos horarios donde se hacía una pausa en el trabajo, es decir tipo once de la mañana o media tarde. Lo tomaban puro o a lo sumo con un poco de soda. No existía por ese tiempo ninguna de las opciones que están al alcance en la actualidad. Ni se mezclaba con jugos o gaseosas de frutas. El agua tónica era utilizada por algunos de los que formaban la rueda de amigos para cortar alguna de las bebidas, para aligerarlas como solían decir, pero no dejaba de ser vermut.
Pero el otro escenario se fue argentinizando porque le sumaba a ese aperitivo alguna pequeña picada, a veces no tan pequeña, que incluía básicamente queso cortado en cubos, si había jamón se incluía, pero lo que no debía faltar era una buena mortadela. Esto no distinguía clases sociales, porque la mortadela era un elemento tan indispensable como el vermuth en los bares y confiterías de la época. ¿Será el día para un buen aperitivo?
Autor: Jorge Vergara.
Publicado en Diario "Río Negro", domingo 25 de noviembre de 2018.

domingo, 18 de noviembre de 2018

La Peña: vinos, ¿con o sin soda? ¿botella o damajuana? por JORGE VERGARA.

La Peña: vinos, ¿con o sin soda? ¿botella o damajuana? por JORGE VERGARA.

Dice el almacenero que le cuesta conseguir el vino en damajuana. Que no hay mucha oferta en ese rubro, pero que sí hay gente que lo pide.
Y algunos días después lo tiene a la venta. Es de una bodega de Regina. A buen precio según algunos clientes. El relato me tuvo de espectador en realidad, pero vale la pena contarlo por lo que significa para muchos ese tipo de vino.
Por el precio de la damajuana pensé que era más o menos parecido a su equivalente en botellas de vino económico.
El cliente del almacén me dijo muy convencido que para él el vino en damajuanas tiene un significado afectivo. “Toda mi vida, desde mis abuelos, tomamos vino en damajuana, y si era posible con soda”. Le creí porque el vino en damajuana llegó a las casas desde la economía y la practicidad. Era ahorrar y comprar más cantidad, aunque en otros tiempos no se resignaba calidad. No eran tiempos de varietales, eran vinos reservas o comunes y los comunes por lo general se tomaban con soda.
Y de paso agregó que en su casa todavía están en la mesa los pingüinitos de cerámica en los que se sirve el vino a la hora del almuerzo o la cena.
Me encantó presenciar el relato de quienes preservan costumbres llenas de historias. Porque el vino en damajuanas es una versión casi extinguida de la industria vitivinícola actual, que en el país creció tanto que la cantidad de etiquetas es enorme.
Sin embargo, hay gente que se aferra a sus gustos por más que la modernidad les traiga mejores propuestas.
Lo de mejor es relativo porque todo depende de los gustos. Un buen vino con soda bien frío es una tentación en sí misma, por más que también nos guste un buen varietal de calidad. Son dos mundos diferentes, tan diferentes que tal vez el que toma vino con soda esté convencido de que es la mejor opción.
Pueden convivir perfectamente. Con o sin soda, el vino está presente en cada casa y no importa si es de botella o damajuana.

Publicado en Diario "Río Negro", domingo 18 de noviembre de 2018.

jueves, 5 de julio de 2018

La vuelta gloriosa del Vermú: el ritual de los abuelos se instaló en nuestros bares.


La vuelta gloriosa del Vermú: el ritual de los abuelos se instaló en nuestros bares.
Las vermuterías llegaron al país y ofrecen variedades artesanales y maridajes muy argentos.
por Diego Marinelli.

Así como surgieron los wine bars y en los últimos años el país se vio invadido por miles de cervecerías artesanales, de a poco asoman más y más vermuterías. ¿Qué son? Simple: bares con canillas de las que manan litros de vermú sobre vasos colmados de hielo. El formato podría entenderse como una réplica o una alternativa a la cerveza, pero también es el reflejo de una tendencia fuerte en España, donde la costumbre de la ronda de bares y tapas está arraigada, y las vermuterías viven un momento dulce. La propuesta, en general, es tan simple como una picada: elegir un vermú, un platito para picar solo o para compartir. ¿El horario? Tardecita, antes de cenar, tipo seis.
En nombre del picoteo.
Uno de los pioneros en el rubro fue el cocinero Leandro “Lele” Cristobal, quien abrió su vermutería en el porteño barrio de San Telmo en 2016, de la mano de Cinzano. Pero pronto aparecieron otras como La Fuerza, inaugurado este año en el barrio de Villa Crespo. La diferencia, en este caso, es que elaboran su propio vermú en Mendoza, con la asesoría de Sebastián Zuccardi, enólogo de la bodega que lleva su apellido. El rojo, a base de malbec. El blanco, de torrontés. Dos canillas para elegir, beber y picar.

“Servimos comida inspirada en los bodegones y cafetines con la mejor calidad posible. Sabores reconocibles para la gente, como buñuelos, tortilla, milanesas. Nos gusta la idea de que los platos vayan al medio para picotear y compartir”, explica Martín Auzmendi, uno de los socios del proyecto. “Es un concepto fácil de entender –resume–. No es el formato desatendido de una cervecería porque tenemos mozos; pero como la gente quiere un servicio rápido, y nosotros buscamos que sea lo más ágil posible, es el propio cliente quien prepara la comanda, marcando en un papel qué va a pedir”.

El mar rosso y bianco también salpica las barras de alta gama. Por caso, Pony Line, el bar del hotel cinco estrellas Four Seasons, inauguró en marzo sus canillas de vermú; que no es tirado, como en el caso de La Fuerza. Tienen botellas en dispensers conectadas con una manguera que, a través de un sistema de inyección de gas, evita que el líquido entre en contacto con el oxígeno y se degrade. En este caso, los productos son italianos y españoles, más dos versiones (una joven y una añeja) de la marca patagónica Único Vermouth, blend de chardonnay y cabernet franc. “Tenemos un público joven y moderno”, describe su head bartender Pedro Giustinan. “Lo servimos solo o en tragos –sobre todo el Negroni– con tablas de quesos y fiambres”.

El vermú se sirve a la hora del aperitivo. Pero el aperitivo no es necesariamente un vermú. El juego de palabras sirve para explicar el ABC de este ritual argentino heredado de los inmigrantes que llegaron de Italia y España.

El vermú debe contener al menos un 75% de vino “de uva blanca, como el moscato, que sea fácil de fortificar”, según explica Gustavo Vocke, brand ambassador de Martini y de Gancia, marca que entra en otra categoría: al tener menos del 75 % de vino, se lo considera un aperitivo, más específicamente un americano. Entonces, habrá que diferenciar el aperitivo como momento de consumo del aperitivo como estilo de bebida.

“El momento es funcional –explica Vocke–. Son bebidas con gran presencia de cítricos y de hierbas, que preparan el paladar para el siguiente paso. Es un ritual. Una tradición que viene de nuestros abuelos y estamos tratando de que no desaparezca”.

Lo cierto es que en los años 50 y 60, cuando la cerveza no tenía el volumen ni la variedad que tiene ahora y el vino cumplía otra finalidad, el vermú era una fija inamovible a la hora del aperitivo: se llegó a consumir un promedio de 2,5 litros anuales per cápita, según datos que tiene Gastón Basso, gerente de marketing de Cinzano, una marca históricamente asociada a la picada, que en aquella época despachaba 40 millones de litros anuales, un número que luego bajó considerablemente con el paso del tiempo, si bien repuntó en los últimos diez años.

La esperanza del “neobodegón” Basso cuenta que Cinzano jamás se despegó del concepto de la picada, aunque fue, sin dudas, a lo largo de la última década que apuntaló el revival. En esa búsqueda, comenzaron a trabajar con el cocinero Lele Cristóbal que, además de tener su vermutería, creó para la marca una línea de conservas. También apoya fuertemente lugares como La Esperanza de los Ascurra, que algunos denominan un “neo bodegón”.

Desde que abrió en 2011, en Buenos Aires, La Esperanza busca reposicionar el vermú en un mapa de cervecerías y after office. Su propietario, Martín Beraldi, es diseñador gráfico y llegó a la idea a partir de su atracción por la imagen del concepto. Hoy cuenta con cuatro locales, donde se sirven tapas y raciones de especialidades rioplatenses en un ambiente que remite a los cafetines de antaño en clave moderna: hay obras de arte y buena música. No todo tiene que ser tango y sifones viejos.

¿Aperitivo, vermú o americano?
El vermú debe contener al menos un 75 % de vino “de uva blanca, como el moscato, que sea fácil de fortificar”, según explica Gustavo Vocke, brand ambassador de Martini y de Gancia, marca que entra en otra categoría, ya que al tener menos del 75 % de vino, se lo considera un aperitivo, más específicamente un americano.

Vinos argentinos: gran línea de largada
Las bodegas mendocinas, salteñas y patagónicas aportan las mejores materias primas para la vermutería artesanal.

Uno de los aspectos más interesantes del fenómeno del vermú es que, para elaborar esta bebida, se parte de una materia prima como el vino, que en la Argentina es de la mejor calidad y cuenta con amplia variedad. A esto debemos sumarle el sabor de las especias, que “expresan” un terroir, como sucede con los vinos, Todo esto, por suerte, favorece la llegada de marcas artesanales. La vermutería La Fuerza, una de las pioneras, elabora sus productos en Mendoza a base de vinos de uvas malbec y torrontés, y los infusiona con hierbas como la artemisia, el cedrón, la angélica, la genciana, la salvia, el sauco y las cáscaras de naranja y pomelo, entre otros ingredientes.

Único Vermouth, por su parte, es el primer vermú de origen patagónico y utiliza vinos chardonnay y cabernet Franc rionegrinos, a los que se suma el aroma de la pimienta rosa y el indisimulable lúpulo. Elaboran dos versiones, una joven y otra añejada. Pero no son los únicos casos. Lunfa, por ejemplo, es un vermú salteño -tipo Torino- a base de vino torrontés y un mix de veinticinco botánicos (vainilla, manzanilla, rosas, boldo y genciana, entre otros), con un excelente balance entre dulces y amargos.

Salame, el rey de la picada.
El célebre embutido argentino se reinventa, de la mano de Pietro Sorba, con versiones picantes y perfumadas que rescatan los sabores de la vieja Italia.

Tras el denominado “boom gourmet” de los años 90, con chefs mediáticos, restaurantes de autor y platos foráneos como el sushi ganando terreno, la gastronomía postcrisis buscó un rescate de viejas costumbres. Cafecitos con vajilla “de la abuela”, parrillas que recreaban clubes de barrio y un regreso al bodegón. En ese contexto, la picada y el vermú encontraron su momento de volver al ruedo en clave contemporánea.

“La picada triunfa por practicidad, como la pizza o la empanada. Tenés variedad de sabores en un espacio muy chico y alimentás a diez tipos alrededor de una mesa sin usar cubiertos”, describe Mariano Frías, gerente de Marketing de Cagnoli, en Tandil, marca que vende un millón de salames por mes.

El salame es el ícono de toda picada que se precie y (como el de Mercedes o el de Colonia Caroya) el tandilense es sinónimo de su ciudad, a tal punto que el Salame Tandilero es el primer producto agroindustrial argentino en recibir un certificado de Denominación de Origen Controlada; es decir, que no puede llamarse de esa forma a ningún salame que no haya sido elaborado in situ con determinados procesos y materias primas.

“Son productos que remiten a la tradición italiana”, explica Pietro Sorba, el periodista gastronómico genovés que el año pasado lanzó su propia línea de embutidos artesanales elaborados por Pueblo Escondido (un pequeño productor de Cañuelas, en las afueras de la provincia de Buenos Aires). “Me daba curiosidad poder reproducirlos con materia prima argentina”.

Así, aparecen en el mapa cosas poco vistas en las picadas vernáculas como la finocchiona, un salame toscano muy perfumado por estar condimentado con finocchio (hinojo); y la nduga calabresa, un embutido picante que se derrite con el calor del pan y se unta. “Recuerda a la sobrasada mallorquina, una delicia”, acota. Por ahora, Línea Italiana Pietro Sorba consta de una decena de productos que se consiguen en Uribelarrea, un pintoresco pueblo de aires coloniales al sur de Buenos Aires.

Fuente de información: http://rumbos.viapais.com.ar/

martes, 24 de abril de 2018

¿Por qué motivos el vino es considerado un alimento?

¿Por qué motivos el vino es considerado un alimento?

En muchas legislaciones y reglamentaciones del mundo, como por ejemplo la de España, el vino es considerado un alimento a raíz de la gran cantidad de propiedades que posee. En esta nota, describimos las causas que lo enmarcan hasta como “uno de los más saludables que existen”.

La Corporación Vitivinícola Argentina entiende al vino “sobre la base del alimento, del consumo responsable, del consumo en los momentos donde hay un disfrute familiar, pero además bajo la premisa que el trabajo de miles de productores sostiene cada brindis”, desde que el 3 de julio del año 2013 bajo la ley 26.870 se promulgó al vino argentino como “Bebida Nacional”, con el objetivo de “difundir las características culturales que implique la producción, elaboración y consumo del vino argentino y sus tradiciones”.
Por su parte, la ley 13.864 del año 2003 en España, deja afirmaciones como “el vino y la viña son inseparables de nuestra cultura. Desde que el hombre deja testimonios gráficos para la historia, aparece en escena con una jarra de vino en la mano: en las pinturas egipcias, en las ánforas griegas, en los mosaicos romanos.” Además dice que “el vino es el alimento natural obtenido exclusivamente por fermentación alcohólica, total o parcial, de uva fresca, estrujada o no, o de mosto de uva”.
Así como también “recomendar el consumo moderado y responsable del vino / informar y difundir los beneficios del vino como alimento dentro de la dieta mediterránea / fomentar el desarrollo sostenible del cultivo de la vid, favoreciendo el respeto del medio ambiente, así como la fijación de la población en el medio rural / destacar los aspectos históricos, tradicionales y culturales de los vinos españoles; en particular, las peculiaridades específicas de suelo y clima que influyen en ellos”…entre otros.
El vino es cultura, por supuesto. Y también un alimento. Cabe aclarar, sin caer en el riesgo de subestimar al lector, que cualquier alimento, utilizado en forma inadecuada, es peligroso. Por ejemplo, a casi nadie se le ocurriría comerse cinco huevos fritos, ya que el resultado puede ser nefasto…y estamos hablando de un simple huevo. Así tampoco, pocas personas osarían comerse un kilo de chocolate todo junto, por las mismas razones.
Entonces, hechas estas aclaraciones (esperemos que innecesarias), podemos recordar que tanto el vino como el aceite de oliva, son pilares de la llamada “dieta mediterránea”, además el vino, es un producto muy complejo pero totalmente natural, resultante de la fermentación completa o parcial de la uva o del mosto de uva, y no se obtiene a través de procesos químicos ni con una hornalla prendida (como otras bebidas).
En los vinos hay sales y minerales, en el orden de 2 a 4 gramos por litro de estas sustancias que, fundamentalmente, potencian otros sabores (tal y como la sal en la comida). Algunas de ellas vienen de la materia prima y otras se generan luego, durante la transformación del jugo de uva en vino, y son: cloruros, fosfatos, lactatos, sulfatos, malatos, sulfitos, silicio, bromo, yodo, flúor, tartratos, potasio, hierro, magnesio, calcio, sodio, zinc, entre otros.
También se encuentran vitaminas, en cantidades pequeñas, muchas de ellas indispensables para la vida, conocidas como B1, B2, B3, B5, B6, B7, B8, B9, B12 Y C. Además, los denominados “Estilbenos”, que se hallan en la semilla y el hollejo de la uva y tienen un rol importante en la resistencia de las bayas a los ataques de hongos. Se les atribuye un notable poder antioxidante. No tienen relevancia a nivel sensorial. Dentro de esta familia se encuentra el resveratrol, centro de las miradas y estudios científicos por sus beneficios para la salud humana.
A principios de la década de 1990 la Organización Mundial de la Salud realizó un experimento en forma conjunta en América del Norte y Europa, puntualmente en Estados Unidos y Francia. Se estudiaron dos grupos de personas, uno de cada país, compuestos de forma muy similar en edad, sexo, profesión y nivel cultural. Lo que se intentaba detectar era la razón por la cual los franceses tenían una tasa tan baja de mortalidad por accidentes cardiovasculares en comparación al resto del mundo, más aún teniendo en cuenta las grasas y salsas saturadas que incluye su dieta.
Los resultados dieron como responsables de ese fenómeno el consumo de pescado, aceite de oliva, y fundamentalmente vino tinto. Este estudio se conoció con el nombre de "paradoja francesa", y a partir de él se desató una carrera científica para establecer puntualmente que compuesto del vino era el causante de exactamente qué beneficios. Y la atención comenzó a centrarse en una molécula que había sido descubierta y aislada por primera vez en 1940: el Resveratrol.
Dicha molécula es una fitoalexina, y forma parte de los famosos polifenoles del vino tinto, que son un grupo de sustancias químicas que se producen naturalmente en los hollejos de las uvas y luego son transferidas al vino en el proceso de la maceración, donde dentro de los tanques o cubas de fermentación los compuestos sólidos de las uvas (hollejos, semillas, rospones) se encuentran en contacto con el líquido resultante de la pulpa de éste fruto, produciéndose la cesión de compuestos.
Entre los prestigiosos centros que se dedicaron a estudiar este fenómeno se encuentran ejemplos de tamaña magnitud como la Escuela de Medicina de la Universidad de California, la New York University, la Facultad de Medicina de Harvard, el Instituto de Tecnología de Massachusetts, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid y la Universidad John Hopkins, por citar algunos.
Como suele suceder en estos casos, la investigación fue de menor a mayor en cuanto al tamaño de organismos vivos: se comenzó con levaduras y gusanos, luego moscas, peces, ratones, cerdos, y finalmente humanos. En todos los casos se tomaba un muestreo de dos grupos, uno de los cuales era sometido a la acción del Resveratrol en dosis variables y el otro era mantenido en su estado de vida natural. Y los resultados fueron (y siguen siendo) sorprendentes, superando toda predicción.
Se descubrió que el Resveratrol es un poderoso antioxidante, de los más fuertes hasta ahora conocidos, ya que posee una alta capacidad de inhibir los radicales libres, impidiendo el envejecimiento de las células, por lo tanto mejorando y alargando la vida. En los seres vivos antes citados los efectos fueron categóricos, incluyendo a los humanos. Pero se debe recalcar que teniendo apenas un par de décadas de fuerte investigación, aún no existen las conclusiones tangibles sobre su efecto en el largo plazo. Pero los resultados obtenidos hasta ahora son muy prometedores.
Las fuentes científicas citadas aseguran que el Resveratrol impide o reduce ampliamente los riesgos de infarto, cáncer de todo tipo, Alzheimer, diabetes, artritis, colesterol malo, adición plaquetaria en arterias, muerte prematura, cólico intestinal y hasta acné. Por otra parte favorece el aumento de colesterol bueno (HDL), protege las células, prolonga la vida, rejuvenece órganos, otorga resistencia, y mantiene con la misma vitalidad a individuos que pertenecen a grupos de riesgo de salud, como a los que no.
Por Diego Di Giacomo.

martes, 20 de marzo de 2018

El ¿regreso? del vino con soda Beber vino rebajado con soda es una costumbre típicamente argentina, que data de hace decenas y decenas de años. Hoy en día, por diversos motivos, parece estar nuevamente de moda. La pregunta es: ¿alguna vez dejó de estarlo?

Las imparables caídas en el consumo del vino en Argentina (al igual que en otros países como España), hacen repensar la estrategia (negativa, sin dudas) que se utilizó y se utiliza para comunicar el vino desde algunos sectores. Esa entronización de este producto tan masivo y noble, tuvo su apogeo entre las décadas de 1990 y 2000. Allí, hubo una expansión gigantesca de bodegas pasando, en el caso de Argentina, de algunas decenas de ellas a más de mil establecimientos elaboradores.
También, se desarrollaron y potenciaron las carreras de sommelier, aparecieron los “entendidos” y las revistas especializadas, junto con las reuniones en los salones de hoteles de lujo donde el más “capo” era aquel que encontraba más olor a frutos rojos en un vino. Paralelamente, el vino pasó a ser una de las principales fuentes de ingreso de casi cualquier restaurante, a raíz del margen de ganancia por botella. ¿Está mal que haya sucedido esto?
No…para nada…¿por qué habría de estarlo? Lo que sí está pésimo, es haberse olvidado de aquella persona que sostiene el negocio vitivinícola, esa persona que bebe el vino en su casa, con su familia, en la cena, en el mediodía (costumbre casi del pasado), que lo bebía puro, con soda, con hielo, o como se le antojase. Ese consumidor, quedó un tanto al margen de los vinos que salían en las contratapas de las revistas, o en los carteles de las autopistas.
Y ese error, se ve reflejado ahora, y se está viendo reflejado desde hace varios años. No se le explicó al consumidor que si no encontraba los frutos rojos, estaba todo bien igual. No se le explicó de qué se trata el vino realmente, y no se le explicó, que en realidad no necesita explicación para disfrutarlo. Entonces la gente “se asustó”, y tuvo nacimiento la lamentable frase “yo no entiendo nada de vino, tomemos otra cosa”.
Mire Usted lo siguiente: el vino es una bebida tremendamente versátil, ya que, como decíamos, puede ser bebido de diferentes formas, acorde a los gustos de quien lo consume. Eso no sucede con otras bebidas. No sucede con la que pasó a ser, en teoría, la principal competidora del vino: la cerveza. Entonces, debe entenderse que un gran vino, bebido puro, podrá demostrarnos en plenitud sus atributos, ya que la bodega no lo diseña para ser rebajado.
Ahora bien, si hay personas que disfrutan más de ese vino rebajándolo con soda, agua o hielo, ¿cuál es el problema? Absolutamente ninguno. De hecho, es una costumbre que nunca pasó, lo que sucede es que al consumidor le da “vergüenza” decir que toma el vino con soda, porque sería casi como una herejía. Por eso el título de la presente columna plantea entre signos de interrogación la palabra “regreso”, considerando que es algo que siempre estuvo.
Es importante saber convivir, ser empático, abarcativo, y comprensivo. Pueden coexistir dentro del mundo del vino, perfectamente, aquellos que prefieren el vino puro, junto con los que lo beben con soda, con los que los prefieren blancos, tintos, o de contratapa de revista. Las preferencias de unos, no tienen porqué atentar contra las de los otros, más aún considerando, una vez más, las variadas posibilidades de consumo que brinda esta bebida (nuestra Bebida Nacional).
Muchas personas tal vez no saben, que lo que sostiene la industria, la base de la pirámide, son los vinos denominados “corrientes” o más “comunes”, si cabe el término. Lo que sostiene a la industria no es el vino de 30 dólares la botella (por poner un valor que nuestros lectores de otros países puedan comprender fácilmente). Por eso, nuevamente, se debe tener cuidado en no desatender ningún sector de “clientes” del vino, para intentar revertir poco a poco la tendencia en la merma del consumo.
Pero atención, todo en su punto medio y en su justa medida, no se trata tampoco de que ahora haya que tomar vino con soda, y no puro, ni tampoco de echar por tierra los vinos de alta gama. Repetimos, como tantas veces lo hicimos: todo puede convivir. Centremos la atención en educar, en enseñar sobre el vino, en una forma bien entendida, en el mejor sentido de la palabra, para poder transmitir de la forma más clara la cultura del vino.
Para finalizar, citamos unos párrafos de una columna que publicamos en el año 2014, hablando del vino “Carlón”, para explicar el origen de la costumbre de rebajar el vino:
“Una de las leyes de la corona española del siglo XVI, citaba que se prohibía el cultivo de la vid en sus colonias americanas, por lo tanto el vino debía ser importado desde España. Con esta premisa, los funcionarios y los altos estratos sociales, se aseguraban la provisión de los vinos finos de la denominación española de La Rioja, de alta calidad. En tanto que, en lo que respecta al resto de la población, debía conformarse con productos más económicos provenientes de Benicarló.
Benicarló es una localidad costera de la provincia de Castellón de la Plana, en la región de Valencia, al Este de España. Allí se elaboraba un vino al que se le agregaba durante su vinificación mosto concentrado cocido, al mejor estilo romano, para preservarlo mejor durante más tiempo. La uva principal con la que se hacía este vino era la Garnacha, junto con la Garnacha Tintorera. Uvas de alto rendimiento en el viñedo, con una carga importante de color y taninos.
Estas cepas, junto con el modo particular de vinificación adoptado, daban como resultado un producto “pesado” en la boca, de gran cuerpo, denso, de unos 15 a 16 grados de alcohol, sabroso, de color intenso azulado oscuro, con una potencia aromática fuerte y persistente. Y justamente por las cualidades descriptas, se hacía un poco difícil beberlo puro, así, directamente del vaso (porque no se piense Usted que se tomaba en copas).
Entonces comenzó la folklórica costumbre argentina de rebajarlo o mezclarlo con agua, hielo, y posteriormente soda. Era la única forma de poder beber los vinos provenientes de Benicarló, que para resumir su nombre los pobladores de aquel entonces los llamaban Carló, lo que finalmente terminó deviniendo en el término Carlón. Desde mediados de los años 1500, hasta principios de 1900, fue un producto tremendamente popular.
Durante esa gran cantidad de años, moldeó y modeló el paladar del consumidor local, e instauró costumbres que aún persisten. No faltaba en ninguna casa del país, en ninguna pulpería, ni en ninguna pizzería (cada escenario acorde a su época).”
Por Diego Di Giacomo.

domingo, 18 de febrero de 2018

Mi aporte al vino con soda Por Eduardo Olivera Scotti.

En Argentina durante muchos años, el vino con soda ha sido la bebida emblemática y siempre sostuve el hecho de que debemos respetar a dicho consumidor.
Además solicitado en bares y reuniones familiares, con pintorescos términos populares: “¡Preparame un Tobianito!” (mezcla de vino blanco, tinto y soda) o ¡Un Rifle! (mezcla de vino con gaseosa cola).
Como Enólogo y propietario de una marca, lo veo siempre como una potencial oportunidad. Es inútil querer cambiar hábitos basados en aspectos culturales y sociológicos, por lo que no creo que sea una ignorancia tomar vino con soda.
Vivimos de esto y debemos ser creativos para que el VINO sea el protagonista en todas sus versiones. Elaborando en Argentina, los mejores VINOS en Tetra y los mejores VINOS de Alta Gama.
Enólogos, Gerentes de MKT, Sommeliers y formadores de opinión debemos inducir al consumidor de manera NO excluyente, para que cuando estemos frente a un vino se nos haga agua la boca y NO un problema a resolver.
Hay que inventar MÁS excusas para tomar MÁS VINO como cada uno elija. Para la Sed, VINO con soda, gaseosa y/o hielo. Para momentos de placer, el mejor VINO posible que cada uno pueda pagar. Y estar abierto a escuchar recomendaciones de como disfrutarlo mejor…
Eduardo O. Scotti (44) Enólogo y Director en Scotti Wines. Enólogo con gran perfil hacia al marketing. Apasionado, innovador y soñador.
Como profesional ha acumulado experiencia en diferentes bodegas, tanto en el área enológica y productiva, como comercial y de marketing. Destacándose su última labor en Bodegas Norton. Luego de 10 años decide emprender su propio proyecto que hoy cuenta con un completo porftolio de siete vinos.
Además es profesor de distintas cátedras y cursos relacionados a la industria, el negocio y el marketing del vino.