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jueves, 11 de junio de 2026

5 razones para el desarrollo del vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.


5 razones para el desarrollo del vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

El futuro del vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
Las cinco razones que brindan optimismo a sus protagonistas.

Factores favorables como la disponibilidad de agua, el clima, la positiva incidencia del cambio climático, la existencia de infraestructura y tradición vitivinícola, hacen pensar que la zona del Alto Valle de Río Negro y Neuquén puede volver a ser atractiva para el desarrollo de la vitivinicultura Argentina en los próximos años.

1. El agua.

A diferencia de lo que sucede en la mayor parte de las regiones andinas, este valle no se encuentra pegado a la cordillera recibiendo el recurso del agua limitado a las cuencas cercanas de los mismos. El Alto Valle se encuentra alejado tantos kilómetros que las imponentes montañas ni siquiera llegan a verse. Podría decirse que se encuentra por completo metido en la estepa patagónica. Sin embargo ha sido bendecido por el cruce de uno de los ríos más caudalosos de la Patagonia.

Se trata del Río Negro, formado por la confluencia de los Ríos Neuquén y Limay, los cuales a su vez son formados por el aporte de otros varios ríos y arroyos que descienden desde un nutrido grupo de lugares de la cordillera sur, siendo colectores de abundante agua de las zonas de deshielo proveniente de latitudes más extremas y, por lo tanto, donde la cantidad de nieve en la cordillera es superior a las zonas ubicadas mas al norte.

En relación a este tema, la otra ventaja no ha sido natural sino creada por el hombre: el caudal de estos ríos solía ser muy variable pero gracias a la construcción de una serie de represas con el objetivo de generar energía hidroeléctrica, se ha logrado regular el caudal y evitar las consecuencias indeseadas de las inundaciones que antiguamente se producían, regularizando la disponibilidad de agua para riego a lo largo del año de acuerdo a las reales necesidades. Por ello, la disponibilidad de agua que azota e impide el desarrollo de otras regiones vitivinícolas no es un problema acentuado en esta zona, donde incluso algunas bodegas se dan el "lujo" de defenderse de las heladas con riego por aspersión.

La calidad del agua también es destacada por los protagonistas, un agua de origen mineral que aporta todos los nutrientes y sales de que los suelos desérticos de la zona carecen.

2. El clima.

Esta zona se caracteriza por tener vientos fuertes que producen sequedad en el ambiente, lo cual evita la aparición de enfermedades criptogámicas. Debido al clima frío de la región, las uvas y mostos presentan características diferentes de las zonas andinas, mayor contenido de acidez y regular tenor azucarino.

Los días son templados y luminosos y las noches frescas, con una apreciable amplitud térmica. Las bajas temperaturas permiten que las uvas maduren conservando la acidez natural, factor clave para los vinos finos y que favorece a variedades como el Merlot y Pinot Noir, que en esta región se destacan.

Una de las razones más escuchadas que dan los protagonistas de la viticultura de la zona es la sanidad del clima. La muy baja presencia de precipitaciones es coincidente con las que ocurren en otros lugares del corredor corredor vitícola andino, pero en esta zona esa falta de humedad tiene un agregado, se trata de los vientos que atraviesan el valle en forma permanente.

En principio esto podría ser una desventaja, dado que cuando los mismos son muy fuertes pueden dañar a los viñedos, sin embargo nuevamente la mano del hombre aprendió a domesticarlos a través de la plantación de elementos arbóreos, principalmente álamos, formando cuadros de plantaciones que se encuentran protegidas por los mismos.

Alamedas.

De esta manera no se evita el efecto de los vientos pero se lo limita a la parte beneficiosa: el secado rápido de la humedad de las lluvias cuando estas son intensas con la consecuente falta de hongos y prevención de enfermedades en los viñedos. Hans Vinding Diers de Bodega Noemía define al clima como "placido y armonioso". Además, esta condición favorece la posibilidad de elaborar vinos orgánicos, sin uso de agroquímicos en el cultivo de vid, la categoría de vinos de mayor crecimiento en el mundo.

3. El cambio climático.

Las heladas tardías y tempranas, que perjudican especialmente a las variedades de ciclo vegetativo largo, pueden ser combatidas con prevención pasiva y activa y la región cuenta con buena disponibilidad de agua para realizar riego por manto o aspersión ayudando a la defensa de heladas.

Pero ahora se suma que el calentamiento global, generado por el cambio climático mundial, en términos generales favorece a la región principalmente por la disminución de la frecuencia e intensidad de las heladas, que son el principal factor limitante para el cultivo de la vid. 

4. Infraestructura y tradición vitícola.

Si bien la trayectoria vitivinícola de la región no es comparable a la de Cuyo, la zona cuenta con amplia disponibilidad de mano de obra acostumbrada a las tareas rurales. El crecimiento demográfico en la zona ha sido muy importante en los últimos años, en especial en la ciudad de Neuquén, debido a la potencia de la industria petrolera lo cual asimismo ha generado un desarrollo industrial y comercial y mayor disponibilidad de insumos de todo tipo para la zona, algo que hace 50 años no existía y fue una limitante para la implantación de grandes grupos Vitivinícolas (con el ejemplo de Chandon, que pese a haber elegido esta zona en primer lugar, terminó radicándose en Mendoza).

Historia.

La zona posee además varias instituciones y universidades relacionadas a la viticultura que pueden dar apoyo técnico, como delegaciones locales del INTI y del INTA, el Centro PyME-ADENEU, el Centro de Desarrollo Vitícola Patagonia Norte (CDV), el Centro de Formación Profesional Agropecuario N°2 y las Universidades del Comahue y de Rio Negro, con carreras terciarias y universitarias en enología y agronomía.

Por otra parte, la región contó en el pasado con un fuerte desarrollo vitícola, que fue incluso 10 veces superior al actual, lo cual no deja de ser una ventaja a la hora de conocer el comportamiento de las distintas cepas en este suelo y clima, recuperar viñedos y material genético y hasta instalaciones físicas de las viejas bodegas abandonadas.

Los números lo demuestran: entre 1920 y 1960 la región llegó a tener 160 bodegas que elaboraban vinos de calidad y hasta 18.000 hectáreas plantadas. Pero, vencidos los pequeños productores por el modelo de volumen y baja calidad que reinó a partir de los años 60, Río Negro fue la región vitivinícola que mayor descenso en superficie plantada sufrió en la Argentina, pasando actualmente al séptimo lugar entre las provincias; con una reducción a 1.659 ha según datos del INV (datos que incluyen las viñas el Valle Medio del Río Negro y el Alto Valle y Valle Medio del Río Colorado) y hoy cuenta apenas con 31 bodegas inscriptas, de las cuales solo 24 son elaboradoras.

Variedades.

Un punto cualitativo a destacar es que Río Negro registra una diversidad de variedades mayor al resto de las provincias vitícolas del país, son 38 variedades las que concentran el 98% del total y los viejos agricultores conocen perfectamente cuáles eran las que mejor se adaptan, incluso algunos de los productores actuales aprovechan la calidad de esos viejos viñedos para obtener productos de primer nivel y reconocidos internacionalmente.


5. Inversiones.

Quizá la principal razón por la cual la viticultura en esa región no solo no creció, sino que se redujo, haya sido lo desfavorable del contexto económico para la actividad, en la que la competencia contra otras producciones (peras y manzanas) y regiones que fueron designadas como "especialistas para la vid" como la región cuyana, hayan derivado las decisiones de inversión fuera del Alto Valle de Río Negro, con la excepción de lo sucedido en el particular desarrollo en la zona de San Patricio de Chañar que contó con un fuerte impulso brindado por la provincia de Neuquén.

Actualmente, la suma de las condiciones antes enunciadas podría ser el origen de un incipiente cambio de tendencia. Al ya concretado interés de pequeños productores para la elaboración de vinos de alta gama, se sumó recientemente la llegada del Grupo Peñaflor (que es uno de los grupos vitícolas más importantes del mundo) con la adquisición de Bodega Patritti en Neuquén. Catena Zapata hizo lo propio hace algunos años en la zona cercana de Casa de Piedra, en La Pampa. Esto ha generado cierta esperanza entre los que luchan por esta causa. Según apuntó Graciela Viola (Bodega Malma) «es un espaldarazo importante que un grupo de esa magnitud se interese por la Patagonia».

En nuestra opinión está todo dado para que la viticultura continúe creciendo y recuperando espacio: los vinos de alta gama ya alcanzan niveles de calidad muy altos (han habido casos de 100 puntos Parker o ganadores de concursos internacionales), la región es claramente apta para sobresalientes Pinot Noir, Merlot, Malbec y espumantes y en las líneas de precios medios los vinos no fallan.

Neuquén posee espacio suficiente aún para recibir bodegas y plantar grandes superficies (hay aun muchas hectáreas incultas en la zona) y en Río Negro la apuesta va más hacia la recuperación de viñedos antiguos o de su material genético, para realizar nuevas plantaciones en sectores lejanos a los que están sometidos a la presión inmobiliaria de los centros urbanizados. En ambos casos aplica la suma de los factores favorables enunciados. Esperemos que la realidad de la siempre agitada economía argentina lo permita.

Lee también El vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén

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https://angelyvino.blogspot.com/2021/10/5-razones-para-el-desarrollo-del-vino.html

Publicado en Ángel y vino.

El ángel del vino. Blog de vinosVino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

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viernes, 20 de marzo de 2026

Murió Michel Rolland, el reconocido enólogo que revolucionó el vino argentino y puso al Malbec en el mapa mundial.

 


Murió , el reconocido enólogo que revolucionó el vino argentino y puso al Malbec en el mapa mundial.

Dejó una huella profunda con su visión innovadora en el trabajo de bodegas, elevando la calidad y el prestigio de la vitivinicultura nacional.

Michel Rolland murió en la noche del jueves en Burdeos. Tenía 78 años y falleció tras sufrir un infarto en la ciudad francesa donde había estudiado enología décadas atrás.

El francés cambió para siempre la forma de hacer y pensar el vino en el mundo. Su partida marca el final de una era en la vitivinicultura global.

Michel Rolland murió en la noche del jueves en Burdeos. Tenía 78 años y falleció tras sufrir un infarto en la ciudad francesa donde había estudiado enología décadas atrás.

El francés cambió para siempre la forma de hacer y pensar el vino en el mundo. Su partida marca el final de una era en la vitivinicultura global.

Se formó en el Instituto de Enología de Burdeos. Junto a su esposa Dany fundó un laboratorio de análisis que se transformó en el punto de partida de una consultora internacional.

Desde los años 80, su nombre empezó a sonar fuerte en los principales mercados. Su figura se consolidó como la de un asesor global, requerido en regiones tan diversas como California, Armenia y Mendoza.

Rolland había "inventado" una profesión: la de flying winemaker o enólogo itinerante. Un experto que viaja a los viñedos para asesorar a los productores en la elaboración de los mejores vinos.

Se convirtió en una referencia obligada para bodegas de todo el planeta. Según él mismo reveló, asesoró a más de 300 bodegas en 22 países. Su mirada innovadora y su capacidad para anticipar tendencias lo pusieron en el centro de la escena.

En Francia se lo conoce por haber sido el primero en recibir a Robert Parker en su viñedo a principios de la década de 1980. El famoso crítico estadounidense marcaría el rumbo de la industria durante años.

"En la vida, se necesitan tres cosas para triunfar: primero, trabajar duro, algo que solemos olvidar hoy en día. Segundo, cuando se trabaja en un sector que requiere cierta destreza, se necesita talento… Y tercero, también un poco de suerte", dijo en una entrevista con el podcast Les 4 saisons du vin.

Rolland solía comparar su trabajo con el de un "coach" que guía al resto del equipo de la bodega. Aunque al momento de hacer un vino reconocía que "el terroir es el factor número uno, lo que te va a definir el vino".

Un estilo que dividió aguas en la industria mundial.

Rolland fue uno de los grandes impulsores de un estilo de vinos más estructurados. Buscaba intensidad y gran volumen en boca.

Esta tendencia encontró respaldo en críticos influyentes como Parker y ayudó a instalar nuevos parámetros de evaluación que trascendieron Europa y se replicaron en distintos continentes.

Sin embargo, su influencia no estuvo exenta de controversias. Parte de la crítica lo acusó de favorecer una cierta uniformidad en los vinos.

Le reprochaban priorizar perfiles más comerciales y dejar de lado la expresión de los terruños. A pesar de los cuestionamientos, su trabajo acompañó —y muchas veces anticipó— la transformación de la industria en un negocio global.

Él mismo negó tener un estilo propio: "No existe un estilo Rolland. Reto a cualquiera a identificar vinos Derenoncourt, Boissenot o Rolland en una cata a ciegas… Reto a cualquiera. Incluso estoy dispuesto a organizar la cata yo mismo, si fuera necesario", desafió al citar a otros consultores famosos.

Argentina, el país donde eligió disfrutar del vino.

Además de su actividad como consultor, Rolland mantuvo proyectos propios como productor. Fue uno de los primeros enólogos internacionales en poner los ojos en Argentina.

En el país fue uno de los socios fundadores de la bodega mendocina Clos de los Siete, de 850 hectáreas. También creó la bodega Rolland en Vista Flores.

Tenía un restaurante recomendado por la guía Michelin en Puerto Madero: el Michel Rolland Grill & Wine. Sus proyectos en el país reflejaban un compromiso que iba más allá de lo profesional.

Rolland pisó por primera vez Argentina en 1988. Lo había convocado Arnaldo Etchart en Cafayate, lo que definió como "una aventura" y el principio de una historia de amor.

Al país le encontró "gente encantadora" y "un potencial enorme". Durante décadas asesoró bodegas locales de norte a sur, de Salta a Neuquén.

"Hice vinos en 22 países. Pero tengo tres países. Francia es el país para vivir, Estados Unidos para trabajar, y Argentina para disfrutar", dijo entre risas a Clarín. El hombre fue uno de los impulsores del Malbec argentino en el mundo.

"No apostar al Malbec es estar mal de la cabeza", dijo en una entrevista con El Cronista. Recalcaba que fue la cepa que colocó al vino argentino en el mapa mundial.

"Cuando llegué, la Argentina no tenía imagen como país productor de vinos, no tenía mercado, no tenía nada. Era un desierto en el mundo del vino. ¡No existía!", recordó.

Rolland afirmaba que "el vino va a ser el futuro de la Argentina" y que el país todavía tiene un margen de progresión enorme gracias a que "tiene varios suelos, muchas condiciones diferentes, mucha altura".

En su opinión, para lograr la excelencia hay que "tener en la cabeza que no hay límite". "Siempre preguntar qué podemos mejorar para llegar más arriba", sostuvo.

Además, en una entrevista con Radio Rivadavia recalcó que hoy en día "el vino de la Argentina puede competir con los mejores vinos del mundo". Aseguraba que el país estaba "dentro de los seis o siete países capaz de producir vinos de alta gama en el mundo".

Padre de dos hijas, deja una marca profunda en el universo del vino. Tanto por su alcance como por el debate que generó su visión.

Informacón: iProfesional.

https://www.iprofesional.com/vinos/450710-murio-michel-rolland-famoso-enologo-revoluciono-vino-argentino-impulsor-malbec-mundo

domingo, 17 de agosto de 2025

Vinos: qué historias se esconden detrás de los nombres de bodegas argentinas.

 

Vinos: qué historias se esconden detrás de los nombres de bodegas argentinas.

PUBLICADO EL 11/03/2021 por Equipo Vinos y Pasiones.

Por Juan Diego Wasilevsky.

Alguna vez te preguntaste por qué las bodegas argentinas se llaman como se llaman? En muchos casos, no hace falta indagar tanto, como sucede con un amplio abanico de proyectos bautizados con el apellido de la familia o el nombre completo del fundador, como es el caso de Bianchi, Goyenechea, Zuccardi, Humberto Canale, Susana Balbo Wines, Alfredo Roca o Etchart.

En otros casos, la zona en la que se emplaza la bodega termina imponiéndose en el nombre, como sucede con Costa & Pampa, la primera bodega de Chapadmalal, que cuenta con viñedos a escasos metros del mar. O con Casa de Uco, el proyecto emplazado en una de las zonas de mayor altitud de ese valle que le da su nombre.

Pero hay muchas bodegas cuyos nombres son un misterio para muchos de quienes disfrutan de sus vinos. Por eso en esta producción te invitamos a conocer las historias que hay detrás:

Bodegas Salentein.

Este establecimiento es uno de los pioneros del Valle de Uco y fue fundado en 1996 por el empresario holandés Myndert Pon. El nombre Salentein es el mismo que tiene una mansión y finca ubicada en la ciudad de Nijkerk, en el corazón de Holanda. La misma fue construida en el siglo XVIII y, según explicaron desde la bodega, en el año 1980 pasó a ser propiedad de la familia Pon.

«Cuando Myndert Pon llega a la argentina elige el nombre Salentein para darle nombre a la bodega que cambiaría para siempre la historia del Valle de Uco», indicaron.

¿Hubo algún otro nombre que hayan barajado? Frente a esta pregunta, desde la bodega plantearon: «Sí, Salentino, que surgía de la unión de Salentein y Argentino, pero resultó ser una marca de vinos italiana que estaba registrada en muchos países e imposibilitaba poder comercializarlos internacionalmente y eso disentía con la visión que siempre tuvo Myndert Pon de elaborar vinos de clase mundial en el Valle de Uco para exportarlos a la mayor cantidad de países del mundo».

Bodega Monteviejo.

Dentro de Clos de los Siete, el proyecto que llevó adelante Michel Rolland en Valle de Uco, se encuentra una de las bodegas más reconocidas de la Argentina: Monteviejo, que alumbra grandes vinos de clase mundial, de la mano del reconocido enólogo Marcelo Pelleriti.

Ahora bien, ¿por qué eligieron ese nombre? En diálogo con iProfesional, Pelleriti explicó que Catherine Père-Verge, dueña de la bodega, lo eligió porque el primer château que adquirió en Pomerol, Francia, allá por el año 1985, se llamaba Montviel, que en español significa, justamente, Monteviejo.

Bodega Doña Paula.

La bodega, que posee viñedos en Luján de Cuyo y en Valle de Uco es propiedad de Santa Rita Estates, perteneciente a su vez de Grupo Claro, de Chile.

Esto explica la razón del nombre: «Doña Paula se llama así, por Paula Jaraquemada, quien prestó refugio en su casa a 120 patriotas chilenos liderados por O´Higgins. Actualmente es donde se encuentra  el restaurante Doña Paula, dentro de la Bodega Santa Rita de Chile», explicaron desde el establecimiento, que inició sus operaciones en la Argentina en el año 1997.

Viña Las Perdices.

La bodega está ubicada en Agrelo, en el corazón de Luján de Cuyo y comenzó sus operaciones en el año 2004, mientras que los primeros vinos se empezaron a comercializar dos años más tarde.

La bodega hoy es liderada por el enólogo Juan Carlos Muñoz, pero fue el nombre lo eligió su padre: Juan Muñoz Lopez, quien llegó a la Argentina a comienzos de los años ’50 desde Andalucía para instalarse en Mendoza, donde comenzó a dedicarse al cultivo de la vid.

En cuanto a la razón del nombre, explicaron que cuando él llegó a estas tierras «se asombró de la cantidad de perdices que andaban por los alrededores. Un vecino del lugar le comentó que estas aves de hermosos plumajes eran viejas habitantes de la zona y que solían verse en grupos de tres. Con el correr de los días ellas se transformaron en simpáticas compañeras de sus largas jornadas de trabajo. Fue entonces que decidió nombrar su bodega Viña Las Perdices», indicaron.

Finca Quara.

Rodolfo Lavaque fue uno de los responsables de darle visibilidad a los vino del Norte Argentino en las góndolas del mundo. Y la necesidad de que los vinos tuvieran una fuerte identificación con el lugar de origen es lo que motivó la elección del nombre.

«Cuando se pensó en lanzar una línea de vinos bien representativa del norte, se buscó algún animal típico de la región. La quara, de la familia de los camélidos, como son las llamas o las alpacas, surgió como la mejor opción, en gran parte por sus características: es un animal fuerte, que utilizaban los habitantes originales de la zona, principalmente, para transportar cargas pesadas», explicó Ignacio Velasco, gerente de la bodega.

El directivo además explicó que, como requisito importante, el nombre tenía que estar disponible para registro tanto en el país como en otros mercados, pensando en el potencial exportador de los vinos de Cafayate, «y el tener muchas vocales también facilitaba su pronunciación en otros idiomas, otro factor que incidió en la decisión».

Bodega Amalaya.

La bodega de Cafayate, Salta, pertenece al Grupo Colomé y que fue creada por el suizo Donald Hess, quien adquirió Colomé en 1998.

Desde la bodega explicaron que «Amalaya fue la palabra que enamoró a Hess cuando compró su primera finca en Argentina, muy cerca de Payogasta, llamada ‘El Arenal'».

«Su espíritu y su perseverancia, fue lo que lo llevó a encontrar agua en una plantación sin uso, donde nadie había trabajado la tierra, ni siquiera los incas. Así se ganó el apodo del «el loco Hess», señalaron para luego rememorar que Hess «llevaba un péndulo colgado y le insistió a la empresa de perforaciones para que siguieran escavando, ya que había sentido las vibraciones».

«Al momento en que encontraron agua, la persona que estaba con Donald exclamó ‘¡Amalaya!’. Y así fue como, años más tarde, cuando Hess decide comenzar su nuevo proyecto en Cafayate y desarrollar una línea experimental de vinos basados en la variedad Malbec, homenajeó ese momento y lo bautizó con ese nombre», concluyeron.

Huentala Wines.

La bodega fue fundada en Gualtallary en el año 2002, de la mano del empresario Julio Camsen, dedicado a la actividad hotelera, financiera y vitivinícola.

Según detallaron, Huentala significa «Valle de Guanacos» en la lengua de los huarpes, la población originaria de la región en la que hoy se encuentra Mendoza.

Huentala, además, es el nombre del hotel propiedad de la familia Camsen, en la ciudad de Mendoza.

«Al dar sus primeros pasos en el negocio vitivinícola, decidieron hacerlo con el mismo nombre, rindiendo homenaje a la tierra mendocina, al terroir que da origen a los vinos«, indicaron.

Alta Vista.

La bodega fue fundada en 1998 por los franceses Patrick d’Aulan y Jean Michel Arcaute.

«Ellos tenían como misión principal buscar los mejores terroirs de Argentina y es ahí cuando descubren un lugar maravilloso: Vista Flores, en el Valle de Uco. Muy cerca, e incluso atravesando este lugar, es donde hoy se encuentran dos de nuestros principales terroirs: Temis, en El Cepillo y Albaneve, en Campo de los Andes», explicaron.

Fue entonces que el nombre de la zona los inspiró y «lo combinaron con lo imponente de la Cordillera de los Andes y la vista desde lo alto, a más de 1.100 msnm, altura a la que se encuentran ubicados nuestros viñedos».

El Porvenir de Cafayate.

La bodega se fundó en el 2000, mientras que la primera producción de vinos fue en el 2002, vinos que se lanzaron comercialmente dos años más tarde.

«El Porvenir era el nombre original de la antigua bodega. Cuando fue adquirida por la familia decidimos preservar ese nombre porque nos sentimos identificados con esto de tener la mirada puesta en el futuro, en las próximas generaciones», indicó Lucía Romero, su propietaria.

En un principio le agregaron «de Los Andes», porque –tal como agregó-, las etiquetas tenían –y tienen- la impronta Inca, parte de la influencia andina que se encuentra en Salta y querían resaltar eso.

«Luego nos dimos cuenta que lo que queríamos dar a conocer era nuestro terroir, nuestro lugar en el mundo:  Cafayate. Por eso hicimos un rebranding y mejoramos el diseño de las etiquetas y cambiamos el nombre», agregó.

Bodega Gauchezco. 

La bodega se fundó en el año 2007 en Mendoza por el estadounidense Eric Anesi, quien viajó a la Argentina para conocer más sobre los vinos argentinos.

«Siempre pensamos en ambos mercados, pero necesitábamos un nombre que rápidamente nos posicionara en el exterior. Así que queríamos un término que representara a Argentina y que cuando los consumidores vieran la etiqueta supieran de inmediato que se trataba de un vino argentino. Investigamos varios iconos nacionales y entre ellos el gaucho», indicaron.

Ahora, ¿por qué incluyeron la «z» cuando en realidad gauchesco se escribe con «s»? «Cuando comenzamos el proyecto, en el año 2007 adquirimos una finca en la zona de Barrancas, Maipú que fue fundada en 1881. Leyendo y estudiando la historia de la misma con biografía de la época, vimos escrito el término ‘gauchezco’, con ‘z’. Lo adoptamos y resultó hasta más atractivo», agregaron.

¿Hubo gente en estos años que les marcó esto último como un error involuntario? «Sí, algunos, pero la verdad es que ya se acostumbraron y cuando les contamos la historia refuerza la marca en ellos», concluyeron.

Trivento.

La bodega se fundó en 1996, en Mendoza y fue parte del plan de expansión del holding Viña Concha y Toro. Según explicaron desde la bodega, cuando Alfonso Larraín Santa María, presidente del holding, viajó a la Argentina, adquirió en la zona de Maipú, en Mendoza, una bodega de 2 millones de litros y una finca de 154 hectáreas, llamada «Los Vientos».

Cuando preguntó sobre la razón del nombre, el contaron sobre los tres famosos vientos que soplan sobre la árida tierra mendocina: Polar, Zonda y Sudestada. Esto motivó a los propietarios a bautizar a la bodega como «Trivento».

Pyros Wines.

Pyros Wines fue creada en 2008, cuando Myndert Pon, tras fundar Salentein, visitó por primera vez Pedernal, en San Juan, de la mano de Rodolfo Perinetti, quien también lo había llevado al Valle de Uco en 1996.

«Pon quedó impactado por la naturaleza salvaje y el potencial de este terruño para la producción de uvas de alta calidad enológica. Fue allí que imaginó dar vida a vinos de clase mundial que fueran el fiel reflejo de las características únicas y diferentes de este valle», indicaron.

El nombre de esta bodega, «hermana» de Salentein y Callia, está vinculado con el terroir. «El suelo del valle está conformado por piedras de sílice conocidas como ‘pedernal’ o ‘piedra de fuego’. Al golpearlas entre sí crean una lluvia de chispas que, según las leyendas locales, fueron utilizadas por los antiguos pueblos de la región para producir fuego», detallaron.

Precisamente son estas piedras las que dieron origen al nombre Pyros», palabra griega que en castellano significa «fuego».

Finca Sophenia.

Los primeros viñedos se plantaron en 1998, mientras que la bodega se comenzó a construir en 2002, de modo que son de los pioneros en Gualtallary.

En cuanto al nombre elegido, desde la bodega explicaron que «es un blend de dos nombres de mujer: Sophia y Eugenia, las hijas de los socios fundadores, Roberto Luka y Gustavo Benvenuto».

Luka creó este nombre ya que conoció a Benvenuto debido a que eran papás de dos íntimas amigas, que se habían conocido en el jardín de infantes.

«Hoy Eugenia potencia el nombre y es una profesional trabajando en la bodega y encabezando las funciones de Marketing y Relaciones Publicas», señalaron. 

¿Se barajó otra alternativa? Frente a esta pregunta, desde la bodega explicaron que «hubo algunos otros nombres pero la convicción sobre Sophenia se afianzó luego de realizar investigaciones a través de una red de agencias de comunicación de distintos lugares del mundo».

Bodega Andeluna.

La bodega, emplazada en el Valle de Uco, fue fundada en el año 2003 por el estadounidense Herman W. Lay y Ricardo Reina Rutini. El nombre nació como respuesta a su lugar de pertenencia y conjugando dos hemisferios del vino: el terrenal y el mítico.  Así, «Ande» representa la montaña y el terroir en sí mismo y «Luna» surgió pensando en «el espacio de inspiración y magia, imprescindibles para que pueda nacer un gran vino».

Andeluna se encuentra bajo la conducción de la Familia Barale desde 2013. Uno de los principales motivos por los cuales los herederos de Lay los eligieron como sucesores de su padre, «fue el compromiso para continuar con sus ideales y principios», indicaron.

Finca Beth.

La bodega consta de una finca que se compró en el año 2009 y fue plantada en 2010.

Su propietario, Enrique Sack, explicó que «Beth es la segunda letra del alfabeto hebreo. Una vez hablando con un rabino me dijo que en la vida siempre hay que ser beth y nunca creerse aleph, que es la primera letra; es decir, creerse el primero, el número uno. Que siempre hay que ir  por la vida con humildad y no creérsela. Y si podés lograr eso, vendrán buenas bendiciones».

Sack agregó que «algo muy importante también es que la Torá, el libro sagrado para la religión judía, comienza con la letra beth. La casualidad, o no, se dio el día que estaba caminando la finca para ver si la compraba. Y ahí sonó mi celular y, justamente, era este rabino, que me preguntó dónde estaba y le comenté que estaba en Mendoza, recorriendo una finca y dudando si la compraba o no. Y ahí me dijo: ‘Si pensás que te va a hacer feliz, comprala’. Y así fue».

Lui Wines.

El proyecto personal de Mauricio Vegetti –quien hasta hace poco fue el enólogo de Gauchezco Wines-, nació durante su época de estudiante, allá por 2002.

«Primero como un vino para amigos, para tomar durante los asados con guitarreada. Y con el tiempo, tomó un impulso más comercial», señaló el enólogo.

En cuanto al nombre, afirmó que es su apellido materno y, por ende «tiene un gran significado y resume mucho de lo que soy. Además, en italiano significa ‘el’ y se presta para el juego de que Lui es ‘el’ vino del ‘Japo’, un apodo que puso mi madre».

«Hoy te diría, ya con hijos, que Lui terminan siendo las siglas de mi vida», agregó, para luego rememorar que en un comienzo, el proyecto se llamaba «Lui Narváez», porque surgió como un emprendimiento con un amigo.

La Liga de enólogos.

El proyecto salió a la luz en el año 2017, si bien se había comenzado a gestar tiempo antes.

«Con respecto al nombre, siempre supimos que queríamos que representara algo colectivo por el hecho de ser una bodega cocreada por siete enólogos. Teniendo como objetivo democratizar el consumo de vino para acercar la industria a los jóvenes y empujar nuevas ocasiones de consumo, empezamos a hacer bromas comparándonos con ‘La Liga de la Justicia’ y el voto fue unánime», aseguraron. 

«Creemos que el mayor aporte fue sumar propuestas que permitan acercar al consumidor joven, siendo poco ostentosas, fáciles de consumir y descontracturadas. También, partiendo de la premisa de ‘hacer justicia’ presentamos al mercado vinos elaborados con variedades poco convencionales en un país donde aún reina el Malbec», indicaron.

Fuente: https://www.iprofesional.com/vinos/297812-vinos-las-historias-detras-de-los-nombres-de-bodegas-argentinas

Publicado en Vinos y pasiones.

Cuadro de imágenes: CEPAS ARGENTINAS.

https://vinosypasiones.com/2021/03/11/vinos-que-historias-se-esconden-detras-de-los-nombres-de-bodegas-argentinas/

domingo, 2 de junio de 2024

El excéntrico multimillonario suizo que produce vino en un rincón de Patagonia.

 


El excéntrico multimillonario suizo que produce vino en un rincón de Patagonia.

La bodega Ojo de Agua es propiedad del suizo Dieter Meier, empresario, artista multifacético y un apasionado de las costumbres y los productos del campo argentino.

Cuenta la historia que Dieter Meier vino a la Argentina junto a su padre, por negocios, hacia principios de la década del 70. A partir de ese viaje, este hijo de importantes industriales europeos, quedó impactado por las bondades y costumbres de estas tierras. Fue así que, hacia la década del 80, Dieter Meier comienza a comprar sus primeras tierras en la pampa húmeda.

El nombre Ojo de Agua, refiere a la estancia ubicada al pie de Sierra La Vigilancia en la provincia de Buenos Aires, fundada por Pedro Luro en 1868, meca y emblema de las carreras y de la crianza de los mejores caballos pura sangre. Hacia 1996 Dieter Meier compra esta estancia y comienza a criar ganado y producir carnes.

Al mismo tiempo, comienza a viajar por el país para buscar los mejores suelos para producir vinos orgánicos y otros productos, y es así que llega a adquirir hectáreas en Mendoza, Salta y en la Patagonia. Parte de lo que se produce en estos terruños se exporta y tiene, entre sus destinos, los prestigiosos restaurantes propiedad del empresario alrededor del mundo, donde se ofrecen productos made in Argentina.

Siempre bajo el ala de la producción orgánica, como el mismo Dieter dijo. “El viñedo debe expresarse sin ninguna intervención. Imagina las posibilidades en las regiones vinícolas más ricas de Argentina si incorporásemos una viticultura pura y libre de productos químicos”, expresó alguna vez marcando la línea de que toda la producción en el país sería orgánica, como lo es actualmente.

Un personaje multifacético.

Dieter Meier nació un 4 de marzo de 1945 en Zurich, quienes lo conocen personalmente dicen que es una persona muy activa, un viajero incansable y un apasionado de la vida. Entre sus múltiples ocupaciones figuran la de jugador de póker, letrista, músico, novelista, golfista, industrial, cineasta, actor, restaurador, enólogo, ganadero y ¡hasta gaucho argentino!

Este excéntrico gentelman llegó a estudiar leyes hasta que se convirtió en jugador de Póker profesional y luego se transformó en músico. En este rubro, fue fundador del grupo Yello, junto a Boris Blank uno de los más reconocidos en el estilo electropop. Con intenciones de resumir este aspecto de su personalidad, su carrera y trabajos en diferentes disciplinas artísticas es muy extensa y supera los límites de esta nota.

Hacia fines de la década de los 90’s Dieter se sumerge de lleno en su nueva pasión, la producción orgánica de carnes, vinos y otros productos como nueces, avellanas, miel y hasta semillas de chía. Esta actividad lo llevó a adquirir tierras en la Provincia de Buenos Aires, La Pampa, Mendoza, Salta y la Patagonia.

Enamorado de las uvas del Valle Medio.

La planta de elaboración de vinos de la bodega Ojo de Agua se encuentra en Luján de Cuyo, Mendoza, lugar en el que se pueden realizar visitas guiadas y comer en su restaurante. Hasta este lugar, llegan las uvas desde otras partes del país para la elaboración de las diferentes líneas de vinos, como la que llega desde el Valle Medio de Río Negro.

Según Mauricio López, enólogo de la bodega Ojo de Agua, “el hecho de elaborar vinos de la Patagonia nace varios años más tarde del proyecto de elaborar vinos orgánicos en Mendoza”. Mientras que los viñedos de Mendoza se plantaron en el año 2002, “las primeras plantaciones (en Río Negro) fueron en el año 2011 en Fortín Castre, a unos 80 km. de Choele Choel”.

Respecto a las cepas que se cultivan en tierras rionegrinas “En un principio se comenzó con ChardonnayPinot y Malbec. Luego se amplió a Sauvignon BlancMerlot y Cabernet Franc” asegura López y afirma que, actualmente, son 40 las hectáreas plantadas, una parte se encuentra en una chacra y otra en la barda.

Particularmente la bodega usa las uvas de estos viñedos para elaborar la línea Ojo Negro, “donde contamos con un Chardonnay, un Sauvignon Blanc, Rosé de Pinot, un Pinot NoirMalbec, Merloy Cabernet FrancSon vinos frescos, frutados, donde buscamos mantener las características de cada varietal lo más expresivas posibles”, explica el enólogo en diálogo con +P.

“La zona nos da uvas de muy buena calidad y tratamos de reflejar eso en cada uno de los vinos, donde generalmente trabajamos en tanques de acero inoxidable pequeños, maduramos en huevos de cemento y, en algunos casos, un porcentaje de vino pasa un tiempo por barricas de tercer y cuarto uso”, dice López sobre esta línea que se exporta a Suiza, Alemania y recientemente a Estados Unidos e Inglaterra, aunque también se comercializa en el mercado interno.

En las cinco hectáreas que hay en la chacra de Fortín Castre, hay una hermosa estancia donde Dieter Meier suele quedarse algunos días a disfrutar del clima soleado y seco del Valle Medio. El resto de los terruños se encuentran en la barda, que posee suelos áridos y muy ricos en minerales, donde también se producen carnes y frutos secos, todas las bondades que dan estas tierras patagónicas.


Publicado en Más Producción de La Mañana del Neuquén. Imágenes del mismo diario.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/el-excentrico-multimillonario-suizo-que-produce-vino-un-rincon-patagonia-n1117482

lunes, 8 de enero de 2024

François Lurton: “El Malbec es uno de los pocos monovarietales que da vinos complejos”.

 

Bodega Piedra cumplió 30 años en Argentina. François Lurton, integrante de la quinta generación de una tradicional familia de bodegueros de Burdeos, fundó la compañía en 1993 tras investigar distintos terroirs de nuestro país y elegir instalar su finca en Los Chacayes, un área hasta entonces inexplorada del Alto Valle de Uco mendocino.

Este mes festejaron las tres décadas en Argentina y Lurton habló con Los Andes, sobre los desafíos de trabajar en nuestro país.

-Fue una gran aventura. Iniciamos este proyecto en colaboración con Nicolás Catena para desarrollar un vino en el mercado local, que luego expandí como comercial en el extranjero. Tuvimos un éxito considerable y, en un momento, junto a mi hermano, decidimos crear nuestra propia bodega en Argentina. Vimos un enorme potencial de crecimiento y empezamos en 1995 buscando el lugar ideal, desde el sur de Luján hasta aquí, explorando diferentes sitios. Queríamos establecernos cerca de la montaña y, después de superar varios obstáculos, finalmente encontramos este lugar. En el trayecto, nos topamos con desafíos como la disponibilidad de agua y la competencia por terrenos, pero logramos establecer una buena relación con el dueño de esta zona. Inicialmente, gran parte de estas tierras pertenecían al señor Morales, quien poseía unas 20,000 hectáreas que se extendían casi hasta Chile.

- ¿Has pasado por varias crisis en Argentina?

- Sí. Técnicamente fue toda una aventura crear este lugar. Nos encontramos con problemas que ni sabíamos que existían: enfermedades, insectos y animales que jamás habíamos visto. Además, tuvimos complicaciones técnicas durante la construcción. No había electricidad. En Francia cuando construís un lugar, la electricidad viene gratis. Aquí hay que pagar: hemos pagado 5 kilómetros de electricidad. Fue todo un desafío técnico, pero el estrés real vino de la situación económica del país: las devaluaciones constantes, la inflación que no da respiro, las dificultades para importar, como traer las barricas. Durante años, las restricciones a las importaciones eran fuertes.

-A pesar de todas estas dificultades… ¿siguen invirtiendo?

-Los periodistas me preguntan esto una y otra vez. Siempre quieren saber por qué sigo aquí. Les digo que vengo de una familia con más de 200 años en la industria vitivinícola. Sobrevivimos a tres guerras en Europa. No se trata solo de pequeñas devaluaciones o inflación. Hemos atravesado muchas devaluaciones del franco en Francia y otras situaciones complicadas. Siempre seguimos adelante. Es cierto, los argentinos se quejan mucho. Pero pienso en lo que dices y es verdad. El mundo ha enfrentado situaciones mucho más duras que las de Argentina.

-Además del Malbec, ¿qué otra variedad puede Argentina ofrecer al mundo con esa calidad?

-Yo fui el primero en plantar pinot gris aquí e introducirlo como variedad. Tengo 42 hectáreas de pinot gris. Otra variedad que me cautiva es el tocai friulano y aunque tiene potencial en Argentina, aún no ha sido completamente desarrollada. Por otro lado, el chardonnay ha sido promovido por productores como Nicolás Catena, siguiendo el modelo estadounidense, pero desde mi perspectiva, es un enfoque equivocado. El tocai friulano es realmente una cepa intrigante que merece ser impulsada. Casi podría decir que soy uno de los pocos involucrados en su desarrollo. En cuanto a los vinos blancos, además del tocai encuentro pocas variedades destacables, ya que Argentina no es conocida por su producción blanca, aunque haya algunas de buena calidad.

- ¿Y el sauvignon blanc?

-Mi especialidad es el sauvignon blanc. Soy uno de los mayores productores a nivel mundial, pero curiosamente, no tanto en Argentina. Aquí, su cultivo es limitado debido a las condiciones climáticas continentales. A pesar de que se le atribuye un clima mediterráneo, en realidad es más continental.

- ¿En tintos?

-En los tintos, comenzamos con el cabernet sauvignon. Aquí, el cabernet sauvignon me parece más interesante que en Chile, ya que carece de ese matiz de pimienta verde que se encuentra en Chile. En cambio, en Argentina, destaca por sus notas únicas a frutos rojos. Incluso en Francia no lo elaboramos con la misma maestría, carece de la piracina que aquí es única en el cabernet sauvignon. Es lamentable que el desarrollo del Malbec haya eclipsado un poco al cabernet sauvignon, pero el Malbec es una variedad verdaderamente fascinante.

Desde mi punto de vista, hay pocas variedades en el mundo capaces de producir vinos tan complejos. Son realmente escasas las que pueden ingresar a este selecto grupo de variedades que generan vinos complejos sin necesidad de estar en blend. Por lo general, los vinos complejos son blends, pero hay pocas variedades monovarietales que logran esta complejidad. Gracias al Malbec, podemos alcanzar ese nivel.

-¿Dónde considerás que puede estar el futuro de la Argentina hoy?

- Es cierto que Argentina representa una pequeña fracción del mercado vitivinícola mundial y, en comparación con países como Chile, tiene una ventaja en la medida en que no dependemos tanto de las exportaciones porque hay un mercado nacional sólido. El encanto de Argentina radica precisamente en ese mercado interno. Sin embargo, aunque los vinos argentinos han alcanzado un alto nivel de calidad y reconocimiento internacional, actualmente los vinos europeos, que han experimentado importantes cambios, han recuperado una posición de liderazgo.

Estos países europeos, como Francia, Italia y España, se están recuperando en sus exportaciones, compitiendo fuertemente en mercados como Estados Unidos y China. Esto podría dificultar más las exportaciones para países sudamericanos como Argentina y Chile. Durante años, los consumidores nacionales en Europa absorbieron gran parte de su producción, dejando abierta la puerta para los vinos de otros países. Sin embargo, con la disminución del consumo interno en Europa, estos países ahora están más centrados en los mercados internacionales, lo que podría dificultar las exportaciones de países sudamericanos. La disminución del consumo de vino es una tendencia que se está observando, lo que añade un desafío adicional para los países productores.

“No plantes Malbec”.

La anécdota familiar contada por François Lurton revela un choque interesante entre tradición y exploración, especialmente en relación con el Malbec. “En Bordeaux, teníamos varios Malbecs en nuestras propiedades. Mi padre los eliminó todos”, comparte con una sonrisa. “No quería al Malbec”.

El contraste entre lo establecido y lo nuevo se hizo evidente cuando François decidió plantar Malbec en un nuevo terroir. “Cuando le dije a mi padre que íbamos a plantar Malbec en Argentina, porque creímos en su potencial, no estaba exactamente emocionado”, comparte entre risas.

Es más, volvió a preguntar: “¿Malbec? No, te quito la herencia”, bromeó su padre. Una anécdota que ilustra la mezcla entre la preocupación por lo establecido y el coraje de explorar lo desconocido.

A pesar de la reticencia familiar, el Malbec resonaba en la mente y los viñedos de François. “El Malbec en Francia no tiene la magia del Malbec aquí”, afirma con convicción.

Pero lo cierto es que el Malbec argentino nada tiene que ver con el Cot de Francia ni su potencial. “Es un tipo de Malbec que desapareció de Francia, ya no existe en nuestro suelo, con una intensidad de expresión frutal única. O bien, es un Malbec que se ha modificado, llegando aquí con raíces que han traído consigo un fascinante misterio genético”, reflexionó.

Publicado en Guarda 14 del Diario LOS ANDES de Mendoza.

Domingo, 31 de diciembre de 2023.

https://guarda14.losandes.com.ar/noticias/francoislurton-el-malbec-es-uno-de-los-pocos-monovarietales-que-da-vinos-complejos/