Mostrando entradas con la etiqueta Mainqué.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mainqué.. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de agosto de 2026

Bodega Costa y los vinos SAPO.


Bodega Costa.

Bodega Costa y los vinos SAPO.

La Patagonia argentina sigue demostrando que, más allá de las bodegas históricas y los proyectos ya consolidados, todavía tiene historias nuevas para contar.

Algunas nacen de grandes inversiones; otras, de trayectorias personales construidas durante décadas entre viñedos, cosechas y fermentaciones. Este último es el caso de Bodega Costa, el proyecto familiar impulsado por Polo Costantino en Mainqué, que busca interpretar distintos rincones del Alto Valle a través de vinos de mínima intervención agrupados bajo el nombre SAPO.

La oportunidad de conocerlos llegó durante una degustación realizada en el restaurante El Distinto, frente a la barda sur, conducida por Juan Costantino, hijo de Polo y una de las caras visibles de esta nueva etapa familiar.


Detrás del proyecto hay una historia ligada profundamente a la vitivinicultura regional. Durante más de dos décadas, Polo Costantino trabajó en una de las bodegas más reconocidas de la Patagonia: Chacra. Allí desarrolló buena parte de su experiencia en viñedo y elaboración, conocimientos que hoy vuelca en una microbodega cuya escala permite trabajar con enorme precisión cada parcela y cada vinificación.

El origen de Costa se remonta a 2020, cuando Polo recibió como homenaje un vino denominado El Sapo, acrónimo de "Sin Azufre Polo". Aquella etiqueta terminó convirtiéndose en mucho más que un regalo. Representó el inicio de una filosofía de elaboración basada en la mínima intervención, sin sulfitos añadidos y con un profundo respeto por la expresión del viñedo. La elección del nombre SAPO para la línea principal mantiene vivo ese espíritu fundacional.

La familia busca representar distintas zonas del Alto Valle, una región que muchas veces es percibida como homogénea pero que presenta marcadas diferencias geográficas. Basta observar que existe un desnivel aproximado de 140 metros desde el dique Ballester hasta Chichinales, acompañando el recorrido de los históricos canales de riego. Son cambios sutiles para quien los observa desde la ruta, pero determinantes para comprender diferencias de suelos, clima, maduración y estilos de vino.


Además, en la Patagonia las fermentaciones suelen coincidir con la llegada de las primeras bajas temperaturas otoñales. Esa combinación contribuye naturalmente a procesos más lentos y, muchas veces, más delicados, algo que el equipo aprovecha en sus elaboraciones.

Las vinificaciones se realizan en pequeña escala y con herramientas sencillas. Parte de la crianza se desarrolla en barricas usadas provenientes de Chacra, privilegiando recipientes que aportan microoxigenación sin marcar fuertemente el perfil aromático de los vinos.

Son vinos de bajo alcohol, frescos y muy personales, en un estilo que hace furor dentro de lo que Joaquín Hidalgo (a mi juicio uno de los mejores periodistas y críticos argentinos de vinos, que escribe para La Nación, Vinómanos y Vinous.com) denominó como "el círculo tinto", el grupo que dicta un poco la moda en el agitado mundo del vino. Un estilo que, sin embargo, puede generar resistencia entre quienes prefieren expresiones más clásicas. Vos sabrás de qué lado estás y si este estilo de vinos tiene lugar o no entre tus preferencias.

Juan Costantino.

A continuación les cuento de los cuatro vinos que probamos, servidos y explicados por Juan Costatini, aclarando que las notas de cata (abajo, en letra cursiva) fueron brindadas por la bodega:

SAPO Chardonnay.

Tensión, frescura y textura. El Chardonnay proviene de viñedos plantados en Allen durante la década de 1990, originalmente destinados a bases para espumantes. Se trabaja con prensado de racimo entero y combina crianza en barricas de segundo y tercer uso junto con recipientes de hormigón.

En la copa aparece algo dorado y ligeramente opalescente, consecuencia de una elaboración sin filtrados agresivos. Aromáticamente despliega una interesante combinación de manzana verde, pera y notas cítricas acompañadas por recuerdos herbales y una sutil impronta melosa.

En boca destaca por una acidez elevada y una textura amplia generada por el trabajo sobre borras. Su final cítrico y persistente lo convierte en un blanco de perfil gastronómico, muy lejos de las versiones más maduras o exuberantes que suelen encontrarse en otras regiones argentinas.


SAPO Pinot Noir 2025.

Procede de Stefenelli, de viñedos que superan los 120 años de antigüedad, un verdadero patrimonio vitícola del Alto Valle. La elaboración incluye un 33 % de racimo entero, fermentaciones en barrica y una parte de maceración carbónica, recursos utilizados para construir complejidad sin perder frescura.

En nariz aparecen progresivamente notas de tierra húmeda, hojarasca, flores y frutas rojas maduras que recuerdan a las guindas. La boca es ágil, fresca y con taninos que aportan textura sin endurecer el conjunto.

Es un Pinot Noir que privilegia el origen por encima de la elaboración. Tiene algo salvaje y descontracturado que resulta particularmente atractivo para quienes buscan vinos menos uniformes y más ligados a la identidad del lugar.

SAPO Malbec.

Otra lectura de la variedad. También proveniente de una finca centenaria de Stefenelli, este Malbec se aparta de los perfiles más maduros y concentrados que durante años dominaron el mercado argentino.

Las frutas negras y rojas aparecen acompañadas por notas balsámicas de eucalipto y menta que aportan frescura. En boca es jugoso, de textura fluida y con taninos firmes pero bien integrados. Lo más interesante es quizá su propuesta de consumo: servirlo entre 10 y 12 grados. Una temperatura poco habitual para el varietal, pero que aquí ayuda a resaltar su energía y su perfil frutal.


SAPO Riesling.

Dentro de la degustación fue probablemente el vino más singular. El Riesling continúa siendo una variedad minoritaria en Argentina, y aún más escasa en Patagonia, donde Humberto Canale, con viñedos de 1937, es su más fiel representante.

Sus aromas recuerdan a lima, durazno blanco y piedra mojada, acompañados por delicados tonos florales y herbales. En boca muestra una acidez filosa y precisa, con una marcada sensación de tensión que se prolonga hacia un final salino y persistente.

Es un vino que exige atención y que seguramente encontrará su público entre quienes disfrutan blancos de gran frescura y perfil europeo.

SAPO Petit Verdot.

Fue el único que no probamos. La bodega lo describe así: Los aromas de moras, ciruelas, pimienta negra y cacao aparecen acompañados por un leve matiz balsámico. En boca presenta taninos marcados y una estructura importante, aunque sostenida por una acidez vibrante que aporta dinamismo y evita cualquier sensación de pesadez. El final es largo, con recuerdos terrosos y de chocolate amargo.

Bodega Costa es todavía un proyecto pequeño, pero refleja una tendencia cada vez más visible en la Patagonia: elaboradores que buscan correrse de los modelos más estandarizados para profundizar en la identidad de sus viñedos y de sus lugares de origen.

La experiencia acumulada por Polo Costantino durante años de trabajo en una de las bodegas más prestigiosas de Río Negro encuentra aquí una expresión propia, familiar y sin artificios.

Los vinos SAPO no buscan seducir desde la perfección técnica ni desde la concentración extrema. Prefieren mostrar las particularidades de cada parcela, aceptar cierto grado de rusticidad y dejar que el Alto Valle hable con voz propia. Y en una región cuya historia vitícola supera largamente el siglo de vida, encontrar nuevas formas de interpretar ese patrimonio siempre merece atención.

Bodega Costa es una nueva voz para el Alto Valle y una muestra de que la vitivinicultura patagónica todavía tiene mucho terreno por explorar.

* Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/

domingo, 19 de julio de 2026

Bodega Chacra en Patagonia. Mainqué, Río Negro.


Bodega Chacra en Patagonia.

Pinot Noir, biodinamia y terroir de Río Negro.

Visitamos la tierra en la cual el Pinot Noir argentino demostró estar a la altura de los mejores del mundo.

La visita a Chacra era una de esas deudas importantes, ya que en mis viajes anteriores nunca había logrado concretar el encuentro. Esta vez, finalmente, gracias a Musu y su tour La Cueva Visita Patagonia, llegué hasta allí y fui recibido por el enólogo Diego Giovanniello, encargado de la bodega, quien nos dio la bienvenida con la naturalidad de quien conoce cada rincón de ese lugar único, ya que Bodega Chacra, en el corazón del Alto Valle de Río Negro, es hoy uno de los grandes referentes del Pinot Noir argentino y de la viticultura biodinámica en la Patagonia.

Visitar Chacra también implica entender su origen -no el de sus viñedos, que son mucho más antiguos-, sino el proyecto impulsado por un heredero de la aristocracia italiana: Piero Incisa della Rocchetta. Criado y formado entre los viñedos familiares de la Toscana -su abuelo, el marqués Mario Incisa della Rocchetta, fundador de Tenuta San Guido y creador del legendario Sassicaia, del cual Piero fue además embajador de marca-, decidió expandir su propio horizonte vitivinícola y trazar un camino propio, lejos de esa historia familiar.

En 2003 fundó Bodega Chacra, en la Patagonia argentina (Río Negro), dando forma a un proyecto personal que pronto alcanzaría reconocimiento internacional. Allí elabora vinos de alta gama centrados en Pinot Noir, guiado por un enfoque orgánico y biodinámico que busca expresar con precisión la identidad del terroir.

La historia.

Reproduciré ahora la historia contada por Piero a la periodista Verónica Bonacchi en el diario Río Negro:

Un día, en Nueva York, su prima la condesa Noemí Marone Cinzano, que había llegado a la zona acompañando a su pareja, el asesor enológico Hans Vinding Diers, auditor para Marks & Spencer de las importaciones con Humberto Canale, le convidó a Piero un Pinot Noir de esa bodega. A Piero le encantó y, sobre todo, intuyó un lugar. “Era la indicación de que detrás de ese vino había grandes condiciones. Sin saber dónde estaba Mainqué, sin saber nada, busqué un avión para venir acá y tratar de entender el lugar donde estaba hecho ese vino”.

¿Costó encontrar estos viñedos?

Tuve suerte. La vida es a veces es un poco rara: encontré un señor, Oscar Ferrari (N. de la R: jefe del INTA local) que me ayudó. Empezamos a visitar todas las chacras que según el registro tenían viña vieja de Pinot. Y, además, los hijos de los inmigrantes que trabajaron la tierra se fueron a ser doctores, abogados, ingenieros y quedaron los viejitos. Pero, encontrar una viña vieja como esta, fue como encontrar un diamante de 50 quilates.

–¿Y fue un diamante?

–Parecía una piedra sin interés. pero se notaba que había un material único porque si una viña llega a vieja es que las condiciones son maravillosas, si no, se hubiera secado antes.

Era principio de los 2000 y Piero tenía claro que quería hacer un vino liviano, en una época donde estaba de moda la extracción.

El viñedo orgánico y biodinámico, la esencia de Bodega Chacra.

El viñedo más viejo de Pinot Noir del Alto Valle fue plantado en 1932 y pertenecía a la familia Pirri, que supo tener la bodega más grande de esa época en la zona. Piero en un principio lo alquiló (luego lo compró) y, como el viñedo estaba todo abandonado, hizo un vivero para recuperarlo con el mismo material original. Ese trabajo es permanente, aún hoy, al recorrer el viñedo, vemos plantas marcadas con sogas rojas que son las que se tomarán como material genético para seguirlas reproduciendo.

Un equipo interdisciplinario y mundialmente famoso asesora a Chacra: el experto chileno Pedro Parra, realizó un estudio de los perfiles de suelo, dividiendo las parcelas, el asesor catalán Josep Ramon Sainz de la Maza explica cómo regenerarlos utilizando biofertilizantes, captura y reproducción de microorganismos, té de compost, compost y controlando los procesos en el suelo mediante el método Hérody y cromatografías, mientras que el italiano Marco Simonit, experto en poda, enseña la conducción de la vid en cordón permanente.

Trabajan bajo el principio de mantener el viñedo sin la intervención del tractor evitando así aplastar y compactar el suelo. Conviven animales, huerta, colmenas y una producción propia de compost, junto a una casita biodinámica donde se elaboran y almacenan todos los preparados, incluidos los cuernos de vaca -provenientes de animales que han parido, para aportar las hormonas necesarias que transforman el estiércol-, que luego se utilizan tanto en los preparados de invierno como de verano. El único que se mantiene fuera de la casita es el 501, que requiere exposición directa al sol y contiene cuarzo para absorber la luminosidad, entendida como la energía de las estrellas.

El suelo presenta una marcada proporción de arena, por lo que se trabaja con pasturas de cobertura que ayudan a atenuar el reflejo solar y a conservar la humedad. El riego se realiza tanto por manto como por goteo, y además cuentan con un sistema de aspersión destinado a la defensa contra heladas, favorecido por la presencia de dos canales que abastecen de agua a la chacra, “el corazón de la viña, lo que le da la energía”, en palabras de Giovaniello.

Solo la chacra Lunita, la última incorporada, no contaba con canales, por lo que se construyó un reservorio; allí, además, el sistema de aspersión se está instalando por encima del viñedo, a diferencia del de la foto, que está por debajo. El viñedo Mendoza, con plantas de aproximadamente 21 años, se destina mayormente a la línea Barda. Lindera a Chacra se encuentra la histórica parcela de Malbec plantada en 1932, propiedad de Noemía (Hans Vinding-Diers). En total, poseen 43 hectáreas propias en producción y complementan con la compra de uvas a cuatro productores. Tienen Trousseau de 1932, cepa que en Río Negro se la llamaba Bastardo, con la cual han lanzado un varietal y solo se encuentra en esta región del país. Son pocas botellas, pero se está plantando más. El Syrah, por su parte, ocupa 4 hectáreas trabajadas bajo criterios orgánicos y biodinámicos, aunque sin certificación.

Otro aspecto clave es que en esta zona la napa freática se encuentra muy alta, apenas a 1,5 metros de profundidad. Dado que se trata de un agua con elevada salinidad, es fundamental evitar que las raíces alcancen ese nivel. Cada detalle cuenta en este enfoque, donde el viñedo es el eje absoluto del trabajo: “Todo el trabajo está en el viñedo, yo en la bodega no hago nada”, resume con claridad el enólogo.

La bodega.

En la Patagonia, la madurez alcohólica y la polifenólica se alcanzan de manera simultánea gracias a las largas horas de sol, un factor clave para la calidad de la uva. En la sala de fermentación de tintos se destacan los piletones amarillos de concreto, circulares, de poca profundidad y gran diámetro, diseñados para maximizar el contacto entre hollejos y mosto y así favorecer el equilibrio y la homogeneidad.

La maceración se realiza con extrema delicadeza, evitando extracciones excesivas: el sombrero se humedece manualmente con baldes, sin uso de bombas, en busca de una expresión fina y elegante. La fermentación, llevada a cabo con levaduras autóctonas en pequeñas tinas de cemento, se mantiene a temperaturas inferiores a 20 °C para preservar los aromas frutales y florales.

Finalmente, la clarificación se realiza por decantación natural, sin filtrados ni intervenciones, con el objetivo de conservar la pureza y la identidad del vino. Todo el trabajo en la bodega es manual.

Pero Chacra ya no es solo Pinot Noir: con el tiempo han ido incorporando otras variedades, entre ellas Chardonnay, para cuya elaboración convocaron al francés Jean‑Marc Roulot, referente en Meursault y pionero en apartarse de la guarda 100% en barrica. Aquí trabaja con un esquema de 50% racimo entero y 50% despalillado, fermentaciones con levaduras nativas que se prolongan entre 10 y 19 días, sin superar los 23 °C, y una crianza repartida en partes iguales entre barrica y ánforas. Su filosofía se resume en una frase que repite como mantra: “yo cosecho cuando quiero”. Viaja cada año y participa de todo el proceso, con la única excepción de la prensa.

Pasamos luego por la sala de cortes, con tanques de acero inoxidable y piletas de concreto, y por la de embotellado, un espacio clave cuando se trabaja bajo criterios biodinámicos. Al fraccionar siguiendo el calendario lunar solo es posible operar durante quince días sí y quince no, una limitación que obliga a contar con una embotelladora de capacidad muy superior a la que demandaría la escala real de producción.

El recorrido finalizó en la sala de barricas, emplazada a 4,5 metros de profundidad y con una temperatura constante de 14 °C, equipada con toneles de roble francés de grano extrafino de las tonelerías Taransaud y Damy. “La madera hace riquísimo al vino, pero tiene que ser buena madera”, afirma Giovanniello. En cuanto a la crianza, los vinos de la línea Barda utilizan la barrica nueva, mientras que los Chacra 32, 55 y los “Sin azufre” se crían en barricas de segundo, tercer y cuarto uso, sin exceder ese límite. Por su parte, los Lunita se guardan íntegramente en piletas de concreto y ánforas, en tanto que el Roka no tiene paso por madera.

La producción es de 150 a 200 mil botellas dependiendo de la añada y heladas.

Degustación en Chacra.

Luego de recorrer en detalle los viñedos y la bodega pasamos a la sala de degustación donde nos esperaban cinco botellas que representarían el portafolio de la bodega:

Barda 2025.

Criado con un esquema de 30% barrica, 15% piletas y el resto en acero inoxidable, busca un perfil fresco, directo y de trago ágil: “glu, glu”. Es un vino pensado para el servicio por copa en restaurantes de todo el mundo: la puerta de entrada a la bodega y responsable de aproximadamente la mitad de la producción. La idea es que quien lo pruebe sienta el impulso de seguir hacia los siguientes escalones, como Chacra 32 y 55. En nariz muestra un carácter especiado. Se procura embotellar todo antes de la primavera.

Chacra 55 2024.

Como su nombre lo dice, proviene de viñedos plantados en 1955, pura elegancia patagónica. Un ensamblaje de 35% piletas de concreto, 35% ánforas y 30% barricas, con un 50% de racimo entero en su elaboración. Propone un perfil claramente distinto: en boca es de textura suave, pero con carácter y profundidad.

Roka 2025.

Nace a partir de un viñedo de Malbec plantado en 1945 en la finca Lunita. Es un vino de impronta “verde”, muy natural, con un 15% de racimo entero que refuerza su perfil fresco y vivaz.

Chacra Syrah 2025.

De producción aún muy limitada, apenas un ánfora y una barrica, se presenta como un Syrah despojado, sin artificios, donde prima la pureza de la fruta y el terroir.

Mainqué Chardonnay 2025

Un Chardonnay de mayor estructura y peso, que refleja concentración y precisión, en línea con la impronta buscada para esta variedad dentro del proyecto.

Así, entre precisión, sensibilidad y una filosofía coherente de extremo a extremo, Chacra sintetiza su identidad en dos ideas que funcionan casi como un manifiesto: “La idea es que en Chacra no sientas el tanino y si lo sentís, que sea muy tenue”, porque todo apunta a la pureza del vino, y “Todo lo que gana Chacra se reinvierte”.

La bodega cuenta con un equipamiento tremendo y un equipo de trabajo interdisciplinario de primer nivel mundial, pero demuestra que el verdadero capital del proyecto está en el viñedo y en su permanente búsqueda de la perfección.


 *** Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

miércoles, 8 de julio de 2026

Mabellini Wines. La nueva expresión del Alto Valle.

 


Mabellini Wines.

Mabellini Wines. La nueva expresión del Alto Valle.

Con viñedos en Confluencia y Mainqué, la bodega impulsa una identidad patagónica que combina historia, mezcla de cepas y una enología de alto nivel.


En nuestro recorrido por la región del Alto Valle, la familia Mabellini abrió las puertas de su bodega, en la zona de Confluencia, Neuquén, para probar sus vinos y también los de otros pequeños productores de Río Negro y Neuquén.

Carlos Mabellini y su esposa Lorena Nicolás Creide compraron una chacra en Colonia Confluencia (una zona anexa a la capital de Neuquén) ubicada 1 km del río Limay, 300 metros del río Neuquén y 1,8 km del río Negro (que nace de la confluencia de los dos primeros, de allí el nombre de la colonia). La Chacra Confluencia abarca 6 ha, de las cuales 4,5 fueron plantadas con vid en 2017, reemplazando los frutales originales que la poblaban.

La decisión de plantar vid, se sostenía en un sueño con condimentos “genéticos”. Es que los abuelos de Carlos en 1928 llegaron al valle desde su Brescia (Italia) natal y se asentaron en un pequeño pueblo llamado Cinco Esquinas (a 13 km de esta chacra, pero del lado de la provincia de Río Negro). Allí encontraron que los ingleses del ferrocarril (llegado en 1902 a la estación Limay en Cipolletti) y la Compañía de Tierras del Sud habían instalado en 1908 una estación experimental con las que estudiaban las posibilidades agrícolas de la zona.

La puesta en valor se dio no solo por el ferrocarril, sino también por las obras hidráulicas diseñadas en 1890 por el Ingeniero italiano Cesare Cipolletti (quien había sido contratado en Mendoza por Tiburcio Benegas para el mismo metier) que permitieron construir el dique Ing. Ballester y los canales de riego, que se extienden hasta más allá de Valle Azul y riegan por gravedad más de 70 mil hectáreas.


Los Mabellini plantaron frutales, pero también vides, con cuyas uvas el tío Don Giovanni hacía unos 8.000 litros anuales de un vino que llamaban el “vino alegre”. El padre de Carlos, Pedro, nació en 1931 en La Picasa y su destino no fue hacer vino, sino que fue enviado a estudiar en La Plata, para volver como escribano, profesión que su hijo Carlos también adoptó.

En ese entorno Carlos Mabellini vivió tiempos felices en su infancia y, ya mayor, el vino pasó a ser parte de su vida, convirtiéndose en uno de los más importantes coleccionistas privados del país, con una impresionante cava subterránea que roza las 15.000 botellas.

Pero ese camino de enófilos consumados no iba a ser suficiente, Carlos recuerda que siempre le decía a su padre “tenemos que hacer vino” y este le contestaba “a vos no te gusta hacerlo, te gusta tomarlo”. El desafío estaba planteado y, junto a Lorena, tomaron una decisión que cambiaría el rumbo y en pocos años los ubicaría como protagonistas en la escena del vino de la Patagonia norte: plantar viñedos, construir desde cero una bodega y hacer etiquetas que pudieran competir en nivel con aquellas encumbradas que pueblan su cava.

Así fue como, en esta Chacra Confluencia de suelos aluvionales francos arenosos con un poco de todo lo que trajo el río, hay no solo viñedos, sino también una bodega reluciente, que luce quince impecables tanques de acero inoxidable con capacidades desde 5 a 15 mil litros y 10 huevos de cemento, más una sala con un ánfora y una cuba grande de cemento. Además, cuentan con tres grandes fudres Grenier, que sirven para fermentar, porque tienen tapa extraíble.

También destaca la sala de barricas francesas (de 500 litros) de las mejores marcas: Sylvain, Taransaud, Vernoy, Damy y Mercure, que más de un bodeguero de cualquier parte del mundo envidiaría. La enóloga es Valeria López (también patagónica, de Villa Regina, con paso por Fin del Mundo, Aniello y Pirri) quien, junto con la asesoría de Daniel Pi, desde hace cuatro años viene haciendo maravillas.

La bodega tiene capacidad para bastante más que las uvas de esta chacra, así que en 2020 compraron otra en Mainqué, región donde destacan bodegas como Chacra y Noemía, que eran compradoras del Pinot Noir. Incluye una bodega de 1 millón de litros construida en 1912 y por ahora abandonada, más 20 ha plantadas en 1912 y parcialmente renovadas en 1930 y 1970. Esa chacra tiene historia, fue plantada por los Verdecchia, luego pasó a la familia Sanz y, después del 2000, al enólogo local Kamada. Mabellini trabaja con el asesoramiento agronómico del reconocido especialista mendocino Marcelo Casazza.

Allí encontraron 112 filas de cepas mezcladas, que no sabían bien qué eran, pero un estudio ampelográfico develó como Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Zinfandel, Bonarda, Petit Verdot, Trousseau, Balsamina y Criollas, todas tintas. Este año se separó el Merlot (suman 4 ha de esta cepa), que era lo que estaba más impecable, con el cual hacen un lindo Mabellini Rosé de Merlot.

Entre ambas chacras suman 25 ha de viñedo propias (no compran uva a otros productores) y vienen creciendo en producción: de las primeras 7 mil botellas de 2021 pasaron a 15 mil en 2022, 23 mil en 2023 y 75 mil en 2024, con un horizonte de 100 mil botellas.

Los vinos Mabellini.

Elaboran en dos líneas, con varietales de Malbec, Chardonnay, Merlot y Pinot Noir: una reserva con paso por barricas y la otra Gran reserva con paso por fudres o tonel.

Recorriendo la bodega probamos muestras, comenzando con un Chardonnay 2026 elaborado con uvas de Confluencia, tomado del huevo de cemento, que está excelente. Lorena me contó que cuando lo probó el crítico inglés Tim Atkin, preguntó a la enóloga cómo lo hizo y consultó si el vino estaba en la carta del Restaurante Oviedo de Buenos Aires (especializado en pescados y mariscos). Cuando le contestaron que no, mandó en el momento una foto al dueño, Don Emilio Garip, para que lo sume. Ahí se dieron cuenta que le había gustado mucho y luego se enteraron de que le otorgó 94 puntos. Bueno, a mi esta 2026 me encantó, aún antes de conocer esta historia, y no me sorprendería que los supere.

También probamos el Gran Chardonnay desde la barrica de 500 litros en que está reposando la cosecha 2026. Es la misma uva, cosechada igual, pero que termina su fermentación en barrica Taransaud y hasta agosto se sigue haciendo batonnage. Seguimos con los Pinot Noir de Mainqué, cosechas 2026 (30% racimo entero, fermentado en fudre Grenier de 6.500 lt) y 2025 ya con 12 meses en fudre; los dos Malbec de Mainqué: el 2026 en huevo concreto y el 2025 concreto + fudre.

Durante el almuerzo tomamos los vinos ya embotellados, cuyas etiquetas muestran la confluencia de los ríos Limay y Neuquén y el nacimiento del río Negro, incluyendo las dos zonas de sus chacras: Confluencia y Mainqué.

Mabellini Gran Chardonnay 2024, con 11 meses en barrica (es un clon 95 plantado en Confluencia)

Mabellini Merlot Rosé 2024, sin madera, uvas seleccionadas en dos cuadros de Mainqué, vestido en hermosa botella.

Mabellini Pinot - Pinot 2024. 12 meses en barricas de 2º y 3º uso, mitad uvas de Mainqué y mitad de Confluencia, clon 115.

Mabellini Gran Pinot Noir 2024. 100% de Mainqué, selección masal de 70 años.

Mabellini Malbec - Malbec 2024 de Mainqué y Confluencia, con 16 meses de guarda en barricas.

Mabellini Blend de blancas 2024. Compuesto por Torrontés, Maticha Blanca, Semillón, Pedro Giménez, Moscatel rosado, de esas 102 hileras mezcladas que comentamos en Mainqué.

Mabellini Cabernet Franc 2022, uvas de Confluencia.


Mabellini Malbec 2023 con y sin crianza submarina. Se trata de una prueba realizada en conjunto con la Provincia de Río Negro consistente en sumergir un numero de botellas en las aguas del mar para observar su añejamiento, proceso que modifica la evolución del vino y logra un perfil más suave y complejo.

“Trabajamos día a día para ser lo más genuinos y auténticos posibles, sin copiar a ningún otro”

Ángel Ramos, Lorena y Carlos Mabellini.

Carlos Mabellini cumplió “el sueño del pibe”, y el tío Giovanni puede descansar tranquilo sabiendo que su sobrino no solo sigue su legado, sino que está decidido a hacer los mejores vinos posibles en ese mágico terruño del Alto Valle.

Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

viernes, 15 de mayo de 2026

Transformación en Patagonia: cómo un viñedo casi perdido produce vinos premiados mundialmente.

 


Hay búsquedas que parecen no tener fin y Piero Incisa della Rocchetta podría ser quien lo sabe mejor que nadie. Nacido en Italia, tierra donde el vino es liturgia y el viñedo es herencia, partió en busca de un lugar que le permitiera hacer algo distinto: un Pinot Noir que conmoviera. Recorrió Borgoña, la cuna indiscutida de esa uva esquiva y aristocrática. Visitó Oregón, donde los productores norteamericanos habían encontrado un frío generoso y una luz particular. Pasó por California, por los valles de Italia, por rincones de Europa donde la vid lleva siglos aprendiendo a hablar con la tierra. En cada lugar encontró grandeza. Pero no encontró lo que buscaba. Hasta que llegó a Mainqué.

Un pequeño pueblo del Alto Valle, donde el viento barre sin pausa, la humedad es casi una rareza y el sol golpea con una intensidad que pocas regiones del mundo conocen. Allí, en un viñedo viejo y semiabandonado plantado por inmigrantes que ya no estaban, Piero encontró su respuesta. No era Borgoña. No era Oregón. Era algo completamente nuevo y, al mismo tiempo, brutalmente propio.Hoy, ese viñedo produce el Pinot Noir Treinta y Dos 2025, calificado con 100 puntos por James Suckling, puntaje perfecto que lo convierte en uno de los vinos más reconocidos del planeta. Y junto a él, el Chardonnay Patagonia 2025, con 99 puntos en la misma crítica. Dos vinos. Una misma bodega. Un mismo pueblo en el fin del mundo.


Conversamos con Piero sobre el orgullo de llegar a la cima, sobre el equipo que hizo posible este logro, sobre el camino recorrido y sobre Patagonia, "un lugar donde se puede hacer un bueno de enorme calidad". A continuación, la entrevista completa:


Bodega Chacra acaba de recibir 100 puntos por su Pinot Noir Treinta y Dos 2025 y 99 por su Chardonnay Patagonia 2025. ¿Qué sintió cuando supo que dos vinos de la misma bodega alcanzaban simultáneamente esas calificaciones?
Estamos muy honrados y pienso que es un gran orgullo para el equipo, que fue el verdadero protagonista de la historia de este puntaje. Es un trabajo de equipo. Fue realmente un gran honor.
Mucha gente puede pasar toda una vida entera de enólogo y nunca recibirlo. Son muy pocas las personas que reciben 100 puntos. Entonces, es algo muy precioso, y estamos orgullosos por Chacra, por Mainqué, por Río Negro y, obviamente, por Argentina.

Usted recorrió Borgoña, Oregón, California e Italia antes de elegir el Valle de Río Negro. Hoy, con estos reconocimientos en mano, ¿diría que la Patagonia ya puede sentarse a la misma mesa que esas regiones históricas?
Obviamente, Mainqué y la Patagonia están escribiendo su historia. Poco a poco la Patagonia está ganando más visibilidad en el mundo y tiene un terruño muy distintivo, donde el rey es el microclima: una baja humedad, un viento constante, una enorme luminosidad.
Entonces, la suma de todos estos factores que los franceses llaman el terroir, en Mainqué, en mi opinión, se expresa de una manera absolutamente brillante, única. Y es el principio de un largo camino.
Pero nosotros estamos mucho más concentrados en el trabajo diario, en el placer del trabajo diario, y no intentamos compararnos con nadie. Nosotros somos brutalmente argentinos, brutalmente patagónicos y brutalmente de Mainqué. Entonces, cualquier otra comparación pienso que podría diluir un poquito nuestra identidad.

l Pinot Noir Treinta y Dos 2025 recibió puntaje perfecto. ¿Qué tiene esta añada en particular que la hace diferente a las anteriores?
El 2025 fue una añada prácticamente perfecta. Tuvimos una floración muy buena, muy uniforme. Y además, sin demasiados calores, aunque nosotros cosechamos siempre bastante temprano para poder capturar los aspectos más florales y más crocantes de la expresión del Pinot que nos gusta a nosotros. Y el resultado de veinticinco años de un trabajo meticuloso de la viña, de los suelos, de la poda, pero también atrás hay toda la preparación biodinámica.
Entonces, la suma de todos estos elementos hace que el 2025 fuera una añada casi, diría, perfecta para nosotros, pero, de nuevo, el equipo, que es siempre el protagonista, supo interpretar de una manera absolutamente fiel la identidad de nuestra parcela de Mainqué… Y tuvimos la suerte de que los críticos están reaccionando muy bien; estamos muy orgullosos de eso.

En una charla anterior describió a sus vinos como "gastronómicos", pensados para acompañar y no para protagonizar. ¿Cree que los críticos internacionales están empezando a valorar ese estilo más delgado y floral frente a los vinos más poderosos y alcohólicos?
Pienso que no solamente los críticos están valorando estos vinos, pienso que el protagonista es el consumidor. Creo que en Chacra, además, es un consumidor a veces más femenino que masculino. Son vinos que normalmente están entre 11 y 12% de alcohol, son más florales, no son vinos concentrados o extraídos, ni con demasiada madera... Entonces, pienso que al ser vinos donde no hay prácticamente ningún producto químico, son extremadamente fáciles de tomar, muy gastronómicos… Pero también son vinos que no te dan ningún tipo de resaca, entonces se pueden tomar tranquilamente y dan espacio para conectarse el uno con el otro y compartir un buen momento…
No hay que olvidarse de que el vino es cultura. El desafío de nosotros al día de hoy es poder no solamente intentar extraer en forma líquida una interpretación muy fiel de la parcela, en su comunión de la planta y el suelo, sino también interpretarlo de una manera que pueda mejorar tu comida y darte alegría, y poder conectarte con otros humanos.

Los críticos observan este fenómeno, observan esa costumbre que tienen hoy los jóvenes. La comida normalmente, en forma general, a nivel global, es más liviana. Se utiliza menos manteca, hay menos comida frita, hay un poquito menos de carne —aunque eso, capaz, no podemos contarlo en Argentina porque es una gran tradición de carne excepcional—. Entonces, si tienes un vino con 14 o 15 grados de alcohol, te destruye esta comida liviana, porque el vino domina y tu paladar, al ser dominado por un vino tan poderoso, no tiene mucho espacio para poder aprovechar los gustos de la comida más liviana. Entonces, los críticos están notando este cambio de costumbres.
Es importante agregar que nosotros no estamos haciendo nada nuevo. Si ustedes van a mirar el nivel de alcohol de los vinos que se producían en Europa y también en Argentina en los años treinta o cuarenta, se van a dar cuenta de que el alcohol en esas añadas era muy bajo. Muchas veces, los campesinos tenían un poquito de miedo de dejar la uva en el viñedo porque temían perder la producción por granizo, por ejemplo. Entonces, había la tendencia de cosechar un poquito antes. Nosotros no inventamos absolutamente nada nuevo, estamos volviendo a la manera tradicional de hacer el vino. Y pienso que eso también es bienvenido porque no hay que intervenir con una cantidad de químicos que normalmente se utilizan para estabilizar los vinos que tienen el alcohol más alto. Ganamos todos.
Se nota de una manera universal, en la Toscana como en Francia, que todos los productores están justamente cambiando la práctica agrícola para poder cosechar un poquito más temprano y tener vinos más livianos.

El Pinot Noir Treinta y Dos tiene fecha de lanzamiento en 2027. ¿Qué desafío implica pedirle al mercado que espere dos años por un vino ya premiado hoy? ¿Está la bodega preparada para responder a una demanda que puede dispararse de golpe con producciones artesanales y acotadas?
Ya tuvimos distribuidores que quieren reservar vinos. Ahora estamos en un trabajo de comunicación contactando a quienes les vendemos anualmente para garantizarles que van a poder recibir lo acordado.
Para poder intentar demostrarle al pueblo argentino un poquito de nuestra gratitud por seguirnos durante los años y acompañarnos, nosotros, en forma excepcional, vamos a ofrecer una pequeña cantidad de estos vinos a clientes, con un año de anticipo. Es una manera de decir gracias.
Chacra es una bodega familiar, de carácter artesanal. Entonces, nosotros no aumentamos la producción. El objetivo es mejorar todo lo que podemos cada año e intentar siempre interpretar la añada de la mejor manera posible. Entonces, estamos preparados en el sentido de que no vamos a aumentar el volumen; hay lo que hay.

El viñedo de donde nacen estos vinos fue plantado por inmigrantes y estuvo a punto de ser arrancado. ¿Qué significa para usted que esa misma tierra hoy produzca un vino con puntaje perfecto a nivel mundial?
Para nosotros fue algo muy interesante, pero también muy emotivo, haber tenido la responsabilidad de volver a trabajar un viñedo que estaba casi abandonado y donde la viña estaba en una condición muy mala. Fue un desafío que tenemos hasta hoy. Volver a trabajar viñedos muy viejos necesita una inversión económica enorme, pero también un enorme trabajo con un compromiso diario y con esfuerzo de carácter artesanal, porque hacemos todo a mano. En Chacra no hay mecanización, y todo se hace con mucha atención. Tenemos un gasto de manejo enorme por hectárea, porque, al no utilizar herbicidas ni pesticidas, y al no utilizar una cosecha industrializada, el trabajo es muy duro y muy lento.
Entonces, fue un enorme compromiso, con enorme esfuerzo y una enorme inversión, pero nos gusta muchísimo poder ser parte de este camino. Obviamente, es un desafío enorme que requiere mucha resiliencia y mucha paciencia, pero con un equipo muy bueno llegamos a poder restaurar estos viñedos en su mejor estado. Entonces, es un orgullo para mí poder tener un equipo tan bueno y poder hacer este tipo de trabajos.
El valor simbólico también es muy gratificante: poder demostrar que lo viejo no es malo, que es bueno, que las tradiciones se pueden recuperar. Y también es un poco una demostración de que los mejores vinos son hechos de los viñedos más viejos. Podemos entonces hacer un paralelo muy interesante entre los humanos y la viña, en el sentido de que, al día de hoy, donde se mira mucho a los jóvenes, es primordial no olvidarse del valor de una persona mayor, muy sabia, que puede aportar enormemente a la sociedad de hoy.

En una entrevista anterior me dijo que el mercado global del vino se va a contraer en los segmentos más accesibles, pero crecerá en el segmento alto. ¿Eso convierte a la Patagonia en una oportunidad estratégica justo en el momento correcto?
Pienso que las oportunidades existen en forma constante, en forma diaria. Después, el humano es quien tiene que entender que puede capitalizarlas y transformar esta realidad en un hecho. Entonces, será la historia y la voluntad de los habitantes de la Patagonia lo que determine el éxito de esta región. Algo es seguro: en la Patagonia, en el Alto Valle, se puede hacer vino de alta calidad.
En un pueblo como Mainqué, Bodega Chacra ganó dos veces un reconocimiento de 100 puntos, una vez el premio al mejor vino del mundo, y varias veces obtuvo 99 puntos —tanto con el Pinot como con el Chardonnay—, y todo esto me hace pensar que Chacra es una demostración práctica y pragmática de que es un lugar donde se puede hacer vino de enorme calidad. Y el mercado reconoce eso en Chacra.
Ahora, si lo hace Chacra, lo puede hacer cualquiera. Entonces, obviamente pienso que si ya hay una pequeña empresa como Chacra que llega a tener dos veces 100 puntos en 8 años —que es el mejor vino del mundo—, no veo por qué no hay una oportunidad enorme para cualquier otra persona que quiera venir, invertir y trabajar para poder recibir el mismo tipo de puntaje.
Entonces, las oportunidades existen; necesitamos individuos que tengan motivación y ganas de poder realizar algo similar a lo que hicimos nosotros, sea con la misma cepa u otra.

¿Cuál es el próximo capítulo que quiere escribir para Bodega Chacra?
El próximo paso para la bodega es simplemente el trabajo de todos los días, con mucha concentración, mucha precisión, mucha conciencia. Intentamos expandir nuestra conciencia diaria para siempre poder capturar de la forma más limpia, más natural y más autóctona la expresión de nuestra parcela de Mainqué.
Entonces, para nosotros nada cambia. Seguimos trabajando, seguimos poniéndole muchas ganas, mucho esfuerzo, enormes sacrificios, e inversión humana y económica para poder volver a la cancha y siempre hacer lo mejor que se puede hacer en este magnífico pueblo de la Patagonia.

Piero Incisa della Rocchetta recorrió medio mundo buscando el lugar donde el Pinot Noir pudiera dejarnos sin palabras. Lo encontró en pueblo patagónico, en un viñedo casi perdido, y con un equipo dispuesto a trabajar la tierra con las manos. El resultado no es solo un puntaje perfecto, es la confirmación de una intuición que él defendió durante años. La Patagonia ya no es una promesa. Es una certeza. Y Mainqué acaba de escribir una de las páginas más grandes de la historia del vino argentino.


Publicado en MÁS PRODUCCIÓN de La Mañana de Neuquén.

https://masp.lmneuquen.com/vinos-patagonia-100-puntos-chacra-pinot-noir-mainque