HANS VINDING-DIERS Y NOEMÍA 2022: LA HISTORIA DETRÁS DEL MEJOR MALBEC DEL INFORME VINÓMANOS.
En Mainqué, Hans convirtió un viejo viñedo patagónico en
cuna de uno de los Malbec más singulares de Argentina.
Antes de erigirse como uno de los nombres más respetados del
vino argentino, Hans Vinding-Diers quería ser director de teatro y cine.
Escribía sus propias obras a los 12 años y, como les pasa a tantos
adolescentes, no tenía ninguna intención de seguir el camino de su familia.
Pero a los 18, su padre, Peter Vinding-Diers, figura clave
del vino europeo de las últimas décadas, lo mandó a Australia a trabajar en
Tyrrell’s Vineyards. Empezó como chico de campo y de bodega. Le gustó. Y ahí
cambió el libreto.
La anécdota no es decorativa. Ayuda a entender algo central
de sus vinos: tienen relato. No por artificio ni por maquillaje, sino por
construcción, tensión y sentido del lugar.
Noemía 2022, que acaba de quedarse con el primer puesto del
Informe Malbec de Vinómanos, tiene justamente eso. No solo impacta: también
cuenta una historia. Y la cuenta con una voz que ya no se parece a ninguna
otra.
Cuando una bodega entra en madurez.
Para Hans, este reconocimiento no habla de un golpe de
suerte ni de una cosecha especial. Habla de tiempo, de insistencia y de madurez.
“La bodega está en un momento de madurez. Pudimos llegar al
nivel al que apuntamos desde hace muchos años”, dice. No lo plantea como una
línea definitiva, sino como una estación importante dentro de una senda
abierta: “Obviamente, el camino sigue para mejorar siempre”.
En su caso, lo profesional nunca aparece del todo desligado
de lo personal. “Como viticultor estoy en un buen lugar, y esto es válido en mi
vida personal también. La armonía personal se transmite a los oficios”,
asegura. En Noemía, esa armonía parece haberse convertido en una forma de
trabajo.
Cada vez que intenta condensar su proyecto, Hans vuelve a la
misma idea: “Un lugar, un viñedo, un vino”. La frase, que podría sonar
minimalista, encierra en realidad una disciplina.
En una industria donde abundan las etiquetas nuevas, los
portafolios interminables y los cambios de rumbo, sostener una visión durante
25 años no es solo coherencia: es carácter.
Mainqué, un lugar que no se parece a ningún otro.
Hans hizo vino en Sudáfrica, Burdeos, Australia, Italia, Uruguay y Argentina. Vio bastante mundo. Por eso tiene peso cuando afirma que “Mainqué es un lugar único”.
Lo sedujeron su baja humedad, el agua dulce cargada de
minerales y los suelos aluviales fríos, una combinación que, en sus palabras,
forma “un complejo ideal para vinos refinados”. Pero hubo además algo menos
técnico y más íntimo: “Me enamoré hace casi 30 años. Me sentí en casa”.
Llegó a la Patagonia para trabajar en Humberto Canale,
cuando la región todavía no ocupaba el lugar que hoy tiene en la conversación
sobre los grandes vinos argentinos.
Lo que encontró fue un paisaje áspero y fascinante: caminos
largos, viento sin pausa, suelos pobres, días cálidos, noches frescas y el río
Negro como eje vital.
No por nada insiste en que sin río no hay vino. Fue en ese
escenario, todavía lejos del radar global, donde pensó: “Aquí, justo aquí,
puedo crear algo”.
Y eso hizo.
El viñedo de 1932 y la paciencia como método.
Hans mapeó los viejos viñedos de la zona. El hallazgo fue
una parcela de apenas 1,5 hectáreas de Malbec plantadas en 1932, un viñedo que
terminaría siendo el corazón de Noemía.
Allí entendió algo que todavía hoy defiende con convicción:
el valor irreemplazable de las viñas viejas.
“Elegir viña vieja simplemente es saber que este material,
que sobrevivió con poco cuidado por tantos años en estos suelos, debía ser
excelente material vegetal. Eso es lo que intentamos respetar”, explica.
En su mirada, una viña vieja no es una postal romántica ni
una herramienta de marketing elegante. Es memoria biológica, adaptación,
equilibrio y resistencia.
También, curiosamente, una criatura sensible: “La enseñanza
de nuestra viña es que le encanta la atención. Más atención, más feliz”.
De visitar una bodega a vivir un proyecto.
Hay otro giro decisivo en esta historia: Noemía cambió
cuando Hans dejó de ser un enólogo que iba y venía y empezó a vivir en Mainqué.
“Logré una visión diaria e íntima. La bodega se transformó en un proyecto de
vida”, resume.
Ese proyecto de vida tomó otra profundidad cuando decidió
quedarse definitivamente en la Patagonia junto a María Belén, con quien eligió
apostar todo por ese lugar.
Un Malbec contra los prejuicios.
La mirada de Hans sobre el lugar del Malbec argentino en el mundo es tan lúcida como incómoda. “Afuera, la mayoría de los consumidores conocen un Malbec argentino potente, dulce, alcohólico y con madera. Esa es la realidad”, dice.
Fue, durante años, el perfil que dominó mercados y ayudó a
construir una imagen tan exitosa como simplificada. El problema es que esa
imagen también dejó prejuicios. “La verdad hoy es otra y nuestra misión es
transmitirla”.
En ese contexto, Noemía 2022 funciona como una respuesta
elegante. No necesita subir el volumen para hacerse notar. No busca impresionar
por exceso ni disfrazarse de grandeza. Juega otro partido: el de la fineza, la
tensión, la textura y la identidad. Ese en el que un vino no solo gusta, sino
que deja huella.
Tal vez por eso Hans se siente cómodo cuando se habla de
Noemía como un ícono del Malbec argentino. “Hace rato que Bodega Noemía y sus
vinos son reconocidos localmente e internacionalmente”, afirma.
¿Y qué convierte a un vino en referencia? La respuesta vuelve
a ser precisa: “Cuando pasa de ser excelente a ser único y reconocible, y
además coleccionable”.
Lo que viene, sin cambiar de brújula.
Cuando mira hacia adelante, Hans no elige una sola obsesión.
Quiere hacer un vino todavía mejor, proteger ese patrimonio de viñas viejas,
consolidar un legado familiar y seguir demostrando que Patagonia puede jugar en
la primera división del vino mundial. Todo junto. Sin eslóganes. Sin
dramatismo. Sin necesidad de cambiar de piel cada vendimia.
Tal vez ahí resida la verdadera fuerza de Noemía 2022, el
vino que coronó nuestro Informe Malbec. No parece construido para ganar una
carrera corta, sino para durar. Y en una época en la que tantos vinos buscan
impacto instantáneo, esa forma de profundidad sigue siendo, todavía, una rareza
deliciosa.
31/03/2026.
Autor Alejandro Iglesias Es sommelier y un consumado
buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del
primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como
nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige
los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó
en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase
Ejecutiva, o internacionales como Decanter.
Publicado en Vinómanos.
Imágenes de Vinómanos.
https://vinomanos.com/2026/03/hans-vinding-diers-noemia-2022-mejor-malbec/

















