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jueves, 30 de abril de 2026

HANS VINDING-DIERS Y NOEMÍA 2022: LA HISTORIA DETRÁS DEL MEJOR MALBEC DEL INFORME VINÓMANOS.


HANS VINDING-DIERS Y NOEMÍA 2022: LA HISTORIA DETRÁS DEL MEJOR MALBEC DEL INFORME VINÓMANOS.

En Mainqué, Hans convirtió un viejo viñedo patagónico en cuna de uno de los Malbec más singulares de Argentina.

Antes de erigirse como uno de los nombres más respetados del vino argentino, Hans Vinding-Diers quería ser director de teatro y cine. Escribía sus propias obras a los 12 años y, como les pasa a tantos adolescentes, no tenía ninguna intención de seguir el camino de su familia.

Pero a los 18, su padre, Peter Vinding-Diers, figura clave del vino europeo de las últimas décadas, lo mandó a Australia a trabajar en Tyrrell’s Vineyards. Empezó como chico de campo y de bodega. Le gustó. Y ahí cambió el libreto.

La anécdota no es decorativa. Ayuda a entender algo central de sus vinos: tienen relato. No por artificio ni por maquillaje, sino por construcción, tensión y sentido del lugar.

Noemía 2022, que acaba de quedarse con el primer puesto del Informe Malbec de Vinómanos, tiene justamente eso. No solo impacta: también cuenta una historia. Y la cuenta con una voz que ya no se parece a ninguna otra.


Cuando una bodega entra en madurez.



Para Hans, este reconocimiento no habla de un golpe de suerte ni de una cosecha especial. Habla de tiempo, de insistencia y de madurez.

“La bodega está en un momento de madurez. Pudimos llegar al nivel al que apuntamos desde hace muchos años”, dice. No lo plantea como una línea definitiva, sino como una estación importante dentro de una senda abierta: “Obviamente, el camino sigue para mejorar siempre”.

En su caso, lo profesional nunca aparece del todo desligado de lo personal. “Como viticultor estoy en un buen lugar, y esto es válido en mi vida personal también. La armonía personal se transmite a los oficios”, asegura. En Noemía, esa armonía parece haberse convertido en una forma de trabajo.

Cada vez que intenta condensar su proyecto, Hans vuelve a la misma idea: “Un lugar, un viñedo, un vino”. La frase, que podría sonar minimalista, encierra en realidad una disciplina.

En una industria donde abundan las etiquetas nuevas, los portafolios interminables y los cambios de rumbo, sostener una visión durante 25 años no es solo coherencia: es carácter.

Mainqué, un lugar que no se parece a ningún otro.

Hans hizo vino en Sudáfrica, Burdeos, Australia, Italia, Uruguay y Argentina. Vio bastante mundo. Por eso tiene peso cuando afirma que “Mainqué es un lugar único”.

Lo sedujeron su baja humedad, el agua dulce cargada de minerales y los suelos aluviales fríos, una combinación que, en sus palabras, forma “un complejo ideal para vinos refinados”. Pero hubo además algo menos técnico y más íntimo: “Me enamoré hace casi 30 años. Me sentí en casa”.

Llegó a la Patagonia para trabajar en Humberto Canale, cuando la región todavía no ocupaba el lugar que hoy tiene en la conversación sobre los grandes vinos argentinos.

Lo que encontró fue un paisaje áspero y fascinante: caminos largos, viento sin pausa, suelos pobres, días cálidos, noches frescas y el río Negro como eje vital.

No por nada insiste en que sin río no hay vino. Fue en ese escenario, todavía lejos del radar global, donde pensó: “Aquí, justo aquí, puedo crear algo”.

Y eso hizo.

El viñedo de 1932 y la paciencia como método.

Hans mapeó los viejos viñedos de la zona. El hallazgo fue una parcela de apenas 1,5 hectáreas de Malbec plantadas en 1932, un viñedo que terminaría siendo el corazón de Noemía.

Allí entendió algo que todavía hoy defiende con convicción: el valor irreemplazable de las viñas viejas.

“Elegir viña vieja simplemente es saber que este material, que sobrevivió con poco cuidado por tantos años en estos suelos, debía ser excelente material vegetal. Eso es lo que intentamos respetar”, explica.

En su mirada, una viña vieja no es una postal romántica ni una herramienta de marketing elegante. Es memoria biológica, adaptación, equilibrio y resistencia.

También, curiosamente, una criatura sensible: “La enseñanza de nuestra viña es que le encanta la atención. Más atención, más feliz”.

De visitar una bodega a vivir un proyecto.

Hay otro giro decisivo en esta historia: Noemía cambió cuando Hans dejó de ser un enólogo que iba y venía y empezó a vivir en Mainqué. “Logré una visión diaria e íntima. La bodega se transformó en un proyecto de vida”, resume.

Ese proyecto de vida tomó otra profundidad cuando decidió quedarse definitivamente en la Patagonia junto a María Belén, con quien eligió apostar todo por ese lugar.

Un Malbec contra los prejuicios.

La mirada de Hans sobre el lugar del Malbec argentino en el mundo es tan lúcida como incómoda. “Afuera, la mayoría de los consumidores conocen un Malbec argentino potente, dulce, alcohólico y con madera. Esa es la realidad”, dice.

Fue, durante años, el perfil que dominó mercados y ayudó a construir una imagen tan exitosa como simplificada. El problema es que esa imagen también dejó prejuicios. “La verdad hoy es otra y nuestra misión es transmitirla”.

En ese contexto, Noemía 2022 funciona como una respuesta elegante. No necesita subir el volumen para hacerse notar. No busca impresionar por exceso ni disfrazarse de grandeza. Juega otro partido: el de la fineza, la tensión, la textura y la identidad. Ese en el que un vino no solo gusta, sino que deja huella.

Tal vez por eso Hans se siente cómodo cuando se habla de Noemía como un ícono del Malbec argentino. “Hace rato que Bodega Noemía y sus vinos son reconocidos localmente e internacionalmente”, afirma.

¿Y qué convierte a un vino en referencia? La respuesta vuelve a ser precisa: “Cuando pasa de ser excelente a ser único y reconocible, y además coleccionable”.

Lo que viene, sin cambiar de brújula.

Cuando mira hacia adelante, Hans no elige una sola obsesión. Quiere hacer un vino todavía mejor, proteger ese patrimonio de viñas viejas, consolidar un legado familiar y seguir demostrando que Patagonia puede jugar en la primera división del vino mundial. Todo junto. Sin eslóganes. Sin dramatismo. Sin necesidad de cambiar de piel cada vendimia.

Tal vez ahí resida la verdadera fuerza de Noemía 2022, el vino que coronó nuestro Informe Malbec. No parece construido para ganar una carrera corta, sino para durar. Y en una época en la que tantos vinos buscan impacto instantáneo, esa forma de profundidad sigue siendo, todavía, una rareza deliciosa.

31/03/2026.

Autor Alejandro Iglesias Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter.

Publicado en Vinómanos.

Imágenes de Vinómanos.

https://vinomanos.com/2026/03/hans-vinding-diers-noemia-2022-mejor-malbec/


sábado, 11 de abril de 2026

Transformación en Patagonia: cómo un viñedo casi perdido produce vinos premiados mundialmente.

 


Hay búsquedas que parecen no tener fin y Piero Incisa della Rocchetta podría ser quien lo sabe mejor que nadie. Nacido en Italia, tierra donde el vino es liturgia y el viñedo es herencia, partió en busca de un lugar que le permitiera hacer algo distinto: un Pinot Noir que conmoviera. Recorrió Borgoña, la cuna indiscutida de esa uva esquiva y aristocrática. Visitó Oregón, donde los productores norteamericanos habían encontrado un frío generoso y una luz particular. Pasó por California, por los valles de Italia, por rincones de Europa donde la vid lleva siglos aprendiendo a hablar con la tierra. En cada lugar encontró grandeza. Pero no encontró lo que buscaba. Hasta que llegó a Mainqué.

Un pequeño pueblo del Alto Valle, donde el viento barre sin pausa, la humedad es casi una rareza y el sol golpea con una intensidad que pocas regiones del mundo conocen. Allí, en un viñedo viejo y semiabandonado plantado por inmigrantes que ya no estaban, Piero encontró su respuesta. No era Borgoña. No era Oregón. Era algo completamente nuevo y, al mismo tiempo, brutalmente propio.Hoy, ese viñedo produce el Pinot Noir Treinta y Dos 2025, calificado con 100 puntos por James Suckling, puntaje perfecto que lo convierte en uno de los vinos más reconocidos del planeta. Y junto a él, el Chardonnay Patagonia 2025, con 99 puntos en la misma crítica. Dos vinos. Una misma bodega. Un mismo pueblo en el fin del mundo.


Conversamos con Piero sobre el orgullo de llegar a la cima, sobre el equipo que hizo posible este logro, sobre el camino recorrido y sobre Patagonia, "un lugar donde se puede hacer un bueno de enorme calidad". A continuación, la entrevista completa:


Bodega Chacra acaba de recibir 100 puntos por su Pinot Noir Treinta y Dos 2025 y 99 por su Chardonnay Patagonia 2025. ¿Qué sintió cuando supo que dos vinos de la misma bodega alcanzaban simultáneamente esas calificaciones?
Estamos muy honrados y pienso que es un gran orgullo para el equipo, que fue el verdadero protagonista de la historia de este puntaje. Es un trabajo de equipo. Fue realmente un gran honor.
Mucha gente puede pasar toda una vida entera de enólogo y nunca recibirlo. Son muy pocas las personas que reciben 100 puntos. Entonces, es algo muy precioso, y estamos orgullosos por Chacra, por Mainqué, por Río Negro y, obviamente, por Argentina.

Usted recorrió Borgoña, Oregón, California e Italia antes de elegir el Valle de Río Negro. Hoy, con estos reconocimientos en mano, ¿diría que la Patagonia ya puede sentarse a la misma mesa que esas regiones históricas?
Obviamente, Mainqué y la Patagonia están escribiendo su historia. Poco a poco la Patagonia está ganando más visibilidad en el mundo y tiene un terruño muy distintivo, donde el rey es el microclima: una baja humedad, un viento constante, una enorme luminosidad.
Entonces, la suma de todos estos factores que los franceses llaman el terroir, en Mainqué, en mi opinión, se expresa de una manera absolutamente brillante, única. Y es el principio de un largo camino.
Pero nosotros estamos mucho más concentrados en el trabajo diario, en el placer del trabajo diario, y no intentamos compararnos con nadie. Nosotros somos brutalmente argentinos, brutalmente patagónicos y brutalmente de Mainqué. Entonces, cualquier otra comparación pienso que podría diluir un poquito nuestra identidad.

l Pinot Noir Treinta y Dos 2025 recibió puntaje perfecto. ¿Qué tiene esta añada en particular que la hace diferente a las anteriores?
El 2025 fue una añada prácticamente perfecta. Tuvimos una floración muy buena, muy uniforme. Y además, sin demasiados calores, aunque nosotros cosechamos siempre bastante temprano para poder capturar los aspectos más florales y más crocantes de la expresión del Pinot que nos gusta a nosotros. Y el resultado de veinticinco años de un trabajo meticuloso de la viña, de los suelos, de la poda, pero también atrás hay toda la preparación biodinámica.
Entonces, la suma de todos estos elementos hace que el 2025 fuera una añada casi, diría, perfecta para nosotros, pero, de nuevo, el equipo, que es siempre el protagonista, supo interpretar de una manera absolutamente fiel la identidad de nuestra parcela de Mainqué… Y tuvimos la suerte de que los críticos están reaccionando muy bien; estamos muy orgullosos de eso.

En una charla anterior describió a sus vinos como "gastronómicos", pensados para acompañar y no para protagonizar. ¿Cree que los críticos internacionales están empezando a valorar ese estilo más delgado y floral frente a los vinos más poderosos y alcohólicos?
Pienso que no solamente los críticos están valorando estos vinos, pienso que el protagonista es el consumidor. Creo que en Chacra, además, es un consumidor a veces más femenino que masculino. Son vinos que normalmente están entre 11 y 12% de alcohol, son más florales, no son vinos concentrados o extraídos, ni con demasiada madera... Entonces, pienso que al ser vinos donde no hay prácticamente ningún producto químico, son extremadamente fáciles de tomar, muy gastronómicos… Pero también son vinos que no te dan ningún tipo de resaca, entonces se pueden tomar tranquilamente y dan espacio para conectarse el uno con el otro y compartir un buen momento…
No hay que olvidarse de que el vino es cultura. El desafío de nosotros al día de hoy es poder no solamente intentar extraer en forma líquida una interpretación muy fiel de la parcela, en su comunión de la planta y el suelo, sino también interpretarlo de una manera que pueda mejorar tu comida y darte alegría, y poder conectarte con otros humanos.

Los críticos observan este fenómeno, observan esa costumbre que tienen hoy los jóvenes. La comida normalmente, en forma general, a nivel global, es más liviana. Se utiliza menos manteca, hay menos comida frita, hay un poquito menos de carne —aunque eso, capaz, no podemos contarlo en Argentina porque es una gran tradición de carne excepcional—. Entonces, si tienes un vino con 14 o 15 grados de alcohol, te destruye esta comida liviana, porque el vino domina y tu paladar, al ser dominado por un vino tan poderoso, no tiene mucho espacio para poder aprovechar los gustos de la comida más liviana. Entonces, los críticos están notando este cambio de costumbres.
Es importante agregar que nosotros no estamos haciendo nada nuevo. Si ustedes van a mirar el nivel de alcohol de los vinos que se producían en Europa y también en Argentina en los años treinta o cuarenta, se van a dar cuenta de que el alcohol en esas añadas era muy bajo. Muchas veces, los campesinos tenían un poquito de miedo de dejar la uva en el viñedo porque temían perder la producción por granizo, por ejemplo. Entonces, había la tendencia de cosechar un poquito antes. Nosotros no inventamos absolutamente nada nuevo, estamos volviendo a la manera tradicional de hacer el vino. Y pienso que eso también es bienvenido porque no hay que intervenir con una cantidad de químicos que normalmente se utilizan para estabilizar los vinos que tienen el alcohol más alto. Ganamos todos.
Se nota de una manera universal, en la Toscana como en Francia, que todos los productores están justamente cambiando la práctica agrícola para poder cosechar un poquito más temprano y tener vinos más livianos.

El Pinot Noir Treinta y Dos tiene fecha de lanzamiento en 2027. ¿Qué desafío implica pedirle al mercado que espere dos años por un vino ya premiado hoy? ¿Está la bodega preparada para responder a una demanda que puede dispararse de golpe con producciones artesanales y acotadas?
Ya tuvimos distribuidores que quieren reservar vinos. Ahora estamos en un trabajo de comunicación contactando a quienes les vendemos anualmente para garantizarles que van a poder recibir lo acordado.
Para poder intentar demostrarle al pueblo argentino un poquito de nuestra gratitud por seguirnos durante los años y acompañarnos, nosotros, en forma excepcional, vamos a ofrecer una pequeña cantidad de estos vinos a clientes, con un año de anticipo. Es una manera de decir gracias.
Chacra es una bodega familiar, de carácter artesanal. Entonces, nosotros no aumentamos la producción. El objetivo es mejorar todo lo que podemos cada año e intentar siempre interpretar la añada de la mejor manera posible. Entonces, estamos preparados en el sentido de que no vamos a aumentar el volumen; hay lo que hay.

El viñedo de donde nacen estos vinos fue plantado por inmigrantes y estuvo a punto de ser arrancado. ¿Qué significa para usted que esa misma tierra hoy produzca un vino con puntaje perfecto a nivel mundial?
Para nosotros fue algo muy interesante, pero también muy emotivo, haber tenido la responsabilidad de volver a trabajar un viñedo que estaba casi abandonado y donde la viña estaba en una condición muy mala. Fue un desafío que tenemos hasta hoy. Volver a trabajar viñedos muy viejos necesita una inversión económica enorme, pero también un enorme trabajo con un compromiso diario y con esfuerzo de carácter artesanal, porque hacemos todo a mano. En Chacra no hay mecanización, y todo se hace con mucha atención. Tenemos un gasto de manejo enorme por hectárea, porque, al no utilizar herbicidas ni pesticidas, y al no utilizar una cosecha industrializada, el trabajo es muy duro y muy lento.
Entonces, fue un enorme compromiso, con enorme esfuerzo y una enorme inversión, pero nos gusta muchísimo poder ser parte de este camino. Obviamente, es un desafío enorme que requiere mucha resiliencia y mucha paciencia, pero con un equipo muy bueno llegamos a poder restaurar estos viñedos en su mejor estado. Entonces, es un orgullo para mí poder tener un equipo tan bueno y poder hacer este tipo de trabajos.
El valor simbólico también es muy gratificante: poder demostrar que lo viejo no es malo, que es bueno, que las tradiciones se pueden recuperar. Y también es un poco una demostración de que los mejores vinos son hechos de los viñedos más viejos. Podemos entonces hacer un paralelo muy interesante entre los humanos y la viña, en el sentido de que, al día de hoy, donde se mira mucho a los jóvenes, es primordial no olvidarse del valor de una persona mayor, muy sabia, que puede aportar enormemente a la sociedad de hoy.

En una entrevista anterior me dijo que el mercado global del vino se va a contraer en los segmentos más accesibles, pero crecerá en el segmento alto. ¿Eso convierte a la Patagonia en una oportunidad estratégica justo en el momento correcto?
Pienso que las oportunidades existen en forma constante, en forma diaria. Después, el humano es quien tiene que entender que puede capitalizarlas y transformar esta realidad en un hecho. Entonces, será la historia y la voluntad de los habitantes de la Patagonia lo que determine el éxito de esta región. Algo es seguro: en la Patagonia, en el Alto Valle, se puede hacer vino de alta calidad.
En un pueblo como Mainqué, Bodega Chacra ganó dos veces un reconocimiento de 100 puntos, una vez el premio al mejor vino del mundo, y varias veces obtuvo 99 puntos —tanto con el Pinot como con el Chardonnay—, y todo esto me hace pensar que Chacra es una demostración práctica y pragmática de que es un lugar donde se puede hacer vino de enorme calidad. Y el mercado reconoce eso en Chacra.
Ahora, si lo hace Chacra, lo puede hacer cualquiera. Entonces, obviamente pienso que si ya hay una pequeña empresa como Chacra que llega a tener dos veces 100 puntos en 8 años —que es el mejor vino del mundo—, no veo por qué no hay una oportunidad enorme para cualquier otra persona que quiera venir, invertir y trabajar para poder recibir el mismo tipo de puntaje.
Entonces, las oportunidades existen; necesitamos individuos que tengan motivación y ganas de poder realizar algo similar a lo que hicimos nosotros, sea con la misma cepa u otra.

¿Cuál es el próximo capítulo que quiere escribir para Bodega Chacra?
El próximo paso para la bodega es simplemente el trabajo de todos los días, con mucha concentración, mucha precisión, mucha conciencia. Intentamos expandir nuestra conciencia diaria para siempre poder capturar de la forma más limpia, más natural y más autóctona la expresión de nuestra parcela de Mainqué.
Entonces, para nosotros nada cambia. Seguimos trabajando, seguimos poniéndole muchas ganas, mucho esfuerzo, enormes sacrificios, e inversión humana y económica para poder volver a la cancha y siempre hacer lo mejor que se puede hacer en este magnífico pueblo de la Patagonia.

Piero Incisa della Rocchetta recorrió medio mundo buscando el lugar donde el Pinot Noir pudiera dejarnos sin palabras. Lo encontró en pueblo patagónico, en un viñedo casi perdido, y con un equipo dispuesto a trabajar la tierra con las manos. El resultado no es solo un puntaje perfecto, es la confirmación de una intuición que él defendió durante años. La Patagonia ya no es una promesa. Es una certeza. Y Mainqué acaba de escribir una de las páginas más grandes de la historia del vino argentino.


Publicado en MÁS PRODUCCIÓN de La Mañana de Neuquén.

https://masp.lmneuquen.com/vinos-patagonia-100-puntos-chacra-pinot-noir-mainque

martes, 28 de octubre de 2025

BODEGAS Y VIÑEDOS DE MAINQUÉ, RÍO NEGRO, PATAGONIA ARGENTINA.



Mainqué y el auge del Pinot Noir: cómo este pueblo rionegrino se volvió capital del vino patagónico.

Mainqué celebra 100 años y se afianza en la producción de vino patagónico.

En el centenario de su fundación, la localidad vive un gran impulso productivo. Su terroir, el recurso hídrico y el empuje de nuevos proyectos posicionan a Mainqué como epicentro del Pinot Noir y motor de la economía regional.

Mainqué celebra su centenario con una identidad que se afianza entre los viñedos. Lo que comenzó hace décadas como un pequeño poblado del Alto Valle, hoy se proyecta como un punto fuerte de la vitivinicultura patagónica, reconocido por la calidad de sus suelos, la pureza del clima y la elegancia de sus vinos.

 “Río Negro está en el foco de la vitivinicultura nacional, llamando la atención de enólogos y nuevos actores que buscan instalarse en esta actividad”, explica Mariana Cerutti, directora de Vitivinicultura de la provincia. Según la funcionaria, las condiciones naturales y la disponibilidad de agua convierten a la región en un territorio privilegiado dentro del mapa del vino argentino.

Cerutti destaca que Río Negro es una de las provincias más ricas en recurso hídrico, un diferencial que contrasta con el déficit que enfrentan otras zonas productoras del país. A esto se suma una amplitud térmica ideal, con días cálidos y noches frescas, que permite una maduración lenta y equilibrada de la uva.

“Nuestro clima genera una fruta marcada, con vinos elegantes y sutiles, de acidez balanceada. Eso nos distingue del resto del país”, señala. La composición de los suelos y el manejo del riego completan una ecuación que da origen a vinos únicos, especialmente en el caso del Pinot Noir, una cepa exigente y de gran delicadeza. “El Pinot Noir rionegrino no se parece a ningún otro del país. Tiene una suavidad y elegancia particulares, una expresión que solo se logra en estos valles”, remarca.

Con una población pequeña y un perfil productivo en expansión, Mainqué se consolidó como un polo vitivinícola de excelencia. En sus márgenes del río y también sobre la barda norte, productores locales desarrollan viñedos que sorprenden por su calidad.

“En diferentes degustaciones a ciegas, los vinos de Mainqué fueron elegidos como los mejores por el consumidor final. Eso demuestra que la zona tiene un potencial enorme”, comenta Cerutti.

“Río Negro está en el foco de la vitivinicultura nacional, llamando la atención de enólogos y nuevos actores que buscan instalarse en esta actividad.”

Desde la Dirección de Vitivinicultura, el gobierno provincial impulsa programas de financiamiento, mejora integral de viñedos y asistencia para la exportación. El objetivo es que cada vez más bodegas pequeñas y medianas puedan acceder a mercados internacionales y fortalecer el enoturismo, una de las actividades que más crece en la región.

“El enoturismo es una unidad de negocio clave: permite vender directo, generar experiencias y fortalecer la economía. Cada visitante que pisa una bodega impulsa todo el entorno: la gastronomía, el alojamiento, los servicios”, sostiene Cerutti.

Otro eje es la sustentabilidad. Se avanza en certificaciones orgánicas, energías renovables y un uso más eficiente del agua. “Trabajamos para que los viñedos y las bodegas sean cada vez más conscientes con los recursos. Tenemos bodegas que ya producen hasta un 80% de su energía con paneles solares”, dijo.

Noemia: identidad, sustentabilidad y orgullo. Hans Vinding.

Fundada sobre una bodega construida en 1952, Bodega Noemía es uno de los proyectos que mejor sintetiza la historia y la evolución de la vitivinicultura en Mainqué. Su viñedo más antiguo data de 1932, y desde entonces la combinación de clima, agua pura y manejo orgánico le otorgan a sus vinos un carácter único.

“Nuestra bodega está profundamente ligada al desarrollo vitivinícola de Mainqué. Después de 24 años de trabajo, alcanzamos un nivel cualitativo alto, pero siempre buscamos mejorar”, destaca el reconocido enólogo Hans Vinding.

Desde sus inicios, Noemía exporta gran parte de su producción y hoy sus vinos están presentes en más de 25 países, contribuyendo al posicionamiento del vino patagónico en el mundo. En 2025, la bodega recibió la certificación de sustentabilidad, reflejo de su compromiso con el entorno social, ambiental y económico.

“El centenario de Mainqué nos da orgullo. Nos hace mirar atrás y proyectar el futuro.”

Miras: la esencia de Mainqué en cada vino.


En el corazón de Mainqué, la Bodega Miras se convirtió en parte de la identidad del lugar. Desde su llegada, Marcelo Miras y su familia transformaron un viñedo histórico —plantado en 1958— en un proyecto que combina trabajo, comunidad y respeto por la tierra.

“La gente nos recibió muy bien, enseguida sentimos esa cercanía”, recuerda Miras, quien compró la chacra en 2017 y desde entonces impulsa una producción cuidada, casi artesanal. Con apenas ocho hectáreas en producción y un equipo de unas diez personas, elaboran cerca de 90.000 botellas por año, donde el Malbec, el Pinot Noir y el Cabernet conviven con una blanca tradicional del valle: el Torrontés mendocino, con el que producen vinos naranjos de baja graduación alcohólica.

“Nos gusta la tranquilidad del pueblo, el contacto con la naturaleza y su espíritu de comunidad.” Marcelo Miras.

“El gran desafío de cada año es hacer un vino mejor, sin perder la esencia del pueblo y su espíritu de comunidad”, resume Miras.

Mabellini: un siglo de historia y un futuro en marcha.


En una chacra centenaria de Mainqué —donde en 1912 la familia Verdecchia plantó las primeras vides—, Bodega Mabellini Wines continúa una historia que lleva más de cien años de vida productiva. Hoy, el proyecto familiar encabezado por Carlos Alberto Mabellini y Lorena Nicolás Creide combina el legado vitivinícola del Alto Valle con una mirada moderna y comprometida.

Mabellini, junto a su familia recuperó los antiguos viñedos y mantiene en producción una bodega que nunca dejó de elaborar vino desde 1912.

“Llegar a Mainqué fue volver a nuestras raíces. Más que una coincidencia, fue un regreso al lugar donde la historia familiar y la historia del vino se cruzan.” Lorena Nicolás Creide (Bodega Mabellini Wines).

“El centenario de Mainqué representa una oportunidad para celebrar y proyectar: honramos a quienes nos precedieron y soñamos con que Mainqué siga siendo un referente del vino patagónico”, coinciden.

Finca Aniello: legado familiar y una tierra inigualable.


Fundada en 2012, Finca Aniello nació con el propósito de continuar una tradición vitivinícola familiar que comenzó hace más de un siglo en Sorrento. La bodega recuperó una chacra histórica a orillas del río Negro y una construcción de 1927 que conservaba viñedos únicos, entre ellos un Malbec de 1947 y uno de los pocos Trousseau plantados a pie franco en el mundo.

“Mainqué arrancó un camino ascendente en el reconocimiento de sus vinos.” María Cruz de Finca Aniello.

Hoy la bodega cuenta con 55 hectáreas de viñedos y una capacidad de 650.000 litros, exportando sus vinos a Rusia, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Australia, Malta, Perú y Brasil. Su Pinot Noir, emblema de la zona, fue elegido dos veces como el mejor en catas a ciegas, un reconocimiento que enorgullece tanto a la empresa como a la comunidad local.

“El centenario de Mainqué es un motivo de alegría. Esta tierra tiene identidad y potencial para seguir creciendo”, destacan, convencidos de que el futuro del vino patagónico se construye con trabajo, pertenencia y compromiso.

Publicado en el Rural del Diario Río Negro, 28/10/2025.

https://www.rionegro.com.ar/rural/mainque-celebra-100-anos-y-se-consolida-como-polo-del-vino-patagonico-4352055/

Nota: faltó a lo publicado por el Diario Río Negro con motivo de los 100 Años de la localidad rionegrina otra bodega y viñedos, como los publicados, que es Bodega Chacra.

Estas bodegas y sus viñedos jerarquizan la vitinícultura rionegrina son creadoras de riqueza y trabajo.

BODEGA CHACRA.

Bodega Chacra fue creada por Piero Incisa della Rocchetta en 2004 con la intención de encontrar la expresión más libre del clima, microclima y territorio de Mainqué en la región del Río Negro en la Patagonia.

Piero Incisa della Rocchetta es descendiente de una familia profundamente vinculada con la historia de Italia que llegó a a estas tierras para llevar adelante su propio proyecto en Mainqué denominado Chacra. Allí logró elaborar un vino pinot noir diferente, celebrado por críticos de alrededor del mundo.
Su entusiasmo por la producción vitivinícola nació en su casa, con su abuelo el marqués Mario Incisa della Rocchetta, que fabricaba en su finca Tenuta San Guido, un vino de la casa para consumo familiar llamado Sassicaia
Piero llegó al Alto Valle del río Negro seducido por un pinot noir patagónico que probó en Nueva York.

En el 2014 la zona de Mainqué fue considerada por expertos de diversos lugares del mundo como el mejor terruño para la producción de Malbec.

"Los mejores aromas, los vinos más complejos y elegantes, persistencia y sobre todo integrado, en cada sentido”, plasmaron en  la calificación que hicieron al respecto. 
Los resultados fueron contundentes y comunes a las tres encuestas, realizadas en las 10 mejores bodegas  y zonas de Argentina, en el marco de la Degustación "Malbec from Diferent Terroir”. Entre las visitadas se encuentran: Colomé, Famatina, Vistabalba, Pedriel, Altamira, La Consulta y Añelo, entre otras.
 
Los "Reviewers" (revisores) que analizaron los datos, todos prestigiosos representantes del Reino Unido (Tim Atkin), Canadá (LCBO buyers) y Estados Unidos (Top Sommeliers), fueron los encargados de convocar a  las bodegas y reunirse, en distintos momentos  y por separado, durante 6 semanas. 
La región de Mainqué, Río Negro – Patagonia el mejor terruño de la Argentina para la producción de los vinos Malbec.
Y se considera como cepas que se da muy bien en la zona de Mainqué el Pinot Noir.
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Bodega Miras: un terroir que late con Mainqué.

Marcelo Miras y su familia transformaron un viñedo histórico en un proyecto que une trabajo, comunidad y amor por la tierra.

En Mainqué, un pueblo que todavía conserva la calma del río y el ritmo de las chacras, la Bodega Miras se ha convertido en parte de la identidad local. No es solo un emprendimiento vitivinícola: es una historia de encuentro entre una familia y una comunidad que se reconocen en los mismos valores: el trabajo paciente, el respeto por la tierra y la sencillez cotidiana.

“Cuando llegamos acá, la gente nos recibió muy bien. Empezamos a ir a la panadería, a la verdulería, a los negocios del pueblo, y enseguida sentimos esa cercanía”, cuenta Marcelo Miras, enólogo y propietario de la bodega. Esa relación se mantiene viva: la bodega compra insumos localmente, participa en las actividades del pueblo y abre sus puertas a visitantes que buscan conocer una parte esencial del alma patagónica.


Miras llegó a la zona en 1990 y muchos años después decidió echar raíces en Mainqué. En 2017 compró la chacra con viñedos plantados en 1958. El desafío era grande: recuperar esas viejas plantas, ponerlas en valor y rescatar un patrimonio vitícola histórico de Río Negro.  “Fue un trabajo de paciencia. La vid es muy noble: cuando la tratás bien, responde de mil maravillas”, explica. Hoy, de esas ocho hectáreas de viñedo en producción, nacen alrededor de 80.000 kilos de uvas al año, que dan origen a unas 90.000 botellas de vino.

La bodega, pequeña y familiar, tiene algo de taller artesanal. Trabajan unas diez personas de confianza,contando la familia. Cada vino lleva la impronta de esa enología práctica, sencilla y sensitiva. “No hacemos cosas rebuscadas. Respetamos las técnicas tradicionales y prestamos mucha atención a las uvas”.

En el viñedo conviven el Malbec, el Pinot Noir, el Cabernet Sauvignon y el Cabernet Franc, además de una variedad blanca tradicional del valle, el Torrontés mendocino, que los antiguos productores llamaban “la loca blanca”,  con estas uvas se elaboran vinos naranjos y con baja graduación alcohólica. El respeto por el medio ambiente atraviesa todo el trabajo.

Marcelo describe que el entorno natural se convierte en parte del día a día: “Nos pasa que en la chacra escuchamos los grillos, los sapos, los pájaros al amanecer… cosas que en la ciudad se van perdiendo. Después de la pandemia vimos volver especies de aves que hacía mucho no aparecían. Eso habla del equilibrio que hay cuando uno cuida el lugar donde vive”.

La familia tiene otra bodega en Fernández Oro donde se hacen algunas producciones y en Mainqué se elaboran partidas más pequeñas, ya que es una bodega garage. Los visitantes pueden coordinar visitas con reserva previa a través de las redes sociales de la bodega. La Bodega Miras forma parte de la ruta del vino de Río Negro, que promueve el enoturismo y el desarrollo local.

“El gran desafío de cada año es hacer un vino mejor”, dice Marcelo, con la calma de quien trabaja a cielo abierto y sabe que el tiempo y el clima son parte de la ecuación. Pero más allá de la técnica, hay algo que no cambia: el deseo de mantener viva la esencia del lugar. “Nos gusta la tranquilidad del pueblo, el contacto directo con la naturaleza. Y sobre todo, conservar esa identidad de Mainqué, su espíritu de comunidad. Eso, para nosotros, también se refleja en el vino.”

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/bodega-miras-un-terroir-que-late-con-mainque/

sábado, 11 de octubre de 2025

MIRAS Loca Blanca 2024.


MIRAS Loca Blanca 2024
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Otra de las nuevas etiquetas de Bodega Miras consiste en un particular varietal de Loca Blanca proveniente de un viñedo Mainqué implantado en 1958 certificado orgánico y sustentable, como siempre la enología está a cargo del Lic. Marcelo Miras y la asistencia de su hijo Pablo Miras.

Esta línea de vinos, busca lograr varietales patagónicos frutados y con mucha frescura; solo se fraccionaron 1200 botellas de este vino blanco.

La cosecha se realiza de forma temprana para luego pasar a fermentar en tanques de manera tradicional, vinificado como blanco, sin los hollejos, con maceración corta y levaduras indígenas, finalmente se embotella sin filtrar.

Bodega: Miras

Zona: Mainqué – Río Negro.

Color: dorado brillante con presencia de gas carbónico.

Aroma: frutado de cítricos y ananá con muy buena integración de su alcohol. Volumen  medio de aroma.

Sabor: vivo y austero, con ataque seco y media a alta acidez. En la boca presenta un correcto equilibrio de tendencia centro - lateral con presencia de gas carbónicoSu graduación alcohólica es de 10º y cierra con persistencia media.

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Publicado en Blog del vino patagónico de Fabián Mitidieri.

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