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viernes, 31 de julio de 2026

De la Patagonia al mundo, llega el primer espumante de pétalos de tulipán.


De la Patagonia al mundo, llega el primer espumante de pétalos de tulipán.

El enólogo Darío González Maldonado desarrolló vinos, sidras y espumantes en la Patagonia. Los desafíos y su creatividad abarcan terruños desde Río Negro, Chubut, Santa cruz y hasta en Ushuaia. Ahora, lanza un espumante de tulipanes. Y se prepara como jurado de Argentina Spirits Awards 2026.


El ingeniero agrónomo y enólogo Darío González Maldonado supera los desafíos del clima patagónico y sus propias metas: lanza el primer espumante de pétalos de tulipanes rojos que coronan sus casi treinta años de trabajo desarrollando vinos y espumantes de toda la región. Además,  la semana pasada fue elegido para integrar el jurado de los premios Argentina Spirits Awards 2026.  

“Es un producto inédito a nivel mundial. Es el 1º que se hace, ni siquiera en Holanda lo han elaborado espumantes a partir de pétalos de tulipán. En este caso, son de tulipán rojo”, cuenta a Tiempo desde su casa en El Hoyo sobre la Ruta Nacional 40 en Chubut, zona a dónde recaló de su San Juan Natal en el año 2000.

Formado en la Universidad Nacional de Cuyo y ahora con 54 años, el enólogo sigue creando, desarrollando y estudiando lo que selló su destino en sus primeros pasos en la región de los valles chubutenses donde conoció por primera vez la vitivinicultura de clima frío. Su experiencia comenzó como director apoderado de Patagonia Wines, una de las primeras bodegas en la región que hoy llega a exportar a unos 30 países. 

“No tengo bodega propia, soy asesor, consultor y asesor técnico”, explica pero se sabe que recorre, estudia y analiza cada porción de territorio desde hace 26 años en los que pasó por El Hoyo y toda la zona sur de Rionegro.  Aprendió a adaptar sus conocimientos a estos terruños y a las condiciones agroclimáticas para alcanzar el desafío de producir vinos de calidad en una de las regiones más australes del mundo. En dos décadas se convirtió en una de las experiencias más novedosas del país y su nombre siempre relacionado al desarrollo y crecimiento del enoturismo al pie de la cordillera.  

Aroma embriagador.

Alguna vez al probar el licor de violetas de Toulouse (Francia) y combinar unas gotas con un espumante, el resultado a la vista fue de un color subyugante, lavanda violáceo y al hablar en una reunión, flotaba en el aire un aroma suave a violetas. ¿Será así el espumante de tulipanes? Le consulta Tiempo al experto quien suelta una sonrisa como respuesta.

Lo del espumante de pétalos es cosa. Y muy curioso el producto. “En el proceso, se recolectan los tulipanes, las cabecitas, se produce una deshidratación parcial. Después se hace un control de calidad, se van eliminando todas las partes verdes, todas las partes que son indeseadas,  se revisa pétalo por pétalo”, explicó González Maldonado. 

 Después, “se hace una maceración, se obtiene un líquido, al que se le hacen correcciones a nivel de azúcares y acidez, y unas cositas que son secretos del enólogo, y se provoca una 1º fermentación para obtener un producto base, y luego se provoca una 2º fermentación ya en botella, y, una vez terminada la fermentación alcohólica en botella, se lleva pupitres (estanterías inclinadas) para que las borras se muevan hacia el pico la botella”, contó. 

Además, la botella se pone parcialmente inclinada hacia abajo, en pupitres y, se lo deja ahí de uno a cinco para que evolucione. “Luego de ese proceso viene el degüelle, se congela el pico de la botella donde está depositada toda la borra (levaduras muertas), se destapa, el mismo gas que produjo naturalmente empuja ese tapón de espumante congelado con las borras, y se coloca el corcho, el bozal, se fagina la botella, se etiqueta y sale a mercado”. Impecable.

Un clásico hecho tulipán.

Ese método de elaboración es el tradicional “champenoise”. Explica Maldonado: “A ninguno de los productos, ya sea espumantes a partir de uva, manzana, frambuesa o, en este caso, tulipanes, le agrego licor de expedición. Así que salen con el estilo brut; brut nature o nature, que es el que realmente representa una zona o te marca la identidad de una zona o un terroir”.

La presentación oficial del espumante está prevista para el Día de la Madre en Tulipanes de la Patagonia (el campo de Trevelin De Juan Carlos Ledesma). Darío González Maldonado manda fotos donde se lo ve en Ushuaia plantando. “Ya tuvimos los primeros racimos, dio muy bien los azúcares, pero no dio para elaborar. Esta nueva temporada que viene (el próximo otoño), seguramente vamos a producir bastante uva en Ushuaia. Todos esos productos raros, como lo espumantes de pétalo de tulipán, de frambuesa, lo estoy elaborando en bodega Ayestarán Allard”, dice y se refiere a la bodega y viñedos ubicados en la localidad de El Hoyo, Capital de la Fruta Fina, Chubut.

Su  trayectoria y su perfil de pionero en una de las zonas más australes del planeta le significaron otra alegría: la de ser elegido para integrar el jurado de Argentina Spirits Awards 2026 que se realizan en octubre en Mendoza con jurados nacionales e internacionales y espirituosas de todo el mundo.

Publicado en Diario Tiempo Argentino.


23/07/2026.















































viernes, 5 de junio de 2026

En el Valle de Viedma, cerca de San Javier, una bodega de la Patagonia Argentina produce vinos artesanales.

 


Con el viento y el mar como aliados: una bodega de la Patagonia produce 30.000 botellas de vino artesanal al año.

En el Valle de Viedma, cerca de San Javier, una bodega familiar sostiene desde 2004 un proyecto vitivinícola artesanal que combina clima marítimo, viento patagónico y suelos calcáreos para producir cerca de 30.000 botellas anuales con identidad regional propia.

Juan Alberto Millaman posando entre los viñedos con dos
botellas de la producción artesanal de la bodega.
Foto: gentileza.

En el corazón del valle de Viedma, en la provincia de Río Negro y cerca de la comuna de San Javier, una familia apostó hace más de dos décadas por producir vinos con identidad propia en un territorio atravesado por el viento y la influencia marítima de la Patagonia atlántica. Así nació Viñas de Lucía, un emprendimiento familiar que comenzó en 2004 con la implantación de sus primeros viñedos y que hoy elabora cerca de 30.000 botellas anuales bajo la marca SAVU, consolidándose como uno de los exponentes artesanales del vino regional.

El proyecto es encabezado por el técnico enólogo Juan Alberto Millaman, quien en diálogo con Río Negro Rural repasó los orígenes de la bodega, los desafíos de producir vino en el valle de Viedma y el camino recorrido para posicionar un producto con fuerte impronta patagónica.

Un proyecto familiar de vitivinicultura en el valle de Viedma.

«Viñas de Lucía nace como un emprendimiento familiar en 2004«, relató Millaman. La bodega se instaló en cercanías de Fuerte San Javier, dentro de la zona del Idevi, donde comenzaron a implantarse los primeros varietales de Malbec, Cabernet Sauvignon y Syrah.

El nombre del proyecto tiene un fuerte vínculo familiar. Lucía es la madre de Millaman y sus raíces provienen de Pocito, en la provincia de San Juan, una de las regiones históricas de la vitivinicultura argentina.

Las plantas llegaron desde esa provincia cuyana.»Hubo que trabajar mucho en la adaptación genética de las plantas a las primaveras frías y las heladas tardías de la Patagonia Norte», explicó el enólogo.

Los primeros años estuvieron dedicados al armado de espalderas, el cuidado del viñedo y la estabilización de las plantas. Recién en 2011 llegaron las primeras vinificaciones, cuando las vides alcanzaron un desarrollo adecuado.

Tres años después comenzó la comercialización de los vinos, inicialmente orientada al mercado local de Viedma y la región. Actualmente la bodega cuenta con cinco hectáreas implantadas y proyecta continuar creciendo en los próximos años.“Tenemos proyecciones de llegar a las siete hectáreas y estamos analizando qué varietales pueden adaptarse mejor a la zona”, explicó Millaman.

Paisaje del entorno rural del Valle de Viedma, condicionado por el clima marítimo.
Foto: gentileza.

El terroir marítimo que distingue al vino de la Patagonia atlántica.

Con el paso del tiempo, Viñas de Lucía empezó a construir una identidad propia basada en las condiciones naturales del valle de Viedma.

Para Millaman, el gran diferencial de los vinos de la zona está en el «terroir marítimo», una característica poco común dentro de las regiones vitivinícolas argentinas.

«Estamos influenciados por el clima marítimo, con el viento sur proveniente del mar, las lluvias y las brumas. Todo eso transmite características únicas a nuestros vinos», señaló.

La influencia oceánica también ayuda a morigerar las heladas, generando un equilibrio climático que resulta clave para el desarrollo del viñedo. A eso se suma un suelo calcáreo y pedregoso que aporta estructura y acidez a las uvas.

Según explicó el productor, estas condiciones permiten obtener vinos con personalidad marcada y perfiles muy distintos a los de otras zonas tradicionales del país.

Cómo influye el viento patagónico en la calidad del vino.

Uno de los factores más determinantes en la producción son los fuertes vientos provenientes del sur y del oeste.

Millaman explicó que esas corrientes generan un engrosamiento natural del hollejo (la piel de las uvas) durante el crecimiento fenológico.

Viñedos en el Valle de Viedma donde se desarrolla
 el proyecto vitivinícola artesanal de Viñas de Lucía.
Foto: gentileza.

«Eso produce vinos con mucho color, tonos oscuros y una gran estructura», detalló.

En variedades tintas como Cabernet Sauvignon y Syrah, el fenómeno también potencia los aromas a frutas rojas y negras, aportando intensidad y complejidad.

El trabajo artesanal detrás de cada vino del valle de Viedma.

La marca SAVU representa hoy la identidad comercial de la bodega, con una comercialización principalmente local y regional, centrada en Viedma y el valle de Viedma, aunque con ventas puntuales en otros puntos del país a partir del contacto directo con consumidores.

Millaman aseguró que cada añada busca reflejar el carácter del viñedo y las particularidades de cada cosecha. «El objetivo es expresar el terroir y respetar la tipicidad de cada varietal«, explicó.

El proceso comienza mucho antes de la vendimia. El enólogo participa personalmente en todas las etapas productivas: desde el manejo del suelo y la poda hasta el control del riego y la sanidad del viñedo.

«Cada planta tiene su propia esencia. Hay algunas más vigorosas y otras menos, entonces la poda es fundamental para equilibrar el viñedo y evitar que se estrese», detalló.

Aunque destacó la calidad de los vinos regionales, Millaman reconoció que sostener una bodega artesanal en el valle de Viedma presenta desafíos vinculados a los costos logísticos, la distancia con los polos industriales y los cambios en los hábitos de consumo. «Estamos lejos de los centros industriales y eso encarece los insumos y la producción», resumió el enólogo, quien además señaló la necesidad de mantener una mejora continua para sostenerse en el mercado.

De la cosecha manual a cada botella de vino artesanal.

La vendimia marca el inicio de una de las etapas más esperadas dentro de la bodega. «La magia comienza cuando transformamos las uvas en vino«, resumió Millaman.

La cosecha se realiza manualmente y luego las uvas pasan por el proceso de despalillado y encubado en tanques, donde comienza la fermentación alcohólica.

Posteriormente se realizan los descubes y trasiegos que acompañan la evolución del vino durante todo el año hasta llegar al embotellado y la estiba final.

Botellas de la marca SAVU, el vino artesanal producido en el Valle de Viedma. Foto: gentileza.

Actualmente la bodega cuenta con habilitación del Instituto Nacional de Vitivinicultura para elaborar hasta 24.000 litros anuales dentro de la categoría de elaborador artesanal. Según explicó Millaman, hoy la producción alcanza unas 30.000 botellas por año y el proyecto mantiene proyecciones de crecimiento.

Un vino artesanal de Patagonia que llega directo al consumidor.

Gran parte de la comercialización de los vinos se realiza de manera directa en la Feria Municipal de Viedma, que funciona martes y sábados de 8 a 14.

Allí, Millaman ofrece personalmente sus vinos y mantiene contacto directo con vecinos y turistas. «Es importante poder mostrar un producto genuino de la región y contar cómo se produce«, destacó.

La presencia de la bodega en la feria también se transformó en una forma de promocionar el potencial vitivinícola del valle de Viedma entre quienes visitan la capital rionegrina.

Muchos turistas que llegan a Viedma o están de paso descubren allí un vino artesanal elaborado íntegramente en la zona, con una identidad marcada por el clima, el suelo y el viento patagónico.

«Quienes prueban nuestros vinos también se llevan parte de la historia y del conocimiento de lo que se produce en esta región«, concluyó Millaman.

*** Publicado en Rural del Diario Río Negro.

miércoles, 17 de abril de 2024

Abril, mes del Malbec Argentino. El 17 de abril es el Día Mundial del Malbec. Una celebración que surge en nuestra Argentina.

 


CEPAS de la ARGENTINA.

Cada 17 de abril se celebra en la Argentina nuestra y en el mundo el Día del Malbec. Y si bien la cepa es originaria de Cahors, Francia, fue en los diferentes terroirs de la Argentina donde alcanzó un nivel de calidad único, irrepetible, permitiendo elaborar desde vinos económicos y nobles, hasta grandes exponentes de clase internacional.

La celebración fue una idea de WINES OF ARGENTINA y para promover el Malbec en el mundo.

El 17 de Abril de 1853 se presentó el proyecto para la creación de la Quinta Normal de Agricultura de Mendoza en la Legislatura provincial propiciado por Domingo Faustino Sarmiento y el Gobernador de Mendoza Pedro Pascual Segura; tuvo en su primer director a Michel Aimé Pouget, un agrónomo francés experto en suelos, la tarea de traer nuevos varietales y al cual se le atribuyen las primeras implantaciones y desarrollo del Malbec en tierra mendocina.

Una década después, Francia atravesó una profunda crisis: una plaga de Filoxera afectó toda la región del Ródano. Mientras tanto, el Malbec floreció en la Argentina creando vinos altamente superiores a aquellos de su país de origen.

A fines del siglo XIX y de la mano de los inmigrantes italianos, españoles y franceses, la vitivinicultura nacional creció exponencialmente y con ésta, el Malbec que se adaptó rápidamente a los diversos terruños que proponía la geografía argentina. De esta forma, se convirtió en la uva emblemática del país.

Hoy se cultiva el Malbec en 18 provincias argentinas. Las más tradicionales son Mendoza, que explica el 85% del total, seguida por San Juan (6%), Salta (4%), La Rioja (2%), Neuquén, Río Negro, Catamarca, La Pampa, Tucumán, Córdoba, San Luis, la provincia de Jujuy que ya cuenta con 15 bodegas ubicadas en las zonas de los Valles Templados y la Quebrada de Humahuaca que elaboran,entre otras cepas, el Malbec,la provincia de Entre Ríos, Buenos Aires, Santa Fe, Santiago del Estero, Chubut (el más austral a orillas del lago Musters, en el paralelo 45, apenas 50 kilómetros al norte de la provincia de Santa Cruz, en nuestra Patagonia Argentina) y hasta en Chaco, donde un productor plantó en 2018 un cuarto de hectárea cerca de la ciudad de Roque Sáenz Peña.

lunes, 13 de marzo de 2023

La ruta del vino en Buenos Aires: seis bodegas para descubrir.

 


La ruta del vino en Buenos Aires: seis bodegas para descubrir.

El incipiente desarrollo vitícola bonaerense cuenta con varios proyectos que ofrecen otra versión de la vitivinicultura argentina.

Aunque pensar en vino en Argentina nos lleve al oeste y las zonas montañosas y serranas del país, de un tiempo a esta parte la vitivinicultura nacional ha presentando una gran diversificación, dando lugar a nuevas regiones, con presencia de viñedos en 18 de las 23 provincias. En este contexto, una de las zonas de mayor proliferación de proyectos ha sido Buenos Aires, donde hoy podemos hablar de una ruta del vino con al menos seis proyectos.

Si vamos a los números, de acuerdo a las más recientes estadísticas disponibles en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), de las 211.099 hectáreas distribuidas en 23.278 viñedos con las que cerró el 2021, el 70,6% se concentró en Mendoza, mientras que San Juan se llevó el 20,7%. Detrás vienen La Rioja con 3,6%, Salta con un 1,7% del total, Catamarca con 1,3%, Neuquén alcanzando el 0,8% y Río Negro con 0,7%. En estas siete provincias se divide el 99,4% de toda la producción argentina, dejando un 0,6% que se divide entre La Pampa, Córdoba, Buenos Aires, Tucumán, San Luis, Chubut, Entre Ríos, Jujuy, Misiones, Santiago del Estero y Santa Fe.

Si nos centramos en los viñedos bonaerenses, entre 2010 y 2021, el crecimiento de la superficie cultivada creció en un 201,6%, pasando de 54 hectáreas a 162 hasta ese año, un número que continuó creciendo en 2022. Sin embargo, este número apenas representa el 0,08% del país y los 52 viñedos que hay en toda la provincia son apenas el 0,2% del total nacional.

Pero ese centenar de hectáreas alcanza para mostrar otra cara de los vinos argentinos, con una gran preponderancia de varietales blancos y con viñedos que se despliegan en paisajes bien diversos, influenciados por la llanura, los médanos, las sierras y el mar Atlántico a solo unos kilómetros de distancia de algunos proyectos.

Costa & Pampa – Chapadmalal.

La bodega costera de Trapiche, del Grupo Peñaflor, se ha convertido en toda una referencia de la vitivinicultura bonaerense. Ubicada en las dunas de Chapadmalal, rodeada por amplios campos que concluyen en el Océano Atlántico, a seis kilómetros de la costa marina y a solo 30 minutos de Mar del Plata, está abierta a las visitas, degustaciones y otras actividades relacionadas con el mundo del vino para mayores de 18 años.

De la mano de Ezequiel Ortego, el enólogo mendocino que desde 2014 comanda el proyecto, Costa & Pampa ha logrado notoriedad en la escena nacional de la mano de sus vinos blancos, marcados por la influencia de los vientos marinos y la humedad. Con el Albariño como uno de sus varietales más destacados, en sus 27 hectáreas propias de producción han también experimentado con variedades como el Pinot blanc, el Austramio o Gewürztraminer, además de tener Sauvignon Blanc, Riesling y Pinot Noir.

Castel Conegliano - El Boquerón.

Se trata de uno de los proyectos más noveles de la provincia de Buenos Aires, también cercano a Mar del Plata, ubicado entre las sierras del sur y con una importante influencia de los vientos de la costa atlántica, lo que genera un terroir inusual en el que han plantado varietales como Prosecco, Pinot Noir, y Moscato Giallo, todos para honrar la tradición italiana de la familia.

En la parte enológica, el responsable es Tomas Stahringer, quien es el fundador de Vinyes Ocults de Mendoza. Especialistas en las burbujas, entre sus vinos denominados Prima Prova, de la primera vendimia de 2021, se destacan el Espumante de uva Prosecco, al mejor estilo de la famosa DOC italiana, y el Moscato Giallo, un homenaje al Asti del país tano, elaborado por método champenoise.

Bodega Saldungaray - Sierra de la Ventana.

A pocos minutos de Bahía Blanca, encontramos Bodega Saldungaray, una de las primeras en buscar en el este del país un nuevo lugar para hacer vino. Durante todo el año, de jueves a domingo y feriados se pueden realizar visitas por sus viñedos y el establecimiento y degustaciones de sus vinos.

Este proyecto cuenta con siete etiquetas que comercializan en la misma bodega, restaurantes y a través de la web. En el lugar también es posible encontrar frutales, a partir de los cuales se elaboran mermeladas, una línea de cremas humectantes producidas con aceite de semilla de uva y fragancias.

Fue en el año 2003 que comenzaron su viñedo con ocho variedades y en 2007 concretaron la construcción de la bodega, donde elaboran blancos, tintos y rosados a partir de Sauvignon Blanc, Chardonnay, Malbec, Tempranillo, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot.

Cordón Blanco – Tandil.

Ubicada a 356 km de la Ciudad de Buenos Aires, en 2008 nació Cordón Blanco, una bodega familiar liderada por los hermanos Valeria, Mariano y Matías que está emplazada en dos tipos suelo serrano cuyo nombre remite a las piedras de cuarzo que se encuentran en la zona. En sus viñedos conocidos como Don Bosco y La Helena es posible encontrar variedades como Cabernet Franc, Merlot, Sauvignon Blanc, Syrah, Carmenere, entre otras.

Las instalaciones de Don Bosco, que complementan al sur de la ciudad los paisajes característicos de la zona y la típica producción de embutidos, están abiertas al público en época vacacional, donde reciben grupos de entre 5 a 30 personas los fines de semana, con una degustación de los vinos incluida.

AlEste Bodega & Viñedos – Médanos.

También muy cerca de Sierra de la Ventana y Bahía Blanca se encuentra esta alternativa que es la primera bodega de la provincia de Buenos Aires que fue fundada en el año 2000. En ese momento, Daniel Di Nucci, el propietario del proyecto, implantó 1,5 hectáreas con Malbec, Tannat, Merlot, Syrah, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot y Chardonnay. Para 2003, el éxito de esa primera experiencia lo llevó a aumentar la producción con la adquisición de otras 40 hectáreas y la construcción de la bodega, con la especialización en Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot y Tannat en los tintos y el Chardonnay y Sauvignon Blanc en los blancos.

Los visitantes pueden recorrer las instalaciones, hacer degustaciones y adquirir algunas botellas de vinos de lunes a sábados. Una de las alternativas de la propuesta enoturística de AlEste Bodega & Viñedos es crear tu propio vino personalizado.

Finca Don Atilio / Bodega Uribelarrea - Paraje La Noria.

A solo 88 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se emplaza el proyecto más cercano a la metrópolis. Está ubicado en el partido de Cañuelas y su historia comenzó en 2010 cuando su dueño, Horacio Spinazzola, decidió plantar vides en un predio cercano al paso de la ruta nacional 205 y a 10 kilómetros del pueblo de Uribelarrea, en la mismo latitud en la que se desarrolla la producción vitivinícola de Uruguay.

Con el Tannat como su varietal más destacado (se lleva alrededor del 98% del viñedo), en sus dos hectáreas también cuentan con otras como Chardonnay, Sauvignon Blanc, Marselan, Pinot Noir, Merlot y Syrah. En lo enoturístico ofrecen visitas guiadas para conocer todos los procesos de producción y concluyen con una degustación de los vinos, acompañados de quesos y fiambres.

Por Sol Devia.

Domingo, 12 de marzo de 2023.

PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO LOS ANDES.

https://www.guarda14.com/noticias/la-ruta-del-vino-en-buenos-aires-seis-bodegas-para-descubrir/

martes, 7 de marzo de 2023

Las bodegas neuquinas abren sus viñedos para la Vendimia 2023.

 

La Vendimia Neuquina es una fiesta popular que celebra el fin de la cosecha y pone en valor el carácter del vino neuquino, y a todos aquellos involucrados en su proceso. Su celebración tendrá lugar el 25 y 26 de marzo en San Patricio del Chañar, cuna de las bodegas principales de la zona.

Los establecimientos, los enólogos, los trabajadores y los habitantes de la ciudad se congregan en esta fiesta confirmando que la Vendimia Neuquina llegó para ganarse un lugar en el calendario de la industria vitivinícola argentina.

En esta tercera edición, las bodegas anfitrionas Malma, Familia Schroeder, Secreto Patagónico y Bodega del Fin del Mundo abrirán sus puertas a la comunidad y a los visitantes, ofreciendo diferentes actividades, como visitas guiadas, catas, propuestas gastronómicas con chefs invitados y residentes, shows musicales y DJ sets que acompañarán el atardecer, entre otras propuestas que se desarrollarán durante las dos jornadas.

El apoyo municipal y la participación activa de las bodegas confirma la importancia de festejar la vendimia; como una vía para retribuir el esfuerzo de todas las personas involucradas durante el proceso que desemboca en la elaboración de vinos de alta calidad.

La provincia del Neuquén cuenta con 1750 hectáreas de vides en producción, distribuidas en 10 bodegas, 8 de las cuales son exportadoras. Los principales destinos de exportación de vino neuquino son Estados Unidos, Brasil, Reino Unido, Alemania y Dinamarca.

Las variedades que se encuentran en San Patricio del Chañar incluyen principalmente Malbec, Merlot, Pinot Noir, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Syrah, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Semillón.

La amplitud térmica de la zona, las bajas precipitaciones, los fuertes vientos y el agua de deshielo que irriga las vides, son algunas de las razones fundamentales que hacen de San Patricio del Chañar un lugar ideal para el desarrollo de vinos de calidad que logran reconocimiento mundial.

PUBLICADO EN DIARIO LA MAÑANA DEL NEUQUÉN.

domingo, 10 de julio de 2022

BLANCOS Y ESPUMANTES DE ACÁ NOMÁS: LOS VINOS BONAERENSES QUE REVIVEN UNA TRADICIÓN.


BLANCOS Y ESPUMANTES DE ACÁ NOMÁS: LOS VINOS BONAERENSES QUE REVIVEN UNA TRADICIÓN.

La pampa tiene el ombú (en realidad el caldén), pero también uvas con las que 11 bodegas hacen sus etiquetas. Mirá con qué sorpresas te podés encontrar al descorchar.

POR JOAQUÍN HIDALGO.

Publicado en Vinómanos.

Hace poco más de una década, cuando probé los incipientes vinos bonaerenses, esos vinos del sur de la provincia de Buenos Aires, la intriga era doble: por un lado, ¿qué motivaba a algunas personas a plantar viña en la pampa húmeda?; por otro, ¿qué clases de vinos podrían llegar a hacer en un mercado dominado por una oferta continental y desértica?

De las dos preguntas, la segunda se responde hoy con bastante claridad. Sobre 11 bodegas elaborando las 159 hectáreas de la provincia, repartidas en 48 viñedos según la información del Instituto Nacional de Vitivinicultura, casi todas tienen algún vino con alcance comercial en un área razonable de la provincia. 

Entre ellas hay que discriminar las que no son viníferas –no porque no se pueda hacer vino, sino que juegan un partido propio– que son unas 25 hectáreas de Isabella, la variedad más plantada.

Es que en la zona de Berisso, a orillas del Río de La Plata, hay una tradición de elaborar vinos con esta uva nativa de América, famosa por su sabor exótico. Las 25 hectáreas se salvaron de la erradicación de 1934 (de la que te explicamos más abajo, seguí leyendo) porque para la ley no eran uvas viníferas. Así pervive lo que se conoce como “vino de la costa”.

Pero las hectáreas que siguen dan el tono de lo que se puede beber entre los vinos bonaerenses: 20 de Sauvignon Blanc, 20 de Chardonnay, 7 de Glera, 3 de Riesling, 2 de Albariño y 1 de Moscato Giallo, todo ello entre las blancas. Es decir, unas 53 en total. 

De las tintas, la más plantada es Pinot Noir, con 14 hectáreas, seguida por 12 de Malbec, 12 de Merlot, 12 de Cabernet Sauvignon, 10 de Tannat, 8 de Cabernet Franc, 2 de Barbera y con 1 hectárea cada una siguen Sangiovese, Bonarda y Syrah. Suman 73, a las que se agregan otras 8 en parcelas ínfimas y dispersas.

Así tirados, los números dicen menos que las botellas. Pero hay que prestarle atención a una cosa. Por un lado, el 40% de las variedades son blancas. Eso, si no metemos el Pinot Noir que sirve para hacer burbujas, con lo que la base para vinos blancos y espumantes alcanza el 50% de la superficie.

Estas cifras convierten a la provincia de Buenos Aires en un caso único para la Argentina: produce blancos y espumosos oceánicos con la mitad de sus uvas, mientras que con la otra mitad explora un terreno casi desconocido, el de los tintos de influencia oceánica.

De hecho, al menos dos de los productores ponen foco en burbujas: el conocido ya Costa & Pampa, que pertenece a Trapiche y es pionero en el partido de General Pueyrredón desde 2008, al que se suma ahora Castel Conegliano, de la familia Chies, con primera vendimia en 2021. 

Si los primeros están enfocados en método tradicional, Castel elabora Prosecco con acento italiano, lo que explica que entre las blancas estén Glera y Moscato Giallo (uvas que forman este estilo).

Otros proyectos ponen un pie en las burbujas, aunque menos ambiciosos. Se trata de Myl Colores en Pringles, y Puerta del Abra en Balcarce. Este último además ofrece Riesling y Albariño, las dos blancas, en una vertiente similar a Costa & Pampa que produce Sauvignon Blanc y Chardonnay. 

A ellos se suma Cordón Blanco, que elabora Sauvignon Blanc en Tandil. Es en este terreno donde queda muy claro que los productores de Buenos Aires tienen un camino propio por recorrer, con blancos que no se pueden conseguir en ningún otro lado del país, justo en un momento en que los blancos parecen volver a las mesas.

Vinos bonaerenses: los tintos oceánicos.

La movida de los productores bonaerenses nació al amparo del éxito tinto en Argentina, lo que explica que los primeros productores apostaron por estos vinos. Pionero en la elaboración de Malbec en el sur de Buenos Aires, Bodega Aleste, en Médanos, plantó y se destacó con Tannat y Malbec. Corría el año 2000.

Detrás de este primer empujón vinieron otros productores. Cerros Colorados y Bodega Saldungaray en Sierra de La Ventana; luego, entre los partidos de Torquinst, Saavedra, Tandil y Tres Arroyos aparecieron algunos lunares de viña que fueron abriéndose paso. 

En paralelo, en el norte de la provincia volvían a la vida algunos viñedos en torno a Campana, como Bodega Gamboa, o Antípodas, en Junín.

Los tintos ofrecen una paleta gustativa en la vereda opuesta a Cuyo, por ejemplo. Como el clima es húmedo, carecen de concentración, pero ganan en frescura y frutas vívidas, con taninos reactivos. En estilo más bordelés, si se quiere.

Resta contestar aquella primera pregunta de 2010: qué motiva a estos productores a hacer sus vinos. La respuesta tiene un matiz histórico. En la provincia de Buenos Aires se hicieron vinos hasta la prohibición de plantar viñas en 1934, que favoreció a Cuyo, lo que acabó con un rico patrimonio. Recuperar esa historia es una posible respuesta. 

La otra es la que ofrece Martín Abenel, un loco apasionado del vino que desde Bahía Blanca y en el garaje de su casa elabora SanteVins desde 2013. ¿Qué lo mueve? La emoción de hacer vino con sus manos. Empezó con 13 botellas y hoy elabora varios estilos posibles, de los que hace 3.000, lo que lo convierte en un productor artesanal para la ley. 

Con más o con menos dinero en los bolsillos, todos quienes plantan y elaboran en Buenos Aires se mueven tras el encanto de la misma magia. ¡Salud vinos bonaerenses!

PUBLICADO EN VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2022/07/vinos-bonaerenses/

miércoles, 4 de agosto de 2021

LA RUTA DEL VINO TUCUMANA PROPONE UN RECORRIDO POR 14 BODEGAS.

 

Ruta del vino tucumana: qué bodegas hay por descubrir a lo largo de 100 kilómetros.

Entre los Valles Calchaquíes y con alturas que van desde los 1.750 a los 3.000 metros sobre el nivel del mar, Tucumán propone recorrer 14 bodegas y descubrir aromas, azúcares y colores del terroir.

La diversidad del vino argentino es inagotable. A lo largo y ancho del país es posible encontrar la perfecta combinación entre una tradición vitivinícola cada vez más afianzada y la apuesta por nuevas regiones y terroirs. En este contexto nos encontramos con una nueva ruta del vino, pero esta vez lejos de la región de Cuyo, en el corazón del centro del país, más precisamente en Tucumán.

A lo largo de 100 kilómetros que arrancan en Tafí del Valle y llega hasta el Corredor de la Ruta 40 en los Valles Calchaquíes encontramos 14 bodegas en las que es posible encontrar un maridaje de aromas, sabores, colores, paisajes, cultura e historia.

En este camino del vino de Tucumán, los visitantes podrán encontrar un ambiente en el que la vitivinicultura se mezcla con la cultura local y la idiosincrasia de sus habitantes, tal como lo cuenta la agencia de noticias Télam.

Entre lo más peculiar y distintivo de la ruta del vino tucumano encontramos casos como la bodega Luna de Cuarzo, liderada por Silvia Gramajo, la primera mujer tucumana en desarrollar un emprendimiento vitivinícola. O el establecimiento Vinos de Los Amaichas, el único del país y el tercero del mundo en ser administrado y dirigido por una comunidad de un pueblo indígena. Y también Finca Albarossa, el emprendimiento de una familia italiana que llegó en 2010 a la zona y quedó enamorada.

Otras bodegas y viñedos del circuito son Cerro El Pelao, Fortaleza, Los Zazos, Estancia Rural Río de Arena, Finca La Churita, Finca La Orilla, Altos La Ciénaga, Chico Zossi, Las Arcas de Tolombón, Valle de Choromoro y Vertientes Tintas.

Un rasgo particular de la región es que unos 350 días del año tiene un ambiente soleado. Como en casi todo el país, la mayoría de los viñedos son plantados con el malbec en las tintas y el torrontés en las blancas.

La mayoría de los viñedos datan de fines del Siglo XVI y actualmente tienen un manejo orgánico, con abonos naturales de guano y orujo, y con riego por goteo, con aguas de alta montaña o pozos profundos.

Otro atractivo del paseo es que en el centenar de kilómetros también se pueden encontrar artesanos ceramistas y textiles o la posibilidad de planes alternativos como travesías 4x4, cabalgatas, senderismo y hasta practicar astroturismo, porque a 24 kilómetros de la Ruta 40, en Ampimpa, hay un observatorio abierto a los visitantes.

PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO "LOS ANDES" DE MENDOZA.

miércoles, 9 de junio de 2021

Vinos bajo el mar: la bodega argentina que sumergió sus botellas en cavas submarinas. En la costa de Río Negro, Wapisa hundió botellas de vino en el mar. Nuevos sabores y un atractivo para el buceo.

 

Inspirados en la cercanía del mar y en las historias de botellas encontradas en buques hundidos, Fincas Patagónicas decidió aventurarse y probar. Por segunda vez, hundió botellas de vino frente a las costas de Las Grutas, en Río Negro, con el objetivo de experimentar a partir de los efectos de las mareas y la temperatura del agua de mar en la bebida.

Fincas Patagónicas tiene tres bodegas. Una de ellas es Wapisa, en la localidad rionegrina de San Javier. Las otras están en Mendoza, puntualmente en Luján de Cuyo (Zolo) y en el Valle de Uco (Tapiz).

Y si bien la actividad turística con visitas a bodegas y viñedos está concentrada en la provincia de Cuyo, Wapisa se vincula a la actividad a través de esta exótica experiencia que tiene antecedentes en otras bodegas (y mares) del mundo.

Trabajo conjunto.

Es que este proyecto se concreta a partir del trabajo conjunto con la comunidad de buceo y las agencias de turismo locales, que son los encargados de hundirlas, custodiarlas y retirarlas.

 

“Sin su apoyo, esta experiencia no sería posible”, explican en la bodega y aclaran que en la zona del golfo San Matías se practica buceo y estas cavas sumergidas son un atractivo más para quienes practican este deporte. Es maríalgo único y que se espera que crezca en un futuro.

La primera vez que se animaron a hundir botellas, se decidieron por el malbec y lo hicieron en septiembre. Esta vez, eligieron vinos cabernet sauvignon y apostaron por una fecha más temprana: se adelantaron y lo hicieron en mayo.

Las primeras degustaciones entre el equipo técnico fueron un éxito.

"Después de 8 meses bajo el mar el vino expresaba una mayor complejidad en aromas y sabor, con una notable expresión frutal en comparación con los vinos testigos que envejecimos en nuestra cava. Nos encontramos con un vino delicioso y maduro, con un final mucho más largo", describieron como parte del resultado.

Viaje al fondo del mar.

Todo está en etapa experimental pero la idea es que la gente pueda degustar estos vinos imaginando ese viaje al fondo del mar. Incluso las botellas traen adheridos pequeños crustáceos que recuerdan su origen.

La bodega rionegrina tiene una capacidad de 300.000 litros en tanques de acero inoxidable y cuenta con 150 barricas de roble, 80% francesas y 20% americanas.

“La ciencia popular afirma que tres años de envejecimiento en una bodega son equivalentes a un año bajo el agua. Decidimos que esto era algo que queríamos probar, así que en 2019 lanzamos un proyecto de investigación frente a las costas de la provincia de Río Negro”, explican desde la bodega.

Junto con la Universidad Comahue de Patagonia, se analizaron los efectos de la temperatura, la luz, la presión y los movimientos del mar a diferentes profundidades y su impacto en el envejecimiento y la evolución del vino.

“El primer paso fue asegurarse de que no se produjera contaminación cruzada. Trabajamos con la agencia ambiental local para asegurarnos de que éramos respetuosos con el ecosistema submarino y protegimos el vino mediante el uso de jaulas de acero inoxidable y cierres de cera especiales para los corchos”, señalan.

De lo publicado en Diario "Clarín" Viajes, 9 de junio del 2021.

https://www.clarin.com/viajes/vinos-mar-bodega-