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martes, 1 de octubre de 2024

La historia oficial de Bodega Miraluna. Una familia emprendedora haciendo vino en Cachi, Salta.

La historia oficial de Bodega Miraluna.

Una familia emprendedora haciendo vino en Cachi, Salta.



H
abía visitado Miraluna en 2022 pero sin llegar a conocer a sus dueños. Por eso, esta vez aproveché un viaje a Salta para encontrarme con Lucas y Carlos Urtasum, miembros de la familia fundadora de una bodega que se destaca por sus Merlot salteños.

La historia de los Urtasun con el vino es muy particular porque, como dice Carlos (72) llegaron al vino "de casualidad". Ellos son de Sarandí, Provincia de Buenos Aires, donde el abuelo fue uno de los fundadores, junto a Humberto Grondona, del club de futbol Arsenal, llegado a ser presidente del club y uno de los hermanos de Carlos jugador del primer equipo.

Pero cuando fallece el abuelo dejan de formar parte de la comisión directiva del club, pese a los pedidos de Grondona, y el tío se convierte en preparador físico del equipo técnico de José Pekerman (hoy es uno de los inversores en Miraluna).

Para ese entonces, Carlos y su esposa Marcela ya habían incursionado en la gastronomía y abren en San Telmo el mítico Café del Tiempo, que fue parte importante de la vida cultural de esa época con presencia de numerosos artistas y músicos.

Por un tiempo también Carlos se dedicó a la fotografía, colaborando en el estudio de fotografía de sociales de su suegro, quien había llegado desde Salta de donde era oriundo. También incursiona con otros locales gastronómicos con bastante suceso, pero cuando llega la hiperinflación del 2001, las cosas se ponen difíciles y deciden mudarse a Salta.

Es así que prueban retomar el Café del Tiempo, pero ahora en un local de la calle Balcarce, cercano a la estación de tren desde donde partía el "tren a las nubes", una zona que por entonces ni se acercaba al glamour y el movimiento de peñas y locales gastronómicos que hoy ostenta.

El aporte de Lucas, que es músico, fue proponer la actuación de conjuntos musicales de estilos distintos al predominante folclore de las peñas, incorporando blues, jazz, bossa nova, rock y otros ritmos, que hicieron que los locales les dieran respaldo y sostuvieran la concurrencia. Por otro lado, incentivó, dentro de la importante cultura musical tradicional en la provincia, el nacimiento de otros frentes como la sinfónica y el ballet estable y la llegada de artistas a la Capital salteña desde todo el mundo.

El café del tiempo alcanzaba la impronta de un centro cultural que recibía artistas de distinto bagaje, a lo cual se le sumó una buena gastronomía.

Lucas y Carlos Urtasun

Ello los impulso a la apertura de otros dos restaurantes más, que luego venden y posibilitan la inversión en uno de los sueños de la familia: adquirir una finca en la cual comenzar un proyecto a largo plazo que permitiera consolidarse como un lugar de reunión para ellos, sus hijos y sobrinos, que son diez en total.

El lugar elegido fue Cachi, porque Carlos y su esposa Marcela gustaban visitar la zona para sacar fotografías. Allí toman conocimiento de la venta de una finca que solo tenía un ranchito y unas pocas hectáreas con cultivos agrícolas. Suman a su hermano al proyecto y la compran, construyendo dos cabañas y, en un momento, deciden pasar de los cultivos de tomates, ajo y porotos a un cultivo de ciclo anual como es la vid, ya que, al no vivir permanentemente en el lugar, les resultaba menos demandante.

Los motivó una simple razón: rodear las cabañas del paisaje de viñedos, pero sin tener idea alguna de lo que significaba hacer vinos, en ese momento.

Obtienen el asesoramiento de Luis Asmet (por entonces en Bodega El Porvenir) con la premisa de plantar un viñedo de calidad y, por conocimiento de un amigo de Payogasta que era cuñado de los dueños de vivero Mercier de Mendoza, junto con los Isasmendi, compran un lote de plantas de Malbec, Tannat y Merlot.

"En 2007 en la zona había muy pocos viñedos con uvas de calidad: los del Payo Durán en El Molino de Durán y uno reciente, de 2006, de Cristian Gotz", rememora Carlos, a la vez que recuerda, como si fuera hoy, las instrucciones para plantar: "orientación Nor-Noroeste, 2 metros entre líneas, 1,15 metros entre plantas y un pozo de 50 cm de profundidad relleno con guano”.

Las cosas no fueron fáciles al principio, las plantas de Merlot que habían pedido no les llegaron y descubrieron que, por error, habían sido descargadas en lo de los Isasmendi: "venían en unas macetitas biodegradables y estaban semi secas, porque habían quedado sin regar. Las plantaron y sufrieron bastante la adaptación, al punto de que no crecían casi nada".

Carlos no las arrancó solo porque su hijo Facundo confiaba en ellas y le decía que la uva era rica, por lo que solo sacó 500 de las 1.500 en total. El tiempo demostraría que ese fue uno de los grandes aciertos de los Urtasun.

Luego las liebres (que en la zona son enormes) se comían los brotes, lo cual los obligó a alambrar todo el perímetro. Pero no todo eran dificultades, les habían dicho que las plantas en el primer año iban a crecer solo hasta el primer alambre, pero en poco tiempo superaban el segundo, pasando los dos metros de altura. Carlos recuerda con gracia que el agrónomo Luis Perotto le dijo “tenés un culo bárbaro”, en referencia a lo fértil del lugar. Ese primer verde les permitió cosechar 400 kg, algo impensado antes, para esa primera hectárea plantada. 

Eso los animó y al año siguiente, en 2008 sumaron otra hectárea de Malbec y 1.500 plantas de Merlot, y de lo original obtuvieron 1500 kg que dieron un vino de muy buen potencial de calidad. Por ello, en 2008 luego de producir 6.000 kg deciden hacer la bodega propia, con dos tanques de acero inoxidable.

Cuentan que la ventaja del lugar es “la tierra”, que contiene lajas, y es la única pegada a la ladera de la montaña y que recibe el sol de frente todo el día.

El proyecto continuó creciendo, con el agregado de otras cabañas, hasta llegar a diez (las necesarias para albergar a todos los miembros de la familia) y convertirse en uno de los primeros alojamientos eno-turísticos de la zona de Cachi, con 3,5 ha plantadas.

A ello suman la reciente adquisición, a 7 km de distancia, de una nueva parcela llamada Finca Chica en la que se han plantado otras 3,5 hectáreas con Malbec y Merlot, las cepas que los identifican en sus vinos, los cuales desde 2014 son elaborados bajo la batuta del enólogo mendocino afincado en el NOA, Daniel Heffner.

Esos comienzos sin identificación original con el vino se han transformado. Lucas hizo la carrera de sommelier y su padre Carlos afirma: “el mundo del vino es muy lindo, es apasionante”. La familia vive en Salta capital, pero se alternan viajando todas las semanas a Cachi siguiendo de cerca el emprendimiento. El agrónomo es Marcelo Ramírez (de la familia que fue dueña de Bodega Humanao).



Cerramos el encuentro con una novedad, probando 30 Lunas, el nuevo vino icono de Bodega Miraluna, que se ubicará dentro de la línea de alta gama llamada Tata Dios: un blend de 70% de Malbec 2018 y 30% Merlot 2017, que tienen un paso por barrica de 30 y 50 meses, respectivamente.

Una de las cosas que más nos gusta en este blog es reseñar estas lindas historias, de una familia de Buenos Aires que se muda al norte y sin haberlos soñado antes termina siendo protagonista del mundo del vino. 


***

Publicado en

https://angelyvino.blogspot.com/

https://angelyvino.blogspot.com/2024/10/miraluna.html

jueves, 13 de junio de 2024

Mano a Mano con Agustín Lanús, viticultor del Noroeste Argentino: “No tengo dudas que el Valle Calchaquí es la futura Borgoña”.

Mano a Mano con Agustín Lanús, viticultor del Noroeste Argentino: “No tengo dudas que el Valle Calchaquí es la futura Borgoña”.

Agustín es el creador del Sunal Exploración Criolla Chica Blanca; un vino de extrema altura hecho con un nuevo e increíble varietal. En esta nota, nos cuenta cómo fue el proceso y su recorrido.

Agustín Lanús, viticultor norteño, nos cuenta cómo fue el proceso y producción de este increíble descubrimiento argentino: Sunal Exploración Criolla Chica Blanca. Un vino de extrema altura con 2700 m.s.n.m, ¿Qué es este nuevo e increíble varietal?

-Hace muchos años que elegiste apostar en los Valles Calchaquíes ¿Cómo describirías el carácter que tienen los vinos de extrema altura?

“Justamente con esa palabra, carácter.. Lo que más me apasionó del Valle Calchaquí es que, ya por el 2003 cuando empece a estudiar Sommelierier en Buenos Aires, los podía distinguir. Ya podía percibir que eran vinos con otro perfil aromático que los típicos malbec mendocinos por ejemplo.

Y ya cuando empecé a hacer vino acá en 2013 me tome 4 años para elaborar muchos microterruños en Salta, Tucumán y Catamarca, y ahí si ya me quede impactado con la diversidad que hay.

Los malbec de extrema altura, esos de distintos viñeditos a mas de 2200 msnm tiene general una particularidad , yo digo que la uva se ‘apuna’ y cambia el perfil aromático incluso con los malbec de Cafayate y otras zonas del valle; yendo hacia aromas más herbales como el enebro, el molle, la jarilla y los mentoles. Son uvas de clima de montaña, expuestas a condiciones extremas, con mas rayos ultravioletas y mas síntesis de antocianos y polifenoles, algunos de suelos fríos y arcillosos, mas golosos, y otros de suelos graniticos o de laja muy fluidos con una frescura, acidez natural y elegancia impactante”.Agustín Lanús es el creador del Sunal Exploración Criolla Chica Blanca; un vino de extrema altura hecho con un nuevo e increíble varietal. En esta nota, nos cuenta cómo fue el proceso y su recorrido.

-¿Cuáles fueron los mayores desafíos que enfrentaste al crear este nuevo vino Sunal Exploración Criolla Blanca?

“El proyecto de Sunal Exploración, y particularmente la Criolla Blanca, fue uno de los desafíos más lindos que he tenido como viticultor. Fueron muchos años recorriendo familias que en todos sus jardines tienen estas plantas patrimoniales, con interpretaciones y conducciones diversas de acuerdo a la familia. Yo le llamo viticultura ancestral.

Desde que vi estas plantas por primera vez sentí un llamado grande a ponerlas en valor. Desde la primera vez que lo elabore en 2014 encontré en su rusticidad, unos taninos finos y una complejidad que no dude nunca que podríamos llegar a hacer grandísimos vinos a nivel mundial. Y así arranco esta linda aventura.

Puntualmente a la Criolla Blanca la descubrí hace muchos años en los viñeditos de la familia López en el paraje Cuchi Pampa, valle de Luracatao, plantas de 1906. Vi que eran muy distintas a la torrontés , con mucha pruina y racimos laxos grandes, peciolo bien verde y grueso; como la criolla chica pero blanca”.

-¿Cómo crees que este vino refleja el terroir del Valle de Calchaquí?

“Es una uva blanca nuestra, autóctona, hace unos 3 años lleve al INTAN para que saquen material genético y se estudie. Tiene un perfil aromático muy exotico y salvaje. Va más hacia los aromas tiolados como el Sauvignon Blanc, herbáceos, hoja de coca, piracinas. Yo lo quise elaborar al metodo ancestral: desborres gruesos, sin filtrar y con leves burbujas naturales.

"Para mí, estas uvas van a hacer historia en la viticultura argentina, son nuestras y son parte de una identidad que hay que revalorizar”, dijo Agustín Lanús.

" -¿Qué maridajes recomendarías para realzar la experiencia de degustación de este vino?

“Es un vino que me gusta de entrada, ese primer vino que te hace bajar un cambio y predisponer los sentidos, como para arrancar la comida. En Bad Brothers, lo maridamos con tabla de queso de cabra calchaquí, provoleta y con las empanadas fritas de queso y quinoa.

Aunque siempre el mejor maridaje es un lindo brindis...”

-¿Tenes alguna anécdota interesante o experiencia memorable relacionada con la elaboración de tus vinos?

“Una anécdota linda de este año fue cuando estábamos moliendo la Criolla Chica de Cachi con la bodega móvil. Estábamos con mi mujer y mis 5 hijos todos chiquitos arriba del tráiler llenando el tanque de uva hasta que de repente sentimos un estruendo. Se había caído el gato que lo sostenía, ¡Un sustazo!! Los chicos se siguen acordando, por suerte como anécdota divertida”.

-¿Cuál es tu visión para el futuro de los vinos del Valle de Calchaquí y en Argentina en general?

“Siempre digo que para mi el Valle Calchaquí va a hacer la futura Borgoña o Barolo de la Argentina. Todavía estamos en el inicio de lo que vendrá a futuro, con muchas zonas por explorar y actores por venir. En los últimos 10 años, ha habido un gran cambio en los vinos del valle, y los hacedores de vinos del momento tenemos la responsabilidad de mostrar la diversidad y tipicidad que pueden mostrar nuestros vinos, siendo coherentes y fieles a la características del valle.

En Argentina, creo que estamos en el mejor momento de la historia vitivinícola, en cuanto a la diversidad de proyectos, variedades, terruños y sobretodo calidad de los vinos; y siento que el mundo cada vez mas lo esta viendo, reconociendo y valorando; Aunque todavía falta mucho”.

Sunal Exploración Criolla Chica Blanca, el vino que está dejando huella en el Noroeste Argentino.

Publicado en GUARDA 14 del Diario LOS ANDES de Mendoza, 13 de junio de 2024.

Imágenes: Guarda 14.

https://guarda14.losandes.com.ar/aprendiendo/mano-a-mano-con-agustin-lanus-viticultor-del-noroeste-argentino-no-tengo-dudas-que-el-valle-calchaqui-es-la-futura-borgona/

viernes, 3 de febrero de 2023

Murió el fundador de Bodega Colomé y Bodega Amalaya, a los 86 años. Retrato y legado de este pionero de los vinos de altura, en Salta.

Por Joaquín HIDALGO.

Publicado en Vinómanos.

1º de Febrero del 2003.

DONALD HESS, EL VISIONARIO DEL VINO QUE TRAZÓ UN PLAN Y LO CUMPLIÓ.

Murió el fundador de Bodega Colomé y Bodega Amalaya, a los 86 años. Retrato y legado de este pionero de los vinos de altura, en Salta.

En mi primer viaje como periodista me tocó hacer un mano a mano con Donald Hess. Fue en Colomé, donde en 2004 pasaba buena parte de su tiempo e invertía su fortuna en la construcción de un sueño. 

Para mí era como llegar a un raro enclave en el Valle Calchaquí y conversar con un empresario tan megalomaníaco como extraterrestre. Me equivocaba en todo y años después pude decírselo.

A continuación transcribo el texto que publiqué entonces en la Revista del Club del Vino, que me había asignado el trabajo, donde algo de esa ironía que sentí quedó plasmada, al mismo tiempo en que, creo, pesqué una pizca de un espíritu hacedor muy singular que el mundo del vino extrañará.

Hess, millonario, suizo y hacedor de un mundo.

Mr. Donald Hess, sentado en el confortable sillón de la biblioteca de Colomé, ironiza en un inglés suave y con humor impecable, al finalizar la entrevista:

-Ahora puede escribir que soy el malo de la película, como ese otro periodista que publicó solo mentiras sobre Colomé (ver abajo).

Alto y fornido, Hess (68) ha practicado boxeo desde la adolescencia pues el ring, según explica, representa la oportunidad de medirse con otros hombres. Se puede ganar o perder, como en los negocios. Y Colomé, podría decirse, es el duodécimo round, pues siempre está a punto de retirarse. 

Tras él, más allá de la ventana por la que cruza un perfil montañoso, se extienden las 39.000 ha de valles, quebradas, montes, pastizales y más de 100 ha de viñedos (algunas de ellas con cepas prefiloxéricas) que hacen de Colomé su sueño favorito: su bodega de siglo y medio y la hostería cinco estrellas que, juntas, componen la piedra angular de una inversión cuya amortización se mide en décadas. 

Ambas equipadas con lo mejor, la bodega será construida de acuerdo a un diseño semicircular y moderno, si bien las maquinarias de última generación ya están funcionando en el viejo edificio. Con pragmatismo suizo, resume:

-Elegí Salta porque me gustan los desafíos. Podría haber comprado una finca en Mendoza y ser una más de las tantas bodegas que allí producen, e intentar diferenciarme; o bien partir de la diferencia, iniciando una bodega aquí, donde la altura es ya un diferencial enorme, sin contar el paisaje. Nosotros creemos en el potencial de los valles Calchaquíes para realizar los mejores vinos de la Argentina y por eso estamos ensayando con los cultivos más altos del mundo, a 3015 metros, en Payogasta.

Mr. Hess heredó en 1957, al morir su padre, una fábrica de cerveza y dos hoteles en Marruecos, que al cabo de los años vendió y transformó en un imperio económico que integró, en diversas etapas, el negocio del agua mineral (con la reconocida marca Valser Wasser), los jugos de fruta, la industria química, el turismo, la hotelería, los vinos en su doble vertiente de productor y comercializador (es el importador de Norton en USA), y el arte contemporáneo.

Un coleccionista accidental

Cosmopolita, Donald Hess reside seis meses en Berna y seis en Colomé, habiendo vivido durante algunos años en Estados Unidos donde, en 1979, realizó su ingreso al negocio del vino, al adquirir un viñedo en Napa Valley. 

Allí arrendó una vieja bodega y la modificó para albergar la Hess Collection, una galería de arte contemporáneo valuada en 250 millones de dólares. Un hobby, como lo describe, que comenzó con un curioso error:

-Empecé a coleccionar arte alrededor de 1966. Una galerista, que era vecina, fue quien me inició al ver mi casa gótica sin pinturas. Ella me enseñó a ver arte. Finalmente me entusiasmé y adquirí un cuadro que dijo era una cabeza de Vollard.

Cuando un amigo la vio colgada le pareció que era un Picasso, y discutimos sobre el autor, de quien yo recordaba era un francés cuyo nombre empezaba con V. Llamé a la mañana siguiente a la galerista. Dijo que era “una cabeza de Vollard, quien fuera el marchant de Picasso”. Había entendido mal: cuando ella decía la cabeza de Vollard se refería al motivo y no al artista. Sin saber había comprado un Picasso.

Hess es un hombre enérgico que devora los exquisitos platos que prepara el chef salteño Gonzalo Doxandabarat sin perder el protocolo. Organiza personalmente, por ejemplo, dónde debe sentarse cada comensal, intercalando hombres y mujeres. Animador nato, trae a colación un buen número de historias y anécdotas, que lo convierten en un esmerado anfitrión. Como esta, en la que a su vez se define:

-El trabajo, para mí, nunca fue trabajo, sino una fascinación por crear. Digamos que si un hombre de negocios puede ser un artista, yo sería ese hombre. Porque siempre he querido encarar las cosas de una óptica nueva y distinta de mis competidores. Por ejemplo, cuando renuncié a mi fortuna, mis amigos me dijeron que estaba loco; yo les expliqué que quería ser un hombre libre. Luego de dedicarle 45 años de mi vida a los negocios de la familia, probé que podía hacerlo y ahora quiero ver lo que otros pueden hacer. Tienes que dejar que los hijos se vayan; y, de igual modo, que la compañía siga su camino. Para ello hay que contratar a los mejores y confiar en ellos. Yo profesionalicé y abandoné el Grupo a finales de 2001.

Como hombre de negocios, Hess, no obstante haberse retirado, sigue de cerca todo lo que se hace en los emprendimientos del Hess Group, que en la actualidad incluyen dos bodegas más aparte de Napa y Colomé, ubicadas en Sudáfrica y Australia. Supervisa personalmente, por ejemplo, muchas decisiones, de igual manera que no deja que otro conduzca su Mitsubishi Montero mientras viaja.

Universo Colomé.

A cuatro horas por caminos tan sorprendentes como solitarios, ya sea desde Salta o Cafayate, la estancia es un universo autónomo suspendido en las serranías. Autónomo, porque salvo una parte de los insumos para la hostería, todo es producido en Colomé.

Incluso la energía eléctrica, hoy generada por medio de grupos electrógenos, que pronto serán reemplazados por una turbina hidroeléctrica cuya obra, en marcha, es lo último que queda por instalar en la estancia.

El concepto que guía el proyecto es la biodinámica (ver debajo) que en términos generales puede describirse como una agricultura sustentable a imitación de la naturaleza. De ahí que tanto Colomé como los viñedos que también posee en Payogasta, están computados en un equilibrio: desde las hectáreas necesarias para la elaboración de vinos, hasta la cantidad de ovejas para combatir la maleza y abonar el suelo.

Y la biodinámica no olvida el factor hombre, que en Colomé es crítico por sus implicancias. A imitación de los primeros establecimientos del siglo XX en el noroeste, la estancia es también un caserío que alberga unas 35 familias que, en promedio, alcanzan los seis hijos, habiendo casos de hasta 18. Todas ellas tienen al menos un familiar trabajando en Colomé, una política que fue expresamente diseñada para insertar a la estancia en la comunidad.

De modo que como en un pequeño Macondo, conviven en contraste lo real y lo mágico que maravillara a Gabriel García Márquez. A la entrada de la estancia se atraviesan dos edificios construidos para el bienestar de la comunidad: la proveeduría (sin fines de lucro) y la iglesia (para 400 personas), que es el dato curioso; al respecto, Hess cuenta:

-Creo que existe una fuerza común que nos guía, a la que no tengo problemas en llamarle Dios; pero no creo en las religiones, que son representaciones de poder de los hombres. La gente simple, creo, necesita una guía y no soy capaz de llegar a una mejor solución que la religión.

Por eso es que en un país mayoritariamente católico, en una tierra donde vivían 350 personas sin iglesia, debían tener una. Y en mi primer discurso a toda la población de Colomé, les pregunté si querían una iglesia y de pronto todas las manos se levantaron en afirmación. En dos años tendrán la iglesia, prometí.

Cuando terminé el discurso, los directores me dijeron que estaba loco, que no estábamos en el negocio de construcción de iglesias. No, respondí, pero estamos en el negocio de hacernos cargo del cuidado de nuestros trabajadores, en un lugar lejos de todo, donde no puedo conseguir otros.

Y así es, a juzgar por lo que se ve y dicen los pobladores, quienes afirman estar muy contentos desde que llegó Hess.

El hombre biodinámico.

Fabián Boumgratz es el técnico encargado de llevar adelante el diseño biodinámico de Colomé. Formado en Brasil, con 24 años asesora, además, a otros establecimientos en Misiones y Santa Fe. Delgado, acostumbrado al silencio del campo, con pausa reseña el concepto:

-La biodinámica es una disciplina que enfoca al establecimiento como un todo interrelacionado. Así, toma en cuenta las interdependencias que se generan entre el reino vegetal, animal y humano y trabaja con el equilibrio. Un establecimiento agrícola moderno, basado en la elaboración de un solo producto, no respeta los equilibrios naturales, por lo que es indispensable crearlos con agroquímicos que a su vez descompensan otras cosas.

En uno biodinámico, la idea es generar los recursos necesarios para evitar el desequilibrio y calcular la escala del emprendimiento de acuerdo a los recursos con los que contás. Por ejemplo, el número de vacas y ovejas que necesitás para generar el abono necesario y las hectáreas de alfalfa para alimentarlos, mientras que al rotar el cultivo mejorás la tierra; en fin, es un concepto basado en la interrelación.

-¿No se usan agroquímicos?

-Desde ya. En ese sentido es más que una certificación orgánica. Además hay una idea de regulación por otros medios. Las tareas agrícolas dentro de la huerta, de donde sacamos los alimentos para la estancia, están regidas por los ciclos lunares que, de acuerdo a su fase, benefician las labranzas en raíz, hojas o frutos.

Según se vio, en el invernadero conviven frutillas con ajos, de acuerdo a un concepto de alelopatía, es decir, de control de plagas por relación entre plantas; o bien, entre los animales, con los que el veterinario usa la homeopatía para evitar los agentes tóxicos.

La compra de Colomé.

Desde la publicación Ego Wines, dirigida por Miguel Brascó, circuló entre los medios y el público una versión far west de la compra de la Estancia Colomé, que incluía escopetas y cheques en blanco. Donald Hess cuenta aquí la verdadera historia:

-Con mi mujer estábamos convencidos del potencial de Salta para vinos de calidad. En Cachi, en un restaurante, me trajeron un vino que fue para mí un diamante en bruto. Por supuesto era de Colomé. Eso fue en 1997, pero ese año el río había crecido tanto que me fue imposible llegar hasta aquí para conocer la propiedad.

El año siguiente comencé las negociaciones; pero el precio era muy alto. Entonces Dávalos, antiguo propietario, me ofreció una sociedad. Negociamos por 8 meses, con abogados redactando contratos en Buenos Aires.

El día anterior a la firma fui a su casa y me presentó a su mujer y a sus hijos, y todos estaban felices. Pero al día siguiente, 20 minutos, tal vez media hora antes, no estoy exagerando, estaba listo para ir al notario a firmar, cuando me llamó por teléfono y me dijo: “No, Hess, no lo tome como algo personal, pero no puedo hacer el trato”.

Habíamos gastado 35.000 dólares en abogados. Entonces le dije a mi mujer que si no podíamos tener la mejor bodega construída, iríamos a un sitio donde no hubiera nadie más, y allí empezaríamos de cero.

Compré Payogasta y construimos la primera parte de los viñedos y los ensayos a 3015 metros. Dos días después de terminarlo, el abogado de Dávalos me llama y dice que tenía dos semanas para comprar Colomé. ¿No debería preguntarme primero si aún estoy interesado? Porque ahora lo estoy bastante menos que antes; ya he invertido en mi propio viñedo, recuerdo que le dije, por qué debería interesarme ahora.

“Porque Dávalos va a la quiebra”.

Tal vez tenga que esperar tres semanas, sugerí. “No creo que sea buena idea, porque puedo garantizar que durante el proceso de quiebra no le será posible comprar. Hay otros interesados”. Entonces le dije que conocía su posición y él la mía; y que tal vez en dos semanas él no podría pagar sus deudas. De modo que le ofrecí un trato: la compraba a mejor precio y él se cubría las espaldas durante la quiebra. Puse el número y aceptaron.

PUBLICADO EN VINÓMANOS.
Imágenes: Vinómanos.
https://vinomanos.com/2023/02/donald-hess/ecolo

lunes, 3 de enero de 2022

El bodeguero que tiene la cava más alta del mundo y estiba el vino en un socavón a 4000 metros en Uquía.

 


Claudio Zucchino elabora el vino Uraqui y realiza cada año una ceremonia de estiba al subir las botellas para conservarlas en la Mina Moya, donde trabajó su padre como minero cuando él era un niño.

Hijo de un minero y biólogo de profesión, Claudio Zucchino hace el vino más alto del mundo y lo guarda en un antiguo socavón en la montaña, en la mina donde trabajó su padre hace mucho tiempo. Un proyecto de alto vuelo que comparte desde hace 13 años con su compañera Inés Manghesi e incluye una hostería –Viñas de Uquía– de cinco habitaciones que es base de una propuesta turística y gastronómica integral.
El protagonista del proyecto es Uraqui, un vino natural, sin agregados químicos ni paso por madera. Una apuesta por el terroir, que puede ser pedregoso y árido al observar el suelo, pero contiene a su vez un arcoíris mineral manchado del verde de los cardones aquí y allá, uno de los paisajes más bellos de la Tierra.

“Uraqui quiere decir terruño en lengua aymara”, explica Zucchino, que pasó su infancia recorriendo bodegas en busca del vino de mesa que se consumía en su casa. “Así era antes: el vino se compraba directo donde se hacía, sin intermediarios”. El niño volvía en bicicleta haciendo malabares entre los caminos para que aquellas damajuanas llenas honraran la mesa familiar de una época más tranquila, y sin dudas, más austera.

“Mi papá era un porteño de Palermo cuya familia emigró a Haedo. Él se fue a estudiar ingeniería geológica a San Juan y allí se hizo minero; también conoció a mi madre y formaron la familia. Su primer trabajo fue en la mina La Casualidad, yacimiento azufrero de la puna jujeña. Fue donde yo nací y pasé mis primeros cinco años de vida. Tengo la memoria de mi primera infancia en ese bioma tan especial, tan desértico y tan lleno de una belleza singular”, evoca.

“Mi viejo era un minero convencional de la época, de una minería que ya casi no existe, y que fue reemplazada por la mega-minería, que es muy destructiva del medio ambiente. Después de muchos años, con sus amigos, fundaron una empresa minera y así fue que llegaron a Mina Moya en Uquía”, continúa.

La cava más alta del mundo.

Hoy, Mina Moya es el socavón a 4000 metros de altura en el que Claudio estiba sus botellas. Pero cuando comenzó a usar ese espacio como cava, no sabía que su padre había trabajado allí. “Me enteré cuando ya tenía la etiqueta del Uraqui, homenaje al minero, para brindar por una minería sustentable. Recién ahí supe que mi padre y su empresa habían estado trabajando en el socavón. Para mí fue una sorpresa muy rara, porque yo había diseñado todo pensando en mi padre y no sabía que había estado en la mina donde yo guardaba el vino”.

La ceremonia de subirlas es una pequeña fiesta que comenzó a celebrar hace pocos años. Se suspendió por la pandemia, pero va por la cuarta edición. Lo hace pidiendo permiso a la Pachamama –como hacen los mineros antes de entrar en las entrañas del cerro– y acompañado por un selecto grupo de amigos e invitados. Cada uno deja una botella. Todas tienen su numeración y una etiqueta certificadora de guarda, al modo de los vinos de Rioja en España. La producción es muy limitada: entre cuatro y seis mil botellas, según el año. Claudio tiene previsto que algunas pasen allí las próximas tres décadas, para ver cómo evolucionan.

Después de esa pequeña ceremonia de estiba del vino, la tradición es servir un almuerzo. El de 2021 estuvo a cargo de Florencia Rodríguez del restaurante “El Nuevo Progreso” de Tilcara, ganadora del Prix Baron B – Edition Cuisine este mismo año. En colaboración con los chefs de renombre Martín Molteni y Juan Pedro Demuru, los presentes fueron agasajados con patés, habas y llamas, maíz morado, molle, humitas y tamales, corderos, gallos y cabras; papas, membrillos, cayote y ollucos.

Un vino especial.

Uraqui es elaborado por el enólogo Marcos Etchart, que cumplió con el requisito primordial de Zucchino: hacer un vino franco, directo, simple, sin rebusques. Es, además, uno de los más altos del mundo. Pero el récord no es algo que a Claudio le importe especialmente.

“Creo que estamos hablando del vino más alto del mundo, (no del viñedo porque en Nepal hay un viñedo algunos metros más alto). La cuestión del Guinness nunca me interesó, yo terminé haciendo el viñedo aquí porque tenía la tierra. Es el resultado, no la búsqueda. El Uraqui es un vino que ya está significando algo por más que sea una pequeña producción. Lo que está haciendo es gala de una singularidad; una expresión que fue apreciada por el crítico inglés Tim Atkin y que el público aceptó como razonable.

Lo que hace distinto al Uraqui es simplemente eso: un vino sin madera, sin filtrar, sin productos químicos. Es un vino de guarda donde están controladas la acidez, el alcohol y los taninos. Elegimos hacer un blend (Malbec, Syrah, Merlot) y no un varietal; si no tendríamos el Malbec más alto del mundo. La añada 2016 tiene 95 puntos y la 2017 tiene 96 puntos, para el que le interese los puntajes. Y al que desprecia los puntajes pero le gusta el buen vino, que busque un Uraqui, o que lo venga a tomar a mi casa que va a tener más rico gusto”, propone.

PUBLICADO EN DIARIO "LA NACIÓN".

https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/jujuy-el-bodeguero-que-tiene-la-cava-mas-alta-del-mundo-y-estiba-el-vino-en-un-socavon-a-4000-metros-nid30122021/

sábado, 10 de julio de 2021

Michel Rolland: “El problema que más asusta a los inversores en Argentina es la inflación”.

 


El más famoso flying winemaker volvió al país para supervisar sus proyectos y tuvo una profunda charla con Los Andes en la que habló de todo: la cosecha 2021, las inversiones, el mercado mundial y el futuro del vino argentino.

Después de un año completo en el que suspendió sus visitas al país por la pandemia de coronavirus, Michel Rolland (73) volvió a Argentina para supervisar los proyectos propios y ajenos que asesora en Mendoza y Salta y empezó a definir cómo serán los vinos de la añada 2021.

Con más de 30 años visitando el país y a casi 20 de su inversión con Clos de los Siete, el flying winemaker más influyente del mundo volvió así a recuperar el contacto directo con los viñedos y las bodegas que tanto había extrañado durante 2020.

Luego de diez días en el país, Michel se tomó unos minutos antes de tomar su avión de regreso a Francia para Charlar con Los Andes acerca de todo: sus vinos, la cosecha, sus negocios en Argentina, el futuro de la vitivinicultura nacional y más.

“Argentina no tiene la menor chance de hacerse famosa más allá del Malbec”

- ¿Cómo ha sido venir al país en medio de la pandemia?

- Lo primero es entrar, no cuesta mucho pero requiere preparar muchas cosas administrativas para estar seguros. Eso no es tan complicado. Dentro del país no hemos tenido problemas, dentro del país hemos tomado aviones con facilidad. Una vez ya en Mendoza no tuve problemas, cuando estoy ahí me la paso más que todo en Clos de los Siete, entonces no veo a nadie más que los enólogos de las bodegas con quienes probamos los vinos y preparamos el futuro de nuestra bodega y las otras que aportan el vino y hacen los suyos propios donde estoy involucrado.

El viaje que hago en julio es de descubrimiento de la nueva cosecha, donde hacemos una cata con los vinos jóvenes para estar en contacto y para preparar lo que viene. En el mes de noviembre sí es un poco más importante porque hacemos la selección de los tipos de vinos de alta gama y media gama de la bodega.

- ¿Con qué calidad se encontró en esta cosecha?

- En 2021 Argentina ha tenido una suerte fenomenal, más que todo Mendoza. Hemos hecho 2017, 2018, 2019, 2020 y ahora 2021 con muy buen nivel. Por supuesto hay diferencias entre ellas: 2017 estaba muy bueno pero no había producción; la ’18 puede ser la mejor cosecha histórica del país, es la mejor que encontré; las ’19 y ’20 salieron muy bien también; esta cosecha ha estado marcada por la lluvia, por lo que el vino puede no tener la potencia del 2018, pero es un vino muy agradable, elegante, fino, fresco y, por fin, correspondiente a lo que periodistas gustan, con alcoholes más bajos.

Es una cosecha que está en camino a la historia y con vinos realmente muy buenos, con elegancia y finura como no habíamos hecho desde hace muchos años. Puedo decir que son vinos realmente buenos y con un estilo diferente.

- Resaltaba la cosecha 2018, ¿esa es la que sale al mercado con Clos de los Siete?

- Sí, estamos saliendo al mercado con esa. Un poco bromeando le decía a la gente que no tenía acostumbrarse a la 2017 porque es demasiado buena. Tenía una densidad, una concentración que estaba un poco por encima del nivel normal. En cambio, 2018 es el vino perfecto para Clos con frescura, elegancia y también poder. Ya hice el vino de la 2019 y el de la 2020 ya está casi terminado y van a salir cosas realmente buenas.

- Muchas veces ha dicho que cuando llegó al país los vinos de Argentina no eran del todo de su agrado, ¿ha podido cambiar eso?

- La cosa no es totalmente así -risas-. La historia es que Arnaldo Etchart me pidió que vaya a Cafayate porque cerca del 1985 él quería exportar vino argentino, algo muy visionario porque todavía no se exportaba. Él me pidió hacer un vino de gusto internacional que se pudiera exportar.

Nos pusimos a trabajar en Cabernet Sauvignon, porque en esa época se creía más en ese varietal, y también el Malbec. Después de uno o dos años le dije que no había que trabajar demasiado Cabernet Sauvignon y que la variedad de Argentina era definitivamente el Malbec. Entonces empezamos a cambiar un poco la idea y empezamos a hacer más vino con Malbec, a plantar más y a salvar los viejos viñedos con este varietal. De ahí nació el crecimiento de Argentina en los ’90 y principios de los 2000, donde comenzaron a exportar grandes bodegas.

Hoy Argentina es un gran exportador, pero no tiene el gusto de Michel Rolland, tiene el gusto internacional para poder exportar -risas-. Es verdad que tengo preferencia por el gusto internacional, porque soy francés.

- Si tiene que elegir un vino para disfrutar de su cava personal, ¿elegiría uno argentino?

- Yo soy el enólogo más open mind del mundo, porque he hecho vinos en 22 países del mundo. Tengo el portafolio más importante que cualquier otro enólogo, entonces puedo tomar todos los vinos cuando son buenos. Yo tomo vino argentino bastante seguido porque además he puesto plata como inversor. Puedo tomar vino francés, italiano, argentino o norteamericano sin ningún problema.

- Respecto a su perfil inversor, ¿hoy en día se podría llevar adelante un modelo como el que desarrolló hace 20 años?

- No hay país fácil para invertir. Hay que reconocer que Argentina no facilita la cosa, porque hay una administración fuerte, un poco pesada, que castiga a los inversores. Eso se podría mejorar y yo lo digo desde el principio, ese no es el mejor camino para que los inversores lleguen masivamente al país, pero los gobiernos que han pasado no me han escuchado.

El problema que más asusta a los inversores es la inflación, porque la administración está complicada en todo los países, pero la gente no entiende de inflación. Cuando se ve un peso que cambia de valor de un día al otro de manera tan fuerte, la gente piensa que no se puede hacer negocio con eso.

Otra cosa que puede frenar la llegada de inversores es que una empresa que viene al país generalmente tiene otras inversiones en el mundo y está la posibilidad de comunicar la plata que se pierde y se gana de una empresa a la otra. Eso hoy no se puede hacer en Argentina porque no podés sacar la plata que generás y si se pierde hay que hacer un blanqueo de capital.

Hay varias cosas que no ayuda, hoy en día no se si los inversores estarían dispuestos a venir. Y si el Gobierno los necesita, debería un poco en qué podría hacerlo más sencillo. Nosotros vamos a seguir porque no podemos llevar 850 hectáreas a otro lugar.

- A nivel empresarial, ¿Cómo es la situación de Clos de los Siete?

- Está andando muy bien, hacemos más o menos un millón de botellas. Es una marca que se desarrolló bastante rápido. En 15 años hemos hecho una marca que en Estados Unidos o Europa es conocida, eso es algo realmente interesante. Las propiedades que la integran funcionan muy bien, los vinos se venden bien en el mercado americano o el europeo, no tanto en el asiático porque es más complicado. Por ejemplo, Chile no tiene tasas para la exportación en China, Corea o Japón, mientras que nosotros tenemos tasas en todos los mercados.

- Después de un 2020 donde el consumo mundial de vinos cayó un 3%, aunque no fue igual en todos los países, ¿cómo ve el negocio para este 2021?

- La pandemia ha hecho las cosas diferentes. La caída cercana al 3% en todo el mundo es nada. El sector más castigado ha sido el sector de entry level, no en los vinos de buen nivel. Todos los vinos que producimos en Argentina o en Francia han crecido bastante en el mercado durante la pandemia, pero los vinos de baja gama se vendieron muy mal porque la gente elegía vino de vinoteca o comprando en forma directa. Se dieron cuenta que cuando van a un restaurante pagan tres veces más el precio de una botella y por la misma cantidad de plata podían tomar tres botellas en lugar de una.

Creo que para el futuro la gente tiene información sobre la manera de comprar y consumir el vino y creo que va a traer cosas interesantes para las empresas que están haciendo un trabajo lindo.

- La industria ha insistido en el último tiempo en la diversificación, ¿tiene Argentina posibilidades de ganar terreno en algo más que el Malbec?

- Argentina no tiene la menor chance de hacerse famosa más allá del Malbec. Puede hacer Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Bonarda o lo que quiera, pero la fama de Argentina es sin dudas por el Malbec, porque no existe en otro país, salvo una producción muy chica en Francia. El Cabernet Sauvignon lo hace bien, pero atrás de Francia, Estados Unidos y Chile, nunca va a ser primero. Lo mismo que en el Merlot, va a estar atrás de Francia e Italia.

Esto es como si un atleta en los Juegos Olímpicos que corre 200 metros y los gana siempre quisiera cambiarse a los 1.000 metros, donde ahí nunca va a salir primero. Eso me hace acordar a Argentina, quiere ir a un lugar donde nunca va a salir primero. Puede hacer buen vino y venderlo, pero no va a poder competir. El único lugar donde va a salir primero es el Malbec, ¿por qué buscar otra cosa? Si quiere hacer otra cosa, lo puede hacer, incluso yo hago otras cosas, pero el vino emblema de mi bodega es el Malbec, no otro.

- ¿Qué opina de las tendencias como los vinos orgánicos, de baja graduación alcohólica o nuevos envases?

- Tengo una filosofía muy tranquila con eso: si nada molesta al vino, no me molesta mientras se pueda tomar y sea bueno. Lo orgánico es una forma de vivir y tiene un futuro. No se si de esta manera u otra más, pero vamos a buscar nuevas formas de producir en toda la agricultura. Mi vino Val de Flores es orgánicos, pero no lo pongo sobre la botella. Pienso que hay tantas personas que engañan poniendo orgánico cuando no es la verdad, que no lo he puesto aunque esté certificado. Es algo del marketing, pero no tengo nada en contra de eso. Pienso que podría ser el futuro, si no castiga al vino.

Se puede hacer un vino de baja graduación alcohólica también, pero no cualquier porquería.

- Cuando llegó proyectó cuál era el vino que tenía que hacer el país, pensando en los próximos Diez años, ¿cómo se imagina que serán los vinos de Argentina?

- Diez años es mañana -risas-. No se si todo va a caminar, pero para mi el vino es una cultura, ha sido siempre parte de mi vida, y no pienso que haya 50 formas de hacer buenos vinos, no hay mucho para inventar.

Se puede dar, pero de todos los vinos que estoy probando y de lo que veo en el mercado, he visto vinos perdiendo alma, carácter y personalidad para satisfacer a algunos periodistas que no tienen gusto e ideas un poquito locas en cuanto a la finura o el grado alcohólico bajo. Eso castiga al vino y me castiga un poco también.

Podemos decir que se puede mejorar mucho todavía. Hay cosas que hacer en la viña y en la bodega para cada vez hacer vinos con más finura y elegancia, pero guardando el carácter.


Publicado en GUARDA 14 del Diario "Los Andes" de Mendoza, jueves 8 de Julio del 2021.

https://www.losandes.com.ar/guarda14/michele-rolland-argentina-no-tiene-la-menor-chance-de-hacerse-famosa-mas-alla-del-malbec/