Mostrando entradas con la etiqueta Torrontes de la Argentina.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Torrontes de la Argentina.. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de abril de 2025

Zuelo presenta un nuevo balsámico de Torrontés y Membrillo.

 


Zuelo presenta un nuevo balsámico de Torrontés y Membrillo.

Zuelo, el proyecto mendocino de aceites de oliva virgen extra y vinagres de alta calidad, presenta el nuevo Balsámico de Torrontés & Membrillo. Esta propuesta, que surge de la exploración de una nueva categoría de vinagres, parte de vino blanco de uva torrontés de Mendoza y finaliza con la maceración de la piel de los membrillos en vinagre, que se realiza durante la cosecha de este fruto en el mes de abril.

El resultado es un sabor fresco, de acidez vibrante, con un final dulce y frutado. Zuelo Balsámico de Torrontés & Membrillo está a la venta en tiendas gourmet y vinotecas de todo el país.

El proyecto de vinagres.

El proyecto de producción de vinagres de Zuelo comenzó con el de Vino Torrontés -un producto único de una variedad autóctona argentina-, que llegó a las góndolas en el 2016, luego de que Miguel Zuccardi experimentara el proceso de acetificación con otras uvas y encontrara en esta cepa un resultado aromático y floral muy particular: “Exploramos el mundo del vinagre de alta calidad porque es un producto fantástico, pero muy desconocido y, en consecuencia, poco valorado. Es un universo donde todavía hay mucho por descubrir”. 

En este camino continuó profundizando su búsqueda con otros productos que hablen del territorio, y luego de un año de desarrollo, en 2025 presenta Balsámico. “No fuimos a buscar el membrillo: estaba acá, en todas las fincas de Mendoza. Lo que nos atrajo fue su aroma, uno de los más espectaculares y singulares que hay. La base sigue siendo el torrontés, pero diversificamos nuestra propuesta con este Balsámico, donde usamos esta cualidad maravillosa de la piel del membrillo”, explica Miguel. Sobre el proceso, detalla: “Cosechamos el membrillo en otoño y, a través de la maceración de la piel, encapsulamos sus aromas para mantener el producto todo el año”.

Zuelo Balsámico de Torrontés & Membrillo está pensado para el uso profesional de los cocineros y para el disfrute cotidiano en las cocinas y mesas hogareñas. Es ideal para dar frescura, acidez y equilibrio a ensaladas, quesos duros o azules, pescados -ceviches y tiraditos- y postres con frutillas y frutas rojas. Desde abril está disponible en todo el país y su precio sugerido es de $8000.


Acerca de Zuelo.

Nació en el año 2010 en Maipú, Mendoza, en el seno de Familia Zuccardi. Miguel Zuccardi, tercera generación de una familia dedicada a la agricultura y vitivinicultura en la provincia, inició el proyecto olivícola en 2004 con la convicción de crear una categoría de alta calidad de aceites de oliva en Argentina, manteniendo los valores de sustentabilidad, reconocimiento y cuidado del producto local, un propósito común a todas las iniciativas de la empresa. Las condiciones desérticas y la amplitud térmica permiten producir aceites de gran intensidad a partir olivares propios cultivados bajo manejo orgánico. Un corto tiempo entre cosecha y molienda, sumado a un proceso de extracción a bajas temperaturas permiten producir aceites con altos niveles de frutado y polifenoles. Bajo esta etiqueta y la misma búsqueda de calidad, Zuccardi desarrolló una familia de vinagres que comenzó en 2016 con el de Vino Torrontés y en 2025 suma el Balsámico de Torrontés & Membrillo. Pan & Oliva es el restaurante de Zuelo, un almacén donde comprar productos propios y de productores amigos, y un espacio diseñado para acercar el mundo del olivo al turismo a través de experiencias reales e inmersivas.

Zuelo Virgen Extra
Ruta Prov. 33, km 7,5
Maipú, Mendoza

www.zuelo.com.ar
Ig @zuelovirgenextra

miércoles, 22 de mayo de 2024

MADUREZ CON HIDALGUÍA: CRECE EL CAMPO ESTILÍSTICO DEL TORRONTÉS. Por Joaquín Hidalgo.

 


MADUREZ CON HIDALGUÍA: CRECE EL CAMPO ESTILÍSTICO DEL TORRONTÉS.

De vino del año a blanco serio y de guarda, el Torrontés ofrece ahora algunos exponentes que resisten el paso del tiempo. Qué rol cumplen el estilo y el terruño en este proceso de envejecimiento en el que no se sacrifica vitalidad.


Cuando un vino envejece bien se gana el respeto de los bebedores. Esa es una regla que está largamente probada en el mundo, donde vinos como los de Barolo (Italia) o Burdeos (Francia) se han ganado el prestigio que atestigua el polvo depositado sobre las botellas.

Es un juego en el que está enzarzado el Malbec argentino en los últimos años, y en el que va ganando terreno, pero también uno en el que prácticamente nadie esperaba que pusiera una ficha el Torrontés Riojano, más conocido como Torrontés a secas.

De hecho, una de las críticas que suele hacérsele al Torrontés es que muere rápido. Es raro encontrar una botella con uno o dos años que esté en plena forma. En las generales de la ley, los aromas de rosas y azahar, tan atractivos al comienzo, con el paladar ágil y vibrante, viran rápido hacia las notas de naranjas mustias y pomelos secos, que terminan emparejando el sabor a los de un vino tardío, pero con paladar delgado y apenas hueco en el centro.

Eso es así para ciertos estilos de Torrontés. Y ahí es donde la cosa empieza a cambiar de la mano de otros estilos. De hecho, algunas botellas ya dan buena cuenta de ese salto hacia la guarda y pude probarlas a comienzo del mes pasado, cuando realicé una cata vertical de Susana Balbo Barrel Fermented desde 2015 a 2023.

La idea misma de la cata era probar la resistencia y crecimiento en el tiempo. No me defraudé.

Una de las críticas que suele hacérsele al Torrontés es que muere rápido.

En este viaje por nueve añadas, pasaba lo que pasa con los grandes vinos: cada botella habla de los años, ofrece versiones de las cosechas y de cómo evolucionaron los sabores desde las hierbas y las flores, en este caso, hacia matices de cera de abeja, tomillo y menta; y cómo el paladar estridente del comienzo se vuelve envolvente.

Lo notable es que no había ningún rastro de cítricos maduros o secos, ni de fatiga. Todo lo contrario: vinos atléticos y vitales, incluso para los más viejos. Fue como encontrar el hilo de Ariadna.

El Torrontés y los límites de terruños.

El Torrontés Riojano es una uva criolla descrita por primera vez por el naturalista Damián Hudson a mediados del siglo XIX en los Anales de la Sociedad Rural Argentina.

Hudson tomó prestado el nombre de unas variedades españolas que comparten, con variantes, la raíz: Turruntés (Rioja), Torrontés (Galicia), Torontel (Castilla y León).

Para más confusión, en nuestro país hay tres variedades criollas con nombre de Torrontés: el Riojano (con casi 8000 hectáreas plantadas), el Mendocino y el Sanjuanino, de poco predicamento.

Puesta en perspectiva, la diferencia entre un Torrontés que envejece y otro que muere pronto no es un asunto de la variedad, como siempre se esgrimió en su contra. Es un asunto de estilo y de terruño.

En cuanto al terruño, hay lugares en donde el clima, el sol y las labores culturales, hacen que el Torrontés resulte sabroso cuando se lo cosecha en el punto de las rosas y el azahar, justo cuando comienza a desbalancear el resto de las variables, como la acidez y los matices que dan vida en el largo plazo.

Ese es el modelo del Noroeste argentino (con muy logradas excepciones), que da blancos explosivos y llenos de sabor, ideales para un tapeo o para beber frío y a la sombra en los veranos calurosos.

Pero hay otros estilos y lugares que se están explorando ahora. Uno en el que el clima permite cosecharlo con un perfil más herbal, entre la albahaca y el jazmín. Uno que nace del frío, sea en la altura o en el sur profundo, y que cuando es joven ofrece una boca llena, refrescante y con cierto graso.

Por ahora son unos pocos, de los que el Torrontés Barrel Fermented de Balbo es punta de lanza, pero al que se suma Gran Enemigo Torrontés 2020, Alta Yarí Torrontés 2022 y Otronia Lagunar Torrontés 2021 entre los que vienen del sur.

Apertura estilística.

La gracia de este nuevo escenario para el Torrontés es que abre la paleta de estilos. Mientras que unos son joviales y llenos de energía y juventud, perfectos para beber en la temporada, los otros comienzan a cimentar un prestigio en la guarda. Desde ya que los precios son distintos entre ambos grupos.

Pero esa es la magia. Ya existían varios Torrontés Tardíos, que perdían por falta de acidez; ya existían los Torrontés con madera, aunque no siempre maridaron bien entre sus partes; y también existían festivos y carnavalescos de temporada, que forman el grueso de la oferta.

A ellos se sumaron la última década, pero en particular desde 2019 cuando apareció un puñado, una nueva vertiente que tiene, al menos en sabor, un guiño a los blancos de Alsacia, con paladares amplios y vibrantes de acidez, llenos de sabores ligeramente exóticos.

Entre todos ellos una cosa queda clara: el Torrontés, lejos de perder predicamento entre los productores, está en medio de una renovación estilística que promete. Al menos ahora, nadie podrá acusarlo de no tener potencial de guarda. Y ese es un perfecto punto de partida.

 Publicado en Vinómanos.

https://vinomanos.com/2024/05/como-es-el-torrontes-argentino/

lunes, 28 de noviembre de 2022

Momento blanco: estilos nuevos.

 


Quizás en busca de nuevos paladares, los vinos blancos ganan cada vez más espacio entre los consumidores que se animan a descubrir nuevas propuestas.

Por Joaquín Hidalgo.

Que Argentina es un país de tintos, con Malbec a la cabeza, es algo que sabemos todos. Lo que no mucha gente tiene en mente, sin embargo, es que también es un país de vinos blancos. Blancos singulares, habría que añadir, que están creando una góndola diversa y atractiva en materia de estilos y que el consumidor no tarda en descubrir y apreciar.
Un dato. En lo que va del año visité unas 80 bodegas. Y en una mayoría, los programas de blancos crecen a ritmos notables, algunos con cifras de hasta dos dígitos. Para un puñado de productores, la exportación es un horizonte tentador. Para otros, el mercado doméstico es un campo fértil en que encontrar consumidores dispuestos.

Más allá de los mercados de destino, una cosa vincula a los productores de vinos blancos: entre Chardonnay, Semillón, Sauvignon Blanc y Torrontés por mencionar algunas variedades, la cantera creativa de los blancos ofrece hoy una amplia gama de estilos. Desde blancos acerados y nerviosos, a otros untuoso y de buena frescura, blancos con crianzas largas y biológicas, otros sin una astilla de roble. En todo caso, puestos a descubrir nuevos sabores, asomarse a la góndola de los blancos es hoy garantía de un descubrimiento. Para los recién venidos, esta es una guía simple con algunos recomendados.

Chardonnay. Con 5700 hectáreas plantadas, la más cosmopolita de las blancas encuentra en nuestro país un rincón propio: los blancos de altura, elaborados en zonas límite de la cordillera; o los patagónicos, en el límite de la latitud sur, suponen una rara avis en el panorama mundial. Comparados con la Borgoña, son más maduros y concentrados, pero igualmente frescos; comparados con California, resultan vibrantes, igualmente untuosos y con frutas más frescas. Esos vinos son el resultado de terruños secos y continentales, fríos, que determinan un tipo de Chardonnay concentrado y de frescura elevada, que gana mucho con la crianza en roble.

Ese estilo de blancos supone un paladar universal, que puede ir desde Chardonnay crujientes de frescura a otros envolventes y siempre vibrantes, con complejidad creciente en sabor. Buenos ejemplos de estos vinos son: Dedicado Tupungato 2019, Vinculum 2019, Grand Chardonnay Terrazas de Los Andes 2019, Otronia 2019, Mauricio Lorca Inspirado 2021, Cadus Appelation 2021, a los que se suma una altísima gama con Adrianna Vineyard White Stones 2020 y Fósil 2021. Hay muchos más.

Semillón. Emblema de los blancos bordeleses, esta variedad estuvo ampliamente cultivada en Argentina. A la fecha, unas 700 hectáreas de viñas viejas dan testimonio de ese pasado glorioso. Con una inagotable capacidad de añejamiento –he probado ejemplares de la década 1940 y 1960 en plena forma– la nueva cara del Semillón en el país combina un punto de madurez y una crianza precisas, que dan vida a un blanco untuoso y a la vez refrescante, con largo sabor en el fondo de boca.

Los terroir que mejores uvas ofrecen son tres: Luján de Cuyo y Tupungato en Mendoza, Río Negro en Patagonia, siempre vinculado a viñas viejas. Buenos ejemplos son: Fin del Mundo Single Vineyard Finca Del León 2021, Escorihuela Gascón Pequeñas Producciones 2021, Perlas de Parcela 2021, Polígonos de Valle de Uco 2021, Norton Altura 2021 y El Enemigo 2019. Una rara avis es Michelini Muffato Certezas 2020.

Torrontés. La variedad blanca emblema de Argentina –al fin y al cabo es una criolla– está ampliamente cultivada en el Cafayate y en Chilecito en el NOA, donde se expresa en blancos florales y de cierta delgadez. Es en terruños más frescos, sin embargo, donde ofrece un perfil completamente renovado, como sucede con Cachi Adentro en Salta, Humahuaca en Jujuy y Valle de Uco en Mendoza. En esos rincones fríos el Torrontés ofrece un perfil menos marcado hacia la rosa y el jazmín y más hacia las hierbas y los cítricos. Consigue así un blanco fragante y de paladar refrescante y lleno. Buenos ejemplos son: Colomé 2022, El Esteco Old Vines 2021, El Enemigo 2019, Susana Balbo Signature 2021 y Alta Yarí 2021.

White Blends. De la combinación de uvas blancas nace una categoría bien interesante en nuestro país. Conocidos como White blends, con cortes que parten en general de Chardonnay o Sauvignon Blanc y que completan el volumen del vino con trazo de otras uvas, desde Semillón a Riesling y Torrontés. En la combinación alcanzan otro grado de complejidad, donde unas aporta el graso de boca, otras las notas aromáticas y otras la frescura. Si uno quiere descubrir blancos de estilo nuevo, esta es la categoría a la que hay que apuntar. Buenos vinos son: Luigi Bosca De Sangre 2021, Ruca Malen Capítulo 2 2021, White Blend Organic Gaia 2021, Proyecto Hermanas 2021 y Herencia Respeto 2021 son buenos ejemplos.

Según cifras preliminares del Instituto Nacional de Vitivinicultura, el consumo de vinos blancos viene en aumento. Entre 2020 y 2021 esa cifra trepó un 11,7% para la primera mitad del año, mientras que los mismos guarismos preliminares para el comienzo de 2022 arrojó en total un 54% arriba entre el primer trimestre de 2022 y 2021. Hoy, el mercado doméstico se reparte en 70% de tintos versus un 30% de blancos.

PUBLICADO EN LA MAÑANA DEL NEUQUÉN.

Domingo 27 de Noviembre del 2022.

https://www.lmneuquen.com/momento-blanco-estilos-nuevos-n970874

sábado, 13 de noviembre de 2021

Cepa Criolla: seis etiquetas al rescate de una tradición.

 

El sector vitivinícola, uno de los que más ha evolucionado e innovado en el país en los últimos años, comenzó a marcar una nueva tendencia: la vuelta a los orígenes. Así, las cepas criollas, cruzas nativas, empiezan a llegar a las góndolas, con vinos ligeros y de calidad.

Las cepas criollas están en pleno estudio. “Es un mundo muy interesante, que nos traslada a los 400 años de historia vitivinícola que tiene nuestro país y nuestra región. Son todas esas variedades que se cruzaron de forma natural. En estas tierras, después de tantos años, existen alrededor de 5.000 variedades criollas”, señala Lucas Niven, de la bodega que lleva su apellido.

En un trabajo entre el sector privado y el INTA se han seleccionado alrededor de 60 varietales de uvas criollas que tienen “aptitudes enológicas para hacer buenos vinos”, menciona Niven, quien explica que la intención es certificarlas como variedades patrimoniales y ancestrales.

“Enfocarse en la criolla como parte de este rescate cultural, de volver a la idea de vino de pueblo, de recuperar la identidad de cada lugar”, dice por su parte Pablo Durigutti, que comanda junto con su hermano Héctor el Proyecto Las Compuertas, en Mendoza.

Las cepas criollas se expanden por toda la región vitivinícolas, y así aparecen bajo ese paraguas, por ejemplo, el torrontés riojano, cuza de Criolla Chica con Moscatel de Alejandría. “En La Rioja tenemos un clima muy seco y en la antigüedad los riegos eran de forma tradicional con agua de superficie que provenía de las montañas. Eso ocasionaba que en años de sequía el agua escaseara y que muchas vides que estaban implantadas no toleraran esa falta de agua y murieran o vegetaran muy poco. Por ende, sus rendimientos no resultaban los esperados por lo que nuestros antepasados seleccionaron este cruzamiento natural”, afirma por su parte Javier Collovati, enólogo de la bodega Valle de La Puerta. “En esos años de escasez de agua y, por lo tanto, de concentración de las sales en el suelo, las plantas de Torrontés no se veían tan afectadas, por lo que esto originó que se propague rápidamente esta variedad en todo el norte, sin saber en ese momento que era una variedad única y propia de Argentina”, agregó.

A continuación, seis opciones de vinos para ingresar al mundo de la cepa criolla:

La Puerta dulce natural

Bodega: Valle de La Puerta

Origen: Valle de Famatina, La Rioja

Precio: $638.

El Torrontés Riojano cepa emblemática por excelencia de La Rioja, es la segunda uva blanca más planteada en Argentina y la única que viene con sello nacional ya que se trata de una variedad que nace en el país del cruzamiento entre Criolla Chica (Listán Prieto en España) y Moscatel de Alejandría.

“Hay torrontés más floral, que son los que se dejan madurar más tiempo, que están más cerca de los 14% grados de alcohol. Los que están por debajo tienen aromas más cítricos y frutales. También aparecen otras variedades con notas vegetales que se logran con las técnicas de elaboración. El Torrontés es un mundo por descubrir”, dice Javier Collovati, enólogo de la bodeha. “Demas está decir que debido al sol que reciben las uvas en La Rioja esta variedad provee excelentes vinos, con aromas únicos y potentes”, agregó. En esa línea, la bodega tiene tres emblemas: La Puerta clásico, un blanco seco; La Puerta Alta, más elegante; y el dulce natural, destacado en estas líneas.

Para elaborar este último vino, luego de realizado el prensado, el jugo resultante es enfriado y bombeado a un tanque de acero inoxidable manteniéndolo a temperatura muy baja. Luego se inocula el jugo con levaduras cultivadas para proceder a una fermentación lenta y a temperatura controlada. A través de un sistema de centrifugado se eliminan las levaduras logrando de forma natural cortar la fermentación quedando el vino con un bajo contenido de alcohol y alto azúcar residual alto. Se trata de un vino muy aromático en el que resaltan las notas de los azahares, ruda y frutas tropicales como mango, ananá y durazno, entremezclados con notas cítricas de la lima y la mandarina, y un toque de miel. Con un tono amarillo pálido con reflejos acerados y bien equilibrado llega a la boca con dulzor y la acidez justa. Resaltan las notas frutales, de buen volumen y persistencia en boca.

El Esteco Old Vines Criolla

Bodega: El Esteco

Origen: Cafayate, Salta

Precio: $2.246.

De la mano del enólogo de Bodega El Esteco, Alejandro Pepa, este criolla salteño es posiblemente uno de los más laureados de todos los 100% del varietal. “En nuestra finca Las Mercedes se pueden encontrar algunas vides de criolla de más de 60 años entremezcladas en una parcela dominada por parrales de Torrontés. Es un homenaje a la vida y trayectoria de algunas de nuestros viñedos con más de 60 años de antigüedad. Viñedos que viven en armonía con el terroir cafayateño y precisan la mínima intervención del hombre para regalarnos vinos excepcionales”, dijo Pepa.

Para elaborar este vino, se marcan y seleccionan cada una de las plantas que se van a cosechar. Una vez logrado su punto óptimo de madurez se recolectan los frutos manualmente a primera hora de la mañana en cajas de 18 kg cada una y se transportan rápidamente a la bodega para comenzar su proceso de elaboración. En la bodega, las uvas pasan por cinta de selección. La maceración pre-fermentativa se realiza en vasijas ovoides de 3.000 litros durante 5 días y luego comienza la fermentación alcohólica. El vino es embotellado sin ningún tipo de filtración previa y permanece en estiba durante los próximos 6 a 8 meses.

De color rosado intensos con tonos violáceos y leves bordes rubíes, tiene presencia de leves lías finas en suspensión, similar a un Pinot Noir. De aroma frutado, es un vino refrescante, de textura mineral.

Proyecto Las Compuertas Criolla

Bodega: Durigutti

Origen: Las Compuertas, Luján de Cuyo, Mendoza

Precio: $1.400.

Héctor y Pablo Durigutti comenzaron en 2002 con este proyecto personal y familiar. En 2017 lanzaron Proyecto Las Compuertas, que está en pleno rescate patrimonial en la zona de Luján de Cuyo, en Mendoza, con una revalorización en la zona. “Esta Criolla nace de Las Compuertas, hasta la cosecha 2020 que es la actual de circulación en el mercado la denominamos Criolla Parral. La añada nueva que está a punto de presentarse, la 2021, tiene un pequeño cambio, ya que es con una uva criolla llamada Gobelet y es 100% plantada por nosotros”, explica Pablo Durigutti.

Con cosecha manual en cajas de 18 kg, la recepción en bodega se realiza en huevos de cemento con granos enteros. Con maceración en frío durante 4 días a 10° C, la fermentación alcohólica se inicia como vino tinto (líquido y grano) a temperaturas entre 15-17° C con levaduras epoxy. A la mitad del proceso se separan las pieles y la fermentación continúa como si se tratase de un vino blanco a temperaturas entre 13-14° C. Se trata de un vino elegante, floral y picante, con sabores de pétalos de rosa y pudín de verano, taninos agraciados y de grano fino. Se recomienda beberlo fresco, a una temperatura entre 12 y 14°C. “Es un vino 100% orgánico, certificado, y apto vegano. Fue muy bien recibido a nivel internacional, se exporta con buenos reconocimientos”, añade Durigutti.

La bodega también trabaja otro proyecto de Criolla con uva cereza de la zona de Rivadavia, para otra línea de vinos, Cara Sucia, para un consumidor que busca vinos más ligeros.

Lalalá

Bodega: Lalalá

Origen: Tupungato, Valle de Uco, Mendoza

Precio: $1.600.

“Nuestros vinos son cuidadosamente elaborados con uvas orgánicas de viñedos de más de 45 años de Tupungato, Valle de Uco”, dice Laura Ciacera, productora de Lalalá, quien está en el mundo del vino desde hace más de 20 años. Este proyecto orgánico certificado desde hace 5 años lo lleva adelante junto al enólogo Leo Borsi. “Lalalá criolla, nació como desafío diferencial dentro de la línea, resultando un vino muy frutado, elegante, con un toque salvaje. La idea es mostrar al consumidor que se puede elaborar y disfrutar un vino de uva criolla con elegancia”, agrega Ciacera, sobre este órganico certificado de partida limitada de 8500 botellas. Este vino, 95% criolla- 5% Malbec, tiene cosecha manual, con un descube de acuerdo al calendario lunar. Es un vino franco, fresco y frutal.

Criolla Argentina Tinta

Bodega: Niven

Origen: Junín, Mendoza

Precio: $660.

Este vino nace de parrales y viñas centenarios, con producción orgánica, con variedades en las que predomina la Criolla Grande y otras, como Sanjuanina tinta. “Nosotros tenemos dos fincas que tienen más de 80 años y poseemos Criolla Chica Blanca, Pedro Giménez, Moscatel blanco y rosado, Cereza, Criolla Grande, Canela, entre otras. Es un mundo amplio que todavía estamos analizando”, cuenta Lucas Niven, enólogo de la bodega.

“Las que les llamamos tintas, que en verdad son varietales rosados es la canela, la criolla chica y la criolla grande, con técnicas de sangrado en la vinificación y una buena maceración llegan a colores como los vinos Pinot Noir. Son vinos aromáticos, fáciles de tomar, frescos, marcando lo que es la tendencia mundial en vinos”, sostiene el enólogo.

Con cosecha manual, la fermentación se realiza con levaduras nativas en vasijas de concreto. El vino contiene sulfitos y es filtrado antes de su embotellamiento. No contiene ningún clarificante de origen animal, por lo cual es apto para veganos, vegetarianos y celiacos.

De color rojo con intensidad baja, en nariz se perciben notas a frutos rojos y hierbas, caramelo, tuti fruti. En boca es ligero y frescom de acidez media, con taninos presentes en la media boca. Vino muy

El Bautismo Criolla

Bodega: La Liga de Enólogos

Origen: Mendoza, zona este y centro.

Precio: $442,50.

De excelente relación precio-calidad, es una de las opciones más apropiadas para empezar a apreciar la uva criolla y, por qué no, la mejor expresión de la tradición nacional con la frescura que solo da una uva que encuentra su mejor versión en la cosecha temprana. Un rosado fácil de encontrar en la góndola, siempre está para tomar con su carácter muy expresivo, sabroso, con una acidez ideal que ayuda a abrir el apetito con una picada, justo para largar con la previa y hasta para hacerla más larga ya que los enólogos de La Liga lo hicieron para tenerlo en la frapera y tomarlo bien fresco.

“La Criolla es una variedad de uva de alta productividad e históricamente destinada a producir vinos para cortes. En La Liga de Enólogos rompimos los esquemas y tratamos a la Criolla como si fuera una ‘princesa’, con todo los cuidados y métodos de elaboración de alta gama. El resultado, un vino con un color agradable, aromas frutados y fresco en boca”, sostiene Fernando Sirerol, uno de los enólogos de la bodega.

La Liga busca con esta etiqueta redimir la variedad Criolla, nativa de nuestro país, y reconocer a los primeros hacedores de vino que hicieron de esta cepa el vino. De piel rosada, le trasfiere al vino un elegante color a cereza brillante. Su aroma de carácter florar y frutal, recuerda a las rosas y frutillas. En boca es fresco, ligero y de acidez equilibrada.

PUBLICADO EN DIARIO "ÁMBITO FINANCIERO", 7 de noviembre del 2021.

https://www.ambito.com/lifestyle/vino/cepa-criolla-seis-etiquetas-al-rescate-una-tradicion-n5312220

lunes, 5 de octubre de 2020

TORRONTÉS DE ALTURA, EL BLANCO ESPECIAL DEL QUE COLOMÉ ELABORA LA MÁXIMA EXPRESIÓN Uva criolla y perfumada, despliega una personalidad sin paralelos en las alturas exageradas del trópico. Conocé la gema más preciada de esta colección.

TORRONTÉS DE ALTURA, EL BLANCO ESPECIAL DEL QUE COLOMÉ ELABORA LA MÁXIMA EXPRESIÓN.

Uva criolla y perfumada, despliega una personalidad sin paralelos en las alturas exageradas del trópico. Conocé la gema más preciada de esta colección.

En los valles del norte, entre quebradas y desiertos encendidos por la luz del sol y de los astros en días y noches transparentes, se producen algunas de las uvas más particulares del mundo. 

Con trazos de lima, pizca de azahar, rosas y piel de naranja, el Torrontés de altura es fragante como un perfume, mientras que en paladar gana frescura, cuerpo y tensión. Quienes busquen un blanco que quite el aliento, deberían saber que en esta variedad y en los Valles Calchaquíes se esconde la gema que están deseando.

“Nosotros lo cultivamos en dos niveles de altura –dice Thibaut Delmotte, enólogo de Bodega Colomé–:1700 y 2300 metros sobre el nivel del mar. Colomé Torrontés es un 90 a 92% de 1700 metros, de Finca La Brava, y el resto de los 2300, de Finca Colomé”, explica.

La combinación de alturas posibles, partiendo de un piso elevado, les permite conseguir un balance particular. Es que la altura ofrece tres vertientes bien diferenciadas: la insolación, el frío y la edad de los viñedos como piezas claves de la paleta estilística.

La criolla más famosa.

El Torrontés es una variedad nativa de Argentina, nacida de un cruzamiento producido naturalmente en el silgo XVII entre la blanca Moscatel de Alejandría y la tinta Listán Prieto. Es, en todo rigor, una uva criolla. Cuando se habla de Torrontés, sin embargo, se habla del Torrontés Riojano, uno de tres variedades hermanas que encontró en los valles norteños su mejor expresión.

La razón detrás de esta adaptación a la altura y el norte la explica Delmotte: “El Torrontés es una variedad de ciclo largo dentro de las blancas. En zonas de altura, consigue conservar la frescura, aunque es en suelos arenosos donde el efecto de los metros sobre el nivel del mar funciona a la perfección”.

Mientras que la altura proporciona climas frescos y amplitud térmica, los suelos arenosos le permiten madurar relativamente rápido. Por eso Cafayate y alrededores es el epicentro de la producción de Torrontés en Argentina, con 960 hectáreas cultivadas a unos 1700 metros. Sin embargo, bajo una ecuación parecida se pueden buscar terruños más elevados.

El caso Colomé.

Es el caso de la finca de Colomé: “A 2300 metros y sobre suelos un poco arcillosos y de granito –explica Delmotte– el Torrontés madura más lento, por lo que consigue un perfil cítrico bien atractivo, conserva más frescura y gana graso en boca”. 

En su caso, lo emplea como reserva de fruta para Colomé Torrontés, cuyo corazón es Cafayate con una pizca del viñedo de Colomé. Pero el origen no explica todo. “En el viñedo de Cafayate, Finca La Brava, trabajamos desde la poda para bajarle el rendimiento, de forma que el vino gana concentración y boca. En Colomé, en cambio, como son plantas de más de 100 años y en una zona extrema, naturalmente tiene poco rendimiento”.

Los extremos del Torrontés.

Así como en el norte el Torrontés da un perfil floral y cítrico, en el Valle de Uco, particularmente en Tupungato y Paraje Altamira, pierde el matiz azaharado y conserva sólo el cítrico.

“En Colomé trabajamos para conseguir lo mejor del carácter de la altura. El desafío es ofrecer un perfil floral sin resignar volumen de boca y, más aún, evitando el final de amargo que es característico de la variedad”, dice Delmotte. “El secreto, pienso yo, está en los terroir donde tenemos plantadas las fincas y en el trabajo de bodega, donde fermentamos bien frío, a unos 12°C, lo que nos ayuda a subrayar el estilo”, define.

Este modelo de Torrontés ofrece un amplio rango de maridajes posibles. Como gana profundidad y largo debido al cuerpo y la frescura elevada, es un blanco perfecto para comer, ya sea desde unas típicas empanadas salteñas a platos asiáticos como sushi, tempuras y salteados de cerdo. Donde mejor se luce, sin embargo, es con tapeos de mar y frituras.

Así, el ejercicio de la bodega es combinar viñedos para dar con el equilibrio perfecto para su Torrontés. Un balance en el que los aromas de azahar y lima, de rosas y de hierbas invitan a beberlo y en el que se abre un paladar que gana agilidad y frescura, con un volumen medio. Emblema de los valles de altura, Colomé Torrontés es un caso de estudio.

PUBLICADO EN VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2020/10/torrontes-de-altura-el-blanco-especial-que-elabora-colome/

jueves, 28 de mayo de 2020

REVOLUCIÓN DE MAYO: UNA HERENCIA LARGA QUE HOY AGITA LAS COPAS.

REVOLUCIÓN DE MAYO: UNA HERENCIA LARGA QUE HOY AGITA LAS COPAS.

Un festejo patrio con dos tonos que van más allá de los colores de la escarapela: el tinto y el blanco. Descubrí las uvas autóctonas de nuestra vida adulta como país.
Por Joaquín HIDALGO.
Semana de mayo, tiempo de escarapelas y de colores patrios. Al celeste y blanco que cuelga de balcones y decora negocios deberíamos sumarle el tinto y el blanco, al menos si miramos el largo plazo y descorchamos algunos vinos patrimoniales.
Razones hay suficientes. En tiempos de la Revolución de Mayo ya se hacían vinos en nuestro territorio. Y si romper con España implicaba entrar en la turbulenta historia que supimos conseguir, también significó comenzar a andar caminos propios en materia de vides. Es verdad: las plantas, como las costumbres, trascienden las ideas, y por eso sobrevivieron en el viñedo local algunas variedades españolas, que luego fueron salpimentadas con otras italianas y principalmente francesas.
Pero puestos a mirar el país desde aquella celebrada tertulia de mayo, desde sus escritorios de madera manchados de tinta rebelde y quizás de vino español, las industrias de tierra adentro pudieron cobrar cierto vuelto propio. Como la del vino, sin dudas. Pero esa es otra historia.
La pregunta que nos hacemos hoy es otra: pasada esa revolución, emprendido el camino independiente, ¿desarrollamos también vides y vinos locales? ¿Existen vinos patrimoniales?

Las uvas argentinas.

En materia de uvas, Argentina le ha aportado al mundo un puñado nacidas tierra adentro. Las más famosas son sus tres Torrontés, de la que el Riojano es el más reconocido por su aptitud para hacer vinos. Surgida de un cruce entre la españolísima Listán Prieto y la mediterránea Moscatel de Alejandría, el Torrontés Riojano ganó fama como vino aromático. Restan el Torrontés Sanjuanino, usado en otro tiempo para destilar y habitué de las zonas pisqueras de Chile, devenido del mismo cruce, y el torrontés Mendocino del que sólo se conoce un ascendente (la Moscatel) pero no así la otra parte, otra uva criolla aún no identificada genéticamente.
Pero hay más. El Instituto Tecnológico Agropecuario viene trabajando de manera firme en el estudio de otras uvas criollas con cierto potencial para hacer vinos. Con nombres tan poéticos como Glabro, Canela y Ferra, y otros menos sonoros como Huevo de gallo o Criolla Número 1, hay una veintena bajo la lupa de la ciencia agronómica que podría dar lugar a vinos patrimoniales.
A este pelotón claramente desarrollado en Argentina, podemos sumarle al menos dos más que están descuadradas de la bibliografía. Olvidadas en su tierra, como colonos verdaderamente afincados encontraron en este país su lugar en el mundo. El Malbec es el ejemplo más cabal, claro, y con poblaciones de plantas y algunos clones supone una reserva genética adaptada al desierto. La otra es Bonarda Argentina, genéticamente identificada como Charbono y proveniente de la Saboya francesa donde es casi testimonial. Aquí da vinos ampliamente bebidos, tanto que con 18 mil hectáreas es la segunda tinta plantada, luego del Malbec, que ya alcanza las 44 mil.

Los vinos patrimoniales.

En tiempos de la revolución de Mayo, los vinos que circulaban por las pulperías eran el Carlón si se lo podía pagar (tinto español) o el Clarete o Clarín, cuyo origen es poco conocido. En Mendoza, por ejemplo, se hacían vinos a partir de las uvas tintas de Canarias como Listán Prieto, luego bautizada aquí como Criolla Chica, que da un tinto ligero de color y perfume frutal. Esos son el primer paso de los vinos patrimoniales.
Lo que siguió fue el desarrollo de una serie de vinos locales con matriz inmigrante a los que podríamos llamar los sabores de la nostalgia. En eso, las revoluciones pierden siempre contra los gustos adquiridos. En el siglo que va desde 1810 a hasta el primer centenario, en nuestro país nacieron vinos (pero no sólo vinos) de inspiración europea, principalmente de Francia e Italia.
Pero en el bicentenario el escenario es bien diferente. Los estilos locales, con tintos de cuerpo y frescura moderada y buen paladar carnoso, dominan la escena. Y los blancos de altura, con expresión madura y a la vez fresca, no se parecen mucho a lo que ofrece el mundo, salvo algunos vinos mediterráneos.
Pero con el Malbec como bandera, Argentina tiene para dar al mundo un sabor que es propio, tanto como sucede con el Torrontés y el Chardonnay, vinos que gustan dentro y fuera del país.
Si la historia de los países pudiera ser una parábola de una persona, haber adquirido este sentido propio, de lo que nos gusta y de lo que podemos ofrecer en materia de vinos con orgullo, se parece mucho a convertirnos en adultos. Algo que en el ideario de Mayo era un germen en plena gestación.
Publicado en Vinómanos, 26/05/2020.