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sábado, 4 de abril de 2026

Legado en Beltrán: 110 años de la bodega que eternizó al noble Calfulén.


Legado en Beltrán: 110 años de la bodega que eternizó al noble Calfulén.

Cuatro generaciones y una familia ensamblada dejaron su huella en la gran Isla “La Esmeralda”, cinco kilómetros al norte del ejido urbano. Del tiempo en que los toneles viajaban por el agua, río abajo, a la difusión por redes sociales, sigue viva una herencia cargada de coraje. Y en el medio, la figura inolvidable de un peón.

Por Melina Ortiz Campos.



El azul en el diseño, destacando el significado del apellido, en mapudungun. Foto: Arhivo RN | Hebe Rajneri.

1,80 metros de estatura, robusto y con tonada cordillerana, tez más bien trigueña, Calfulén tenía entre 50 y 55 años cuando lo conocieron los hijos de su patrón, Daniel Videla Dorna. Respetuoso y de perfil bajo, había llegado a Beltrán desde el sur neuquino, portando consigo la sabiduría de su raíz mapuche, y se encontró quizás sin pensarlo, transmitiendo muchos de sus conocimientos de campo a los muchachitos oriundos de Buenos Aires, que se empezaban a criar entre viñedos y ovejas, junto al río Negro.

De la producción en escala en el siglo XX a la selecta de hoy: la historia de una bodega centenaria

Hoy el apellido Videla Dorna tiene décadas de trayectoria en la vitivinicultura del Valle Medio, pero a fines de los años ‘50 representaba a una familia de la gran capital, que probó su tenacidad en las tierras heredadas por la madre de Daniel, Julia Guido. Viuda ella, se había casado en segundas nupcias con Benigno Gutiérrez Acha, también viudo, el propietario original de estas hectáreas, donde tenía su propia bodega desde 1916, hace exactamente 110 años.

Familia ensamblada, a partir de ese vínculo se mantuvo la actividad y se abrió un horizonte nuevo para los nietos de Julia, que encontraron entre las tardes bajo los sauces de la antigua casona y las noches estrelladas, el hogar de su infancia: Martín y Juan los mayores; Victoria, la única mujer; y Carlos junto con Ignacio, los protagonistas del proyecto que ya de adultos le devolvió a “La Esmeralda” su propósito productivo.

Foto: Captura Informe Especial Archivo Canal 10.

Más de 600 ovejas madres se cuidaron en los mejores años, a la par del cultivo de viña en la isla que ya realizaban desde siempre, donde la uva llegó a ocupar 50 hectáreas. En ese contexto, los jovencitos aprendieron todas y cada una de las tareas de aquel peón sencillo y gracias a ese compartir le tomaron un gran aprecio.

Por eso, cuando pensaron los nombres para las dos marcas de vino que permitieron el regreso de la producción, después de años de quietud, no dudaron en homenajearlo: Calfulén, bautizaron a su línea Reserva Malbec, Merlot y Pinot Noir, además de un Riesling y el Torrontés; junto a “Maroma”, el sello elegido para la línea Joven.

La producción, entre Maroma y Calfulén, exhibida en la antigua casona que recorren los turistas. Foto: Juan Thomes.

No quedaron fotos para ilustrar el recuerdo de ese paisano que trabajó por casi una década entre los Videla Dorna, pero el diseño de las etiquetas, a cargo de una prestigiosa agencia porteña, se encargó de recrear sus rasgos y su mirada, bajo el tono azul que se traduce en su apellido originario, aún presente en la zona de Junín de los Andes por ejemplo.

Y como el mundo es chico y la Patagonia aún más todavía, una sobrina de Calfulen, radicada en Neuquén, fue quien se enteró de semejante gesto y logró ubicar el stand de los Videla Dorna en una feria en Las Grutas, para agradecerles, emocionada. Se sabe que ese trabajador callado pero generoso, vivió sus últimos días de regreso en sus pagos, cerca de los suyos, aunque no tuvo descendencia propia.


Nueve etiquetas integran la producción del establecimiento, entre blancos, tintos y blends. “Carloto”, el anfitrión. Foto: Juan Thomes.


En tantos años de historia, esto que se vive desde 2007, fue un renacer después de que la pérdida de rentabilidad en los ‘80 intentara dar el golpe final a semejante sitio. Hoy, el presente de la bodega encontró la manera de conectar ese pasado de “La Esmeralda”, con la experiencia de Carlos, el legado de Ignacio y las aptitudes de la siguiente generación, que a través del manejo de la web y la cuenta en Instagram (@bodegavideladorna), les permite mostrarse ante el mundo.

Ya no se trabaja el vino a granel como en los tiempos de Gutiérrez Acha, cuando se almacenaban 500.000 litros entre piletas y cubas de roble, para luego transportar los toneles en tren o por el río, cargados en chatas flotantes, para fraccionarlos en damajuanas. Fruto de la labor a tiempo completo y tras el fallecimiento de Ignacio y de su madre Victoria Landajo (“Toli”), es Carlos, “Carlotto” para sus vecinos, quien sostiene e impulsa la propuesta junto a los nuevos peones. “Yo ya hacía el grueso de la producción, ya tenía las manos embarradas hasta el hombro”, graficó.

La Bodega integra el circuito del Camino del Vino, lo que le facilita el arribo de turistas. Foto: Juan Thomes.


Febrero 1929: la publicidad de la bodega original de la isla, en el periódico El Mentor, que circuló por el Valle Medio. Foto: Museo Histórico Choele Choel.


La etiqueta de «La Esmeralda», la bodega original que este año cumple 110 años. Foto: Juan Thomes.

Por eso este egresado de la educación salesiana local, también antiguo emblema de la formación en enología, no tuvo miedo ni permitió que el duelo le torciera el timón. Fue sumando mejoras y comodidades para el agroturismo, además de afianzar los 40.000 litros anuales que saca al mercado con esmero y argumentos de sobra para cada creación. “No podría vivir en otro lugar”, reconoció en diálogo con Río Negro.

Admirado de la obra que dejaron los dueños originales, cuando no habían facilidades ni servicios, cuando la movilidad solo era posible a partir de una balsa y cuando se batallaba con las crecidas y el clima riguroso, hoy entiende que la mejor decisión que pudo tomar fue la de quedarse allí viviendo y forjando este sueño compartido.

Integrar la Ruta del Vino, participar en ferias regionales y nacionales, recibir a las delegaciones que lo visitan y alentar la llegada de su cosecha a negocios y restaurantes elegidos a conciencia entre Neuquén, Cipolletti, Roca y Regina, además de la costa rionegrina donde se luce entre turistas, hacen que se vaya formando una nueva manera de entender la actividad más allá del precio y que se le reconozca el sentido profundo guardado en el contenido de cada botella. “Vale la pena, el tiempo confirma por qué”, dijo Carlos, convencido de que el éxito no pasa ni por los premios ni por los números, sino por ver la obra de sus manos hecha realidad cada día.

Sueño compartido: el resurgimiento de la bodega fue posible gracias al empuje de Carlos con su hermano Ignacio, ya fallecido. Foto: Arhivo RN | Hebe Rajneri.


40 mil litros anuales, la producción que sostienen en esta nueva etapa. Foto: Juan Thomes.

*** Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/rural/legado-en-beltran-110-anos-de-la-bodega-que-eternizo-al-noble-calfulen/

22/03/2026.



Foto: Juan Thomes.



Imagen de Federico Witkowski.




Enlace de interés:

viernes, 27 de marzo de 2026

ESTABLECIMIENTO FRUTI-VITIVINÍCOLA Y BODEGA “LA ESMERALDA” DE BENIGNO A. GUTIÉRREZ ACHA / BODEGA VIDELA DORNA.


 

ESTABLECIMIENTO FRUTI-VITIVINÍCOLA Y BODEGA “LA ESMERALDA” DE BENIGNO A. GUTIÉRREZ ACHA / BODEGA VIDELA DORNA.

En el arco Norte de la Isla Grande de Choele Choel, se instaló este emprendimiento, fundado en 1911 por el ingeniero Benigno Alfredo Gutiérrez Acha, localizado en una isla de 168 hectáreas de superficie; allí donde el brazo Norte del río Negro serpentea, fluyendo sus encrestadas aguas a la sombra sin voz de los sauces en galería.

La verde exuberancia del paisaje, que embellece a la belleza, insinuó el nombre del establecimiento: “La Esmeralda”, transformándose rápidamente en la piedra preciosa del Valle Medio.

Con la cohesión y el vigor necesarios para afrontar las situaciones difíciles, el Ing. Gutiérrez Acha instala una balsa sobre el cauce del río e inicia la implantación de frutales, y usufructuando el fuego abrasador de las arenas –que darán mostos vivificantes y generosos– emprende el cultivo de vides.

Construye la bodega y para el año 1916 muele su primera vendimia y meses más tarde don Alfredo, al atardecer, a la hora que la luz se vuelve más quieta, levanta la roja copa desbordante de la preciada ambrosía y brinda con alegría y regodeo desafiante.

Al poco tiempo de inaugurada la bodega, identificada como Bodega N° 332, cobran notoriedad sus selectos vinos Cabernet-Sauvignon y Malbec, que se expenden con la marca La Esmeralda. La documentación existente, asimismo, establece que entre otras variedades cultivadas se hallaban: Semillón, Barbera, Torantel (Torrontés), Pedro Giménez, Moscatel Rosado y Criolla Grande o Sanjuanina.

En 1928 bajo la supervisión del enólogo Antonio Croce se instalan 12 hectáreas de un atrayente y estético parral veneciano, llamado también “rayo”, Bellussi o Pini, bajo las premisas de: mitigar los daños ocasionados por las heladas tardías o primaverales; favorecer la acumulación de azúcares en los racimos al estar provistas las cepas de una mayor cantidad de madera vieja y por ende una mayor acumulación de sustancias de reserva dada por un área foliar más amplia y eficiente; obtener una mayor producción de uvas; facilitar la aplicación del abonado; y lograr una mejor sanidad de las plantas y los racimos. Sus amplias distancias de plantación, de 8,00 metros entre hileras por 4,00 metros entre plantas, y su compleja disposición de alambres cruzados en forma de rayos de rueda de bicicleta, le conferían el aspecto de ostentosas estructuras que a partir de los albores de la primavera rápidamente comenzaban a cubrirse de un verde sensación de paz.

Adicionando esta superficie implantada a la ya existente, el establecimiento alcanza una superficie cultivada con viña de 41 ha 64 as 88 ca 92,73 m2.

La bodega contaba con 20 piletas sobre la superficie y 2 piletas subterráneas, que alcanzaban una capacidad de vasija fija de 220.000 litros y 33.000 litros en toneles y cubas de madera de roble, lo que totalizaba una capacidad de vasija de 253.000 litros.

Entre los años 1930 – 33 ejerce la administración de esta firma don Jaime Font Saravia (1907 – 1966), quien además fue Juez de Paz Suplente en Choele Choel entre agosto – diciembre del año 1932. Posteriormente se transformaría en un célebre locutor y animador porteño, integrante del staff de LR1 Radio El Mundo de Buenos Aires, y a quien se lo consideró como un monstruo sagrado de la radiofonía nacional. Asimismo, cobró protagonismo como intérprete en las películas: “Caras argentinas” (1939) y “La quinta calumnia” (1941).

Tiempos aquellos en que su bohemia insomne alimentaba la magia de los silencios y fantasías de las noches isleñas, esas noches que caían buscando su corazón en la isla, noches bañadas por la tierna luminosidad de la luna patagónica y acompasadas por los nostálgicos acordes del violín, las guitarras criollas que desprendían en sus gemidos arrabaleros: coraje, pasión y lamentos, las chicas que imponían con su belleza la verdad de las formas, la poesía plena y la sed bebida por los impenitentes exegetas báquicos que resistían insurgentes trizando pedazos de crepúsculos, arrancando jirones de la aurora incontestable buscando estirar las noches. Y don Jaime Font Saravia, se sentía dueño de esas albas donde parecía suspirar la agonía de las sombras.

Sin duda, la estancia en la isla de este peculiar y exclusivo personaje, antiguo y bondadoso habitante del alba que supo rendir tributo a la noche, ha dejado una vivencia oblicua y polivalente, de recuerdos imborrables, una señal indeleble en la memoria de los isleños.

Otro personaje de “La Esmeralda” fue el búlgaro Dimitri Petrov. Aún retumban hoy, en remotos y borrosos ecos, las mentas sobre su “grappa” de elaboración artesanal –una bocanada ígnea que se precipitaba por la garganta hasta las entrañas–, la que según recuerdan los viejos lugareños, podía: “Hacer hablar a los mudos y a los políticos decir la verdad”.

Asimismo, emanan lejanos y melancólicos recuerdos sobre los impetrantes vinos tintos, redondos y sedosos, que ofrecían un paraíso de posibilidades hedonísticas inacabables.

Este establecimiento, ejemplo del trabajo perseverante y deleite indescriptible para el espíritu, por línea sucesoria queda al expirar la década de los años ´50 en manos de la familia Videla Dorna.

Es, también, hacia esa misma época que La Esmeralda interrumpe su actividad vitivinícola. A partir del año 2007 “La Esmeralda” renace bajo el emprendimiento familiar denominado Bodega Videla Dorna, reiniciando la actividad vitivinícola en forma artesanal, elaborando vinos blancos, rosados y tintos jóvenes, reserva y gran reserva, comercializados bajo las marcas Calfulén y Maroma.

Así, esta espléndida propiedad – enclavada entre la belleza y la calma–, donde el otoño regala su más romántico paisaje, sigue subyugando a los visitantes que a través del turismo rural acceden a ella.

BARTOLOMÉ "MANOLO" PÉREZ Y EL NOBLE OFICIO DE TONELERO.

Quiero en estas breves líneas recordar el viejo e imprescindible oficio de tonelero, ya extinguido hace muchos años a nivel de las bodegas –desde que se dejó de expender el vino en bordelesas o cascos–, y hacer una evocación muy particular para mi tío Manolo Pérez (1917 – 1963), y en él homenajear a todas aquellas personas que ejercieron el noble oficio de tonelero.

A los 16 años ingresa como ayudante de tonelero en el Establecimiento Vitivinícola “La Esmeralda” de Luis Beltrán, donde aprende el oficio. Hacia el año 1936, buscando nuevas oportunidades viaja al Alto Valle de Río Negro y Neuquén y trabaja como tonelero en la Bodega La Falda en Cipolletti.

Alterna temporadas de trabajo entre las localidades de Cipolletti y Luis Beltrán, como puede leerse en el aviso del periódico semanal EL MENTOR del año 1937 en que ofrece sus servicios de reparación de distintos tipos de toneles.

En el entonces pueblo de Cipolletti, contrae enlace en el año 1939 con María del Pilar Herrera y en los albores del año 1941 toma la iniciativa de regresar definitivamente a la isla, donde se instala con su mujer y su pequeña hijita Irma en la chacra de la familia en Luis Beltrán.

La rapidez, habilidad y destreza en el desarmado, calafateado y posterior armado de los barriles –envases de madera más pequeños– y los cascos o bordalesas –que eran los envases de madera de 200 litros más generalizados para expender el vino al consumo–, le permitieron cimentarse la fama de uno de los mejores toneleros de la Isla Grande de Choele Choel, siendo su trabajo muy codiciado por las diversas bodegas de la zona.

Fue durante varios años tonelero de la Cooperativa Agrícola Colonia Choele Choel Ltda. Falleció en Luis Beltrán en el año 1963 a los 46 años de edad.

Reseña del Sr. Federico Witkowsky.

Imagen y texto publicados en

Etiquetas Bordalesas de vino -Facebook- del Sr. Federico Witkowsky.

domingo, 2 de junio de 2024

El excéntrico multimillonario suizo que produce vino en un rincón de Patagonia.

 


El excéntrico multimillonario suizo que produce vino en un rincón de Patagonia.

La bodega Ojo de Agua es propiedad del suizo Dieter Meier, empresario, artista multifacético y un apasionado de las costumbres y los productos del campo argentino.

Cuenta la historia que Dieter Meier vino a la Argentina junto a su padre, por negocios, hacia principios de la década del 70. A partir de ese viaje, este hijo de importantes industriales europeos, quedó impactado por las bondades y costumbres de estas tierras. Fue así que, hacia la década del 80, Dieter Meier comienza a comprar sus primeras tierras en la pampa húmeda.

El nombre Ojo de Agua, refiere a la estancia ubicada al pie de Sierra La Vigilancia en la provincia de Buenos Aires, fundada por Pedro Luro en 1868, meca y emblema de las carreras y de la crianza de los mejores caballos pura sangre. Hacia 1996 Dieter Meier compra esta estancia y comienza a criar ganado y producir carnes.

Al mismo tiempo, comienza a viajar por el país para buscar los mejores suelos para producir vinos orgánicos y otros productos, y es así que llega a adquirir hectáreas en Mendoza, Salta y en la Patagonia. Parte de lo que se produce en estos terruños se exporta y tiene, entre sus destinos, los prestigiosos restaurantes propiedad del empresario alrededor del mundo, donde se ofrecen productos made in Argentina.

Siempre bajo el ala de la producción orgánica, como el mismo Dieter dijo. “El viñedo debe expresarse sin ninguna intervención. Imagina las posibilidades en las regiones vinícolas más ricas de Argentina si incorporásemos una viticultura pura y libre de productos químicos”, expresó alguna vez marcando la línea de que toda la producción en el país sería orgánica, como lo es actualmente.

Un personaje multifacético.

Dieter Meier nació un 4 de marzo de 1945 en Zurich, quienes lo conocen personalmente dicen que es una persona muy activa, un viajero incansable y un apasionado de la vida. Entre sus múltiples ocupaciones figuran la de jugador de póker, letrista, músico, novelista, golfista, industrial, cineasta, actor, restaurador, enólogo, ganadero y ¡hasta gaucho argentino!

Este excéntrico gentelman llegó a estudiar leyes hasta que se convirtió en jugador de Póker profesional y luego se transformó en músico. En este rubro, fue fundador del grupo Yello, junto a Boris Blank uno de los más reconocidos en el estilo electropop. Con intenciones de resumir este aspecto de su personalidad, su carrera y trabajos en diferentes disciplinas artísticas es muy extensa y supera los límites de esta nota.

Hacia fines de la década de los 90’s Dieter se sumerge de lleno en su nueva pasión, la producción orgánica de carnes, vinos y otros productos como nueces, avellanas, miel y hasta semillas de chía. Esta actividad lo llevó a adquirir tierras en la Provincia de Buenos Aires, La Pampa, Mendoza, Salta y la Patagonia.

Enamorado de las uvas del Valle Medio.

La planta de elaboración de vinos de la bodega Ojo de Agua se encuentra en Luján de Cuyo, Mendoza, lugar en el que se pueden realizar visitas guiadas y comer en su restaurante. Hasta este lugar, llegan las uvas desde otras partes del país para la elaboración de las diferentes líneas de vinos, como la que llega desde el Valle Medio de Río Negro.

Según Mauricio López, enólogo de la bodega Ojo de Agua, “el hecho de elaborar vinos de la Patagonia nace varios años más tarde del proyecto de elaborar vinos orgánicos en Mendoza”. Mientras que los viñedos de Mendoza se plantaron en el año 2002, “las primeras plantaciones (en Río Negro) fueron en el año 2011 en Fortín Castre, a unos 80 km. de Choele Choel”.

Respecto a las cepas que se cultivan en tierras rionegrinas “En un principio se comenzó con ChardonnayPinot y Malbec. Luego se amplió a Sauvignon BlancMerlot y Cabernet Franc” asegura López y afirma que, actualmente, son 40 las hectáreas plantadas, una parte se encuentra en una chacra y otra en la barda.

Particularmente la bodega usa las uvas de estos viñedos para elaborar la línea Ojo Negro, “donde contamos con un Chardonnay, un Sauvignon Blanc, Rosé de Pinot, un Pinot NoirMalbec, Merloy Cabernet FrancSon vinos frescos, frutados, donde buscamos mantener las características de cada varietal lo más expresivas posibles”, explica el enólogo en diálogo con +P.

“La zona nos da uvas de muy buena calidad y tratamos de reflejar eso en cada uno de los vinos, donde generalmente trabajamos en tanques de acero inoxidable pequeños, maduramos en huevos de cemento y, en algunos casos, un porcentaje de vino pasa un tiempo por barricas de tercer y cuarto uso”, dice López sobre esta línea que se exporta a Suiza, Alemania y recientemente a Estados Unidos e Inglaterra, aunque también se comercializa en el mercado interno.

En las cinco hectáreas que hay en la chacra de Fortín Castre, hay una hermosa estancia donde Dieter Meier suele quedarse algunos días a disfrutar del clima soleado y seco del Valle Medio. El resto de los terruños se encuentran en la barda, que posee suelos áridos y muy ricos en minerales, donde también se producen carnes y frutos secos, todas las bondades que dan estas tierras patagónicas.


Publicado en Más Producción de La Mañana del Neuquén. Imágenes del mismo diario.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/el-excentrico-multimillonario-suizo-que-produce-vino-un-rincon-patagonia-n1117482