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lunes, 26 de octubre de 2026

Falleció Emilio Lino Gennari a los 104 años, fundador de la bodega Gennari.


Falleció Emilio Lino Gennari a los 104 años.

Emilio Lino Gennari, fundador de la bodega Gennari.

Se vuelve a publicar.

Emilio Lino Gennari y su bodega, ciento un año, sesenta y seis de trabajo. Fundador de la bodega que lleva su nombre y apellido. Hoy su fructífera tarea es continuada por sus hijos y nieto. Su suegro fue don Juan T. Fernández, recordado hombre de General Roca. Don Emilio Lino nació el 23 de septiembre de 1922 en Colonia Rusa, localidad cercana a General Roca. Es hijo de padres italianos llegados de Mandola, pueblo cercano a Nápoles, Julia y Nazareno Gennari, que tuvieron diez hijos.

Julia y Nazareno habían vivido con sus padres en Bahía Blanca y luego arribaron al valle, asentándose en Colonia Rusa. Don Lino cursó la escuela primaria en el colegio San Miguel, en Stefenelli. Realizó el servicio militar en la Brigada 6ta. de Caballería en Neuquén. Se casó a los 23 años con Nélida Fernández de la localidad de Mainqué, con la que tuvo tres hijos: Hugo, Osvaldo y Ana. En 1957 comenzó con su esposa el emprendimiento en Fernández Oro que en un principio se dedicó al secado de fruta. En ese entonces vivía en Huergo, ya tenía unos ahorros para comprar una casita y un pedazo de tierra donde poder plasmar su sueño. Se subió al tren con la idea de encontrar en Neuquén lo que estaba buscando. Por error se bajó en la estación de Ferrocarril de General Fernández Oro. Cuando ya había partido el tren, tomó conocimiento de que no estaba en Neuquén sino en “Parada 81”, como le decían a la localidad. En la foto que acompaña el escrito lo vemos hoy a sus ciento  un años con premios recibidos por su bodega.

Comenzó a caminar por las vías en dirección a Neuquén y vio un cartel que decía propiedad en venta. El lugar le gustó, tenía una casa, tres hectáreas de tierra y sus ahorros le alcanzaban. Así fue como a los pocos meses ya estaba instalado con su familia en General Fernández Oro. En la siguiente temporada comenzó con el secado de fruta, fundamentalmente pera, que exportaba a Alemania.  Llegó a tener ciento cincuenta obreros trabajando de sol a sol y luego comenzó con el secado de ciruela y durazno.

En 1969 comenzó a elaborar vinos, actividad que le gustó mucho siempre, y que recibieron importantes premios en la Fiesta de la Vendimia. La uva proviene de la chacra de Mainqué, una tierra especial para la plantación de vid ya que posee tierra arcillosa y presenta una marcada amplitud térmica en verano. Entre sus recuerdos: don Lino repartía él el vino en su camión a Neuquén, Plaza Huincul, Cipolletti, Roca, Villa Regina. Garrón de Piedra era el nombre de sus primeros vinos debido al apodo del padre de Ceferino Namuncurá —santo al que le pedían ayuda para que el emprendimiento prosperara— y que caminaba descalzo sobre las piedras. El acompañamiento familiar fue muy importante: con su esposa vivieron en ese pequeño Fernández Oro que crecía a paso lento. El pueblo no tenía iglesia, por lo que se juntaron varios vecinos y levantaron la capilla “Santa María Goretti”. La imagen de la virgen la trajo la esposa de Gennari en tren desde Buenos Aires. Participaron activamente en el club haciendo kermeses y rifas para ampliarlo. Sus hijos iban a la escuela en Cipolletti y en Neuquén, y junto a familias amigas consiguieron a través del Sr. Koprio –—que repartía leche— trasladar a los niños a la escuela. Ese fue el germen de la empresa KO-KO. Don Lino Gennari recuerda su vida como una vida de mucho trabajo y feliz: “se podía trabajar y crecer”. Antes la palabra tenía valor, compraba y vendía sin necesidad de firmar ningún contrato. Hace varios años se incorporaron sus hijos y en 2003 formaron la sociedad Gennari SA. Seguramente muchos recordarán cuando don Gennari repartía vino en almacenes barriales del Neuquén y Cipolletti. Hoy a su ciento y un año pudimos conversar con él y no dejamos de sorprendernos con su memoria, que es la memoria de toda una región. La tarea ha sido fecunda.

Historiadora Beatriz Chávez – 12 de noviembre del 2023.

Carta de lectores Río Negro.





BODEGA GENNARI DE FERNÁNDEZ ORO.

Bodega familiar, ubicada sobre la Ruta Pcial. N° 65 en la localidad rionegrina de Fernández Oro, donde elaboran desde vinos hasta frutas desecadas.

La empresa familiar Gennari surge en 1957 en manos de su fundador Emilio Gennari.

En 1957 Emilio Gennari, hijo de inmigrantes italianos oriundo de General Roca, subió al tren rumbo a la ciudad de Neuquén en busca de un lugar para radicarse y allí cumplir su sueño de tener un emprendimiento propio. Su padre italiano ya había hecho el gran salto de viajar e instalarse en la Argentina donde llegó a hacer una bodega en General Roca, en la colonia rusa. Pero Emilio quería crecer por sus propios medios. Por equivocación, desciende antes de tiempo en la Parada 81 correspondiente a General Fernández Oro.

Advierte la equivocación y comienza a caminar, a unos cientos de metros encuentra un cartel con la leyenda: “vendo esta propiedad”.

Primero emprende, junto a su esposa Nélida Fernández, un secadero de frutas. Fueron peras que se exportaban a Alemania. Luego incorporan ciruela, durazno y manzana.

En el año 1969, Emilio decide comenzar a elaborar vinos. Actualmente la empresa es liderada por la segunda generación, sus hijos Osvaldo y Ana que aún mantienen ambas actividades.

Imagen: http://fabianmitidieri.blogspot.com/

EMOTIVO RECONOCIMIENTO A EMILIO LINO GENNARI POR SUS 100 AÑOS DE VIDA.




sábado, 24 de octubre de 2026

Viñedos San Sebastián. CONCURSO CATA A CIEGAS SAN JUAN. Medallas.


Viñedos San Sebastián.

CONCURSO CATA A CIEGAS SAN JUAN.
el más emblemático, federal e importante de nuestro país.
Muchísimas Gracias a todo el equipo de trabajo del Consejo y Centro Enólogos S.J.
Concurso Nacional de Vinos Cata San Juan
LOS CAMPEONES DE PATAGONIA=
*MEDALLA DE ORO con 92 pts HOLLEJOS CABERNET FRANC 2023
*MEDALLA DE ORO con 91 pts HOLLEJOS MALBEC 2024
*MEDALLA DE PLATA con 89 pts LECHUZA SPECIAL BLEND 2020.
*MEDALLA DE PLATA con 88 pts HOLLEJOS EXOTIC BLEND 2023
*MEDALLA DE PLATA con 87 pts LECHUZA MALBEC 2024.
Vinos de autor Cervantes, Río Negro Patagonia Argentina.

lunes, 5 de octubre de 2026

Bodega San Sebastián, en Cervantes, un emprendimiento de la Familia Tello Najul.

 


Entre parrales y viejas historias: San Sebastián, la bodega donde el vino se cuenta desde la tierra.

En una chacra escondida entre las bardas, una familia conserva viejas cepas, recupera variedades que casi desaparecieron y transforma cada vendimia en una manera de contar el pasado. Ricardo abre la tranquera, camina entre plantas de 44 y 80 años, muestra las cicatrices que dejaron las heladas y conduce la visita desde el viñedo hasta las barricas, donde el vino vuelve a convertirse en memoria, trabajo y paisaje patagónico.

Ricardo Tello Najul recorre el viñedo familiar, donde sobreviven cepas antiguas y la historia de varias generaciones.
Fotos: Juan José Thomes.

El auto deja atrás Roca y avanza hacia Cervantes. El paisaje empieza a cambiar cuando el camino se mete entre las bardas, los piquillines y las jarillas. No hay tránsito, apenas el camino, el monte y esa sensación de un lugar sin gente. Hasta que aparece la tranquera y Ricardo Tello Najul saca el candado, abre, levanta una mano y la mueve en lo alto para indicar que hay que avanzar. Después sube a su camioneta y se pone al frente. No hace falta que explique demasiado: simplemente marca el camino.

Al doblar aparece la pequeña capilla de San Sebastián y, enseguida, el cartel de bienvenida a la bodega que lleva el nombre del santo. Hacia un lado están los cuadros de viñedos, prolijos, que empiezan a recibir la primavera. Al frente, entre algunos tamariscos, en la casa donde Ricardo creció, donde vive con su mujer Luciana Persiani, y donde sus padres criaron a cinco hijos, reina el silencio. A la derecha, hay una construcción de dos plantas tiene arriba un ventanal enorme que mira directamente hacia las hileras de plantas. Y en el centro entre las vides, los dos hombres que con una sonrisa, reciben a los visitantes.

Casi sin transición, los dos empiezan a contar la historia de aquel lugar. Una historia familiar, pero también la de muchas familias de Río Negro que hicieron de las chacras una forma de vida y que quedaron enlazadas, durante generaciones, con la historia del vino en Río Negro. “Los viejos compraron la chacra en 1983. Yo nací acá en 1983, porque en El Cuy no había hospital, pero hasta los seis años viví ahí. Mi viejo y mi vieja vivían en la escuela porque eran los directores, hasta que se consiguió este lugar”.


En Cervantes, la familia Tello Najul conserva viejas cepas y recupera una tradición vitivinícola atravesada por crisis y heladas.

Cuando sus padres llegaron había diez hectáreas de parrales. Del lado paterno estaban los abuelos, vitivinicultores en San Juan, una historia atravesada por el terremoto de 1944 y el abandono de los viñedos. El abuelo terminó en San Luis, donde nació su padre, pero el vínculo con la vid quedó como un deseo familiar: volver a tener un viñedo propio. Años después, ese sueño encontró su lugar entre las bardas de Cervantes.

El campo tuvo distintas vidas: hubo ovejas, vacas y actividad ganadera, mientras que hoy quedan los caballos. Para Ricardo, esa historia rural también explica el tipo de enoturismo que propone. “Después está el turista al que le encanta aprender, descubrir el terroir, probar los vinos del lugar”. Él los llama enófilos, visitantes interesados en conocer las plantas, las variedades y todo lo que sucede antes de que el vino llegue a la copa.

Cuando Río Negro tenía miles de hectáreas de viñedos.

La chacra familiar guarda viñedos patrimoniales que sobrevivieron a la reconversión de la fruticultura y hoy forman parte de una nueva historia del vino rionegrino.

Para comprender ese presente hay que volver a los años 90. La crisis de la industria, agravada por el escándalo de adulteración de vinos de 1993, afectó el consumo y aceleró la erradicación de viñedos y el reemplazo por peras y manzanas. En la chacra quedaron plantas antiguas como testimonio de aquel paisaje.

Ricardo camina hasta el parral y se abraza a uno de los troncos, grueso y retorcido. “Tenemos un viñedo, una cepa, un tronco que tiene unos 30 o 40 centímetros de diámetro, de los que quedan en Río Negro”. Después muestra el nuevo viñedo que plantó junto a su hermano con Malbec, Cabernet Franc y Pinot Noir. “Todo lo hicimos nosotros. En su momento hicimos un vivero gigante, el más grande de la Patagonia, y empezamos a armar nuestras propias plantas”.

En 2022, Ricardo sufrió una helada de lleno. Hasta entonces trabajaba también como enólogo para bodegas grandes. Su tiempo estaba repartido entre esos trabajos y el proyecto familiar. Pero aquella helada le mostró algo que hasta ese momento quizás había intentado postergar: si él no estaba allí, no podía defender lo que había construido. “Estoy construyendo el sueño de otro”, pensó, y decidió quedarse para dedicarse al propio.

Entre las bardas y los tamariscos, los viejos parrales todavía cuentan la historia de una familia ligada a la vid.

La escena parece pequeña, pero para Ricardo resume buena parte de lo que significa trabajar con un viñedo. Es ingeniero agrónomo, estudió en La Plata y después se formó en Enología en Mendoza. También hizo un máster en Viticultura y Enología en Europa y su hermano siguió un camino parecido: es agrónomo y enólogo. Pero antes de los títulos hubo otra escuela, más doméstica e improvisada. Empezaron haciendo vino en el garaje de la casa, cuando su hermano Farid tenía apenas 12 años y Ricardo 18. Hoy son una bodega boutique.



Las plantas que quedaron después de la gran reconversión.

Entre las hileras de su parral antiguo de 80 años, aparecen ahora las cepas que Ricardo considera parte de un patrimonio. Son variedades que sobrevivieron a una época en la que el mercado fue reduciendo el paisaje vitivinícola a unas pocas opciones, que ellos rescataron y que hoy tienen un valor diferente.

Una de esas variedades es el Trousseau, presente en muy pocos viñedos de Latinoamérica y también en algunas regiones de Portugal, Francia y España. En Argentina, explica, no es una cepa que se encuentre fácilmente. También está el Pinot Joubertin, una variedad de la que producen apenas unas 80 botellas. La cantidad es mínima, pero justamente allí está parte de su valor. Después aparece la Balsamina, una variedad endémica de Río Negro que, fue un cruzamiento espontáneo que se dio entre el Malbec y la variedad Loca Blanca y según explica Ricardo, no existe en ningún otro lugar del mundo.

Una de las botellas que pasó por una cava submarina en el Golfo San Matías, una experiencia que Ricardo Tello Najul realizó para explorar la evolución del vino bajo el mar.

“Por eso hablamos de cepas patrimoniales”, explica Ricardo. Son parte de un paisaje que alguna vez fue mucho más extenso y que hoy vuelve a despertar interés porque cuenta una historia diferente. El consumidor de vino cambió y empezó a buscar identidad, variedades menos conocidas y características propias de cada territorio. Para Ricardo, ahí aparece una oportunidad: mostrar lo que quedó y explicar por qué llegó hasta el presente.

De la tierra al tanque.


Después de recorrer los parrales, Ricardo conduce la visita hacia la bodega. Los tanques de acero inoxidable ocupan buena parte de la sala y alrededor aparecen el laboratorio, las herramientas y las botellas que permiten seguir el camino de la uva hasta convertirse en vino. Mientras camina, explica el proceso. Baja unas escaleras y llega a la sala donde las barricas descansan alineadas.

Allí habla del roble, de los tiempos de crianza y de cómo cada decisión puede modificar el resultado final. Su padre se acerca para una fotografía y queda junto a él en medio de la sala. Es una escena cotidiana, pero resume algo que aparece una y otra vez durante el recorrido: en esta bodega las generaciones no están separadas.

La siguiente sala guarda algunas de las botellas más particulares de la bodega. Están iluminadas con una luz tenue. Ricardo toma una y la muestra. Está cubierta de barro y tiene una historia que la diferencia de las demás: estuvo en la cava submarina del Golfo San Matías, dentro de una partida muy limitada que actualmente se convirtió en uno de los vinos más caros de la bodega.

El padre de Ricardo Tello Najul, junto a la chacra que la familia compró en 1983 y donde comenzó esta historia vitivinícola.

La experiencia surgió de una pregunta: si el movimiento constante del mar y las condiciones del fondo podían generar una evolución diferente en el vino dentro de la botella. Para comprobarlo, conservaron un vino testigo, un Gran Reserva, y colocaron otras botellas en una cava submarina. “Nos juntamos las bodegas que participamos, los enólogos y probamos las botellas sin saber cuál era cuál”, cuenta Ricardo. Según relata, encontraron diferencias y pudieron identificar cuáles habían pasado por la experiencia submarina.

La sidra también tiene su lugar.

La chacra no termina en el vino. También elaboran sidra de alta gama bajo la marca Alto Vuelo, con manzanas y peras orgánicas, a partir de Granny Smith y Pink Lady, utilizando el método “champenoise”. Ricardo explica que las botellas se van moviendo y colocando en el pupitre para que esas borras se acumulen en el pico. Después llega el degüello, un procedimiento que Ricardo relaciona con las antiguas técnicas de elaboración de espumantes de Dom Pérignon.

Una botella que guarda la huella de una experiencia singular: meses de permanencia en una cava submarina del Golfo San Matías.

Cuando habla de la producción actual, Ricardo vuelve inevitablemente a la familia. Hay clientes que los conocen desde los primeros años y que terminaron convirtiéndose en amigos. También están sus sobrinos, que ayudan, sus hermanas, que se acercan cuando hace falta, y su madre y su padre, que continúan siendo una presencia diaria.

Hoy Ricardo y su mujer Luciana Persiani, viven completamente de esta actividad y ya llevan 23 vendimias. La última parte del recorrido transcurre en una sala vidriada, con una mesa larga para la degustación. Hay copas, individuales y botellas listas para probar. Desde el enorme ventanal se ve el viñedo, el monte y el cielo abierto. Sobre una mesa aparecen libros y medallas obtenidas por sus vinos en distintos concursos. Ricardo vuelve entonces a una expresión que resume buena parte de su manera de entender el proyecto: “viñedo de autor”.

Sabe que el consumo de vino viene atravesando dificultades y que todavía se arrancan viñedos, pero también observa otro fenómeno. “Podés ver noticias que dicen que el consumo de vino baja, que se siguen levantando viñedos y que hay una crisis en el sector. Pero lo que está aumentando es la gente que demanda experiencias: poder hacer algo distinto, salir a la tierra, conocer el viñedo, tocarla, caminar, tocar una planta. Entonces se trata de vivir el momento. Y nosotros estamos en eso”.

Por eso llegan visitantes de Roca, Allen, Cervantes, Regina y Neuquén, pero también turistas que vienen desde otros lugares del país y grupos de enófilos que recorren la Patagonia detrás de bodegas y vinos con identidad. Ricardo le dice visita “de lunes a lunes”. La expresión tiene algo de la vida que se lleva allí: un lugar aislado, donde hay que cuidar el predio y donde las visitas se organizan de manera casi artesanal. Puede ser un miércoles o un domingo, porque si alguien quiere conocer la chacra y se puede coordinar, abre la puerta.


Cuando llega el momento de irse, queda atrás el ventanal de la sala, los viñedos y el monte. La primavera empieza a pintar de verde las hileras y el camino vuelve a perderse entre las bardas. Pero ahora la chacra aparece en la memoria como el lugar donde una familia conservó plantas que estuvieron a punto de desaparecer, donde una helada dejó cicatrices que todavía se muestran a los visitantes y donde cada botella puede contar algo de la tierra que la vio nacer. La tranquera se cierra otra vez, pero la historia sigue creciendo del otro lado, entre las viejas plantas y los nuevos brotes.


Como ir a visitar Bodega San Sebastián.

Para llegar a la Bodega y Viñedos San Sebastián ubicada en Cervantes, Río Negro, debes dirigirte a la Chacra 297. Para eso por wsp te enviarán el mapa (298 440-6555 o en @bodegasansebastian.

La visita guiada, con degustación de 5 etiquetas sale $30.000 por persona, o $40.000 las 8 etiquetas. También pueden aramar una opción con un catering y degustación. Siempre con reserva previa.

Por Lorena Vincenty.

Fotos: Juan José Thomes.

Domingo 04/10/2026.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/voy-turismo/entre-parrales-y-viejas-historias-san-sebastian-la-bodega-donde-el-vino-se-cuenta-desde-la-tierra/

 

Viños de la Patagonia Argentina, viñedos patagónicos y argentinos. Vinos del sur, de las zonas frías PATAGONIA.

lunes, 7 de septiembre de 2026

La damajuana resiste las bodegas del Alto Valle Rionegrino aún venden miles de litros al mes usando este envase.

De la bodega a la mesa: la venta directa en los establecimientos del Alto Valle mantiene vivo el ritual familiar de ir a buscar el vino en damajuana.

CONSUMOS DE VINOS. 

LA DAMAJUANA. 

Bodegas Rionegrinas.

La damajuana resiste: con su aire vintage, permite acceder a vino varietal a menos precio.

Las bodegas del Alto Valle aún venden miles de litros al mes usando este envase. Da más trabajo su conservación, y logró ingresar en los restaurantes por su aporte cálido y sinónimo de vinos genuinos.

Escondida atrás de la puerta, o tal vez oculta bajo algún estante en las sombras de la despensa, la damajuana de vino es símbolo de otra época. Porque en esa otra época se tomaba más vino. Y no se vivía tan apurado. Pero con su cesto plástico, y su manija traicionera, la damajuana resiste el paso del tiempo, y el testimonio de tres bodegueros de la región dan fe de ello. Es un artículo que genera múltiples beneficios a quienes están en los dos extremos de la comercialización: El consumidor, el menos en el pródigo Alto Valle, puede acceder a un vino varietal, de calidad similar al que se envasa en botellas de ¾ litro, a un precio tres o cuatro veces inferior. Para el bodeguero, es caja diaria, menos insumos, y despacho de los saldos remanentes de la vendimia anterior para hacer lugar al vino nuevo.

Ricardo Hernández, miembro del establecimiento Familia Dellanzo, resume lo que hoy representa este noble envase en términos ambientales: “Ecológicamente es un golazo”, y eso se puede analizar incluso siguiendo la “huella de carbono”. Se usa un solo corcho, en vez de 6 (una damajuana contiene tanto vino como una caja de 6 botellas de ¾), una sola etiqueta con menos tina en uso, menos vidrio, menos flete. No se usan cajas de cartón, ni capuchones sofisticados. Y requiere para su envasado “muchísima menos mano de obra”, acota Carlos Tronelli, desde su mítica bodega roquense.


Carlos Tronelli, recuerda de cuando las bodegas vendían el vino directo en "bordalecesas" y barricas de madera de 200 litros. Luego se pasó a la damajuana de 10 litros. A fines de los 70s aparecieron las de 5 litros.

Altri tempi.

Pero no hay que perder de vista las adversidades. La principal es lo lejos que está el mercado del record histórico de 91,8 litros per cápita por año registrado en 1970 en Argentina. Hace pocos meses el consumo en Argentina tocó los 14 litros según las estadísticas oficiales. 77,8 litros debajo de aquella marca histórica.

Cambiaron los trabajos y las rutinas. Más oficina y menos campo. Pero, la damajuana conserva su encanto y atraviesa por estos días un revival a partir de su aporte vintage a restaurantes, sobre todo los que se especializan en carnes asadas. De la damajuana al pingüino, o a la copa directo. Y también se ponen en lugares visibles para darle un toque personal a la ambientación de los salones de comidas.

Para tener un panorama de la actualidad de este segmento específico de la comercialización de los vinos regionales, consultamos en 3 puntos estratégicos del Alto Valle. En el extremo norte del valle, cerca de la localidad de Sargento Vidal, están las 20 hectáreas de viñedos (divididas en tres chacras), de la familia Dellanzo. En el centro de la región, Bodega Tronelli, y hablamos con su propietario. Y en la otra punta del valle Bodega Favretto, un emblema del vino en damajuana desde hace décadas. Consultados por +P, cada uno hizo su aporte y en algunos casos hay varios aspectos compartidos.

Gustavo Favretto, comunicador de formación, no se anda con medias tintas: “¡Cuando veas a una persona que sale de un mercado abrazado a una damajuana, no tenés que pensar…mirá este borrachín! Al contrario, lo que tenés que pensar es que ese hombre tiene más salud que vos”. Y sostiene que “el alcohol no es el problema de la salud de las personas. El problema está en lo que comemos, no en lo que tomamos. El vino no tiene octógonos prohibitivos. Eso sí, se debe beber con moderación”.

Sobre la calidad, asegura que “un vino en damajuana hoy le puede hacer pasar vergüenza a un vino que viene en una botella de 750 centímetros cúbicos”; y revela un análisis compartido: “Actualmente, con la caída del consumo, la damajuana es la caja diaria de la bodega. No soluciona las crisis de ventas, pero sacás volumen de la bodega, porque en unos meses más se viene la próxima cosecha y la bodega tiene que estar vacía para poner el vino nuevo”.


Gustavo Favretto, continuador de un emprendimiento que en los 70 vendía vinos en damajuanas de 10 litros.

Ventajas y advertencias.

Dos consideraciones indispensables sobre la conservación: El vino así envasado, puede durar sin alteraciones 3 o 4 días. Y lo más aconsejable es, una vez abierta la damajuana, tomar un pequeño embudo, de esos de plástico que suelen venir rojos, verdes o amarillos, y se fracciona el contenido (luego de completar la primera jarra), en varias botellas y se lo tapa. Así aguanta más. “Puede aguantar 3 o 4 meses”, aclara Tronelli, quien aconseja su guarda en lugares oscuros, frescos y bien tapados. El oxígeno es el principal enemigo del vino.

El otro aspecto no menos importante -dentro de las ventajas que tiene el vino en damajuana-, es el precio. Los 4,750 litros de cada envase se comercializan entre 11 y 16.000 pesos. Eso da un promedio 2.500 pesos el equivalente a una botella de ¾. Una botella, de calidad similar, puede ir de los 10 a los 12.000 pesos. Ni más, ni menos.

Por ejemplo, Tronelli envasa su Malbec Reserva tanto en las botellas como en las damajuanas. La caja de 6 unidades cuesta 30.000 pesos en bodega, lo que da un precio de 5.000 pesos la botella. El mismo vino en damajuana, se comercializa a 11.000 pesos, lo que da un valor final de 1.800 pesos por la misma calidad y misma cantidad de vino.

Los Dellanzo llevan 63 años haciendo vinos, de los cuales 60 estuvieron dedicados a la damajuana para abastecer al mercado de cercanía, como Campo Grande, Cinco Saltos, El Chañar, Cipolletti o Neuquén.

“Si bien había un anhelo de poder llegar a la botella, siempre se elaboraron vinos con la intención de que tenían que tener la calidad como para una botella”, aclara Hernández, quien reconoce que aún hoy, la damajuana representa el 80% de la producción anual de 150.000 litros. Algo así como 32.000 damajuanas. Un número que demuestra así su vigencia y su vigor.


"Ecológicamente es un golazo": Ricardo Hernández, de Familia Dellanzo, destaca que el uso de un solo corcho y la menor cantidad de insumos reducen notablemente la huella de carbono.

De tiempos idos.

Hernández acepta que “ya no se consume vino al mediodía y vino a la noche como hacían nuestros viejos”, pero a favor de este envase, comentó que “hoy tenés vinos de 12.000 pesos la botella, nosotros tenemos la damajuana en 12.000 pesos. Entonces, realmente, te estás llevando vino un vino muy económico y de muy buena calidad”.

En Tronelli, cada vez que uno pisa la bodega, hay un auto que estaciona y alguien que se baja con su envase para renovar la carga. Todo un mundo invisible, de pautas antiguas y al margen de la vorágine cotidiana, se expresa en esos intercambios.

Carlos aclara que, en su caso, la damajuana representa “una venta local, en bodega”. Además “ya no hacemos vinos comunes”, sino que se envasa lo mismo que va a botellas. Sobre las oportunidades de negocio que abre la damajuana, aclara que, a pesar de algunos pedidos, “ya no hago más envíos por una simple razón: Los fletes son caros, y en la damajuana vos tenés el envío de la damajuana llena y la vuelta de la damajuana vacía”.


Un envase con historia y gran rendimiento: la damajuana permite acceder a la misma calidad de un vino de botella por hasta tres o cuatro veces menos de su valor.

Bodega Tronelli.

La vida es una moneda.

Este veterano productor dice algo que puede resultar determinante en un recorrido por la vida y subsistencia de la damajuana, y tiene que ver con qué tan profundas son las crisis que atravesamos los argentinos.

Primero dispara: “El problema con la damajuana es el trabajo”. Y aclara que se refiere al trabajo que da una vez que llega a cada hogar: “tenés que tener la constancia de abrir la damajuana, traspasar a la botella como se hacía antes. Y eso a todo el mundo no le gusta hacerlo. Pero sí es atractiva porque representa una economía a partir que el dinero de las personas es escaso. Eso ha hecho que la damajuana siga teniendo vida. Si hubiera quizás otro tipo de economía, quizá por comodidad de la gente, la damajuana ya hubiera desaparecido”.

Respecto del vino en botella, “te deja casi el mismo margen o a veces mejor, porque prácticamente tenés muy poca mano de obra en la damajuana, y lo que vendiste en vino en la damajuana te queda prácticamente el valor del vino puro. En la botella, cuando vos empezás a deshojar la margarita, y sacás los costos, lo que queda para el vino es menor”.


Ecológicamente eficiente: al reutilizar el envase y usar solo un corcho por cada 4,75 litros, la damajuana reduce significativamente la huella de carbono.

Bodega Favretto.

Aunque no lo veamos.

Mientras, los clientes siguen las pautas de las viejas viralizaciones: La publicidad boca en boca. Será tal vez por eso es que “recién la semana pasada instalamos nuestro primer cartel. O sea, la bodega nunca tuvo un cartel porque no hacía falta”, dice Hernández, dando cuenta del poder que ejerce un prestigio ganado y como ese renombre obtenido trepana aún los calendarios más espesos.

“No hacía falta tener un cartel, porque la gente entraba a comprar, y se llevaba todo el vino del año”, y agrega un dato, en este contexto, muy poderoso: La compra del vino para varias semanas o meses, pasa a ser en algunas familias un ritual que es tomado como como una escapada de fin de semana o una salida de la familia. “Hoy tenemos clientes de la zona (aledaños a Campo Grande y Sargento Vidal), pero también tenemos algunos que se hacen su viaje, como los que vienen de Neuquén, Plottier, Catriel, Allen o de Senillosa, “que vienen exclusivamente con su damajuana y compran el vino acá”.

Gustavo Favretto coindice que la compra del vino en damajuana es un ritual que se desarrolla de manera casi exclusiva en las bodegas: “El 90% de la venta de damajuana es venta directa en la bodega, aunque después tenemos clientes en toda la provincia a los que se envía por transporte”.

Y el mercado, si se quiere, es más amplio de lo que parece, porque para este bodeguero de Regina, “tenemos pedidos de compra de varios lugares del país, pero el tema es el envase”. Hoy sus clientes saben que “tienen que traer el envase para que vendamos la llena”. Las damajuanas “son retornables: se lavan y se vuelven a utilizar”.

La bodega Favretto tiene 78 años y el rubro damajuana lo comenzó a desarrollar en la década del 70. “Primero fueron las damajuanas de 10 litros”, rememora este joven descendiente.


Una imagen habitual en Bodega Tronelli: Un vecino se acerca con su envase a comprar el vino para toda la semana, con la habitual charla sobre temas varios de la vida.

Su estelar reentrée al mundo de la gastronomía.

Ricardo Hernández dice que el vino en damajuana “sigue estando” en restaurantes de la región. Menciona a clientes de Cipolletti, Neuquén, y hasta de Villa Pehuenia y Moquehue. En Roca, algunas casas de comida compran en Tronelli, para su “vino de la casa”.

El primer objetivo, es utilizar la damajuana como reservorio para atender la venta del vino en copa.

“Si bien uno piensa que no está más, hoy los nuevos restaurantes como que la están poniendo otra vez de moda. Porque es vistoso tener una damajuana, que la vean, que te sirvan en un pingüino, que te lleven el pingüino a la mesa. O te sirve la copa de la damajuana. Es como todo un ritual nuevo y por ahí existe un redescubrimiento”, comentó Hernández a la luz de sus propias experiencias.

En su caso, hizo una fuerte inversión en una máquina que envasa e vino en las “Bag in box”, esas cajas de cartón que llevan en el interior un sachet (como el de la leche), que permite servir por copa, pero con un sistema que mantiene el vacío del envase y hace mucho más durable el vino y sus condiciones inalterables. Con ese envase “te servís hoy, te servís la semana que viene, te servís el mes que viene, y el vino sigue intacto. La calidad del vino se mantiene inalterable porque se mantiene el vacío”, explicó a +P.

La bodega Dellanzo tiene 10 varietales en total. “La idea es que justamente puedas tomarte una damajuana de Cabernet Sauvignon, de Malbec, de Petit Verdot, de Tempranillo, de Syrah, o de Bonarda. En blanco tenemos una solo un solo varietal, que es Torrontés”, especificó.

Luego de aclarar que “la damajuana perdura porque no es para cualquiera”, Favretto dio su análisis sobre la resistencia de este noble envase: “Las damajuanas perduran por varios motivos y uno fundamental es por el precio. Segundo mantiene una tradición familiar, porque aún hay gente que le gusta descorchar y llenar una jarra con vino y ponerla en la mesa”.

Por Fabricio González.

Publicado en Más Producción de La Mañana de Neuquén.

4/9/2026.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/la-damajuana-resiste-su-airevintage-permite-acceder-vinovarietal-menos-precio-n1252262

domingo, 16 de agosto de 2026

Bodega Costa y los vinos SAPO.


Bodega Costa.

Bodega Costa y los vinos SAPO.

La Patagonia argentina sigue demostrando que, más allá de las bodegas históricas y los proyectos ya consolidados, todavía tiene historias nuevas para contar.

Algunas nacen de grandes inversiones; otras, de trayectorias personales construidas durante décadas entre viñedos, cosechas y fermentaciones. Este último es el caso de Bodega Costa, el proyecto familiar impulsado por Polo Costantino en Mainqué, que busca interpretar distintos rincones del Alto Valle a través de vinos de mínima intervención agrupados bajo el nombre SAPO.

La oportunidad de conocerlos llegó durante una degustación realizada en el restaurante El Distinto, frente a la barda sur, conducida por Juan Costantino, hijo de Polo y una de las caras visibles de esta nueva etapa familiar.


Detrás del proyecto hay una historia ligada profundamente a la vitivinicultura regional. Durante más de dos décadas, Polo Costantino trabajó en una de las bodegas más reconocidas de la Patagonia: Chacra. Allí desarrolló buena parte de su experiencia en viñedo y elaboración, conocimientos que hoy vuelca en una microbodega cuya escala permite trabajar con enorme precisión cada parcela y cada vinificación.

El origen de Costa se remonta a 2020, cuando Polo recibió como homenaje un vino denominado El Sapo, acrónimo de "Sin Azufre Polo". Aquella etiqueta terminó convirtiéndose en mucho más que un regalo. Representó el inicio de una filosofía de elaboración basada en la mínima intervención, sin sulfitos añadidos y con un profundo respeto por la expresión del viñedo. La elección del nombre SAPO para la línea principal mantiene vivo ese espíritu fundacional.

La familia busca representar distintas zonas del Alto Valle, una región que muchas veces es percibida como homogénea pero que presenta marcadas diferencias geográficas. Basta observar que existe un desnivel aproximado de 140 metros desde el dique Ballester hasta Chichinales, acompañando el recorrido de los históricos canales de riego. Son cambios sutiles para quien los observa desde la ruta, pero determinantes para comprender diferencias de suelos, clima, maduración y estilos de vino.


Además, en la Patagonia las fermentaciones suelen coincidir con la llegada de las primeras bajas temperaturas otoñales. Esa combinación contribuye naturalmente a procesos más lentos y, muchas veces, más delicados, algo que el equipo aprovecha en sus elaboraciones.

Las vinificaciones se realizan en pequeña escala y con herramientas sencillas. Parte de la crianza se desarrolla en barricas usadas provenientes de Chacra, privilegiando recipientes que aportan microoxigenación sin marcar fuertemente el perfil aromático de los vinos.

Son vinos de bajo alcohol, frescos y muy personales, en un estilo que hace furor dentro de lo que Joaquín Hidalgo (a mi juicio uno de los mejores periodistas y críticos argentinos de vinos, que escribe para La Nación, Vinómanos y Vinous.com) denominó como "el círculo tinto", el grupo que dicta un poco la moda en el agitado mundo del vino. Un estilo que, sin embargo, puede generar resistencia entre quienes prefieren expresiones más clásicas. Vos sabrás de qué lado estás y si este estilo de vinos tiene lugar o no entre tus preferencias.

Juan Costantino.

A continuación les cuento de los cuatro vinos que probamos, servidos y explicados por Juan Costatini, aclarando que las notas de cata (abajo, en letra cursiva) fueron brindadas por la bodega:

SAPO Chardonnay.

Tensión, frescura y textura. El Chardonnay proviene de viñedos plantados en Allen durante la década de 1990, originalmente destinados a bases para espumantes. Se trabaja con prensado de racimo entero y combina crianza en barricas de segundo y tercer uso junto con recipientes de hormigón.

En la copa aparece algo dorado y ligeramente opalescente, consecuencia de una elaboración sin filtrados agresivos. Aromáticamente despliega una interesante combinación de manzana verde, pera y notas cítricas acompañadas por recuerdos herbales y una sutil impronta melosa.

En boca destaca por una acidez elevada y una textura amplia generada por el trabajo sobre borras. Su final cítrico y persistente lo convierte en un blanco de perfil gastronómico, muy lejos de las versiones más maduras o exuberantes que suelen encontrarse en otras regiones argentinas.


SAPO Pinot Noir 2025.

Procede de Stefenelli, de viñedos que superan los 120 años de antigüedad, un verdadero patrimonio vitícola del Alto Valle. La elaboración incluye un 33 % de racimo entero, fermentaciones en barrica y una parte de maceración carbónica, recursos utilizados para construir complejidad sin perder frescura.

En nariz aparecen progresivamente notas de tierra húmeda, hojarasca, flores y frutas rojas maduras que recuerdan a las guindas. La boca es ágil, fresca y con taninos que aportan textura sin endurecer el conjunto.

Es un Pinot Noir que privilegia el origen por encima de la elaboración. Tiene algo salvaje y descontracturado que resulta particularmente atractivo para quienes buscan vinos menos uniformes y más ligados a la identidad del lugar.

SAPO Malbec.

Otra lectura de la variedad. También proveniente de una finca centenaria de Stefenelli, este Malbec se aparta de los perfiles más maduros y concentrados que durante años dominaron el mercado argentino.

Las frutas negras y rojas aparecen acompañadas por notas balsámicas de eucalipto y menta que aportan frescura. En boca es jugoso, de textura fluida y con taninos firmes pero bien integrados. Lo más interesante es quizá su propuesta de consumo: servirlo entre 10 y 12 grados. Una temperatura poco habitual para el varietal, pero que aquí ayuda a resaltar su energía y su perfil frutal.


SAPO Riesling.

Dentro de la degustación fue probablemente el vino más singular. El Riesling continúa siendo una variedad minoritaria en Argentina, y aún más escasa en Patagonia, donde Humberto Canale, con viñedos de 1937, es su más fiel representante.

Sus aromas recuerdan a lima, durazno blanco y piedra mojada, acompañados por delicados tonos florales y herbales. En boca muestra una acidez filosa y precisa, con una marcada sensación de tensión que se prolonga hacia un final salino y persistente.

Es un vino que exige atención y que seguramente encontrará su público entre quienes disfrutan blancos de gran frescura y perfil europeo.

SAPO Petit Verdot.

Fue el único que no probamos. La bodega lo describe así: Los aromas de moras, ciruelas, pimienta negra y cacao aparecen acompañados por un leve matiz balsámico. En boca presenta taninos marcados y una estructura importante, aunque sostenida por una acidez vibrante que aporta dinamismo y evita cualquier sensación de pesadez. El final es largo, con recuerdos terrosos y de chocolate amargo.

Bodega Costa es todavía un proyecto pequeño, pero refleja una tendencia cada vez más visible en la Patagonia: elaboradores que buscan correrse de los modelos más estandarizados para profundizar en la identidad de sus viñedos y de sus lugares de origen.

La experiencia acumulada por Polo Costantino durante años de trabajo en una de las bodegas más prestigiosas de Río Negro encuentra aquí una expresión propia, familiar y sin artificios.

Los vinos SAPO no buscan seducir desde la perfección técnica ni desde la concentración extrema. Prefieren mostrar las particularidades de cada parcela, aceptar cierto grado de rusticidad y dejar que el Alto Valle hable con voz propia. Y en una región cuya historia vitícola supera largamente el siglo de vida, encontrar nuevas formas de interpretar ese patrimonio siempre merece atención.

Bodega Costa es una nueva voz para el Alto Valle y una muestra de que la vitivinicultura patagónica todavía tiene mucho terreno por explorar.

* Publicado en

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