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sábado, 4 de abril de 2026

Legado en Beltrán: 110 años de la bodega que eternizó al noble Calfulén.


Legado en Beltrán: 110 años de la bodega que eternizó al noble Calfulén.

Cuatro generaciones y una familia ensamblada dejaron su huella en la gran Isla “La Esmeralda”, cinco kilómetros al norte del ejido urbano. Del tiempo en que los toneles viajaban por el agua, río abajo, a la difusión por redes sociales, sigue viva una herencia cargada de coraje. Y en el medio, la figura inolvidable de un peón.

Por Melina Ortiz Campos.



El azul en el diseño, destacando el significado del apellido, en mapudungun. Foto: Arhivo RN | Hebe Rajneri.

1,80 metros de estatura, robusto y con tonada cordillerana, tez más bien trigueña, Calfulén tenía entre 50 y 55 años cuando lo conocieron los hijos de su patrón, Daniel Videla Dorna. Respetuoso y de perfil bajo, había llegado a Beltrán desde el sur neuquino, portando consigo la sabiduría de su raíz mapuche, y se encontró quizás sin pensarlo, transmitiendo muchos de sus conocimientos de campo a los muchachitos oriundos de Buenos Aires, que se empezaban a criar entre viñedos y ovejas, junto al río Negro.

De la producción en escala en el siglo XX a la selecta de hoy: la historia de una bodega centenaria

Hoy el apellido Videla Dorna tiene décadas de trayectoria en la vitivinicultura del Valle Medio, pero a fines de los años ‘50 representaba a una familia de la gran capital, que probó su tenacidad en las tierras heredadas por la madre de Daniel, Julia Guido. Viuda ella, se había casado en segundas nupcias con Benigno Gutiérrez Acha, también viudo, el propietario original de estas hectáreas, donde tenía su propia bodega desde 1916, hace exactamente 110 años.

Familia ensamblada, a partir de ese vínculo se mantuvo la actividad y se abrió un horizonte nuevo para los nietos de Julia, que encontraron entre las tardes bajo los sauces de la antigua casona y las noches estrelladas, el hogar de su infancia: Martín y Juan los mayores; Victoria, la única mujer; y Carlos junto con Ignacio, los protagonistas del proyecto que ya de adultos le devolvió a “La Esmeralda” su propósito productivo.

Foto: Captura Informe Especial Archivo Canal 10.

Más de 600 ovejas madres se cuidaron en los mejores años, a la par del cultivo de viña en la isla que ya realizaban desde siempre, donde la uva llegó a ocupar 50 hectáreas. En ese contexto, los jovencitos aprendieron todas y cada una de las tareas de aquel peón sencillo y gracias a ese compartir le tomaron un gran aprecio.

Por eso, cuando pensaron los nombres para las dos marcas de vino que permitieron el regreso de la producción, después de años de quietud, no dudaron en homenajearlo: Calfulén, bautizaron a su línea Reserva Malbec, Merlot y Pinot Noir, además de un Riesling y el Torrontés; junto a “Maroma”, el sello elegido para la línea Joven.

La producción, entre Maroma y Calfulén, exhibida en la antigua casona que recorren los turistas. Foto: Juan Thomes.

No quedaron fotos para ilustrar el recuerdo de ese paisano que trabajó por casi una década entre los Videla Dorna, pero el diseño de las etiquetas, a cargo de una prestigiosa agencia porteña, se encargó de recrear sus rasgos y su mirada, bajo el tono azul que se traduce en su apellido originario, aún presente en la zona de Junín de los Andes por ejemplo.

Y como el mundo es chico y la Patagonia aún más todavía, una sobrina de Calfulen, radicada en Neuquén, fue quien se enteró de semejante gesto y logró ubicar el stand de los Videla Dorna en una feria en Las Grutas, para agradecerles, emocionada. Se sabe que ese trabajador callado pero generoso, vivió sus últimos días de regreso en sus pagos, cerca de los suyos, aunque no tuvo descendencia propia.


Nueve etiquetas integran la producción del establecimiento, entre blancos, tintos y blends. “Carloto”, el anfitrión. Foto: Juan Thomes.


En tantos años de historia, esto que se vive desde 2007, fue un renacer después de que la pérdida de rentabilidad en los ‘80 intentara dar el golpe final a semejante sitio. Hoy, el presente de la bodega encontró la manera de conectar ese pasado de “La Esmeralda”, con la experiencia de Carlos, el legado de Ignacio y las aptitudes de la siguiente generación, que a través del manejo de la web y la cuenta en Instagram (@bodegavideladorna), les permite mostrarse ante el mundo.

Ya no se trabaja el vino a granel como en los tiempos de Gutiérrez Acha, cuando se almacenaban 500.000 litros entre piletas y cubas de roble, para luego transportar los toneles en tren o por el río, cargados en chatas flotantes, para fraccionarlos en damajuanas. Fruto de la labor a tiempo completo y tras el fallecimiento de Ignacio y de su madre Victoria Landajo (“Toli”), es Carlos, “Carlotto” para sus vecinos, quien sostiene e impulsa la propuesta junto a los nuevos peones. “Yo ya hacía el grueso de la producción, ya tenía las manos embarradas hasta el hombro”, graficó.

La Bodega integra el circuito del Camino del Vino, lo que le facilita el arribo de turistas. Foto: Juan Thomes.


Febrero 1929: la publicidad de la bodega original de la isla, en el periódico El Mentor, que circuló por el Valle Medio. Foto: Museo Histórico Choele Choel.


La etiqueta de «La Esmeralda», la bodega original que este año cumple 110 años. Foto: Juan Thomes.

Por eso este egresado de la educación salesiana local, también antiguo emblema de la formación en enología, no tuvo miedo ni permitió que el duelo le torciera el timón. Fue sumando mejoras y comodidades para el agroturismo, además de afianzar los 40.000 litros anuales que saca al mercado con esmero y argumentos de sobra para cada creación. “No podría vivir en otro lugar”, reconoció en diálogo con Río Negro.

Admirado de la obra que dejaron los dueños originales, cuando no habían facilidades ni servicios, cuando la movilidad solo era posible a partir de una balsa y cuando se batallaba con las crecidas y el clima riguroso, hoy entiende que la mejor decisión que pudo tomar fue la de quedarse allí viviendo y forjando este sueño compartido.

Integrar la Ruta del Vino, participar en ferias regionales y nacionales, recibir a las delegaciones que lo visitan y alentar la llegada de su cosecha a negocios y restaurantes elegidos a conciencia entre Neuquén, Cipolletti, Roca y Regina, además de la costa rionegrina donde se luce entre turistas, hacen que se vaya formando una nueva manera de entender la actividad más allá del precio y que se le reconozca el sentido profundo guardado en el contenido de cada botella. “Vale la pena, el tiempo confirma por qué”, dijo Carlos, convencido de que el éxito no pasa ni por los premios ni por los números, sino por ver la obra de sus manos hecha realidad cada día.

Sueño compartido: el resurgimiento de la bodega fue posible gracias al empuje de Carlos con su hermano Ignacio, ya fallecido. Foto: Arhivo RN | Hebe Rajneri.


40 mil litros anuales, la producción que sostienen en esta nueva etapa. Foto: Juan Thomes.

*** Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/rural/legado-en-beltran-110-anos-de-la-bodega-que-eternizo-al-noble-calfulen/

22/03/2026.



Foto: Juan Thomes.



Imagen de Federico Witkowski.




Enlace de interés:

viernes, 27 de marzo de 2026

ESTABLECIMIENTO FRUTI-VITIVINÍCOLA Y BODEGA “LA ESMERALDA” DE BENIGNO A. GUTIÉRREZ ACHA / BODEGA VIDELA DORNA.


 

ESTABLECIMIENTO FRUTI-VITIVINÍCOLA Y BODEGA “LA ESMERALDA” DE BENIGNO A. GUTIÉRREZ ACHA / BODEGA VIDELA DORNA.

En el arco Norte de la Isla Grande de Choele Choel, se instaló este emprendimiento, fundado en 1911 por el ingeniero Benigno Alfredo Gutiérrez Acha, localizado en una isla de 168 hectáreas de superficie; allí donde el brazo Norte del río Negro serpentea, fluyendo sus encrestadas aguas a la sombra sin voz de los sauces en galería.

La verde exuberancia del paisaje, que embellece a la belleza, insinuó el nombre del establecimiento: “La Esmeralda”, transformándose rápidamente en la piedra preciosa del Valle Medio.

Con la cohesión y el vigor necesarios para afrontar las situaciones difíciles, el Ing. Gutiérrez Acha instala una balsa sobre el cauce del río e inicia la implantación de frutales, y usufructuando el fuego abrasador de las arenas –que darán mostos vivificantes y generosos– emprende el cultivo de vides.

Construye la bodega y para el año 1916 muele su primera vendimia y meses más tarde don Alfredo, al atardecer, a la hora que la luz se vuelve más quieta, levanta la roja copa desbordante de la preciada ambrosía y brinda con alegría y regodeo desafiante.

Al poco tiempo de inaugurada la bodega, identificada como Bodega N° 332, cobran notoriedad sus selectos vinos Cabernet-Sauvignon y Malbec, que se expenden con la marca La Esmeralda. La documentación existente, asimismo, establece que entre otras variedades cultivadas se hallaban: Semillón, Barbera, Torantel (Torrontés), Pedro Giménez, Moscatel Rosado y Criolla Grande o Sanjuanina.

En 1928 bajo la supervisión del enólogo Antonio Croce se instalan 12 hectáreas de un atrayente y estético parral veneciano, llamado también “rayo”, Bellussi o Pini, bajo las premisas de: mitigar los daños ocasionados por las heladas tardías o primaverales; favorecer la acumulación de azúcares en los racimos al estar provistas las cepas de una mayor cantidad de madera vieja y por ende una mayor acumulación de sustancias de reserva dada por un área foliar más amplia y eficiente; obtener una mayor producción de uvas; facilitar la aplicación del abonado; y lograr una mejor sanidad de las plantas y los racimos. Sus amplias distancias de plantación, de 8,00 metros entre hileras por 4,00 metros entre plantas, y su compleja disposición de alambres cruzados en forma de rayos de rueda de bicicleta, le conferían el aspecto de ostentosas estructuras que a partir de los albores de la primavera rápidamente comenzaban a cubrirse de un verde sensación de paz.

Adicionando esta superficie implantada a la ya existente, el establecimiento alcanza una superficie cultivada con viña de 41 ha 64 as 88 ca 92,73 m2.

La bodega contaba con 20 piletas sobre la superficie y 2 piletas subterráneas, que alcanzaban una capacidad de vasija fija de 220.000 litros y 33.000 litros en toneles y cubas de madera de roble, lo que totalizaba una capacidad de vasija de 253.000 litros.

Entre los años 1930 – 33 ejerce la administración de esta firma don Jaime Font Saravia (1907 – 1966), quien además fue Juez de Paz Suplente en Choele Choel entre agosto – diciembre del año 1932. Posteriormente se transformaría en un célebre locutor y animador porteño, integrante del staff de LR1 Radio El Mundo de Buenos Aires, y a quien se lo consideró como un monstruo sagrado de la radiofonía nacional. Asimismo, cobró protagonismo como intérprete en las películas: “Caras argentinas” (1939) y “La quinta calumnia” (1941).

Tiempos aquellos en que su bohemia insomne alimentaba la magia de los silencios y fantasías de las noches isleñas, esas noches que caían buscando su corazón en la isla, noches bañadas por la tierna luminosidad de la luna patagónica y acompasadas por los nostálgicos acordes del violín, las guitarras criollas que desprendían en sus gemidos arrabaleros: coraje, pasión y lamentos, las chicas que imponían con su belleza la verdad de las formas, la poesía plena y la sed bebida por los impenitentes exegetas báquicos que resistían insurgentes trizando pedazos de crepúsculos, arrancando jirones de la aurora incontestable buscando estirar las noches. Y don Jaime Font Saravia, se sentía dueño de esas albas donde parecía suspirar la agonía de las sombras.

Sin duda, la estancia en la isla de este peculiar y exclusivo personaje, antiguo y bondadoso habitante del alba que supo rendir tributo a la noche, ha dejado una vivencia oblicua y polivalente, de recuerdos imborrables, una señal indeleble en la memoria de los isleños.

Otro personaje de “La Esmeralda” fue el búlgaro Dimitri Petrov. Aún retumban hoy, en remotos y borrosos ecos, las mentas sobre su “grappa” de elaboración artesanal –una bocanada ígnea que se precipitaba por la garganta hasta las entrañas–, la que según recuerdan los viejos lugareños, podía: “Hacer hablar a los mudos y a los políticos decir la verdad”.

Asimismo, emanan lejanos y melancólicos recuerdos sobre los impetrantes vinos tintos, redondos y sedosos, que ofrecían un paraíso de posibilidades hedonísticas inacabables.

Este establecimiento, ejemplo del trabajo perseverante y deleite indescriptible para el espíritu, por línea sucesoria queda al expirar la década de los años ´50 en manos de la familia Videla Dorna.

Es, también, hacia esa misma época que La Esmeralda interrumpe su actividad vitivinícola. A partir del año 2007 “La Esmeralda” renace bajo el emprendimiento familiar denominado Bodega Videla Dorna, reiniciando la actividad vitivinícola en forma artesanal, elaborando vinos blancos, rosados y tintos jóvenes, reserva y gran reserva, comercializados bajo las marcas Calfulén y Maroma.

Así, esta espléndida propiedad – enclavada entre la belleza y la calma–, donde el otoño regala su más romántico paisaje, sigue subyugando a los visitantes que a través del turismo rural acceden a ella.

BARTOLOMÉ "MANOLO" PÉREZ Y EL NOBLE OFICIO DE TONELERO.

Quiero en estas breves líneas recordar el viejo e imprescindible oficio de tonelero, ya extinguido hace muchos años a nivel de las bodegas –desde que se dejó de expender el vino en bordelesas o cascos–, y hacer una evocación muy particular para mi tío Manolo Pérez (1917 – 1963), y en él homenajear a todas aquellas personas que ejercieron el noble oficio de tonelero.

A los 16 años ingresa como ayudante de tonelero en el Establecimiento Vitivinícola “La Esmeralda” de Luis Beltrán, donde aprende el oficio. Hacia el año 1936, buscando nuevas oportunidades viaja al Alto Valle de Río Negro y Neuquén y trabaja como tonelero en la Bodega La Falda en Cipolletti.

Alterna temporadas de trabajo entre las localidades de Cipolletti y Luis Beltrán, como puede leerse en el aviso del periódico semanal EL MENTOR del año 1937 en que ofrece sus servicios de reparación de distintos tipos de toneles.

En el entonces pueblo de Cipolletti, contrae enlace en el año 1939 con María del Pilar Herrera y en los albores del año 1941 toma la iniciativa de regresar definitivamente a la isla, donde se instala con su mujer y su pequeña hijita Irma en la chacra de la familia en Luis Beltrán.

La rapidez, habilidad y destreza en el desarmado, calafateado y posterior armado de los barriles –envases de madera más pequeños– y los cascos o bordalesas –que eran los envases de madera de 200 litros más generalizados para expender el vino al consumo–, le permitieron cimentarse la fama de uno de los mejores toneleros de la Isla Grande de Choele Choel, siendo su trabajo muy codiciado por las diversas bodegas de la zona.

Fue durante varios años tonelero de la Cooperativa Agrícola Colonia Choele Choel Ltda. Falleció en Luis Beltrán en el año 1963 a los 46 años de edad.

Reseña del Sr. Federico Witkowsky.

Imagen y texto publicados en

Etiquetas Bordalesas de vino -Facebook- del Sr. Federico Witkowsky.

viernes, 24 de noviembre de 2023

Bodega Videla Dorna.

 

La Bodega Videla Dorna nace en el año 2007 con base en las instalaciones de la antigua Bodega La Esmeralda, creada a comienzos del 1900 en una isla muy cerca de la localidad de Luis Beltrán en el valle medio del Río Negro.
La Bodega cuenta con viñedos en la isla de Luis Beltrán y una finca llamada La Isabel, ubicada en Pomona. Esta última finca era propiedad de la familia Barzi - Canale y anteriormente de la firma Chandón y cuenta con unas 30 hectáreas de viñedos implantados en la década de 1950 y 1960 por los operarios y expertos que la misma casa matriz en Francia envió para instalarse en la Argentina. Las variedades que componen el viñedo son Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Merlot, Chardonnay y se destaca un Riesling poco común en nuestra región patagónica.


Durante la visita a la bodega y el almuerzo pude probar Calfulen Riesling (acá) y Pinot Noir (acá), pero ambos de cosecha 2022, además probamos desde tanques y barricas merlot, malbec, un genérico y destaco fuertemente a un torrontés que resultó sorprendente en boca. También pude probar un merlot reserva 2019 de botella que resultó con mucha complejidad de aromas y gran persistencia.


Sus líneas de vino se dividen en jóvenes, reserva y gran reserva bajo las marcas Maroma y Calfulen, algunos de los cuales pueden verse ya en el blog y a futuro en nuevos posteos. Cuentan con el asesoramiento del Lic. en enología Mario Lascano que es muy reconocido en la Región y vinifica para varios proyectos de la Zona.


La Bodega recibe visitas y organiza eventos con degustación de sus vinos; también puede brindar alojamiento  previo coordinar con su dueño Carlos Videla Dorna.

Agradezco la posibilidad y hospitalidad me brindó "Carloto" Carlos Videla Dorna para responder mis inquietudes, mostrarme sus viñedos y Bodega, además de compartir un excelente almuerzo.

*** Publicado en El blog del vino patagónico deFabián Mitidieri.

http://fabianmitidieri.blogspot.com/

domingo, 5 de noviembre de 2023

Bodega Moschini: un paseo por una bodega familiar de un pueblo de Patagonia.


Bodega Moschini: un paseo por una bodega familiar de un pueblo de Patagonia.

Bodega y Viñedos Moschini, es una bodega ubicada en la ciudad de I
ngeniero Huergo en la provincia de Río Negro.
Fotos: Alejandro Carnevale.

Los álamos se mueven con el viento y las hojas hacen el sonido, como de un palo de agua. Está nublado y en la bodega la tranquilidad es la reina, aunque son días de vigilia en las chacras de la región. Las amenazas de heladas tardías proponen quedarse hasta diciembre. En Moschini, toda la familia está al borde del viñedo, atentos para defender las plantas que les darán el vino, que hace 23 años hacen crecer.


Es una de las bodegas que integran los Caminos del Vino rionegrinos y ofrece visitas guiadas y eventos en los que cuentan a los turistas su historia y su trabajo. Están en la zona rural de Ingeniero Huergo, a 30 km al este de General Roca y 90 km al este de Neuquén capital y al entrar al pueblo, los carteles azules te irán guiando hasta la entrada.

Al llegar, Ángel Moschini, arregla unas bombas de agua y Teresa Precoma, en la casa, cuida a su nieta de tres meses. Las dos saludan desde la ventana que separa la tibieza del hogar de un día frío de primavera.

Esa mujer de sonrisa clara fue la primera que, hace unos años, invitó a personas a probar los dulces que hace con las frutas que cosecha, agasajarlos con un buen menú y claro, servirles un buen vino.

Mauro, su hijo, está hoy a cargo de las visitas guiadas. Da la bienvenida en este día de nubes espesas, e invita a una caminata entre las hileras de vides. Cuenta que los vinos están elaborados con uvas de una parcela compuesta por 6 hectáreas de Malbec, Merlot, Sauvignon Blanc y Cabernet Franc.

Muestra unas pequeñas plantas que crecen sobre el bordo de tierra y relata que “cuentan con la certificación del INTA, lo que garantiza que el 100% de la uva usada para cada varietal corresponde exactamente a la misma cepa”, luego avanza hasta el fondo del camino.

“Siempre traigo a las personas que nos vienen a visitar hasta acá. Es el lugar exacto en el que se ve la impronta del valle bajo riego”, afirma Mauro mientras cruza una acequia y sube un montículo de tierra. Enfrente se ven las bardas de tierra roja y amarilla, sin vegetación, y a sus pies la estepa en su esplendor. Atrás, allá donde está la casa, la bodega, las plantas de frutales, todo es verde.
Cuando llega al edificio, muestra los barriles de aluminio, y la nueva construcción que están haciendo. Adentro, la enóloga Bárbara Vilches con tres o cuatro personas embotellan un vino rosado y saluda. Desde este año, se incorporó a la bodega y trabaja con la supervisión de la enóloga Eugenia Herrera.

Desde el kilómetro 1120.


La familia Moschini, como muchas de la región, llegaron a Patagonia en los primeros años del siglo XX. Los abuelos de Ángel, dejaron Macerata, Italia, y en 1925 bajaron de un tren en este lugar en el que no había una estación. Era la parada del Kilómetro 1120 del Ferrocarril del Sud, donde había un pequeño pueblo, al que le decían “el pueblo del 20”, o “Kilómetro 1120”, nombre que hoy lleva uno de sus vinos.

Ángel desde chico se dedicó a la agricultura. En 1981, se casó con Teresa. Primero desarrollaron el cultivo de peras y manzanas. En el 2000 se plantaron las 6 hectáreas de viñedos gracias al ingeniero Alcides Llorente, que le dijo a Ángel que lo que había que poner eran viñedos. Las primeras cosechas se vendieron a las bodegas de San Patricio del Chañar y en el 2009, empezaron a armar “muy de a poco y a pulmón”, la bodega.

Fue bodega artesanal, y hace dos años años, el crecimiento en el volumen los hizo pasar a la categoría de bodega en el Instituto Nacional de Vitivinicultura. Por estos días, hablaban con un exportador para intentar su primera experiencia en el mercado externo.


Visitas guiadas.


Las visitas a las bodegas rionegrinas tienen su sello propio. No se trata de paseos por establecimientos lujosos, sino, con una experiencia que se vive en las chacras. A partir de septiembre comienza la temporada más fuerte de turismo y llegan hasta abril, más o menos.

“Viene gente de paso que va a la cordillera, enófilos que buscan completar el mapa del vino y gente de la zona que cuando recibe a amigos o familiares, coordina una visita y viene a pasar el día”, dice Mauro.

Una vez al año y a mediados de abril, se realiza la Fiesta del Vino Patero. Los visitantes tienen la experiencia de cosechar las uvas con sus propias manos y luego desgranar los racimos.

“Los recibimos con desayuno, dulces caseros, después los participantes pisan las uvas, para experimentar cómo se hacía el vino en otras épocas, la jornada continua con un almuerzo y termina con un espectáculo”, concluye Teresa.


¿Cómo disfrutar una visita en Moschini?


Visita guiada por los viñedos, plantación de frutales y bodega. Duración: entre 1 y 2 horas. Degustaciones: preparan opciones vegana o vegetariana.

Almuerzos hasta 8 personas. Por grupos más grandes, consultar: Entrada, plato principal, pastas caseras: gnocchi o spaghetti, con pesto, filetto o bolognesa, postre, café o te. más 1 botella de vino cada 2 personas. más visita guiada. Si vienen 4 o más personas, tienen un 10% de descuento.

Hay que coordinar con 2 días de anticipación a través de e-mail: chacramoschini@gmail.o al 2984378910. Si querés comprar vinos de lunes a sábados de 9 a 11 y de 15 a 19 .


Caminos del Vino de Río Negro.


Los Caminos del Vino de Río Negro, es uno de los principales atractivos de la región en el que convergen bodegas que se extienden desde la Cordillera, pasando por los Valles y terminando en la Región Mar e invitan a adentrarse en el mundo de la vitivinicultura provincial y sentir un sinfín de sabores, texturas, aromas y colores.

ANTIGÜA BODEGA PATAGONICA “Bodega Familiar desde 2010. Origen, Legado y Compromiso”. Cervantes. @antiguabodegapatagonica

AONIKENK. “Viñedos urbanos en una joven bodega familiar”. General Fernández Oro @bodegaaonikenk

MOSCHINI. Ingeniero Huergo. @bodegamoschini

DE BERNARDI. “ Una pintoresca bodega de alta gama en la base del cerro Piltriquitrón”. El Bolsón. @bodegadebernardi

FAVRETTO. “Una familia pionera de vinos de excelencia”. Villa Regina. @bodegafavretto

HUMBRETO CANALE. “Historia y tradición inmersos en centenarios viñedos”. General Roca. @bodegahcanale

MIRAS. “Producción agroecológica y biodinámica”. Mainqué. @bodegamiras.

TRINA. “Modernidad y vanguardia a la vera del río Colorado”. Río Colorado @bodegatrina

VIDELA DORNA. “Calidez y atención personalizada en medio del oasis valletano”. Luis Beltrán. @bodegavideladorna.

VIÑAS DEL LAGO PELLEGRINI. “Pequeña bodega de producción artesanal con grandes experiencias”. Cinco Saltos @vinedosdellagopellegrini.

VIÑEDOS SAN SEBASTIÁN. “Vino de carácter único por la extrema aridez de su suelo estepario”. Cervantes. @vsspatagonia

WAPISA. “Joven bodega familiar del Valle Inferior del río Negro con basta tradición vitivinícola”. Viedma. e-mail: wapisaturismo@gmail.com.

Por Laura Vincenty.

*** Publicado en el suplemento Voy turismo en la Patagonia del Diario "Río Negro", Edición papel Nro.27053, domingo 5 de noviembre del 2023.

https://www.rionegro.com.ar/voy-turismo/bodega-moschini-un-paseo-por-una-bodega-familiar-de-un-pueblo-de-patagonia-3239380/

lunes, 7 de junio de 2021

Camino del vino rionegrino: una escala en el Alto Valle El recorrido turístico nació en Río Negro con la idea de proponer visitas guiadas por los viñedos, ofrecer la posibilidad de degustar los más ricos vinos y conocer las chacras. En dos bodegas de Fernández Oro, muestran su espíritu.

 

El camino está flanquedo por álamos amarillos que se funden en el morado de los ciruelos y el celeste de un cielo sin sol. El auto zigzaguea por las calles, en un tiempo de pandemia difícil, en el que la belleza de las chacras entrega un respiro. Por las ventanillas sucias que dejó la lluvia días atrás se ven las viñas alineadas que se abrazan al alambre. Como el resto de las plantas perdieron sus hojas y se preparan para su siesta de invierno. Gaspar Rastrilla abre la tranquera y pide que lo sigan a la bodega en la que cada día le saca el jugo a este sur.

Es joven y está lleno de proyectos. Estudió enología en Mendoza, se recibió hace 8 años y trabajó en Mendoza, Nueva Zelanda, en Estados Unidos, hasta que decidió volver a Aonikenk, la primer bodega de su vida, la de Domingo su papá. Cuenta que se llama así porque buscó algo que represente a la zona, y un homenaje a los tehuelches le pareció justo. Por eso, Pincén es el nombre de sus vinos, en honor al gran cacique de esos primeros habitantes de estas tierras.

“Cuando pensé que estudiar, ya existía el proyecto. Estaba la viña, pero no la bodega. Papá hacía algo de vino casero, pero para él. Cuando empezó con la elaboración, se inscribió como bodega. Hacemos tintos en las tres variedades que tenemos: malbec, merlot y cabernet sauvignon, las tres se dan muy bien en la zona y elaboramos varietal y un blend que tuvo muy buena reputación”, dice Gaspar.

El Alto Valle rionegrino antes estaba plagado de bodegas gigantes que fueron desapareciendo, algunas permanecen y de a poco otras vuelven a surgir. Las nuevas son más chicas, pero sus vinos más perfectos. La gente se contacta por Instagram, Facebook, y en ellas se organizan visitas. Un día entre las viñas y llevar unos buenos vinos, motivan el interés de todos los turistas.

Matías Piermarini, referente técnico del Ministerio de Turismo, explica que las bodegas del Alto Valle (ver abajo) son tradicionales y familiares. “Es algo importante para destacar del enoturismo aquí. Esa es la gran característica de los caminos del vino de Río Negro. Cada propietario es el que hace todas las labores: atienden al público, están arriba del tractor, se encargan del riego, cuidan de la helada, del granizo. Cuando los turistas llegan a estos lugares sienten como viven estos productores”, cuenta.

En Fernández Oro, Gaspar muestra los tanques de acero inoxidable, explica que el proceso de cosecha es el que más trabajo lleva, y que en esos días, el tiempo no alcanza para nada, por lo que el turismo queda en segundo plano. Pero en esta época está más tranquilo y se hacen visitas guiadas con reserva previa. Recorre las instalaciones y se mete en los salones que está construyendo para instalar una nueva cava y un salón para recibir a los turistas.

“En las bodegas de Mendoza o Neuquén, los atenderá un guía, acá los productores. Son monumentos vivos, de la historia productiva regional”.

Matías Piermarini, Ministerio de Turismo.

El producto de lo que se cosechó en el verano, está en los tanques que enmarcan todo el salón de la bodega. Luego pasará un par de años hasta llegar a la botella. “En nuestra zona la vid es muy noble. Es una zona con mucha amplitud térmica, que es importante para las uvas al vinificar”, dice y aclara que son orgánicos, aunque todavía no hicieron la certificación no usan ningún insecticida. “El viento de la Patagonia, que a algunos les parece molesto, hacen que el viñedo tenga sanidad por sí solo”, explica.

Mucho para conocer.

Cerca de Aonikenk, Osvaldo Gennari llega al bodega que lleva el apellido de su familia como bandera. Cuenta el papá llegó desde Colonia Rusa, la mamá desde Mainqué y se instalaron en esas tierras a hacer dehidratado de peras, luego de ciruelas, duraznos y manzanas.

“Hoy se estila mucho que tal vino se toma a tanta temperatura. Lo que digo siempre es que cada uno tiene que elegir y decidir cómo tomarlo. Si querés ponerle hielo, si querés ponele soda. Tomalo como quieras, pero tomalo. Un vino bueno, es ese que pasa derecho de la boca, que no cuesta tragarlo. Mi forma de catarlo es ver cuando pongo la botella en la mesa, si baja en seguida es bueno”, concluye Osvaldo.

Bodegas para visitar cuando se pueda pasear.

Bodega Agrestis.
Ofrece visita a bodega y viñedos con degustación. Almuerzos con reserva previa y Salón de eventos. Teléfonos: 0299 - 154293284 / +54 9 298 – 4641269, turismo@bodegaagrestis.com.ar, www.bodegaagrestis.com.ar. Dirección: Gobernador Castello 1539, Gral. Roca.

Establecimiento Humberto Canale.
Bodega emblema de la Patagonia. 109 años de trayectoria. Certificada en Calidad Turística Nacional. Teléfono: 2984430882, turismo@bodegahcanale.com, www.bodegahcanale.com, whatsApp 02984 54 9396, Direccción: Chacra 186, Gral. Roca

Para poder hacer una visita guiada hay que coordinar previamente para conocer días, horarios y protocolos.

Ministerio de turismo.

Bodega Museo La Falda
Conociendo la historia de la Familia Herzig se puede recrear el desarrollo vitivinícola del Alto Valle, iniciado a fines del siglo XIX por inmigrantes europeos. Actualmente cerrada. Teléfono: 0299 – 4773168, bodegamuseolafalda@gmail.com, Dirección: Maestro Espinoza 2608, Cipolletti.

Bodega Gennari
Bodega familiar fundada en la década del ‘60 en la localidad de Gral. Fernández Oro.
Teléfono: 0299 – 4996013, www.gennarisa.com.ar, ventas@gennarisa.com.ar, Dirección: Ruta Provincial 65, Km 1181, Gral. Fernández Oro.

Bodega Miras
Pequeña bodega familiar dedicada a la elaboración de vinos de jerarquía, a partir de uvas seleccionadas de añosos viñedos. Teléfono: 0299 – 4110408, turismo@bodegamiras.com.ar, www.bodegamiras.com.ar,
Instagram: Bodega Miras, Dirección: Ruta Nacional 22, Km 1208, Gral. Fernández Oro.

Bodega Aniello
Emplazada en una bodega que data de 1927 en la localidad de Mainqué. Hoy están suspendidas las visitas. Teléfono: 298 477-1120, info@bodegaaniello.com.ar / www.bodegaaniello.com.ar, Facebook: Bodega Aniello, Dirección: Chacra 341, Mainqué.

Bodega Favretto
Empresa familiar que este año 2018 cumple 70 años de antigüedad, ubicada en la ciudad de Villa Regina. Famosos por sus vinos en damajuana que se ofrecen hasta el día de hoy. Teléfono: 02984-4 61090, consultas@bodegafavretto.com, gustavocapital@hotmail.com, www.bodegafavretto.com. Dirección: Chacra 104, Lote 4, Villa Regina.

Viñedos San Sebastián
Una bodega boutique que se encuentra en el margen norte del Alto Valle de Río Negro, en la localidad de Cervantes. Cel.: +54 9 298 4406555, vsspatagonia@gmail.com, Facebook: Viñedos San Sebastian, Instagram-Twitter: @vsspatagonia, Dirección: Chacra 297, Cervantes.

Bodega y Viñedos Chacra Moschini
Luego de tres décadas dedicados a la producción frutícola, en el año 2000 comenzaron la producción de uvas vinificables. Cel.: 298-437-8910, chacramoschini@gmail.com, Facebook: Chacra Moschini, Instagram: @chacramoschini, Dirección: Chacra 433, Lote 6, Ingeniero Huergo.

Bodega Aonikenk
Bodega familiar ubicada en la localidad de Gral. Fernández Oro, de desarrollo incipiente generando vinos de carácter singular. Teléfonos: 299-4165263 // 299-4562516, bodegaaonikenk@gmail.com / domingorastrilla@gmail.com / gasparrastrilla@gmail.com, Facebook: Bodega Aonikenk, Instagram: @bodegaaonikenk, Direción: Calle Las Uvas s/n, Gral. Fernández Oro

Bodega De Bernardi
Ubicada en la subida al cerro Piltriquitrón en la ciudad de El Bolsón, sus viñedos contrastan el hermoso paisaje haciendo un lugar único. Cel: 2945 468170
m.me/bodegadebernardi, Facebook, Dirección: Acceso al Cerro Piltriquitrón s/n.

Bodega Videla Dorna
Pequeña bodega familiar que se encuentra en una isla de Luis Beltrán en el valle medio. Facebook: Bodega Videla Dorna, bodegavideladorna.com.ar, Celular: 11 4971 0324 / +54 11 4740 2947, info@bodegavideladorna.com.ar, Instagram: @bodegavideladorna, Isla La Esmeralda, Luis Beltrán, R.N.

Bodega Trina
Establecimiento recientemente inaugurado. Se encuentra ubicada en Colonia Reig, en la comarca del valle del río Colorado. Instagram: @bodegatrina, bodegatrina@gmail.com, Cel.: 2931 411915, Dirección: Calle Benini s/n Colonia Reig, Río Colorado, Provincia de Río Negro.

Enoturismo en la Región Atlántica Rionegrina y Cava Submarina.
Producto de desarrollo incipiente, que cuenta con el aeropuerto de Viedma, dos viñedos de la Bodega Fincas Patagonica S.A. del valle inferior y la cava submarina de Las Grutas, única en Sudamérica. Contacto: Claudio Barbieri: 2920523957, e-mail: barracasbuceo@gmail.com

Publicado en Diario "Río Negro", 7 de junio del 2021.

https://www.rionegro.com.ar/alto-valle-una-gran-escala-de-los-caminos-del-vino-rinegrinos-1844089/