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lunes, 29 de diciembre de 2025

Desregulación sí o no: el debate entre bodegueros ante la crisis que vive el vino.

 

Desregular para crecer. La idea que propone el gobierno a los bodegueros, que ven claroscuros en la iniciativa.

Desregulación sí o no: el debate entre bodegueros ante la crisis que vive el vino.

El ministerio de Federico Sturzenegger eliminó casi mil normas para el sector a fin de impulsar las ventas, pero no todos los actores de la industria están de acuerdo. Una discusión que se extiende al calor de los cambios de hábitos de consumo y la necesidad de competir para exportar.

La venta de vino argentino se derrumba, tanto en el mercado interno como en el exterior, en línea con una tendencia global y el deterioro general del consumo en el país. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), entre enero y octubre de 2025 (último dato disponible), el consumo de vino en Argentina cayó 2,7% en comparación con el mismo período del año anterior. La de vino blanco se derrumbó un 10%. Las exportaciones, por su parte, se redujeron 7,1% entre enero y noviembre de 2025.

Mientras bodegueros y productores intentan adaptarse al nuevo escenario, para el Gobierno nacional la solución es achicar la burocracia: el mes pasado, el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado a cargo de Federico Sturzenegger, anunció la eliminación de cerca de mil normas que rigen para el sector con el objetivo de reactivar las ventas. Pero, entre los principales actores de la industria, existen posiciones encontradas.

La baja en el consumo se profundizó, aunque no es nueva: Para Norberto Ghirardelli, fundador de la Bodega Agrestis, de General Roca, la caída lleva décadas: en la década de 1990, afirma, cada argentino bebía aproximadamente 100 litros al año. “A partir de entonces, se empieza a dejar de consumir los grandes volúmenes de vinos comunes, la gente empieza a consumir mayor calidad: como no toma todos los días, el volumen baja”, afirma.

El desplome es notorio y constante: en el 2000 se bebían 37,8 litros por persona y en el 2013, 25,6. En ese nivel se estabiliza hasta que, en los últimos años, comenzó un nuevo derrumbe: en 2021, cada argentino bebió 18 litros, mientas que en 2024 la cifra bajó a 16,3 litros por persona.

Sven Piederiet, CEO de Salentein, una bodega emblemática de Mendoza, explicó que hay una caída mundial en el consumo de alcohol, con descensos en cerveza, bebidas espirituosas y vino, especialmente en Europa y Estados Unidos. En Argentina, agregó, el sector se vio golpeado por una fuerte retracción del consumo masivo durante 2024.

Dato 

16,3 los litros de vino per cápita que se consumieron en Argentina en 2024. La cifra era 18 litros en 2021 y 25,6 litros en 2013. La caída se debe en gran parte al cambio de hábitos en el consumo.

Si bien Salentein tuvo muy buenos resultados en los últimos diez años y fue una de las pocas bodegas argentinas que logró crecer en volumen y facturación, también sufrió el impacto de la desaceleración de los mercados en los últimos dos años. “Es realmente un escenario nuevo para nosotros”, dijo, y subrayó el carácter altamente competitivo del mercado mundial del vino.

“Argentina no es tan competitiva: por su moneda apreciada, por la carga impositiva, el costo de transporte alto y la falta de tratados de libre comercio en comparación con otros países como Chile y Australia”, agregó.

Para Pablo Etchart, titular de la reconocida Bodega San Pedro de Yacochuya, del Valle Calchaquí, en Salta, la caída es parte de un cambio de hábitos general. “En casi todo el país, sacando las grandes capitales, hasta hace no muchos años se dormía la siesta y se almorzaba en las casas al mediodía. Y generalmente se tomaba vino”, dijo a RÍO NEGRO, y agregó que ahora, con la jornada completa de trabajo, “uno sale a a almorzar cerca de la oficina y no va a tomar vino”.

Otros dos culpables, según el bodeguero, son la “onda fitness” y “las leyes de alcoholemia”. “El tipo va al gimnasio a quemar calorías y como le dicen que el vino tiene muchas calorías, no lo toma”, dijo. “Es curioso que en un país productor tengamos alcoholemia cero”, agregó.

Desregulación sí.

El pasado 7 de noviembre, el ministerio de Sturzenegger, a través de la resolución 37/2025, que cuenta con la firma del titular del INV Carlos Tizio, derogó 973 normas vinculadas a la industria vitivinícola. A partir del 1° de enero, el INV controlará únicamente el vino en la góndola y dejará de revisar todo el proceso productivo. Según escribió Sturzenegger en X, la decisión busca darle “flexibilidad y libertad” a la industria.

Juan Barbier, bodeguero de tercera generación de la bodega De Ángeles, en Mendoza, sostuvo que la desregulación puede beneficiar a la industria al reducir cargas administrativas y, potencialmente, bajar costos. “Yo creo que va a tener mucho más efecto en las bodegas grandes”, dijo. “Hay bodegas en las que yo tengo conocidos que te dicen: ‘He tenido al INV desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde metido acá dentro’”, relató en diálogo con este medio. Juan Barbier, bodega De Ángeles (Mendoza).

Ghirardelli, de Agrestis, también dice estar de acuerdo con la desregulación: para el empresario, el 95% de las normas derogadas eran “obsoletas”. “Hay una serie de costos que bajarían porque, sobre cada trámite, hay que pagar un arancel”, dijo a RÍO NEGRO. Y agregó que el papeleo es tan engorroso que algunas de “las bodegas más grandes tienen un empleado exclusivamente dedicado a esto y las más chicas tienen que recurrir a algún gestor”. Además, agrega, habría “mayor libertad para trabajar sin tantos controles, controles de inventario, que no son tan necesarios”.

Piederiet, de Salentein, acuerda con el espíritu de la medida y señaló que reducen “costos y burocracia”. Sin embargo, advirtió que, dada la cantidad de las regulaciones eliminadas, “seguramente cometieron algún error que luego habría que corregir”.

Desregulación no.

“Como sector debemos ser muy críticos a cualquier cambio: es el interés de todas las bodegas y productores profesionales que se mantenga un alto estándar. Los problemas con la calidad pueden destruir todo un sector”, agregó.

Es que, al limitarse a controlar el producto final, el Estado dejará de identificar el origen real de la materia prima. “Por ejemplo, el INV no va a controlar más, si en la etiqueta que dice ‘origen Agrelo’, realmente la uva vino de Agrelo”, afirmó Piederiet.

Para el CEO, la trazabilidad del origen de la uva es el tema más sensible. “La pregunta es: ¿cómo lo vamos a controlar y garantizar? ¿Por ley? ¿O por voluntad privada? Creo que sería bueno mantener un control centralizado y formalizado sobre el origen de la uva”, afirma.

“Hay una serie de costos que bajarían porque, sobre cada trámite, hay que pagar un arancel. Seguramente habrá mayor libertad para trabajar sin tantos controles, controles de inventario, que no son tan necesarios”.

El quid de la norma es la polémica eliminación de la obligatoriedad del Certificado de Ingreso de la Uva (CIU). El CIU, que actualmente no es optativo, funciona como una especie de DNI de la uva, consigna información clave como cantidad, variedad, grado de maduración y tenor azucarino de la fruta. Es crucial para los viñateros que no tienen bodega y entregan su cosecha a terceros para que elaboren el vino.

“El CIU tiene que seguir siendo obligatorio”, dijo a RÍO NEGRO Rubén Blanes, vicepresidente de la Asociación de Viñateros de Mendoza (AVM). Para Blanes, convertirlo en opcional “deja desprotegido al que ingresa la uva” y erosiona la confianza de los consumidores en la autenticidad del producto que compran.

A principios de diciembre, la AVM, junto a la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas (Acovi) y la Cámara de Productores Agrícolas (Carpa) presentaron un amparo ante la Justicia Federal de Mendoza. Esta semana, el Juzgado Federal N° 2 a cargo de Pablo Oscar Quirós, restableció la obligatoriedad del CIU por cinco meses, observando que existe una “asimetría de poder entre la bodega y el productor”.Los bodegueros valoran que se desburocratice la actividad y se reduzcan costos, pero advierten por la pérdida de la trazabilidad y la certificación de calidad.
Sturzenegger consideró el argumento del juez como “desopilante”. “La opcionalidad del CIU era darle más libertad a los productores, pero la libertad de mercado asusta”, dijo a La Nación el ministro de Transformación y Desregulación del Estado.
Sin embargo, muchos en la industria, celebraron la decisión del juez. “Costó mucho que el vino argentino sea reconocido afuera por su calidad”, dijo Blanes. “Hoy en día no se está importando el vino porque sea más barato que en otros lados. Se está comprando vino a la Argentina porque se sabe todo el control que tiene la producción”, afirmó. “El Estado se retira y eso no va a ayudar a toda esta situación: la va a empeorar”, concluyó.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/economia/desregulacion-si-o-no-el-debate-entre-bodegueros-ante-la-crisis-que-vive-el-vino/

miércoles, 19 de noviembre de 2025

INV con 973 normas menos: ¿desburocratización histórica o riesgo en la copa?


INV con 973 normas menos: ¿desburocratización histórica o riesgo en la copa?

En estos días se empezó a hablar fuerte de que el Gobierno “barrió” con casi mil normas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). En esta nota trato de ordenar la información, bajarla a tierra y entender qué puede pasar con la copa que llega a tu mesa.

¿Qué se decidió exactamente?

Arranquemos por el dato duro: el 7 de noviembre de 2025 se publicó en el Boletín Oficial la Resolución 37/2025 del INV. Ahí el organismo aprueba un nuevo Digesto Normativo (un compendio único de reglas) y, como parte de esa movida, deroga 973 normas que venía aplicando desde hace décadas. La medida entra en vigencia el 1 de enero de 2026.

Para tener dimensión: según los datos difundidos por el propio Gobierno, el INV pasa de tener 1.207 normas vigentes a unas 234. Es decir, se saca de encima cerca del 80% de su andamiaje histórico. [fuente: BAE Negocios]

Hasta ahora, el INV no sólo analizaba el vino en laboratorio, sino que también:

  • Hacía inspecciones dentro de las bodegas.
  • Controlaba movimientos internos de vino y mosto.
  • Emitía permisos de tránsito para que el vino pueda circular.
  • Administraba trámites de trazabilidad como origen, añada y varietal.

Con el nuevo esquema, todo eso se redefine: se eliminan miles de inspecciones y permisos, y el foco pasa a ser el vino ya embotellado, listo para vender.

El nuevo rol del INV: menos “policía de bodega”, más laboratorio

Si lo pensamos en imagen, el INV deja de ser el inspector que entra a la bodega a revisar papeles, tanques y movimientos, y pasa a ser el que toma muestras de las botellas ya terminadas, las manda al laboratorio y dice: “esto es vino, esto no”.

En los papeles, el cambio se justifica así:

  • Se eliminan normas obsoletas o redundantes.
  • Se apunta a trámites digitales, declaraciones juradas y controles basados en riesgo, no en visitas rutinarias.
  • Se busca sostener los estándares de seguridad alimentaria pero con un Estado “más liviano” y menos burocracia.

El Gobierno y buena parte de las bodegas grandes argumentan que el esquema anterior era “sobredimensionado, caro e ineficaz”, y que el nuevo modelo permite ganar tiempo y plata sin resignar controles serios sobre la calidad del vino en góndola.

El tema caliente: el CIU y la trazabilidad

Donde realmente se calienta la discusión es en el Certificado de Ingreso de Uva (CIU).

El CIU es el papel (o trámite digital) que, dicho mal y pronto, deja constancia de cuánta uva entra a una bodega, con qué grado de azúcar, y a partir de ahí se puede estimar cuántos litros de vino deberían salir. Es la primera ficha de dominó en la trazabilidad: saber que lo que está en la botella empezó siendo uva de verdad y no vaya uno a saber qué.

Con la nueva resolución:

  • El CIU no desaparece, pero deja de ser obligatorio. El productor o la bodega que lo quiera usar, puede seguir usándolo igual que antes; simplemente el Estado ya no lo exige para todos. [fuente: Los Andes]

Acá se abre la grieta interna del sector:

  • Desde el Gobierno y parte de las bodegas, la lógica es: “si el vino final está bien analizado, no hace falta que el Estado controle cada uva que entra; eso es costo y burocracia”.
  • Desde COVIAR (Corporación Vitivinícola Argentina), gobiernos provinciales y varias cámaras, el mensaje es otro: “sin CIU obligatorio, se rompe la cadena de trazabilidad y se abre la puerta a problemas serios de calidad y de confianza, adentro y afuera del país”.

Ventajas que se buscan (los “pro”)

Si te ponés en la piel de una bodega —sobre todo mediana o grande—, los puntos a favor que se mencionan son:

1. Menos burocracia y tiempos muertos

  • Desaparecen alrededor de 5.000 fiscalizaciones presenciales por año.
  • También se eliminan unos 140.000 permisos de tránsito anuales que las bodegas debían tramitar para mover vino entre plantas, hacia fraccionadores o distribuidores.

Todo eso son horas de gente, papeles y esperas que, en teoría, se liberan para enfocarse en producir y vender.

2. Ahorro de costos y mayor competitividad

Los funcionarios y varias notas especializadas repiten la idea de que estos controles generaban costos, demoras y pérdida de competitividad. Menos trámites = menos estructura administrativa para sostenerlos. En un sector presionado por la caída del consumo interno y la competencia de vinos importados, cualquier alivio en costos fijos es bienvenido.

3. Más foco en el vino terminado

  • Se concentran recursos en el producto final, con análisis de laboratorio que detectan si el vino es apto, está adulterado, etc.
  • La idea es correr el foco del “formulario” a la calidad en copa.

4. Responsabilidad empresaria

El mensaje político de fondo es: “tratemos a las bodegas como adultos, no como sospechosos permanentes; el que haga las cosas mal, que se haga cargo cuando lo agarre el control analítico”.

Riesgos y dudas (los “contra”)

Del otro lado del mostrador, hay varios temores que no son menores:

1. Trazabilidad más débil

  • Sin CIU obligatorio y sin controles en las etapas intermedias, se hace más difícil seguir el rastro desde el viñedo hasta la botella.
  • COVIAR y varias provincias marcan que esto puede dañar uno de los activos más importantes del vino argentino: que afuera confían en que el producto está serio y controlado.

2. Riesgo de adulteraciones y “vino estirado”

La historia de la vitivinicultura argentina ya tuvo episodios de adulteraciones que terminaron muy mal, y cada vez que se relajan controles aparece ese fantasma: ¿qué pasa si el INV llega tarde y el problema ya está en góndola?

3. Competencia desleal

Los productores y bodegas que vienen haciendo todo prolijo sienten que, sin un piso mínimo de control, pueden aparecer jugadores “pícaros” que abaraten costos a costa de calidad, generando una cancha inclinada.

4. Pérdida de información para planificar

Esos registros detallados (ingreso de uva, inventarios, movimientos) no sólo servían para controlar, también alimentaban estadísticas y decisiones de inversión. Ex autoridades del INV advierten que sin esos datos se toman decisiones “a ciegas”. [fuente: Ambito]

La cuenta pendiente: ¿cuánto ahorra el Estado y qué hace con esa plata?

Acá aparece una pregunta que, por ahora, nadie respondió con números sobre la mesa.

En los comunicados oficiales y en las notas de prensa se repiten dos datos:

  • En 2024 el INV emitió 140.000 permisos de tránsito.
  • Hizo más de 5.000 inspecciones a bodegas al año.

Está claro que dejar de hacer todo eso reduce trabajo administrativo y operativo: menos horas de inspectores viajando, menos tiempo cargando datos, menos estructura para procesar expedientes, menos sistemas para sostener esa burocracia.

Lo que no aparece en ningún lado, al menos al momento de escribir esta nota, es:

  • ¿Cuánto representa ese recorte en pesos dentro del presupuesto del INV?
  • ¿Ese ahorro se va a traducir en un menor gasto del Estado o simplemente en reasignar gente a otras tareas?
  • ¿Se va a usar esa plata para reforzar laboratorios y controles analíticos (que ahora son la estrella del sistema)?
  • ¿O va a terminar licuándose en algún otro lado del Estado nacional?

Es una pregunta clave porque cambia la lectura de la medida:

  • Si el ahorro es significativo y se destina, por ejemplo, a mejorar tecnología de control, podría leerse como un cambio de foco más que como un simple recorte.
  • Si el ahorro es marginal en términos fiscales y la principal consecuencia es sólo alivianar la vida administrativa de las bodegas, entonces el eje de la discusión es otro: ¿cuánto vale relajar controles a cambio de ganar velocidad y comodidad?

Te la dejo abierta para abrir debate en los comentarios:

¿Te parece razonable que el Estado suelte estas 5.000 inspecciones y 140.000 permisos por año?
¿Preferirías que el posible ahorro se vea en menos impuestos, en mejores laboratorios, en más controles a la exportación… o en otra cosa?

¿Y ahora qué? Lo que puede venir a partir de 2026

Hay algo importante: la película todavía se está filmando.

  • El INV se sentó en la mesa con Mendoza, San Juan y representantes del sector para escuchar críticas y dudas. Hay bastante acuerdo en aliviar burocracia, pero el CIU y la trazabilidad dejaron ruido fuerte.
  • COVIAR y las provincias productoras piden que se revise la opcionalidad del CIU antes del 1 de enero de 2026. Plantean que hay consenso para mantenerlo obligatorio y que, si se quiere simplificar, se haga mejorando la herramienta, no soltándola.
  • Del lado empresarial, muchas bodegas ven la oportunidad de ganar eficiencia, pero al mismo tiempo reconocen que habrá que diseñar mecanismos propios de trazabilidad y certificación, sobre todo si quieren seguir vendiendo en mercados externos exigentes.

En el medio, está la percepción del consumidor: si la discusión se instala sólo como “menos control = vino más riesgoso”, el golpe de imagen puede ser peor que cualquier formulario extra. Si, en cambio, el sector logra combinar menos burocracia con estándares privados fuertes, el resultado puede ser un vino argentino más competitivo sin perder seriedad.

Para seguir leyendo: fuentes oficiales y documentos

Para quien quiera ir a la fuente original y no quedarse sólo con la interpretación, dejo algunos enlaces útiles:

  • Resolución 37/2025 del INV (Digesto Normativo y derogación de 973 normas, vigencia desde el 1/1/2026), en el Boletín Oficial.
  • Notas explicativas sobre la reforma y coberturas y análisis en medios económicos:
    • BAE Negocios,
    • Infobae
    • Trade News
    • Ámbito
    • Tiempo Argentino
    • Vinetur
    • Los Andes
  • Posición de COVIAR y cámaras provinciales sobre la trazabilidad y el CIU obligatorio.

martes, 11 de noviembre de 2025

Desregulación vitivinícola: ¿Qué cambia para el INV y los productores?

 


Desregulación vitivinícola: ¿Qué cambia para el INV y los productores?

¿Adiós al control estatal en bodegas? El Gobierno deroga 973 normas y enfoca al INV solo en calidad final.

En un movimiento audaz hacia la desregulación, el Gobierno nacional promulgó la Resolución 37/2025, publicada en el Boletín Oficial, mediante la cual se dejan sin efecto 973 disposiciones que regulaban las funciones del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Esta medida redefine por completo el rol del organismo estatal, que abandona el monitoreo exhaustivo de la cadena productiva —desde la vid hasta el embotellado— para concentrarse exclusivamente en la verificación de la calidad del vino terminado.

Para los actores del sector vitivinícola —productores, bodegueros y exportadores—, esta reforma representa el fin de una era de intervencionismo estatal y el inicio de una mayor autonomía operativa. El cambio no solo elimina trámites burocráticos, sino que busca impulsar la competitividad en un mercado global desafiante, marcado por la caída en el consumo y el auge de alternativas como el vino sin alcohol.

¿Qué cambia para el INV y los productores?

Históricamente, el INV intervenía en todas las etapas del proceso vitivinícola: controles en la cosecha, fiscalización durante la elaboración, autorizaciones para el transporte y certificaciones de trazabilidad. Estas instancias, obligatorias hasta ahora, generaban un flujo constante de permisos y visitas inspectivas.

Con la nueva normativa:

Los productores ya no están obligados a obtener certificación de origen, añada o varietal, que pasan a ser opcionales.

El INV solo tomará muestras del producto final embotellado para analizar su aptitud para el consumo humano.

Se eliminan 140.000 permisos de tránsito emitidos en 2024 y más de 5.000 inspecciones, muchas de ellas repetitivas —incluso cada dos días en la misma bodega—.

Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, describió la medida como un "giro estructural": "Se deja atrás un régimen en el que el Estado pretendía controlar cada paso del proceso productivo para pasar a un modelo enfocado exclusivamente en garantizar la aptitud para consumo del vino".

El funcionario criticó la "burocracia absurda" que complicaba un negocio ya de por sí desafiante, afirmando: "La mayoría de las bodegas no tiene problemas; ya bastantes dificultades tiene el negocio en sí mismo para que el Estado complique las cosas".

Contexto del sector: Competitividad en un mercado global en declive.

Argentina se posiciona como el quinto productor mundial de vino, con una producción anual de aproximadamente 900 millones de litros y exportaciones que alcanzan los u$s800 millones. Sin embargo, el sector enfrenta vientos en contra: disminución global en el consumo de vino tradicional, emergencia de tendencias como el vino sin alcohol y presiones climáticas que afectan rendimientos.

En este escenario, la flexibilidad regulatoria emerge como un imperativo. Sturzenegger argumentó: "Es un imperativo darle a la industria la flexibilidad y libertad necesarias para adaptarse a este cambiante entorno". La desregulación busca reducir costos operativos, agilizar logística y fomentar innovación, permitiendo a las bodegas responder ágilmente a demandas internacionales.

Además, la resolución acota el margen de acción de los inspectores para minimizar riesgos de corrupción: "Menos burocracia son menos oportunidades para la corrupción", señaló el ministro. "Los inspectores sólo tomarán muestras de los productos embotellados y los enviarán a analizar, cerrando la puerta a la discrecionalidad". Y agregó: "En otras palabras, ya no andarán los inspectores del INV interfiriendo en la producción de las bodegas, un reclamo de los productores que se repetía sin cesar". Su frase cierre resume el espíritu: "La libertad siempre encuentra su camino".

Alcance de la reforma.

La Resolución 37/2025 impacta a todos los eslabones del sector:

  • Productores de uvas.
  • Bodegas y establecimientos de mosto o espumosos.
  • Plantas de fraccionamiento y distribuidores.
  • Exportadores e importadores.
  • Laboratorios y operadores vinculados al sector.

Este alcance integral asegura una transición uniforme, eliminando asimetrías regulatorias. Para las bodegas pequeñas y medianas, que representan la mayoría en regiones como Mendoza y San Juan, la eliminación de trámites obligatorios podría traducirse en ahorros significativos en tiempo y recursos, redirigidos hacia calidad e innovación.

Expertos del sector coinciden en que, aunque la adaptación requerirá un período de ajuste, la medida alinea a Argentina con estándares internacionales más liberales, como los de Chile o Australia, donde el foco estatal está en la calidad final y no en el proceso intermedio.

Implicaciones a largo plazo.

Esta desregulación no solo reduce la carga administrativa —equivalente a décadas de normativas acumuladas—, sino que posiciona al sector para enfrentar desafíos futuros. Con un mercado global en transformación, la autonomía productiva podría acelerar la adopción de tecnologías como vinificación sostenible o variedades resistentes.

Sin embargo, voces críticas advierten sobre la necesidad de mecanismos voluntarios de trazabilidad para mantener la reputación argentina en exportaciones premium. El INV, ahora más enfocado, podría fortalecer su rol en certificaciones opcionales y vigilancia sanitaria, garantizando que la "aptitud para consumo" no comprometa estándares.

En síntesis, la derogación de 973 normas marca un hito en la política económica vitivinícola, priorizando eficiencia sobre control. Para un sector que genera empleo en miles de familias rurales y contribuye al PIB nacional, esta libertad regulatoria podría ser el catalizador para un renacimiento competitivo. El tiempo dirá si, como promete Sturzenegger, "la libertad encuentra su camino" hacia bodegas más prósperas y vinos de excelencia mundial.

Fuente: Agencias con aportes de +P.

Publicado en Más Producción.

LA MAÑANA DE NEUQUÉN.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/desregulacion-vitivinicola-que-cambia-el-inv-y-los-productores-n1216987