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lunes, 8 de enero de 2024

François Lurton: “El Malbec es uno de los pocos monovarietales que da vinos complejos”.

 

Bodega Piedra cumplió 30 años en Argentina. François Lurton, integrante de la quinta generación de una tradicional familia de bodegueros de Burdeos, fundó la compañía en 1993 tras investigar distintos terroirs de nuestro país y elegir instalar su finca en Los Chacayes, un área hasta entonces inexplorada del Alto Valle de Uco mendocino.

Este mes festejaron las tres décadas en Argentina y Lurton habló con Los Andes, sobre los desafíos de trabajar en nuestro país.

-Fue una gran aventura. Iniciamos este proyecto en colaboración con Nicolás Catena para desarrollar un vino en el mercado local, que luego expandí como comercial en el extranjero. Tuvimos un éxito considerable y, en un momento, junto a mi hermano, decidimos crear nuestra propia bodega en Argentina. Vimos un enorme potencial de crecimiento y empezamos en 1995 buscando el lugar ideal, desde el sur de Luján hasta aquí, explorando diferentes sitios. Queríamos establecernos cerca de la montaña y, después de superar varios obstáculos, finalmente encontramos este lugar. En el trayecto, nos topamos con desafíos como la disponibilidad de agua y la competencia por terrenos, pero logramos establecer una buena relación con el dueño de esta zona. Inicialmente, gran parte de estas tierras pertenecían al señor Morales, quien poseía unas 20,000 hectáreas que se extendían casi hasta Chile.

- ¿Has pasado por varias crisis en Argentina?

- Sí. Técnicamente fue toda una aventura crear este lugar. Nos encontramos con problemas que ni sabíamos que existían: enfermedades, insectos y animales que jamás habíamos visto. Además, tuvimos complicaciones técnicas durante la construcción. No había electricidad. En Francia cuando construís un lugar, la electricidad viene gratis. Aquí hay que pagar: hemos pagado 5 kilómetros de electricidad. Fue todo un desafío técnico, pero el estrés real vino de la situación económica del país: las devaluaciones constantes, la inflación que no da respiro, las dificultades para importar, como traer las barricas. Durante años, las restricciones a las importaciones eran fuertes.

-A pesar de todas estas dificultades… ¿siguen invirtiendo?

-Los periodistas me preguntan esto una y otra vez. Siempre quieren saber por qué sigo aquí. Les digo que vengo de una familia con más de 200 años en la industria vitivinícola. Sobrevivimos a tres guerras en Europa. No se trata solo de pequeñas devaluaciones o inflación. Hemos atravesado muchas devaluaciones del franco en Francia y otras situaciones complicadas. Siempre seguimos adelante. Es cierto, los argentinos se quejan mucho. Pero pienso en lo que dices y es verdad. El mundo ha enfrentado situaciones mucho más duras que las de Argentina.

-Además del Malbec, ¿qué otra variedad puede Argentina ofrecer al mundo con esa calidad?

-Yo fui el primero en plantar pinot gris aquí e introducirlo como variedad. Tengo 42 hectáreas de pinot gris. Otra variedad que me cautiva es el tocai friulano y aunque tiene potencial en Argentina, aún no ha sido completamente desarrollada. Por otro lado, el chardonnay ha sido promovido por productores como Nicolás Catena, siguiendo el modelo estadounidense, pero desde mi perspectiva, es un enfoque equivocado. El tocai friulano es realmente una cepa intrigante que merece ser impulsada. Casi podría decir que soy uno de los pocos involucrados en su desarrollo. En cuanto a los vinos blancos, además del tocai encuentro pocas variedades destacables, ya que Argentina no es conocida por su producción blanca, aunque haya algunas de buena calidad.

- ¿Y el sauvignon blanc?

-Mi especialidad es el sauvignon blanc. Soy uno de los mayores productores a nivel mundial, pero curiosamente, no tanto en Argentina. Aquí, su cultivo es limitado debido a las condiciones climáticas continentales. A pesar de que se le atribuye un clima mediterráneo, en realidad es más continental.

- ¿En tintos?

-En los tintos, comenzamos con el cabernet sauvignon. Aquí, el cabernet sauvignon me parece más interesante que en Chile, ya que carece de ese matiz de pimienta verde que se encuentra en Chile. En cambio, en Argentina, destaca por sus notas únicas a frutos rojos. Incluso en Francia no lo elaboramos con la misma maestría, carece de la piracina que aquí es única en el cabernet sauvignon. Es lamentable que el desarrollo del Malbec haya eclipsado un poco al cabernet sauvignon, pero el Malbec es una variedad verdaderamente fascinante.

Desde mi punto de vista, hay pocas variedades en el mundo capaces de producir vinos tan complejos. Son realmente escasas las que pueden ingresar a este selecto grupo de variedades que generan vinos complejos sin necesidad de estar en blend. Por lo general, los vinos complejos son blends, pero hay pocas variedades monovarietales que logran esta complejidad. Gracias al Malbec, podemos alcanzar ese nivel.

-¿Dónde considerás que puede estar el futuro de la Argentina hoy?

- Es cierto que Argentina representa una pequeña fracción del mercado vitivinícola mundial y, en comparación con países como Chile, tiene una ventaja en la medida en que no dependemos tanto de las exportaciones porque hay un mercado nacional sólido. El encanto de Argentina radica precisamente en ese mercado interno. Sin embargo, aunque los vinos argentinos han alcanzado un alto nivel de calidad y reconocimiento internacional, actualmente los vinos europeos, que han experimentado importantes cambios, han recuperado una posición de liderazgo.

Estos países europeos, como Francia, Italia y España, se están recuperando en sus exportaciones, compitiendo fuertemente en mercados como Estados Unidos y China. Esto podría dificultar más las exportaciones para países sudamericanos como Argentina y Chile. Durante años, los consumidores nacionales en Europa absorbieron gran parte de su producción, dejando abierta la puerta para los vinos de otros países. Sin embargo, con la disminución del consumo interno en Europa, estos países ahora están más centrados en los mercados internacionales, lo que podría dificultar las exportaciones de países sudamericanos. La disminución del consumo de vino es una tendencia que se está observando, lo que añade un desafío adicional para los países productores.

“No plantes Malbec”.

La anécdota familiar contada por François Lurton revela un choque interesante entre tradición y exploración, especialmente en relación con el Malbec. “En Bordeaux, teníamos varios Malbecs en nuestras propiedades. Mi padre los eliminó todos”, comparte con una sonrisa. “No quería al Malbec”.

El contraste entre lo establecido y lo nuevo se hizo evidente cuando François decidió plantar Malbec en un nuevo terroir. “Cuando le dije a mi padre que íbamos a plantar Malbec en Argentina, porque creímos en su potencial, no estaba exactamente emocionado”, comparte entre risas.

Es más, volvió a preguntar: “¿Malbec? No, te quito la herencia”, bromeó su padre. Una anécdota que ilustra la mezcla entre la preocupación por lo establecido y el coraje de explorar lo desconocido.

A pesar de la reticencia familiar, el Malbec resonaba en la mente y los viñedos de François. “El Malbec en Francia no tiene la magia del Malbec aquí”, afirma con convicción.

Pero lo cierto es que el Malbec argentino nada tiene que ver con el Cot de Francia ni su potencial. “Es un tipo de Malbec que desapareció de Francia, ya no existe en nuestro suelo, con una intensidad de expresión frutal única. O bien, es un Malbec que se ha modificado, llegando aquí con raíces que han traído consigo un fascinante misterio genético”, reflexionó.

Publicado en Guarda 14 del Diario LOS ANDES de Mendoza.

Domingo, 31 de diciembre de 2023.

https://guarda14.losandes.com.ar/noticias/francoislurton-el-malbec-es-uno-de-los-pocos-monovarietales-que-da-vinos-complejos/

jueves, 14 de julio de 2022

La nueva uva portuguesa con la que se puede hacer vinos de calidad en Argentina.

 

El Instituto Nacional de Vitivinicultura aprobó el uso de la uva Tinta Cao para la elaboración de vinos finos y ahora la lista se amplía a 47. Para qué se usa y cómo son sus vinos.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) aprobó la utilización de una nueva cepa de uva para la elaboración de vinos finos y varietales. Lo hizo por intermedio de la resolución 18/2022 que fue publicada este martes.

Se trata de la Tinta Cao, o Tinta Cão, una variedad originaria de Portugal que en Argentina tiene una presencia muy menor y aún así se utilizaba hasta el momento para la elaboración de vinos no varietales.

La resolución llegó tras una presentación que hizo la empresa La Agrícola S.A. de Familia Zuccardi, que permitió la apertura de un expediente. El INV realizó un estudio para determinar si es una cepa apta o no para este tipo de vinos a través de la Dirección de Estudios y Desarrollo Vitivinícola. Finalmente la aprobó.

Hasta el momento, la cepa estaba habilitada para producir vinos sin mención de varietal, mostos y jugos. Sin embargo, es una cepa nueva que solo tiene una vendimia como legal, ya que su aprobación llegó en octubre de 2021.

Tinta Cao.

Este varietal es originario de Portugal y crece principalmente en la región de Duero. Hay registros de su utilización ya en el siglo XVI, por lo que se la considera una uva con mucha trayectoria.

Es una de las cinco cepas con las que en esta región se producen los mundialmente famosos vinos Oporto. Sin embargo, no es la más utilizada ni conocida. También se siembra en Australia y Estados Unidos.

La planta se caracteriza por tener rendimientos muy bajos y estos es uno de los motivos por lo que ha caído en desuso aún en Portugal. Se adapta mejor a los climas fríos, por eso se sospecha que en el Valle de Uco puede tener un buen rendimiento.

Produce vinos de mucha calidad, finos. Es una uva muy valorada por su capacidad para ser utilizada en la composición de un corte. De hecho, de esta manera se utiliza en los vinos Oporto. Posee un perfil aromático floral y un color no muy intenso. Le aporta longevidad a los vinos que compone.

Desde ahora, se podrán realizar vinos de calidad, cortes, Reserva y Gran Reserva con este varietal. También se podrá hacer uso de la Indicación Geográfica (IG) para este varietal.

Se suma a otras 46 cepas que también están habilitadas y son las siguientes:

Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah, Pinot Negro, Pinot Meunier, Tannat, Lambrusco Maestri, Barbera, Sangiovese, Bonarda, Tempranillo, Cinsaut, Carignan, Petit Verdot, Cabernet Franc, Carmenere, Corvina Veronesse, Rondinella, Ancellota, Croatina, Lambrusco Grasparossa, Casavecchia, Garnacha y Tinta Cao entre las tintas. Gewurztraminer, Pinot Gris y Canari entre las rosadas. Y Chardonnay, Chenin, Sauvignon, Semillón, Sauvignonasse, Riesling, Torrontés Riojano, Ugni Blanc, Moscato Bianco, Pinot Blanco, Prosecco, Viognier, Pedro Giménez, Petit Manseng, Moscatel de Alejandría, Alvarinho, Grüner Veltliner, Fiano y Verdelho para las blancas.

PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO LOS ANDES.

lunes, 16 de mayo de 2022

Hinojosa, la bodega que nació de un loco sueño y hoy tiene más de 80 años.

 

Esta tradicional bodega familiar del Valle de Uco tiene una rica historia que arranca allá por 1940, cuando Don Silvestre Hinojosa adquirió el establecimiento de los Dumit.

“Decían que solo a un loco se le ocurría plantar en ese pedregal”, era la frase de cabecera de Don Silvestre Hinojosa, que ha perdurado y pasado de generación en generación para demostrar que este hombre, sabio en sus visiones, tenía claro un gran futuro.

Don Silvestre no solo fue un visionario, sino también una persona respetada por transmitir los valores de la familia y la unión. Esto se traducía, por ejemplo, en la costumbre de realizar cada domingo un asado con la familia y los obreros de todas las fincas.

Con viñedos en Valle de Uco, regados con agua pura de los deshielos de la Cordillera de Los Andes, Bodega y Viñedos Hinojosa es fruto de una familia con grandes aspiraciones que comparte sus secretos en cada vino que desarrolla.

Evolución y crecimiento.

Con el paso del tiempo, Don Silvestre comenzó a dejar en manos de sus hijos, José y Ramón, la conducción de la empresa. El trabajo preciso de José en los vinos y la dedicación de Ramón en las fincas permitieron a la bodega producir 8 millones de litros de vino anuales. Ya no solo eran la visión y el trabajo que Don Silvestre había cosechado, ahora se sumaban los esfuerzos y la labor de sus dos hijos, su legado.

En la actualidad, la Bodega sigue creciendo cosecha tras cosecha, generación tras generación, siendo los nietos de Don Silvestre el enólogo y contador del establecimiento.

La bodega está compuesta por tres fincas. En Agua Amarga se encuentran los viñedos con mayor altitud. En una superficie total de 89 has, los varietales que aquí reposan son: Tempranillo, Malbec, Chardonnay, Merlot, Bonarda, Torrontés y Aspirant Bouchet. Finca Rossi se encuentra en Vista Flores, con una superficie de 70 has. Los varietales aquí plantados son: Pedro Giménez, Syrah y Bonarda. Finalmente, su finca más pequeña es Don Manuel, ubicada en Vista Flores, con tan solo 19 has y con Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc, Malbec y Aspirant Bouchet.

Bajo la supervisión de su primer enólogo, José Silvestre Hinojosa (nieto del fundador) y del segundo enólogo, Maximiliano Chavero, la bodega elabora vinos jóvenes y de guarda, habiendo alcanzado en 2020 una producción de 686.000 litros, un 40% de su capacidad productiva.

PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO LOS ANDES DE MENDOZA, viernes, 13 de mayo de 2022.

Las imágenes pertenecen a la misma publicación.

https://www.guarda14.com/noticias/hinojosa-la-bodega-que-nacio-de-un-loco-sueno-y-hoy-tiene-mas-de-80-anos/

lunes, 7 de marzo de 2022

VINOS DE LA LUZ.

 VINOS DE LA LUZ.

¿Quiénes somos?


Somos Vinos de La Luz, grupo vitivinícola que cuenta con bodegas productoras de vinos con nombre propio y calidad única, en las regiones más destacadas del viejo y nuevo mundo:

  • Ribera del Duero, Peñafiel. ESPAÑA.
  • Toscana, Siena. ITALIA.
  • Valle de Uco, Mendoza. ARGENTINA.
  • Santa María, California. ESTADOS UNIDOS
  • Nuestra historia

    Han pasado 100 años.

  • El origen de la tradición vitícola de la familia Fernández Núñez se remonta a principios del siglo XX, cuando en 1910, los emigrantes gallegos Serafín Fernández y María Núñez, partieron a Argentina en busca de trabajo. Allí aportaron su saber hacer como trabajadores jornaleros de siembras, podas y cosechas. En esa tierra en la que “cuando se caía un trozo de pan, al día siguiente crecía una espiga de oro”, estos dos españoles trabajaron en todo hasta asentarse en Mendoza, en 1919, donde las tierras fiscales de acceso gratuito de la pre cordillera de los Andes, necesitaban mano de obra en los límites con Chile. La soberanía argentina estaba representada entonces por estos gallegos que veían en las vides su futuro. El lugar era el Valle de Uco, donde se sembró por primera vez, el origen de Vinos de LA LUZ.

  • https://www.vinosdelaluz.com/es/nosotros/

  • La información e imagen pertenecen a Vinos de la Luz.

domingo, 26 de septiembre de 2021

El ADN del malbec argentino. Por qué el terroir ya no es algo exclusivo de los vinos franceses. Una investigación científica encabezada por Laura Catena abrió la puerta para que el mundo conozca los vinos de nuestro país según su lugar de origen.

 

A través de la evidencia científica y la investigación, este es el estudio más extenso que se publicó en el mundo hasta la fecha y demostró que el terruño puede informar e influir en el vino. La investigación encontró, de forma objetiva, la manera de medir el terroir en la copa, con el propósito de confirmar, o no, si nuestros sentimientos subjetivos acerca de los aromas y sabores de los vinos tenían algo de científico.

“Cuando comencé a trabajar hace 25 años con mi padre, Nicolás Catena, vendía vino argentino, y en el mundo muchos no sabían que en Argentina se producían vinos desde el sigo XVI”. Quien habla es Laura Catena, cuarta generación de viticultores, y que además de doctora en Medicina es quien lleva adelante el Catena Institute of Wine, que se dedica a investigar sobre el vino. “Me encontré con mucha gente que decía que el malbec era igual en todo Mendoza y que sólo había terroir en lugares como Francia... Pero yo sabía que en Mendoza teníamos terroir, porque cuando probaba las uvas de un viñedo de cierta altitud y uvas de otra, o incluso de suelos distintos de una misma parcela, eran muy diferentes. Entonces, desde 1995, que fundé el Catena Institute, estuve estudiando para entender el terroir del malbec. Algo que hemos logrado demostrar con la investigación”.

En defensa del malbec argentino.

Esa falsa imagen de que el malbec mendocino era igual más allá del terruño de origen se le presentaba a Laura Catena sobre todo cuando asistía a las ferias internacionales o presentaba los vinos en el exterior: “En la cabeza de la gente estaba el concepto del viejo mundo, y del nuevo mundo, es decir, de los vinos que vienen siendo elaborados hace más o menos años. Pero la realidad es que la geología del mundo no tiene nada que ver con eso. Tenés suelos más antiguos, tanto en el old world o el new world, como lo llaman, por eso esa teoría no tiene nada que ver. La idea que tenía la somellierie del mundo y los referentes de los grandes vinos era que sólo Borgoña tenía terroir, que quizás en algunos lugares de Burdeos, que no había mucho terroir en Languedoc, ni en California, ni en Australia, ni en Argentina, ni en ningún otro lugar del mundo. Era sólo potestad de ciertas zonas de los franceses. La realidad es que cualquier persona que hace vino sabe que eso no es cierto. Ahora, lo que sí es cierto es que hay ciertas zona en donde hay más terroir que otras, una de esas zonas, es Mendoza. Si tomamos la altura mendocina y hacemos una equivalencia con Francia, ir desde el Valle del Ródano hasta Champagne, te llevaría siete horas en auto; en Argentina, podés lograr esa diferencia de temperatura y altitud en sólo 45 minutos. Además de eso, en estas zonas, tenés suelos muy diferentes, porque en general, en las zonas más altas hay más piedras que son más calcáreas, y en las más bajas hay suelos con más arcilla. Entonces, lo más indignante de escuchar ‘el malbec es todo igual’ era que, además, no sólo no era igual, sino que incluso era más diferente que en otras zonas del mundo. Entonces yo dije: tengo que demostrar que existe el terroir en Mendoza”.

-¿Cuándo empezaste a investigarlo?

-Esto comenzó en 2008, cuando Fernando Buscema, quien dirigía el Catena Institute, se fue a la Universidad de California en Davis y le propuso al distinguido profesor Roger Boulton la idea de investigar el terroir del malbec. Así fue que Fernando le propone a este capo en investigación del mundo del vino comparar la regionalidad del malbec argentino versus el de California, con la idea de demostrar el terroir local. Entonces, Bulton lo manda a buscar otros estudios del mismo tipo, pero no encuentran nada realizado. Nadie había analizado una variedad en dos continentes. Así fue que hicieron el primer estudio de una variedad durante un año y demostraron que las regiones argentinas eran diferentes de las californianas y que, además, las argentinas se diferenciaban aun más entre sí.

Ocho años después de ese proyecto que arrancó en California, continuó de la mano de Roy Urvieta, responsable enológico del Catena Institute of Wine, en conjunto con el Conicet y con el Instituto de Biología Agrícola de Mendoza (IBAM). El objetivo era entender el malbec en un nivel mucho más profundo que la primera parte estudiada. Ya no investigaban sólo áreas o regiones, sino parcelas. Lugares muy pequeño de un viñedo, que tiene un suelo homogéneo, y de donde salen vinos con características distintas al resto.

Durante tres años consecutivos, Urvieta y su equipo seleccionaron distintas parcelas en tres regiones; la zona este; la zona de Luján de Cuyo y Maipú, y el Valle de Uco, por su altura. En total, 23 parcelas de las tres zonas para representar lo que pasa en Mendoza.

Según argumenta Laura Catena, esto demostró primero que en Mendoza hay terroir, y luego que el malbec es una variedad capaz de demostrarlo. “Hay cierto esnobismo en el mundo del vino, que dice que sólo el pinot noir es capaz de mostrarlo y que el cabernet sauvignon no lo refleja tanto, lo cual creo que es cierto. Creo que el cabernet es menos terroir specific que el pinot noir, pero también creo que el malbec como el pinot noir hablan del terroir, y eso es lo que yo quería demostrar. Luego del primer estudio, que comparaba California con Mendoza, quisimos ver no sólo si esa diferencia ocurría en distintas zonas de Mendoza, sino si también ocurría en distintos años. Porque el verdadero terroir, es el que se repite. Ese que todos los años, cuando bebés una copa, podés decir esto es tal zona”.

-¿Cómo llevaron a cabo la investigación?

-Roy realizó el estudio durante tres años y se demostró que la mitad de las 23 parcelas estudiadas tenían características que se mantuvieron estables en los tres años. Eso es algo muy consistente, porque muestra que no todos los lugares tienen ese good terroir, sino que hay lugares que lo tienen menos que otros. Algo que vimos, por ejemplo, es que en el este mendocino el malbec es todo medio parecido. El estudio no fue sólo químico, sino también sensorial. Se entrenó durante tres meses a un panel de personas para que aprendieran a diferenciar aromas, y luego ese panel degustó todos los vinos. La nariz humana es mejor que cualquier máquina para detectar los aromas. Respecto del sabor, se recurrió al estudio de los compuestos químicos formados principalmente por los polifenoles, que son los responsables del gusto. Pero para la nariz, es muy difícil extrapolar los aromas a nivel químico. La nariz humana puede decir este vino es más bien especiado, este tiene aroma a vainilla, este a fruta. La nariz humana, el cerebro pueden discriminar mucho mejor los aromas de lo que se logra con un análisis químico de componentes volátiles.

El experto en entrenar a los paneles fue Roy Urvieta, quien con un estricto método armaba soluciones de agua y aromas (frutilla, chocolate, vainilla, pasto), de menor y mayor intensidad. La persona tenía que diferenciar la intensidad (“de 1 a 5 cuánto aroma tiene a madera”). Los entrenaron hasta que todos pudieron identificar la intensidad de cada aroma.

-¿Las diferencias que encontraron entre las regiones se destacaron más desde lo sensorial de los aromas o por el análisis químico del sabor?

-Se logró con el análisis químico, en la boca; porque desde lo sensorial y en nariz las diferencias no eran tantas. En el perfil químico se analizaron las moléculas de los polifenoles, que junto con el alcohol dan sabores y texturas: más o menos áspero o del sabor específico. Entonces, en zonas más altas hay ciertos polifenoles que dan sabores diferentes que en otras zonas más bajas.

Así lo demostraron científicamente, y como explica Roy Urvieta, “si abrís un vino que dice Gualtallary u otro que viene de Maipú o Agrelo, sabés que son distintos por las condiciones donde fue cultivada la uva. Con la investigación en lo sensorial y lo químico, podemos decir que los atributos de una copa u otra ya no son algo subjetivo”.

En la tabla que elaboraron a partir de los datos extraídos quedó demostrado, por ejemplo, que los descriptores de cereza y frutilla están más marcados en los malbec de Maipú; que lo floral aparece acentuado en los de Tupungato; la acidez y lo cítrico en los de Tunuyán, y lo vegetal y ahumado en los de Rivadavia.

Como dice Laura Catena, “con este trabajo intentamos lograr que los consumidores puedan entender y decir me gusta más el vino de tal o cual lugar”.

-¿Hay alguna relación entre el estudio y la previsión del cambio climático?

-Sí, el estudio ayuda mucho. Porque vos podés tener en claro el perfil de un vino que querés lograr, pero de golpe en cierta zona hubo un año de mucho calor y cambió el sabor de ese vino. Entonces, si lo estudiaste previamente, capaz que podés encontrar ese suelo en otra zona o en Patagonia; y podés replicar las características para ese vino al conocer el terroir. El tema es comprenderlos y preservar estos sabores y aromas. O capaz que sucede que, aun con el cambio climático, el vino no cambia. Todos hablan y hablan del cambio climático, pero nadie demostró que realmente el sabor cambia. Puede ser que se modificó porque cambiaste al enólogo, pero no porque variaran las condiciones climáticas. La idea es poder repetir este estudio en diez años y ver cómo salen los resultados. Por ejemplo, pasó algo muy raro entre dos parcelas del estudio. Hay un lugar en Luján de Cuyo que siempre da un vino igual al de otra zona en Valle de Uco. Son zonas muy diferentes, pero por alguna razón se unen; aún no sabemos si es el suelo o la temperatura, pero en ambos estudios esas dos regiones se confunden. Eso es interesante si uno piensa en términos del cambio climático a la hora de saber que en un lugar diferente podés encontrar un mismo perfil. Con el cambio climático tendremos que emplear la ciencia y la investigación. Para seguir bebiendo estos hermosos vinos, necesitamos comprender la elaboración en cada región y así saber cómo enfrentar estos problemas en el futuro.

En el estudio, la elaboración de los vinos fue idéntica para tener un parámetro y que no varíen las condiciones del terroir. Pero la gran pregunta es qué significa realmente el terroir, y cómo se conforma. Las definiciones fueron cambiando en el transcurso de los últimos años. De esta manera, el doctor Kees van Leeuwen, de la Universidad de Burdeos, quien avaló el estudio del Catena Intitute, explica que al terroir hay que considerarlo como un ecosistema, porque cada componente cumple una función primordial para definirlo. En ese sentido, tanto los componentes naturales, como el clima y el suelo, se unen a la planta, la vid, que está en el medio de este ecosistema. “Si en biología un ecosistema es la interacción de una población de organismos vivos con el ambiente natural, pareciera que el terroir es exactamente eso”, explica el experto. Entonces, el terroir no sólo es un ecosistema natural donde interactúa una población de vides con el suelo y el clima, sino que es un ecosistema cultivado.

La discusión sobre qué interviene o no para definirlo es muy amplia, y en ese sentido, el estudio impulsado por Laura Catena intentó dejar fuera la mano del enólogo en busca de lograr una estricta definición.

“Yo he discutido con muchas personas respecto del concepto del terroir –señala Catena–. El concepto antiguo era solamente el suelo. Después vino el clima, porque un suelo con un clima distinto va a dar otro vino, entonces no podés separar el clima del suelo. Después nosotros dijimos, hay que agregar la altura, porque no sólo hay que tener en cuenta el clima que de la altura, sino también la intensidad solar, que afecta el sabor del vino. Entonces, todo lo que afecta el sabor del vino es relevante. Después, con [el enólogo] Alejandro Vigil, siempre nos peleamos sobre el rol del hombre. Porque él dice que el hombre también es el terroir, y yo le digo no, la mujer. La mujer puede cosechar antes, después, poner menos o más roble, pero ¿eso es terroir? Yo creo que no, a eso lo llamaría influencia del humano en el sabor del vino, pero para mí, el terroir tiene que ver con la naturaleza del suelo, del clima, y a eso le agrego dos cosas. Una son los microbios, que son los verdaderos habitantes de ese suelo. Hicimos un estudio en el que los microbios son diferentes no sólo en distintas alturas, sino que en un mismo viñedo también cambian las poblaciones. Sin ellos, la vid se muere. Con esto podríamos demostrar también la diferencia en la calidad de un viñedo orgánico o no, según la mayor presencia de estos microbios esenciales para la planta, es decir, en la medida en que no se mueran con los pesticidas. Entonces, si matás los microbios, estarías matando parte del sabor del vino. Pero el otro punto que sumo es que la selección de plantas de una misma variedad es también parte del terroir. Pero ahí debería aceptar el rol del humano, ya que fueron los que eligieron cuál poner”.

-¿Se puede separar el terruño del año de cosecha?

-El estudio mostró que las características de cada año de cosecha tenían polifenoles tan específicos que daban una huella digital del año muy específica. Pero la idea del amante del vino o del coleccionista es que el terroir debería verse en cualquier añada. Primero hicimos vino con esas uvas, estandarizaron la producción para que no apareciera el factor enólogo en el elaboración, y a eso vinos les midieron la huella dactilar que tiene a nivel químico. Luego investigamos cómo en esa composición química influyó el año, y encontramos que se podían discriminar fácilmente los tres años. Es decir, si probás uno de esos vinos, sin saber el año, se puede predecir con un 100 % de exactitud. Luego, replicaron el estudio en regiones más grandes, en departamentos, ya no sólo en parcelas, para ver cómo se distribuían esas huellas dactilares. Lo más novedoso del estudio es que introduje el concepto de vino de parcela en la bibliografía local, similar a lo que se llama climat de la Borgoña, Francia. Lugares muy específicos donde se producen uvas con características distintas. Así fue que comprobamos que el terroir existe. Pudimos, además del año, predecir a distintos niveles el lugar de donde venían los vinos.

-¿Para qué le sirve este estudio al consumidor y amante del vino?

-Lo que le llega al consumidor es que vale la pena tomarse el tiempo de entender el terroir de un vino que te gusta. De probar vinos de diversos lugares. Al amante del vino lo que le gusta son los diversos sabores y quiere siempre estimulación variada. Lo que le atrae del vino es eso de que nunca te aburre. Podés tomar el mismo vino de diferentes añadas y cambia, podés tener una variedad que te encanta y que es diferente según su origen. Creo que la gran lucha del humano es contra el aburrimiento. Ese es el gran camino, encontrar estimulación, por eso creo que hay tanta gente que ama el vino. Porque el vino es interminable, hay muchísimos vinos y muchísimo terroir. Creo que lo que este estudio demuestra es que vale la pena dedicarse a degustar vinos de diversos lugares, a visitar zonas del vino para poder entender y disfrutar esto. El vino se convierte en una especie de biblioteca en donde tenés millones de libros y cada uno es interesante.

-Pareciera que con el estudio, leer la zona en la etiqueta de un vino ya no será sólo un tema de marketing de las bodegas.

-El tema del terroir no es un tema de marketing. Fue muy interesante lo que nos dijo al leer el estudio Jane Anson, de la Bordeaux Ecole du Vin, respecto de qué suerte que este estudio vino de Argentina. Ella dijo que si se hubiera realizado en Burdeos, todos hubieran pensado que era una jugada de marketing de Francia diciendo “Burdeos nuevamente trata de demostrar que tiene más terroir que el resto del mundo”. Eso me pareció re loco. Porque yo pensaba que no nos iban a creer, porque justamente éramos argentinos y no franceses, y ella opinó lo contrario. Esto demuestra a nivel mundial que el terroir es cierto y no una cuestión de marketing. Que es una verdad de la naturaleza, y que si te interesa el tema y sus minúsculas particularidades, como a nosotros, ves que no estás perdiendo tu tiempo, porque te estás dedicando a algo verdadero y auténtico.

Roy Urvieta, especialista en enología y miembro del Catena Institute, fue quien analizó las 201 muestras durante tres años. “Es una forma de comunicar al mundo el malbec y darle base científica a las indicaciones geográficas que tenemos en Mendoza –explica–. No tenemos mil años de historia como Francia para demostrarlo, pero con la ciencia y el conocimiento pudimos reducir esa brecha. No podemos esperar ochocientos años más para conocer nuestros lugares”.

En el mismo sentido, Laura Catena concluye: “Si ves Valle de Uco en la etiqueta de un vino malbec que compraste, tenés que entender que no es igual que si viene de Luján de Cuyo. Por eso recomiendo que hagan una degustación, por ejemplo, probando varios vinos de un lugar y de otro para ver las diferencias. De malbec versus cabernet de la misma zona y constatar las diferencias entre las variedades. Porque las van a encontrar, porque no sólo es una cuestión de poner el nombre en la etiqueta. Que se entienda que no están tratando de venderte un verso, y que esa es la belleza del vino.

-¿Qué le respondés ahora a quienes te decían que todos los malbec eran iguales?

-El impacto mundial ha sido increíble. Hay un interés muy grande, hasta entre los más prestigiosos vendedores de vinos franceses. Creo que también hubo un gran interés del consumidor, y eso está relacionado con la situación que dejó la pandemia, porque la gente se ha acostumbrado a recibir información científica y se interesa por ella. Además, ha entendido que si vamos a salvar al planeta, seguir vivos, y en cien años queremos seguir teniendo las cosas lindas que hay ahora, nos tenemos que poner a estudiar. Porque no vamos a resolver los problemas de un día para otro. Yo creo que ese interés es algo nuevo, lo cual no quiere decir que esas degustaciones aburridas donde te hablan del suelo tengan que volver. Porque son aburridas y no hay que hacerlo. Hablar un poco del suelo está bien pero creo en el vino hay mucho bla bla, y por eso fundé el Catena Institute, porque cada vez que venía un especialista del otro lado del mundo nos decía cosas diferentes. Entonces, yo pensaba: ¿cuál es la verdad? Además, ellos no tienen ni idea de mi clima y de mi altura, yo tengo que hacer mi propia investigación para ver qué es lo que mejor funciona. Por eso le dije a mi equipo que publiquemos todo de forma púbica, porque lo único que no quiero es hacer bla bla y salir a mostrar piedritas y suelos. Si digo algo, es porque lo demostré o porque lo estoy estudiando. No me gusta que la gente le mienta al consumidor con información que no tiene. Vos tenés que decir lo que sabés y lo que no sabés, y eso es lo que quiere el consumidor.

Por Sabrina Cuculiansky.

PUBLICADO EN DIARIO "LA NACIÓN", 25 de Septiembre del 2021.

https://www.lanacion.com.ar/la-nacion-revista/el-adn-del-malbec-argentino-por-que-el-terroir-ya-no-es-algo-exclusivo-de-los-vinos-franceses-nid25092021/

martes, 13 de abril de 2021

Cumple 20 años el vino mendocino que se sirvió en la boda real de Máxima Zorreguieta. Se trata de Primus, el primer vino ícono del Valle de Uco y de Bodegas Salentein que este año está celebrando sus 20 cosechas.


Cumple 20 años el vino mendocino que se sirvió en la boda real de Máxima Zorreguieta. 

Se trata de Primus, el primer vino ícono del Valle de Uco y de Bodegas Salentein que este año está celebrando sus 20 cosechas.


En la bodega conservan aún algunas de las botellas del Pinot Noir que se sirvió en la boda de Máxima y Guillermo. - Los Andes
EN LA BODEGA CONSERVAN AÚN ALGUNAS DE LAS BOTELLAS DEL PINOT NOIR QUE SE SIRVIÓ EN LA BODA DE MÁXIMA Y GUILLERMO. - LOS ANDES.

En febrero de 2002, Máxima Zorreguieta se convertía en la primera argentina en adquirir el título de princesa al casarse con Guillermo, heredero al trono de los Países Bajos. Y en ese mismo evento, el Pinot Noir 2000 de Primus se consagraba como el único vino de nuestro país en servirse en la boda real. Hoy, la primera línea ícono del Valle de Uco y de Bodegas Salentein está celebrando sus 20 cosechas y este es uno de los momentos más recordados de su historia.

Que Primus haya sido el vino de la boda de Máxima fue todo una sorpresa. Es que en aquel momento Salentein estaba dando sus primeros pasos y el Valle de Uco aún no tenía el reconocimiento mundial que ha adquirido hoy en día, pero el ser elegidos no fue casualidad y está relacionado íntegramente con los orígenes de esta bodega de capitales neerlandeses.

“Corríamos con el caballo del comisario”, bromeó Matías Bauzá Moreno, director de marketing de Luxury Wines de la Bodega Salentein al recordar el modo en el que fueron elegidos. Todo nace de un casual contacto entre Mijndert Pon, fundador de Bodegas Salentein, y el sommelier de la casa real de los Países Bajos.

Cuando comenzaron los preparativos de la boda entre Máxima y Guillermo, en la elección de los vinos Primus contó con cierta ventaja ya que el sommelier real lo conocía. Además tenía un simbolismo especial al representar la unión de los dos pueblos por la inversión de Pon y el desarrollo en Argentina.

Así, aquel 2 de febrero de 2002 se sirvió el Pinot Noir 2000 de Primus, una línea incipiente que en ese momento llevaba solo dos cosechas en el mercado, pero que hoy celebra 20 años.

Las 20 cosechas de Primus

Como lo definen sus hacedores, Primus es un vino que representa lo mejor que puede tener Salentein. Desde un comienzo en 1999 con un Chardonnay y un Pinot Noir, a lo largo de dos décadas ha evolucionado desde los viñedos y en las técnicas enológicas, lo que les ha permitido ir incorporado otros varietales como Merlot 2002, Malbec 2003 y Cabernet Sauvignon 2012.

Así, Primus- que en latín significa primero- muestra una notable transformación en el tiempo que continúa perfeccionando su estilo e identidad de la mano del equipo enológico liderado por José “Pepe” Galante, Chief Winemaker de Salentein, junto a Jorge Cabeza y Gabriela García.

Primus se elabora con uvas provenientes de pequeñas parcelas seleccionadas de los mejores viñedos de Salentein, ubicados a distintas alturas y con diferentes perfiles de suelo en San Pablo, La Consulta y otros.

“A lo largo de estos 20 años, hemos ido aprendiendo y entendiendo aún más cómo es este maravilloso terruño. Somos conscientes de estar enmarcados en una de las zonas privilegiadas que tiene la Argentina y el mundo para producir vinos. La experiencia adquirida nos muestra un horizonte muy atractivo y prometedor”, señaló José “Pepe” Galante.

Con la mirada puesta en el futuro

Lejos de quedarse con el festejo de 20 cosechas en el Valle de Uco, desde Salentein tienen ya la vista puesta en poder completar 20 más en el futuro. Para eso, hoy llevan adelante un plan de plantación de nuevos viñedos en diferentes alturas del Valle de Uco.

Desde la llegada de Mijndert Pon, el desarrollo de viñedos en altura para producir uvas de gran calidad fue la premisa, algo que mantienen sus herederos y el equipo agronómico comandado por Diego Morales, jefe de viñedos, ha entendido a la perfección.

Así, además de diversos estudios de suelos que les han permitido conocer mejor lo que ya tienen plantado hace más de 20 años, ya han comenzado a plantar nuevas variedades en sus fincas, con el objetivo de incorporar 250 hectáreas en tres años. Cabernet Franc, Riesling, Garnacha y otras hasta que hasta ahora no trabajan serán plantadas dentro de la IG San Pablo, todas variedades que en un futuro pueden ser utilizadas para la línea Primus.

Publicado en Guarda 14 del Diario "LOS ANDES" de Mendoza, lunes 12 de abril del 2021.

https://www.losandes.com.ar/guarda14/el-vino-mendocino-que-se-sirvio-en-la-boda-real-de-maxima-zorreguieta-cumple-20-anos/



lunes, 20 de julio de 2020

Bodega mendocina fue reconocida en la segunda edición de "The World´s Best Vineyard".

Bodega mendocina fue reconocida en la segunda edición de "The World´s Best Vineyard".

Se trata de Zuccardi Valle de Uco. El establecimiento local fue distinguido como la "mejor bodega de Sudamérica y del mundo".
En una ceremonia celebrada de manera virtual, a causa de la pandemia, se anunciaron los premios de “The World’s Best Vineyard”, que ponen atención en la calidad del turismo enológico de más de 1.500 bodegas alrededor del mundo. El mayor reconocimiento fue para la bodega mendocina Zuccardi Valle de Uco, que obtuvo la distinción de “Mejor Bodega de Sudamérica y del mundo”.
Los jurados realizaron una elección entre las consideradas mejores 50 bodegas. Además de evaluar los vinos, examinaron la experiencia gastronómica, el recorrido, el ambiente, el personal, la vista, el precio, la reputación, la accesibilidad y todo lo que hace que una visita sea una experiencia gratificante para los visitantes.
Los votantes fueron referentes internacionales del mundo del vino, Sommeliers y corresponsales de viajes de lujo de todo el mundo.
La lista de los ganadores 2020 abarca bodegas de 18 países en los 5 continentes:
- Mejor Bodega de Sudamérica y del Mundo: Zuccardi Valle de Uco (Argentina).
- Mejor Bodega de Europa: Domäne Wachau (Austria).
- Mejor Bodega de Oceanía: Rippon (Nueva Zelanda).
- Mejor Bodega de Asia: Château Mercian Mariko Winery (Japón)
- Mejor Bodega de Norteamérica: Robert Mondavi (Estados Unidos).
- Mejor Bodega de África: Delaire Graff Estate (Sudáfrica).
Sebastián Zuccardi habló sobre el premio recibido en The World’s Best Vineyard: “Lo vivo como un reconocimiento a una familia que cree en el lugar donde vive y cultiva, porque la bodega está inspirada en la Cordillera de los Andes que es la que determina la identidad de nuestros vinos. La bodega busca ser parte del paisaje sin competir con el entorno, por lo que por mucho tiempo será actual ya que está basada en la identidad del lugar. Hay una coherencia muy grande entre la bodega y nuestra forma de hacer los vinos”.