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miércoles, 3 de junio de 2026

En Guardia Mitre el vino no era una bebida: era una forma de organizar la vida.


En Guardia Mitre el vino no era una bebida: era una forma de organizar la vida.

De la molienda a mano a los rituales colectivos: la emotiva reconstrucción de una tradición vitivinícola pionera que dejó una huella imborrable en la memoria popular.

Hubo un tiempo en que Guardia Mitre olía a mosto. No era una imagen poética. Era literal. El perfume dulce de la uva molida salía de las chacras, atravesaba los galpones y se mezclaba con el aire húmedo del río Negro durante las épocas de cosecha. En aquellos años, el vino no ocupaba solamente las mesas familiares: ocupaba el centro de la vida cotidiana del pueblo.

(Fotos: Gentileza)

Mucho antes de que la Patagonia construyera su actual identidad vitivinícola, Guardia Mitre ya tenía familias enteras dedicadas al cultivo de la vid y a la elaboración artesanal de vino. Algunas producían para consumo familiar. Otras llegaron a comercializar miles de litros por temporada. Pero lo que terminó dejando huella no fueron solamente las cantidades producidas, sino la cultura que se construyó alrededor de esa actividad.

Porque en Guardia Mitre el vino nunca fue solamente vino. Fue trabajo. Fue esfuerzo. Fue economía familiar. Fue identidad.

Las viñas crecían cerca del río y también en las islas. El calendario de las familias giraba alrededor de las estaciones y del comportamiento de la parra. El proceso comenzaba en invierno, cuando llegaba el momento de la poda. Se realizaba la llamada “poda corta”, dejando apenas tres o cuatro yemas por guía según la fuerza que tuviera cada planta. Más abajo quedaban pequeños “pistones”, ramas cortadas más cortas que funcionaban como resguardo frente a las heladas tardías.

Reconocimiento vitivinícola a la familia de Desio Guillermo Evans, recibieron sus hijos Luis Ángel y Sonia Margarita.

Después llegaba el atado. Las guías se sujetaban con varas de mimbre verde que previamente se cortaban en la costa del río. Todo tenía un procedimiento propio. Todo requería conocimiento transmitido entre generaciones. “Acá se hacía el feldaño bajo, a un metro veinte o un metro cincuenta. Se trabajaba todo a mano”, recuerda Abel Bilbao, reconstruyendo las historias que escuchó desde chico en su familia.

Los parrales se curaban con azufre en polvo para prevenir enfermedades y, cuando los racimos comenzaban a madurar, se realizaba el deshojado para que el sol entrara de manera pareja sobre la uva. Después llegaba la cosecha. No había una fecha exacta. Dependía del clima, de la humedad y del comportamiento del año. Si el verano era seco y caluroso, podía adelantarse a febrero. Si era más fresco, se extendía hasta mayo. Pero casi siempre ocurría entre marzo y abril.

Rodrigo Petrolanda, en nombre de su familia, recibió el reconocimiento vitivinícola.

La cosecha empezaba recién entrada la mañana, cuando el rocío abandonaba los racimos. La uva se colocaba en cajones y se trasladaba hasta los galpones donde comenzaba uno de los rituales más intensos de toda la producción: la molienda y la fermentación.

Allí el vino volvía a convertirse en un trabajo profundamente colectivo. El mosto se colocaba en grandes recipientes abiertos y varias veces por día debía empujarse hacia abajo con una herramienta de madera en forma de cruz para evitar que el ollejo quedara en la superficie y arruinara la fermentación. Había que levantarse incluso durante las noches frías para mantener la temperatura.

Los viñedos de la familia Herrero.

“Cuando amenazaba helar, había que poner brasas alrededor para que el vino no cortara la fermentación”, recuerda Bilbao. Después llegaba el prensado. Primero se obtenía el vino de mayor calidad: el jugo que salía naturalmente del fermentador. Luego aparecía el vino de prensa, más fuerte y amargo. Y finalmente la “lavineta”, una bebida más liviana elaborada agregando agua hervida al resto del mosto prensado.

Nada se desperdiciaba. Incluso con los restos de la prensa algunos elaboraban grapa artesanal mediante pequeños destiladores caseros. El vino se almacenaba en grandes damajuanas o en barriles de madera que también requerían un trabajo minucioso. Había que quemarlos por dentro, rasparlos, lavarlos con soda cáustica, sellarlos y prepararlos cuidadosamente antes de recibir el nuevo vino.

Los Herrero siguen la tradición del vino artesanal.


En algunas familias se llegaron a producir cifras enormes para la época. La familia Lelli, recuerdan vecinos históricos, llegó a elaborar más de 28 mil litros anuales. En la chacra de los Bilbao, según los relatos familiares, hubo cosechas cercanas a los cinco mil litros. Parte de esa producción se consumía localmente y otra salía del pueblo. Los barcos que llegaban al viejo muelle natural cargaban vino junto a otras producciones regionales. Y en el viaje de regreso traían harina, aceite, yerba y mercadería para las familias de la zona.

Los apellidos vinculados a aquella historia todavía sobreviven en la memoria colectiva: Luca, Resler, Tomasini, Evans, Lenschow, Monina, Lelli, Herrero, Carante, Pereira, Thomé, Pascuale, Falcón y muchas otras familias que hicieron de la vitivinicultura una forma de vida.

Abel Bilbao, de joven, con su hijo Dabel. De fondo un carro con barril de vino Chacolí.

Por eso el reciente homenaje realizado durante la Fiesta Provincial del Jabalí al Asador tuvo una carga emocional tan profunda.

Cuando comenzaron a nombrarse las familias históricas vinculadas al vino, no se estaba reconociendo solamente una actividad económica. Lo que aparecía allí era otra cosa: generaciones enteras de trabajo silencioso, infancia entre parrales, manos manchadas de mosto y memorias que todavía siguen vivas en el pueblo.


Porque aunque gran parte de aquella producción desapareció con el paso del tiempo, Guardia Mitre nunca perdió del todo su relación con el vino. El escudo local todavía conserva racimos de uva como símbolo identitario. Durante años existió la Fiesta Provincial del Vino Chacolí. Y todavía hoy queda una familia sosteniendo esa tradición: la familia Herrero, actual productora vitivinícola de la localidad.

Eloy Lenschow, otro de los productores vitivinícolas.

Pero quizás lo más importante no esté en las viñas que quedan. Sino en la memoria. En esos relatos donde todavía aparecen las damajuanas acomodadas sobre tablones, las noches cuidando la fermentación, los barriles calafateados con grasa y ceniza, los chicos ayudando en la cosecha y los barcos cargando vino desde el viejo muelle del río. Porque hay pueblos donde el vino se toma. Y otros, como Guardia Mitre, donde el vino todavía se recuerda.

La familia Zingoni en plena cosecha allá por los años ’40.


Publicado en Diario Río Negro.

Domingo 31 de mayo del 2026.

https://www.rionegro.com.ar/gastronomia/en-guardia-mitre-el-vino-no-era-una-bebida-era-una-forma-de-organizar-la-vida/

domingo, 28 de mayo de 2023

Aporte a productores vitivinícolas beneficia a rionegrinos.


NOTICIAS.

Aporte a productores vitivinícolas beneficia a rionegrinos.

El Ministerio de Desarrollo Social de la Nación destinará $500 millones para asistir a unos 4.000 productores vitivinícolas familiares de hasta 10 hectáreas que hayan sufrido pérdidas por contingencias climáticas. Así lo informó este viernes la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar). Río Negro está entre las provincias beneficiadas.

El dinero será administrado por la Coviar a través de los Centros de Desarrollo Vitícola (CDV) en alianza con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) a nivel país. El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) será el encargado de controlar la supervisar los viñedos afectados.

Los productores beneficiados deberán trabajar bajo una estructura familiar en Mendoza, San Juan, La Rioja, Salta, Rio Negro y Neuquén; y que hayan sufrido pérdidas por contingencias climáticas y se encuentren en situación de vulnerabilidad social. La ayuda se entregará como Aportes No Reembolsables (ANR) de entre $80 mil y $160 mil, dependiendo del daño sufrido y la cantidad de hectáreas afectadas.

El dinero deberá ser destinado a cubrir el costo de las tareas de poda y fertilización, asegurando su cumplimiento mediante la asistencia técnica y el seguimiento de los técnicos de la Coviar y el INTA, a través de los CDV de las distintas zonas vitivinícolas del país. Para un productor que llegue al monto máximo de $160 mil de beneficio, este aporte le permitirá solventar los gastos de cinco hectáreas de su viñedo, logrando de esta forma recomponer su estructura productiva afectada por las contingencias climáticas sufridas, estimó la entidad público-privada.

Con la presencia de la ministra de Desarrollo Social, Victoria Tolosa Paz, el presidente del INV, Martín Hinojosa, y el presidente de la Coviar, Mario González, se realizó en la Enoteca de Mendoza la firma del convenio de cooperación para la entrega de aportes no reembolsables. «Queremos llegar directamente al pequeño productor y nos proponemos seguir trabajando con Coviar para llevar asistencia y apoyo a todos los viticultores; porque si un productor abandona la actividad, Argentina pierde capacidad productiva», afirmó Tolosa Paz.

Según Tolosa Paz, «el desarrollo social es aquel que potencia la generación de trabajo y que fortalece las capacidades de nuestra comunidad productiva». «Queremos que la vitivinicultura argentina no se detenga porque es fundamental en la generación de riqueza y de divisas, y además fomenta el empleo y el arraigo en muchas provincias del país», completó la ministra.

«Para el sector primario, que ha sufrido mucho este año las duras heladas y el granizo, esta ayuda es un aliciente muy importante», agregó González, quien destacó el rol estratégico que tendrán los CDV. Por su parte, Hinojosa afirmó: «La realidad de la cosecha 2023 nos compromete, hoy más que nunca, a estar cerca y acompañando a todos los productores argentinos. Los productores son el motor del desarrollo económico». Frente a las contingencias climáticas es que muchos productores se vieron fuertemente afectados, colocándolos en condición de vulnerabilidad al restringirse sus ingresos. Por ello, completó Hinojosa, «entendemos la importancia de generar acciones conjuntas para los pequeños productores».

Noticia publicada en ADN RÍO NEGRO.

https://www.adnrionegro.com.ar/2023/05/aporte-a-productores-vitivinicolas-beneficia-a-rionegrinos/

viernes, 3 de febrero de 2023

Murió el fundador de Bodega Colomé y Bodega Amalaya, a los 86 años. Retrato y legado de este pionero de los vinos de altura, en Salta.

Por Joaquín HIDALGO.

Publicado en Vinómanos.

1º de Febrero del 2003.

DONALD HESS, EL VISIONARIO DEL VINO QUE TRAZÓ UN PLAN Y LO CUMPLIÓ.

Murió el fundador de Bodega Colomé y Bodega Amalaya, a los 86 años. Retrato y legado de este pionero de los vinos de altura, en Salta.

En mi primer viaje como periodista me tocó hacer un mano a mano con Donald Hess. Fue en Colomé, donde en 2004 pasaba buena parte de su tiempo e invertía su fortuna en la construcción de un sueño. 

Para mí era como llegar a un raro enclave en el Valle Calchaquí y conversar con un empresario tan megalomaníaco como extraterrestre. Me equivocaba en todo y años después pude decírselo.

A continuación transcribo el texto que publiqué entonces en la Revista del Club del Vino, que me había asignado el trabajo, donde algo de esa ironía que sentí quedó plasmada, al mismo tiempo en que, creo, pesqué una pizca de un espíritu hacedor muy singular que el mundo del vino extrañará.

Hess, millonario, suizo y hacedor de un mundo.

Mr. Donald Hess, sentado en el confortable sillón de la biblioteca de Colomé, ironiza en un inglés suave y con humor impecable, al finalizar la entrevista:

-Ahora puede escribir que soy el malo de la película, como ese otro periodista que publicó solo mentiras sobre Colomé (ver abajo).

Alto y fornido, Hess (68) ha practicado boxeo desde la adolescencia pues el ring, según explica, representa la oportunidad de medirse con otros hombres. Se puede ganar o perder, como en los negocios. Y Colomé, podría decirse, es el duodécimo round, pues siempre está a punto de retirarse. 

Tras él, más allá de la ventana por la que cruza un perfil montañoso, se extienden las 39.000 ha de valles, quebradas, montes, pastizales y más de 100 ha de viñedos (algunas de ellas con cepas prefiloxéricas) que hacen de Colomé su sueño favorito: su bodega de siglo y medio y la hostería cinco estrellas que, juntas, componen la piedra angular de una inversión cuya amortización se mide en décadas. 

Ambas equipadas con lo mejor, la bodega será construida de acuerdo a un diseño semicircular y moderno, si bien las maquinarias de última generación ya están funcionando en el viejo edificio. Con pragmatismo suizo, resume:

-Elegí Salta porque me gustan los desafíos. Podría haber comprado una finca en Mendoza y ser una más de las tantas bodegas que allí producen, e intentar diferenciarme; o bien partir de la diferencia, iniciando una bodega aquí, donde la altura es ya un diferencial enorme, sin contar el paisaje. Nosotros creemos en el potencial de los valles Calchaquíes para realizar los mejores vinos de la Argentina y por eso estamos ensayando con los cultivos más altos del mundo, a 3015 metros, en Payogasta.

Mr. Hess heredó en 1957, al morir su padre, una fábrica de cerveza y dos hoteles en Marruecos, que al cabo de los años vendió y transformó en un imperio económico que integró, en diversas etapas, el negocio del agua mineral (con la reconocida marca Valser Wasser), los jugos de fruta, la industria química, el turismo, la hotelería, los vinos en su doble vertiente de productor y comercializador (es el importador de Norton en USA), y el arte contemporáneo.

Un coleccionista accidental

Cosmopolita, Donald Hess reside seis meses en Berna y seis en Colomé, habiendo vivido durante algunos años en Estados Unidos donde, en 1979, realizó su ingreso al negocio del vino, al adquirir un viñedo en Napa Valley. 

Allí arrendó una vieja bodega y la modificó para albergar la Hess Collection, una galería de arte contemporáneo valuada en 250 millones de dólares. Un hobby, como lo describe, que comenzó con un curioso error:

-Empecé a coleccionar arte alrededor de 1966. Una galerista, que era vecina, fue quien me inició al ver mi casa gótica sin pinturas. Ella me enseñó a ver arte. Finalmente me entusiasmé y adquirí un cuadro que dijo era una cabeza de Vollard.

Cuando un amigo la vio colgada le pareció que era un Picasso, y discutimos sobre el autor, de quien yo recordaba era un francés cuyo nombre empezaba con V. Llamé a la mañana siguiente a la galerista. Dijo que era “una cabeza de Vollard, quien fuera el marchant de Picasso”. Había entendido mal: cuando ella decía la cabeza de Vollard se refería al motivo y no al artista. Sin saber había comprado un Picasso.

Hess es un hombre enérgico que devora los exquisitos platos que prepara el chef salteño Gonzalo Doxandabarat sin perder el protocolo. Organiza personalmente, por ejemplo, dónde debe sentarse cada comensal, intercalando hombres y mujeres. Animador nato, trae a colación un buen número de historias y anécdotas, que lo convierten en un esmerado anfitrión. Como esta, en la que a su vez se define:

-El trabajo, para mí, nunca fue trabajo, sino una fascinación por crear. Digamos que si un hombre de negocios puede ser un artista, yo sería ese hombre. Porque siempre he querido encarar las cosas de una óptica nueva y distinta de mis competidores. Por ejemplo, cuando renuncié a mi fortuna, mis amigos me dijeron que estaba loco; yo les expliqué que quería ser un hombre libre. Luego de dedicarle 45 años de mi vida a los negocios de la familia, probé que podía hacerlo y ahora quiero ver lo que otros pueden hacer. Tienes que dejar que los hijos se vayan; y, de igual modo, que la compañía siga su camino. Para ello hay que contratar a los mejores y confiar en ellos. Yo profesionalicé y abandoné el Grupo a finales de 2001.

Como hombre de negocios, Hess, no obstante haberse retirado, sigue de cerca todo lo que se hace en los emprendimientos del Hess Group, que en la actualidad incluyen dos bodegas más aparte de Napa y Colomé, ubicadas en Sudáfrica y Australia. Supervisa personalmente, por ejemplo, muchas decisiones, de igual manera que no deja que otro conduzca su Mitsubishi Montero mientras viaja.

Universo Colomé.

A cuatro horas por caminos tan sorprendentes como solitarios, ya sea desde Salta o Cafayate, la estancia es un universo autónomo suspendido en las serranías. Autónomo, porque salvo una parte de los insumos para la hostería, todo es producido en Colomé.

Incluso la energía eléctrica, hoy generada por medio de grupos electrógenos, que pronto serán reemplazados por una turbina hidroeléctrica cuya obra, en marcha, es lo último que queda por instalar en la estancia.

El concepto que guía el proyecto es la biodinámica (ver debajo) que en términos generales puede describirse como una agricultura sustentable a imitación de la naturaleza. De ahí que tanto Colomé como los viñedos que también posee en Payogasta, están computados en un equilibrio: desde las hectáreas necesarias para la elaboración de vinos, hasta la cantidad de ovejas para combatir la maleza y abonar el suelo.

Y la biodinámica no olvida el factor hombre, que en Colomé es crítico por sus implicancias. A imitación de los primeros establecimientos del siglo XX en el noroeste, la estancia es también un caserío que alberga unas 35 familias que, en promedio, alcanzan los seis hijos, habiendo casos de hasta 18. Todas ellas tienen al menos un familiar trabajando en Colomé, una política que fue expresamente diseñada para insertar a la estancia en la comunidad.

De modo que como en un pequeño Macondo, conviven en contraste lo real y lo mágico que maravillara a Gabriel García Márquez. A la entrada de la estancia se atraviesan dos edificios construidos para el bienestar de la comunidad: la proveeduría (sin fines de lucro) y la iglesia (para 400 personas), que es el dato curioso; al respecto, Hess cuenta:

-Creo que existe una fuerza común que nos guía, a la que no tengo problemas en llamarle Dios; pero no creo en las religiones, que son representaciones de poder de los hombres. La gente simple, creo, necesita una guía y no soy capaz de llegar a una mejor solución que la religión.

Por eso es que en un país mayoritariamente católico, en una tierra donde vivían 350 personas sin iglesia, debían tener una. Y en mi primer discurso a toda la población de Colomé, les pregunté si querían una iglesia y de pronto todas las manos se levantaron en afirmación. En dos años tendrán la iglesia, prometí.

Cuando terminé el discurso, los directores me dijeron que estaba loco, que no estábamos en el negocio de construcción de iglesias. No, respondí, pero estamos en el negocio de hacernos cargo del cuidado de nuestros trabajadores, en un lugar lejos de todo, donde no puedo conseguir otros.

Y así es, a juzgar por lo que se ve y dicen los pobladores, quienes afirman estar muy contentos desde que llegó Hess.

El hombre biodinámico.

Fabián Boumgratz es el técnico encargado de llevar adelante el diseño biodinámico de Colomé. Formado en Brasil, con 24 años asesora, además, a otros establecimientos en Misiones y Santa Fe. Delgado, acostumbrado al silencio del campo, con pausa reseña el concepto:

-La biodinámica es una disciplina que enfoca al establecimiento como un todo interrelacionado. Así, toma en cuenta las interdependencias que se generan entre el reino vegetal, animal y humano y trabaja con el equilibrio. Un establecimiento agrícola moderno, basado en la elaboración de un solo producto, no respeta los equilibrios naturales, por lo que es indispensable crearlos con agroquímicos que a su vez descompensan otras cosas.

En uno biodinámico, la idea es generar los recursos necesarios para evitar el desequilibrio y calcular la escala del emprendimiento de acuerdo a los recursos con los que contás. Por ejemplo, el número de vacas y ovejas que necesitás para generar el abono necesario y las hectáreas de alfalfa para alimentarlos, mientras que al rotar el cultivo mejorás la tierra; en fin, es un concepto basado en la interrelación.

-¿No se usan agroquímicos?

-Desde ya. En ese sentido es más que una certificación orgánica. Además hay una idea de regulación por otros medios. Las tareas agrícolas dentro de la huerta, de donde sacamos los alimentos para la estancia, están regidas por los ciclos lunares que, de acuerdo a su fase, benefician las labranzas en raíz, hojas o frutos.

Según se vio, en el invernadero conviven frutillas con ajos, de acuerdo a un concepto de alelopatía, es decir, de control de plagas por relación entre plantas; o bien, entre los animales, con los que el veterinario usa la homeopatía para evitar los agentes tóxicos.

La compra de Colomé.

Desde la publicación Ego Wines, dirigida por Miguel Brascó, circuló entre los medios y el público una versión far west de la compra de la Estancia Colomé, que incluía escopetas y cheques en blanco. Donald Hess cuenta aquí la verdadera historia:

-Con mi mujer estábamos convencidos del potencial de Salta para vinos de calidad. En Cachi, en un restaurante, me trajeron un vino que fue para mí un diamante en bruto. Por supuesto era de Colomé. Eso fue en 1997, pero ese año el río había crecido tanto que me fue imposible llegar hasta aquí para conocer la propiedad.

El año siguiente comencé las negociaciones; pero el precio era muy alto. Entonces Dávalos, antiguo propietario, me ofreció una sociedad. Negociamos por 8 meses, con abogados redactando contratos en Buenos Aires.

El día anterior a la firma fui a su casa y me presentó a su mujer y a sus hijos, y todos estaban felices. Pero al día siguiente, 20 minutos, tal vez media hora antes, no estoy exagerando, estaba listo para ir al notario a firmar, cuando me llamó por teléfono y me dijo: “No, Hess, no lo tome como algo personal, pero no puedo hacer el trato”.

Habíamos gastado 35.000 dólares en abogados. Entonces le dije a mi mujer que si no podíamos tener la mejor bodega construída, iríamos a un sitio donde no hubiera nadie más, y allí empezaríamos de cero.

Compré Payogasta y construimos la primera parte de los viñedos y los ensayos a 3015 metros. Dos días después de terminarlo, el abogado de Dávalos me llama y dice que tenía dos semanas para comprar Colomé. ¿No debería preguntarme primero si aún estoy interesado? Porque ahora lo estoy bastante menos que antes; ya he invertido en mi propio viñedo, recuerdo que le dije, por qué debería interesarme ahora.

“Porque Dávalos va a la quiebra”.

Tal vez tenga que esperar tres semanas, sugerí. “No creo que sea buena idea, porque puedo garantizar que durante el proceso de quiebra no le será posible comprar. Hay otros interesados”. Entonces le dije que conocía su posición y él la mía; y que tal vez en dos semanas él no podría pagar sus deudas. De modo que le ofrecí un trato: la compraba a mejor precio y él se cubría las espaldas durante la quiebra. Puse el número y aceptaron.

PUBLICADO EN VINÓMANOS.
Imágenes: Vinómanos.
https://vinomanos.com/2023/02/donald-hess/ecolo

martes, 8 de junio de 2021

120 años de esfuerzo familiar. Adiós al viñedo: vendió su tractor para irse a vivir a Italia. Por la pérdida de rentabilidad.

 Adiós al viñedo: vendió su tractor para irse a vivir a Italia. 

Por la pérdida de rentabilidad, Alejandro Palazzo, de Mendoza, cortó sus viñas y las hizo leña. Ahora se radicará en ese país de Europa.


Alejandro Palazzo cortó los viñedos de su finca e hizo leña para vender. También se desprendió de su tractor para comprarse un pasaje para radicarse en Italia.

“Con mucha tristeza me veo obligado a hacer de mi viña, leña. Ahí van nuestros sueños, esfuerzos y alegrías de cuando podíamos cosechar, sorteando la suerte de la naturaleza, con heladas y granizos y con políticas que acompañaban al pequeño productor y que permitían vivir del suelo con nuestra gente dignamente. No me queda más que hincarme a la par de mis cepas y decirles gracias y perdón”.

Las palabras pertenecen a Alejandro Palazzo, un vitivinicultor de Santa Rosa, en la provincia de Mendoza, en un posteo en redes sociales. Con 58 años, su vida ha pasado por los viñedos. Sin embargo, porque los números “no cierran” decidió cortar las plantas para venderla como leña, dejar la actividad y radicarse en Italia.

“Nunca los pequeños y medianos productores la tuvimos fácil. Pero en 2016 un incendio en una finca vecina me quemó un espaldero de 11 hectáreas de uvas finas de las 21 que tengo y aunque traté de seguir adelante, fue imposible remontarla”, contó a LA NACION.

Según el viñatero, desde hace tiempo que los números no cierran “por más empeño que uno le ponga”.

“No soy el único que está en estas condiciones porque tras 12 meses, en donde uno arriesga entre heladas y granizos y, luego de la cosecha, debemos esperar un año para poder cobrar pesos. No todos aguantan, con la inflación que hay sumado a los insumos dolarizados, todo se torna cuesta arriba.”, explicó.

“En mi caso particular, las plantas a las que les había agarrado el fuego ya no servían y había que poner nuevas y no tenía manera de hacerlo porque un Estado ausente lo único que me dio como ayuda fueron 10 bolsas de abono orgánico”, agregó.

“Somos muchos los que la venimos luchando desde hace tiempo, donde siempre le pusimos el corazón. Me da pena y angustia tener que desarmar la viña pero estoy agotado”, sentenció.

Fue así que con pocas hectáreas activas, decidió vender la madera que cortó de sus viñedos improductivos, levantó el alambre que también vendió y, por último, liquidó su tractor para comprarse un pasaje a Italia, la tierra de sus ancestros, donde espera rehacer su vida.

Según relató, sus abuelos Pietro y Severina llegaron a Mendoza desde Piamonte en el año 1903, escapando de la hambruna europea y se pusieron a trabajar en el campo. Poco a poco, fueron entrando en la actividad y llegaron a tener una bodega pequeña que luego la continuó su padre.

“Soy descendiente de inmigrantes, mis abuelos se instalaron en la provincia con el sueño de trabajar y progresar. Yo traté de seguir adelante con el proyecto familiar pero me vi doblegado y no puedo continuar. Me cuesta dejarlo porque representa todo mi vida, pero estoy resignado”, describió.

Por último, contó que ya ha hecho contacto con su prima Bruna, a la que no conoce, para instalarse en Alfiano Natta, un pueblo piamontés de 800 habitantes de donde son sus familiares. Ya tiene pasaje para el próximo 15 de septiembre y espera que Italia le abra los brazos como la Argentina se los brindó a sus ancestros hace casi un siglo.

“Es la primera vez que voy a salir del país. La finca no la vendí, se la dejo a la familia que ha trabajado conmigo para que vivan allí y, a la vez, exploten las dos únicas hectáreas productivas que quedaron”, finalizó.

Publicado en Diario "La Nación", 7 de junio del 2021.

https://www.lanacion.com.ar/economia/campo/regionales/adios-al-vinedo-vendio-su-tractor-para-irse-a-vivir-a-italia-nid07062021/

Todo concluye al fin, nada puede escapar
Todo tiene un final, todo termina
Tengo que comprender, no es eterna la vida
De "Presente" de Vox Dei.

Pregunta: ¿Qué será de la Argentina nuestra en unos años?

jueves, 16 de abril de 2020

La industria del vino pide medidas que les permita subsistir.


La industria del vino pide medidas que les permita subsistir.

Bodegueros reclaman la apertura de vinotecas, el levantamiento de las prohibiciones de venta de vino en municipios y provincias y la eliminación de las retenciones a la exportación de vino embotellado, entre otras medidas.

La industria del vino nacional, con notables exponentes en la región, pidió al gobierno nacional que -al menos- se mantenga la actividad “en un mínimo nivel de subsistencia”, frente a la crisis agravada por el coronavirus.
Más de 250 bodegas de todo el país, reclamaron a Nación un paquete de medidas “que garantice el no cierre de las empresas y la continuidad de los miles de puestos de trabajo que dependen de ellas”.
Concretamente solicitaron que exceptúe de la cuarentena a las vinotecas de todo el país. “Las aproximadamente 5.000 vinotecas que existen son todas pymes y son un canal de suma importancia para las propias bodegas pyme, que no tienen la posibilidad de llegar a grandes cadenas de hipermercados, supermercados y otros distribuidores”.
Es que “al estar también cerrados los hoteles, restaurantes y bares, las mismas bodegas pyme no tienen hoy canal alguno para comercializar sus vinos en el país”.
 “Es imprescindible -subrayan- que se tome esta medida a la brevedad, siempre exigiendo que los locales tengan un protocolo sanitario para cuidar la salud de los trabajadores y de los clientes, como así lo hacen ya miles de comercios minoristas que continúan atendiendo al público”.
Una de las decisiones que afectaron a las bodegas fue la prohibición de venta de vino en provincias y municipios. Piden que se anulen esas medidas. "En cerca de 50 ciudades de 8 provincias se prohibió la venta de bebidas alcohólicas bajo el pretexto de que las mismas incitan a la sociabilización en tiempos de aislamiento. Solicitamos -dicen los bodegeros-  que los municipios, a pedido del Gobierno Nacional, revisen esta decisión y reconozcan la legislación vigente a nivel nacional, que de ninguna manera ha limitado la comercialización del vino”.
Aclaran “que nunca ha estado el vino vinculado al abuso del alcohol, concentrándose desde siempre su consumo en el ámbito doméstico, como parte integrante de nuestra hábitos culturales de alimentación”.
Previendo que las exportaciones de vino embotellado caerán debido a la crisis económica global a enfrentar en el corto plazo, y considerando que también caerá el consumo de vino en el país, piden al gobierno nacional “la eliminación de las retenciones a los productos vitivinícolas que tengan valor agregado. El costo fiscal estimado de eliminar las retenciones al vino embotellado es de 2000 millones de pesos. Este ahorro potencial para las bodegas podría claramente ayudar a sostener el negocio, los empleos y la cadena de pagos en este difícil contexto”.
Asimismo reclaman al Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación “que revea el congelamiento de precios luego del 20 de abril próximo, fecha en la que vence el congelamiento resuelto por la resolución 100/2020, dando libertad a las bodegas para fijar precios libremente a los vinos embotellados”. Proponen que queden congelados los precios de los vinos de mesa, “que hacen al 45% del total del vino comercializado en la Argentina, que son los mayoritariamente consumidos por la clase baja y media baja”.
Finalmente, esperan que el Gobierno Nacional “decrete la suspensión de la obligatoriedad de la contribución que pagan las bodegas a la Corporación Vitivinícola Argentina”. Por añadidura hubo un aumento del 30% de la contribución obligatoria aprobado por el directorio de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR). Al respecto opinan: “No tiene sentido un impuesto con asignación específica si el mismo destino no se cumple y está en riesgo la misma subsistencia de centenares de bodegas pyme”.
Publicado en Diario "Río Negro", 16/04/2020.

martes, 3 de marzo de 2020

Las Grutas estrena cava submarina, de la mano de bodegas Tapiz y Cota Cero Buceo.

Las Grutas estrena cava submarina, de la mano de bodegas Tapiz y Cota Cero Buceo.

Las primeras botellas se descorcharán el 24 de marzo, en la Fiesta del Golfo. Increíble. Otro atractivo suma el balneario rionegrino.

Cuenta la leyenda que, en el corazón de algunos barcos hundidos, se encontraron botellas. Cubiertas de la vida que crece bajo el agua, pero con su contenido intacto. Eso impactó a los que se animaron a abrirlas. Porque, al beber, su paladar no se crispó con la acidez esperada. Contra todos los pronósticos, el vino mostró su mejor versión. Y, desde entonces, algunos dicen que el fondo del océano es la mejor de las bodegas.
“No sé si esos cuentos serán ciertos pero hay experiencias en el mundo que lo confirman. En Croacia existen este tipo de bodegas submarinas y en España también, tanto en Tenerife como en el Mediterráneo. Nosotros no quisimos ser menos. Y ahora, en Las Grutas, iniciamos una. Y el 24 de marzo, para la Fiesta Nacional del Golfo, descorcharemos las primeras botellas del Malbec que desde el último septiembre se están añejando en el fondo del mar del Golfo San Matías”, contó Fabián Valenzuela a Yo Como.
Fabián es enólogo de las bodegas Tapiz, que tienen su sede en Mendoza, pero, desde hace unos años, también establecieron dos bodegas en Viedma. Las uvas con las que fabrican su producción rionegrina nacen y crecen en las 60 hectáreas de viñedos que tienen en San Javier. Justamente, los vinos que se degustarán tras la inmersión   fueron creados con el producto de su quinta cosecha en la región.
“Son cosecha 2018. Por eso, si esos vinos hubieran estado en una bodega en tierra, recién a fines de este año o en 2021 estarían listos para beber. Pero en el fondo del mar el añejamiento se acelera. Dicen que tres años de estacionamiento en tierra equivalen a uno en el océano. Por eso, tendremos el placer de descorcharlos tras seis meses de espera en nuestra bodega submarina”, se entusiasmó el experto.
Sin embargo, más allá de acelerar  los procesos, el mar tiene otras ventajas. “La presión, la luminosidad que existe en el lecho marino, el movimiento permanente…todo eso hace que los vinos muestren su mayor potencial. Que sus aromas sean más intensos, y su sabor más delicado”, detalló Fabián.
Pero… ¿cómo llegaron esas botellas al mar de Las Grutas? La bodega realizó una alianza estratégica con la empresa de buceo Cota Cero, y, en conjunto, diseñaron la forma de llevarlas.
“Para transportarlas y que quedaran estacionadas en el fondo se construyeron unos canastos de acero inoxidable. Además, los envases de estos vinos fueron especialmente diseñados. No tienen etiqueta papel, están pirograbadas (grabadas en el vidrio) y sus corchos, naturales y de alcornoque, están lacrados y sellados con una silicona especial. Todo eso garantiza que no haya afectación al medio ambiente marino. Porque toda la iniciativa contó con el respaldo de un estudio de impacto ambiental”, explicó Claudio Barbieri, de Cota Cero.
La magia de la propuesta, sin embargo, no está sólo en el sabor. Es que el mar convierte las botellas en piezas de arte. Y cada una de ellas tendrá diseños únicos, nacidos del contacto con esa naturaleza.
“Ocurre que- describió Claudio- lo que permanece en el mar comienza a llenarse de vida, se coloniza. Y las algas, los microorganismos, todo lo que late en el fondo recreará la imagen de esas botellas. Que serán otras, llenas de encanto submarino, al llegar a tierra”.
Por el momento, se añejan 300 unidades. Todas de malbec, bajo la marca “Wapisa” (significa ballena en idioma yamana, que era el que manejaban los aborígenes de Tierra del Fuego). De hecho, la etiqueta tiene el dibujo de una cola emergiendo del agua, como las de los cetáceos que, de julio a septiembre, suelen visitar el Golfo para reproducirse.
“Ahora, lo único que falta es contar los días para que se inicie el tan ansiado descorche”, resumió el enólogo. “Todos queremos probar y brindar con esos vinos. Por eso convocamos a la gente a sumarse a nuestra propuesta”, invitó.
Publicado en Diario "Río Negro", 27 de febrero de 2020.

viernes, 28 de febrero de 2020

Viñateros de Mendoza salen a defender el precio de la uva.


Viñateros de Mendoza salen a defender el precio de la uva.

Desde la Asociación de Viñateros de Mendoza exhibieron públicamente los valores de referencia a los productores.

La entidad, presidida por Eduardo Córdoba, salió el cruce de lo que ellos sostienen es un intento de desestabilización de la actividad vitivinícola en detrimento de los productores. "Vemos con profundo desagrado las operaciones mediáticas que se realizan con el objetivo de tirar abajo el precio de la uva y el vino. Es de público conocimiento que el momento marca un incipiente crecimiento en el consumo de vinos, un aumento notable de las exportaciones, además de observarse una cosecha entre el 20 y 25 por ciento menor", aseguró Córdoba.
Según expresó, "no van a ceder a las presiones mediáticas de nadie que pretenda expoliar al productor sin ningún tipo de relación con lo que sucede en el mercado. Evitaremos que ahoguen el bolsillo del productor e intenten poner en duda el accionar de COVIAR, atribuyéndose la representatividad de todas las bodegas, cuando no la tienen. Así lo han manifestado muchas de las bodegas asociadas".
La Asociación de Viñateros de Mendoza tiene, según fuentes consultadas, la certeza de que COVIAR no solo ofrece un ámbito de diálogo, sino que también permite, junto al gobierno, gestionar soluciones a los productores como créditos de cosecha y acarreo, eliminación de impuestos y asesoramiento técnico, entre otras muchas demandas más.
Esta semana salieron al tapete de los medios y la movilización social porque creen que la sociedad mendocina toda debe saber que se ha puesto en juego el modelo vitivinícola. Según AVM, no dejarán que ajenos a la realidad de miles de familias vitivinícolas mendocinas deseen llevarse el poder de decisión a Buenos Aires y concentrarlo ahí, para aplastar a quienes levantan las cosechas y hacen los vinos que ellos revenden. Aseguran que la Asociación estará y defenderá la cultura del trabajo.
"Nuestra obligación es decirles a los productores que no cedan a las presiones, que hagan valer el precio de su uva. Sabemos que las condiciones internas y externas son mejores que años anteriores y no vamos a pauperizar a quienes trabajan año a año y soportan inclemencias climáticas para ver reflejado su sueño propio y el de sus familias. Hoy estamos trabajando a pérdida, por eso creemos oportuno defender nuestros precios", finalizó Eduardo Córdoba, actual referente de los productores mendocinos.
Valores de referencia (precios por kilogramo)
Bonarda: de 10 a 11 pesos
Mezcla para mostos: de 8 a 9 pesos
Malbec: de 18 a 22 pesos según la zona
Tempranillo: de 10 a 11 pesos
Syrah: de 12 a 13 pesos
Pedro Giménez: de 9 a 10 pesos
Chardonnay: de 13 a 14 pesos.

Publicado en Diario "Los Andes" de Mendoza, sábado 22 de febrero de 2020.