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miércoles, 12 de febrero de 2025

10 CRIOLLAS PARA DESCUBRIR (¡Y POR QUÉ VALE LA PENA PROBARLAS!).

 


10 CRIOLLAS PARA DESCUBRIR (¡Y POR QUÉ VALE LA PENA PROBARLAS!).

Echamos luz sobre la confusión general que reina en torno de estas variedades oscuras y solo desde hace poco legalmente tintas, y te damos data para que las elijas con toda la info.

Joaquin Hidalgo.

De qué color es el tinto, podría haber preguntado algún Carlitos Balá del mundo del vino en relación la Criolla Chica, una variedad de granos oscuros como la noche, pero que no podía etiquetarse como tinto hasta hace poco. 

Por medio de una resolución de agosto pasado, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) concedió el color a esta variedad que, hasta entonces, sólo podía despacharse como rosada.

Detrás de este apartheid en torno al color de la piel de una uva, yacía una confusión técnica interesante para desarrollar. Y ahora que la Criolla Chica y las Criollas en general están en ascenso de cara al consumo, conviene dar el largo rodeo para llegar a la clave del color. 

Empecemos por la confusión general entre las criollas.

Desambiguando la Criolla Chica.

En Sudamérica está ampliamente difundida una variedad de uva oriunda de Canarias conocida en Europa con el nombre de Listán Prieto. Llegó de la mano de los primeros colonos españoles al continente, quienes la plantaron a cada paso que daban. 

Fue ampliamente cultivada en el pasado en los valles andinos del norte, pero también en el sur de Chile, particularmente entre Itata y el Maule.

Tan abundante fue su plantación que, incluso hoy, al otro lado de la cordillera hay 10.000 hectáreas de País, como la llaman allá, con cierto sentido poético: tan difundida está, que se confunden el paisaje, la nación y la uva. 

En el norte de Argentina, sin embargo, y en menor medida en Mendoza, el Listán adoptó un nombre de sentido parecido: Criolla Chica. Criolla porque fue descrita aquí, aunque es de Canarias. Chica, en comparación con otras Criollas, fundando esa diferencia en el tamaño de la baya (como es costumbre en el mundo del vino, dicho sea de paso).

Esa distinción de tamaño admite la existencia de otras criollas. Y en efecto, una de las gracias de Listán Prieto (aka Criolla Chica, País o Mission, en Estados Unidos) es que fue plantada junto a una blanca muy extendida en el mundo, la Moscatel de Alejandría. 

Entre ellas se han polinizado a lo largo de 500 años y dado origen a muchas variedades que fueron reproducidas por semillas y luego seleccionadas y replantadas por estaca. 

En rigor, estas últimas son las Criollas verdaderas, puesto que no existen en Europa –como sí sus progenitores–, sino que fueron desarrolladas en América. Criollas en el mismo sentido que se aplica a las personas nativas de un lugar.

Entre esas Criollas, como Torrontés Riojano, Pedro Giménez, Cereza y Criolla Grande, por mencionar algunas ampliamente difundidas, dos, la Criolla Grande y la Cereza, son rosadas. Ahí nace la confusión del color.

Criolla Rosada y Criolla Tinta.

Las dos se llaman Criolla. De la Criolla Grande, la rosada, existen unas 14.000 hectáreas en Argentina. De la Criolla Chica, la tinta, sólo 300. De forma que las autoridades proscribieron el uso de variedad tinta basados en el volumen de la otra, no sin cierta lógica. Por eso fue que hasta agosto de 2024 no se podía usar la Criolla Chica como uva tinta. Y eso era un problema.

Fundamentalmente porque los vinos de Criolla Chica –así deben ser etiquetados desde ahora para poder ser usados como tintos– ofrecen un claro color granate. Y muchos productores se veían en la imposibilidad de nombrar a sus vinos de Criolla (Chica) como tintos o, en caso afirmativo, no podían etiquetarlos como Criolla (Chica).

De modo que ahora veremos una explosión de Criollas Chicas tintas en el mercado. No es que haya tantas, pero sí están en pleno desarrollo, por dos motivos centrales. Uno, en los climas de altura y de desierto, da un tinto sin peso pero con estructura tánica, siendo el raro y el delicioso entre los tintos del NOA. 

El otro motivo es que el tipo de fruta que ofrece va desde una guinda clara a una cereza, a la que suma notas de tierra húmeda. Ambos elementos definen un paladar bien atractivo en un panorama dominado por sabores potentes, de riqueza y con frutas negras, sobremaduras, y notas de chutney.

En paralelo, en el mercado también están en ascenso los rosados ligeros elaborados a partir de la Criolla Grande y Cereza. Menos aromáticos que vibrantes en boca, el perfil de estas criollas define un paladar de sed con algunas notas herbales y otras de membrillo y guinda (al menos en mi experiencia), y en los que la nota de tierra mojada es más marcada.

10 Criollas para descubrir.

Entre las Criollas Chicas, destacan largamente Cadus 2023, Sunal Ilógico 2022, El Esteco Old Vines 1958 2023, Valle Arriba La Criollita 2021, Cara Sur 2022 y Kung Fu 2024. 

Entre las Criollas Grandes que ofrecen buen sabor, las más interesantes son Lagarde Criollas 2024, Vía Revolucionaria Criolla Grande 2022, Criolla Argentina Grande 2023 y Cara Sucia 2023.




Joaquin Hidalgo.

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

Publicado en VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2025/01/10-criollas-para-descubrir/

https://vinomanos.com/

*** Imágenes: VINÓMANOS.

jueves, 13 de junio de 2024

Mano a Mano con Agustín Lanús, viticultor del Noroeste Argentino: “No tengo dudas que el Valle Calchaquí es la futura Borgoña”.

Mano a Mano con Agustín Lanús, viticultor del Noroeste Argentino: “No tengo dudas que el Valle Calchaquí es la futura Borgoña”.

Agustín es el creador del Sunal Exploración Criolla Chica Blanca; un vino de extrema altura hecho con un nuevo e increíble varietal. En esta nota, nos cuenta cómo fue el proceso y su recorrido.

Agustín Lanús, viticultor norteño, nos cuenta cómo fue el proceso y producción de este increíble descubrimiento argentino: Sunal Exploración Criolla Chica Blanca. Un vino de extrema altura con 2700 m.s.n.m, ¿Qué es este nuevo e increíble varietal?

-Hace muchos años que elegiste apostar en los Valles Calchaquíes ¿Cómo describirías el carácter que tienen los vinos de extrema altura?

“Justamente con esa palabra, carácter.. Lo que más me apasionó del Valle Calchaquí es que, ya por el 2003 cuando empece a estudiar Sommelierier en Buenos Aires, los podía distinguir. Ya podía percibir que eran vinos con otro perfil aromático que los típicos malbec mendocinos por ejemplo.

Y ya cuando empecé a hacer vino acá en 2013 me tome 4 años para elaborar muchos microterruños en Salta, Tucumán y Catamarca, y ahí si ya me quede impactado con la diversidad que hay.

Los malbec de extrema altura, esos de distintos viñeditos a mas de 2200 msnm tiene general una particularidad , yo digo que la uva se ‘apuna’ y cambia el perfil aromático incluso con los malbec de Cafayate y otras zonas del valle; yendo hacia aromas más herbales como el enebro, el molle, la jarilla y los mentoles. Son uvas de clima de montaña, expuestas a condiciones extremas, con mas rayos ultravioletas y mas síntesis de antocianos y polifenoles, algunos de suelos fríos y arcillosos, mas golosos, y otros de suelos graniticos o de laja muy fluidos con una frescura, acidez natural y elegancia impactante”.Agustín Lanús es el creador del Sunal Exploración Criolla Chica Blanca; un vino de extrema altura hecho con un nuevo e increíble varietal. En esta nota, nos cuenta cómo fue el proceso y su recorrido.

-¿Cuáles fueron los mayores desafíos que enfrentaste al crear este nuevo vino Sunal Exploración Criolla Blanca?

“El proyecto de Sunal Exploración, y particularmente la Criolla Blanca, fue uno de los desafíos más lindos que he tenido como viticultor. Fueron muchos años recorriendo familias que en todos sus jardines tienen estas plantas patrimoniales, con interpretaciones y conducciones diversas de acuerdo a la familia. Yo le llamo viticultura ancestral.

Desde que vi estas plantas por primera vez sentí un llamado grande a ponerlas en valor. Desde la primera vez que lo elabore en 2014 encontré en su rusticidad, unos taninos finos y una complejidad que no dude nunca que podríamos llegar a hacer grandísimos vinos a nivel mundial. Y así arranco esta linda aventura.

Puntualmente a la Criolla Blanca la descubrí hace muchos años en los viñeditos de la familia López en el paraje Cuchi Pampa, valle de Luracatao, plantas de 1906. Vi que eran muy distintas a la torrontés , con mucha pruina y racimos laxos grandes, peciolo bien verde y grueso; como la criolla chica pero blanca”.

-¿Cómo crees que este vino refleja el terroir del Valle de Calchaquí?

“Es una uva blanca nuestra, autóctona, hace unos 3 años lleve al INTAN para que saquen material genético y se estudie. Tiene un perfil aromático muy exotico y salvaje. Va más hacia los aromas tiolados como el Sauvignon Blanc, herbáceos, hoja de coca, piracinas. Yo lo quise elaborar al metodo ancestral: desborres gruesos, sin filtrar y con leves burbujas naturales.

"Para mí, estas uvas van a hacer historia en la viticultura argentina, son nuestras y son parte de una identidad que hay que revalorizar”, dijo Agustín Lanús.

" -¿Qué maridajes recomendarías para realzar la experiencia de degustación de este vino?

“Es un vino que me gusta de entrada, ese primer vino que te hace bajar un cambio y predisponer los sentidos, como para arrancar la comida. En Bad Brothers, lo maridamos con tabla de queso de cabra calchaquí, provoleta y con las empanadas fritas de queso y quinoa.

Aunque siempre el mejor maridaje es un lindo brindis...”

-¿Tenes alguna anécdota interesante o experiencia memorable relacionada con la elaboración de tus vinos?

“Una anécdota linda de este año fue cuando estábamos moliendo la Criolla Chica de Cachi con la bodega móvil. Estábamos con mi mujer y mis 5 hijos todos chiquitos arriba del tráiler llenando el tanque de uva hasta que de repente sentimos un estruendo. Se había caído el gato que lo sostenía, ¡Un sustazo!! Los chicos se siguen acordando, por suerte como anécdota divertida”.

-¿Cuál es tu visión para el futuro de los vinos del Valle de Calchaquí y en Argentina en general?

“Siempre digo que para mi el Valle Calchaquí va a hacer la futura Borgoña o Barolo de la Argentina. Todavía estamos en el inicio de lo que vendrá a futuro, con muchas zonas por explorar y actores por venir. En los últimos 10 años, ha habido un gran cambio en los vinos del valle, y los hacedores de vinos del momento tenemos la responsabilidad de mostrar la diversidad y tipicidad que pueden mostrar nuestros vinos, siendo coherentes y fieles a la características del valle.

En Argentina, creo que estamos en el mejor momento de la historia vitivinícola, en cuanto a la diversidad de proyectos, variedades, terruños y sobretodo calidad de los vinos; y siento que el mundo cada vez mas lo esta viendo, reconociendo y valorando; Aunque todavía falta mucho”.

Sunal Exploración Criolla Chica Blanca, el vino que está dejando huella en el Noroeste Argentino.

Publicado en GUARDA 14 del Diario LOS ANDES de Mendoza, 13 de junio de 2024.

Imágenes: Guarda 14.

https://guarda14.losandes.com.ar/aprendiendo/mano-a-mano-con-agustin-lanus-viticultor-del-noroeste-argentino-no-tengo-dudas-que-el-valle-calchaqui-es-la-futura-borgona/

miércoles, 29 de enero de 2020

Con riego por goteo una bodega en Catamarca transformó el desierto.

Hace una década las 360 hectáreas eran desierto. En 2015 comenzaron a producir vino y aceite de oliva y hoy Altos de Tinogasta -en la región del mismo nombre en Catamarca - fabrica 300.000 litros de vino (15% se exportan a China y Europa ) y 200.000 litros de aceite que venden al mercado interno y a España.
La tecnología de riego por goteo fue crucial para transformar el lugar y la incorporación de paneles fotovoltaicos permitió una fuerte reducción de los costos de energía. En total la inversión del fideicomiso propietario de la finca Altos de Tinogasta fue de US$10 millones.
Juan Ruedín explica a LA NACION que las tierras al pie de la cordillera de los Andes eran una "zona desértica abandonada que pudo transformarse con tecnología israelí de riego por goteo y buenas prácticas". Cuentan con tres pozos de 130 metros de profundidad y una capacidad de 300 metros cúbicos para regar -sin pérdida de agua- tantos los viñedos como los olivares.
Del total de hectáreas a 1400 metros de altura, 250 son de olivos y el resto, uvas. Las cepas que cultivan son malbec, syrah, tempranillo y cabernet savignon; en blancos, chardoney y torrontés. La gran amplitud térmica y la alta insolación son características determinantes para asegurar el rinde y la calidad de los vinos.
El año pasado la empresa inauguró su parque de energía solar que produce 1MW/hora y les permite abastecer el 70% de su consumo. "El costo de la energía implicaba el 42% del total y era insostenible, por eso se decidió invertir en paneles solares. Entendíamos que la amortización sería en cinco años; ahora no estamos tan seguros", apunta Ruedín.
Agrega que el objetivo, además del ahorro, fue minimizar lo más posible la huella de carbono que pueda dejar la actividad productiva. La finca está en proceso de certificar producción orgánica en los olivares que requiere de cinco años sin aportes de fertilizantes inorgánicos. "Nosotros utilizamos los subproductos de la vid y del olivar, pero todavía no alcanza", reconoce Ruedín.
Una particularidad del emprendimiento es que tiene, además del costado agroindustrial, uno vinculado con el real state: permite a inversores adquirir una parcela de vid o de olivos, ya implantada, que se escritura a su nombre, con su respectiva bodega y planta elaboradora de aceite. La rentabilidad anual fruto de la comercialización de los productos, se distribuye en forma proporcional entre todos los propietarios que aportan su cosecha, sin importar el rinde particular de cada parcela, sino la producción total de la finca.
"Este esquema nos permite ser una empresa sustentable, no endeudada -describe Ruedín-. Garantizamos un rinde anual mínimo de seis por ciento en dólares pudiendo llegar al 10% con la madurez total de las plantas. Hoy el olivar produce 6000 kilos de aceitunas por hectárea y en la madurez lo duplicará". La finca emplea a 30 personas de manera directa.

El mercado.

Comerciantes chinos que buscaban en la Argentina vinos para importar fue la oportunidad para que la marca ingresara a ese mercado que hoy representa el 70% de sus exportaciones. "Les gustó el ambiente, la modalidad de producción, el paisaje. No dudaron de la calidad de los productos que podían hacerse", dice el empresario.
El 85% de las ventas al exterior son malbec. En Europa, el Reino Unido es el principal destino de los envíos. Llegaron a través de una cadena de restaurantes argentinos asociados al polo. Todas las operaciones son con vinos fraccionados con la marca Altos de Tinogasta.
En el caso del aceite de oliva -extra virgen con una acidez menor a 0,3%- producen tanto para otras marcas como con la propia. "Producimos premium para la principal empresa argentina y vendemos a Brasil y a España -agrega Ruedín-. Es de muy buena calidad, a punto tal que los españoles le ponen su marca y lo venden al doble ya que tienen contratos muy superiores a los que pueden atender con su propia producción. Los costos logísticos complican la exportación en botella".
Por: Gabriela Origlia. Publicado en Diario "La Nación", 20 de enero del 2020.