Mostrando entradas con la etiqueta Bodegas Argentinas.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bodegas Argentinas.. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de julio de 2025

Crónica del vino y la vid desde Villa Regina.



Crónica del vino y la vid desde Villa Regina.

/ Sabías que / Por Andrea Albertano.

https://juandeliciasmagazine.com/

Hay lugares donde el tiempo tiene otros modos. Donde el trabajo no se mide en clics ni relojes, sino en maduración, aromas y espera. En Villa Regina, Alto Valle de Río Negro, Patagonia Argentina, cuando termina el verano, el trabajo se divide en dos, por un lado la chacra y otro en la bodega. Así lo cuenta Gustavo Favretto, tercera generación de viticultores, para JuAn Delicias Magazine.

Todo empieza cuando se termina la cosecha. Entre descubes, trasiegos, borras y bentonita la bodega se vuelve un campo minado. Entre mangueras que cuelgan y el rítmico sonido de las bombas a pistón, Gustavo Favretto, sube y baja las escaleras de la bodega con alma de maratonista.  “Ahora en junio 10 grados bajo cero, en marzo 40 grados de calor , hacer vino es mucho más que cosechar la uva, creo que cualquiera puede hacer vino, pero no todos¨, sentencia.

En el Alto Valle de Río Negro, las condiciones son singulares. Suelos aluvionales, drenaje perfecto, agua de río que nace del deshielo, brisas constantes. El sol madura sin quemar. El frío nocturno afina la acidez. A veces, el clima se impone con caprichos inesperados: en 2024, después de cuatro años, volvió a nevar en plena cosecha. “Se volvió a entalcar el Alto Valle”, escribió Gustavo en su cuenta de Instagram, como si el cielo hubiese decidido espolvorear la memoria con una capa de asombro blanco.

Entre fines de mayo y primeros días de junio, la viña ya está en reposo, la savia espera mansamente, las esqueléticas plantas parecen arrasadas por un vendaval. Comienza la poda manual y los tractores cincelan y rastrean los suelos duros para volverlos suaves y amables, así las futuras raíces tendrán el camino allanado.

 “El momento de poda es clave, un tijerazo mal dado es un futuro brote sin uva”, explica Gustavo.

En bodega, probar y decidir.

“Cada vino necesita su tratamiento. No es lo mismo un Pinot que un Malbec. No es lo mismo un vino que saldrá joven al mercado que uno que irá a barricas”, expresa mientras muestra los tanques de acero y las barricas de roble francés.

 “Es un juego de equilibrios. Como escribir un texto que tiene que decir mucho sin decirlo todo”, compara Gustavo, que alguna vez fue periodista y que aún escribe las contraetiquetas de sus vinos con la pluma del que supo contar historias en papel.

Algunos vinos, los más jóvenes, se embotellan en damajuanas a los pocos meses. Otros los de botellas reposan en barrica. Ahí, en la bodega, ocurre otra transformación. El roble aporta aromas, suaviza taninos, redondea lo que la fruta ya trajo del viñedo.

En ese silencio apenas roto por el eco de las pisadas, se afina el carácter del vino. A veces, se ensambla con otro varietal. A veces, se deja ser. Cada año es distinto. Cada vendimia es una nueva oportunidad de aprender, de corregir, de arriesgar.

Cuando por fin se decide que un vino está listo, se embotella. Con cuidado casi ceremonial. Se encorcha y se guarda. “Ahí comienza otra mística, la botella acostada en estiba luego de meses y a oscuras, encierra un misterio envuelto en un enigma ”, dice Gustavo.

En 2022 inauguró la sala de degustación, el turista puede probar esas botellas junto a una picada. Recorrer la bodega, ver las maquinarias antiguas, los documentos del abuelo Ferruccio, las fotos en sepia y sentarse en un cómodo living y leer un libro en una heterogénea y curiosa biblioteca.

Un legado que continúa.

Hoy, mientras muchas bodegas del país crecen en volumen, Favretto crece en historia. Manteniendo  la calidad, mejorando el proceso, contando con honestidad lo que la tierra da.

“Acá no hay milagros, hay trabajo. Y hay memoria. Mi abuelo llegó cuando esto era un médano. No había nada. Ni luz eléctrica. Ni agua corriente. Solo el deseo de plantar. Lo que yo hago es mantener el legado y tratar de mejorar cada año”, revela Gustavo.

Las tareas del vitivinicultor son incesantes: en unos meses más se vendrán las infaltables heladas primaverales. Ahí se pone en juego la cosecha 2026, vendrán las noches largas donde la temperatura bajará a menos de cero grados y los tiernos brotes de la vid tratarán de sobrevivir a la inclemencia. Pero no sobrevivirán por si solos, Gustavo y sus empleados se desvelarán toda la noche, pondrán  las bombas de agua con sus aspersores o el clásico riego por manto para tratar de darle humedad al suelo y generar una atmósfera donde se pueda defender la producción. Si son heladas cortas habrá uva en 2026, si la helada es muy larga habrá que soñar que el 2027 sea mejor.

Y así, cada día en Villa Regina es trabajo continuo. Es volver a empezar. Es agradecer. Es cerrar un ciclo y abrir otro. Con las manos manchadas de jugo, el vino latiendo en barrica, y la certeza de que hacer vino en Patagonia, hoy, también es un acto de amor.

Publicado en JuAn Delicias Magazine.

https://juandeliciasmagazine.com/

https://juandeliciasmagazine.com/cronica-del-vino-y-la-vid-desde-villa-regina/

martes, 24 de junio de 2025

Marcelo Miras. El enólogo que hoy exporta sus propios vinos a los mercados más exigentes del mundo.

El enólogo que hoy exporta sus propios vinos a los mercados más exigentes del mundo.

Marcelo Miras llegó al Valle en 1990 para ser el enólogo de Bodega Humberto Canale y luego de varios años se marchó a San Patricio del Chañar, que nacía como polo vitivinícola neuquino. Hoy tiene su propia marca y sus vinos compiten con los mejores del mundo.

Marcelo Miras, enólogo, destacado por Tim Atkin como Leyenda de la Enología.

En 1990 el enólogo de la bodega Humberto Canale decidió embarcarse en nuevos rumbos y esta emblemática firma vitivinícola de la Patagonia se vio en la necesidad de conseguir un nuevo profesional para cubrir ese puesto vital en la elaboración de caldos de calidad.
La vitivinicultura local estaba en un proceso de cambio donde ya se perfilaba una nueva forma de hacer vinos y donde cobraba cada vez más fuerza la calidad por sobre la cantidad.

En la bodega Humberto Canale ya trabajaban sobre esa nueva forma de producir vinos y encontrar un enólogo que pudiera acompañar ese proceso era una cuestión fundamental.

Ese mismo año, en Mendoza, Marcelo Miras ya llevaba seis temporadas trabajando para la vitivinícola Vidaña, estaba casado y su proyecto de vida estaba muy lejos de la Patagonia. Al menos eso era lo que él pensaba.

“Venía a una zona que no conocía, sabía de Humberto Canale por su prestigio y trayectoria, pero la decisión tenía sus riesgos. Muchos enólogos han venido a la zona y no les ha ido bien, el desarraigo es difícil”. Marcelo Miras, enólogo de Bodega Miras.

Todo cambió cuando un compañero de la facultad le dijo que viera a don Raúl de La Mota porque estaban buscando un enólogo y que en una semana iban a recibir la visita del ingeniero Guillermo Barzi, en ese momento el corazón y la mente de la bodega Humberto Canale.

Luego de una charla para conocer posturas entre Barzi y Miras la propuesta estaba sobre la mesa. “Yo estaba trabajando en vitivinícola Vidaña que ya no existe, comencé a trabajar cuando empecé en la Universidad, era un joven con experiencia, como piden ahora”, cuenta Miras.

Llegada a Roca en 1990.


Con la venia familiar, Miras y su esposa Sandra llegaron a Roca en 1990. El proyecto no estaba exento de temores que solo podría despejar el paso del tiempo.

“Venía a una zona que no conocía, sabía de Humberto Canale por su prestigio y trayectoria, pero la decisión tenía sus riesgos. Muchos enólogos han venido a la zona y no les ha ido bien, el desarraigo es difícil”, planteó el enólogo.



Dice Miras: “Me encontré con una actividad vitivinícola muy arraigada, había cooperativas como Millacó, Viñateros Unidos en Cipolletti o El Lobo en Huergo, se trabajaba mucho volumen”.

Pero ya la industria apuntaba hacia otro lado y uno de los desafíos que tuvo el profesional fue trabajar mucho en viñedo con los varietales para mejorar la calidad de los vinos y el objetivo visto hoy desde la distancia “se cumplió con creces”.

“En esta zona había un espíritu frutícola, hubo que trabajar con la gente para cambiar esa forma de pensar. Pero desde lo productivo la diferencia no era grande. Canale era la bodega de avanzada que, aunque embotellaba vinos de corte como chablis o borgoña, había comenzado con un trabajo de varietales. En ese momento el tope de gama de la bodega era el Íntimo”, cuenta Miras.

Pero se trabajó mucho sobre Pinot Noir, Malbec, Sauvignon Blanc y se plantaron variedades nuevas como Cabernet Franc.

También se empezó a trabajar con barricas de 225 litros en una bodega donde había toneles y cubas de roble grandes, buscando otros estilos de vinos.

¿Te sorprendió alguna de las variedades que tenía Canale en esa época?
“El Merlot era una variedad excelente para la zona y que se daba muy bien. Hicimos algunas cosas interesantes en el estudio de los distintos cuadros de Semillón que tenía y tiene hoy la bodega. Se atacó la parte vitícola y enológica viendo cuáles eran las características de cada uno de los cuadros en las distintas chacras de la empresa”, dice Miras.

Hacer vinos en San Patricio del Chañar, un gran desafío.

En el 2003 aparece un nuevo desafío en el camino. Hacer vinos en San Patricio del Chañar, un proyecto que comenzaba desde cero y en el cual estaba todo por descubrir.

“San Patricio del Chañar fue una desafío enorme desde lo profesional, era todo lo opuesto a cuando vine a trabajar a Canale. Era todo nuevo y cuando fui no estaba la bodega como hoy se la conoce, no existía ese edificio, tuve la suerte de participar en la creación de esa bodega. Ahí sí todos los vinos pasaron por mi cabeza”, comenta orgulloso.

«San Patricio del Chañar fue una desafío enorme desde lo profesional, era todo lo opuesto a cuando vine a trabajar a Canale»..Marcelo Miras, enólogo, titular de Bodega Miras.

“Lo que tenían estas bodegas era la posibilidad de incorporar la última tecnología que había en enología en ese momento”, nombra entre las ventajas de esos proyectos.

En el 2001 el enólogo Hans Vinding Diers, un amigo de Miras, comienza con su emprendimiento Noemía acá en la zona y “me impulsa a hacer algunos vinos propios”.


“Empezamos a elaborar en dos barricas que me regaló Hans, se sumó parte de la familia y en una bodega chiquita en Roca comienza ese camino paralelo a mi trabajo en Fin del Mundo donde estuve 16 años”, recuerda Miras.

El proyecto familiar se expande.

Pero como todo tiene un final y un nuevo principio “llegó un momento en el cual lo nuestro había tomado cierto volumen con ventas en mercado interno y algo de exportación, ya era una empresa y me desvinculé para dedicarme a la bodega familiar”.

Con la adquisición de una chacra de 10 hectáreas en Mainqué, que había sido de un productor que “cuando yo trabajaba en Canale le comprábamos la uva a él”, más el arriendo de lo que fue la bodega Estepa para la elaboración, hoy Bodega Miras produce 90.000 litros de vino por año, de los cuales un 25% está presente en los mercados más exigentes del mundo.

Publicado en diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/rural/el-enologo-que-hoy-exporta-sus-propios-vinos-a-los-mercados-mas-exigentes-del-mundo

martes, 15 de abril de 2025

Vitivinicultura: Falleció el reconocido bodeguero Carlos Crotta.

 


Vitivinicultura: Falleció el reconocido bodeguero Carlos Crotta.

Construyó un puente entre la vitivinicultura popular y la alta gama. Además dejó su huella en el fútbol mendocino como presidente del chacarero.


Carlos Crotta (59), empresario vitivinícola y apasionado dirigente deportivo, falleció en Mendoza, la provincia que eligió como su lugar en el mundo. Nacido en Buenos Aires, Crotta se trasladó a Mendoza en su juventud y con solo 22 años se hizo cargo de la bodega familiar, continuando el legado de su abuelo y su padre, Carlos Leopoldo.

Crotta fue, sin dudas, uno de los grandes impulsores de la cultura popular enológica argentina. Su nombre está íntimamente ligado a la frase “Moscato, pizza y fainá”, una combinación que no solo representa una costumbre porteña sino también un emblema de la bodega que lideró por décadas. “¿Sabés que lo tengo registrado?”, decía con una sonrisa al hablar del sello que convirtió en parte fundacional de su empresa en una entrevista con Los Andes.

Fue vicepresidente de Bodegas de Argentina, donde integró de forma constante tanto el directorio como el comité ejecutivo. Representó a la entidad en numerosas instituciones del sector y se destacó por su rol como nexo con otros organismos, fortaleciendo el vínculo entre la vitivinicultura y el entramado institucional del país.

El vino popular como sello.

Carlos Crotta explicaba con claridad cómo su empresa logró consolidarse en una nota de Los Andes y mantenerse como una de las referentes del segmento. “Fuimos los primeros damajuaneros del país y, como dice el refrán, ‘el que pega primero pega dos veces’”, afirmaba con convicción. Ese primer paso, estratégico y pionero, marcó el rumbo de la bodega y le permitió posicionarse como líder en el consumo masivo.

El empresario destacaba que la clave del sostenimiento en el tiempo fue, sin dudas, la consistencia en la calidad. “Lo que hemos tratado de hacer es mantener la calidad, o sea no tener una partida buena y otra no tanto”, explicaba. En esa línea, remarcaba que el consumidor está dispuesto a pagar un poco más por un vino que sabe que no va a fallar. “La gente está acostumbrada a pagar algo más por el vino Crotta, pero sabe que es buen vino”, agregaba.

Con el paso del tiempo, la tradicional damajuana —símbolo indiscutido del vino de mesa en Argentina— fue sumando alternativas. “A la línea popular le hemos anexado otros formatos, como tres cuartos y multilaminados”, contaba Crotta, detallando cómo la empresa se fue adaptando a los cambios del mercado y a las nuevas formas de consumo.

Sin embargo, la damajuana sigue firme. “En toda esa oferta de envases, la damajuana sigue siendo fuerte su consumo en el interior del país, no así en Capital y Gran Buenos Aires”, explicaba, aludiendo a la diversidad de hábitos que existe entre regiones.

Con una estrategia enfocada en el volumen, Crotta detallaba en aquella nota de Los Andes que la bodega despachaba cerca de 800 mil litros mensuales entre todas las líneas de envase. Un número que habla no solo del arraigo de la marca, sino también de la capacidad de sostenerse en un mercado que exige eficiencia, tradición y cercanía con el consumidor.

Moscato (Crotta) Pizza y Fainá.

Si hay algo que Carlos Crotta supo capitalizar fue ese ADN porteño que lo acompañaba a él y su familia. Cuando se le preguntaba si la icónica frase —“Moscato, pizza y fainá”— tenía que ver con su producto, respondía con naturalidad: “Sí, exactamente. Nosotros tenemos registrada esa frase. Es una relación muy porteña, esa combinación de Moscato y pizza, especialmente en las pizzerías donde se come de pie. Es un clásico”.

El empresario entendía que el consumidor actual busca experiencias diferentes, pero con raíces conocidas. “Hoy en día, el consumidor busca productos nuevos, y qué mejor si vienen de una bodega reconocida”, remarcaba, en referencia a esa mezcla entre lo retro y lo confiable que propone su vermú. Además, detallaba una de las claves del éxito: “Estamos probando un vermú de 15 grados, en contraste con otras bebidas que tienen 35 o 40 grados, lo que lo hace más versátil: podés tomarlo con tónica, con naranja, con soda, o solo. Tiene mucha variedad de opciones”.

Además de su impronta empresarial, Crotta dejó una huella en el deporte mendocino. Fue dirigente del Club Atlético San Martín durante casi 14 años.



Publicado en LOS ANDES.

https://www.losandes.com.ar/economia/vitivinicultura-fallecio-el-reconocido-bodeguero-carlos-crotta-n5944732

lunes, 27 de enero de 2025

Las bodegas de Río Negro apuntan a la calidad y al enoturismo para dar un nuevo paso en su evolución.

 

Las bodegas de Río Negro apuntan a la calidad y al enoturismo para dar un nuevo paso en su evolución.

Con una producción marcada por la pequeña escala pero con vinos de muy buena calidad, la articulación turística entre las bodegas y con otras actividades económicas es clave para crecer.

Por Néstor Pérez / Diario Río Negro.

Marcelo Miras y Andrés Rosberg recorren los viñedos en Mainqué y hablan de la “transformación en la vitivinicultura” rionegrina en los últimos años. (Foto: Andrés Maripe).

Las bodegas de Río Negro son tan disímiles como el territorio que abarcan. La vitivinicultura en la provincia se desarrolla desde la cordillera a la costa, pasando por los valles regados por el generoso río Negro. Y en ese recorrido que a veces acompaña al caudal del río, decenas de empresas están buscando un camino que hoy está directamente relacionado con el turismo.

Enoturismo es la palabra que mencionan todos los referentes consultados por Río Negro. Es el camino, remarcan, y aseguran que la calidad de los vinos que se producen en Río Negro está más que probada, pero que ahora se necesita aceitar la llegada a los consumidores y hacer funcionar con fluidez el Camino del Vino, la ruta de visitas que discurre entre las bodegas rionegrinas. Otro tema que plantean es la necesidad de trabajo conjunto con cámaras empresarias, porque la hotelería y la gastronomía son claves para generar el circuito.

“La calidad de nuestros vinos ya está probada y tiene el reconocimiento nacional e internacional”. Pero el enoturismo está en “pañales”. Marcelo Miras, de Bodega Miras en Mainqué.

“Río Negro ha venido teniendo una transformación de su viticultura desde hace muchos años”, señaló Marcelo Miras, enólogo y referente ineludible de la actividad vitivinícola de la provincia. Mendocino pero con 35 años en la región, Miras siempre habla de “nosotros” cuando hace referencia a bodegueros de Río Negro. Cita a la bodega Humberto Canale (en la que trabajó cuando llegó al Valle) como la pionera en elaborar vinos finos y señala que ese camino abierto hoy llevó a los productores a abordar la viticultura “respetando el origen, la tradición y las variedades de la zona, pero dándole una impronta hacia la producción de calidad”.

Miras tiene su viñedo con una pequeña bodega garage en Mainqué. La chacra tenía plantas antiguos que el mismo recuperó y de los que se ha nutrido parte de la producción de los vinos que llevan como marca su apellido.

En una charla con Río Negro, a la que se unió Andrés Rosberg, uno de los sommeliers más importantes del mundo, Miras indicó que “la calidad de nuestros vinos ya está aprobada y tiene el reconocimiento nacional e internacional”. Pero señala que aún se está en “pañales” en el enoturismo.

“Hicimos esta sala para entrar en turistas, pero traer turistas, no un turista por mes, la idea es traer una combi por semana como hace Mendoza”. Gustavo Favretto, bodega Fravretto de Regina.

Miras cree que el enoturismo es una de las patas de la actividad “que tenemos que apoyar y trabajar en conjunto”.

Rosberg, que visita todos los años Roca por cuestiones familiares y aprovecha para recorrer la zona y los bodegueros amigos, está entusiasmado con la recuperación de viñedos que están haciendo algunos productores en la zona de Mainqué. También cuenta que se encontró con nuevos proyectos en marcha. “Hay un gran patrimonio acá”, remarca el sommelier.

«Hay que hacer gamas medias y altas, que es donde mejor honrás y hacés lucir el potencial real que tiene la zona y es hacia donde va el mundo”. Andrés Rosberg, sommelier.

“En Río Negro el potencial es enorme para hacer calidad. Para competir en volumen y en precio no están dadas las condiciones. Hay que hacer gamas medias y altas, que es donde mejor honrás y hacés lucir el potencial real que tiene la zona y es hacia donde va el mundo”, señaló.

Al hablar del enoturismo en las bodegas de Río Negro, Rosberg indicó una vez que hay un flujo de turistas interesados por el vino en la zona es clave tener “masa crítica en las bodegas que sean interesantes de visitar”. Cree que la actividad se puede ir alimentando y ser atractiva para otros empresarios de la zona, lo que puede llevar a por ejemplo instalar un restaurante en una bodega.


Gustavo Favretto lidera la bodega familiar en Villa Regina. (Foto: Juan Thomes).

Mariana Cerutti fue designada hace pocos meses como directora de Vitivinicultura de Río Negro y tiene el concepto de enoturismo entre los principales objetivos de su gestión.

“Si bien tenemos muchas bodegas de Río Negro y que exportan a los mercados más exigentes y compiten perfectamente con miles de cualquier vino de otra parte del mundo, nuestros volúmenes son menores, por lo cual estamos buscando los nichos de mercados, que sean específicos para vinos que son de alta calidad”.

Y en el plano local y vinculado directamente con el enoturismo, la directora de Vitivinicultura señala que es inminente el lanzamiento de un plan de capacitación para todas las bodegas que hacen enoturismo.

Cerutti remarcó también la incorporación de las nuevas generaciones en la producción de vinos. “Se van metiendo en las empresas familiares y van innovando en lo que es la producción”.

Regina tuvo en su momento una importante cantidad de bodegas que paulatinamente han ido desapareciendo.


Las bodegas apuestan a combinar su producto con la gastronomía.

Dato 4.176.300 fue el ingreso de uvas a establecimientos elaboradores de vino y/o mosto de Rio Negro en la Temporada 2024.

Una de las más tradicionales es bodega Favretto, reconocida por la calidad de sus vinos en damajuana.

Desde hace poco más de 20 años comenzaron también a producir vinos finos.

En 2010 Gustavo Favretto se hizo cargo de la bodega familiar. Gustavo es nieto de Ferruccio Favretto, que llegó desde el Véneto italiano allá por 1944 y plantó las primeras viñas para una bodega que empezó a funcionar en 1948. Durante un largo camino el trabajo lo hicieron el padre y el tío de Gustavo.

Con 77 años de actividad, la bodega conserva intacta y en funcionamiento parte de la estructura en la que se elaboran los vinos en damajuana que los caracterizan y que son la parte más importante del negocio.

Pero además de la producción de vinos finos, uno de los cuales lleva el nombre de su abuelo, también se diseñó en la chacra, que está al oeste de Regina, un lugar especialmente ambientado para recibir turistas. En este salón con botellas de las variedades que comercializa la marca, hay un lugar para comer y antigüedades relacionadas con la bodega. Quienes contratan la visita guiada disfrutan de la degustación de tres vinos y una picada, mezclados con juegos relacionados con el vino.

Allí también se hacen almuerzos a pedido de los visitantes, y se planifican actividades empresariales.

Favretto remarca que para que la actividad dé un paso adelante hace falta que se conozcan más los productos de Río Negro. Y destaca al enoturismo como la piedra angular. “Hicimos esta sala para traer turistas, pero no un turista por mes, la idea es traer una combi semanal como hace Mendoza. Yo estoy preparado para recibirlo”. El desafío, dice, es cómo articular las visitas.

También remarca la necesidad de que se consuman vinos de la zona en sector gastronómico. Pero allí la competencia es feroz con los vinos foráneos que a veces ingresas a precios con los que es muy difícil competir.

Un plan de capacitación.

La directora de Vitivinicultura de Río Negro, Mariana Cerutti, adelantó que está listo un proyecto de capacitación para el desarrollo de experiencias enoturísticas en la provincia, diferenciando las zonas vitivinícolas, como son la zona andina, el Alto Valle, Valle Medio y Valle inferior.

Dentro del plan de capacitación se apuntará a la gente que está o va a trabajar en enoturismo, y a prestadores que participan de la actividad y que no necesariamente están en las bodegas.

Según indicó la funcionaria, la idea también es potenciar las capacidades de los diferentes actores del turismo dentro de la red del enoturismo.

Cerutti indicó que se apunta también a ayudar a las bodegas a que desarrollen “experiencias innovadoras, diferentes y sostenibles en el tiempo, para poder ofrecer diferentes actividades”.

“Es algo único en el mundo una provincia que tenga la posibilidad de tener bodegas desde la cordillera hasta el mar y lo tenemos que aprovechar”, destacó la directora de Vitivinicultura.

Mainqué, el paraíso de los viñedos antiguos en Río Negro.

Situada prácticamente en el centro del Alto Valle, Mainqué tiene en sus chacras viñedos de una antigüedad y calidad que no dejan de sorprender a los enólogos y especialistas del mundo del vino.

Plantadas a mediados del siglo pasado, muchas hectáreas de viñedos fueron abandonadas o desmontadas, pero en los últimos años hay una paulatina recuperación de estas “joyas” olvidadas.

Esta riqueza histórica que destacan tanto Marcelo Miras como Andrés Rosberg, llevó a que en Mainqué se instalaran bodegas como Chacra, Noemia o Aniello, todas productoras de vinos de alta gama.

Miras desarrolló en este lugar su viñedo y una bodega garage que muestra con orgullo. El resto de su producción la elabora en Fernández Oro.

En la entrada de la chacra que está al norte de Mainqué, a poco más de un kilómetro del pueblo, se pueden ver los parrales antiguos que el enólogo mendocino atesora. A medida que se avanza en el viñedo, aparecen las variedades más nuevas. 

Si uno recorre Mainqué, e incluso desde la Ruta 22, se ven sus viñedos reverdecidos.

Eso sí, también asoma el maíz y los frutales siguen siendo mayoría. Porque el Valle hoy es cada vez más diverso. Y eso está bien dice Miras y menciona una plantación de maíz frente a su chacra con la que convive sin problemas.

Publicado en Diario Río Negro.

Lunes 27/01/2025.

https://www.rionegro.com.ar/economia/las-bodegas-de-rio-negro-apuntan-a-la-calidad-y-al-enoturismo-para-dar-un-nuevo-paso-en-su-evolucion-3977196/ 

domingo, 11 de agosto de 2024

Walter Bressia: ¿cómo se produce un buen vino argentino, de dónde venimos y hacia dónde vamos?

 

Walter Bressia: ¿cómo se produce un buen vino argentino, de dónde venimos y hacia dónde vamos?

Walter Bressia, propietario de Bodega Bressia y presidente de Bodegas de Argentina, entidad que nuclea a 250 empresas de todas las zonas vitícolas del país.

El presidente de Bodegas de Argentina, repasa su trayectoria desde sus inicios en bodegas locales hasta su papel en la innovación del sector. En esta entrevista, comparte su experiencia con las crisis económicas, su visión sobre las nuevas tendencias y el impacto de su proyecto familiar: Brescia.

Dialogamos con Walter Bressia, el enólogo, propietario de Bodega Bressia y presidente de Bodegas de Argentina, entidad que nuclea a 250 empresas de todas las zonas vitícolas del país, quien nos contó sobre su trayectoria y sobre el camino que debió recorrer toda la industria argentina para ser reconocida internacionalmente, además de los pasos que se deberán dar en el futuro.

Bressia será uno de los jurados del Concurso Nacional de Vinos y Espirituosas Guarda 14, el próximo 2 de octubre, y destacó la importancia que tiene participar, para destacar entre los mejores y también aprender de ellos.

-¿Cómo inició en el mundo de la vitivinicultura?

-Empecé trabajando como enólogo en una bodega muy pequeña en Maipú, que se llama Boero Napoli y compañía. Estuve allí haciendo prácticas durante aproximadamente un año (trabajé del año ‘77 al ‘78 en esa bodega). En 1978, comencé a trabajar con Adriano Senetiner en la bodega Santa Isabel, donde estuve durante 20 años. Ahí desarrollé toda mi carrera profesional, realizando experiencias en diferentes países como Italia, Francia y California. Participé activamente en el cambio de estilo de vinos en Argentina para adaptarnos a la exportación.

Hasta ese momento, teníamos un mercado interno muy fuerte y todo el vino que producíamos iba al mercado interno. Con la crisis de los ochenta y noventa, tuvimos que buscar otros mercados internacionales. Cuando empezamos a ofrecer nuestros vinos en el exterior, no había suficiente demanda, así que fue necesario realizar un cambio completo en equipamiento, elaboraciones, estilos y maquinaria. Esta revolución en los viñedos se dio entre los noventa y el dos mil.

-Cuenteme un poco sobre tu trayectoria en la Bodega Viniterra y el proyecto familiar Brescia

-Fui socio fundador de la bodega Viniterra junto a Adriano. En 2001 comencé con el proyecto familiar Bressia y, en 2003, me dediqué exclusivamente a este proyecto. También he estado muy vinculado a la parte gremial empresaria. Soy director de Bodegas de Argentina desde hace más de cuarenta años y actualmente estoy en mi segundo período como presidente, después de haberlo sido desde 2015 hasta 2019.

-Más allá de que ha mencionado ya muchos, ¿podrías mencionar un hito o logro importante en tu carrera?

-Dos logros fundamentales para mí han sido: primero, haber podido concretar el proyecto de la bodega familiar, que empecé a elaborar hace mucho tiempo y finalmente lo pude concretar en 2001 y 2003. El segundo logro es ser presidente de Bodegas de Argentina, lo cual me honra mucho. Es una gran satisfacción representar a una entidad como Bodegas de Argentina y se renueva esa confianza en esta segunda oportunidad.

-¿Cómo ves la relación entre lo público y lo privado en tu rol?

-La participación gremial es esencial. Bodegas de Argentina es una cámara gremial empresaria que defiende los derechos de las empresas, explicando y defendiendo situaciones ante el gobierno nacional, provincial y ante el INB. Es un ejemplo de cómo se ha logrado darle identidad a la vitivinicultura mientras se mantiene la participación gremial.

-¿Hay alguna tendencia o innovación en los vinos que consideres prometedora?

-Sí, siempre hay espacio para la innovación. Actualmente, los vinos desalcoholizados son una tendencia interesante. En la medida en que los equipos para producirlos puedan ser más accesibles y el precio baje, será una gran innovación para la actividad. Además, los vinos con mayor frescura y acidez están ganando popularidad, adaptándose a las preferencias del nuevo consumidor.

-¿Cómo es un buen vino argentino, cómo influye la filosofía de su bodega en la elaboración de los vinos?

-La filosofía de nuestra bodega se basa en mantener el estilo de vinos que el consumidor ha aceptado y valorado. Creemos en producir vinos contemporáneos con un perfil clásico. Nuestros vinos tienen un carácter elegante y redondo, sin perder la frescura y la fruta que el mercado busca.

-Hablando ahora sobre el concurso, ¿las innovaciones y tendencias en vinos son evidentes en una cata a ciegas? -Sí, definitivamente. Los estilos de vinos se diferencian claramente en una cata a ciegas. Las propuestas nuevas, como los vinos orgánicos o los que no tienen tratamiento de estabilización, se notan por su limpidez y otros atributos. También se perciben diferencias en vinos con más fruta o con perfiles más tradicionales.

-He notado que en los últimos concursos han ganado vinos de regiones fuera de Mendoza. ¿Qué cree que motiva este aumento en la participación y éxito de otras regiones?

- La vitivinicultura es muy adaptable a diferentes climas y suelos. Cada terroir, con su clima, suelo y trabajo del hombre, produce vinos originales y diferentes. Las regiones fuera de Mendoza, como el norte o el sur del país, tienen características únicas que influyen en el perfil de los vinos, como la acidez, color y graduación alcohólica.

-Finalmente, ¿qué relevancia tienen las medallas en concursos para un enólogo o bodeguero?

- Las medallas son importantes porque brindan una evaluación externa del producto. Permiten saber si se está en el nivel adecuado y si el producto cumple con las expectativas del consumidor. Incluso si no se gana, se obtiene un mensaje valioso para mejorar. Un buen puntaje también ayuda a abrir puertas en los mercados interno y externo.

Concurso Nacional de Vinos y Espirituosas, una novedad:

Tal y como resaltó Bressia, el concurso no solo permite a enólogos y bodegueros poner a prueba sus vinos, destacar entre sus pares y reconocer si se está al nivel de lo que exige el mercado, sino que, además, permite “abrir puertas”.

Es por eso que el próximo 2 de octubre, los winemakers tendrán la oportunidad de que un prestigioso jurado puntúe sus creaciones, a ciegas, para garantizar una total transparencia.

Además, habrá un precio especial hasta el 15 de agosto en las inscripciones que podrán aprovecharse.

Por otro lado, te contamos quiénes nos estarán acompañando como Sponsors: La Cabrera, Municipalidad de Godoy Cruz, Indegap y Hotel Diplomatic.

También participará el Wine Institute, San Pellegrino y RCristal.

Invitan a este concurso: el Instituto Nacional de Vitivinicultura de Mendoza (INV), Enolife, la Academia de la Vid y el vino, Acovi y la Asociación de Sommelier del Litoral

Organizan: Los Andes y Guarda14.

Publicado en Guarda 14 del Diario Los Andes.

11 de agosto de 2024.

https://guarda14.losandes.com.ar/noticias/walter-bressia-como-se-produce-un-buen-vino-argentino-de-donde-venimos-y-hacia-donde-vamos/

viernes, 24 de noviembre de 2023

Día del Vino argentino: ¿por qué se conmemora hoy 24 de noviembre?

 

Este viernes 24 de noviembre se celebra el Día del Vino Argentino.

Desde el 24 de noviembre de 2010 cuando se firmó el decreto presidencial que declaró al vino como la Bebida Nacional y luego en 2013 por una ley aprobada por unanimidad en el Congreso se convertía en el proyecto presentado por del Diputado Nacional Julián Domínguez y refrendada por la Resolución 253-E/2017, del Ministerio de Agroindustria de la Nación, que establece un Plan Nacional de Promoción del Vino Argentino Bebida Nacional.

En 2013 se sancionó la Ley Nº 26.870 que declaró al Vino Argentino Bebida Nacional. A través de ella se busca difundir las características culturales que implica la producción, elaboración y consumo del vino. La Argentina es el único país vitinícola en el mundo que declaró a su vino como bebida nacional.

El vino argentino, bebida nacional de Argentina​ que se produce principal y tradicionalmente en las provincias de Mendoza, San Juan, La Rioja, Salta, Córdoba, Catamarca, Neuquén, Río Negro, La Pampa, Entre Ríos, Chubut, Buenos Aires, Jujuy, Tucumán y San Luis son las provincias argentinas (puede faltar alguna). 

Una diversidad argentina que abarca paisajes como montañas, sierras, meseta, desierto, costa mar, por ejemplo; y diversidad en climas expresiones del terruño argentino.

Exceptuando los vinos de la Costa y de las Sierras de Córdoba, prácticamente todos los cultivos vitícolas argentinos se hacen en oasis de riego.

La industria del vino en la Argentina aparte de ser creadora de riqueza y trabajo que se sigue manteniendo a pesar que para muchos productores no resulta rentable producir o como se dice “salen hechos” (no por nada se sigue arrancado viñedos, lamentable). 

El vino argentino es también fomento del turismo. Existen en nuestra Argentina unas 200 bodegas con apertura turística que reciben más de 1 millón de visitantes por año.

Un ya lejano 15 de enero de 1618, el sacerdote Pedro de Oñate le compró al alférez real Gaspar de Quevedo la estancia ubicada en las tierras de Guanusacate –que en lengua de los pueblos originarios significa agua muerta o río seco– y a la que los jesuitas rebautizaron con el nombre que dio origen al poblado actual: Jesús María donde funcionó su bodega, que atesora el título de haber sido la primera que elaboró vinos en la Argentina en Córdoba.

La Corporación Vitivinícola Argentina entiende al vino “sobre la base del alimento, del consumo responsable, del consumo en los momentos donde hay un disfrute familiar, pero además bajo la premisa que el trabajo de miles de productores sostiene cada brindis”, desde que el 3 de julio del año 2013 bajo la ley 26.870 se promulgó al vino argentino como “Bebida Nacional”, con el objetivo de “difundir las características culturales que implique la producción, elaboración y consumo del vino argentino y sus tradiciones”.

Hoy el vino en lata, el Bag-in-Box (con sus altibajos en consumo) y los botellones, entre otras innovaciones para la comercialización en la industria vitivinícola, ganan terreno en el mercado que buscan seducir a los nuevos consumidores a lo que se incorpora marcas nuevas llamativas y la actualización de las bodegas tradicionales también buscando acercar al vino.

jueves, 1 de junio de 2023

Estate 1909, la nueva era de Humberto Canale.

 Estate 1909, la nueva era de Humberto Canale.

En 2022 la empresa vitivinícola valletana presentó la nueva imagen de sus reconocidos productos Humberto Canale Estate.

El progreso y crecimiento resulta imposible sin aventurarse y animarse a cambiar. Y esa siempre fue la base y filosofía de trabajo de la bodega Humberto Canale. Desde la pionera idea de los vinos patagónicos, la empresa vitivinícola regional estuvo ligada a la evolución, innovación y excelencia de sus vinos.

Por eso, la nueva identidad de Humberto Canale Estate 1909 es un homenaje y recuerdo a la visión y sueño del oasis de vides en la Patagonia que comenzó en un pequeño y humilde solar de campo que hacía las veces de estancia, fábrica y bodega. Ahí nació hace más de 114 años la historia de esta reconocida familia de vinos patagónicos.

Elaborados con una cuidada selección de uvas de las chacras del Alto Valle de Río Negro, cada uno de ellos representa y expresa fielmente el carácter y personalidad de un terroir único en el mundo.

El estilo y distinción de la colección Humberto Canale Estate 1909 se mantienen intactos pero con un renovado packaging que trasmite, con calidez y elegancia, los valores que guían la filosofía implementada por la empresa para la elaboración de sus vinos.

Detalles de elaboración de Humberto Canale Estate 1909.


• Varietales 100%

Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Malbec, Merlot, Pinot Noir, Sauvignon Blanc.

• Viñedos: Chacra 1909, Alto Valle del Río Negro.

• Cosecha: Manual, primera semana de abril en pequeños bins.

• Crianza: 25% en barricas de roble francés y americano.

• Estiba: Ocho meses a un año en la cava de bodega.

• Potencial: Siete años.

• Enólogo: Horacio Bibiloni.

Publicado en Diario "Río Negro", 01/06/2023.

martes, 7 de marzo de 2023

Las bodegas neuquinas abren sus viñedos para la Vendimia 2023.

 

La Vendimia Neuquina es una fiesta popular que celebra el fin de la cosecha y pone en valor el carácter del vino neuquino, y a todos aquellos involucrados en su proceso. Su celebración tendrá lugar el 25 y 26 de marzo en San Patricio del Chañar, cuna de las bodegas principales de la zona.

Los establecimientos, los enólogos, los trabajadores y los habitantes de la ciudad se congregan en esta fiesta confirmando que la Vendimia Neuquina llegó para ganarse un lugar en el calendario de la industria vitivinícola argentina.

En esta tercera edición, las bodegas anfitrionas Malma, Familia Schroeder, Secreto Patagónico y Bodega del Fin del Mundo abrirán sus puertas a la comunidad y a los visitantes, ofreciendo diferentes actividades, como visitas guiadas, catas, propuestas gastronómicas con chefs invitados y residentes, shows musicales y DJ sets que acompañarán el atardecer, entre otras propuestas que se desarrollarán durante las dos jornadas.

El apoyo municipal y la participación activa de las bodegas confirma la importancia de festejar la vendimia; como una vía para retribuir el esfuerzo de todas las personas involucradas durante el proceso que desemboca en la elaboración de vinos de alta calidad.

La provincia del Neuquén cuenta con 1750 hectáreas de vides en producción, distribuidas en 10 bodegas, 8 de las cuales son exportadoras. Los principales destinos de exportación de vino neuquino son Estados Unidos, Brasil, Reino Unido, Alemania y Dinamarca.

Las variedades que se encuentran en San Patricio del Chañar incluyen principalmente Malbec, Merlot, Pinot Noir, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Syrah, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Semillón.

La amplitud térmica de la zona, las bajas precipitaciones, los fuertes vientos y el agua de deshielo que irriga las vides, son algunas de las razones fundamentales que hacen de San Patricio del Chañar un lugar ideal para el desarrollo de vinos de calidad que logran reconocimiento mundial.

PUBLICADO EN DIARIO LA MAÑANA DEL NEUQUÉN.