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domingo, 8 de enero de 2023

Los vinos de Casa Dewey, encanto con sabor a historia.

 

Con parrales de más de 100 años, el municipio de Chos Malal viene impulsando la fabricación de un vino de cortesía aprovechando la variedad y la exquisitez de las uvas de los patios de la histórica Casa Dewey.

La Casa Dewey -en el norte neuquino- es uno de esos lugares donde conviven el pasado y el presente. Como en una amalgama perfecta conviven los secretos, los misterios y los recuerdos intactos de las formas de vida de una gloriosa etapa del Chos Malal de antes. La propiedad es Patrimonio Histórico Cultural y es una de las mayores atracciones turísticas de la ciudad. Es así que desde el año 2011 funciona en sus instalaciones el Archivo Histórico Municipal y se conserva –impecable y como parado en el tiempo- el viejo Almacén de Ramos Generales Enrique Dewey.

En sus patios también se encuentra una variedad importante de frutales como cerezas, nogales, duraznos, ciruelas, además de un jardín con flores. Sin embargo el protagonismo central se lo llevan los centenarios parrales que ofrendan variedad en tipos y calidad de uvas. Al respecto, para reivindicar la historia de la casa y para fortalecer la actividad vitivinícola con el aprovechamiento de la producción de las uvas, hace un tiempo en actividad conjunta entre la Dirección General de Archivos y Museos y la subsecretaría municipal de Turismo coincidieron en darle un nuevo impulso a la elaboración de los vinos artesanales.

De esta forma también se busca validar la historia de esa casona, tal cual se manifiesta en la documentación histórica de la familia Dewey y los testimonios de los vecinos. “Todos cuentan como venían a buscar, vinos, chichas y hasta un famoso vino espumante que la familia hacía, observándose herramientas como bordelesas y recipientes, dando fe de esa producción, siendo un lugar muy visitado en temporada turística”, expresó Sandra Sobarzo; la directora de este complejo histórico.

La historia del vino en la ciudad.

La ciudad de Chos Malal dispone de la mayor cantidad de antecedentes climáticos y del cultivo, porque fue la capital de la provincia del Neuquén y porque se desarrolló, en los primeros años del siglo XX, una vitivinicultura que supo tener su renombre principalmente a nivel local y regional.


“La vid es introducida y cultivada primariamente por misioneros pertenecientes a la Congregación de los Salesianos, desde Chile en 1891, y luego por Agustín Martin en 1894, desde la Región de Cuyo. Diferentes historiadores mencionan la introducción de diversas variedades, con denominaciones desconocidas actualmente, sea por errores en el verdadero nombre o por descripciones o escrituras erróneas. Así se mencionan cepajes como: Chilena color negro, Corinto, Burdeus, Moscatel Negra, Cavernier y Moscatel Criolla entre otras”, contó Sandra Sobarzo, directora general de Museos y Archivos.

Agregó que “nosotros sabemos que la casa tiene sus secretos y sus cosas pero creo que nos apropiamos de ellos y es un complemento especial y trabajamos todos los días para que la casa Dewey sea realmente un lugar de encuentro, de investigación y de ciencia que nos permita cada vez más saber de nuestra historia”. En este sentido aseveró: “es importante que a través de un vino también se busque jerarquizar el enorme pasado cultural e histórico que tiene este templo patrimonial ubicado en la esquina de las calles Sarmiento y Belgrano”.

Las historias detrás de las centenarias uvas.

Manuel Fuentes es un chosmalense de pura cepa. Es empleado municipal y desde el año 2011 es el encargado del archivo histórico municipal. Esta unidad institucional oficialmente se creó en 1986. "Nosotros nos dedicamos a ver qué hacíamos con el archivo y el edificio porque la historia del lugar estaba olvidada y no se tenía en cuenta. No sé si era porque no había información o la información no estaba disponible para todo el mundo. Lo que nos propusimos fue hacer un archivo abierto y para recopilar información y que a la vez se pudiera informar. Se empezó ese trabajo desde muy abajo y así logramos que haya un interés por la historia local”, contó Fuentes.

“La vid es introducida y cultivada primariamente por misioneros pertenecientes a la Congregación de los Salesianos, desde Chile en 1891, y luego por Agustín Martin en 1894, desde la Región de Cuyo. Diferentes historiadores mencionan la introducción de diversas variedades, con denominaciones desconocidas actualmente, sea por errores en el verdadero nombre o por descripciones o escrituras erróneas. Así se mencionan cepajes como: Chilena color negro, Corinto, Burdeus, Moscatel Negra, Cavernier y Moscatel Criolla entre otras”, contó Sandra Sobarzo, directora general de Museos y Archivos.

Agregó que “nosotros sabemos que la casa tiene sus secretos y sus cosas pero creo que nos apropiamos de ellos y es un complemento especial y trabajamos todos los días para que la casa Dewey sea realmente un lugar de encuentro, de investigación y de ciencia que nos permita cada vez más saber de nuestra historia”. En este sentido aseveró: “es importante que a través de un vino también se busque jerarquizar el enorme pasado cultural e histórico que tiene este templo patrimonial ubicado en la esquina de las calles Sarmiento y Belgrano”.

Las historias detrás de las centenarias uvas.

Manuel Fuentes es un chosmalense de pura cepa. Es empleado municipal y desde el año 2011 es el encargado del archivo histórico municipal. Esta unidad institucional oficialmente se creó en 1986. "Nosotros nos dedicamos a ver qué hacíamos con el archivo y el edificio porque la historia del lugar estaba olvidada y no se tenía en cuenta. No sé si era porque no había información o la información no estaba disponible para todo el mundo. Lo que nos propusimos fue hacer un archivo abierto y para recopilar información y que a la vez se pudiera informar. Se empezó ese trabajo desde muy abajo y así logramos que haya un interés por la historia local”, contó Fuentes.

Agregó que “es también en el año 2011 cuando se traslada el Archivo a esta casa que era de la familia Dewey. Todo esto data de la época fundacional de Chos Malal, aparecen en el censo de 1920 y en los planos. Todo lo que es antiguo la familia lo dona a la ciudad y entre ellos están los parrales que tienen más de 100 años”.

Al respecto, añadió que “aproximadamente hay 6 o 7 variedades de uvas en todo lo que es el predio. Cuando ingresamos no teníamos adonde enviar tanta cantidad de uvas, así que se donaban a las guarderías, luego a algunos productores de vino de la localidad también se les hacía entrega para que puedan producir vino, y ese vino volvía al municipio para entregarle a autoridades como cortesía. Tal es así y para darle más formalidad a la iniciativa que desde hace un par de años se hace un convenio con los productores de vino y ellos vienen, cosechan, y después devuelven vino para ese mismo fin”.

En cuanto a las variedades existentes dijo que “tenemos uva de mesa, uva moscatel, uva blanca, uva chiquita que es para producir vino, la famosa uva teta de vaca, y otra que no es muy conocida en la zona que es una uva para postre”. Agregó: “Nosotros no plantamos nada, esto ya viene de la familia Dewey. Ellos ya tenían armados los parrones. Lo único es que el responsable del parque se encarga de agrandar los parrones con los mismos sarmientos de la vid. De acuerdo al espesor de las plantas madres se puede comprobar la antigüedad de las plantas. Este vino producido no tiene un fin comercial, siempre fue para agasajos y presentes”.

En cuanto a la mecánica del convenio, dijo que es bastante simple y específica: “según cuantas cantidades de uvas se llevan es cuantas botellas tienen que entregar. Ya vienen envasadas y luego se etiquetan en este lugar y quedan listas para ser parte del protocolo institucional”.

Por último señaló que “el vino se llama Casa Dewey, honrando justamente a esta casa que alberga tanto de nuestra historia como pueblo. Hay vino blanco y vino tinto. Todos los productores que forman parte de los convenios son de Chos Malal y de las zonas de influencia. Todos se dedican a este tipo de trabajo y tienen maquinarias acordes a la actividad. Es una cadena de trabajo que beneficia a todos”.

El encargado del parque.

Rodolfo Hualmes es un vecino que hace muchísimos años trabaja en la Casa Dewey, aun antes de que se transformara en el baluarte histórico y cultural que hoy representa la construcción y todo su amplio predio. “Los Dewey eran una muy buena familia, eran todos con perfiles muy altos en nuestra sociedad. Ellos en sus tiempos hacían vino patero, pero era solo para consumo personal. Cuando yo entré a trabajar con ellos tenía entre 17 y 18 años y ya no se dedicaban tanto a la elaboración de los vinos sino más bien que toda la uva que se cosechaba la vendían o la regalaban”, contó.

“Yo empecé a trabajar en este lugar en el año 1997 y sigo hasta el día de hoy. Primero estaba con la familia Dewey; después, cuando se hizo cargo la municipalidad del edificio, yo continué trabajando”, agregó.

Respecto a sus labores, indicó que “mi trabajo es la poda, el riego, mantener las parras. Cada tanto voy trasplantando parritas nuevas y sacando las más viejas. Hay 10 o más plantas muy antiguas, son las plantas madres. Las que primero estuvieron y están en este histórico predio”.

En cuanto a la producción anual, precisó que “mínimo salen 600 kg de uvas y eso representa unas 200 botellas. Cada una de las variedades tiene su distinto sabor, su distinto trabajo y desde ahí salen distintos gustos”.

“Particularmente a mi me parece muy bueno que hagan un vino con toda esta producción porque es algo que se elabora con uvas que también forman parte del patrimonio histórico y cultural de la ciudad”.

Y como no podía ser de otra manera, también está empapado de la vida y la obra de los primeros dueños de la casa. En este sentido, contó que “Luis Dewey llega con 13 años a trabajar en la gobernación, porque eran gente muy preparada. Sabían hablar tres idiomas (inglés, francés y castellano). La señora María era hija de Luis, trabajaba en el hospital en la parte administrativa. Ella envejeció, llegó a cierta edad y ya no podía caminar. En ese estado de vejez vivía sola, así que yo la cuidé un tiempo”, relató Hualmes.

Testimonio familiar.

Rayén Guerrero Dewey, tataranieta de Enrique Dewey, recuerda su paso por la casa familiar y por esos emblemáticos parrales. “La verdad que es muy poco lo que recuerdo. Yo era muy chiquita. Tendría entre 5 y 6 años cuando íbamos con mi mamá a Chos Malal a visitar la casa y por supuesto a encontrarse con parte de su historia. Mi tía María Dewey vivía ahí sola. Era la tía solterona, la que no se había casado. Era un personaje entrañable, muy querida, muy amorosa. Lo que sí me acuerdo es de haber estado muchas veces bajo ese parral maravilloso jugando y divirtiéndome. El sabor de esas uvas no lo encontré nunca más en ninguna otra uva”, contó Rayén.

Publicado en Diario La Mañana del Neuquén.

7 de enero del 2023.

Imágenes: Diario La Mañana del Neuquén.

https://www.lmneuquen.com/los-vinos-casa-dewey-encanto-sabor-historia-n983173

martes, 30 de marzo de 2021

Pueblo Encantado, el vino artesanal de Taquimilán. Esta producción es la concreción de un proyecto familiar que Ceferino Liberatori lleva adelante desde el 2006.

 


Nacido y criado en Taquimilán, Ceferino Liberatori aún recuerda como si fuera hoy cuando junto a sus padres emprendía el camino a Chos Malal para vender la producción de la huerta y la granja que proveía el sustento diario.

En esos veinticinco kilómetros que separan ambos poblados había que mojar las ruedas de madera del carro que llevaba la mercancía para que no se separe del aro de metal que la circundaba.

“Yo era muy chico, era acompañante, me acuerdo que veníamos al pueblo con un carrito de rueda de rayos al que había que echarle agua en las ruedas antes de salir porque eran de madera y tenían hierro por fuera, como la madera se resecaba se separaba del hierro, entonces había que mojarlas para que la madera se hinche y se pegue al metal”, dice Ceferino.

El recuerdo es tan vívido que lo cuenta con lujo de detalles: “Eran tres mojadas, la primera antes de salir; luego parábamos en el arroyo Taquimilán, no había ni puente en esa época, se le llamaba badén, era un tendido de piedra laja abajo y por ahí se pasaba; y la última era en el arroyo Truquico y así llegábamos a Chos Malal a hacer el reparto”.

Ese carro venía “cargado con verdura, chicha de manzana, pavos, lechones, en invierno se hacía facturación de chorizos... y con eso nos criaron a todos, era como un ramos generales ambulante”, sostiene orgulloso de su pasado.

“Después escaseó mucho el agua y busqué otro trabajo. Estuve un par de años en la Provincia y después entré como policía, asignado a Chos Malal primero y después a Mariano Moreno, en el 98 volví a Chos Malal y al año siguiente me retiré, tenía 40 años, y regresé a la tierra”, relata Ceferino.

Ese regreso a la tierra fue hace un par de décadas, hasta que en 2006 vio la luz el proyecto vitivinícola familiar. Un proyecto que dio vida al vino artesanal Pueblo Encantado, hecho en Taquimilán, localidad del norte neuquino.

“Tenemos 1 ½ en producción entre viñas, huerta, antes teníamos alfalfa, pero la provisión de agua ha ido decayendo y se hizo difícil producir. Hasta fines de diciembre regamos con el agua del arroyo, ahora hace un par de años que tenemos el servicio del acueducto que hay en Taquimilán, pero también está restringido, y además tenemos una perforación y hacemos riego por goteo”, comenta el productor vitivinícola.

El emprendimiento familiar cuenta en la actualidad con 3.000 plantas para vinificar y 400 plantas de uva de mesa, “una Red Globe muy linda”, dice Ceferino.

Y este año precisamente fue uno de los más fructíferos en materia productiva ya que cosecharon unos 4.500 kilos de uvas para vinificar, de las variedades Malbec y Merlot, con los que esperan obtener unas 4.000 botellas para la venta.

“En Taquimilán el principal riesgo que tenemos con esta plantación son las heladas tardías, sobre todo la que llaman de Todos los Santos, es una helada que se da unos días antes de noviembre o a principios de ese mes”, sostiene el productor.

La producción se vende en la chacra, en Chos Malal, en carnicerías, casas de comida, casas de artesanos. “El año pasado estuvo complicado por la pandemia y la venta estuvo floja, tenemos casi todo el vino del 2019”, dice Ceferino.

El esfuerzo que hace la familia para llegar con sus vinos a la mesa de los consumidores es inmenso, lo que otorga al emprendimiento un reconocimiento extra. “Yo tengo que comprar todos los insumos en Roca, las botellas, las etiquetas, los corchos, las vainas; al vino lo pasamos por barrica, lo sacamos a los dos años de la cosecha, antes no porque nosotros no hacemos filtración de nada, es todo por decantación, es un vino totalmente artesanal, desde el fertilizante que se le pone a la tierra y todo el proceso que sigue hasta llegar al producto final”, indica Liberatori.

“Esto es un emprendimiento familiar, somos seis en total, cuatro chicos y nosotros con mi señora, este año hubo gente que colaboró con la cosecha”, comenta este vecino de Taquimilán.

En la tarea colaboran su esposa Irma; sus hijas Andrea y Yésica; y sus hijos Carlos y Heber. “Mis hijas son maestras y Carlos es ingeniero electromécanico, esta vez se escapó porque la esposa tuvo familia”, cuenta Ceferino mientras celebra su humorada.

El proyecto no estuvo exento de complicaciones, y así las recuerda: “Hace 20 años que estoy de vuelta en la chacra, pero con el viñedo desde el 2006, y en 2010 fue la primera cosecha. Al principio tuvimos daños por animales y por una helada fuerte que nos dejó complicados, las cabras se hacían un festín con la plantación. Ese año de la primer cosecha hubo acá un curso sobre elaboración artesanal, comenzó en 2009 y terminó en 2010 con la cosecha en la chacra, que fue la parte práctica del curso”.

En cuanto a los proyectos, Ceferino fue muy claro al respecto e indicó que “incrementar la producción no está en los planes por una cuestión muy sencilla: el que mucho abarca, poco aprieta...con eso que tenemos y seguir mejorando instalaciones está bien. De este mundo no te llevás nada, y lo mejor que me puede pasar es el encuentro con la gente. Por ahí en el futuro hacer algo de enoturismo y explicarle a quienes nos visiten qué es lo que hacemos. También hay planes para hacer una pequeña bodega de la cual tenemos los cimientos pero ahora está duro para encarar inversiones”.

El nombre del vino.

También hubo tiempo para un poco de historia sobre el nombre del vino, Pueblo Encantado.

Dice Ceferino: “Al nombre del vino lo asociamos a la visión que aparece acá en Taquimilán, yo lo he visto en cuatro o cinco oportunidades. En la mañana temprano o por la tarde cuando está entrando el sol se suele ver, es algo muy lindo, es un espejismo pero hay que verlo para poderlo explicar... se da con determinadas condiciones de clima, sol y temperatura, es como que las plantas al pie del cerro se estiran, como lo que se ve en el asfalto, nada más que acá los montes le aportan eso que parecen taperas, como un pueblo abandonado. Fue fácil elegir el nombre, pero a pesar de que esa imagen se ve desde hace varios años nadie lo había difundido en ningún producto, me pareció lindo el nombre porque eso es algo bien nuestro”.

PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO", 29 DE MARZO DEL 2021.

IMÁGENES: DIARIO "RÍO NEGRO".

https://www.rionegro.com.ar/pueblo-encantado-el-vino-artesanal-de-taquimilan-1747404/