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domingo, 26 de mayo de 2024

¿Por qué se desploma el consumo de vino en Argentina?

 

¿Por qué se desploma el consumo de vino en Argentina?

El consumo de vino en Argentina se encuentra en una notable disminución, como en “caída libre”. ¿Cuáles son las razones que explican la tendencia?

Por Carla Barbuto.

El consumo interno se desploma año tras año.

El consumo de vino en Argentina parece estar en caída libre y realmente ésta no es una tendencia novedosa. El último informe publicado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) sobre la comercialización de la bebida nacional en el mercado interno le puso números al desastre: de abril 2023 contra abril 2024, el consumo cayó 11,1%.

También se registraron caídas en el análisis a nivel trimestral interanual (primer trimestre de 2023 contra primer trimestre de 2024) y mensual (de marzo en comparación con abril de este año). De acuerdo al informe, la caída trepa al 6,4 si se compara los trimestres y, en relación a marzo de este año, la baja de abril es de 0,5%.

La caída supera el 11%. Fuente: INV.

Allá lejos y hace tiempo.

El presente del sector en el mercado interno es aún más difícil de asimilar por nostalgia. Durante las primeras décadas de los años 70, el consumo interno alcanzaba casi los 92 litros por persona, una cifra que hoy no es más que un recuerdo de los años de esplendor.

Este drástico cambio se evidencia aún más al observar la tendencia de los últimos veinte años, periodo durante el cual el consumo per cápita de vino en Argentina ha disminuido en 20 litros, pasando de 33,7 litros a solamente 16,7 litros por persona.

Este descenso en el consumo de vino refleja cambios significativos en los hábitos y preferencias de los argentinos, marcando un punto de inflexión en la industria vitivinícola nacional y planteando desafíos tanto para productores como para comercializadores en el ámbito local.

Según Walter Bressia, la baja se debe a "bolsillos flacos".

“Bolsillos flacos”.

A la hora de ensayar una explicación para este desplome actual, es inevitable pensar que buena parte del fenómeno se atribuye a la inflación y la pérdida de capacidad de compra de los argentinos.

Sin embargo, también es cierto que la tendencia se repite desde hace años, con la excepción del 2020. Durante la cuarentena por Covid-19 las personas compraron más vino, pero una vez pasada la etapa más severa del confinamiento, volvió a disminuir la cantidad de litros consumidos en el mercado interno.

En este punto, no sorprende que Walter Bressia, presidente de Bodegas de Argentina (BdA), vincule la notable caída en el consumo de vino con la declinación general de la actividad económica en el país y una marcada pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos argentinos.

“Los bolsillos flacos hacen que el vino, siendo una bebida que puede ser fácilmente sustituida por opciones más económicas o incluso por agua, deje de ser una prioridad. La gente prefiere invertir el dinero que costaría una botella de vino en alimentos”, dijo Bressia en declaraciones radiales.

La caída se mantiene en la comparación trimestral. Fuente: INV.

La caída del vino.

Volvamos al informe del INV porque el consumo de vino en Argentina parece estar en picada y los números lo ratifican. En el análisis de abril de 2023 en comparación con igual periodo de este año, todos los tipos cayeron salvo los varietales, que registraron un alza del 6%. En el piso del consumo, están los espumantes con una baja del 39% y los vinos secos o dulces, que han bajado un 68,5% en las ventas.

Con relación a los envases, el mismo período de análisis muestra una disminución del 4,2% en los despachos de vino en botella, una baja de 19,5 en los vinos en tetra-brik y de 12% de la damajuana. Todos los indicadores están precedidos por el signo menos. Vinos de varietales, espumosos, secos, sin mención de varietal o dulces, tanto unos como otros todos disminuyeron

En cuanto a la tendencia que refleja el primer trimestre tampoco hay buenas noticias para el sector. Según el reporte que acaba de difundir el INV, todos los indicadores están en rojo. Aunque todos los tipos de vino cayeron, se destaca el desplome de los espumantes con una baja del 30%.

Cuando se mira con detenimiento la tabla “Por tipo de envase” se observa que no se salva ni siquiera las líneas más económicas, como los que se venden en tetra-brik, ya que cayeron más del 5%.

La baja en el consumo interno viene de décadas de deteriorio.

El antecedente inmediato.

La tendencia se afianza de forma alarmante y los datos del INV para 2023 ya lo confirmaban. El año pasado, se comercializaron casi siete millones y medio de hectolitros de vino (7.752.601 hl), con una retracción del mercado que se confirmaba. A nivel general, la vitivinicultura argentina destina más del 70% de su producción al mercado interno y ese consumo se lo llevan principalmente los vinos llamados genéricos. Así el 65,5% de las ventas corresponde a vinos sin mención varietal, el 29,3% es varietal, el 4,8% espumoso y 0,4% otros vinos. “Respecto del año anterior, todas las categorías disminuyeron el volumen de ventas”, precisaba el INV.

Esta tendencia podía leerse de maneras diversas ya que mientras el vino genérico, el que más volumen se lleva, caía 1,4% en 2023, los varietales –Malbec, Cabernet, etc.- sufren un golpe aún mayor. Así, esta venta se desplomaba 15,2% mientras que los espumosos bajaban 6,3% en comparación con 2022. Los vinos secos o dulces, que en general se venden poco en las góndolas locales, el año pasado sufrieron una baja de 36,2% anual.

Cambio de hábitos, nuevas modas o "bolsillos flacos", lo cierto es que el mercado interno cada vez es menos atractivo para las bodegas. ¿Cambiará la tendencia?

*** Publicado en Más Producción de LA MAÑANA DEL NEUQUÉN.

https://masp.lmneuquen.com/vitivinicultura/por-que-se-desploma-el-consumo-vino-argentina-n1115969

Nota: No es un artículo que llena de optimismo este desplome actual pero… se difunde para conocimiento de lectores.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Vinos argentinos: balance 2022 entre números y tendencias.

 


Para la industria vitivinícola, como en la realidad del país, fue un año de altibajos. Las perspectivas para 2023 y la preocupación por el consumo y la tolerancia cero.

Se cierra un año que para muchos será recordado por el mundial, es verdad. Pero también se cierra un 2022 en que pasó de todo: la inflación fue el tema del año (lo es desde hace más de una década), un año en que la justicia estuvo en boca de todos (a favor y en contra), mientras que la injusticia no desapareció de los escenarios.
Para el vino, en todo caso, el 2022 supone un año con algunos altibajos, muy a tono con los picos de adrenalina y los momentos depres de este país.

Puestos a elegir, este 2022 marcó algunos elementos centrales en materia de vinos. Son:

El negocio exportador.

En términos de negocio de exportación y con los datos disponibles –hasta octubre de este año– 2022 no ofrece grandes sorpresas ni al alza ni a la baja. Sigue dentro de lo esperable, con unos 700 millones de dólares facturados, pero faltan dos meses en esa cuenta. Dicho así, el año que se va redondeará unos 850 millones de dólares –prorrateando mes a mes con los datos de 2021– lo que supondrá una ligera caída respecto al 2021 y una mejoría respecto a 2020. Estados Unidos continúa siendo el principal mercado para los vinos argentinos (1/3), seguido de Reino Unido (12,8%) y Brasil (11,1%). Los datos los aporta el Observatorio Vitivinícola.

El vino que bebimos.

El mercado doméstico está complicado con la inflación y las restricciones que suponen algunos precios cuidados y otros descuidados. En ese sentido no escapa a la ilógica de este país en que un día estamos trepado a un semáforo festejando y al rato nos estrellamos contra el asfalto. En efecto, este 2022 hasta octubre ofrece un crecimiento de despachos de vino en torno al 2,6% respecto de 2021. Un ligero repunte si se toma en cuenta que 21 sobre 20 había ido a la baja (-11%). El dato de color –nunca mejor dicho– es que los blancos en 2022 crecieron en el orden del 13,4% respecto al año anterior. Acá la comparación entre 2021 y 2020 es mejor aún: el blanco crece otros 17%, lo que refrenda una tendencia al alza. Siempre medido en despachos, es decir, lo que sale de las bodegas.

Entre estos valores curiosos, los espumosos vuelven a la calle. Si 2021 fue un mal año para las burbujas debido a que no hubo botella, 2022 ofrece números positivos en torno al 21%. Siempre siguiendo despachos medidos por el Instituto Nacional de Vitivinicultura.

Precios.

Para el merado exportador los precios se acomodaron respecto a 2021 y 2020, porque la inflación global dio cierto aire para tocar precios, contrario a lo que sucedió en la década pasada. Hoy el recio promedio para exportación es de 3,1 dólares por botella, equivalente a 2016, luego de que cayeran de forma sistemática entre 2018 y 2020.

En el mercado doméstico, sin embargo, reina un proceso algo descriteriado. Los vinos de la base de la pirámide se recompusieron parte frente a la inflación, y no es fuera de la regla encontrar vinos que ajustaron hasta el 80%, contrario a lo que dicen los datos del INDEC. Es en las gamas medias, por arriba de los 2500 pesos, donde hay vinos que no se han movido respecto a marzo y otros que le dieron hasta dos vueltas. Si el consumidor tiene que elegir, en este segmento es donde se puede hacer gran diferencia. En una medición particular para el Informe Malbec que elaboramos en Vinomanos.com hemos visto vinos que se plancharon y bajaron entre uno y dos escalones respecto a la categoría, pero sin cambiar la cosecha, es decir, que se ajustaron a un precio más lógico o apostaron por ganar mercado. El 2023 dará su veredicto.

Puntajes en alza.

El 2022 fue un buen año en materia de reconocimiento y puntajes para los vinos domésticos. Hubo un puñado de trepó hasta los 100 en prestigiosas publicaciones –algo que parece ya una realidad cotidiana para algunas marcas– mientras que la percepción general de la crítica internacional arroja resultados más interesantes cada año. Es verdad: buena parte de los íconos catados representa la cosecha 2019 que fue muy buena.

Tolerancia cero.

Este 2022 que se va ofrece ciertos nubarrones para la industria del vino y las bebidas alcohólicas en general. El ascenso de la tolerancia cero en el test de alcoholemia amenaza con la caída de consumo sobre todo en restaurantes y canal de botella abierta. La última jurisdicción en asumir este criterio fue la provincia de Buenos Aires, sumándose a Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, La Pampa, Río Negro, Salta, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Tucumán. Todo pareciera indicar que el endurecimiento de este criterio se volverá nacional en 2023 ya que falta la aprobación en diputados para la aplicación federal.

Al cierre del año no se habla de otra cosa que del precio de la uva para el 2023. La helada general de octubre y noviembre pasado mermó la producción y hay cierto nerviosismo respecto de cómo incidirá en el precio. Pero se se verá en vendimia. Por ahora es el coletazo del 2022 que toca a su fin.

Por Joaquín Hidalgo.

Publicado en el Diario La Mañana del Neuquén. 

31/12/2022.

https://www.lmneuquen.com/vinos-argentinos-balance-2022-numeros-y-tendencias-n981537

jueves, 8 de septiembre de 2022

TRES VERSUS DEL VINO PARA DESAFIAR A TUS AMIGOS.

 


TRES VERSUS DEL VINO PARA DESAFIAR A TUS AMIGOS.

Nada de tintos, blancos y rosados: salinos o salobres; ácidos o refrescantes, astringentes o texturados. Sí, así también pueden ser los vinos. Aprendé sobre estos descriptores y canchereá en tu próximo asado.

Por Joaquín Hidalgo.

Hablar es una forma de darle entidad al mundo. Si uno dice que un vino recuerda a cerezas, cualquier bebedor del mundo tiene claro de qué estamos hablando. Hay otros conceptos y descriptores del vino, sin embargo, que resultan más esquivos, pero no por ello menos precisos. 

El punto es que ofrecen un grado de detalle que a veces es complejo de explicar, más por falta de experiencia común que por la validez del concepto.

Por eso, una de las formas más simples de llegar a algunos acuerdos, es hacerlo por contraste. En el marco, claro, de cierto alcance temporal en los usos. 

De modo que, si uno está entre los bebedores que gustan de explicarle a otros con algún grado de precisión, en las palabras y versus que siguen habrá buenos descriptores del vino para nombrar aquello que se siente al beber.

Incorporando descriptores del vino: salinos o salobres.

Entre los descriptores con estrella ascendente –al fin y al cabo, contar una experiencia es también un fenómeno cultural– se encuentran los vinos salinos. La descripción hace referencia a cierta sensación de conjunto que, al cabo de beberlos, realza la cualidad de todos los gustos exactamente como trabaja la sal en un plato. La mayoría de las veces se puede describir técnicamente como una sensación de umami –el quinto gusto, al menos para los japoneses– pero si salino ya es complejo, hablar de umami es entrar en otro estado de la materia.

Lo interesante es que salino no es salobre o salado. Y aquí es donde hay que hacer un giro por la negativa. En los últimos años, por ejemplo, la sequía que azota algunas regiones a ambos lados de la cordillera ha concentrado sales en los suelos. 

No todas llegan al vino, pero algunas sí. Y entonces aparecen vinos salobres, el segundo de estos descriptores del vino: el equivalente a tener un grano de sal gruesa disuelto en la boca. Si es muy marcado, se considera defecto. Pero el hecho de que un vino sea salino, en la gama del umami, es un atributo positivo.

Ácidos o refrescantes.

Muchas veces los consumidores confundimos, y con razón, esta situación. Un vino ácido refiere a aquellos donde el balance –esa entelequia que comparten la filosofía y los estudios contables con sentidos bien distintos– del vino se expresa como una situación de equilibrio: ningún gusto sobresale del resto, es decir, ni el amargo, ni el dulce, ni el ácido, ni el salado gobiernan la sensación de boca. 

La moda actual de tintos y blancos apunta en esta línea y es dable encontrar vinos ácidos en el mercado, algunos muy ácidos. 

La confusión con la refrescancia, otro pilar importante de los descriptores del vino, nace en otro punto. La razón por la que un paladar de un vino es refrescante es que tiene ácidos. Y esos ácidos, sean tartárico o málico, al interactuar con la saliva y las papilas generan una sensación agradable que describimos como frescura o refrescancia. ¿Entonces? 

En el caso de un vino ácido lo que se rompe es el balance; en el caso de un vino refrescante ese balance sigue en equilibrio, pero la sensación de boca es jugosa, con energía y cierta vibrancia que la hace agradable. 

Si ácido es el costado negativo, el positivo es la frescura. En general van de la mano, pero hay casos de vinos que son refrescantes y de balance dulce, por ejemplo.

Astringentes o texturados.

Textura es la palabra de moda en los descriptores del vino actuales. Astringencia, en cambio, es una que está cayendo en desuso. Las dos refieren a las sensaciones táctiles del vino en la boca y, en algunos casos, están tan relacionadas que cuesta despegarlas. 

La astringencia se refiere a la sensación que los taninos del vino dejan en las encías, principalmente, donde generan una cierta sequedad seguida de una sensación rugosa en el paladar. Si esa sensación es placentera, se describe como textura. 

Ahora bien, hay vinos que son tersos, aterciopelados, sedosos o con textura de tiza o talco, para mencionar algunas. En todos los casos son los taninos los que operan, sólo que cambia el estado de madurez en el que fueron cosechados y la cantidad. 

Astringente es cuando hay muchos y en general verdes, mientras que aterciopelados son aquellos que tienen taninos pulidos en la crianza, y con talco o tiza los que ofrecen una granulometría tan fina de esos taninos que equivalen a la sensación que deja borrar un pizarrón (de tiza, obviamente): una cierta sequedad de grano fino. 

Salvo la astringencia, considerada negativa y sólo tolerada o ciertamente esperable en la juventud de un vino, el resto son sensaciones positivas.

PUBLICADO EN VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2022/09/descriptores-del-vino/

sábado, 11 de junio de 2022

Crisis del vidrio: fabricantes neuquinos no consiguen envases para ofrecer sus productos.

 

Las bodegas, destilerías y elaboradores de dulces y conservas son los más afectados por la escasez de botellas y frascos.

La falta envases vidrio sigue complicando la actividad y el desarrollo de diferentes empresas de Argentina, en especial a las medianas y chicas que tienen menos espalda para poder abastecerse acudiendo a mecanismos diferentes a los habituales, los cuales requieren de contactos y un gran poder de negociación y compra.
La crisis arrancó una vez desatada la pandemia de coronavirus y se profundizó en el último tiempo con el agravante los sucesivos aumentos que suman un 52 por ciento en lo que va del 2022.

Según explicó el ministro de Producción e Industria de la Provincia del Neuquén, Facundo López Raggi, la situación afecta a muchos productores locales, en especial bodegas, destilerías y diferentes emprendimientos alimenticios que requieren de frascos para sus envasados de dulces y conservas, por ejemplo.

"Esta situación ha pegado fuerteincluso a nivel internacional por el tema del COVID. El año pasado Verallia, una de las fábricas más importantes de botellas de vidrio, tuvo un incendio lo cual afectó aún más la disponibilidad en el mercado interno", dijo López Raggi, en diálogo con LMNeuquén, haciendo alusión a la empresa mendocina que concentra el 35 por ciento del mercado.

"Las restricciones en la importación hizo que haya un cuello de botella - valga la redundancia- en la provisión de botellas de vino", agregó el ministro repasando los factores que llevaron a este contexto de escasez.

"Quienes más se vienen manifestando en relación a esta faltante son los productores y elaboradores de vino que están bastante restringidos, no solo en la provinciaTambién nos está llegando el mismo planteo por parte de elaboradores de productos -como ahumados- que necesitan frascos de vidrio para ser comercializados", explicó el ministro.

"En este sentido estamos procurando acompañar alguna compra conjunta. Sé que muchos elaboradores se están juntando para hacer esto. Con las bodegas hemos tenido una reunión hace un par de semanas. Estamos esperando que se pongan de acuerdo respecto a qué comprar", dijo.

Por otro lado, López Raggi destacó que desde el Ministerio recomiendan a los pequeños productores de alimentos que se contacten con Cristalería Huincul para canalizar la demanda. "Desde hace varios años esta empresa está está trabajando muy bien en Plaza Huincul con frascos de vidrio reciclado".

Complicaciones en el desarrollo comercial de la vitivinicultura.

Por su parte, el enólogo Leonardo Pupato contó cómo la escasez repercute en la industria vitivinícola y, particularmente, en el crecimiento que viene experimentando la Bodega Familia Schroeder.

"Esta situación ha afectado a todas las bodegas del país, en especial a las más chicas, las boutique. Nosotros somos una bodega intermedia con un volumen de 2.400.000 botellas y también se nos complica. Más que nada por la diversidad de líneas que tenemos que precisan botellas con distintos formatos y colores. Botellas blancas para los vinos rosados, por ejemplo. Botellas de hoja seca para los chardonnay... Las botellas no son solo necesarias para que estén bien los vinos, sino también para distinguirlos con una imagen y una presencia para competir a nivel mundial. Ni hablar si tenemos que desarrollar un producto nuevo", explicó.

En ese marco, Pupato contó que cómo el es vínculo comercial con Cattorini y Verallia (ex Rayén Curá), las principales proveedores del mercado nacional que actualmente "no dan abasto con la demanda y la infraestructura que tienen", y las estrategias que Familia Schroeder está desplegando para seguir cumpliendo con sus compromisos sin poner en juego el prestigio y calidad de su marca.

"Estas dos empresas que tienen centralizada la producción nos comentan que tienen otras problemáticas como escasez de gas -que les imposibilita prender bien los hornos- y de materia prima especial que importan para elaborar algunos colores específicos de botellas. Como hay mucha demanda han salido a comprar botellas usadas para reconstituir y usar ese material en el proceso para poder avanzar con la entrega. Pero del volumen que uno solicita siendo cliente, solo se comprometen a entregar un 60 por ciento y no la totalidad", detalló.

"Ellos también abastecen a otras industrias importantes y todo se complica más por la variedad de formatos y colores que se multiplican con mercados que piden tapa a rosca y otros que piden tapón, lo cual cambia totalmente la fisonomía de la botella. Así que hemos tenido que empezar a hablar con los clientes del exterior para mandar algunos vinos con el packaging que se va consiguiendo. Es lamentable porque competimos a nivel mundial con botellas de calidad con buenas terminaciones", señaló, al tiempo que comentó que cuando reciben una carga, deben descartar varios envases con desperfectos y tonalidades disímiles a las acordadas.

"Todo esto va perjudicando la imagen y el marketing de bodegas como la nuestra que trabaja vinos de gama media y alta. Por eso, una de las soluciones que encontramos fue traer botellas de la cristalería Toro de Chile que tiene una calidad y variedad de botellas de altísimo costo en dólares, lo que obliga a bajar muchísimo la rentabilidad del nuestro producto. Pero bueno, no nos quedaba otra. Nosotros tenemos ventas programadas a lo largo del año, no solo en el mercado interno sino también en unos 25 países que tienen requerimientos particulares", esgrimió.

"Por los comentarios y reuniones que venimos teniendo, esto no se va a solucionar a corto plazo. De a poco va ir mejorando, pero el problema va a seguir estando. Los proveedores, por lo general, le dan más importancia a las empresas muy grandes o a las bodegas de cuyo, entonces se complica mucho más en nuestro caso. Por eso siempre estamos viajando a Mendoza, para tener un contacto directo y pedirles por favor que no nos dejen afuera. Tratamos de pagar un plus en los precios para conseguirlo, hacemos lo imposible", subrayó.

Por otro lado, Pupato señaló que para sostenerse pondrán un freno en la creación de nuevas líneas de productos hasta que la tormenta pase. "Es lamentable porque la bodega viene creciendo. Este año pasamos de 2 millones de botellas a 2.400.000, teníamos un 20 por ciento más de expectativa de venta... Pero bueno, esperamos poder cumplir con nuestros clientes y no desabastecerlos", concluyó.

El padecimiento de las destilerías de la región

Otros actores perjudicados por la falta de abastecimiento de envases de vidrio son las destilerías de la región que -al igual que los vinos de alta gama- encuentran mayores dificultades para solucionar el problema dado que muchas de las botellas que utilizan son elaboradas con un nivel de sofisticación que no es fácil encontrar ni suplir.

"No sabés lo que venimos lidiando. Este tema lo sufrimos todos. Tengo amigos que tienen ahumaderos o que envasan salsa de tomate que también cayeron en la volteada. Particularmente lo que sucede con las (bebidas) espirituosas es que no hay un montón de modelos y diseños de botellas y no hay cristalerías en Argentina que se dediquen a eso, entonces necesitamos importar", explicó Hernán López Sosa, gerente comercial de Patagonian Distillery.

"Tenemos entendido que muchos fabricantes apagaron los hornos entrada la pandemia pensando en que iba a bajar la demanda y pasó todo lo contrario porque hubo más consumo de todo. Eso hizo que volara por el aire la demanda", agregó.

"Realmente el 2020 fue un 'como sea' porque envasabas en la botellas que encontrabas. Después, en el 2021, nos quedamos sin botellas justo antes de las fiestas de fin de año, que es cuando tenemos el mayor pico de consumo", contó recordando unos de los capítulos más difíciles que transitaron por la crisis que los llevó a discontinuar la producción de "el único vodka premiado a nivel nacional" porque tiene una botella "muy particular".

"La solución que encontramos fue importar por nuestros propios medios y no depender de importadoras ni otros intermediarios. No lo hicimos antes porque el volumen es muy grande. Para que te des una idea una botella para espirituosa cuesta dos dólares al cambio oficial y un palet trae 1.500 botellas", puntualizó para luego remarcar que es muy difícil costear ese tipo de encargo.

"Como en nuestra destilería desarrollamos otros gin para terceros, pudimos conseguir un pool de compra. Esa fue la manera que encontramos para seguir trabajando. Ahora estamos esperando el primer embarque chino que calculamos que llegará en agosto. En el mientras tanto trajimos botellas de Chile, de Colombia y hasta de Italia", señaló para luego remarcar que la situación es tan compleja la verdad que unos productores de Mar del Plata comenzaron a comercializar gin en sachet, mientras que otros de Buenos Aires lo empezaron a vender en frascos.

"Nosotros siempre estamos acompañados por el Ministerio de Producción de la provincia. En este sentido la problemática siempre estuvo en boga y siempre estuvieron muy predispuestos a buscar soluciones. Lo que pasa es que si me ayuda a traer un container de China para mis bebidas, también tiene que ayudar a los chicos que necesitan frascos para los dulces de rosa mosqueta. Es muy complejo porque son envases completamente diferentes y es muy caro importar por el volumen mínimo que tenés que comprar", postuló para luego advertir que la situación afecta las exportaciones de la provincia.

"Desde el Centro Pyme nos invitaron a un programa de emprendimientos con proyección exportadora. El trabajo fue alucinante, tenemos todo listo para salir al mundo pero no tenemos vidrio", comentó López Sosa.

La provisión de botellas está dominada por dos empresas -una de las cuales, Cattorini, controla más de la mitad del mercado. La situación se agravó en la primavera del 2021 cuando un incendio en la planta de Verallia (ex Rayén Curá), una empresa mendocina que domina alrededor del 35% del mercado, hizo que cayera aún más la oferta. En Argentina, la elaboración frascos depende prácticamente de Rigolleau.

PUBLICADO EN DIARIO LA MAÑANA DEL NEUQUÉN.

https://www.lmneuquen.com/crisis-del-vidrio-fabricantes-neuquinos-no-consiguen-envases-ofrecer-sus-productos-n918796


domingo, 8 de mayo de 2022

El 60% de los vinos que se venden en el mercado interno se envasa en botellas.


¿Cómo se vende el vino: el predominio de la botella y la caída del tetra? 

Un informe del INV relevó las ventas durante el año pasado y especificó los números para cada envase. Cuál es el porcentaje de venta en botella y cuál es el envase favorito entre los vinos de mesa.

Un nuevo informe del Instituto Nacional Vitivinícola relevó la totalidad de las ventas registradas durante el año pasado, lo que servirá para echar luz, entre otras cosas, sobre los formatos de envases en los que los consumidores adquieren vino.

Se observa que en el año 2021 se comercializó un 60% del volumen total en botellas, lo que demuestra el predominio que conserva este formato. El 36% se vendió en el clásico tetra-brik 3,8% en damajuanas. El resto, ocupando un lugar muy marginal en el consumo, se distribuye entre la lata, el bag in box y otros más impopulares como el sachet y el bidón.

La tendencia indica que las ventas de vino en botella van en aumento respecto a otros envases. En el año 2004 la preferencia estaba dirigida al envase tetra-brik, mientras que desde hace más de 10 años la mayor cantidad de vino se vende en botellas.

Distintos vinos, distintos envases.

En total, durante el año 2021 se enviaron al mercado interno poco más de 838 millones de litros de vino, una caída del 11% con respecto al 2020. Este dato tiene en cuenta la totalidad del vino vendido. Por ende, es conveniente separar la cantidad total de la venta en dos grandes grupos como son el vino de mesa (sin mención de varietal) y los vinos finos que mencionan el varietal con el que se produce.

De los primeros se vendieron 5.484.818 hl, lo que representa un total del 65% del vino vendido. Para los vinos varietales se reservó el 30% de la venta anual (2.504.087). Mientras que el 5% restante se distribuye entre los espumosos y otros tipos de vino especiales y en cócteles.

Vinos finos.

Si la botella es el formato más vendido a nivel general, lógicamente cuando hablamos de vinos finos la diferencia se hace aún mayor. El 95% de estos vinos se envasan en botellas.

Los nostálgicos de la damajuana sostienen el segundo lugar de este envase que representa el 3% de este vino. El bag in box suma el 1% y el 1% restante está destinado al tetra-brick, la lata y otros.

Vinos de mesa.

En cambio, cuando se habla de vino de mesa, el tetra-brick sigue siendo el formato preferido acaparando el 54,4% del total de este tipo de venta, a pesar de una caída del 12% con respecto al 2020.

La botella, por su parte, vivió una caída aún mayor por lo que no pudo aspirar a arrebatarle este trono. El 41% del vino se vendió en este formato.

La damajuana, que desde hace tiempo viene cayendo en la prioridad, sufrió una baja similar al tetra-brick y acumuló el 4,4% del total de las ventas.

PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO LOS ANDES DE MENDOZA. Imagen Diario Los Andes.

https://www.guarda14.com/noticias/como-se-vende-el-vino-el-predominio-de-la-botella-y-la-caida-del-tetra/


jueves, 8 de abril de 2021

¿Debe el Estado intervenir? Una mirada sobre Bodegas y Viñedos Giol y Raíces de Junín. Por Natalia Estefanía Palazzolo.

¿Debe el Estado intervenir? Una mirada sobre Bodegas y Viñedos Giol y Raíces de Junín.

Por Natalia Estefanía Palazzolo.

La autora analiza dos casos testigos de la vitivinicultura sobre la intervención estatal en el mercado vitivinícola. Qué dejaron de aprendizaje.

En 1954 el gobierno peronista en Mendoza de Carlos Evans decidió comprar el 51% de las acciones de Bodegas y Viñedos Giol, propiedad del Banco Español del Río de la Plata, convirtiéndose en accionista mayoritario. La intención era hacerse de una herramienta capaz de regular la vitivinicultura mendocina, proteger a los pequeños y medianos productores, comprándoles su uva o poniendo a su disposición la infraestructura de elaboración y comercialización y propender a su integración. Diez años después, se promulgó la ley provincial Nº 3137 que dispuso el funcionamiento de Giol como empresa estatal.

Además de estos objetivos, Giol incursionó en otras agroindustrias para colaborar en la diversificación productiva local (tales como las inversiones en fruticultura a través de “La Colina”), operó como un mecanismo para la difusión de salario indirecto, a través de la construcción de barrios y viviendas (La Colina I, II, y Canciller), obras de infraestructura y saneamiento, construcción de escuelas, programas de prevención de enfermedades y hasta contribuía con otros objetivos provinciales (por ejemplo, en el año 1983 Mendoza compra 17 Trolebuses a la URSS a cambio de vino y mosto elaborado por Giol, brindando servicio entre 1984-2009).

Su patrimonio era enorme y además alquilaba unas 40 bodegas de la provincia, ampliando su capacidad y generando un efecto económico multiplicador, dando trabajo a más de 3.500 mendocinos. En 1974 emprende una ampliación de su vasija vinaria pasando de una capacidad de 800.000 a 4.000.000 de hectolitros, controlando el 40% del mercado mendocino y constituyéndose en la bodega con mayor capacidad de vasija en el mundo, de ahí el mote de la “bodega más grande del mundo”. Se decía que nunca reguló el mercado vitivinícola. Pero otras voces sostenían lo contrario. Lo que sí está claro es que su intervención favorecía a los sectores productores y bodegas trasladistas, en detrimento de las fraccionadoras.

Giol fue privatizada en un proceso que comenzó con la gestión de Bordón y siguió con la de Gabrielli, constituyéndose en la primera del país. El creciente deterioro financiero, que financiaban los Bancos provinciales Mendoza y de Previsión Social, fue el argumento principal para decidir la venta. No obstante el endeudamiento, existía la concepción de que el mercado es más eficiente y mejor asignador de recursos que el Estado.

Para privatizarla, se dividió a la empresa en unidades funcionales que serían vendidas por separado, se reestructuró la empresa y se prescindió de más del 30% del personal a través de distintos mecanismos. No nos detendremos a analizar las especificidades. Si diremos que la unidad de fraccionamiento y comercialización fue vendida a una Federación de cooperativas Vitivinícolas (FeCoVita) de reciente constitución para esos años. Esto constituyó una rareza y llevó a que fuera catalogada como una “privatización social”.

Eliminado por completo el Estado como agente económico, el circuito vitivinícola se acopló al neoliberalismo reinante, primando la lógica mercantil como asignadora de excedentes económicos.

Se inicia así con fuerza en la década de los noventa un proceso de reconversión vitivinícola, con inversiones nacionales y extranjeras en el sector. La vitivinicultura asume un carácter exportador, primando la calidad. Esto trajo consigo la expulsión de muchos pequeños y medianos productores y bodegas. El impacto de las inversiones en nueva tecnología, sumado a la baja en el consumo, los excluyó dada la imposibilidad de financiar los cambios requeridos. Como resultado, el proceso de concentración y centralización de capitales se aceleró. De las 1200 bodegas que existían en la provincia a principios de los ´80, a comienzos 2000 quedaron 300 o 400; sólo 5 bodegas concentran el 75% del vino común y otras 5 bodegas controlan el 40% de los vinos finos; 2 grupos económicos concentran el 70% del mercado del mosto, uno de ellos enteramente internacional y el otro, mitad extranjero y mitad nacional.

Los agentes que resultaron más perjudicados fueron los pequeños viñateros que producen uva criolla, quedando en una relación de fuerzas muy debilitada. En Argentina en el año 1990 la superficie cultivada de vid era de 210.371 hectáreas y la cantidad de viñedos ascendía a 36.402. En promedio, cada viñedo tenía una superficie de 5,8 hectáreas. En el 2017 las hectáreas cultivadas aumentaron a 220.848 y la cantidad de viñedos disminuyó a 24.116. De esta manera, en promedio cada viñedo tiene una superficie de 9,2 hectáreas. Es decir, la propiedad de la tierra se concentró en menos manos, desapareciendo en su mayoría pequeños viñateros. Para tomar noción de la importancia del pequeño productor en la cadena vitivinícola debemos decir el 59,6% de los viñedos son explotaciones de 5ha o menos (9.256 productores ocupando sólo el 14,3% de la superficie cultivada), mientras que los viñedos superiores a 50 ha representan el 5% del total (825 productores ocupando el 44% de la superficie cultivada).

En este marco y mediado por pedidos de este sector, surge una bodega municipal en corazón de la Zona Este de Mendoza, la mayor productora de uvas del país. La Bodega “Raíces de Junín”, emplazada en el departamento de Junín, surge a raíz de la compra, por parte del municipio a cargo de una intendencia radical, de la Bodega “Pedro Carricondo SA”. Este proceso comenzó en 2015, entablando conversaciones con el Gobierno provincial (de distinto signo político) para lograr la recuperación de una bodega emblemática del departamento que entró en quiebra y el acreedor mayoritario era el Fondo para la Transformación y el Crecimiento (FTyC).

Se produjo una cesión del crédito y se tomó posesión de la bodega en 2017, entrando en funcionamiento en la vendimia de 2018.

Según datos de 2018 del INV, en el Este de Mendoza se cultiva el 42% de la superficie total de vid. Participa con el 52% de la producción total de uva y con el 51% de la elaboración de vinos de la provincia. Mientras que la superficie de Mendoza aumentó un 8,5% desde el año 2000, el área Este ha caído un 5,4% en el mismo período.

La cantidad de viñedos también ha disminuido, pasando de 6.939 en 2000 a 6.711 en 2018. Por su parte, Junín posee el 93% de su superficie cultivada, por vides (16.000 ha). El 90% de ellas posee menos de 20 ha; de ésas, el 80% son menores de 10 ha, representando a 1.600 productores. Asimismo, existen alrededor de 107 bodegas en el departamento, pero en funcionamiento alrededor 70, de las cuales el 90% son trasladistas.

La bodega compra uva para elaboración de vinos, mosto y también elabora para terceros, con la posibilidad de fraccionarlo. Desde el municipio manifestaron que están trabajando con productores no sólo del departamento, sino de toda la zona Este. Se resalta la intención de agregar valor a la producción local, la generación de empleos, la intervención en la regulación del precio en el mercado y mejorar la competitividad de los productores.

La presencia del Estado como agente económico es muy valorada por los productores y contratistas de la zona, ya que les permite tener una herramienta de negociación y de poder frente a los demás agentes de la cadena. Manifiestan que la bodega funciona muy bien, que pagan el mejor precio, que dan adelantos de cosecha y cobran rápido, a diferencia de lo que les sucede con otras bodegas y cooperativas.

Aun cuando no posee la capacidad de regular los precios, posee un efecto orientador, por la sola presencia estatal en la relación mercantil. No hace falta que controle mayoritariamente el volumen de compras y ventas, sino que su sola presencia genera un efecto orientador de precios.

Respondiendo a nuestra pregunta inicial, podemos decir que el Estado no necesariamente debe intervenir en el proceso económico como empresario, pero queda claro, por la historia pasada y las necesidades del presente, que los agentes más pequeños y débiles de la cadena productiva reclaman su presencia efectiva para poder hacer frente al gran poder de mercado que tienen los agentes más grandes y así poder subsistir.

Al arbitrio de las condiciones del mercado, la reconversión vitivinícola aceleró la concentración económica, dejando desprotegidos a los pequeños y medianos viñateros que comenzaron a ser expulsados de la cadena. Así, surge el reclamo que encuentra eco en el nivel municipal y vuelve a tomar protagonismo el Estado como empresario, sin tener en cuenta los signos políticos, no casualmente en la zona Este, la mayor productora de uvas del país.

*La autora es Licenciada en Ciencias Políticas.