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jueves, 11 de junio de 2026

5 razones para el desarrollo del vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.


5 razones para el desarrollo del vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

El futuro del vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
Las cinco razones que brindan optimismo a sus protagonistas.

Factores favorables como la disponibilidad de agua, el clima, la positiva incidencia del cambio climático, la existencia de infraestructura y tradición vitivinícola, hacen pensar que la zona del Alto Valle de Río Negro y Neuquén puede volver a ser atractiva para el desarrollo de la vitivinicultura Argentina en los próximos años.

1. El agua.

A diferencia de lo que sucede en la mayor parte de las regiones andinas, este valle no se encuentra pegado a la cordillera recibiendo el recurso del agua limitado a las cuencas cercanas de los mismos. El Alto Valle se encuentra alejado tantos kilómetros que las imponentes montañas ni siquiera llegan a verse. Podría decirse que se encuentra por completo metido en la estepa patagónica. Sin embargo ha sido bendecido por el cruce de uno de los ríos más caudalosos de la Patagonia.

Se trata del Río Negro, formado por la confluencia de los Ríos Neuquén y Limay, los cuales a su vez son formados por el aporte de otros varios ríos y arroyos que descienden desde un nutrido grupo de lugares de la cordillera sur, siendo colectores de abundante agua de las zonas de deshielo proveniente de latitudes más extremas y, por lo tanto, donde la cantidad de nieve en la cordillera es superior a las zonas ubicadas mas al norte.

En relación a este tema, la otra ventaja no ha sido natural sino creada por el hombre: el caudal de estos ríos solía ser muy variable pero gracias a la construcción de una serie de represas con el objetivo de generar energía hidroeléctrica, se ha logrado regular el caudal y evitar las consecuencias indeseadas de las inundaciones que antiguamente se producían, regularizando la disponibilidad de agua para riego a lo largo del año de acuerdo a las reales necesidades. Por ello, la disponibilidad de agua que azota e impide el desarrollo de otras regiones vitivinícolas no es un problema acentuado en esta zona, donde incluso algunas bodegas se dan el "lujo" de defenderse de las heladas con riego por aspersión.

La calidad del agua también es destacada por los protagonistas, un agua de origen mineral que aporta todos los nutrientes y sales de que los suelos desérticos de la zona carecen.

2. El clima.

Esta zona se caracteriza por tener vientos fuertes que producen sequedad en el ambiente, lo cual evita la aparición de enfermedades criptogámicas. Debido al clima frío de la región, las uvas y mostos presentan características diferentes de las zonas andinas, mayor contenido de acidez y regular tenor azucarino.

Los días son templados y luminosos y las noches frescas, con una apreciable amplitud térmica. Las bajas temperaturas permiten que las uvas maduren conservando la acidez natural, factor clave para los vinos finos y que favorece a variedades como el Merlot y Pinot Noir, que en esta región se destacan.

Una de las razones más escuchadas que dan los protagonistas de la viticultura de la zona es la sanidad del clima. La muy baja presencia de precipitaciones es coincidente con las que ocurren en otros lugares del corredor corredor vitícola andino, pero en esta zona esa falta de humedad tiene un agregado, se trata de los vientos que atraviesan el valle en forma permanente.

En principio esto podría ser una desventaja, dado que cuando los mismos son muy fuertes pueden dañar a los viñedos, sin embargo nuevamente la mano del hombre aprendió a domesticarlos a través de la plantación de elementos arbóreos, principalmente álamos, formando cuadros de plantaciones que se encuentran protegidas por los mismos.

Alamedas.

De esta manera no se evita el efecto de los vientos pero se lo limita a la parte beneficiosa: el secado rápido de la humedad de las lluvias cuando estas son intensas con la consecuente falta de hongos y prevención de enfermedades en los viñedos. Hans Vinding Diers de Bodega Noemía define al clima como "placido y armonioso". Además, esta condición favorece la posibilidad de elaborar vinos orgánicos, sin uso de agroquímicos en el cultivo de vid, la categoría de vinos de mayor crecimiento en el mundo.

3. El cambio climático.

Las heladas tardías y tempranas, que perjudican especialmente a las variedades de ciclo vegetativo largo, pueden ser combatidas con prevención pasiva y activa y la región cuenta con buena disponibilidad de agua para realizar riego por manto o aspersión ayudando a la defensa de heladas.

Pero ahora se suma que el calentamiento global, generado por el cambio climático mundial, en términos generales favorece a la región principalmente por la disminución de la frecuencia e intensidad de las heladas, que son el principal factor limitante para el cultivo de la vid. 

4. Infraestructura y tradición vitícola.

Si bien la trayectoria vitivinícola de la región no es comparable a la de Cuyo, la zona cuenta con amplia disponibilidad de mano de obra acostumbrada a las tareas rurales. El crecimiento demográfico en la zona ha sido muy importante en los últimos años, en especial en la ciudad de Neuquén, debido a la potencia de la industria petrolera lo cual asimismo ha generado un desarrollo industrial y comercial y mayor disponibilidad de insumos de todo tipo para la zona, algo que hace 50 años no existía y fue una limitante para la implantación de grandes grupos Vitivinícolas (con el ejemplo de Chandon, que pese a haber elegido esta zona en primer lugar, terminó radicándose en Mendoza).

Historia.

La zona posee además varias instituciones y universidades relacionadas a la viticultura que pueden dar apoyo técnico, como delegaciones locales del INTI y del INTA, el Centro PyME-ADENEU, el Centro de Desarrollo Vitícola Patagonia Norte (CDV), el Centro de Formación Profesional Agropecuario N°2 y las Universidades del Comahue y de Rio Negro, con carreras terciarias y universitarias en enología y agronomía.

Por otra parte, la región contó en el pasado con un fuerte desarrollo vitícola, que fue incluso 10 veces superior al actual, lo cual no deja de ser una ventaja a la hora de conocer el comportamiento de las distintas cepas en este suelo y clima, recuperar viñedos y material genético y hasta instalaciones físicas de las viejas bodegas abandonadas.

Los números lo demuestran: entre 1920 y 1960 la región llegó a tener 160 bodegas que elaboraban vinos de calidad y hasta 18.000 hectáreas plantadas. Pero, vencidos los pequeños productores por el modelo de volumen y baja calidad que reinó a partir de los años 60, Río Negro fue la región vitivinícola que mayor descenso en superficie plantada sufrió en la Argentina, pasando actualmente al séptimo lugar entre las provincias; con una reducción a 1.659 ha según datos del INV (datos que incluyen las viñas el Valle Medio del Río Negro y el Alto Valle y Valle Medio del Río Colorado) y hoy cuenta apenas con 31 bodegas inscriptas, de las cuales solo 24 son elaboradoras.

Variedades.

Un punto cualitativo a destacar es que Río Negro registra una diversidad de variedades mayor al resto de las provincias vitícolas del país, son 38 variedades las que concentran el 98% del total y los viejos agricultores conocen perfectamente cuáles eran las que mejor se adaptan, incluso algunos de los productores actuales aprovechan la calidad de esos viejos viñedos para obtener productos de primer nivel y reconocidos internacionalmente.


5. Inversiones.

Quizá la principal razón por la cual la viticultura en esa región no solo no creció, sino que se redujo, haya sido lo desfavorable del contexto económico para la actividad, en la que la competencia contra otras producciones (peras y manzanas) y regiones que fueron designadas como "especialistas para la vid" como la región cuyana, hayan derivado las decisiones de inversión fuera del Alto Valle de Río Negro, con la excepción de lo sucedido en el particular desarrollo en la zona de San Patricio de Chañar que contó con un fuerte impulso brindado por la provincia de Neuquén.

Actualmente, la suma de las condiciones antes enunciadas podría ser el origen de un incipiente cambio de tendencia. Al ya concretado interés de pequeños productores para la elaboración de vinos de alta gama, se sumó recientemente la llegada del Grupo Peñaflor (que es uno de los grupos vitícolas más importantes del mundo) con la adquisición de Bodega Patritti en Neuquén. Catena Zapata hizo lo propio hace algunos años en la zona cercana de Casa de Piedra, en La Pampa. Esto ha generado cierta esperanza entre los que luchan por esta causa. Según apuntó Graciela Viola (Bodega Malma) «es un espaldarazo importante que un grupo de esa magnitud se interese por la Patagonia».

En nuestra opinión está todo dado para que la viticultura continúe creciendo y recuperando espacio: los vinos de alta gama ya alcanzan niveles de calidad muy altos (han habido casos de 100 puntos Parker o ganadores de concursos internacionales), la región es claramente apta para sobresalientes Pinot Noir, Merlot, Malbec y espumantes y en las líneas de precios medios los vinos no fallan.

Neuquén posee espacio suficiente aún para recibir bodegas y plantar grandes superficies (hay aun muchas hectáreas incultas en la zona) y en Río Negro la apuesta va más hacia la recuperación de viñedos antiguos o de su material genético, para realizar nuevas plantaciones en sectores lejanos a los que están sometidos a la presión inmobiliaria de los centros urbanizados. En ambos casos aplica la suma de los factores favorables enunciados. Esperemos que la realidad de la siempre agitada economía argentina lo permita.

Lee también El vino en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén

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https://angelyvino.blogspot.com/2021/10/5-razones-para-el-desarrollo-del-vino.html

Publicado en Ángel y vino.

El ángel del vino. Blog de vinosVino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

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martes, 21 de abril de 2026

La prueba del delito. Una simpática historia del mundo del vino.

 

La prueba del delito.

Una simpática historia del mundo del vino.

Siendo un adicto al mundo del vino padezco a veces de una abstinencia que se me hace difícil de soportar. Y no se trata de cuidarme de beber esta apasionante bebida, algo que hasta ahora mi buena salud no me ha obligado a hacer casi nunca, sino de una abstinencia provocada por la distancia.

Vivir en Buenos Aires tiene, para un enófilo activo que gusta de participar en catas y eventos, una gran ventaja ya que no debe haber en la Argentina (y probablemente tampoco en muchos otros lugares del mundo) otra ciudad con tan nutrida y variada oferta de este tipo de eventos.

Pero lo que no hay son viñedos, ni bodegas. Aquí es interesante recordar que sí las hubo: a fines del siglo XIX en la zona del Cid campeador, barrio de Caballito hay registros de 14 ha de viñedos que producían vinos para el servicio en los vagones comedor del ferrocarril en sus largos viajes, pero fueron devorados por el avance de la ciudad. Hoy en día hay que viajar varios kilómetros en auto y no menos de una hora, para llegar a pisar algún viñedo real o viajar en avión para llegar a las zonas productoras importantes.

Así que, en un año 2026 en el que pasé mis vacaciones de verano en un país donde abundan fincas de cacao o de café, pero los viñedos brillan por su ausencia (Costa Rica), cuando recibí el llamado para conocer Ribera del Cuarzo, una bodega que no había visitado en mis viajes anteriores a esa región, supe que por fin iba a poder a poder saciar mi sed de viñedos y bodegas.

La bodega rionegrina Ribera del Cuarzo se encuentra en la región a la cual más veces he viajado a lo largo de mis 62 años de vida, porque, así como muchos porteños han acumulado incontables viajes a la costa de la provincia de Buenos Aires para disfrutar las playas de Mar del Plata, Pinamar o aledañas, en mi infancia las vacaciones de verano tenían un destino recurrente: ir a vivir un mes en la chacra de mis abuelos maternos, ubicada en Cinco Saltos, Alto Valle de Río Negro.

Tengo los recuerdos más felices de esas épocas dónde, tras un largo viaje en auto que en los años sesenta podía llegar a durar unas 20 horas, finalmente atravesábamos la tranquera y entrábamos por el camino de piedras sueltas franqueado por bellísimos manzanos atiborrados de fruta, hasta llegar a la casa y los galpones, siendo recibidos por varios perros que anunciaban nuestra llegada con sus ladridos. 

Nos instalábamos y durante cuatro semanas la vida de ese niño que fui, criado en un edificio de 10 pisos y cuyo patio de juegos era el asfalto de las calles, se transformaba por completo en un oasis de frutales y granja de animales, que, además de la producción de manzanas, abarcaba peras, higos, ciruelas, duraznos, damascos, granadas, membrillos, sandías, pelones y cerezas. Pero, sin duda, la plantación que más me llamaba la atención eran las tres hermosísimas hectáreas de viñedo que mi abuelo y mis tíos habían ido plantando a medida que recibían esquejes que otros vecinos generosamente les regalaban. Porque eran épocas donde todo se hacía a pulmón y no había posibilidades de comprarlas a los viveros.

Yo en esa época era aún muy chico y no sabía nada de cepas, pero mi tío Elisardo Arredondo me contó que el viñedo se trataba de una mezcla con un poco de todo, pero con predominancia de Malvasía. Sí tengo vívidos recuerdos de la prensa que utilizaban para moler las uvas, o de la barrica a la que ellos llamaban “bordolesa”, así como de un parral que cubría un patio en el lateral de la casa, del que arrancaba unas muy dulces y espléndidas uvas rosadas Moscatel, las más ricas que comí en mi vida.

En mi tierna infancia el vino se hacía allí mismo, en la chacra, pero para mediados de los 60 y 70 ya mis tíos Manolo y Elisardo habían comenzado a llevar las uvas a una cooperativa llamada La Picasa, donde se juntaban con las de otros chacareros, para procesarlas todas juntas y hacer el vino que se despacharía y comercializaría en damajuanas.

Entre tantas anécdotas e historias de esas vacaciones, hay una relacionada con esos vinos que me quedó grabada. Y atentos, porque aquí voy a confesar haber participado de la comisión de un delito.

Es que en aquellos años aún no había llegado el cambio climático y el frío en el Valle de Río Negro se hacía sentir durante mucho más tiempo. Ello hacía que en los años fríos las uvas tuvieran dificultad para alcanzar el grado de madurez y de azúcar óptimos. Para colmo, por aquellas épocas, el Instituto Nacional de Vitivinicultura no había aún implementado un grado mínimo de alcohol diferente por regiones (algo que sí se hizo después) y se determinaba el mismo que para Cuyo, una región mucho más cálida.

Ello ponía en un brete a la cooperativa cuando, luego de la fermentación, los piletones arrojaban grados de alcohol que no llegaban a ese caprichoso mínimo reglamentario. Y resultaba inadmisible para esos humildes chacareros que, en los años fríos veían que el esfuerzo de toda una cosecha completa corría riesgo de perderse a la llegada del inspector del instituto sino aprobaba esos vinos de bajo nivel de alcohol. Pensar que hoy parecen ser los más buscados, qué paradoja.

Así que un año, mi tío Manolo -que era además mi padrino y que me llevaba a todos lados durante mi estadía allí- me hizo subir como acompañante al viejo camión Chevrolet 400, para una tarea muy particular.

En la caja del camión había varios cajones de madera tapados con una lona. Encaramos hacia las bardas por el desolado camino que iba hacia el lago Pellegrini, hasta que se metió por una huella lateral para acceder a un lugar aislado, en el que nadie nos veía. Allí en el medio de los matorrales que crecían sobre ese suelo arenoso, ya había dejado preparada una excavación que, de haber sido más larga que ancha, habría parecido a la de una tumba.

Cuando destapó los cajones vi que estaban llenos de botellitas verdes vacías de medio litro (que no eran de vino) y me dijo: “ahora viene lo divertido, las vamos a ir tirando al pozo una por una, sin importar que se rompan”.

Yo no entendía mucho lo que pasaba, pero en un santiamén las botellas estaban allí abajo, todas hechas añicos. Eran botellas de alcohol, la prueba del delito que se debía ocultar y nunca podría encontrarse: el alcohol que se había tenido que agregar, para no perder el vino.

No me pidió que con la pala moviera la arena para tapar el pozo, pero sí que no se lo contara a nadie.

Hoy, ya prescripto ese delito, me he animado a contar esta romántica historia del vino que escribí de un tirón durante el viaje de avión que en menos de dos horas me ha depositado en el valle (mucho más rápido que esas 20 horas de auto) para vivir una nueva aventura en Bodega Ribera del Cuarzo, siempre conectada con mi querido mundo del vino.

Ángel Ramos entre los perales de la chacra.


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La casa de la chacra, nevada.

Mi querido tío y padrino: Manolo.

Publicado en 

El ángel del vino. Blog de vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/2026/04/la-pueba-del-delito.html

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domingo, 14 de diciembre de 2025

Apuntes de una bodega pionera en la Patagonia.

Vista del establecimiento de la época.
Apuntes de una bodega pionera en la Patagonia.
Vista de las viñas alambradas con postes de cemento armado

Este apunte recupera los primeros pasos de una bodega pionera en la Patagonia, documentando cómo Huergo y Canale impulsaron uno de los proyectos vitivinícolas más tempranos y ambiciosos del sur argentino.

Cuando Luis A. Huergo y Humberto Canale llegaron al sur, Argentina vivía una etapa de expansión acelerada: se abrían puertos, crecían los tendidos ferroviarios y se multiplicaban los caminos. La política liberal impulsada por Julio A. Roca y continuada por Juárez Celman favorecía la llegada de capitales extranjeros, especialmente británicos, que dejaron una huella profunda en el desarrollo económico de la región.

Un regreso decisivo a la Patagonia.

Huergo conoció la Patagonia en 1879, durante la Campaña al Desierto, cuando se le encomendó estudiar la navegabilidad del Río Negro. Pasaron treinta años hasta que volvió, esta vez acompañado por su joven discípulo, Humberto Canale. La diferencia de edad —Huergo rondaba los 70 años y Canale apenas superaba los 30— no impidió que compartieran un mismo proyecto: impulsar un emprendimiento agrícola y vitivinícola a más de 1.200 km del puerto de Buenos Aires. La distancia, el esfuerzo y el tiempo no fueron obstáculos para su visión, que pudieron concretarla a partir de 1909.

El establecimiento agrícola (1916).

Solo habían transcurrido siete años desde que comenzaron las primeras labores de labranza sobre 400 hectáreas, y para 1916 ya no quedaba un palmo de tierra sin roturar ni preparar para la siembra.

Plantaciones y cultivos.

La mayor parte de la superficie cultivada estaba dedicada a la vid. En prolijos cuadros alineados y sostenidos por alambres, más de 110 hectáreas producían variedades como Médoc, Cabernet, Semillón, Moscatel rosado, Pinot, Malbec y Criolla. Otras superficies se destinaban a forrajes y cereales, con el trigo ocupando la mayor extensión. La huerta del establecimiento superaba las 30 hectáreas de hortalizas y legumbres, a las que se sumaban más de 30.000 frutales en producción —duraznos, ciruelos, manzanos, guindos, perales y membrillos— junto con ensayos de nogales, castaños y otras especies exóticas que prometían aclimatarse.

La bodega: de un ensayo a una industria en expansión.

El avance agrícola vino acompañado por una infraestructura en crecimiento. El establecimiento contaba con talleres de herrería, carpintería y tonelería, además de una bodega que, nacida como un simple ensayo, se había ampliado con rapidez. La última cosecha había alcanzado los 600 cascos de vino, logrando excelente aceptación, especialmente en el tipo común, destacado en la licitación de la Cuenca Vidal incluso frente a ofertas más económicas.

Se proyectaba que la producción siguiente llegara a los 2.000 cascos gracias a las mejoras incorporadas. Huergo y Canale ya planificaban una bodega modelo, equipada con maquinaria moderna y preparada para elaborar hasta un millón de litros de vino. También contemplaban la instalación de una futura fábrica de dulces y compotas.

Un establecimiento líder en la región.

Todos estos avances consolidaron al emprendimiento como uno de los más importantes del sur argentino. La administración estaba a cargo de Ernesto Tuduri, reconocido por su dedicación y capacidad para llevar adelante una tarea tan compleja como prometedora.

- Por Edith Cabrera.
*** Historias de la Patagonia***
Publicado en Diario Río Negro.

domingo, 12 de noviembre de 2023

Emilio Lino Gennari, gran bodeguero que suma 101 años.

Emilio Lino Gennari, gran bodeguero que suma 101 años.

Por Beatriz Chávez.

Fernández Oro.

Fundador de la bodega que lleva su nombre y apellido. Hoy su fructífera tarea es continuada por sus hijos y nieto. Su suegro fue don Juan T. Fernández, recordado hombre de General Roca. Don Emilio Lino nació el 23 de septiembre de 1922 en Colonia Rusa, localidad cercana a General Roca. Es hijo de padres italianos llegados de Mandola, pueblo cercano a Nápoles, Julia y Nazareno Gennari, que tuvieron diez hijos.

Julia y Nazareno habían vivido con sus padres en Bahía Blanca y luego arribaron al valle, asentándose en Colonia Rusa. Don Lino cursó la escuela primaria en el colegio San Miguel, en Stefenelli.

Realizó el servicio militar en la Brigada 6ta. de Caballería en Neuquén. Se casó a los 23 años con Nélida Fernández de la localidad de Mainqué, con la que tuvo tres hijos: Hugo, Osvaldo y Ana. En 1957 comenzó con su esposa el emprendimiento en Fernández Oro que en un principio se dedicó al secado de fruta. En ese entonces vivía en Huergo, ya tenía unos ahorros para comprar una casita y un pedazo de tierra donde poder plasmar su sueño. Se subió al tren con la idea de encontrar en Neuquén lo que estaba buscando.

Por error se bajó en la estación de Ferrocarril de General Fernández Oro. Cuando ya había partido el tren, tomó conocimiento de que no estaba en Neuquén sino en “Parada 81”, como le decían a la localidad. En la foto que acompaña el escrito lo vemos hoy a sus ciento un años con premios recibidos por su bodega.

Comenzó a caminar por las vías en dirección a Neuquén y vio un cartel que decía propiedad en venta. El lugar le gustó, tenía una casa, tres hectáreas de tierra y sus ahorros le alcanzaban. Así fue como a los pocos meses ya estaba instalado con su familia en General Fernández Oro. En la siguiente temporada comenzó con el secado de fruta, fundamentalmente pera, que exportaba a Alemania. Llegó a tener ciento cincuenta obreros trabajando de sol a sol y luego comenzó con el secado de ciruela y durazno.

En 1969 comenzó a elaborar vinos, actividad que le gustó mucho siempre, y que recibieron importantes premios en la Fiesta de la Vendimia.

La uva proviene de la chacra de Mainqué, una tierra especial para la plantación de vid ya que posee tierra arcillosa y presenta una marcada amplitud térmica en verano. Entre sus recuerdos: don Lino repartía él el vino en su camión a Neuquén, Plaza Huincul, Cipolletti, Roca, Villa Regina. Garrón de Piedra era el nombre de sus primeros vinos debido al apodo del padre de Ceferino Namuncurá -santo al que le pedían ayuda para que el emprendimiento prosperara- y que caminaba descalzo sobre las piedras.

El acompañamiento familiar fue muy importante: con su esposa vivieron en ese pequeño Fernández Oro que crecía a paso lento. El pueblo no tenía iglesia, por lo que se juntaron varios vecinos y levantaron la capilla “Santa María Goretti”. La imagen de la virgen la trajo la esposa de Gennari en tren desde Buenos Aires. Participaron activamente en el club haciendo kermeses y rifas para ampliarlo.

Sus hijos iban a la escuela en Cipolletti y en Neuquén, y junto a familias amigas consiguieron a través del Sr. Koprio –que repartía leche- trasladar a los niños a la escuela. Ese fue el germen de la empresa KO-KO. Don Lino Gennari recuerda su vida como una vida de mucho trabajo y feliz: “se podía trabajar y crecer”. Antes la palabra tenía valor, compraba y vendía sin necesidad de firmar ningún contrato.

Hace varios años se incorporaron sus hijos y en 2003 formaron la sociedad Gennari SA.

Seguramente muchos recordarán cuando don Gennari repartía vino en almacenes barriales del Neuquén y Cipolletti. Hoy a sus ciento y un años pudimos conversar con él y no dejamos de sorprendernos con su memoria, que es la memoria de toda una región. La tarea ha sido fecunda.

Carta de Lectores de Beatriz Chávez publicada en el Diario "Río Negro", domingo 12 de noviembre del 2023, Edición Papel Nro. 27059. Imagen: Diario "Río Negro".

https://www.rionegro.com.ar/opinion/emilio-lino-gennari-gran-bodeguero-que-suma-101-anos-3254933/

*** Justo homenaje en vida a Don Emilio Gennari que junto a su familia son creadores de riqueza y trabajo en la región del Valle del Río Negro, en nuestra tierra Patagonia Argentina.

sábado, 11 de noviembre de 2023

Establecimiento Humberto Canale S.A.

 


Establecimiento Humberto Canale S.A.

Localizado en J. J. Gómez, Km 1156, Gral. Roca, su historia se inicia en 1909 cuando la reconstrucción del nuevo canal impulsó nuevos bríos a la zona, por entonces el ingeniero Luis Augusto Huergo (1837 – 1913), se asocia con el Ing. Humberto Canale (1876 – 1957) –.

Con el espíritu como brazo de sus voluntades, ambos ingenieros, emprenden el desmonte, emparejamiento y sistematización de 400 hectáreas de tierra virgen, dedicándose prioritariamente a la plantación de viña y para el año 1913 se crea la sociedad jurídica Establecimiento Fruti-vitivinícola Huergo y Canale, inaugurando en ese mismo año una bodega de real importancia económica en la región.

El periódico regional Río Negro en su edición del día jueves 25 de noviembre de 1915, resalta que: “… entre los que, en primer término han contribuido a tan maravilloso resultado figuran los señores Huergo y Canale con el importante establecimiento agrícola que poseen en la Colonia. Siete años hace apenas que se iniciaron allí las primeras labores de labranza en una extensión de 400 hectáreas y en la actualidad no queda un paño de tierra que no haya sido roturado por el arado y no esté listo para recibir la simiente".

La empresa, vendimia tras vendimia, vinificación tras vinificación, va afianzando su actividad comercial y continúa con un firme proceso de consolidación en los mercados, elaborando vinos de sostenida trayectoria.

A principios de la década de 1930 la firma pasó a llamarse Establecimiento Fruti-Vitivinícola Ing. Humberto Canale – Sucesor de Huergo & Canale.

 Así nacieron y renacen con cada cosecha, desde hace ya más de un siglo, los vinos Canale.

El vino en sus primeros tiempos se fraccionaba en Buenos Aires; en el ferrocarril, era comercializado bajo la marca Uvalegre.  

En la actualidad la bodega y los viñedos de antaño, son el corazón del Establecimiento Humberto Canale S.A.

Reseña del Sr. Federico Witkowsky.

Foto: «Afiches de Bordelesas Patagonia Norte».

Federico Witkowski.

«Afiches de Bordelesas Patagonia Norte». Etiquetas Bordalesas de vino.

domingo, 17 de septiembre de 2023

Emilio Lino Gennari, fundador de la bodega Gennari cumple 101 años.

 


Emilio Lino Gennari, fundador de la bodega Gennari cumple 101 años.

Emilio lleva 66 años de fructífera tarea. Junto a su hijo y nietos forman un gran equipo de trabajo con sus empleados. Su suegro fue don Juan T. Fernández recordado hombre de Roca.

Por Lic. Vicky Chávez.

Ante la búsqueda de hechos históricos del Alto Valle de Río Negro y Neuquén nos encontramos con descendientes de pioneros que gentilmente acceden a ponernos en contacto con los protagonistas. Este fue el caso de don Emilio Gennari con el que pudimos conversar.

Don Emilio Lino nació el 23 de septiembre de 1922 en Colonia Rusa, localidad cercana a General Roca. Es hijo de padres italianos de Mandola, pueblo cercano a Nápoles. Julia y Nazareno Gennari tuvieron diez hijos. Vivieron con sus padres en Bahía Blanca y luego arribaron al valle, asentándose en Colonia Rusa. Don Lino cursó la escuela primaria en el Colegio San Miguel de la localidad de Stefenelli. Realizó el servicio militar en la Brigada 6ta. de Caballería en Neuquén.

Se casó a los 23 años con Nélida Fernández hija de Juan T. Fernández de la localidad de Mainqué con la que tuvieron tres hijos. Hugo, papá de Marcela Gennari; Osvaldo y Ana.

Nos relató que en 1957 comenzó con su esposa el emprendimiento en Fernández Oro que en un principio se dedicó al secado de fruta. Fue muy curioso cómo encontró el predio donde comenzó con la empresa. En ese entonces vivía en Huergo, ya tenía unos ahorros para comprar una casita y un pedazo de tierra donde poder plasmar su sueño. Se subió al tren con la idea de encontrar en Neuquén lo que estaba buscando.

Por error se bajó en la estación de Ferrocarril de General Fernández Oro, cuando ya había partido el tren, tomó conocimiento que no estaba en Neuquén sino en “Parada 81”, así le decían a la localidad.

Comenzó a caminar por las vías en dirección a Neuquén y vio un cartel que decía propiedad en venta. El lugar le gustó, tenía una casa, 3 hectáreas de tierra y sus ahorros le alcanzaban. Esa noche le comentó feliz a su esposa que había encontrado el lugar soñado. Así fue como a los pocos meses ya estaba instalado con su familia, en Fernández Oro.

Ya en la próxima temporada comenzó con el secado de fruta, fundamentalmente pera, que exportaba a Alemania. Llegó a tener 150 obreros trabajando de sol a sol, luego comenzó con el secado de ciruela y durazno. En 1969, comenzó a elaborar vinos, actividad que le gustó mucho siempre, los que recibieron importantes premios en la Fiesta de la Vendimia. La uva proviene de una chacra de Mainqué hasta el día de hoy. Una tierra especial para la plantación de vid ya que posee tierra arcillosa y es una zona con marcada amplitud térmica en verano.

Entre sus recuerdos aflora el hecho de que don Lino repartía él el vino en su camión a Neuquén, Plaza Huincul, Cipolletti, Roca y Villa Regina.

“Garrón de Piedra” era el nombre de sus primeros vinos debido al apodo del padre de Ceferino Namuncurá -santo al que le pedían ayuda para que el emprendimiento prosperara – que caminaba descalzo sobre las piedras.


Gran labor comunitaria.

El acompañamiento familiar fue muy importante: con su esposa vivieron en ese pequeño Fernández Oro que crecía a paso lento. El pueblo no tenía iglesia, por lo que se juntaron varios vecinos y levantaron la capilla “Santa María Goretti”. La imagen de la virgen la trajo la esposa de Gennari en tren desde Buenos Aires. Luego participaron activamente en el club, haciendo kermeses y rifas para ampliarlo. Sus hijos iban a la escuela en Cipolletti y en Neuquén, junto a familias amigas consiguieron a través del señor Koprio – que repartía leche- trasladar a los niños a la escuela. Ese fue el germen de la empresa KO-KO.

Gennari recuerda su vida como una vida de mucho trabajo y feliz “se podía trabajar y crecer”. Antes la palabra tenía valor, compraba y vendía sin necesidad de firmar ningún contrato. Cuando tuve necesidad de dinero para ampliar la bodega o el secadero iba al banco y siempre me otorgaban un crédito a plazo que podía devolver”.

Cuando Osvaldo fue más grande se incorporó a la empresa ayudándole en la producción de vinos y fruta. En el año 1996 se incorporó Ana en su carácter de contadora pública y se hizo cargo de la administración. En el año 2003 formaron la sociedad Gennari SA que sigue vigente hasta el día de hoy.


En la bodega se puede ver hasta la fecha al hijo de don Lino, Osvaldo Gennari trabajando y a uno de sus nietos, como también a numerosos empleados. Después de 66 años, continúa el ejemplo de trabajo constante.

Muchos de los habitantes del Alto Valle recuerdan aún cuando Gennari repartía vino en almacenes barriales del Neuquén y Cipolletti. Hoy sus ojos continúan brillando, plagado de recuerdos. La tarea ha sido cumplida.

Publicado en Diario LA MAÑANA DE CIPOLLETTI.

https://www.lmcipolletti.com/cipolletti/emilio-lino-gennari-fundador-la-bodega-gennari-cumple-101-anos-n1057113

lunes, 20 de febrero de 2023

Familia de inmigrantes alemanes de amplia trayectoria en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, narraciones hermanadas por su historia.


La familia de Bernardo Herzig llegó al valle desde un poblado cercano a Frankfurt. Un repaso de su historia. 

Por Lic. Vicky Chávez. 


“Yendo a caballo, mi abuelo un día, vio una gran columna de humo que provenía del almacén de Ramos Generales de la familia París que se estaba incendiando, así conoció a la que luego sería su futura esposa, mi abuela” recuerda la nieta de Bernardo.

Otro de los muchos trabajos que realizaba Bernardo era el emparejamiento de tierras. Se había hecho de una tropilla de caballos y rastrones con los que emparejaba las chacras de muchos propietarios del Valle. Según contaba su esposa salía a las 4 o 5 de la mañana en un sulky hacia Plottier con todos los implementos de trabajo. El sonido de los cascos de los caballos, a la noche muy tarde, anunciaba su regreso.

Con deseos de seguir creciendo adquirió 300 hectáreas en Coronel Belisle: fundó la colonia agrícola La Alianza y además en San Martín de los Andes compró a una familia muy conocida de esa localidad de apellido Ragusi, un aserradero llamado Ruca Ñire (casa del zorro) para procesar rollizos de los bosques cordilleranos. En su actividad pública participó en la creación de la Plaza San Martín de nuestra ciudad cipoleña. Entre 1927 y 1930 fue Comisionado Municipal de Cipolletti y propuso en esa gestión ponerles nombre a las calles del pueblo: Fernández Oro, Centenario (actual Brentana), San Martín, Roca, etc. Fue director del Banco de la Provincia de Río Negro y Neuquén durante 20 años. Fue socio fundador, en 1926, del Club Cipolletti y en el año 60 de la Aseguradora de Río Negro y Neuquén. En 1933 donó el terreno y los recursos (dos aulas) para crear la Escuela Rural Nº 121 del Paraje La Falda, que se inició con 23 alumnos y también brindó su apoyo para crear el Colegio José María Brentana. Su distracción y hobby fue la pesca con la que obtuvo muchas satisfacciones.

El matrimonio Herzig siempre vivió en La Falda con sus dos hijos: María Cecilia y Jorge Bernardo (ambos fallecidos). Cecilia y Jorge hicieron la primaria en la Escuela Nº 53, ambos iban a caballo y los ataban en un palenque que había frente a la Iglesia. Cecilia se casó con un abogado pampeano, Enrique Mario Suárez (ya fallecido) y del matrimonio nacieron: Enrique Bernardo, Sergio Mario y María Laura.

“Mi papá, Jorge Bernardo, hizo parte de la secundaria en el Don Bosco de Bahía Blanca y luego del servicio militar administró junto con su padre el establecimiento y la bodega hasta su muerte en 1970. Se casó con Eva Alejandrina Peri, hija del Gobernador de Neuquén Coronel Bartolomé Peri.”

“Mi abuelo Bernardo falleció en 1971 a causa de la gran pena que le había causado la muerte de su hijo Jorge (mi papá) un año antes. En esa dolorosa circunstancia se ponen al frente de todo mi tío Enrique Suárez, mi hermano Jorge y mi primo Tico Suárez, que eran muy jóvenes. Finalmente, la bodega debió ser cerrada luego de tres desastres climáticos (una pedrea y dos heladas) que en tres años destruyeron las cosechas del Valle y así en homenaje a mi abuelo, mi hermano Jorge (fallecido recientemente) la transformó en Bodega-Museo para el turismo”.

“Mi abuelo fue un gran hombre y un gran ejemplo para todos nosotros, sus nietos, de esfuerzo, perseverancia e inteligencia”.

Historias de trabajo, esfuerzo, tesón que contribuyeron a engrandecer las tierras valletanas. Hoy los homenajeamos y honramos recordándolos y contando su valiosa historia a todos quienes quieran leerla, para conocer la tarea de aquellos intrépidos hombres.

Publicado en Diario "La Mañana del Neuquén".

23 DE OCTUBRE 2021.

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