Mostrando entradas con la etiqueta Uvas criollas.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Uvas criollas.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de febrero de 2025

10 CRIOLLAS PARA DESCUBRIR (¡Y POR QUÉ VALE LA PENA PROBARLAS!).

 


10 CRIOLLAS PARA DESCUBRIR (¡Y POR QUÉ VALE LA PENA PROBARLAS!).

Echamos luz sobre la confusión general que reina en torno de estas variedades oscuras y solo desde hace poco legalmente tintas, y te damos data para que las elijas con toda la info.

Joaquin Hidalgo.

De qué color es el tinto, podría haber preguntado algún Carlitos Balá del mundo del vino en relación la Criolla Chica, una variedad de granos oscuros como la noche, pero que no podía etiquetarse como tinto hasta hace poco. 

Por medio de una resolución de agosto pasado, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) concedió el color a esta variedad que, hasta entonces, sólo podía despacharse como rosada.

Detrás de este apartheid en torno al color de la piel de una uva, yacía una confusión técnica interesante para desarrollar. Y ahora que la Criolla Chica y las Criollas en general están en ascenso de cara al consumo, conviene dar el largo rodeo para llegar a la clave del color. 

Empecemos por la confusión general entre las criollas.

Desambiguando la Criolla Chica.

En Sudamérica está ampliamente difundida una variedad de uva oriunda de Canarias conocida en Europa con el nombre de Listán Prieto. Llegó de la mano de los primeros colonos españoles al continente, quienes la plantaron a cada paso que daban. 

Fue ampliamente cultivada en el pasado en los valles andinos del norte, pero también en el sur de Chile, particularmente entre Itata y el Maule.

Tan abundante fue su plantación que, incluso hoy, al otro lado de la cordillera hay 10.000 hectáreas de País, como la llaman allá, con cierto sentido poético: tan difundida está, que se confunden el paisaje, la nación y la uva. 

En el norte de Argentina, sin embargo, y en menor medida en Mendoza, el Listán adoptó un nombre de sentido parecido: Criolla Chica. Criolla porque fue descrita aquí, aunque es de Canarias. Chica, en comparación con otras Criollas, fundando esa diferencia en el tamaño de la baya (como es costumbre en el mundo del vino, dicho sea de paso).

Esa distinción de tamaño admite la existencia de otras criollas. Y en efecto, una de las gracias de Listán Prieto (aka Criolla Chica, País o Mission, en Estados Unidos) es que fue plantada junto a una blanca muy extendida en el mundo, la Moscatel de Alejandría. 

Entre ellas se han polinizado a lo largo de 500 años y dado origen a muchas variedades que fueron reproducidas por semillas y luego seleccionadas y replantadas por estaca. 

En rigor, estas últimas son las Criollas verdaderas, puesto que no existen en Europa –como sí sus progenitores–, sino que fueron desarrolladas en América. Criollas en el mismo sentido que se aplica a las personas nativas de un lugar.

Entre esas Criollas, como Torrontés Riojano, Pedro Giménez, Cereza y Criolla Grande, por mencionar algunas ampliamente difundidas, dos, la Criolla Grande y la Cereza, son rosadas. Ahí nace la confusión del color.

Criolla Rosada y Criolla Tinta.

Las dos se llaman Criolla. De la Criolla Grande, la rosada, existen unas 14.000 hectáreas en Argentina. De la Criolla Chica, la tinta, sólo 300. De forma que las autoridades proscribieron el uso de variedad tinta basados en el volumen de la otra, no sin cierta lógica. Por eso fue que hasta agosto de 2024 no se podía usar la Criolla Chica como uva tinta. Y eso era un problema.

Fundamentalmente porque los vinos de Criolla Chica –así deben ser etiquetados desde ahora para poder ser usados como tintos– ofrecen un claro color granate. Y muchos productores se veían en la imposibilidad de nombrar a sus vinos de Criolla (Chica) como tintos o, en caso afirmativo, no podían etiquetarlos como Criolla (Chica).

De modo que ahora veremos una explosión de Criollas Chicas tintas en el mercado. No es que haya tantas, pero sí están en pleno desarrollo, por dos motivos centrales. Uno, en los climas de altura y de desierto, da un tinto sin peso pero con estructura tánica, siendo el raro y el delicioso entre los tintos del NOA. 

El otro motivo es que el tipo de fruta que ofrece va desde una guinda clara a una cereza, a la que suma notas de tierra húmeda. Ambos elementos definen un paladar bien atractivo en un panorama dominado por sabores potentes, de riqueza y con frutas negras, sobremaduras, y notas de chutney.

En paralelo, en el mercado también están en ascenso los rosados ligeros elaborados a partir de la Criolla Grande y Cereza. Menos aromáticos que vibrantes en boca, el perfil de estas criollas define un paladar de sed con algunas notas herbales y otras de membrillo y guinda (al menos en mi experiencia), y en los que la nota de tierra mojada es más marcada.

10 Criollas para descubrir.

Entre las Criollas Chicas, destacan largamente Cadus 2023Sunal Ilógico 2022El Esteco Old Vines 1958 2023Valle Arriba La Criollita 2021Cara Sur 2022 Kung Fu 2024

Entre las Criollas Grandes que ofrecen buen sabor, las más interesantes son Lagarde Criollas 2024, Vía Revolucionaria Criolla Grande 2022Criolla Argentina Grande 2023 y Cara Sucia 2023.




Joaquin Hidalgo.

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta con formatos y habla sin rodeos de lo que le gusta y lo que no. Lleva más de veinte años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en medios nacionales, como La Nación y La Mañana de Neuquén. Desde 2019 es el crítico para Sudamérica de Vinous.com (EE.UU.).

Publicado en VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2025/01/10-criollas-para-descubrir/

https://vinomanos.com/

*** Imágenes: VINÓMANOS.

domingo, 25 de agosto de 2024

LA CRIOLLA CHICA YA ES FORMALMENTE UNA UVA TINTA.


LA CRIOLLA CHICA YA ES FORMALMENTE UNA UVA TINTA.

Por resolución del INV, los vinos que tengan al menos 85% de Criolla Chica podrán etiquetarse como tintos. Esta decisión no solo reconoce el valor enológico de la cepa sino que impulsa el renacimiento del resto de las uvas Criollas.

*** Por Alejandro Iglesias – Vinómanos.

En el mundo del vino existen ciertas cuestiones que escapan al conocimiento del consumidor de a pie. Como suele suceder en cualquier actividad, la vitivinicultura tiene reglas y legislaciones que atienden temas de elaboración y comercialización en pos de que las bodegas creen los mejores vinos. Y lo cierto es que son normas muy estrictas.

En el caso de las uvas Criollas, en particular la Criolla Chica o Listán Prieto, estas regulaciones se convirtieron en un obstáculo hasta hace unos días.

Criolla Chica: un poco de historia.

La Listán Prieto, conocida en Argentina como Criolla Chica, fue una de las primeras variedades en llegar a América durante la colonización española y si bien se la vinificó desde Estados Unidos hasta Argentina por siglos, el desembarco de los cepajes franceses, a mediados del siglo XIX, la sentenció a un segundo plano enológico.

Producto de este desplante, durante los últimos cien años la Criolla Chica, al igual que el resto de las Criollas, se destinó para la elaboración de vinos baratos y por esto el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) no la incluyó entre las uvas con atributos suficientes para producir vinos de calidad.

De modo que estos vinos quedaron en un limbo a la hora de salir al mercado ya que no se los podía etiquetar como el resto de los tintos creados con uvas como Cabernet, Malbec o Pinot Noir.

Lucas Niven, referente entre los productores de vinos a partir de uvas criollas en el Este de Mendoza, hace un tiempo nos explicaba: “En un momento, la legislación te permitía elaborar vinos a partir de uvas rosadas con tintas, y si en los análisis alcanzabas más de 600 puntos de color podías etiquetarlo como tinto”.

“Pero eso cambió, y un vino para ser considerado tinto tiene que estar elaborado al menos con 85% de uvas tintas, y las Criollas están en la categoría de uvas rosadas. Por lo tanto, los vinos obtenidos con ellas se debían etiquetar como rosados, aunque a la vista te puedan parecer tintos”, amplió.

Esta cuestión, que a muchos les puede parecer una pavada, presentaba algunos cuestionamientos de parte de importadores o distribuidores internacionales en cuyos países los vinos de Criolla Chica no encajaban con sus legislaciones. De aquí la preocupación de varios productores por aclarar el asunto. 

¡Se hizo justicia!

Finalmente, una reciente resolución del INV, con fecha 16 de agosto, incorpora a la Criolla Chica, o Listán Prieto según su nombre original, al listado de variedades tintas autorizadas para la elaboración de vinos de calidad, marcando un hito significativo en la historia de la viticultura argentina.

Por eso desde ahora, los vinos que tengan al menos 85% de Criolla Chica podrán etiquetarse como tintos.

Esta decisión no solo reconoce el valor enológico de esta cepa que dio el puntapié a la vitivinicultura americana en el siglo XVI sino que también impulsa el renacimiento del resto de las uvas Criollas en la industria vinícola del país.

“El reconocimiento de la variedad Criolla Chica como uva apta para vinos tintos tendrá un impacto positivo en las exportaciones argentinas”, aseguró Magdalena Pesce, CEO de Wines of Argentina y una de las interesadas en que esta cuestión quedara resuelta.

Y agregó: “Durante los últimos años, los principales destinos han sido Estados Unidos, Reino Unido, Brasil y Canadá. Esta variedad, fresca y moderna, satisface la demanda de mercados que buscan vinos ligeros y versátiles y atrae a consumidores que valoran la autenticidad”.

Desde hace una década, aproximadamente, un número creciente de enólogos ha comenzado a explorar su potencial, dando lugar a vinos con una interesante complejidad aromática que desafía las expectativas.

Hoy, esta cepa, conocida por su adaptabilidad a diferentes condiciones climáticas y su resistencia, produce vinos que reflejan de manera singular el terruño argentino y sobre todo representan un patrimonio muy valioso para el país.

Aunque en el pasado se la asoció con vinos más simples, la Criolla Chica ha demostrado su capacidad para ofrecer resultados de alta calidad cuando se maneja correctamente en viñedo y bodega.

Según estudios recientes del INV, su composición polifenólica y antociánica permite la elaboración de buenos vinos tintos, lo que justifica su inclusión en el listado de variedades tintas aptas para la elaboración de vinos de calidad.

Entre los que comenzaron con las gestiones para el reconocimiento de la Criolla Chica también se destaca el empeño del enólogo Santiago Mayorga, con los equipos de Nieto Senetiner y Cadus Wines.

Muy contento con la resolución, Mayorga destacó: “Además de poder etiquetar estos vinos como tintos, algo más importante aún es que al estar incluida la Criolla Chica en la nómina de tintas finas podremos implementar el uso de las Indicaciones Geográficas”.

“Hasta ahora solo podíamos utilizar el origen más genérico, Argentina. Esto es muy positivo para mostrar el trabajo que venimos realizando con esta cepa patrimonial”, subrayó.

El resurgimiento de las uvas criollas, liderado por la Criolla Chica, representa una oportunidad para redescubrir y revalorizar el patrimonio vitivinícola argentino.

Es que al tiempo que se exploran nuevas fronteras en el mundo del vino, esta variedad emerge como un símbolo de autenticidad y tradición, abriendo nuevas posibilidades para los consumidores y productores.

Publicado en Vinómanos.

https://vinomanos.com/2024/08/criolla-chica-uva-tinta/

jueves, 13 de junio de 2024

Mano a Mano con Agustín Lanús, viticultor del Noroeste Argentino: “No tengo dudas que el Valle Calchaquí es la futura Borgoña”.

Mano a Mano con Agustín Lanús, viticultor del Noroeste Argentino: “No tengo dudas que el Valle Calchaquí es la futura Borgoña”.

Agustín es el creador del Sunal Exploración Criolla Chica Blanca; un vino de extrema altura hecho con un nuevo e increíble varietal. En esta nota, nos cuenta cómo fue el proceso y su recorrido.

Agustín Lanús, viticultor norteño, nos cuenta cómo fue el proceso y producción de este increíble descubrimiento argentino: Sunal Exploración Criolla Chica Blanca. Un vino de extrema altura con 2700 m.s.n.m, ¿Qué es este nuevo e increíble varietal?

-Hace muchos años que elegiste apostar en los Valles Calchaquíes ¿Cómo describirías el carácter que tienen los vinos de extrema altura?

“Justamente con esa palabra, carácter.. Lo que más me apasionó del Valle Calchaquí es que, ya por el 2003 cuando empece a estudiar Sommelierier en Buenos Aires, los podía distinguir. Ya podía percibir que eran vinos con otro perfil aromático que los típicos malbec mendocinos por ejemplo.

Y ya cuando empecé a hacer vino acá en 2013 me tome 4 años para elaborar muchos microterruños en Salta, Tucumán y Catamarca, y ahí si ya me quede impactado con la diversidad que hay.

Los malbec de extrema altura, esos de distintos viñeditos a mas de 2200 msnm tiene general una particularidad , yo digo que la uva se ‘apuna’ y cambia el perfil aromático incluso con los malbec de Cafayate y otras zonas del valle; yendo hacia aromas más herbales como el enebro, el molle, la jarilla y los mentoles. Son uvas de clima de montaña, expuestas a condiciones extremas, con mas rayos ultravioletas y mas síntesis de antocianos y polifenoles, algunos de suelos fríos y arcillosos, mas golosos, y otros de suelos graniticos o de laja muy fluidos con una frescura, acidez natural y elegancia impactante”.Agustín Lanús es el creador del Sunal Exploración Criolla Chica Blanca; un vino de extrema altura hecho con un nuevo e increíble varietal. En esta nota, nos cuenta cómo fue el proceso y su recorrido.

-¿Cuáles fueron los mayores desafíos que enfrentaste al crear este nuevo vino Sunal Exploración Criolla Blanca?

“El proyecto de Sunal Exploración, y particularmente la Criolla Blanca, fue uno de los desafíos más lindos que he tenido como viticultor. Fueron muchos años recorriendo familias que en todos sus jardines tienen estas plantas patrimoniales, con interpretaciones y conducciones diversas de acuerdo a la familia. Yo le llamo viticultura ancestral.

Desde que vi estas plantas por primera vez sentí un llamado grande a ponerlas en valor. Desde la primera vez que lo elabore en 2014 encontré en su rusticidad, unos taninos finos y una complejidad que no dude nunca que podríamos llegar a hacer grandísimos vinos a nivel mundial. Y así arranco esta linda aventura.

Puntualmente a la Criolla Blanca la descubrí hace muchos años en los viñeditos de la familia López en el paraje Cuchi Pampa, valle de Luracatao, plantas de 1906. Vi que eran muy distintas a la torrontés , con mucha pruina y racimos laxos grandes, peciolo bien verde y grueso; como la criolla chica pero blanca”.

-¿Cómo crees que este vino refleja el terroir del Valle de Calchaquí?

“Es una uva blanca nuestra, autóctona, hace unos 3 años lleve al INTAN para que saquen material genético y se estudie. Tiene un perfil aromático muy exotico y salvaje. Va más hacia los aromas tiolados como el Sauvignon Blanc, herbáceos, hoja de coca, piracinas. Yo lo quise elaborar al metodo ancestral: desborres gruesos, sin filtrar y con leves burbujas naturales.

"Para mí, estas uvas van a hacer historia en la viticultura argentina, son nuestras y son parte de una identidad que hay que revalorizar”, dijo Agustín Lanús.

" -¿Qué maridajes recomendarías para realzar la experiencia de degustación de este vino?

“Es un vino que me gusta de entrada, ese primer vino que te hace bajar un cambio y predisponer los sentidos, como para arrancar la comida. En Bad Brothers, lo maridamos con tabla de queso de cabra calchaquí, provoleta y con las empanadas fritas de queso y quinoa.

Aunque siempre el mejor maridaje es un lindo brindis...”

-¿Tenes alguna anécdota interesante o experiencia memorable relacionada con la elaboración de tus vinos?

“Una anécdota linda de este año fue cuando estábamos moliendo la Criolla Chica de Cachi con la bodega móvil. Estábamos con mi mujer y mis 5 hijos todos chiquitos arriba del tráiler llenando el tanque de uva hasta que de repente sentimos un estruendo. Se había caído el gato que lo sostenía, ¡Un sustazo!! Los chicos se siguen acordando, por suerte como anécdota divertida”.

-¿Cuál es tu visión para el futuro de los vinos del Valle de Calchaquí y en Argentina en general?

“Siempre digo que para mi el Valle Calchaquí va a hacer la futura Borgoña o Barolo de la Argentina. Todavía estamos en el inicio de lo que vendrá a futuro, con muchas zonas por explorar y actores por venir. En los últimos 10 años, ha habido un gran cambio en los vinos del valle, y los hacedores de vinos del momento tenemos la responsabilidad de mostrar la diversidad y tipicidad que pueden mostrar nuestros vinos, siendo coherentes y fieles a la características del valle.

En Argentina, creo que estamos en el mejor momento de la historia vitivinícola, en cuanto a la diversidad de proyectos, variedades, terruños y sobretodo calidad de los vinos; y siento que el mundo cada vez mas lo esta viendo, reconociendo y valorando; Aunque todavía falta mucho”.

Sunal Exploración Criolla Chica Blanca, el vino que está dejando huella en el Noroeste Argentino.

Publicado en GUARDA 14 del Diario LOS ANDES de Mendoza, 13 de junio de 2024.

Imágenes: Guarda 14.

https://guarda14.losandes.com.ar/aprendiendo/mano-a-mano-con-agustin-lanus-viticultor-del-noroeste-argentino-no-tengo-dudas-que-el-valle-calchaqui-es-la-futura-borgona/

sábado, 1 de mayo de 2021

Cerveza con vino: una famosísima marca y un prestigioso enólogo se unen y hacen una "wine beer". La receta fusiona el mosto de las maltas tostadas de Andes Origen con el mosto de la uva criolla, cepa sobre la que Vigil aportó su conocimiento y experiencia. En la nota, todos los detalles.

 


En la tierra del sol y con la cordillera de fondo, nacen las recetas de Andes Origen. Para homenajear este escenario y su tradicional vendimia, Andes Origen hizo lo que mejor sabe hacer: una cerveza y ahora con uva Criolla. Andes Origen Criolla es una cerveza bien mendocina de edición limitada, estilo Wine Beer, elaborada junto al reconocido enólogo Alejandro Vigil

En una edición especial para darse un gustito, Andes Origen Criolla invita a recordar la complementariedad que existe entre la cerveza y el vino en la mesa argentina. Siguiendo los pasos de elaboración tradicional de la cerveza, la receta fusiona el mosto de las maltas tostadas con el mosto de la uva criolla, cepa sobre la que Vigil aportó su conocimiento y experiencia.

“La uva Criolla es una cepa con mucha historia, que en los últimos años volvió a ganar valor gracias al trabajo de muchos viticultores y enólogos. Poder incorporarla a una cerveza fue un desafío muy interesante que encaramos junto a Andes Origen. También es una gran alegría poder acercar, de una manera diferente, las propiedades de esta uva a más consumidores”, cuenta Alejandro Vigil.

De color tinto-cobrizo, Andes Origen Criolla tiene un amargo bajo y un sabor elegante con notas a caramelo y tostado, con algún dejo ácido y astringente. Su graduación de alcohol le da un toque dulce y un perfil más intenso. Presenta una espuma persistente y un cuerpo medio. Es ideal para acompañar comidas de sabores intensos.

“Nos sentimos orgullosos de nuestro origen y quisimos homenajearlo con esta edición limitada. La vendimia es una fecha de celebración para los mendocinos, y qué mejor que hacerle honor con Andes Origen Criolla; una nueva variedad que tiene a la uva como protagonista y que se elaboró con el gran aporte de Alejandro Vigil, referente de la actualidad del mundo del vino argentino”, dice Julieta De Laurentiis, Gerente de Marcas Locales de Cervecería y Maltería Quilmes.

Esta nueva edición limitada de Andes Origen llega en lata de 473 ml, y ya se encuentra disponible en los puntos de venta de todo el país.

Maridaje.

Para que el gustito de tomar una Andes Origen Criolla sea aún más tentador, se sugiere maridar con platos de sabores intensos, como carnes rojas a la parrilla, que tienen un sabor ahumado suave que va a acompañar muy bien el tostado de las maltas. También es una muy buena opción combinarla con pastas rellenas con salsas con base de crema o quesos duros. Otra idea: platos a base de pollo o cerdo con salsas de sabor intenso o reducciones con crema. Si de dulces se trata, esta edición limitada va muy bien con postres con frutas secas y caramelo –pralinés, crème brûlée–, dulce de leche o banana.

https://www.mdzol.com/mdz-divinos/2021/4/29/cerveza-con-vino-una-famosisima-marca-un-prestigioso-enologo-se-unen-hacen-una-wine-beer-155496.html

miércoles, 30 de diciembre de 2020

EL AMANECER DE LA CRIOLLA CHICA, UN FALSO PINOT NOIR PARA DESCUBRIR. Los consumidores de vino caen rendidos a los pies de una uva que parece, solo parece, Pinot. Enterate quién es. por Joaquín Hidalgo.


EL AMANECER DE LA CRIOLLA CHICA, UN FALSO PINOT NOIR PARA DESCUBRIR.

Los consumidores de vino caen rendidos a los pies de una uva que parece, solo parece, Pinot. Enterate quién es.

por Joaquín Hidalgo.

Hay un puñado de vinos en el mercado que están enamorando paladares. Son tintos delgados, con cierto paso apretado de taninos, que en aromas ofrecen un plan que va de la tierra húmeda a la frutilla, pasando por un trazo apenas herbal. Si pensaste que hablamos de Pinot Noir, estás equivocado: hablamos de una uva conocida en Argentina como Criolla Chica y mundialmente nombrada como Listán Prieto, una suerte de falso Pinot Noir.

¿Por qué falso Pinor Noir? Porque elaborado en estilos como el que mencionábamos más arriba puede pasar por un Pinot. Pero, lejos de serlo, la Criolla Chica es hoy una uva tinta que abre el panorama de los vinos ligeros. Particularmente en el norte, donde está muy difundida.

Pero primero lo primero: ¿de qué hablamos cuando hablamos de Criolla Chica?

En tiempos coloniales, el Listán Prieto hilvana a todos los países productores, pero en cada lugar toma un nombre diferente: uva País en Chile, Mission en California, Negra mollar en Perú y Criolla Chica en Argentina.

De Listán a Criolla Chica.

En la saga de los vinos americanos en tiempos coloniales, el Listán Prieto hilvana a todos los países productores. Pero en cada país toma un nombre diferente: uva País en Chile, Mission en California, Negra mollar en Perú y Criolla Chica en Argentina, por citar algunos ejemplos.

Originaria de España, los historiadores aún debaten si llegó al continente desde Canarias, donde en tiempos de Colón los barcos repostaban alimentos y donde está muy cultivada, o si en rigor entró desde el continente en los mismos barcos.

Cualquiera sea el caso –aunque el primero está bien fundado–, lo importante es que la Listán Prieto llegó a América y se difundió notablemente, como también lo hizo la Moscatel de Alejandría, su par blanca.

Ambas son variedades antiguas en términos de historia. Pero lo más importante para la uva Listán es que resulta muy rústica y plástica; tanto, que se adapta a climas tan diversos como Ica, en el desierto de Atacama; la región del Bio Bio en Chile, y encontró en los valles del norte de Argentina, pero también en Cuyo y Río Negro, terreno fértil para prosperar.

La Criolla Chica es una uva rústica y plástica que se adapta a climas diversos como Ica, en el desierto de Atacama; la región del Bio Bio en Chile, y encontró en los valles del norte de Argentina y en Cuyo y Río Negro, terreno fértil para prosperar.

Paleta exótica.

Como sucede a menudo en el mundo del vino, el uso y las costumbres definen los nombres de las cosas. Plantada en los patios de las casas, a la vera de la ruta y trepándose a añosos troncos de algarrobos, el Listán Prieto perdió su nombre y se transformó en una uva tan criolla como el mate, aunque no lo es.

La Criolla Chica volvió al ruedo de la mano de productores con ganas de experimentar otro universo de sabores.

Sinonimias aparte, en estos últimos años la Criolla Chica volvió al ruedo de la mano de productores con ganas de experimentar otro universo de sabores. Ahí es donde entró a tallar el Listán: de poco color –aunque puede ofrecer mucho bien tratada–, fue su paleta aromática exótica que combina la fruta roja con la tierra húmeda y cierto trazo de herbal, sumado a un paladar ligero, lo que sedujo a los productores primero y luego a los consumidores, que las descubrieron.

El ascenso de la Criolla Chica.

Si uno mira el mercado del vino desde el punto de vista estilístico hay, por un lado, un pelotón de tintos frutales y potentes, con buen cuerpo, donde están casi todas las variedades francesas. Y en el otro extremo, el Pinot Noir, delgado y ligero, que ahora comparte espacio con la Criolla Chica.

Pero si hasta hace una década estaba considerada una uva clase B –con un criterio indubitablemente galo, que discrimina incluso a las variedades italianas o españolas– la exploración estilística lo trajo de nuevo a la palestra.

La exploración estilística de los productores de distintas zonas pusieron a la Criolla Chica otra vez en la palestra.

En eso, el trabajo de los productores del sur de Chile y del norte de Argentina es notable. A ellos se suman, claro, algunos más en Mendoza.

Del Maule al Bio Bio, por ejemplo, la País es cultivada en el secano costero –sin riego– y sobre suelos graníticos o volcánicos que le dan unos taninos recios. Bien trabajados, aportan un carácter definido. Mientras tanto, en los Valles Calchaquíes, con temperaturas mayores y más alta insolación, esos taninos pierden parte de su protagonismo, aunque lo gana la acidez. En eso, la altura hace lo suyo, como sucede en Calingasta, San Juan, o en Tupungato, Mendoza, de donde provienen también algunas buenas criollas.

Lo importante es el valor estilístico de la Criolla Chica a la hora de definir perfiles de vinos poco vistos en la góndola.

Más allá del origen, lo importante es el valor estilístico de la variedad a la hora de definir perfiles de vinos poco visitados en la góndola. Y si bien el mote de falso Pinot Noir no le hace del todo justicia, al menos describe claramente el modelo de vino del que hablamos.

Del Maule al Bio Bio, en Chile, la País es cultivada en el secano costero –sin riego– y sobre suelos graníticos o volcánicos que le dan unos taninos recios.

¿Qué vinos probar?

Buenos ejemplares de Criolla Chica en la Argentina ofrecen Cara Sur 2019, Vallisto Extremo 2020, Valle Arriba La Criollita 2019, Sunal Ilógico 2019 y Cadus Signature Series 2019. De Chile, en cambio, buenas botellas para probar este verano son Bouchon País Salvaje 2019, País Santa Cruz de Coya 2018 y A los Viñateros Bravos La Resistencia 2019.

PUBLICADO EN VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2020/12/criolla-chica-falso-pinot-noir/

Fuente de información e imagen: https://vinomanos.com/

lunes, 5 de octubre de 2020

TORRONTÉS DE ALTURA, EL BLANCO ESPECIAL DEL QUE COLOMÉ ELABORA LA MÁXIMA EXPRESIÓN Uva criolla y perfumada, despliega una personalidad sin paralelos en las alturas exageradas del trópico. Conocé la gema más preciada de esta colección.

TORRONTÉS DE ALTURA, EL BLANCO ESPECIAL DEL QUE COLOMÉ ELABORA LA MÁXIMA EXPRESIÓN.

Uva criolla y perfumada, despliega una personalidad sin paralelos en las alturas exageradas del trópico. Conocé la gema más preciada de esta colección.

En los valles del norte, entre quebradas y desiertos encendidos por la luz del sol y de los astros en días y noches transparentes, se producen algunas de las uvas más particulares del mundo. 

Con trazos de lima, pizca de azahar, rosas y piel de naranja, el Torrontés de altura es fragante como un perfume, mientras que en paladar gana frescura, cuerpo y tensión. Quienes busquen un blanco que quite el aliento, deberían saber que en esta variedad y en los Valles Calchaquíes se esconde la gema que están deseando.

“Nosotros lo cultivamos en dos niveles de altura –dice Thibaut Delmotte, enólogo de Bodega Colomé–:1700 y 2300 metros sobre el nivel del mar. Colomé Torrontés es un 90 a 92% de 1700 metros, de Finca La Brava, y el resto de los 2300, de Finca Colomé”, explica.

La combinación de alturas posibles, partiendo de un piso elevado, les permite conseguir un balance particular. Es que la altura ofrece tres vertientes bien diferenciadas: la insolación, el frío y la edad de los viñedos como piezas claves de la paleta estilística.

La criolla más famosa.

El Torrontés es una variedad nativa de Argentina, nacida de un cruzamiento producido naturalmente en el silgo XVII entre la blanca Moscatel de Alejandría y la tinta Listán Prieto. Es, en todo rigor, una uva criolla. Cuando se habla de Torrontés, sin embargo, se habla del Torrontés Riojano, uno de tres variedades hermanas que encontró en los valles norteños su mejor expresión.

La razón detrás de esta adaptación a la altura y el norte la explica Delmotte: “El Torrontés es una variedad de ciclo largo dentro de las blancas. En zonas de altura, consigue conservar la frescura, aunque es en suelos arenosos donde el efecto de los metros sobre el nivel del mar funciona a la perfección”.

Mientras que la altura proporciona climas frescos y amplitud térmica, los suelos arenosos le permiten madurar relativamente rápido. Por eso Cafayate y alrededores es el epicentro de la producción de Torrontés en Argentina, con 960 hectáreas cultivadas a unos 1700 metros. Sin embargo, bajo una ecuación parecida se pueden buscar terruños más elevados.

El caso Colomé.

Es el caso de la finca de Colomé: “A 2300 metros y sobre suelos un poco arcillosos y de granito –explica Delmotte– el Torrontés madura más lento, por lo que consigue un perfil cítrico bien atractivo, conserva más frescura y gana graso en boca”. 

En su caso, lo emplea como reserva de fruta para Colomé Torrontés, cuyo corazón es Cafayate con una pizca del viñedo de Colomé. Pero el origen no explica todo. “En el viñedo de Cafayate, Finca La Brava, trabajamos desde la poda para bajarle el rendimiento, de forma que el vino gana concentración y boca. En Colomé, en cambio, como son plantas de más de 100 años y en una zona extrema, naturalmente tiene poco rendimiento”.

Los extremos del Torrontés.

Así como en el norte el Torrontés da un perfil floral y cítrico, en el Valle de Uco, particularmente en Tupungato y Paraje Altamira, pierde el matiz azaharado y conserva sólo el cítrico.

“En Colomé trabajamos para conseguir lo mejor del carácter de la altura. El desafío es ofrecer un perfil floral sin resignar volumen de boca y, más aún, evitando el final de amargo que es característico de la variedad”, dice Delmotte. “El secreto, pienso yo, está en los terroir donde tenemos plantadas las fincas y en el trabajo de bodega, donde fermentamos bien frío, a unos 12°C, lo que nos ayuda a subrayar el estilo”, define.

Este modelo de Torrontés ofrece un amplio rango de maridajes posibles. Como gana profundidad y largo debido al cuerpo y la frescura elevada, es un blanco perfecto para comer, ya sea desde unas típicas empanadas salteñas a platos asiáticos como sushi, tempuras y salteados de cerdo. Donde mejor se luce, sin embargo, es con tapeos de mar y frituras.

Así, el ejercicio de la bodega es combinar viñedos para dar con el equilibrio perfecto para su Torrontés. Un balance en el que los aromas de azahar y lima, de rosas y de hierbas invitan a beberlo y en el que se abre un paladar que gana agilidad y frescura, con un volumen medio. Emblema de los valles de altura, Colomé Torrontés es un caso de estudio.

PUBLICADO EN VINÓMANOS.

https://vinomanos.com/2020/10/torrontes-de-altura-el-blanco-especial-que-elabora-colome/

jueves, 28 de mayo de 2020

REVOLUCIÓN DE MAYO: UNA HERENCIA LARGA QUE HOY AGITA LAS COPAS.

REVOLUCIÓN DE MAYO: UNA HERENCIA LARGA QUE HOY AGITA LAS COPAS.

Un festejo patrio con dos tonos que van más allá de los colores de la escarapela: el tinto y el blanco. Descubrí las uvas autóctonas de nuestra vida adulta como país.
Por Joaquín HIDALGO.
Semana de mayo, tiempo de escarapelas y de colores patrios. Al celeste y blanco que cuelga de balcones y decora negocios deberíamos sumarle el tinto y el blanco, al menos si miramos el largo plazo y descorchamos algunos vinos patrimoniales.
Razones hay suficientes. En tiempos de la Revolución de Mayo ya se hacían vinos en nuestro territorio. Y si romper con España implicaba entrar en la turbulenta historia que supimos conseguir, también significó comenzar a andar caminos propios en materia de vides. Es verdad: las plantas, como las costumbres, trascienden las ideas, y por eso sobrevivieron en el viñedo local algunas variedades españolas, que luego fueron salpimentadas con otras italianas y principalmente francesas.
Pero puestos a mirar el país desde aquella celebrada tertulia de mayo, desde sus escritorios de madera manchados de tinta rebelde y quizás de vino español, las industrias de tierra adentro pudieron cobrar cierto vuelto propio. Como la del vino, sin dudas. Pero esa es otra historia.
La pregunta que nos hacemos hoy es otra: pasada esa revolución, emprendido el camino independiente, ¿desarrollamos también vides y vinos locales? ¿Existen vinos patrimoniales?

Las uvas argentinas.

En materia de uvas, Argentina le ha aportado al mundo un puñado nacidas tierra adentro. Las más famosas son sus tres Torrontés, de la que el Riojano es el más reconocido por su aptitud para hacer vinos. Surgida de un cruce entre la españolísima Listán Prieto y la mediterránea Moscatel de Alejandría, el Torrontés Riojano ganó fama como vino aromático. Restan el Torrontés Sanjuanino, usado en otro tiempo para destilar y habitué de las zonas pisqueras de Chile, devenido del mismo cruce, y el torrontés Mendocino del que sólo se conoce un ascendente (la Moscatel) pero no así la otra parte, otra uva criolla aún no identificada genéticamente.
Pero hay más. El Instituto Tecnológico Agropecuario viene trabajando de manera firme en el estudio de otras uvas criollas con cierto potencial para hacer vinos. Con nombres tan poéticos como Glabro, Canela y Ferra, y otros menos sonoros como Huevo de gallo o Criolla Número 1, hay una veintena bajo la lupa de la ciencia agronómica que podría dar lugar a vinos patrimoniales.
A este pelotón claramente desarrollado en Argentina, podemos sumarle al menos dos más que están descuadradas de la bibliografía. Olvidadas en su tierra, como colonos verdaderamente afincados encontraron en este país su lugar en el mundo. El Malbec es el ejemplo más cabal, claro, y con poblaciones de plantas y algunos clones supone una reserva genética adaptada al desierto. La otra es Bonarda Argentina, genéticamente identificada como Charbono y proveniente de la Saboya francesa donde es casi testimonial. Aquí da vinos ampliamente bebidos, tanto que con 18 mil hectáreas es la segunda tinta plantada, luego del Malbec, que ya alcanza las 44 mil.

Los vinos patrimoniales.

En tiempos de la revolución de Mayo, los vinos que circulaban por las pulperías eran el Carlón si se lo podía pagar (tinto español) o el Clarete o Clarín, cuyo origen es poco conocido. En Mendoza, por ejemplo, se hacían vinos a partir de las uvas tintas de Canarias como Listán Prieto, luego bautizada aquí como Criolla Chica, que da un tinto ligero de color y perfume frutal. Esos son el primer paso de los vinos patrimoniales.
Lo que siguió fue el desarrollo de una serie de vinos locales con matriz inmigrante a los que podríamos llamar los sabores de la nostalgia. En eso, las revoluciones pierden siempre contra los gustos adquiridos. En el siglo que va desde 1810 a hasta el primer centenario, en nuestro país nacieron vinos (pero no sólo vinos) de inspiración europea, principalmente de Francia e Italia.
Pero en el bicentenario el escenario es bien diferente. Los estilos locales, con tintos de cuerpo y frescura moderada y buen paladar carnoso, dominan la escena. Y los blancos de altura, con expresión madura y a la vez fresca, no se parecen mucho a lo que ofrece el mundo, salvo algunos vinos mediterráneos.
Pero con el Malbec como bandera, Argentina tiene para dar al mundo un sabor que es propio, tanto como sucede con el Torrontés y el Chardonnay, vinos que gustan dentro y fuera del país.
Si la historia de los países pudiera ser una parábola de una persona, haber adquirido este sentido propio, de lo que nos gusta y de lo que podemos ofrecer en materia de vinos con orgullo, se parece mucho a convertirnos en adultos. Algo que en el ideario de Mayo era un germen en plena gestación.
Publicado en Vinómanos, 26/05/2020.

jueves, 24 de octubre de 2019

Uvas criollas: el INTA recupera cepas ancentrales de gran valor.

Uvas criollas: el INTA recupera cepas ancentrales de gran valor.

A través de un importante trabajo a campo y estudio de ADN, investigadores argentinos rescataron variedades autóctonas con resistencia a sequía, salinidad, enfermedades y que pueden tener alta calidad enológica.
Por:Hugo Carmona Torrespara diariodecuyo.com.ar

La Argentina tuvo una viticultura colonial, muy básica, pero no menos importante por el valor que tenía su uva, su pasa y lo más preciado para la vida de sus primeras poblaciones de la conquista española: su vino. Muchas de esas variedades se fueron perdiendo desde 1850 en adelante, cuando surgió la viticultura industrial y que las reemplazó por otras cepas consideradas de mayor importancia enológica.


Un equipo de investigadores de la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza del INTA, Jorge Prieto,Rocío Torres, Gustavo Aliquó, Martín Fanzone, Santiago Sari, María Palazzo y Jorge Pérez Peña, vienen haciendo desde hace 5 años, una trabajo de rescate de estas variedades criollas ancestrales de Argentina y continúa prospectando viñedos viejos en distintas zonas, recolectando material y analizándolo en busca de identificar otros genotipos. 



EL ORIGEN.

Se denomina variedades criollas a las variedades que se originaron en Sudamérica. En general, se generaron a partir de cruzamientos naturales entre las plantas de vid traídas por los españoles desde la época dela conquista. Los cruzamientos naturales se producen cuando el polen de una variedad fecunda la flor de otra variedad, originando una semilla genéticamente distinta a sus progenitores, por lo tanto, un nuevo genotipo, o en el caso de la vid una nueva variedad. Si bien esto parece poco probable que ocurra, hay que considerar que las plantas se cultivaban mezcladas en la misma parcela y que esas variedades convivieron juntas por casi 400 años. Esta hipótesis fue probada hace algunos años por investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo y de Chile, quienes determinaron que la mayor parte de estas variedades tienen como "progenitores" al Moscatel de Alejandría (variedad de origen griego traída a América por los jesuitas) y a la denominada comúnmente Criolla Chica, que en realidad es una variedad española cuyo nombre original es Listán Prieto. Estas dos variedades se cruzaron repetidas veces y originaron las variedades criollas más conocidas hasta el momento. Se trata, por lo tanto, de cepas que vienen siendo cultivadas en nuestro medio desde hace casi 400 años y adaptadas al medio ambiente local.



 En el mundo existen más de 5000 variedades de vid diferentes para distintos usos: en fresco, para vinos y pasas entre otros. Sin embargo, el mercado mundial de vinos está acotado a un grupo minoritario de variedades en su mayoría francesas, españolas e italianas. Estas pocas variedades (Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Merlot, Malbec, Tempranillo, etc.) ocupan un gran porcentaje de las ventas de vino a nivel mundial. 



El mercado argentino no es muy distinto, en especial luego de la transformación de la industria vitivinícola durante los años 90, cuando se realizó una reconversión de viñedos hacia variedades de alto valor enológico, todas europeas. Pero aún existen alrededor de 74.195 ha cultivadas con variedades criollas, un 33 % de la superficie cultivada con vid en Argentina. Las variedades criollas más cultivadas corresponden a Cereza (29.190 ha), Criolla grande (15.970 ha), Pedro Giménez (11.389 ha) y Torrontés riojano (8.221 ha). Durante las décadas de los 70 y 80 se privilegió el cultivo de estas variedades debido a su alto potencial de rendimiento. Su destino es principalmente la producción de vino básico y/o mosto dependiendo de las condiciones del mercado. Hoy en día, estas variedades están cuestionadas debido a su escasa aptitud enológica, en especial para la elaboración de vinos tintos. Una mención aparte merece la variedad Torrontés Riojano, la cual es considerada hasta el momento la única variedad criolla de alta calidad enológica.



A pesar de este cuestionamiento sobre las variedades criollas más conocidas, existe un interés creciente por parte de algunos actores de la industria en elaborar vinos de alta o media gama con estas uvas y de generar productos únicos del territorio, de calidad y que puedan diferenciarse en los mercados. Asimismo, es importante resaltar que algunas de ellas (poco conocidas al día de hoy) tienen un alto potencial enológico, el cual amerita ser estudiado en mayor profundidad.


Diversidad genética y enológica sin explotar.


Hasta hace algunos años, la única forma de identificar o diferenciar una variedad de vid era a través de las características morfológicas de hojas, ápices, brotes y racimos (ampelografía). Actualmente, a través de estudios del ADN se puede identificar un individuo o una variedad de forma precisa. Además, se pueden comparar los resultados con otras bases de datos en otros países para saber si la variedad ya existe en otra parte del mundo, o si se trata de una variedad original. En este estudio se trabajó con marcadores moleculares validados por la Organización Internacional de la Vid y el Vino y por trabajos de investigación previos nacionales e internacionales.. 


Cuando se habla de variedades criollas, es inevitable pensar en las variedades Criolla grande o Cereza y asociarlas de inmediato con una baja aptitud enológica. Sin embargo, existe otro grupo de variedades criollas que no se encuentran difundidas en el medio y que están siendo estudiadas con el objetivo de identificarlas genéticamente y conocer su origen y los posibles progenitores involucrados. De forma simultánea se está trabajando también en su caracterización agronómica y enológica. La mayoría de estas variedades se rescataron en la década del 50 de viñedos antiguos del Oeste argentino y se implantaron en la colección de variedades de la EEA Mendoza INTA, por los ingenieros del INTA José Vega y Alberto Alcalde. Algunas de estas variedades se perdieron con los años. Basta mencionar que había una colección con 50 variedades criollas que se arrancó en los años 70 y de la cual se pudieron recuperar algunos individuos. No obstante, muchas fueron conservadas en la colección ampelográfica que posee la EEA Mendoza INTA actualmente y han permanecido en el olvido hasta el presente, debido al interés casi exclusivo que despertaron las variedades europeas. Este trabajo se ha realizado en colaboración con un grupo de investigadores del INRA de Francia, donde se encuentra la colección de variedades de vid más grande del mundo y que alberga más de 7800 accesiones, que son materiales vegetales de vid recolectados de distintos lugares. 



Gracias al análisis de ADN, pudimos encontrar hasta el momento 28 variedades criollas diferentes, de las cuales 18 corresponden a genotipos no conocidos anteriormente y 10 a variedades ya previamente estudiadas. De las 18 variedades nuevas hay muchas que no están presentes en viñedos comerciales y es probable que las plantas de la colección sean las únicas existentes de la variedad. Por otro lado, los resultados también indicaron que hay otras variedades que actuaron como progenitores (además de Criolla chica y Moscatel de Alejandría antes mencionados) originando nuevas variedades. Entre ellas, se puede citar al Moscatel de grano pequeño y también al Malbec. El hecho que el Malbec sea el progenitor de dos variedades criollas indica que el proceso de hibridación continuó hasta después de la llegada de las variedades francesas a mediados del siglo XIX. En consecuencia, el proceso de "formación" de las variedades criollas fue más complejo y diverso de lo que tal vez se pensaba. 



Surge el interrogante si es entonces, el Torrontés riojano, la única variedad criolla con alto potencial enológico. Luego de identificadas las variedades y verificado su posible origen y progenitores, se evaluaron sus características vitícolas (peso de poda, rendimiento, evolución de la madurez, peso de baya, composición química de la uva) y enológicas (composición química y análisis sensorial de los vinos) mediante la elaboración de sus vinos a escala piloto. Estos 5 años de estudio permitieron identificar cerca de 10 variedades con potencial enológico promisorio debido a su composición poli fenólica, perfil aromático y acidez y que permiten asegurar que hay otras variedades criollas, además del Torrontés riojano que tienen elevado potencial enológico. 
Actualmente están multiplicando estas variedades para establecer un ensayo de mayores dimensiones y elaborar sus vinos a una escala mayor. En base a los resultados obtenidos en el presente trabajo, es posible diversificar la oferta varietal argentina de vinos a través del uso y valorización de variedades criollas de alto potencial enológico y generar una diferenciación en los mercados. Si bien puede sonar arriesgado, los resultados obtenidos hasta el momento permiten proponer esta vía de desarrollo.



Es muy probable que en viñedos y parrales antiguos aún existan muchas otras variedades desconocidas, mezcladas y/o confundidas. También es probable que muchas se hayan perdido. Esta erosión genética tiene consecuencias importantes, ya que implica una pérdida de patrimonio y diversidad del encepado argentino.

El 33 % de nuestras cepas todavía son criollas de ahí su importancia en identificarlas correctamente y buscarle el valor que puedan aportar por su resistencia y por el vino de calidad que puedan entregar usando la nueva tecnología. 


Fuente de información: