jueves, 12 de julio de 2018

Histórico: el crítico más influyente del mundo le dio 91 puntos a un vino cordobés. En un hecho excepcional, la bodega caroyense Terra Camiare logró importantes puntuaciones de parte del prestigioso crítico Robert Parker Jr.

Histórico: el crítico más influyente del mundo le dio 91 puntos a un vino cordobés.

En un hecho excepcional, la bodega caroyense Terra Camiare logró importantes puntuaciones de parte del prestigioso crítico Robert Parker Jr.
Por primera vez el famoso crítico estadounidense Robert Parker Jr. publicó información sobre vinos de Córdoba. Hace poco más de dos meses en Mendoza, el enólogo cordobés Gabriel Campana llevó unas muestras de los vinos que elabora para la bodega Terra Camiare para que Luis Gutiérrez, el enviado de la revista de Parker (Wine Advocate), deguste mientras probaba las muestras mendocinas.
Y en las últimas horas apareció el informe en www.robertparker.com. Luis Gutiérrez (español), es el representante de Parker en España, Argentina y Chile. Él fue quién probó y puntuó los vinos de la nueva bodega de Colonia Caroya, logrando 91, 90, 89 y 88 puntos en los vinos elaborados con uvas cordobesas, en una bodega cordobesa y por un enólogo cordobés. ¡Histórico!
La primera vez
Este es un hecho histórico para la bodega y la vitivinicultura de Córdoba, ya que es la primera vez que un vino de nuestra provincia llega a paladares de los críticos más influyentes a nivel mundial. Sin dudas, esta novedad reposiciona a Córdoba en el mapa del mundo del vino.
El enólogo Gabriel Campana, dijo: “Alegría absoluta es lo que siento. Esta noticia es una alegría para el corazón para todos los que venimos trabajando para que la vitivinicultura de Córdoba se desarrolle: inversores, técnicos, productores de uva, ingenieros.  Es el trabajo de un grupo de personas que trabajamos duramente todos los días. Y esto recién empieza. Terra Camiare va a seguir elaborando grandes vinos que representen a nuestra provincia, mostrando toda la diversidad que tenemos. Hay mucho camino por recorrer”.
Los puntajes
91 Pts. Socavones Passito Cosecha 2017 (vino blanco dulce natural, elaborado en base a uvas parcialmente deshidratadas siguiendo la antigua técnica italiana de appassimento). Aún no está en el mercado. Sale en septiembre.
90 Pts. Socavones Gran Quilino Cosecha 2016 (vino Gran Reserva- Single Vineyard de un viñedo situado en el Norte de Córdoba-Quilino. Uvas Malbec/Tannat/Cabernet Franc).
89 Pts. Socavones Blend de terroirs- Cosecha 2016-Pinot Noir/Ancellotta (vino gran reserva blend de uvas de fincas de dos zonas productivas de Córdoba: Caroya y Calamuchita); único blend de este tipo en Argentina.
88 Pts. Socavones Reserva Cabernet-Cabernet Cosecha 2016 (Blend de terroirs, uvas de distintas fincas de Córdoba- 70% Cabernet Sauvignon, 30% Cabernet Franc)
88 Pts. Socavones Reserva Chardonnay Cosecha 2016 (Blend de Terroirs, uvas de distintas fincas de la provincia de Córdoba).
En el año 2017, Wine Estusiast le había dado a Las Cañitas 89 puntos, lo mismo que Wine Decanter en el mismo año.

Por Nicolás Marchetti 

Fuente de información: http://vos.lavoz.com.ar/comer-y-beber/historico-el-critico-mas-influyente-del-mundo-le-dio-91-puntos-un-vino-cordobes

Publicado en 

Terra Camiare: abrió la bodega de Mizzau en Colonia Caroya.

Una inversión de cinco millones de dólares permitió reflotar y modernizar las instalaciones de la exbodega Nanini. “Córdoba necesitaba algo como esto”, sostuvo el empresario y emprendedor agroindustrial.
Colonia Caroya. La bodega Terra Camiare abrió al público con un encuentro inaugural del que participaron autoridades y gran parte del arco empresarial del norte cordobés.
Detrás del emprendimiento está Miguel Mizzau, mentor de la exitosa Agroempresa Argentina, quien desembolsó cinco millones de dólares para reacondicionar lo que en su momento fue la bodega Nanini, un clásico que había desaparecido de Caroya.
Hasta la inversión de Mizzau, el panorama para la vitivinicultura de la zona era desalentador porque, en menos de una década, había perdido alrededor de 50 hectáreas de viñedos en una combinación de magras cosechas, nulas ganancias y desastres climatológicos. La colonia llegó a tener, en su pico histórico, más de mil hectáreas de vides; hoy la superficie es de poco más del 10 por ciento.
La nueva bodega no pudo aprovechar casi nada del viejo edificio y fueron necesarias cuantiosas inversiones en maquinaria, barricas de acero y de madera, laboratorio, embotelladora, equipos de frío, y todo el packaging de la nueva marca. Ya tiene en stock para la venta un vino rosado, un champán, varios blends, varietales puros, como malbec y sauvignon blanc, además de la nave insignia histórica de Caroya: el vino frambua, que se elabora con la variedad Isabella.
Además de esos vinos, elaborados con uvas 100 por ciento cordobesas, están en producción experimental otros con las variedades ancelotta, cabernet franc, viognier y torrontés (la única foránea). Lo curioso de esta bodega es que lleva su tercera cosecha y ya obtuvo algunos premios, sin tener venta al público y con un mercado de distribuidores reducido.
Mizzau planteó su visión del negocio: “Córdoba necesitaba algo como esto. Vinos buenos se pueden hacer en todos lados si se trabaja con pasión y con tecnología”. En respuesta a quienes pensaban que para Mizzau esta inversión era un pasatiempo, aclaró: “Yo por hobby no hago nada. Creo que, como todo negocio, puede ser más o menos rentable, pero vamos a tratar de que sea rentable. Sabemos que nos va a llevar un par de años posicionarnos en el mercado y vamos a ir de a poco hacia ese cometido”.

domingo, 8 de julio de 2018

José Zuccardi, la visión de un líder en su rubro.




Según Zuccardi, hay que crear condiciones para el largo plazo.

El bodeguero sugiere mejorar las condiciones de vida de la gente del campo.

Las empresas son instituciones muy importantes de la sociedad. No hay sociedad sin empresas y los empresarios tenemos un rol importante en darle continuidad a estas instituciones que manejamos  y que son de alguna manera el ámbito donde desarrollamos una parte importante de la vida económica”, aseveró el bodeguero José Zuccardi, invitado a “pensar la Argentina que queremos” en el ciclo Los Andes 2020, que conduce Luis García, gerente general del diario líder de Mendoza.

El empresario, elegido por la Fundación Konex entre las cien personalidades más destacadas de la última década en nuestro país, tiene claro que más allá de los altibajos de la industria, seguiría eligiendo esta actividad que abrazó hace 22 años. “Si tuviera que elegir de nuevo, sigo eligiendo la vitivinicultura, la que hoy hemos completado, gracias a la vocación de mis hijos, con el tema del turismo y la olivicultura”, contó.

Zuccardi está convencido de que los vinos encierran más que el producto de la tierra. “El vino no sólo se comunica a sí mismo, sino que comunica la cultura de la región y comunica muchos otros productos del país”, indicó tras mencionar la importancia de la educación para generar valor agregado. “El poder llegar con productos terminados con la marca del lugar a la mesa del consumidor del mundo es fantástico porque uno está transmitiendo una experiencia”, apuntó como un modo de poner sobre la balanza la industria versus otras “actividades que quizá en facturación son mucho más importantes”.

Para el empresario, desde hace 15 años Mendoza viene creciendo en su oferta y la “conectividad que se está logrando en la provincia es muy positiva”, pero aseguró que debe seguir creciendo en todo sentido: “Desde internet en las zonas rurales, a rutas y caminos adecuados, más hotelería”.

Mirar a largo plazo.

Con la mirada puesta en un mediano y largo plazo, Zuccardi puso el énfasis en las desigualdades en materia de reconversión. “Hay proyectos que hoy están utilizando toda la tecnología disponible, pero hay una masa de productores que no ha podido todavía actualizarse. Para ser competitivos no basta que una empresa lo sea o que un porcentaje de una actividad lo sea; hace falta que crezca”, aseguró tras reclamar modelos que permitan a los productores más pequeños integrarse a lo que el mercado demanda para “generar una cadena virtuosa desde la tierra hasta el mercado”.

Y para ello -señaló- son fundamentales las condiciones de estabilidad. “Hace falta esa mirada a largo plazo entre quienes somos productores, pero también entre quienes les toca regir los destinos políticos de la región”, dijo.


En los poco más de 20 minutos que dura la entrevista -que se puede seguir en www.losandes.com.ar-, Zuccardi también se explayó sobre la necesidad de políticas de Estado para impulsar el desarrollo de lo orgánico y sustentable.

“Cuando hablamos de sustentabilidad no sólo hablamos de productos orgánicos, sino de una sociedad equilibrada. Creo que a Mendoza hay que verla como un desarrollo socio-económico. Una región que produce vinos de alta calidad tiene también que tener una sociedad equilibrada. El vino no sólo expresa clima y suelo, expresa gente”, sostuvo, y sugirió buscar mecanismos para mejorar las condiciones de vida de la gente que trabaja en el campo, como política de viviendas, sistema de salud y sistema educativo.


“Todos estos productos [los agrícolas y los que cuentan con valor agregado] dependen de la calidad y características de las personas”, consideró el bodeguero que en setiembre recibirá el Diploma al Mérito de la Fundación Konex junto a otros cuatro empresarios pyme del país.

Publicado en Diario "Los Andes", domingo 8 de Julio de 2018.

jueves, 5 de julio de 2018

La vuelta gloriosa del Vermú: el ritual de los abuelos se instaló en nuestros bares.


La vuelta gloriosa del Vermú: el ritual de los abuelos se instaló en nuestros bares.
Las vermuterías llegaron al país y ofrecen variedades artesanales y maridajes muy argentos.
por Diego Marinelli.

Así como surgieron los wine bars y en los últimos años el país se vio invadido por miles de cervecerías artesanales, de a poco asoman más y más vermuterías. ¿Qué son? Simple: bares con canillas de las que manan litros de vermú sobre vasos colmados de hielo. El formato podría entenderse como una réplica o una alternativa a la cerveza, pero también es el reflejo de una tendencia fuerte en España, donde la costumbre de la ronda de bares y tapas está arraigada, y las vermuterías viven un momento dulce. La propuesta, en general, es tan simple como una picada: elegir un vermú, un platito para picar solo o para compartir. ¿El horario? Tardecita, antes de cenar, tipo seis.
En nombre del picoteo.
Uno de los pioneros en el rubro fue el cocinero Leandro “Lele” Cristobal, quien abrió su vermutería en el porteño barrio de San Telmo en 2016, de la mano de Cinzano. Pero pronto aparecieron otras como La Fuerza, inaugurado este año en el barrio de Villa Crespo. La diferencia, en este caso, es que elaboran su propio vermú en Mendoza, con la asesoría de Sebastián Zuccardi, enólogo de la bodega que lleva su apellido. El rojo, a base de malbec. El blanco, de torrontés. Dos canillas para elegir, beber y picar.

“Servimos comida inspirada en los bodegones y cafetines con la mejor calidad posible. Sabores reconocibles para la gente, como buñuelos, tortilla, milanesas. Nos gusta la idea de que los platos vayan al medio para picotear y compartir”, explica Martín Auzmendi, uno de los socios del proyecto. “Es un concepto fácil de entender –resume–. No es el formato desatendido de una cervecería porque tenemos mozos; pero como la gente quiere un servicio rápido, y nosotros buscamos que sea lo más ágil posible, es el propio cliente quien prepara la comanda, marcando en un papel qué va a pedir”.

El mar rosso y bianco también salpica las barras de alta gama. Por caso, Pony Line, el bar del hotel cinco estrellas Four Seasons, inauguró en marzo sus canillas de vermú; que no es tirado, como en el caso de La Fuerza. Tienen botellas en dispensers conectadas con una manguera que, a través de un sistema de inyección de gas, evita que el líquido entre en contacto con el oxígeno y se degrade. En este caso, los productos son italianos y españoles, más dos versiones (una joven y una añeja) de la marca patagónica Único Vermouth, blend de chardonnay y cabernet franc. “Tenemos un público joven y moderno”, describe su head bartender Pedro Giustinan. “Lo servimos solo o en tragos –sobre todo el Negroni– con tablas de quesos y fiambres”.

El vermú se sirve a la hora del aperitivo. Pero el aperitivo no es necesariamente un vermú. El juego de palabras sirve para explicar el ABC de este ritual argentino heredado de los inmigrantes que llegaron de Italia y España.

El vermú debe contener al menos un 75% de vino “de uva blanca, como el moscato, que sea fácil de fortificar”, según explica Gustavo Vocke, brand ambassador de Martini y de Gancia, marca que entra en otra categoría: al tener menos del 75 % de vino, se lo considera un aperitivo, más específicamente un americano. Entonces, habrá que diferenciar el aperitivo como momento de consumo del aperitivo como estilo de bebida.

“El momento es funcional –explica Vocke–. Son bebidas con gran presencia de cítricos y de hierbas, que preparan el paladar para el siguiente paso. Es un ritual. Una tradición que viene de nuestros abuelos y estamos tratando de que no desaparezca”.

Lo cierto es que en los años 50 y 60, cuando la cerveza no tenía el volumen ni la variedad que tiene ahora y el vino cumplía otra finalidad, el vermú era una fija inamovible a la hora del aperitivo: se llegó a consumir un promedio de 2,5 litros anuales per cápita, según datos que tiene Gastón Basso, gerente de marketing de Cinzano, una marca históricamente asociada a la picada, que en aquella época despachaba 40 millones de litros anuales, un número que luego bajó considerablemente con el paso del tiempo, si bien repuntó en los últimos diez años.

La esperanza del “neobodegón” Basso cuenta que Cinzano jamás se despegó del concepto de la picada, aunque fue, sin dudas, a lo largo de la última década que apuntaló el revival. En esa búsqueda, comenzaron a trabajar con el cocinero Lele Cristóbal que, además de tener su vermutería, creó para la marca una línea de conservas. También apoya fuertemente lugares como La Esperanza de los Ascurra, que algunos denominan un “neo bodegón”.

Desde que abrió en 2011, en Buenos Aires, La Esperanza busca reposicionar el vermú en un mapa de cervecerías y after office. Su propietario, Martín Beraldi, es diseñador gráfico y llegó a la idea a partir de su atracción por la imagen del concepto. Hoy cuenta con cuatro locales, donde se sirven tapas y raciones de especialidades rioplatenses en un ambiente que remite a los cafetines de antaño en clave moderna: hay obras de arte y buena música. No todo tiene que ser tango y sifones viejos.

¿Aperitivo, vermú o americano?
El vermú debe contener al menos un 75 % de vino “de uva blanca, como el moscato, que sea fácil de fortificar”, según explica Gustavo Vocke, brand ambassador de Martini y de Gancia, marca que entra en otra categoría, ya que al tener menos del 75 % de vino, se lo considera un aperitivo, más específicamente un americano.

Vinos argentinos: gran línea de largada
Las bodegas mendocinas, salteñas y patagónicas aportan las mejores materias primas para la vermutería artesanal.

Uno de los aspectos más interesantes del fenómeno del vermú es que, para elaborar esta bebida, se parte de una materia prima como el vino, que en la Argentina es de la mejor calidad y cuenta con amplia variedad. A esto debemos sumarle el sabor de las especias, que “expresan” un terroir, como sucede con los vinos, Todo esto, por suerte, favorece la llegada de marcas artesanales. La vermutería La Fuerza, una de las pioneras, elabora sus productos en Mendoza a base de vinos de uvas malbec y torrontés, y los infusiona con hierbas como la artemisia, el cedrón, la angélica, la genciana, la salvia, el sauco y las cáscaras de naranja y pomelo, entre otros ingredientes.

Único Vermouth, por su parte, es el primer vermú de origen patagónico y utiliza vinos chardonnay y cabernet Franc rionegrinos, a los que se suma el aroma de la pimienta rosa y el indisimulable lúpulo. Elaboran dos versiones, una joven y otra añejada. Pero no son los únicos casos. Lunfa, por ejemplo, es un vermú salteño -tipo Torino- a base de vino torrontés y un mix de veinticinco botánicos (vainilla, manzanilla, rosas, boldo y genciana, entre otros), con un excelente balance entre dulces y amargos.

Salame, el rey de la picada.
El célebre embutido argentino se reinventa, de la mano de Pietro Sorba, con versiones picantes y perfumadas que rescatan los sabores de la vieja Italia.

Tras el denominado “boom gourmet” de los años 90, con chefs mediáticos, restaurantes de autor y platos foráneos como el sushi ganando terreno, la gastronomía postcrisis buscó un rescate de viejas costumbres. Cafecitos con vajilla “de la abuela”, parrillas que recreaban clubes de barrio y un regreso al bodegón. En ese contexto, la picada y el vermú encontraron su momento de volver al ruedo en clave contemporánea.

“La picada triunfa por practicidad, como la pizza o la empanada. Tenés variedad de sabores en un espacio muy chico y alimentás a diez tipos alrededor de una mesa sin usar cubiertos”, describe Mariano Frías, gerente de Marketing de Cagnoli, en Tandil, marca que vende un millón de salames por mes.

El salame es el ícono de toda picada que se precie y (como el de Mercedes o el de Colonia Caroya) el tandilense es sinónimo de su ciudad, a tal punto que el Salame Tandilero es el primer producto agroindustrial argentino en recibir un certificado de Denominación de Origen Controlada; es decir, que no puede llamarse de esa forma a ningún salame que no haya sido elaborado in situ con determinados procesos y materias primas.

“Son productos que remiten a la tradición italiana”, explica Pietro Sorba, el periodista gastronómico genovés que el año pasado lanzó su propia línea de embutidos artesanales elaborados por Pueblo Escondido (un pequeño productor de Cañuelas, en las afueras de la provincia de Buenos Aires). “Me daba curiosidad poder reproducirlos con materia prima argentina”.

Así, aparecen en el mapa cosas poco vistas en las picadas vernáculas como la finocchiona, un salame toscano muy perfumado por estar condimentado con finocchio (hinojo); y la nduga calabresa, un embutido picante que se derrite con el calor del pan y se unta. “Recuerda a la sobrasada mallorquina, una delicia”, acota. Por ahora, Línea Italiana Pietro Sorba consta de una decena de productos que se consiguen en Uribelarrea, un pintoresco pueblo de aires coloniales al sur de Buenos Aires.

Fuente de información: http://rumbos.viapais.com.ar/

miércoles, 4 de julio de 2018

Dos vinos rionegrinos en el top ten mundial. Las bodegas Noemía y Chacra aparecen entre los primeros diez mejores del ranking de Robert Parker. En tanto otros dos vinos de Argentina lograron el puntaje ideal.

Hace algunos días la revista Wine Advocate, creada por Robert Parker, uno de los críticos de vinos más influyentes del mundo publicó la revisión de los vinos argentinos 2018, elegidos entre más de 1200 muestras y catados por el español Luis Gutiérrez que trabaja para la revista sondeando etiquetas y proyectos de Chile y Argentina y que generalmente viaja hasta Mendoza y nunca, o casi nunca, baja a la Patagonia.
La sorpresa para muchos es que por primera vez dos vinos argentinos llegaban a los 100 puntos Parker y la sorpresa de la sorpresa fue que en el top ten se encuentran dos vinos patagónicos, que siembran puntajes internacionales bastante seguido y que enaltecen la región entre otros.
Hace casi tres años Luis Gutiérrez decía abiertamente que Argentina podría tener un vino de 100 puntos Parker, “solo tienes que hacer lo que sientas e insistir...” como un mensaje dirigido a los elaboradores, productores y enólogos. Parece que las palabras de Gutiérrez se hicieron realidad.
Catena Zapata Adrianna Vineyard River Stones 2016, de la bodega Catena Zapata, y el Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary Cabernet Franc 2013, de Alejandro Vigil (enólogo), compartido con Catena, son los vinos del puntaje perfecto. Ambos, elaborados con uvas provenientes del viñedo Adrianna, en Gualtallary.
Río Negro en el top ten.

Dos vinos rionegrinos metieron la cola en semejante podio. Se trata de las bodegas Noemía y Chacra, ambas de Mainqué, Río Negro, pegadas una con la otra, un lugar con un terruño mágico.
Chacra 55 cosecha 2017 y Noemía 2016 fueron los vinos puntuados con 97 Y 97+ pts. respectivamente
Llamamos por teléfono a Hans Vinding-Diers, enólogo de Noemía, para felicitarlo y preguntarle dos cosas.

¿Qué significa para vos este reconocimiento?
Significa que nuestros vinos de la Patagonia son finalmente reconocidos, aunque hace rato que son reconocidos , estamos entre las cinco mejores bodegas del país. Esto nos da mucha exposición, la gente se entera. Es como pasar el examen del colegio. Si uno es competitivo lo toma así, es un concurso.
¿Qué significa para el vino argentino?
Ahora nos van a mirar, todos los puntajes para Argentina suman un montón, esto es muy bueno para el país, nos ponen en la elite, no hay muchos con cien puntos en el mundo y pone a la Argentina en un papel del productor perfecto. Esto nos va a quitar cierto estigma afuera que muchas veces nos encasilla como vino popular, malbec con madera y alcohol y entramos en el montón. Este puntaje nos muestra un futuro. Argentina está en el mapa de la alta calidad.
La comunicación se corta y luego se dificulta volver a tomar contacto ya que Hans estaba en una zona de chacra con señal débil y la telefonía por estos lados es bastante inestable.
Lo interesante de esto es el reconocimiento a los vinos de Argentina y que no solamente orbita todo bajo las estrellas de Mendoza. Por un lado las zonas se fortalecen cuando los titulares y los anuncios traen novedades en esta sintonía, por otro lado es un empuje a los productores a seguir insistiendo en calidad, no solo a los premiados queriendo llegar a los 100, sino a todos los demás para que sigan estando y defendiendo el movimiento como decía Bourdain.
Una discusión que se abre cada vez que surgen los puntajes es la tarea del crítico.
De un tiempo a esta parte el monopolio de la critica de vinos ha mostrado múltiples puertas por donde comienzan a aparecer nuevos jueces , todo el tiempo.
Robert Parker en sus inicios creó una revista que todos los años publica sus puntuaciones. Durante décadas le ha quitado el sueño a más de un bodeguero. Sin lugar a dudas su opinión sigue siendo una de las más influyente del mundo, pero no la única.
Pero eso será materia de otro análisis. Bien por el vino argentino y por la búsqueda.
Publicado en "Yo como" del Diario "Río Negro", 4 de Julio de 2018.