sábado, 18 de enero de 2020

El sentido de plantar rosales al lado de los viñedos.

El sentido de plantar rosales al lado de los viñedos.

No se trata de esteticismo o decoración; es un sistema de alarma contra enfermedades para los viñedos.

Sin dudas, todo aquel que visita un viñedo advierte inmediatamente la presencia de estas plantas en los extremos de las hileras de vides. Esto no es algo que sólo se aprecie en las fincas de Mendoza o de otras provincias del país. Ocurre en todas partes del mundo donde existe un viñedo y lejos de ser algo decorativo, representa un sistema de alarma para el propio viñedo. 

Una nota del sitio Vinetur describe el porqué de esta tendencia de plantar rosales al lado de los viñedos. La enfermedad del Oidio es bastante común en las vides, ya que son muy sensibles al ataque de este hongo. Es un hongo invasivo y difícil de erradicar sino se detecta precozmente.

Este hongo también ataca a los rosales, y sus síntomas son más visibles que los de la vid, ya que aparecen manchas amarillas en sus hojas. De esta forma es fácil detectar si la vid ha podido ser infectada por el hongo antes de que sea demasiado tarde.

El hongo Oidium tuckeri procede de Inglaterra, del año 1851. Las esporas se propagaron por Europa a gran velocidad y arrasó con los viñedos a gran velocidad. La idea de poner rosales al lado de los viñedos vino de los monjes de Borgoña, ya que en aquella época los viñedos estaban alrededor de los monasterios. Después de un exhaustivo estudio consiguieron salvar las vides cercándolas con rosales.

Los monjes pudieron salvar sus viñedos aplicando, primero a los rosales y después a las cepas, un tratamiento basado en espolvorear las plantas con azufre.

Los rosales se convirtieron en plantas que servían al viticultor para detectar enfermedades.

De igual manera, en otros artículos referidos al tema en distinto portales de internet, se asegura que la biosensibilidad de los rosales permite detectar otro tipo de enfermedades o mohos que aunque son menos peligrosos que el Oidio, pueden afectar a la vid si no se afrontan a tiempo.

Además, aclaran que el aspecto decorativo no pasa desapercibido para todos los viticultores y en ocasiones, se aprovecha la función delatora de los rosales para darle un toque de color diferente al viñedo, siendo las rosas blancas pertenecientes a variedades blancas de uva y las rojas a las variedades tintas.

Por último, otro motivo (con el que no todos los expertos están de acuerdo) es la capacidad de los rosales de alejar a ciertas aves de los viñedos al conseguir que el intento de comer los frutos se traduzca en una mala experiencia por las espinas de los rosales.

Fuente: Vinetur Winetoyou.
Publicado el día viernes 10 de enero de 2020. Imágenes de la misma publicación.

lunes, 6 de enero de 2020

Conversación entre Genaro Cacace y Javier Urondo.


Conversación entre Genaro Cacace y Javier Urondo.
Hoy la esquina de Beauchef y Estrada está adormecida por un sol invernal, no es el murmullo habitual que caracteriza el salón el que llena el ambiente. El dueño de la casa, Javier Urondo, avanza a paso firme con una mirada clara y un cajón lleno de puerros y papas del Mercado Central. Un par de mates hacen de entrada a la conversa con un hombre humilde y sencillo.

Genaro– Hace un año unos muchachos de Córdoba fueron a conocer la bodega. En el recorrido por la finca vieron unos olmos muy particulares, ya que no es una zona que se caracterice por ese tipo de árboles, en general son olmos insertados. “Eso son los olmos filosóficos”, les dije, “Mi papá enterró un montón de libros en la década del 70”. No lo podían creer.

Urondo– Qué vigencia, sobre todo en esta etapa en que la clase media viene pegándose tiros en los pies… Les encanta, de alguna manera creen en la teoría del derrame, tienen esa fantasía. Les chafaron los ahorros, los cagaron veinte veces y no registran.

Genaro– Es una cuestión cultural. Creo ser de clase media en serio. Mi papá era socialista y porteño, tenía una empresa particular de construcción aunque siempre hemos cuidado el mango, hemos crecido en un ambiente intelectual distinto. Yo estoy más cerca del tipo que trabaja conmigo que de la imagen de bodeguero, estoy más cerca del sindicato que de la unión de empresarios. No me cabe otra. Mis compañeros de la facultad al recibirse se fueron trabajar a grandes empresas como Peñaflor, Trivento, 12 horas por día en la empresa. Un chofer los pasa a buscar por la bodega y los mete en un barrio privado, se encierran en su casa y se ponen a ver a Tinelli. Están en todo su derecho, ¿pero cuándo piensan?

Urondo– Viven aislados en esa burbuja.

Genaro– El otro día mi hijo, que estudia administración, me pide que vaya a la facultad para dar una charla sobre la industria vitivinicultora y sus costos. Asentí con gusto, pero le propuse que hagamos una experiencia: voy, los busco, vamos a la finca, les doy una tijera, un tacho y vamos a llenar este camión entre todos. Terminamos, nos sentamos y le ponen un precio a los que ellos consideran digno para hacer el trabajo que hicieron. Hablemos de costos… El ejemplo de Francia es ponerle un precio mínimo a todas las uvas, de esa manera le aseguran rentabilidad al productor, aseguran que se quede a vivir en la región, por lo que nadie vende y compra por debajo del mínimo. El hecho de que exista ese parámetro protege al productor cuando la cosecha es escasa, siempre hay rentabilidad para el productor, el elaborador y la comercialización, siempre dentro de un margen de equilibro.

Urondo– Si no los protegieran no tendrían vinicultura, habría entrado el salvajismo del estado, por los tamaños de las unidades productivas.

Genaro– Acá te aplastan la cabeza. Tal como se está estructurando, la vitivinicultura argentina es neoliberal, conservadora, piramidal hacia abajo. Las grandes bodegas son cada vez más grandes y están excluyendo. Las PyMEs no nos vamos a quedar afuera por producir un vino de mierda, sino que nos van a desplazar porque no podemos competir contra los grandes.

Urondo– ¿Es parecido al modelo chileno?

Genaro– En Chile son tres grupos los que manejan el mercado. Lo que sí existe en común es que las empresas vitivinicultoras no dependen de la vitivinicultura, son parte del menú de negocios. Dependen del cloruro de potasio, de las mineras del norte de nitrato, de las madereras del sur. Como acá Molinos, que compró Nieto, después compró Ruca Malen y después Viña Cobos.

Urondo– En Mendoza vas a cualquier restaurante y están las cuatro o cinco marcas principales, siendo que es un lugar donde tendrías que tener diez botellas abiertas para afirmar una cultura democrática del consumo.

Genaro– La publicidad que se hace del vino es tan genérica que termina beneficiando a las grandes bodegas. Aparece gente linda, artistas reconocidos. El tema sería ocupar esos minutos de televisión para hacerle conocer al consumidor, hacerlo saber más de vinos, que deje de ser fanático de unas pocas marcas. Un buen tomador de vino no puede ser fiel nunca, permanentemente tiene que estar cambiando, se tiene que desmarcar de las cinco empresas multinacionales que manejan el mercado.

Urondo– El vino era parte de la industria alimenticia y pasó a ser un producto con más desarrollo, segmentado. ¿Cómo participás vos en todo ese proceso?

Genaro– Nosotros arrancamos en el 80 a elaborar vinos, con toda la tecnología de la década del 60. Descobajábamos, escurríamos el Merlot y la Bonarda la hacíamos blanco. El Cabernet y el Malbec valían menos que la uva criolla. Encima las grandes bodegas de ese momento, Catena, Giol, producían vino masivo en damajuana, los trenes venían a Buenos Aires y se fraccionaba en Paternal y en Palermo. A partir de los 90 se generó un cambio importante en el concepto de qué vino hacer, cómo cuidar la fruta, el color, trabajar con levaduras seleccionadas, invertir en tecnología.

Urondo– ¿Cómo es la situación del mercado argentino?

Genaro– Se ha estructurado el sistema vitivinícola de tal forma que no se tiene en cuenta al pequeño y mediano productor que no se actualiza, no se aggiorna. No tiene que ver con la capacidad de trabajo de la gente sino con los niveles de inversión que hacen falta. Se están perdiendo cada vez más las PyMEs vitivinícola, porque las grandes empresas son cada vez más grandes y pasan a ser grupos inversores. A futuro se puede complicar la necesidad de tecnificar la producción para poder llegar a precios competitivos en el mercado, lo que significaría miles de personas que no van a tener trabajo. Se está imponiendo riego por goteo, cosecha mecánica, una máquina sustituye a 150 cosechadores, el trabajo de poda también se mecaniza, es posible adquirir tecnología es factible trabajar 400 o 500 hectáreas con cuatro empleados. Otro problema es que se está permitiendo que empresas grandes como Catena planten en la Pampa, que tradicionalmente es una zona más apta para otro tipo de cultivos, va producir vinos distintos, ricos, todo mecanizado, encima no tiene que regar porque el agua viene de arriba, lo único que tiene que hacer es combatir las palomas. Se viene un desplazamiento social en la vitivinicultura, que no nos convence. Se está industrializando demasiado, se estandariza mucho, el Cabernet termina siendo igual que el Malbec o el Tempranillo y los diferencian en laboratorio agregándoles taninos para cambiarles el perfil.

Urondo– ¿Qué solución le ves?

Genaro– El Estado debería intervenir en la vinicultura para regular y evitar los monopolios, darles oportunidades a los pequeños productores para que sean eficientes. El productor que trabaja su propia finca sin costos extras y que contrata a personas para que le den una mano debería estar contemplado socialmente, para que mantenga la actividad. El Estado debería regular, intervenir, definir en qué zonas del país se produce cada cultivo. Vamos a morirnos ensojados, pongamos un límite a la soja y promocionemos el trigo, el maíz, el olivo. Como argentinos, nosotros debemos definir la zona para producir vino, que produce mejores concentraciones y por sus características no puede producir otra cosa: es el pedemonte argentino, desde Salta hasta Neuquén. No plantemos viñas en La Pampa, Entre Ríos, Tandil. Sin un Estado que intervenga, con sentido democrático y de inclusión, estamos en el horno.

Urondo– La cosecha del año pasado sufrió muchísimo.

Genaro– Sí, el 30% de los viñedos se han abandonado, de 540 bodegas habilitadas para elaborar en nuestra zona, solamente elaboraron 188. Hay poca uva a raíz de accidentes climáticos el años pasado, la lluvia genero niveles muy altos de pudrición, a tal punto que tuvieron que importar vino de chile y España. Cuando había que aportar capital para poder defenderse contra las inclemencias climáticas, muchas empresas no tenían recursos financieros para enfrentar los costos. Las curaciones han llegado a ser diez veces más costosas que en un año normal, provocando la necesidad de utilizar productos de síntesis química de la Bayer o Monsanto que valen muchísimo más. No se viene agregando abono, el granizo se está incrementando…, una serie de factores que llevaron a que los productores con unas 25 hectáreas (que es un promedio interesante) hayan abandonado los viñedos.
Urondo– Hay bodegas a las que por los costos les conviene tercerizar.
Genaro– A igual consumo eléctrico, en el período enero-febrero del año pasado pagamos $19.700 y en el mismo período de este año $42.000. Por otro lado, ¿qué sentido tiene fraccionar el vino?, cuando por el traslado te cobran una fortuna. El costo de distribución nos afecta muchísimo a las PyMEs, nos cuesta entre $50 cuando no $105 por caja. Esos son valores que nos dejan fuera de competencia o si no tenemos que vender vinos muy complejos, concentrados y caros. Si el año que viene tenemos una buena cosecha, los precios van a empezar a bajar. Las grandes bodegas tienen menos necesidades de materia prima porque la tecnificación ha permitido que las grandes empresas y sus satélites tengan producción propia. En estos momentos las grandes empresas presentan como muy folclórico al vino, con mucha tradición y viñedos históricos. No es así, las grandes empresas son grupos financieros que invierten porque ven que hay un negocio rentable. Los que  hacemos un vino para que ustedes lo tomen somos muy pocos ya.
http://stage.hamartia.com.ar/2017/12/16/el-estado-debe-intervenir-en-la-vinicultura-para-evitar-los-monopolios/

domingo, 22 de diciembre de 2019

Los vinos en lata llegan con todo este verano para competir contra la cerveza.

Los vinos en lata llegan con todo este verano para competir contra la cerveza.

Son de alta calidad a precios accesibles. Un formato para atraer a los jóvenes.

La industria vitivinícola argentina tiene grandes expectativas en la "revolución de la lata para el vino" y así varias bodegas están lanzando algunos de sus productos en este tipo de envase.
"Entender lo que significó para la cerveza este envase entre 2015 y 2018 es abrir una oportunidad de ganar mercado para el vino", aseguraron desde la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).
Según datos de Kantar Worldpanel, 43% del volumen de cerveza que se vende hoy en el país es en lata, 37% más que en 2015; este año la venta de cerveza en lata creció 35% en relación a 2018 y ya tres de cada 10 consumidores de cerveza sólo lo hacen en lata.
Para la Coviar, "la lata le aporta diversidad al vino, por la oportunidad de llegar con una mayor variedad de productos a distintos y nuevos consumidores, practicidad, para abrir nuevas instancias de consumo, en especial para los blancos y rosados".
Además, brinda la posibilidad de "llegar con precios más bajos por producto, ya que se fracciona la cantidad vendida, para ampliar el abanico de opciones comerciales y de promociones a lo ya existente".
Según el ejecutivo, además de ofrecer nuevos momentos de consumo, "el vino en lata es un producto de alta calidad que mantiene el sabor intacto de la bebida en un envase práctico, innovador y cómodo".
Asimismo, Agnello remarcó que "la lata es un envase sumamente sostenible, debido a que es 100% e infinitamente reciclable, ahorra energía y emisiones de gases".
Publicado en Diario "Río Negro", 20 de diciembre de 2019.

viernes, 20 de diciembre de 2019

¿Qué vinos elegir para el verano?

¿Qué vinos elegir para el verano?

En la época más cálida del año es importante tener algunos cuidados a la hora de disfrutar un vino.

Para potenciar el disfrute del vino en verano es realmente importante tener en cuenta la temperatura de servicio del vino, entre otros.
En esta nota del sitio Vinetur, la sommelier y periodista Mariana Gil Juncal brinda varios consejos para tener en cuenta a la hora de descorchar una botella durante los meses más cálidos del año. Para apuntar.
1. Beber a bajas temperaturas de servicioLos maridajes de estación hablan justamente de este tipo de elecciones: preparaciones frescas o frías en verano acompañadas con vinos que sean servidos a bajas temperaturas. El vino blanco, rosado o espumoso debería estar conservado en una cava o refrigeradora a bajas temperaturas. Y para mantener la temperatura durante todo el servicio deberían siempre acercar a la mesa una frapera o balde con hielo para que las bajas temperaturas se conserven pese al calor del ambiente.
2. Elegir vinos ligeros. Con el calor, el cuerpo siempre estará más proclive a recibir bebidas y alimentos contrapuestos a la temperatura del ambiente. Motivo por el cual los vinos más frescos y ligeros son los ideales para el verano. Blancos, rosados, espumosos y tintos jóvenes son los aliados del verano. Un consejo: los tintos los podemos refrescar un poco más para evitar que el alcohol sea la primera sensación que percibamos tanto en nariz como en boca. Siempre es preferible servir el vino un poco más fresco que cálido.
3. Elegir vinos con refrescante acidez. La acidez del vino blanco joven es la espina dorsal. Es el alma de cada botella. Es lo que hará que podamos no sólo refrescarnos en verano, sino que además será el sostén del maridaje que elijamos. ¡Recordemos siempre que un vino blanco sin acidez es un vino sin vida! Para que un vino blanco, y también rosados y espumosos, se puedan lucir en nuestras copas la acidez debe estar siempre presente.
4. Elegir vinos con graduaciones alcohólicas medias o bajas. En el frente o en la contraetiqueta de cada vino que elijamos es obligatorio exhibir la graduación alcohólica. En verano es ideal elegir vinos que no sean tan alcohólicos para no favorecer la deshidratación. Más allá de este consejo, siempre es indispensable beber dos copas de agua por cada copa de vino. 

Qué vino elegir en verano

Vinos blancos
  • Cuidar siempre la temperatura de servicio para que resalte la acidez y aplaque las sensaciones cálidas del alcohol.
  • Temperatura de servicio: 7 a 9  grados.
  • Maridaje: ideales para acompañar ensalada con mariscos o pescados grillados.
Vinos espumosos
  • Se suman las burbujas que aportan un toque de frescura extra a la acidez.
  • Temperatura de servicio: 6 a 8 grados.
  • Maridaje: ideales con bocados frescos, mousses o patés.
  • Vinos rosados
  • Clásicos en esta época del año. Frescos como los blancos, pero con destellos de los tintos.
  • Temperatura de servicio: 10 a 12 grados.
  • Maridaje: ideales con carnes blancas, quesos suaves, ensaladas y sushi.
  • Vinos tintos jóvenes