viernes, 15 de noviembre de 2019

La Bodega Piatelli, del empresario norteamericano Jon Malinski, construye un wine resort en Cafayate, Salta. El prestigio mundial de los vinos argentinos.

Una bodega que invierte a contramano de la crisis.

La Bodega Piatelli, del empresario norteamericano Jon Malinski, construye un wine resort en Cafayate, Salta. El prestigio mundial de los vinos argentinos.
Si ser emprendedor implica, en todos los casos, ser aventurero, bien vale detenerse en Jon Malinski (76), un norteamericano que quiere invertir en la Argentina de 2019. Oriundo de Minnesota, tras una carrera de negocios diversa pero exitosa, al dueño de Bodega Piattelli no parece amedrentarlo la situación actual. Llegó a la Argentina en 2001 pero, mientras todos veían la crisis, él vio otra cosa. De manera fortuita, recaló en Mendoza y su olfato lo llevó a comprar una finca en Agrelo.
“Empecé a conocer vinos de altísima calidad que no estaban muy volcados a la exportación. Allí encontré una oportunidad. Y por eso pensé en crear Piattelli y transformarla en una compañía internacional”, explica hoy. Y asegura no saber cómo llegó a transformarse en bodeguero. Cuando arribó al país, estaba completamente retirado y su único contacto con el mundo del vino era “disfrutar mucho mientras lo bebía”.
En 2007, la finca de Agrelo entregó su primera cosecha y se transformó en una en una empresa con el lanzamiento de la marca Piattelli. En 2009, Malinski comenzó a explorar el valle de Cafayate, Salta, donde compró 200 hectáreas en las que inauguró su segunda bodega en 2012, con un centro de visitas que anticipó el paso que está dando ahora.
La próxima inversión de Malinski se anota en la línea seguida por las grandes bodegas: sumar un negocio turístico a la elaboración de vinos. Piattelli está construyendo un exclusivo wine resort en Cafayate, con cabañas de primer nivel, un spa e instalaciones para eventos que se inaugurará en noviembre de 2020. Añadió una web específica para conectar el vino con los atractivos turísticos de la zona. “No hay mejor inversión que atraer a gente de todo el mundo a disfrutar de nuestro valle y nuestros excelentes vinos. Y eso será muy bueno para nuestra marca”, explica Malinski. El empresario sabe que el momento es crítico, asimilable al momento de su llegada al país, y que “habrá ganadores y perdedores”. Confía estar entre los primeros: “Los que se enfoquen en la calidad van a ganar, porque eso es lo que pide el mercado internacional. Son tiempos difíciles, otra vez, pero los argentinos los van a saber superar y las inversiones deben hacerse. Hay que mantenerse activos y aprovechar los avances de calidad de los últimos años. Los vinos argentinos son reconocidos en todo el mundo, son de alto nivel”. Para Malinski, la clave es “reinventarse y saber cambiar antes de estar obligado a hacerlo". "Cuando uno cambia porque debe cambiar es demasiado tarde.”
Compañía. Una pieza central de su plan de negocios es Arlene, su esposa hace 50 años y, según sus palabras, su “única socia”. Lo acompañó a lo largo de su extensa e inquieta carrera empresarial, en la que no faltó nada: una fábrica de fotocopiadoras cuya venta capitalizó al extremo, ocho años tumultuosos en la Rusia post-soviética volcado a las telecomunicaciones, un explotación ganadera en Wyoming, inversiones en real estate que todavía manejan sus hijos y hasta la cría de búfalos en Lakeville, Minnesota. Malinski sugiere que Arlene es quien pone el freno si alguna aventura inversora se excede. Hoy, maneja el diseño y la estética del wine resort de Cafayate y transita a la par de su esposo los dos o tres meses al año que pasan en la Argentina, repartidos entre Mendoza, Salta y Buenos Aires.
Bodega Piattelli exporta el 80% de la producción. Estados Unidos es su cliente principal, pero también vende a Canadá, Reino Unido, Brasil, Australia, México, Corea del Sur, Suiza y varios mercados más. “Si se mantiene la relación precio-calidad, los precios incluso pueden subir un poco”, confía su dueño. Bajo la conducción de la enóloga Valeria Antolín, entre sus establecimientos de Agrelo y Cafayate tiene capacidad para producir 1,2 millones de litros de vinos malbec, cabernet sauvignon, torrontés y chardonnay. Su marca pionera es Piattelli, a la que luego se sumaron Trinitá y, por supuesto, Arlene.
Malinski se integró a la forma de hacer negocios en el país, pero eligió no tener socios locales: “El que toma las decisiones siempre debe moverse rápido. Y las sociedades a veces generan desacuerdos y demoras. Los chinos dicen que se viaja más rápido estando solo, pero se llega más lejos de a muchos. Hay que balancear las dos cosas. Y conseguí armar un gran equipo en la Argentina”.
En su filosofía para invertir no existe el miedo. Si hubiese elegido otro país, tal vez no hubiera sido lo mismo: apunta que en Estados Unidos la tierra es más cara, por lo que el rendimiento de una bodega como la suya llegaría recién en el largo plazo. En la Argentina dice sentirse como en casa y en sus visitas frecuenta al gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, a quien considera “un verdadero caballero, muy accesible”. Malinski acepta que algún empresario de su país lo mandaría al psicólogo por confiar en la Argentina, pero también cree que les falta información, vital para las buenas decisiones: “Invertir en la Argentina es para una clase especial de personas. Y en Estados Unidos hay mucha gente especial que tiene dinero para invertir. Si vienen aquí, van a encontrar un país hermoso, diverso en nacionalidades y regiones, con gente amable y una gran cultura. Todos leen los diarios y allí se ve siempre el lado malo, pero no todo es negativo”.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Quilmes se mete en el negocio del vino y lanza una “botellita”.

Quilmes se mete en el negocio del vino y lanza una “botellita”.

Llegará con tapa a rosca en 375 ml. Se venderá solo en CABA en 400 puntos. Desarrollan prueba piloto con “vino tirado¨.


El gigante de la cerveza pone un pie en la industria del vino. El rumor corría desde hace unos meses, pero nada hacía suponer que lo haría desembarcando en segmento de consumo “personal” y con un tinto y otro blanco en botella 375ml. A lo que también le sumarán el desarrollo la categoría de “vino tirado”.
“Root” es la marca con la que la empresa saldrá al mercado. Serán dos vinos: uno malbec- syrah y  el otro chenin, en envase de 375ml y con tapa a rosca.
Además, también extenderán en algunos puntos el concepto de “vino tirado”, es decir, que al igual que se hace con la cerveza, harán punta con este concepto que hasta la semana pasada, era exclusivo de la cerveza. 
Fuentes cercanas a la empresa confirmaron que se trata de una prueba piloto pequeña que realizarán sólo para CABA en 400 puntos de ventas. Explicaron que encontraron que el consumidor argentino, en el segmento de vino, tenía muy pocas ocasiones de consumo “personal” y así surgió parte del proyecto.
Hasta el momento sólo comercializarán 85 mil botellas en esta primera etapa, pero si el proyecto funciona la idea es comenzar a trabajar para agrandar este espacio.
De hecho, a pesar de que Quilmes tiene una de las distribuciones de bebidas más grandes de la región, con la que llega diariamente a 300 mil puntos de venta, lo cierto es que es que este proyecto contará con un tercero. En este caso, la empresa Conyntra, especializada en la distribución de productos gastronómicos premium -en su mayoría importados- será la encargada de colocar en producto en Capital Federal.
La “botellita”, que contiene dos copas (375ml), se venderá a $ 100 tanto el tinto como el blanco. Este producto es elaborado en Mendoza, bajo una sociedad estratégica con el grupo Origin Wine, que en nuestra provincia controla Mendoza Vineyards y Finca La Anita.
Cabe recordar que Cervecería y Maltería Quilmes es una de las compañías de bebida más grande de América Latina, y que si bien, se la asocia a las cervezas, lo cierto es que, produce, elabora, distribuye y comercializa también, gaseosas, aguas minerales, jugos e isotónicos, en alianza con PepsiCo y Nestlé.

Un espacio que crece.
Hasta hace unos meses, la ocasión de consumo llamado “personal” para la industria del vino era, prácticamente, un espacio desconocido.

Así lo muestran los números del INV, que advierten que en el caso del envase en botella, las de hasta 650 cm, tienen menos del 1% del total del share del mercado del vino. Y el vino en lata, para el mercado interno todavía no aparece en desagrado del organismo.
Sin embargo, en las últimas tres semanas, Bodega Estancia Mendoza, Bianchi, Zuccardi y Peñaflor, decidieron sacar al mercado vino en lata. Nada mal para una industria que es acusada sistemáticamente de no innovar al ritmo que lo hace su competidora más cercana, la cerveza.
Los últimos números dados a conocer por el INV, muestran que los despachos al mercado interno mostraron un aumento para el período enero - setiembre del 2,3%.
Esa suba en el volumen está dada por la suba de las ventas en tetra brik, en botellas de 1,125 litros y en bag in box, que en último tiempo volvió a crecer.
La suba de la venta en tetra está dada por los precios relativos y el hecho, de que el vino hoy se ubica, en precio debajo de la cerveza. En tanto, el “botellón” creció 34,5%, impulsado principalmente por una bodega de la zona Este. En tanto, el bag in box, creció 59%.

Publicado en Guarda 14 del Diario "Los Andes" de Mendoza, lunes 28 de octubre de 2019.

sábado, 26 de octubre de 2019

Bodega Familia Schroeder presenta un nuevo Deseado Extra Brut.

Bodega Familia Schroeder  presenta un nuevo  Deseado  Extra Brut.
El enólogo Diego Puppato da detalles del flamante espumante con marcadas notas patagónicas.

Leo Puppato es mendocino, tiene en su ADN la viticultura como estandarte. Hincha de River fanático, el hombre por estos días sonríe como la imagen de un amanecer en pleno campo. Es el jefe de enología de Bodega Familia Schroeder y uno de los máximos responsables de la creación del espumante Deseado, uno de los hits más grandes del país en materia de burbujas.

Charlamos sobre el nuevo integrante de la familia, el Deseado Extra Brut, cómo se vislumbra la cosecha 2020 y cuáles son las cepas protagonistas en este tiempo.
¿Qué características tiene este nuevo Deseado Extra Brut?
Es un espumante que a los ojos se presenta con un color amarillo pálido con destellos dorados, de burbujas muy finas y persistentes. En nariz es frutal y floral, intenso y elegante, con delicadas notas a pan y frutos secos. En boca es frutado, fresco, toque cítrico y herbal de buena acidez, cremoso y con un largo final. En su composición lleva 40% Chardonnay, 40% Pinot y 20% Sauvignon Blanc. El método de fermentación es Charmat.
¿Cómo te imaginas que serán los vinos y espumantes de la cosecha que se viene?
Si bien falta mucho por delante para la cosecha 2020 imagino que va a ser una linda vendimia en Patagonia. La brotación viene dentro de los tiempos normales y sólo hubo una pequeña helada en la zona, así que por ahora no hay daños en el viñedo. En general las bases de espumantes por elaborarse temprano, son mucho más estables y homogéneas año tras año. Desde que elaboro espumantes en la zona (ya 17 cosechas) han sido muy parejas y de buena calidad, manteniendo siempre la fruta y frescura que los caracteriza. Estamos año a año sacando nuevos espumantes para ser cada vez más competitivos.
¿Cómo ves la producción de vinos en la provincia?
Neuquén ha crecido mucho en calidad pero no tanto en cantidad porque con la crisis económica no se han plantado nuevos viñedos, inclusive algunos se han abandonado. Son momentos en los que hay que tratar de exportar todo lo que se pueda y para ello tenemos que adaptar vinos para cada mercado, en eso estamos. Hay que jugar en primera y para ello se necesita trabajar bien, cuidando todos los detalles.
¿Cómo acercamos más al consumidor a tomar vino?
Hay que hacer vinos que le guste a la mayoría, vinos fáciles de beber, no tan alcohólicos, frutales, accesibles en precio y para diferentes segmentos. Y además en diferentes envases y tamaños. Por lo general los vinos armados desde la enología, estructurados y complejos, no son los que después más se consumen en volumen. En nuestra bodega Familia Schroeder el ejemplo claro es Deseado, el espumante dulce natural que sin mayor complejidad, es el que más se consume, cerca de 600.000 botellas al año contra 15.000 botellas del espumante más complejo y de 12 meses sobre lías.
¿Cuál es el varietal protagonista de los próximos años para vos?
La variedad estrella es el Pinot Noir, sigue creciendo la demanda, el consumidor argentino empieza a descubrirla y es un varietal muy versátil con el que se pueden hacer muchos productos y cada uno con potencial, rosados, tintos jóvenes, reservas con madera, fermentados en barricas, blend y hasta cosecha tardía. La otra variedad que toma protagonismo, a mi parecer es el Cabernet Franc y en Patagonia por su ciclo de madurez se da muy bien.

Publicado en Diario "La Mañana de Neuquén", 25 de octubre de 2019.

jueves, 24 de octubre de 2019

Uvas criollas: el INTA recupera cepas ancentrales de gran valor.

Uvas criollas: el INTA recupera cepas ancentrales de gran valor.

A través de un importante trabajo a campo y estudio de ADN, investigadores argentinos rescataron variedades autóctonas con resistencia a sequía, salinidad, enfermedades y que pueden tener alta calidad enológica.
Por:Hugo Carmona Torrespara diariodecuyo.com.ar

La Argentina tuvo una viticultura colonial, muy básica, pero no menos importante por el valor que tenía su uva, su pasa y lo más preciado para la vida de sus primeras poblaciones de la conquista española: su vino. Muchas de esas variedades se fueron perdiendo desde 1850 en adelante, cuando surgió la viticultura industrial y que las reemplazó por otras cepas consideradas de mayor importancia enológica.


Un equipo de investigadores de la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza del INTA, Jorge Prieto,Rocío Torres, Gustavo Aliquó, Martín Fanzone, Santiago Sari, María Palazzo y Jorge Pérez Peña, vienen haciendo desde hace 5 años, una trabajo de rescate de estas variedades criollas ancestrales de Argentina y continúa prospectando viñedos viejos en distintas zonas, recolectando material y analizándolo en busca de identificar otros genotipos. 



EL ORIGEN.

Se denomina variedades criollas a las variedades que se originaron en Sudamérica. En general, se generaron a partir de cruzamientos naturales entre las plantas de vid traídas por los españoles desde la época dela conquista. Los cruzamientos naturales se producen cuando el polen de una variedad fecunda la flor de otra variedad, originando una semilla genéticamente distinta a sus progenitores, por lo tanto, un nuevo genotipo, o en el caso de la vid una nueva variedad. Si bien esto parece poco probable que ocurra, hay que considerar que las plantas se cultivaban mezcladas en la misma parcela y que esas variedades convivieron juntas por casi 400 años. Esta hipótesis fue probada hace algunos años por investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo y de Chile, quienes determinaron que la mayor parte de estas variedades tienen como "progenitores" al Moscatel de Alejandría (variedad de origen griego traída a América por los jesuitas) y a la denominada comúnmente Criolla Chica, que en realidad es una variedad española cuyo nombre original es Listán Prieto. Estas dos variedades se cruzaron repetidas veces y originaron las variedades criollas más conocidas hasta el momento. Se trata, por lo tanto, de cepas que vienen siendo cultivadas en nuestro medio desde hace casi 400 años y adaptadas al medio ambiente local.



 En el mundo existen más de 5000 variedades de vid diferentes para distintos usos: en fresco, para vinos y pasas entre otros. Sin embargo, el mercado mundial de vinos está acotado a un grupo minoritario de variedades en su mayoría francesas, españolas e italianas. Estas pocas variedades (Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Merlot, Malbec, Tempranillo, etc.) ocupan un gran porcentaje de las ventas de vino a nivel mundial. 



El mercado argentino no es muy distinto, en especial luego de la transformación de la industria vitivinícola durante los años 90, cuando se realizó una reconversión de viñedos hacia variedades de alto valor enológico, todas europeas. Pero aún existen alrededor de 74.195 ha cultivadas con variedades criollas, un 33 % de la superficie cultivada con vid en Argentina. Las variedades criollas más cultivadas corresponden a Cereza (29.190 ha), Criolla grande (15.970 ha), Pedro Giménez (11.389 ha) y Torrontés riojano (8.221 ha). Durante las décadas de los 70 y 80 se privilegió el cultivo de estas variedades debido a su alto potencial de rendimiento. Su destino es principalmente la producción de vino básico y/o mosto dependiendo de las condiciones del mercado. Hoy en día, estas variedades están cuestionadas debido a su escasa aptitud enológica, en especial para la elaboración de vinos tintos. Una mención aparte merece la variedad Torrontés Riojano, la cual es considerada hasta el momento la única variedad criolla de alta calidad enológica.



A pesar de este cuestionamiento sobre las variedades criollas más conocidas, existe un interés creciente por parte de algunos actores de la industria en elaborar vinos de alta o media gama con estas uvas y de generar productos únicos del territorio, de calidad y que puedan diferenciarse en los mercados. Asimismo, es importante resaltar que algunas de ellas (poco conocidas al día de hoy) tienen un alto potencial enológico, el cual amerita ser estudiado en mayor profundidad.


Diversidad genética y enológica sin explotar.


Hasta hace algunos años, la única forma de identificar o diferenciar una variedad de vid era a través de las características morfológicas de hojas, ápices, brotes y racimos (ampelografía). Actualmente, a través de estudios del ADN se puede identificar un individuo o una variedad de forma precisa. Además, se pueden comparar los resultados con otras bases de datos en otros países para saber si la variedad ya existe en otra parte del mundo, o si se trata de una variedad original. En este estudio se trabajó con marcadores moleculares validados por la Organización Internacional de la Vid y el Vino y por trabajos de investigación previos nacionales e internacionales.. 


Cuando se habla de variedades criollas, es inevitable pensar en las variedades Criolla grande o Cereza y asociarlas de inmediato con una baja aptitud enológica. Sin embargo, existe otro grupo de variedades criollas que no se encuentran difundidas en el medio y que están siendo estudiadas con el objetivo de identificarlas genéticamente y conocer su origen y los posibles progenitores involucrados. De forma simultánea se está trabajando también en su caracterización agronómica y enológica. La mayoría de estas variedades se rescataron en la década del 50 de viñedos antiguos del Oeste argentino y se implantaron en la colección de variedades de la EEA Mendoza INTA, por los ingenieros del INTA José Vega y Alberto Alcalde. Algunas de estas variedades se perdieron con los años. Basta mencionar que había una colección con 50 variedades criollas que se arrancó en los años 70 y de la cual se pudieron recuperar algunos individuos. No obstante, muchas fueron conservadas en la colección ampelográfica que posee la EEA Mendoza INTA actualmente y han permanecido en el olvido hasta el presente, debido al interés casi exclusivo que despertaron las variedades europeas. Este trabajo se ha realizado en colaboración con un grupo de investigadores del INRA de Francia, donde se encuentra la colección de variedades de vid más grande del mundo y que alberga más de 7800 accesiones, que son materiales vegetales de vid recolectados de distintos lugares. 



Gracias al análisis de ADN, pudimos encontrar hasta el momento 28 variedades criollas diferentes, de las cuales 18 corresponden a genotipos no conocidos anteriormente y 10 a variedades ya previamente estudiadas. De las 18 variedades nuevas hay muchas que no están presentes en viñedos comerciales y es probable que las plantas de la colección sean las únicas existentes de la variedad. Por otro lado, los resultados también indicaron que hay otras variedades que actuaron como progenitores (además de Criolla chica y Moscatel de Alejandría antes mencionados) originando nuevas variedades. Entre ellas, se puede citar al Moscatel de grano pequeño y también al Malbec. El hecho que el Malbec sea el progenitor de dos variedades criollas indica que el proceso de hibridación continuó hasta después de la llegada de las variedades francesas a mediados del siglo XIX. En consecuencia, el proceso de "formación" de las variedades criollas fue más complejo y diverso de lo que tal vez se pensaba. 



Surge el interrogante si es entonces, el Torrontés riojano, la única variedad criolla con alto potencial enológico. Luego de identificadas las variedades y verificado su posible origen y progenitores, se evaluaron sus características vitícolas (peso de poda, rendimiento, evolución de la madurez, peso de baya, composición química de la uva) y enológicas (composición química y análisis sensorial de los vinos) mediante la elaboración de sus vinos a escala piloto. Estos 5 años de estudio permitieron identificar cerca de 10 variedades con potencial enológico promisorio debido a su composición poli fenólica, perfil aromático y acidez y que permiten asegurar que hay otras variedades criollas, además del Torrontés riojano que tienen elevado potencial enológico. 
Actualmente están multiplicando estas variedades para establecer un ensayo de mayores dimensiones y elaborar sus vinos a una escala mayor. En base a los resultados obtenidos en el presente trabajo, es posible diversificar la oferta varietal argentina de vinos a través del uso y valorización de variedades criollas de alto potencial enológico y generar una diferenciación en los mercados. Si bien puede sonar arriesgado, los resultados obtenidos hasta el momento permiten proponer esta vía de desarrollo.



Es muy probable que en viñedos y parrales antiguos aún existan muchas otras variedades desconocidas, mezcladas y/o confundidas. También es probable que muchas se hayan perdido. Esta erosión genética tiene consecuencias importantes, ya que implica una pérdida de patrimonio y diversidad del encepado argentino.

El 33 % de nuestras cepas todavía son criollas de ahí su importancia en identificarlas correctamente y buscarle el valor que puedan aportar por su resistencia y por el vino de calidad que puedan entregar usando la nueva tecnología. 


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