martes, 18 de agosto de 2020

Conocé el varietal Lambrusco Grasparossa, elaborado por Pumalek.

Conocé el varietal Lambrusco Grasparossa, elaborado por Pumalek.

Esta pequeña bodega familiar, construida en 2010, nace de la necesidad de contar con un lugar propio donde elaborar este exclusivo varietal importado en 2005 de Módena, Italia, e implantado en su finca Carmina de Ugarteche.

Pumalek rememora una historia de familia, que como tantas otras, se tejen con el transcurrir de los años y de generaciones, cargada de recuerdos maravillosos y fantásticos, vivencias y nostalgias. “La uva Lambrusco y el vino que se obtiene de esta uva son parte de esta historia”, expresa su propietario, Eduardo Aregall.
El viñedo de Lambrusco Grasparossa se encuentra ubicado en Ruta nacional N° 40 intersección ruta provincial N° 16, en la esquina sur-este. La finca se llama Carmina, en honor a Carmen Micaela Lucía Pujol, madre de Eduardo. De hecho, el nombre “Pumalek” es una conjunción de los apellidos Pujol y Malek (apellido de su esposa Laura).
De este modo, y honrando la memoria de sus padres, Jorge y Carmen, esta pequeña bodega familiar se desarrolla hoy bajo la supervisión de Eduardo junto a su familia: su esposa Laura y sus hijos Franco, Gonzalo y Valentín.

Vinos con una impronta distinta,

Actualmente se está refuncionalizando una vieja casona de adobe de principios del siglo XX emplazada en el lugar, para recibir visitantes y ofrecer una alternativa gastronómica.
En la bodega se elaboran dos vinos tintos tranquilos -Fortunato y Testarudo-; el vino espumante Brut Rosado Pumalek por método charmat, y tres vinos espumantes Macanudo (Bianco di Rosse, Rose di Rosse y Rosso di Rosse) por método champennoise. Se suma a la familia el vino tinto reserva Cascarrabias, que tiene paso por madera y estamos pronto a etiquetar.
La primera gama de seis vinos fueron concebidos por el enólogo Giuseppe Franceschini, y Cascarrabias, por el enólogo Germán Calvo.

Un varietal diferente,

“El varietal Lambrusco Grasparossa otorga vinos con acidez y tanicidad marcada, dos características que hacen que el vino amalgame con las costumbres gastronómicas de la región Emilia-Romagna, rica en aromas y sabores, con bastantes similitudes con la Argentina por la inmigración italiana”, explica Aregall.
Se trata de vinos -sobre todo los espumantes Macanudo- ideales para acompañar comidas y no tanto postres, como es más habitual. Esta particularidad se la concede justamente el varietal Lambrusco Grasparossa.
Otro dato importante es que este varietal fue dado de alta en el INV como “vitis vinifira” por Bodega Pumalek. Es decir que antes de esto no existía, al menos como varietal, en Argentina. “Para obtener la inscripción en el INV recorrimos un largo camino de dos años por organismos nacionales (INASE Y CONASE)”, rememora Eduardo.

domingo, 9 de agosto de 2020

KARAS: SORPRENDETE CON LOS VINOS ARMENIOS QUE LLEGAN A LA ARGENTINA.

KARAS: SORPRENDETE CON LOS VINOS ARMENIOS QUE LLEGAN A LA ARGENTINA.

La familia Eurnekian presentó en el país los vinos de la bodega que inauguraron en 2004 en Armenia. Un proyecto que combina historia y un fuerte orgullo por su tierra. 
Si nunca probaste vinos armenios, ahora tenés la oportunidad de hacerlo en el mercado local con la llegada de Karas. 
Lo más probable es que jamás hayas escuchado hablar del legendario pasado armenio en materia de vinos. La razón de este silencio histórico a pesar de su importancia hay que buscarla en el mismo paso de los siglos.
El vino acompaña al hombre desde hace miles de años y al parecer fueron los armenios los primeros en hacerlo. Al menos eso quedó demostrado en 2007 tras el hallazgo de una bodega de 6200 años en la Cueva de Areni, en el Valle de Ararat.
Pero quizás no hacía falta este descubrimiento para saber que Armenia fue famosa durante siglos por sus vinos que, como el mismo pueblo, resistieron los embates de numerosos acontecimientos que casi logran borrar todo vestigio de su pasado vínico. Invasiones en la antigüedad, el genocidio por parte de los turcos en 1915 y los años de opresión soviética que terminaron en 1989 no solo obligaron a gran parte de este pueblo a abandonar su tierra, sino que fueron episodios que afectaron su legado cultural.
Sin embargo, en 1991, año en que Armenia recuperó su independencia, las cosas cambiaron. Con el apoyo de millones de exiliados, los armenios que aún permanecían en el país iniciaron un proceso de reconstrucción en el que la industria del vino hoy cumple un rol muy importante. 
Entre las familias armenias dispersas por el mundo, una muy vinculada con su reconstrucción y con la recuperación del patrimonio vitivinícola es la de Eduardo Eurnekian. “Desde que Armenia recuperó su independencia mi familia está muy comprometida con volver a darle vida a esa nación”, cuenta Juliana Del Águila Eurnekian, presidente en Argentina de Bodega del Fin del Mundo y de Karas, proyecto que su familia inició en 2004 en Armavir, Valle de Ararat, y cuyos vinos acaban de presentarse en el país.

El renacer de los vinos armenios.

Uno de los principales problemas con los que tuvieron que lidiar quienes se comprometieron con la recuperación del vino armenio fue la falta de experiencia y de mano de obra calificada. “Como consecuencia de los años bajo el yugo soviético, el habito de consumir vino, así como la costumbre de elaborarlo, casi desaparecen, al igual que las uvas nativas”, explica Juliana Del Águila Eurnekian. “Por eso nuestro proyecto tiene una finalidad social y se enfoca en la producción de grandes vinos con mano de obra local, para sumar empleo de calidad en la región”.
A pesar de los desafíos que supone la vitivinicultura en este país –los crudos inviernos del Cáucaso, la falta de experiencia reciente–, numerosas inversiones de familias que regresan a su tierra lograron activar más de 30 bodegas y Armenia ya cuenta con 16.700 hectáreas de viñedos. 
Un rasgo a destacar es que en el país se practica la vitivinicultura de altura, con viñedos plantados 2100 metros sobre el nivel del mar, en una latitud norte equivalente a Río Negro en la Argentina. Esto imprime una importante amplitud térmica y climas extremos, en los que el invierno puede llegar con temperaturas de hasta -30°C.
Como variedades nativas de los vinos armenios se destacan Areni, Siren, Voskehat y Kangun, mientras que muchos intentan recuperar otras casi extinguidas y hay quienes apuestan a cepas internacionales. 

Karas, los vinos del fuego.

 El origen de la vitivinicultura armenia está documentado en la Biblia. Noé fue quien plantó las primeras vides cuando llegó al Valle de Ararat, e incluso se embriagó con sus propios vinos”, explica Juliana al dar el primer sorbo de historia en la presentación de Karas, la bodega de su familia.
El nombre elegido para este proyecto es el mismo utilizado por los locales para identificar a las antiguas vasijas de arcilla halladas en la Cueva de Areni, aún utilizadas en las bodegas armenias. 
La bodega de la familia Eurnekian está ubicada en Armavir, una región entre los 900 y 1300 metros de altitud en el Valle de Ararat, famoso por la elaboración del brandy favorito de Wiston Churchill, que lleva el nombre de este volcán con dos conos.
Aquí, sobre suelos volcánicos con altos niveles de carbonato de calcio, piedra caliza, basalto y tuff (roca volcánica típica de la región), Karas cuenta con 400 hectáreas de viñedos. “En 2004 se consiguieron las tierras, que se cultivaron entre 2006 y 2007 con las cepas autóctonas Areni, Sereni, Voskehat y Kangun, junto a cepas francesas”, afirma Gabriel Rogel, enólogo mendocino radicado desde 2012 en Armavir y responsable de los vinos de la bodega.
La zona se destaca por su clima continental seco y una importante influencia del viento. Las estaciones son bien definidas con veranos muy calurosos e inviernos helados, que demandan enterrar las vides durante sus primeros años para evitar el congelamiento. 
Karas cuenta con dos líneas de vinos, la que lleva el nombre de la bodega y se compone de once diferentes etiquetas, y Tale of Two Mountains, una línea de vinos jóvenes con imagen moderna. De la línea Karas, en Argentina ya se pueden conseguir un Classic White Blend de Kagun, Chardonnay, Viognier y un Classic Red Blend de Syrah, Cot, Cabernet Franc y Tannat ya disponibles en este link.
Muy pronto llegará un blend de las cepas nativas Areni–Khndoghni Karas Reserve, un assembalge de Syrah, Petit Verdot, Montepulciano y Cabernet Franc, para ampliar la oferta de vinos armenios en Argentina. 
Publicado en Vinómanos.

miércoles, 22 de julio de 2020

Weinert, una bodega clásica que trasciende las épocas.

Weinert, una bodega clásica que trasciende las épocas.

Fundada en 1975, Bodega y Cavas de Weinert es un ícono de elegancia y estilo en la industria de vino de Argentina.
La bodega posee un edificio histórico de estilo neoclásico con influencias manieristas, construído en 1890. Sus viñedos se ubican en la Primera Zona, especialmente en Luján de Cuyo y sus variadas subregiones: Chacras de Coria, Mayor Drummond, Perdriel, Agrelo, Ugarteche, Carrizal y Las Compuertas. También en Maipú, en Lunlunta y Russel. 

Apasionados por el vino.

Manteniendo un estilo clásico de vinificación y añejamiento en fourdres de roble francés y esloveno, Weinert sigue la escuela tradicional de Bordeaux, que fuera introducida por el maestro enólogo Don Raúl de la Mota en Mendoza.
Actualmente su enólogo es el suizo Hubert Weber, quien llegó a Mendoza allá por enero de 1996, luego de probar en su país uno de los vinos más icónicos de la bodega: Cavas de Weinert cosecha 1985. Fascinado por este vino, Hubert solicitó una pasantía, ya que venía especializándose como joven enólogo en la elaboración de vinos en foudres de más de 1800 l. Luego de un año de práctica, y ya enamorado de nuestra provincia, tomó las riendas de la enología en Weinert a partir de la cosecha 1997. Y como él mismo dice: “Sigo practicando desde 1996”.

La especialidad: vinos de guarda.

Bodega y Cavas de Weinert produce tintos de varietales Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Franc que, luego de una vinificación siguiendo técnicas de la escuela tradicional francesa e italiana, son añejados durante largos años en foudres de roble francés y esloveno que tienen entre 2.200 y 6.000 litros de capacidad y están ubicados en sus cavas subterráneas, construídas en 1890.
Ese microclima tan especial, casi mágico, con una temperatura muy constante entre los 12-15C y 80% de humedad durante todo el año, permite una crianza prolongada donde los vinos descansan y desarrollan su estructura y complejidad aromática, sin perder la exuberancia del carácter frutal de Primera Zona. Por ello, desde la bodega sostienen que una de las principales inversiones en Weinert es el tiempo.

Hospitalidad.

La bodega ya está planificando volver a las actividades de turismo a partir de octubre, cuando los visitantes podrán disfrutar nuevamente de sus jardines y su arboleda centenaria compuesta por ejemplares de aguaribay, robles y álamos que rodean la casa patronal de 1890, donde se encuentran el Wineshop y las salas de degustación.

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-Weinert: vinos de la línea Carrascal, con las variedades Malbec 2017, Chardonnay 2020 y Corte Clásico 2017 (40% Malbec, 35% Cabernet Sauvignon y 25% Merlot). Los tintos añejan 24 meses en los foudres de roble francés, conjugando la expresión y concentración de frutos rojos bien maduros con notas de frutos secos, té en hebras y tierra mojada. Son ideales para carnes y vegetales en la parrilla y pastas con salsas encorpadas.
El Chardonnay es fermentado en duelas de acacia, con un estilo europeo de mucho frescor y cuerpo, con notas a frutos cítricos y flores blancas, ideal para comidas asiáticas como sushi y woks o para acompañar mollejas bien crocantes al limón.
-Pedro del Castillo: nombrados en honor al fundador de la ciudad de Mendoza, son vinos con tapa a rosca originalmente destinados solo al mercado de exportación (Noruega y Finlandia). El Red Blend es un corte de 70% Bonarda y 30% Malbec sin paso por madera, manteniendo la fruta fresca y madura típica de Mendoza.
El White Blend es un corte con base de Chardonnay co-fermentado con Moscatel Blanco y Pedro Giménez, con notas de cítricos y frutos tropicales como maracuyá y ananá. Ambos son ideales para comidas cotidianas como pizza, locro, milanesas y lomitos, o para acompañar una tabla de quesos y fiambres.
Publicado en Guarda 14 del Diario "Los Andes" de Mendoza, lunes 20 de julio del 2020.
Las imágenes son de la misma publicación.

lunes, 20 de julio de 2020

Bodega mendocina fue reconocida en la segunda edición de "The World´s Best Vineyard".

Bodega mendocina fue reconocida en la segunda edición de "The World´s Best Vineyard".

Se trata de Zuccardi Valle de Uco. El establecimiento local fue distinguido como la "mejor bodega de Sudamérica y del mundo".
En una ceremonia celebrada de manera virtual, a causa de la pandemia, se anunciaron los premios de “The World’s Best Vineyard”, que ponen atención en la calidad del turismo enológico de más de 1.500 bodegas alrededor del mundo. El mayor reconocimiento fue para la bodega mendocina Zuccardi Valle de Uco, que obtuvo la distinción de “Mejor Bodega de Sudamérica y del mundo”.
Los jurados realizaron una elección entre las consideradas mejores 50 bodegas. Además de evaluar los vinos, examinaron la experiencia gastronómica, el recorrido, el ambiente, el personal, la vista, el precio, la reputación, la accesibilidad y todo lo que hace que una visita sea una experiencia gratificante para los visitantes.
Los votantes fueron referentes internacionales del mundo del vino, Sommeliers y corresponsales de viajes de lujo de todo el mundo.
La lista de los ganadores 2020 abarca bodegas de 18 países en los 5 continentes:
- Mejor Bodega de Sudamérica y del Mundo: Zuccardi Valle de Uco (Argentina).
- Mejor Bodega de Europa: Domäne Wachau (Austria).
- Mejor Bodega de Oceanía: Rippon (Nueva Zelanda).
- Mejor Bodega de Asia: Château Mercian Mariko Winery (Japón)
- Mejor Bodega de Norteamérica: Robert Mondavi (Estados Unidos).
- Mejor Bodega de África: Delaire Graff Estate (Sudáfrica).
Sebastián Zuccardi habló sobre el premio recibido en The World’s Best Vineyard: “Lo vivo como un reconocimiento a una familia que cree en el lugar donde vive y cultiva, porque la bodega está inspirada en la Cordillera de los Andes que es la que determina la identidad de nuestros vinos. La bodega busca ser parte del paisaje sin competir con el entorno, por lo que por mucho tiempo será actual ya que está basada en la identidad del lugar. Hay una coherencia muy grande entre la bodega y nuestra forma de hacer los vinos”.