jueves, 1 de abril de 2021

La COVIAR presentó la Guía de Sostenibilidad Vitivinícola Argentina. Este trabajo obtuvo el reconocimiento de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) y surgió en el marco de la actualización del Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) al 2030, en el cual se establece la sostenibilidad como uno de los principales ejes a trabajar.

 


Con el objetivo de brindar una nueva herramienta de gestión, que apoye a todas las organizaciones en la incorporación de la sostenibilidad y la responsabilidad social, la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) firmó un acuerdo con el equipo técnico y docente de la Maestría en Responsabilidad Social y Desarrollo Sostenible de las Facultades de Ciencias Económicas y Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo, Mendoza) para el desarrollo de la Guía de Autoevaluación Sostenibilidad Vitivinícola Argentina. Este trabajo obtuvo el reconocimiento de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) y surgió en el marco de la actualización del Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) al 2030, en el cual se establece la sostenibilidad como uno de los principales ejes a trabajar.

“Al recibir la Guía acordada en el seno de la COVIAR, me apresuro a felicitarle por que su país es el primero en comunicarnos la aplicación de los principios recogidos en la reciente Resolución OIV-VITI 641-2020”, dijo por nota el presidente de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, Pau Roca, quien agregó: “En el caso de Argentina ha sido una organización interprofesional (COVIAR) la que ha tomado la iniciativa al servicio de sus componentes, lo cual constituye un ejemplo a seguir por el resto de los países de la OIV”.

Los cinco principios generales de sostenibilidad que promueve la OIV y que sigue la Guía de Autoevaluación de la Sostenibilidad de la Vitivinicultura Argentina son:

* Un enfoque sostenible que integra los aspectos ambientales, sociales y económicos.
* La vitivinicultura sostenible respeta el ambiente.
* La vitivinicultura sostenible es sensible a los aspectos sociales y culturales.
* La vitivinicultura sostenible pretende mantener la viabilidad económica.
* Las iniciativas sostenibles requieren de una planificación y una evaluación.

“Ante gestiones realizadas personalmente a la OIV por un pedido de colaboración que me realizó el presidente de la COVIAR, José Zuccardi, se logró ser el primer país en aplicar y elaborar la “Guía de Autoevaluación de la Sostenibilidad Vitivinícola”, indicó Martín Hinojosa, presidente el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), ente que es el representante por Argentina ante la OIV.

“Esto se logró gracias al trabajo conjunto y articulado de profesionales interdisciplinarios de COVIAR y la Universidad Nacional de Cuyo, lo cual constituye un ejemplo para toda la industria nacional e internacional”, destacó Hinojosa.

De esta manera, con el foco puesto en la integralidad y la accesibilidad para facilitar su aplicación a todo tipo de organización vitivinícola, especialmente a las más pequeñas; y comprendiendo la importancia de este eje no solo desde su perspectiva ambiental, sino también social y económica, COVIAR encomendó a técnicos y especialistas de la Maestría en Responsabilidad Social y Desarrollo Sostenible de la UNCuyo la elaboración de una Guía que toma en cuenta las condiciones técnicas, éticas y culturales de las actividades vitivinícolas en el contexto argentino, con sus impactos sociales y ambientales. Y contiene una serie de indicadores para cada tipo y tamaño de organización que se vinculan con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU; y también se basó en los cinco principios generales plasmados en la “Guía de la OIV de aplicación de los principios de la vitivinicultura sostenible”, un documento internacional que funciona como estándar para aquellas organizaciones del sector que deseen promover y aplicar los principios generales de sostenibilidad.

“Este es un trabajo muy interesante porque el objetivo es instalar estos temas de sostenibilidad no sólo en lo ambiental sino también en lo social y lo económico dentro del sector vitivinícola. Hoy cualquiera de los actores puede autoevaluarse, desde un productor de uvas chico, mediano o grande a una bodega pequeña, pasando por un establecimiento que elabora vinos a granel o hace jugo concentrado de uva. El abanico es grande, porque los distintos actores de la cadena en sus distintos tamaños pueden autoevaluarse con esta Guía totalmente gratuita y de muy fácil acceso”, destacó José Alberto Zuccardi, presidente de COVIAR. Y agregó: “este es un muy buen comienzo para instalar la sostenibilidad que surgió como un eje estratégico muy fuerte en la actualización del Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) al 2030”.

La Guía también se organizó siguiendo el Protocolo de Sostenibilidad Vitivinícola Cooperativo, desarrollado por ACOVI (Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas), incorporando algunos temas y el uso de indicadores accesibles, con tres niveles de evolución para cada uno, según los avances de cada organización, y abrió el horizonte posible de actividades que puedan aplicar esta Guía y se trabajó en una caracterización propia de la Argentina sobre el tamaño de las empresas o unidad productiva factible de aplicarla.

Principales diferencias y aportes

Respecto de otras guías, protocolos o directrices disponibles para el sector vitivinícola en Argentina, la Guía que impulsa COVIAR para la vitivinicultura argentina incluye estos puntos diferenciales:

- Indicadores relacionados con la gobernanza y gestión de la sostenibilidad en las organizaciones; con cuestiones de ética, valores e integridad y con los públicos o partes interesadas. Son de utilidad especialmente en las organizaciones grandes y, principalmente, exportadores.

- Permite y aporta accesibilidad en la autoevaluación de cualquier organización del sector vitivinícola de forma sencilla y accesible. En este sentido, se considera indispensable vincular los indicadores pertinentes a cada combinación de actividad/tamaño de forma de facilitar la autoevaluación por parte de las organizaciones y también con el objetivo de interpretar mejor su realidad y su contexto.

- Es de aplicación multisectorial, en el marco general de la vitivinicultura, pero direcciona cada tipo de actividad a un juego específico de indicadores pertinentes para la misma, incluyendo en algunos casos indicadores específicos.

El enfoque multidimensional del documento se considera más integral y adaptado a la realidad argentina que los de otros instrumentos enfocados predominantemente a la sostenibilidad ambiental.

“El mundo cambió y los modelos que hasta ahora garantizaban la sostenibilidad de nuestras actividades económicas, ya no lo hacen. […] Hoy el mundo requiere crear valor social, requiere crear valor ambiental, valor ético y también valor cultural”, señala Osvaldo Roby, director académico de las maestrías en “Gerenciamiento de Negocios Agroindustriales” y “Responsabilidad Social y Desarrollo Sostenible” de la UNCuyo en el video de la serie "Miradas Estratégicas" con aportes para el Plan Estratégico Vitivinícola 2030 y agrega: “La importancia de estos elementos es imprescindible para todas las actividades y todos los sectores; y muy especialmente para nuestra vitivinicultura, que no tendrá futuro si no toma en cuenta todos los otros modelos de creación de valor”.

Por su parte, en el desayuno anual de COVIAR realizado en marco de la Vendimia 2021, se presentó el video Horizonte Sostenible, desde el cual la industria vitivinícola reafirma su compromiso con este aspecto: “Hacia 2030 buscamos un desarrollo que permita el incremento del capital social de nuestros territorios con los actores y sectores integrados; con innovación y educación. Asimismo, en lo ambiental, buscamos procesos más eficientes en el manejo y uso de recursos como el agua y la energía, teniendo en cuenta el ciclo de vida de nuestros productos”. Y concluye: “Una producción limpia, con arraigo y competitividad es el horizonte que buscamos, parados sobre los valores del respeto por nuestra tierra, basados en un trabajo colectivo y colaborativo, con transparencia y veracidad”.

Acerca de COVIAR

La Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) es un organismo público-privado que gestiona y articula las acciones necesarias para cumplir con los objetivos del Plan Estratégico Argentina Vitivinícola 2020 (PEVI), asumiendo el desafío de transformar el sector vitivinícola y potenciar, con visión estratégica, sus fortalezas y oportunidades en el mercado global del vino, del jugo concentrado de uva, de las pasas y uvas de mesa. Promueve la organización e integración de los actores de la cadena productiva, la innovación de productos y procesos que acrecientan el valor agregado del sector, con la finalidad de ganar, mantener y consolidar mercados externos, consolidar el mercado interno argentino y lograr el desarrollo sostenido del sector. Más información en www.coviar.com.ar

Más información sobre el Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) al 2030 y sus ejes estratégicos a desarrollar, entrar en www.pevi2030.com.ar

Publicado en Diario "Río Negro", 31 de marzo del 2021.

https://www.rionegro.com.ar/la-coviar-presento-la-guia-de-sostenibilidad-vitivinicola-argentina-1750545/

martes, 30 de marzo de 2021

Pueblo Encantado, el vino artesanal de Taquimilán. Esta producción es la concreción de un proyecto familiar que Ceferino Liberatori lleva adelante desde el 2006.

 


Nacido y criado en Taquimilán, Ceferino Liberatori aún recuerda como si fuera hoy cuando junto a sus padres emprendía el camino a Chos Malal para vender la producción de la huerta y la granja que proveía el sustento diario.

En esos veinticinco kilómetros que separan ambos poblados había que mojar las ruedas de madera del carro que llevaba la mercancía para que no se separe del aro de metal que la circundaba.

“Yo era muy chico, era acompañante, me acuerdo que veníamos al pueblo con un carrito de rueda de rayos al que había que echarle agua en las ruedas antes de salir porque eran de madera y tenían hierro por fuera, como la madera se resecaba se separaba del hierro, entonces había que mojarlas para que la madera se hinche y se pegue al metal”, dice Ceferino.

El recuerdo es tan vívido que lo cuenta con lujo de detalles: “Eran tres mojadas, la primera antes de salir; luego parábamos en el arroyo Taquimilán, no había ni puente en esa época, se le llamaba badén, era un tendido de piedra laja abajo y por ahí se pasaba; y la última era en el arroyo Truquico y así llegábamos a Chos Malal a hacer el reparto”.

Ese carro venía “cargado con verdura, chicha de manzana, pavos, lechones, en invierno se hacía facturación de chorizos... y con eso nos criaron a todos, era como un ramos generales ambulante”, sostiene orgulloso de su pasado.

“Después escaseó mucho el agua y busqué otro trabajo. Estuve un par de años en la Provincia y después entré como policía, asignado a Chos Malal primero y después a Mariano Moreno, en el 98 volví a Chos Malal y al año siguiente me retiré, tenía 40 años, y regresé a la tierra”, relata Ceferino.

Ese regreso a la tierra fue hace un par de décadas, hasta que en 2006 vio la luz el proyecto vitivinícola familiar. Un proyecto que dio vida al vino artesanal Pueblo Encantado, hecho en Taquimilán, localidad del norte neuquino.

“Tenemos 1 ½ en producción entre viñas, huerta, antes teníamos alfalfa, pero la provisión de agua ha ido decayendo y se hizo difícil producir. Hasta fines de diciembre regamos con el agua del arroyo, ahora hace un par de años que tenemos el servicio del acueducto que hay en Taquimilán, pero también está restringido, y además tenemos una perforación y hacemos riego por goteo”, comenta el productor vitivinícola.

El emprendimiento familiar cuenta en la actualidad con 3.000 plantas para vinificar y 400 plantas de uva de mesa, “una Red Globe muy linda”, dice Ceferino.

Y este año precisamente fue uno de los más fructíferos en materia productiva ya que cosecharon unos 4.500 kilos de uvas para vinificar, de las variedades Malbec y Merlot, con los que esperan obtener unas 4.000 botellas para la venta.

“En Taquimilán el principal riesgo que tenemos con esta plantación son las heladas tardías, sobre todo la que llaman de Todos los Santos, es una helada que se da unos días antes de noviembre o a principios de ese mes”, sostiene el productor.

La producción se vende en la chacra, en Chos Malal, en carnicerías, casas de comida, casas de artesanos. “El año pasado estuvo complicado por la pandemia y la venta estuvo floja, tenemos casi todo el vino del 2019”, dice Ceferino.

El esfuerzo que hace la familia para llegar con sus vinos a la mesa de los consumidores es inmenso, lo que otorga al emprendimiento un reconocimiento extra. “Yo tengo que comprar todos los insumos en Roca, las botellas, las etiquetas, los corchos, las vainas; al vino lo pasamos por barrica, lo sacamos a los dos años de la cosecha, antes no porque nosotros no hacemos filtración de nada, es todo por decantación, es un vino totalmente artesanal, desde el fertilizante que se le pone a la tierra y todo el proceso que sigue hasta llegar al producto final”, indica Liberatori.

“Esto es un emprendimiento familiar, somos seis en total, cuatro chicos y nosotros con mi señora, este año hubo gente que colaboró con la cosecha”, comenta este vecino de Taquimilán.

En la tarea colaboran su esposa Irma; sus hijas Andrea y Yésica; y sus hijos Carlos y Heber. “Mis hijas son maestras y Carlos es ingeniero electromécanico, esta vez se escapó porque la esposa tuvo familia”, cuenta Ceferino mientras celebra su humorada.

El proyecto no estuvo exento de complicaciones, y así las recuerda: “Hace 20 años que estoy de vuelta en la chacra, pero con el viñedo desde el 2006, y en 2010 fue la primera cosecha. Al principio tuvimos daños por animales y por una helada fuerte que nos dejó complicados, las cabras se hacían un festín con la plantación. Ese año de la primer cosecha hubo acá un curso sobre elaboración artesanal, comenzó en 2009 y terminó en 2010 con la cosecha en la chacra, que fue la parte práctica del curso”.

En cuanto a los proyectos, Ceferino fue muy claro al respecto e indicó que “incrementar la producción no está en los planes por una cuestión muy sencilla: el que mucho abarca, poco aprieta...con eso que tenemos y seguir mejorando instalaciones está bien. De este mundo no te llevás nada, y lo mejor que me puede pasar es el encuentro con la gente. Por ahí en el futuro hacer algo de enoturismo y explicarle a quienes nos visiten qué es lo que hacemos. También hay planes para hacer una pequeña bodega de la cual tenemos los cimientos pero ahora está duro para encarar inversiones”.

El nombre del vino.

También hubo tiempo para un poco de historia sobre el nombre del vino, Pueblo Encantado.

Dice Ceferino: “Al nombre del vino lo asociamos a la visión que aparece acá en Taquimilán, yo lo he visto en cuatro o cinco oportunidades. En la mañana temprano o por la tarde cuando está entrando el sol se suele ver, es algo muy lindo, es un espejismo pero hay que verlo para poderlo explicar... se da con determinadas condiciones de clima, sol y temperatura, es como que las plantas al pie del cerro se estiran, como lo que se ve en el asfalto, nada más que acá los montes le aportan eso que parecen taperas, como un pueblo abandonado. Fue fácil elegir el nombre, pero a pesar de que esa imagen se ve desde hace varios años nadie lo había difundido en ningún producto, me pareció lindo el nombre porque eso es algo bien nuestro”.

PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO", 29 DE MARZO DEL 2021.

IMÁGENES: DIARIO "RÍO NEGRO".

https://www.rionegro.com.ar/pueblo-encantado-el-vino-artesanal-de-taquimilan-1747404/

lunes, 29 de marzo de 2021

"MadreHija": un tinto artesanal de elaboración comunitaria en San Patricio del Chañar. La idea es revalorizar las prácticas ancestrales, el amor a la tierra y el cuidado de los vínculos primarios.


"MadreHija": un tinto artesanal de elaboración comunitaria en San Patricio del Chañar.

La idea es revalorizar las prácticas ancestrales, el amor a la tierra y el cuidado de los vínculos primarios. Romina y Rosa Narmona son parte de ese proceso ya hace 4 años.

Por Victoria Rodríguez Rey (@victoriarodriguezrey)

La construcción del gusto es parte de un sistema de creencias y decisiones. Dicho sistema se ve condicionado por una estructura social integrada por un contexto histórico – político, accesibilidad o no a determinados recursos alimentarios, una perspectiva de género, un paisaje cultural determinado. Estos elementos van conformando una jerarquía de alimentos diarios o eventuales que se imponen o deben descartarse sin lugar a discusión. ¿Qué grado de libertad de elección hay en lo que consumimos?

El alimento es un elemento situado, responde a un tiempo, a un espacio y a una cultura. Se trata de un sistema potente, que se va modificando con los dinámicos ritmos de las trasformaciones culturales. En la compleja fórmula de valores que va a definir un gusto por tales o cuales alimentos, el contexto social tiene mucho que ver. El actual sistema alimentario ha considerado que las carnes blancas, los dulces, los vinos blancos, las cervezas ligeras parecen ser elecciones de las mujeres, pero ¿quién define qué cosa? Claro está que nos encontramos buceando en una sociedad con fuerte herencia patriarcal. En estas decisiones arbitrarias que responden a un modelo heteronormativo de consumo, se van imponiendo gustos a paladares obedientes, dejando de lado la experimentación de otros sabores.

Romina Narmona es elaboradora de vinos y prefiere el Cabernet Sauvignon. Junto a su mamá Rosa Narmona, comparte el proceso de elaboración hace cuatro años. Cargan con la experiencia familiar de sus abuelos bodegueros en la provincia de La Rioja. Gracias a sus inquietudes, al armonioso lazo entre madre e hija, y a la formación técnica lograron desempolvar recuerdos del saber hacer familiar.

"Empezamos con un curso de cata de vino en Neuquén. Mi mamá se entera de este curso, me invita a acompañarla y asistimos. Allí conocemos a quienes después serían nuestros compañeros de trabajo". Así comienza Romina a contar cómo fue el incipiente vínculo con el universo vitivinícola que hoy va definiendo su formación profesional y proyección productiva y familiar.

El paso siguiente fue acercarse al Centro de Formación Profesional Agropecuario N° 2 de San Patricio del Chañar. En el “Puesto” se encuentran con una formación de “Elaborador de bebidas fermentadas”. Se trata de una capacitación anual, en función a la estacionalidad del cultivo y las tareas propias de elaboración del producto. Pero, además, se encuentran y descubren la magia del saber hacer colectivo. Todo sucede en la bodega comunitaria de dicha institución, que es parte del proyecto educativo y cuenta con habilitación comercial y bromatológica a nivel provincial por el Instituto Nacional del Vino (INV).

Romina y Rosa, son parte de ese colectivo de personas que experimentan, estudian y acompañan todo el proceso de elaboración. Y así fue que le dieron identidad a su vino, “MadreHija”. Una síntesis de un vino tinto artesanal, elaborado comunitariamente, que revaloriza las prácticas ancestrales, el amor a la tierra y al cuidado de los vínculos primarios. “El vino está asociado a lo masculino, el espacio de la bodega tiene esa misma asociación. Hace muy pocos años que se ve la incorporación de las mujeres en la vitivinicultura. Mi mamá ya lo veía en su familia. Siempre el trabajo de campo, el trabajo que lleva una viña está asociado a lo masculino. No me molesta, y sí me genera mucha satisfacción, que desde hace un tiempo hasta esta parte se empiece a cambiar y se empiece a valorar lo que el género femenino tiene para aportar, que es mucho. Está buenísimo como se está metiendo el género en todo el proceso productivo. Que el vino es de los hombres, es una idea instalada que se está quebrando de a poco y me parece genial", sostiene Romina.

El vino despierta efectos complejos, estimula cada uno de nuestros sentidos. MadreHija tiene un gusto fuertemente teñido de afectividad. El sueño de una bodega en La Rioja, reformuló las vidas de Romina y Rosa. Imaginarse trabajando juntas en la finca es parte de las transformaciones generacionales propias de las comunidades. Como sucede con el gusto. ¡Salú! Por más Rominas y Rosas que sigan modificando las génesis del gusto hacia paladares menos obedientes y más atrevidos.

Más información:
https://www.puestochaniar.com

Publicado en Diario "Río Negro", 26/03/2021.

https://www.rionegro.com.ar/madrehija-un-tinto-artesanal-de-elaboracion-comunitaria-en-san-patricio-del-chanar-1744406/

sábado, 27 de marzo de 2021

El INV inició el proceso para crear la IG de Victoria, Entre Ríos: cómo es este terroir. A partir del pedido impulsado por Bodega BordeRío, el Instituto Nacional de Vitivinicultura comenzó con el procedimiento legal para otorgar el estatus de Indicación Geográfica a esta región.

 

La diversificación de la vitivinicultura argentina podría dar un paso más con el reconocimiento de una nueva IG en el país. El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) presentó el pasado viernes el aviso legal en el Boletín Oficial, iniciando así el proceso para reconocer a Victoria, Entre Ríos, como una nueva Indicación Geográfica.

Por pedido de Bodega BordeRío, se solicitó el “reconocimiento, protección, registro y derecho a uso de una Indicación Geográfica de la República Argentina, conforme a los términos de la Ley N° 25.163”.

El área geográfica abarca por completo al departamento de Victoria de acuerdo y los límites considerados son “al oeste, con el Departamento Diamante; al norte, con el Departamento Nogoyá; al sur, con la provincia de Santa Fe; y al este, con el Departamento Gualeguay”.

Siguiendo el marco de la Ley N° 25.163, “toda persona física o jurídica que justifique un interés legítimo, que estimara que alguno de los requisitos establecidos no han sido debidamente cumplidos, podrá formular oposición a su registro, por escrito fundado”, dentro de un plazo de 30 días que rige desde el pasado 19 de marzo.

Luego de esa fecha, la IG de Victoria podría convertirse en la primera de la provincia de Entre Ríos y aunque hablemos de una nueva zona, la tradición vitivinícola en la región es bien antigua, aunque por un tiempo fue interrumpida y ahora está recobrando fuerzas con una nueva impronta.

La historia de vitivinicultura en Victoria.

Para poder comprender la tradición vitivinícola de Victoria primero tenemos que hacer un breve repaso por la historia. Y hablamos de tradición porque hace menos de 100 años, la provincia de Entre Ríos era la cuarta productora de vino a nivel nacional. Muchos se preguntarán qué pasó en el medio y cómo llegó a desaparecer todo rastro vitícola en todo el territorio mesopotámico hasta este resurgir

La respuesta está en la Década Infame y una decisión presidencial que benefició a Mendoza y San Juan a posicionarse como las más influyentes en la industria del vino en Argentina, pero entorpeció el desarrollo de otras regiones.

En el año 1934, el entonces presidente Agustín P. Justo dictó la Ley 12.137. En ella se prohibió toda actividad vitivinícola en el país, salvo en la región de Cuyo. Así, algunos terroir como los de Entre Ríos quedaron reducidos a cenizas, ya que muchos viñedos fueron quemados y otros arrancados, mientras que los tanques de las bodegas que allí funcionaban fueron destruidos y su contenido dilapidado.

A partir de los ’90 esta normativa fue revocada y así volvieron a aparecer “nuevas regiones vitivinícolas”, aunque en realidad no era más que el resurgir de una tradición que había sido extinguida por la fuerza de la ley.

La identidad de Victoria.

El reconocimiento de Victoria como una nueva IG se explica en el espíritu de la zona de retomar la vitivinicultura. Además de BordeRío, la bodega impulsora de la iniciativa, en ese departamento se desarrollan alrededor de siete proyectos que por ahora son pequeños y considerados artesanales.

“Se trata de una zona que también se está definiendo vitivinícolamente. Esto es un trabajo conjunto de varias bodegas, pero nosotros tomamos un poco la responsabilidad de ser los que marcan la tendencia por ser la bodega más grande de la zona”, comentó en diálogo con Los Andes Mariela Ardito, enóloga de Bodega BordeRío.

Aunque ella es de Mendoza, la también ingeniera agrónoma se ha ocupado desde el comienzo del proyecto. Y si bien aún se encuentran en un periodo en el que van probando distintas variedades al suelo que tienen a orillas del río Paraná, hay algo que tienen claro y es que quieren tener su propia identidad, despegándose de lo que sucede en la misma provincia a orillas del río Uruguay. “Entre Ríos es una provincia muy diversa de un lado y del otro de los ríos. Si nos vamos al otro extremo, ahí se dan muy variedades como el Tannat o el Syrah y hay algunas bodegas importantes. Pero es otra cosa por el tipo de suelo y es muy parecido al estilo uruguayo de vinos. Nosotros siempre quisimos despegarnos de ese concepto”, consideró Ardito.

La bodega en la que trabaja la enóloga mendocina funciona desde el 2015. “Arrancamos con 1.000 botellas con una uva que compramos a un productor de Victoria y en estos años hemos crecido en volumen y elaboramos con nuestras propias uvas. Tiene una capacidad de 80.000 litros en tanques de acero inoxidable y cuatro huevos de concreto”, sostuvo.

BordeRío nació de la mano del matrimonio de Guillermo y Verónica, dos rosarinos amantes del vino que encontraron a 70 kilómetros de su ciudad, en Victoria, un paisaje que les recordó sus viajes por la Toscana italiana y otras regiones vitivinícolas de Europa y el mundo. Así, comenzaron las investigaciones y se encontraron con toda la historia vitícola del lugar, lo que los animó a iniciar el proyecto.

“Lo primero que se hizo fue una plantación con un mix de variedades. Algunas se dieron mejor y otras peor, el gran desafío fue entender las plantas. Una de las ideas que había era que no había que regar, pero nos dimos cuenta que sí hacía falta porque justamente llovía cuando no lo necesitaba. También se puso malla antigranizo, un poco por la probabilidad de piedra y otro porque hay mucha diversidad de pájaros en la zona y eso ayuda a proteger los racimos. El manejo es muy similar al que se hace en Mendoza”, detalló la profesional que trabaja con ellos.

BordeRío ha elaborado Malbec, Syrah y Merlot, y según Mariela “la expresión es distinta” a la que podemos encontrar en el oeste, “pero es muy difícil compararlos con los vinos de Mendoza porque en Victoria hay una cuestión de inconstancia con la amplitud térmica, que no siempre se da. Hay veranos con noches muy cálidas y otros con noches frescas como ha sido este”.

Para esta añada, decidieron apostar dos variedades italianas: lanzelotta y sangiovese. “Si bien nuestro Malbec está bueno y sale bastante bien, por ahí te diría que la característica de estos vinos es el calcáreo. Es una apreciación mía y nos gustaría más adelante poder hacer estudios de suelos que nos ayude a determinar mejor la composición”, explicó la enóloga.

“Lo bueno de los vinos es que no son vinos amargos, como sospechábamos por lo que habíamos probado de algunos productores. De todos los descriptores que tiene una variedad -los que yo llamo dulces, pero que en realidad no son dulces porque tengan azúcar sino porque son florales, avainillados o ahumados-, todos aparecen. Son vinos que quedan muy prolijos y que van muy bien con la madera, porque los complementa y le termina de dar la definición”, completó.

Publicado en Diario "Los Andes" de Mendoza, martes 23 de marzo del 2021.

Destacado amarillo de la misma publicación.

https://www.losandes.com.ar/guarda14/el-inv-inicio-el-proceso-para-crear-la-ig-de-victoria-entre-rios-como-es-este-terroir/