sábado, 22 de noviembre de 2025
miércoles, 19 de noviembre de 2025
INV con 973 normas menos: ¿desburocratización histórica o riesgo en la copa?
INV con 973 normas menos: ¿desburocratización histórica o riesgo en la copa?
En estos días se empezó a hablar fuerte de que el Gobierno “barrió” con casi mil normas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). En esta nota trato de ordenar la información, bajarla a tierra y entender qué puede pasar con la copa que llega a tu mesa.
¿Qué se decidió exactamente?
Arranquemos por el dato duro: el 7 de noviembre de 2025 se publicó en el Boletín Oficial la Resolución 37/2025 del INV. Ahí el organismo aprueba un nuevo Digesto Normativo (un compendio único de reglas) y, como parte de esa movida, deroga 973 normas que venía aplicando desde hace décadas. La medida entra en vigencia el 1 de enero de 2026.
Para tener dimensión: según los datos difundidos por el propio Gobierno, el INV pasa de tener 1.207 normas vigentes a unas 234. Es decir, se saca de encima cerca del 80% de su andamiaje histórico. [fuente: BAE Negocios]
Hasta ahora, el INV no sólo analizaba el vino en laboratorio, sino que también:
- Hacía inspecciones dentro de las bodegas.
- Controlaba movimientos internos de vino y mosto.
- Emitía permisos de tránsito para que el vino pueda circular.
- Administraba trámites de trazabilidad como origen, añada y varietal.
Con el nuevo esquema, todo eso se redefine: se eliminan miles de inspecciones y permisos, y el foco pasa a ser el vino ya embotellado, listo para vender.
El nuevo rol del INV: menos “policía de bodega”, más laboratorio
Si lo pensamos en imagen, el INV deja de ser el inspector que entra a la bodega a revisar papeles, tanques y movimientos, y pasa a ser el que toma muestras de las botellas ya terminadas, las manda al laboratorio y dice: “esto es vino, esto no”.
En los papeles, el cambio se justifica así:
- Se eliminan normas obsoletas o redundantes.
- Se apunta a trámites digitales, declaraciones juradas y controles basados en riesgo, no en visitas rutinarias.
- Se busca sostener los estándares de seguridad alimentaria pero con un Estado “más liviano” y menos burocracia.
El Gobierno y buena parte de las bodegas grandes argumentan que el esquema anterior era “sobredimensionado, caro e ineficaz”, y que el nuevo modelo permite ganar tiempo y plata sin resignar controles serios sobre la calidad del vino en góndola.
El tema caliente: el CIU y la trazabilidad
Donde realmente se calienta la discusión es en el Certificado de Ingreso de Uva (CIU).
El CIU es el papel (o trámite digital) que, dicho mal y pronto, deja constancia de cuánta uva entra a una bodega, con qué grado de azúcar, y a partir de ahí se puede estimar cuántos litros de vino deberían salir. Es la primera ficha de dominó en la trazabilidad: saber que lo que está en la botella empezó siendo uva de verdad y no vaya uno a saber qué.
Con la nueva resolución:
- El CIU no desaparece, pero deja de ser obligatorio. El productor o la bodega que lo quiera usar, puede seguir usándolo igual que antes; simplemente el Estado ya no lo exige para todos. [fuente: Los Andes]
Acá se abre la grieta interna del sector:
- Desde el Gobierno y parte de las bodegas, la lógica es: “si el vino final está bien analizado, no hace falta que el Estado controle cada uva que entra; eso es costo y burocracia”.
- Desde COVIAR (Corporación Vitivinícola Argentina), gobiernos provinciales y varias cámaras, el mensaje es otro: “sin CIU obligatorio, se rompe la cadena de trazabilidad y se abre la puerta a problemas serios de calidad y de confianza, adentro y afuera del país”.
Ventajas que se buscan (los “pro”)
Si te ponés en la piel de una bodega —sobre todo mediana o grande—, los puntos a favor que se mencionan son:
1. Menos burocracia y tiempos muertos
- Desaparecen alrededor de 5.000 fiscalizaciones presenciales por año.
- También se eliminan unos 140.000 permisos de tránsito anuales que las bodegas debían tramitar para mover vino entre plantas, hacia fraccionadores o distribuidores.
Todo eso son horas de gente, papeles y esperas que, en teoría, se liberan para enfocarse en producir y vender.
2. Ahorro de costos y mayor competitividad
Los funcionarios y varias notas especializadas repiten la idea de que estos controles generaban costos, demoras y pérdida de competitividad. Menos trámites = menos estructura administrativa para sostenerlos. En un sector presionado por la caída del consumo interno y la competencia de vinos importados, cualquier alivio en costos fijos es bienvenido.
3. Más foco en el vino terminado
- Se concentran recursos en el producto final, con análisis de laboratorio que detectan si el vino es apto, está adulterado, etc.
- La idea es correr el foco del “formulario” a la calidad en copa.
4. Responsabilidad empresaria
El mensaje político de fondo es: “tratemos a las bodegas como adultos, no como sospechosos permanentes; el que haga las cosas mal, que se haga cargo cuando lo agarre el control analítico”.
Riesgos y dudas (los “contra”)
Del otro lado del mostrador, hay varios temores que no son menores:
1. Trazabilidad más débil
- Sin CIU obligatorio y sin controles en las etapas intermedias, se hace más difícil seguir el rastro desde el viñedo hasta la botella.
- COVIAR y varias provincias marcan que esto puede dañar uno de los activos más importantes del vino argentino: que afuera confían en que el producto está serio y controlado.
2. Riesgo de adulteraciones y “vino estirado”
La historia de la vitivinicultura argentina ya tuvo episodios de adulteraciones que terminaron muy mal, y cada vez que se relajan controles aparece ese fantasma: ¿qué pasa si el INV llega tarde y el problema ya está en góndola?
3. Competencia desleal
Los productores y bodegas que vienen haciendo todo prolijo sienten que, sin un piso mínimo de control, pueden aparecer jugadores “pícaros” que abaraten costos a costa de calidad, generando una cancha inclinada.
4. Pérdida de información para planificar
Esos registros detallados (ingreso de uva, inventarios, movimientos) no sólo servían para controlar, también alimentaban estadísticas y decisiones de inversión. Ex autoridades del INV advierten que sin esos datos se toman decisiones “a ciegas”. [fuente: Ambito]
La cuenta pendiente: ¿cuánto ahorra el Estado y qué hace con esa plata?
Acá aparece una pregunta que, por ahora, nadie respondió con números sobre la mesa.
En los comunicados oficiales y en las notas de prensa se repiten dos datos:
- En 2024 el INV emitió 140.000 permisos de tránsito.
- Hizo más de 5.000 inspecciones a bodegas al año.
Está claro que dejar de hacer todo eso reduce trabajo administrativo y operativo: menos horas de inspectores viajando, menos tiempo cargando datos, menos estructura para procesar expedientes, menos sistemas para sostener esa burocracia.
Lo que no aparece en ningún lado, al menos al momento de escribir esta nota, es:
- ¿Cuánto representa ese recorte en pesos dentro del presupuesto del INV?
- ¿Ese ahorro se va a traducir en un menor gasto del Estado o simplemente en reasignar gente a otras tareas?
- ¿Se va a usar esa plata para reforzar laboratorios y controles analíticos (que ahora son la estrella del sistema)?
- ¿O va a terminar licuándose en algún otro lado del Estado nacional?
Es una pregunta clave porque cambia la lectura de la medida:
- Si el ahorro es significativo y se destina, por ejemplo, a mejorar tecnología de control, podría leerse como un cambio de foco más que como un simple recorte.
- Si el ahorro es marginal en términos fiscales y la principal consecuencia es sólo alivianar la vida administrativa de las bodegas, entonces el eje de la discusión es otro: ¿cuánto vale relajar controles a cambio de ganar velocidad y comodidad?
Te la dejo abierta para abrir debate en los comentarios:
¿Te parece razonable que el Estado suelte estas 5.000 inspecciones y 140.000 permisos por año?¿Preferirías que el posible ahorro se vea en menos impuestos, en mejores laboratorios, en más controles a la exportación… o en otra cosa?
¿Y ahora qué? Lo que puede venir a partir de 2026
Hay algo importante: la película todavía se está filmando.
- El INV se sentó en la mesa con Mendoza, San Juan y representantes del sector para escuchar críticas y dudas. Hay bastante acuerdo en aliviar burocracia, pero el CIU y la trazabilidad dejaron ruido fuerte.
- COVIAR y las provincias productoras piden que se revise la opcionalidad del CIU antes del 1 de enero de 2026. Plantean que hay consenso para mantenerlo obligatorio y que, si se quiere simplificar, se haga mejorando la herramienta, no soltándola.
- Del lado empresarial, muchas bodegas ven la oportunidad de ganar eficiencia, pero al mismo tiempo reconocen que habrá que diseñar mecanismos propios de trazabilidad y certificación, sobre todo si quieren seguir vendiendo en mercados externos exigentes.
En el medio, está la percepción del consumidor: si la discusión se instala sólo como “menos control = vino más riesgoso”, el golpe de imagen puede ser peor que cualquier formulario extra. Si, en cambio, el sector logra combinar menos burocracia con estándares privados fuertes, el resultado puede ser un vino argentino más competitivo sin perder seriedad.
Para seguir leyendo: fuentes oficiales y documentos
Para quien quiera ir a la fuente original y no quedarse sólo con la interpretación, dejo algunos enlaces útiles:
- Resolución 37/2025 del INV (Digesto Normativo y derogación de 973 normas, vigencia desde el 1/1/2026), en el Boletín Oficial.
- Notas explicativas sobre la reforma y coberturas y análisis en medios económicos:
- BAE Negocios,
- Infobae
- Trade News
- Ámbito
- Tiempo Argentino
- Vinetur
- Los Andes
- Posición de COVIAR y cámaras provinciales sobre la trazabilidad y el CIU obligatorio.
Soy Lic. en Sistemas metido en el mundo del vino desde febrero de 2010. Me capacité en C.A.V.E. y junto a Maximiliano García hacemos El Vino del Mes. En el blog me encargo del diseño, edición, redacción y creación de contenidos. Llevo adelante las redes sociales de @elvinodelmes. Soy ilusionista y creador de #MagiayVino (@magiayvino). Toco la guitarra. Soy miembro fundador de Argentina Wine Bloggers.
Publicado en EL VINO DEL MES.
https://www.elvinodelmes.com.ar/blog/2025/11/inv-con-973-normas-menos.html
martes, 11 de noviembre de 2025
Desregulación vitivinícola: ¿Qué cambia para el INV y los productores?
Desregulación vitivinícola: ¿Qué cambia para el INV y los productores?
¿Adiós al control estatal en bodegas? El Gobierno deroga 973 normas y enfoca al INV solo en calidad final.
En un movimiento audaz hacia la desregulación, el Gobierno nacional promulgó la Resolución 37/2025, publicada en el Boletín Oficial, mediante la cual se dejan sin efecto 973 disposiciones que regulaban las funciones del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Esta medida redefine por completo el rol del organismo estatal, que abandona el monitoreo exhaustivo de la cadena productiva —desde la vid hasta el embotellado— para concentrarse exclusivamente en la verificación de la calidad del vino terminado.
Para los actores del sector vitivinícola —productores, bodegueros y exportadores—, esta reforma representa el fin de una era de intervencionismo estatal y el inicio de una mayor autonomía operativa. El cambio no solo elimina trámites burocráticos, sino que busca impulsar la competitividad en un mercado global desafiante, marcado por la caída en el consumo y el auge de alternativas como el vino sin alcohol.
¿Qué cambia para el INV y los productores?
Históricamente, el INV intervenía en todas las etapas del proceso vitivinícola: controles en la cosecha, fiscalización durante la elaboración, autorizaciones para el transporte y certificaciones de trazabilidad. Estas instancias, obligatorias hasta ahora, generaban un flujo constante de permisos y visitas inspectivas.
Con la nueva normativa:
Los productores ya no están obligados a obtener certificación de origen, añada o varietal, que pasan a ser opcionales.
El INV solo tomará muestras del producto final embotellado para analizar su aptitud para el consumo humano.
Se eliminan 140.000 permisos de tránsito emitidos en 2024 y más de 5.000 inspecciones, muchas de ellas repetitivas —incluso cada dos días en la misma bodega—.
Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, describió la medida como un "giro estructural": "Se deja atrás un régimen en el que el Estado pretendía controlar cada paso del proceso productivo para pasar a un modelo enfocado exclusivamente en garantizar la aptitud para consumo del vino".
El funcionario criticó la "burocracia absurda" que complicaba un negocio ya de por sí desafiante, afirmando: "La mayoría de las bodegas no tiene problemas; ya bastantes dificultades tiene el negocio en sí mismo para que el Estado complique las cosas".
Contexto del sector: Competitividad en un mercado global en declive.
Argentina se posiciona como el quinto productor mundial de vino, con una producción anual de aproximadamente 900 millones de litros y exportaciones que alcanzan los u$s800 millones. Sin embargo, el sector enfrenta vientos en contra: disminución global en el consumo de vino tradicional, emergencia de tendencias como el vino sin alcohol y presiones climáticas que afectan rendimientos.
En este escenario, la flexibilidad regulatoria emerge como un imperativo. Sturzenegger argumentó: "Es un imperativo darle a la industria la flexibilidad y libertad necesarias para adaptarse a este cambiante entorno". La desregulación busca reducir costos operativos, agilizar logística y fomentar innovación, permitiendo a las bodegas responder ágilmente a demandas internacionales.
Además, la resolución acota el margen de acción de los inspectores para minimizar riesgos de corrupción: "Menos burocracia son menos oportunidades para la corrupción", señaló el ministro. "Los inspectores sólo tomarán muestras de los productos embotellados y los enviarán a analizar, cerrando la puerta a la discrecionalidad". Y agregó: "En otras palabras, ya no andarán los inspectores del INV interfiriendo en la producción de las bodegas, un reclamo de los productores que se repetía sin cesar". Su frase cierre resume el espíritu: "La libertad siempre encuentra su camino".
Alcance de la reforma.
La Resolución 37/2025 impacta a todos los eslabones del sector:
- Productores de uvas.
- Bodegas y establecimientos de mosto o espumosos.
- Plantas de fraccionamiento y distribuidores.
- Exportadores e importadores.
- Laboratorios y operadores vinculados al sector.
Este alcance integral asegura una transición uniforme, eliminando asimetrías regulatorias. Para las bodegas pequeñas y medianas, que representan la mayoría en regiones como Mendoza y San Juan, la eliminación de trámites obligatorios podría traducirse en ahorros significativos en tiempo y recursos, redirigidos hacia calidad e innovación.
Expertos del sector coinciden en que, aunque la adaptación requerirá un período de ajuste, la medida alinea a Argentina con estándares internacionales más liberales, como los de Chile o Australia, donde el foco estatal está en la calidad final y no en el proceso intermedio.
Implicaciones a largo plazo.
Esta desregulación no solo reduce la carga administrativa —equivalente a décadas de normativas acumuladas—, sino que posiciona al sector para enfrentar desafíos futuros. Con un mercado global en transformación, la autonomía productiva podría acelerar la adopción de tecnologías como vinificación sostenible o variedades resistentes.
Sin embargo, voces críticas advierten sobre la necesidad de mecanismos voluntarios de trazabilidad para mantener la reputación argentina en exportaciones premium. El INV, ahora más enfocado, podría fortalecer su rol en certificaciones opcionales y vigilancia sanitaria, garantizando que la "aptitud para consumo" no comprometa estándares.
Publicado en Más Producción.
LA MAÑANA DE NEUQUÉN.
martes, 28 de octubre de 2025
BODEGAS Y VIÑEDOS DE MAINQUÉ, RÍO NEGRO, PATAGONIA ARGENTINA.
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Mainqué celebra 100 años y se afianza en la producción de
vino patagónico.
En el centenario de su fundación, la localidad vive un gran impulso productivo. Su terroir, el recurso hídrico y el empuje de nuevos proyectos posicionan a Mainqué como epicentro del Pinot Noir y motor de la economía regional.
Mainqué celebra su centenario con una identidad que se
afianza entre los viñedos. Lo que comenzó hace décadas como un pequeño poblado
del Alto Valle, hoy se proyecta como un punto fuerte de la vitivinicultura
patagónica, reconocido por la calidad de sus suelos, la pureza del clima y la
elegancia de sus vinos.
“Río Negro está en el foco de la vitivinicultura nacional, llamando la atención de enólogos y nuevos actores que buscan instalarse en esta actividad”, explica Mariana Cerutti, directora de Vitivinicultura de la provincia. Según la funcionaria, las condiciones naturales y la disponibilidad de agua convierten a la región en un territorio privilegiado dentro del mapa del vino argentino.
Cerutti destaca que Río Negro es una de las provincias más
ricas en recurso hídrico, un diferencial que contrasta con el déficit que
enfrentan otras zonas productoras del país. A esto se suma una amplitud térmica
ideal, con días cálidos y noches frescas, que permite una maduración lenta y
equilibrada de la uva.
“Nuestro clima genera una fruta marcada, con vinos elegantes y sutiles, de acidez balanceada. Eso nos distingue del resto del país”, señala. La composición de los suelos y el manejo del riego completan una ecuación que da origen a vinos únicos, especialmente en el caso del Pinot Noir, una cepa exigente y de gran delicadeza. “El Pinot Noir rionegrino no se parece a ningún otro del país. Tiene una suavidad y elegancia particulares, una expresión que solo se logra en estos valles”, remarca.
Con una población pequeña y un perfil productivo en
expansión, Mainqué se consolidó como un polo vitivinícola de excelencia. En sus
márgenes del río y también sobre la barda norte, productores locales
desarrollan viñedos que sorprenden por su calidad.
“En diferentes degustaciones a ciegas, los vinos de Mainqué
fueron elegidos como los mejores por el consumidor final. Eso demuestra que la
zona tiene un potencial enorme”, comenta Cerutti.
“Río Negro está en el foco de la vitivinicultura nacional, llamando la atención de enólogos y nuevos actores que buscan instalarse en esta actividad.”
Desde la Dirección de Vitivinicultura, el gobierno
provincial impulsa programas de financiamiento, mejora integral de viñedos y
asistencia para la exportación. El objetivo es que cada vez más bodegas
pequeñas y medianas puedan acceder a mercados internacionales y fortalecer el
enoturismo, una de las actividades que más crece en la región.
“El enoturismo es una unidad de negocio clave: permite
vender directo, generar experiencias y fortalecer la economía. Cada visitante
que pisa una bodega impulsa todo el entorno: la gastronomía, el alojamiento, los
servicios”, sostiene Cerutti.
Otro eje es la sustentabilidad. Se avanza en certificaciones
orgánicas, energías renovables y un uso más eficiente del agua. “Trabajamos
para que los viñedos y las bodegas sean cada vez más conscientes con los
recursos. Tenemos bodegas que ya producen hasta un 80% de su energía con
paneles solares”, dijo.
Noemia: identidad, sustentabilidad y orgullo. Hans Vinding.
Fundada sobre una bodega construida en 1952, Bodega Noemía
es uno de los proyectos que mejor sintetiza la historia y la evolución de la
vitivinicultura en Mainqué. Su viñedo más antiguo data de 1932, y desde
entonces la combinación de clima, agua pura y manejo orgánico le otorgan a sus
vinos un carácter único.
“Nuestra bodega está profundamente ligada al desarrollo
vitivinícola de Mainqué. Después de 24 años de trabajo, alcanzamos un nivel
cualitativo alto, pero siempre buscamos mejorar”, destaca el reconocido enólogo
Hans Vinding.
Desde sus inicios, Noemía exporta gran parte de su
producción y hoy sus vinos están presentes en más de 25 países, contribuyendo
al posicionamiento del vino patagónico en el mundo. En 2025, la bodega recibió
la certificación de sustentabilidad, reflejo de su compromiso con el entorno
social, ambiental y económico.
“El centenario de Mainqué nos da orgullo. Nos hace mirar
atrás y proyectar el futuro.”
Miras: la esencia de Mainqué en cada vino.
En el corazón de Mainqué, la Bodega Miras se convirtió en parte de la identidad del lugar. Desde su llegada, Marcelo Miras y su familia transformaron un viñedo histórico —plantado en 1958— en un proyecto que combina trabajo, comunidad y respeto por la tierra.
“La gente nos recibió muy bien, enseguida sentimos esa
cercanía”, recuerda Miras, quien compró la chacra en 2017 y desde entonces
impulsa una producción cuidada, casi artesanal. Con apenas ocho hectáreas en
producción y un equipo de unas diez personas, elaboran cerca de 90.000 botellas
por año, donde el Malbec, el Pinot Noir y el Cabernet conviven con una blanca
tradicional del valle: el Torrontés mendocino, con el que producen vinos
naranjos de baja graduación alcohólica.
“Nos gusta la tranquilidad del pueblo, el contacto con la naturaleza y su espíritu de comunidad.” Marcelo Miras.
“El gran desafío de cada año es hacer un vino mejor, sin
perder la esencia del pueblo y su espíritu de comunidad”, resume Miras.
Mabellini: un siglo de historia y un futuro en marcha.
En una chacra centenaria de Mainqué —donde en 1912 la familia Verdecchia plantó las primeras vides—, Bodega Mabellini Wines continúa una historia que lleva más de cien años de vida productiva. Hoy, el proyecto familiar encabezado por Carlos Alberto Mabellini y Lorena Nicolás Creide combina el legado vitivinícola del Alto Valle con una mirada moderna y comprometida.
Mabellini, junto a su familia recuperó los antiguos viñedos
y mantiene en producción una bodega que nunca dejó de elaborar vino desde 1912.
“Llegar a Mainqué fue volver a nuestras raíces. Más que una coincidencia, fue un regreso al lugar donde la historia familiar y la historia del vino se cruzan.” Lorena Nicolás Creide (Bodega Mabellini Wines).
“El centenario de Mainqué representa una oportunidad para
celebrar y proyectar: honramos a quienes nos precedieron y soñamos con que
Mainqué siga siendo un referente del vino patagónico”, coinciden.
Finca Aniello: legado familiar y una tierra inigualable.
Fundada en 2012, Finca Aniello nació con el propósito de continuar una tradición vitivinícola familiar que comenzó hace más de un siglo en Sorrento. La bodega recuperó una chacra histórica a orillas del río Negro y una construcción de 1927 que conservaba viñedos únicos, entre ellos un Malbec de 1947 y uno de los pocos Trousseau plantados a pie franco en el mundo.
“Mainqué arrancó un camino ascendente en el reconocimiento
de sus vinos.” María Cruz de Finca Aniello.
Hoy la bodega cuenta con 55 hectáreas de viñedos y una
capacidad de 650.000 litros, exportando sus vinos a Rusia, Francia, Inglaterra,
Estados Unidos, Australia, Malta, Perú y Brasil. Su Pinot Noir, emblema de la
zona, fue elegido dos veces como el mejor en catas a ciegas, un reconocimiento
que enorgullece tanto a la empresa como a la comunidad local.
“El centenario de Mainqué es un motivo de alegría. Esta
tierra tiene identidad y potencial para seguir creciendo”, destacan,
convencidos de que el futuro del vino patagónico se construye con trabajo,
pertenencia y compromiso.
Publicado en el Rural del Diario
Río Negro, 28/10/2025.
Nota: faltó a lo publicado por el Diario Río Negro con motivo de los 100 Años de la localidad rionegrina otra bodega y viñedos, como los publicados, que es Bodega Chacra.
Estas bodegas y sus viñedos jerarquizan la vitinícultura rionegrina son creadoras de riqueza y trabajo.
BODEGA CHACRA.
Bodega Chacra fue creada por Piero Incisa della Rocchetta en 2004 con la intención de encontrar la expresión más libre del clima, microclima y territorio de Mainqué en la región del Río Negro en la Patagonia.
Marcelo Miras y su familia transformaron un viñedo histórico
en un proyecto que une trabajo, comunidad y amor por la tierra.
En Mainqué, un pueblo que todavía conserva la calma del río
y el ritmo de las chacras, la Bodega Miras se ha convertido en parte de la
identidad local. No es solo un emprendimiento vitivinícola: es una historia de
encuentro entre una familia y una comunidad que se reconocen en los mismos
valores: el trabajo paciente, el respeto por la tierra y la sencillez
cotidiana.
“Cuando llegamos acá, la gente nos recibió muy bien.
Empezamos a ir a la panadería, a la verdulería, a los negocios del pueblo, y
enseguida sentimos esa cercanía”, cuenta Marcelo Miras, enólogo y propietario
de la bodega. Esa relación se mantiene viva: la bodega compra insumos
localmente, participa en las actividades del pueblo y abre sus puertas a
visitantes que buscan conocer una parte esencial del alma patagónica.
Miras llegó a la zona en 1990 y muchos años después decidió echar raíces en Mainqué. En 2017 compró la chacra con viñedos plantados en 1958. El desafío era grande: recuperar esas viejas plantas, ponerlas en valor y rescatar un patrimonio vitícola histórico de Río Negro. “Fue un trabajo de paciencia. La vid es muy noble: cuando la tratás bien, responde de mil maravillas”, explica. Hoy, de esas ocho hectáreas de viñedo en producción, nacen alrededor de 80.000 kilos de uvas al año, que dan origen a unas 90.000 botellas de vino.
La bodega, pequeña y familiar, tiene algo de taller
artesanal. Trabajan unas diez personas de confianza,contando la familia. Cada
vino lleva la impronta de esa enología práctica, sencilla y sensitiva. “No
hacemos cosas rebuscadas. Respetamos las técnicas tradicionales y prestamos
mucha atención a las uvas”.
En el viñedo conviven el Malbec, el Pinot Noir, el Cabernet
Sauvignon y el Cabernet Franc, además de una variedad blanca tradicional del
valle, el Torrontés mendocino, que los antiguos productores llamaban “la loca
blanca”, con estas uvas se elaboran
vinos naranjos y con baja graduación alcohólica. El respeto por el medio ambiente
atraviesa todo el trabajo.
Marcelo describe que el entorno natural se convierte en
parte del día a día: “Nos pasa que en la chacra escuchamos los grillos, los
sapos, los pájaros al amanecer… cosas que en la ciudad se van perdiendo.
Después de la pandemia vimos volver especies de aves que hacía mucho no
aparecían. Eso habla del equilibrio que hay cuando uno cuida el lugar donde
vive”.
La familia tiene otra bodega en Fernández Oro donde se hacen
algunas producciones y en Mainqué se elaboran partidas más pequeñas, ya que es
una bodega garage. Los visitantes pueden coordinar visitas con reserva previa a
través de las redes sociales de la bodega. La Bodega Miras forma parte de la
ruta del vino de Río Negro, que promueve el enoturismo y el desarrollo local.
“El gran desafío de cada año es hacer un vino mejor”, dice
Marcelo, con la calma de quien trabaja a cielo abierto y sabe que el tiempo y
el clima son parte de la ecuación. Pero más allá de la técnica, hay algo que no
cambia: el deseo de mantener viva la esencia del lugar. “Nos gusta la
tranquilidad del pueblo, el contacto directo con la naturaleza. Y sobre todo,
conservar esa identidad de Mainqué, su espíritu de comunidad. Eso, para
nosotros, también se refleja en el vino.”
Publicado en Diario Río Negro.
https://www.rionegro.com.ar/sociedad/bodega-miras-un-terroir-que-late-con-mainque/










